MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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Fecha 29-06-2016

Edición Nº 4.653

Ciclo C

Semana XIII

LITURGIA DE LA HORAS

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Para ver la Misa celebrada en la Parroquia María Virgen Madre de Madrid España, por los Franciscanos de María, Pinchar este link; MISA DIARIA POR VIDEO o en este linkhttp://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1

 

    SAN PEDRO Y SAN PABLO

Columnas de la Iglesia

image002Celebramos, hoy, la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, las máximas columnas de la Iglesia. Pedro a quien Jesús constituyó fundamento de su Iglesia; y Pablo que cumplió la misión de llevar la fe cristiana a los más diversos pueblos no judíos, para que todos formaran un único pueblo de Dios, la Iglesia.

En esta festividad honramos al Santo Padre, el Papa, sucesor de Pedro, quien tiene la difícil misión de velar por todo el pueblo de Dios. Como ambos apóstoles —Pedro y Pablo— sufrieron el martirio en Roma, los ornamentos del sacerdote son de color rojo.

En el Evangelio, el reconocimiento de Jesús hacia Pedro como hombre de fe, ubica a este humilde pescador de Galilea en un lugar importante de la primera comunidad. No está por encima de sus hermanos, sino al servicio de ellos, como fundamento de la comunidad, en las bases de la comunidad.

Para ver la Reflexión completa de las 3 lecturas y el salmo de la Liturgia de este domingo pinchar este link: (Enlace): PALABRA DE DIOS

 

ANTÍFONA DE ENTRADA

Estos hombres, durante su vida terrena, plantaron la Iglesia con su sangre, bebieron el cáliz del Señor y llegaron a ser amigos de Dios.

ACTO PENITENCIAL

Tú que perdonaste a Pedro cuando renegó de ti. Señor, ten piedad.

Tú que convertiste a Pablo en apóstol tuyo. Cristo, ten piedad.

Tú que por la sucesión apostólica, nos aseguras el perdón de los pecados. Señor ten piedad.

Se dice Gloria a Dios.

ORACIÓN COLECTA     

Dios nuestro, que nos alegras en la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, concede a tu Iglesia que se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquéllos por quienes comenzó la propagación de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA Hech 12, 1-11

COMENTARIO: Luego del martirio de Santiago, Pedro, encarcelado y custodiado con medidas de máxima seguridad, es liberado por el ángel del Señor para devolverlo a la comunidad que ha orado fervientemente por él. Los signos de su liberación, que se da durante la Pascua judía, evocan la resurrección de Jesús hasta el momento del anuncio de los prodigios de Dios que se dan entre sus elegidos.

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

El rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de “los panes ácimos”. Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él. La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión. De pronto, apareció el ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: “¡Levántate rápido!”. Entonces las cadenas se le cayeron de las manos. El ángel le dijo: “Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias”, y Pedro lo hizo. Después le dijo: “Cúbrete con el manto y sígueme”. Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del ángel, sino que creía tener una visión. Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el ángel se alejó de él. Pedro, volviendo en sí, dijo: “Ahora sé que realmente el Señor envió a su ángel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío”.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 33, 2-9

COMENTARIO: Frente a la acción obrada por Dios, el salmo nos invita a bendecir y alabar al Señor.

R. El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su nombre todos juntos. Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R.

SEGUNDA LECTURA 2Tim 4, 6-8. 17-18

COMENTARIO: Con un lenguaje propio de la época y de las competiciones olímpicas famosas en el mundo helénico, el apóstol se despide de Timoteo y la comunidad, motivándolos a seguir en la competencia donde el Señor “justo juez” dará a cada uno la corona de triunfo en su reino celeste.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo.

Querido hijo: Ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación. El Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 16, 18

Aleluya. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Aleluya.

EVANGELIO Mt 16, 13-19

COMENTARIO: El reconocimiento de Jesús hacia Pedro como hombre de fe, ubica a este humilde pescador de Galilea en un lugar importante de la primera comunidad. No está por encima de sus hermanos, sino al servicio de ellos, como fundamento de la comunidad, en las bases de la comunidad.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”. Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”. “Y ustedes –les preguntó–, ¿quién dicen que soy?”. Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.

