|
ANTÍFONA DE ENTRADA Is 9, 6
Un niño nos ha nacido, se nos ha dado un
hijo. Lleva sobre sus hombros el
imperio y su nombre será: “Ángel del gran consejo”.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que en el
nacimiento de tu Hijo estableciste el principio y la perfección de toda
religión, concédenos ser contados entre los miembros de aquél en quien
radica la plenitud de la humana salvación. Él que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LECTURA 1 Jn 2, 18-21
Lectura
de la primera carta del apóstol san Juan.
Hijos míos, ha llegado la última hora.
Ustedes oyeron decir que vendría un Anticristo; en realidad, ya han
aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última
hora. Ellos salieron de entre nosotros; sin embargo, no eran de los
nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía
ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros. Ustedes recibieron
la unción del que es Santo, y todos tienen el verdadero conocimiento. Les
he escrito, no porque ustedes ignoren la verdad, sino porque la conocen, y
porque ninguna mentira procede de la verdad.
Palabra
de Dios.
COMENTARIO
Se aproxima el momento final de la historia que camina hacia la
manifestación última y definitiva de Jesús, el Señor. Juan nos pone en
guardia frente a los falsos maestros, cuya aparición es inevitable mientras
no llega el fin. Llegar a detectar a estos falsos maestros es más complejo,
ya que la frontera que separa a los que están dentro de la Iglesia de los que
están fuera no es, necesariamente, la que separa la verdad de la mentira.
SALMO Sal 95, 1-2. 11-13
R.
¡Alégrese el cielo y exulte la tierra!
Canten al Señor un canto nuevo, cante al
Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre, día tras día,
proclamen su victoria. R.
Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él; regocíjese el campo con todos sus
frutos, griten de gozo los árboles del bosque. R.
Griten de gozo delante del Señor, porque
él viene a gobernar la tierra: Él gobernará al mundo con justicia, y a los
pueblos con su verdad. R.
ALELUYA Jn 1, 14. 12
Aleluya. La Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros. A todos los que la recibieron, les dio el poder de
llegar a ser hijos de Dios. Aleluya.
EVANGELIO Jn 1, 1-18
Evangelio
de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a
Dios, y la Palabra
era Dios. Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio
de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y
la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las
tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se
llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que
todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la
luz. La Palabra
era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo
no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos
los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de
llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de
la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por
Dios. Y la Palabra
se hizo carne y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria, la
gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: “Éste es aquél del que yo dije: El
que viene después de mí, me ha precedido, porque existía antes que yo”. De
su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre
gracia; porque la Ley
fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado
por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado, es el
Dios Hijo único, que está en el seno del Padre.
Palabra
del Señor.
COMENTARIO
Estar en la “Octava de Navidad” es estar en una fiesta que dura ocho
días. Cada día se celebra como el día en que nace Jesús. La Iglesia, quiere de
este modo, que haya mucho tiempo para celebrar, agradecer, orar y meditar
sobre este misterio. Por eso, podemos decir con total verdad, que hoy Jesús
ha nacido; hoy el hombre, finalmente, ha alcanzado un lugar de privilegio,
porque Dios lo eligió como morada.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Dios nuestro, fuente del amor sincero y
de la paz, concédenos glorificar tu nombre con estas ofrendas que te presentamos;
y por la participación en la eucaristía ayúdanos a vivir unidos en un solo
corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN 1Jn 4, 9
Dios envió al mundo a su Hijo único para
que tengamos Vida por medio de él.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, que tu pueblo constantemente dirigido por ti, reciba de tu
bondad la ayuda en el presente y en el futuro, para que, consolado en sus
necesidades con las cosas transitorias, aspire con mayor confianza a los bienes
eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.
|
|
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”
Jn 1, 1-18
Comentario-estudio de la lectura del
santo Evangelio según Juan (1)
(Este comentario es solo a efectos
pedagógicos)
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
1. AL PRINCIPIO ERA EL VERBO, Y EL VERBO
ESTABA EN DIOS, Y EL VERBO ERA DIOS.
EL ESTABA AL PRINCIPIO EN DIOS.
