MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

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Fecha: 04-08-2011

Edición   MD 2975

T.O. CICLO A, SEM XVIII

LITURGIA DE LA HORAS

JUEVES, San Juan María Vianney, presbítero. (MO). BIanco.

 

DÍA DEL PÁRROCO

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 131,9

Tus sacerdotes, Señor, se revistan de justicia y tus fieles exulten de alegría.

ORACIÓN COLECTA

Dios de poder y misericordia, que hiciste admirable al presbítero san Juan María por su entrega pastoral, concédenos, a ejemplo suyo y con su intercesión, que procuremos, con la caridad, llevar hacia Cristo a los hermanos y alcanzar junto con ellos la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Núm 20, 1-13

Lectura del libro de los Números.

Toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam. Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón. El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: « ¡Ojala hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor! ¿Por qué trajeron a este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, nosotros y nuestro ganado? ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, ni higueras, ni viñas, ni granados, y donde ni siquiera hay agua para beber?» Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea,  fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria del Señor, y el Señor dijo a Moisés: «Toma el bastón y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. Después, a la vista de todos, manden a la roca que dé sus aguas. Así harás brotar para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado». Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como Él se lo había mandado. Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés les dijo: «Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para ustedes?» Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado. Pero el Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Por no haber confiado lo bastante en mí para que Yo manifestara mi santidad ante los israelitas, les aseguro que no llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado». Éstas son las aguas de Meribá --que significa “Querella”-- donde los israelitas promovieron una querella contra el Señor y con las que Él manifestó su santidad.

Palabra de Dios.

COMENTARIO

El descubrimiento de un pozo de agua es considerado por los nómadas como una bendición, y los corazones, incluso rebeldes, se vuelven hacia Dios para agradecerle. El pueblo entero sediento protestó como queriendo exigir cuentas a Dios. Moisés y Aarón flaquearon en la fe, golpeando dos veces la roca y no cumplieron el precepto de santificar el nombre de Dios y aceptar su voluntad soberana. La santidad de Dios está por encima de todo cálculo de oportunismos humanos.

SALMO Sal 94,1-2. 6-9

R. ¡Ojala escuchen hoy la voz del Señor!

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! R.

Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. R.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras. R.

ALELUYA Mt16,18

Aleluya. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Aleluya.

EVANGELIO Mt 16,13-23

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: « ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?» Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías. Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá». Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Palabra del Señor.

COMENTARIO

¿Quién es Jesús? Es una pregunta capital cuya respuesta condiciona la manera de pensar, vivir y esperar. « Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Es la profesión de fe de Pedro, tan sencilla en su formulación como profunda en su contenido, expresada bajo una iluminación del cielo. Simón, el primero de los Doce, y Jesús se dan recíprocamente sus títulos respectivos. El primero reconoce en Jesús al Mesías, afirmando, al mismo tiempo, su origen divino. Jesús da a Simón el título de Pedro y hace de él su vicario. Es la ley de la caridad la que explica la institución de una primacía. Como dijo san Ireneo, el papel de Pedro es el de «presidir» en la caridad. Es el mismo servicio que llevará adelante Benedicto XVI, ya que Cristo sigue siendo la Cabeza y el Papa su vicario.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, la ofrenda que presentamos en tu altar en la con memo- ración de san Juan María, y así como a él lo glorificaste por estos misterios, concédenos a nosotros tu bondadoso perdón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cf r. Mt 24, 46-47

Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, lo encuentre velando; les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos, Dios todopoderoso, que la participación en la mesa celestial robustezca y aumente las fuerzas espirituales de quienes celebramos la fiesta de san Juan María; para que guardemos con integridad el don de la fe y recorramos el camino que él nos señaló. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

REFLEXIÓN BÍBLICA

 

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo»

Mt. 16, 13-23

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

 

1.        ¿QUIÉN DICE LA GENTE QUE SOY YO?

Al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?

Es en este lugar de Cesárea de Filipo, es el momento cuando Jesús, dirigiéndose a los discípulos, les hace abiertamente esta pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo? Jesús no lo ignoraba por su conocimiento sobrenatural, pero también lo que pensaba la gente de El lo sabía, como los apóstoles, por el rumor popular. ¿Por qué les pregunta primeramente a ellos lo que piensan de El las gentes?

