MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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Fecha: 22-11-2018

Edición N.º MD 7.382

Semana XXXIII

LITURGIA DE LA HORAS

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Santa Cecilia, virgen y mártir

Nace en Roma, en una noble residencia de Transtévere, donde hoy está la iglesia a ella dedicada y en la cual se venera su cuerpo. Su Passio (narración de su martirio), es semejante a la de otra mártir africana del mismo nombre. Cecilia se ha consagrado a Dios, pero sus padres la casan con el noble Valeriano, pagano. Ella dice al joven: “Ninguna mano profana puede tocarme, pues un ángel me protege. Si tú me respetas, él te amará como a mí”. Cautivado por su fe, Valeriano pide ser instruido en la religión cristiana y bautizado junto con su hermano Tiburcio. Estos dos jóvenes son martirizados por el prefecto Almaquio, quien luego amenaza a Cecilia con tormentos y con la muerte. Ella responde: “El morir por Cristo no será una desgracia para mí, sino una inestimable ganancia”. Cerrada en la sala de las calderas para ser asfixiada por el vapor y el calor, al tercer día de agonía es decapitada en el año 177.

Día universal de la música.


 ANTÍFONA DE ENTRADA

Sigue al Cordero crucificado por nosotros, la virgen valiente, ofrenda de pureza y castidad.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que todos los años nos alegras con la celebración de santa Cecilia; concédenos imitar sus ejemplos y anunciar las maravillas de Cristo, tu Hito, reflejadas en la vida de tus santos. El que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Apoc 5, 1-10

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, vi en la mano derecha de Aquél que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi a un Ángel poderoso que proclamaba en alta voz: « ¿Quién es digno de abrir el libro y de romper sus sellos?» Pero nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de ella, era capaz de abrir el libro ni de leerlo. Y yo me puse a llorar porque nadie era digno de abrir el libro ni de leerlo. Pero uno de los Ancianos me dijo: «No llores: ha triunfado el León de la tribu de Judá, el Retoño de David, y Él abrirá el libro y sus siete sellos». Entonces vi un Cordero que parecía haber sido inmolado: estaba de pie entre el trono y los cuatro Seres Vivientes, en medio de los veinticuatro Ancianos. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados a toda la tierra. El Cordero vino y tomó el libro de la mano derecha de Aquél que estaba sentado en el trono. Cuando tomó el libro, los cuatro Seres Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron ante el Cordero. Cada uno tenía un arpa, y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los Santos, y cantaban un canto nuevo, diciendo: «Tú eres digno de tomar el libro y de romper los sellos, porque has sido inmolado, y por medio de tu Sangre, has rescatado para Dios a hombres de todas las familias, lenguas, pueblos y naciones. Tú has hecho de ellos un Reino sacerdotal para nuestro Dios, y ellos reinarán sobre la tierra». Palabra de Dios.

Comentario: Dos elementos nuevos aparecen: el libro sellado y el Cordero. La historia de Israel que se lee en el libro de la Biblia y Cristo. Los lectores de Juan tenían un libro. El Antiguo Testamento, para los que entre ellos eran de origen judío era la historia de su pueblo. Pero también era el libro de los demás cristianos y de alguna manera contiene la historia de todos los hombres, ya que en ella se preparaba la salvación de toda la humanidad.

SALMO Sal 149, 1-6. 9

R. ¡Nos has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios!

Canten al Señor un canto nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que Israel se alegre por su Creador y los hijos de Sión se regocijen por su Rey. R.

Celebren su Nombre con danzas, cántenle con el tambor y la cítara, porque el Señor tiene predilección por su pueblo y corona con el triunfo a los humildes. R.

Que los fieles se alegren por su gloria y canten jubilosos en sus fiestas. Glorifiquen a Dios con sus gargantas: éste es un honor para todos sus fieles. R.

ALELUYA Cf. Sal 94, 7d. 8a

Aleluya. Escuchen la voz del Señor, no endurezcan su corazón. Aleluya.

EVANGELIO Lc 19, 41-44

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: « ¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios». Palabra del Señor.

