MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

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Fecha: 27-11-2011

Edición Nº  MD 3090

ADVIENTO, CICLO B

LITURGIA DE LA HORAS

DOMINGO I DE ADVIENTO

 

Comienza el ciclo dominical “B”. Semana 1 para el Salterio

Dentro de cuatro semanas celebraremos el nacimiento de Jesús. A estas semanas las llamamos Tiempo de Adviento, que significa “advenimiento”, “venida”.

Todo el Adviento se caracteriza por la espera confiada y vigilante del Señor que viene. En este primer domingo, Jesús nos exhorta a vigilar, a no “dormimos” en la búsqueda de la salvación que él trae.

Con el Adviento comienza un nuevo año Litúrgico. La Iglesia ha dividido el tiempo litúrgico en tres ciclos. Este año se denomina “ciclo B” y su característica es leer habitualmente el evangelio de san Marcos.

La liturgia del Adviento nos invita al recogimiento y la conversión. Por eso se viste de morado, y suprime el canto del Gloria que retomaremos solemnemente en la misa de nochebuena.

Para leer mas sobre el Adviento, en este link: ADVIENTO

 

“¡Estén prevenidos!”.

Mc 13,33-37

El primer domingo está tomado del final del discurso escatológico. En consonancia con la orientación que tiene este domingo en los demás ciclos, el texto centra nuestra atención en la segunda venida de Cristo. La perícopa de Marcos subraya la incertidumbre del cuándo – “porque no saben cuándo llegará el momento”–, explicitada por la parábola del hombre que se ausenta. La consecuencia es la insistencia en la vigilancia –dos veces el imperativo “¡Estén prevenidos!”. Es decir, vigilen velen, al principio y al final del texto –, pues el Señor puede venir inesperadamente y encontrarnos dormidos. Finalmente, se subraya el carácter universal de esta llamada a la vigilancia: “lo digo a todos”.

De mil maneras

Llama la atención en estos breves versículos el número de veces que se repite la palabra “¡Estén prevenidos!”. Esta vigilancia es base en que el Dueño de la casa va a venir y no sabemos cuándo. Cristo viene a nosotros continuamente, de mil maneras, “en cada hombre y en cada acontecimiento” (Prefacio III de Adviento). El evangelio del domingo pasado nos subrayaba esta venida de Cristo en cada hombre necesitado; Cristo mismo suplica que le demos de beber, le visitemos... Estar vigilante significa tener la fe despierta para saber reconocer a este Cristo que mendiga nuestra ayuda y tener la caridad solícita y disponible para salir a su encuentro y atenderle en la persona de los pobres.

Además, Cristo viene en cada acontecimiento. Todo lo que nos sucede, agradable o desagradable, es una venida de Cristo, pues “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rom 8,28). Un rato agradable y un regalo recibido, pero también una enfermedad y un desprecio, son venida de Cristo. En todo lo que nos sucede Cristo nos visita. ¿Sabemos reconocerle con fe y recibirle con amor?

Pero la insistencia de Cristo en la vigilancia se refiere sobre todo a su última venida al final de los tiempos. Según el texto evangélico, lo contrario de estar prevenidos, es “estar dormido”. El que espera a Cristo y está pendiente de su venida, ese está despierto, está en la realidad. En cambio, el que está de espaldas a esa última venida o vive olvidado de ella, ese está dormido, fuera de la realidad. Nadie más realista que el verdadero creyente. ¿Vivo esperando a Jesucristo? (FGD)

 

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 24,1-3

A ti, Señor, elevo mi alma: Dios mío, yo pongo en ti mi confianza. ¡Que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí mis enemigos! Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse.

ACTO PENITENCIAL

- Tú que vas al encuentro de los que practican la justicia. Señor, ten piedad.

- Tú que nos mantendrás firmes hasta el fin. Cristo, ten piedad.

- Tú que vienes a llenarnos de esperanza. Señor, ten piedad.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, te rogamos que la práctica de las buenas obras nos permita salir al encuentro de tu Hijo que viene hacia nosotros, para que merezcamos estar en el Reino de los cielos junto a Él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA Is 63, 16-17. 19; 64, 2-7

El pueblo israelita acude a Dios para que baje a salvarlo, recordándole que es nuestro Padre y Redentor.

Lectura del libro de Isaías.

¡Tú, Señor, eres nuestro padre, “nuestro Redentor” es tu Nombre desde siempre! ¿Porqué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia! ¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti! Cuando hiciste portentos inesperados, que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en él. Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos. Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento. No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas. Pero tú, Señor, eres nuestro padre; nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos!

Palabra de Dios.

COMENTARIO

Por primera vez un profeta atribuye a Dios los títulos de ‘Padre” y ‘Redentor”. Este lenguaje tiene su origen en la experiencia del clan: el padre es la fuente de la vida del clan; el ‘redentor” es el miembro de la familia encargado de vengar o rescatar un miembro del clan asesinado o hecho esclavo. Pero el pueblo vive en el exilio una esclavitud de tal modo radical, que el clan no ofrece ya ningún recurso de rescate. Entonces Dios mismo será el Padre y el Redentor.

SALMO Sal 79, 2. 3. 15-16. 18-19

Haciéndose eco de este clamor el salmo es una vehemente súplica a Dios, Pastor de Israel, para que venga a salvarnos. Participamos de esta oración, aclamando:

R. Restáuranos, Señor del universo.

Escucha, Pastor de Israel, tú que tienes el trono sobre los querubines, reafirma tu poder y ven a salvarnos. R.

Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira; ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso. R.

Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hombre que tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. R.

SEGUNDA LECTU RA

Dios es fiel. Mientras esperamos la venida definitiva de Cristo no nos falta ningún don de la gracia.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto. 1Cor 1,3-9

Hermanos: Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida en que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. El los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Palabra de Dios.

COMENTARIO

Pablo saluda a la comunidad, deseándoles ‘la gracia y la paz”, que proceden del Padre y de Jesús el Señor. Luego agradece a Dios por las maravillas obrada en la comunidad cristiana por medio de su Hijo, y alienta a todos a dejarse guiar por el Padre quien los conducirá a la comunión total con el Hijo.

ALELUYA Sal 84, 8

Aleluya. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación! Aleluya.

EVANGELIO

El Señor nos exhorta a vivir en una responsable vigilancia esperando su venida gloriosa.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos. Mc 13, 33-37

Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.

Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!”.

Palabra del Señor.

COMENTARIO

Este relato es paralelo al de Mateo 24, 37- 44. Aquí Marcos presenta una versión personal de las parábolas de la vigilancia; insiste sobre el rol del portero y hace una discreta alusión a la falta de vigilancia de Pedro en el ‘Huerto de los Olivos” (vv. 35- 36). Por tanto, el cristiano que vive a la espera de su Señor o en la presencia de su Señor, debe asumir sus propias responsabilidades. Para Marcos la vigilancia es una cualidad exigida sobre todo a los responsables. Esta vigilancia a la que está invitado el cristiano se explicita en la oración, en la sobriedad, en la fe, en la caridad infatigable y en la resistencia al mal.

SE DICE CREDO

ORACIÓN DE LOS FIELES

(Después de la invitación del celebrante).

A cada intención, pedimos: Ayúdanos a salir a tu encuentro. ¡Ven, Señor Jesús!

ü    Para que la Iglesia en América Latina siga alimentando la esperanza de los oprimidos y marginados. Oremos.

ü    Para que los gobernantes de nuestro continente cuiden con esmero la «Casa del Señor» que es cada nación. Oremos.

ü    Para que los pobres, débiles y enfermos descubran en nuestra solidaridad, al Señor que viene. Oremos.

ü    Para que cada institución y grupo parroquial se ocupe en la tarea asignada por el Señor para bien de la Iglesia. Oremos.

(Añadir y/o sustituir intenciones dando lugar a otras que reflejen las necesidades del momento y/o de la comunidad).

LITURGIA EUCARÍSTICA

Presentación de las ofrendas: Cristo enviado del Padre para nuestra salvación, es nuestra gran ofrenda a Dios. Unidos a él, presentemos nuestro propósito de preparar su venida con abundantes obras de caridad.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, acepta los dones que recibimos de ti y ahora te presentamos; que esta ofrenda realizada en el tiempo presente, sea para nosotros anticipo de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO 1 DE ADVIENTO

LAS DOS VENIDAS DE CRISTO

Después del «Amén» de la Oración sobre las ofrendas, queremos acudir al encuentro de Cristo que viene. Por eso con aclamaciones y el canto participemos en la gran acción de Gracias que recita el celebrante porque con Jesucristo se han cumplido las promesas del Padre.

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno:

Por Jesucristo nuestro Señor.

Quien, al nacer en el mundo compartiendo nuestra naturaleza humana, nos abrió el camino de la salvación que desde antiguo anunciaron los profetas; para que, cuando vuelva al fin de los tiempos en la majestad de su gloria, podamos obtenerla resurrección eterna que ahora con fe y esperanza confiamos alcanzar.’

Por eso, con los ángeles y los arcángeles, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal 84, 13

El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos.

COMUNIÓN

Jesús sigue viniendo en la eucaristía y en cada hermano necesitado. Al acercarnos a comulgar digamos con fe: ¡Ven, Señor, Jesús!

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos, Padre, que fructifique en nosotros la celebración de los santos misterios con los que tú nos enseñas a amar y adherirnos a los bienes eternos, mientras peregrinamos en medio de las realidades transitorias de esta vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Estemos prevenidos, no dejemos de orar”

Mc 13, 33-37

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

1.      ESTÉN PREVENIDOS

El relato evangélico comienza y concluye con la misma invitación: “Estén prevenidos”. Y luego siguen dos enseñanzas, la primera indica el "porqué" de esta invitación: “porque no saben cuándo llegará el momento”. Una lectura superficial podría parecernos como una imposición al temor porque Jesús no revela el día y la hora, para que los cristianos vivan en continuo cuidado. No obstante, no se indica la hora porque todas las horas son buenas para abrirse al evangelio de suerte que comprometa la existencia. Jesús desea vitalizar a una comunidad para que no esté obsesionada con el deseo de conocer el final, sino que se preocupe por vivir y discernir tiempos y momentos en la escucha y la obediencia. Y esto en la espera de la última cita que nos introducirá definitivamente en el Reino; ciertamente es una espera continua e intensa, pero no ansiosa ni temerosa, sino que fluye confianza.

La segunda enseñanza está en el "estilo" de la vigilancia. Marcos, al narrar la parábola del hombre que se marcha de viaje lejos, indica que deja su “casa” al cuidado de sus servidores. Es posible ver en la casa una imagen de la comunidad cristiana. Cualquier creyente es, en su fidelidad cotidiana al Señor, responsable de su construcción. La vigilancia se caracteriza como "vigilancia de la casa", de la que, mientras espera a su Señor, el cristiano debe cuidar desempeñando la tarea que Dios ha confiado a cada uno.

2.      TENGAN CUIDADO

En el Evangelio de Marcos, el Señor nos exhorta a vivir en una responsable vigilancia esperando su venida gloriosa, y les dice a sus discípulos: “Tengan cuidado” Es toda una exhortación a la “vigilancia,” dada la incertidumbre de esta hora.

Y para que nos quede más claro él porque de esta invitación, nos pone la parábola del hombre que se va de viaje y recomienda al portero que permanezca en vela. Siempre el Señor nos pone ejemplos para que sea fácil para nosotros comprender lo que dice, y es así como recoge el caso de un dueño que parte de viaje y deja encargados a cada uno de sus siervos de una parte de su obra. Deben estar trabajosos y alerta, en espera de la venida del señor y de esta hora de su “visita.”

En efecto, Jesús hablaba ayer sus discípulos y hoy a nosotros acerca de su venida, advirtiéndonos que tengamos cuidado de no dejarnos aturdir por los excesos, y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre nosotros como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Por tanto tenemos que estar prevenidos y para ello, rogar incansablemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podremos comparecer seguros ante el Hijo del hombre.

3.      CUIDEMOS ESTE TIEMPO DE ESPERA

Y nos reitera Jesús: Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!”, es decir nos pide que nos alejemos de los males, que seamos serios, decorosos, comedidos al hablar y al actuar en todo y que por nuestro bien estemos vigilantes.

También nos dice que somos nosotros los responsables de nuestra conducta, es decir a nosotros nos compete cuidarnos. Si miramos a nuestro alrededor, sabemos que hay muchos excesos e imprudencias que hacen vacilar la fe y nos inducen o nos provocan, por eso no nos dejemos aturdir, es decir no nos confundamos y no nos desconectemos de la realidad como cristianos, esto es pasar de la luz a la oscuridad. No dejarse aturdir, es no dejarse confundir y no desconectarse de nuestra forma de ser de cristianos cuidando de caer en excesos.