El contacto de los apóstoles con las muchedumbres a causa de la predicación y milagros de Jesús les había hecho recibir toda clase de impresiones en torno a esto. Las que recogieron eran éstas: Jesús, para unos, era Juan Bautista, sin duda resucitado, como sostenía el mismo Antipas. Pues esta opinión había cobrado cuerpo entre el pueblo, ya que Lucas mismo dice que Antipas estaba preocupado con la presencia de Jesús, puesto que algunos decían que era Juan, que había resucitado de entre los muertos (Lc 9:7).

Para otros, Jesús era Elías. Lucas recoge en otro lugar esta creencia popular. Jesús era, para diversos grupos, Elías, que había aparecido (Lc 9:8). Según la estimación popular, Elías no había muerto, y debía venir para manifestar y ungir al Mesías.

Otros piensan que fuese Jeremías (Mateo). El profeta Jeremías era considerado como uno de los grandes protectores del pueblo judío, sobre todo por influjo del libro II de los Macabeos (2:1-12). Pero no pasaba por un precursor del Mesías. Mateo ya hizo referencia a él (2:17). Acaso se lo cita por el simple prestigio que tenía en el judaísmo, y del que se podrían esperar cosas extraordinarias.

Por último, sin saber a ciencia cierta quién sea, para muchos era algún profeta de los antiguos, que ha resucitado (Lucas). Era el poder milagroso de Jesús el que los hacía creer en la resurrección de un muerto (Mt 14:2; Mc 6:14).

No deja de extrañar el que los apóstoles no citen, tomado de la opinión de las gentes, el que El fuese o pudiese ser el Mesías.

Así fue como ellos le respondieron: Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas. Y ustedes, les preguntó, ¿quién dice que soy?

2.        TÚ ERES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS VIVO

Por eso, después de oír lo que las gentes pensaban de El, se dirige a los apóstoles para preguntarles abiertamente qué es lo que, a estas alturas de su vida y de su contacto de dos años con El, han captado a través de su doctrina, de su conducta, de sus milagros. Era un momento sumamente trascendental. Si no fuera que Jesús tenía un conocimiento de todo por su ciencia sobrenatural, se diría que esperaba impaciente la respuesta de sus apóstoles.

Los tres sinópticos no dicen la respuesta que hayan podido tener éstos. Sólo recogen la respuesta que le dirigió Pedro. Todos los detalles se acumulan en la narración de Mateo para indicar no sólo la precisión que interesa destacar, sino con ella acusar la solemnidad del momento y la trascendencia del acto.

Mientras Marcos y Lucas presentan sin más a Pedro, Mateo lo precisa ya de antemano como Simón Pedro. En efecto, Pedro tenía por nombre Simón (Mateo 4:18 y par.). En Juan se lee que Jesús, al ver por vez primera a Simón, le anunció que será llamado Pedro (Jn 1:42). Ya desde un principio, Jesús puso en Simón la elección para Pedro, para ser piedra El conservar aquí los dos nombres es sumamente oportuno.

La confesión de Simón Pedro es expresada así: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Aquí se confiesa por Pedro la mesianidad y la divinidad de Jesús. Al decir que es el Mesías, indica su relación supereminente de autoridad con Dios — el Padre — que lo envía.

Pedro, desde su primer encuentro con Jesús, deja al descubierto, por una parte, la amistad no disimulada del Maestro, y por otra, la entrega sin reservas a su servicio o compañía, es así como Pedro sabe quien es Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios.

3.        DICHOSO TÚ, SIMÓN, HIJO DE JUAN!, PORQUE ESO NO TE LO HA REVELADO NINGÚN MORTAL, SINO MI PADRE QUE ESTÁ EN LOS CIELOS.

