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ANTÍFONA DE ENTRADA Apoc 21, 2
Vi la Ciudad Santa, la
nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como
una novia preparada para recibir a su esposo. Se dice Gloria a Dios.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que constituyes
un templo eterno para ti con las piedras vivas que son tus elegidos;
aumenta en la Iglesia
los dones de tu Espíritu para que el pueblo fiel, al ir creciendo de día en
día, edifique la
Jerusalén celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los
siglos de los siglos.
O bien:
Señor, que quisiste llamar
Iglesia a tu pueblo; concédenos que la comunidad congregada en tu nombre
sepa temerte, amarte y seguirte y, guiada por ti, alcance la Vida eterna. Por nuestro
Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA Ez 40, 1. 3; 47, 1-2. 8-9.
12
Lectura de la profecía de Ezequiel.
La mano del Señor descendió
sobre mí y me llevó a Jerusalén. Y vi a un hombre, que por su aspecto
parecía de bronce. Él me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua
por debajo del umbral de la
Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el
oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar.
Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la
vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el
oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho. Entonces me
dijo: «Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y
van a desembocar en el mar. Se las hace salir hasta el mar, para que sus
aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los
seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia.
Porque cuando esta agua llegue hasta el mar, sus aguas quedarán saneadas, y
habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente. Al borde del
torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las
especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos
los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus
frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio».
Palabra de Dios.
COMENTARIO
Ezequiel
prevé el futuro del pueblo exaltando la función del Templo y del verdadero
culto que en él se celebrará. De sus cimientos rocosos brotará un río de
agua viva que transformará el desierto en un vergel. El simbolismo del agua
será aplicado en el Nuevo Testamento a Cristo, fuente de aguas vivas que
brotan hasta la vida eterna.
SALMO Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9
R. Vengan a contemplar las obras del Señor.
El Señor es nuestro refugio y
fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros. Por eso no tememos,
aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el fondo del
mar.
R. Vengan a contemplar las
obras del Señor.
Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios, la más
santa Morada del Altísimo. El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;
Él la socorrerá al despuntar la aurora.
R. Vengan a contemplar las
obras del Señor.
El Señor de los ejércitos
está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Vengan a
contemplar las obras del Señor, él hace cosas admirables en la tierra.
R. Vengan a contemplar las
obras del Señor.
SEGUNDA LECTURA 1Cor 3, 9c-11. 16-17
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos
de Corinto.
Hermanos: Ustedes son el
campo de Dios, el edificio de Dios. Según la gracia que Dios me ha dado, yo
puse los cimientos como lo hace un buen arquitecto, y otro edifica encima.
Que cada cual se fije bien de qué manera construye. El fundamento ya está
puesto y nadie puede poner otro, porque el fundamento es Jesucristo. ¿No
saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en
ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él.
Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
Más
importante que cualquier templo de piedra somos cada uno de los miembros
que formamos la
Iglesia. Somos un santuario vivo del Espíritu Santo, y
nuestra presencia en el mundo está llamada a ser una presencia sagrada que
haga palpable a Dios en medio de los hombres.
ALELUYA 2Crón 7, 16
Aleluya. «Yo he elegido y consagrado esta Casa, a fin de que mi
Nombre resida en ella para siempre», dice
el Señor. Aleluya.
EVANGELIO Jn 2, 13-22
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Se acercaba la Pascua de los judíos.
Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes,
ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un
látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus
bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a
los vendedores de palomas: “Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi
Padre una casa de comercio”. Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: “El celo
por tu Casa me consumirá”. Entonces los judíos le preguntaron: “¿Qué signo
nos das para obrar así?”, Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en
tres días lo volveré a levantar”. Los judíos le dijeron: “Han sido
necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a
levantar en tres días?”. Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por
eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho
esto, y creyeron en la
Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
Jesús
purifica el Templo hecho de piedra para que cumpla su verdadero fin y no se
convierta en un lugar de comercio. Él mismo es el santuario porque es quien
hace visible la presencia de Dios en medio de los hombres. Como leímos en
la primera lectura, nosotros también formamos este santuario edificado
sobre el cimiento que es Jesucristo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, la ofrenda que
te presentamos, y concédenos el fruto de de tus sacramentos, y el
cumplimiento de nuestros deseos. Por Jesucristo nuestro Señor.
