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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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de publicación, todos los días desde el 26 de febrero de 2002 en Internet –
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Fecha: 27-03-2011
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Edición Nº MD 2844
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CUARESMA, CICLO A
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LITURGIA DE LA HORAS
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LINK TEMAS DIVERSOS DE LA CUARESMA: cuaresma
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TIEMPO DE CUARESMA, L HORAS, Sem. 3ª del Salterio, Tomo II
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Domingo 3º semana de Cuaresma. Morado.
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DOMINGO III DE
CUARESMA
Diálogo de salvación
Jn
4,5-42
“Dame de
beber”
Con sorpresa de los discípulos y de ella
misma, Cristo inicia el diálogo con la samaritana. Él toma la iniciativa.
No tiene inconveniente en mendigar de ella un poco de agua para entrar en
diálogo. Cristo desea ardientemente establecer este diálogo con cada uno de
nosotros. El pecado rompe este diálogo. El pecado no consiste ante todo en
hacer el mal, sino en romper este diálogo, dejar que se enfríe esta
amistad. Por eso, el primer fruto de la Cuaresma debe ser un diálogo
renovado con Cristo, una oración más viva, más consciente y personal, más
abundante; un diálogo que impregne toda nuestra vida.
“Si
conocieras el don de Dios...”
Es admirable como Jesús va conduciendo
el diálogo con esta mujer pecadora, suscitando en ella el atractivo por lo
bello, por lo grande, por lo eterno. El que ha empezado pidiendo se revela
en seguida como el que ofrece y es capaz de dar lo infinito, lo divino.
Poco a poco se va dando a conocer a ella, para que al final termine
aceptándole como “el Salvador del mundo”. El diálogo con Cristo –también
para nosotros – es siempre un diálogo de salvación, un diálogo que nos
dignifica y nos hace descubrir el sentido de nuestra vida, los horizontes
sin fin de una vocación eterna.
“Muchos
samaritanos de esa ciudad habían creído en Él por la palabra de la mujer,
que atestiguaba”
Esto no muestra como Cristo ha entrado
en su vida y experimenta el gozo de su salvación, él mismo hace que
continúe para otros este diálogo de salvación. Es lo que hace la
samaritana: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No
será el Mesías?”. Su testimonio suscita en otros el atractivo por Cristo y
hace que entren en la órbita de Cristo. De esa manera acaban también ellos
experimentando la salvación: “Ya no creemos por lo que tú has dicho;
nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador
del mundo”. ¿Será tan difícil que cada uno de nosotros dé testimonio de lo
que Cristo ha hecho en su vida? (FGD).
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ANTÍFONA DE
ENTRADA Sal 24, 15-16
Mis ojos están siempre fijos en el Señor, porque él sacará mis pies
de la trampa. Mírame, Señor, y ten piedad de mí, porque estoy solo y
afligido.
O bien: Ez 36, 23-26
Cuando manifieste mi santidad en medio de ustedes, los congregaré de
todos los países de la tierra: derramaré sobre ustedes el agua que
purifica, serán lavados de todas sus manchas y pondré en ustedes un
espíritu nuevo, dice el Señor.
ACTO PENITENCIAL
·
Tú
realmente estás entre nosotros, Señor, ten piedad.
·
Tú
nos amaste cuando éramos pecadores. Cristo, ten piedad.
·
Tú
nos ofreces el manantial que brota hasta la vida eterna. Señor ten piedad.
No se dice
Gloria
ORACIÓN
COLECTA
Dios de misericordia y origen de todo bien, que en el ayuno, la
oración y la limosna nos muestras el remedio del pecado, mira con agrado el
reconocimiento ce nuestra pequeñez, para que seamos aliviados por tu
misericordia quienes nos humillamos interiormente. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PRIMERA
LECTURA Éx 17, 1-7
Lectura del libro del
Éxodo.
Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y
siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando
acamparon en Refidim, el pueblo no tenía agua
para beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: “Danos agua para que
podamos beber”. Moisés les respondió: “¿Por qué me acusan? ¿Por qué
provocan al Señor?”. El pueblo, torturado por la sed, protestó contra
Moisés diciendo: “¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para
hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”. Moisés
pidió auxilio al Señor, diciendo: “¿Cómo tengo que comportarme con este
pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?”. El Señor respondió a
Moisés: “Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel,
y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve,
porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás
la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo”. Así lo hizo
Moisés, a la vista de los ancianos de Israel. Aquel lugar recibió el nombre
de Masá –que significa “Provocación”– y de Meribá –que significa “Querella”– a causa de la
acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo:
“¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?”.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
Israel
pasa de la esclavitud de Egipto a la esclavitud del hambre y la sed en el
desierto. ¿Está Dios con su pueblo? Si no estuviera, no habría agua ni
maná. Dios no falla ni abandona.
SALMO Sal 94,
1-2. 6-9
R. Cuando escuchen la voz
del Señor, no endurezcan el corazón.
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos
salva! ¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor!
R.
¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el
Señor que nos creó! Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él
apacienta, las ovejas conducidas por su mano. R.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: “No
endurezcan su corazón como en Meribá, como en el
día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me
tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras”. R.
SEGUNDA
LECTURA Rom 5, 1-2. 5-8
Lectura de la carta del
apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.
Hermanos: Justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio
de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la
gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza
de la gloria de Dios. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor
de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que
nos ha sido dado. En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el
tiempo señalado, murió por los pecadores. Difícilmente se encuentra alguien
que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por
un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por
nosotros cuando todavía éramos pecadores. Palabra de Dios.
COMENTARIO
Por la fe
recobramos la paz con Dios en Cristo Jesús, quien murió por nosotros cuando
éramos todavía enemigos suyos por el pecado, abriéndonos las puertas a la
gloria de Dios.
ACLAMACIÓN Jn 4, 42. 15
Señor, tú eres verdaderamente el Salvador del mundo; dame agua viva
para que no tenga más sed.
EVANGELIO Jn 4, 5-42
Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo según san Juan.
Jesús llegó a una ciudad de Samaría
llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob
había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús,
fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del
mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua,
y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos habían ido a la ciudad a
comprar alimentos. La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío,
me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. Los judíos, en efecto, no se
trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: “Si conocieras el don de
Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber» tú misma se lo hubieras
pedido, y él te habría dado agua viva”. “Señor, le dijo ella, no tienes
nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua
viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este
pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?”. Jesús le
respondió: “El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que
beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo
le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”.
“Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no
necesite venir hasta aquí a sacarla”. Jesús le respondió: “Ve, llama a tu
marido y vuelve aquí”. La mujer respondió: “No tengo marido”. Jesús
continuó: “Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido
cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.
La mujer le dijo: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron
en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”.
Jesús le respondió: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña
ni en Jerusalén ustedes adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no
conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de
los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos
adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los
adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben
hacerlo en espíritu y en verdad”. La mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías,
llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo”. Jesús le
respondió: “Soy yo, el que habla contigo”. En ese momento llegaron sus
discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin
embargo, ninguno le preguntó: “¿Qué quieres de ella?” o “¿Por qué hablas
con ella?”. La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a
la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No
será el Mesías?”. Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: “Come,
Maestro”. Pero él les dijo: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no
conocen”. Los discípulos se preguntaban entre sí: “¿Alguien le habrá traído
de comer?”. Jesús les respondió: “Mi comida es hacer la voluntad de Aquel
que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro
meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los
campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y
recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha
comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: “Uno
siembra y otro cosecha”. Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han
trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus
esfuerzos”. Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la
palabra de la mujer, que atestiguaba: “Me ha dicho todo lo que hice”. Por
eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara
con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a
causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creernos por lo que tú has
dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el
Salvador del mundo”.
Palabra del Señor.
O más breve: † Jn 4, 5-15. 19-26. 39. 40-42
Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo según san Juan.
Jesús llegó a una ciudad de Samaría
llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob
había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús,
fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del
mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua,
y Jesús le dijo: «Dame de beber». Sus discípulos habían ido a la ciudad a
comprar alimentos. La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío,
me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. Los judíos, en efecto, no se
trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: “Si conocieras el don de
Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber” tú misma se lo hubieras
pedido, y él te habría dado agua viva”. “Señor, le dijo ella, no tienes
nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua
viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este
pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?”. Jesús le
respondió: “El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que
beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo
le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”.
“Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no
necesite venir hasta aquí a sacarla”. Después agregó: “Señor, veo que eres
un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que
es en Jerusalén donde se debe adorar”. Jesús le respondió: “Créeme, mujer,
llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén ustedes adorarán al
Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos,
porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha
llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y
en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es
espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. La
mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él
venga, nos anunciará todo”. Jesús le respondió: “Soy yo, el que habla
contigo”. Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él. Por eso,
cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con
ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de
su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho;
nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el
Salvador del mundo”.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
Jesús
busca y acoge a samaritanos, paganos y pecadores. La Iglesia traiciona a
Cristo cuando se cierra en sus documentos y en sus esplendorosos templos, y
no sale a evangelizar a las gentes.
Se dice el
Credo
ORACIÓN DE
LOS FIELES
A cada intención, pedimos:
Danos hambre y sed de la vida verdadera.
·
Por
los misioneros: para que experimenten la alegría de derramar el amor de
Dios en los corazones de los hombres. Oremos.
·
Por
los países ricos: para que ayuden con generosidad a los países pobres.
Oremos.
·
Por
los que no conocen el don de Dios: para que descubran a Jesucristo,
manantial de agua viva. Oremos.
·
Por
nuestra Iglesia diocesana y parroquial: para que sea testigo de la
esperanza y del amor de Dios. Oremos.
ORACIÓN SOBRE
LAS OFRENDAS
Señor, por este sacrificio concédenos que así como te pedimos perdón
por nuestros pecados, perdonemos las faltas de nuestros hermanos. Por
Jesucristo nuestro Señor.
PREFACIO
LA SAMARITANA
V/. El Señor esté con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.
Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno, por Jesucristo, Señor nuestro. El cual, al pedir a la samaritana
que le diera de beber, ya le había comunicado el don de la fe, y de tal
modo tuvo sed de esa fe de ella que la abrasó con el fuego del divino amor.
Por eso, te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con los
ángeles:
Santo, santo, santo...
ANTÍFONA DE
COMUNIÓN Jn 4, 13-14
Dice el Señor, el que beba del agua que yo le daré, dice el Señor,
esa agua se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Padre, alimentados en la tierra con el pan del cielo, anticipo de la
eterna salvación, te suplicamos que lleves a su plenitud el misterio que se
realiza en nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.
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REFLEXIÓN
BÍBLICA
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“Dame de Beber”
Jn
4, 5-42
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
1. JESÚS,
FATIGADO DEL CAMINO, SE SENTÓ, SIN MÁS JUNTO AL POZO
Jesús
retornando a Galilea, al atravesar por Samaría,
llega a una ciudad llamada Sicar, próxima a las
tierras que dio Jacob a José, su hijo, donde estaba el pozo de Jacob. José,
antes de morir, pidió que, cuando Dios liberase a su pueblo de Egipto,
llevasen con ellos sus restos (Gen 50:24-26), lo cual cumplieron los suyos,
y sus restos “fueron enterrados en Siquem” (Jos 24:32). Una tradición que llega a Eusebio de
Cesárea (Escritor y prelado cristiano griego. fue elegido obispo de Cesárea
en el año 313) muestra allí la tumba de José. El evangelista señala con igual
precisión que en estas tierras estaba el “pozo de Jacob.” La Escritura
recuerda varios pozos excavados por este patriarca (Gen 26:18.32). Una
fuente o un pozo en Oriente es un tesoro.
Jesús,
fatigado del camino, se sentó, sin más junto al pozo. Una larga caminata
bajo el sol palestino debe ser agotadora. Se dice que en esos lugares, se
suele caminar con el alba para defenderse del excesivo calor. A Juan le gusta acusar este aspecto
humano de Cristo, creo que a nosotros también. Nuevamente san Juan, por la
precisión que hace, parece acusarse como un testigo presencial, era la hora
del medio día.
Fue sobre esta
hora del mediodía cuando llega al pozo “una mujer de Samaría,
ella viene “a sacar agua.” San Juan justificará poco después que Cristo no
tenía con qué sacar agua y los discípulos habían ido a la ciudad mas
próxima “a comprar alimentos.
2. JESÚS
LE DICE: DAME DE BEBER.
Estaba, pues,
a obsequio de aquella mujer el calmar de su sed. El evangelista quiere
destacar, en la misma narración literaria, un simbolismo maravilloso que
palpita en toda la escena, una mujer samaritana aparece en este momento
como la que puede calmar a Cristo la sed del cuerpo, ignorando que también
El le calmará a ella su sed del alma, cuando ella le calme a él su sed de
Salvador.
