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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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de publicación, todos los días desde el 26 de febrero de 2002 en Internet –
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Fecha: 05-10-2011
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Edición
Nº MD 3039
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T.O. CICLO A, SEM XXVII
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LITURGIA DE LA HORAS
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Miércoles
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ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Est 4, 17
Señor, todo está bajo tu poder
y nada puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra, y
todo lo que está bajo el firmamento; tú eres el Señor del universo.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que
con amor generoso sobrepasas los méritos y los deseos de los que te
suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia perdonando lo que inquieta
nuestra conciencia y concediéndonos aun aquello que no nos atrevemos a
pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LECTURA Jon 3,10; 4, 1-11
Lectura de la profecía de Jonás.
Cuando Dios vio todo lo que los
ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, se arrepintió de las
amenazas que les había hecho y no las cumplió. Jonás se disgustó mucho y
quedó muy enojado. Entonces oró al Señor, diciendo: «Ah, Señor! ¿No ocurrió
acaso lo que yo decía cuando aún estaba en mi país? Por eso traté de huir a
Tarsis lo antes posible. Yo sabía que Tú eres un Dios bondadoso y
compasivo, lento para enojarte y de gran misericordia, y que te arrepientes
del mal con que amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida, porque prefiero
morir antes que seguir viviendo». El Señor le respondió: «Te parece que
tienes razón para enojarte?». Jonás salió de
Nínive y se sentó al este de la ciudad: allí levantó una choza y se sentó a
la sombra de ella, para ver qué iba a suceder en la ciudad. Entonces el
Señor hizo crecer allí una planta de ricino, que se levantó por encima de
Jonás para darle sombra y librarlo de su disgusto. Jonás se puso muy
contento al ver esa planta. Pero al amanecer del día siguiente, Dios hizo
que un gusano picara el ricino y éste se secó. Cuando salió el sol, Dios
hizo soplar un sofocante viento del este. El sol golpeó la cabeza de Jonás,
y éste se sintió desvanecer. Entonces se deseó la muerte, diciendo:
«Prefiero morir antes que seguir
viviendo». Dios le dijo a Jonás: «Te parece que tienes razón de enojarte
por ese ricino?» Y él respondió: «Sí, tengo razón
para estar enojado hasta la muerte». El Señor le replicó: «Tú te conmueves
por ese ricino que no te ha costado ningún trabajo y que tú no has hecho
crecer, que ha brotado en una noche y
en una noche se secó, y Yo, ¿no me voy a conmover por Nínive, la gran
ciudad, donde habitan más de ciento veinte mil seres humanos que no saben
distinguir el bien del mal, y donde hay además una gran cantidad de
animales?»
Palabra de Dios.
COMENTARIO
Luego del éxito de la misión en Nínive, Jonás
sigue sin aprender mucho de su trabajo misional. Se pone terco, y sin
saberlo, lo encontramos discutiendo con Dios en una “oración cerrada” en
sus intereses. No comprende cómo Dios puede cambiar su ira, por un gesto de
misericordia por los ninivitas convertidos.
SALMO Sal 85, 3-6. 9-10
R. ¡Tú eres rico en misericordia, Señor!
Tú eres mi Dios: ten piedad de
mí, Señor, porque te invoco todo el día; reconforta el ánimo de tu
servidor, porque a ti, Señor, elevo mi alma. R.
Tú, Señor, eres bueno e
indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan: ¡atiende,
Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica! R.
Todas las naciones que has
creado vendrán a postrarse delante de ti, y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque Tú eres grande, Dios mío, y eres el único que hace maravillas. R.
ALELUYA Rom 8, 15
Aleluya. Han recibido el
espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abbá!, ¡Padre! Aleluya.
EVANGELIO Lc 11, 1-4
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Un día, Jesús estaba orando en
cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor,
enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo entonces:
«Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque
también nosotros perdonamos a aquéllos que nos ofenden; y no nos dejes caer
en la tentación».
Palabra del Señor.
COMENTARIO
Luego del camino con Jesús, un discípulo le pide
que les enseñe a rezar. Luego de aquello del samaritano y lo de Marta y María
(días precedentes), la pregunta cae de madura sobre cómo deberá ser nuestra
oración. La oración que Jesús nos enseña es “abierta” (disponibilidad) al
Padre y a su Reino, nunca “cerrada” a nuestros intereses.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, la oblación
instituida por ti y, por estos sagrados misterios que celebramos, danos la
gracia de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Lam 3, 25
El Señor es bondadoso con los
que esperan en él, con aquellos que lo buscan.
