MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

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"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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06-05-2018

Edición Nº MD 5.188

LITURGIA DE LA HORAS

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REFLEXIONES Y LECTURA ESPIRITUAL PARA EL MES DE MARIA

 

DOMINGO, VI SEMANA DE PASCUA

Permaneced en mi amor

Jn 15,9-17

bpa6 “Permaneced en mi amor”

En esta Pascua Cristo nos ha manifestado más clara e intensamente su amor. Y ahora nos invita a permanecer bajo el influjo de este amor. En realidad podemos decir que toda la vida del cristiano se resume en dejarse amar por Dios. Dios nos amó primero. Nos entregó a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Y el secreto del cristiano es descubrir este amor y permanecer en él, vivir de él. Sólo la certeza de ser amados por Dios puede sostener una vida. No sólo hemos sido amados, sino que somos amados continuamente, en toda circunstancia y situación. Y se trata de permanecer en su amor, de no salirnos de la órbita de ese amor que permanece amándonos siempre, que nos rodea, que nos acosa, que está siempre volcado sobre nosotros.

“Amaos unos a otros como yo”.

Sólo el que permanece en su amor puede amar a los demás como Él. El amor de Cristo transforma al que lo recibe. El que de veras acoge el amor de Cristo se hace capaz de amar a los demás. Pues el amor de Cristo es eficaz. Lo mismo que Él nos ama con el amor que recibe de su Padre, nosotros amamos a los demás con el amor que recibimos de Él. La caridad para con el prójimo es el signo más claro de la presencia de Cristo en nosotros y la demostración más palpable del poder del Resucitado.

“El que ama ha nacido de Dios”

Dios infunde en nosotros su misma caridad. Por eso nuestro amor, si es auténtico, debe ser semejante al de Dios. Pero Dios ama dando la vida: el Padre nos da a su Hijo; Cristo se entrega a sí mismo, ambos nos comunican el Espíritu. La caridad no consiste tanto en dar cuanto en darse, en dar la propia vida por aquellos a quienes se ama; y eso hasta el final, hasta el extremo, como ha hecho Cristo y como quiere hacer también en nosotros: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. El amor de Cristo es de este calibre. Y el amor a los demás que quiere producir en nosotros, también. (P. Julio Alonso Ampuero, Meditaciones Bíblicas Sobre el Año Litúrgico)

Para ver la Reflexión completa de las 3 lecturas y el salmo de la Liturgia de este domingo pinchar este link: (Enlace): PALABRA DE DIOS

 

I.-RITOS INICIALES

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Is 48, 20

Con gritos de alegría anuncien y proclámenlo hasta los confines de la tierra: El Señor ha liberado a su pueblo. Aleluya.

ACTO PENITENCIAL

·       Por nuestras discriminaciones a las personas, Señor, ten piedad.

·       Por nuestras faltas amor a nuestros hermanos. Cristo, ten piedad.

·       Por no caminar por las sendas de Tú verdadera amistad e intimidad. Señor, ten piedad.

SE DICE GLORIA A DIOS

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra suplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso, concédenos continuar celebrando con intenso fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado, de manera que prolonguemos en nuestra vida el misterio de fe que recordamos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos

II.-LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El Espíritu Santo derramado también sobre los paganos. Los primeros seguidores de Jesús fueron judíos, y durante los primeros años de la Iglesia, parecía que sólo los judíos podían formar parte de la comunidad cristiana. Por ellos hubo gran sorpresa cuando unos paganos empezaron a interesarse por la fe en Jesucristo.

Lectura de los Hechos de los apóstoles. Hech 10, 25-26. 34-36. 43-48

Cuando Pedro entró en la casa del centurión Cornelio, éste fue a su encuentro y se postró a sus pies. Pero Pedro lo hizo levantar, diciéndole: “Levántate, porque yo no soy más que un hombre”. Después Pedro agregó: “Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas, y que en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia es agradable a él. Él envió su Palabra al pueblo de Israel, anunciándoles la Buena Noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre”. Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban la Palabra. Los fieles de origen judío que habían venido con Pedro quedaron maravillados al ver que el Espíritu Santo era derramado también sobre los paganos. En efecto, los oían hablar diversas lenguas y proclamar la grandeza de Dios. Pedro dijo: “¿Acaso se puede negar el agua del bautismo a los que recibieron el Espíritu Santo como nosotros?”. Y ordenó que fueran bautizados en el nombre del Señor Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedara con ellos algunos días.

