MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

18 años en Internet

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Fecha 29-07-2016

Edición Nº 4.683

Ciclo C

Semana XVII

LITURGIA DE LA HORAS

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Para ver la Misa celebrada en la Parroquia María Virgen Madre de Madrid España, por los Franciscanos de María, Pinchar este link; MISA DIARIA POR VIDEO o en este linkhttp://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1

 

Santa Marta

(MO). Blanco.

Marta era hermana de María y de Lázaro y vivía en Betania, pequeña población distante unos cuatro kilómetros de Jerusalén, en las cercanías del Monte de los Olivos. El evangelio la muestra siempre “sirviendo a la mesa”, es decir, en la actitud de discípula servidora. Ella formó parte del grupo de discípulas de Jesús. Santa Marta es la patrona de los hoteleros, de las amas de casa y de las mujeres que trabajan en el servicio doméstico.

ANTÍFONA DE ENTRADA cf. Lc 10, 38

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

Oración colecta     

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo aceptó hospedarse en la casa de santa Marta; concédenos, por su intercesión, que sirviendo fielmente a Cristo en nuestros hermanos, podamos ser recibidos por ti en la morada eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

LECTURA  1Jn 4, 7-16

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos vida por medio de él. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridos hermanos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. La señal de que permanecemos en él y él permanece en nosotros es que nos ha comunicado su Espíritu. Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo. El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.

Palabra de Dios.

Comentario: “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XVI, Dios es amor, nro. 1).

SAL 33, 2-11

R. Bendeciré al Señor en todo tiempo.

O bien: ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su nombre todos juntos. Busqué al Señor: Él me respondió y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles y los libra. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R.

Teman al Señor, todos sus santos, porque nada faltará a los que le temen. Los ricos se empobrecen y sufren hambre, pero los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

ALELUYA   Jn 8, 12

Aleluya. Dice el Señor: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida”. Aleluya.

EVANGELIO  Jn 11, 19-27

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?”. Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

Palabra del Señor.

Comentario: Marta y María tenían un trato cercano y amistoso con Jesús. Marta le presenta su situación con toda franqueza, parece que casi como en un reproche. Su sinceridad ante Jesús obtiene la gran revelación. A ella le comunica Jesús la promesa de Vida Eterna. Y Marta responde profesando su fe. Sí, ella cree que Jesús es el Mesías.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS        

Señor nuestro, te proclamamos admirable en la conmemoración de santa Marta, y te pedimos humildemente que aceptes esta liturgia que celebramos, como fue de tu agrado su servicio de caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN    Jn 11, 27

Marta dijo a Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que viniste a este mundo”.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por la comunión del Cuerpo y Sangre de tu Hijo único, líbranos, Padre, de la seducción de las cosas transitorias, para que, a ejemplo de santa Marta, se acreciente nuestra caridad en la tierra y podamos gozar de la gloria eterna en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto

Jn 11, 19-27

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


LA FE DE MARTA APARECE IMPERFECTA.

Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aún ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Ella creía en el poder de la oración de Jesús, tanto que, si él hubiese estado presente, Lázaro, por su oración, no hubiese muerto. Es la misma fe que refleja María cuando es llamada por Marta: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Era, sin duda, eco de las frecuentes conversaciones y sentimientos de las hermanas aquellos días. Los evangelios sinópticos presentan casos de fe superiores al de

Marta y María sin tener la intimidad de esta familia con Cristo, como la fe del centurión (Mt 8:5ss). En todo caso, no reconocen la presencia de Cristo a distancia.

Y aunque Marta dice a Jesús que cuanto pida a Dios se lo concederá, no cree en la resurrección de su hermano. Prueba es que, cuando Cristo se lo afirma, ella piensa, con desconsuelo, en la resurrección final, conforme a la creencia ortodoxa de Israel. La fe en la resurrección de los muertos era creencia universal en la ortodoxia de Israel. Pero no sabían que el Mesías fuese el agente de esta resurrección.

EL QUE CREE EN MÍ, AUNQUE MUERA, VIVIRÁ; Y TODO EL QUE VIVE Y CREE EN MÍ, NO MORIRÁ JAMÁS.

Pero el pensamiento, progresivamente desarrollado, llega a una enseñanza de gran novedad y riqueza teológica. Juan la transmite así: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en Mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás.”

