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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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de publicación, todos los días desde el 26 de febrero de 2002 en Internet –
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Fecha: 25-06-2011
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Edición
Nº MD 2935
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T.O. CICLO A, SEM XII
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LITURGIA DE LA HORAS
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Sábado, Semana XII del Tiempo
Ordinario, Nacimiento de san Juan Bautista
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Link para ir a temas de Corpus Christi: CORPUS
CHRISTI
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ANTÍFONA DE ENTRADA Cf. Jdt
13, 23. 25
El Señor, el Dios altísimo, te
ha bendecido a ti, Virgen María, más que a todas las mujeres de la tierra.
Él ha engrandecido tanto tu nombre, que los hombres no dejarán de alabarte.
ORACIÓN COLECTA
Señor, te pedimos, por la
intercesión de la santísima Virgen María, que quienes la generamos en esta
gloriosa conmemoración, merezcamos participar también de la plenitud de tu
gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.
LECTURA Gn 18,
1-15
Lectura del libro del Génesis.
El Señor se apareció a Abraham
junto al encinar de Mamré, mientras él estaba
sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. Alzando los ojos,
divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio,
corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el
suelo, diciendo:
“Señor mío, si quieres hacerme
un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor. Yo haré
que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra
del árbol. Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes
reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por
algo han lo que dijiste”. Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba
Sara y le dijo: “¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y
prepara unas tortas”. Después fue corriendo hasta el corral, eligió un
ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato
se puso a prepararlo. Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado,
y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos,
debajo del árbol. Ellos le preguntaron:
-¿Dónde está Sara, tu mujer?-.
“Ahí en la carpa”, les respondió. Entonces uno de ellos le dijo: -Volveré a
verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido
un hijo-. Mientras tanto, Sara había estado escuchando a la entrada de la
carpa, que estaba justo detrás de él. Abraham y Sara eran ancianos de edad
avanzada, y los períodos de Sara ya habían cesado. Por eso, ella rió en su
interior, pensando: -Con lo vieja que soy, ¿volveré a experimentar el
placer? Además, ¡mi marido es tan viejo!-. Pero el Señor dijo a Abraham:
“¿Por qué se ha reído Sara, pensando que no podrá dar a luz, siendo tan
vieja?¿Acaso hay algo imposible para el Señor? Cuando
yo vuelva a verte para esta época, en el año entrante, Sara habrá tenido un
hijo”. Ella tuvo miedo, y trató de engañarlo, diciendo: “No, no me he
reído”. Pero él le respondió: “Sí, te has reído”.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
La teofanía junto a la encina de Mambré es un caso señero en el Antiguo Testamento. El
Dios único visita a Abraham, en figura de tres hombres para dar a la
inquietud del patriarca una respuesta.
A pesar de su vejez y la de su esposa, Abraham tendrá un hijo y será
el padre del pueblo elegido. El Hijo de Dios se llamará -hijo de Abraham-.
Sara dará a luz como primer fruto de la promesa. Por otra parte el relato
exalta la hospitalidad de Abraham: es necesario matar el becerro cebado
para agasajar al huésped desconocido y así entrar en su misterio.
SALMO Lc 1, 46-50. 53-55
R. El Señor se acordó de su
misericordia.
Mi alma canta la grandeza del
Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador. R.
Porque él miró con bondad la
pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán
feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su nombre es
santo! R.
Su misericordia se extiende de
generación en generación sobre aquellos que lo temen. Colmó de bienes a los
hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. R.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre. R.
ALELUYA Mt 8, 17
Aleluya. Cristo tomó nuestras
debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades. Aleluya.
EVANGELIO Mt 8, 5-17
Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo según san Mateo.
Al entrar en Cafarnaúm, se acercó a Jesús un centurión, rogándole:
“Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre
terriblemente”.
Jesús le dijo: “Yo mismo iré a
sanarlo”. Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres
en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque
cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados
que están a mis órdenes: “Ve”, él va, y a otro: “Ven”, él viene; y cuando
digo a mi sirviente: “Tienes que hacer esto”, él lo hace”. Al oírlo, Jesús
quedó admirado y dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he
encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que
muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a la mesa con
Abraham, Isaac y Jacob, en el reino de los cielos; en cambio, los herederos
del reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar
de dientes”. Y Jesús dijo al centurión: “Ve, y que suceda como has creído”.