Así es como a
la llegada de esta mujer de Samaría, que venía a
sacar agua de un pozo, Cristo, Jesús, verdaderamente sediento de sed
física, le pide a aquella mujer que le saque agua para beber, pues El no
tenía con qué. Es algo que a nadie se niega, no obstante, por el tono de
extrañeza que va a usar con él la Samaritana, indica la sorpresa de
dirigirse un judío diciendo, ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a
mí, mujer samaritana?, esto lo explica mas adelante Juan al relatar “porque
lo judíos no se tratan con los samaritanos”. En ese sentido tiene un gran
valor la actitud de esta mujer samaritana, lo mismo que toda la escena de
bondad y enseñanza salvadora que Cristo tiene con ella.
3. EL
“AGUA VIVA” DE LA “FUENTE
Pero Jesús,
que no venía tanto a pedir como a dar, va al objetivo de su misión
salvadora, diciéndole: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te
dice: ‘Dame de beber’ tú misma se lo hubieras pedido, y El te habría dado
agua viva”. El “don de Dios” aquí es el don expresado por el “agua viva,”
El “agua viva,” como imagen, es el agua de la fuente, a diferencia de las
aguas estancadas o quietas de cisternas o pantanos (Jer
2:13). Es agua con nacimiento, con energía: con “vida.” Ante esta
manifestación de Cristo, los papeles se cambian, y el que pide, pide
también ser pedido; y el que suplica agua, ofrece a su vez “agua viva.”
Ella le dijo:
Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo. La mujer
aquella, demasiado humana, recibe un primer golpe de sorpresa, no niega el
encontrarse ante algo que, porque ella no lo alcance, no sea verdad. Acaso
piensa en algún tipo de agua mágica, misteriosa, o en un procedimiento,
milagroso o mágico, con que poder sacar de aquel pozo “profundo” el “agua
viva” de la “fuente,” que mana en su fondo. Por eso le dice, extrañada,
que, siendo el pozo profundo y no teniendo él con que sacarla, “¿De dónde
sacas esa agua viva?” Pero, no obstante esto, algo queda en ella que le
deja presentir cosa insólita. “¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob,
que nos ha dado este pozo donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus
animales?” Esta contraposición con Jacob dice bien de aquel algo de
misterioso presentimiento que ve en aquel excepcional judío que esta junto
a ella.
Pero Cristo no
le responde directamente a su objeción, en su enseñanza hará ver que El es
superior al poder de los patriarcas. Porque: “El que beba de esta agua
tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más
volverá a tener sed. El agua que Yo le daré se convertirá en el manantial
que brotará hasta la Vida eterna”.
4. “VE,
LLAMA A TU MARIDO Y VUELVE AQUÍ”
La Samaritana,
al llegar a este punto, debe de tomar todo aquello como una cosa
fantástica. Ni lo comprende, ni le interesa interrogar más sobre ello, ni sabría
seguir por aquel camino y lo entiende en su sentido material, y, con un
tono irónico, le pide que le dé de esa agua prodigiosa para que no tenga
sed ni tenga necesidad de volver a sacarla de este pozo que les dio Jacob
diciéndole: “Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga
más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla”. Aquella mujer estaba
derramando aquella “agua viva” que le estaba ofreciendo el que tenía sed de
salvarla. Pero un golpe certero a su conciencia la haría comprender mejor
quién era el que le hablaba y qué es lo que quería decirle.
Entonce le
dice Jesús: “Ve, llama a tu marido y vuelve aquí” La mujer respondió: “No
tengo marido”. No le costó nada a aquella mujer disimular su situación
marital, diciéndole que no tenía marido. Pero el Señor leía en lo más
profundo del alma. Y la pregunta no iba sin intención estratégica. No es
que la hubiese mandado ir por su marido, que ella que lo trajese a su
presencia; ni trataba Cristo de afrentar a la que venía a salvar. Era evocarle
aquel “marido” al juicio de su conciencia, pues ante él iba a escuchar muy
en breve la condena de su vida quizás irregular. Su respuesta: “No tengo
marido,” era tan verdadera como podía ser hábil, y era ambigua. Porque
podría ser que no lo tuviese por celibato, por viudez o por repudio.
