DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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Fecha: 16-04-2017

Edición Nº MD 4.819

LITURGIA DE LA HORAS

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“MI ALEGRÍA, CRISTO, HA RESUCITADO.”

DOMINGO DE RESURRECION

 

¡HA RESUCITADO!

Jn 20,1-9

apa1 “¡Ha resucitado!”: Es la noticia que hoy nos es gritada, proclamada. Esta es la noticia. Es la certeza que se nos da a conocer. La gran certeza, la que sostiene toda nuestra vida, la que le da sentido y valor. ¡Ha resucitado! No podemos seguir viviendo como si Cristo no hubiese resucitado, como si no estuviese vivo. No podemos seguir viviendo como si no le hubiera sido sometido todo. No podemos seguir viviendo como si Cristo no fuera el Señor, mi Señor. No podemos seguir viviendo “como si”. Sólo cabe buscar con ansia al Resucitado, como María Magdalena o los apóstoles; o mejor, dejarse buscar y encontrar por Él.

“¡Ha resucitado!”: También nosotros podemos ver, oír, tocar al Resucitado (1 Jn 1,1). No, no es un fantasma (cfr. Lc 24, 37-43). Es real, muy real. Cristo vive, quiere entrar en tu vida. Quiere transformarla. No, nuestra fe no se basa en simples palabras o doctrinas, por hermosas que sean. Se basa en un hecho, un acontecimiento. Sí, verdaderamente ha resucitado el Señor. Para ti, para mí, para cada uno de todos los hombres. Hoy puede ser decisivo para ti. Él quiere irrumpir en tu vida con su presencia iluminadora y omnipotente. Es a Él, el mismo que salió del sepulcro, a quien encuentras en la Eucaristía.

“¡Ha resucitado!”: La noticia que hemos recibido hemos de gritarla a otros. Si de verdad hemos tocado a Cristo, tampoco nosotros podemos callar “lo que hemos visto y oído” (He 4,20). No somos sólo receptores. Cristo resucitado nos constituye en heraldos, pregoneros de esta noticia. Una noticia que es para todos. Una noticia que afecta a todos. Una noticia que puede cambiar cualquier vida: “Cristo ha resucitado, está vivo, para ti, te busca, tú eres importante para Él, ha muerto por ti, ha destruido la muerte, te infunde su vida divina, te abre las puertas del paraíso, tus problemas tienen solución, tu vida tiene sentido”. (Padre Julio Alonso Ampuero)

 

 

MISA DEL DÍA

I. RITOS INICIALES

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 138, 18. 5-6

He resucitado, y estoy de nuevo contigo, aleluya. Pusiste tu mano sobre mí, aleluya; qué admirable es tu sabiduría. Aleluya.

O bien: Lc 24, 34; Cfr. Ap. 1, 6: En verdad resucitó el Señor. Aleluya. A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

ACTO PENITENCIAL

(Sí se realiza el rito de la bendición y aspersión).

El tiempo Pascual da un lugar relevante al recuerdo de nuestro bautismo. Porque con él nacimos a la vida nueva que nos conquistó Jesucristo. Por eso hoy, en lugar del acto penitencial acostumbrado, seremos rociados y purificados con agua bendita en recuerdo de nuestro bautismo

(Durante la aspersión conviene cantar un canto con sentido bautismal)

Si no se realiza el rito de la aspersión:

— Tú resucitaste lleno de gloria. Señor, ten piedad.

— Tú nos haces pasar de la muerte a la vida. Cristo, ten piedad.

— Tú nos llamas a vivir como resucitados. Señor, ten piedad.

SE DICE GLORIA A DIOS.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra suplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén. Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que hoy has abierto para nosotros las puertas de la eternidad por la victoria de tu Hijo unigénito sobre la muerte, te pedimos que quienes celebramos la Resurrección del Señor, por la acción renovadora de tu Espíritu, alcancemos la luz de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

II. LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA Hech 10, 34. 37-43

Lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo.

Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección.

Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: En el relato de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar, el apóstol Pedro nos ofrece una estupenda síntesis del misterio de Jesucristo: ungido por Dios, pasó haciendo el bien, y curando todas las enfermedades y dolencias; lo mataron, pero Dios lo resucitó. Testigo de esto son los Doce, que comieron y bebieron con él. Los que creen en él reciben el perdón de sus pecados.

SALMO Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23

R. Éste es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.

O bien: Aleluya, aleluya, aleluya.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.

SEGUNDA LECTURA Col 3, 1-4

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas.

Hermanos: Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la vida de ustedes, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: Jesucristo resucitado ya vive “los bienes del cielo”. El Bautismo hace al cristiano participar de la vida gloriosa del Señor resucitado. Pablo nos exhorta a mostrar con obras concretas una vida renovada y distinta. Bautizados en Cristo, hombres y mujeres nuevos, tenemos el don de Dios para vivir esa vida de resucitados ya ahora, en la alegría del amor y creando cada día más lazos de comunión.

