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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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9 años de publicación, todos los días desde el 26 de
febrero de 2002 en Internet – Santiago de Chile-Chile.
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Fecha: 09-12-2011
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Edición Nº MD 3102
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II ADVIENTO, CICLO B
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LITURGIA DE LA HORAS
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Viernes, San Juan Diego de América.
(MO). Blanco
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San Juan Diego de América
Nació en Tlayácac,
en 1474, a
unos 20 kms. de la
ciudad de México. Su familia era de la clase baja del pueblo azteca. Se
casó con una azteca, y no tuvieron hijos, por lo cual adoptaron a un niño.
A los 52 años, junto con su mujer y su tío Juan Bernardino, fue bautizado,
tomando el nombre de Juan Diego, y su esposa el de María Lucía. Fue uno de
los primeros convertidos al cristianismo por los misioneros franciscanos
españoles. Trabajaba el campo y tejía mantas. A la muerte de su esposa, en
1529, se fue a vivir con su tío Juan Bernardino. Juan Diego se distinguía
por su sencillez y humildad. Tenía gran avidez de instruirse en la fe
cristiana, y la vivía hasta el heroísmo. La madrugada del sábado 9 de
diciembre del 1531, iba hacia la ciudad pasando al pie del cerro Tépeyac, donde se veneraba una deidad pagana. De
repente escuchó un canto suave y encantador, y luego oyó que lo llamaban
por su nombre. Era la Virgen María, que le manifestó su vivo deseo:
“Mucho deseo que en este lugar me levanten un templo en el que daré a las
gentes todo mi amor”. Así empezaron las apariciones de la Virgen en Guadalupe,
que dieron un gran impulso a la evangelización de aquellas tierras. Juan
Diego murió a los 74 años, el 12 de junio de 1548 y fue sepultado, junto
con su tío Juan Bernadino, en la primera ermita
dedicada a la Virgen
de Guadalupe, donde había vivido desde su construcción sirviendo a la Virgen, a la que
llamaba con ternura “la más pequeña de mis hijas”. Juan Pablo II lo
canonizó en su quinto viaje a México, el 31 de julio del 2002. Es el primer
indio canonizado.
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ANTÍFONA DE EN TRADA Cf. Sal 20, 2-3
Señor, el justo se regocija por
tu fuerza, y cuánto se alegra por tu victoria. Tú has colmado los deseos de
su corazón.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que manifestaste
el amor de la santísima Virgen María hacia tu pueblo por medio de san Juan
Diego, concédenos por su intercesión que, dóciles al mensaje de nuestra
Madre de Guadalupe, nos esforcemos en cumplir siempre tu voluntad. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LECTURA Is 48,
17-19
Lectura del libro de Isaías.
Así habla el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy el Señor, tu
Dios, el que te instruye para tu provecho, el que te guía por el camino que
debes seguir. ¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos, tu prosperidad
sería como un río, y tu justicia, como las olas del mar! Como la arena
sería tu descendencia; como los granos de arena, el fruto de tus entrañas;
tu nombre no habría sido extirpado ni borrado de mi presencia.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
El profeta concibe la paz como el resultado del
cumplimiento de los mandatos del Señor. No se trata de un premio de Dios
por haber cumplido, sino de una consecuencia. Aquello que Dios nos pide es
en beneficio de todos. Seguir al Señor es cuidar, también, del bien del
pueblo.
SALMO Sal 1,1-4.6
R. ¡El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la Vida!
¡Feliz el hombre que no sigue
el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni
se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del
Señor y la medita de día y de noche! R.
Él es como un árbol plantado al
borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas
nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.
No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor cuida el camino
de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. R.
ALELUYA
Aleluya. El Señor vendrá,
salgan a su encuentro; El es el príncipe de la paz. Aleluya.
EVANGELIO Mt
11, 16-19
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a la multitud: ¿Con
quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que,
sentados en la plaza, gritan a los otros: “Les tocamos la flauta, y ustedes
no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no
lloraron!”. Porque llegó Juan el Bautista, que no come ni bebe, y ustedes
dicen: “¡Está endemoniado!”. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y
dicen: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero la Sabiduría ha
quedado justificada por sus obras.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
Jesús reconoce que a los hombres “nada les viene
bien”. Es que siempre esperamos de Dios aquello que “nos conviene” o que
“nos gusta”. Jesús no entra en ninguna de las expectativas de los hombres.