Porque él ha de venir, pero no nos ha dicho cuando, pero el día que venga, vendrá sin previo aviso. A muchos no sorprenderá, y no va a ser bueno si estamos llevando una vida descuidada y perezosa. Pero a los que estén practicando una vida laboriosa y trabajando para el bien, esto es, si no estamos haciendo una vida ociosa, habrá reconocimiento. Cuidemos este tiempo de espera, no nos dejemos caer en tentaciones, en la comodidad, en el placer mundano. Es decir que las cosas temporales no nos hagan descuidar las espirituales.

4.      ESPERANDO SU VENIDA OREMOS INCESANTEMENTE

Cuando Jesús nos dice “Tengan cuidado”, y luego nos pide “Estén prevenidos, recordemos que a esto mismo nos añade en el evangelio de Lucas, (Lc 21, 34-36) “oren incesantemente”, es decir, primero nos advierte en contra de los males y luego nos dice como ponerle remedio, y esto es con la oración. Oigamos a Jesús cuando nos dice: “Estén prevenidos” y para ello oremos incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podremos comparecer seguros ante el Hijo del hombre”

Muchas cosas nos son necesarias para vivir y no podemos prescindir de ella como los alimentos, tampoco podemos prescindir de las cosas espirituales, estas son aún más necesarias. Si no nos alimentamos nuestro cuerpo desfallece, si no rezamos, desfallece el alma. Si bien es cierto, que trabajar para vivir, es una obligación, no es menos cierto que como cristianos orar también lo es. Pero trabajar sin fe es desalentador y trabajar con una oración en los labios aumenta la eficacia. Y orar, no es decir muchas cosas con muchas fórmulas, es ponerse en la presencia del Señor y hablarle con palabras sencillas, que salgan del corazón, pero siempre teniendo en conciencia de saber con quien hablamos, como dice la santa madre Teresa de Jesús, en un trato de amistad con quien sabemos nos ama, a un Dios que le hablamos como Padre, como hermano y como nuestro mas leal amigo. Pero no olvidemos que orar también es hacer silencio para oír que nos dice el Señor.

5.      LO IMPORTANTE NO SOLO QUE DEBAMOS ORAR, LO HERMOSO Y GRANDE ES QUE PODAMOS ORAR.

Los evangelios están llenos de mandatos, exhortaciones y parábolas de Jesús pidiendo a sus Apóstoles que oren, que vigilen para no caer en la tentación, como en Getsemaní. “Velen y oren, para que no caigan en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.  (Mc 14,38). Y a las multitudes les enseñaba diciendo que oraran sin desfallecer y con insistencia. Y para garantizar la eficacia de la oración y persuadir a la confianza en el Padre, refiere la parábola del hombre que consigue de su amigo unos panes a media noche, cuando él y sus hijos están acostados, y asegura que cuánto más el Padre les dará lo que le pidan en su nombre. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! (Mt 7,7-12).

¿Quién no se sentirá estimulado a orar, y a orar unidos como hermanos, habiéndonos prometido el Señor: "En verdad les digo que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre la tierra, cualquier cosa que pidan les será concedida por mi Padre, que está en los cielos"? (Mt 18,19) Lo importante no solo que debamos orar, lo hermoso y grande es que podamos orar. La misión y el carisma de santa Teresa de Jesús en la Iglesia es ser pregonera de la oración, como camino de unión con Dios.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

LA ESPERANZA ES LA VIRTUD POR EXCELENCIA DE ADVIENTO.

Nos hace mirar al mañana con confianza y valentía. Sin embargo, correría el riesgo de ser una esperanza ilusoria, vana, que se disiparía en la nebulosa de nuestra fantasía si no fuese capaz de mirar con realismo la situación presente y si no estuviese arraigada en el recuerdo de las cosas buenas conocidas y vividas. Ésta es la temática común de las lecturas de hoy.

En particular, la primera se fija en los beneficios realizados por Dios como base para esperar de nuevo su venida.  La lectura comienza hablando de Dios, no del hombre: «Tú eres nuestro Padre, nuestro redentor» (1s 63,16); parte de la certeza de que Dios se ha vinculado a nosotros y que no puede quedarse lejos. Por lo demás, en la historia de toda relación (bien sea dentro de una pareja, entre amigos, en el seno de una comunidad... ) el recuerdo de los momentos felices vividos juntos y de las dificultades afrontadas en armonía y solidaridad, puede ser fuente de fortaleza para afrontar nuevas dificultades. Lo mismo ocurre en la relación con Dios, donde nunca podemos renunciar a la memoria.

Pero además la esperanza debe ser una palabra que sea verdadera y creíble en el presente. Por esta razón se conjuga con la vigilancia y la laboriosidad. En la "casa" que es la Iglesia, todos los criados tienen su tarea, y todos se llaman "siervos". Siervo es una persona que pertenece a otro, que no tiene dominio ni sobre su propia vida. En la casa de este Señor, todos tienen esta condición de no pertenecerse a sí mismos, sino sólo a Él y a los demás. El ejemplo de los discípulos que se durmieron en vez de velar con Jesús en el huerto de Getsemaní muestra a las claras que esta vigilancia no es una actitud más, sino que coincide sustancialmente con la capacidad de dar la vida, como fue la actitud de Jesús.

ORACION (3)

 

La mejor sugerencia como oración, en este caso, es volver a leer el texto de la primera lectura, ya que el mismo texto es una súplica.

“Tú, Señor, eres nuestro Padre”. Mientras vamos acercándonos a ti, Padre, sentimos estas palabras en toda su fuerza. Te has comprometido con nosotros, te has expuesto por nuestro "rescate", y así podemos apelar a este título para llamar a tu corazón. No recuerdes quiénes somos, recuerda quién eres tú, ya que nosotros somos barro y tú el alfarero. No olvides la obra de tus manos.

Señor Jesús, que nos has confiado tu casa, la Iglesia y todos nuestros hermanos para que cuidemos unos de otros en espera de tu vuelta, no dejes que decaigan nuestros brazos abatidos por el cansancio o por el sueño. No nos abandones al poder de nuestro pecado y nuestra iniquidad.

