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MISA DIARIA DE Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Desde el 26 de febrero de
2002 en Internet – Santiago de Chile-Chile La página de Misa Diaria,
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9-12-2009 |
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Miércoles 2° de Adviento. Semana II del
Salterio - San Juan Diego de América. (MO). Blanco. |
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San Juan Diego de América Nació en Tlayácac,
en |
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ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 91, 13-14 El justo crecerá
como la palmera, se alzará como los cedros del Líbano: trasplantado en la
casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios. ORACIÓN COLECTA Dios nuestro,
que por medio de san Juan Diego quisiste mostrar a tu pueblo el amor de Santa
María de Guadalupe, concédenos, por su intercesión, que, dóciles al consejo
de nuestra Madre, nos esforcemos en cumplir siempre tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo. LECTURA Is 40, 25-31 Lectura del libro de Isaías. Dice el Santo: «¿A quién me van a asemejar, para que yo me iguale a Él?».
Levanten los ojos a lo alto y miren: ¿quién creó todos estos astros? El que
hace salir a su ejército uno por uno y los llama a todos por su nombre: ¡su
vigor es tan grande, tan firme su fuerza, que no falta ni uno solo! ¿Por qué
dices, Jacob, y lo repites tú, Israel: «Al Señor se le oculta mi camino y mi
derecho pasa desapercibido a mi Dios»? ¿No lo sabes acaso? ¿Nunca lo has
escuchado? El Señor es un Dios eterno, él crea los confines de la tierra; no
se fatiga ni se agota, su inteligencia es inescrutable. Él fortalece al que
está fatigado y acrecienta la fuerza del que no tiene vigor. Los jóvenes se fatigan
y se agotan, los muchachos tropiezan y caen. Pero los que esperan en el Señor
renuevan sus fuerzas, despliegan alas como las águilas; corren y no se agotan,
avanzan y no se fatigan. Palabra de Dios. COMENTARIO El Dios del
Antiguo y Nuevo Testamento, es superior a todos los dioses, ya que los demás
son ídolos y hechura de manos humanas o son creación de la mente y
sentimientos de los hombres. Yavé en cambio, se
manifiesta y actúa, está cerca de su pueblo: salva, cuida y fortalece SALMO Sal 102, 1-4. 8. 10 R. ¡Bendice, alma mía, al Señor! Bendice al
Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor,
alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R. Él perdona todas
tus culpas y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te
corona de amor y de ternura. R. El Señor es
bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; no nos
trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. R. ALELUYA Aleluya. El
Señor viene a salvar a su pueblo. Felices los preparados para salir a su
encuentro. Aleluya. EVANGELIO Mt 11, 28-30 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo. Jesús tomó la
palabra y dijo: - Vengan a mi todos los que están afligidos y agobiados, y yo
los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy
paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es
suave y mi carga liviana -. Palabra del Señor. COMENTARIO El Señor, modelo
absoluto de humildad y sencillez, es camino de seguimiento, para vivir la
verdad sobre nosotros mismos. Vivamos de acuerdo a la verdad como creaturas
de Dios, totalmente dependientes de él y pongamos nuestras vidas
confiadamente en sus manos. ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS Señor, al
ofrecer en tu altar estos dones, te pedimos que nos concedas aquel amor que
infundiste en san Juan Diego para que con un corazón puro y ferviente nos
acerquemos a tus misterios, y celebremos un sacrificio agradable a ti y de
provecho para nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor. ANTÍFONA DE COMUNIÓN Mt
11, 28 Dice el Señor: -Vengan
a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré-. ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN Señor y Dios
nuestro, te rogamos que estos misterios celebrados en la conmemoración de san
Juan Diego, nos obtengan la paz y la salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. |
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REFLEXIÓN BÍBLICA |