PREFACIO
EL MISTERIO DE LA IGLESIA, QUE ES LA ESPOSA DE CRISTO Y
EL TEMPLO DEL ESPÍRITU
V/. El Señor esté con
ustedes.
R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor,
nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.
Realmente es justo y
necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú quisiste habitar en esta
casa de oración, donde siempre nos ayudas con los dones de tu gracia,
convirtiéndonos en templos del Espíritu Santo, llamados a resplandecer con
una vida agradable a ti. Tú santificas constantemente a la Iglesia, que es la Esposa de Cristo,
representada en sus templos visibles.
Para que, como madre feliz de
una multitud de hijos, merezca ser introducida en tu gloria del cielo.
Por eso, con los ángeles y
los santos, te alabamos, diciendo sin cesar:
Santo, santo, santo...
ANTÍFONA DE COMUNIÓN 1Ped 2, 5
Como piedras vivas, ustedes
son un edificio espiritual y un sacerdocio santo.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios nuestro, que manfiestas
en tu Iglesia un signo visible de la Jerusalén celestial; te pedimos que
por la participación de este sacramento, seamos transformados en templo de
tu gracia y lleguemos a la morada de tu gloria. Por Jesucristo nuestro
Señor.
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“Destruyan este templo y en tres días
lo volveré a levantar”
Estudio
del fragmento del Evangelio de Jn 2:13-22
Autor:
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
1. JESÚS
ENCONTRÓ EN EL TEMPLO A LOS VENDEDORES
“Se acercaba la
Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén” Pero
sucedió, que Jesús “Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes,
ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.”
Este templo del que se habla es el atrio de los gentiles, próximo al
santuario, entonces los rabinos prohibían utilizar su paso como un atajo o
en forma menos decorosa, pero esto era mas teoría que practica, sin embargo
se decía que no se ha de subir al templo con bastón o llevando sandalias o
la bolsa, ni aun el polvo de los pies, como también no se debía pasar por
el templo como por un atajo para ahorrar el camino. Pero, a pesar de estas
ideales medidas preventivas de la santidad del templo, éstas no se
respetaban, y se llegaba a verdaderas profanaciones en el recinto sagrado,
como lo confirma la escena de Jesús expulsando a los mercaderes.
2. SE
HABÍA PERMITIDO POR LOS SACERDOTES INSTALAR PUESTOS DE VENTA
Según la costumbre de aquel tiempo, en la fiesta de la Pascua se había de
ofrecer por todo israelita un sacrificio, los más ricos los hacía con un
buey o una oveja, y los más pobres con una paloma, aparte de los
sacrificios que se ofrecían en todo tiempo como votos. Además, todo
israelita debía pagar anualmente al templo, llegado a los veinte años medio
siclo, pero conforme a la moneda del templo y no se permitía la moneda
romana. De ahí la necesidad de cambistas.
Todo esto se hacía para facilitar a los peregrinos adquirir en
Jerusalén las materias de los sacrificios, es decir los bueyes, corderos,
palomas, lo mismo que las materias que ritualmente acompañaban a éstos,
electos tales como incienso, harina, aceite, etc. Para procurar a todos, y
especialmente a los judíos de la diáspora, el cambio de sus monedas locales
por la moneda que regía en el templo, se había permitido por los sacerdotes
instalar puestos de venta y cambio en el mismo recinto del templo, en el
“atrio de los gentiles.”
3. EL
“ATRIO DE LOS GENTILES,” HABÍA SIDO TRANSFORMADO EN UN MERCADO
Así es, como el cuadro de abusos a que esto dio lugar era deplorable
con mucho ruido de balidos de ovejas, mugidos de bueyes, además estiércol
de animales y las infaltables disputas, regateos y altercados de
vendedores.
Los cambistas allí establecidos realizaban frecuentemente sus
cambios cobrando una sobrecarga o interés que subía del 5 al 10 por cien.
Con esto, el recinto del templo, el “atrio de los gentiles,” había sido
transformado en un mercado, en un gran bazar oriental. Y todo ello con
autorización y complicidad de los sacerdotes. Lo que aprovechaban eran los
sacerdotes saduceos, que veían en ello una buena fuente de ingresos.
