MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

 

Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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13-09-2018

EDICION N.º MD 7.313

Semana XXIII

LITURGIA DE LA HORAS

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San Juan Crisóstomo

Juan nace en Antioquía (Siria) hacia el 349. Su madre, Antusa, hoy santa, en viuda a los 20 años. Juan es bautizado a los 18. Y se da a la vida monástica en su propia casa. Al fallecer su madre, se retira al desierto por seis años. Llamado a la ciudad, es ordenado diácono, y tras cinco años de preparación al sacerdocio y a la predicación, recibe el sacerdocio. Su especialidad pastoral es la predicación, en la que sobresale por su oratoria, amplia cultura y gran fe, lo cual le merece el sobrenombre de “Crisóstomo” (boca de oro). En el 397 es nombrado patriarca de Constantinopla. Y emprende una impresionante actividad pastoral y organizativa: reforma del clero, evangelización de los campesinos, fundación de hospitales, lucha contra las herejías, sermones encendidos con los que enseña, corrige y reprocha la vida licenciosa de monjes, cortesanos y de la misma emperatriz Eudoxia, quien, con la complicidad de algunos obispos, lo desterró como represalia. Invitado a regresar por el emperador Arcadio, golpeado por desgracias en su palacio, es recibido con júbilo por el pueblo. Pero a los dos meses vuelve a ser desterrado. Camino del destierro, desde las orillas del Mar Negro, subía al cielo diciendo: “Gloria a Dios por todo. Amén”. Era el 14 de septiembre del 407

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Dn 12,3

Los sabios brillarán como el resplandor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, lucirán como las estrellas, por toda la eternidad.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, fortaleza de los que en ti esperan, que hiciste brillar al obispo san Juan Crisóstomo por su admirable elocuencia y su firmeza en las tribulaciones, concédenos que, instruidos por su enseñanza, seamos confortados por el ejemplo de su inquebrantable paciencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA     1Cor 8, 1. 4-13

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Con respecto a la carne sacrificada a los ídolos, todos tenemos el conocimiento debido, ya lo sabemos, pero el conocimiento llena de orgullo, mientras que el amor edifica. Sabemos bien que los ídolos no son nada en el mundo y que no hay más que un solo Dios. Es verdad que algunos son considerados dioses, sea en el cielo o en la tierra: de hecho, hay una cantidad de dioses y una cantidad de señores. Pero para nosotros, no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros estamos destinados, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por quien nosotros existimos. Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada. Ciertamente, no es un alimento lo que nos acerca a Dios: ni por dejar de comer somos menos, ni por comer somos más. Pero tengan cuidado que el uso de esta libertad no sea ocasión de caída para el débil. Si alguien te ve a ti, que sabes cómo se debe obrar, sentado a la mesa en un templo pagano, ¿no se sentirá autorizado, a causa de la debilidad de su conciencia, a comer lo que ha sido sacrificado a los ídolos? Y así, tú, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ¡ese hermano por el que murió Cristo! Pecando de esa manera contra sus hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, ustedes pecan contra Cristo. Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré carne, a fin de evitar su caída.

Palabra de Dios.

Comentario: La comunidad de Corinto alberga en su seno dos grupos: el de los cristianos “fuertes” que defienden a todo precio la libertad adquirida en Jesucristo, y el de los cristianos “débiles” que se mantienen fieles a las observancias tradicionales. Pero, ante la intolerancia de ambos grupos, Pablo les da las consignas que permiten a unos y a otros dar el único signo de la presencia de Dios: un clima de gran caridad y un respeto mutuo que evite el escándalo de los hermanos de conciencia escrupulosa. Pero esto no significa que haya que dejar al hermano “débil” anclado en su “debilidad”, sino que habrá que ayudarle para que él mismo pueda salir de esa debilidad y conquistar la libertad de los hijos de Dios.

SALMO   Sal 138, 1-3. 13-14. 23-24

R. ¡Llévame por el camino eterno, Señor!

Señor, tú me sondeas y me conoces tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso, te das cuenta si camino o si descanso, y todos mis pasos te son familiares. R.

Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras! R.

Sondéame, Dios mío, y penetra mi interior; examíname y conoce lo que pienso; observa si estoy en un camino falso y llévame por el camino eterno. R.

ALELUYA   1Jn 4, 12

Aleluya. Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. Aleluya.

EVANGELIO   Lc 6, 27-36

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús dijo a sus discípulos: Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquéllos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquéllos que los aman. Si hacen el bien a aquéllos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquéllos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.

Palabra del Señor.