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"Soy manso y humilde de corazón" Mt 11, 28-30: Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant 1. VENGAN A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁN AFLIGIDOS Y AGOBIADOS Con estas palabras, que resuenan de un modo dulce y tierno en nosotros, Jesús hace una invitación a todos los que trabajan con cansancio y están con una carga que los agobia, pero no se esta refiriendo a la labor física, sino que a esa presiones a las que estamos sometidos por alguna condición especial de la vida cotidiana, aunque tomar el yugo, es una expresión conocida y que aparece en el Antiguo Testamento, y significa que el hombre está sometido a ellos como el esclavo a su trabajo (cf. Jer c.28; Is 58:6; etc.). Los fariseos de aquellos tiempos, con sus prácticas doctrinarias llenas de preceptos asfixiantes, hacían una vida insoportable. Esta forma de ser era una intolerable servidumbre, con tratados y prescripciones minuciosas. Así era como, se encontraban imposibilitados de dejar su casa, tomar alimento, hacer una labor cualquiera sin exponerse a un sinnúmero de contravenciones. Vivian llenos de temor de caer en infracciones, que se les paralizaba el espíritu. Entonces su religión degeneraba en un formalismo miserable. De este modo, estaban fatigados y agobiados de toda esa absurda e inaguantable reglamentación. Entonces Jesús, bondadoso, magnánimos, compasivo por naturaleza, les dice que vengan a El, y El, con su doctrina de amor, les aliviará, concretamente descansarán, con un descanso restaurador. 2. CARGUEN SOBRE USTEDES MI YUGO Y APRENDAN Frente a este fastidio, Jesús les invita a tomar su yugo, una expresión usual entre los judíos como sinónimo de la Ley, pero en este caso, el yugo de Jesús es su doctrina, por eso les dice aprendan de mi, de sus enseñanzas, de su escuela, que se dejen instruir por EL, que es y se proclama Maestro. Como tal, les ofrece paciencia y humildad de corazón, afecto, conducta suave y amorosa, mansedumbre, oposición a la ira y la soberbia. Jesús les ofrece a los tomen su yugo, el descanso para sus almas, porque no sólo su yugo es suave y su carga liviana, sino que da vida abundante (Jn 10:10), y, con ella, la gracia, la vida se restaura, se expansiona, se hace sobrenaturalmente gozosa. 3. YO LOS ALIVIARÉ Jesús llama al corazón, cuando hace el llamado con el “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”, El nos muestra que conoce bien el corazón de los hombres, es así como estas son unas palabras muy alentadoras, muy gratificante. Jesús sabe que es allí donde se vive la fatiga, la aflicción, el dolor y la desesperanza. Con el vengan a mí, Jesús nos invita de esa manera a todos los oprimidos, a los que tienen pesar, a los que sufren de la miseria, ¿Dónde más puede el hombre encontrar palabras tan esperanzadoras como estas? ¿Dónde podríamos encontrar más alivio y consuelo? 4. SER CRISTIANO ES QUERER VIVIR COMO CRISTO Ser cristiano es querer vivir como Cristo, tener sus mismos sentimientos, ¿existe un plan de vida mejor?, respondamos amorosamente que no, entonces dispongámonos a vivir como es Jesús, tener sus mismos sentimientos, mirar a los hombres con sus ojos, aprender de su corazón a vivir del amor del Padre y a entregar ese amor a nuestros hermanos en gestos pequeños y humildes. Es este un hermoso texto del Evangelio, son hermosas palabras para la meditación y para acogerlas plenamente en nuestras vidas, el Vengan a mí, es buscar una frecuente intimidad con Jesús, es querer sanar nuestras heridas, es pedir perdón, es querer la reconciliación, es estar preparados para recibir la gracia. 5. VAYAMOS A JESÚS, CON INTENSOS MOMENTOS DE ORACIÓN Vengan a mi, una gran invitación para disfrutar la compañía de Jesús, para encontrar paz, para aliviar nuestros dolores y penas, son palabras suaves, pero con gran calor de comprensión y afecto. Vayamos a Jesús, con intensos momentos de oración, digámosle nuestros proyectos y necesidades, presentémosle nuestros anhelos y contémosle nuestras angustias. Jesús busca y quiere hacernos partícipes de su misma vida: Aprendan de mí. Es una oportunidad para experimentar el gozo de la Trinidad, el gozo de saberse el Hijo amado del Padre, el gozo del Espíritu Santo que consuela y anima y fortalece. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, dulce oportunidad para poner el hombro bajo la cruz, tomar la propia cruz, cargar con los sufrimientos que nos agobian y nos afligen, la misma Cruz que cargó el Señor, entonces estaremos sostenidos por su Espíritu y que llevaremos su misma vida. El sentido de la cruz, es el fin del mal, allí el Señor venció la muerte, y no regaló una vida nueva. El Señor les Bendiga Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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LECTIO DIVINA |
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Paciente y humilde de corazón El fragmento inmediatamente anterior, (Mt
11,25-27), ,esta estrechamente vinculado con el texto
evangélico de hoy, Jesús aclara que el verdadero conocimiento de Dios como