Jesús, que se presentó como el Mesías, es el agente de la resurrección de los muertos. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, (Jn 5:26). Él es la resurrección, porque el Padre le dio el “tener vida en sí mismo” y por eso El causa la resurrección de los muertos, tanto del alma: “En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán”. (Jn 5:25) como del cuerpo: “No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz” (Jn 5:28).

Tal como está redactada aquí esta expresión: que el que cree en Cristo, “aunque muera, vivirá”; lo mismo que este creyente “no morirá jamás,” valoradas ante el contexto de la muerte física de Lázaro, no harían pensar más que en la resurrección física.

Sin embargo, en el pensamiento de este evangelio, el contenido es, sin duda, mayor. Esa resurrección de Lázaro, causada por ser Cristo “la resurrección,” si va a ser física, esta misma resurrección está vinculada a la fe en Cristo, que da “vida” sobrenatural, la cual trae anexa la resurrección, aquí milagrosamente anticipada. Y Lázaro creía en Cristo.

Cristo Jesús viva en sus corazones

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

EL QUE  CREA EN  ML

Marta, más  comprometida con  el desarrollo de las tareas   necesarias,  llega  la  primera [a Jesús].   Maria,   más fina  y con  un  ánimo más  sensible, espera en  casa  para recibir el pésame. Marta, más  sencilla, corre  al encuentro  de Jesús, embriagada por  el dolor,  que,  sin embargo, soportaba con  entereza.  “Mi hermano —dice— ha  muerto porque no estabas aquí,  pues  tú,  con  una  sola  orden, puedes vencer a la muerte.” [Jesús  le] dice:  “El que  crea en  ml  no  estará inmune de  la  muerte de  la  carne;  con todo,  Dios puede dar  fácilmente Ia vida  a quien quiera. Cuando dice  después a Marta:   Crees?,  exige  la  confesión   de  la  fe como   madre y protectora de  la  vida.  Y ella  le  dice  de  inmediato  que  sí,  y confiesa  su  fe  con sutileza [...]:   al  usar el  artículo —el  Cristo   y el Hijo  de Dios— ha   confesado  claramente  a! único,  excelente  y verdadero Hijo  de  Dios.  [El  Señor] exige  comprensión de  la fe: ésta  es un  gran  don  cuando nace  de un  ánimo ardiente, y tiene  tanto poder que  salva  no  solo  a quien cree,  sino  también a  los  otros.   De este  modo, también Lázaro fue  resucitado por  la fe de su  hermana, a la que el  Señor dijo:  “¿No te  he  dicho que,   si crees,   verás   Ia gloria de  Dios?”, como   si quisiera decirle:   Ya que  Lázaro  ha  muerto, suple tú la fe del  muerto. En  efecto,  es preciso creer firmemente a fin  de ver  las  cosas  que  están   por  encima de  la  esperanza (Cirilo  de  Alejandría, Cominento al vangelo  di  Giovanni, Roma  1994,  II,  pp. 313ss,  passim).

ORACION (3)

 

Señor,  son  muchas las  veces  que,  frente a las  dificultades  de la vida,  mi fe vacila  y me  dejo  absorber por  las mil cosas  que debo  hacer para huir de la desilusión y del vacío  interior;  o  bien   siento  la  tentación  de  esconder mis  miedos construyéndome una  fe a mi  medida, adherido  rígidamente a  principios que  considero indiscutibles  y que  quisiera resguardar de cualquier turbación.

Enséñame a abrir mi  fe a tu  imprevisibilidad, a estar disponible para  el  encuentro  auténtico  contigo, al  encuentro en  el que  mis  falsas  seguridades cedan su  sitio a la  confianza en  tus  promesas. No permitas que  el ritmo  frenético de mis jornadas me atropelle hasta el pun- to de dejar  de estar inspirado por  el amor.  Y, sobre  todo, no dejes  que  la experiencia del dolor  me aleje  de ti:  conviértela, más  bien,  en  una  experiencia fecunda de resurrección v de vida.