Y el sirviente se sanó en ese mismo momento.
Cuando Jesús llegó a la casa de
Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. Le tocó la mano y
se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. Al atardecer,
le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los
espíritus y sanó a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo
que había sido anunciado por el profeta Isaías: “Él tomó nuestras
debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades”.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
El relato evangélico presenta tres modos
diferentes de curar: a la distancia (al hijo del Centurión), tocando (a la
suegra de Pedro) y con la Palabra (a la multitud). Así Jesús demuestra que
no tiene un solo modo de intervenir. Por lo tanto nosotros debemos aprender
a no encasillarlo, sino a estar abiertos a que pueda sanarnos de múltiples
formas.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, al conmemorar a la Madre
de tu Hijo, te pedimos que, gracias a este sacrificio, nos conviertas
bondadosamente en una ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Lc 1, 49
El todopoderoso ha hecho en mí
grandes cosas. Su nombre es santo.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, después de haber
participado de la redención eterna en esta conmemoración de la Madre de tu
Hijo, te pedimos que podamos participar de la plenitud de tu gracia y
experimentar cada día más los efectos de tu salvación. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
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REFLEXIÓN
BÍBLICA
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“Les aseguro que no he encontrado a
nadie en Israel que tenga tanta fe.”
Mt 8, 5-17
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant ocds
1. TENÍA UN ESCLAVO AL QUE AMABA MUCHO Y
ESTABA ENFERMO
Este milagro lo realiza Cristo
después del sermón de la Montaña, en Cafarnaúm,
donde tenía, desde hacía ya mucho tiempo, su domicilio (Mt 4:13).
Vivía allí un centurión, no
judío, sino gentil, pero que admiraba la religión judía. “Ama a nuestro
pueblo,” decían los de la ciudad, y prueba de ello es que les había
levantado la sinagoga (Lc). Debía de estar a las órdenes de Herodes
Antipas, que tenía un pequeño ejército compuesto de tropas mercenarias y
extranjeras organizadas al modo romano. Este centurión tenía un esclavo al
que amaba mucho. Estaba enfermo de “parálisis” y “próximo a la muerte”
(Lc). En esta circunstancia llegó Cristo a Cafarnaúm
y el centurión acudió a él con solicitud y urgencia.
2. "YO MISMO IRÉ A SANARLO".
Se acercó a Jesús un centurión,
rogándole: "Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y
sufre terriblemente". Jesús le dijo: "Yo mismo iré a
sanarlo". Se llama centurión porque tiene a su cargo y manda a cien
hombres, y este ruega por uno de sus siervos. Jesús observa la fe, la
humildad y la prudencia del centurión, así es como le ofreció
inmediatamente que iría y sanaría al siervo. Lo que nunca había hecho Jesús
lo hizo ahora. En todas partes sigue la voluntad de los que suplican, aquí
la excede. No sólo ofreció curarlo, sino también ir a su casa.
Hizo esto para que conozcamos la
virtud del centurión. Además, prometió ir porque se pedía para un siervo, a
fin de enseñarnos que “no debemos complacer a los grandes y despreciar a
los pequeños, sino que igualmente debemos complacer a pobres y a ricos”
(San J. Crisostomo).
3. SEÑOR, NO SOY DIGNO DE QUE ENTRES EN MI
CASA
San Jerónimo nos explica: Así
como admiramos la fe en el centurión, porque creyó que el paralítico pudo
ser curado por el Salvador, así se manifiesta también su humildad, en
cuanto se considera indigno de que el Señor entre en su casa, y por ello:
"Y respondiendo el centurión, dijo: Señor, no soy digno de que entres
en mi casa".
Sin duda creyó el centurión que
más bien debía ser rechazado por Jesús, esto por ser gentil. En todo caso
él ya estaba lleno de fe y todavía no había recibido para sí el misterio de
seguidor de Jesús..
San Agustín nos comenta sobre
esto “Considerándose como indigno apareció como digno, no de que entrase el
Verbo entre las paredes de su casa, sino en su corazón. Y no hubiera dicho
esto con tanta fe y humildad si no hubiese llevado ya en su corazón a Aquel
de quien temía que entrase en su casa, pues no era una gran felicidad que
Jesús hubiese entrado en su casa y no en su pecho”.
