MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESÚS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Desde el 26 de febrero de 2002 en Internet – Santiago de Chile-Chile

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Lunes 2° de Adviento. Morado    -     Semana II del Salterio

 

San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia

Nace hacia el 340, de una familia romana cristiana, en Tréveris (Alemania), donde gobierna como prefecto romano su padre Ambrosio. A sus catorce años muere su padre y se traslada con su madre y hermano a Roma. Aquí realiza sus estudios con gran éxito, y con una ejemplar conducta. A los treinta años es nombrado gobernador del norte de Italia, con sede en Milán. Cuando muere el obispo, media para calmar los ánimos con motivo de la elección del nuevo obispo, pero el pueblo lo proclama obispo: “¡Ambrosio obispo!” Cargo que no quiere aceptar e incluso intenta huir; pero al fin acepta. Es todavía catecúmeno, y tiene que bautizarse para ser ordenado sacerdote y consagrado obispo. Se convierte en modelo de obispos, pastores, liturgos. Sus escritos son memorables documentos del magisterio y del arte de gobernar. Su figura se impone como símbolo de libertad y pacificación. La mártir santa Sotera pertenece a su familia. Santa Marcelina es su hermana mayor y Sátiro, su hermano, le ayuda en la tarea pastoral. Pasa a la eternidad el 4 de abril de 397. Es patrono de los obispos y de los apicultores.

 

ANTÍFONA DE ENTRADA

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: “He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no, tengáis miedo”.

ORACIÓN COLECTA

Oremos: Señor, que hiciste del obispo san Ambrosio un maestro de la fe católica y un ejemplo de valor apostólico; suscita en tu Iglesia hombres según tu corazón que la guíen con firmeza y sabiduría.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías (35, 1-10)

Esto dice el Señor: “Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se cubra de flores, que florezca como un campo de lirios, que se alegre y dé gritos de júbilo, porque le será dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón apocado:

‘¡Animo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos’.

Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará.

Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta, en manantial. En la guarida donde moran los chacales, verdearán la caña y el papiro.

Habrá allí una calzada ancha, que se llamará ‘Camino Santo’; los impuros no la transitarán, ni los necios vagarán por ella.

No habrá por ahí leones ni se acercarán las fieras. Por ella caminarán los redimidos. Volverán a casa los rescatados por el Señor, vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL SALMO 84

Nuestro Dios viene a salvarnos.

Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.

Nuestro Dios viene a salvarnos.

La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.

Nuestro Dios viene a salvarnos.

Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.

Nuestro Dios viene a salvarnos.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya. Ya viene el rey, el Señor de la tierra; él nos librará de nuestra esclavitud. Aleluya.

EVANGELIO

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (5, 17-26)

Gloria a ti, Señor.

Un día Jesús estaba enseñando y estaban también sentados ahí algunos fariseos y doctores de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con él para que hiciera curaciones.

Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús. Cuando él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: “Hombre, tus pecados te son perdonados”.

Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: “¿Quién es este individuo que así blasfema? ¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?” Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: “¿Qué están pensando?

¿Qué es más fácil decir: ‘Se te perdonan tus pecados’ o ‘Levántate y anda’? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados -dijo entonces al paralítico-: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios. Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, y llenos de temor, decían: “Hoy hemos visto maravillas”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, al celebrar estos divinos misterios, te pedimos que el Espíritu Santo nos ilumine con aquella luz de la fe con que ilustró siempre a san Ambrosio para propagar tu gloria.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

Ven Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, fortalecidos por la eficacia de este sacramento, te pedimos que, siguiendo las enseñanzas de san Ambrosio, corramos resueltamente por tus sendas y nos preparemos para gozar de la dulzura del banquete eterno.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

 

REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Hombre, tus pecados te son perdonados”.

