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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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febrero de 2002 en Internet – Santiago de Chile-Chile.
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Fecha: 25-12-2011
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Edición
Nº MD 3118
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NAVIDAD
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LITURGIA DE LA HORAS
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DOMINGO 25,
NATIVIDAD DEL SEÑOR
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Hemos visto su gloria
Mt 1,1-25; Lc
2,1-14.15-20; Jn 1,1-18
Grande es la
riqueza de la liturgia de Navidad, con cuatro misas diferentes. He aquí una
pincelada de cada uno de los cuatro evangelios.
“Jacob
engendró a José, el esposo de María”. La misa vespertina de la vigilia
recoge la larga genealogía de Jesús. El Hijo de Dios ha asumido la historia
de Israel y, en ella, la historia entera de la humanidad. En ella hay de
todo, desde hombres piadosos hasta grandes pecadores. Así, Cristo ha
redimido esta historia desde dentro, haciéndola suya.
“La gran
alegría”. La misa de medianoche está marcada por ese estallido de júbilo:
ha nacido el Salvador. Un año más la Iglesia acoge con gozo esa «buena
noticia» de labios de los ángeles, se deja sorprender y entusiasmar por
ella y, de ese modo, se capacita para ser ella misma mensajera de esa gran
alegría para todos los hombres.
“Fueron
corriendo”. La misa de la aurora está marcada por las prisas de los
pastores para ver lo que el ángel anunció. Es la reacción ante la
maravillosa noticia: nadie puede quedar indiferente. Menos aún después de
ver a Jesús: «Se volvieron dando gloria y alabanza a Dios».
“Hemos contemplado su gloria”. Tras la
reacción inicial, la actitud contemplativa del evangelista Juan. Se trata
de acoger la luz que irradia de la carne del Verbo. Y de acoger toda la
abundancia de vida que de Él brota: «de su plenitud todos hemos recibido»,
«da poder para ser hijos de Dios»... (FGD)
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MISA DE LA NOCHE
ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 2, 7
El Señor me ha dicho: Tú eres mí Hijo yo te he engendrado hoy.
Motivación de entrada: La solemnidad del nacimiento de Cristo es la
fiesta de la intimidad familiar, pero también de la alegría universal: la
salvación, largamente esperada, se hace presente en Jesús: un niño
indefenso, amable, acogedor. Belén es la primera cátedra de vida cristiana.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que has iluminado esta
santísima noche con la claridad de Cristo, luz verdadera, concédenos que,
después de haber conocido en la tierra los misterios de esa luz, podamos
también gozar de ella en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por
los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Is 9, 1-6
El profeta anuncia la
salvación que se revela como luz, alegría y liberación en Jesús, príncipe
de la paz.
Lectura del
libro de Isaías.
El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre
los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has
multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu
presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el
reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su
espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día
de Madián. Porque las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas
de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego. Porque un niño nos
ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros
y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para
siempre, Príncipe de la paz». Su soberanía será grande, y habrá una paz sin
fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo
sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo
del Señor de los ejércitos hará todo esto.
Palabra de
Dios.
SALMO
Sal 95, 1-3. 11-13
R. Hoy nos ha
nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre. R.
Día tras día, proclamen su victoria, anuncien su gloria entre las
naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R.
Alégrese el cielo y exulte la tierra, resuene el mar y todo lo que
hay en él; regocíjese el campo con todos sus frutos, griten de gozo los
árboles del bosque. R.
Griten de gozo delante del Señor, porque Él viene a gobernar la
tierra: Él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.
R.
SEGUNDA
LECTURA Tit 2,11-14
En Jesús se nos revela la presencia salvadora
de Dios entre nosotros. Esto nos estimula a vivir una vida religiosa,
sobria y justa.
Lectura de la
carta del Apóstol san Pablo a Tito.
La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los
hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los
deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y
piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria
de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. Él se entregó por nosotros, a
fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo
elegido y lleno de celo en la práctica del bien.
Palabra de
Dios.
ALELUYA
Lc 2, 10-11
Aleluya. Les traigo una buena noticia, una gran alegría: hoy les ha
nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Lc 2, 1-14
Lucas relata el viaje de José y de María, a
Belén, y el nacimiento de Jesús en la más grande pobreza. Realmente el
Señor asume en concreto la condición
humana.
Evangelio de
nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se
realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando
Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de
origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad
de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para
inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban
en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo
primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque donde
se alojaban no había lugar para ellos. En esa región acampaban unos
pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor
los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les
dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para
todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que
es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño
recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre ». Y junto con
el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que
alababa a Dios, diciendo: « ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra
paz a los hombres amados por Él!»
Palabra del
Señor.
PRESENTACIÓN
DE LAS OFRENDAS
Guía: Con los dones del pan y del vino, ofrecemos nuestra vida al
Señor que, en un admirable intercambio, nos ha unido a su divinidad.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Padre, recibe nuestra ofrenda en esta fiesta, para que, por este
sagrado intercambio, lleguemos a ser semejantes a aquél que unió a ti
nuestra humanidad, Jesucristo nuestro Señor. Que vive y reina por los
siglos de los siglos.
Preparación a la comunión: Hoy, en la Navidad,
valoramos lo que significa la identificación con Cristo: él se ha hecho
hombre para que el hombre llegue a ser Dios.
ANTÍFONA
DE COMUNIÓN Cfr. Jn 1, 14
La Palabra se hizo carne, y nosotros hemos visto su gloria.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor y Dios nuestro, llenos de alegría hemos celebrado el
nacimiento de nuestro Redentor; concédenos la gracia de una vida santa y
llegar así a la perfecta comunión con él. Que vive y reina por los siglos
de los siglos.