4. “NO HE ENCONTRADO A NADIE QUE TENGA
TANTA FE”.
Jesús, admirándose, dijo a los
que le acompañaban: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que
tenga tanta fe”. Esta es la fe que
Jesús nos pide, esa en la cual renunciamos a apoyarnos en nosotros mismos,
en lo que creemos validos, en nuestros pensamientos, esto es en nuestras
fuerzas o en nuestro particular juicio. En efecto, es distinta nuestra
fe si la hacemos abandonados
plenamente a ojos cerrados en la Palabra del Señor, esa Palabra que jamás
deja de cumplirse, esa Palabra que es de Vida eterna.
En la lectura de los
Evangelios, observamos que la falta de fe, impidió en alguna ocasión al
Señor hacer alguna de sus maravillosas obras, así nos dice Mateo 13,58, “Y
no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe”. Es así como
debemos vivir en gran profundidad la fe, de esa manera serían aún más
visibles las obras de la gracia del Señor.
Tal como este centurión, que
gracias a su fe, obtuvo del Señor Jesús ese milagro de la curación de uno
de sus hombres, no le cerremos a El, ese deseo de poner sus manos en nosotros
por nuestra falta de fe.
5. NUESTRO AMOR DE CRISTIANOS DEBE SER
DESINTERESADO
El ejemplo de este centurión,
es que el era pagano y en ese entonces supero la fe del pueblo de Dios, ¿y
nosotros?, que nos decimos creyentes, ¿nos damos cuenta que a veces somos
superados en la fe por otros hermanos que no se dicen practicantes o
católicos?, la fe exige sacrificio de si mismo y aceptación total a Dios.
Otro ejemplo que destaca este
evangelio, el enfermo no era familiar del centurión, era su sirviente, pero
él se preocupa por su salud. La caridad no tiene y no debe tener límite,
debe se entregada por igual a todos los hombres, sin importar su condición
social, si es rico o pobre, si es joven o anciano, y cual es su raza. Es
decir que nuestra caridad jamás se debe preguntar quien es el que sufre. En
otras palabras nuestro amor de cristianos debe ser desinteresado.
No nos consideremos mejores que
los demás, no sintamos superiores que otros, aprendamos de la natural
inclinación que tiene Jesús por la bondad y dulzura por los que sufren y
los mas pobres. Es decir, nunca le cerremos nuestro corazón a ningún
necesitado.
6. LE TOCÓ LA MANO Y SE LE PASÓ LA FIEBRE
Cuando Jesús llegó a la casa de
Pedro, encontró a la suegra de éste en cama con fiebre. San Mateo,
introduce la escena, según su frecuente método, diciendo sin más; Cuando
Jesús llegó a la casa de Pedro, la suegra de Pedro yacía “en cama con
fiebre, sólo se describe que tenía una enfermedad febril.
La curación fue instantánea. Le
tocó la mano y se le pasó la fiebre. Los gestos de Jesús en esta curación
hacen plásticamente visible su dominio sobre la enfermedad y la conciencia
clara de su poder. No solamente la dejó la fiebre, sino que se restableció
también instantáneamente de su estado anterior de agotamiento en que deja
una fiebre.
El que resucitó, vence la
muerte, las enfermedades y miserias, era el que hacía levantarse a los
pecadores y enfermos.
La Paz de Cristo
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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JAMÁS HE ENCONTRADO EN ISRAEL UNA FE TAN
GRANDE
Entrar en
contacto con leprosos, paganos y mujeres no era conveniente para un rabí y,
en todo caso, podía producir un estado de impureza legal. A pesar de todo,
Jesús no se sustrae a las peticiones de curación (según Lucas, también le
pidieron que curara a la suegra de Pedro) e infringe los tabúes que habrían
contradicho la lógica misma de la encarnación. Si Dios asume un cuerpo
humano es para comunicarse con el cuerpo del hombre: «El cuerpo es para el
Señor y el Señor para el cuerpo», dirá Pablo (1 Cor 6,13). Jesús interviene
en consideración a la fe del enfermo (el leproso) o de la comunidad (en el
caso de la suegra de Pedro), pero tiene palabras de elogio sobre todo para
la fe que un pagano ha manifestado en su palabra. Una fe de la que dice
Jesús: «Jamás he encontrado en Israel una fe tan grande», una fe que nadie
había sido capaz de igualar hasta entonces.
