Misa Diaria

MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT

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LITURGIA DE LA HORAS

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09-12-2016

Edición Nº MD 4.694

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San Juan Diego de America (MO). Blanco

II SEMANA DE ADVIENTO

 

San Juan Diego de América

Nació en Tlayácac, en 1474, a unos 20 kms. de la ciudad de México. Su familia era de la clase baja del pueblo azteca. Se casó con una azteca, y no tuvieron hijos, por lo cual adoptaron a un niño. A los 52 años, junto con su mujer y su tío Juan Bernardino, fue bautizado, tomando el nombre de Juan Diego, y su esposa el de María Lucía. Fue uno de los primeros convertidos al cristianismo por los misioneros franciscanos españoles. Trabajaba el campo y tejía mantas. A la muerte de su esposa, en 1529, se fue a vivir con su tío Juan Bernardino. Juan Diego se distinguía por su sencillez y humildad. Tenía gran avidez de instruirse en la fe cristiana, y la vivía hasta el heroísmo. La madrugada del sábado 9 de diciembre del 1531, iba hacia la ciudad pasando al pie del cerro Tépeyac, donde se veneraba una deidad pagana. De repente escuchó un canto suave y encantador, y luego oyó que lo llamaban por su nombre. Era la Virgen María, que le manifestó su vivo deseo: “Mucho deseo que en este lugar me levanten un templo en el que daré a las gentes todo mi amor”. Así empezaron las apariciones de la Virgen en Guadalupe, que dieron un gran impulso a la evangelización de aquellas tierras. Juan Diego murió a los 74 años, el 12 de junio de 1548 y fue sepultado, junto con su tío Juan Bernadino, en la primera ermita dedicada a la Virgen de Guadalupe, donde había vivido desde su construcción sirviendo a la Virgen, a la que llamaba con ternura “la más pequeña de mis hijas”. Juan Pablo II lo canonizó en su quinto viaje a México, el 31 de julio del 2002. Es el primer indio canonizado.

ANTÍFONA DE ENTRADA Cf. Sal 20, 2-3

Señor, el justo se regocija por tu fuerza, y cuánto se alegra por tu victoria. Tú has colmado los deseos de su corazón.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que manifestaste el amor de la santísima Virgen María hacia tu pueblo por medio de san Juan Diego, concédenos por su intercesión que, dóciles al mensaje de nuestra Madre de Guadalupe, nos esforcemos en cumplir siempre tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Is 48, 17-19

Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor, tú redentor, el Santo de Israel: Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye para tu provecho, el que te guía por el camino que debes seguir. ¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos, tu prosperidad sería como un río, y tu justicia, como las olas del mar! Como la arena sería tu descendencia; como los granos de arena, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido extirpado ni borrado de mi presencia.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: El profeta concibe la paz como el resultado del cumplimiento de los mandatos del Señor. No se trata de un premio de Dios por haber cumplido, sino de una consecuencia. Aquello que Dios nos pide es en beneficio de todos. Seguir al Señor es cuidar, también, del bien del pueblo.

SALMO Sal 1,1-4.6

R. ¡El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la Vida!

¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.

Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.

No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. R.

ALELUYA

Aleluya. El Señor vendrá, salgan a su encuentro; Él es el príncipe de la paz. Aleluya.

EVANGELIO Mt 11, 16-19

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a la multitud: ¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: “Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!”. Porque llegó Juan el Bautista, que no come ni bebe, y ustedes dicen: “¡Está endemoniado!”. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: Jesús reconoce que a los hombres “nada les viene bien”. Es que siempre esperamos de Dios aquello que “nos conviene” o que “nos gusta”. Jesús no entra en ninguna de las expectativas de los hombres. Es un hombre religioso, pero libre; denuncia los pecados de los poderosos, pero no propone ningún sistema político; está con los pobres y no organizó una revuelta social. Es necesario encontrarse con Jesús para que él se nos revele en lugar de encasillarlo en nuestras pretensiones.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, Señor, que por esta ofrenda presentada en la conmemoración de san Juan Diego, nos concedas los dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cf. Mt 16, 24

Dice el Señor: el que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te rogamos, Padre, que los sacramentos recibidos en la conmemoración de san Juan Diego santifique nuestro corazón y nuestra mente, de manera que podamos participar de la naturaleza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras”

Mt 11, 16-19

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.    ¿CON QUIÉN PUEDO COMPARAR A ESTA GENERACIÓN?

