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MISA DIARIA
DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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Fecha:
08-03-2011
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Edición
Nº MD 2825
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ORDINARIO, CICLO A
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LITURGIA DE LA HORAS
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LINK PARA TEMAS DE LA CUARESMA: cuaresma
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TIEMPO ORDINARIO, NOVENA SEMANA,
Semana 1ª del Salterio
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Martes, De la feria. Verde. San Juan de Dios. (ML). Blanco
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ANTÍFONA DE
ENTRADA Cf r. Sal 24,16.18
Mírame, Señor, y ten piedad de mí, porque estoy solo y afligido;
mira mi pena y mis fatigas, y perdona todos mis pecados.
ORACIÓN
COLECTA
Dios nuestro, cuya providencia es infalible en sus designios; te
suplicamos que apartes de nosotros lo que nos hace daño y nos concedas todo
lo que pueda ayudarnos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y
reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de
los siglos.
LECTURA Tob 2, 9-14
Lectura del libro de
Tobías.
Una noche, después de bañarme, salí al patio y me acosté a dormir
junto a la pared, con la cara descubierta a causa del calor. Yo no sabía
que arriba, en la pared, había unos gorriones; de pronto, su estiércol
caliente cayó sobre mis ojos, produciéndome unas manchas blancas. Me hice
atender por los médicos, pero cuantos más remedios me aplicaban, menos veía
a causa de las manchas, hasta que me quedé completamente ciego. Así estuve
cuatro años privado de la vista, y todos mis parientes estaban afligidos. Alicar me proveyó de lo necesario durante dos años,
hasta que partió para Elimaida. Desde ese
momento, mi esposa Ana empezó a trabajar en labores femeninas: hilaba lana,
enviaba el tejido a sus clientes y recibía el pago correspondiente. Una
vez, el siete del mes de Distros, terminó un
tejido y lo entregó a sus clientes. Éstos le pagaron lo que correspondía y,
además, le regalaron un cabrito para comer. Cuando entró en mi casa, el
cabrito comenzó a balar. Yo llamé a mi mujer y le pregunté: «¿De dónde salió este cabrito? ¿No habrá sido robado?
Devuélvelo a sus dueños, porque no podemos comer nada robado». Ella me respondió:
« ¡Pero si es un regalo que me han hecho, además del pago! » Yo no le creí
e insistía en que lo devolviera a sus dueños, llegando a enojarme con ella
por este asunto. Entonces ella me replicó: « ¿Para qué te sirvieron tus
limosnas y tus obras de justicia? ¡Ahora se ve bien claro!»
Palabra de Dios.
COMENTARIO
La
pérdida de la visión atrae la compasión de los parientes y obliga a Ana a
proveer las necesidades del hogar. La desgracia ha caído sobre el hombre
justo y piadoso y será su fe el principal soporte en el infortunio.
SALMO Sal
111, 1-2. 7-9
R. El corazón del justo
confía en e! Señor.
Feliz el hombre que teme al Señor y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra la posteridad de los justos es
bendecida. R.
No tendrá que temer malas noticias: su corazón está firme, confiado
en el Señor. Su ánimo está seguro, y no temerá, hasta que vea la derrota de
sus enemigos. R.
Feliz el hombre que teme al Señor. Él da abundantemente a los
pobres: su generosidad permanecerá para siempre, y alzara su frente con
dignidad R
ALELUYA Cfr. Ef 1, 17-18
Aleluya El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestros
corazones, para que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido
llamados. Aleluya.
EVANGELIO Mc 12,13-17
Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo según san Marcos
Le enviaron a Jesús unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en
alguna de sus afirmaciones Ellos fueron y le dijeron «Maestro sabemos que
eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no
te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el
camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al Cesar o no? ¿Debemos
pagarlo o no?» Pero El, conociendo su hipocresía, les dijo: « ¿Por qué me
tienden una trampa? Muéstrenme un denario» Cuando se lo mostraron pregunto
«De quien es esta figura y esta inscripcion9» Respondieron «Del Cesar»
Entonces Jesús les dijo «Den al Cesar lo que es del Cesar y a Dios, lo que
es de Dios». Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
El
denario tenía una imagen del emperador (Tiberio) y una leyenda que afirmaba
su divinidad, por tanto, la pregunta hecha a Jesús tiene sabor a hipocresía
y a engaño mortal. Si responde que si queda mal con los judíos y, si
responde que no, los romanos lo tildarán de revoltoso. Jesús pide devolver
al césar lo que es del césar, reconociendo la autonomía del poder civil,
pero rechazando su divinización.