Palabra de Dios.

COMENTARIO

La conversión de Cornelio es un episodio que marcó profundamente a la Iglesia naciente. Viviendo este acontecimiento Pedro ha debido “constatar” que Dios no hace distinción de personas: ante el Dios de Jesucristo todos los hombres gozan de una igualdad fundamental. Hombres y mujeres de toda cultura y condición podrían también hoy, vivir un nuevo Pentecostés, si los cristianos, tomásemos verdaderamente en serio que Dios no discrimina las personas.

SALMO

El salmo de hoy es una vibrante invitación a la tierra entera: “Canten, aclamen al Señor...”Al hacer de este salmo su oración en este tiempo pascual, la Iglesia celebra la maravilla de la victoria de Jesús sobre la muerte, la maravilla del envío del Espíritu sobre los paganos y su adhesión al Evangelio.

Sal 97, 1-4

R. El Señor reveló su victoria a las naciones.

O bien: Aleluya.

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad a favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.

SEGUNDA LECTURA

Dios es amor. ¿Quién es Dios? San Juan nos da de Él una definición inesperada, sorprendente, nueva. ¿Quién es Dios?: Las palabras de esta lectura llegan a las mayores profundidades de nuestra fe.

Lectura de la primera carta de san Juan. 1Jn 4, 7-10

Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados.

Palabra de Dios.

COMENTARIO

Las relaciones entre Dios y el hombre empiezan siempre por la iniciativa de Dios. En el plano del amor la iniciativa pertenece a Dios, ya que Dios es amor y el amor toma siempre la iniciativa: la del primer gesto que es la del perdón. Él nos ha amado enviándonos a su Hijo. Dios, en primer lugar, ama al hombre; después, el hombre, si quiere, corresponde al amor de Dios. Y si nosotros queremos amarnos los unos a los otros es necesario remitirnos a Dios: “No hemos sido nosotros quienes hemos amado primero a Dios”.

ALELUYA Jn 14, 23

Aleluya. “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará e iremos a él”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

San Juan nos presenta un itinerario del amor. Desde su experiencia, Jesús nos invita a seguirlo: amando a Dios y a nuestros hermanos, incluso hasta dar la vida por ellos si es necesario.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan. Jn 15, 9-17

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. Éste es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así, todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”.

Palabra del Señor.

COMENTARIO

Este Evangelio pone en claro la necesaria mediación de Cristo en todo amor fraternal auténtico. Porque sólo él ha amado a los hombres permaneciendo totalmente en el amor del Padre, que es la fuente de todo amor verdadero. Para amar es necesario, desde luego, ser amados por Cristo, ser llamados a su amistad y haber sido introducidos por él en la condición filial. Con estas condiciones, la alegría del Maestro será la nuestra y nuestra oración habrá sido escuchada.

SE DICE EL CREDO

Creo en Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante: Hermanos, alegres por la resurrección de Jesús, oremos junto a toda la Iglesia diciendo: Te rogamos, óyenos.

·       Para que la Iglesia contribuya positivamente a la promoción y liberación evangélica de los hombres y mujeres de nuestra sociedad. Oremos al Señor. Te rogamos, óyenos.

·       Para que con actitud de misericordia el Papa y nuestro Obispo testifiquen que Cristo venció el pecado y nos mereció la vida verdadera. Oremos a Señor. Te rogamos, óyenos.

·       Para que el Espíritu Santo se derrame abundantemente con sus dones en los que han sido incorporados a la Iglesia y los haga testigos del Evangelio Oremos al Señor. Te rogamos, óyenos.

·       Para que exista entendimiento entre todos los hombres, naciones y razas. Oremos al Señor. Te rogamos, óyenos.

·       Para que los misioneros, médicos, maestros y todos los que sirven a los más necesitados, experimenten que Cristo es su recompensa. Oremos al Señor. Te rogamos, óyenos.

