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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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de publicación, todos los días desde el 26 de febrero de 2002 en Internet –
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Fecha: 29-06-2011
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Edición
Nº MD 2939
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T.O. CICLO A, SEM XIII
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LITURGIA DE LA HORAS
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Miércoles, San Pedro y san Pablo
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SAN PEDRO Y SAN PABLO
Columnas de la Iglesia
Celebramos, hoy, la
solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, las máximas columnas de la Iglesia. Pedro
a quien Jesús constituyó fundamento de su Iglesia; y Pablo que cumplió la
misión de llevar la fe cristiana a los más diversos pueblos no judíos, para
que todos formaran un único pueblo de Dios, la Iglesia.
En esta festividad
honramos al Santo Padre, el Papa, sucesor de Pedro, quien tiene la difícil
misión de velar por todo el pueblo de Dios. Como ambos apóstoles —Pedro y
Pablo— sufrieron el martirio en Roma, los ornamentos del sacerdote son de
color rojo.
ANTÍFONA DE ENTRADA
Estos hombres, durante
su vida terrena, plantaron la Iglesia con su sangre, bebieron el cáliz del
Señor y llegaron a ser amigos de Dios.
ACTO PENITENCIAL
Tú que perdonaste a
Pedro cuando renegó de ti. Señor, ten piedad.
Tú que convertiste a
Pablo en apóstol tuyo. Cristo, ten piedad.
Tú que por la sucesión
apostólica, nos aseguras el perdón de los pecados. Señor ten piedad.
Se dice Gloria a Dios.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que nos
alegras en la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, concede a
tu Iglesia que se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquéllos por
quienes comenzó la propagación de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios,
por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA Hech 12, 1-11
Lectura
de los Hechos de los apóstoles.
El rey Herodes hizo
arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a
Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también
hizo arrestar a Pedro. Eran los días de “los panes ácimos”.
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de
cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era
hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras
Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de
orar a Dios por él. La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo
comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas, y los
otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión. De pronto, apareció el
ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El ángel sacudió a
Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: “¡Levántate rápido!”. Entonces las
cadenas se le cayeron de las manos. El ángel le dijo: “Tienes que ponerte
el cinturón y las sandalias”, y Pedro lo hizo. Después le dijo: “Cúbrete
con el manto y sígueme”. Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que
era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del ángel, sino que
creía tener una visión. Pasaron así el primero y el segundo puesto de
guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta
se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de
una calle, y en seguida el ángel se alejó de él. Pedro, volviendo en sí,
dijo: “Ahora sé que realmente el Señor envió a su ángel y me libró de las
manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío”.
Palabra
de Dios.
COMENTARIO
Luego del martirio de
Santiago, Pedro, encarcelado y custodiado con medidas de máxima seguridad,
es liberado por el ángel del Señor para devolverlo a la comunidad que ha
orado fervientemente por él. Los signos de su liberación, que se da durante
la Pascua
judía, evocan la resurrección de Jesús hasta el momento del anuncio de los
prodigios de Dios que se dan entre sus elegidos.
SALMO Sal 33, 2-9
R. El
Señor me libró de todos mis temores.
Bendeciré al Señor en
todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en
el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.
Glorifiquen conmigo al
Señor, alabemos su nombre todos juntos. Busqué al Señor: él me respondió y
me libró de todos mis temores. R.
Miren hacia él y
quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre
hombre invocó al Señor: él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
El ángel del Señor
acampa en torno de sus fieles, y los libra. ¡Gusten y vean qué bueno es el
Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R.
COMENTARIO
Frente a la acción
obrada por Dios, el salmo nos invita a bendecir y alabar al Señor.
SEGUNDA LECTURA 2Tim 4, 6-8. 17-18
Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo.
Querido hijo: Ya estoy
a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se
aproxima: he
peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y
ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo
Juez, me dará en ese día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan
aguardado con amor su manifestación. El Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas,
para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de
todos los paganos. Así fui librado de la boca del león. El Señor me librará
de todo mal y me preservará hasta que entre en su reino celestial. ¡A él
sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.
Palabra
de Dios.
COMENTARIO
Con un lenguaje propio
de la época y de las competiciones olímpicas famosas en el mundo helénico,
el apóstol se despide de Timoteo y la comunidad, motivándolos a seguir en
la competencia donde el Señor “justo juez” dará a cada uno la corona de
triunfo en su reino celeste.
ALELUYA Mt 16, 18
Aleluya. Tú eres
Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no
prevalecerá contra ella. Aleluya.