O bien: 1Cor 5, 6-8

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto. Hermanos: ¿No saben que “un poco de levadura hace fermentar toda la masa”? Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad.

Palabra de Dios.

SECUENCIA

Cristianos, ofrezcamos al Cordero pascual, nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas: Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre. La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable: el Rey de la vida estuvo muerto, y ahora vive. Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino? He visto el sepulcro del Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras. Ha resucitado Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en Galilea. Sabemos que Cristo resucitó realmente; tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros.

ALELUYA 1Cor 5, 7b-8a

Aleluya. Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua. Aleluya.

EVANGELIO Jn 20, 1-9

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: “Se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Es el anuncio de María Magdalena que reciben Pedro y Juan. Éstos corren hasta el sepulcro y constatan los hechos. No se trata de un robo, sino de un signo que habla de la resurrección del Maestro. Entonces Pedro y Juan se abren a la fe. Pero esta fe necesita aún ser profundizada: han de revivir toda la esperanza mesiánica a la luz de la cruz para comprender por qué, “según las escrituras “, Jesús debía “resucitar de entre los muertos”. Por eso los apóstoles y principalmente Pedro, el primero que entra en la tumba vacía, serán los primeros testigos de la fe en la Resurrección.

Donde se celebre Misa vespertina, también puede leerse el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas. Lc 24, 13-35

EL CREDO

Creo en Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES

A cada intención, pedimos: Ayúdanos a mostrar la alegría pascual.

·         Para que la Iglesia sea luz y salvación de todos los pueblos. Oremos.

·         Para que los pueblos sumergidos en las tinieblas de la miseria y la opresión, reciban la luz y la fuerza de Cristo

·         Resucitado. Oremos.

·         Para que todos los que sin sentirse cristianos trabajan por un mundo mejor encuentren la luz y fortaleza de Jesús Oremos.

·         Para que los que sufren encuentren en Cristo resucitado la esperanza para seguir luchando. Oremos.

·         Para que todos nosotros honremos esta Pascua dando testimonio de una vida nueva. Oremos.

(Añadir y/o sustituir intenciones dando lugar a otras que reflejen las necesidades del momento y/o de la comunidad).

III. LITURGIA EUCARÍSTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Padre santo, exultantes de gozo pascual te ofrecemos este sacrificio por el que admirablemente renace y se nutre tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

En la Plegarias eucarísticas se utilizan los textos propios.

PREFACIO PASCUAL I.

RITO DE COMUNIÓN

PADRE NUESTRO

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

LA PAZ

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”. No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN 1Cor 5, 7-8

Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, esta fiesta con los panes sin levadura de la pureza y la verdad, aleluya, aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor Dios, protege paternalmente a tu Iglesia con amor incansable, para que, renovada por los misterios pascuales, llegue a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

IV. RITO DE CONCLUSIÓN

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

Padre, dirige tu mirada sobre esta familia tuya, por la cual nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse a las manos de los verdugos y sufrir el suplicio de la cruz. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

BENDICIÓN

Canto final

Al despedir al pueblo, durante toda la octava, hasta el domingo II de Pascua se dice:

V. Pueden ir en paz, aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya. Santo

 

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Él debía resucitar de entre los muertos”

Jn 20, 1-9

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

1.   “MARÍA MAGDALENA FUE AL SEPULCRO Y VIO QUE LA PIEDRA HABÍA SIDO SACADA

Según san Juan, el relato lo sitúa en “el primer día de la semana.” Es decir, al día siguiente del sábado, y la hora en que viene al sepulcro es de “madrugada”, esto es muy de mañana y cuando aún hay “todavía estaba oscuro”. Es en la hora crepuscular del amanecer.

“María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.” Por los sinópticos se sabe que esta visita de María al sepulcro no la hace ella sola, sino que viene en compañía de otras mujeres, cuyos nombres se dan: María, la madre de Santiago, y Salomé, la madre de Juan y Santiago el Mayor (Mc 16:1) y otras más (Lc 24:10). Al ver, desde cierta distancia, “sacada” la piedra rotatoria o golel, dejó a las otras mujeres, que llevaban aromas para acabar de preparar el “embalsamamiento” del cuerpo de Cristo, y “Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba”, que, por la confrontación de textos, es, con toda probabilidad, el mismo Juan.

2.   “EL OTRO DISCÍPULO AL QUE JESÚS AMABA”.