Tú que nos llamas "siervos" concédenos reconocemos en ti, ya que te has hecho siervo nuestro.

Estad alerta, vigilad», es lo que nos mandas: como quien pasa la noche de guardia atento a cualquier ruido nocturno porque puede ser precursor de algo inesperado, haz que tengamos el ojo avizor y el oído atento para percibir dónde estás y dónde nos llamas a colaborar contigo

SANTORAL (4)

 

LA MEDALLA MILAGROSA

Por Jesús Martí Ballester

MARIA, LA ENVIADA.

En la última cena, expresó Jesús con vehemencia su deseo de que todos los hombres seamos uno, ya que para esto El se ha hecho hombre y ha vivido con nosotros. “Que todos sean uno como tu, Padre y yo somos uno” (Jn 17,20). Ante esta unidad Sofonías convoca a la alegría a la hija de Sión, a la hija de Jerusalén, a la que le asegura que: “Tu Dios está en medio de ti” (3,14). Y Lucas pone en boca del ángel las mismas palabras de alegría dirigidas a María, porque Dios se va encarnar en sus entrañas (Lc 1,22). Para conseguir la unidad de todos los hombres con Dios, Jesús envía a su Madre para que nos entregue su propio signo de unidad y de salvación, protección, recuerdo y amparo: LA MEDALLA MILAGROSA. Y de un manera semejante a como eligió a María como Madre de su Hijo, para que nos diera por obra del Espíritu Santo al Redentor, escogió a Catalina Labouré, Religiosa Hija de la Caridad en París, para corregir el abandono del recurso a Dios para alabarlo, adorarle, darle gracias, reparar y pedir su ayuda comunicándole la necesidad de la oración, del diálogo con Dios y del abandono en sus manos, ordenándole hacer acuñar una medalla con su imagen. El 1830 es un año clave: En París la primera aparición moderna de la Virgen Santísima. Comienza lo que Pío XII llamó la "era de María", una etapa de repetidas visitas de la Madre de Dios, La Salette, Lourdes, Fátima. Y como en su visita a Santa Isabel, siempre viene para traernos gracia, para acercarnos a Jesús, el fruto bendito de su vientre. También para recordarnos el camino de salvación y advertirnos las consecuencias de optar por otros caminos.

CATALINA LABOURÉ

Catalina nació el 2 de mayo de 1806, en Fain-les-Moutiers, Borgoña (Francia). A los nueve años perdió a su madre, una señora de la pequeña nobleza de Fain-les-Moutiers. Catalina ahogada en lágrimas, se abrazó a una imagen de la Virgen y le dijo, como lo hizo Teresa de Jesús en igual situación: "Ahora, Tú, serás mi madre". María correspondió a tanto afecto, y se convirtió, de modo especial, en madre de Catalina

LA INTRIGA DE UN SUEÑO

Soñó Catalina que un sacerdote desconocido la  miraba profundamente, cuando terminaba de celebrar la misa en la iglesia de Fain-les-Moutiers. Catalina quedó muy impresionada. El sacerdote le dijo que se acercara. Ella, aunque se sentía fascinada por aquella mirada, retrocedió. Fue a visitar a una enferma, y volvió para encontrar a aquel sacerdote, que le dijo: "Hija mía, tú ahora huyes de mí, pero un día serás feliz en venir a mí. Dios tiene designios sobre ti. No lo olvides". Catalina no entendió. A los dieciocho años, vio  en la sala de visita de las Hijas de la Caridad en Chatillon-sur-Seine, el retrato de aquel sacerdote, de cuya mirada nunca se había podido olvidar y supo que era San Vicente de Paúl, fundador de las Hijas de la Caridad. A los 23 años, después de una larga lucha con su padre que no aceptaba su vocación, entró como postulante, en la casa de las Hijas de la Caridad de Chatillon-sur-Seine, donde había descubierto quién era aquel sacerdote que había visto en el sueño. Poco después entró en el noviciado de las Hijas de la Caridad, en la Rue du Bac, en París, a donde había sido trasladado el cuerpo incorrupto de San Vicente de Paúl, desde la catedral de Nôtre-Dame.

EL CORAZÓN DE SAN VICENTE

Los restos de San Vicente de Paul, fueron trasladados a la iglesia de los Padres Paules a poca distancia del noviciado. El brazo derecho fue llevado a la capilla del noviciado. Durante la novena, Catalina vio el corazón de San Vicente en varios colores.  De color blanco, signo de la unión que debía existir entres las congregaciones fundadas por él. De color rojo, signo de la propagación de las mismas. De color rojo oscuro, signo de la tristeza por el sufrimiento que ella padecería, mientras oía interiormente una voz: "el corazón de San Vicente está profundamente afligido por los males que van a venir sobre Francia".  " El corazón de San Vicente está mas consolado porque ha obtenido de Dios, por la intercesión de la Virgen María, que ninguna de las dos congregaciones perezca en medio de estas desgracias, y que Dios hará uso de ellas para reanimar la fe ".

VISIONES DEL SEÑOR EN LA EUCARISTÍA

Durante los 9 meses de su noviciado en la Rue du Bac, sor Catalina veía al Señor en el Santísimo Sacramento. El domingo de la Santísima Trinidad, 6 de junio de 1830, vio al Señor como un Rey, con una cruz en el pecho. De pronto, los ornamentos reales de Jesús la cruz cayeron por tierra, como unos despojos inútiles. "Inmediatamente - escribe sor Catalina - tuve las ideas más negras y terribles: que el Rey de Francia estaba perdido y sería despojado de sus vestiduras reales. Sí, se acercaban malos tiempos ". Dios quiere confiarte una misión; te costará trabajo, pero lo vencerás pensando que lo haces para la gloria de Dios. Tu conocerás cuán bueno es Dios. Tendrás que sufrir hasta que lo digas a tu director. No te faltarán contradicciones; pero te asistirá la gracia; no temas. Háblale a tu director con confianza y sencillez; ten fe, no temas. Recibirás inspiraciones en la oración

CATALINA SUEÑA CON VER A LA VIRGEN

El domingo 18 de Julio 1930, víspera de la fiesta de San Vicente de Paúl, la maestra de novicias les había hablado sobre la devoción a los santos, y en particular a María Santísima. Sus palabras, impregnadas de fe y de una ardiente piedad, avivaron en el corazón de Sor Catalina Labouré el deseo de ver y de contemplar el rostro de la Virgen. Como era víspera de San Vicente, les habían distribuido a cada una un pedacito de lienzo de un roquete del santo. Catalina se lo tragó y se durmió pensando que San Vicente, y su ángel de la guarda, le obtendrían esa misma noche la gracia de ver a la Virgen como deseaba. Precisamente, los anteriores favores recibidos en las diversas apariciones de San Vicente a Sor Catalina alimentaban en su corazón una confianza sin limites hacia su bienaventurado padre, y su candor y viva esperanza no la engañaron. "La esperanza tanto alcanza consigue cuanto espera", sentencia San Juan de la Cruz.

