MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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2-12-2019

Edición Nº MD 7.746

I Semana Adviento

 Ciclo A

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ESPIRITU DEL ADVIENTO

El tiempo de Adviento posee una doble índole: es el tiempo de preparación para Navidad, solemnidad que conmemora el primer advenimiento o venida del Hijo de Dios entre los hombres, y es al mismo tiempo aquel, que, debido a esta misma conmemoración o recuerdo, hace que los espíritus dirijan su atención a esperar el segundo advenimiento de Cristo como un tiempo de parusía piadosa y alegre.

Comienza el domingo más cercano al 30 de noviembre (día de San Andrés) que es el inicio del año litúrgico; terminando con las vísperas de Navidad. Durante este tiempo se cuenta con cuatro domingos de Adviento. Del 17 de Diciembre al 24 la misma liturgia intensifica la preparación de los fieles para vivir los días de Navidad.

En este período más que fijarnos en la serie de hechos históricos que sucedieron antes del nacimiento de Cristo, se debe meditar en el misterio de la Salvación que en ellos se contiene. De alguna manera este tiempo nos hace repasar el camino de la salvación, preparándonos para seguirlo; El recuerdo de los hechos históricos que narran como Cristo que es Dios se hizo hombre para salvarnos reafirma nuestra fe. La alegría de saber que ese Dios viene de nuevo a nosotros nos llena de Esperanza. El deseo de prepararnos para recibirle bien por la penitencia, el sacrificio o el ejercicio de la generosidad y amabilidad con los que nos rodean reaviva nuestra caridad.

Para leer más sobre el Adviento, en este link: ADVIENTO

 

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 24,1-3

Escuchen, naciones, la Palabra del Señor, anúncienla en las costas más lejanas. No teman: ahí está su salvado.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, te rogamos que la práctica de las buenas obras nos permita salir al encuentro de tu Hijo que viene hacia nosotros, para que merezcamos estar en el Reino de los cielos junto a Él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Is 4, 2-6

Lectura del libro de Isaías.

Aquel día, el germen del Señor será la hermosura y la gloria de los sobrevivientes de Israel, y el fruto del país será su orgullo y su ornato Entonces, el resto de Sión, los sobrevivientes de Jerusalén, serán llamados santos: todos ellos estarán inscritos para la vida, en Jerusalén. Cuando el Señor lave la suciedad de las hijas de Sión y limpie a Jerusalén de la sangre derramada en ella, con el soplo abrasador del juicio, El creará sobre toda la extensión del monte Sión y en su asamblea, una nube de humo durante el día, y la claridad de un fuego llameante durante la noche. Porque la gloria del Señor, en lo más alto de todo, será un reparo y una choza, para dar sombra contra el calor durante el día, y servir de abrigo y refugio contra la tempestad y la lluvia.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: La voz del profeta se alza con un grito de alegría. Pero no por la seguridad de sus palabras, sino por la promesa y la esperanza que transmite. La alegría no siempre viene por lo que se tiene, sino también por la misma actitud de esperar y de confiar en que Dios ha de cumplir con lo prometido.

SALMO SaI 121, 1 -2, 4-9.

R. ¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!

Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la Casa del Señor»! Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. R.

Allí suben las tribus, las tribus del Señor, según es norma en Israel, para celebrar el Nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. R.

Auguren la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman! ¡Haya paz en tus muros y seguridad en tus palacios!» R.

Por amor a mis hermanos y amigos, diré: «La paz esté contigo». Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad. R.

ALELUYA Sal 79, 4

Aleluya. ¡Restáuranos, Señor de los ejércitos, que brille tu rostro y seremos salvados! Aleluya.

EVANGELIO Mt 8, 5-11

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo’ según san Mateo.

Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole: “Señor mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente”. Jesús le dijo: “Yo mismo iré a sanarlo”. Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: “Ve” él va, y a otro: “Ven”, él viene; y cuando digo a mi sirviente: “Tienes que hacer esto”, él lo hace”. Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso le digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos”.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: En la seguridad está el peligro. No basta ser descendiente de Abraham para tener el monopolio de la fe: una cosa es tener una creencia heredada y tomada con superficialidad, y otra cosa es asumir una propuesta o estilo de vida, aunque el sujeto no sea hebreo ni católico. En el caso de este centurión romano, mal visto por los hebreos como miembro del Imperio, pero siendo un hombre recto, no tiene reparo en creer en Jesús y pedirle la sanación de su siervo enfermo. El centurión tiene buenas referencias de Jesús. Ha captado la sabiduría y bondad del Maestro. Por eso, confió y obtuvo la gracia solicitada a favor de su siervo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, acepta los dones que recibimos de ti y ahora te presentamos; que esta ofrenda realizada en el tiempo presente, sea para nosotros anticipo de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal 84, 13

El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos.