Me parece bonita esta expresión que se lee en este fragmento del evangelio, “El otro discípulo al que Jesús amaba”. Es hermoso saber del amor de Jesús por sus apóstoles, pero en el caso de san Juan, hay una predilección especial, pero aún es más hermosa esa humildad, esa modestia y esa demostración de no ser vanidoso, san Juan en lugar de nombrarse, utiliza esta frase “El otro discípulo al que Jesús amaba”.

3.   “SE HAN LLEVADO DEL SEPULCRO AL SEÑOR Y NO SABEMOS DÓNDE LO HAN PUESTO”.

Como ella, Magdalena, no entró en el sepulcro, supuso la noticia que da a estos apóstoles: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. El plural con que habla: no “sabemos”, entronca fielmente la narración con lo que dicen los sinópticos de la compañía de las otras mujeres que allí fueron (Mt 28,1ss; Mc 16ss; Lc 24:1ss; cf. Lc 24:10). Seguramente, al ver, a cierta distancia, removida la piedra de cierre, cuya preocupación de cómo la podían rodar para entrar temían (Mc 16:3), cambiaron, alarmadas, sus impresiones, y Magdalena, más impetuosa, se dio prisa en volver, para poner al corriente a Pedro y al anónimo Juan.

4.   ESTE “DISCÍPULO” CORRÍA MÁS QUE PEDRO.

Pedro y Juan debieron de salir enseguida de recibir esta noticia, pues ambos “corrían.” Pero el evangelista dejará en un rasgo su huella literaria. Este “discípulo” corría más que Pedro. En efecto, Pedro debía de estar sobre la mitad de su edad, sobre los cincuenta años (Jn 21:18.19), y, según San Ireneo, vivió hasta el tiempo de Trajano (98-117) Esto hace suponer que Juan pudiese tener entonces sobre veinticinco o treinta años. Juan, por su juventud y su fuerte ímpetu de amor a Cristo, “corrió más rápidamente” y “llegó antes.” al sepulcro. Pero “no entró.”

5.   “VIO LAS VENDAS EN EL SUELO, Y TAMBIÉN EL SUDARIO QUE HABÍA CUBIERTO LA CABEZA DE JESÚS”.

Juan no entró, esperando a Pedro que es el primero que entra en el sepulcro y “vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús”. El evangelista, al recoger estos datos, pretende, manifiestamente, hacer ver que no se trata de un robo; de haber sido esto, los que lo hubiesen robado no se hubiesen entretenido en llevar un cuerpo muerto sin su mortaja, ni en haber cuidado de dejar “las vendas” y “sudario” puestos cuidadosamente en sus sitios respectivos “sino enrollado en un lugar aparte”

6.   “LUEGO ENTRÓ EL OTRO DISCÍPULO, QUE HABÍA LLEGADO ANTES AL SEPULCRO: ÉL TAMBIÉN VIO Y CREYÓ.”

Juan nos muestra unos hermosos detalles, el lento examen a que somete la mirada de Pedro, “Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró”. Cada detalle particular dentro del sepulcro vacío crea un clima de gran silencio, de expectante interrogación: “Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.” El discípulo, al ver, intuye lo que ha sucedido. San Juan cree, porque es limpio de corazón, su pureza no le hace tener ninguna duda.

Sin embargo, luego pasa de la realidad que tiene delante a otra más escondida: “Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos.”. De esto se desprende que la fe no es, para el hombre, una posesión estable, sino el comienzo de un camino de comunión con el Señor, una comunión que ha de ser mantenida viva y en la que hemos de ahondar más y más, para que llegue a la plenitud de vida con él en el reino de la luz infinita.

La alegría de Cristo resucitado vivan en sus corazones

   Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

“MI ALEGRÍA, CRISTO, HA RESUCITADO.”

“Mi Alegría, Cristo, ha Resucitado.” Con estas palabras solía saludar san Serafín de Sarov a quienes les visitaban. Con ello se convertía en mensajero de la alegría pascual en todo tiempo. En el día de pascua, y a través del relato evangélico, el anuncio de la resurrección se dirige a todos los hombres por los mismos ángeles y, después de ellos, por las piadosas mujeres a la vuelta del sepulcro, por los apóstoles y por los cristianos de las generaciones pasadas, ahora vivas para siempre en El que vive. Sus palabras son una invitación, casi una provocación. Esas palabras hacen resurgir en el corazón de cada uno de nosotros la pregunta fundamental de la vida: ¿quién es Jesús para ti? Ahora bien, esta pregunta se quedaría para siempre como una herida dolorosamente abierta si no indicara al mismo tiempo el camino para encontrar la respuesta. No hemos de buscar entre los muertos al Autor de la vida. No encontraremos a Jesús en las páginas de los libros de historia o en las palabras de quienes lo describen como uno de tantos maestros de sabiduría de la humanidad. El mismo, libre ya de las cadenas de la muerte, viene a nuestro encuentro; a lo largo del camino de la vida se nos concede encontrarnos con él, que no desdeña hacerse peregrino con el hombre peregrino, o mendigo, o simple hortelano. El, el Inaprensible, el totalmente Otro, se deja encontrar en su Iglesia, enviada a llevar la buena noticia de la resurrección hasta los confines de la tierra.

