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MISA DIARIA
DE Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant Desde el 26
de febrero de 2002 en Internet – Santiago de Chile-Chile La página de
Misa Diaria, Reflexión Bíblica y Santoral, mas antigua de Internet www.caminando-con-jesus.org
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25-01-2010 |
MD 2422 |
ORDINARIO |
C |
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CONVERSIÓN
DE SAN PABLO, APÓSTOL. (F).Blanco. |
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Conversión de san Pablo, apóstol Saulo nace en Tarso, hijo de hebreos. Formado en la escuela del
maestro Gamaliel, se destaca como fariseo rigorista. Presencia y aprueba la
lapidación de san Esteban y luego se pone a perseguir con odio implacable a
los discípulos de Jesús. Pero no sabe que a su vez es perseguido por aquel a quien
persigue sin conocerlo, y que lo alcanza en el camino de Damasco con una
pregunta desconcertante: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Saulo
responde rendido: “Señor, ¿quién eres? ¿Qué quieres que haga?” Muere el judío
perseguidor de los cristianos y nace el cristiano y el apóstol enamorado de
Cristo, como luego él mismo confesará: “Todo lo estimo pérdida comparado con
la excelencia del conocimiento de Cristo”. La conversión de Saulo es uno de
los mayores acontecimientos de la Iglesia. Su labor apostólica alcanza a todo
el imperio romano y sus cartas siguen hoy evangelizando al mundo. San Pablo
es el apóstol de la cruz y de la resurrección. |
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ANTÍFONA DE ENTRADA 2Tim 1, 12; 4,
8 Sé en quién he puesto mi confianza, y estoy convencido de que el
Señor, como justo juez, es capaz de conservar hasta aquel día el bien que me
ha encomendado. ORACIÓN COLECTA Señor, que has instruido al mundo entero con la predicación del
apóstol san Pablo, concede a los que hoy celebramos su conversión que,
acercándonos a ti, a ejemplo suyo, seamos para el mundo testigos de tu
verdad. Por nuestro Señor Jesucristo. LECTURA Hech
22, 3-16 Lectura de los Hechos de los apóstoles. Pablo dijo al pueblo: -Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia,
pero me he criado en esta ciudad de Jerusalén y he sido iniciado a los pies
de Gamaliel en la estricta observancia de la Ley de nuestros padres. Estaba
lleno de celo por Dios, como ustedes lo están ahora. Perseguí a muerte a los
que seguían este Camino, llevando encadenados a la prisión a hombres y
mujeres; el sumo sacerdote y el Consejo de los ancianos son testigos de esto.
Ellos mismos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y yo me dirigí
allá con el propósito de traer encadenados a Jerusalén a los que encontrara
en esa ciudad, para que fueran castigados. En el camino, y al acercarme a
Damasco, hacia el mediodía, una intensa luz que venía del cielo brilló de
pronto a mi alrededor. Caí en tierra y oí una voz
que me decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’. Le respondí: ‘¿Quién
eres, Señor?’. Y la voz me dijo: ‘Yo soy Jesús de Nazaret a quien tú
persigues’. Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del
que me hablaba. Yo le pregunté: ‘¿Qué debo hacer, Señor?’. El Señor me dijo:
‘Levántate y ve a Damasco, donde se te dirá lo que debes hacer’. Pero como yo
no podía ver, a causa del resplandor de esa luz, los que me acompañaban me
llevaron de la mano hasta Damasco. Un hombre llamado Ananías,
fiel cumplidor de la Ley, que gozaba de gran prestigio entre los judíos del
lugar, vino a verme, y acercándose a mí, me dijo: ‘Hermano Saulo, recobra la
vista’. Y en ese mismo instante, pude verlo. Él siguió diciendo: ‘El Dios de
nuestros padres te ha destinado para conocer su voluntad, para ver al Justo y
escuchar su palabra, porque tú darás testimonio ante todos los hombres de lo
que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y
purifícate de tus pecados, invocando su nombre’-. Palabra de Dios. O bien: Hech
9, 1-22 Lectura de los Hechos de los apóstoles. Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los
discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para
las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los
adeptos que encontrara, hombres o mujeres. Pero en el camino, cuando estaba
cerca de Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su
resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: -Saulo, Saulo,
¿por qué me persigues?-. Él preguntó: -¿Quién eres tú, Señor?-. -Yo soy
Jesús, a quien tú persigues –le respon-dió la voz–. Ahora levántate, y
entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer--. Los que lo acompañaban
quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se
levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron
de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin
comer ni beber. Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: --¡Ananías!--Él respondió: - Aquí estoy, Señor -. El Señor
le dijo: -Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal
Saulo de Tarso. Él está orando, y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para
devolverle la vista--. Ananías respondió: --Señor,
oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en
Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los
sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu nombre--. El Señor
le respondió: -Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para
llevar mi nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo
le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi nombre-. Ananías
fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: --Saulo, hermano mío, el Señor
Jesús –el mismo que se te apareció en el camino– me
envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo--. En
ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista.
Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas. Saulo
permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego
comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los
que lo oían quedaban sorprendidos y decían: -¿No es éste aquél mismo que perseguía
en Jerusalén a los que invocan este nombre, y que vino aquí para llevarlos
presos ante los jefes de los sacerdotes?-. Pero Saulo, cada vez con más
vigor, confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús
es realmente el Mesías. Palabra de Dios. COMENTARIO Pablo, un judío celoso del cumplimiento del la Ley
religiosa, tenía autoridad para perseguir y encarcelar a los cristianos. En
el camino, fue interpelado por Jesús y llamado por él para luego anunciar su
nombre a los paganos. La fe de Pablo permitió este encuentro, que lo llevó a
una transformación total de su vida. Quien hasta ese momento era perseguidor
se transformaría en el gran apóstol de los cristianos. SALMO Sal 116, 1-2 R. Vayan por todo el mundo, anuncien el
Evangelio. Alaben al Señor, todas las naciones, glorifíquenlo, todos los
pueblos. R. Es inquebrantable su amor por nosotros, y su fidelidad permanece
para siempre. R. ALELUYA Cfr.
Jn 15, 16 Aleluya. “Dice el Señor: Yo los elegí del mundo, para que vayan y
den fruto, y ese fruto sea duradero”. Aleluya. EVANGELIO Mc
16, 15-18 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según
san Marcos. Jesús se apareció a los Once y les dijo: -Vayan por todo el mundo,
anuncien el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará.
El que no crea se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean:
arrojarán demonios en mi nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las
serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún
daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán-. Palabra del Señor. COMENTARIO El mandato misionero del final del evangelio de
Marcos se aplica, sin lugar a dudas, a Pablo, quien destinó gran parte de su
vida a viajar para llevar la noticia de la salvación a una gran cantidad de
regiones y ciudades de Asia Menor, Grecia y Roma. Entregó su vida al mensaje
y fue coherente con lo que predicaba. PREFACIO DE LOS APÓSTOLES, pág. 10-11 ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS Señor, al celebrar estos divinos misterios, te pedimos que tu Espíritu
infunda en nosotros aquella luz de la fe que iluminó al apóstol san Pablo
para la propagación de tu gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. ANTÍFONA DE COMUNIÓN Gál 2, 20 Vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN Señor y Dios nuestro, te pedimos que el sacramento recibido
acreciente en nosotros el ardor de aquella caridad con la que, vehementemente
abrasado, el apóstol san Pablo sobrellevó la preocupación por todas las
Iglesias. Por Jesucristo nuestro
Señor. BENDICIÓN SOLEMNE V. El Dios que los ha edificado a ustedes sobre el cimiento de los
apóstoles, por la intercesión gloriosa de san Pablo apóstol, los llene de sus
bendiciones. R. Amén. V. El que los ha enriquecido con la palabra y el ejemplo de los
apóstoles, les conceda su ayuda para que sean testigos de la verdad en el
mundo. R. Amén. V. Para que así obtengan la heredad del
reino eterno por la intercesión del apóstol san Pablo, por cuya palabra se
mantienen firmes en la fe. R. Amén. V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo † y Espíritu
Santo, descienda sobre ustedes. R. Amén. |
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ESTUDIO
Y REFLEXIÓN BÍBLICA |
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Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a
toda la creación Mc 16, 15-18 Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Resucitado