Comentario: En oposición a las prescripciones legalistas, Jesús libera el ejercicio del amor, muchas veces encerrado sólo en el ámbito de la propia familia, la nación o la cultura, y lo ofrece como un ideal de claridad y fuerza escalofriante: “Amen a sus enemigos”.

 ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios todopoderoso, recibe con agrado este sacrificio que te ofrecemos en la fiesta de san Juan Crisóstomo; que sus enseñanzas nos impulsen a alabarte con todo nuestro ser. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cfr. 1 Cor 1, 23-24

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, fuerza y sabiduría de Dios.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Concédenos, Dios misericordioso, que el sacramento recibido en la conmemoración de san Juan Crisóstomo, nos confirme en tu amor y nos convierta en fieles testigos de tu verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio.”

Lc 6, 27-36

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.    AMEN A SUS ENEMIGOS, HAGAN EL BIEN A LOS QUE LOS ODIAN”

Continuando después de las bienaventuranzas, en el sermón de la llanura, Jesús dice a sus discípulos: “Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian”

Esta es una invitación a amar sin ninguna distinción, amigos y enemigos por igual, esto es de la misma forma como ama Dios a todos los hombres. Esto es algo absolutamente nuevo para el pueblo que lo oye, ya que para los judíos, eso está fuera de sus principios. Jesús expresa “Amen”, esto es háganlo, es un imperativo que manda o que expresa mandato u obligación, no está diciendo traten de amar, e incluso no es por correspondencia mutua entre dos personas, porque también debemos amar cuando no somos amado y somos odiados.

2.     BENDIGAN A LOS QUE LOS MALDICEN, RUEGUEN POR LOS QUE LOS DIFAMAN

“Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica” Esta es la nueva actitud de los hombres frente a otros hombres, este es el comportamiento y el estado de ánimo que debemos manifestar exteriormente y sentir interiormente, es la nueva actitud del cristiano hacia los enemigos, con esto tenemos la oportunidad de superar toda agresividad, la nuestra y la de ellos, porque si amamos a nuestros enemigos, éstos dejan de serlo por nuestra parte y les damos la oportunidad, como posibilidad sincera de que ellos al mismo tiempo no nos consideren ya como tales, sino amigos, y de esta forma nace un cambio de su actitud hacia nosotros. Estamos entonces en el camino hacia el amor universal, y a nosotros como cristiano nos corresponde dar el primer paso y así abrir las puertas a la conversión al amor de nuestros enemigos

3.     DALE A TODO EL QUE TE PIDA, Y AL QUE TOME LO TUYO NO SE LO RECLAMES.

Como cristianos, debe estar dispuesto a la generosidad, inclinado a dar lo que tenemos sin buscar nuestro propio interés, dándole a los demás más de lo que pide, prestándole sin esperar recibir nada a cambio, esto a imitación de Dios, que es bondadoso incluso con los desagradecidos y hombres malo, a los cuales no les niega su misericordia.

4.     HAGAN POR LOS DEMÁS LO QUE QUIEREN QUE LOS HOMBRES HAGAN POR USTEDES.

La instrucción que nos da Jesús, es dar el bien, el bien que a nosotros nos gusta y ese es la práctica de misericordia, nosotros tenemos un corazón humano y sensible, no le causamos dolor a los demás, y no deseamos que nos causen dolor, rezamos por todos y deseamos que todos recen para que a todos nos lleguen las mismas bendiciones.

5.     SI AMAN A AQUELLOS QUE LOS AMAN, ¿QUÉ MÉRITO TIENEN?

Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.

Esta norma y orden que hay que cumplir, porque así está establecido y mandado, es el más difícil que nos corresponde hacer, y el mérito está en hacerlo de verdad, amar al prójimo incluso cuando se ha convertido en mi enemigo, porque amar a los que nos aman, no es difícil, pues hay cierta reciprocidad. El mérito de nuestro amor al prójimo, no está en tanto en lo que amemos, cuanto en lo amemos en Dios, como lo hace Dios, y según Dios, es entonces cuanto más veamos a Dios en los hombres, mas será nuestro mérito.

6.     AMEN A SUS ENEMIGOS, HAGAN EL BIEN Y PRESTEN SIN ESPERAR NADA EN CAMBIO

Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.

El actuar de Dios es siempre bondadoso incluso con los desagradecidos y malvados, con rostro de padre compasivo. A imagen de ese Dios siempre misericordioso. El misericordioso, no hace sufrir a los demás, y se vemos que otros sufren, debemos sentirnos tocado por ese mismo sufrimiento.