Palabra del Señor.

ORACIÓN DE LOS FIELES

A cada intención, pedimos: Ayúdanos a permanecer fieles a tu iglesia.

Por el Papa, vicario de Cristo, sucesor de Pedro: para que siempre tenga fuerza y alegría en su arduo servicio a la Iglesia. Oremos.

Por todas las iglesias cristianas: para que se logre el entendimiento sobre la función del Papa en la Iglesia. Oremos.

Por las iglesias perseguidas y martirizadas, en algunos países: para que permanezcan firmes en la confesión de la fe. Oremos.

Por nuestra Iglesia diocesana, presidida por un sucesor de los apóstoles: para que sea luz y esperanza de toda la sociedad. Oremos.

Por los que dedican su vida a la expansión del Evangelio en tierras de misión, para que vean en san Pablo un ejemplo a seguir. Oremos

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, Señor, que la oración de los apóstoles acompañe las ofrendas que te presentamos, y nos permita celebrar con devoción este sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO     

La doble misión de Pedro y Pablo en la Iglesia

V/. El Señor esté con ustedes.

R/. Y con tu espíritu.

V/. Levantemos el corazón.

R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R/. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Tú quieres que hoy los santos apóstoles Pedro y Pablo sean causa de nuestra alegría: Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo el insigne defensor para que fuera entendida rectamente. Aquel formó la primera Iglesia con el resto de Israel, éste fue el maestro y doctor de los paganos llamados a la fe.

De esta manera, congregando por diversos caminos a la única familia de Cristo, ambos igualmente venerables para el mundo, hoy son asociados por la única corona de gloria.

Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos, diciendo sin cesar: Santo, santo, santo...

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Mt 16, 16. 18

Pedro dijo a Jesús: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Padre y Señor nuestro, renovados por este sacramento, te pedimos la gracia de vivir de tal modo en tu Iglesia, que firmemente arraigados en el amor y perseverando en la fracción del pan y en la doctrina de los apóstoles, lleguemos a ser un solo corazón y una sola alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.

BENDICIÓN SOLEMNE

El Dios que los ha edificado a ustedes sobre el cimiento de los apóstoles, por la intercesión gloriosa de los santos apóstoles san Pedro y san Pablo, los llene de sus bendiciones.

R. Amén.

El que los ha enriquecido a ustedes con la palabra y el ejemplo de los apóstoles, les conceda su ayuda para que sean testigos de la verdad ante todo el mundo.

R. Amén.

Para que así obtengan la heredad del reino eterno por la intercesión de los apóstoles, por cuya palabra se mantienen firmes en la fe.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo descienda sobre ustedes.

R. Amén.

 

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Mt 16, 13-19

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1. “¿QUIÉN DICE LA GENTE QUE ES EL HIJO DEL HOMBRE?”

Al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?

Es en este lugar de Cesárea de Filipo, es el momento cuando Jesús, dirigiéndose a los discípulos, les hace abiertamente esta pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo? Jesús no lo ignoraba por su conocimiento sobrenatural, pero también lo que pensaba la gente de Él lo sabía, como los apóstoles, por el rumor popular. ¿Por qué les pregunta primeramente a ellos lo que piensan de El las gentes?

2. JESÚS, PARA UNOS, ERA JUAN BAUTISTA,

El contacto de los apóstoles con las muchedumbres a causa de la predicación y milagros de Jesús les había hecho recibir toda clase de impresiones en torno a esto. Las que recogieron eran éstas: Jesús, para unos, era Juan Bautista, sin duda resucitado, como sostenía el mismo Antipas. Pues esta opinión había cobrado cuerpo entre el pueblo, ya que Lc mismo dice que Antipas estaba preocupado con la presencia de Jesús, puesto que algunos decían que era Juan, que había resucitado de entre los muertos (Lc 9:7).