Cristo, se apareció varias veces a los Once. Se apareció a los once cuando
estaban reunidos, para que todos fuesen testigos, y refiriesen a todo el
mundo lo que habían visto y oído. Al decir once, se designa a todo el colegio
apostólico antes de que Matías ocupase el lugar de Judas. Y después de la
ascensión ellos debían de predicar el Evangelio a gentes que debían creer sin
haber visto a Jesús. Antes de
partir, increpó también el Señor a sus discípulos cuando iba a dejarlos
corporalmente, para que sus palabras quedasen impresas más profundamente en
sus corazones. Jesús Reprueba la incredulidad, para que la reemplace la fe;
reprueba la dureza del corazón de piedra, para que le reemplace otro de carne
lleno de caridad. En un momento,
a los apóstoles no les fue fácil creer en la resurrección de Jesucristo, pero
los hechos les dieron mayor firmeza, al comprobar directamente la realidad de
los sucesos que estaban presenciando. Ellos convivieron directamente con el
Señor, así ellos constituidos en testigos, reciben el mensaje y el mandato
del Señor Resucitado para llevarlo a todo el mundo. Luego Jesús da
la orden de predicar el Evangelio a todas las gentes, junto con el bautismo.
Se observa ya el universalismo cristiano en acción entre los gentiles. Este es
el gran mandato, es decir la gran misión que nos dio el Señor, que debemos
hacer con fidelidad en todos los tiempos y en todas las circunstancias. Es así como
Jesús, envía a sus apóstoles, por todo el mundo, a predicar a todas las
gentes de todas las naciones, para que la predicación apostólica, que antes
fue rechazada por la soberbia de los judíos, venga en nuestro auxilio. Cuando
Jesús dice a toda la creación, esta diciendo a los creyentes e incrédulos. El
que crea y se bautice se salvará. El que no crea se condenará. Porque no
basta creer, porque el que cree y no está bautizado todavía, no ha alcanzado
aún la salvación, sino imperfectamente. Así se dirá tal
vez cada cual a sí mismo: Yo seré salvo porque he creído. Y así será en
efecto, si une las obras a la fe; porque la verdadera fe consiste en que no
se contradiga la obra con lo que dice la palabra. "Pero el que no
creyere será condenado". Dice Jesús; “Y
estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán demonios en mi nombre
y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si
beben un veneno mortal no les hará ningún daño; Puede entenderse también de
las serpientes ordinarias, como la víbora que mordió a Pablo sin causarle
daño. Muchos hechos semejantes encontramos en las historias de hombres a
quienes, defendidos bajo el estandarte de Cristo, no ha podido causar daño el
veneno que habían bebido. También dice
Jesús; “impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán”. Cuando los
sacerdotes imponen sus manos sobre los creyentes, ellos están impidiendo con
la gracia que se les ha dado de exorcizar, la permanencia del espíritu
maligno en el corazón de aquéllos, es decir, no hacen otra cosa que lanzar de
ellos a los demonios. De esta forma, liberado del mal, dominará la serpiente
que ha provocado la malicia de su corazón. Con esto, aunque beba el veneno de
la maldad no le hará daño, esto es si oye malos consejos no se dejara llevar
al mal. Así, nosotros
también debemos dar una mano al que esta vacilante en el camino del bien, para
que quede curado y para que se fortifique y pueda hacer con ánimo un camino
de buenas obras. El Señor les Bendiga Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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PARA
LA LECTIO DIVINA (3) |
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QUIEN ENCUENTRA A JESÚS SE DA CUENTA DE QUE YA NO PUEDE VIVIR SIN ÉL
Y DEBE PROFUNDIZAR EN SU CONOCIMIENTO PERSONAL. No acabamos nunca de ahondar en el
