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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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Fecha: 27-12-2011
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Edición
Nº MD 3120
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NAVIDAD
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LITURGIA DE LA HORAS
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Martes 27, SAN
JUAN, APOSTOL Y EVANGELISTA
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ANTÍFONA DE ENTRADA
Juan es aquél que durante la Cena reclinó su cabeza
sobre el pecho del Señor. Bienaventurado el Apóstol a quien fueron revelados
los secretos celestiales, y difundió por todo el mundo las palabras de
vida.
ORACIÓN COLECTA
Señor y Dios nuestro, que nos
revelaste los misterios de tu Verbo por medio del Apóstol san Juan;
concédenos la gracia de comprender con claridad lo que él nos enseñó tan
admirablemente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los
siglos.
PRIMERA LECTURA 1Jn 1, 1-4
Lectura de la primera carta de san Juan.
Queridos hermanos: Lo que era
desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros
ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos
acerca de la Palabra
de Vida, es lo que les anunciamos.
Porque la Vida se hizo visible, y
nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía
junto al Padre y que se nos ha manifestado.
Lo que hemos visto y oído, se
lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y
nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Escribimos esto
para que nuestra alegría sea completa.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
Para Juan, la misión es un acontecimiento
existencial. Se trata de proclamar nuestra comunión con el Padre en la
persona del Hijo y de compartir nuestra alegría. Por eso, no se puede
celebrar la Navidad
sin conexión con el resto de la vida de Jesús. Sin sus enseñanzas y
ejemplos, quedaría reducida a una expresión de sentimentalismo o en un
paquete de concesiones a la sociedad de consumo. Es la vida la que estaba
junto al Padre y se manifestó. Por eso Juan, con gran énfasis nos comunica
que, la manifestación ha sido visible, audible y palpable como testigo
presencial. Manifestación y anuncio, no se agotan en información y
conocimiento intelectual, sino que se orientan a la vida trascendente.
SALMO Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12
R. Alégrense, justos, en el Señor.
¡El Señor reina! Alégrese la
tierra, regocíjense las islas incontables. Nubes y tinieblas lo rodean, la
justicia y el derecho son la base de su trono. R.
Las montañas se derriten como
cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. Los cielos
proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
Nace la luz para el justo, y la
alegría para los rectos de corazón. Alégrense, justos, en el Señor y alaben
su santo nombre. R.
ALELUYA
Aleluya. A ti, Dios, te
alabamos y cantamos; a ti, Señor, te alaba el coro celestial de los
apóstoles. Aleluya.
EVANGELIO Jn
20, 1-8
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
El primer día de la semana, de
madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y
vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y
del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del
sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro
discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el
otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose
al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó
Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el
suelo, y también el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús; éste no
estaba caído con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró
el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y
creyó.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
La carrera de los discípulos hacia el sepulcro
muestra el deseo de comprobar lo que les había anunciado María Magdalena.
Pedro y el “discípulo amado”, se encuentran frente al sepulcro vacío y,
éste, sin ver más que el sudario y las vendas por el suelo, le bastó para
creer que el Maestro había resucitado.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Santifica, Señor, los dones que
te presentamos, y concédenos ahondar en el misterio de tu Verbo eterno que
en la última cena revelaste a tu apóstol san Juan. Por Jesucristo nuestro
Señor.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn
1, 14. 16
La Palabra se hizo carne y
habitó entre nosotros. De su plenitud, todos nosotros hemos participado.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Dios todopoderoso, que el Verbo hecho
carne anunciado por el apóstol san Juan, habite siempre en nosotros por
esta eucaristía que hemos celebrado. El que vive y reina por los siglos de
los siglos.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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“él también vio y creyó”
Jn 20, 1-8
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant ocds
1. “MARÍA MAGDALENA FUE AL SEPULCRO Y VIO
QUE LA PIEDRA
HABÍA SIDO SACADA.”
“María Magdalena fue al
sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.” Según san Juan, el relato
lo sitúa en “el primer día de la semana.” Es decir, al día siguiente del
sábado, y la hora en que viene al sepulcro es de “madrugada”, esto es muy
de mañana y cuando aún hay “todavía estaba oscuro”. Es en la hora
crepuscular del amanecer.
