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MISA
DIARIA DE CAMINANDO CON JESÚS
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant
Desde el
26 de febrero de 2002 todos los días en Internet – Santiago de Chile-Chile
La página
de Misa Diaria, Reflexión Bíblica, Lectio Divina
y Santoral, mas antigua de Internet
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Fecha
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Edición Nº
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Tiempo
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Ciclo
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LINK L.
HORAS
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16.192
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22-03-2010
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MD 2478
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ORDINARIO
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C
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LITURGIA DE LA HORAS
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DE LA SALVACIÓN
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ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 55, 2
Misericordia, Dios mío, que me
hostigan, me atacan y me acosan todo el día.
ORACIÓN COLECTA
Padre, que nos has enriquecido
con bendiciones y gracias inefables, concédenos pasar de la antigua
servidumbre del pecado a una vida nueva, de tal manera que nos preparemos
como hombres nuevos a tomar parte en la gloria de tu Reino.
Por nuestro Señor Jesucristo.
LECTURA Dn 13,
1-9.15-17.19-30.33-62
De la profecía de Daniel.
Había en Babilonia un hombre
llamado Joaquín. Él se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy hermosa y temía a Dios, porque
sus padres eran justos y habían instruido a su hija según la Ley de Moisés.
Joaquín era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa. Muchos judíos
iban a visitarlo, porque era el más estimado de todos. Aquel año, se había
elegido como jueces a dos ancianos del pueblo. A ellos se refiere la
palabra del Señor: "La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y
de los jueces que se tenían por guías del pueblo". Esos ancianos
frecuentaban la casa de Joaquín y todos los que tenían algún pleito acudían
a ellos. Hacia el mediodía, cuando todos ya se habían retirado, Susana iba
a pasearse por el jardín de su esposo. Los dos ancianos, que la veían todos
los días entrar para dar un paseo, comenzaron a desearla. Ellos perdieron
la cabeza y apartaron sus ojos para no mirar al Cielo y no acordarse de sus
justos juicios. Una vez, mientras ellos aguardaban una ocasión favorable,
Susana entró como en los días anteriores, acompañada solamente por dos
jóvenes servidoras, y como hacía calor, quiso bañarse en el jardín. Allí no
había nadie, fuera de los dos ancianos, escondidos y al acecho. Ella dijo a
las servidoras: "Tráiganme la crema y los perfumes, y cierren la
puerta del jardín para que pueda bañarme". En cuanto las servidoras
salieron, ellos se levantaron y arrojándose sobre ella le dijeron: "La
puerta del jardín está cerrada y nadie nos ve. Nosotros ardemos de pasión
por ti; consiente y acuéstate con nosotros. Si te niegas, daremos
testimonio contra ti, diciendo que un joven estaba contigo y que por eso
habías hecho salir a tus servidoras". Susana gimió profundamente y
dijo: "No tengo salida: si consiento me espera la muerte, si me
resisto no escaparé de las manos de ustedes. Pero prefiero caer en las
manos del Señor sin haber hecho nada, que pecar delante de él". Susana
gritó con todas sus fuerzas; los dos ancianos también se pusieron a gritar
contra ella, y uno de ellos corrió a abrir la puerta del jardín. Al oír
esos gritos en el jardín, la gente de la casa se precipitó por la puerta
lateral para ver lo que ocurría, y cuando los ancianos contaron su
historia, los servidores quedaron desconcertados, porque jamás se había
dicho nada semejante de Susana. Al día siguiente, cuando el pueblo se
reunió en casa de Joaquín, su marido, también llegaron los ancianos con la
intención criminal de hacer morir a Susana. Ellos dijeron en presencia del
pueblo: "Manden a buscar a Susana, hija de Jilquías,
la mujer de Joaquín". Fueron a buscarla, y ella se presentó acompañada
de sus padres, sus hijos y todos sus parientes. Todos sus familiares
lloraban, lo mismo que todos los que la veían. Los dos ancianos se
levantaron en medio de la asamblea y le pusieron las manos sobre la cabeza.