4. “LOS
VENDEDORES DE BUEYES, DE OVEJAS Y DE PALOMAS”
Entrando Jesús en el templo, encontró a “los vendedores de bueyes,
de ovejas y de palomas,” con sus ganados, que serían en cada uno de ellos
pequeños rebaños, y, en conjunto, todo aquello un pequeño parque de ganado.
También encontró allí a los “cambistas sentados.” Tenían delante de ellos
sus pequeños puestos, seguramente al estilo de los pequeños puestos de
cambio establecidos en las calles, tales como los que aparecen hoy en El
Cairo y Jerusalén.
Jesús, al ver aquel espectáculo, hizo de cuerdas un látigo, un
flagelo. Pero aquí no es el terrible instrumento del suplicio de la
“flagelación.” Aquí el “flagelo” fue una especie de varios látigos unidos
en haz, hecho con cuerdas que se hallasen tiradas por el suelo, de las
usadas para sujetar el ganado, y que le sirviese para ahuyentar a los
profanadores. Era, como algo que “serviría más como símbolo de autoridad
que como estimulante físico”.
5. LOS ECHÓ A TODOS DEL TEMPLO, JUNTO CON
SUS OVEJAS Y SUS BUEYES
Todos los evangelios relatan este episodio, con algunos matices algo
distinto, Juan relata que echó a todos los mercaderes del templo, Lucas y
Marcos lo ven como una orden de desalojo y Mateo como la expulsión de todos
los comerciantes. Con ellos fueron arrojados “las ovejas y los bueyes”
(Jn). Pero también se dirá que fueron expulsados “todos los que vendían y
compraban” (Mt-Mc). Debe de querer indicarse con ello que Jesús expulsó
todo aquello que, de hecho, venía a ser causa de profanación. A los
“cambistas” no sólo los expulsó del templo, sino que también “les derribó
las mesas” (Mt-Mc-Jn) y les “desparramó el dinero” (Jn). Este resaltar que
“desparramó el dinero y volcó las mesas” indica bien cómo con su mano tiró
las monedas que estaban sobre los pequeños mostradores, y cómo también, al
pasar, les volcaba las mesitas de sus puestos.
Los evangelistas destacan también la conducta que tuvo con los
vendedores de palomas. ¿Tiene esto un significado específico y distinto, de
consideración con ellos? ¿Es que acaso vendían a precio justo su mercancía
y no profanaban así el templo? En Jn se dice que les mandó que ellos mismos
desalojasen el templo; Mt y Mc, en cambio, lo ponen en la misma línea de
los cambistas: que derribó los “asientos de los vendedores de palomas”
(Mt).
6. OBRA
DE PURIFICACIÓN MEDIANTE LA EXPULSIÓN DE MERCADERES
El sentido de esta escena no está tanto en los abusos comerciales a
que se prestaba aquel comercio cuanto en el hecho mismo de haberse
establecido aquí estas ventas. Por eso, se concibe muy bien el hecho
histórico así: Jesús, en su obra de purificación del templo, no se limita a
“desparramar el dinero” de las mesas de los cambistas y a “derribar” éstas,
sino que parece lo más natural que fuese derribando mesas y monedas de
cambistas, y “asientos — puestos — de vendedores de palomas.”
Y en esta obra de purificación mediante la expulsión de mercaderes,
decía repetidas veces, que Mc incluso literariamente destaca: “y les
enseñaba y decía” que estaba dicho en la Escritura: “Mi casa
es casa de oración,” y aún añade: “para todas las gentes.” La cita está
tomada de Isaías (56:7). En ella Isaías anuncia el mesianismo universal.
Debiendo ser esto el templo, “casa de oración,” ellos la han convertido en
una “cueva de ladrones.” La expresión está tomada del profeta Jeremías
(7:11). En el profeta no tiene un sentido exclusivo y específico de gentes
que roban, aunque en ella se incluye también esto (Jer 7:6.9), cuanto que
es expresión genérica sinónima de maldad. Por eso, al ingresar en el templo
cargado de maldad, lo transformaban en una cueva de maldad.
7. ES
LA
PURIFICACIÓN DE TODA PROFANACIÓN EN LA CASA DE DIOS.
