MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Fecha: 09-06-2019

Edición Nº MD 7.577

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DOMINGO DE PENTECOSTES

 

SED DEL ESPÍRITU

“Reciban el Espíritu Santo”. El gran don pascual de Cristo es el Espíritu Santo. Para esto ha venido Cristo al mundo, para esto ha muerto y ha resucitado, para darnos su Espíritu. De esta manera Dios colma insospechadamente sus promesas: “Les daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un Espíritu nuevo” (Ez 36,26). Necesitamos del Espíritu Santo, pues “el Espíritu es el que da la vida, la carne no sirve para nada” (Jn 6,63). El Espíritu Santo no sólo nos da a conocer la voluntad de Dios, sino que nos hace capaces de cumplirla dándonos fuerzas y gracia: “Les infundiré mi Espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que guardéis y cumpláis mis mandatos” (Ez 36,27).

“Sopló sobre ellos”. Para recibir el Espíritu hemos de acercarnos a Cristo, pues es Él – y sólo Él – quien lo comunica. Él mismo había dicho: “El que tenga sed que venga a mí y beba” (Jn 7,37). Es preciso acercarnos a Cristo en la oración, en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, para beber el Espíritu que mana de su costado abierto. Y es preciso acercarnos con sed, con deseo intenso e insaciable. De esta manera, Cristo no nos deja huérfanos (Jn 14,18), pues nos da el Espíritu que es maestro interior (Jn 14,26; 16,13), que consuela y alienta (Jn 14,16; 16,22).

“Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes”. Jesús afirma al inicio de su ministerio que ha sido “ungido por el Espíritu del Señor para anunciar la Buena Noticia a los pobres” (Lc 4,18). Y a los apóstoles les promete: “Recibiréis la fuerza del Espíritu y seréis mis testigos” (Hech 1,8). Jesús nos hace partícipes de la misma misión de anunciar el evangelio que él ha recibido del Padre y lo hace comunicándonos la fuerza del Espíritu Santo. El Espíritu nada tiene que ver con la lentitud, la falta de energías, la pasividad; es impulso que nos hace testigos enviados y apóstoles. (P. Julio Alonso Ampuero, Meditaciones Bíblicas Sobre el Año Litúrgico)

Para ver la Reflexión completa de las 3 lecturas y el salmo de la Liturgia de este domingo pinchar este link: (Enlace): PALABRA DE DIOS

 

 

I.-RITOS INICIALES

ANTÍFONA DE ENTRADA Sab 1, 7

El Espíritu del Señor llena la tierra, y él, mantiene unidas todas las cosas, sabe todo lo que se dice. Aleluya.

ACTO PENITENCIAL

- Tú, resucitaste por la obra del Espíritu Santo. Señor, ten piedad.

- Tú nos enviaste al Espíritu, Señor y dador de vida Cristo, ten piedad.

- Tú nos devolverás la vida gracias al Espíritu, Señor, ten piedad.

SE DICE GLORIA A DIOS

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra suplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que por el misterio de esta fiesta santificas a tu Iglesia extendida entre las naciones, derrama sobre toda la tierra los dones del Espíritu Santo e infunde en el corazón de tus fieles las maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

II.- LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Utilizando dos símbolos, el viento y el fuego, Lucas describe la venida del Espíritu Santo.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles. Hech 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.

Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: “¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: En la celebración del Pentecostés judío, la pequeña comunidad de discípulos toma conciencia de que la Alianza del Sinaí, que ahora se conmemora, ha sido reemplazada por la Nueva Alianza realizada en Cristo y caracterizada por el don del Espíritu y de la libertad, y no ya por una ley grabada en tablas de piedra, sino en el corazón. Si el viejo relato de la torre de Babel, evocaba la humanidad profundamente dividida, Pentecostés reúne a los hombres y les revela las maravillas de Dios. El don que recibimos se transforma ahora en compromiso y solidaridad con el mundo. Ojalá este milagro se realice hoy para todos aquellos que buscan la unidad entre los hombres y creen en el poder del amor.

SALMO

Como el Espíritu de Dios anima la creación entera, el salmo bendice y glorifica al Señor por su obra creadora. Participamos de esta oración, aclamando: Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.

Sal 103, 1. 24. 29-31. 34

R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.

O bien: Aleluya.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡La tierra está llena de tus criaturas! R.

Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra. R.

¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! Que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor. R.