7.     EL CRISTIANO NO DEBE SER VOZ PARA JUZGAR A SUS HERMANOS

El cristiano no debe ser voz para juzgar a sus hermanos, esto también es algo difícil, especialmente con nuestra natural predisposición de querer enjuiciar a todos y por todo, y mucha veces sin conocer la verdad como se presentan las situaciones que juzgamos, pero no solo no debemos ser jueces, tampoco debemos ser verdugos, no nos compete a nosotros castigar, y si alguien lo necesita, dejémosle esa competencia a Dios, que al final siempre otorga el perdón a los que se arrepienten de corazón, “Porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.”

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

SEAN MISERICORDIOSOS, COMO EL PADRE DE USTEDES ES MISERICORDIOSO.

“Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.”: así termina el fragmento evangélico de hoy, mientras que Mateo, en el texto paralelo, escribe: «Vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (5,48). ¿Por qué esta diferencia? ¿Se trata acaso de una contradicción o hemos de buscar en otra dirección?

Comenzaremos por señalar que, probablemente, la de Lucas podría ser la redacción más próxima a las palabras del Jesús histórico: nos viene espontáneamente a la cabeza pensar que Mateo, como buen judío convertido, tienda a señalar a sus destinatarios una meta de perfección según las exigencias de la nueva Ley, la inaugurada por Jesús. De este modo y según Mateo, el cristiano se sitúa en plena continuidad con la más auténtica espiritualidad veterotestamentaria. A Lucas le gusta recordar explícitamente una enseñanza, difundida también en el Primer Testamento, que caracteriza a Dios como amor misericordioso (cf. Ex 34,6; Dt 4,31; Sal 78,38; 86,15), por el simple hecho de que esto constituye el mensaje central de todo el magisterio de Jesús de Nazaret. Si consideramos bien las cosas, en efecto, cada palabra, cada parábola, cada gesto de Jesús, no hace otra cosa que poner de manifiesto la verdad del Dios-amor, grande y misericordioso, amor paciente e indulgente, amor preveniente e incondicionado.

Debemos señalar, por último, que, en Dios, la perfección y la misericordia se identifican, y Lucas, como buen pedagogo, quiere que la perfección del discípulo alcance la misma meta del Maestro: amar hasta la entrega de sí mismo, sin reservas ni intereses; amar hasta el extremo de las propias fuerzas, sin arrepentimientos ni revanchas; amar a todos siempre, sin exceptuar a nadie.

ORACION (3)

 

Oh Señor, el amor no fue, para ti, una discusión de salón, y mucho menos un sueño vago y abstracto; no lo consideraste una cualidad o adorno del yo de la que gloriarnos, no lo intercambiaste con el sentimentalismo romántico, no lo definiste, porque no es una realidad estática.

Al contrario, Señor, el amor para ti es un arco iris de colores que hemos de abrazar sin barreras entre blancos y negros, judíos y gentiles, griegos y romanos, jóvenes y viejos, hombre y mujer, amigos y enemigos, buenos y malos. Es un sentimiento dinámico e indefinible porque, como la vida, es constantemente engendrador de algo nuevo, está en la base de todas tus relaciones: Pedro, la viuda, el ladrón, Zaqueo, los pequeños, la adúltera, Lázaro y tantos otros. Oh Señor, para ti vivir significa amar: éste es el don más grande que nos dejaste.

SANTORAL (4)

 

SAN JUAN CRISOSTOMO

Autor: JESUS MARTI BALLESTER

 VERGEL DE SANTOS

Oriente, fue durante los primeros siglos de la Iglesia un vergel de santos. A esa tierra debemos doctores tan eximios como Juan Crisóstomo, San Basilio y los célebres anacoretas del desierto, San Pablo Ermitaño y San Antonio Abad, tan fecundos ellos, a pesar de la diferencia entre la soledad de Egipto y las ciudades de Antioquía y Constantinopla, donde se santificó y santificó a innumerables almas el prodigioso predicador Crisóstomo.

SU FAMILIA

Nació en Antioquía el año 344, de familia rica. Su padre ocupaba un cargo elevado en el ejército imperial de Siria. Muerto muy joven, tuvo qué encargarse de la educación de Juan su madre, viuda a los veinte años. El patriarca Flaviano de Antioquía le ordenó sacerdote y le hizo su ayudante de confianza. Fallecido el patriarca Nectario de Constantinopla, en 397, fue elegido el "Crisóstomo" -"boca de oro"- para sucederle. Después de un decenio de aflictivo pontificado, falleció en el destierro, en 400.