Pero en boca de Jesús, en este momento, la expresión del profeta
cobraba un realismo extraordinario, puesto que aquellos mercaderes debían
de ser verdaderos usureros y explotadores del pueblo y de los peregrinos.
El sentido, pues, de esta obra de Jesús es claro: hacer que se dé al
templo, lugar santísimo de la morada de Dios, la veneración que le
corresponde. Es la purificación de toda profanación en la Casa de Dios.
Con este acto, “Jesús va a echar fuera estos animales y anunciar,
con la destrucción del templo, un sacrificio mejor: el de su propia
muerte.”
no hagan de la casa de mi Padre
una casa de comercio
Jesús, al derribar mesas y expulsar mercaderes, usa las siguientes
palabras: “no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio” En el A.T. se llamaba al templo la
“casa de Dios.” Dios era considerado como Padre de Israel colectivamente. Y
la literatura rabínica insiste en que se le invoque como Padre común. Más
nunca, aun en la invocación personal, Dios era llamado Padre especialmente
de uno. Sin embargo, el Mesías era considerado como Hijo de Dios por
antonomasia. Por eso, cuando Jesús proclama en el evangelio de Jn que el
templo es la casa de “su Padre,” en un sentido personal y único, no sólo se
proclama Mesías, sino también Hijo de Dios ¿A qué judío se le hubiese
ocurrido llamar al templo “mi casa” y “la casa de mi Padre” en un sentido
personal, excepcional y único? Sólo podría decirlo el Mesías. Pero esta
frase, interpretada a la luz del evangelio de Jn, es la proclamación de la
divinidad de Jesús.
8. “EL CELO POR TU CASA ME CONSUMIRÁ”
Juan es el único que añade que, ante todas estas cosas, los
“discípulos” “recordaron” que en los Libros Sagrados estaba escrito: “El
celo por tu Casa me consumirá”
Estas palabras están tomadas del salmo 69:10. Las solas palabras
sugieren en él un celo interior que le consume por la gloria de Dios. Esto
orienta preferentemente, no sólo al celo ardiente interior que Jesús ahora
tiene, sino también a las consecuencias que de este celo se seguirán un día
en Jesús, cayendo sobre él. Es muy probable que, en el pensamiento del
evangelista, este versículo contenga un anuncio de la pasión. Este celo por
la casa de Dios, como parte de toda una actuación mesiánico-divina, le
acarreará un día la muerte.
Los “discípulos” se “acordaron” de este pasaje de la Escritura; pero
¿cuándo? ¿Entonces mismo o después de la resurrección? Probablemente
después de la resurrección, al pensar en los hechos de su vida ya que antes
su mentalidad no se acusa preparada para esto. En cambio, es lo que les
pasó a propósito semejante, en otras ocasiones, después de la resurrección.
Fue después de la resurrección de Jesús, al meditar las enseñanzas cuando
recordaron estas palabras de un salmo mesiánico y cuando vieron la relación
mesiánica que había en aquella escena de Jesús, lleno de “celo” por la obra
mesiánica, y lo que se decía del “celo” del Mesías en este salmo. Ya había
sido la gran iluminación de Pentecostés.
9. ¿CÓMO
SE EXPLICA ESTA EXPULSIÓN DE LOS MERCADERES DEL TEMPLO?
Se quiere explicar este gesto de Jesús, imponiéndose a aquellos
mercaderes y expulsándolos del templo, por motivos humanos. La turba,
explotada y vejada por aquellos comerciantes, se une a un líder que aparece
de pronto. Máxime si la escena tuvo lugar en la última Pascua, cuando la
persona de Jesús era suficientemente conocida. Aunque en la hipótesis de la
primera Pascua el prestigio de Jesús hubo de ser muy grande, pues hacía
muchos “milagros” y “muchos creyeron en El” (Jn 2:23).
Si hacemos una interpretación en forma naturalista, la muchedumbre
aplaudiría, y presionaría moral y hasta físicamente a aquellos
comerciantes. Sería para ella como una hora de revancha.