conocimiento de Saulo-Paulo, incluso después de haber meditado una y otra vez
sobre las páginas que hablan de él y las que escribió él mismo. Sin embargo,
hay algo que aparece de inmediato con una gran evidencia: su itinerario de fe
es símbolo del nuestro. Creer implica, ante todo, encontrar
personalmente a una persona, al Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret. No se
cree en una doctrina, en una fórmula, en un sistema, sino en una persona, la
única digna de ser creída. La fe es un encuentro que no se agota en un
momento determinado de nuestra propia vida, sino que continúa siempre, hasta
la muerte. Quien encuentra a Jesús se da cuenta de que ya no puede vivir sin
él y debe profundizar en su conocimiento personal. Del encuentro se pasa al diálogo: la fe
es, precisamente, un encuentro entre personas inteligentes y libres. Por un
lado, Dios se da a conocer en lo que es, revela su voluntad, da a conocer sus
proyectos. De este modo, entabla el diálogo con todo el que está dispuesto a
escuchar y a reaccionar. Por otro, el creyente, en la medida en que presta
una escucha sincera y auténtica a la Palabra de Dios, se siente implicado en
un diálogo que no se desarrolla sólo en torno a conceptos y verdades, sino
que se entrelaza con experiencias, confidencias, comunión de vida. Se trata
de un diálogo vital que implica a dos seres vivos y llega a una forma de vida
cada vez más elevada. Ahora bien, la fe cristiana es también
obediencia, sumisión, abandono total de la criatura al Creador, del hombre a
Dios, del pecador al Justo. Para el creyente, obedecer no significa en
absoluto abdicar de su propia libertad, ni siquiera de sus propios derechos;
significa captar la infinita distancia que media entre él y su propio
interlocutor y, al mismo tiempo, intuir que la adhesión a la voluntad de éste
conduce a la plena y más satisfactoria realización de sí mismo. Semejante
acto de abandono está sostenido por una promesa que no deja ningún espacio a
la duda: cuando Dios promete, se compromete por completo en beneficio de su
interlocutor, le llena el corazón de certezas sobrenaturales y abre ante él
unos horizontes ilimitados. Por último, la fe cristiana se traduce en
misión: el ejemplo de Pablo es claro y decisivo. No puede privatizarse un
bien que, por su propia naturaleza, es comunitario. Quien ha recibido el don
de la salvación en Cristo se siente impulsado íntimamente a darlo a los
otros. ORACION Oh Padre, Dios de infinita
bondad y misericordia, concédenos caminar fielmente, a ejemplo de san Pablo,
por el camino que nos has abierto en Cristo Jesús. Haz, oh
Dios, que nuestros caminos —como el de Saulo— se crucen con el tuyo, el que
nos has indicado en Cristo, tu Hijo, y en el cristianismo. Que, como el
apóstol Pablo, queramos caminar con Jesús y seguir sus pasos hasta que
lleguemos a ti, meta última de nuestra vida, meta suspirada y esperada. Concédenos, oh
Padre, andar juntos por este camino bendecido por ti, a fin de que ninguno de
nosotros se pierda y nuestra comunión eclesial pueda ser, en el tiempo, signo
manifestativo de aquella comunión que gozaremos junto a ti en la eternidad
bienaventurada. |
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SANTORAL |
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LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO La Iglesia dedica una fiesta especial a san Pablo,
el 25 de enero. Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant San Pablo fue un judío célebre por ser
cazador y persecutor de los seguidores de Cristo. A Pablo, se le aparece
directamente Jesús y, queda convertido en apóstol, de la misma categoría que
quienes habían visto y seguido al Señor, durante su vida pública. 1.