Lc 5, 17-26

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

1.      LOS FARISEOS, TESTIGOS DE LOS MILAGROS DE JESUS

Un día, mientras Jesús enseñaba, estaban allí sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea, de la región de Judea y de Jerusalén. En efecto, tal como dice este fragmento del Evangelio, durante las enseñanzas que daba Jesús, siempre participaban como testigos de estas, los escribas y los fariseos, de este modo sabemos que además eran testigos de los milagros de Cristo.

Como nos enseño en otra parábola nuestro Maestro Jesús, a muchos les gusta ocupar los primeros puesto y sentirse más que los de atrás, pero mayor falta tiene aquel que se siente envidioso por no estar delante. Siendo los fariseos príncipes de la envidia, nada bueno meditaban mientras el Señor predicaba, sin embargo ellos estaban muy atentos a las palabras de Jesús, pero la hacían para observar que comentarios del Señor no se ajustaban a la Ley, para así condenarlo. Jesús sabía que era menospreciado por esta clase de doctores de la ley. Así es como ahora tiene nuevamente la oportunidad de hacerles ver en su presencia algo tan extraordinario como hacer un milagro y sanar a un enfermo.

2.      JESÚS PERDONA, PORQUE EN EL ABUNDA LA GRACIA DIVINA.

El poder del Señor estaba con él para que hiciera curaciones, es decir el poder del Señor lo impulsaba a sanar enfermos. Jesús sana porque es Dios, para esto tiene autoridad propia. Del mismo modo, Jesús perdona, porque en el abunda la gracia divina. Es decir Jesús tiene poder para curar todos los males.

Relata el Evangelio: “En esto, aparecieron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y buscaban cómo presentárselo a Jesús”. Es así, como un grupo de hombre con una fe admirable y a como de lugar, llevan a la presencia del Señor un enfermo paralítico. Ellos no habiendo podido entrar con el enfermo por la puerta, inventaron una forma para hacerlo desde el techo.

Al ver la fe de estos hombres, Jesús de acerca al enfermo y le dice: “Hombre, tus pecados te son perdonados”. Jesús hace esto, para que sepamos que nos enfermamos como consecuencia de nuestras faltas, y nos sanamos cuando el Señor nos perdona.

3.      LA CONFESIÓN Y EL ARREPENTIMIENTO EN CONCIENCIA

Todo pensamiento, todo dicho, obras y situaciones que omitimos en contra de los preceptos de Dios, son nuestros pecados. Es bueno tener conciencia de que los actos y comportamientos lamentables que se apartan de lo recto y justo son pecados. Para nuestra fe, la confesión y el arrepentimiento en conciencia nos permite salir de esto. No arrepentirse es una desacertada acción, y las consecuencias para la paz del corazón son negativas.

Este fragmento del evangelio, también no enseña, el mérito que tienen otras personas que por su fe, nos acercan al Señor. Esto es muy válido, para todo nosotros, por tanto ayudemos a los que están enfermos del alma a ponerse en la presencia de Dios, para que les llegue la misericordia. Cuando nuestra alma esta enferma, es fuente de muchos males, tales como la soberbia, la envidia, la ira desmedida, si no nos curamos de estos, tampoco se curan los del cuerpo.

4.      ¿QUIÉN PUEDE PERDONAR LOS PECADOS, SINO SÓLO DIOS?”

Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: “¿Quién es éste que blasfema? Para estos hombres, el que blasfemaba contra Dios, era merecedor de la pena de muerte. Sin embargo reconocen cuando dicen ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?”, pero aquí quedan al descubierto que no creen en Jesús como Dios y no aceptan que El pueda perdonar. Los escribas y fariseos quedan sorprendidos como el Señor conoce lo que ellos tratan en secreto. Es así como Jesús les dice; “¿Qué es lo que están pensando? ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados están perdonados, o Levántate y camina?

Entonces Jesús, demuestra que es Dios, porque puede perdonar los pecados como Dios, pues cuanto más noble y sana es el alma que el cuerpo, en mejor disposición se esta para curarse de cualquier mal. Y para que todos sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, le dice al paralítico que se levántate, que tome su camilla y vuelva a su casa”.