Ella, bañada en lágrimas, levantó sus ojos al cielo, porque su corazón
estaba lleno de confianza en el Señor. Los ancianos dijeron: "Mientras
nos paseábamos solos por el jardín, esta mujer entró allí con dos
servidoras; cerró la puerta y después hizo salir a las servidoras. Entonces
llegó un joven que estaba escondido y se acostó con ella. Nosotros, que
estábamos en un rincón del jardín, al ver la infamia, nos precipitamos
hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos atrapar al joven, porque
él era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta, se escapó. En cuanto
a ella, la apresamos y le preguntamos quién era ese joven, pero ella no
quiso decirlo. De todo esto somos testigos". La asamblea les creyó
porque eran ancianos y jueces del pueblo, y Susana fue condenada a muerte.
Pero ella clamó en alta voz: "Dios eterno, tú que conoces los secretos,
tú que conoces todas las cosas antes que sucedan, tú sabes que ellos han
levantado contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho
nada de todo lo que su malicia ha tramado contra mí". El Señor escuchó
su voz: cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo espíritu de un
joven llamado Daniel, que se puso a gritar: "¡Yo soy inocente de la
sangre de esta mujer!". ¡Todos se volvieron
hacia él y le preguntaron: "¿Qué has querido decir con esto?". De
pie, en medio de la asamblea, él respondió: "¿Son ustedes tan necios,
israelitas? ¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a
una hija de Israel! Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han
levantado un falso testimonio contra ella". Todo el pueblo se apresuró
a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: "Ven a sentarte en medio de
nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la madurez de un
anciano". Daniel les dijo: "Sepárenlos bien a uno del otro y yo
los interrogaré". Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de
ellos y le dijo: "¡Hombre envejecido en el mal! Ahora han llegado al
colmo los pecados que cometías anteriormente cuando dictabas sentencias
injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, a pesar
de que el Señor ha dicho: "No harás morir al inocente y al
justo". Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has
visto juntos". Él respondió: "Bajo una acacia". Daniel le
dijo entonces: "Has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios ya
ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio".
Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: "¡Raza de
Canaán y no de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido
tu corazón! Así obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía
que ellas se les entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar
la iniquidad de ustedes! Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste
juntos?". Él respondió: "Bajo un ciprés". Daniel le dijo
entonces: "Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de
Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así
acabará con ustedes". Entonces toda la asamblea clamó en alta voz,
bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él. Luego, todos se
levantaron contra los dos ancianos, a los que Daniel por su propia boca
había convencido de falso testimonio, y se les aplicó la misma pena que
ellos habían querido infligir a su prójimo. Para cumplir la Ley de Moisés,
se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
En la historia de Susana, está encerrada la
historia de tantas mujeres que sufren el prejuicio, las falsas acusaciones
y la amenaza del castigo por el sólo hecho de ser mujeres. Susana,
entonces, está en desventaja frente a sus acusadores, ancianos de
prestigio. Su palabra no vale. La intervención de Daniel hará aparecer la
justicia y la verdad.
SALMO Sal 22, 1-6
R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me
puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las
aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún
mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu gracia me
acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy
largo tiempo. R.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 33, 11
Yo no deseo la muerte del
malvado, sino que se convierta y viva.
EVANGELIO: Juan 8,12-20
En aquel tiempo, Jesús volvió a
hablar a los fariseos: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no
camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Le dijeron los
fariseos: "Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no es
válido." Jesús les contestó: "Aunque yo doy testimonio de mí
mismo, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y adónde voy;
en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis
según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo,
porque no estoy yo solo, sino que estoy con el que me ha enviado, el Padre;
y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos es válido. Yo doy
testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me envió, el
Padre." Ellos le preguntaban: "¿Dónde está tu Padre?" Jesús
contestó: "Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí,
conoceríais también a mi Padre."
Jesús tuvo esta conversación
junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le
echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor
COMENTARIO
"Yo soy la luz del mundo". La presente
dialéctica entre Jesús y los fariseos tiene lugar en el atrio del templo
llamado "de las mujeres", donde se encuentra el arca de las
"ofrendas" (v. 20). Allí, durante la fiesta de las Tiendas se
encendían enormes hachones capaces de iluminar toda la ciudad de Jerusalén.