3. OTROS, QUE ELÍAS; OTROS, QUE JEREMÍAS

Para otros, Jesús era Elías. Lc recoge en otro lugar esta creencia popular. Jesús era, para diversos grupos, Elías, que había aparecido (Lc 9:8). Según la estimación popular, Elías no había muerto, y debía venir para manifestar y ungir al Mesías 12.

Otros piensan que fuese Jeremías (Mt). El profeta Jeremías era considerado como uno de los grandes protectores del pueblo judío, sobre todo por influjo del libro II de los Macabeos (2:1-12). Pero no pasaba por un precursor del Mesías. Mateo ya hizo referencia a él (2:17). Acaso se lo cita por el simple prestigio que tenía en el judaísmo, y del que se podrían esperar cosas extraordinarias.

Por último, sin saber a ciencia cierta quién sea, para muchos era algún profeta de los antiguos, que ha resucitado (Lc). Era el poder milagroso de Jesús el que los hacía creer en la resurrección de un muerto (Mt 14:2; Mc 6:14).

4. ¿QUIÉN DICEN QUE SOY?

No deja de extrañar el que los apóstoles no citen, tomado de la opinión de las gentes, el que El fuese o pudiese ser el Mesías.

Así fue como ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas. Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”

Por eso, después de oír lo que las gentes pensaban de Él, se dirige a los apóstoles para preguntarles abiertamente qué es lo que, a estas alturas de su vida y de su contacto de dos años con El, han captado a través de su doctrina, de su conducta, de sus milagros. Era un momento sumamente trascendental. Si no fuera que Jesús tenía un conocimiento de todo por su ciencia sobrenatural, se diría que esperaba impaciente la respuesta de sus apóstoles.

5. TÚ ERES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS VIVO

Los tres sinópticos no dicen la respuesta que hayan podido tener éstos. Sólo recogen la respuesta que le dirigió Pedro. Todos los detalles se acumulan en la narración de Mateo para indicar no sólo la precisión que interesa destacar, sino con ella acusar la solemnidad del momento y la trascendencia del acto.

Mientras Marcos y Lucas presentan sin más a Pedro, Mateo lo precisa ya de antemano como Simón Pedro. En efecto, Pedro tenía por nombre Simón (Mateo 4:18 y par.). En Juan se lee que Jesús, al ver por vez primera a Simón, le anunció que será llamado Pedro (Jn 1:42). Ya desde un principio, Jesús puso en Simón la elección para Pedro, para ser piedra El conservar aquí los dos nombres es sumamente oportuno.

La confesión de Simón Pedro es expresada así: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.” Aquí se confiesa por Pedro la mesianidad y la divinidad de Jesús. Al decir que es el Mesías, indica su relación supereminente de autoridad con Dios — el Padre — que lo envía.

6. FELIZ DE TI, SIMÓN, HIJO DE JUAN

Pedro, desde su primer encuentro con Jesús, deja al descubierto, por una parte, la amistad no disimulada del Maestro, y por otra, la entrega sin reservas a su servicio o compañía, es así como Pedro sabe quién es Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios.

Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.”

La respuesta de Jesús tiene dos partes bien marcadas: la primera es una felicitación a Pedro por la revelación tenida. La felicitación de Jesús a Simón es porque esta confesión no se la reveló ni la carne ni la sangre, con la que se expresa el ser humano. Tal era la grandeza de este misterio, que su revelación se la hizo su Padre celestial. Se trata, pues, de un misterio desconocido a Pedro, y un misterio que no podía, sin revelación, ser alcanzado por la carne y sangre — el hombre — Entonces, este conocimiento no es por su capacidad humana, es un don de Dios. En efecto, Pedro alcanzó este conocimiento por la fe.

7. TÚ ERES PEDRO, Y SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA

Jesús, volviéndose a Simón, le dice: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.” Y Jesús lo eligió como la roca para construir sobre ella su Iglesia y le confirió los poderes para llevar a la salvación a todos los hombres. Pedro es la roca, en el sentido de que la fe y los creyentes no pueden tener otra fe que la de los apóstoles y profetas, que son los que enseñan esa verdad, que está construida sobre la piedra angular de Jesús, y así es, como luego dice; y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Es decir, no podrá vencer a la Iglesia, pues ésta está firme y estable, porque está construida sobre la roca firme, que es Jesús.