5.      Y SE FUE A SU CASA ALABANDO A DIOS

También nos enseña Jesús, que El perdona nuestras faltas aquí en nuestra vida diaria, es decir en la tierra. También nos destaca que la curación es inmediata, y así nos lo hace saber el Evangelio cuando nos dice; “Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios.”

Hermosas y esperanzadoras enseñanzas nos deje este fragmento del Evangelio, el poder de Jesús se manifiesta curándonos nuestros males espirituales, y así nos llega la curación de otras enfermedades. Para esto solo debemos acudir a El, con espíritu de fe y humildad.

El señor Jesús se conmueve y cura los enfermos, les devuelve la salud integral y les perdona sus pecados. Cuando Jesús perdona los pecados del alma, desaparece la debilidad del cuerpo.

El Señor no hace las cosas a medias, la bondad de Jesús es total y nos hacer ver que sentirse libre de los pecados, nos hace vivir con un corazón sano y limpio, sin soberbia y sin envidia, estos nos trae gran satisfacción e incomparable gozo, y un corazón alegre, no da un vida saludable.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

LECTIO DIVINA

 

“Hombre, tus pecados quedan perdonados”

Los espectadores del presente episodio evangélico se quedan sorprendidos por el hecho de que Jesús, ante este enfermo, que le presentaron de un modo un tanto rocambolesco, no lo curara inmediatamente, sino que le dirigiera unas palabras de perdón: “Hombre, tus pecados quedan perdonados”. Sin embargo, el mismo texto evangélico proporciona un indicio que ayuda a superar el asombro: “Jesús, viendo la fe que tenían, dijo... ”. El evangelista nos indica con este detalle que es a la fe de estos camilleros que no se detienen ante ningún obstáculo a los que Jesús puede decir algo semejante. Sólo quien tiene fe sabe reconocer que el problema más grave del hombre es el pecado.

Para eliminar de los hombres esta ceguera Jesús está como obligado a hacer el milagro. Ciertamente la objeción secreta de los escribas parece oportuna, pero enmascara su indiferencia, su sentirse superiores a los demás. Ajuicio de los escribas, Jesús es un blasfemo porque se arroga un poder que compite sólo a Dios. Pero tales pensamientos y su reto interior a Jesús les impiden ver dos cosas: cuál es el verdadero mal que aflige al enfermo y el hecho de que Dios no es celoso de su poder de perdón. Con la venida de su Reino desea provocar una práctica profunda y universal de perdón, teniendo como modelo y fuente el perdón que el Hijo del hombre ha venido a traer. Esto es lo que debe suscitar la alabanza, indicada puntualmente por Lucas, el evangelista de la oración.

“Qué es más fácil?

El hecho de que Jesús responda con palabras de perdón a la búsqueda de los camilleros que llevan confiados al paralítico, quizás me resulte también a mí un tanto decepcionante. Y, sin embargo, si tuviese de verdad fe en Jesús, aprendería a compartir su modo de enfocar los “problemas” de la humanidad y comprendería que el perdón es más urgente que cualquier otra cosa, porque el pecado es la mayor de las desgracias que comprimen a la humanidad. Su Reino se manifiesta sobre todo como reconciliación de mi ser con Dios, como nueva posibilidad, dándome la gracia de volver a emprender el camino después de la parálisis de mi libertad causada por mi culpa.

“Qué es más fácil?”. Los que no tienen fe en Jesús quizás siguen pensando que son otros y más se nos los problemas humanos: la defensa de la salud, la economía, la gestión del poder, el subdesarrollo, los desequilibrios ecológicos, etc. La Palabra de Dios resuena como condena de mi ceguera espiritual, que vuelve mi corazón incapaz de descubrir los auténticos signos del actuar divino en nuestra historia. La Palabra no se limita a denunciar mi pecado, sino que me brinda a la vez la gran noticia del perdón.

Por esta razón mi desierto florece y la estepa árida pulula con nueva vida. (Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.)