LOS RELATOS DE
LA CONVERSIÓN DE SAULO La Primera Lectura de hoy 25 de enero,
Hechos de los Apóstoles 22:1-21, trae el discurso de Pablo al pueblo, que en
su parte principal dice: “Pero acaeció que, yendo mi camino, cerca ya de
Damasco, hacia el mediodía, de repente me envolvió una gran luz del cielo.
Caí al suelo y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Yo respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú
persigues. Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del
que me hablaba. Yo dije: ¿Qué he de hacer, Señor?” (Hechos de los Apóstoles
21: 6-10) Este fragmento es parte del discurso de Pablo al pueblo de
Jerusalén, y que viene a ser una autobiografía apologética. Pero además es
una obra maestra de sutileza apostólica, Pablo intenta demostrar a los judíos
que él no es un enemigo de la Ley, como se le había ya acusado, al contrario,
el quiere hacer ver que siempre fue celoso observador de la Legislación.
Pablo busca destacar que ahora se ha hecho cristiano y ha abierto su campo de
acción a los gentiles y, que esto es así por expreso mandato del cielo. Pero
esta parte de relato esta también antes descrita en el capítulo de los Hechos
de los Apóstoles 9:3-9, donde dice así: “Estando ya cerca de Damasco, de
repente se vio rodeado de una luz del cielo; y cayendo a tierra, oyó una voz
que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El contestó: ¿Quién eres,
Señor? Y Él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y entra en la
ciudad, y se te dirá lo que has de hacer. Los hombres que le acompañaban
estaban de pie atónitos oyendo la voz, pero sin ver a nadie” Saulo se levantó
del suelo, y con los ojos abiertos nada veía. Lleváronle de la mano y le
introdujeron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni
beber.” Como podemos observar en los dos capítulos es narrada la conversión
de Saulo por San Lucas, esto es uno de los acontecimientos esenciales en la
historia del cristianismo. 2.
“SAULO, SAULO,
¿POR QUÉ ME PERSIGUES?. El hecho tuvo lugar probablemente en el
año 36, catorce años antes del concilio de Jerusalén. Saulo y sus
acompañantes estaban ya cerca de Damasco. Era hacia el mediodía. De repente
una luz resplandeciente los envuelve y caen a tierra. Es de creer, aunque el
texto bíblico explícitamente no lo dice, que el viaje lo hacían a caballo, no
a pie, y, por tanto, la caída hubo de ser más violenta y aparatosa. Surge
entonces el impresionante diálogo entre Jesús y Saulo: “Saulo, Saulo, ¿por
qué me persigues?... ¿Quién eres, Señor?”. Parece, a juzgar por la frase de
Jesús “duro es para ti pelear contra el aguijón” (cf.
26:14), que, en un primer momento, Pablo trató de resistir a la gracia, como
caballo que se encabrita ante el pinchazo, pero pronto fue vencido y hubo de
exclamar: “¿Qué he de hacer, Señor?”. Sin duda, este modo de proceder del
Señor en su conversión influyó enormemente en él, para que luego en sus
cartas insistiera tanto en que la justificación no es efecto de nuestro
esfuerzo o de las obras de la Ley, sino puro beneficio de Dios. También la
pregunta “¿Por qué me persigues?” debió de hacerle pensar en alguna
misteriosa compenetración entre Cristo y sus fieles, que le impulsará a
formular la maravillosa concepción del Cuerpo místico, otro de los rasgos
salientes de su teología 3.
