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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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Fecha: 04-08-2011
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Edición Nº MD 2975
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T.O. CICLO A, SEM XVIII
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LITURGIA DE LA HORAS
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JUEVES, San Juan María
Vianney, presbítero. (MO). BIanco.
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DÍA DEL PÁRROCO
ANTÍFONA DE
ENTRADA Cfr. Sal 131,9
Tus
sacerdotes, Señor, se revistan de justicia y tus fieles exulten de alegría.
ORACIÓN
COLECTA
Dios de
poder y misericordia, que hiciste admirable al presbítero san Juan María
por su entrega pastoral, concédenos, a ejemplo suyo y con su intercesión,
que procuremos, con la caridad, llevar hacia Cristo a los hermanos y
alcanzar junto con ellos la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios,
por los siglos de los siglos.
LECTURA Núm
20, 1-13
Lectura del libro de los Números.
Toda la comunidad
de los israelitas llegó al desierto de Sin, y el pueblo se estableció en
Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam. Como la comunidad no tenía agua,
se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón. El pueblo promovió una
querella contra Moisés diciendo: « ¡Ojala hubiéramos muerto cuando murieron
nuestros hermanos delante del Señor! ¿Por qué trajeron a este desierto a la
asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, nosotros y nuestro ganado?
¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar
miserable, donde no hay sembrados, ni higueras, ni viñas, ni granados, y
donde ni siquiera hay agua para beber?» Moisés y Aarón, apartándose de la
asamblea, fueron a la entrada de la
Carpa del Encuentro y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les
apareció la gloria del Señor, y el Señor dijo a Moisés: «Toma el bastón y
convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. Después, a la vista de
todos, manden a la roca que dé sus aguas. Así harás brotar para ellos agua
de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado». Moisés tomó el
bastón que estaba delante del Señor, como Él se lo había mandado. Luego
Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés les dijo:
«Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para
ustedes?» Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. El
agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado. Pero el
Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Por no haber confiado lo bastante en mí
para que Yo manifestara mi santidad ante los israelitas, les aseguro que no
llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado». Éstas son las
aguas de Meribá --que significa “Querella”-- donde los israelitas
promovieron una querella contra el Señor y con las que Él manifestó su santidad.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
El descubrimiento de
un pozo de agua es considerado por los nómadas como una bendición, y los
corazones, incluso rebeldes, se vuelven hacia Dios para agradecerle. El
pueblo entero sediento protestó como queriendo exigir cuentas a Dios.
Moisés y Aarón flaquearon en la fe, golpeando dos veces la roca y no
cumplieron el precepto de santificar el nombre de Dios y aceptar su
voluntad soberana. La santidad de Dios está por encima de todo cálculo de
oportunismos humanos.
SALMO Sal 94,1-2. 6-9
R. ¡Ojala escuchen hoy la voz del
Señor!
¡Vengan,
cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos
hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! R.
Entren,
inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos
creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano. R.
Ojalá hoy
escuchen la voz del Señor: No endurezcan su corazón como en Meribá, como en
el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras. R.
ALELUYA
Mt16,18
Aleluya. Tú
eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la
muerte no prevalecerá contra ella. Aleluya.
EVANGELIO Mt
16,13-23
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo.
Al llegar a
la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: « ¿Qué
dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» Ellos le
respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros,
Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen
que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el
Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás,
porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre
que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la
tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra,
quedará desatado en el cielo». Entonces ordenó severamente a sus discípulos
que no dijeran a nadie que Él era el Mesías. Desde aquel día, Jesús comenzó
a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de
parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía
ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y
comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no
sucederá». Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «Retírate, ve detrás de
mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son
los de Dios, sino los de los hombres».
Palabra del Señor.
COMENTARIO
¿Quién es Jesús? Es
una pregunta capital cuya respuesta condiciona la manera de pensar, vivir y
esperar. « Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Es la profesión de fe
de Pedro, tan sencilla en su formulación como profunda en su contenido,
expresada bajo una iluminación del cielo. Simón, el primero de los Doce, y
Jesús se dan recíprocamente sus títulos respectivos. El primero reconoce en
Jesús al Mesías, afirmando, al mismo tiempo, su origen divino. Jesús da a
Simón el título de Pedro y hace de él su vicario. Es la ley de la caridad
la que explica la institución de una primacía. Como dijo san Ireneo, el
papel de Pedro es el de «presidir» en la caridad. Es el mismo servicio que
llevará adelante Benedicto XVI, ya que Cristo sigue siendo la Cabeza y el
Papa su vicario.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe,
Señor, la ofrenda que presentamos en tu altar en la con memo- ración de san
Juan María, y así como a él lo glorificaste por estos misterios, concédenos
a nosotros tu bondadoso perdón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE
COMUNIÓN Cf r. Mt 24, 46-47
Feliz aquel
servidor a quien su señor, al llegar, lo encuentre velando; les aseguro que
lo hará administrador de todos sus bienes.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos,
Dios todopoderoso, que la participación en la mesa celestial robustezca y
aumente las fuerzas espirituales de quienes celebramos la fiesta de san
Juan María; para que guardemos con integridad el don de la fe y recorramos
el camino que él nos señaló. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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REFLEXIÓN
BÍBLICA
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«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
vivo»
Mt. 16, 13-23
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant ocds
1.