Por los sinópticos se sabe que
esta visita de María al sepulcro no la hace ella sola, sino que viene en
compañía de otras mujeres, cuyos nombres se dan: María, la madre de
Santiago, y Salomé, la madre de Juan y Santiago el Mayor (Mc 16:1) y otras más (Lc
24:10). Al ver, desde cierta distancia, “sacada” la piedra rotatoria o golel, dejó a las otras mujeres, que llevaban aromas
para acabar de preparar el “embalsamamiento” del cuerpo de Cristo, y
“Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús
amaba”, que, por la confrontación de textos, es, con toda probabilidad, el
mismo Juan.
2. “EL OTRO DISCÍPULO AL QUE JESÚS AMABA”
Me parece bonita esta expresión
que se lee en este fragmento del evangelio, “El otro discípulo al que Jesús
amaba”. Es hermoso saber del amor de Jesús por sus apóstoles, pero en el
caso de san Juan, hay una predilección especial, pero aún es más hermosa
esa humildad, esa modestia y esa demostración de no ser vanidoso, san Juan
en lugar de nombrarse, utiliza esta frase “El otro discípulo al que Jesús
amaba”.
Como ella, Magdalena, no entró
en el sepulcro, supuso la noticia que da a estos apóstoles: “Se han llevado
del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. El plural con que
habla: no “sabemos”, entronca fielmente la narración con lo que dicen los
sinópticos de la compañía de las otras mujeres que allí fueron (Mt 28,lss; Mc 16ss; Lc 24:1ss; cf. Lc 24:10). Seguramente,
al ver, a cierta distancia, removida la piedra de cierre, cuya preocupación
de cómo la podían rodar para entrar temían (Mc
16:3), cambiaron, alarmadas, sus impresiones, y Magdalena, más impetuosa,
se dio prisa en volver, para poner al corriente a Pedro y al anónimo Juan.
3. ESTE “DISCÍPULO” CORRÍA MÁS QUE PEDRO
Pedro y Juan debieron de salir
enseguida de recibir esta noticia, pues ambos “corrían.” Pero el
evangelista dejará en un rasgo su huella literaria. Este “discípulo” corría
más que Pedro. En efecto, Pedro debía de estar sobre la mitad de su edad,
sobre los cincuenta años (Jn 21:18.19), y, según
San Ireneo, vivió hasta el tiempo de Trajano (98-117) Esto hace suponer que
Juan pudiese tener entonces sobre veinticinco o treinta años. Juan, por su
juventud y su fuerte ímpetu de amor a Cristo, “corrió más rápidamente” y
“llegó antes.” al sepulcro. Pero “no entró.”
Juan no entró, esperando a
Pedro que es el primero que entra en el sepulcro y “vio las vendas en el
suelo, y también el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús”. El
evangelista, al recoger estos datos, pretende, manifiestamente, hacer ver
que no se trata de un robo; de haber sido esto, los que lo hubiesen robado
no se hubiesen entretenido en llevar un cuerpo muerto sin su mortaja, ni en
haber cuidado de dejar “las vendas” y “sudario” puestos cuidadosamente en
sus sitios respectivos “sino enrollado en un lugar aparte”
4. JUAN PONE LUEGO EL TESTIMONIO DE FE
Observados el orden y la paz
que reinaban en él, el discípulo amado se abre a la visión de la fe,
creyendo en los signos visibles del Señor: “Vio y creyó”. No es aún la fe
perfecta en la resurrección. Para esto será necesario que el espíritu del
discípulo se abra a la inteligencia de la Escritura (ef. Lc 24,45), que vea al
Señor en persona y que reciba de él el don del Espíritu Santo
Pero en todo caso, Juan puso el
testimonio de fe. “Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al
sepulcro: él también “vio y creyó.” Es decir al no ver el cuerpo de Jesús,
creyó que estaba resucitado. San Juan cree, porque es limpio de corazón, su
pureza no le hace tener ninguna duda.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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LA COMPRENSIÓN PENETRANTE DE LA PALABRA DE VIDA.