Es un hombre religioso, pero libre; denuncia los pecados de los poderosos,
pero no propone ningún sistema político; está con los pobres y no organizó
una revuelta social. Es necesario encontrarse con Jesús para que él se nos
revele en lugar de encasillarlo en nuestras pretensiones.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDA S
Te pedimos, Señor, que por esta
ofrenda presentada en la conmemoración de san Juan Diego, nos concedas los
dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE COMUN IÓN Cf. Mt 16, 24
Dice el Señor: el que quiera
seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te rogamos, Padre, que los
sacramentos recibidos en la conmemoración de san Juan Diego santifique
nuestro corazón y nuestra mente, de manera que podamos participar de la
naturaleza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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“Pero la Sabiduría ha
quedado justificada por sus obras”
Mt 11, 16-19
Autor:
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
1. ¿CON QUIÉN PUEDO COMPARAR A ESTA
GENERACIÓN?
Jesús sabe que no es fácil
dejar a todos contentos, la soberbia y el egoísmo como la falta de caridad,
no le permite a la gente mirar con buena fe la actitud de quienes están
buscando la salvación de los hombres. Entonces Jesús se molesta y dice:
¿Con quién puedo comparar a esta generación?
Jesús se ha dado cuenta de los
caprichosos y antojadizo que son. Los inconformistas de siempre. Si se les
da poco reclaman, si se les da mucho, también, entonces les dice una
sencilla parábola, Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza,
gritan a los otros: “¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!”. En otras palabras, le traemos
alegría, y ustedes no la quisieron gozar, le hemos mostrado las penas y han
sido indiferentes. ¿bueno, que quieren?
2. NO VIVAMOS QUEJANDONOS DE TODO.
Cuando se nos ofrezca algo que
solo busca nuestro beneficio, no lo miremos con mala voluntad, cuando se
nos invite a oír una predicación, sepamos identificar el mensaje, no nos quedemos
en que fue poco o fue muy largo y nos aburrimos. No vivamos quejándonos de
todo. Sepamos mirar los gestos de buena voluntad y no hagamos crítica por
todo.
3. PORQUE MAL INTERPRETAMOS LAS ACCIONES
DE BUENA FE.
Nos dice Jesús; Porque llegó
Juan el Bautista, que no come ni bebe, y ustedes dicen: “¡Está
endemoniado!”. Esto es, Juan tuvo una vida dura y no le hicieron caso y no
creyeron que obraba de buena fe, al contrario lo tuvieron como loco y
endemoniado, todo por llevar una vida austera. Hoy sucede lo mismo, si
alguien quiere llevar una vida apartada de lo mundano, de lo vanidoso, de
lo frívolo, de lo ligero y superficial, es una persona extraña.
Si estamos actuando como
aquellos que son cuestionados en este fragmento del Evangelio, significa
que hay malicia en nuestro corazón, porque mal interpretamos las acciones
de buena fe.
4. “ES UN GLOTÓN Y UN BORRACHO, AMIGO DE
PUBLICANOS Y PECADORES”.
Luego Jesús no dice; Llegó el
Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y un borracho,
amigo de publicanos y pecadores”. Esto es, para colmo, juzgan y critican su
mensaje, y les parece mal que coma con los pecadores, no entendiendo que
son ellos los que más necesitan de las enseñazas del Señor.
Jesús nos esta mostrando como
nuestros caprichos, no lleva a juzgar las acciones de nuestro prójimo,
viendo el mal en los demás no porque este mal, sino porque nuestra vista
esta incapacitada para ver el bien, como si los ojos estuvieran manchado y
corruptos por la suciedad de nuestro corazón.
Juan Bautista, fue un hombre
extraordinario, fue fiel al cumplimiento de su misión, sin embargo fue
criticado por su vida austera y Jesús, por llevar una vida ordinaria, por
compartir con los pecadores, también fue cuestionado. Jesús se ganó la
simpatía de los publicanos y pecadores, y nunca los evitaba ni los
rechazaba, justamente por que vino al mundo para buscarlos y salvarlos.