EVANGELIO Mt 16, 13-19
Evangelio
de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Al llegar a la región
de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus
discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”.
Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y
otros, Jeremías o alguno de los profetas”. “Y ustedes –les preguntó–, ¿quién dicen que soy?”. Tomando la palabra,
Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús
le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha
revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo
te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el
poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del
reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el
cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.
Palabra
del Señor.
COMENTARIO
El reconocimiento de
Jesús hacia Pedro como hombre de fe, ubica a este humilde pescador de
Galilea en un lugar importante de la primera comunidad. No está por encima
de sus hermanos, sino al servicio de ellos, como fundamento de la
comunidad, en las bases de la comunidad.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada
intención, pedimos: Ayúdanos a permanecer fieles a tu iglesia.
Por el Papa, vicario
de Cristo, sucesor de Pedro: para que siempre tenga fuerza y alegría en su
arduo servicio a la Iglesia. Oremos.
Por todas las iglesias
cristianas: para que se logre el entendimiento sobre la función del Papa en
la Iglesia. Oremos.
Por las iglesias
perseguidas y martirizadas, en algunos países: para que permanezcan firmes
en la confesión de la fe. Oremos.
Por nuestra Iglesia
diocesana, presidida por un sucesor de los apóstoles: para que sea luz y
esperanza de toda la sociedad. Oremos.
Por los que dedican su
vida a la expansión del Evangelio en tierras de misión, para que vean en
san Pablo un ejemplo a seguir. Oremos
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te pedimos, Señor, que
la oración de los apóstoles acompañe las ofrendas que te presentamos, y nos
permita celebrar con devoción este sacrificio. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
PREFACIO
La doble
misión de Pedro y Pablo en la
Iglesia
V/. El Señor esté con
ustedes.
R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el
corazón.
R/. Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y
necesario.
Realmente es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú quieres que hoy los
santos apóstoles Pedro y Pablo sean causa de nuestra alegría: Pedro fue el
primero en confesar la fe, Pablo el insigne defensor para que fuera
entendida rectamente. Aquel formó la primera Iglesia con el resto de
Israel, éste fue el maestro y doctor de los paganos llamados a la fe.
De esta manera,
congregando por diversos caminos a la única familia de Cristo, ambos
igualmente venerables para el mundo, hoy son asociados por la única corona
de gloria.
Por eso, con todos los
ángeles y santos, te alabamos, diciendo sin cesar: Santo, santo, santo...
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Mt 16, 16. 18
Pedro dijo a Jesús:
“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “Tú eres
Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Padre y Señor nuestro,
renovados por este sacramento, te pedimos la gracia de vivir de tal modo en
tu Iglesia, que firmemente arraigados en el amor y perseverando en la
fracción del pan y en la doctrina de los apóstoles, lleguemos a ser un solo
corazón y una sola alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.
BENDICIÓN SOLEMNE
El Dios que los ha
edificado a ustedes sobre el cimiento de los apóstoles, por la intercesión
gloriosa de los santos apóstoles san Pedro y san Pablo, los llene de sus
bendiciones.
R. Amén.
El que los ha enriquecido
a ustedes con la palabra y el ejemplo de los apóstoles, les conceda su
ayuda para que sean testigos de la verdad ante todo el mundo.
R. Amén.
Para que así obtengan la heredad del reino eterno por la
intercesión de los apóstoles, por cuya palabra se mantienen firmes en la
fe.
R. Amén.
Y la bendición de Dios
todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo descienda sobre ustedes.
R. Amén.
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REFLEXIÓN
BÍBLICA
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“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
vivo”.
Mt 16, 13-19
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
1.
“¿QUIÉN
DICE LA GENTE QUE
ES EL HIJO DEL HOMBRE?”
Al llegar a la región de
Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Qué dice la gente
sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?
Es en este lugar de Cesárea de
Filipo, es el momento cuando Jesús, dirigiéndose a los discípulos, les hace
abiertamente esta pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo? Jesús no lo
ignoraba por su conocimiento sobrenatural, pero también lo que pensaba la
gente de El lo sabía, como los apóstoles, por el rumor popular. ¿Por qué
les pregunta primeramente a ellos lo que piensan de El las gentes?
2.