Jesús, se impone y derriba mesas y monedas de cambistas, asientos de
vendedores, y, látigo en mano, amenaza a todos aquellos profanadores del
templo. ¿Cómo se explicaría este primer gesto de Jesús imponiéndose a los
mercaderes? ¿Qué señal das para obrar así?” Si ordinariamente Jesús quería
pasar inadvertido, en algunos momentos dejaba irradiar más su majestad,
apareciendo entonces su persona avasalladora. Es un caso análogo a la
escena que el mismo Jn relata cuando, yendo los ministros del sanedrín a
prenderle, al llegar a El se encuentran subyugados, y a los sacerdotes y
fariseos, que les preguntan: “¿Por qué no le habéis traído?” responden
admirados: “Porque jamás hombre alguno habló como éste” (Jn 7:45.46). Es la
misma causa, según la interpretación ordinaria, que hace en Getsemaní
retroceder y caer en tierra a los que van a prenderle (Jn 18:2-8). Se ha
expresado muy bien el motivo de aquel efecto: “Aquella majestuosa y
repentina aparición de la
Santidad indignada llenó de espanto a todos los
presentes.”
10. “¿QUÉ SIGNO NOS DAS PARA OBRAR ASÍ?”
Así es como estos se le acercaron para preguntarle: “¿Qué
signo nos das para obrar así?”
Pasada la primera impresión, “llegó esto a oídos de los príncipes de los
sacerdotes y de los escribas,” e intervienen las autoridades para exigir
responsabilidades de un acto de tal naturaleza realizado en el mismo
templo, y que les parecía ser una usurpación de sus poderes y una censura a
ellos mismos por la permisión de aquellos comercios en el lugar sagrado.
En absoluto, el hecho de una purificación del templo no era un acto
exclusivamente mesiánico. Pero, como antes se dijo, en el caso concreto de
Jesús llevaba un sentido mesiánico-divino. El mismo hecho de intervenir los
judíos exigiéndole un “signo” que garantizase esta conducta suya, en lugar
de aplicarle la ley por usurpar sus poderes, hace ver que la cuestión está
planteada a Jesús por considerar que El se ponía en el plano, hipotético
para ellos, de Mesías. Era la réplica hábil que ellos hacían a la invocación
que había hecho, para obrar así, del celo por la “casa de mi Padre.”
Los judíos eran muy propensos a pedir como garantía milagros (1 Cor
1:22; Mt 16:1; Mc 8:11). Y así le piden aquí, como garantía de su actuación
en la casa de “su Padre,” un “signo,” un milagro, que en Jn se les llama
ordinariamente “signos,” en cuanto lo son de un poder o de una intervención
sobrenatural.
11. “DESTRUYAN ESTE TEMPLO Y EN TRES DÍAS
LO VOLVERÉ A LEVANTAR”
Jesús acepta la invitación, acepta dar un “signo.” Fue un acto de
condescendencia, de garantía y de misericordia, que en su día podría
valorarse. Pero el “signo” no requiere ser claro a la hora que se da, sino
a la hora que se cumple (Is 7:14). Pues “toda profecía es enigma antes de
su cumplimiento,” escribe San Ireneo. Por eso les dice: “Destruyan
este templo y en tres días lo volveré a levantar”. Naturalmente, estas palabras de Jesús no son una orden de su
destrucción. El que tanto celo había demostrado por la veneración del
templo no podía mandar destruirlo. Ni los judíos le acusarán aquí de
blasfemia.
Como Jesús habla de su cuerpo, habla de un futuro. El término
“templo” es el lugar en que moraba la divinidad. Y la divinidad “moraba” en
su cuerpo. Entonces este era el “templo” de la divinidad. A la destrucción
de este templo se seguirá lo que Jesús anuncia: “y yo lo levantaré en tres
días.” “En tres días” no significa “al tercer día,” sino durante tres días.
La comparación simula un edificio desplomado y que El, como un operario, lo
reconstruye en tres días. Pero en la comparación está el intento de su
resurrección al tercer día. Deliberadamente Jesús habla de una manera
velada, como lo es toda profecía. Ellos y los mismos discípulos (v.22) lo
entendieron del templo de Herodes. Si en los discípulos la incomprensión
era por efecto del velo profético y de su falta de preparación (Jn 16:12),
en los judíos había además una positiva y mala disposición contra Jesús. El
“signo” de su muerte y de su resurrección lo usará Jesús más veces, y
también veladamente ante exigencias farisaicas, al aludir a Jonas (Mt
12:38; 16:1; Lc 11:29.30). Estas eran las credenciales con las que Jesús
responde a la exigencia de quién le dio el poder de haber actuado así en el
templo.