LA DESPIERTA UN ANGEL

Todo era silencio en la sala donde dormía Sor Catalina y cerca de las 11:30 oyó que por tres veces la llamaban por su nombre. Se despertó y apartando un poco las cortinas de su cama miró y vio a un niño vestido de blanco, que parecía tener como cuatro o cinco años, y el cual le dijo: "Levántate pronto y ven a la capilla; la Santísima Virgen te espera". Sor Catalina vacila; teme ser vista por las otras novicias; pero el niño responde a su preocupación interior y le dice: "No temas; son las 11;30; todas duermen profundamente. Ven yo te espero". Se viste con presteza y se pone a disposición de su misterioso guía, "que permanecía en pie sin separarse de la columna de su lecho."

CONDUCIDA POR EL NIÑO

Vestida Sor Catalina, el niño comienza a andar, y ella lo sigue caminando a "su lado izquierdo". Por donde pasaban se encendían las luces. El cuerpo del niño irradiaba vivos resplandores y a su paso todo quedaba iluminado. La puerta de la capilla está cerrada; pero el niño toca la puerta con sus dedos y se abrió la puerta. Dice Catalina: "Mi sorpresa fue mayor cuando, al entrar a la capilla, vi encendidas todas las velas, lo que me recordaba la Misa de media noche". El niño la llevó al presbiterio, junto al sillón del Padre Director, desde donde predicaba y allí se arrodilló.  El niño permaneció de pie. La espera le pareció muy larga, ya que estaba ansiosa por ver a la Virgen.

MIRA A LA VIRGEN

Miraba con inquietud hacia la tribuna derecha, por si las hermanas la veían. Por fin el niño le dijo: "Mira a la Virgen, mírala aquí" Sor Catalina oyó como un rumor, como el roce de un traje de seda, que partía del lado de la tribuna, junto al cuadro de San José. Vio que una señora de extremada belleza, atravesaba majestuosamente el presbiterio, "fue a sentarse en un sillón sobre las gradas del altar mayor, al lado del Evangelio". Sor Catalina en el fondo de su corazón dudaba si verdaderamente estaba en presencia de la Reina de los Cielos, pero el niño le dijo: "Mira a la Virgen". Le era imposible describir lo que experimentaba en aquel instante, lo que pasó en su interior, y le parecía que no veía a la Virgen. El niño le habló, no como niño, sino como el hombre más enérgico y palabras muy fuertes: -"¿Es que no puede la Reina de los Cielos aparecerse a una criatura mortal en la forma que mas le agrade?"  "Entonces, mirando a la Virgen, me puse en un instante a su lado, me arrodillé con las manos apoyadas en las rodillas de la Virgen. "Allí pasé los momentos más dulces de mi vida; me sería imposible decir lo que sentí". Ella me dijo cómo debía portarme con mi director, la manera de comportarme en las penas y acudir al pie del altar y desahogar allí mi corazón, pues allí recibiría todos los consuelos de que tuviera necesidad. Entonces le pregunté que significaban las cosa que yo había visto, y ella me lo explicó todo Su confesor, el padre Juan María Aladel, no creyó sus visiones y le dijo que las olvidara. La Virgen le dijo cómo había de comportarse en las penas, paciencia, mansedumbre, gozo - Acudir siempre a arrojarse al pie del altar y desahogar su corazón, pues allí recibiría todos los consuelos de que tuviese necesidad.

LA VIRGEN CON UN TRAJE BLANCO AURORA

"El día 27 de Noviembre de 1830, vi a la Santísima Virgen. Era de estatura mediana, estaba de pie, vestida con un traje de seda blanco aurora, con mangas lisas y un velo blanco que le cubría la cabeza y descendía de cada lado hasta abajo. Bajo el velo, vi sus cabellos lisos, separados en el medio. El rostro bastante cubierto, los pies apoyados sobre media esfera, y en las manos tenía una esfera de oro, que representaba el Globo. Tenía las manos a la altura de la cintura, de una manera muy natural, y los ojos elevados al Cielo. Su rostro era magníficamente bello. Yo no sabría describirlo. Y poco después, vi en sus dedos, anillos con piedras, unas más bellas que las otras, unas mayores y otras menores, que despedían rayos, a cual más bello. Partían de las piedras mayores los más bellos rayos, siempre ensanchándose hacia los extremos, llenando toda la parte de abajo.

LA ESFERA

La Santísima Virgen bajó los ojos, y me miró fijamente. Oí una voz que me dijo: -"La esfera que ves representa el mundo entero, y cada persona en particular. - "Aquí yo no sé expresar lo que sentí y lo que vi, la belleza y el fulgor, los rayos tan bellos... "- "Esos rayos son el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden". Me hacía así comprender cuán agradable es rezar a la Santísima Virgen y cuán generosa es con las personas que le rezan; cuántas gracias concede a las personas que le ruegan; qué alegría siente concediéndolas. "En ese momento, se formó un cuadro en torno de la Santísima Virgen, un poco ovalado, y en la parte superior leí estas palabras escritas en letras de oro: "Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos". Una voz me dijo: "Haz acuñar una medalla según este modelo". Todas las personas que la lleven con confianza recibirán grandes gracias. En ese instante, el cuadro me pareció volverse, y vi el reverso de la medalla. Preocupada por saber lo que había que poner del lado reverso de la medalla, tras muchas oraciones, un día, en la meditación, me pareció oír una voz, que me decía: "La M y los dos Corazones dicen lo suficiente".

PROFECIAS.