Jesús, le puso
delante, como testimonio de su lectura del corazón, la vida irregular que
llevaba. Porque había tenido cinco maridos, y el que ahora estaba con ella
no era su marido legítimo. ¿Lo habían sido los otros? La contraposición que
parecería establecerse entre este “marido” y los otros, como se verá, no es
de gran fuerza. Aunque podrían algunos haberse muertos y otros haberla
repudiada, resulta poco verosímil, conforme al ambiente, el que una mujer
se hubiese desposado, sucesiva y legítimamente, con cinco maridos.
5. “SEÑOR,
VEO QUE ERES PROFETA
Pero al
discernir toda esta serie minuciosa de maridos, legítimos o ilegítimos,
lleva a la Samaritana a ver en Cristo, lo que él buscaba, un hombre de
Dios: “Señor, veo que eres profeta”. No dice “el Profeta esperado” (Jn 1:21.25; 6:14), y que para el pueblo venía a ser
sinónimo del Mesías, pero sí un “profeta de Dios,” puesto que sondea su
corazón. Más, al llegar a este punto, la samaritana aprovecha aquella
oportunidad, o para plantearle una cuestión religiosa que afectaba a
samaritanos y judíos: “Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes
dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”.
Cristo a nada
de esto había de responder porque era El precisamente el profeta en el que
se cumplían las profecías. Y, puesto que la Samaritana recurre a El como a
profeta, la invita a “creer” en su palabra. Llega la “hora,” y es ésta — la
hora mesiánica que El inaugura —, en la que no se adorará a Dios, al Padre,
solo con la exclusividad de Jerusalén o de este monte diciéndole: “Créeme,
mujer llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén ustedes
adorarán al Padre”
Y dice el
señor: “Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que
conocemos, porque la salvación viene de los judíos.” Jesús en un pequeño
paréntesis previo advierte que la dogmática judía es la verdadera, y no la
samaritana. Estos “adoran lo que no conocen.” Los samaritanos, al no
aceptar como fuente de revelación nada más que el Pentateuco y rechazar el
resto de los libros santos, mutilaban e interrumpían la revelación. Los
samaritanos negaban incluso una creencia tan fundamental como es la
resurrección de los muertos. En cambio, los judíos “adoramos lo que
conocemos, porque la salud viene de los judíos.” A ellos fueron hechas las
promesas proféticas; ellos tenían la revelación en el canon de las
Escrituras; tenían el legítimo templo y el culto, y de ellos saldría el
Mesías (Rom 9:4-5; cf. 3:1ss).
6. DIOS
ES ESPÍRITU, Y LOS QUE LO ADORAN DEBEN HACERLO EN ESPÍRITU Y EN VERDAD”.
Le añade Jesús
a la Samaritana” Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en
espíritu y en verdad”. Es la hora en que hay que adorar al Padre “en
espíritu y en verdad.” Esto hace ver que el sentido de las palabras de Cristo
es más profundo. Y la razón es que “Dios es espíritu.” “Dios es luz” (1 Jn 1:5) o “Dios es amor” (Jn
4:8), en cuanto expresa que ilumina al hombre en la verdad, o en cuanto su
acción nace del amor e impulsa el amor al hombre. En esta línea, “Dios es espíritu”
en cuanto infunde en el hombre el Espíritu (Rom 8:26). Por eso, por “ser
espíritu,” en el sentido como lo dice aquí San Juan, es por lo que hay que
“adorarlo en espíritu y en verdad.”
¿Cuál es el
sentido de esta frase?, es el espíritu que hace nacer a la vida divina (Jn 3:5). Así, éste será movido y hecho “en Espíritu,”
al ser movido por el Espíritu Santo. Y “en verdad,” porque es el único que
responde a la plena revelación que Dios hace de sí mismo — el Padre — en
Cristo (1 Jn 4:6; 3 Jn
3). Así sería: los verdaderos adoradores son los que rinden culto al Padre
creyendo la revelación de Cristo y movidos por el Espíritu Santo. “Esos son
los adoradores que quiere el Padre”.
Es la especial
providencia de Dios en los días mesiánicos. No es este adorar a Dios “en
espíritu y en verdad” un simple querer o un simple deseo humano. Estas
iniciativas vienen siempre de Dios. Pues “nadie puede venir a mí si el
Padre no lo trae” (Jn 6:44; 15:16; 1 Jn 4:10).