SEGUNDA LECTURA

San Pablo enseña que un mismo Espíritu que se manifiesta en diversidad de dones y actividades, anima un mismo cuerpo, que es la Iglesia.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto. 1Cor 12, 3-7. 12-13

Hermanos: Nadie puede decir: “Jesús es el Señor”, si no está impulsado por el Espíritu Santo. Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.

En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo, judíos y griegos, esclavos y hombres libres, y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

Palabra de Dios

SECUENCIA

La liturgia incluye hoy un himno de súplica y alabanza al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz. Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma, suave alivio de los hombres. Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto. Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles. Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente. Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, sana nuestras heridas. Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos. Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados. Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.

ALELUYA

Aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Aleluya.

EVANGELIO

El Espíritu Santo, dado por Jesús, anima y sostiene la misión que él nos encomendó.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan. Jn 20, 19-23

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo:

“¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: Según el testimonio de Juan, el envío en misión y el don del Espíritu ocurrieron durante la primera aparición del Resucitado a sus apóstoles la noche de Pascua: es decir, lo esencial del misterio de Pentecostés en su plena manifestación. El Pentecostés judío, que evocaba la Alianza del Sinaí, era apropiado para servir de punto de apoyo al primer testimonio autorizado sobre la resurrección. Una nueva Alianza se ha concluido en el Espíritu del Padre y del Hijo.

SE DICE EL CREDO

Creo en Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES

A cada intención, pedimos: Ven, Espíritu Santo. Llena los corazones de tus fieles.

·      Para que nuestra Iglesia Católica y las otras Iglesias cristianas sigan empeñadas en lograr la unidad de los cristianos. Oremos.

·      Para que los gobernantes abran su corazón a las inspiraciones de Dios a favor de la justicia y la paz. Oremos.

·      Para que el don de fortaleza llegue abundantemente a todos los que sufren. Oremos.

·      Para que nuestra comunidad parroquial encuentre en esta celebración un nuevo impulso a su actividad misionera. Oremos.

III.-LITURGIA EUCARISTICA

Presentación de la Ofrendas: Todos hemos recibido abundantes dones de Dios. Por eso, junto al pan y al vino, presentemos al Señor el propósito de hacerlos fructificar a favor de los hermanos.

RITO DE COMUNIÓN

PADRE NUESTRO

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

LA PAZ

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”. No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor y Dios nuestro, concédenos, según la promesa de tu Hijo, que el Espíritu Santo nos revele con más claridad el misterio de este sacrificio y nos manifieste toda su verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO PROPIO (como en la Vigilia)

Por el bautismo y la confirmación todos tenemos el Espíritu Santo. Por eso, unidos al celebrante, alabemos y demos gracias al Padre porque para llevar a su plenitud el misterio pascual envió el Espíritu Santo.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Hech 2, 4. 11

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios. Aleluya.

Comunión: La eucaristía nos da fuerzas para compartir nuestros dones y buscar la unidad guiados por un mismo Espíritu. Con alegría, vayamos a recibir el Pan de Vida.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor Dios, que concedes a tu Iglesia los bienes del cielo, conserva en ella la gracia que le has dado, para que el Espíritu Santo sea siempre nuestra fuerza y está eucaristía nos sirva para la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

III.-RITO DE CONCLUSIÓN

BENDICIÓN SOLEMNE

Dios, Padre y fuente de toda luz, que iluminó los corazones de los discípulos derramando en ellos el Espíritu Santo, los bendiga y les conceda la abundancia de sus dones.

R. Amén.

El fuego admirable que apareció sobre los discípulos purifique los corazones de ustedes de todo mal y los ilumine con su luz.

R. Amén.

El Espíritu, que por la proclamación de una misma fe reunió a los pueblos de diferentes lenguas, los haga perseverar en esa misma fe y llegar, gracias a ella, a la visión que esperan.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

R. Amén.

Finalizado el tiempo de Pascua, se apaga el cirio pascual, que es conveniente colocar en un lugar digno del bautisterio, para que en la celebración del bautismo enciendan en su llama los cirios de los bautizados.

ENVIO

Canto final: Con la plenitud de la alegría pascual y el deseo de renovar el mundo por el amor, nos retiramos, cantando.

REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Reciban el Espíritu Santo”

Jn 20, 19-23

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.    AL ATARDECER DEL PRIMER DÍA DE LA SEMANA

Estas apariciones a los apóstoles son destacadas en el Evangelio de San Juan para relatarnos su particular importancia, estos son hechos excepcionales. La primera aparición, sucede en la “tarde” del mismo día de la resurrección, cuyo nombre de la semana era llamado por los judíos como lo pone aquí San Juan, “el primer día de la semana.”