Padre es posible porque el Hijo es quien introduce en esta familiaridad a sus
propios discípulos. Pero éstos, para acoger de verdad esta paternidad divina
y la amistad del Hijo, deben hacerse “pequeños” y Jesús nos indica quién es el
verdaderamente “pequeño”: sólo el que crea que el estilo de Jesús, “Paciente y humilde de corazón”, es
el único camino para introducirnos en los secretos de Dios, y que para
aprender este estilo se acerque a él iniciando un camino de seguimiento. Como
la Sabiduría en el Antiguo Testamento (cf. Eclo 5 1,26-27; 6,24ss) invita a su escuela prometiendo
«descanso», es decir, esa plenitud capaz de sosegar el corazón inquieto de la
humanidad, así Jesús, capaz de sosegar el corazón inquieto de la humanidad,
invita a su apasionante escuela en la que descubrimos que somos hijos de
Dios. Por consiguiente, es necesario entrar en su escuela, acercándonos a
él que habla del Padre a los propios amigos y descubrir que la familiaridad
con Jesús es una escuela exigente y continua, pero también capaz de sanar, de
dar paz al corazón. Ciertamente Jesús no exime al discípulo del compromiso
pleno y perseverante en la observancia de la ley de Dios, como aparece cuando
nos habla de «yugo» y de «carga». Pero promete que será un peso
proporcionado, adecuado a quien lo debe llevar y que a la
postre se manifestará como una experiencia de libertad. Escuchando la invitación de
Jesús de ir a él Siento la necesidad de repetir a mi corazón la verdad de mi filiación
porque me queda la sospecha del amor de Dios. Es la sospecha que la serpiente
envidiosa de nuestra dignidad sembró en nuestros corazones humanos desde el
comienzo. Se trata de una sospecha que se alimenta continuamente al
presentarme un rostro de Dios enemigo de nuestra libertad, celoso de nuestra
felicidad, juez duro y severo, incapaz de comprender nuestra flaqueza. Escuchando la invitación de Jesús de ir a él, se me exhorta a volver
al gran amor con que Dios me ha amado para poder considerarme tal y como soy
en realidad, es decir, su amigo e hijo del Padre. Para comprender mi
filiación y la paternidad de Dios en mis relaciones, debo acercarme al
corazón de Jesús. Así podré escuchar esas palabras suyas que desbordan la
plenitud de su corazón (cf. Mt
12,34). De lo contrario, mi religiosidad será mercenaria, un cansancio
ímprobo y estéril de prácticas y observancias incapaces de pacificar mi
corazón. En la contemplación y escucha de Jesús “Paciente y humilde de corazón”, es donde me libero del peso de
una religión tejida únicamente de méritos, obras, deberes, porque en Jesús se
manifiesta el rostro amable de Dios, capaz de saciar mis más profundos
deseos. La fe se convierte entonces en experiencia de ser revestido de la
fuerza de lo alto, de un correr sin fatigarse, porque soy como aupado sobre
las alas de un águila al encuentro de un amor preexistente y, precediéndome,
me enseña a desear tu promesa. Oración Señor Jesús, tú nos invitar a ir a ti. Qué hermoso es descubrir que
nos quieres cercanos, alumnos de tu escuela, que deseas hacemos partícipes
del misterio de tu Padre, reconociéndonos amados y hermanos tuyos. ¡Ir a ti! Ir a tu escuela exigente y fascinante. Ira ti para aprender
de ti que eres manso y humilde de corazón. ¡Ir a ti! No con nuestros méritos sino con nuestros cansancios y
opresiones. Ir a ti sin fingimientos, sin ocultar nuestras miserias y
debilidades. Ir a ti para poder abrirte nuestro corazón y contarte nuestras
fatigas y nuestras culpas. ¡Ir a ti! Y en ti recobrar las fuerzas y encontrar la paz tan
ansiada. Tu querer no nos aplasta porque tu yugo es suave y tu carga ligera. Realmente es espléndida tu promesa, por la que te alabamos y
bendecimos. (Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) De Corazón Pedro Sergio |
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SANTORAL |
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SAN JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN (1474-1548) “su confianza en
Dios y en la Virgen; su caridad, su
coherencia moral, su
desprendimiento y su pobreza evangélica. Llevando una vida
de eremita, aquí, cerca deL Tepeyac,
fue ejemplo de humildad.” Juan Pablo II, 6 de mayo de
1990 Su Historia San Juan Diego, que en 1990 Vuestra Santidad llamó «el confidente de la
dulce Señora del Tepeyac» (L'Osservatore
Romano, 7-8 maggio 1990, p. 5), según una tradición
bien documentada nació en 1474 en Cuauhtitlán,
entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia
de los chichimecas.Se llamaba Cuauhtlatoatzin,
que en su lengua materna significaba «Águila que habla», o «El que habla con
un águila». Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los PP.