San Juan comienza a describir
al Verbo con relación “al principio”. Porque no pensar que el evangelista
recuerda el pasaje de la creación en el Génesis. Toda la obra creadora que
se describe en el Génesis, fue hecha por palabra creadora de Dios; es
precisamente lo que aquí se va a decir del Verbo. Este “principio” es,
pues, punto de referencia con relación al existir del Verbo. Es una
valoración absoluta. En el lenguaje bíblico, antes de la creación de las
cosas no hay más que la eternidad de Dios. Por tanto, si en el “principio,”
en la creación de las cosas, pues todas van a ser creadas por el Verbo,
éste existía ya, es que no sólo es anterior a ellas, sino que es eterno. A
esta misma conclusión se llega, lógicamente, por la conexión con el final
de este mismo versículo, donde se dice explícitamente que este Verbo era
Dios. Luego eterno, “principio” absoluto (cf. Jn 17:5-24).
Por eso el evangelista utiliza
la forma imperfecta de “existía”. No limita su duración ni a un tiempo
pasado, como decir fue, o como un tiempo presente y decir existe, sino que
lo acusa en su duración indefinida.
Juan en esta primera parte del
versículo expresa la eternidad de este Verbo.
En la segunda mitad del verso,
va a expresar la distinción entre este Verbo y el Padre. Pues el Verbo
“estaba en Dios”. Es una proximidad interna, íntima, de persona a persona
(Jn 10:30; 14:20; 17:20.23). Esta expresión que se utiliza parecería a
primera vista muy sugerente, ¿Acaso está puesto con una intención muy
marcada por el evangelista, para indicar que ese estar el Verbo con el
Padre no era estático, sino dinámico: en íntima vitalidad con él
La conclusión es que el Verbo
estaba “en Dios.” La forma, con artículo, significa al Padre, en
contraposición a la misma palabra sin artículo, que sólo expresa la
divinidad. Esta distinción, revelación de personas en el seno de la Trinidad es tema del
evangelio de Jn (Jn 10:30; cf. 2 Cor 13:13).
En esta misma segunda mitad del
verso, a la eternidad del Verbo, enseñada antes, añade ahora Jn una
distinción en el seno de la divinidad. Lo que se ve incluso por
lingüística: que el Verbo estaba con “el Padre.” Dios tiene, pues, un Hijo
eterno.
En la tercera mitad del verso,
se proclama explícitamente la divinidad del Verbo: “y el Verbo era Dios.”
Sintéticamente resume el
evangelista todo su pensamiento en una expresión final: este Verbo así
descrito estaba eternamente con el Padre.
2. TODAS LAS COSAS FUERON HECHAS POR EL, Y
SIN EL NO SE HIZO NADA DE CUANTO HA SIDO HECHO.
Juan expone esta enseñanza con
un paralelismo encontrado. Todas las cosas, que, sin artículo, no indican
las cosas globalmente, sino que señalan a cada una en particular, fueron
hechas por El y sin El no fue hecho nada; y acusándose enfáticamente (Is
39:4; Jer 42:4) que “ni una sola cosa” existe que no haya sido hecha por
El.
Si el Verbo es Dios, ¿qué
causalidad o qué mediación tiene el Verbo en la obra de la creación? El
pensamiento de Jn sobre esta causalidad ha de valorárselo en su ambiente
bíblico. En efecto, en la
Escritura aparece un doble grupo de textos relativos a la
obra creadora o eficiente de Dios. En unos se acusa la acción eficiente o
causadora de Dios. Tales son los que hablan del “soplo de Dios,” del
“Espíritu de Dios,” de la “palabra” de Dios, mediante lo cual los seres son
creados. Otro grupo es el que presenta a Dios mirando, teniendo en cuenta,
para su obrar, a la “Sabiduría” (Prov. 8:27-30; Job 28:24-28). Dios obra
por “su palabra.” Pero no se excluye, conceptualmente, su entronque
bíblico, pues para Jn, siendo el Verbo Dios, la causalidad que tiene es tan
profunda como ha de ser la que le corresponde a Dios en la obra creadora.
3. EN EL ESTABA LA VIDA, Y LA VIDA ERA LA LUZ DE LOS HOMBRES. LA LUZ LUCE EN LAS
TINIEBLAS, PERO LAS TINIEBLAS NO LA ABRAZARON.