Despedida: La Navidad no se agota en el pesebre
ni en el árbol de los regalos. Es la fiesta de la solidaridad cristiana.
Vamos a anunciar y a testimoniar que en Cristo Jesús nos sentimos todos hermanos
de verdad.
MISA
DE LA AURORA
De
la Natividad del Señor. (S). Blanco.
Gloria.
Credo. Prefacio de Navidad I, II o III
ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Is 9, 1.5; Lc 1, 33
Hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor;
él será llamado Dios admirable, Príncipe de la paz, Padre para siempre, y
su reino no tendrá fin.
ORACIÓN
COLECTA
Dios todopoderoso, envueltos con la nueva luz de tu Verbo hecho
carne, te pedimos que resplandezca en nuestras obras lo que, por la fe,
brilla en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive
y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos
de los siglos.
PRIMERA
LECTURA Is 62, 11-12
Lectura del
libro de Isaías.
Esto es lo que el Señor hace oír hasta el extremo de la tierra:
«Digan a la hija de Sión: Ahí llega tu Salvador; el premio de su victoria
lo acompaña y su recompensa lo precede. A ellos se los llamará “Pueblo
santo”. “Redimidos por el Señor”; y a ti te llamarán “Buscada”, “Ciudad no abandonada”».
Palabra de Dios.
SALMO
Sal 96, 1. 6. 11-12
R. Hoy nos ha
nacido el Señor. ¡Aleluya!
¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas
incontables. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan
su gloria. R.
Nace la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón.
Alégrense, justos, en el Señor y alaben su santo Nombre. R.
SEGUNDA
LECTURA Tit 3,4-7
Lectura de la
carta del Apóstol san Pablo a Tito.
Cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a
los hombres, no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino
solamente por su misericordia, Él nos salvó, haciéndonos renacer por el
bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo. Y derramó abundantemente ese
Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, a fin de
que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida
eterna.
Palabra de
Dios.
ALELUYA
Lc 2, 14
Aleluya. ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los
hombres amados por Él! Aleluya.
EVANGELIO
Lc 2, 15-20
Evangelio de
nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían
unos a otros: «Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos
ha anunciado». Fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al recién
nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir
sobre este niño, y todos los que los
escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que
habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Palabra del
Señor.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, que estas ofrendas sean dignas del misterio de la Navidad que
hoy celebramos; y así como te manifiestas en la humanidad de tu Hijo,
también nos comuniques tu gracia en estos dones de la tierra. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA
DE COMUNIÓN Cfr. Zac 9, 9
Alégrate, hija de Sión; canta de gozo, hija de Jerusalén; ya llega
tu Rey, santo y salvador del mundo.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor Dios, tú nos has reunido para celebrar con alegría en
nacimiento de tu Hijo: concédenos conocer con fe plena la profundidad de
este santo misterio y amarlo aún más intensamente. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
MISA
DEL DÍA
De
la Natividad del Señor. (S). Blanco.
Gloria.
Credo. Prefacio de Navidad I, II o III .
ANTÍFONA
DE ENTRADA Cfr. Is 9, 1.5
Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; la soberanía reposa
sobre sus hombros, y su nombre será Consejero admirable.
Motivación de entrada: La liturgia hace suyas,
en esta celebración, las palabras del profeta Isaías: “Un niño nos ha
nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus
hombros y se le llamará Consejero admirable” (Isaías 9, 6). Es toda una
invitación a reflexionar y adorar.
ORACIÓN
COLECTA
Dios nuestro, que admirablemente creaste la naturaleza humana y, de modo
aún más admirable, la restauraste; concédenos participar de la vida divina
de tu Hijo, como él compartió nuestra condición humana. Que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PRIMERA
LECTURA Is 52, 7-10
Con estilo poético, el
profeta anuncia el retorno de Dios en medio de su pueblo.
Lectura del
libro de Isaías.
¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena
noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad, del que
proclama la salvación y dice a Sión: « ¡Tu Dios reina!» ¡Escucha! Tus
centinelas levantan la voz, gritan todos juntos de alegría, porque ellos ven
con sus propios ojos el regreso del Señor a Sión. ¡Prorrumpan en gritos de alegría,
ruinas de Jerusalén, porque el Señor consuela a su Pueblo, Él redime a
Jerusalén! El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las
naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación de nuestro
Dios.
Palabra de
Dios.
Comentario
El Profeta es
quien habla en nombre de Dios, también puede ser llamado “testigo” (que ha
visto, no es un parlante, sino un comunicador). Y Dios siempre es una
“buena noticia”. Quien anuncia y predica la Palabra de Dios, si responde a
un llamado divino, dejará sus “pasos” marcados por donde vaya con la buena
noticia y la alegría que sólo Dios puede comunicar. Pensemos sólo en
nuestros santos.
SALMO
Sal 97, 1-6
R. Los
confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios.
Canten al Señor un canto nuevo, porque Él hizo maravillas: su mano
derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.
El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las
naciones: se acordó de su amor y su fidelidad a favor del pueblo de Israel.
R.
Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro
Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.
Canten al Señor con el arpa y al son de instrumentos musicales; con
clarines y sonidos de trompeta aclamen al Señor, que es Rey. R.
SEGUNDA
Lectura Heb 1, 1-6
Dios, después de hablar a los hombres de muchas
maneras por los profetas, ahora nos ha hablado por su mismo Hijo.
Lectura de la
carta a los Hebreos.
Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de
los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este
tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó
heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo. Él es el resplandor
de su gloria y la impronta de su ser. Él sostiene el universo con su Palabra
poderosa, y después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a
la derecha del trono de Dios en lo más alto del cielo. Así llegó a ser tan
superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es
el Nombre que recibió en herencia. ¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel:
«Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy»? ¿Y de qué ángel dijo: «Yo seré
un padre para él y él será para mí un hijo»? Y al introducir a su Primogénito
en el mundo, Dios dice: «Que todos los ángeles de Dios lo adoren».
Palabra de
Dios.
Comentario
Dios ha
hablado de muchas maneras en la historia, pero la “última carta” es la vida
y la palabra de Cristo. La Biblia, incluso el calendario romano, se divide
en dos: antes y después de Cristo. Él inaugura una “nueva etapa” de la
historia. Esta realidad hace caer aquellas revelaciones que pretenden inquietar
las conciencias. Dios ya ha hablado y hay que escucharlo desde Cristo.
ALELUYA
Aleluya. Nos ha amanecido un día sagrado; vengan, naciones, adoren
al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra. Aleluya.
EVANGELIO
Jn 1, 1-18
El evangelista Juan,
divinamente inspirado, nos hace remontar en el misterio de Dios. Jesús es
la palabra eterna del Padre que se hace hombre para salvarnos.
Evangelio de
nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y
la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas
fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo
que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La
luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un
hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar
testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la
luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al
venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y
el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio
el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por
obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados
por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros
hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él, al declarar: «Éste
es Aquél del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido,
porque existía antes que yo». De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de
Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha
visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está
en el seno del Padre.
Palabra del
Señor.
O
bien más breve: Jn 1, 1-5. 9-14
Evangelio de
nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y
la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no
se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era
la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no
la percibieron. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por
medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no
la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la
sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que
fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos
visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de
gracia y de verdad.
Palabra del
Señor.
Comentario
Juan no hace
una narración folklórica del nacimiento de Jesús, como pueden hacerlo los otros
evangelistas, sino más bien profundiza una reflexión que parte de
preexistencia del Verbo (Hijo de Dios) junto a Dios (Padre) y de su
“encarnación” (se hizo uno de nosotros) convertida en Palabra de Dios en
este mundo. De esta gracia somos partícipes, si la recibimos con fe y nos
convertimos en testigos de Dios en este mundo.
Presentación de las ofrendas: En el día de
Navidad, el ofertorio del pan y del vino cobra un significado particular,
Dios se hace uno de nosotros en Belén, que significa “casa del pan”. Nos
comprometemos a que no falte el pan en ningún hogar, por amor a Cristo.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
En este día de fiesta acepta, Señor, este sacrificio que nos
reconcilia plenamente contigo y contiene toda la alabanza que el hombre
puede ofrecerte. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Preparación a la comunión: Comulguemos hoy con
Jesús, palabra de Dios hecha carne, mientras pedimos que nuestra vida y la
de nuestros hermanos de comunidad se transformen en una perenne Navidad.
ANTÍFONA
DE COMUNIÓN Sal 97, 3
Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro
Dios.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios misericordioso, hoy nos ha nacido el Salvador del mundo; te
pedimos que así como nos ha hecho hijos tuyos, también nos haga partícipes
de su inmortalidad. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Despedida: Dios se ha hecho hombre para que el
hombre llegue a poseer la vida divina. Es la alegre noticia que debemos
anunciar a todos en esta Navidad, con nuestra palabra y, sobre todo, con el
testimonio de nuestra vida.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a
Dios, y la Palabra
era Dios
Jn 1, 1-18
Comentario-estudio de la lectura del
santo Evangelio según Juan (1)
1.
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
1. AL PRINCIPIO ERA EL VERBO, Y EL VERBO
ESTABA EN DIOS, Y EL VERBO ERA DIOS
San Juan comienza a describir
al Verbo con relación “al principio”. Porque no pensar que el evangelista
recuerda el pasaje de la creación en el Génesis. Toda la obra creadora que
se describe en el Génesis, fue hecha por palabra creadora de Dios; es
precisamente lo que aquí se va a decir del Verbo. Este “principio” es,
pues, punto de referencia con relación al existir del Verbo. Es una
valoración absoluta. En el lenguaje bíblico, antes de la creación de las
cosas no hay más que la eternidad de Dios. Por tanto, si en el “principio,”
en la creación de las cosas, pues todas van a ser creadas por el Verbo,
éste existía ya, es que no sólo es anterior a ellas, sino que es eterno. A
esta misma conclusión se llega, lógicamente, por la conexión con el final
de este mismo versículo, donde se dice explícitamente que este Verbo era
Dios. Luego eterno, “principio” absoluto (cf. Jn 17:5-24).
Por eso el evangelista utiliza
la forma imperfecta de “existía”. No limita su duración ni a un tiempo
pasado, como decir fue, o como un tiempo presente y decir existe, sino que
lo acusa en su duración indefinida.
Juan en esta primera parte del
versículo expresa la eternidad de este Verbo.
En la segunda mitad del verso,
va a expresar la distinción entre este Verbo y el Padre. Pues el Verbo
“estaba en Dios”. Es una proximidad interna, íntima, de persona a persona
(Jn 10:30; 14:20; 17:20.23). Esta expresión que se utiliza parecería a
primera vista muy sugerente, ¿Acaso está puesto con una intención muy
marcada por el evangelista, para indicar que ese estar el Verbo con el
Padre no era estático, sino dinámico: en íntima vitalidad con él
2. EL ESTABA AL PRINCIPIO EN DIOS.
La conclusión es que el Verbo
estaba “en Dios.” La forma, con artículo, significa al Padre, en
contraposición a la misma palabra sin artículo, que sólo expresa la
divinidad. Esta distinción, revelación de personas en el seno de la Trinidad es tema del
evangelio de Juan (Jn 10:30; cf. 2 Cor 13:13).