Los tiempos son muy calamitosos. Lloverán desgracias sobre Francia. El trono será derribado. El mundo entero se verá afligido por calamidades de todas clases (al decir esto la Virgen estaba muy triste). Ven a los pies de este altar, donde se prodigarán gracias a todos los que las pidan con fervor; a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres. Deseo derramar gracias sobre tu comunidad; lo deseo ardientemente. Me causa dolor que haya grandes abusos en la observancia, que no se cumplan las reglas, que haya tanta relajación en ambas comunidades a pesar de que hay almas grandes en ellas. Díselo al que está encargado de ti, aunque no sea el superior. Pronto será puesto al frente de la comunidad. El deberá hacer cuanto pueda para restablecer el vigor de la regla. Cuando esto suceda otra comunidad se unirá a las de vosotras. Vendrá un momento en que el peligro será grande; se creerá todo perdido; entonces yo estaré contigo, ten confianza. Reconocerás mi visita y la protección de Dios y de San Vicente sobre las dos comunidades..Mas no será lo mismo en otras comunidades, en ellas habrá víctimas..Lágrimas en los ojos. El clero de París tendrá muchas víctimas..Morirá el Arzobispo. Hija mía, será despreciada la cruz, y el Corazón de mi Hijo será otra vez traspasado; correrá la sangra por las calles (la Virgen no podía hablar por el dolor, las palabras se anudaban en su garganta; su semblante era pálido). El mundo entero se entristecerá . Ella piensa: ¿cuando ocurrirá esto? y una voz interior asegura: cuarenta años y diez y después la paz. La Virgen, después de estar con ella unas dos horas, desaparece de la vista de Sor Catalina como una sombra que se desvanece. En esta aparición la Virgen le habla de una misión que Dios le quiere confiar. La prepara con sabios consejos para que hable con sumisión y confianza a su director. Le anuncia futuros sucesos para afianzar la fe de los que pudieran dudar de la aparición. Le Regala una relación familiar de madre-hija: la ve, se acerca a ella, hablan con familiaridad y sencillez, la toca y la Virgen no solo consiente, sino que se sienta para que Catalina pueda aproximarse hasta el extremo de apoyar sus brazos y manos en sus rodillas.Todas las profecías se cumplieron: La misión de Dios le fue indicada con la revelación de la medalla milagrosa. Una semana después de esta aparición estalla la revolución. Los revoltosos ocupaban las calles de París, saqueos, asesinatos, y finalmente era destronado Carlos X, sustituido por el "rey ciudadano" Luis Felipe I, gran maestre de la masonería. El P. Aladel, su director es nombrado en 1846 Director de las Hijas de la Caridad, establece la observancia de la regla y hacia la década del 60 otra comunidad femenina se une a las Hijas de la Caridad. En 1870, a los 40 años, llegó el momento del gran peligro, con los horrores de la Comuna y el fusilamiento del Arzobispo Mons. Darboy y otros muchos sacerdotes. solo queda por cumplir la ultima parte.

SIMBOLOGÍA DEL ANVERSO DE LA MEDALLA.

En él se lee la invocación: “¡Oh Maria, sin pecado concebida!», como la exposición de su Inmaculada Concepción. “Rogad por nosotros que recurrimos a Vos”. Nos indica: que recurramos a Ella en todas nuestras necesidades, porque Ella es el refugio de los pecadores y el consuelo de los afligidos. Los rayos, simbolizan a Maria Mediadora de todas las gracias, como lo confirma la misma Virgen a Catalina: «Estos rayos son símbolos de las gracias que derramo sobre los que me las piden». Dice San Bernardo, que «Dios ha puesto en María la plenitud de todo bien para que todas las gracias de esperanza y salvación vengan por Ella». Dios y Cristo se sirven de Maria y quieren que pasen por Ella, como el cuello del Cuerpo Místico, todas las gracias que nos confieren. Su acción por su medio, se impregna de ternura sin perder su fuerza divina. Nos comunica a través de nuestra Madre la vida divina.

SIGNIFICADO DE LA ESFERA

Es el globo terrestre y simboliza la universalidad del reinado de María, que se extiende en todo el ámbito del reino de Cristo, reino de amor, de bondad y de bendición, y tierno y delicado como el de una madre, que no tiene límites ni en el tiempo ni en el espacio. María es Reina del cielo porque tiene poder y autoridad sobre los ángeles y los santos. Es Reina del purgatorio porque consuela, socorre y libera a las almas que esperan su purificación. Es Reina de la tierra porque impide, deshace y destruye las maquinaciones de los demonios. La esfera inferior representa el mundo y cada persona. La serpiente es el símbolo más exacto del triunfo de la Madre de Dios sobre el demonio. La antigüedad pagana representaba al vencido bajo los pies del vencedor y el Antiguo Testamento hace pasar a los vencedores sobre las cabezas de los vencidos. Todo ello nos recuerda las palabras del protoevangelio: «Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer. Y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza» (Gén 3,15). Desde muy antiguo se ha interpretado en este sentido este texto de María y el Beato Pío IX lo aplica a María en el misterio de su Inmaculada Concepción.

SIMBOLISMO DEL REVERSO DE LA MEDALLA.

El monograma de María y la cruz, indican la corredención de María. La cruz es símbolo de la redención. La cruz sostenida por una barrita que atraviesa la letra M indica que María estaba junto a la Cruz (Jn. 19,25). Por esta comunidad de sentimientos y sufrimientos María conmereció con justicia proporcional la reparación de todo el género humano caído. Y de esta manera ha sido constituida la dispensadora de todos los tesoros adquiridos por su Hijo Jesús. A Ella hemos de recurrir en las tentaciones, en las caídas, y en cualquier contratiempo y adversidad. Los corazones son el símbolo del amor que Jesús y María tienen a los hombres. El de Jesús, coronado de espinas, indica que está herido por los pecados. El de María, traspasado por una espada, nos recuerda la profecía del anciano Simeón: «Una espada atravesará tu alma» (Lc 2,34). Hemos de sintetizar el amor que debemos a Dios, en el amor a los Sagrados Corazones de Jesús y María. El Corazón de Jesús posee todos los dones y tesoros de la gracia. A María hay que conocerla en su corazón; cuanto mas estudiemos su amor más conoceremos a María y la reclamaremos. Las estrellas de la Medalla nos recuerdan a la mujer del Apocalipsis, a quien san Juan vio envuelta en el sol y coronada de doce estrellas (Ap 12,1), que son el símbolo de todas las gracias y privilegios que Dios concede a Maria y la protección que le ha dispensado continuamente. La devoción a la Virgen bajo la advocación de Milagrosa, es eminentemente eficaz y la medalla es escudo fortísimo contra todas las asechanzas de los enemigos y seguridad en los peligros de los que la llevan con fe, confianza y coherencia. La Medalla Milagrosa nos hace presente la mirada de la Madre de Dios, mirada "cuán santa, cuán serena, cuán benigna, cuán amena". La mirada celestial y virginal, purísima, sacratísima, regia, maternal, que nos observa en todos los momentos de nuestra vida.