Jesús sabe que no es fácil dejar a todos contentos, la soberbia y el egoísmo como la falta de caridad, no le permite a la gente mirar con buena fe la actitud de quienes están buscando la salvación de los hombres. Entonces Jesús se molesta y dice: ¿Con quién puedo comparar a esta generación?

Jesús se ha dado cuenta de los caprichosos y antojadizo que son. Los inconformistas de siempre. Si se les da poco reclaman, si se les da mucho, también, entonces les dice una sencilla parábola, Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: “¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!”. En otras palabras, le traemos alegría, y ustedes no la quisieron gozar, le hemos mostrado las penas y han sido indiferentes. ¿Bueno, que quieren?

2.    NO VIVAMOS QUEJÁNDONOS DE TODO.

Cuando se nos ofrezca algo que solo busca nuestro beneficio, no lo miremos con mala voluntad, cuando se nos invite a oír una predicación, sepamos identificar el mensaje, no nos quedemos en que fue poco o fue muy largo y nos aburrimos. No vivamos quejándonos de todo. Sepamos mirar los gestos de buena voluntad y no hagamos crítica por todo.

3.    PORQUE MAL INTERPRETAMOS LAS ACCIONES DE BUENA FE.

Nos dice Jesús; Porque llegó Juan el Bautista, que no come ni bebe, y ustedes dicen: “¡Está endemoniado!”. Esto es, Juan tuvo una vida dura y no le hicieron caso y no creyeron que obraba de buena fe, al contrario lo tuvieron como loco y endemoniado, todo por llevar una vida austera. Hoy sucede lo mismo, si alguien quiere llevar una vida apartada de lo mundano, de lo vanidoso, de lo frívolo, de lo ligero y superficial, es una persona extraña.

Si estamos actuando como aquellos que son cuestionados en este fragmento del Evangelio, significa que hay malicia en nuestro corazón, porque mal interpretamos las acciones de buena fe.

4.    “ES UN GLOTÓN Y UN BORRACHO, AMIGO DE PUBLICANOS Y PECADORES”.

Luego Jesús no dice; Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Esto es, para colmo, juzgan y critican su mensaje, y les parece mal que coma con los pecadores, no entendiendo que son ellos los que más necesitan de las enseñanzas del Señor.

Jesús nos está mostrando como nuestros caprichos, no lleva a juzgar las acciones de nuestro prójimo, viendo el mal en los demás no porque este mal, sino porque nuestra vista está incapacitada para ver el bien, como si los ojos estuvieran manchado y corruptos por la suciedad de nuestro corazón.

Juan Bautista, fue un hombre extraordinario, fue fiel al cumplimiento de su misión, sin embargo fue criticado por su vida austera y Jesús, por llevar una vida ordinaria, por compartir con los pecadores, también fue cuestionado. Jesús se ganó la simpatía de los publicanos y pecadores, y nunca los evitaba ni los rechazaba, justamente porque vino al mundo para buscarlos y salvarlos.

5.    PERO LA SABIDURÍA HA QUEDADO JUSTIFICADA POR SUS OBRAS

Finalmente este Evangelio nos dice; Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras. Sabiduría es el sabor que nos da el probar las enseñanzas de Dios. Cristo, es fuerza y sabiduría de Dios, él es la sabiduría por naturaleza. Esta sabiduría ha sido transmitida a los apóstoles. Los apóstoles, siguieron con fidelidad el cumplimiento de su misión, de enseñar y hacer efectivo los pasos para la construcción del Reino, transmitiéndolo a pesar de todas las dificultades con las cuales se encontraron.

Ahora la tarea es nuestra, e igual como en aquel tiempo, nos vamos a encontrar con los críticos e inconformistas de siempre, con el corazón cerrado a comprender lo que viene del bien, pero no nos debe esto abatir, es decir debemos pasar por sobre las dificultades, los haremos con la fuerza y sabiduría que viene del Señor.

El Señor les Bendiga

     Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

RECONOCER LA HORA DE DIOS, EL TIEMPO OPORTUNO, ES UN SIGNO DE SABIDURÍA (cf. Ecl 3,lss).