En esta misma segunda mitad del
verso, a la eternidad del Verbo, enseñada antes, añade ahora Juan una
distinción en el seno de la divinidad. Lo que se ve incluso por
lingüística: que el Verbo estaba con “el Padre.” Dios tiene, pues, un Hijo
eterno.
En la tercera mitad del verso,
se proclama explícitamente la divinidad del Verbo: “y el Verbo era Dios.”
Sintéticamente resume el
evangelista todo su pensamiento en una expresión final: este Verbo así
descrito estaba eternamente con el Padre.
3. TODAS LAS COSAS FUERON HECHAS POR EL, Y
SIN EL NO SE HIZO NADA DE CUANTO HA SIDO HECHO.
Juan expone esta enseñanza con
un paralelismo encontrado. Todas las cosas, que, sin artículo, no indican
las cosas globalmente, sino que señalan a cada una en particular, fueron
hechas por El y sin El no fue hecho nada; y acusándose enfáticamente (Is
39:4; Jer 42:4) que “ni una sola cosa” existe que no haya sido hecha por
El.
Si el Verbo es Dios, ¿qué
causalidad o qué mediación tiene el Verbo en la obra de la creación? El
pensamiento de Juan sobre esta causalidad ha de valorárselo en su ambiente
bíblico. En efecto, en la
Escritura aparece un doble grupo de textos relativos a la
obra creadora o eficiente de Dios. En unos se acusa la acción eficiente o
causadora de Dios. Tales son los que hablan del “soplo de Dios,” del
“Espíritu de Dios,” de la “palabra” de Dios, mediante lo cual los seres son
creados. Otro grupo es el que presenta a Dios mirando, teniendo en cuenta,
para su obrar, a la “Sabiduría” (Prov. 8:27-30; Job 28:24-28). Dios obra
por “su palabra.” Pero no se excluye, conceptualmente, su entronque bíblico,
pues para Juan, siendo el Verbo Dios, la causalidad que tiene es tan
profunda como ha de ser la que le corresponde a Dios en la obra creadora.
4. EN EL ESTABA LA VIDA, Y LA VIDA ERA LA LUZ DE LOS HOMBRES.
Lo que fue hecho en El, era la
vida. El pensamiento es manifiestamente que las cosas que fueron hechas por
el Verbo tienen vida en El. ¿En qué sentido? No se trata de la vida de Dios
— del Verbo — en sí mismo, pues no dice que “el Verbo era la vida,” sino de
la vida divina en cuanto va a ser ampliamente participada. Pues esa “vida”
va a ser “luz” de los seres humanos.
En los pasajes bíblicos
sapienciales, los conceptos de la
Ley, la Sabiduría y la Palabra tienen un
paralelismo o identificación con el concepto de “luz.” Así como la luz
ilumina al hombre en su caminar diario, y bajo ella no tropieza o cae, como
en la noche (Jn 9:9-10), así el ser humano, caminando moralmente a la “luz”
de la Ley, de
la Sabiduría
o de la Palabra
divina, no tropieza ni cae en su marcha moral hacia Dios: Lámpara es a mis
pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. (Sal 119:105)
Estos dos conceptos de “vida” y
de “luz” andan parejos en el A.T. Si no son sinónimos, están íntimamente
entrelazados. La “luz” conduce a la “vida.” Con esta “luz” se “vive” la
vida verdadera. Es la misma forma de expresarse Juan en su primera epístola
(1 Jn 1:5-11; 2:8-11). Así, el pensamiento del evangelista en el “prólogo”
es el siguiente: Esta misma “vida” es “luz” para los seres humanos. ¿Cómo?
Toda la obra de la creación era, de suyo, “luz” para que los seres humanos
pudiesen venir en conocimiento de Dios y de la vida moral (Rom 1:19-22).
Pero no sólo era “luz” para conocerle teóricamente, sino para conocerle y
encuadrarse en esta “luz,” lo que era “vivirla”: vivir la vida
religiosa-moral. Por eso, esa “luz” que les viene y conduce al Verbo, era
ya en el mismo, en el sentido bíblico expuesto, “vida” para los seres
humanos
“La noción de “vida,” lo mismo
que la de “luz,” en el evangelio de Juan entra en la esfera de lo divino.”
5. LA
LUZ LUCE EN
LAS TINIEBLAS, PERO LAS TINIEBLAS NO LA ABRAZARON
La expresión “La luz luce en
las tinieblas” se explica bien teniendo en cuenta la acción permanente de
la irradiación de la luz del Verbo: es un sol permanente. Pero, frente a
él, “las tinieblas” tomaron una posición hostil a esta luz. ¿Quienes son
estas “tinieblas”? Instintivamente se piensa en que estas “tinieblas” sean
los hombres malos, hostiles a la luz, pero las “tinieblas” no pueden ser
los hombres. En otros pasajes del mismo evangelio se dice que los “hombres”
caminan en las “tinieblas” (Jn 8:12; 12:35; 1 Jn 2:11), o que ellos
permanecen en las “tinieblas” (Jn 12:46; 1 Jn 2:9-11), o que las
“tinieblas” amenazan sorprender a los hombres (Jn 12:35); pero jamás se
dice que los hombres sean las “tinieblas.” En los manuscritos de Qumrán hay
un largo fragmento que se titula “Guerra de los hijos de la luz y de los
hijos de las tinieblas,” y en él se lee: “En manos del Príncipe de la luz
está el gobierno de los hijos de la justicia, que caminarán por los
senderos de la luz; en manos del ángel de las tinieblas está el gobierno de
los hijos de la iniquidad, que caminarán por los senderos de las
tinieblas.” Por el término de tinieblas no hay que pensar en los hombres
incrédulos, sino en el mundo satánico, opuesto a Dios.