La Virgen María aparece sosteniendo un globo de oro, rematado por una pequeña cruz. De los mismos anillos, adornados con piedras preciosas irradiaba, con intensidades diversas, la misma luz: "Es imposible expresar lo que sentí - dice Catalina - y todo cuanto comprendí en el momento en que la Virgen ofrecía el Globo a Nuestro Señor". Y la voz en el fondo de mi corazón: "Estos rayos son el símbolo de las gracias que la Santísima Virgen obtiene para las personas que se las piden". El Padre Aladel, confesor de Santa Catalina, a quien ella le confiaba todo, se mostraba frío e incrédulo, considerándola soñadora, visionaria y alucinada. Transcurrieron dos años de tormento: "Nuestra Señora quiere... Nuestra Señora está descontenta... es necesario acuñar la medalla", le insiste la Santa.

APROBACIÓN DEL ARZOBISPO DE PARÍS

Ante la insistencia de Catalina, su director espiritual obtuvo del Arzobispo de París, Mons. de Quélen, el permiso de hacer grabar la Medalla. Era el año 1832. El arzobispo pidió que le enviaran las primeras medallas para utilizarlas en la conversión del arzobispo de Malinas, uno de los obispos constitucionales. La popularidad de la Medalla se incrementó con la ruidosa conversión del judío Alfonso de Ratisbona, ocurrida en Roma en 1842. A partir de entonces, la «Medalla Milagrosa» adquirió la propagación de las grandes devociones marianas. La Iglesia aprobó esta devoción con el decreto de institución de la fiesta de la Medalla Milagrosa, el 27 de noviembre, sancionado por el Papa León XIII.

CONVERSION DE RATISBONNE

Un joven banquero, judío de raza y religión, se convirtió súbitamente en la Iglesia de San Andrea delle Fratte. La Santísima Virgen se le apareció con las mismas características de la Medalla Milagrosa: "Ella no dijo nada, pero yo lo comprendí todo", declaró Alfonso Tobías Ratisbonne, que poco después rompió su noviazgo y se hizo jesuita, con el nombre de Padre Alfonso María Ratisbonne. Cuatro días antes, a instancias de su amigo el Barón de Bussíres, había prometido rezar todos los días el "Acordaos" de San Bernardo, y había aceptado llevar al cuello la Medalla Milagrosa. Cuando la Santísima Virgen se le apareció, tenía la medalla puesta. Alfonso Ratisbone era abogado y banquero, y tenía 27 años. Odiaba a los católicos porque su hermano Teodoro se había convertido, y ordenado sacerdote, tenía como insignia la medalla milagrosa y luchaba por la conversión de los judíos. Alfonso pensaba casarse con una hija de su hermano mayor, Flora, diez años menor que él, cuando en enero de 1842, haciendo un viaje de turismo a Nápoles y Malta, por una equivocación de trenes llegó a Roma, donde visitó a un amigo de la familia, el barón Teodoro de Bussiere, protestante convertido al catolicismo. El barón le recibió con toda cordialidad y se ofreció a enseñarle Roma. En una reunión donde Ratisbone hablaba horrores de los católicos, este barón lo escuchó con mucha paciencia y al final le dijo: "Ya que usted está tan seguro de si, prométame llevar consigo esta medalla. Alfonso la rechazó indignado y el barón replicó: "Según sus ideas, el aceptarla le debía dejar a usted indiferente. En cambio a mi me causaría satisfacción." Se echó a reír y se la puso comentando que él no era terco y que era un episodio divertido. El barón se la puso al cuello y le hizo rezar el Acordaos.

ORACION POR RATISBONE

El barón pidió oraciones a varias personas entre ellas al conde La Ferronays quien le dijo: "si le ha puesto la medalla milagrosa y le ha hecho rezar el Acordaos, seguro que se convierte." El conde murió de repente dos días después. Fue a la basílica de Sta. María la Mayor a rezar cien Acordaos por la conversión de Ratisbone. Por la Plaza España se encuentra el barón con Ratisbone en su último día en Roma y le invita a pasear. Pero antes tenía que pasar por la Iglesia de San Andrés a arreglar lo del funeral del conde. Ratisbone le acompaña a la Iglesia. He aquí su testimonio de lo que entonces sucedió: "a los pocos momentos de encontrarme en la Iglesia, me sentí dominado por una turbación inexplicable. Levanté los ojos y me pareció que todo el edificio desaparecía de mi vista. En una de las capillas se había concentrado toda la luz, y en medio de aquel esplendor apareció sobre el altar, radiante y llena de majestad y de dulzura, la Virgen Santísima tal y como está grabada en la medalla. Una fuerza irresistible me impulsó hacia la capilla. Entonces la Virgen me hizo una señal con la mano como indicándome que me arrodillara... La Virgen no me habló pero lo he comprendido todo."  El barón lo encuentra de rodillas, llorando y rezando con las manos juntas, besando la medalla. Poco tiempo mas tarde es bautizado en la Iglesia del Gesu en Roma. Por orden del Papa, se inicia un proceso canónico ssosbre el hecho, y fue declarado "verdadero milagro". Alfonso Ratisbone entró en la Compañía de Jesús. Ordenado sacerdote, fue destinado a París donde ayudó a su hermano Teodoro en las catequesis para los judíos. Después de haber sido 10 años Jesuita, salió de la Congregación con permiso y fundó en 1848, las religiosas y las misiones de Ntra. Sra. de Sión. En los diez primeros años Ratisbone consiguió la conversión de 200 judíos y 32 protestantes. Trabajó lo indecible en Tierra Santa, logrando comprar el antiguo pretorio de Pilato, que convirtió en convento e Iglesia de las religiosas. También consiguió que estas religiosas fundasen un hospicio en Ain-Karim, donde murió santamente en 1884 a los 70 años. Esta conversión conmovió a toda la aristocracia europea y tuvo repercusión mundial, haciendo aún más conocida, buscada y venerada la Medalla Milagrosa.