·       Para que nuestro amor sea generoso y no pongamos nunca barreras a sus exigencias. Oremos al Señor. Te rogamos, óyenos.

Celebrante: Escucha, Señor, nuestras oraciones, enséñanos a amar y a permanecer unidos a Ti, para que un día podamos disfrutar de la gloria que Cristo nos mereció. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

III.-LITURGIA EUCARISTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Lleguen hasta ti, Señor, nuestras oraciones junto con estas ofrendas, para que, purificados por tu gracia, recibamos el sacramento de tu inmensa bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO DE PASCUA

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn 14, 15-16

Dice el Señor: si me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes. Aleluya

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios todopoderoso, que nos haces renacer a la vida eterna por la resurrección de Cristo, concede que los sacramentos pascuales den fruto abundante en nosotros, e infunde en nuestros corazones la fuerza de este alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

IV.-RITOS DE CONCLUSION

BENDICION

ENVIO

A lo largo de esta semana que nos prepara a la Ascensión, proclamemos por nuestra vida que Dios es amor. (1 Jn 4,8), ¡Vayan en la paz de Cristo!

 

REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos... Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”.

Jn 15, 9-17 “

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


 1.    PERMANEZCAN EN MI AMOR” 

“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.” Jesús, les habla a sus apóstoles del ansia de su amor hacia ellos para que fructifiquen  unidos a Él, pues los ama al modo sobrenatural, como el Padre le ama a Él. Unidos a Él y  amados por El no necesitan para dar “mucho fruto,” más que “permanecer en El.”  Y la prueba de esta permanencia son las obras: “si cumplen mis mandamientos”. Porque  no todo el que diga Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la  voluntad del Padre (Mt 7:21). Ha de ser copiado su ejemplo: “como yo cumplí los  mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.” 

Y Jesús les dice; “esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto” Porque  cumplen el mensaje del Padre, que El trajo como el Enviado. Y para nuestro gozo sea  cumplido. Pues al saber que estamos unidos a Cristo-Vid, permaneceremos unidos a Él y  que al guardar sus mandatos, sabemos entonces la meta suprema de nuestras aspiraciones es: “ser  amados por el Padre”. Y Cristo nos pide que nos dejemos amar por Dios, porque “Dios nos amó primero”, y nuestra gran tarea, es manifestar este amor y permanecer en él, vivir de él.

2.    COMO TAMBIÉN YO LOS HE AMADO A USTEDES

Amar es entregarse, es darse, es saber qué podemos hacer nosotros por nuestro amado Jesucristo que vive en nuestro prójimo, y entregarnos a nuestro prójimo como Cristo se  entrego por todos nosotros. Por tanto sólo el que permanece en el amor de Cristo, puede amar a los demás como Él. Y así es como nos pide Jesús, ámense los unos a los otros, “como también yo los he amado a ustedes”. Y lo hermosos es que Cristo nos ama con el mismo  amor que ama al padre.

En los Evangelios encontramos la fuerza del amor de  Jesús, es un libro abierto para descubrir cómo fue el amor de Jesús, “En esto Conocerán todos que sois mis Discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” (Jn, 13-35), “Como el  Padre me Amó, también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Jn 14-9), “Si Guardáis  mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo también he guardado los  mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”, (Jn 14-10) “Este es mi  mandamiento: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn 14-12), “Nadie  tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn 14-13) “Yo les he  dado a conocer tu nombre y se lo daré a conocer Todavía, para que el amor con que me  has amado esté en ellos, y yo en ellos." (Jn 17-26) 

3.    A QUIEN MIRÓ JESÚS, LOS HIZO CON AMOR 

Es así, como a quien miró Jesús, los hizo con amor; "Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los  que son como éstos es el Reino de los Cielos" (Mt 19, 14), amor puro por los niños y amor natural por el bien de  los demás. Ciertamente, no hemos visto personalmente a Jesús, sin embargo a través de la lectura y meditación de los evangelios, conocemos como  es el cariño de Jesús. En efecto, la meditación de esta buena noticia, nos ayuda a descubrir a un hombre con inclinación natural a hacer el  bien; “Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó;  (Mt 8, 14-15), es así como podemos hallar en Jesús, dulzura, suavidad, amabilidad de carácter.