Lo que fue hecho en El, era la
vida. El pensamiento es manifiestamente que las cosas que fueron hechas por
el Verbo tienen vida en El. ¿En qué sentido? No se trata de la vida de Dios
— del Verbo — en sí mismo, pues no dice que “el Verbo era la vida,” sino de
la vida divina en cuanto va a ser ampliamente participada. Pues esa “vida”
va a ser “luz” de los seres humanos.
En los pasajes bíblicos
sapienciales, los conceptos de la
Ley, la Sabiduría y la Palabra tienen un
paralelismo o identificación con el concepto de “luz.” Así como la luz
ilumina al hombre en su caminar diario, y bajo ella no tropieza o cae, como
en la noche (Jn 9:9-10), así el ser humano, caminando moralmente a la “luz”
de la Ley, de
la Sabiduría
o de la Palabra
divina, no tropieza ni cae en su marcha moral hacia Dios: Lámpara es a mis
pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. (Sal 119:105)
Estos dos conceptos de “vida” y
de “luz” andan parejos en el A.T. Si no son sinónimos, están íntimamente
entrelazados. La “luz” conduce a la “vida.” Con esta “luz” se “vive” la
vida verdadera. Es la misma forma de expresarse Jn en su primera epístola
(1 Jn 1:5-11; 2:8-11). Así, el pensamiento del evangelista en el “prólogo”
es el siguiente: Esta misma “vida” es “luz” para los seres humanos. ¿Cómo?
Toda la obra de la creación era, de suyo, “luz” para que los seres humanos
pudiesen venir en conocimiento de Dios y de la vida moral (Rom 1:19-22).
Pero no sólo era “luz” para conocerle teóricamente, sino para conocerle y
encuadrarse en esta “luz,” lo que era “vivirla”: vivir la vida
religiosa-moral. Por eso, esa “luz” que les viene y conduce al Verbo, era
ya en el mismo, en el sentido bíblico expuesto, “vida” para los seres
humanos
“La noción de “vida,” lo mismo
que la de “luz,” en el evangelio de Jn entra en la esfera de lo divino.”
La expresión “La luz luce en
las tinieblas” se explica bien teniendo en cuenta la acción permanente de
la irradiación de la luz del Verbo: es un sol permanente. Pero, frente a
él, “las tinieblas” tomaron una posición hostil a esta luz. ¿Quienes son
estas “tinieblas”? Instintivamente se piensa en que estas “tinieblas” sean
los hombres malos, hostiles a la luz, pero las “tinieblas” no pueden ser
los hombres. En otros pasajes del mismo evangelio se dice que los “hombres”
caminan en las “tinieblas” (Jn 8:12; 12:35; 1 Jn 2:11), o que ellos
permanecen en las “tinieblas” (Jn 12:46; 1 Jn 2:9-11), o que las
“tinieblas” amenazan sorprender a los hombres (Jn 12:35); pero jamás se
dice que los hombres sean las “tinieblas.” En los manuscritos de Qumrán hay
un largo fragmento que se titula “Guerra de los hijos de la luz y de los
hijos de las tinieblas,” y en él se lee: “En manos del Príncipe de la luz
está el gobierno de los hijos de la justicia, que caminarán por los
senderos de la luz; en manos del ángel de las tinieblas está el gobierno de
los hijos de la iniquidad, que caminarán por los senderos de las
tinieblas.” Por el término de tinieblas no hay que pensar en los hombres
incrédulos, sino en el mundo satánico, opuesto a Dios.
A esta misma conclusión llevan
otras razones. Jn está imbuido en los “sapienciales.” Y en ellos se dice
que a la “Sabiduría no la vence la maldad” (Sab 7:30). El mismo pensamiento
se lee en las Odas de Salomón, en donde se dice que “la luz no sea vencida
por las tinieblas” (18:6).
El pensamiento del evangelista
es que esa “luz” del Verbo que luce en el mundo no pudo ser “vencida” ni
aplastada por los poderes del mal — demoníacos y gobernadores del mal en
los hombres — que influyen en el mundo en su lucha contra la verdad y el
misterio del Mesías. San Pablo dirá que nuestra lucha es “contra
dominadores de este mundo tenebroso” (Ef. 6:12).