La respuesta de Jesús tiene dos partes bien marcadas: la primera es una felicitación a Pedro por la revelación tenida. La felicitación de Jesús a Simón es porque esta confesión no se la reveló ni la carne ni la sangre, con la que se expresa el ser humano. Tal era la grandeza de este misterio, que su revelación se la hizo su Padre celestial. Se trata, pues, de un misterio desconocido a Pedro, y un misterio que no podía, sin revelación, ser alcanzado por la carne y sangre — el hombre — Entonces, este conocimiento no es por su capacidad humana, es un don de Dios. En efecto, Pedro alcanzó este conocimiento por la fe.

Jesús, volviéndose a Simón, le dice: Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y Jesús lo eligió como la roca para construir sobre ella su Iglesia y le confirió los poderes para llevar a la salvación a todos los hombres. Pedro es la roca, en el sentido de que la fe y los creyentes no pueden tener otra fe que la de los apóstoles y profetas, que son los que enseñan esa verdad, que está construida sobre la piedra angular de Jesús, y así es, como luego dice; y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Es decir, no podrá vencer a la Iglesia, pues ésta está firme y estable, porque está construida sobre la roca firme, que es Jesús.

Dice Jesús: Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. La promesa es que ese atar y desatar sobre la tierra tendrá su automática ratificación en el cielo. Todo lo relacionado con esta misión — cuanto permita o prohíba en el reino, todo eso será también ratificado en el cielo. Y eso garantizado por Jesús.

4.        DÍA ESPECIAL, PARA REZAR POR EL PAPA

Así, Pedro como Mayordomo de la Casa de Dios, ha recibido el poder para admitir o excluir, según el Evangelio y de administrar la comunidad, en Pedro recaerán las responsabilidades de la doctrina y de la moral, el podrá decidir lo que es bueno y licito para su Iglesia y sus miembros, sentencia que será ratificada Por Dios en lo alto de los cielos.

Así, como Pedro en épocas de la Iglesia naciente, hoy el Papa, su sucesor, es el encargado de animar la fe en nuestra comunidad creyente, el es en nombre de Jesucristo Pastor y guía de la Iglesia.

Como Pedro en los orígenes y ahora le ha correspondido a Benedicto XVI, hasta hace unos años atrás a Juan Pablo II, fundamento visible de la unidad y de la caridad de la Iglesia.

A través del Evangelio, podemos comprender como Jesucristo, nos invita a acoger al sucesor de Pedro, y a mirarlo con los ojos de la fe.

Este es un día especial, para rezar por el Papa y es una buena ocasión para apoyar su inmensa obra a favor de la comunidad cristiana y de toda la humanidad. Dios le Bendiga

5.        Y LES ORDENÓ A SUS DISCÍPULOS QUE NO DIJERAN A NADIE QUE ÉL ERA EL MESÍAS.

Los tres sinópticos añadirán, después de esto, que Jesús prohibió a los discípulos que a nadie dijesen que El era el Mesías, Dada la efervescencia mesiánica que había, y que se había ya manifestado en orden a Jesús, hasta querer las multitudes arrebatarlo para llevarlo a Jerusalén y proclamarle, sin duda en el templo, “Rey,” Mesías (Jn 6:15), se imponía no contribuir a excitar a las gentes ni precipitar los acontecimientos. Había que esperar la hora de Dios.

A partir de entonces, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho por parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; Este entonces no significa en Mateo una contigüidad inmediata, solo que a partir de esa época es cuando Jesús comienza a anunciarles su muerte. Era un momento ya oportuno. Había que corregirles el concepto erróneo del medio ambiente. No era el Mesías político nacionalista que los judíos y ellos esperaban (Hech 1:6).

Era el Mesías profético del dolor: el “Siervo de Yahvé” de Isaías. Por eso les anuncia: Que éste es el plan de Dios, para esto ha de ir a Jerusalén: “No puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lc 13:33), y que allí será condenado por “los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas” (Mateos), además allí “sufrirá mucho” y será “entregado a la muerte.” Pero “al tercer día resucitará. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti.

6.        ¡APÁRTATE DE MÍ, SATANÁS

Pero Jesús se volvió y le dijo a Pedro: « ¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!»