SANTORAL (4)

 

SANTA MARTA

Autor: Jesús Martí Ballester

Como Santiago evangelizó España, Santa Marta evangelizó Francia. Si quisiéramos conocer la historia de las Diócesis consultando sólo documentos oficiales y rebuscando archivos notariales, sabríamos muy poca cosa, porque la vida no fluye sólo por las arterias sino también por los capilares y la vida diaria es la que fragua la historia, aunque éste no lleve marchamo oficial y canónico. Hay que contar pues con la tradición e incluso con la leyenda, que siempre lleva una veta de realidad, teniendo criterio para discernir las épocas y los estilos y los lugares. Poco sabríamos de España y de Francia, de su política y de su religión e historia si nos quedáramos con los escuetos datos canónicos. Hemos de acudir a la tradición que nos relata que una barca miserable sin remos y sin velas luchaba con las furias del mar, navegando desde las costas de Palestina hasta la desembocadura del Ródano. Marta con un grupito de discípulos de Jesús, que oyeron su voz junto al lago de Tiberíades, esperan la muerte; las mujeres lloran, los hombres rezan. Marcial, el joven que sirvió el vino y el pez en la última cena y Saturnino, rezan en la proa; el anciano Trófimo envuelto en su capa tiene a sus pies al obispo Maximino. Lázaro, escucha los rugidos del abismo. Magdalena, continúa en su llanto doloroso, y Marta, se mueve como siempre, llevando de un lado para otro el optimismo y la confianza. El Espíritu de Dios les conduce, y la frágil nave llega a una playa sin peñascos. Después de los terrores de la tempestad, se arrodillan sobre la arena; levantan las manos al cielo, rezan, cantan y hacen resonar por vez primera el nombre de Cristo en las tierras provenzales. Era la primera misión comunitaria, un anticipo de la misión familiar practicada hoy por los grupos neocatecumenales.

Los extraños tripulantes se dan un abrazo, y se distribuyen para esparcir la semilla del evangelio en su nueva patria. Marcial llega a Limoges donde será su primer obispo; Saturnino lo será de Tolosa, Trófimo irá a Arlés, y Lázaro a Marsella.

A Marta le pregunta el poeta, ¿adónde vas, oh dulce virgen?. Con una cruz y con un hisopo Marta, radiante de serenidad, se encamina intrépida al encuentro de la Tarasca; los infieles, no pudiendo creer en su libertad, se suben a los pinos para para ver aquel combate insigne. ¡Saltó la Tarasca, el monstruo sobresaltado en su modorra, hostigado en su cubil, desde el que esclavizaba a Francia, llamada Tarascón, y que nos recuerda el canto pascual de la Tarara. En vano se retorcía, rociado con el agua santa; en vano gruñía, silbaba y bufaba; Marta le encadena con una atadura de mimbres tiernos, y le arrastra a pesar de sus resoplidos. El pueblo corre a adorarla. "¿Quién eres?” -decian-. Eres la cazadora Diana? ¿Eres Minerva la fuerte: - '"No, no, respondía la doncella- soy la esclava de mi Dios." Y los tarasconenses creyeron, doblaron la rodilla ante el Dios a quien  Marta había hospedado en su casa. Con su palabra de virgen hirió la roca de Aviñón, y la fe empezó a brotar con abundancia caudalosa.

Después allá lejos, junto al mar, entre los acantilados de Marsella, una mujer ora en el fondo de una gruta. Sus rodillas se lastiman en la aspereza de la roca, sin más vestido que su cabellera y oye la divina promesa: "Tu fe te ha salvado."

Así completaron la historia los gustos legendarios de Edad Media; pero ni el Evangelio, ni los viejos relatos de la extensión del cristianismo a través del Imperio romano, se acuerdan de la barca milagrosa que arribó a las playas de Occidente lle­vando a los discípulos de Jesús. El nombre de Magdalena se pierde a nuestras miradas; el de Marta en el salón del festín con que Simón el leproso agasajó al Maestro de Nazareth unos días antes de la Pascua. La vemos en­trar y salir, unas veces llevando el pan en bandeja de plata; otras colocando en cada mesa las jarras de los vinos espumosos. Lo vigila todo, está en todo. Es siempre la mujer solícita, hacendosa, llena de energía y de actividad. El día de la resurrección de Lázaro se precipita fuera de casa en cuanto sabe que el Rabbí se acerca a Betania. Su fe es ciega, aunque acaso menos inteligente que la de su hermana. "Resucitará tu hermano", le dice Jesús. "Si - responde ella -; ya sé que resucitará en el último día.

Había comprendido mal la promesa del Señor, considerándola como una de tantas fórmulas de consuelo. Jesús insistió con esta verdad maravillosa, que cayó en la tierra como un germen de alegría y de esperanza: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en Mí, aunque hubiere muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí, no morirá para siempre." Entonces Marta, en medio de las tinieblas de su llanto, encontró una fórmula espléndida de fe, como la de Pedro junto a Cesarea de Filipo: "Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo que ha venido a este mundo."

