MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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17-10-2016

Edición Nº

MD 4.673

T. Ord. Ciclo A

Semana XXIX

LITURGIA DE LA HORAS

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San Ignacio de Antioquia

Fue el segundo sucesor de san Pedro como obispo de Antioquia (Siria). Se decía de él que era un «hombre de fuego», haciendo honor a su nombre. Fue un gran pastor, de agudísimo ingenio, apasionado por Cristo y por el hombre. Siguiendo el ejemplo de san Pedro, centró su vida y su iglesia en Cristo Eucaristía. Cuando el emperador Trajano (98-117) organizó festejos en Roma por su victoria en Dacia, decretó que los cristianos debían ser uno de los mejores espectáculos, condenándolos a las fieras en el circo. Fueron arrestados los principales jerarcas cristianos, y entre ellos Ignacio, que fue conducido a Roma encadenado, en un largo calvario, con ochenta años y enfermo. En el trayecto fue acogido por varias comunidades cristianas y escribió siete cartas llenas de fe y caridad, invitando a los cristianos a huir del pecado, guardarse de la herejía gnóstica y conservar la unidad. Y a quienes intentaban salvarlo del martirio, les decía: «Espero encontrar a las fieras bien dispuestas. Las acariciaré para que me devoren de un bocado». «Si muero, ustedes no pierden nada; pero yo pierdo a Dios si me salvo de ellas». «Inciten a las fieras para que sean mi tumba y no dejen restos de mi cuerpo, y así mis funerales no serán una carga para nadie». Llegó a Roma en el 107, y a los pocos días se encaminó radiante hacia el Coliseo para ser triturado por las fieras, que le merecieron la corona del martirio y la gloria eterna, como era su ardiente deseo.


ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Gál 2, 19-20

Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que honras a tu Iglesia con el testimonio de los santos mártires, haz que el martirio de san Ignacio de Antioquia, que hoy celebramos, así como fue para él causa de eterna gloria, sea para nosotros motivo de constante protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Ef 2, 1-10

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.

Hermanos: Ustedes estaban muertos a causa de las faltas y pecados que cometían, cuando vivían conforme al criterio de este mundo, según el Príncipe que domina en el espacio, el mismo Espíritu que sigue actuando en aquéllos que se rebelan. Todos nosotros también nos comportábamos así en otro tiempo, viviendo conforme a nuestros deseos carnales y satisfaciendo nuestra concupiscencia y nuestras malas inclinaciones, de manera que por nuestra condición estábamos condenados a la ira, igual que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo –¡ustedes han sido salvados gratuitamente!– y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con Él en el cielo. Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús. Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe. Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.

Palabra de Dios.

Comentario: San Pablo afirma que toda persona fue creada por Dios y, por ello, tiene un lazo de dependencia hacia él. A causa de sus pecados, el hombre, perdió su dignidad de hijo de Dios. Y en esta condición sólo el amor y la misericordia de Dios hicieron que recupera su lugar en el proyecto divino sobre este mundo. De aquí en más nadie se podrá gloriar por lo que es y lo que hace, todo es gracia y respuesta al don que Dios confía a la persona.

SALMO Sal 99, 1-5

R. El Señor nos hizo, a Él pertenecemos.

Aclame al Señor toda la tierra, sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta Él con cantos jubilosos. R.

Reconozcan que el Señor es Dios: Él nos hizo y a Él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

Entren por sus puertas dando gracias, entren en sus atrios con himnos de alabanza, alaben al Señor y bendigan su Nombre. R.

¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones. R.

ALELUYA Mt 5, 3

Aleluya. Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.

EVANGELIO Lc 12, 13-21

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Uno de la multitud dijo a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia». Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?» Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas». Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?” Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Palabra del Señor.

Comentario: El sentido de la vida no depende de los bienes materiales que puedan poseerse, y que pueden convertirse en los dioses que se idolatran. Jesús propone descubrir los valores del Reino, como el tesoro perdurable. El mensaje está ejemplarizado en aquel rico que había tenido un año espectacular en sus cosechas y, a la hora de querer gozarlos, Dios lo llama de este mundo. ¿De qué le valió todo lo acumulado?