ORACIÓN SOBRE
LAS OFRENDAS
Señor Dios, confiados en tu misericordia traemos estas ofrendas a tu
altar, para que, con tu gracia, quedemos purificados por estos misterios
que celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTIFONA DE
COMUNION Sal 16,68
Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído
hacia mí y escucha mis palabras
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Guía, Señor, por medio de tu Espíritu, a quienes alimentas, con el Cuerpo
y la Sangre de tu Hijo, para que, dando testimonio de ti, no sólo de
palabra y con la lengua sino con las obras y de verdad, merezcamos entrar
en el reino de los cielos Por Jesucristo, nuestro Señor.
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REFLEXIÓN
BÍBLICA
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“Dar a Dios lo que es de Dios.”
Mc 12, 13 -17:
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
1. ESTA FUE UNA INSIDIA FARISAICA BIEN
PREMEDITADA.
San Mateo y
San Marcos tienen una narración muy semejante, también la trae el Evangelio
de san Lucas. La mención de los “herodianos” lleva preferentemente a situar
la escena en la época galilea. La pregunta no sólo era capciosa, sino
especialmente comprometida en aquella época de exaltación mesiánico-política
de independencia de Roma y de los “zelotes.”
Admitir pagar tributo al Cesar era enemistarle con el pueblo. Negarlo era
enemistarlo con las autoridades romanas y sanedritas,
que lo utilizarían como halago a Roma.
La respuesta
“Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios” es una
respuesta habilísima. La tradición cristiana primitiva exigirá la
obediencia a los poderes constituidos (Rom 13:7;
1 Pe 2:13-14). El Estado tiene sus exigencias legítimas, pero no al margen
de Dios. Precisamente se ha de estar “sujetos a toda ordenación humana por
respeto a Dios” (1 Pe 2:13; Ap 17:Ι7-18). La
respuesta de Cristo tiene un enunciado “sapiencial.” También la dominación
romana, como castigo, contaba en el plan de Dios.
2. LAS INTRIGAS CONTRA CRISTO CONTINUABAN.
Los fariseos
le enviaron algunos de los suyos, según san Mateo, discípulos suyos que
eran estudiantes ya aprovechados de la Ley, pero que aún no habían recibido
el título oficial de rabí. Estos jóvenes, que podrían aparentar más naturalidad,
pero eran los espías que le enviaron para sus oscuros propósitos.
Con ellos le
enviaron también una representación de herodianos. Estos eran los
partidarios de la dinastía de Herodes, por oposición a los partidarios de Antígono ,
lo mismo que gentes palaciegas de esta dinastía, y que estaban en buenas
relaciones con la autoridad romana.
La pregunta
podía encerrar un problema moral para algún judío de conciencia recta. Como
seguía teniendo interés para las comunidades judeo-cristianas antes de la
catástrofe de los años 70, y, en sentido más general, para el tema de la
obediencia a la potestad civil (cf. Rom 13:6-7; 1 Pe 2:13). El Señor de Israel era Dios.
3. PAGAR UN TRIBUTO A OTRO QUE NO FUERA EL
REPRESENTANTE DE DIOS
Pagar un
tributo a otro que no fuera el representante de Dios ¿No era renunciar a la
teocracia sobre Israel? Hasta hubo un levantamiento por este motivo. A la
muerte de Arquelao, bajo el procurador Coponius
(6 d.C.), Judas el Galileo (Act
5:37) armó una revuelta echando en cara a los judíos que pagasen el tributo
a los romanos y que sufriesen otros señores mortales distintos de Dios. La
pregunta está muy bien ambientada en aquella época de zelotes.
Se entendía por el impuesto del censo todos los impuestos que habían de
pagarse, en contraposición a los impuestos aduaneros. Podría referirse a la
capitación, que era el tributo personal que debían pagar al César todas las
personas, incluidos los siervos; los hombres desde los catorce años, y las
mujeres desde los doce, hasta la edad de sesenta y cinco años para todos.