4. HUBO UN HOMBRE ENVIADO DE DIOS, DE
NOMBRE JUAN. VINO ÉSTE A DAR TESTIMONIO DE LA LUZ, PARA TESTIFICAR DE
ELLA Y QUE TODOS CREYERAN POR ÉL.
El Verbo hasta ahora no había
ofrecido a los hombres más que una cierta participación de su luz; ahora va
a darla con el gran esplendor de su encarnación. Para esto aparece
introducida la figura del Bautista, y aparece situado en un momento
histórico ya pasado, en contraposición al Verbo, que siempre existe. Juan
no viene por su propio impulso; “es enviado por Dios.” Trae una misión oficial.
Viene a “testificar”, que en su sentido original indica preferentemente un
testigo presencial Viene a testificar a la Luz, que se va a encarnar, para que todos
puedan creer por medio de él. El prestigio del Bautista era excepcional en
Israel (Jn 1:19-28), hasta ser recogido este ambiente de expectación y
prestigio por el mismo Flavio Josefo. El tema del “testimonio” es uno de
los ejes en el evangelio de Jn, que se repartirá multitud de veces y por
variados testigos.
5. NO ERA ÉL LA LUZ, SINO QUE VINO A DAR
TESTIMONIO DE LA LUZ. ERA
LA LUZ VERDADERA,
(LUZ) QUE VINIENDO A ESTE MUNDO ILUMINA A TODO HOMBRE. ESTABA EN EL MUNDO Y
POR EL FUE HECHO EL MUNDO, PERO EL MUNDO NO LE CONOCIÓ VINO A LOS SUYOS, PERO LOS SUYOS NO LE
CONOCIERON.
Se insiste en algo evidente:
que Juan no era la Luz,
sino que venía a testificar a la
Luz, puesto que el bautista sólo testifica al verbo
“encarnado,” en los pasajes.
El Verbo es la luz verdadera.
Así como de Dios se dice que es “verdadero” en oposición a los ídolos (Jn
17:3; 1 Jn 5:20), o lo mismo que Cristo es el pan “verdadero” en oposición
al maná (Jn 6:32), así el Verbo es llamado luz “verdadera” porque en él se
incluyen todas y plenamente las cualidades, metafóricamente, de la luz,
pero elevadas al orden religioso-moral (Jn 7:28:17:3; cf. Rom 3:4). Es el
ordenamiento divino, en contraposición a los planes del hombre falaz,
pecador.
Esta luz del Verbo ilumina a
todo ser humano. “Luz verdadera que ilumina a todo hombre (luz) que está
viniendo a este mundo.” Así dirá Jn en otros pasajes que “vino la luz al
mundo” (Jn 3:19; 9:39; 12:46). Por eso, esa “luz” así descrita “estaba en
el mundo,” y lo estaba precisamente porque el “mundo fue hecho por el
Verbo.” Pero el “mundo” no “conoció” a esta Luz: a Dios Verbo. Los seres
humanos debieron conocerlo. Las obras les llevaban a su conocimiento y
servicio (Sab 13:1-9; Rom 1:19-23). Pero este “conocimiento” no es un
simple conocimiento intelectual; hay que valorarlo en el sentido semita: un
conocimiento que entraña una vida y una actitud moral y servicio a Dios.
Así se lee en Jeremías: “Hacía justicia al pobre y al desvalido. Esto es
conocerme, dice Yahvé” (Jer 22:16; cf. Os 4:1-6). Los hombres, teniendo
motivos para conocer y servir a Dios, no lo hicieron: “el mundo no le
conoció.”
Pero no sólo el “mundo,” sino
“que vino a los suyos. “Y no le recibieron.” ¿Quiénes?, siempre se
interpreta esta expresión a Israel, pueblo especialmente elegido de Dios.
Vino la Luz a Israel con su Ley,
con sus profetas, con sus enseñanzas; le anunciaron un Mesías., y fueron
rebeldes — ¡tantas veces! — a esta Luz de Dios, del Verbo. Y vino el Verbo
encarnado a ellos, a su pueblo, al pueblo que le esperaba, y cuando llegó a
ellos., Israel no le conoció, no lo recibió., y ¡crucificó! al Mesías.