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta con agrado, Señor, la ofrenda de nuestro servicio tú, que recibiste a san Ignacio, trigo de Cristo, como pan purificado por los sufrimientos del martirio Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Soy trigo de Cristo, y deseo ser triturado por los dientes de las fieras para convertirme en pan purificado.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos, Padre, que el pan celestial que hemos recibido en la fiesta de san Ignacio de Antioquia, nos dé fuerzas para que, de palabra y de obra, nos manifestemos siempre como auténticos cristianos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Eviten toda clase de avaricia, porque el alma del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.

San Lucas 12, 13-21:

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.      MAESTRO, DILE A MI HERMANO QUE COMPARTA CONMIGO LA HERENCIA

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. En este relato, Lucas pone una introducción histórica, que le da motivo para insertar luego la parábola sobre la avaricia. Es el único evangelista que la trae. Esta persona le pide, basado en el prestigio que tenía, más que como un simple rabí, que intervenga en un asunto familiar.

En la Ley se decía que el hermano mayor, cuando eran dos, llevaría dos partes de la hacienda, y el menor una (Dt 21:17). Pero, cuando eran más hermanos, los rabinos resolvían la cuestión de maneras distintas. En la Mishna hay una sección para las herencias, y que era orientadora para las consultas que les hacían a los rabinos. Nada se dice aquí si el mayor retenía injustamente la parte del menor o si, siendo varios, a éste no le satisfacía la solución aceptada según el criterio rabínico. En todo caso, siempre era un asunto enojoso la intromisión en partición de herencias, y, sobre todo, Cristo le hace ver que su misión es otra, no la de arreglar cuestiones materiales. “No quiere aparentar que aprueba una actitud de absorción por los bienes de este mundo”

2.      UN HOMBRE RICO TUVO UNA GRAN COSECHA Y SE PUSO A PENSAR

Lucas relata la parábola de Jesús contra la avaricia. Lo que sugiere en el hermano antes citado una retención injusta de la hacienda.

Jesús nos ilustra con esta parábola de un rico que sólo se dedica a atesorar riquezas, pensando disfrutar largos años de buena vida con ellas. Pero la muerte le sobrevino: la avaricia le hizo no poder disfrutarlas. La palabra “alma” está por vida. Se le llama “insensato” que en A.T. (Sal 14) se aplica al que, en la práctica, niega a Dios; aquí absorbido por las riquezas de la vida. Y termina con esta sentencia: “Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios.”

Este versículo añade un elemento nuevo a la parábola. Esta hace ver la inutilidad del atesorar para prolongar la existencia, pero aquí se añade un pensamiento nuevo: la riqueza en función de la vida eterna. Por eso algunos la tienen por un elemento “adventicio” a la parábola, aunque tomado de otra sentencia del Señor.

3.      “EVITEN TODA CLASE DE AVARICIA”

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque el alma del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.

La avaricia es uno de los pecados capitales, está prohibido por el noveno y décimo mandamiento. (CIC 2514, 2534). Es importante en la vida del cristiano saber se este mal, para no caer en la insensatez.

Recordemos que el Señor nos también nos dice: El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío (Lc 14,33) y en el Catecismo Católico, (2536) se dice que el décimo mandamiento proscribe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el deseo desordenado nacido de lo pasión inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales:

Cuando la Ley nos dice: "No codiciarás", nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed del bien del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: "El ojo del avaro no se satisface con su suerte" (Si 14,9) (Catec. R. 3,37) (1 Co 6,10). "No robarás" (Dt 5,19). "Ni los ladrones, ni los avaros...ni los rapaces heredarán el Reino de Dios"  (CC 2450)

4.      EL ANSIA O DESEO DESORDENADO Y EXCESIVO POR LA RIQUEZA.

La avaricia es el afán excesivo de poseer y de adquirir riquezas para atesorarlas o la Inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones.