La respuesta de Jesús a Pedro es que no sea para El un Satanás, el gran enemigo del reino. Por eso, la proposición de Pedro, nacida de ignorancia y de afecto, era para el Señor un obstáculo de seguirla, para no cumplir el mesianismo de dolor, que era el plan del Padre. No es de extrañar en Pedro una dificultad para aceptar aquellas profecías de Jesús. Pedro conocía y confesaba la mesianidad de Jesús, pero algo deformada por los prejuicios rabínicos que el antes había oído sobre un Mesías triunfador y nacionalista, entonces no le era fácil aceptar la imagen de un Mesías doliente, humillado y crucificado por los jefes de la nación. Así es como Jesús le hace ver que habla al modo humano y, que elude el dolor.

Jesús debía padecer y morir, ese era el Plan de Dios, pero ese sufrimiento había de ser la causa de nuestra salvación.

Como a Pedro, nos sucede lo mismo, el no entendía las cosas de Dios, del mismo modo, por no situarnos en el Plan del Padre, se nos hace difícil entender sus obras. Tenemos necesidad de despojarnos de los criterios del hombre y adoptar solo y únicamente el de Jesucristo.

Cristo Jesús, vivan en nuestros corazones.

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

 

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

EL ACTO DE FE Y LA DUDA

Los dos episodios bíblicos de los que hemos intentado realizar una breve lectura exegética se desarrollan entre la murmuración, el acto de fe y la duda. Sin embargo, su lectura suscita reflexiones, meditaciones, contrastes, acercamientos.

Por una parte, encontramos un pueblo decididamente en rebelión contra Moisés, pero también contra Dios. La prueba y la murmuración, la tentación y la sublevación afectan asimismo a los sentimientos más humanos y se difunden como un contagio, como una peste, entre la población. Con todo, Dios es siempre paciente con nosotros y deja que la tentación nos pruebe y nos provoque, por eso pedimos en el Padrenuestro que no caigamos en la tentación y, en última instancia, que Dios no nos someta a la prueba, que es también un momento de verdad. También esta vez nos da Dios una respuesta válida, aunque pasajera, como hace en nuestra vida. No permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas.

Por otra parte, la confesión de fe de Pedro nos coloca en la dirección apropiada de nuestra adhesión a Cristo, hijo del Dios vivo. En tomo a la fe de Pedro y a la de sus sucesores nos convertimos en Iglesia, asamblea de Dios, fundamentada en la fe en Cristo. Debemos creer en la Iglesia y no sólo a la Iglesia. Creer en la Iglesia es acogerla como un don de Cristo y amarla; sentir con la Iglesia es también sentirla como algo nuestro, como algo vivo. A través de las vicisitudes del tiempo, debemos sufrir por la Iglesia y, si hiciera falta, sufrir a causa de la Iglesia. Sin perder nunca de vista al Señor de la Iglesia, sin poner como prioridad sólo a la Iglesia del Señor.

ORACION (3)

 

Somos con frecuencia, Señor; como el pueblo de Israel en el desierto, dispuestos a murmurar contra ti, superficialmente nostálgicos respecto a lo que hemos dejado a la espalda con nuestra conversión, nuestro bautismo, nuestra vocación eclesial. Nos espanta el futuro y no nos fiamos suficientemente de tus planes de salvación. Sin embargo, tu Palabra es una palabra que invita no sólo a creer, sino también a esperar, porque es palabra de promesa.

Concédenos el valor de confesar tu nombre de Mesías e Hijo del Dios vivo. En medio de las borrascas de la vida, en las incertidumbres, haznos recordar las promesas que hiciste a tu Iglesia. Una Iglesia que puede ser una barca traqueteada por las olas de las tempestades, pero siempre roca firme que tiene en ti, Señor de la Iglesia, su fundamento y su piedra angular. Concédenos, sobre todo, creer en ti incluso cuando te manifiestas y te proclamas Mesías crucificado y te revelas así en nuestra vida. Concédenos también saber esperar, con confianza, en tus promesas, hasta ese tercer día de la vida en el que tú, Señor victorioso, te muestras siempre fiel.