5. PERO LA SABIDURÍA HA
QUEDADO JUSTIFICADA POR SUS OBRAS
Finalmente este Evangelio nos
dice; Pero la
Sabiduría ha quedado justificada por sus obras. Sabiduría
es el sabor que nos da el probar las enseñanzas de Dios. Cristo, es fuerza
y sabiduría de Dios, el es la sabiduría por naturaleza. Esta sabiduría ha
sido transmitida a los apóstoles. Los apóstoles, siguieron con fidelidad el
cumplimiento de su misión, de enseñar y hacer efectivo los pasos para la
construcción del Reino, transmitiéndolo a pesar de todas las dificultades
con las cuales se encontraron.
Ahora la tarea es nuestra, e
igual como en aquel tiempo, nos vamos a encontrar con los críticos e inconformistas
de siempre, con el corazón cerrado a comprender lo que viene del bien, pero
no nos debe esto abatir, es decir debemos pasar por sobre las dificultades,
los haremos con la fuerza y sabiduría que viene del Señor.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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RECONOCER LA HORA
DE DIOS, EL TIEMPO OPORTUNO, ES UN SIGNO DE SABIDURÍA (cf. Ecl 3,lss).
Como a los contemporáneos de Jesús,
también a mí me invita la figura de Juan a hacer sinceras obras de
penitencia. Reconocer la hora de Dios es para mí, ante todo, renunciar a
atrincherarme en mis diversas excusas, que enmascaran mi desinterés y mi
resistencia a la invitación a la conversión que la Palabra de Dios
incesantemente me dirige. Las reiteradas admoniciones proféticas me
exhortan a caminar por la justicia y por la fe operativa y sincera.
Pero la hora de Dios no es sólo la de la
penitencia y cambio de vida, es también la del gozo que nos trae el evangelio
de Jesús. El gozo evangélico nacerá en mí al reconocer que él no se
avergonzó de ser llamado «amigo de publicanos y pecadores». El perdón que
me anuncia no se reduce a una mera palabra o una noticia genérica de Dios
en mis confrontaciones, sino que es acontecimiento desconcertante de venir
a celebrar una fiesta conmigo que soy pecador. No se trata de una fiesta
que puedo dejar para mañana (como quisieran los niños caprichosos de la
parábola evangélica); ¡para mí es hoy!
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ORACION
(3)
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Señor, tu
Palabra me hace hoy pensar y reflexionar sobre mí mismo. Sé que hay un
tiempo para cada cosa bajo el sol: tiempo de llorar y tiempo de bailar.
Pero descubro que, con frecuencia, soy poco sabio, distraído e incapaz de
reconocer tu hora en mi vida. Querría hacer todo a
mi estilo, decidir los tiempos a mi gusto, y por desgracia me debo
reconocer entre los niños caprichosos que no han entrado en el juego. Temo
llegar a ser yo también víctima de una terca obstinación que me impida juzgar
rectamente.
Te ruego, pues, que no dejes de dirigir
tu Palabra a mi corazón obstinado y duro, así podré comprender tu designio sobre
mí y lograr la verdadera sabiduría. Repréndeme, incluso con dureza, cuando
quieras que escuche los llamamientos del Bautista a la penitencia y a la
conversión. Ayúdame a saber reconocer que éste es el tiempo de tu gracia,
porque eres: “El Señor mi Dios que me enseña para mi bien y me guía por el
camino que debo seguir”.
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SANTORAL
(4)
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SAN JUAN DIEGO
CUAUHTLATOATZIN
(1474-1548)
“su confianza en Dios y en la Virgen;
su caridad, su coherencia moral,
su desprendimiento y su pobreza evangélica.
Llevando una vida de eremita, aquí, cerca
deL
Tepeyac, fue ejemplo de humildad.”
Juan Pablo II, 6 de mayo de 1990
Su Historia
San Juan Diego, que en 1990 Vuestra Santidad llamó «el confidente de
la dulce Señora del Tepeyac» (L'Osservatore
Romano, 7-8 maggio 1990, p. 5), según una
tradición bien documentada nació en 1474 en Cuauhtitlán,
entonces reino de Texcoco, perteneciente a la
etnia de los chichimecas.Se llamaba Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba
«Águila que habla», o «El que habla con un águila».
Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los PP.
Franciscanos llegados a México en 1524, recibió el bautismo junto con su
esposa María Lucía. Celebrado el matrimonio cristiano, vivió castamente
hasta la muerte de su esposa, fallecida en 1529. Hombre de fe, fue
coherente con sus obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión
con Dios mediante la eucaristía y el estudio del catecismo.
El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en
un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición
de María Santísima, que se le presentó como «la perfecta siempre Virgen
Santa María, Madre del verdadero Dios». La Virgen le encargó que
en su nombre pidiese al Obispo capitalino el franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar
de la aparición. Y como el Obispo no aceptase la idea, la Virgen le pidió que
insistiese. Al día siguiente, domingo, Juan Diego volvió a encontrar al
Prelado, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas
objetivas en confirmación del prodigio.
El 12 de diciembre, martes, mientras el Juan Diego se dirigía de
nuevo a la Ciudad,
la Virgen
se le volvió a presentar y le consoló, invitándole a subir hasta la cima de
la colina de Tepeyac para recoger flores y
traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del
lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas. Una vez recogidas las
colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al Sr.
Obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo el Beato abrió su
«tilma» y dejó caer las flores, mientras en el tejido apareció,
inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe,
que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México.
Juan Diego, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, dejó los
suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del Obispo, pasó a
vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del Cielo». Su
preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos
que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en este grandioso
templo, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe.
En espíritu de pobreza y de vida humilde Juan Diego recorrió el
camino de la santidad, dedicando mucho de su tiempo a la oración, a la
contemplación y a la penitencia. Dócil a la autoridad eclesiástica, tres
veces por semana recibía la Santísima
Eucaristía.
En la homilía que Vuestra Santidad pronunció el 6 de mayo de 1990 en
este Santuario, indicó cómo «las noticias que de él nos han llegado elogian
sus virtudes cristianas: su fe simple [...], su confianza en Dios y en la Virgen; su caridad, su
coherencia moral, su desprendimiento y su pobreza evangélica. Llevando una
vida de eremita, aquí cerca de Tepeyac, fue
ejemplo de humildad» (Ibídem).
Juan Diego, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima
entre sus contemporáneos que éstos acostumbraban decir a sus hijos: «Que
Dios os haga como Juan Diego».
Circundado de una sólida fama de santidad, murió en 1548.
Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de Guadalupe, ha
atravesado los siglos, alcanzando la entera América, Europa y Asia.
En abril de 1990, en una solemne ceremonia en la Basílica de
Guadalupe en México, el Santo Padre Juan Pablo II le declaró Beato, ante
Vuestra Santidad fue promulgado en Roma el decreto «de vitae sanctitate et de cultu ab immemorabili tempore Servo
Dei Ioanni Didaco praestito».
El 6 de mayo sucesivo, en esta Basílica, Vuestra Santidad presidió la
solemne celebración en honor de Juan Diego, decorado con el título de
Beato.
Precisamente en aquellos días, en esta misma arquidiócesis de Ciudad
de México, tuvo lugar un milagro por intercesión de Juan Diego. Con él se
abrió la puerta que ha conducido a la actual celebración, que el pueblo
mexicano y toda la Iglesia
viven en la alegría y la gratitud al Señor y a María por haber puesto en
nuestro camino al Beato Juan Diego, que según las palabras de Vuestra
Santidad, «representa todos los indígenas que reconocieron el evangelio de
Jesús» (Ibídem).
Beatísimo Padre, la canonización de Juan Diego es un don
extraordinario no sólo para la
Iglesia en México, sino para todo el Pueblo de Dios.
Juan Pablo II proclamó
públicamente la santidad de Juan Diego en una Solemne Misa de Canonización
en la Basílica
de la Virgen
de la Guadalupe
en México el 31 de julio, 2002. Su fiesta la fijó el mismo Santo Padre el 9
de diciembre porque ése "fue el día en que vió
el Paraíso" (día de la primera aparición).
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia
Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los
textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio
Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier
Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M.
Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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ESTA PAGINA, SOLO DEBE INDICARSE EL AUTOR Y LAS FUENTES DE ORIGEN
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