A esta misma conclusión llevan
otras razones. Juan está imbuido en los “sapienciales.” Y en ellos se dice
que a la “Sabiduría no la vence la maldad” (Sab 7:30). El mismo pensamiento
se lee en las Odas de Salomón, en donde se dice que “la luz no sea vencida
por las tinieblas” (18:6).
El pensamiento del evangelista
es que esa “luz” del Verbo que luce en el mundo no pudo ser “vencida” ni
aplastada por los poderes del mal — demoníacos y gobernadores del mal en
los hombres — que influyen en el mundo en su lucha contra la verdad y el
misterio del Mesías. San Pablo dirá que nuestra lucha es “contra
dominadores de este mundo tenebroso” (Ef. 6:12).
6. HUBO UN HOMBRE ENVIADO DE DIOS, DE
NOMBRE JUAN. VINO ÉSTE A DAR TESTIMONIO DE LA LUZ, PARA TESTIFICAR DE
ELLA Y QUE TODOS CREYERAN POR ÉL.
El Verbo hasta ahora no había
ofrecido a los hombres más que una cierta participación de su luz; ahora va
a darla con el gran esplendor de su encarnación. Para esto aparece
introducida la figura del Bautista, y aparece situado en un momento
histórico ya pasado, en contraposición al Verbo, que siempre existe. Juan
no viene por su propio impulso; “es enviado por Dios.” Trae una misión
oficial. Viene a “testificar”, que en su sentido original indica
preferentemente un testigo presencial Viene a testificar a la Luz, que se va a encarnar,
para que todos puedan creer por medio de él. El prestigio del Bautista era
excepcional en Israel (Jn 1:19-28), hasta ser recogido este ambiente de
expectación y prestigio por el mismo Flavio Josefo. El tema del “testimonio”
es uno de los ejes en el evangelio de Juan, que se repartirá multitud de
veces y por variados testigos.
7. NO ERA ÉL LA LUZ, SINO QUE VINO A DAR
TESTIMONIO DE LA LUZ.
Se insiste en algo evidente:
que Juan no era la Luz,
sino que venía a testificar a la
Luz, puesto que el bautista sólo testifica al verbo
“encarnado,” en los pasajes.
El Verbo es la luz verdadera.
Así como de Dios se dice que es “verdadero” en oposición a los ídolos (Jn
17:3; 1 Jn 5:20), o lo mismo que Cristo es el pan “verdadero” en oposición
al maná (Jn 6:32), así el Verbo es llamado luz “verdadera” porque en él se
incluyen todas y plenamente las cualidades, metafóricamente, de la luz,
pero elevadas al orden religioso-moral (Jn 7:28:17:3; cf. Rom 3:4). Es el
ordenamiento divino, en contraposición a los planes del hombre falaz,
pecador.
8. ERA LA LUZ VERDADERA,
(LUZ) QUE VINIENDO A ESTE MUNDO ILUMINA A TODO HOMBRE.
Esta luz del Verbo ilumina a
todo ser humano. “Luz verdadera que ilumina a todo hombre (luz) que está
viniendo a este mundo.” Así dirá Juan en otros pasajes que “vino la luz al
mundo” (Jn 3:19; 9:39; 12:46). Por eso, esa “luz” así descrita “estaba en
el mundo,” y lo estaba precisamente porque el “mundo fue hecho por el
Verbo.” Pero el “mundo” no “conoció” a esta Luz: a Dios Verbo. Los seres
humanos debieron conocerlo. Las obras les llevaban a su conocimiento y
servicio (Sab 13:1-9; Rom 1:19-23). Pero este “conocimiento” no es un
simple conocimiento intelectual; hay que valorarlo en el sentido semita: un
conocimiento que entraña una vida y una actitud moral y servicio a Dios.
Así se lee en Jeremías: “Hacía justicia al pobre y al desvalido. Esto es
conocerme, dice Yahvé” (Jer 22:16; cf. Os 4:1-6). Los hombres, teniendo
motivos para conocer y servir a Dios, no lo hicieron: “el mundo no le
conoció.”
Pero no sólo el “mundo,” sino
“que vino a los suyos. “Y no le recibieron.” ¿Quiénes?, siempre se
interpreta esta expresión a Israel, pueblo especialmente elegido de Dios.
Vino la Luz a Israel con su Ley,
con sus profetas, con sus enseñanzas; le anunciaron un Mesías., y fueron
rebeldes — ¡tantas veces! — a esta Luz de Dios, del Verbo. Y vino el Verbo
encarnado a ellos, a su pueblo, al pueblo que le esperaba, y cuando llegó a
ellos., Israel no le conoció, no lo recibió., y ¡crucificó! al Mesías.
9. MAS A CUANTOS LE RECIBIERON DIOLES
PODER DE VENIR A SER HIJOS DE DIOS, A AQUELLOS QUE CREEN EN SU NOMBRE
Frente a este panorama del
paganismo y de Israel, que no recibe la Luz del Verbo, tono trágico con que el
evangelista expone esta actitud del mundo frente a la Luz, va a describir, por
contraste, la ventaja incomparable que se sigue a los seres humanos de
dejarse iluminar por esta Luz de Dios.
San Juan ha afirmado que no
recibieron, no “aceptaron” esta Luz ni los paganos ni los judíos. El modo
semita de hablar gusta de hacer afirmaciones rotundas, de fórmulas
absolutas, sin matizar ni acusar las excepciones (Jn 3:31-32). Por eso
podría ser que el evangelista pensase sólo en grupos — incluso mayoritarios
— judíos y paganos que no recibieron esta Luz. Y hasta no sería improbable
que influyese sobre él, para esto, o los hechos — grupo de creyentes —, o
la promesa de existencia de un “resto” santo en el Israel fiel. Por eso
hubo un sector que “le recibieron.” ¿Cómo? “Creyendo en su nombre” (12; cf.