Desfiguradamente, los judíos alegarán esta afirmación de Jesús como
blasfemia en el proceso de su muerte (Mc 14:58; Mt 26:61) y como sarcasmo
de impostura en el Gólgota (Mc 15:29; Mt 27:40),
Sin embargo, en la misma expresión de Jesús había ya un índice que
les permitía orientar su inteligencia hacia su intento. Ni El ni ellos —
los judíos — podían, en realidad, interpretarlo de la destrucción del
templo. El que tanto celo mostraba por la veneración y santidad del mismo
no podía pensar en destruirlo. Y prueba de ello es que los dirigentes del
templo no le acusan de blasfemia, sino de lo inverosímil que es que una
obra que necesitó para realizarse cuarenta y seis años, El pretendía
realizarla en tres días. “El exceso mismo de lo inverosímil debió de
haberles puesto en guardia contra una interpretación demasiado literal.
Acostumbrados al lenguaje figurado, los judíos, más que ningún otro, debían
pensar que se trataba de un “enigma.” Los judíos prefieren creer el
absurdo.”
12. JESÚS
RESUCITADO ES EL VERDADERO TEMPLO
El evangelista resalta que Jesús había dicho aquella doble profecía
de su muerte y resurrección, “del templo de su cuerpo.” El anuncio de su
resurrección, que es de la restauración definitiva del templo de su cuerpo,
podía evocar lo que iba a significar este templo de Jesús en el nuevo
culto. “El cuerpo de Jesús resucitado será el centro del culto en espíritu
y verdad (Jn 4:21ss), el lugar de la presencia divina (Jn 1:14), el templo
espiritual de donde brota el agua viva (Jn 7:37-39). Es uno de los grandes
símbolos joanneos (cf. Ap 21:22). Ello se funda sobre una de las palabras
más literalmente auténticas de Jesús (Mt 26:61 par. y 12:6).”
Jesús resucitado es el verdadero templo, pues en él vive la
“plenitud de la divinidad corporalmente” (Col 2:9; cf. Col 1:19; cf. Jn
1:14) y como Mediador absoluto (1 Tim 2:5), es, a través de él — sacerdote
y víctima — como, necesariamente, se rinde culto a Dios.
13. LOS
DISCÍPULOS DEL SEÑOR AÚN NO COMPRENDÍAN ESTO DE LA RESURRECCIÓN
El evangelista consigna, como antes indicó análogamente, que los
discípulos después de la resurrección se “acordaron” de esto. Al repasar la
vida de Jesús a la luz de Pentecostés, penetraron el hondo sentido de
aquellas palabras, conforme a la promesa del Señor y “creyeron en la Escritura y en la
palabra que Jesús había dicho.” El Espíritu Santo les trajo a su consideración
los pasajes en que se hablaba de la resurrección, y comprendieron a un
tiempo el sentido profético que tenían, lo mismo que la profecía de la
resurrección de Jesús, “templo” de la divinidad, anunciada por El mismo
Los discípulos del Señor aún no comprendían esto de la resurrección,
tampoco entendía lo más grande, que era Dios el que habitaba en aquel
cuerpo, por eso cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus
discípulos que por esto lo había dicho, y creyeron a la Escritura, y a la
palabra que dijo Jesús"
En efecto, antes de la resurrección no entendían las Escrituras,
porque aún no habían recibido al Espíritu Santo que aún no les había sido
enviado porque Jesús no había sido glorificado todavía. Sin embargo, en el
mismo día de la resurrección, cuando el Señor Jesús se apareció a sus
discípulos, les aclaró sus mentes para que comprendiesen lo que acerca de
El estaba escrito en la Ley
y en los profetas. Y entonces creyeron en las Escrituras, esto es, en los
profetas que habían predicho la resurrección de Jesucristo en el tercer
día, y en las palabras de Jesús.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant ocds
Fuentes: Incluye comentarios de la Biblia Nacar-Colunga,
Biblia de Jerusalén, y Catena Aurea
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