Comentario: Jesús se lamenta y llora contemplando Jerusalén. Fue visitada por Dios y no aprovechó esa oportunidad. Después simplemente tuvo que enfrentar las consecuencias de su indiferencia y más aún, de su rebeldía. Todo esto ya se cumplió en el primer siglo: la ciudad fue atacada por los enemigos; y el Templo que era el orgullo de sus habitantes, de él no quedó piedra sobre piedra. El castigo lo provocaron ellos mismos. La moraleja es: no farrearse oportunidades.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te presentamos en la conmemoración de santa Cecilia, así como quisiste aceptar su glorioso martirio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Apoc 7, 17

El Cordero que está en medio del trono los conducirá hacia los manantiales de agua viva.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor y Dios nuestro, que has querido contar a santa Cecilia entre tus elegidos por la doble victoria de la virginidad y el martirio, concédenos, por este sacramento, la gracia de superar con valentía todos los males y alcanzar la gloria celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios”.

Lc 19, 41-44:

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


 1.      SI HUBIERAS COMPRENDIDO EN ESTE DÍA EL MENSAJE DE PAZ

Al bajar el monte de los Olivos, ya acercándose a Jerusalén, y contemplarla, y enfrente el templo herodiano, Jesús se puso a llorar a causa de la ciudad. Probablemente le acompañaban sus discípulos y gentes galileas y algunos judíos. Nos sorprendemos ver a Jesús llorando, esto constituye un signo no sólo de su auténtica humanidad, sino también de su plena participación en el drama de una humanidad a la que le cuesta trabajo entrar en el proyecto salvífico de Dios, al que incluso se resiste en ocasiones. Jesús nos salva no sólo con su omnipotencia divina, sino también con su debilidad humana.

2.      SI TÚ (SI JERUSALÉN) TAMBIÉN HUBIERAS COMPRENDIDO EN ESTE DÍA EL MENSAJE DE PAZ

Jesús veía lo que le aguardaba a él y a la ciudad: “Si tú (Si Jerusalén) también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz”, esto es, si hubiese conocido en este día, como extrema tabla de salvación, ¡toda la misión de paz mesiánica que Jesús le traía!. Pero eran muchas las pasiones que estaban en juego contra de él.

Ciertamente la paz, es el don mesiánico por excelencia, y Jesús ha venido a proclamarla para todos y a ofrecerla a cada uno. Es por tanto necesario abrirse a ella y acogerla como don para poder seguir la huella detrás de Jesús hasta el final de su trayecto.

3.      ES LA CATÁSTROFE DE JERUSALÉN DEL AÑO 70.

Jesús profetiza: Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra

Es la historia de un pueblo que esperaba al Mesías para su gloria y su paz, cuando éste llegó, lo van a crucificar. Es lo que el Señor ve y por lo que derrama sus lágrimas. Pero con ellas, como garantía de su verdad, da la profecía de su castigo. Es la catástrofe de Jerusalén del año 70. La descripción de esta catástrofe por el historiador judío Flavio Josefo y la arqueología han probado la verdad del  mensaje profético del Señor

4.      EL TIEMPO PROVIDENCIAL EN EL QUE DIOS VISITA A SU PUEBLO

Dice el Señor: “Todo ello por porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios”. “La visita de Dios” es una frase frecuente en el Antiguo Testamento para indicar castigos o premios. El tiempo de su visita, es todo el período mesiánico de Jesucristo, tiempo de enseñanza y milagros, en Galilea y Judea, en sus consecuencias en Jerusalén, y, más en concreto, en sus visitas de enseñanzas y milagros mesiánicos en Jerusalén.

El tiempo del que habla Jesús es el kairós, es decir, es el momento preciso u oportuno, también llamado el tiempo providencial en el que Dios visita a su pueblo para liberarlo y para introducirlo en su Reino. Con estos dos elementos aclara Jesús la finalidad de su martirio, ahora próximo.

5.      EL SOLLOZO DE JESÚS CONTIENE UNA REFLEXIÓN Y PRESENTA UNA MOTIVACIÓN

El sollozo de Jesús contiene una reflexión contenida en las palabras: “Pero ahora está oculto a tus ojos”, (por Dios), que, con unos términos intensos y fuertes, atribuyen directamente a Dios, es decir estamos frente a una actitud pasiva del conocimiento de Dios, y esta realidad depende de la libre decisión de los hombres.