SAN PABLO EN
ESTA OCASIÓN VIO REALMENTE A JESUCRISTO No parece caber duda que San Pablo en esta
ocasión vio realmente a Jesucristo en su humanidad gloriosa. Aunque el texto
bíblico no lo dice nunca de modo explícito, claramente lo deja entender,
cuando contrapone a Saulo y a sus acompañantes, diciendo que éstos “oyeron la
voz, pero no vieron a nadie”, y en 26:16 se dice expresamente: “para esto me
he aparecido a ti.” Por lo demás, el mismo Pablo, aludiendo sin duda a esta
visión, dirá más tarde a los Corintios: “¿No soy apóstol? ¿No he visto a
Jesús, Señor nuestro?” (1 Cor 9:1); y algo más
adelante: “Apareció a Cefas, luego a los Doce.. últimamente, como a un aborto,
se me apareció también a mí” (1 Cor 15:5-9). Y
nótese que esas apariciones a los apóstoles eran reales y objetivas (cf. 1:3; 10:41), luego también la de Pablo, cosa, además,
que exige el contexto, pues si es que algo valían esas apariciones para
probar la resurrección de Cristo, es únicamente en la hipótesis de que éste
se apareciera con su cuerpo real y verdadero. Nada tiene, pues, de extraño
que, terminada la visión, Pablo quedara como anonadado, sin ganas ni para
comer, atento sólo a pensar y rumiar sobre lo acaecido, que trastornaba
totalmente el rumbo de su vida. El estado de ceguera contribuía a aumentar
más todavía esta su tensión de espíritu. Sólo después del encuentro con Ananías, pasados tres días, habiendo vuelto a tomar
alimento, de nuevo, Pablo cobra fuerzas como dice en el versículo 19, como
hemos visto en otras ocasiones, estas abstenciones de comer y beber han sido
siempre frecuentes en personas místicas, y Pablo parece que fue una de ellas,
a juzgar por algunos testimonios de sus cartas. Hay pequeñas diferencias en los
relatos de la conversión de Saulo, porque en una los compañeros de Saulo
“oyen la voz” pero “no ven a nadie” (cf. 9:7),
mientras que en la otra “no la oyen” pero “ven la luz” (cf.
22:9). Asimismo, según una de las narraciones, esos compañeros “estaban de pie
atónitos” (cf. 9:7), mientras que, según otra,
“caen todos por tierra” (cf. 26:14). En cuanto a si
los compañeros de Saulo “oyeron” (9:7) o “no oyeron” (22:9) la voz de Jesús,
téngase en cuenta que la palabra oír puede tomarse en el sentido simplemente
de oír, o sea, percibir el sonido material, y también en el de entender, o
sea, captar el significado (cf. 1 Cor 14:2). Parece que los compañeros de Saulo “oyeron la
voz” (9:7); pero, al contrario que éste, no “entienden” su significado
(22:9), del mismo modo que “vieron la luz” (22:9), pero no distinguen allí
ningún personaje ( 4.