Franciscanos llegados a México en 1524, recibió el bautismo junto con su
esposa María Lucía. Celebrado el matrimonio cristiano, vivió castamente hasta
la muerte de su esposa, fallecida en 1529. Hombre de fe, fue coherente con
sus obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión con Dios
mediante la eucaristía y el estudio del catecismo. El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en
un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición de
María Santísima, que se le presentó como «la perfecta siempre Virgen Santa
María, Madre del verdadero Dios». La Virgen le encargó que en su nombre
pidiese al Obispo capitalino el franciscano Juan de Zumárraga,
la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Y como el Obispo
no aceptase la idea, la Virgen le pidió que insistiese. Al día siguiente,
domingo, Juan Diego volvió a encontrar al Prelado, quien lo examinó en la
doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio. El 12 de diciembre, martes, mientras el Juan Diego se dirigía de nuevo
a la Ciudad, la Virgen se le volvió a presentar y le consoló, invitándole a
subir hasta la cima de la colina de Tepeyac para
recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y
la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas. Una vez
recogidas las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó
presentarlas al Sr. Obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo
el Beato abrió su «tilma» y dejó caer las flores, mientras en el tejido
apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que
desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en
México. Juan Diego, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de
Dios, dejó los suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del
Obispo, pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del
Cielo». Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los
peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en este
grandioso templo, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a
la Virgen de Guadalupe. En espíritu de pobreza y de vida humilde Juan Diego recorrió el camino
de la santidad, dedicando mucho de su tiempo a la oración, a la contemplación
y a la penitencia. Dócil a la autoridad eclesiástica, tres veces por semana
recibía la Santísima Eucaristía. En la homilía que Vuestra Santidad pronunció el 6 de mayo de 1990 en
este Santuario, indicó cómo «las noticias que de él nos han llegado elogian
sus virtudes cristianas: su fe simple [...], su confianza en Dios y en la
Virgen; su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y su pobreza
evangélica. Llevando una vida de eremita, aquí cerca de Tepeyac,
fue ejemplo de humildad» (Ibídem). Juan Diego, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima
entre sus contemporáneos que éstos acostumbraban decir a sus hijos: «Que Dios
os haga como Juan Diego». Circundado de una sólida fama de santidad, murió en 1548. Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de
Guadalupe, ha atravesado los siglos, alcanzando la entera América, Europa y
Asia. En abril de 1990, en una solemne ceremonia en la Basílica de Guadalupe
en México, el Santo Padre Juan Pablo II le declaró
Beato, ante Vuestra Santidad fue promulgado en Roma el decreto «de vitae sanctitate et de cultu ab immemorabili tempore Servo
Dei Ioanni Didaco praestito». El 6 de mayo sucesivo, en esta Basílica, Vuestra Santidad presidió la
solemne celebración en honor de Juan Diego, decorado con el título de Beato. Precisamente en aquellos días, en esta misma arquidiócesis de Ciudad de
México, tuvo lugar un milagro por intercesión de Juan Diego. Con él se abrió
la puerta que ha conducido a la actual celebración, que el pueblo mexicano y
toda la Iglesia viven en la alegría y la gratitud al Señor y a María por
haber puesto en nuestro camino al Beato Juan Diego, que según las palabras de
Vuestra Santidad, «representa todos los indígenas que reconocieron el
evangelio de Jesús» (Ibídem). Beatísimo Padre, la canonización de Juan Diego es un don extraordinario
no sólo para la Iglesia en México, sino para todo el Pueblo de Dios. Juan Pablo II
proclamó públicamente la santidad de Juan Diego en una Solemne Misa de
Canonización en la Basílica de la Virgen de la Guadalupe en México el 31 de
julio, 2002. Su fiesta la fijó el mismo Santo Padre el 9 de diciembre porque
ése "fue el día en que vió el Paraíso"
(día de la primera aparición). |
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PETICIÓN DE ORACIÓN |
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