Y Jesús, no solo tiene la facultad de  ser el perfecto amigo bueno, además en todo lo parece y se manifiesta claramente sus sentimientos por sus íntimos amigos;  “dice Jesús a Simón Pedro: Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?” (Jn 21,15), en otras palabras es el puro amor, que nos maravilla por su aptitud del conocimiento perfecto de la comprensión, con un dominio  absoluto para el entendimiento y la capacidad para respetar y ser tolerante con los demás; “Entonces Jesús, levantándose, le dijo: "Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te  condenó?" "Ninguno, Señor", respondió ella. Y Jesús le dijo: "Yo no te condeno tampoco.  Vete, desde ahora no peques más” (Jn 8, 10-11) Así es el amor de Jesús, ese que no condena, ese que nos da misericordia, ese que  transforma nuestras vidas, ese que nos da paz absoluta, por tanto podemos definir qué  Jesús es perfecto e inigualable sinónimo de amor, amor para mirarnos hoy con afecto al corazón, su suave voz es además una insistencia permanente en  nuestra conciencia, voz que nos invita a seguirlo, aceptarlo y a la cual debemos guardar  fidelidad, y a amarlo como él lo hizo y lo sigue haciendo. 

4.    “ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO LOS HE AMADO” 

La situación histórica de esta sección del Evangelio de Juan, queda sugerida por el lugar paralelo del amor al  prójimo, donde Cristo nos dice: “Les doy un mandamiento nuevo, ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense  también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis  discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”. (Jn13:34.35) El amor mutuo que han de tenerse los discípulos del Señor, no es filantropía, ha de estar calcado en el ejemplo de Él, amarse como Él los ha amado. Precisamente por este modo es por lo que antes  llamo también a este precepto “un mandamiento nuevo”.

Quizá muchas veces meditamos en el amor al prójimo. Pero tal vez no meditamos tanto en la medida de ese amor, en ese “como yo”. La medida del amor al hermano es dar la vida por él como Cristo la ha dado, gastar la vida por los demás día tras día. Mientras no lleguemos a eso hemos de considerarnos en deuda. El cristiano nunca se siente satisfecho como si ya hubiera hecho bastante. “El amor de Cristo nos apremia” (2Cor 5,14). Y lo maravilloso es que realmente podemos amar como Él porque este amor “ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5). Cristo resucitado, viviendo en nosotros nos capacita y nos impulsa a amar “como Él”.

5.    NO HAY AMOR MÁS GRANDE QUE DAR LA VIDA POR LOS AMIGOS

Nuestro Señor Jesucristo resucitado, vivo y presente, que ha dado la vida por los amigos, nos llama y nos atrae a su amistad. Ante todo, busca una confianza mayor con cada uno de nosotros. Jesús se ha permitido contarnos todos sus secretos, Él nos ha introducido en la intimidad del Padre. Jesús nos ofrece una amistad que va en serio, El,  la ha demostrado dando la vida por los que eran enemigos (Col 1,21-22) y convirtiéndolos en amigos. A la luz de la Pascua hemos de examinar si nuestra vida camina por los cauces de la verdadera amistad e intimidad con Jesucristo. ¿O talvez todavía le vemos alejado? Nuestro Señor Jesucristo, nos demanda a corresponder a esta amistad con la fidelidad a sus mandamientos, ¿estamos dispuestos?

Cristo nos da ejemplo que clarifica este amor suyo, pone lo que es prueba humana, esto es dar la  vida por los amigos. No es que Cristo restrinja la universalidad de su muerte, sino que utiliza  la comparación usual humana y El llama a sus apóstoles amigos y los amigos conocen sus intimidades. Cristo, como buen amigo, les revelo el gran secreto y mensaje del  Padre, es decir el Evangelio, las intimidades de Dios. Pero la verdadera amistad exige  obras. Así como nos dice: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”.  Como amigos de Cristo son predilectos. Y esto recuerda la elección que hizo de ellos para el  apostolado, como lo indica el término lingüístico según san Juan 13:18, donde les dice: “no  hablo de todos ustedes, yo sé a quién he escogido”. 