“La avaricia (del latín "avarus", "codicioso", "ansiar") es el ansia o deseo desordenado y excesivo por la riqueza. Su especial malicia, ampliamente hablando, consiste en conseguir y mantener dinero, propiedades, y demás, con el solo propósito de vivir para eso”.

Dice Santo Tomás: Cuando el amor desordenado de sí mismo se convierte en deseo de los ojos, la avaricia no puede ser retenida. El hombre quiere poseerlo todo para tener la impresión de que se pertenece a sí mismo de una manera absoluta. La avaricia es un pecado contra la caridad y la justicia. Es la raíz de muchas otras actitudes: perfidia, fraude, perjurio, endurecimiento del corazón.

El instinto de conservación, se manifiesta en esa perversión que no hace más que exagerar el instinto de economía y ahorro.

La avaricia sobrepasa la precaución y la prudencia; es un vicio espiritual, puesto que ha dado lugar a la precaución de la precaución, y ambiciona no carecer de nada. La avaricia es la enfermedad del ahorro. A veces, este pecado es considerado como una virtud en razón de la modestia de vida del avaro y de su lógica ante el porvenir.

Teólogos y científicos han observado la psicología del avaro y han comprendido la perversión moral y psicológica de tal hombre. El avaro se aparta de los demás, se encierra en sí mismo y se impone una austeridad que va incluso en contra de sus necesidades vitales. Como menos de lo necesario, pierde horas de sueño (para velar su fortuna), vive en la obsesión del robo o del incendio.

5.      ¿PARA QUIÉN SERÁN TODOS TUS BIENES?’

El Evangelio (Mt, 6,24) dice “Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero”

De acuerdo  este relato, el personaje de la parábola es un rico que, tras haber obtenido una abundante cosecha, decide almacenarla en unos nuevos y grandiosos graneros, saboreando ya el placer tanto de poseer muchos bienes como de disponer de muchos años para gozarlos alegremente. Sin embargo, Dios le despierta de su estupidez haciéndole consciente de que no es él el dueño de su vida y de que, de un momento a otro (siempre muy pronto), será llamado a entregarla al Señor.

El Señor nos quiere hacer ver que quien piensa en acumular bienes para enriquecerse en vistas a un interés sólo personal es un insensato, porque es ante Dios, realizando el precepto del amor, como se enriquece el hombre. En efecto, sólo dando es como nos enriquecemos del amor de Dios y de su premio eterno.

Jesús nos ha recomendado que no acumulemos tesoros en la tierra, sino en el cielo, y nos ha hecho conscientes de que allí donde consideremos que está nuestro tesoro, allí estará constantemente nuestro corazón (cf. Mt 6,19ss). En consecuencia, es importante que, especialmente en las profundidades del corazón, nos mantengamos libres de los “apetitos de la carne” que nos llevan a este desordenado instinto de la ambición.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

QUE NO ACUMULEMOS TESOROS EN LA TIERRA, SINO EN EL CIELO

No sólo para los israelitas y los paganos convertidos de Efeso, sino también para mí, que vivo en una sociedad que ha vuelto a ser pagana, es importante que el camino de crecimiento espiritual se desarrolle sobre todo bajo la enseña de la vigilancia. Sólo si vigilo los «deseos» y los «apetitos de la carne» (siempre dispuestos a levantarse desde la raíz amarga de la codicia que anida en los rincones de mi corazón) podré ser un hombre libre, una mujer libre. Sólo si, a la luz del Espíritu Santo, me ejército en discernir en mí entre los deseos buenos y los deseos malos, entre la voluntad buena y la voluntad mala, sabré administrar los dones de Dios -tanto materiales como espirituales-: no en virtud de la avidez egoísta o del orgullo espiritual, sino en virtud del Reino de Dios y de su justicia que es santidad.