O bien: Cfr. 1Cor 10,17
Hay un solo pan, y nosotros,
aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque participamos de ese
único pan y del único cáliz.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios todopoderoso, sácianos con
el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, que nos transformemos
en aquello que hemos recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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La oración de Jesús, el “Padre
nuestro"
Lc 11, 1-4
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant ocds
1. LA ORACIÓN DE JESÚS, EL PADRE NUESTRO
En la Iglesia de los
orígenes, y durante mucho tiempo, la oración de Jesús fue el camino para
aprender a orar, y también la mejor síntesis de la causa por la cual Jesús
vivió y dio la vida. Llamar a Dios Papá Bueno, rogar que llegue ya su
Reino, pedir por el pan y el perdón y comprometerse a realizar su proyecto
fue, y debiera ser, la señal de los cristianos.
2. LOS EVANGELIOS NOS PRESENTAN LA ORACIÓN DEL
PADRENUESTRO EN DOS VERSIONES.
En el
evangelio de Mateo, encontramos el Padrenuestro en el capítulo 6, formando
parte del Sermón de la
Montaña (capítulos 5 al 7), y más específicamente, dentro
de una serie de enseñanzas sobre la oración. En el capítulo 6, Mateo reúne
varias enseñanzas de Jesús sobre los tres pilares de la piedad de los
judíos: la limosna, la oración y el ayuno. En las palabras dedicadas a la
oración se encuentra el Padrenuestro. Jesús comienza exhortando a no aparentar
en la oración. Convoca a orar en secreto, lejos de la vista de los demás,
pero cerca de los ojos de Dios. Los fariseos acostumbraban a orar en
público para que la gente los viera y reconociera su fervor. Jesús critica
esta disposición a exhibir la oración (Mt. 6, 5-6). Es una práctica vacía
de sentido. También enseña a no excederse en palabras. Lo importante es
confiarse en las manos de Dios (Mt. 6, 7-8). A continuación enseña el
Padrenuestro, como modelo de oración (Mt. 6, 9-13), y termina alentando a
vivir el perdón sincero a los demás. "El perdón -la disposición propia
para perdonar y la súplica de perdón cuando es uno mismo quien ha cometido
una ofensa- es la condición previa por excelencia para la oración por parte
de los discípulos de Jesús." (Teología del Nuevo Testamento, J.
Jeremías, Pág. 227, Ed. Sígueme).
3. JESÚS REZA Y ENSEÑA EL PADRENUESTRO
PORQUE PRIMERO LO VIVE Y LO PRACTICA.
En el
evangelio de Lucas, el Padrenuestro también se encuentra enmarcado en una
catequesis sobre la oración. Las enseñanzas se agrupan en tres temas: el
Padrenuestro (Lc. 11, 1-4), la confianza y seguridad de que Dios escucha
siempre (Lc. 11, 5-8) y la eficacia de la oración al Padre (Lc. 11, 9-13).
En Lucas, los
discípulos reconocen en la práctica de Jesús una nueva forma de orar, que
les impresiona y quieren imitar. Un día, al finalizar su oración, uno de
ellos le pide que les enseñe a orar. La comparación con Juan el Bautista y
sus discípulos es importante. Era común que cada maestro transmitiese a su
grupo de seguidores una oración que los uniera, una especie de credo que
los identificase. Los discípulos le reclaman al Señor que él también les
enseñe una oración que los reúna, que los congregue como comunidad que
intenta vivir como él. El Padrenuestro es una síntesis del mensaje de
Jesús, un resumen de sus motivaciones más profundas. Es importante
descubrir que Jesús, cuando quiere transmitir lo medular de su predicación
y su vida, no utiliza un discurso doctrinal, sino una breve oración que
reúne lo más importante del sentido de su vida. Jesús reza y enseña el
Padrenuestro porque primero lo vive y lo practica.
4. HABÍA QUE ENSEÑARLES A ORAR.
Ambos
evangelistas sitúan el Padrenuestro en un contexto de enseñanzas sobre la
oración, pero sus destinatarios son diferentes. Conocemos que Mateo
escribió para una comunidad cristiana de origen judío. Son personas que han
aprendido a orar, dentro de la tradición judía, pero deben estar atentos
para que su oración no se desvirtúe. De ahí el contexto de duro ataque a la
forma de orar de los fariseos. No olvidemos también que por la época que
Mateo escribe existe ya una franca separación entre los cristianos y los
judíos. Lucas escribe para una comunidad de cristianos helenistas o de
origen griego. Son paganos, provenientes de un mundo donde la oración se
hallaba en crisis y declinación. Había que enseñarles a orar.