¿QUIÉN
DICE LA GENTE QUE SOY YO?
Al llegar a la región de
Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Qué dice la gente
sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?
Es en este lugar de Cesárea de
Filipo, es el momento cuando Jesús, dirigiéndose a los discípulos, les hace
abiertamente esta pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo? Jesús no lo
ignoraba por su conocimiento sobrenatural, pero también lo que pensaba la
gente de El lo sabía, como los apóstoles, por el rumor popular. ¿Por qué
les pregunta primeramente a ellos lo que piensan de El las gentes?
El contacto de los apóstoles
con las muchedumbres a causa de la predicación y milagros de Jesús les
había hecho recibir toda clase de impresiones en torno a esto. Las que
recogieron eran éstas: Jesús, para unos, era Juan Bautista, sin duda
resucitado, como sostenía el mismo Antipas. Pues esta opinión había cobrado
cuerpo entre el pueblo, ya que Lucas mismo dice que Antipas estaba
preocupado con la presencia de Jesús, puesto que algunos decían que era
Juan, que había resucitado de entre los muertos (Lc 9:7).
Para otros, Jesús era Elías.
Lucas recoge en otro lugar esta creencia popular. Jesús era, para diversos
grupos, Elías, que había aparecido (Lc 9:8). Según la estimación popular,
Elías no había muerto, y debía venir para manifestar y ungir al Mesías.
Otros piensan que fuese
Jeremías (Mateo). El profeta Jeremías era considerado como uno de los
grandes protectores del pueblo judío, sobre todo por influjo del libro II
de los Macabeos (2:1-12). Pero no pasaba por un precursor del Mesías. Mateo
ya hizo referencia a él (2:17). Acaso se lo cita por el simple prestigio
que tenía en el judaísmo, y del que se podrían esperar cosas
extraordinarias.
Por último, sin saber a ciencia
cierta quién sea, para muchos era algún profeta de los antiguos, que ha
resucitado (Lucas). Era el poder milagroso de Jesús el que los hacía creer
en la resurrección de un muerto (Mt 14:2; Mc 6:14).
No deja de extrañar el que los
apóstoles no citen, tomado de la opinión de las gentes, el que El fuese o
pudiese ser el Mesías.
Así fue como ellos le
respondieron: Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros,
Jeremías o alguno de los profetas. Y ustedes, les preguntó, ¿quién dice que
soy?
2.
TÚ
ERES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS VIVO
Por eso, después de oír lo que
las gentes pensaban de El, se dirige a los apóstoles para preguntarles
abiertamente qué es lo que, a estas alturas de su vida y de su contacto de
dos años con El, han captado a través de su doctrina, de su conducta, de
sus milagros. Era un momento sumamente trascendental. Si no fuera que Jesús
tenía un conocimiento de todo por su ciencia sobrenatural, se diría que
esperaba impaciente la respuesta de sus apóstoles.
Los tres sinópticos no dicen la
respuesta que hayan podido tener éstos. Sólo recogen la respuesta que le
dirigió Pedro. Todos los detalles se acumulan en la narración de Mateo para
indicar no sólo la precisión que interesa destacar, sino con ella acusar la
solemnidad del momento y la trascendencia del acto.
Mientras Marcos y Lucas
presentan sin más a Pedro, Mateo lo precisa ya de antemano como Simón
Pedro. En efecto, Pedro tenía por nombre Simón (Mateo 4:18 y par.). En Juan
se lee que Jesús, al ver por vez primera a Simón, le anunció que será
llamado Pedro (Jn 1:42). Ya desde un principio, Jesús puso en Simón la
elección para Pedro, para ser piedra El conservar aquí los dos nombres es
sumamente oportuno.
La confesión de Simón Pedro es
expresada así: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Aquí se confiesa
por Pedro la mesianidad y la divinidad de Jesús. Al decir que es el Mesías,
indica su relación supereminente de autoridad con Dios — el Padre — que lo
envía.