Los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Suponemos que los once apóstoles están juntos, sin embargo también se puede presumir que posiblemente hubiese con ellos otras personas, pero estas no se citan.

El relato evangélico no precisa el lugar donde sucedieron estos hechos, no obstante creíblemente podría ser en el cenáculo (Hech 1:4.13). Los sucesos de aquellos días, siendo ellos los discípulos del Crucificado, les tenían temerosos. Esa es la razón por la cual se ocultaban y permanecían a puertas cerradas. Temía la intromisión inesperada de sus enemigos.

2.    EL ESTADO “GLORIOSO” EN QUE SE HALLA CRISTO RESUCITADO

Pero la entrega de este detalle tiene también por objeto demostrar el estado “glorioso” en que se halla Cristo resucitado cuando se presenta ante ellos. Es así como inesperadamente, Cristo se apareció en medio de ellos. En el relato de Lucas, se comenta que quedaron “despavoridos,” pues creían ver un “espíritu” o un fantasma.

Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Con ello les dispensó lo que ésta llevaba adjunto (cf. Lc 24:36-43). San Juan omite lo que dice en evangelio de Lucas, sobre que no se turben ni duden de su presencia. Aquí, al punto, como garantía, les muestra “las manos,” que con sus cicatrices les hacían ver que eran las manos días antes perforadas por los clavos, y “el costado,” abierto por la lanza; en ambas heridas, mostradas como títulos e insignias de triunfo, tal así que Tomás podría poner sus dedos.

En el evangelio de Lucas se relata que les muestra “sus manos y pies,” y se omite lo del costado, sin duda porque se omite la escena de Tomás. Ni quiere decir esto que Cristo tenga que conservar estas señales en su cuerpo. Como se mostró a Magdalena seguramente sin ellas, y a los peregrinos de Emaús en aspecto de un caminante, así aquí, por la finalidad apologética que busca, les muestra sus llagas. Todo depende de su voluntad. Esta, como la escena en Lucas, es un relato de reconocimiento: aquí, de identificación del Cristo muerto y resucitado; en Lucas es prueba de realidad corporal, no de un fantasma.

Bien atestiguada su resurrección y su presencia sensible, San Juan transmite esta escena de trascendental alcance teológico.

3.    COMO EL PADRE ME ENVIÓ A MÍ, YO TAMBIÉN LOS ENVÍO A USTEDES.

Jesús anuncia a los apóstoles que ellos van a ser sus “enviados,” como Él lo es del Padre. Es un tema constante en los evangelios. Ellos son los “apóstoles” (Mt 28:19; Jn 17:18, etc.).

Jesucristo tiene todo poder en cielos y tierra y los “envía” ahora con una misión concreta. Los apóstoles son sus enviados con el poder de perdonar los pecados. Para ese tiempo, ese envío era algo insólito. En el Antiguo Testamento, sólo Dios perdonaba los pecados. Por eso, de Cristo, al considerarle sólo hombre, decían los fariseos escandalizados: Este “blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?” (Mc 2:7).

4.    AL DECIRLES ESTO, SOPLÓ SOBRE ELLOS Y AÑADIÓ: “RECIBAN EL ESPÍRITU SANTO”

El Espíritu Santo es el “don” por excelencia, infinito como infinito es Dios; aunque quien cree en Cristo ya lo posee, puede sin embargo recibirlo y poseerlo cada vez más. La donación del Espíritu Santo los Apóstoles en la tarde de la Resurrección demuestra que ese don inefable está estrechamente unido al misterio pascual; es el supremo don de Cristo que, habiendo muerto y resucitado por la redención de los hombres, tiene el derecho y el poder de concedérselo. La bajada del Espíritu en el día de Pentecostés renueva y completamente este don, y se realiza no de una manera íntima y privada, como en la tarde de Pascua, sino en forma solemne, con manifestaciones exteriores y públicas indicando con ello que el don del Espíritu no está reservado a unos pocos privilegiados sino que está destinado a todos los hombres como por todos los hombres murió, resucitó y subió a los cielos Cristo. El misterio pascual culmina por lo tanto no sólo en la Resurrección y en la Ascensión, sino también en el día de Pentecostés que es su acto conclusivo.