La figura de Juan es de fundamental importancia
en la Iglesia
primitiva, no sólo por su condición de discípulo amado por el Señor, sino
sobre todo por habernos dado con su contemplación el Jesús más íntimo, el
que se revela Hijo de Dios hecho carne, venido a desvelarnos el rostro del
Padre y el camino que lleva a la comunión con él. Entre los varios títulos
que la tradición antigua atribuye a Juan destaca el de teólogo, porque el
objetivo de sus escritos es creer en Jesús, Mesías e Hijo de Dios (ef. Jn 20,31). El símbolo del
evangelista es el águila, porque, como declara un dicho rabínico, es como
el único pájaro que puede mirar el sol (que para Juan es Cristo) sin quedar
deslumbrado. Y su presencia en la comunidad cristiana, que en todo tiempo
debe estar a la búsqueda de los signos visibles del Señor, es la de la
contemplación y la comprensión penetrante de la Palabra de vida.
Son muchos los carismas en la Iglesia, todos
preciosos y necesarios, como, por ejemplo, el carisma de la institución de
Pedro o el de la profecía de Juan. Sólo el respeto recíproco y la búsqueda
común en el compartir sincero y atento a los dones del Espíritu, permite
adentrarse en el misterio. El ejemplo de la búsqueda común y de la ayuda
entre hermanos de la misma fe, de que claramente nos habla el discípulo
amado, lleva necesariamente a reencontrarse juntos, reunidos en el
reconocimiento de los signos del Resucitado.
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ORACION
(3)
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Señor Jesús,
que revelaste los misteriosos secretos de la Palabra al discípulo
amado, Juan, da también hoya tu Iglesia una nueva inteligencia espiritual
de las Escrituras.
El Espíritu Santo, a través de las
palabras del concilio, nos ha recordado que “la Iglesia ha venerado siempre
las Sagradas Escrituras como el Cuerpo mismo de Cristo” y que la Palabra de Dios es
fuente pura y “perenne de la vida espiritual” (DV 21). Por esto nosotros
queremos iluminar cada vez más nuestra vida espiritual con tu Palabra, para
aprender “la sublime ciencia de Jesucristo” (Flp
3,8). Sentimos cada vez más verdadera, sin embargo, la afirmación conciliar
según la cual la
Escritura “debe ser leída e interpretada con la ayuda del
mismo Espíritu con que ha sido inspirada” (DV 12). Da, Señor, a tu Iglesia
pastores sabios y santos que sepan captar el sentido espiritual y profundo
de tus Escrituras e introducir al pueblo entero de Dios en tu intimidad
para conocer mejor tu pensamiento, las profundidades del Espíritu y como
guías a tu Iglesia. Pero haznos comprender también que tantas crisis de
nuestras comunidades religiosas se superan sólo con la frecuente lectura y
meditación de tu Palabra “acompañadas por la oración, para que pueda brotar
el coloquio entre Dios y el hombre” (DV 25), lugar donde se opera en
nosotros la conversión del corazón nuevo y la apertura a la fraternidad
universal.
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SANTORAL
(4)
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SAN JUAN APÓSTOL
San Juan se encuentra en una
relación peculiar con cada uno de los diversos aspectos del Misterio de
Cristo. Al Apóstol «que durante la
Cena reclinó su cabeza en el pecho del Señor», que
recibió a María por Madre al pie de la Cruz y fue el primero de los discípulos en
creer en la resurrección, se le puede considerar como el teólogo del
Misterio pascual, por lo que con toda justicia leemos su Evangelio durante
el tiempo de Pascua. Pero San Juan es, asimismo, el heraldo del Misterio de
la Encarnación,
el hombre que, bajo la inspiración del Espíritu, escribió: «La Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros». Resulta oportuno celebrar su fiesta dentro de la
octava de Navidad y comenzar hoy la lectura de la Carta en que nos relata
«lo que ha contemplado con sus propios ojos». Juan gozó de la intimidad de Cristo, a
quien encontrara en la ribera del Jordán, fue junto con Pedro y Santiago
testigo de su transfiguración y compañero de su agonía, así como el único
de entre los Apóstoles que vio morir al Maestro y lo depositó en su
sepulcro. Conservó de todo ello unos recuerdos que habían de iluminar su
larga vida. Así descubrió con admiración que «Dios es amor» y que el
mandamiento del Señor consiste en el amor.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina
para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier
Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr.
Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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