Aquella fe ardiente ponía alas en el alma y en los pies de esta mujer casera y ajetreada. Nos la figuramos menudas y graciosas, midiendo las palabras, apa­reciendo con su túnica ondulante en el comedor y en el jardín, en la cocina y en la puerta de la casa; observándolo todo, poniendo la limosna en las manos del pobre, y recibiendo al peregrino con noble sonrisa de bondad.

Si el peregrino es Jesús, ella no descansa, ni duerme, ni para un momento. La casa de Lázaro estaba siempre abierta para Jesús y sus discípulos. Marta aguarda impaciente la llegada del Rabbí; le recibe alegre y le hospeda orgullosa. Ella quisiera que anunciase siempre su venida para tenerlo todo de una manera impecable. Pero más de una vez, los doce llegan repentinamente, escoltando al Maestro. Como ahora. Marta se ha puesto en movimiento­, con nerviosa solicitud. Corre a saludar al Señor, le trae agua para las abluciones, y toallas y perfumes; le guía al recibidor, le ofrece una silla y sale para dirigir a los de siervos y a las criadas. Hay que encender el fogón, buscar el tierno recental, preparar huevos del día, traer higos ma­duros, ordeñar la vaca, entrar en la alcoba para ver si hay bastante ropa en la cama donde va a dormir el Señor; sacar del arca la vajilla de plata, la escudilla de esmaltes y el mantel rameado que descansaba entre aromas de tomillo y romero. Marta se agita, cruza el portal afanosa y sofocada, se asoma a la puerta para ver si viene su hermano de la bodega con el vino añejo, entra en la habitación donde Jesús conversa con discípulos y todo le parece poco para mostrar su devoción, la de su hermano y la de Magdalena.

La Magdalena, entretanto permanecía silenciosa sentada a los pies de Jesús, escuchando embelesada, con el rostro escondido  entre las manos y mirando al Señor solamente con los ojos del alma. No se acuerda de que es necesario preparar la cena; el bullicioso ajetreo de su hermana llega casi a molestarla. Escucha, contempla y adora. Todo es paz en su interior; nada turba su alma.

“Quedéme y olvidéme,

Mi rostro recliné sobre el Amado,

Cesó todo y quedéme

Dejando mi cuidado

Entre las azucenas olvidado”.

 De pronto, Marta aparece sudorosa en el umbral. Aquella actitud de María acaba por enojarla un poco. Siempre va a ser la mimada, la preferida; ella, que arrastró Ir las calles el nombre de la familia, que nos hizo sufrir y llorar tanto. Y ahora se queda allí tan tranquila gozando de la presencia del Maestro, mientras los demás trabajan y se fatigan. "¿No os parece mal, Señor -dice con acento amargo que mi hermana me deje sola en estas tareas del servicio? Decidle que me ayude." Jesús respondió: "Marta, Marta, estás inquieta y te agitas en demasiadas cosas, Y, sin embargo,  sólo hay una cosa necesaria. María ha escogido la mejor parte que nadie le arrebatará."

Marta comprendió. El Maestro no censuraba su ingenua actividad, sino el derramamiento de su alma en los negocios exteriores. Inclinada, por temperamento, a la acción, será siempre en la Iglesia el tipo de los espíritus abrasados por el hambre de las obras; de los luchadores, de los destinados a los afanes de la vida activa. Pero desde aquel día supo poner en sus cuidados terrenos algo más dulce, más sereno, más profundo; en cualquiera de sus actos podía verse la perenne donación del alma. Todo para ella se había transformado en una oración, hasta el servicio más humilde de la vida cotidiana.

Santa Marta, es la mujer hacendosa, siempre ocupada con los quehaceres domésticos en su casa de Betania, mientras María escuchaba a Jesús (Lc 10, 38) o le ungía los pies (Jn 12, 1 A su muerte la enterraron en Tarascón, cerca de San Front de Périgueux. Es venerada en Provenza (Aix-en-Provence y Tarascón) e incluso en la Toscana. De acuerdo con la Leyenda Áurea, viste con túnica y manto o con hábito, porque se dice que llevó una vida monacal, una idea reforzada por el salterio, alusivo a su vida ascética, como se contempla en el retablo de San Bartolomé, de la Prioral de Santa María.

 

FUENTES DE LA PAGINA

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Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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