LA CONVERSIÓN DE
SAN PABLO ES UNO DE LOS MAYORES ACONTECIMIENTOS EN LA HISTORIA DEL
CRISTIANISMO. En todo caso, lo que deseo resaltar es que
la conversión de San Pablo es uno de los mayores acontecimientos en la
historia del cristianismo. Como se ha escrito, “es la muerte repentina,
trágica, del judío, y el nacimiento esplendoroso, resplandeciente, del
cristiano y del apóstol". San Jerónimo lo comentaba así: "El mundo
no verá jamás otro hombre de la talla de San Pablo". Saulo, nacido en
Tarso, hebreo, fariseo rigorista, bien formado a los pies de Gamaliel, muy
apasionado, ya había tomado parte en la lapidación del diácono Esteban,
guardando los vestidos de los verdugos "para tirar piedras con las manos
de todos", como interpreta agudamente San Agustín. De espíritu violento,
se adiestraba como buen cazador para cazar su presa. Con ardor indomable
perseguía a los discípulos de Jesús. Pero Saulo cree perseguir, y es él el
perseguido. Dios es infatigable cazador de almas y cazará a Saulo, que se ha
emboscado en el recodo del camino que va de Jerusalén a Damasco. El Señor
acecha a Saulo, su perseguidor bienamado. A partir de entonces, en el destino
de todo hombre existirá ese mismo Dios al acecho, a la espera. Y oyó la voz
de Jesús: Saulo, Saulo ¿por qué me persigues? Saulo preguntó: ¿Quién eres tú,
Señor? Jesús le respondió: Yo soy Jesús a quien tú persigues. ¿Y qué debo
hacer, Señor? Pocas veces un diálogo tan breve ha transformado tanto la vida
de una persona. Cuando Saulo se levantó estaba ciego, pero en su alma
brillaba ya la luz de Cristo. Desde ahora este camino de Damasco y esta caída
del caballo, quedarán como símbolo de toda conversión. Quizá nunca un suceso
humano tuvo resultados tan luminosos. Quedaba el hombre con sus arrebatos,
impetuoso y rápido, pero sus ideales estaban en el polo opuesto al de antes
de su conversión. San Pablo en adelante únicamente Cristo será el centro de
su vida. "Todo lo que para mí era ganancia, lo tengo por pérdida
comparado con Cristo. Todo lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo.
Sólo una cosa me interesa: olvidando lo que queda atrás y lanzándome a lo que
está delante, corro hacia la meta, hacia el galardón de Dios, en Cristo Jesús".
5.
ES UN LLAMAMIENTO
PERSONAL DE CRISTO La vocación de Pablo es un caso único. Es
un llamamiento personal de Cristo. Pero no quita valor al seguimiento de
Pablo. En el Evangelio hay otros llamamientos personales del Señor, como el
del joven rico que no le siguieron o no perseveraron. "Dios es un gran
cazador y quiere tener por presa a los más fuertes" (Holzner).
Pablo se rindió: "He sido cazado por Cristo Jesús". Pero pudo
haberse rebelado. Sin embargo casi todos los llamados del Señor son mucho más
sencillos y por cierto mucho menos espectacular, estos viene
a veces en los acontecimientos comunes de la vida. De algún modo todos
tenemos nuestro camino de Damasco. A cada uno nos aguarda el Señor en el
recodo más inesperado del camino. 6.
JUAN PABLO II Y SAN PABLO Decía en unas de sus homilías, el Santo
Padre Juan Pablo II. Hasta aquel momento el celoso
fariseo Saulo estaba convencido de que el plan de la salvación se refería
sólo a un único pueblo: Israel. Por eso combatía con todos los medios
posibles a los discípulos de Jesús de Nazaret, a los cristianos. Desde
Jerusalén se dirigía hacia Damasco precisamente porque allí, donde el
cristianismo se estaba difundiendo rápidamente, quería encarcelar y castigar
a todos los que, abandonando las antiguas tradiciones de los padres,
abrazaban la fe cristiana. En Damasco recibe la iluminación de lo alto. Cae a
tierra y en ese momento dramático Cristo le hace ver su error. En esta
circunstancia Jesús se revela plenamente a Pablo como el que ha resucitado de
entre los muertos. Al Apóstol se le concede, así, «ver al Justo y oír su voz»
(Hch 22, 14). Desde aquel momento, Pablo es
constituido «apóstol» como los Doce, y podrá afirmar, dirigiéndose a los
Gálatas: «Aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su
gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que lo anunciase entre los
gentiles» (Ga 1, 15-16). La conversión de Pablo se realiza a través
del sufrimiento. Se puede decir que antes fue derrotado en él Saulo, el
perseguidor, para que pudiera nacer Pablo, el Apóstol de los gentiles. Su
llamada es, quizá, la más singular de un Apóstol: Cristo mismo derrota en él
al fariseo y lo transforma en un ardiente mensajero del Evangelio. La misión
que Pablo recibe de Cristo está en armonía con la que confió a los Doce, pero
con un matiz y un itinerario particular: él será el Apóstol de los gentiles.