Hoy no es ya
el toque taumatúrgico que el Señor despliega en la eucaristía lo que
pretendo experimentar, sino la «simple» fuerza de su palabra. Traigo a mi
mente las palabras de vida que me ha transmitido el Señor, y me interrogo
sobre el impacto curador que estas han producido y siguen produciendo
todavía en mi persona.
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ORACION
(3)
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Tú, oh Señor, nos has enseñado que «se redime sólo aquello
que se asume» (cf. Ad gentes, 3). Por eso «tomaste nuestras flaquezas y
cargaste con nuestras enfermedades», y no buscaste un «chivo expiatorio»
sobre el que cargar el mal que aflige el corazón del hombre, sino que
cargaste tú mismo con él.
Reavivo en mí
la certeza de que tú pretendes restituir el género humano a la condición
originaria de belleza y sanidad con que salió de las manos del Creador. Y,
mientras pretendo secundar en mí tu obra taumatúrgica, acojo las penas y
los sufrimientos que la vida me reserva, a fin de asociarme a tu pasión
redentora en favor de la santa Iglesia y de toda la humanidad (cf. Col
1,24).
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SANTORAL
(4)
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SAN
GUILLERMO DE VERCELLI 1085-1142
Nació por el año 1085 en Vercelli, como
indica su nombre, en el norte de Italia. Pocas cosas sabemos de su
nacimiento e infancia, pero sí de su juventud y mocedad como un prodigio de
mortificación y de don de milagros.
Cuando todavía era un mancebo hizo una
peregrinación a Santiago de Compostela que en su tiempo era muy popular y
que hacían casi todos los cristianos que podían. Pero él lo hizo de modo
extraordinario: Se cargó de cadenas, que casi no podía arrastrar por su
gran peso, y apenas tomaba bocado.
San Guillermo de Vercelli se hizo
también a la idea de marchar en peregrinación a Jerusalén. Su buen amigo
San Juan de Matera le dijo que Dios tenía otras cosas en mente, pero eso no
iba a detener a Guillermo. Se puso en camino a Tierra Santa, pero fue
atacado por unos ladrones antes de haber llegado lejos. San Guillermo
reconoció el ataque como una verificación por parte de Dios del consejo de
Juan, y volvió a casa.
Que se nos cierre una puerta en las
narices, como ocurrió con el acariciado deseo de San Guillermo de realizar
una peregrinación, naturalmente que es un contratiempo. Cuando eso sucede,
está bien que pasemos un poquito de tiempo lamentando nuestra pérdida y
sintiendo pena de nosotros mismos. Pero sólo un poquito de tiempo.
Ciertamente que no más de veinticuatro horas. Luego, es tiempo de empezar a
buscar la ventana abierta.
A San Guillermo la ventana le vino en
forma de montaña.
En las laderas del Monte Vergine fundó la que sería la primera de varias
comunidades religiosas.
El solía decir a los monjes que trataban
de imitar su vida y pretendían seguirle a todas partes: "Es necesario
que mediante el trabajo de nuestras manos nos procuremos el sustento para
el cuerpo, el vestido aunque pobre y medios necesarios para poder socorrer
a los pobres. Pero ello no debe ocupar todo el día, ya que debemos
encontrar tiempo suficiente para dedicarlo al cuidado de la oración con la
que granjeamos nuestra salvación y la de nuestros hermanos".
Ahí estaba sintetizada la vida que él
llevaba y la que quería que vivieran también cuantos quisieran estar a su
lado.
Desde este Monte Sacro, que ahora se
llama como en tiempos de San Guillermo, Monte de la Virgen, nuestro Santo
continuaba ejerciendo un gran influjo por medio de su oración y vida de
sacrificio. Lleno de méritos. Murió el 25 de junio de 1142.
Los ermitaños, después de su muerte fueron incorporándose del todo a la
regla benedictina tan admirada por San Guillermo.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio
Divina, Lectio Divina para cada
día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel
de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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ESTA PAGINA, SOLO DEBE INDICARSE EL AUTOR Y LAS FUENTES DE ORIGEN
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