8. YO TE DARÉ LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS

Dice Jesús: “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.” La promesa es que ese atar y desatar sobre la tierra tendrá su automática ratificación en el cielo. Todo lo relacionado con esta misión — cuanto permita o prohíba en el reino, todo eso será también ratificado en el cielo. Y eso garantizado por Jesús.

Así, Pedro como Mayordomo de la Casa de Dios, ha recibido el poder para admitir o excluir, según el Evangelio y de administrar la comunidad, en Pedro recaerán las responsabilidades de la doctrina y de la moral, el podrá decidir lo que es bueno y licito para su Iglesia y sus miembros, sentencia que será ratificada Por Dios en lo alto de los cielos.

Así, como Pedro en épocas de la Iglesia naciente, hoy el Papa, su sucesor, es el encargado de animar la fe en nuestra comunidad creyente, él es en nombre de Jesucristo Pastor y guía de la Iglesia.

9. ACOGER AL SUCESOR DE PEDRO

Como Pedro en los orígenes y ahora le ha correspondido al Papa Francisco fundamento visible de la unidad y de la caridad de la Iglesia.

A través del Evangelio, podemos comprender como Jesucristo, nos invita a acoger al sucesor de Pedro, y a mirarlo con los ojos de la fe.

Este es un día especial, para rezar por el Papa y es una buena ocasión para apoyar su inmensa obra a favor de la comunidad cristiana y de toda la humanidad. Dios le Bendiga

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

     Domingo Semana XIII del Ciclo A

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

DOS APÓSTOLES SU FUNDAMENTO APOSTÓLICO

La Iglesia celebra a través de estos dos apóstoles su fundamento apostólico, mediante el cual se apoya directamente en la piedra angular que es Cristo (cf Ef 2, l9ss). Pedro y Pablo son los “fundadores” de nuestra fe; a partir de ellos se entabla el diálogo entre institución y carisma, a fin de hacer progresar el camino de la vida cristiana.

El pescador de Galilea empezó su extraordinaria aventura siguiendo al Maestro de Nazaret, primero, en Judea y, a continuación, tras su muerte, hasta Roma. Y aquí se quedó no sólo con su tumba, sino con su mandato, es decir, en aquellos que han subido a la “cátedra de Pedro”. Pedro continúa siendo, en los obispos de Roma, la “roca” y el centro de unidad sobre el que Cristo edifica su Iglesia.

Pablo de Tarso, el apóstol de los gentiles, se convirtió de perseguidor de Cristo en celoso misionero de su Evangelio. Cogido por el amor al Señor, Cristo llegó a ser para él su mayor pasión (2 Cor 5,14), hasta el punto de decir: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Su martirio revelará la sustancia de su fe.

La evangelización de estas dos columnas de la Iglesia no se apoya en un mensaje intelectual, sino en una praxis profunda, sufrida y atestiguada con la palabra de Jesús.

ORACION (3)

 

Dios omnipotente y eterno, que con inefable sacramento quisiste poner en la sede de Roma la potestad del principado apostólico, para que a través de ella la verdad evangélica se difundiera por todos los reinos del mundo, concede que lo que se ha difundido por su predicación en todo el orbe sea seguido por toda la devoción cristiana. (Sacramentariurn Veronense, ed. L. C. Mohlberg, Roma 1978, n. 292).

SANTORAL (4)

 

SAN PEDRO Y SAN PABLO

Celebramos hoy la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Simón, hijo de Juan, pescador del lago de Galilea, elegido por Cristo el primero entre los Doce para ser servidor de todos y confirmar en la fe a sus hermanos; apellidado por Cristo «Pedro» para ser la piedra visible, fundamento de la unidad de la Iglesia; designado por Cristo pastor para apacentar todo el rebaño de Dios.

"Llévame a él". En estas palabras del fogoso Pedro a su hermano Andrés que le habla del Maestro, está sintetizada toda su vida. Pedro no hace como Natanael que duda si de Nazaret puede salir cosa buena, sino que desde el primer momento creyó en Jesús, se fió de él y le amó con toda su alma.