COMUNIÓN

Jesús sigue viniendo en la eucaristía y en cada hermano necesitado. Al acercarnos a comulgar digamos con fe: ¡Ven, Señor, Jesús!

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos, Padre, que fructifique en nosotros la celebración de los santos misterios con los que tú nos enseñas a amar y adherirnos a los bienes eternos, mientras peregrinamos en medio de las realidades transitorias de esta vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa”

Mt 8, 5-11

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.     EL CENTURIÓN LE HA PEDIDO CON HUMILDAD AL SEÑOR Y JESÚS SE CONMUEVE

Este fragmento del Evangelio, nos educa en la fe, por una parte tenemos la fe mínima y muchas veces vacilante, como la que tuvieron en aquel tiempo los judíos y por otra la profunda y honesta que muestra el centurión de este relato.

Se llama centurión porque tiene a su cargo y manda a cien hombres, y este ruega por uno de sus siervos. Jesús observa la fe, la humildad y la prudencia del centurión, así es como le ofreció inmediatamente que iría y sanaría al siervo. Este centurión no pertenece al pueblo de Dios, sin embargo el confió en el poder de Jesús. El centurión le ha pedido con humildad al Señor y Jesús se conmueve.

2.     JESÚS, NO SÓLO OFRECIÓ CURARLO, SINO TAMBIÉN IR A SU CASA

Hasta ahora, Jesús no había hecho algo así, porque Él había considerado la voluntad de los que le suplicaron, ahora la excede. En todas partes sigue la voluntad de los que suplican, aquí la excede. Entonces Jesús, no sólo ofreció curarlo, sino también ir a su casa. Hizo esto para que conozcamos la virtud del centurión.

Además, promete ir porque se pedía para un siervo, a fin de enseñarnos que no debemos complacer a los grandes y despreciar a los pequeños, sino que igualmente debemos complacer a pobres y a ricos, porque el Señor no discrimina.

3.     SEÑOR, NO SOY DIGNO DE QUE ENTRES EN MI CASA

San Jerónimo nos explica: Así como admiramos la fe en el centurión, porque creyó que el paralítico pudo ser curado por el Salvador, así se manifiesta también su humildad, en cuanto se considera indigno de que el Señor entre en su casa, y por ello sigue: "Y respondiendo el centurión, dijo: Señor, no soy digno de que entres en mi casa".

San Agustín nos comenta sobre esto “Considerándose como indigno apareció como digno, no de que entrase el Verbo entre las paredes de su casa, sino en su corazón. Y no hubiera dicho esto con tanta fe y humildad si no hubiese llevado ya en su corazón a Aquel de quien temía que entrase en su casa, pues no era una gran felicidad que Jesús hubiese entrado en su casa y no en su pecho”.

4.     “LES ASEGURO QUE NO HE ENCONTRADO A NADIE EN ISRAEL QUE TENGA TANTA FE”

Jesús, exige siempre la fe, esa que es motivo afectivo o deseo que lleva a actuar con fuerza y confianza y de abandono a la Palabra y al poder de Dios.

“Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe”. Esta es la fe que Jesús nos pide, esa en la cual renunciamos a soportarnos a apoyarnos en nosotros mismos, en lo que creemos válidos, en nuestros pensamientos, esto es en nuestras fuerzas o en nuestro particular juicio, si lo hacemos, abandonados plenamente, confiadamente, a ojos cerrados en la Palabra del Señor, esa Palabra que jamás deja de cumplirse, esa Palabra que es de Vida eterna.

5.     DEBEMOS VIVIR EN GRAN PROFUNDIDAD LA FE

Hemos observado que la falta de fe, impidió en alguna ocasión al Señor hacer alguna de sus maravillosas obras, así nos dice Mateo 13,58, “Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe”. Es así como debemos vivir en gran profundidad la fe, de esa manera serían aún más visibles las obras de la gracia del Señor.

Tal como este centurión, que gracias a su fe, obtuvo del Señor Jesús ese milagro de la curación de uno de sus hombres, no le cerremos a Él, ese deseo de poner sus manos en nosotros por nuestra falta de fe.

El ejemplo de este centurión, es que él era pagano y en ese entonces supero la fe del pueblo de Dios, ¿y nosotros?, que nos decimos creyentes, ¿nos damos cuenta que a veces somos superados en la fe por otros hermanos que no se dicen practicantes o católicos?, la fe exige sacrificio de sí mismo y aceptación total a Dios.

6.     LA CARIDAD NO TIENE Y NO DEBE TENER LÍMITE

Otro ejemplo que destaca este evangelio, el enfermo no era familiar del centurión, era su sirviente, pero él se preocupa por su salud. La caridad no tiene y no debe tener límite, debe ser entregada por igual a todos los hombres, sin importar su condición social, si es rico o pobre, si es joven o anciano, y cuál es su raza. Es decir que nuestra caridad jamás se debe preguntar quién es el que sufre. En otras palabras nuestro amor de cristianos debe ser desinteresado.