Jesús nos ha recomendado que no acumulemos tesoros en la tierra, sino en el cielo, y nos ha hecho conscientes de que allí donde consideremos que está nuestro tesoro, allí estará constantemente nuestro corazón (cf. Mt 6,19ss). En consecuencia, es importante que, especialmente en las profundidades del corazón, nos mantengamos libres de los «apetitos de la carne», aprendiendo a comprender -como decía Isaac de Nínive- «cuánta amargura hay escondida en la dulzura del mundo» (Cent. I,35). Entonces, revigorizados por el Espíritu, nos será posible «crecer» en la vida espiritual, que consiste en «hacerse rico ante Dios», es decir, en aprender el arte de vivir amando, en la entrega generosa y alegre de nosotros mismos.

ORACION (3)

 

Señor, te ruego que limpies con tu Espíritu Santo mi corazón. Haz que no habiten en él «los apetitos de la carne», sino sólo los del Espíritu. Recuérdame que mi vida pasa como la flor de la hierba (cf. 1 Pe 1,24) y que la codicia es una gran estupidez.

Concédeme, oh Señor, un corazón libre del apego y de la avidez del «tener», para dedicarme a «ser» tal como tú me has creado, «a imagen y semejanza» de ti, que eres amor.

SANTORAL (4)

 

SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA 107

San Ignacio de Antioquía firmaba el 24 de agosto la carta que escribía, hacia el año 110, a los cristianos de Roma, a la Iglesia «que preside en la caridad», suplicándoles que no hicieran valer su dignidad para alejarle del martirio: «Dejadme que reciba la luz pura. Mi deseo terreno ha quedado crucificado, y ya no queda en mí sino un agua pura que murmura: Ven hacia el Padre», «Contentaos con pedir que tenga fuerza, a fin de que sea cristiano no sólo de nombre, sino en la realidad». Antes de los dos meses - el 17 de octubre, si atendemos al Martirologio oriental - era «molido por los dientes de las fieras a fin de llegar a ser blanco pan de Cristo». Al tratar de Ignacio de Antioquía no es que se hable de él, se le escucha, puesto que confió a las páginas que escribió camino de su martirio uno de los más hermosos cantos que jamás hayan salido de un espíritu humano. Himno de amor a Cristo y a su Iglesia; Ignacio nunca separa ambas cosas. Para él la señal infalible del amor de los bautizados hacia el Señor y la presencia del Espíritu en ellos consiste en la unidad de cada una de las Iglesias en torno a su obispo, y la de todas ellas en la única Iglesia: «No tenéis que tener sino un solo sentir con vuestro obispo», escribe a los Efesios. Les felicita, por otra parte, pues se encuentran estrechamente unidos, «como la Iglesia lo está con Jesucristo y Jesucristo con su Padre, dentro de la armonía de la unidad universal.»Muy famoso entre los primeros mártires, quizá sirio de origen, probablemente discípulo de los apóstoles, y el cristiano de mayor reputación en tierras de Oriente después de la muerte de san Juan. Por eso debió de ser llamado como obispo a la sede de Antioquía, que había presidido el propio san Pedro.

Una tradición supone que era el mismo niño que en el capítulo dieciocho de san Mateo llama Jesús para ponerle como ejemplo ante sus discípulos: «En verdad os digo que si no os volvierais y os hiciereis como niños ... »; pero esto, además de ser incomprobable, huele demasiado a leyenda piadosa de la más cándida hagiografía.

La verdad de san Ignacio no está en esta identificación ni en otros episodios más que dudosos, sino en el hecho bien documentado de su largo viaje hasta la muerte, después de su condena, desde Antioquía a Roma, pasando por las costas de Asia Menor y Grecia, con una parada en Esmirna.

Su destino era morir en el circo romano para celebrar los triunfos del emperador Trajano en la Dacia, y en el curso de la navegación escribe cartas que son uno de los testimonios más impresionantes de la fe ante el martirio que nos ha legado la Iglesia primitiva; en especial la que dirige a los fieles de Roma, pidiéndoles que no intercedan por él a fin de que «nada me impida ahora alcanzar la herencia que me está reservada».

Custodiado por feroces guardias, «los diez leopardos», como él dice, Ignacio, sin alardes de jactancia ni gestos estoicos, ve la vida y la muerte como cosas entregadas, que casi no le pertenecen.

 

FUENTES DE LA PAGINA

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Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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