7. “SOY
YO, EL QUE HABLA CONTIGO”.
Lo qué no
sospechaba la Samaritana es que hubiese venido ya el Mesías, ni que
estuviese ya enseñando “todas las cosas” que ellos esperaban saber,
entonces ella le dice a Jesús: “Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe
venir. Cuando Él venga, nos anunciará todo”. Jesús le respondió: “Soy Yo,
el que habla contigo”. Solemne y abiertamente Cristo se proclama el Mesías
ante aquella mujer samaritana.
Algo que llama
la atención, en los Evangelios sinópticos, cuando le aclaman Mesías, les
manda callar, e incluso lo preceptúa (Mc 8:30
par.), y El mismo lo evita (Jn 6:15), y, en
cambio, aquí El mismo se proclama el Mesías. ¿Por qué hizo el Señor esto
con ella? Nuevamente nos queda la profunda convicción, Jesús traspasa con
su mirada a los hombres, el ve en nuestros corazones, El se da cuenta que
la mujer esta preparada para oír eso de El, y se lo revela con más claridad
que al mismo Nicodemo o a los miembros del Sanedrín. Le está revelando a la
samaritana claramente su mesianidad y veladamente su divinidad.
Dios habla y
la samaritana acepta con fe la
palabra de Jesús. Cuándo El nos habla, ¿Cómo la recibimos nosotros?
8. “VENGAN A VER A UN HOMBRE QUE ME HA
DICHO TODO LO QUE HICE. ¿NO SERÁ EL MESÍAS?”
Sus discípulos
y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Al llegar a este punto
de la conversación, regresaron los discípulos de comprar provisiones de la
ciudad, probablemente Sicar. Al encontrarse con
que Cristo “hablaba con una mujer,” quedaron sorprendidos, ya que en las
costumbres judías rabínicas era un tema muy repetido la prohibición de
hablar en público un hombre con una mujer.
A esta
extrañeza profunda, nacida de costumbres y exageraciones rabínicas, se
sobrepuso en los discípulos la majestad de Cristo. Nadie se atrevió a
preguntarle sobre: “Qué quieres de ella?” o “,Por
qué hablas con ella?”, suponiendo que necesitara alguna cosa.
La Samaritana,
con el alma fuertemente conmocionada, “dejó su cántaro” y fue, corriendo
sin duda a su ciudad y dijo a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha
dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?”. La conmoción que debió llevar
la Samaritana fue tal, que, a pesar de su vida irregular, logró convencer a
los suyos y vinieron a ver a Cristo.
9. “YO TENGO PARA COMER UN ALIMENTO QUE
USTEDES NO CONOCEN”.
En el
intervalo de la partida de la Samaritana y la llegada de los samaritanos de
Sicar, el evangelista presenta una conversación
de Cristo con sus discípulos. Estos, que estaban guardando un profundo
respeto ante Cristo, intervienen para rogarle reiteradamente que comiese.
Este intervenir
ellos para que coma supone en El una fuerte emoción, como lo confirmará el
resto del relato. Cuando pidió agua para beber, es que tenía sed verdadera,
pues se sentó “fatigado.” Pero ahora, cuando el cansancio debe ser reparado
por la comida, ante la invitación instante de los discípulos, les dice que
no necesita aquel ofrecimiento que le hacen, pues: “Yo tengo para comer un
alimento que ustedes no conocen”. El evangelista consigna la reacción
ingenua de los discípulos, en la misma línea psicológica de los sinópticos,
que lo creyeron, y se preguntaban entre sí si alguien le había traído de
comer. Al murmullo de esta inquietud de los discípulos, Cristo les dice en
qué consiste esa comida: “Mi comida es hacer la voluntad de Aquél que me
envió y llevar a cabo su obra.”