Es importante
observar que en ambas comunidades de los orígenes cristianos, el
Padrenuestro formaba parte esencial de la enseñanza de la oración. Este
lugar privilegiado también lo encontramos en la Didajé
(Catequesis de enseñanza cristiana destinada a los catecúmenos, del siglo I
d.C.), en donde, tras enseñar la doctrina de los dos caminos y el bautismo,
seguía una instrucción sobre el ayuno y el padrenuestro.
5. ALGUNAS DIFERENCIAS EN EL TEXTO DE LA ORACIÓN
Los textos
evangélicos, que reflejan la vida de las comunidades que les dieron origen,
nos transmiten que se enseña a orar con el Padrenuestro.
Los
evangelistas recogen algunas diferencias en el texto de la oración. Lucas
incluye cinco peticiones, y Mateo, en una versión más larga, siete. La
pregunta de rigor ¿Cuál de las dos versiones es más antigua (o refleja
mejor el pensamiento de Jesús) es compleja de contestar? Teniendo en cuenta
la extensión de ambos textos, la versión de Lucas, más breve, se halla
contenida totalmente en el texto de Mateo.
Esto hace
pensar que el texto de Lucas es el más primitivo. Mateo, más extenso,
incluye peticiones colocadas en lugares determinados (al final de la
invocación inicial, al final de las peticiones en singular y al final de
las peticiones en plural) que ayudan a obtener un estilo literario más
cuidado.
LUCAS
Padre,
santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan
cotidiano y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos
a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación.
MATEO
Padre nuestro
que estás en los cielos santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase
tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano
dánolsle hoy; y perdónanos nuestras deudas así como nosotros hemos
perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, más
líbranos del mal.
6. LOS ELEMENTOS COMUNES DE AMBOS TEXTOS
Sin embargo al
considerar los elementos comunes de ambos textos es el texto de Mateo el
que parece ser más antiguo. Mateo incluye la expresión aramea
"deuda", al referirse a los pecados, en la petición de perdón;
mientras que Lucas utiliza un término griego, más adaptado a sus
interlocutores. El uso de los tiempos verbales también fortalece al texto
de Mateo.
La estructura
más primitiva del Padrenuestro sería, entonces, la siguiente:
- Una
invocación.
- Dos
peticiones (o deseos) en singular, en paralelo.
- Dos
peticiones en plural, en paralelo.
- El pedido
final.
7. ABBA, PADRE BUENO.
La invocación
de la divinidad como Padre se puede rastrear en varias culturas y
civilizaciones del Antiguo Oriente, y en el mismo pueblo judío. Sin
constituir la forma más común de referirse a Dios podemos encontrar varios
ejemplos en el Antiguo Testamento. Sin embargo las palabras de Jesús
encierran una novedad radical, que desconcierta a sus contemporáneos. Para
hablar con Dios Jesús utiliza el término arameo Abba, que usaban los niños
pequeños para llamar a su Padre. Con esta forma de comunicarse Jesús revela
un rostro desconocido de Dios. El Dios lejano, que está en los cielos, se
hace cercano y compañero, en la figura del Padre bondadoso que espera,
acompaña, protege y busca el bienestar de sus hijo (Lc. 15, 11 ss)
Jesús recurre
al lenguaje común del pueblo, para hablar de Dios. El hebreo estaba
reservado para el culto y el arameo lo hablaba el pueblo. De esta manera
nos enseña que no lo encontramos al margen de la vida, sino en medio de
ella, a nuestro lado, como un Padre que sufre y se desvela por sus hijos.
Jesús, que
llama a Dios, Papá, nos invita a repetir con él sus palabras. También
nosotros estamos llamados a ser sus hijos, y a demostrarlo con nuestras
vidas y obras, como lo hizo Jesús.