De Corazón

Pedro Sergio

SANTORAL

 

San Ambrosio, mosaico,  en iglesia St. Ambrosio, Milano

SAN AMBROSIO, OBISPO DE MILAN

Jesús Marti Ballester

EL NIÑO AMBROSIO

En la víspera de la VIRGEN INMACULADA ningún pregonero, ningún heraldo más apropiado para anunciar su virginidad Inmaculada que San Ambrosio, campeón y luchador aguerrido de la virginidad. Aún no sabía hablar, estando en el jardín de su casa en Tréveris, le ocurrió el mismo episodio que se cuenta de Platón, que un enjambre de abejas revoloteaba por su rostro, hasta deslizarse, sin picarle, en el interior de su boca, y su padre, prefecto de las Galias, que lo estaba viendo, dijo: "Este niño va a ser algo grande". Había nacido en Tréveris, el año 340. Estudió Letras y Jurisprudencia en Roma y fue después secretario del prefecto de la ciudad, Petronio Probo.

Ya mayorcito, cuando el obispo visitaba su casa, como veía que todos le besaban la mano; él presentaba también la suya a los criados y a su hermana, para que se la besaran, diciendo: "¿No sabéis que también yo voy a ser obispo?". Petronio Probo, prefecto romano, abogó  para que el emperador le otorgara el cargo de prefecto de las provincias Emilia y Liguria en Milán, al despedirle, le dijo: "Ve, hijo mío, y pórtate, no como juez, sino como obispo". Tenía treinta y unos años de edad contaba cuando fue nombrado.

¡AMBROSIO, OBISPO!

A los dos años de ejercer la prefectura en Milán, apenas había empezado a desarrollar su programa de gobierno, rodeado de la simpatía y la admiración unánimes, falleció el obispo y se planteó el problema de la elección de sucesor, que debían hacer el clero y el pueblo. Hubo disputas acaloradas; y un día, mientras el clero deliberaba en la parte superior de la basílica, y el pueblo aguardaba abajo la decisión con animosidad y actitud que podían degenerar en motín, el gobernador creyó deber suyo presentarse en medio de los fieles para hablarles y tranquilizarles. Apenas había terminado su elocuente exhortación, se oyó una voz infantil, que gritaba: “¡Ambrosio Obispo! ¡Ambrosio, Obispo! "¡Ambrosio, obispo!". Siguió gritando la muchedumbre considerando la voz inocente como una orden del cielo. Los clérigos discernían, en la parte superior de la basílica la sucesión del obispo que acababa de fallecer; los fieles esperaban impacientes en la parte baja, Y el clero se unió a la aclamación general. El único que protestaba era Ambrosio alegando que el Concilio de Nicea, en 325, había prohibido que los no bautizados fuesen elegidos obispos, y Ambrosio sólo era catecúmeno. Pero los electores no cedieron. El Papa aprobó la elección. Cuando fueron en busca de Ambrosio, para prepararlo y consagrarlo, no lo encontraron. Pero, al fin, se rindió a la voluntad divina. Recibió el Bautismo; fue ordenado sacerdote y consagrado obispo. Parodiando a Gabriel y Galán que describe en LA PEDRADA, a los niños del pueblo lanzando piedras contra los judíos que atormentan a Jesús camino del Calvario y se pregunta; ¿somos los  hombres de hoy aquellos niños de ayer?, podemos nosotros preguntar hoy: ¿Son los pretores de Europa de hoy aquellos hombres de estado de ayer que fueron reclamados por el pueblo para obispos, como Ambrosio?