El alma humana
de Cristo tenía todas las rectas emociones humanas. Una emoción profunda
fácilmente amortigua la necesidad del alimento corporal. Esto es lo que,
probablemente, sucede aquí a Cristo. Su misión es salvar almas. El contacto
misionero dé Cristo con esta alma produjo tal emoción en la suya, que ésta
repercutiendo en su organismo, amortigua la necesidad de restaurar su
“fatiga” por el alimento corporal. En otras ocasiones narra el Evangelio
cómo la atención a cumplir su misión no le dejaba ni tiempo para atender a
su comida (Mc 3:20). La misión de Cristo, y en
cuya ocupación se sumerge su alma, “es hacer la voluntad de Aquél que me
envió y llevar acabo su obra.” Es la “voluntad” salvífica
de los hombres (Jn 3:17; 6:39ss) y la “obra” que
el Padre confió al Hijo (Jn 17:4). Este final va
a llevar a Cristo a exponer una doctrina maravillosa sobre la unidad de la
obra apostólica y sobre la función de los apóstoles misioneros. Es la
doctrina del Cuerpo místico en el apostolado.
10. LEVANTEN
LOS OJOS Y MIREN LOS CAMPOS
En Señor les
manda alzar los ojos y que “vean” los campos ya “blancos,” maduros para la
siega. (En Palestina, por efecto de la sequía y del excesivo calor, las
cosechas tienen un color blanco –plateado lo que en otros lugares es dorado).
Es parte de la pedagogía de Cristo, como se ve en esta misma conversación
con la Samaritana: gusta elevarse en su enseñanza de los fenómenos de la
naturaleza a enseñanzas religiosas.
“Uno siembra y
otro cosecha” le dice el Señor. Entre la siembra y la siega han de pasar
algunos meses. Antes de esto, la mies no madura; y antes hace falta
sembrarla. Sembrador y segador son necesarios para obtenerla. Jesús les
dice: “Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han
trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos”, para que no se
olviden que otros los sembraron y cultivaron antes. ¿Quién preparó este
trabajo del que han de aprovecharse los apóstoles? Eran Moisés, la Ley, los
Profetas, toda la vida religiosa del A.T. los que
habían preparado el campo “sembrado” — lo que ellos ahora iban a recoger,
“segar” —. Recoger, que era también “sembrar” la buena nueva, pero ya
preparado el campo para ella por toda la anterior preparación paleo
testamentaria.
Por eso, esta
obra de apostolado no se ha de valorar por la sola cosecha actual, puesto
que ésta no rendiría si antes no hubiese tenido la preparación de la
“siembra.” Y así, el “que siega recibe su salario y recoge el fruto para la
vida eterna.” Por todo ello, el que “siega” que se alegre. Pero que sepa
que “de igual manera,” “también” se va a alegrar el “sembrador” por su
“salario” y por la parte que le corresponde en este “fruto” que ahora
ingresa en el reino. El apóstol de Cristo no puede olvidarse de esto; será
para él una actitud de modestia, y también de esperanza, cuando a él le
toque la vez de ser sembrador. No hay más que un campo a fructificar, y no
hay más que un esfuerzo único conjunto. El apóstol es miembro de un Cuerpo
místico de apóstoles.
11. SABEMOS
QUE ÉL ES VERDADERAMENTE EL SALVADOR DEL MUNDO
La Samaritana,
regenerada, convertida, es tan sincera que no repara en aducir la
penetración de su vida descubierta como prueba de la grandeza del Mesías
que encontró. “¿No será el Mesías?”. Esta interrogación que hace no es
falta de fe. La mejor prueba de que la Samaritana estaba convencida es que
ella supo persuadir. Pues sólo por la palabra de ella salieron de la ciudad
y se acercaron a Jesús.
Relata san
Juan que “Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en Él por la
palabra de la mujer, que atestiguaba: “Me ha dicho todo lo que hice”. Por
eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara
con ellos, y Él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en Él, a
causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has
dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el
Salvador del mundo”,
Estos
samaritanos reconocen a Cristo como el verdadero “Salvador del mundo.” Este
título de “Salvador” estaba muy divulgado entre los paganos. No deja de
extrañar la universalidad de este título aquí en boca de los samaritanos.
La Samaritana sólo lo anuncia como el “Mesías.”
Después de
pasar “dos días” de apostolado fructífero entre los samaritanos de Sicar, Jesús continuó su camino para Galilea.
El Señor les Bendiga
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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"TENGO SED", SED DE TI, DE TU SALVACIÓN, DE TU AMOR”.
A lo largo del fatigoso camino de la
vida siempre podemos decir: "En estos días el pueblo padece sed".