8. LLAMAR A DIOS "PAPÁ"
Ser hijo (y
poder llamar a Dios "Papá") es un gran honor y una seria y gran
responsabilidad. La
Iglesia desde sus orígenes entendió así esta enseñanza de
Jesús y se cuidó mucho de no "vanalizar" el sentido del
Padrenuestro. Esta era la oración de los cristianos, de los hijos, de los
que seguían a Jesús, participando y construyendo el Reino. La oración de
quienes se habían convertido mediante el Bautismo y habían optado por la
vida de Dios. Este trato reverencial, que, lejos de ser solemne,
garantizaba que se tomase "en serio" la proclamación y oración
del Padrenuestro, dejó sus huellas en las fórmulas de introducción al
mismo, que todavía hoy, utilizamos en nuestras celebraciones de la Eucaristía. El
sacerdote introduce el Padrenuestro con las palabras "...y siguiendo
sus divinas enseñanzas, nos atrevemos a decir...". Al enseñar el
Padrenuestro, Jesús nos invita a participar de su filiación y nos muestra
que Dios es un Padre Bueno, y que para seguirlo hay que hacerse como un
niño y aprender a decir Abba.
9. SANTIFICADO SEA TU NOMBRE Y VENGA TU REINO.
Las dos
peticiones en singular se dirigen al Padre Bueno para pedirle con confianza
que su Voluntad y su Proyecto se cumplan en la historia.
Ambas
peticiones, en paralelo, apuntan a lo mismo. Pedimos que el nombre de Dios
sea santificado, que llegue a nosotros su Reino de justicia. Nos confiamos
en sus manos para que este mundo, de pecado, injusticia y opresión, donde
muchos conocen la muerte temprana de la enfermedad, la desnutrición, la
desocupación, la falta de vivienda y educación, la ausencia de
oportunidades para vivir, cambie y brille "un cielo y una tierra
nuevas". Pedimos que su nombre sea santo, que se realice su voluntad,
que Dios, que es un Dios de Vida y Justicia, sea reconocido, tenga su lugar
acá en la tierra. Pedimos para que su nombre no se tome en vano, para que
no se justifique en el nombre de Dios una sociedad y un sistema que genera
exclusión y desigualdad. Pedimos que su Reinado se haga efectivo. Que
llegue a nosotros. Que irrumpa en la historia y la haga nueva. Pedimos
porque confiamos, contra todo desaliento y angustia existencial, que el
buen Dios va a reinar, e instaurar su Justicia, "así en la tierra como
en el cielo". En todas partes, en toda la creación.
10. NUESTRO PAN COTIDIANO DÁNOLSLE HOY
Nuestro pan
cotidiano dánolsle hoy; Luego de invocar a Dios, Padre nuestro, y de
suplicar al cielo "que venga tu Reino", volvemos los ojos a la
vida cotidiana. Nos encontramos que, en este mundo, para construir el
Reino, todos debemos alcanzar lo necesario para vivir, el pan nuestro,
compartido, de hoy y de mañana. El pan que simboliza todo lo que es
imprescindible para la vida: el pan material y el pan espiritual. El pan de
la Vida,
representado por Jesús, que supo dar de comer a las multitudes hambrientas,
compartir su mesa con pecadores y marginados, y permanecer entre nosotros
bajo la
Eucaristía, como pan compartido, alimento de nuestra fe y
nuestra esperanza en el Reino del Padre.
11. Y PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS (PERDONA
NUESTRAS OFENSAS)
Perdónanos
nuestras deudas así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
(perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden)
La segunda de
las peticiones en plural nos recuerda la importancia de las relaciones
humanas. La fragilidad de las mismas y la necesidad de la reconciliación
para reestablecerlas. Pedimos perdón al Padre por nuestras faltas, por las
ofensas que cometemos, por las deudas que contraemos al no comprometernos
eficazmente en la justicia y la construcción del Reino. Pedimos perdón por
nuestras omisiones, por nuestro cristianismo cómodo que evita el conflicto
y las opciones. Pedimos perdón, y nos comprometemos también a perdonar a
los demás. Manifestamos con claridad nuestra intención de promover
relaciones nuevas entre las personas, a partir de nuestro gesto concreto.
Nos presentamos ante Dios para decirle que estamos dispuestos a perdonar,
que nos animamos a ser transmisores de su perdón, porque reconocemos el
perdón que Dios nos concede y la nueva oportunidad que nos brinda.
Las cuatro
peticiones se entrelazan, pedimos que venga el Reino y que se manifieste
concreto en el pan compartido para todos (la igualdad de oportunidades y la
dignidad para todos) y una nueva manera de relacionarse, basado en el
perdón y la justicia de Dios.