Jesús se inspira en esta realidad para revelar que él es la verdadera
"luz del mundo" (v. 12), que los hombres deben seguir para tener
vida (v. 12; cf. 1,4-5.9; Is 42,6s).
Los oponentes objetan la verdad de sus palabras
(v. 13) o su origen divino y su intimidad con el Padre (vv.
14-15.19). Jesús responde sencillamente remitiéndoles a la ley invocada por
ellos: ¿se necesitan dos testimonios para probar la verdad de una
afirmación? Pues bien, sus palabras son convalidadas por el Padre que le ha
enviado (v. 18). Pero ellos, que pretenden erigirse como jueces, juzgan "con
criterios mundanos" (v. 15) y, por consiguiente, incapaces de conocer
quién es él en verdad, porque ni siquiera conocen al Padre (v. 19).
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te pedimos, Padre, que quienes
nos disponemos a celebrar esta Eucaristía, tengamos la alegría de poder
ofrecerte, como fruto de nuestra penitencia un corazón renovado.
Por Jesucristo nuestro Señor.
PREFACIO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn 8, 10-11
"Mujer, ¿alguien te ha
condenado?". Ella respondió: "Nadie, Señor". Yo tampoco te condeno,
le dijo Jesús. Vete y no peques más en adelante.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Estos sacramentos que nos
fortalecen, Padre, sean siempre para nosotros fuente de perdón; y siguiendo
a Cristo, lleguemos hasta ti, que eres nuestra vida.
Por Jesucristo nuestro Señor.
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ESTUDIO
Y REFLEXIÓN BÍBLICA
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"Yo soy la luz del mundo"
Jn 8, 12-20
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
1.
"YO SOY LA LUZ DEL MUNDO; EL QUE ME SIGUE NO CAMINA EN TINIEBLAS, SINO QUE TENDRÁ LA LUZ DE
LA VIDA.
Este discurso
es situado expresamente por el evangelista al fin del pasaje, “en el
templo” junto al arca de las ofrendas, (“en el gazofilacio”). La sala
propiamente del tesoro no era accesible al público. Estaba situada en el
“atrio de las mujeres.” Este
discurso debe de ser pronunciado en la fiesta de los Tabernáculos o en días
muy próximos a ella, como se ve por la alusión a la luz.
Jesús dijo:
"Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino
que tendrá la luz de la vida.
Esta palabra
de Jesús está armonizada y presentada al estilo de otras sentencias del
mismo como: “Yo soy el pan de la vida.” (Juan (SBJ) 6,35) o En verdad, en
verdad os digo: “Yo soy la puerta”
(Juan (SBJ) 10,7). Y la misma se encuentra pronunciada por Jesús en
otra ocasión “Mientras estoy en el
mundo, soy luz del mundo.” (Juan
(SBJ) 9,5)
Consta por la
Mishna que en la primera noche y en la octava de la fiesta de los
Tabernáculos ardían en el “atrio de las mujeres” cuatro enormes candelabros
de oro, de 50 codos de altura (más de 25 metros), sobresaliendo
unos 13 sobre los muros del recinto, cargados de innumerables luces, y a
cuyo resplandor los hombres y los miembros más destacados bailaban, los
primeros llevando en sus manos teas encendidas, mientras los levitas
tocaban instrumentos músicos y cantaban salmos. Estos cuatro candelabros de
oro se encendían para conmemorar la columna de fuego y la nube en las que
“Yahvé iba delante de ellos para alumbrarles, y para que así pudiesen
marchar lo mismo de día que de noche” (Ex 13:21.22) 18. También vinieron a
significar la luz de la presencia divina y la luz de la Ley. (Comentario
Biblia Nácar-Colunga)
Es muy
probable que esta imagen, con la que Jesús se proclamó “la Luz del mundo,”
esté evocada aquí por estas luminarias de la fiesta de los Tabernáculos,
como se prueba por el rito del agua de esta misma festividad el que Jesús
diga: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (7:37).