El hombre, hecho para lo infinito, es atormentado por la árida grandeza que
le rodea y no le sacia, y percibe, sediento, la necesidad de una agua viva
que le hidrate y regenere, que le vivifique y haga fecundo el sentido de
sus días. Jesús, caminante divino por las rutas de la humanidad, ha querido
compartir nuestra sed para hacernos conscientes de que la sed de un amor
eterno e ilimitado nos asedia y nos inquieta y que de nada vale querer
ignorarla o aplacarla con multitud de amores humanos. Sólo él puede verter
en nuestros corazones la fuente que brota para la vida eterna, el Espíritu
Santo, alegría inagotable de Dios. Pero, antes, Jesús debe cansarse, y
mucho, para desenmascarar nuestra falsa sed, por la que cada día estamos
dispuestos a recorrer tan largo camino llevando sobre nuestras espaldas
cántaros pesados. Desde hace cuántos días y años nuestra pobre humanidad
está sedienta, siempre un poco "samaritana de cinco maridos". Y,
sin embargo, el Señor hace que todo concurra para nuestro bien: llegará
ciertamente a cada uno su inolvidable mediodía de sol, en el que nuestro
tortuoso trayecto se cruzará con el suyo, allí donde siempre nos espera, a
la hora de sexta, pendiente de la cruz de su eterno sitio: "Tengo sed",
sed de ti, de tu salvación, de tu amor.
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ORACION
(3)
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Espéranos, Señor, junto al pozo del
pacto, en la hora providencial que a cada uno le toca. Preséntate, inicia
tú el diálogo, tú mendigo rico de la única agua viva. Aléjanos, poco a poco,
de tantos deseos, de tantos amores efímeros que todavía nos distraen.
Disipa la indiferencia, los prejuicios, las dudas y los temores; libera la
fe. Ahonda en nosotros el vacío para que lo llenes de deseo. Ensancha
nuestro corazón, inflámalo de esperanza. Da un nombre a esta sed que nos
abrasa interiormente y que no sabemos llamarla con su verdadero nombre. Haz
que nos adentremos en nosotros mismos, hasta el centro más secreto donde
sólo llegas tú.
A través de las duras piedras del
orgullo, entre el fango de los falsos compromisos, por la arena de los
rechazos, abre tú mismo un acceso a tu Santo Espíritu.
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SANTORAL
(4)
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SAN JUAN DE EGIPTO 304-394
El sienés
Pietro Lorenzetti pintó la escena en un fresco
del camposanto de Pisa, según la historia de Rufino: una mujer de hermosura
extraña y glacial fija su mirada obsesionante en el monje barbudo que
aprieta su mano. Una atmósfera como de sueño, voluptuosa y fatídica,
envuelve a la bella y al solitario.
El eremita había acogido en su caverna
del desierto a la mujer errante y extenuada que le conmovió con la dulzura
de sus palabras; «siguieron otras más dulces aún, mezcladas con risas y
caricias, y hasta tuvo el atrevimiento de tocar las barbas y el mentón de
Juan».
Y cuando éste, «cediendo a los impulsos
de una pasión desordenada» tendió sus brazos hacia ella, «el demonio,
revestido de aquella apariencia, pero cuyo cuerpo fantasmagórico no era más
que aire, se esfumó lanzando alaridos espantosos, y un tropel de malos
espíritus acudió para presenciar entre burlas la confusión del hombre de
Dios».
De Juan de Egipto sabemos que nació en Licópolis, hoy Asiut, que era
carpintero y que en su edad madura se dedicó a hacer vida de ermitaño,
hasta adquirir una reputación de santidad sólo inferior a la del famosísimo
san Antonio. Se dice que profetizó sus victorias al emperador Teodosio.
Pero en el recuerdo la imagen que
permanece es la de la debilidad, la compasión peligrosa que permite su
caída y que el Diablo le escarnezca. Y no es malo ver también a los santos
desde este punto de vista, apeados de sus altares y de su aparente
impasibilidad superior, turbados y zarandeados por el instinto, débiles
como todos hasta querer abrazar la fantasmagoría que se deshace en un
estrépito infernal, en humo y arrepentimiento.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio
Divina, Lectio Divina para cada
día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel
de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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ESTA PAGINA, SOLO DEBE INDICARSE EL AUTOR Y LAS FUENTES DE ORIGEN
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