También este lamento presenta una motivación y la expresan las palabras “Si tú también hubieras comprendido en este día”, que corresponden a una afirmación: ni has comprendido ni quieres comprender. Sin embargo lo que más importa es destacar dos elementos positivos que caracterizan el lamento de Jesús: la paz y el tiempo de la visita.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

EL LAMENTO DE JESÚS POR JERUSALÉN

Entre las dos lecturas de esta liturgia no resulta difícil captar una analogía temática: por un lado, el llanto de quien teme no poder leer el mensaje del libro; por otro, el lamento de Jesús por Jerusalén. Todo esto nos trae también a la memoria las lamentaciones que, ya en el Antiguo Testamento, expresan el dolor de Dios por la infidelidad de su pueblo. Por consiguiente, es justo que nos preguntemos qué significado se debe atribuir a este llanto y a este lamento.

Hemos de señalar, en primer lugar, el contraste entre «este día», caracterizado por la falta de respuesta de los contemporáneos de Jesús a su mensaje de paz, y «un día», ése en el que aparecerá el castigo de Dios dirigido a todos los que hayan ignorado deliberadamente su invitación a la salvación. Es en el corazón de la historia donde Dios, por medio de Jesús, quiere entrar y ser acogido: ése es el significado de la «visita» que desea hacer a todas sus criaturas. El tiempo es sagrado para Dios y para nosotros; es decisivo para Dios y para nosotros; es un don inmenso que nunca terminaremos de apreciar adecuadamente. Hemos de señalar aún la serie de verbos en futuro que caracterizan el lamento de Jesús: no se trata sólo de una amenaza, y mucho menos de un castigo que llegue al hombre desde fuera; se trata más bien de un sufrimiento profundo para Dios o para nosotros, un sufrimiento que no tiene sólo una relevancia negativa, sino también una positiva: es el sufrimiento que, a lo largo de toda la historia, se transforma en gracia, en cuanto cada uno de nosotros se enmienda y se convierte a su Señor.

ORACION (3)

 

«El camino de la paz» es un sueño que ha tenido la historia desde siempre, pero Jerusalén, escondiéndose detrás de sus muros, rechaza tu paz gritando: « ¿Por qué?». Oh Señor, calma mis arrebatos de violencia para que, reconociendo tu paz, pueda decir: « ¿Por qué no?».

La paz es un sueño que se va realizando día a día, semana a semana, mes a mes, a través de acciones concretas que modifican nuestros pensamientos, desgastan lentamente los viejos muros y crean en silencio nuevas aperturas. Oh Señor, haz que mis gestos de paz puedan contribuir a un futuro mejor, en el que el mundo pueda esperar y decir: « ¿Por qué no?».

La paz no es el paraíso de unos pocos, sino un signo que abarca a la humanidad. Es una fuerza que, luchando contra la injusticia, la miseria, la ignorancia, la prepotencia, obra en favor del bien de todos sin discriminación. Oh Señor, dame el valor de desafiar la desaprobación de los poderosos o las críticas de los pusilánimes, para que, sin hacer víctimas ni entre los débiles ni entre los fuertes, pueda ser creíble y, frente a tu paz, puedan gritar todos: «¿Por qué no?». Oh Señor, haz que mis gestos de paz puedan contribuir a un futuro mejor, para que el mundo, esperando, pueda decir: « ¿Por qué no?».

SANTORAL (4)

 