Al utilizarla
así Jesús, evocaba dos cosas: a) que era a su “luz” a la que debían gozarse
y vivir; b) y siendo aquellas luminarias evocación de la columna de fuego y
nube en la que Yahvé marchaba ante ellos, para conducirlos por el desierto
(Ex 13:21.22); y siendo símbolo de la presencia de Yahvé, Jesús, al
legislar en la zona moral y religiosa de los hombres, venía a identificar
ahora la luz providente de Yahvé con la suya propia. Era un modo de evocar,
conforme a procedimientos semitas y bíblicos conocidos de “alusión” y
“traslación”, su divinidad.
La luz es
además símbolo de la salud mesiánica (Is 9:1). El mismo Mesías era llamado
Luz. Al “Siervo de Yahvé” Dios le puso “como Luz de las naciones” (Is 49:6;
60:1). El anciano Simeón llama a Jesús “Luz para revelación de las gentes”
(Lc 2:32). Asimismo lo llaman los escritos rabínicos: “El nombre del Mesías
es Luz.” Y en Qumrán aparece la expresión “luz de vida” por camino de
salvación (1 Qs 3:7).
De aquí que
el que sigue a Jesús y hacerse su discípulo no está en tinieblas, que es
moralmente muerte, sino que le es “luz de vida,” es decir, esa “vida (que)
estaba” en el Verbo, y que se hace luz para que los hombres tengan con ella
la verdadera vida: “En ella estaba la vida y la vida era la luz de los
hombres” (Juan (SBJ) 1,4)
2.
AUNQUE YO DOY TESTIMONIO DE MÍ MISMO, MI TESTIMONIO ES VÁLIDO
Los fariseos
presentes comprenden de sobra el plan rector que Jesús se arroga y la
presentación que hace de sí mismo como Hijo de Dios. Y a su presentación
como tal, le arguyen en la línea leguleya.
El dice que
es así; pero el testimonio propio no vale, según la Ley. En la Mishna se
lee: “No se puede creer a uno que testifique sobre sí mismo”. Pero la
respuesta de Jesús a este propósito es doble: (Comentario Biblia
Nácar-Colunga)
Su testimonio
es válido. En otra ocasión admite esta posición: “Si yo diera testimonio de
mí mismo, mi testimonio no sería válido. (Juan (SBJ) 5,31). Pero después
que la luz de su revelación ha crecido y se ha manifestado, no la admite.
Debe reconocérsele su valor. Si un profeta estaba seguro de que Dios le
hablaba y manifestaba las comunicaciones que hacía, ¡cuánto más Jesús! El
sabe que “bajó” del cielo y que a él va. Su caso no se puede juzgar como
los otros casos. Por eso, su testimonio es válido; es el único válido. Pues
sólo El se conoce.
En cambio,
ellos le juzgan “según la carne,” según las apariencias externas, considerándolo
un simple hombre. No veían en el ser humano el resplandor de la divinidad.
Por ello, El solo puede testimoniar quién sea. Jesús aparece con una
conciencia clara de quién es.
3.
YO NO JUZGO A NADIE; Y, SI JUZGO YO, MI JUICIO ES LEGÍTIMO
Y, en
contraposición a ellos, El “no juzga a nadie.” La palabra “juzgar” tiene
frecuentemente, conforme al uso semita, el sentido de condenar (Jn 3:17).
El significado de esta afirmación pudiera ser doble: una frase elíptica:
“no juzga a nadie” al modo humano, “según la carne”; o que El no ejerce todavía su función
condenatoria de juez de los hombres. En otros pasajes de Juan no sólo se
afirma lo mismo, sino que se da la razón de por qué no “juzga” con juicio
“condenatorio” ahora a los hombres: “Porque Dios no ha enviado a su Hijo al
mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” (Juan
(SBJ) 3,17). Probablemente, el segundo sentido es aquí el más creíble y el
que se vincula mejor con el haberse insertado el episodio de la mujer
adúltera, que termina con estas palabras de Jesús: “Ni yo te condeno
tampoco” (Juan (SBJ) 8, 11).
El testimonio
del Padre a favor de Jesús. (Puesto que antes le objetaron ateniéndose a lo
legal para negarle valor a su testimonio, ahora alega la Ley, que da
validez al testimonio de dos (Dt 17:6; 19:15; Núm 35:30). Al suyo propio
añade también el que le da su Padre: de quien vosotros decís: "El es
nuestro Dios", (Juan (SBJ) 8,54).