No nos consideremos mejores que los demás, no sintamos superiores que otros, aprendamos de la natural inclinación que tiene Jesús por la bondad y dulzura por los que sufren y los más pobres. Es decir, nunca le cerremos nuestro corazón a ningún necesitado.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

EL ROSTRO DE NUESTRO DIOS VINIENDO A VISITAR A NUESTRA HUMANIDAD

En Jesús, dirigiéndose a la casa del centurión, descubro el rostro de nuestro Dios viniendo a visitar a nuestra humanidad. Y si Dios manifestado en el Nazareno es aquel que quiere entrar en mi casa, en mi vida, también es el que -como indica el profeta Isaías- desea llevar a cada uno de nosotros a morar en su casa, a compartir su propia vida. Si acepto su Palabra poniéndome en camino, me abrirá la intimidad de su morada. Su amor actúa para formar en mí, en mis hermanos y hermanas una humanidad que olvide el odio, las guerras y el pecado en cualquiera de sus manifestaciones y se dirija hacia la meta de una reconciliación con él y hacia una renovada unión y comunión entre las personas, los grupos y los pueblos.

Dios me invita a colaborar con su sueño, sobre todo acogiéndolo con fe, amando su voluntad y deseando sus promesas. La fe no es herencia étnica, cultural o algo por el estilo, ni siquiera un habitus religioso de algunos, sino la decisión de mi libertad humana por ser alumno en la escuela de la Palabra de Dios que me atrae a sí. Entonces, como el centurión, experimentaré en mi interior sentimientos de humildad y confianza.

Humildad renunciando a salvarme por mis propios medios en un delirio de autosuficiencia; confianza consciente de que el Señor puede salir a mi encuentro en cualquier situación dirigiendo mis pasos por sus caminos de vida y de luz.

ORACION (3)

 

¡Ven, Señor! El mundo te necesita y necesita tu promesa; necesita que tus palabras nos instruyan en lo hondo del corazón y nos muestren los caminos de la paz. Sin ti nuestro pobre mundo sólo conocería la prepotencia y los senderos insensatos de las incomprensiones, de las divisiones y de la violencia. Pero si tú vienes a instruirnos, veremos el nacer de una nueva humanidad, una humanidad capaz de mirar a lo alto y caminar sin prevaricaciones y en solidaridad hacia un centro de atracción común.

¡Ven, Señor! ilumina nuestras pasos con tu luz y fortalece nuestros corazones, para que tengamos la osadía de forjar podaderas de las lanzas y arados de las espadas. Sólo con tu amor podremos emplear para el bien las energías que tenemos en vez de la fuerza terrible de laceración y disgregación. ¡Ven, Señor, no tardes!

¡Ven, Señor! Esperamos tu venida en nuestras vidas; contigo tenemos luz, curación, paz. Con el centurión del evangelio te manifestamos la admiración y gratitud por haberte hecho compañero de viaje y nuestro huésped:

(“Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra y mi criado quedará sano” (Mt 8,8).

SANTORAL (4)

 

BEATO CARLOS DE FOUCAULD

1858-1916

¿Te hayas ahora mismo en tu vida en un lugar desierto? ¿Parece todo estéril y desolado, sin nada más que interminables dunas de arenas extendiéndose hacia tu futuro?

Conforme maduras espiritualmente, descubres que los desiertos de la vida son una parte esencial del crecimiento. A menudo mucho de nuestro mejor trabajo del alma ocurre durante nuestros momentos de desierto. Todos los grandes santos han experimentado desiertos, simbólicos y literales; algunos incluso los han buscado deliberadamente.

El Beato Carlos de Foucauld, más conocido como el Hermanito Carlos de Jesús, pasó los últimos diez años de su vida viviendo como un ermitaño en el desierto de Argelia. De joven había llevado una vida rápida y libre, diciendo a cada una de sus nuevas concubinas: «Arriendo por días, no por meses.» Al final de su vida fue capaz de rezar: «Por la fuerza de los acontecimientos, me hiciste casto... La castidad se convirtió en una bendición y en una necesidad interna para mí.» El desierto se convirtió en el fuego en el que el Beato Carlos endureció el acero de su resolución y disciplina.

También nosotros necesitamos nuestras experiencias del desierto para endurecer nuestra resolución. Necesitamos el desierto porque sólo cuando nos despojamos de todo lo que creemos que traerá sentido a nuestras vidas somos capaces de encontrar a Aquel que trae el verdadero sentido.

ESTE LINK LO LLEVA A LA PAGINA DEL BEATO CARLOS FOUCAULD

 

 

La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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