SU MADRE ANTUSA

Antusa -la madre de Juan Crisóstomo- era un tipo de mujer fuerte, que hacía exclamar al retórico sofista Libanio: "¡Dioses de Grecia, qué mujeres hay entre los cristianos!". Libanio, pagano, maestro y amigo de Juliano el Apóstata, había iniciado al joven en el cultivo de las letras y estaba orgulloso de su aplicación. Pero el muchacho evadió su influencia, gracias a los consejos de Antusa. Fue ella la que más velo para que su hijo adquiriese una gran formación en las ciencias sagradas y en las virtudes.

CUATRO AÑOS EN UNA CUEVA

Tanto penetró el espíritu cristiano en el corazón de Juan, que, en plena juventud, fallecida su madre, se consagró a una vida de soledad. Se retiró a una cueva, donde vivió cuatro años, entregado a la oración, a la meditación de las Escrituras y a los ejercicios de austeridad. Su salud, empeoro. No estaba hecha para tal vocación. Siguiendo el consejo de un viejo anacoreta, bajó nuevamente a la ciudad. En aquella larga temporada de aislamiento había escrito algunos libros espirituales, uno sobre la penitencia, en ellos se revelaba ya su elocuencia y belleza de estilo y su sabiduría profunda. Por esto el Obispo-Patriarca quiso elevarlo al sacerdocio y le confió enseguida importantes predicaciones, aparte de otros asuntos.

NACE EL GRAN ORADOR

Desde los primeros momentos fue admirado como un gran orador elegante y enérgico en la dicción, hondísimo en los pensamientos, penetrador sutil de las máximas cristianas. Su auditorio era toda la ciudad. La iglesia de Antioquía era pequeña para tan grandes multitudes. Solía predicar sobre el Evangelio con el fin de mejorar las costumbres e insistía mucho en las obras de misericordia, en la limosna, la santificación de la familia, la educación de los hijos, la necesidad de la oración y de los Sacramentos, la obligación de apartarse de los espectáculos inmorales.

A LA SILLA DE CONSTANTINOPLA

Vacante unos años la silla episcopal de Constantinopla, el emperador Arcadio le eligió para ocuparla por su elocuencia y sabiduría. Mucho costó vencer la resistencia del humilde sacerdote, y fue grande su disgusto por verse arrancado de su ciudad nativa.

Trasladado a la metrópoli imperial, la lujosa ciudad de Bizancio; la de los jardines y maravillosos palacios, la de los grandes templos y las cúpulas de oro, la de las ciencias y las artes, la placentera residencia de la corte, el nuevo Patriarca se ganó muy pronto el afecto de sus sacerdotes, de las familias distinguidas y, el del pueblo, por la amabilidad y deferencia con que trataba a todos y por la santidad de su vivir. Se hizo el más sencillo de los ciudadanos. La ejemplaridad de sus horas de oración, de sus penitencias y de sus limosnas influyó en la reforma general de costumbres, en mayor grado que sus mismos sermones.

PREDICADOR INFLUYENTE Y ENERGICO

La energía con que azotaba los vicios y pecados, sin miedo a las iras de los poderosos, le valió la antipatía de algunos elementos de la corte, que no cesaron de intrigar contra él. Predicaba a todas horas. Pero no se contentaba con el entusiasmo pasajero de los oyentes. Quería ver el fruto, las obras. No admitía una respuesta sólo de palabras. No basta, dice, adornar el templo. ¿Qué te dirá Dios si no te has preocupado de atender a tu hermano?

EL ODIO DE LA EMPERATRIZ EUDOXIA

Sus predicaciones sobre el lujo femenino y la ostentación de las grandes damas, provocaron el odio de la propia Emperatriz, quien, aliada con herejes y viciosos, no descansó hasta conseguir que Arcadio, firmase el decreto de su exilio. Fue despedido por una muchedumbre enorme, que, aclamándolo con entusiasmo y con lágrimas, convirtió la partida en verdadera victoria. El pueblo protestó del decreto en las formas más enérgicas. La corte no durmió en paz; y a las pocas horas castigaba el Señor a la capital del Imperio con un terremoto que produjo graves desperfectos. La emperatriz -Eudoxia- alarmada ante el aviso del Cielo, pidió enseguida el retorno del Patriarca.