¿Cómo el
Padre “da testimonio” de Jesús? Aquí no lo consigna el evangelio. Pero en
otros pasajes del mismo evangelio se dice: “Por las obras que le da a
hacer, Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y
le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis.” (Juan (SBJ) 5,54). Los milagros, que son “signos” de su
misión.
4.
NI ME CONOCÉIS A MÍ NI A MI PADRE; SI ME CONOCIERAIS A MÍ,
CONOCERÍAIS TAMBIÉN A MI PADRE."
Los
fariseos le preguntan,
burlescamente, dónde está su Padre. Naturalmente no se refieren a San José,
su padre “legal,” sino al que El constantemente les está alegando ser su
padre celestial, y precisamente matizándose aquí que es el que “vosotros
decís que es vuestro Dios” (Jn 8:54). La burla la plantean en el terreno
leguleyo. ¿Dónde está su Padre? Que venga y que testifique. Ya que para
ellos son la materialidad de las personas las que cuentan y no otras formas
testificales. Era decirle que su argumento estaba al margen de la Ley y
remitido a una zona no jurídica.
La respuesta
de Jesús es profunda y contundente. No conocen al Padre, precisamente
porque por su obstinación no lo quieren conocer a El como el Enviado y el
Hijo de Dios. “¿No crees (le dice a Felipe, que le decía que le mostrase al
Padre) que Yo estoy con el Padre y el Padre en mí?” (Jn 14:9.10).
Probablemente este tema se vincula por “encadenamiento semita” con el
anterior. “El Padre, que mora en mí, hace sus obras”: enseñanzas y milagros
(Jn 14:10.11).
La síntesis
del relato no dice todo lo que pasó; pero se adivina. Debieron de querer
prenderle, como en otras ocasiones, por hacerse así igual a Dios (Jn
10:29-39). Pero “nadie puso en El las manos, porque aún no había llegado su
hora,” de muerte y glorificación. La providencia de Dios está en juego, mas
esto no excluye la cooperación de Jesús, como en otras ocasiones en que,
queriendo prenderlo, “se deslizó de entre sus manos” (Jn 10:39).
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
(SBJ = Sagrada Biblia de Jerusalén)
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PARA LA LECTIO
DIVINA (3)
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LUZ QUE VINO A ILUMINAR LAS TINIEBLAS
DEL MUNDO.
Cuando irrumpe
un rayo de luz en una habitación, inmediatamente se ilumina el interior,
incluso las esquinas más ocultas u olvidadas: así pasa cuando irrumpe la
Palabra en la historia. Lo mismo sucede con Jesús, luz que vino a iluminar
las tinieblas del mundo. Es inútil resistir: quien no acoge la luz,
automáticamente ya está juzgado. Y es ahora, precisamente, cuando se
descubre lo que antes podía ocultarse astutamente o hacer que pareciera
justicia impecable. La Palabra de Dios escudriña lo más hondo del corazón,
saca a la luz las intenciones más secretas, desenmascara las tramas de la
mentira. Aparece a las claras quién es el que se fía de Dios y sólo teme no
corresponder a la grandeza de su amor misericordioso, y quién, por el
contrario, con una mente y un corazón mezquinos
busca en otra parte gratificaciones furtivas, como si la felicidad fuera
incompatible con la verdad evangélica.
Es la misma
vida, en su día a día, quien lleva a cabo el discernimiento. Dichoso quien
se deja traspasar por la Palabra de Dios como por un rayo de luz que separa
en el propio corazón el oro de la escoria. A la luz de la verdad podrá
gustar la libertad del abandono filial en las manos paternas de Dios, y
nada ni nadie le podrá atemorizar o engañar.
ORACION
Ven, dulce
luz, verdad que nos da vida. Penetra en el corazón, abre las ventanas del
alma, ilumina los pensamientos, las esperanzas y los deseos. Sácanos del
sopor, cuando la rutina pretenda apagar en nosotros la vigilancia y el animo de resistir al mal. Resplandece en la niebla de la
duda donde todo se oculta y se difumina, como si bien y mal fuesen palabras
vanas pasadas de moda. Concédenos una aguda percepción del bien, el horror
a la mentira, la pasión por la verdad que nos hace libres.