Pedro, desde su primer
encuentro con Jesús, deja al descubierto, por una parte, la amistad no
disimulada del Maestro, y por otra, la entrega sin reservas a su servicio o
compañía, es así como Pedro sabe quien es Jesús, el Mesías, el Hijo de
Dios.
3.
DICHOSO
TÚ, SIMÓN, HIJO DE JUAN!, PORQUE ESO NO TE LO HA REVELADO NINGÚN MORTAL,
SINO MI PADRE QUE ESTÁ EN LOS CIELOS.
La respuesta de Jesús tiene dos
partes bien marcadas: la primera es una felicitación a Pedro por la
revelación tenida. La felicitación de Jesús a Simón es porque esta
confesión no se la reveló ni la carne ni la sangre, con la que se expresa
el ser humano. Tal era la grandeza de este misterio, que su revelación se
la hizo su Padre celestial. Se trata, pues, de un misterio desconocido a
Pedro, y un misterio que no podía, sin revelación, ser alcanzado por la
carne y sangre — el hombre — Entonces, este conocimiento no es por su
capacidad humana, es un don de Dios. En efecto, Pedro alcanzó este
conocimiento por la fe.
Jesús, volviéndose a Simón, le
dice: Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia. Y Jesús lo eligió como la roca para construir sobre ella su
Iglesia y le confirió los poderes para llevar a la salvación a todos los
hombres. Pedro es la roca, en el sentido de que la fe y los creyentes no
pueden tener otra fe que la de los apóstoles y profetas, que son los que
enseñan esa verdad, que está construida sobre la piedra angular de Jesús, y
así es, como luego dice; y el poder de la Muerte no prevalecerá contra
ella. Es decir, no podrá vencer a la Iglesia, pues ésta está firme y
estable, porque está construida sobre la roca firme, que es Jesús.
Dice Jesús: Los poderes del
infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los
cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo
que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. La promesa es que
ese atar y desatar sobre la tierra tendrá su automática ratificación en el
cielo. Todo lo relacionado con esta misión — cuanto permita o prohíba en el
reino, todo eso será también ratificado en el cielo. Y eso garantizado por
Jesús.
4.
DÍA
ESPECIAL, PARA REZAR POR EL PAPA
Así, Pedro como Mayordomo de la
Casa de Dios, ha recibido el poder para admitir o excluir, según el
Evangelio y de administrar la comunidad, en Pedro recaerán las
responsabilidades de la doctrina y de la moral, el podrá decidir lo que es
bueno y licito para su Iglesia y sus miembros, sentencia que será
ratificada Por Dios en lo alto de los cielos.
Así, como Pedro en épocas de la
Iglesia naciente, hoy el Papa, su sucesor, es el encargado de animar la fe
en nuestra comunidad creyente, el es en nombre de Jesucristo Pastor y guía
de la Iglesia.
Como Pedro en los orígenes y
ahora le ha correspondido a Benedicto XVI, hasta hace unos años atrás a
Juan Pablo II, fundamento visible de la unidad y de la caridad de la
Iglesia.
A través del Evangelio, podemos
comprender como Jesucristo, nos invita a acoger al sucesor de Pedro, y a
mirarlo con los ojos de la fe.
Este es un día especial, para
rezar por el Papa y es una buena ocasión para apoyar su inmensa obra a
favor de la comunidad cristiana y de toda la humanidad. Dios le Bendiga
5.
Y
LES ORDENÓ A SUS DISCÍPULOS QUE NO DIJERAN A NADIE QUE ÉL ERA EL MESÍAS.
Los tres sinópticos añadirán,
después de esto, que Jesús prohibió a los discípulos que a nadie dijesen
que El era el Mesías, Dada la efervescencia mesiánica que había, y que se
había ya manifestado en orden a Jesús, hasta querer las multitudes
arrebatarlo para llevarlo a Jerusalén y proclamarle, sin duda en el templo,
“Rey,” Mesías (Jn 6:15), se imponía no contribuir a excitar a las gentes ni
precipitar los acontecimientos. Había que esperar la hora de Dios.
A partir de entonces, comenzó
Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer
allí mucho por parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los
escribas; Este entonces no significa en Mateo una contigüidad inmediata,
solo que a partir de esa época es cuando Jesús comienza a anunciarles su
muerte. Era un momento ya oportuno. Había que corregirles el concepto
erróneo del medio ambiente. No era el Mesías político nacionalista que los
judíos y ellos esperaban (Hech 1:6).