JESÚS,
PARA UNOS, ERA JUAN BAUTISTA,
El contacto de los apóstoles
con las muchedumbres a causa de la predicación y milagros de Jesús les
había hecho recibir toda clase de impresiones en torno a esto. Las que
recogieron eran éstas: Jesús, para unos, era Juan Bautista, sin duda
resucitado, como sostenía el mismo Antipas. Pues esta opinión había cobrado
cuerpo entre el pueblo, ya que Lc mismo dice que Antipas estaba preocupado
con la presencia de Jesús, puesto que algunos decían que era Juan, que
había resucitado de entre los muertos (Lc 9:7).
3.
OTROS,
QUE ELÍAS; OTROS, QUE JEREMÍAS
Para otros, Jesús era Elías. Lc
recoge en otro lugar esta creencia popular. Jesús era, para diversos
grupos, Elías, que había aparecido (Lc 9:8). Según la estimación popular,
Elías no había muerto, y debía venir para manifestar y ungir al Mesías 12.
Otros piensan que fuese
Jeremías (Mt). El profeta Jeremías era considerado como uno de los grandes
protectores del pueblo judío, sobre todo por influjo del libro II de los
Macabeos (2:1-12). Pero no pasaba por un precursor del Mesías. Mateo ya
hizo referencia a él (2:17). Acaso se lo cita por el simple prestigio que
tenía en el judaísmo, y del que se podrían esperar cosas extraordinarias.
Por último, sin saber a ciencia
cierta quién sea, para muchos era algún profeta de los antiguos, que ha
resucitado (Lc). Era el poder milagroso de Jesús el que los hacía creer en
la resurrección de un muerto (Mt 14:2; Mc 6:14).
4.
¿QUIÉN
DICEN QUE SOY?
No deja de extrañar el que los
apóstoles no citen, tomado de la opinión de las gentes, el que El fuese o
pudiese ser el Mesías.
Así fue como ellos le
respondieron: Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros,
Jeremías o alguno de los profetas. Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?
Por eso, después de oír lo que
las gentes pensaban de El, se dirige a los apóstoles para preguntarles
abiertamente qué es lo que, a estas alturas de su vida y de su contacto de
dos años con El, han captado a través de su doctrina, de su conducta, de
sus milagros. Era un momento sumamente trascendental. Si no fuera que Jesús
tenía un conocimiento de todo por su ciencia sobrenatural, se diría que
esperaba impaciente la respuesta de sus apóstoles.
5.
TÚ
ERES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS VIVO
Los tres sinópticos no dicen la
respuesta que hayan podido tener éstos. Sólo recogen la respuesta que le
dirigió Pedro. Todos los detalles se acumulan en la narración de Mateo para
indicar no sólo la precisión que interesa destacar, sino con ella acusar la
solemnidad del momento y la trascendencia del acto.
Mientras Mc-Lc
presentan sin más a Pedro, Mateo lo precisa ya de antemano como Simón
Pedro. En efecto, Pedro tenía por nombre Simón (Mateo 4:18 y par.). En Juan
se lee que Jesús, al ver por vez primera a Simón, le anunció que será
llamado Pedro (Jn 1:42). Ya desde un principio, Jesús puso en Simón la
elección para Pedro, para ser piedra El conservar aquí los dos nombres es
sumamente oportuno.
La confesión de Simón Pedro es
expresada así: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Aquí se confiesa
por Pedro la mesianidad y la divinidad de Jesús.
Al decir que es el Mesías, indica su relación supereminente de autoridad
con Dios — el Padre — que lo envía.
6.
FELIZ
DE TI, SIMÓN, HIJO DE JUAN
Pedro, desde su primer
encuentro con Jesús, deja al descubierto, por una parte, la amistad no
disimulada del Maestro, y por otra, la entrega sin reservas a su servicio o
compañía, es así como Pedro sabe quien es Jesús, el Mesías, el Hijo de
Dios.
Y Jesús le dijo: Feliz de ti,
Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la
sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
La respuesta de Jesús tiene dos
partes bien marcadas: la primera es una felicitación a Pedro por la
revelación tenida. La felicitación de Jesús a Simón es porque esta
confesión no se la reveló ni la carne ni la sangre, con la que se expresa
el ser humano. Tal era la grandeza de este misterio, que su revelación se
la hizo su Padre celestial. Se trata, pues, de un misterio desconocido a
Pedro, y un misterio que no podía, sin revelación, ser alcanzado por la
carne y sangre — el hombre — Entonces, este conocimiento no es por su
capacidad humana, es un don de Dios. En efecto, Pedro alcanzó este conocimiento
por la fe.
7.