Jn 3:11-12; 12:46-50; 5:43-44). Esta expresión es característica de Juan.
Treinta y cuatro veces la usa en su evangelio y tres en su primera
epístola, mientras que en el resto de todo el Nuevo Testamento sólo sale
nueve veces. Nombre, según el modo semita, está por persona. “El que cree a
alguien, recibe su testimonio; pero el que cree en alguien se entrega
totalmente a él.” En el vocabulario de Juan, “creer en El” es entregársele
plenamente.
A estos que así “creen,” que
así se entregan al Verbo, en esta perspectiva de Juan, les confiere el
mismo Verbo, sujeto de todo el desarrollo oracional, un gran don: el poder
ser hijos de Dios. La gracia de este don del Verbo es ser “hijos de Dios.”
10. Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE
NOSOTROS.
En esta sección se proclama la
encarnación del Verbo (v.14ª), y se lo garantiza luego con un doble grupo
de testimonios: uno sus discípulos (v.14b), El evangelista, que no
explícito desde el v.3 al Verbo, lo vuelve a tomar por sujeto explícito,
como si quisiese precisar bien que el Verbo del que habló, estando en el
seno de la divinidad, es el mismo sujeto que se va a encarnar. El Verbo,
que se lo describía en su existencia eterna: “era,” “existía,” actuó en un
momento histórico: “fue,” “se hizo.” A la duración eterna sucede una actuación
temporal. Se hizo “carne”. No dice, como en otras ocasiones, que se mudó
(Jn 2:9), sino que se hizo, que tomó “carne,” sin dejar de ser Verbo. No
sólo todo el evangelio de Juan estaría contra esto, sino que explícitamente
lo dice el v.18b-e.
¿Por qué Juan dice que se hizo
“carne” y no que tomó cuerpo ο que se hizo hombre? No dice “cuerpo,”
probablemente porque no implica vida; ni “hombre,” para indicar mejor el
contraste que se propuso expresar entre la grandeza del Verbo y el nuevo
estado que va a tomar. “Carne,” en el lenguaje bíblico, no es carne sin
vida, sino que es el ser humano todo entero, pero acusando el aspecto de su
debilidad, de su humildad inherente a su condición de criatura (Sal 56:5;
Is 40:6; Mt 24:22; Jn 3:6; 17:2).
Juan afirma el hecho de la
encarnación del Verbo, pero no indica el momento histórico en que esto se
realizó. Lc es el que lo precisa en el relato de la “anunciación.” Y,
aunque Juan tampoco dice como haya de representarse la encarnación del
Verbo, evidentemente no se trata de una transformación de la divinidad en
la humanidad que asume; estaría contra ello todo el evangelio del
hombre-Dios. Es una unión estable e indesunible.
Una vez proclamada
explícitamente la encarnación del Verbo, el evangelista hace ver que fue un
hecho real, pero no desconocido, sino que presenta un doble testimonio de
este hecho histórico. El primero es el de un grupo — “nosotros” —, que son
ciertamente los apóstoles, y probablemente un grupo mayor: discípulos y
aquellos que en Palestina fueron testigos. El autor del evangelio se
incluye, por tanto, en el grupo de estos testigos. Este mismo testimonio lo
traerá en la primera epístola (1:1-3ª). Alega este testimonio porque el
Verbo encarnado “habitó entre nosotros.” Por eso ellos son un testimonio
irrebatible.
11. Y HEMOS VISTO SU GLORIA, GLORIA COMO DE
UNIGÉNITO DEL PADRE, LLENO DE GRACIA Y DE VERDAD.
Por eso, al morar “entre
nosotros,” dice el evangelista enfáticamente, “nosotros vimos su gloria.”
Este “ver” que dice el evangelista es una visión sensible. Este verbo nunca
significa en el Ν. Τ. una visión intelectual, sino sensible.
Estos testigos han “visto con sus ojos” lo que garantizan; pero no se
excluye con esta expresión un sentido más amplio de percepción, aunque
sensible (1 Jn 1:1-3), v. gr., oír, tocar, etc.
Lo que el evangelista “vio,” lo
que este grupo testifica, es que “vieron (con sus ojos) su gloria.”
Aludiéndose a la presencia de la divinidad en el tabernáculo con el verbo
citado, esta “gloria” de Cristo responde también a la gloria de Yahvé, que
llenaba el tabernáculo
Esta “gloria” no era otra cosa,
como dice el evangelista, que la que le correspondía al que era “Unigénito
del Padre.” La conjunción “como” no indica una comparación de semejanza,
como si el Verbo encarnado disminuyese en su esencia, sino que tiene valor,
como en tantos otros casos, de una afirmación e identidad. Así, se lee en
Mc: Cristo “les enseñaba como quien tiene autoridad” (Mc 1:22), es decir,
teniendo verdaderamente esta autoridad (Mt 7:29; Lc 6:22; Rom 6:13; 2 Cor
2:17, etc.). Lo contrario iría contra toda la doctrina del “prólogo” y del
evangelio mismo de Juan.