6. MAS A CUANTOS LE RECIBIERON DIOLES
PODER DE VENIR A SER HIJOS DE DIOS, A AQUELLOS QUE CREEN EN SU NOMBRE; QUE
NO DE LA SANGRE,
NI DE LA VOLUNTAD
CARNAL, NI DE LA VOLUNTAD DE VARÓN, SINO DE DIOS SON NACIDOS.
Frente a este panorama del
paganismo y de Israel, que no recibe la Luz del Verbo, tono trágico con que el
evangelista expone esta actitud del mundo frente a la Luz, va a describir, por
contraste, la ventaja incomparable que se sigue a los seres humanos de
dejarse iluminar por esta Luz de Dios.
San Juan ha afirmado que no recibieron,
no “aceptaron” esta Luz ni los paganos ni los judíos. El modo semita de
hablar gusta de hacer afirmaciones rotundas, de fórmulas absolutas, sin
matizar ni acusar las excepciones (Jn 3:31-32). Por eso podría ser que el
evangelista pensase sólo en grupos — incluso mayoritarios — judíos y
paganos que no recibieron esta Luz. Y hasta no sería improbable que
influyese sobre él, para esto, o los hechos — grupo de creyentes —, o la
promesa de existencia de un “resto” santo en el Israel fiel. Por eso hubo un
sector que “le recibieron.” ¿Cómo? “Creyendo en su nombre” (12; cf. Jn
3:11-12; 12:46-50; 5:43-44). Esta expresión es característica de Juan.
Treinta y cuatro veces la usa en su evangelio y tres en su primera
epístola, mientras que en el resto de todo el Nuevo Testamento sólo sale
nueve veces. Nombre, según el modo semita, está por persona. “El que cree a
alguien, recibe su testimonio; pero el que cree en alguien se entrega
totalmente a él.” En el vocabulario de Juan, “creer en El” es entregársele
plenamente.
A estos que así “creen,” que
así se entregan al Verbo, en esta perspectiva de Jn, les confiere el mismo
Verbo, sujeto de todo el desarrollo oracional, un gran don: el poder ser
hijos de Dios. La gracia de este don del Verbo es ser “hijos de Dios.”
7. Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE
NOSOTROS.
En esta sección se proclama la
encarnación del Verbo (v.14ª), y se lo garantiza luego con un doble grupo
de testimonios: uno sus discípulos (v.14b), El evangelista, que no
explícito desde el v.3 al Verbo, lo vuelve a tomar por sujeto explícito,
como si quisiese precisar bien que el Verbo del que habló, estando en el
seno de la divinidad, es el mismo sujeto que se va a encarnar. El Verbo,
que se lo describía en su existencia eterna: “era,” “existía,” actuó en un
momento histórico: “fue,” “se hizo.” A la duración eterna sucede una
actuación temporal. Se hizo “carne”. No dice, como en otras ocasiones, que
se mudó (Jn 2:9), sino que se hizo, que tomó “carne,” sin dejar de ser
Verbo. No sólo todo el evangelio de Jn estaría contra esto, sino que
explícitamente lo dice el v.18b-e.
¿Por qué Juan dice que se hizo
“carne” y no que tomó cuerpo ο que se hizo hombre? No dice “cuerpo,”
probablemente porque no implica vida; ni “hombre,” para indicar mejor el
contraste que se propuso expresar entre la grandeza del Verbo y el nuevo
estado que va a tomar. “Carne,” en el lenguaje bíblico, no es carne sin
vida, sino que es el ser humano todo entero, pero acusando el aspecto de su
debilidad, de su humildad inherente a su condición de criatura (Sal 56:5;
Is 40:6; Mt 24:22; Jn 3:6; 17:2).
Juan afirma el hecho de la
encarnación del Verbo, pero no indica el momento histórico en que esto se
realizó. Lucas es el que lo precisa en el relato de la “anunciación.” Y,
aunque Juan tampoco dice como haya de representarse la encarnación del
Verbo, evidentemente no se trata de una transformación de la divinidad en
la humanidad que asume; estaría contra ello todo el evangelio del
hombre-Dios. Es una unión estable e indesunible.