A los pocos meses, la corte se enemistaba de nuevo con el Crisóstomo, por no haber cedido a las caprichosas exigencias imperiales y haber predicado, como siempre, la verdad y la virtud. El emperador le prohibió todo acto episcopal y le arrestó en su propia residencia. El pueblo iba a sublevarse para liberarle. Pero él, para evitar la sangre que hubiera costado la sedición, se escapó, en el año 404, camino del destierro. Estaba terminado su ministerio en Bizancio. Constantinopla no lo verá más actuando. Pero cuando, después de muerto, su cuerpo fue traído del Asia Menor para ser sepultado en aquella capital de su Archidiócesis, toda la ciudad le tributó los más fervorosos honores, para reparar la pasada injusticia

SU DOCTRINA SOBRE LA ORACION

 Dice y escribe: "Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios ....Me refiero a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón, que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche". (Hom. 6 sobre la oración).

"La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible". (Hom. 6, sobre la oración).

 "La oración no es el efecto de una actitud exterior, sino que procede del corazón. No se reduce a unas horas o momentos determinados, sino que está en continua actividad, lo mismo de día que de noche. No hay que contentarse con orientar a Dios el pensamiento cuando se dedica exclusivamente a la oración; sino que, aun cuando se encuentre absorbida por otras preocupaciones (...) hay que sembrarlas del deseo y el recuerdo de Dios". (Hom. 6 sobre la oración).

"La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro espíritu, aquieta nuestro ánimo". (Hom. 6, sobre la oración).

"La oración es perfecta cuando reúne la fe y la confesión; el leproso demostró su fe postrándose y confesó su necesidad con sus palabras". (Hom. sobre S. Mateo, 25).

"La luz para nosotros es la inteligencia, que se muestra oscura o iluminada, según la cantidad de luz. Si se descuida la oración, que alimenta la luz, la inteligencia bien pronto se queda a oscuras". (Catena Áurea).

"Cuando digo a alguno: Ruega a Dios, pídele, suplícale, me responde: ya pedí una vez, dos, tres, diez, veinte veces, y nada he recibido. No ceses, hermano, hasta que hayas recibido; la petición termina cuando se recibe lo pedido. Cesa cuando hayas alcanzado; mejor aún, tampoco entonces ceses. Persevera todavía. Mientras no recibas pide para conseguir, y cuando hayas conseguido da gracias". (Hom, 10).

"Quien te redimió y te creó no quiere que cesen tus oraciones, y desea que por la oración alcances lo que su bondad quiere concederte. Nunca niega sus beneficios a quien los pide, y anima a los que oran a que no se cansen de orar". (Catena Áurea).

"La necesidad nos obliga a rogar por nosotros mismos, y la caridad fraterna a pedir por los demás. Es más aceptable a Dios la oración recomendada por la caridad que la que es impulsada por la necesidad". (Catena Áurea).

"Habiendo Dios dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, sólo al hombre lo dispuso de tal forma que su fortaleza no podía ser otra que la del mismo Dios: y esto lo hizo para que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar". (Catena Áurea).

LOS SEIS LIBROS SOBRE EL SACERDOCIO

Han sido mirados siempre como su obra más sobresaliente, y que no dejan nada que añadir a los que han tratado después esta materia. Dispuestos en forma de diálogo, nos ponen delante las graves razones y fundamentos que tuvo el santo para huir de la dignidad episcopal; y registra la perfección altísima que pide el estado sacerdotal, y el gravísimo peso, que ponen sobre sus hombros, los que se encargan del gobierno de las almas. Un día su gran amigo Basilio le visitó y le comunicó que querían hacerles obispos. Ellos se oponían. Llegado al día de la consagración. Sólo encontraron a Basilio. Juan había huido al desierto. Allí escribió diálogo sobre el sacerdocio. Distribuía su tiempo entre el estudio y la oración. Pero su voz, sublime no podía apagarse en el desierto. El patriarca Flaviano lo reclamó y volvió a la ciudad. Sacerdote y ayudante de su obispo, se entrega al ministerio de la palabra, y se convierte en Juan Crisóstomo, el de la boca de oro. Predica a todas horas, ataca los vicios, exhorta, aconseja, deslumbra con su palabra.

LOS DISCURSOS SOBRE LAS ESTATUAS

Estos discursos son un monumento de oratoria como no hay otro igual en toda la Antigüedad. Fueron veinte discursos que publicó en un momento delicado. El pueblo se amotinó contra el emperador Teodosio. Teodosio pensaba castigarles duramente. El Crisóstomo serenó los ánimos.

