MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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Santiago de Chile 16-09-2016

Edición Nº 4.682

T. Ord. Ciclo A

Semana XXIV

LITURGIA DE LA HORAS

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Para ver la Misa celebrada en la Parroquia María Virgen Madre de Madrid España, por los Franciscanos de María, Pinchar este link; MISA DIARIA POR VIDEO o en este linkhttp://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1

 

Santos Cornelio y Cipriano

Cornelio, natural de Roma, fue elegido papa en el 251, después de un período sin pontífice a causa de la persecución del emperador Decio, durante el cual había gobernado la Iglesia el sacerdote Novaciano. Este se opuso a la elección de Cornelio, porque acogía con misericordia a los apóstatas convertidos, y se provocó la división entre los cristianos de Roma. Murió exiliado y martirizado en Civitavecchia durante la persecución de Treboniano Galo.

Cipriano, era un pagano convertido. Fue consagrado obispo de Cartago (África) hacia el 249, y se encontró con el mismo problema que Cornelio: readmitir o no a los apóstatas arrepentidos. Era de la misma opinión que Cornelio y lo apoyó en contra de Novaciano. Con este motivo Cornelio y Cipriano mantuvieron una asidua correspondencia epistolar. Convocó el sínodo de Cartago, en el cual prevaleció su criterio de la misericordia. Fue martirizado en la persecución de Valeriano el año 258 por negarse a apostatar de la fe cristiana.

ANTÍFONA DE ENTRADA

Los santos derramaron su sangre por el Señor, amaron a Cristo en su vida, lo imitaron en su muerte y por eso merecieron la corona de gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que diste a tu pueblo como pastores solícitos y mártires invictos a los santos Cornelio y Cipriano, por su intercesión fortalece nuestra fe y constancia, y concédenos trabajar generosamente por la unidad de la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA:  1Cor 15, 12-20

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan? ¡Si no hay resurrección, Cristo no resucitó! Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes. Incluso, seríamos falsos testigos de Dios, porque atestiguamos que él resucitó a Jesucristo, lo que es imposible, si los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados. En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: A los cristianos de Corinto no les resultaba fácil aceptar la resurrección de los muertos, debido a la fuerte influencia de la filosofía griega, que despreciaba el cuerpo en desmedro del espíritu como centro del hombre. Para Pablo, la salvación de Jesucristo afecta tanto al cuerpo como al espíritu pues el hombre no es disociable. Si los muertos no resucitan, Cristo no ha resucitado; la salvación no se ha cumplido, nuestra fe es estéril y todo carece de sentido.

SALMO: Sal 16, 1. 6-7. 8. 15

R. ¡Me saciaré de tu presencia, Señor!

Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad. R.

Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tú oído hacia mí y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu gracia, tú que salvas de los agresores a los que buscan refugio a tu derecha. R.

Escóndeme a la sombra de tus alas, y por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia. R.

ALELUYA:    Cfr. Mt 11, 25

Aleluya. Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya.

EVANGELIO:  Lc 8, 1-3

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido sanadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: Jesús, como Maestro, da a conocer un Reino universal y sin exclusiones, donde la mujer también es parte importante e imprescindible. Por tanto también la comunidad cristiana está llamada a ser un lugar de integración y unión, donde cada uno sea reconocido en su calidad y dignidad de hijo de Dios.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, acepta la ofrenda que tu pueblo te presenta en honor de tus mártires, y así como la eucaristía fortaleció en la persecución a los santos Cornelio y Cipriano, también a nosotros nos alcance la constancia en medio de las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Lc 22, 28-30

Dice el Señor: ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. Por eso yo les confiero el Reino, y ustedes comerán y beberán en mi mesa.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por estos misterios recibidos te suplicamos, Padre, que nos confirmes con tu espíritu de fortaleza para que, a ejemplo de los santos Cornelio y Cipriano, demos fiel testimonio de la verdad evangélica. Por Jesucristo, nuestro Señor.

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la buena noticia”

Lc 8, 1-3

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.      JESÚS RECORRÍA LAS CIUDADES Y LOS PUEBLOS

Este relato evangélico, solo lo encontramos en Lucas. En él se da una descripción general sobre la obra misionera de Jesús. Se describe que Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando. Lucas detalla que lo acompañaban los Doce Apóstoles, y que junto a ellos iban mujeres que habían sido sanadas de malos espíritus y enfermedades, estas son: María, llamada Magdalena, Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y además de muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Es importante el antecedente que aquí se comenta Lucas, los vivía, en ocasiones, de los bienes que les ofrecían diversas piadosas mujeres, al tiempo que los acompañaban en sus viajes apostólicos, sin duda para prestarles las atenciones materiales mientras ellos se ocupaban del apostolado.