(Homilía de S.S. Juan Pablo II
en la misa de clausura de la semana de oración por la unidad de los
cristianos 25 de enero de 1997) 7.
BENEDICTO XVI Y JUAN PABLO Las
últimas palabras de san Pablo, una exhortación a Timoteo desde la cárcel,
poco antes de su muerte: "Soporta conmigo los sufrimientos por el
Evangelio", dice el Apóstol a su discípulo (2 Tm
1, 8). Estas palabras, escritas por el Apóstol como un testamento al final de
su camino, remiten al inicio de su misión. Mientras Pablo, después de su
encuentro con el Resucitado, estaba ciego en su casa de Damasco, Ananías recibió la orden de ir a visitar al temido
perseguidor e imponerle las manos para devolverle la vista. Ante la objeción
de que Saulo era un perseguidor peligroso de los cristianos, Ananías recibió como respuesta: Este hombre debe llevar
mi nombre ante los pueblos y los reyes. "Yo le mostraré todo lo que
tendrá que padecer por mi nombre" (Hch 9, 16).
El encargo del anuncio y la llamada al sufrimiento por Cristo están
inseparablemente unidos. La llamada a ser maestro de los gentiles es al mismo
tiempo e intrínsecamente una llamada al sufrimiento en la comunión con
Cristo, que nos ha redimido mediante su Pasión. En un mundo en el que la
mentira es poderosa, la verdad se paga con el sufrimiento. Quien quiera
evitar el sufrimiento, mantenerlo lejos de sí, mantiene lejos la vida misma y
su grandeza; no puede ser servidor de la verdad, y así servidor de la fe. No
hay amor sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia a sí mismos, de
la transformación y purificación del yo por la verdadera libertad. Donde no
hay nada por lo que valga la pena sufrir, incluso la vida misma pierde su
valor. La Eucaristía, el centro de nuestro ser cristianos, se funda en el
sacrificio de Jesús por nosotros, nació del sufrimiento del amor, que en la
cruz alcanzó su culmen. Nosotros vivimos de este amor que se entrega. Este
amor nos da la valentía y la fuerza para sufrir con Cristo y por él en este
mundo, sabiendo que precisamente así nuestra vida se hace grande, madura y
verdadera. A la luz de todas las cartas de san Pablo, vemos cómo se cumplió
en su camino de maestro de los gentiles la profecía hecha a Ananías en la hora de la llamada: "Yo le mostraré
todo lo que tendrá que padecer por mi nombre". Su sufrimiento lo hace
creíble como maestro de verdad, que no busca su propio interés, su propia
gloria, su propia satisfacción personal, sino que se compromete por Aquel que
nos amó y se entregó a sí mismo por todos nosotros. En esta hora damos
gracias al Señor porque llamó a san Pablo, transformándolo en luz de los
gentiles y maestro de todos nosotros, y le pedimos: Concédenos también hoy
testigos de la Resurrección, conquistados por tu amor y capaces de llevar la
luz del Evangelio a nuestro tiempo. San Pablo, ruega por nosotros. Amén.
(Fragmento de homilía del Santo Padre Benedicto XVI,
Basílica de san Pablo extramuros , Sábado 28 de junio de 2008, para leerla
completa en el siguiente link: Celebración
de las Primeras Vísperas Articulo publicado también en la Revista El
Mensajero del Corazón de Jesús
PARA LEER MAS SOBRE SAN PABLO EN EL SIGUIENTE LINK: SAN
PABLO El
Señor Le Bendiga Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |
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PEDIDOS
DE ORACION |
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Nota: Para (3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina
para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier
Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr.
Gabriel de Santa M. Magdalena ocd, ESTA PERMITIDO EL RE-ENVIO,
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