Era el Mesías profético del
dolor: el “Siervo de Yahvé” de Isaías. Por eso les anuncia: Que éste es el
plan de Dios, para esto ha de ir a Jerusalén: “No puede ser que un profeta
muera fuera de Jerusalén” (Lc 13:33), y que allí será condenado por “los
ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas” (Mateos), además allí
“sufrirá mucho” y será “entregado a la muerte.” Pero “al tercer día
resucitará. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo,
diciéndole: No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti.
6.
¡APÁRTATE
DE MÍ, SATANÁS
Pero Jesús se volvió y le dijo
a Pedro: « ¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi
camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!»
La respuesta de Jesús a Pedro
es que no sea para El un Satanás, el gran enemigo del reino. Por eso, la
proposición de Pedro, nacida de ignorancia y de afecto, era para el Señor
un obstáculo de seguirla, para no cumplir el mesianismo de dolor, que era
el plan del Padre. No es de extrañar en Pedro una dificultad para aceptar
aquellas profecías de Jesús. Pedro conocía y confesaba la mesianidad de Jesús,
pero algo deformada por los prejuicios rabínicos que el antes había oído
sobre un Mesías triunfador y nacionalista, entonces no le era fácil aceptar
la imagen de un Mesías doliente, humillado y crucificado por los jefes de
la nación. Así es como Jesús le hace ver que habla al modo humano y, que
elude el dolor.
Jesús debía padecer y morir,
ese era el Plan de Dios, pero ese sufrimiento había de ser la causa de
nuestra salvación.
Como a Pedro, nos sucede lo
mismo, el no entendía las cosas de Dios, del mismo modo, por no situarnos
en el Plan del Padre, se nos hace difícil entender sus obras. Tenemos
necesidad de despojarnos de los criterios del hombre y adoptar solo y
únicamente el de Jesucristo.
Cristo Jesús, vivan en nuestros corazones.
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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EL ACTO DE FE Y LA DUDA
Los dos episodios bíblicos de los que
hemos intentado realizar una breve lectura exegética se desarrollan entre
la murmuración, el acto de fe y la duda. Sin embargo, su lectura suscita
reflexiones, meditaciones, contrastes, acercamientos.
Por una parte, encontramos un pueblo
decididamente en rebelión contra Moisés, pero también contra Dios. La
prueba y la murmuración, la tentación y la sublevación afectan asimismo a
los sentimientos más humanos y se difunden como un contagio, como una
peste, entre la población. Con todo, Dios es siempre paciente con nosotros
y deja que la tentación nos pruebe y nos provoque, por eso pedimos en el
Padrenuestro que no caigamos en la tentación y, en última instancia, que
Dios no nos someta a la prueba, que es también un momento de verdad.
También esta vez nos da Dios una respuesta válida, aunque pasajera, como
hace en nuestra vida. No permite que seamos tentados por encima de nuestras
fuerzas.
Por otra parte, la confesión de fe de
Pedro nos coloca en la dirección apropiada de nuestra adhesión a Cristo,
hijo del Dios vivo. En tomo a la fe de Pedro y a la de sus sucesores nos
convertimos en Iglesia, asamblea de Dios, fundamentada en la fe en Cristo.
Debemos creer en la Iglesia y no sólo a la Iglesia. Creer en la Iglesia es
acogerla como un don de Cristo y amarla; sentir con la Iglesia es también
sentirla como algo nuestro, como algo vivo. A través de las vicisitudes del
tiempo, debemos sufrir por la Iglesia y, si hiciera falta, sufrir a causa
de la Iglesia. Sin perder nunca de vista al Señor de la Iglesia, sin poner
como prioridad sólo a la Iglesia del Señor.
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ORACION
(3)
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Somos con frecuencia, Señor;
como el pueblo de Israel en el desierto, dispuestos a murmurar contra ti,
superficialmente nostálgicos respecto a lo que hemos dejado a la espalda
con nuestra conversión, nuestro bautismo, nuestra vocación eclesial. Nos
espanta el futuro y no nos fiamos suficientemente de tus planes de
salvación. Sin embargo, tu Palabra es una palabra que invita no sólo a
creer, sino también a esperar, porque es palabra de promesa.
Concédenos el valor de
confesar tu nombre de Mesías e Hijo del Dios vivo. En medio de las
borrascas de la vida, en las incertidumbres, haznos recordar las promesas
que hiciste a tu Iglesia. Una Iglesia que puede ser una barca traqueteada
por las olas de las tempestades, pero siempre roca firme que tiene en ti,
Señor de la Iglesia, su fundamento y su piedra angular. Concédenos, sobre
todo, creer en ti incluso cuando te manifiestas y te proclamas Mesías
crucificado y te revelas así en nuestra vida. Concédenos también saber
esperar, con confianza, en tus promesas, hasta ese tercer día de la vida en
el que tú, Señor victorioso, te muestras siempre fiel.