TÚ
ERES PEDRO, Y SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA
Jesús, volviéndose a Simón, le
dice: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y Jesús lo
eligió como la roca para construir sobre ella su Iglesia y le confirió los
poderes para llevar a la salvación a todos los hombres. Pedro es la roca,
en el sentido de que la fe y los creyentes no pueden tener otra fe que la
de los apóstoles y profetas, que son los que enseñan esa verdad, que está
construida sobre la piedra angular de Jesús, y así es, como luego dice; y
el poder de la Muerte
no prevalecerá contra ella. Es decir, no podrá vencer a la Iglesia, pues ésta
está firme y estable, porque está construida sobre la roca firme, que es
Jesús.
8.
YO
TE DARÉ LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS
Dice Jesús: Yo te daré las
llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará
atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en
el cielo. La promesa es que ese atar y desatar sobre la tierra tendrá su
automática ratificación en el cielo. Todo lo relacionado con esta misión —
cuanto permita o prohíba en el reino, todo eso será también ratificado en
el cielo. Y eso garantizado por Jesús.
Así, Pedro como Mayordomo de la Casa de Dios, ha recibido
el poder para admitir o excluir, según el Evangelio y de administrar la
comunidad, en Pedro recaerán las responsabilidades de la doctrina y de la
moral, el podrá decidir lo que es bueno y licito para su Iglesia y sus
miembros, sentencia que será ratificada Por Dios en lo alto de los cielos.
Así, como Pedro en épocas de la Iglesia naciente, hoy
el Papa, su sucesor, es el encargado de animar la fe en nuestra comunidad
creyente, el es en nombre de Jesucristo Pastor y guía de la Iglesia.
9.
ACOGER
AL SUCESOR DE PEDRO
Como Pedro en los orígenes y
ahora le ha correspondido a Benedicto XVI fundamento visible de la unidad y
de la caridad de la
Iglesia.
A través del Evangelio, podemos
comprender como Jesucristo, nos invita a acoger al sucesor de Pedro, y a
mirarlo con los ojos de la fe.
Este es un día especial, para
rezar por el Papa y es una buena ocasión para apoyar su inmensa obra a
favor de la comunidad cristiana y de toda la humanidad. Dios le Bendiga
El Señor les Bendiga
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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DOS APÓSTOLES SU FUNDAMENTO APOSTÓLICO
La Iglesia celebra a través
de estos dos apóstoles su fundamento apostólico, mediante el cual se apoya
directamente en la piedra angular que es Cristo (cf
Ef 2, l9ss). Pedro y Pablo son los “fundadores”
de nuestra fe; a partir de ellos se entabla el diálogo entre institución y
carisma, a fin de hacer progresar el camino de la vida cristiana.
El pescador de Galilea empezó
su extraordinaria aventura siguiendo al Maestro de Nazaret, primero, en
Judea y, a continuación, tras su muerte, hasta Roma. Y aquí se quedó no
sólo con su tumba, sino con su mandato, es decir, en aquellos que han
subido a la “cátedra de Pedro”. Pedro continúa siendo, en los obispos de
Roma, la “roca” y el centro de unidad sobre el que Cristo edifica su
Iglesia.
Pablo de Tarso, el apóstol de
los gentiles, se convirtió de perseguidor de Cristo en celoso misionero de
su Evangelio. Cogido por el amor al Señor, Cristo llegó a ser para él su
mayor pasión (2 Cor 5,14), hasta el punto de
decir: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Su martirio revelará la sustancia de su fe.
La evangelización de estas
dos columnas de la Iglesia no se apoya en un mensaje intelectual, sino en
una praxis profunda, sufrida y atestiguada con la palabra de Jesús.
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ORACION
(3)
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Dios
omnipotente y eterno, que con inefable sacramento quisiste poner en la sede
de Roma la potestad del principado apostólico, para que a través de ella la
verdad evangélica se difundiera por todos los reinos del mundo, concede que
lo que se ha difundido por su predicación en todo el orbe sea seguido por
toda la devoción cristiana. (Sacramentariurn
Veronense, ed. L. C. Mohlberg, Roma 1978, n.
292).
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SANTORAL
(4)
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SAN PEDRO Y SAN PABLO S. I
Celebramos hoy la solemnidad
de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Simón, hijo de Juan, pescador del
lago de Galilea, elegido por Cristo el primero entre los Doce para ser
servidor de todos y confirmar en la fe a sus hermanos; apellidado por
Cristo «Pedro» para ser la piedra visible, fundamento de la unidad de la Iglesia; designado por
Cristo pastor para apacentar todo el rebaño de Dios.