Esta “gloria” que tenía, le
mostraba también “estar lleno de gracia y de verdad.” Considerada la forma
“lleno” como forma indeclinable, da una lectura excelente junto con la más
lógica posibilidad gramatical, por proximidad, al concordarlo con
“Unigénito.” Es el Verbo encarnado, el Unigénito del Padre, al que
testifican estos discípulos, al que vieron lleno de “gracia y de verdad.” Los
que traducen el pensamiento de Juan interpretando las palabras “gracia” y
“verdad” en su exclusivo sentido etimológico, lo interpretan así: “Gracia
dice abundancia de dones espirituales, tanto para sí mismo (Col 2:9) como
para otros (cf. v.16); y verdad, en el estilo Joanneo, significa el verdadero
conocimiento de Dios, “que procede de Dios y lleva a Dios (cf. 8:46ss;
18:37), la verdadera estimación de las cosas espirituales, la genuina
noticia de las cosas celestes y, en consecuencia, el concepto idóneo de las
terrestres.” Es a esta interpretación donde llevaría el v.16.
12. JUAN DA TESTIMONIO DE EL, CLAMANDO:
ESTE ES DE QUIEN OS DIJE: EL QUE VIENE DETRÁS DE MÍ HA PASADO DELANTE DE
MÍ, PORQUE ERA PRIMERO QUE YO.
Manifiestamente el v.15 rompe
la consecuencia del cursus, siendo un paréntesis. Pues el v.14 se une,
lógicamente, con el v.16. Debe de ser una interpolación, inspirada, y que
guarda el puesto correspondiente de su “inclusión semítica” con los v.6-8
33.
El evangelista, discípulo del
Bautista, evoca aquí el testimonio del Precursor, en correspondencia
estructural con el v.6-8. El Bautista tenía la misión de testimoniar al
Verbo encarnado. Acabando de afirmar la encarnación, al punto le brota la
escena en que el Bautista testifica que Cristo es el Verbo encarnado. La
escena es vivamente descrita. Está redactado al modo de los antiguos
profetas. Usa el enigma, tan del uso oriental, para excitar más la atención
de los oyentes. La expresión antes que yo, nunca se dice en el Ν.
Τ. de prioridad temporal Es la confesión de la preexistencia de Cristo
(Jn 3:30).
13. PUES DE SU PLENITUD RECIBIMOS TODA
GRACIA SOBRE GRACIA. PORQUE LA
LEY FUE DADA POR MOISÉS; LA GRACIA Y LA VERDAD VINO POR
JESUCRISTO.
Terminado este evocador
paréntesis, estos versículos se unen conceptualmente al 14e, al que
desarrollan. Allí se proclama al Verbo encarnado “lleno de gracia y de
verdad.,” “por lo que de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia.”
En la nueva obra recibimos todos una gracia torrencial, como participada y
dispensada y proporcionada al Verbo encarnado, que la tiene en plenitud.
Esta obra maravillosa
dispensada por el Verbo hecho carne evoca en el Evangelista la antigua
economía, promulgada en el Sinaí (Ex c.33 y 34), contraponiendo ambas. Allí
fue “dada” por Moisés. Moisés era ministro y servidor. Aparece su Ley como
algo normativo y oneroso. Pero en contraposición de esto está la obra de
Jesucristo. La oposición entre la
Ley y la
Gracia es un tema dominante “de la teología paulina:
mostrar el contraste entre las obras humanas y el don de Dios. Juan, en
cambio, declara abiertamente que el A.T. resulta superado y anulado por la Gracia y la Verdad que provienen de
Cristo.” A la Ley
se contrapone con superación la “gracia” y la “verdad.” Estas “fueron,” es
decir, vinieron por Jesucristo. ¿En qué sentido? ¿En el sentido de que
aparecieron en El? ¿O en el sentido de que son dispensadas por El?
Este segundo sentido es el que
se impone: primero, por la contraposición con Moisés: éste le dio la Ley a Israel; Cristo da,
dispensa, a los hombres la “gracia.”; en segundo lugar porque este
versículo es continuación manifiesta de los 14-16, y especialmente de éste
último, en el que se dice que de “su plenitud recibimos todos” la gracia
correspondiente a la gracia, que se encuentra en plenitud en el Verbo
encarnado.
14. A DIOS NADIE LE VIO JAMÁS; DIOS
UNIGÉNITO, QUE ESTÁ EN EL SENO DEL PADRE, ÉSE NOS LE HA DADO A CONOCER.
San Juan hace una reflexión
final, va a explicitar al resolver una objeción que era una convicción en
el A.T.: no se podía ver a Dios sin morir (Ex 33:20; Jue 13:21.22,). Así
dice terminantemente Juan: que a Dios nadie le vio. No le vieron, pues, ni
Moisés (Ex 32:22-23) ni Isaías (Is 6:1.5). Acaso Juan piensa también
explícitamente en éstos. No vieron a Dios” facialmente”; sus
manifestaciones fueron teofanías simbólicas. La naturaleza divina es
inaccesible al ojo humano (1 Jn 3:2). Pero lo que no puede ver el ojo
humano, lo puede descubrir a él el que es Dios.
La expresión “en el seno del
Padre,” en lenguaje bíblico, expresa la idea de afección e identidad. Así,
el niño reposa en el seno de su madre (1 Re 3:20; cf. Núm 11:12). La mujer
reposa por afección sobre el seno de su marido (Dt 28:54-56). Noemí toma al
hijo de su nuera y lo pone con afección sobre su seno (Rut 4:16). El
discípulo “amado de Jesús” estaba “recostado sobre el pecho de Jesús” (Jn
13:23). Por eso, con la expresión “el Unigénito del Padre,” que está
perennemente en el “seno del Padre,” se está acusando la constante
intimidad y afección entre ambos, por lo que, estando en sus secretos,
puede comunicarlos.