No sabemos cuándo nació Pedro, pero sí sabemos que era de Betsaida, una aldea campesina y marinera al lado del Lago de Genesareth. Allí vivía compartiendo su trabajo con su padre y hermano Andrés. Estaba casado y el Señor, cuando ya forme parte de sus más íntimos, curará a su suegra de una enfermedad.

Quizá heredó de su padre Jonás la rudeza de su carácter y la prontitud de su genio. Lo cierto es que Pedro, como nos lo presenta el Nuevo Testamento, era vehemente y francote, un tanto presumidillo y un poco infantil en sus reacciones.

En el primer encuentro de Pedro con Jesús ya queda al descubierto por una parte la amistad no disimulada del Maestro, y por otra la entrega sin reservas de Pedro a su servicio o compañía. Desde ahora "será pescador de hombres". Pero el momento cumbre de Pedro nos lo recuerda San Mateo en el capítulo 16 cuando dialoga el Maestro con los Apóstoles: ¿"Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre"?... "Pues unos..." "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?". Entonces Pedro tomando la palabra, en nombre de todos sus compañeros, dice: "Tú eres el Hijo de Dios vivo". Y viene la paga de Jesús a aquella bien acertada y valiente definición: "Y yo te digo, tú eres Cefas, Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no podrán prevalecer contra ella". Desde este momento Pedro ya ocupa el primer lugar entre los compañeros. En las listas que traen los evangelistas, lo traen el primero, hasta a veces, lo especifican diciendo, "Pedro, el primero".

Pedro, de ahora en adelante, recibirá muestras de especial cariño de parte del Maestro. Esta promesa de Jesucristo de nombrarle "piedra" o ''fundamento'' de la iglesia, se cristalizará después de la Resurrección de Jesús junto al lago de Genesareth., según nos recoge San Juan en el capítulo 21 de su evangelio. La escena no puede ser más hermosa. Tres veces le ha negado en su Pasión. Ha sido cobarde. Ahora el Señor, antes de hacerle entrega del tesoro más bello que nos deja, el Sacramento de salvación que es la Iglesia, quiere estar seguro del arrepentimiento y amor de su Vicario y por tres veces le examina en el amor hacia él. "Pedro ¿me amas?... ¿"Me amas más que estos"? La afirmación es categórica y firme: "Sí, Señor, tú sabes que te amo..."

Aunque le haya negado en la noche más triste de toda la historia, después llorará su pecado y dirá la tradición que hasta se formaron unas cavidades en sus mejillas de tanta lágrima. Correrá en compañía de Juan al sepulcro a ver al Maestro... Y Jesús se le aparecerá y dirá a los demás que den el mensaje a Pedro... Le mandará que camine sobre las aguas del lago...

Desarrolló su actividad apostólica en Jerusalén, en Antioquía de Siria y definitivamente en Roma, como primer obispo de aquella comunidad Incipiente. En Roma fue crucificado el año sesenta y siete, durante la persecución del emperador Nerón. Dio así testimonio de Jesucristo con su palabra y con su sangre. Fue sepultado en la colina Vaticana.

Y Pablo, de Tarso, celoso observante de la ley mosaica, perseguidor de la Iglesia de Dios, convertido a Cristo en el camino de Damasco, ¡el Apóstol de todas las gentes!

San Pablo es un hombre nuevo después de la caída en el camino de Damasco. Y como todos los convertidos, el fuego le quema las entrañas, y se siente forzado a comunicarlo a todo el mundo. "Cuando aquel que me llamó por su gracia, quiso revelar en mí a su Hijo para que lo evangelizase a los gentiles, sin consultar a la sangre ni a la carne", en seguida se puso en movimiento. Nadie podrá pararle. Es un volcán en ebullición permanente.

"Anda, dice el Señor a Ananías, que éste es instrumento escogido por mí para llevar mi nombre a los gentiles". Y Pablo se lanza, lleno de divinas impaciencias, por todos los caminos del imperio. Emprende cuatro viajes apostólicos, arriesgados, difíciles. Recorre ciudades, funda cristiandades, les deja discípulos al frente, les escribe cartas, promete llegar hasta España... Afronta peligros "en tierra, en mar, entre los falsos hermanos".