El año 397 es nombrado patriarca de Constantinopla. Seguirá predicando contra las injusticias de la corte y de los poderosos, lo mismo ahora en el Bósforo que antes en el Orontes. Los vicios se encontraban con la protesta de su palabra, como un día harán Hildebrando y Tomás Becket. Ante la debilidad del emperador Arcadio, se alzaba con todo el poder el ambicioso Eutropio, convertido en cónsul. El que se le oponía era eliminado, como el cónsul Primasio y su hijo. Quiso eliminar también a la viuda, que invocó el derecho de asilo en la iglesia. Eutropio la reclamó, pero se encontró frente a frente con el patriarca y tuvo que retroceder. Cambiaron las cosas. El que había abolido el derecho de asilo cayó en desgracia. La multitud quería asesinarlo. Acude al derecho de asilo. Y ahora es Juan el que sale en su defensa, les calma y consigue el perdón. La corte tornadiza, que tanto debía al Crisóstomo, ahora se vuelve contra él, por dar gusto a los resentidos y por agradar al patriarca de Alejandría, rival de Constantinopla. Juan no se asusta. No me importa la muerte, grita. Mi vida es Cristo y una ganancia el morir. Fue desterrado. Un temblor de tierra asustó a la supersticiosa emperatriz Eudosia, considerado como un signo de la cólera divina. Le llaman y vuelve. El Bósforo se iluminó para recibirle. Juan se pone en manos de Dios. Otra vez es desterrado a la frontera de Armenia, por censurar los lujos y frivolidad de la emperatriz. Sigue predicando en el destierro. Mantiene correspondencia con todas las Iglesias del orbe. Al Papa Inocencio I le dice que su afecto hacia él le consuela de todos los sufrimientos.

Muchos amigos he tenido sencillos, y verdaderos, que entendieron, y guardan escrupulosamente las leyes de la amistad; pero uno entre estos muchos ha sido, el que señalándose en amarme, ha procurado dejarlos tan atrás, como estos dejaron a los que sólo tenían conmigo una vulgar correspondencia. Era éste uno de aquéllos, que jamás se apartó de mi lado; porque habiéndose aplicado a unos mismos estudios, y tenido unos mismos maestros, era siempre una nuestra inclinación, y cuidado en las ciencias a que nos aplicábamos, y no diferente el deseo de ambos, porque procedía de unos mismos principios. Ni duró esto sólo aquel tiempo que frecuentábamos las escuelas; continuó también, cuando habiéndolas dejado, fue necesario deliberar sobre el estado más conveniente de vida que debíamos abrazar; aun en este lance fueron muy conformes nuestros sentimientos.

Fuera de éstas, había otras muchas causas, por las que se conservaba entre nosotros invariable, y constante esta uniformidad. Ninguno de los dos podía vanagloriarse sobre el otro por la nobleza de su patria; ni a mí me sobraban conveniencias, ni él se veía acosado de una extremada pobreza; sino que a la proporción de nuestros haberes correspondía la uniformidad de nuestras voluntades; era igualmente honrada nuestra familia. Finalmente, no había cosa que no conspirase a formar la unión estrecha de nuestros ánimos.

Pero cuando llegó el tiempo de que aquel hombre feliz abrazase el instituto monástico, y siguiese la verdadera filosofía; ya desde entonces quedaron desiguales nuestros pesos: su balanza se levantaba en alto, al paso que yo, enredado en los deseos del siglo, hacia bajar la mía, y la violentaba a que quedase oprimida, cargándola de pensamientos juveniles. Aun entonces permanecía entre nosotros, del mismo modo que antes, una firme y constante amistad; pero debía interrumpirse nuestro trato. ¿Cómo era posible que pudiésemos mantenerlo continuo, siendo nuestras ocupaciones tan diversas?

Pero luego que comencé yo también, poco a poco, a sacar la cabeza de entre las tempestades de la vida, me recibió en esta ocasión con los brazos abiertos; pero ni aun así pudimos conservar nuestra primera igualdad: porque habiéndome prevenido en el tiempo, y manifestado un ardor de ánimo increíble, se levantaba todavía sobre mí, llegando a tocar un punto de elevación muy grande.

Sin embargo, siendo él de una índole muy buena, y haciendo gran aprecio de mi amistad, abandonó la compañía de todos los otros, por pasar en la mía todo el tiempo. Esto es lo que ya mucho tiempo antes vivamente había deseado, pero por mi desidia, como dije, habían quedado burlados sus deseos. ¿Cómo podía yo, asistiendo continuamente a los tribunales, y andando a caza de diversiones en el teatro, tener gusto en conversar familiarmente con aquél, cuyo pensamiento estaba fijo sobre los libros, y que no se dejaba ver jamás en público? De aquí es, que habiendo estado hasta entonces separados, luego que me admitió al mismo género, y método de vida, sin perder un instante de tiempo, me descubrió aquel deseo, que muy anticipadamente había concebido: y no apartándose de mi lado ni una brevísima parte del día, me exhortaba sin cesar, a que dejando cada uno su casa particular, eligiésemos una habitación común. Llegó a persuadirme, y quedamos determinados a hacerlo.