6.    YO EL QUE LOS ELEGÍ A USTEDES

Yo el que los elegí a ustedes. Nuestra fe, nuestro ser cristiano, no depende primera ni principalmente de una opción que nosotros hayamos hecho. Ante todo, hemos sido elegidos, personalmente, con nombre y apellidos. Cristo se ha adelantado a lo que yo pudiera pensar o hacer, ha tomado la iniciativa, me ha elegido. Ahí está la clave de todo, ahí está la raíz de nuestra identidad. Y es preciso dejarnos sorprender continuamente por esta elección de Dios, “Él nos amó primero” (1Jn 4,19).

Cristo, directamente se refiere no a la predestinación, sino a la elección, vocación, al apostolado,  que les hizo al llamarlos a cada uno en su día; “¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce?·  (Jn 6, 70),  y de este modo no piensen que este privilegio fue algo que salió de ellos.

La finalidad de esta elección es para que vayan. El sentido es: “a seguir su camino”, (Mt 9:6; 19:21), es la misión de apóstoles; y no le pone límite geográfico a su misión,  “Id pues y hagan discípulos a todas las gentes”, (Mt 28-19): es decir que den mucho fruto de  apostolado. Es la vocación a la santidad antes dicha. Y es a lo que lleva la sección  siguiente, en que habla de las persecuciones que tendrán por causa de él.  Para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero, es decir, el fruto de su apostolado que  sea de una eficacia permanente allá donde ellos arrojen la simiente. 

7.    Y LOS DESTINÉ PARA QUE VAYAN Y DEN FRUTO, Y ESE FRUTO SEA  DURADERO 

Nos dice Jesús: No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a  ustedes. Tenemos que comprender, que no le hacemos un favor a Jesús acatando su  llamada, Él nos está haciendo a nosotros una ayuda, por tanto debemos estar agradecido  del Señor, Él nos llama a la santidad en nuestras vidas, entonces no es suficiente  alborozarse por este llamado, es necesario comprender cuál es la razón y el fin de esta  elección, así como nos lo dice Jesús: Y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto  sea duradero.

San Agustín nos  enseña, “que no eligió a los buenos, sino que a los que eligió los hizo buenos”. El propósito es que recojamos los frutos trabajando. Y esos frutos deben permanecer, porque todo lo que trabajamos en esta vida terrena, apenas dura hasta la muerte, y llegando ésta, corta el fruto de nuestro trabajo. Pero lo que se hacemos por la vida eterna, aun después de la muerte perdurará. Produzcamos, pues, tales frutos, que permanezcan, y que la muerte, que todo lo acaba, sea el principio de su duración. Pero no olvidemos, estar unidos a Cristo, él nos lo ha pedido; “porque separados de mí no podéis hacer nada. (Jn 15, 5)

8.     “ASÍ TODO LO QUE PIDAN AL PADRE EN MI NOMBRE, ÉL SE LO CONCEDERÁ”. 

Y otra vez se pone la oración como medio eficaz de apostolado. “Así todo lo que pidan al  Padre en mi nombre, él se lo concederá”. El apóstol tiene en la oración un recurso de éxito,  pero tiene la obligación de usarla como medio normal del fruto de su apostolado. La forma  rotunda con que está expresada la concesión de todo lo que pidan tiene una explicación  semejante a lo anteriormente expuesto. 

Y todos los evangelios están llenos de preceptos, consejos y parábolas, donde Jesús pide a sus Apóstoles que oren, como por ejemplo que lo hagan para no caer en la tentación. Y a las multitudes les enseñaba diciendo que oraran sin desfallecer, con insistencia y siempre. ¿Quién no se sentirá estimulado a orar cuando Cristo nos dice; "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá?  (Mt 7, 7-8), y aún más, orar unidos como hermanos, habiéndonos prometido el Señor; “Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. (Mt 18, 19). Lo importante no es que debamos orar, lo hermoso y grande es que podamos orar.