Una vez proclamada explícitamente
la encarnación del Verbo, el evangelista hace ver que fue un hecho real,
pero no desconocido, sino que presenta un doble testimonio de este hecho
histórico. El primero es el de un grupo — “nosotros” —, que son ciertamente
los apóstoles, y probablemente un grupo mayor: discípulos y aquellos que en
Palestina fueron testigos. El autor del evangelio se incluye, por tanto, en
el grupo de estos testigos. Este mismo testimonio lo traerá en la primera
epístola (1:1-3ª). Alega este testimonio porque el Verbo encarnado “habitó
entre nosotros.” Por eso ellos son un testimonio irrebatible.
8. Y HEMOS VISTO SU GLORIA, GLORIA COMO DE
UNIGÉNITO DEL PADRE, LLENO DE GRACIA Y DE VERDAD
Por eso, al morar “entre
nosotros,” dice el evangelista enfáticamente, “nosotros vimos su gloria.”
Este “ver” que dice el evangelista es una visión sensible. Este verbo nunca
significa en el Ν. Τ. una visión intelectual, sino sensible.
Estos testigos han “visto con sus ojos” lo que garantizan; pero no se
excluye con esta expresión un sentido más amplio de percepción, aunque
sensible (1 Jn 1:1-3), v. gr., oír, tocar, etc.
Lo que el evangelista “vio,” lo
que este grupo testifica, es que “vieron (con sus ojos) su gloria.”
Aludiéndose a la presencia de la divinidad en el tabernáculo con el verbo
citado, esta “gloria” de Cristo responde también a la gloria de Yahvé, que
llenaba el tabernáculo
Esta “gloria” no era otra cosa,
como dice el evangelista, que la que le correspondía al que era “Unigénito
del Padre.” La conjunción “como” no indica una comparación de semejanza,
como si el Verbo encarnado disminuyese en su esencia, sino que tiene valor,
como en tantos otros casos, de una afirmación e identidad. Así, se lee en Marcos:
Cristo “les enseñaba como quien tiene autoridad” (Mc 1:22), es decir,
teniendo verdaderamente esta autoridad (Mt 7:29; Lc 6:22; Rom 6:13; 2 Cor
2:17, etc.). Lo contrario iría contra toda la doctrina del “prólogo” y del
evangelio mismo de Juan.
Esta “gloria” que tenía, le
mostraba también “estar lleno de gracia y de verdad.” Considerada la forma
“lleno” como forma indeclinable, da una lectura excelente junto con la más
lógica posibilidad gramatical, por proximidad, al concordarlo con
“Unigénito.” Es el Verbo encarnado, el Unigénito del Padre, al que
testifican estos discípulos, al que vieron lleno de “gracia y de verdad.”
Los que traducen el pensamiento de Juan interpretando las palabras “gracia”
y “verdad” en su exclusivo sentido etimológico, lo interpretan así: “Gracia
dice abundancia de dones espirituales, tanto para sí mismo (Col 2:9) como
para otros (cf. v.16); y verdad, en el estilo joanneo, significa el
verdadero conocimiento de Dios, “que procede de Dios y lleva a Dios (cf.
8:46ss; 18:37), la verdadera estimación de las cosas espirituales, la
genuina noticia de las cosas celestes y, en consecuencia, el concepto
idóneo de las terrestres.” Es a esta interpretación donde llevaría el v.16.
9. JUAN DA TESTIMONIO DE EL, CLAMANDO:
ESTE ES DE QUIEN OS DIJE: EL QUE VIENE DETRÁS DE MÍ HA PASADO DELANTE DE
MÍ, PORQUE ERA PRIMERO QUE YO.
Manifiestamente el v.15 rompe
la consecuencia del cursus, siendo un paréntesis. Pues el v.14 se une,
lógicamente, con el v.16. Debe de ser una interpolación, inspirada, y que
guarda el puesto correspondiente de su “inclusión semítica” con los v.6-8
33.
El evangelista, discípulo del
Bautista, evoca aquí el testimonio del Precursor, en correspondencia
estructural con el v.6-8. El Bautista tenía la misión de testimoniar al
Verbo encarnado. Acabando de afirmar la encarnación, al punto le brota la
escena en que el Bautista testifica que Cristo es el Verbo encarnado. La
escena es vivamente descrita. Está redactado al modo de los antiguos
profetas. Usa el enigma, tan del uso oriental, para excitar más la atención
de los oyentes. La expresión antes que yo, nunca se dice en el Ν.