CATALINA LABOURÉ, IGNORADA

Nadie, ni la Superiora de la Rue du Bac, ni el Papa, sabían quién era la religiosa escogida por Nuestra Señora. Sólo el Padre Aladel la conocía. Santa Catalina, por humildad, mantuvo durante toda su vida una absoluta discreción y jamás dejó traslucir el celeste privilegio. Sólo le importaba la difusión de la medalla: esa era su misión. Cuando recibió las primeras Medallas, dijo: "Ahora, es necesario propagarla."

SIMBOLOGÍA DEL ANVERSO DE LA MEDALLA.

En él se lee la invocación: “¡Oh Maria, sin pecado concebida!», como la exposición de su Inmaculada Concepción. “Rogad por nosotros que recurrimos a Vos”. Nos indica: Que recurramos a Ella en todas nuestras necesidades, porque Ella es el refugio de los pecadores y el consuelo de los afligidos. Los rayos, simbolizan a Maria Mediadora de todas las gracias, como lo confirma la misma Virgen a Catalina: «Estos rayos son símbolos de las gracias que derramo sobre los que me las piden». Dice San Bernardo, que «Dios ha puesto en María la plenitud de todo bien para que todas las gracias de esperanza y salvación vengan por Ella». Dios y Cristo se sirven de Maria y quieren que pasen por Ella, como el cuello del Cuerpo Místico, todas las gracias que nos confieren. Su acción por su medio, se impregna de ternura sin perder su fuerza divina. Nos comunica a través de nuestra Madre la vida divina.

SIGNIFICADO DE LA ESFERA

Es el globo terrestre y simboliza la universalidad del reinado de María, que se extiende en todo el ámbito del reino de Cristo, reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz, y tierno y delicado como el de una madre, que no tiene límites ni en el tiempo ni en el espacio. María es Reina del cielo porque tiene poder y autoridad sobre los ángeles y los santos. Es Reina del purgatorio porque consuela, socorre y libera a las almas que esperan su purificación. Es Reina de la tierra porque impide, deshace y destruye las maquinaciones de los demonios. La esfera inferior representa el mundo y cada persona. La serpiente es el símbolo más exacto del triunfo de la Madre de Dios sobre el demonio. La antigüedad pagana representaba al vencido bajo los pies del vencedor y el Antiguo Testamento hace pasar a los vencedores sobre las cabezas de los vencidos. Todo ello nos recuerda las palabras del protoevangelio: «Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer. Y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza» (Gén 3,15). Desde muy antiguo se ha interpretado en este sentido este texto de María y el Beato Pío IX lo aplica a María en el misterio de su Inmaculada Concepción.

SIMBOLISMO DEL REVERSO DE LA MEDALLA.

El monograma de María y la cruz, indican la corredención de María. La cruz es símbolo de la redención. La cruz sostenida por una barrita que atraviesa la letra M indica que María estaba junto a la Cruz (Jn. 19,25). Por esta comunidad de sentimientos y sufrimientos María conmereció con justicia proporcional la reparación de todo el género humano caído. Y de esta manera ha sido constituida la dispensadora de todos los tesoros adquiridos por su Hijo Jesús. A Ella hemos de recurrir en las tentaciones, en las caídas, y en cualquier contratiempo y adversidad. Los corazones son el símbolo del amor que Jesús y María tienen a los hombres. El de Jesús, coronado de espinas, indica que está herido por los pecados. El de María, traspasado por una espada, nos recuerda la profecía del anciano Simeón: «Una espada atravesará tu alma» (Lc 2,34). Hemos de sintetizar el amor que debemos a Dios, en el amor a los Sagrados Corazones de Jesús y María. El Corazón de Jesús posee todos los dones y tesoros de la gracia. A María hay que conocerla en su corazón; cuanto mas estudiemos su amor más conoceremos a María y la reclamaremos. Las estrellas de la Medalla nos recuerdan a la mujer del Apocalipsis, a quien san Juan vio envuelta en el sol y coronada de doce estrellas (Ap 12,1), que son el símbolo de todas las gracias y privilegios que Dios concede a Maria y la protección que le ha dispensado continuamente. La devoción a la Virgen bajo la advocación de Milagrosa, es eminentemente eficaz y la medalla es escudo fortísimo contra todas las asechanzas de los enemigos y seguridad en los peligros de los que la llevan con fe, confianza y coherencia. La Medalla Milagrosa nos hace presente la mirada de la Madre de Dios, mirada "cuán santa, cuán serena, cuán benigna, cuán amena". La mirada celestial y virginal, purísima, sacratísima, regia, maternal, que nos observa en todos los momentos de nuestra vida.

EL ROSARIO

El Papa Juan Pablo II, en una de sus intuiciones geniales, tan clarividentes desde la fe profunda de su espiritualidad, en su Carta Apostólica "Rosarium Virginis Mariae", declaró un Año del Rosario. Era una invitación a orar, que ya había anticipado en la Tertio Adveniente Millenio, proclamando que la Iglesia insista en la oración y que las comunidades cristianas se conviertan en escuelas de oración. No es otra la intención de la Virgen al entregarnos LA MEDALLA MILAGROSA, que una invitación, un mandato sugestivo de orar y de una manera sencillísima y sin complicaciones, con una jaculatoria popular y al alcance de todos: ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! Añadiendo el resplandor de las gracias y dones que, como Madre, se goza en conceder con abundancia, a quienes se las piden. "Esos rayos son el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden". Me hacía así comprender -refiere Santa Catalina Labouré - cuán agradable es rezar a la Santísima Virgen y cuán generosa es, cuántas gracias concede a las personas que le ruegan; y cuánta alegría siente cuando las concede. La Virgen nos invita a orar. Siempre lo ha hecho: En Lourdes, en Fátima, siempre. Algo debe de tener la oración cuando tanto y con tanta insistencia nos la pide, en un mundo cada vez más secularizado y lejos de Dios, que en medio de tantas catástrofes, y por lo tanto, más necesitado de Dios, se olvida y se prescinde de lo que puede ser su remedio, como decía Tertuliano: "Solutio totius difficultatis, Cristus".

JESUS MARTI BALLESTER

 

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La Pagina de la Misa Diaria, esta preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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