9.    LO QUE YO LES MANDO, ES QUE SE AMEN  LOS UNOS A LOS OTROS

Y el Evangelio de hoy, termina con una exposición impactante: “Lo que yo les mando es que se amen  los unos a los otros.” Pero solo hay un precepto: el amor.  Toda la voluntad de Cristo se resume en esta palabra, amor, amar, de este modo y solo así  se cumple la voluntad de Dios y la misma voluntad del Hijo, que no es otra que la voluntad  del Padre. 

Sólo el que permanece en el amor de Cristo, puede amar a los demás como Él. El amor de Cristo transforma al que lo recibe. El que de veras acoge el amor de Cristo se hace capaz de amar a los demás. Pues el amor de Cristo es eficaz. Lo mismo que Él nos ama con el amor que recibe de su Padre, nosotros amamos a los demás con el amor que recibimos de Él. No dejemos de entender en este tiempo de Pascua, que el amor para con el prójimo es el signo más claro de la presencia de Cristo en nosotros y la demostración más palpable del poder del Resucitado.

  Cristo Resucitado, viva en sus corazones

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

“DIOS ES AMOR”,  AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO OS HE AMADO

La liturgia de hoy -como siempre- nos habla sólo de amor. “Dios es amor”, y, por consiguiente, ¿qué otra cosa podría decirnos su Palabra o darnos su acción? Sin embargo, si la escuchamos con atención, hoy -y cualquier otro día-, este motivo único resuena con tonos nuevos. Sigámoslo a través de las lecturas para aprender a cantarlo con la vida.

El amor por parte del hombre empieza con la atención, con una intensa expectación dirigida a Dios y suscitada además por él. Empieza por el darse cuenta de que Dios nos ha amado primero, desde siempre, y no porque lo mereciéramos. Descubrirse amado significa, al mismo tiempo, reconocerse pecador perdonado. Este perdón no ha tenido para Dios -¡el Omnipotente!- un precio irrisorio, pero precisamente así es como se ha manifestado el amor: “Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él... envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados”. El rostro amante de Dios nos ha sido revelado por el rostro de dolor y de gloria de Cristo. Y él nos invita a permanecer en su amor -el más grande, porque es la vida entregada- para poder gustar la comunión con el Padre.

Se nos pide, una vez más, que estemos “atentos”: el amor entregado y recibido nos implica en su dinamismo a cada uno de nosotros. Debe convertirse en nuestra entrega: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, con una atención activa y constante para no dejar prevalecer la naturaleza egoísta en nuestro modo de sentir, pensar, hablar, obrar; con la tensión gozosa de poner al principio de todo el divino mandamiento. No es fácil para nadie en concreto...

Pero para eso precisamente se nos ha dado el Espíritu. Se nos propone una nueva atención de amor: intentar intuir en cada circunstancia los caminos que el Espíritu nos va abriendo delante, para que pueda desplegarse el amor y llegar a todo hombre. También Pedro se despojó a fondo de inveteradas convicciones para abrazar el designio de Dios: atento al Espíritu y a los hermanos, indicó a la Iglesia naciente el nuevo itinerario de amor, dejándonos a todos nosotros una huella de luz.

ORACION (3)

 

Jesús, Hijo amadísimo del Padre, tú viniste al mundo para enseñarnos el lenguaje inefable de la caridad. Y como niños aún pequeños quieres que lo aprendamos con los hechos, con los gestos de cada día. Maestro divino y humanísimo, tú quieres que conozcamos el amor del Padre que te ha sacrificado a ti, su corazón, por nosotros, por nuestra salvación. Ayúdanos a no olvidar esta lección, que se vuelva para nosotros tarea comprometida de vida. Danos la fuerza del amor humilde, perseverante, abierto a todos, ya que cada hombre es hermano nuestro. Tú fuiste el primero en observar el mandamiento del Padre y nos diste tú mismo el ejemplo del amor más grande. Ayúdanos a descubrir los distintos modos en que se nos presenta también a nosotros cada día la ocasión de dar la vida por los otros, y danos la fuerza para darla de manera concreta.