ELECCIÓN ACERTADA

Muy pronto demostró Ambrosio estar a la altura de su dignidad. Su vida, que había sido siempre sobria, se hizo ahora austera y penitente. Distribuyó a los pobres todo su dinero y se trazó un programa pastoral vastísimo, que cumplió durante todo su pontificado. Destacó la caridad con los pobres, enfermos, moribundos, cautivos, viudas y huérfanos. Fundó hospitales y albergues, nada tuvo suyo y vivió en constante y heroica abnegación con los necesitados. Para perfeccionar su cultura teológica y bíblica, consultó personalmente y estudió los escritos de San Basilio, San Cirilo de Alejandría, San Gregorio Nacianceno, y otras grandes figuras de la época, vivos o difuntos, junto con Simpliciano, que le aleccionaba directamente y que sería su sucesor. Tuvo especial amistad con San Basilio, pues desde su juventud había sido hombre de selectas amistades. Ya en Roma trató a San Jerónimo, a San Paulino de Nola, a  Santa Paula y a sus hijas. Brillante orador forense, ahora era un gran predicador sagrado. En sus sermones se hermana la elocuencia ciceroniana con el profundo conocimiento del Evangelio y la vibración del celo. Como escritor, destaca  su comentario al evangelio de San Lucas, sus tratados sobre los sacramentos y el tratado sobre la virginidad, de la que fue un formidable panegirsta.

MARCELINA Y SU MONASTERIO

En el siglo IV, una joven viuda, entregada a la educación de sus hijos con esmero llamada Marcelina, vivía en una casa patricia con sus hijos Sátiro, que ayudaba a su madre llevando la administración y Ambrosio, el pequeño, inseparable de su hermano mayor. Aquella casa había sido convertida en monasterio por Marcelina para albergar a las vírgenes consagradas a Cristo, vistiendo el velo de su consagración con el testimonio y magisterio de Marcelina, la madre de Ambrosio. Esta será un indicio para entender el carisma de Ambrosio de apóstol de la virginidad. Vilipendiado por la gente por su constante predicación, se defenderá con estos argumentos: "Me dirá alguno: Tú todos los días nos estás hablando de las excelencias de la virginidad." ¿Pues qué he de hacer, ya que alabando diariamente lo mismo no consigo ningún fruto entre vosotros? No es al menos mía la culpa. Ved cómo vienen las vírgenes desde Piacencia, desde Bolonia, desde la Mauritania, para recibir aquí el velo sagrado. ¿No es maravilloso? Hablo aquí y allí persuado... Sé de muchas jóvenes que desean ser vírgenes y sus madres, o lo que es peor, las viudas, a las que ahora me dirijo, se lo impiden y aun les prohíben venir a escucharme..." El obispo era un formidable propagandista de la virginidad, propaganda que no era fácil y crecían entre sus diocesanos las murmuraciones y las resistencias. Por experiencia se que tampoco ahora es fácil la tarea ni frecuente. "Confiésate con quien quieras menos con ese sacerdote", he tenido que sufrir. Mas tal era la autoridad de Ambrosio, tal su virtud, que en su presencia todos enmudecían. Hasta aquel discípulo de Arrio, el sutil Helvidio, que se atreverá a impugnar, no sólo a atacar los afanes dé Ambrosio, sino la misma virginidad de Santa María. Razón para leer hoy, en la víspera de la Virgen Inmaculada, esta actividad de Ambrosio, pues ambas causas están unidas estrechamente: Ambrosio utilizaba este gran recurso y argumento de la bendita y augusta virginidad. "Sírvaos, decía, la vida de María de modelo de virginidad, cual imagen que se hubiese trasladado a un lienzo; en ella como en un espejo, brilla la hermosura de la castidad y la belleza de toda virtud... El mayor estímulo del alumno es la excelencia del maestro. Y ¿qué Maestra más insigne que la Madre de Dios? Cuál más preclara que aquella que fué elegida por su misma claridad, o cuál más casta que la que engendró sin mancillar su pureza?" Y con la virginidad de Santa María por emblema y escudo, el obispo proseguía su campaña. No era enemigo del matrimonio, bien que lo afirmó y reafirmó; pero no podía dejar de comparar esposos con Esposo: "Hija mía, has elegido un buen matrimonio. Ya ves cuánta gente ha venido para celebrar el Nacimiento del Esposo...; ámale, hija mía, porque es bueno. No hay nadie bueno sino solo Dios. Pues, si no se duda de que el Hijo es Dios y de que Dios es bueno..., te lo repito: ámale. Porque es el mismo a quien el Padre engendró desde toda la eternidad antes que al lucero de la mañana..." Así era San Ambrosio, así exhortaba y formaba el rebaño de sus vírgenes en aquella santa comunidad que presidió su madre Marcelina.