SANTA CECILIA

Durante más de mil años, Santa Cecilia ha sido una de las mártires de la primitiva Iglesia más veneradas por los cristianos. Su nombre figura en el canon de la misa. Las "actas" de la santa afirman que pertenecía a una familia patricia de Roma y que fue educada en él, cristianismo. Solía llevar un vestido de tela muy áspera bajo la túnica propia de su dignidad, ayunaba varios días por semana y había consagrado a Dios su virginidad. Pero su padre, que veía las cosas de un modo diferente, la casó con un joven patricio llamado Valeriano. El día de la celebración del matrimonio, en tanto que los músicos tocaban y los invitados se divertían, Cecilia se sentó en un rincón a cantar a Dios en su corazón y a pedirle que la ayudase. Cuando los jóvenes esposos se retiraron a sus habitaciones, Cecilia, armada de todo su valor, dijo dulcemente a su esposo: "Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio sí me respetas, el ángel te amará como me ama a mí." Valeriano replicó: "Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides." Cecilia le dijo: "Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel." Valeriano accedió y fue a buscar al obispo Urbano, quien se hallaba entre los pobres, cerca de la tercera mojonera de la Vía Apia. Urbano le acogió con gran gozo. Entonces se acercó un anciano que llevaba un documento en el que estaban escritas las siguientes palabras: "Un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo y en nuestros corazones." Urbano preguntó a Valeriano: "¿Crees esto?" Valeriano respondió que sí y Urbano le confirió el bautismo. Cuando Valeriano regresó a donde estaba Cecilia, vio a un ángel de pie junto a ella. El ángel colocó sobre la cabeza de ambos una guirnalda de rosas y lirios. Poco después llegó Tiburcio, el hermano de Valeriano y los jóvenes esposos le ofrecieron una corona inmortal si renunciaba a los falsos dioses. Tiburcio se mostró incrédulo al principio y preguntó: " ¿Quién ha vuelto de más allá de la tumba a hablarnos de esa otra vida?" Cecilia le habló largamente de Jesús. Tiburcio recibió el bautismo, y al punto vio muchas maravillas.

Desde entonces, los dos hermanos se consagraron a la práctica de las buenas obras. Ambos fueron arrestados por haber sepultado los cuerpos de los mártires. Almaquio, el prefecto ante el cual comparecieron empezó a interrogarlos. Las respuestas de Tiburcio le parecieron, desvaríos de loco. Entonces, volviéndose hacia Valeriano, le dijo que esperaba que le respondiese en forma más sensata. Valeriano replicó que tanto él como su hermano estaban bajo cuidado del mismo médico, Jesucristo, el Hijo de Dios, quien les dictaba sus respuestas. En seguida comparó, con cierto detenimiento, los gozos del cielo con los de la tierra; pero Almaquio le ordenó que cesase de disparatar y dijese a la corte si estaba dispuesto a sacrificar a los dioses para obtener la libertad. Tiburcio y Valeriano replicaron juntos: "No, no sacrificaremos a los dioses sino al único Dios, al que diariamente ofrecemos sacrificio." El prefecto les preguntó si su Dios se llamaba Júpiter. Valeriano respondió: "Ciertamente no. Júpiter era un libertino infame, un criminal y un asesino, según lo confiesan vuestros propios escritores."

Valeriano se regocijó al ver que el prefecto los mandaba azotar y hablaron en voz alta a los cristianos presentes: "¡Cristianos romanos, no permitáis que mis sufrimientos os aparten de la verdad! ¡Permaneced fieles al Dios único, y pisotead los ídolos de madera y de piedra que Almaquio adora!" A pesar de aquella perorata, el prefecto tenía aún la intención de concederles un respiro para que reflexionasen; pero uno de sus consejeros le dijo que emplearían el tiempo en distribuir sus posesiones entre los pobres, con lo cual impedirían que el Estado las confiscase. Así pues, fueron condenados a muerte. La ejecución se llevó a cabo en un sitio llamado Pagus Triopius, a seis kilómetros de Roma. Con ellos murió un cortesano llamado Máximo, el cual, viendo la fortaleza de los mártires, se declaró cristiano.

Cecilia sepultó los tres cadáveres. Después fue llamada para que abjurase de la fe. En vez de abjurar, convirtió a los que la inducían a ofrecer sacrificios. El Papa Urbano fue a visitarla en su casa y bautizó ahí a 400 personas, entre las cuales se contaba a Gordiano, un patricio, quien estableció en casa de Cecilia una iglesia que Urbano consagró más tarde a la santa. Durante el juicio, el prefecto Almaquio discutió detenidamente con Cecilia. La actitud de la santa le enfureció, pues ésta se reía de él en su cara y le atrapó con sus propios argumentos. Finalmente, Almaquio la condenó a morir sofocada en el baño de su casa. Pero, por más que los guardias pusieron en el horno una cantidad mayor de leña, Cecilia pasó en el baño un día y una noche sin recibir daño alguno. Entonces, el prefecto envió a un soldado a decapitarla. El verdugo descargó tres veces la espada sobre su cuello y la dejó tirada en el suelo. Cecilia pasó tres días entre la vida y la muerte. En ese tiempo los cristianos acudieron a visitarla en gran número. La santa legó su casa a Urbano y le confió el cuidado de sus servidores. Fue sepultada junto a la cripta pontificia, en la catacumba de San Calixto.