Pero sería muy probable que, por la palabra impuesto, se refiriese aquí a
todos los impuestos que los judíos tenían que pagar, directa o
indirectamente, a Roma, en contraposición al medio siclo
que, por motivo religioso, se pagaba al templo.
4. LA PREGUNTA CAPCIOSA QUE SE HACÍA A CRISTO
ERA DE GRAVEDAD EXTREMA.
Si decía que
había que pagarlo, iba contra el sentido teocrático nacional, pues sometía
la teocracia al Cesar y a Roma; aprobaba a los publicanos, estos eran muy
odiados por recaudar estas contribuciones; y hasta querían ponerlo en
contradicción consigo mismo, al admitir injerencias extranjeras en el
reinado mesiánico: él que se proclamaba Mesías.
5. PERO LA RESPUESTA DE CRISTO FUE INESPERADA.
En el
Evangelio según san Mateo se refleja, probablemente, mejor las palabras de
Cristo: “Mostradme la moneda del censo.” Aquí en san Marcos: “Traedme un
denario para verlo.” Le traen un denario. Talvez este denario podía tener
la imagen de Augusto o de Tiberio. Ya que las monedas del emperador
anterior tenían curso válido en el del siguiente. Lo interesante es que
pertenecía al Cesar.
Los judíos
usaban las monedas romanas en su nación, por lo que reconocían de hecho el
dominio sobre ellos del Cesar. La moneda extranjera se tenía por señal de
sujeción a un poder extranjero. Por eso, si ellos reconocían este dominio
de hecho, también de hecho, por ser súbditos de un poder y gobierno,
estaban obligados a las relaciones que este gobierno les imponía. No sería
eso para la nación teocrática lo ideal, pero sí era una situación de hecho,
un gobierno de hecho, y de hecho había que cumplir con él las obligaciones
exigidas por el bien común. La Iglesia primitiva insistirá sobre estas
obligaciones (Roma 13:7; 1 Pe 2:13-14) al poder constituido.
6. “DAR A DIOS LO QUE ES DE DIOS.”
Los dirigentes
de la nación preferían esta situación y veían en ello una buena protección
contra la tiranía de Herodes. Ellos mismos rechazarán la realeza mesiánica
de Cristo, diciéndole a Pilato: “No tenemos más rey que al Cesar” (Jn 19:15). Era el claro reconocimiento de la soberanía
que el Cesar tenía en ellos, y de que ellos se consideraban de hecho sus
súbditos.
Pero si, por
tanto, había que dar “al Cesar lo que es del Cesar,” había otra obligación
también en los súbditos. Hay también que “dar a Dios lo que es de Dios.” En
realidad, este precepto abarca el otro, de sumisión al poder constituido, y
en éste cobra su fuerza aquél. Que den, pues, “a Dios lo que es de Dios,”
no sólo en el orden moral personal, sino en el colectivo de la nación, en
cuanto las exigencias teocráticas sean compatibles, en aspectos no
esenciales, con las determinaciones del poder que los tiene sometidos. Las
obligaciones para con el Cesar son temporales; las obligaciones para con
Dios son trascendentales. Fue una de estas enseñanzas definitivas de
Jesucristo con una gran repercusión social-estatal.
7. ¿DEBEMOS OBEDECER A LOS QUE NOS GOBIERNAN?
El Maestro nos
enseña que debemos obedecer a los que nos gobiernan, cuando lo hacen según
la ley moral. San Hilario de Poitiers comenta: “¡Oh
respuesta verdaderamente admirable y claridad absoluta de la palabra
celestial! Todo está allí medido, entre el desprecio del mundo y la ofensa
al César (Mt 22,21).” Declarando que es necesario
“dar al César lo que es del César”, libra a los espíritus consagrados a
Dios de toda preocupación y deber humano.
En efecto, si
nada de lo que pertenece al César se retiene en nuestras manos, nosotros no
quedamos ligados por la obligación de devolverle las cosas que son suyas.