BASE DOCTRINAL DE LA VIRGINIDAD

Citando Santo Tomás a San Jerónimo, contra Jovino, que afirma que el error de Jovino consistió en mantener que la virginidad no era superior al matrimonio, escribe: Este error queda rechazado por el ejemplo de Cristo, que eligió a su madre virgen y él mismo se mantuvo virgen, y según la doctrina del Apóstol en 1 Cor 7, 25, que aconsejó la virginidad como un bien mejor que el matrimonio. También lo rechaza la razón porque el bien divino es mejor que el humano. Porque el bien del alma es más excelente que el del cuerpo. Y porque el bien de la vida contemplativa es más excelente que el de la activa.

Como la virginidad se ordena al bien del alma en la vida contemplativa, que consiste en pensar en las cosas de Dios, mientras que el matrimonio se ordena al bien del cuerpo, que es la multiplicación del género humano, y pertenece a la vida activa, puesto que el hombre y la mujer casados tienen que pensar en las cosas del mundo, tal como dice el Apóstol en 1 Cor 7, 33, afirma sin lugar a duda, que la virginidad es mejor que la continencia conyugal .

CLIMA DE ALTURA

El amor virginal es el más profundo y extenso. La virginidad no es soledad del corazón. Al contrario, supone compañía fiel de amistades puras y eternas. ¡Y qué hermosa la amistad! ¡Y qué provechosa! Dos almas que se aman y se ayudan, que se reparten sus luces. La virginidad es flor de alta montaña, no puede resistir las temperaturas de la tierra baja. Su cultivo exige vida espiritual poderosa, fe fuerte, especialmente la de la mujer por su psicología más sensible y voluble. Supone mirada de águila para descubrir su belleza, telescopio poderoso para ver a Dios. Como consejo evangélico, es un atajo para llegar a Dios.

El atajo se aparta del camino general, supone más incomodidad, que sólo se está dispuesto a abrazar cuando la visión de la meta es muy clara y deseada. Un exiliado que está muchos años sin ver a su madre está en disposición de aceptar las penalidades de todos los atajos, porque le mueve el poderoso amor y deseo de encontrar a su madre. Saber saborear la hermosura de la amistad y que la virginidad es el mejor camino para que la amistad germine. José y María son los dos grandes modelos de amigos vírgenes. Los dos miran en la misma dirección: Jesús, su Bien Supremo, su Amor total. 

LA SITUACION DE AMBROSIO COMO OBISPO

Mas lo admirable de este campeón de la virginidad es su circunstancia en la que desarrolló su campaña. Ambrosio no era, ni por temperamento, ni por su género de vida, un monje escondido y tímido que sólo sabía de santas purezas y retiros; Ambrosio era un hombre de leyes, educado en la comodidad y en la jurisprudencia, que muy pronto supo de honores y de gobierno. Su estilo de alma era recio, reflexivo y hasta imperioso. Era él un joven gobernador que acude al templo para pacificar los ánimos revueltos por la elección de nuevo obispo, y lo hizo con tal autoridad, que de pronto a él mismo le proclamaron el clero y el pueblo unánimes. Ambrosio manifestó su grandeza resistiendo la elección. Y el que era gobernador fué consagrado, ocupando desde entonces en aquel siglo uno de los puestos más influyentes y decisivos del imperio. El campeón de las vírgenes era el amigo y prefecto o gobernador, amigo de los emperadores; primero de Valentiniano; después, de Graciano y  de Teodosio. Obispo de cuerpo entero, que no se doblegó ante ningún poder de la tierra, detuvo la cólera de Máximo dispuesto a devastar Italia. Su grandeza de ánimo quedó patente en la excomunión lanzada contra Teodosio por su cruel carnicería en Tesalónica castigando un motín sedicioso en esta ciudad, matando a 7000 personas. Cuando regresó a Milán y quiso entrar en la basílica, San Ambrosio le detuvo en el umbral, diciéndole: "Ya que has imitado a David en el crimen, imítalo también en la penitencia". Y no quiso admitirle en la iglesia hasta que hubo cumplido una penitencia pública, durante ocho meses.Tal era aquel hombre pétreo y firmísimo, que supo hacer compatible su sabiduría, su gobierno, su gravedad, su prestigio universal, con aquel amor delicado y tierno por la virginidad y sus flores.