12. Y NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN.
La última
petición sorprende. Es la única que se realiza en negativo. Implica un
corte abrupto y un final tajante. Después de elevar nuestra voz al Padre,
sentimos el peso de nuestras propias limitaciones. Con los pies bien
puestos sobre la tierra reconocemos que es duro y difícil ser consecuente
con lo que hemos pedido. Seguir a Jesús, pidiendo por el Reino, y buscando
su concreción en este mundo, puede ser muchas veces un trago amargo.
Sentimos la tentación de bajar los brazos, de escatimar esfuerzos, de
convencernos con justificaciones, de crearnos un dios menos exigente, o
simplemente, de cerrar los ojos y los oídos, y seguir nuestro propio
camino. La tentación existe, Jesús es testigo de su permanente actualidad.
A lo largo de su vida conoció la tentación, de decir no la voluntad del
Padre. De dar vuelta la cara a su proyecto. A fuerza de oración, entrega y
fe, salió adelante y marcó el camino. No pedimos no tener tentaciones. Son
parte de la vida. Pedimos fuerza, coraje y perseverancia, para no dejarnos
arrastrar por ellas y olvidar la causa del Padre: el Reino.
13. REZAR EL PADRENUESTRO HOY
Rezar hoy el
Padrenuestro, es dar una mirada a Nuestro Padre, es una explosión de amor.
Que gran cosa nos enseño Jesús, hablar con Dios como con su propio Padre,
dirigirse a Dios familiarmente, como dice San Juan Casiano, “es una ternura
de piedad en verdad entrañable”
Padre nuestro:
este nombre suscita en nosotros todo a la vez, el amor, el gusto en la
oración,.. Y también la esperanza de obtener lo que vamos a pedir, dice San
Agustín: “¿Qué puede El, en efecto, negar a la oración de sus hijos, cuando
ya previamente les ha permitido ser sus hijos?”
Dos sabios
consejos: Es necesario acordarnos, cuando llamemos a Dios 'Padre nuestro',
de que debemos comportarnos como hijos de Dios (San Cipriano, Dom. orat.
11) y Es necesario contemplar continuamente la belleza del Padre e
impregnar de ella nuestra alma (San Gregorio de Nisa, or. dom. 2).
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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PADRE
Querido
Jonás, ¡cómo te comprendo! También yo, en algunas ocasiones, quisiera
escapar lejos de la lógica, para mí incomprensible, de Dios. Tantas fatigas
pasadas por él, por su Reino, para serle fiel, para darle a conocer, y
después todo parece «acabar de manera gloriosa», incluso para aquellos que
ni siquiera se han dignado dirigirme una mirada. Tanto si trabajo como si
me quedo mano sobre mano, al final todo parece continuar como siempre:
buena parte de la gente sigue viviendo como si él no existiera, y él
perdona a todos a la menor señal de arrepentimiento. ¿No resulta esto
desalentador?
Sin
embargo, son demasiados los momentos que se nos escapan. Él, por ejemplo,
quiere que le oremos como Padre, quiere que le pidamos perdón y ayuda en
los momentos de la prueba, quiere que no nos cansemos de recordar a todos
que es misericordioso y está dispuesto al perdón. En suma, parece
preocupado por hacernos comprender que entiende nuestra debilidad, que
desea ser más amado que temido y que comprendamos que siempre está
disponible para echarnos una mano todas las veces que hagamos ademán de
volver a él.
Querido
Jonás, este Dios tan incomprensible no pide otra cosa que podernos amar, y
no pierde ocasión de invitamos a dejamos poseer por su misterio de amor,
verdaderamente misterioso. A partir de ti y de mí, testigos impacientes de
un amor dotado de unos perfiles demasiado humanos, demasiado limitados,
demasiado controlables, alejado años luz del amor de un verdadero Padre, cuyo
amor no conoce límites de este tipo. ¿Y si, en vez de angustiamos e
interrogarnos, nos pusiéramos a decir poco a poco, mirando al firmamento:
«Padre»? Tal vez, también nuestro corazón sería capaz de comprender su
lógica. A buen seguro, saldríamos de nuestra mezquindad para respirar el
aire salubre de la inmensa compasión del Padre por todos sus hijos
desgraciados.
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ORACION
(3)
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Oh mi Señor,
tú eres bueno y paciente lento a la ira y misericordioso: hoy te pido que
me infundas tu Espíritu, para que yo pueda tener un corazón semejante al
tuyo y aprenda a obrar y a orar según el ejemplo que nos has dado en tu
hijo, Jesús.