“Si, por el contrario, nos dedicamos a sus cosas y nos sometemos al cuidado
del patrimonio ajeno, no es injusticia devolver al César lo que es del
César, y tener que dar a Dios las cosas que son suyas como el cuerpo, el
alma, la voluntad. “Es Dios, en efecto, quien da y acrecienta todos los
bienes que tenemos y, por consiguiente, es completamente justo devolver
todo esto a Dios; a quien, según se nos recuerda, debemos su origen y
progreso (Comentario al Evangelio de San Mateo 23,2).
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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SE REBELA Y BENDICE A DIOS
Una desgracia, un accidente... algo que,
sea como sea, quiebra las ya frágiles seguridades de una vida experta en
dolor. Y todo esto le pasa al hombre fiel, a alguien que «temía a Dios».
¿No es acaso un escándalo, una provocación, una injusticia? ¿Cuántas veces
se habrá presentado el mismo espectáculo ante nuestros ojos? ¿Cuántas veces
nos habremos encontrado nosotros mismos en una situación semejante? A
nuestras reacciones de murmuración y de rebelión, a nuestros sobresaltos de
desconcierto y de angustia, a la vacilación de nuestra misma fe le suena
desconcertante la respuesta de Tobit, que casi
nos parece de otro mundo: «Dándole gracias todos los días de su vida». Los
amigos se burlan de él, su mujer le insulta, la ceguera le reduce a la
impotencia, le sitúa entre la incomprensión y el escarnio de sus más
allegados, pero él bendice a Dios.
Nuestra tentación consistiría en
archivar el asunto como algo absurdo, imposible. Sin embargo, si hacemos
callar el tumulto de los sentimientos y de las reacciones de defensa y nos
ponemos a escuchar en un clima de verdad en el fondo de nuestro corazón,
podremos volver a encontrar un acuerdo con la armonía de Tobit. Comprenderemos que ese hombre, humanamente
hablando destruido, se encuentra en el punto justo cuando no se rebela y
bendice a Dios. A buen seguro, esta actitud no se improvisa: Tobit «desde la niñez había temido a Dios y observado
sus mandamientos».
Una fe débil, «dominical», podríamos
decir, no basta para permanecer firmes en los momentos difíciles. Sin
embargo, una fe madura, purificada en el crisol de la cruz, vivida en
fidelidad a las cosas pequeñas de cada día, en el «sí» disponible repetido
en cada situación, nos permite llegar incluso a gestos extremos.
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ORACION
(3)
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Señor, Dios justo, purifícanos para que en nuestro obrar no nos mueva
la búsqueda del favor o de las complacencias humanas, sino sólo el deseo de
hacer tu voluntad y complacerte. Ilumina y fortalece nuestro corazón con tu
Espíritu para que, a través de las pruebas de la vida, pueda permanecer
firme en tu santo temor.
Cuando el sufrimiento, la soledad, el peso y la fatiga del camino
diario nos resulten más pesados, enséñanos a dejarnos ayudar por ti, a
unirnos más a ti, sin hacerte preguntas, sin exigir explicaciones,
fiándonos de ti cuando más oscuro se vuelva nuestro cielo. Entonces también
en nuestra oscuridad brillará la luz de la esperanza que no defrauda y el
canto silencioso de la acción de gracias a ti, Dios bueno y fiel.
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SANTORAL
(4)
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SAN JUAN DE DIOS 1495-1550
La presencia de los Hermanos
de San Juan de en tantos hospitales
o centros psiquiátricos ha difundido por el mundo entero el nombre de aquel
que les confirió el impulso de su caridad, sin haber imaginado nunca él
mismo que fundaba una Orden religiosa.
«Si se perdiese la
misericordia, se hallaría en vos», le dijo alguien cierta vez, y el
comentario le define, pero antes de descubrirse a sí mismo Juan Ciudad,
porque éste era su nombre, iba a vivir en el aturdimiento de quien busca lo
que no sabe que anda buscando.
Nacido de padres menestrales
en la población portuguesa de Montemayor el Nuevo, en la diócesis de Évora, a los ocho años dejó a los suyos para ver mundo,
es pastor en Oropesa, provincia de Toledo, quieren casarle con la hija del
amo, y él vuelve a echarse a los caminos prefiriendo la aventura de la
guerra.
Aunque triunfa su Tercio, él
se ve a punto de ser ahorcado por no haber sabido guardar un depósito
militar. Y vuelve a Oropesa.