LA MADRE ABEJA VIRGEN

San Ambrosio de Milán, el serio y gravísimo San Ambrosio, fué el hombre que escribía: "Muy bien se puede comparar a la abeja con la virgen, así es de trabajadora, pudorosa y casta. La abeja se alimenta de rocío, desconoce las uniones sexuales, fabrica miel. El rocío de la virgen es su conversación con Dios..., su cuerpo inmaculado es el pudor virginal, los frutos de la virgen son sus palabras. exentas de amargura... Cuánto deseo, hermana mía, que imites a la pequeña abeja, que se alimenta de flores, en su boca lleva el fruto y con su boca lo prepara..." San Ambrosio, el caballero celeste de las vírgenes, es también San Ambrosio, el doctor de los saberes copiosos y San Ambrosio el liturgo de una liturgia fastuosa y sublime, y el San Ambrosio el de los pobres, ciegos, cojos, mancos y hambrientos. El que escribió contra los arrianos y una serie de himnos solemnes, que se utilizan todavía en la liturgia actual.

GENIAL HOMBRE DE ESTADO

Conocía la situación del Milán, centro y capital del imperio de Occidente, era fenomenal su dominio de los asuntos políticos y su autoridad de jurista, su capacidad como consejero técnico de los emperadores en materia religiosa, en la que intervenían, pues desde que Constantino se había hecho protector de la Iglesia, y se consideraba, una especie de obispo externo a la Jerarquía, no podían desinteresarse de los conflictos que incesantemente se provocaban entre cristianos y paganos, entre ortodoxos y arrianos. Fallecido Valentiniano I en 375, quedaba heredero del Imperio su hijo Graciano, de veinte años de edad. Otro hijo era un niño de cuatro, que fue educado por su madre Justina. El gran obispo fue para los dos príncipes, más que un consejero político, un tutor, un confidente, un padre. Graciano se formó a su lado, y favoreció la caída del paganismo como religión del Estado. A la muerte de Graciano en las Galias, Ambrosio, a súplicas de Justina, se encaminó a Tréveris para parlamentar con él y calmar sus iras. Al regresar de la embajada, suponía que la emperatriz le estaría agradecida. Pero ella pidió al obispo una basílica de la ciudad para los arrianos. La actitud intrépida del Santo, su creciente popularidad, la hicieron desistir, al contemplar que Ambrosio se había encerrado con el pueblo católico en la basílica, y contestó a los emisarios de Justina: "Mis bienes son de la patria, pero lo que es de Dios no tengo derecho a entregarlo". El pueblo se apiñó en torno suyo y le defendió. Y la omnipotencia imperial tuvo que doblegarse a su energía. Pero el Obispo y Teodosio se avinieron bien, y desarrollaron un programa basado en la unión estrecha entre la Iglesia y el Estado, pero conservando Ambrosio enteramente, su independencia espiritual. Ha escrito un autor español: "Con razón se ha dicho que esta victoria de la Iglesia es una de aquellas que se pueden llamar victorias de la humanidad. La última palabra no la habló la fuerza, sino el derecho. El Obispo representaba no sólo al Evangelio, sino a la conciencia humana".

 

PETICIÓN DE ORACIÓN

 

 

 

La Pagina de la Misa Diaria, esta preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por la Iglesia y a Nuestro Señor Jesucristo. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

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