LA OPOSICION CARÑOSA DE SU MADRE

Pero los continuos halagos de mi madre, fueron causa de que yo no le concediese esta gracia; mejor diré, que no recibiese de él este beneficio. Luego que ésta llegó a entender el camino que yo quería tomar, asiéndome de la mano, me introdujo en un cuarto retirado de la casa, y haciéndome sentar junto a la cama, en donde me había dado a luz, prorrumpió en un mar de lágrimas, y añadiendo palabras, que movían más que su llanto, comenzó a lamentarse de esta suerte: «Hijo mío, dijo, no me fue permitido disfrutar largamente las virtudes de tu padre, porque Dios así lo dispuso; a los dolores que yo tuve cuando te di a luz, sucedió su muerte, dejándote a ti huérfano y a mí viuda antes de tiempo y entre los males y trabajos de una viudez, que sólo pueden comprender las que los han experimentado.

JUSTIFICA A SU MADRE

¿Qué palabras pueden bastar para explicar aquella tempestad, y turbación que sufre una mujer joven, cuando apenas salida de la casa de su padre, y sin experiencia alguna de las cosas, repentinamente se halla en medio de un dolor insoportable, y se ve obligada a entrar en pensamientos superiores a su sexo, y a su edad? Porque debe, según yo pienso, atender a corregir el descuido de los domésticos, observando sus malos procederes, haciendo frente a las asechanzas de los parientes, y soportando con generosidad de ánimo las molestias de aquéllos que administran los intereses del público, y su dureza en exigir los tributos. Y si el que ha muerto deja sucesión, si es femenina, aun así, deja un cuidado no pequeño a la madre; pero libre de gasto, y de temores: mas si es varonil, cada día la aumenta nuevos sobresaltos, y mayores cuidados. Deja a un lado el consumo de dinero que se necesita hacer, si desea que tenga una educación correspondiente a su estado. Con todo, ninguna de estas cosas han podido inducirme a que yo abrazase un segundo matrimonio, y que introdujese otro esposo en la casa de tu padre; sino que he permanecido en esta tempestad, y torbellino, y no he rehusado el trabajoso ardor de la viudez, asistida principalmente de la gracia del Señor. Ni contribuyó poco para esto el gran consuelo que recibía, viendo continuamente tu semblante, en donde registraba vivamente copiada la imagen de tu difunto padre. De aquí es, que siendo tú niño, y que no sabías aun articular las palabras, que es cuando más gusto reciben los padres de los hijos, yo tenía en ti un grandísimo consuelo.

Ni tú podrás decirme, o culparme con verdad, que aunque generosamente haya soportado la viudez, no obstante por las incomodidades de ésta, te he disminuido el patrimonio, como sé que ha sucedido a muchos, que han tenido la desgracia de quedar huérfanos como tú. Pues yo te he conservado intacto todo lo que era tuyo; ni he perdonado a gastos en todo lo que pertenecía a tu decoro, gastando de lo que era mío, y de lo que tenía cuando salí de la casa de mi padre.

Ni te persuadas que te digo esto por sacarte los colores a la cara: solamente te pido por todo esto una gracia; y es, que no me envuelvas en una segunda viudez, despertándome un dolor, que está ya enteramente adormecido; sino que esperes mi muerte, que tal vez ya no tardará. Se puede esperar que los jóvenes lleguen a una larga vejez, pero nosotros, que hemos comenzado ya a envejecer, solo podemos esperar la muerte. Luego que me hayas enterrado, y puesto mis huesos junto a los de tu padre, puedes emprender largas peregrinaciones; entra en el mar que quisieres, pues no tendrás alguno que te lo impida; pero mientras que yo respiro, sufre el vivir en mi compañía. No quieras temerariamente, y sin consejo ofender a Dios, poniéndome en tan grandes trabajos, sin que de mi parte hayas tenido motivo para ello. Y si tú puedes culparme de que yo te arrastro a los cuidados de la vida, y de que te obligo a atender a tus cosas, niégate enhorabuena a las leyes de la naturaleza, a la educación que te he dado, a la compañía, y a todos los otros motivos: huye de mí, como de un enemigo que te pone asechanzas. Pero si no omito diligencia, para que te sea más fácil, y llevadero el camino de esta vida, ya que no otro respeto, a lo menos este lazo te detenga junto a mí. Pues aunque tú digas ser infinitos aquéllos que te aman; ninguno podrá hacer que goces de una libertad como ésta; porque ninguno hay que estime tu decoro como yo.