"Llévame a él". En
estas palabras del fogoso Pedro a su hermano Andrés que le habla del Maestro,
está sintetizada toda su vida. Pedro no hace como Natanael
que duda si de Nazaret puede salir cosa buena, sino que desde el primer
momento creyó en Jesús, se fió de él y le amó con toda su alma.
No sabemos cuándo nació
Pedro, pero sí sabemos que era de Betsaida, una
aldea campesina y marinera al lado del Lago de Genesareth.
Allí vivía compartiendo su trabajo con su padre y hermano Andrés. Estaba
casado y el Señor, cuando ya forme parte de sus más íntimos, curará a su
suegra de una enfermedad.
Quizá heredó de su padre
Jonás la rudeza de su carácter y la prontitud de su genio. Lo cierto es que
Pedro, como nos lo presenta el Nuevo Testamento, era vehemente y francote,
un tanto presumidillo y un poco infantil en sus reacciones.
En el primer encuentro de Pedro
con Jesús ya queda al descubierto por una parte la amistad no disimulada
del Maestro, y por otra la entrega sin reservas de Pedro a su servicio o
compañía. Desde ahora "será pescador de hombres". Pero el momento
cumbre de Pedro nos lo recuerda San Mateo en el capítulo 16 cuando dialoga
el Maestro con los Apóstoles: ¿"Quién dice la gente que es el Hijo del
Hombre"?... "Pues unos..." "Y vosotros, ¿quién decís
que soy yo?". Entonces Pedro tomando la palabra, en nombre de todos
sus compañeros, dice: "Tú eres el Hijo de Dios vivo". Y viene la
paga de Jesús a aquella bien acertada y valiente definición: "Y yo te
digo, tú eres Cefas, Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no podrán prevalecer contra
ella". Desde este momento Pedro ya ocupa el primer lugar entre los
compañeros. En las listas que traen los evangelistas, lo traen el primero,
hasta a veces, lo especifican diciendo, "Pedro, el primero".
Pedro, de ahora en adelante,
recibirá muestras de especial cariño de parte del Maestro. Esta promesa de
Jesucristo de nombrarle "piedra" o ''fundamento'' de la iglesia,
se cristalizará después de la Resurrección de Jesús junto al lago de Genesareth., según nos recoge San Juan en el capítulo
21 de su evangelio. La escena no puede ser más hermosa. Tres veces le ha
negado en su Pasión. Ha sido cobarde. Ahora el Señor, antes de hacerle
entrega del tesoro más bello que nos deja, el Sacramento de salvación que
es la Iglesia,
quiere estar seguro del arrepentimiento y amor de su Vicario y por tres
veces le examina en el amor hacia él. "Pedro ¿me amas?... ¿"Me
amas más que estos"? La afirmación es categórica y firme: "Sí,
Señor, tú sabes que te amo..."
Aunque le haya negado en la
noche más triste de toda la historia, después llorará su pecado y dirá la
tradición que hasta se formaron unas cavidades en sus mejillas de tanta
lágrima. Correrá en compañía de Juan al sepulcro a ver al Maestro... Y
Jesús se le aparecerá y dirá a los demás que den el mensaje a Pedro... Le
mandará que camine sobre las aguas del lago...
Desarrolló su actividad
apostólica en Jerusalén, en Antioquía de Siria y
definitivamente en Roma, como primer obispo de aquella comunidad
Incipiente. En Roma fue crucificado el año sesenta y siete, durante la
persecución del emperador Nerón. Dio así testimonio de Jesucristo con su
palabra y con su sangre. Fue sepultado en la colina Vaticana.
Y Pablo, de Tarso, celoso
observante de la ley mosaica, perseguidor de la Iglesia de Dios,
convertido a Cristo en el camino de Damasco, ¡el Apóstol de todas las
gentes!
San Pablo es un hombre nuevo
después de la caída en el camino de Damasco. Y como todos los convertidos,
el fuego le quema las entrañas, y se siente forzado a comunicarlo a todo el
mundo. "Cuando aquel que me llamó por su gracia, quiso revelar en mí a
su Hijo para que lo evangelizase a los gentiles, sin consultar a la sangre
ni a la carne", en seguida se puso en movimiento. Nadie podrá pararle.
Es un volcán en ebullición permanente.