En consecuencia, sólo hay una cuestión importante de verdad: ponernos en camino al alba, no demoramos más, encadenados como estamos por los prejuicios y los temores, sino vencer las tinieblas de la duda con la esperanza. ¿Por qué no habría de suceder todavía hoy que encontráramos al Señor vivo? Más aún, es cierto que puede suceder. El modo y el lugar serán diferentes, personalísimos para cada uno de nosotros. El resultado de este acontecimiento, en cambio, será único: la transformación radical de la persona. ¿Encuentras a un hermano que no siente vergüenza de saludarte diciendo: «Mi alegría, Cristo ha resucitado»? Pues bien, puedes estar seguro de que ha encontrado a Cristo. ¿Encuentras a alguien entregado por completo a los hermanos y absolutamente dedicado a las cosas del cielo? Pues bien, puedes estar seguro de que ha encontrado a Cristo... Sigue sus pasos, espía su secreto y llegará también para ti esa hora tan deseada.

ORACION (3)

 

Haz, Señor, que también nosotros nos sintamos llamados, vistos, conocidos por ti, que eres el Presente, y podamos descubrir así el valor único de nuestra vida en medio de la inmensa multitud de las otras criaturas.

Danos un corazón humilde, abierto y disponible, para poder encontrarte y permitir que nos marques con tu sello divino, que es como una herida profunda, como un dolor y una alegría sin nombre: la certeza de estar hechos para ti, de pertenecerte y de no poder desear otra cosa que la comunión de vida contigo, nuestro único Señor.

A ti queremos acercarnos en esta mañana de pascua, con los pies desnudos de la esperanza, para tocarte con la mano vacía de la pobreza, para mirarte con los ojos puros del amor y escucharte con los oídos abiertos de la fe. Y mientras, angustiados, vamos hacia ti, invocamos tu nombre, que resuena como música y como canto en lo más íntimo de nuestro corazón, donde el Espíritu, con gemidos inefables, llora nuestro dolor y con dulzura y vigor nos envía por los caminos del amor.

 

SANTORAL (4)

 

SANTA ENGRACIA, virgen y mártir +304

En tiempos del emperador Diocleciano (285-305) fue cuando más sañudamente fue perseguida la religión cristiana. Por España se extendía de modo prodigioso y había que atajarla. Para ello envió como prefecto al cruel Daciano que regó de sangre inocente todas las tierras españolas.

Aunque hayan desaparecido las Actas Martiriales han llegado hasta nosotros noticias fidedignas de la heroicidad y martirio de Santa Engracia. El inspirado poeta Prudencio, en su Libro de las Coronas, himno IV, después de cantar maravillosamente el valor de estos mártires, les contempla llegando al cielo "donde serán presentados por un ángel, al mismo tiempo que la virgen Engracia...".

Han llegado hasta Zaragoza noticias de las barbaridades que por donde pasa realiza el impío Daciano. Ya se conocen los pormenores y valentía de Eulalia de Barcelona. Aquellos días se encontraba en Zaragoza la noble joven Engracia, que venía de Brácara y se dirigía hacia el Rosellón acompañada de un numeroso cortejo para encontrarse con su prometido y allí contraer matrimonio cristiano.

Al llegar a Zaragoza, coinciden con la venida de Daciano y sus órdenes de persecución contra los cristianos. Santa Engracia confiesa su fe y se atreve a defender a los seguidores de Cristo.

Su martirio ha quedado como uno de los más violentos y mereció uno de los mejores himnos de Prudencio. Después de ser arrastrada por las calles del tiro de unos caballos, es azotada con garfios hasta sacarle el hígado y dejar a la vista de todos, su corazón, para terminar atravesándole la cabeza con un clavo. el 16 DE ABRIL del año 304.

Engracia no iba sola. Le acompañaban como apuestos caballeros todos los pajes de su séquito dispuestos a correr la misma suerte que su Dama ya que era su misma fe la que profesaban. Eran éstos, para feliz memoria: Luperco, Optato, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frontón, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemio, Maturino, Casiano, Fausto y Jenaro. Zaragoza, impresionada, dedicó prontamente una cripta con su nombre, para albergar sus reliquias y las de los 18 acompañantes: Lupercio, Optato y Sucesio; Marcial, Urbano y Julio: Quintiliano. Publio y Froncio; Félix. Ceciliano y Evencio: Primitivo, Apodemo.

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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