Pero no importan los peligros para el alma enamorada. "Todo lo soporto por los elegidos. La caridad de Cristo nos interpela. Muy a gusto me gastaré. Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta formar a Cristo en vosotros. ¿Quién enferma sin que yo enferme?".

San Juan Crisóstomo se lamentaba que muchos no conocían las cartas de San Pablo. Al escuchar su lectura, afirmaba él, "salto de gozo al oír ese maravilloso clarín celestial, y me inflamo en deseos, reconociendo una voz muy amiga para mí, y me parece verle presente ante mis ojos".

En sus diversos pasajes vemos el anhelo incoercible que siente de predicar el Evangelio, de hacerse todo para todos, de preocuparse por todas las Iglesias, de sufrirlo todo, hasta ser anatema por sus hermanos.

"Cuando quiero saber las últimas novedades, leo a San Pablo", dice León Bloy, a propósito de la variedad del mensaje paulino. Pero si quisiéramos destacar lo más peculiar, el eje y punto clave en que se apoya la nueva exigencia de Pablo, sería por encima de todo, su anhelo por Cristo, su obsesión por Cristo, hasta el punto de que pide varias veces a sus discípulos que le imiten a él, sin más, pues sabe que así imitarán a Cristo.

Se podría seleccionar una especie de Código o Decálogo sobre el cristocentrismo de Pablo: 1) Su vida es Cristo. 2) Todo lo centra en el amor de Cristo. 3) Sólo quiere conocer a Cristo. 4) Desea gloriarse en la cruz de Cristo. 5) Su debilidad encuentra la fuerza en la gracia de Cristo. 6) Colabora con la gracia de Cristo. 7) Desea únicamente apoyarse en Cristo. 8) Su afán es estar con Cristo. 9) Se goza en haber sido atrapado por Cristo. 10) Está seguro que nada le separará del amor de Cristo.

El último viaje de Pablo fue el viaje a Roma para ser juzgado. Allí sufrió martirio, junto con Pedro, las dos columnas de la Iglesia, hacia el año 67. Agotado por fin, había rendido viaje el discípulo fiel. Fue sepultado en el lugar llamado Tre Fontane, por las tres fuentes que habrían brotado en el momento del martirio. Sobre aquel lugar se levantaría más tarde la basílica espléndida que lleva todavía su nombre.

Nuestra comunidad de fe y esperanza se funda en el mensaje de Pedro y Pablo, testigos del Señor de la gloria. ¿Alguna vez te precipitas envalentonado? ¿Te descubres a menudo pegando patadas con la lengua? ¿Haces afirmaciones duras que posteriormente lamentas? ¿Eres impetuoso, exuberante y lleno del gozo de vivir? Si es así, te hayas relacionado espiritualmente con San Pedro.

Pedro fue un hombre que nunca creyó en hacer las cosas a medias. Estaba dispuesto a saltar de las barcas, caminar sobre el agua y declarar su amor sin fin por su Señor. También negó a Cristo tres veces, perdió su confianza y casi se ahogó. Todo lo que hizo, fue con todo su corazón y toda su alma. Cometió errores, pero se levantó, se secó y siguió su marcha. Pedro estaba lleno de pasión; pasión por Cristo, pasión por el evangelio, pasión por la vida.

A menudo sorbemos la vida como si fuera una taza tibia de té débil. San Pedro nos dice que en vez de tomar pequeños sorbitos, necesitamos atrapar la vida con ambas manos y engullirla como un vaso helado de agua de manantial en el día más caluroso del verano.

Hay una máxima que resume la filosofía de San Pedro: la vida no es un ensayo general. No podemos aguardar hasta cuando creemos que empieza la noche, para decidir saltar al escenario. Si así lo hacemos, descubriremos que el espectáculo casi ha acabado el telón está presto para caer.

 

FUENTES DE LA PAGINA

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La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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