Eran motivos de gratitud lo que las movía a ello: habían sido sanadas de malos espíritus y enfermedades. Puede verse en esta escena el trato delicado de Lucas con las mujeres, despreciadas en la antigüedad.

2.      ANUNCIAR LA BUENA NOTICIA

En fragmento del Evangelio, Lc 4, 38-44, Jesús nos dice: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado". Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea. Entonces por segunda vez nos proclamaba la buena noticia del reinado de Dios. Ahora lo hace recorriendo la ciudades y pueblos, acompañado de doce de sus grandes amigos, sus discípulos, y algunas mujeres, todos a disposición del Señor, compartiendo su andar, caminando por lugares duros, áridos, compartiendo los sueños, las comidas, las alegrías y la penas, pero lo más importante, llenos de amor solidario y de servicio.

Esta fue la misión de Jesús, proclamar la Buena Noticia del Reino de Dios, recorriendo ciudades y pueblos, anunciado que el Padre Dios, quiere perdonarnos, y que El venia como nuestro salvador. El proclama la salvación con sus palabras, con cada una de sus acciones, con sus ejemplos, con sus milagros, con el Evangelio.

3.      JESÚS HA DELEGADO EN NOSOTROS PREDICAR LA BUENA NOTICIA

Hoy es nuestra tarea, Jesús ha delegado en nosotros predicar la Buena Noticia, y el anuncio de la salvación, haciéndola en el nombre de Cristo, con nuestro ejemplo personal de vida, con un testimonio motivador, con nuestras actitudes aprendidas de sus enseñanzas, recordemos cuando Jesús despidió a sus apóstoles, “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y de Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir todo lo que yo he mandado (Mt 28,19)

4.      SERVIR AL SEÑOR

Este es el grupo que acompaña a Jesús, mujeres que fueron perdonadas y ya no pueden vivir sin Jesús, hombres que fueron liberados del pecado y ahora se entregan a Jesús, se convierten en sus apóstoles, y recorren pueblo y aldeas.

Eso es lo que tenemos que hacer, servir al Señor, servirlo con todo, acompañarlo, a todo lugar, servirlo con todo nuestro talento, entregándole nuestro tiempo, sin importarnos cuanto es el esfuerzo y el cansancio.

5.      LOS AYUDABAN CON SUS BIENES

Dice el Evangelio: “que los ayudaban con sus bienes”. Todo lo que tenemos viene de Dios, todo lo hemos recibido de Dios, somos patrimonio del Señor, él es dueño de todo y espera que cuidemos sus bienes y que sepamos utilizarlos para trabajar por su reino. Todos podemos aportar con algún bien, sea espiritual, laboral, dedicando parte de nuestro tiempo, cada cual sabe según sus posibilidades, pero no dejemos de hacer algo. "Traed todo el diezmo al tesoro, y haya alimento en mi casa. Probadme en esto, ha dicho Dios, si no os abriré las ventanas de los cielos y vaciaré sobre vosotros Bendición hasta que sobreabunde. (Mal 3, 10.)

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

CRISTO, MI ESPERANZA

La esperanza, tanto en la vida cristiana como, de modo más general, en la historia de la humanidad, es, antes que nada, un don, un don que baja de lo alto, un don gratuito e inmerecido, un don que revela el corazón del donante. En efecto, Dios, en Cristo Jesús, resucitado de entre los muertos, quiere dar, día tras día, a todos y cada uno motivos siempre nuevos para esperar en su divina y omnipotente misericordia. Creer en la resurrección de Jesús significa para nosotros volver a fundamentar nuestra esperanza en Dios. La esperanza cristiana tiene un carácter exquisitamente cristológico: «Cristo, mi esperanza, ha resucitado», exclama, según la liturgia, María Magdalena dirigiéndose a los apóstoles. En este grito suyo podemos reconocer también el nuestro, que sube de nuestro corazón cada vez que la sombra del pecado amenaza con encerrarlo y entristecerlo.