5.    “LOS PECADOS SERÁN PERDONADOS A LOS QUE USTEDES SE LOS PERDONEN, Y SERÁN RETENIDOS A LOS QUE USTEDES SE LOS RETENGAN”.

Al decir esto, “sopló” sobre ellos. Es símbolo con el que se comunica la vida que Dios concede (Gen 2:7; Ez 37:9-14; Sab 15:11). Por la penitencia, Dios va a comunicar su perdón, que es el dar a los hombres el “ser hijos de Dios” (Jn 1:12): el poder de perdonar, que es dar vida divina. Precisamente en Génesis, Dios “sopla” sobre Adán el hombre de “arcilla,” y le “inspiró aliento de vida” (Gen 2:7) Por eso, con esta simbólica sopladura explica su sentido, que es el que “reciban el Espíritu Santo.” Dios les comunica su poder y su virtud para una finalidad muy concreta: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

Aquí el regalo del Espíritu Santo a los apóstoles tiene una misión de “perdón.” Los apóstoles se encuentran en adelante investidos del poder de perdonar los pecados. Este poder exige para su ejercicio un juicio. Si han de perdonar o retener todos los pecados, necesitan saber si pueden perdonar o han de retener. Evidentemente es éste el poder sacramental de la confesión.

Por otra parte, para no confundirse, esta no es la promesa del Espíritu Santo que les hace en el evangelio de Juan, en el Sermón de la Cena (Jn 14:16.17.26; 16:7-15), ya que en esos fragmentos se les promete al Espíritu Santo, que se les comunicará en Pentecostés, una finalidad “defensora” de ellos e “iluminadora” y “docente.” En este relato san Juan trata sólo del poder que se confiere del perdón de los pecados. “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

6.    EL ESPÍRITU DEL SEÑOR LLENÓ TODA LA TIERRA, Y ÉL QUE DA UNIDAD A TODAS LAS COSAS, HABLA CON SABIDURÍA. (Sab 1, 7)

Esta realidad, anunciada en el libro de la Sabiduría, se cumplió en toda su plenitud el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles y los que estaban con ellos se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería” (Hech 2, 4).

Pentecostés es el cumplimiento de la promesa de Jesús: Pero yo les digo la verdad: conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; pero si me voy, se los enviaré: (Jn 16,7); es el bautismo anunciado por él antes de subir al cielo: “serán bautizados en el Espíritu Santo” (Hech 1, 5); como también el cumplimiento de sus palabras: “El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí , como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado. (Jn 7, 38-39)  No había sido dado en su plenitud, pero no quiere decir que el Espíritu faltara a los justos. El Evangelio o atestigua de Isabel, de Simeón y de otros más. Jesús lo declaró de sus Apóstoles en la vigilia de su muerte: “ustedes le conocen, porque permanece con ustedes” (Jn 14, 17); y más aún en la tarde del día de Pascua, cuando apareciéndose a los Once en el cenáculo, “sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”

7.    VEN, ESPÍRITU SANTO, LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO DE TU AMOR. ALELUYA.

Pentecostés, no es un hecho que sucedió cincuenta días después de la Pascua para que haya quedado cerrado y cumplido, esto es una realidad vigente y presente, y cada vez estamos más deseosos de poder atenderlo y recibirlo con toda plenitud, agrandemos nuestro corazón para recibirlo efusivamente, como en la secuencia de la liturgia de Pentecostés que incluye hoy un himno de súplica y alabanza al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz. Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma, suave alivio de los hombres. Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto. Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles. Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente. Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, sana nuestras heridas. Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos. Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados. Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Domingo de Pentecostés

 

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

JESÚS ES EL SEÑOR

El domingo de Pentecostés recoge toda la alegría pascual como un haz de luz resplandeciente y la difunde con una impetuosidad incontenible no sólo en los corazones, sino en toda la tierra. El Resucitado se ha convertido en el Señor del universo: todas las cosas tocadas por él quedan como investidas por el fuego, envueltas en su luz, se vuelven incandescentes y transparentes ante la mirada de la fe. Ahora bien, ¿es posible decir que «Jesús es el Señor» sólo con la palabra?