Éstas, y otras cosas me dijo mi madre, y yo se las repetí a aquel generoso varón, que no sólo no se movió de semejante discurso, sino que insistió con mayor tesón en su primera resolución e instancia.

EL RUMOR DE LA PROMOCION EPISCOPAL DE JUAN Y BASILIO

Hallándonos, pues, en estos términos, e instándome él continuamente a que condescendiese con sus súplicas, pero sin acabar yo de resolverme, nos confundió un rumor que se esparció por la ciudad de que seríamos promovidos a la dignidad episcopal.

Cuando yo oí semejante voz, quedé sorprendido de temor, y perplejidad: de temor porque no me obligasen a abrazar contra mi voluntad aquel estado; y de perplejidad, porque no acababa de entender cómo pudo venir al pensamiento de aquellos varones el resolver una cosa como ésta de mi persona; pues volviendo a mirar sobre mí mismo, no encontraba en mí cosa que fuese digna de tal honor.

Aquel joven valeroso, vino a buscarme a solas; me dio parte de las voces que corrían y creyendo que yo las ignorase, me rogaba que en esta ocasión, como en todas las antecedentes, se viese que nuestras acciones y deliberaciones eran unas; que él por su parte estaba dispuesto a seguir con prontitud de ánimo, cualquier camino que yo le mostrase; ya conviniese rehusar, ya abrazar aquel estado.

¿COMO PRIVAR A LA IGLESIA DE AQUEL GENEROSO PASTOR?

Viendo, pues, una resolución tan noble, y creyendo que podría causar no pequeño daño a todo el común de la Iglesia, si por mi debilidad privaba al rebaño de Jesucristo de un joven tan bueno y tan útil para el gobierno de los hombres, no le descubrí lo que sentía de estas cosas; aunque hasta entonces, jamás había podido sufrir el ocultarle alguno de mis sentimientos. Y añadiéndole ser muy conveniente dejar para otro tiempo el resolver sobre este negocio, y que confiase, que si llegaba el caso de abrazar aquel estado, yo le acompañaría en la determinación.

CRISOSTOMO SE OCULTO

Pero no pasó mucho tiempo, cuando llegó allí el que nos había de ordenar: yo me oculté, y él fue conducido a recibir el yugo, esperando, por lo que yo le había prometido, que sin dificultad lo seguiría, o que tal vez era él el que me seguía, pues algunos de los que se hallaban presentes,  viéndole inquieto por esta especie de violencia, lo engañaron diciendo que era cosa indigna, que aquél a quien todos tenían por atrevido, hubiese cedido con tanta sumisión al juicio de los Padres; y que él, que era más modesto y prudente, se mostrase soberbio y amigo de vanagloria, rehusando, repugnando, y contradiciendo.

Habiendo cedido a estas razones, luego que supo que yo me había ocultado, fue a buscarme; y entrando en mi cuarto con semblante muy triste, se sienta junto a mí, pero impedido por la angustia, no podía manifestar con las palabras la violencia que padecía; luego que abría los labios la opresión interna le enmudecía.

Pero cuando llegó el tiempo de que aquel hombre feliz abrazase el instituto monástico, y siguiese la verdadera filosofía; ya desde entonces quedaron desiguales nuestros pesos: su balanza se levantaba en alto, al paso que yo, enredado en los deseos del siglo, hacia bajar la mía, y la violentaba a que quedase oprimida, cargándola de pensamientos juveniles. Aun entonces permanecía entre nosotros, del mismo modo que antes, una firme y constante amistad; pero debía interrumpirse nuestro trato. ¿Cómo era posible que pudiésemos mantenerlo continuo, siendo nuestras ocupaciones tan diversas?

EN LA PAZ

Cuando iba a ser trasladado a la costa oriental del Mar Negro, al pie del Cáucaso, al llegar a una ermita de Comano, enfermó y agotado expiró. Ha sido llamado el teólogo de la Eucaristía y el mejor intérprete de San Pablo. Sus restos reposaron en Constantinopla. Actualmente se hallan en Roma, en la basílica de San Pedro del Vaticano.

 

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Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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