La esperanza cristiana es también una virtud, una actitud que hemos de asumir ante Dios en señal de reconocimiento y gratitud. Desde este punto de vista, esperar significa, para nosotros, vivir en plenitud nuestra fe, manteniéndola abierta no sólo al acontecimiento pasado de la resurrección de Jesús, sino también al acontecimiento escatológico de nuestra resurrección y de todo lo creado. La esperanza -ha dicho alguien- es la más pequeña pero también la más preciosa de las virtudes: afortunada presentación de un don excepcional de Dios a sus criaturas, gracias al cual podemos mantener siempre abierto nuestro corazón a las sorpresas de Dios.

ORACION (3)

 

Gracias, Señor, porque, desafiando la mentalidad de tu tiempo, sacaste a la mujer de la tumba de la deshumanización, restableciendo su valor como persona humana. Gracias, Señor, porque, superando todos los prejuicios y los abusos de la cultura en la que viviste, liberaste a la mujer de la tumba de la subordinación, valorando su presencia y su servicio responsable.

Gracias, Señor, porque, implicando a la mujer como ayudante en tu ministerio público, la levantaste de la tumba de la discriminación, previendo su actual papel profético en el campo social, profesional, político y eclesial. Gracias, Señor, por todas esas mujeres que, siguiendo tu ejemplo, han colaborado en la obra de la redención, restituyéndole a la mujer el puesto que le había dado Dios.

SANTORAL (4)

 

SAN CORNELIO Y SAN CIPRIANO   S. III

San Cipriano, obispo de Cartago, fue decapitado el 14 de septiembre del 258. Refugiado desde hacía algún tiempo en el campo, había regresado a Cartago para sufrir el martirio puesto que, como escribía, «conviene que sea en la ciudad, al frente de cuya Iglesia se halla, donde el obispo confiese al Señor para que de este modo la irradiación de su confesión represente la de todo el pueblo». Le acompañó una gran muchedumbre hasta el lugar de la ejecución, y su muerte revistió toda la majestuosidad de una solemne liturgia. Cipriano es el modelo ideal del obispo católico. Como cabeza de una comunidad, para quien la Iglesia es «un pueblo que forma una única cosa con su sacerdote», se halló siempre en la brecha para sostener los ánimos que desfallecían, para animar a los hermanos condenados a las minas o al destierro y para reconciliar a los caídos; llevaba consigo, al igual que San Pablo, el cuidado de todas las Iglesias y la obsesión de su unidad. Más tarde, cuando le llegó el momento, acogió su condena a muerte con un vibrante: ¡Deo gratias!.

Cipriano estaba unido por los lazos de la amistad con el papa Cornelio que murió algunos años antes desterrado en Civitavecchia, tras un breve pontificado (250-253): «En caso de que Dios le haga a uno de nosotros la gracia de que muera pronto - había escrito Cipriano a Cornelio - que nuestra amistad continúe junto al Señor». Al no separar el recuerdo de ambos, la Iglesia perpetúa la memoria de semejante amistad.

En tiempo de las persecuciones romanas, algunos cristianos primitivos renunciaron a su fe. Muchos de nosotros, teniendo que escoger entre los leones y un juramento al emperador, habríamos hecho lo mismo. Sin embargo, cuando las persecuciones finalizaron, algunos que habían abandonado la Iglesia quisieron volver.

Algunos cargos de la Iglesia creían que cualquier que hubiera negado la fe estaba de mala suerte. Si te sales una vez, es para siempre, sostenían. Otros creían que a quienes habían abandonado se les debía permitir volver, aunque sólo tras ardua penitencia. Aún había otros que creían que debía acogerse de vuelta a todo el mundo sin hacer preguntas.

San Cornelio fue Papa durante este periodo de gran controversia. Las cosas se caldearon tanto finalmente que convino un sínodo, el cual determinó que quienes habían saltado del barco, por así decirlo, podrían volver a bordo a través de los medios usuales del sacramento de la penitencia.

En cierto sentido, San Cornelio es el santo de las segundas oportunidades. Dado que todos cometemos errores, todos necesitamos una segunda oportunidad alguna vez en nuestra vida. Metemos la pata hasta el fondo, y no podemos hacer ya otra cosa sino decir que lo sentimos y pedir perdón. Aunque los otros seres humanos puedan no siempre estar tan predispuestos, Dios siempre está dispuesto a recibirnos de nuevo. La única cosa capaz de separamos del amor de Dios es nuestra propia obstinación y nuestro rehúse a pedir perdón.

FUENTES DE LA PAGINA

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La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

 

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