Resplandece y
haz que evitemos las seducciones que asedian nuestro camino cotidiano.
Haznos gustar el sabor de la Ley de Dios, la belleza transparente de una
rectitud a toda prueba, el alivio de las lágrimas de arrepentimien
to, el gozo del perdón dado y recibido, cuando
nos descubrimos falsos o mezquinos. No permitas que nos engañemos o
desviemos a nuestros hermanos, sino guárdanos a todos con la dulce fuerza
de tu fidelidad, que siempre es descanso para el que, en la prueba, se
abandona confiadamente a tu amor misericordioso.
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SANTORAL
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SANTA CATALINA
DE GÉNOVA + 1510
Santa Catalina
de Génova era de la ilustre familia de los Flisci,
rivales seculares de los Adurni. Era muy
frecuente en las ciudades italianas la lucha a muerte de dos familias por
hacerse con el predominio de la ciudad. Hasta en Roma sucedía por hacerse
con la tiara pontifica en el siglo X, el siglo oscuro del pontificado,
entre los Túsculos y los Crecencios.
Todavía hoy siguen las familias rivales de los mafiosos. Fue famoso el caso
de Romeo y Julieta que reconciliaron a Montescos y Capuletos.
Igual sucedió en nuestro caso.
Los Flisci y los Adurni
llevaban siglos de lucha por el predominio de la ciudad de Génova. Cansados
de sangre, buscaron la reconciliación, sacrificando para ello a Catalina. La casaron a los dieciséis años, sin vocación
para el matrimonio, por conveniencias.
Fue una triste etapa de su
vida. Eran dos caracteres muy diversos. Catalina Flisci era dulce, sensitiva, concentrada, piadosa. Su
marido era un Adurni duro, violento, mundano,
derrochador. No podían entenderse. El se quejaba de que lo habían casado
con una monja, ella de que le habían unido a un bruto. Él disfrutaba en la
política, en aventuras, en malgastar la hacienda en los juegos. Ella,
recluida, mitigaba su dolor con libros piadosos.
Algunos advirtieron a Catalina que ella era la responsable del desvío de su
marido. Que se adornara y saliera con él y se lo ganaría. Catalina les hizo caso. Se vistió sus mejores galas y
empezó a frecuentar los salones de la alta sociedad. Y como era bella,
graciosa y de buen ingenio, se ganó las simpatías de todos. Y su marido
estaba orgulloso de ella.
Cinco años duró esta segunda
etapa de su vida, cinco años que llenarán de amargor el resto de su vida.
Porque en medio de todos aquellos saraos y veladas, Catalina
no era feliz. Cuando más tarde escriba el admirable Diálogo entre el cuerpo
y el alma, nos abrirá los íntimos sentimientos de su corazón. Comprendía
que nada de aquello podía satisfacerla, que sólo Dios podía llenar su
corazón. Sentía un dolor inmenso de haber ofendido a Dios. "Yo no sé
cómo no he muerto cuando he visto el mal que encierra el más ligero pecado,
por muy leve que sea", se lamenta inconsolable.
En 1474 se realiza un nuevo y
radical cambio en su vida. Es la tercera etapa. Estaba en una iglesia,
cuando recibió una súbita iluminación y sintió una repentina
transformación, una llama de amor, que le hizo concebir un inmenso
desprecio hacia su vida mundana y cortesana.
Y empezó una vida de
penitencias, de oraciones inflamadas, de cuaresmas enteras pasadas sin
probar bocado, de raptos y visiones, de una vida de íntima unión con Dios,
pero no dominada ya por el temor, sino por el amor. "De todos los
libros santos, habíale dicho Jesús, escoge una sola palabra:
"amor". Desde ahora el corazón de Catalina
le palpita tan violentamente que acabará por romperle el pecho. Su cuerpo
se torna incandescente. Toda ella es un volcán que salta chispas de amor.
"Más, más", clamaba aún.
Todos quedan maravillados de
aquel sagrado torbellino. Su mismo marido se torna en amante esposo,
cristiano ferviente y ciudadano honrado. La vida de Catalina
respira ahora más madurez, serenidad y seguridad, confianza y gozo.