Τ. de prioridad temporal Es la confesión de la preexistencia de Cristo
(Jn 3:30).
10. PUES DE SU PLENITUD RECIBIMOS TODA
GRACIA SOBRE GRACIA. PORQUE LA
LEY FUE DADA POR MOISÉS; LA GRACIA Y LA VERDAD VINO POR
JESUCRISTO.
Terminado este evocador
paréntesis, estos versículos se unen conceptualmente al 14e, al que
desarrollan. Allí se proclama al Verbo encarnado “lleno de gracia y de
verdad.,” “por lo que de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia.”
En la nueva obra recibimos todos una gracia torrencial, como participada y
dispensada y proporcionada al Verbo encarnado, que la tiene en plenitud.
Esta obra maravillosa
dispensada por el Verbo hecho carne evoca en el Evangelista la antigua
economía, promulgada en el Sinaí (Ex c.33 y 34), contraponiendo ambas. Allí
fue “dada” por Moisés. Moisés era ministro y servidor. Aparece su Ley como
algo normativo y oneroso. Pero en contraposición de esto está la obra de
Jesucristo. La oposición entre la
Ley y la
Gracia es un tema dominante “de la teología paulina:
mostrar el contraste entre las obras humanas y el don de Dios. Juan, en cambio,
declara abiertamente que el A.T. resulta superado y anulado por la Gracia y la Verdad que provienen de
Cristo.” A la Ley
se contrapone con superación la “gracia” y la “verdad.” Estas “fueron,” es
decir, vinieron por Jesucristo. ¿En qué sentido? ¿En el sentido de que
aparecieron en El? ¿O en el sentido de que son dispensadas por El?
Este segundo sentido es el que
se impone: primero, por la contraposición con Moisés: éste le dio la Ley a Israel; Cristo da,
dispensa, a los hombres la “gracia.”; en segundo lugar porque este
versículo es continuación manifiesta de los 14-16, y especialmente de éste
último, en el que se dice que de “su plenitud recibimos todos” la gracia
correspondiente a la gracia, que se encuentra en plenitud en el Verbo
encarnado.
11. A DIOS NADIE LE VIO JAMÁS; DIOS
UNIGÉNITO, QUE ESTÁ EN EL SENO DEL PADRE, ÉSE NOS LE HA DADO A CONOCER.
San Juan hace una reflexión
final, va a explicitar al resolver una objeción que era una convicción en
el A.T.: no se podía ver a Dios sin morir (Ex 33:20; Jue 13:21.22,). Así
dice terminantemente Jn: que a Dios nadie le vio. No le vieron, pues, ni
Moisés (Ex 32:22-23) ni Isaías (Is 6:1.5). Acaso Jn piensa también
explícitamente en éstos. No vieron a Dios” facialmente”; sus
manifestaciones fueron teofanías simbólicas. La naturaleza divina es
inaccesible al ojo humano (1 Jn 3:2). Pero lo que no puede ver el ojo
humano, lo puede descubrir a él el que es Dios.
La expresión “en el seno del
Padre,” en lenguaje bíblico, expresa la idea de afección e identidad. Así,
el niño reposa en el seno de su madre (1 Re 3:20; cf. Núm 11:12). La mujer
reposa por afección sobre el seno de su marido (Dt 28:54-56). Noemí toma al
hijo de su nuera y lo pone con afección sobre su seno (Rut 4:16). El
discípulo “amado de Jesús” estaba “recostado sobre el pecho de Jesús” (Jn
13:23). Por eso, con la expresión “el Unigénito del Padre,” que está
perennemente en el “seno del Padre,” se está acusando la constante
intimidad y afección entre ambos, por lo que, estando en sus secretos,
puede comunicarlos.
La paz del Señor viva en sus corazones
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
Para este estudio y
reflexión, se han utilizado dos textos Bíblicos, Biblia de Jerusalén
versión estudio, de donde se han tomado las referencias y la Biblia de
Nacar-Colunga, de esta última se han considerado algunas precisiones y comentarios.
|