Esta historia tan conocida que los cristianos han repetido con cariño durante muchos siglos data aproximadamente de fines del siglo V, pero desgraciadamente no podemos considerarla como verídica ni fundada en documentos auténticos. Tenemos que reconocer que lo único que sabemos con certeza sobre San Valeriano y San Tiburcio es que fueron realmente martirizados, que fueron sepultados en el cementerio de Pretextato y que su fiesta se celebraba el 14 de abril. La razón original del culto de Santa Cecilia fue que estaba sepultada en un sitio de honor por haber fundado una iglesia, el "titulus Caeciliae". Por lo demás, no sabemos exactamente cuándo vivió, ya que los especialistas sitúan su martirio entre el año 177 (de Rossi) y la mitad del siglo IV (Kellner).

E1 Papa San Pascual I (817-824) trasladó las presuntas reliquias de Santa Cecilia, junto con las de los santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, a la iglesia de Santa Cecilia in Transtévere. (Las reliquias de la santa habían sido descubiertas, gracias a un sueño, no en el cementerio de Calixto, sino en el cementerio de Pretextato). En 1599, el cardenal Sfondrati restauró la iglesia en honor a la Santa en Transtévere y volvió a enterrar las reliquias de los cuatro mártires. Según se dice, el cuerpo de Santa Cecilia estaba incorrupto y entero, por más que el Papa Pascual había separado la cabeza del cuerpo, ya que, entre los años 847 y 855, la cabeza de Santa Cecilia formaba parte de las reliquias de los Cuatro Santos Coronados. Se cuenta que, en 1599, se permitió ver el cuerpo de Santa Cecilia al escultor Maderna, quien esculpió una estatua de tamaño natural, muy real y conmovedora. "No estaba de espaldas como un cadáver en la tumba," dijo más tarde el artista, sino recostada del lado derecho, como si estuviese en la cama, con las piernas un poco encogidas, en la actitud de una persona que duerme." La estatua se halla actualmente en la iglesia de Santa Cecilia, bajo el altar próximo al sitio en el que se había sepultado nuevamente el cuerpo en un féretro de plata. Sobre el pedestal de la estatua puso el escultor la siguiente inscripción: "He aquí a Cecilia, virgen, a quien yo vi incorrupta en el sepulcro. Esculpí para vosotros, en mármol, esta imagen de la santa en la postura en que la vi." De Rossi determinó el sitio en que la santa había estado originalmente sepultada en el cementerio de Calixto, y se colocó en el nicho una réplica de la estatua de Madera.

Sin embargo, el P. Delehaye y otros autores opinan que no existen pruebas suficientes de que, en 1599, se haya encontrado entero el cuerpo de la santa, en la forma en que lo esculpió Maderna. En efecto, Delehaye y Dom Quentin subrayan las contradicciones que hay en los relatos del descubrimiento, que nos dejaron Baronio y Bosio, contemporáneos de los hechos. Por otra parte, en el período inmediatamente posterior a las persecuciones no se hace mención de ninguna mártir romana llamada, Cecilia. Su nombre no figura en los poemas de Dámaso y Prudencio, ni en los escritos de Jerónimo y Ambrosio, ni en la "Depositio Martyrum" (siglo IV). Finalmente, la iglesia que se llamó más tarde "titulus Sanctae Caeciliae" se llamaba originalmente "títulus Caecilia", es decir, fundada por una dama llamada Cecilia.

Santa Cecilia es muy conocida en la actualidad por ser la patrona de los músicos. Sus "actas" cuentan que, al día de su matrimonio, en tanto que los músicos tocaban, Cecilia cantaba a Dios en su corazón. Al fin de la Edad Media, empezó a representarse a la santa tocando el órgano y cantando.

Tomado del libro: Vida de los Santos de Butler, vol. IV.

 

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Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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