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SANTORAL
(4)
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SAN JUAN MARIA VIANNEY 1786-1859
Los sucesos principales de la
vida de San Juan María Vianney son conocidos de todos: su infancia en
Dardilly (no lejos de Lyon), donde nació en mayo, día 8 de 1786, de padres
honrados, cristianos y pobres. Fue bautizado el mismo día de nacer. A los
nueve años todavía no sabía nada a no ser un poco de catecismo. A los once
recibió los sacramentos de Penitencia y Eucaristía. Eran malos los tiempos
por los que atravesaba Francia.
Por la mente de Juan María
corrió siempre el deseo de llegar algún día a ser sacerdote... Pero no
sabía nada y no había ningún maestro que estuviera dispuesto a enseñarle
las primeras letras. Le costaba mucho aprender.
Por fin ingresó en el Seminario.
Tenía 25 años cuando, en 1811, recibía la tonsura clerical. Al año
siguiente empieza los estudios filosóficos. No le entran con facilidad. Por
fin en junio de 1815 recibe el diaconado. Es un gran gozo para él.
Pero los superiores dudan si
debe ordenarse sacerdote o rogarle que abandone el seminario, porque el
sacerdote, piensan, debe ser un hombre de letras y a Juan María no le
entran.
Era el 13 de agosto de 1815
cuando recibió este don del sacerdocio Saltó de alegría. Ya era lo que
tanto ansiaba. Ya estaba dispuesto a morir por el rebaño que le fuera
encomendado.
Ars era un pueblecillo pequeño
y pobre y allí fue destinado este hombre lleno de ilusiones y con ganas de
entrega, se llegaba a la pequeña parroquia de Dombes que se haría famosa en
el mundo entero (1818), la transformación de Ars por obra de su celo y de
su enseñanza catequética, pero, sobre todo, por su oración y penitencias, y
más tarde la irrupción de las multitudes que, durante años, llenaron en
oleadas incesantemente renovadas los caminos del pueblo y abarrotaban la
iglesia desde el amanecer, y, por fin, la muerte de este sacerdote,
extenuado por la fatiga y transfigurado a causa de la alegría interior, una
radiante mañana de agosto de 1859: ¡Qué muerte tan agradable, cuando se ha vivido
en la cruz». Mas, no cabe duda de que es menester haber ido en
peregrinación a Ars, haber visto su pobre lecho y el tosco calzado, la
pequeña iglesita y el púlpito al pie del cual se sentara Lacordaire -, el
confesonario, en el que el santo pasaba a veces hasta catorce horas al día;
es menester haber meditado las páginas de sus sermones, con su escritura y
sus faltas de ortografía, para comprender, una vez más, cómo el Señor se
complace en "lo que no cuenta para anular a lo que cuenta" (1 Co
1, 28).
¿Alguna vez tienes la
sensación de no pertenecer realmente a este mundo? ¿De pertenecer realmente
a un tiempo o lugar diferentes? Aunque algunas tradiciones religiosas
aceptan la idea de la reencarnación, los cristianos y los santos cristianos
no. Pero los santos reconocerían que la sensación de extrañamiento es real.
«Nuestro hogar es el cielo»,
dice San Juan María Vianney, más comúnmente conocido como el Cura de Ars.
«Sobre la Tierra somos como viajeros que viven en un hotel. Cuando se está
fuera, uno siempre está pensando en el hogar.»
Una indicación de que nuestro
hogar real no es esta Tierra, es el sentido innato de justicia y honradez
con que todos nacemos. Incluso a los niños más pequeños se les puede oír
decir «eso no es justo» cuando alguien hace burla. ¿Cómo podemos saber lo
que es justo, salvo que tengamos algún conocimiento instintivo de algún
lugar donde todo es justo, donde reina la justicia y donde no existen el
sufrimiento y la muerte?
Cada uno de nosotros nace con
una brújula en su alma que apunta no hacia el norte magnético, sino hacia
el cielo. Como si fuese un aparato celestial que nos lleva al hogar,
siempre está con nosotros, recordándonos que somos en verdad viajeros sobre
la Tierra, y que nuestro hogar real, con su entono dispuesto a darnos la
bienvenida, nos aguarda al final de nuestro viaje.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio Divina,
Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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