SANTORAL (4)

 

SAN JUAN MARIA VIANNEY 1786-1859

Los sucesos principales de la vida de San Juan María Vianney son conocidos de todos: su infancia en Dardilly (no lejos de Lyon), donde nació en mayo, día 8 de 1786, de padres honrados, cristianos y pobres. Fue bautizado el mismo día de nacer. A los nueve años todavía no sabía nada a no ser un poco de catecismo. A los once recibió los sacramentos de Penitencia y Eucaristía. Eran malos los tiempos por los que atravesaba Francia.

Por la mente de Juan María corrió siempre el deseo de llegar algún día a ser sacerdote... Pero no sabía nada y no había ningún maestro que estuviera dispuesto a enseñarle las primeras letras. Le costaba mucho aprender.

Por fin ingresó en el Seminario. Tenía 25 años cuando, en 1811, recibía la tonsura clerical. Al año siguiente empieza los estudios filosóficos. No le entran con facilidad. Por fin en junio de 1815 recibe el diaconado. Es un gran gozo para él.

Pero los superiores dudan si debe ordenarse sacerdote o rogarle que abandone el seminario, porque el sacerdote, piensan, debe ser un hombre de letras y a Juan María no le entran.

Era el 13 de agosto de 1815 cuando recibió este don del sacerdocio Saltó de alegría. Ya era lo que tanto ansiaba. Ya estaba dispuesto a morir por el rebaño que le fuera encomendado.

Ars era un pueblecillo pequeño y pobre y allí fue destinado este hombre lleno de ilusiones y con ganas de entrega, se llegaba a la pequeña parroquia de Dombes que se haría famosa en el mundo entero (1818), la transformación de Ars por obra de su celo y de su enseñanza catequética, pero, sobre todo, por su oración y penitencias, y más tarde la irrupción de las multitudes que, durante años, llenaron en oleadas incesantemente renovadas los caminos del pueblo y abarrotaban la iglesia desde el amanecer, y, por fin, la muerte de este sacerdote, extenuado por la fatiga y transfigurado a causa de la alegría interior, una radiante mañana de agosto de 1859: ¡Qué muerte tan agradable, cuando se ha vivido en la cruz». Mas, no cabe duda de que es menester haber ido en peregrinación a Ars, haber visto su pobre lecho y el tosco calzado, la pequeña iglesita y el púlpito al pie del cual se sentara Lacordaire -, el confesonario, en el que el santo pasaba a veces hasta catorce horas al día; es menester haber meditado las páginas de sus sermones, con su escritura y sus faltas de ortografía, para comprender, una vez más, cómo el Señor se complace en "lo que no cuenta para anular a lo que cuenta" (1 Co 1, 28).

¿Alguna vez tienes la sensación de no pertenecer realmente a este mundo? ¿De pertenecer realmente a un tiempo o lugar diferentes? Aunque algunas tradiciones religiosas aceptan la idea de la reencarnación, los cristianos y los santos cristianos no. Pero los santos reconocerían que la sensación de extrañamiento es real.

«Nuestro hogar es el cielo», dice San Juan María Vianney, más comúnmente conocido como el Cura de Ars. «Sobre la Tierra somos como viajeros que viven en un hotel. Cuando se está fuera, uno siempre está pensando en el hogar.»

Una indicación de que nuestro hogar real no es esta Tierra, es el sentido innato de justicia y honradez con que todos nacemos. Incluso a los niños más pequeños se les puede oír decir «eso no es justo» cuando alguien hace burla. ¿Cómo podemos saber lo que es justo, salvo que tengamos algún conocimiento instintivo de algún lugar donde todo es justo, donde reina la justicia y donde no existen el sufrimiento y la muerte?

Cada uno de nosotros nace con una brújula en su alma que apunta no hacia el norte magnético, sino hacia el cielo. Como si fuese un aparato celestial que nos lleva al hogar, siempre está con nosotros, recordándonos que somos en verdad viajeros sobre la Tierra, y que nuestro hogar real, con su entono dispuesto a darnos la bienvenida, nos aguarda al final de nuestro viaje.

 

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Pagina de la Misa Diaria, esta preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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