Afincada plenamente en Dios, todo, hasta los sufrimientos, queda asumido y
transformado en amor, en gozo y serena esperanza.
Hasta el purgatorio, que ella
contempló en sus visiones, será una mezcla inefable de tormento y amor, que
se transforma en gozo y en júbilo, gozo que pronto se verá sublimado para
ella en el paraíso.
No es justo, pero la gente
bella obtiene trato preferencial. Cuando a los profesores se les enseñan
las fotos de los estudiantes junto con una lista de títulos, atribuyen los
mejores títulos a los estudiantes más atractivos. En las entrevistas de
trabajo, los pretendientes más atractivos sacan mejor puntuación que otros
de apariencia más ordinaria.
Santa Catalina
de Génova fue una belleza del siglo quince. También era inteligente,
sensible y religiosa. Decididamente, el tipo de persona que te encanta
odiar. A veces nos volvemos envidiosos de gente como Santa Catalina que parecen tenerlo todo. Sólo vemos su
perfección física y sus excelentes cualidades, y suponemos que ellas y sus
vidas son perfectas. Comparamos su abundancia con nuestras carencias y
comenzamos a sentir grandes oleadas de celos y envidia.
La envidia es uno de los pecados
más destructivos. No por casualidad es uno de los siete pecados llamados
capitales. La envidia es un cáncer del alma. Devora nuestra paz al tiempo
que desea el mal para la otra persona. Desea lo que no podemos tener, y más
aun que eso, no quiere que nadie más lo tenga.
El único modo de superar la
envidia es comprender que ni nada, ni nadie, es perfecto, ni siquiera un
santo. Aunque poseía muchas virtudes, se dice que Catalina
carecía de humor e ingenio. Más aún, su marido fue un manirroto infiel y
malhumorado. Cuando comprendemos que las cualidades que envidiamos vienen
en el mismo paquete que otros rasgos que no desearíamos, resulta más
sencillo quedar satisfechos con lo que tenemos.

SANTA CATALINA
DE SUECIA 1330-1381
Aun después de hacerse
protestantes, los suecos siguen viendo en ella un prototipo nacional de
mujer resuelta y animosa, de fuerte personalidad y atraída por el imán
espiritual de Roma, lo mismo que la soberana conversa que fue Cristina. Si
ésta no fue santa (aunque se la sepultó en San Pedro) y dejó un recuerdo
entre libertino, novelesco y extravagante, Catalina
y su madre, Brígida, están en los altares.
Hija, pues, de la Brígida
fundadora a la que veremos el 23 de julio, después de un matrimonio blanco
- había hecho voto de castidad - con el piadoso conde Edgard Lydersson, en el 1350 se trasladó a Roma para ayudar a
su madre, ocupada en conseguir que los pontífices aprobaran la orden del
Santísimo Salvador.
Un cuarto de siglo vivieron
ambas en la Ciudad Eterna entre grandes austeridades, cuidando a pobres y
enfermos, y corriendo también graves peligros de toda índole que Catalina afrontaba con una decisión y una confianza en
Dios que caracterizan su intrépido modo de ser.
Tras enviudar, a la muerte de
Brígida volvió a su patria, fue abadesa del monasterio de Vadstena, en la orilla derecha del lago Vattern, y aún en el 1375 efectuó de nuevo el largo
viaje hasta Roma para activar la aprobación de la orden y promover la
canonización de su madre.
Murió en Vadstena
como un espejo de virtudes, y según la tradición se vio surgir en el cielo
una estrella desconocida que permaneció en el aire sobre el monasterio
hasta que llevaron a enterrar a la santa, para luego desaparecer cuando su
fatigada humanidad andariega volvió al polvo.
Santoral preparado por la Parroquia de
la Sagrada Familia de Vigo.
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PEDIDOS DE ORACIÓN
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La Pagina de la Misa Diaria, esta preparada y es enviada por
Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de
apostolado, amor por la Iglesia y a Nuestro Señor Jesucristo. Les ruego su
oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias
a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia
Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la
Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),
(3)
Para la Lectio Divina, Lectio
Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y
Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina,
Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,
ESTA PERMITIDO EL RE-ENVIO, LA
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