Cuatro años después se alista
en otro Tercio que acude a rechazar de Austria y Hungría al gran turco
Solimán II.
Regresa por mar a la Coruña y
peregrina a Santiago de Compostela. Llega a Montemor,
pero sus padres han muerto. En Ayamonte, atiende a los enfermos del Santo
Hospital. Trabaja una temporada en un cortijo de Sevilla y después en la
fortificación de Ceuta como peón albañil para ayudar a una familia
necesitada.
Finalmente se hace vendedor de
libros piadosos y estampas desde Gibraltar y Algeciras a Granada. ¿Será el
fin de tanto ir y venir? Sus padres han muerto, y ese hombre inquieto y sin
arraigo continúa sus vagabundeos cada vez más movido por la piedad y la
caridad.
A los 42 años llega a Granada.
Allí se realizó su conversión. "Granada será tu cruz", le dice el
Señor. Desde ahora se llamará Juan de Dios. Predicaba en Granada San Juan
de Ávila, y con tales colores y tonos predicó sobre la belleza de la virtud
y sobre la fealdad del pecado, con tantos ardores habló sobre el amor de
Dios, que Juan se sintió como herido por un rayo. Se tiraba por el suelo,
mientras repetía: "Misericordia, Señor, misericordia". Quemó los
libros que vendía de caballería, repartió los piadosos, lo dio todo, y corrió
por las calles de la ciudad descalzo y gritando sus pecados y su
arrepentimiento como uno que ha perdido el juicio.
Los niños le seguían
burlándose: ¡Al loco, al loco! Nadie entendía aquella divina locura y
llegan a internarle en un manicomio. Sólo Juan de Ávila que le animó a
encauzar aquellos arrebatos en alguna obra permanente de caridad. Y Juan
concentró ahora todo su entusiasmo en una nueva Orden: La Orden de los
Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios.
Sus primeros compañeros los
reclutó el fundador entre la gente más desarrapada: un alcahuete, un
asesino, un espía y un usurero. Esa es la fuerza del amor. Un converso que
saca del fango a cuatro truhanes y los hace héroes cristianos. Sobre estas
cuatro columnas apoyará su obra.
Peregrina a Guadalupe. Vuelve
a Granada y con la ayuda del arzobispo de Granada recoge en un asilo a los
desesperados de todas clases: enfermos, viudas, huérfanos, ancianos,
inválidos, locos, hambrientos, vagabundos, prostitutas, y va a pedir
limosna por las calles con una espuerta y dos marmitas colgadas al cuello,
andrajoso y gritando: «Hermanos, haced bien para vosotros mismos», recoge
los primeros enfermos. Es el precursor de la beneficencia moderna. Acoge a
los enfermos, los cura, los limpia, los consuela, les da de comer. Todo es
limpieza, orden y paz en la casa. Por la noche mendiga por la ciudad para
los enfermos.
Todos se le abren. Todos le
ayudan. Es muy expresivo el cuadro de Murillo: va el Santo con el cesto
lleno por la ciudad, carga con un enfermo ulceroso que representa a Jesucristo
y un ángel le sostiene y le guía.
Un día se declaró un incendio
en el Hospital. Había peligro de que todos los enfermos quedaran abrasados.
Juan de Dios, desoyendo a los prudentes, se metió en el fuego, dispuesto a
dar la vida, cogió uno a uno sobre sus espaldas y los salvó a todos. A él
únicamente se le chamuscaron los vestidos. Las llamas de su amor fueron más
fuertes que el fuego.
Los enfermos crecían. Salió
Juan a colectar por Andalucía, y por Toledo hasta Valladolid. Felipe II le
favoreció regiamente. Al volver enfermó. Se enteró que el Genil arrastraba
mucha madera. Bien le vendría para sus enfermos. Se levanto y se lanzó al
río. Vio además que un joven se ahogaba. El esfuerzo supremo que hizo por
salvarle acabó de agotar sus fuerzas.
Su lecho fue un desfile
continuo de gentes que querían ver a su padre y bienhechor, hasta los
gitanos del Sacromonte y del Albaicín.
Esperó la muerte de rodillas, y mirando al crucifijo dejó de latir su
ardiente corazón.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant
ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio
de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén
(SBJ),
(3) Para la Lectio Divina,
Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini
y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad
Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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