SANTORAL (4)

 

SAN PEDRO NOLASCO

En el siglo XIII aparece viviendo en Barcelona un rico joven de estirpe del Languedoc, que admira a todos por su ejemplar conducta moral, su religiosidad y su espíritu de caridad, y que organiza una especie de pequeña cofradía consagrada a la redención de cautivos de la morisma. Se llamaba Pedro Nolasco; se dice que ha nacido unos veinte años antes, de padres nobles, en el Mediodía de Francia, en una finca cerca de Carcasona, y que vino a Cataluña al quedar huérfano, pues algunos de sus familiares eran albigenses y la infausta herejía que tan lamentablemente estaba extendida en su país y le causaba gran  repugnancia.

Otros dicen con argumentos muy sólidos que era natural de Barcelona, nacido en el seno de una de las ricas familias procedentes de tierra francesa establecidas en el llano del Norte de la ciudad, cobijado desde entonces por el patronazgo de San Martín de Tours y llamado Sant Martí dels Provençals.

FORMACION RELIGIOSA

Formado religiosamente en un monasterio cisterciense francés o en Cataluña, según las diversas hipótesis de los biógrafos, la vida del joven Nolasco se mostraba saturada de pureza angelical, de fervor devoto, de afecto filial a la Virgen Santísima, de compasión con los pobres y enfermos, a los que auxiliaba con abundantes limosnas y asistía personalmente, sobre todo en el hospital de Santa Eulalia.

Paulatinamente fue penetrando Nolasco en el conocimiento de la tragedia de los cautivos cristianos y de su magnitud. Tragedia enorme para ellos y para nuestro país, aquel cautiverio de mucha de su gente en manos de los musulmanes, lejos del hogar propio, y una gran parte lejos de la patria...

LA TRAJEDIA DE LOS CAUTIVOS

Nolasco se iba haciendo testigo del duelo de las madres que lloraban a sus hijos prisioneros, oía contar historias terribles de sufrimientos, do torturas... y también de apostasías. Se trataba de la tribulación de los cuerpos y del peligro de las almas. Por esto surgió en él una idea, que poco a poco se convirtió en su aspiración obsesionante: la de consagrarse a la liberación de cautivos; y buscó colaboradores que le acompañasen en sus entusiasmos. Un buen puñado de piadosos varones, algunos ricos y nobles, se pusieron a sus órdenes. Y desde entonces se preocupó cada día más de la realización de su empresa redentora.

Muy pronto, pasando de los proyectos a las obras, organizó diversas escaramuzas en tierras de moros, para librar de sus garras a cuantos desgraciados prisioneros fuese posible. Armando barcos adrede, con la cooperación pecuniaria o personal de sus adheridos, fue a Mallorca, Valencia, Murcia; y a fuerza de mucho dinero, y a través de tormentas en el mar, insultos de los infieles y azares peligrosísimos, logró que centenares de cristianos recobrasen la libertad deseada. En cierta ocasión, Barcelona le vio llegar al puerto con trescientos hombres semidesnudos, hambrientos, cubiertos de llagas y cicatrices...

SU FORTUNA NO LE ALCANZA

El derrame de limosnas y los dispendios de tamañas hazañas, agotaron la fortuna de Pedro Nolasco. Y su corazón tuvo que preguntarse cómo iba a ser posible la prosecución de la modesta cruzada liberadora. ¿Acaso podría continuarse con multiplicadas aportaciones de otros, si no le vieren a él contribuir con sus propios recursos? Pero no temió el fracaso. Se había puesto bajo la protección de la Reina del Cielo, y confió serenamente en su bondad maternal. Y fue, realmente, la Madre celeste la que le trajo el gran socorro. El día 1º de agosto de 1218, festividad de San Pedro prisionero, se le apareció y le manifestó que sería muy del agrado de su Hijo y suyo que fundase una Orden religiosa con el título de Nuestra Señora de la Merced para la redención de cautivos, prometiéndole su asistencia.

Persuadido Pedro Nolasco de la voluntad de Dios en fuerza de esta visión, de cuya objetividad no le cupo la menor duda, sólo se preocupó de deliberar los medios para la ejecución de lo que María acababa de indicarle.