"Anda, dice el Señor a Ananías, que éste es instrumento escogido por mí para
llevar mi nombre a los gentiles". Y Pablo se lanza, lleno de divinas
impaciencias, por todos los caminos del imperio. Emprende cuatro viajes
apostólicos, arriesgados, difíciles. Recorre ciudades, funda cristiandades,
les deja discípulos al frente, les escribe cartas, promete llegar hasta
España... Afronta peligros "en tierra, en mar, entre los falsos
hermanos".
Pero no importan los peligros
para el alma enamorada. "Todo lo soporto por los elegidos. La caridad
de Cristo nos interpela. Muy a gusto me gastaré. Hijos míos, otra vez me
causáis dolores de parto, hasta formar a Cristo en vosotros. ¿Quién enferma
sin que yo enferme?".
San Juan Crisóstomo se
lamentaba que muchos no conocían las cartas de San Pablo. Al escuchar su
lectura, afirmaba él, "salto de gozo al oír ese maravilloso clarín
celestial, y me inflamo en deseos, reconociendo una voz muy amiga para mí,
y me parece verle presente ante mis ojos".
En sus diversos pasajes vemos
el anhelo incoercible que siente de predicar el Evangelio, de hacerse todo
para todos, de preocuparse por todas las Iglesias, de sufrirlo todo, hasta
ser anatema por sus hermanos.
"Cuando quiero saber las
últimas novedades, leo a San Pablo", dice León Bloy,
a propósito de la variedad del mensaje paulino. Pero si quisiéramos
destacar lo más peculiar, el eje y punto clave en que se apoya la nueva
exigencia de Pablo, sería por encima de todo, su anhelo por Cristo, su
obsesión por Cristo, hasta el punto de que pide varias veces a sus
discípulos que le imiten a él, sin más, pues sabe que así imitarán a
Cristo.
Se podría seleccionar una
especie de Código o Decálogo sobre el cristocentrismo
de Pablo: 1) Su vida es Cristo. 2) Todo lo centra en el amor de Cristo. 3)
Sólo quiere conocer a Cristo. 4) Desea gloriarse en la cruz de Cristo. 5)
Su debilidad encuentra la fuerza en la gracia de Cristo. 6) Colabora con la
gracia de Cristo. 7) Desea únicamente apoyarse en Cristo. 8) Su afán es
estar con Cristo. 9) Se goza en haber sido atrapado por Cristo. 10) Está
seguro que nada le separará del amor de Cristo.
El último viaje de Pablo fue
el viaje a Roma para ser juzgado. Allí sufrió martirio, junto con Pedro,
las dos columnas de la
Iglesia, hacia el año 67. Agotado por fin, había rendido
viaje el discípulo fiel. Fue sepultado en el lugar llamado Tre Fontane, por las tres
fuentes que habrían brotado en el momento del martirio. Sobre aquel lugar
se levantaría más tarde la basílica espléndida que lleva todavía su nombre.
Nuestra comunidad de fe y
esperanza se funda en el mensaje de Pedro y Pablo, testigos del Señor de la
gloria. ¿Alguna vez te precipitas envalentonado? ¿Te descubres a menudo
pegando patadas con la lengua? ¿Haces afirmaciones duras que posteriormente
lamentas? ¿Eres impetuoso, exuberante y lleno del gozo de vivir? Si es así,
te hallas relacionado espiritualmente con San Pedro.
Pedro fue un hombre que nunca
creyó en hacer las cosas a medias. Estaba dispuesto a saltar de las barcas,
caminar sobre el agua y declarar su amor sin fin por su Señor. También negó
a Cristo tres veces, perdió su confianza y casi se ahogó. Todo lo que hizo,
fue con todo su corazón y toda su alma. Cometió errores, pero se levantó,
se secó y siguió su marcha. Pedro estaba lleno de pasión; pasión por
Cristo, pasión por el evangelio, pasión por la vida.
A menudo sorbemos la vida
como si fuera una taza tibia de té débil. San Pedro nos dice que en vez de
tomar pequeños sorbitos, necesitamos atrapar la vida con ambas manos y
engullirla como un vaso helado de agua de manantial en el día más caluroso
del verano.
Hay una máxima que resume la
filosofía de San Pedro: la vida no es un ensayo general. No podemos
aguardar hasta cuando creemos que empieza la noche, para decidir saltar al
escenario. Si así lo hacemos, descubriremos que el espectáculo casi ha
acabado el telón está presto para caer.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio
Divina, Lectio Divina para cada
día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel
de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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