La paz del Señor Sea con Ustedes
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
(1) Textos Bíblico y algunas precisiones
del comentario tomados de la
Biblia de Nácar-Colunga
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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LA NAVIDAD DE JESÚS ES TAMBIÉN NUESTRA NAVIDAD
La lectura de la Palabra de Dios en el
misterio adorable de la
Navidad converge sobre la memoria de que el Hijo de Dios
ha venido a nosotros, un Dios con nosotros y para nosotros. Dios
trascendente e invisible ha dejado su lejanía e invisibilidad y ha tomado
un rostro huma no haciéndose visible, concreto y asequible: «Se ha hecho lo que
somos, para hacernos partícipes de lo que Él es» (Cirilo de Alejandría).
Esta fe nuestra se funda sobre una explicación que el evangelista Juan
encuentra colocando la raíz de la existencia de Jesús en el seno del Padre (Jn
1,1-3). La reflexión bíblica, sin embargo, va más lejos y nos impulsa a
contemplar quién es Jesús para nosotros: es Dios de salvación para todo
hombre.
Pero la Navidad es también la
memoria de la modalidad histórica en la que se ha realizado la encarnación.
Ha elegido la vida del pobre y del derrotado para que nosotros pudiésemos
vislumbrar el poder de Dios en su elección de la pobreza y de la kenosis
(despojo). Porque Él quiere ser buscado, reconocido y acogido: como un pobre
necesitado y sufriente, porque no sólo se ha hecho hombre, sino que se ha
quedado entre los hombres.
Con su nacimiento, además, nos ha hecho
también el don de ser hijos: «A cuantos la recibieron, les dio poder para
ser hijos de Dios» (In 1,12). La
Navidad de Jesús es también nuestra Navidad, la de
nuestro renacer a una vida nueva. En Él también nosotros hemos sido
«destinados a ser hijos adoptivos» del Padre celestial (Ef 1,5); d. 1 Jn
3,1). Si Dios mismo nos dice: « ¡Tú eres mi hijo!», a nosotros no nos queda
sino agradecerle y alegrarnos por nuestra participación en la vida divina.
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ORACION
(3)
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Padre nuestro,
en estos días hemos escuchado muchas palabras sobre la Navidad y estamos
saciados de ellas pero, en realidad, no hemos comprendido a fondo el
sentido de aquellas verdades.
Juan Pablo II
ha hecho esta reflexión: «El Niño alienta. ¿Quién oye el gemido del Niño?
Por Él, empero, habla el cielo y es el cielo el que revela la enseñanza de
este nacimiento. Es el cielo el que la explica con estas palabras: « ¡Gloria
a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».
Es preciso que nosotros, tocados por el hecho del nacimiento de Jesús,
escuchamos este grito del cielo ». ¿Cómo acoger y escuchar el vagido de
este Niño?
Ésta es la
pregunta que tú, Señor, suscitas en nuestro corazón. Nuestra respuesta
quiere ser pronta y generosa, sobre todo con la escucha de tu Palabra que
se presenta educadora de sensibilidad cristiana para hacer la experiencia
de que tú eres «Emmanuel». Queremos, además, corresponder a los dones, como
el grandísimo que nos has hecho al nacer entre nosotros. Nuestro don es
nada respecto al tuyo, pero continúa esta donación por solidaridad y
participación plena de la vivencia humana.
Tu Navidad nos propone también la
consciencia de la fraternidad universal. Cada uno de nuestros gestos navideños
pretende ser no sólo privado o familiar, sino abierto a la solidaridad y a
la bondad, especialmente con los más necesitados de ellas, como los pobres,
los inmigrantes, los explotados, los que viven en soledad o son olvidados,
porque justicia social y solidaridad van siempre juntas.
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SANTORAL
(4)
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NAVIDAD
En la vida moderna Navidad es
la fiesta de los buenos sentimientos, de la exaltación de las fibras más
sensibles del alma, de las húmedas ternuras hogareñas. La Natividad quiere
decir el nacimiento del Señor, pero la mesa bien abastecida, el muérdago,
el champán, los regalos de Papá Noel y el árbol con luces nos quieren
convencer de que es Navidad gracias a Dickens y a los grandes almacenes.
La fecha es convencional, en
los primeros tiempos de la
Iglesia se celebró en otros días y sólo hacia el siglo IV
se fue fijando en este 25 de Diciembre para recubrir y santificar una
celebración pagana, la del solsticio de invierno Poco importa no tener
datos fiables de registro civil para el nacimiento de Cristo, porque éste
es un lugar en la
Historia que vive por la fe y que sin ella no es nada.
Ahora, se nos ha vaciado de
sentido acogiéndose al folclore y al pretexto para el consumo, con una
petición poco comprometedora de que, al menos hoy, seamos buenos. ¿Quién no
quiere ser bueno? Sobre todo cuando la exigencia es tan modesta,
veinticuatro horas o, todo lo más, lo que suele llamarse con barata
emotividad, esos días entrañables.
El mundo actual no destruye,
caricaturiza: en vez del amor de Dios que se hizo hombre para salvarnos,
los buenos sentimientos a plazo fijo, y junto al belén, que habla del
Creador que se nos iguala en humildad y pobreza, el alborozo comprado con
nuestro dinero. La Virgen,
san José y el Niño, en sus figurillas de barro, son el alegre corazón del
universo, que a pesar de todo es esperanza.
Los hombres vivirán para
siempre gracias al día de Navidad, canta un villancico, resumiendo así
ingenua y profundamente la teología al alcance de todos. En medio de tanta
mascarada, Dios sonríe por encima del tiempo, y su sonrisa es la gran
fiesta que celebramos.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio
Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier
Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M.
Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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ESTA PAGINA, SOLO DEBE INDICARSE EL AUTOR Y LAS FUENTES DE ORIGEN
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