Sabes que yo
también caigo con frecuencia en el error, pero no me condenas, no dejas que
sea presa de la tentación. Cada vez me das el perdón. Perdona mis pecados,
para que yo pueda hacer lo mismo con mis hermanos, aun cuando eso
signifique humillarme ante ellos, demoler el muro de mi orgullo,
arriesgarme a sentirme rechazado por ellos.
Ayúdame a
tener un corazón humilde, que no sólo sepa ser misericordioso, sino que no
juzgue ni condene a ninguno de los que se equivocan. Rompe mis defensas,
desgarra los diafragmas que ofuscan la luz que viene de ti, haz resonar en
mi oído interior la fascinación de tu voz. Concédeme un corazón tan grande
que no se canse nunca de suplicarte por tus hijos que se equivocan y, sobre
todo, de alabarte, bendecirte y agradecerte la ilimitada misericordia que
muestras a todos, indistintamente.
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SANTORAL
(4)
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SAN
FROILÁN, OBISPO. PATRONO DE LA DIÓCESIS DE LUGO
Froilán nació en la ciudad de Lugo en el
siglo IX. Apenas cumplidos los dieciocho años, se retiró al desierto con
ánimo de atender únicamente a su perfección y a la unión con dios, pero
siguiendo los impulsos de una autoridad superior abandonó el desierto y
emprendió su vida apostólica, andando de pueblo en pueblo, enseñando y
predicando recorriendo todo el territorio de Galicia, Asturias y león. Por
entonces se encontró con San Atilano, que había recorrido las montañas de
León en su busca. Los dos santos se hicieron ermitaños en el monte Corueño.
A pesar de lo ignoto del lugar la piedad de los fieles descubrieron el
albergue del esforzado misionero y tuvo que bajar de vez en cuando a los
lugares de la comarca. Su fama llega al rey de Asturias y León Alfonso III
quien le mandó llamara a la corte y le dio amplios poderes para y recursos
para que fundase monasterios, contribuyendo en gran medida a la repoblación
del reino de León. Elegido obispo al mismo tiempo que san Atilano, rigió la
diócesis de León, ciudad en donde murió después de cinco años de
pontificado. Sus reliquias se veneran en las catedrales de león y Lugo. Es
patrono principal de las ciudad y diócesis de Lugo.
SAN
PLÁCIDO S. VI
En los Diálogos de san Gregorio cuando
se nos describe la comunidad de Subiaco reunida en torno a san Benito,
aparecen estas dos figuras que son tan distintas como complementarias. Uno
es el monje serio y concienzudo, ejemplar, el otro un muchacho de corta
edad muy impulsivo.
«Mauro es la paz serena», dice fray
Justo Pérez de Urbel, «Plácido, la alegría que canta; el uno, el hombre de
la confianza del maestro, el otro, la joya de su más tierno amor. Los dos,
iguales en la generosidad de su sacrificio, descendientes de ilustres
familias romanas, lo dejan todo por seguir a Cristo».
La leyenda prolongará ambas vidas
atribuyéndoles hechos ajenos o fantásticos. San Mauro, a pesar de lo que se
creyó durante siglos, no fue quien introdujo la regla benedictina en las
Galias, pero dio su nombre a la congregación francesa de Saint-Maur, famosa
por su saber. Y san Plácido no murió mártir en Sicilia. Basta para su
gloria la certeza de haber sido discípulos predilectos del santo de Nursia, de uno de cuyos milagros fueron protagonistas.
Un día san Benito pidió a Plácido que le
trajera agua, al cabo de un rato vio en espíritu que un niño se estaba
ahogando en el lago y entonces ordenó a Mauro que fuera a salvarle; el
monje así lo hizo, obedeciendo tan ciegamente que su fe le permitió andar
sobre las aguas (luego el abad y Mauro porfiaron largamente atribuyéndose
el uno al otro el mérito de aquel prodigio.
La regla pide a los monjes una
obediencia pronta, alegre y fervorosa, lo de «hágase su voluntad» que
decimos en el padrenuestro quizá maquinalmente, tomado muy en serio, y eso
es lo que ilustra la anécdota de Mauro y Plácido.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio Divina,
Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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ESTA PAGINA, SOLO DEBE INDICARSE EL AUTOR Y LAS FUENTES DE ORIGEN
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