RAIMUNDO DE PEÑAFORT

Ante todo acudió a consultar a persona de tan alta prudencia como Raimundo de Peñafort, canónigo penitenciario, el cual recibió con emoción y sumo interés la noticia que Nolasco le daba y desde aquel día se hizo como cosa suya la Orden, por lo que se le llama justificadamente su segundo fundador. Obtenido tan importante beneplácito, se fue Nolasco a visitar al Rey Jaime 1 el Conquistador, que le recibió con no menor afecto, hasta el punto que inmediatamente dio las órdenes oportunas para el caso. Y el día de San Lorenzo, el Monarca, acompañado de toda su corte y de las autoridades de Barcelona, se encaminó a la Catedral, donde Raimundo subió al púlpito y explicó al pueblo allí congregado el alcance de la ceremonia que se iba a celebrar: la de la fundación de la Orden de la Merced.

IMPOSICION DEL HABITO

El Obispo de la Diócesis, Berenguer de Palou, vistió el hábito y el escapulario de la nueva Orden a Nolasco y otros, aceptando de ellos los tres votos ordinarios y un cuarto voto especial, por el cual se obligaban, no solamente a buscar limosnas para la redención de cautivos, sino también a quedarse prisioneros por el rescate de los otros, cuando fuere necesario. Jaime I en persona acompañó a los investidos a su Palacio, del cual les cedió una parte para que instalasen su primer convento.

No pasó mucho tiempo sin que fuese preciso hacer un convento nuevo: tantos fueron los que solicitaron el ingreso, algunos pertenecientes a la nobleza más ilustre. Entonces se determinó establecerlo junto a la iglesia de Santa Eulalia, cerca del mar, en el sitio en que se sitúan hoy la Basílica de la Merced y la Capitanía General de Cataluña. Ni tampoco tardó Nolasco en tener el consuelo de ver dilatada su familia religiosa con otras Casas, en muchas poblaciones catalanas y aragonesas.

LA PRIMERA EXPEDICION

La primera expedición organizada por el Santo como dirigente de la Orden fue hacia el reino de Valencia, ocupado todavía por los sarracenos. Poniéndose personalmente al frente de la misma y empleando los métodos previstos, liberó a muchos cristianos. A otros tantos, asimismo, en una segunda incursión, en el reino de Granada. Después de las conquistas de Valencia, Mallorca y Murcia por el Rey Don Jaime, ya no hubo problema de redenciones en tales reinos. Hubo sí en ellos fundaciones de conventos mercedarios, por voluntad del mismo Rey, para que sirvieran de focos de irradiación espiritual y de impulso de la redención en la que no ha cesado la Orden: la de las almas. Más adelante pasó Nolasco con algunos de sus frailes a Berbería, donde pudo satisfacer su sed de padecer por Cristo, si ella no hubiera sido insaciable; porque, además de las fatigas que sufrió, fue encerrado en una mazmorra, cargado de cadenas, tratado con crueldad y repetidamente puesto en peligro de muerte. A fuerza de todos estos tormentos y otros sacrificios, pudo llevarse cautivos en número muy considerable.

RENUNCIA A SU CARGO

Poco tiempo más tarde, reunió el Santo a sus religiosos para anunciarles su dimisión del cargo de Padre general y su propósito de vivir el resto de su vida como simple fraile; pero ninguno aceptó la renuncia, y lo más que logró fue que eligiesen un Vicario, en el cual resignó todo lo honorífico, reservándose para sí únicamente el cuidado de distribuir las caridades. Cargado de achaques, no por esto dejó de aumentar sus penitencias. Se tenía por el más insignificante.

Es difícil ser más humilde que lo fue él. Firmaba las cartas «Pedro Nolasco, siervo inútil e indigno», o también: «Pedro Nolasco, desecho del mundo». Y como le dijesen que estos títulos parecían ridículos, respondía que la firma debía expresar lo que somos y que él se calificaba tal como juzgaba ser.

En su última enfermedad sufrió largos y vivos padecimientos, durante los cuales no perdió jamás su habitual dulzura. Sintiendo que se acercaba su hora suprema, reunió a los religiosos de la Casa, recibió los Sacramentos con fervor y se entregó después a la más alta contemplación. Falleció en Nochebuena, con una suavidad inefable, iluminado su rostro por una sonrisa verdaderamente navideña.

Jesús Marti Ballester

 

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