Que Jesús es el Señor sólo puede ser dicho de verdad con la vida, demostrando de manera concreta que él ocupa todos los espacios de nuestra existencia. En él, todas las diferencias se convierten en una expresión de la belleza divina, todas las diferencias forman la armonía de la unidad en el amor. Hemos sido reunidos conjuntamente «para formar un solo cuerpo» y, al mismo tiempo, tenemos dones diferentes, diferentes carismas, cada uno tiene su propio rostro de santidad. El amor, antes que reducirlo, incrementa todo lo que hay de bueno en nosotros y nos hace a los unos don para los otros. Sin embargo, no podemos vivir en el Espíritu si no tenemos paz en el corazón y si no nos convertimos en instrumentos de paz entre nuestros hermanos, testigos de la esperanza, custodios de la verdadera alegría.

 

ORACION (3)

 

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetras las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que en fuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Ven, Espíritu enviado por el Padre, en nombre de Jesús, el Hijo amado: haz una y santa a la Iglesia para las nupcias eternas del Cielo.

SANTORAL (4)

 

EL ESPÍRITU SANTO

DONES DEL ESPÍRITU SANTO

   1. Sabiduría.

   2. Entendimiento.

   3. Consejo.

   4. Fortaleza.

   5. Ciencia.

   6. Piedad.

   7. Temor de Dios.

Don de Sabiduría, es concedido por el Espíritu Santo que nos permite apreciar lo que vemos, lo que presentimos de la obra divina.

Don de entendimiento, es el del Espíritu Santo que nos lleva al camino de la contemplación, camino para acercarse a Dios.

Don de consejo, saber decidir con acierto, aconsejar a los otros fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios.

Don de Fortaleza, es el don que el Espíritu Santo concede al fiel, ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural.

Don de Ciencia, Es el don del Espíritu Santo que nos permite acceder al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe del bautismo.

Don de Piedad, el corazón del cristiano no debe ser ni frío ni indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el don de la piedad, que el Espíritu Santo derrama en las almas.

Don de Temor de Dios, es el don que nos salva del orgullo, sabiendo que lo debemos todo a la misericordia divina.

 

LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

   1. Caridad.

   2. Gozo.

   3. Paz.

   4. Paciencia.

   5. Longanimidad.

   6. Bondad.

   7. Benignidad.

   8. Mansedumbre.

   9. Fe.

  10. Modestia.

  11. Continencia.

  12. Castidad.

 

FALTAS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

   1. Desesperar de la misericordia de Dios.

   2. Presunción de salvarse sin ningún mérito.

   3. La impugnación de la verdad conocida.

   4. La envidia de los bienes espirituales del prójimo.

   5. La obstinación en el pecado.

   6. La impenitencia final.

 

EL ESPÍRITU SANTO, EL DON DE DIOS

"Dios es Amor" (Jn 4,8-16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". (Rom 5,5).

Puesto que hemos muerto, o al menos, hemos sido heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo, "La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros." 2 Co 13,13; es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado.

El nos da entonces las "arras" o las "primicias" de nuestra herencia. "y no sólo ella, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos suspirando por la adopción, por la redención de nuestro cuerpo". Rom 8,23; "nos ha sellado y ha depositado las arras del Espíritu en nuestros corazones." II Co 1,22. Uno de los atractivos de Hollywood es el de ver a una estrella de cine en la vida real. La gente está dispuesta a aguardar durante horas cerca de los clubes y restaurantes adonde suelen acudir las celebridades, ante la posibilidad de que alguien famoso pueda pasar por allí. Si su paciencia es recompensada, pueden estar seguros de que durante meses los amigos les harán preguntas; y durante meses, el afortunado oteador de celebridades estará encantado de contar y volver a contar su relato.

Los lugares cambian, pero no la naturaleza humana. Muchos de los detalles que conocemos de Santo Domingo provienen de la Beata Cecilia Caesarini, priora del convento dominico de San Sixto. Incluso cuando contaba ya casi noventa años de edad, podía relatar detalles precisos de su apariencia física, así como de su afable amabilidad con las monjas que se hallaban bajo su dirección.

Aunque podamos creer que los relatos testificales se limitan a las celebridades y los sucesos noticiables, todos somos llamados a ser testigos; testigos de la verdad.

Cuando hemos tenido un encuentro espiritual, sea una respuesta inmediata e innegable a una oración o un momento trascendente de gracia, nos mostramos a veces reticentes a charlar sobre ello. Tememos que se rían de nosotros, o lo que es peor no parezca tan milagrosa una vez sometida al escrutinio. Tales momentos, sin embargo, no nos son dados para acumularlos. Nos son dados de manera que podamos compartir la experiencia con los demás y ayudarles a entender que el mundo entero se halla infundido del favor divino.

FUENTES DE LA PAGINA

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La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

 

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