Como a los contemporáneos de Jesús, también a mí me invita la figura de Juan a hacer sinceras obras de penitencia. Reconocer la hora de Dios es para mí, ante todo, renunciar a atrincherarme en mis diversas excusas, que enmascaran mi desinterés y mi resistencia a la invitación a la conversión que la Palabra de Dios incesantemente me dirige. Las reiteradas admoniciones proféticas me exhortan a caminar por la justicia y por la fe operativa y sincera.

Pero la hora de Dios no es sólo la de la penitencia y cambio de vida, es también la del gozo que nos trae el evangelio de Jesús. El gozo evangélico nacerá en mí al reconocer que él no se avergonzó de ser llamado «amigo de publicanos y pecadores». El perdón que me anuncia no se reduce a una mera palabra o una noticia genérica de Dios en mis confrontaciones, sino que es acontecimiento desconcertante de venir a celebrar una fiesta conmigo que soy pecador. No se trata de una fiesta que puedo dejar para mañana (como quisieran los niños caprichosos de la parábola evangélica); ¡para mí es hoy!

ORACIÓN (3)

 

Señor, tu Palabra me hace hoy pensar y reflexionar sobre mí mismo. Sé que hay un tiempo para cada cosa bajo el sol: tiempo de llorar y tiempo de bailar. Pero descubro que, con frecuencia, soy poco sabio, distraído e incapaz de reconocer tú hora en mi vida. Querría hacer todo a mi estilo, decidir los tiempos a mi gusto, y por desgracia me debo reconocer entre los niños caprichosos que no han entrado en el juego. Temo llegar a ser yo también víctima de una terca obstinación que me impida juzgar rectamente.

Te ruego, pues, que no dejes de dirigir tu Palabra a mi corazón obstinado y duro, así podré comprender tu designio sobre mí y lograr la verdadera sabiduría. Repréndeme, incluso con dureza, cuando quieras que escuche los llamamientos del Bautista a la penitencia y a la conversión. Ayúdame a saber reconocer que éste es el tiempo de tu gracia, porque eres: “El Señor mi Dios que me enseña para mi bien y me guía por el camino que debo seguir”.

SANTORAL

 

SAN JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN

(1474-1548)

“su confianza en Dios y en la Virgen;

su caridad, su coherencia moral,

su desprendimiento y su pobreza evangélica.

Llevando una vida de eremita, aquí, cerca deL

Tepeyac, fue ejemplo de humildad.”

Juan Pablo II,  6 de mayo de 1990

Su Historia

San Juan Diego, que en 1990 Vuestra Santidad llamó «el confidente de la dulce Señora del Tepeyac» (L'Osservatore Romano, 7-8 maggio 1990, p. 5), según una tradición bien documentada nació en 1474 en Cuauhtitlán, entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia de los chichimecas.Se llamaba Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba «Águila que habla», o «El que habla con un águila».

Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los PP. Franciscanos llegados a México en 1524, recibió el bautismo junto con su esposa María Lucía. Celebrado el matrimonio cristiano, vivió castamente hasta la muerte de su esposa, fallecida en 1529. Hombre de fe, fue coherente con sus obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión con Dios mediante la eucaristía y el estudio del catecismo.

El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición de María Santísima, que se le presentó como «la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios». La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al Obispo capitalino el franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Y como el Obispo no aceptase la idea, la Virgen le pidió que insistiese. Al día siguiente, domingo, Juan Diego volvió a encontrar al Prelado, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio.

El 12 de diciembre, martes, mientras el Juan Diego se dirigía de nuevo a la Ciudad, la Virgen se le volvió a presentar y le consoló, invitándole a subir hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas. Una vez recogidas las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al Sr. Obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo el Beato abrió su «tilma» y dejó caer las flores, mientras en el tejido apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México.

Juan Diego, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, dejó los suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del Obispo, pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del Cielo». Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en este grandioso templo, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe.

En espíritu de pobreza y de vida humilde Juan Diego recorrió el camino de la santidad, dedicando mucho de su tiempo a la oración, a la contemplación y a la penitencia. Dócil a la autoridad eclesiástica, tres veces por semana recibía la Santísima Eucaristía.

En la homilía que Vuestra Santidad pronunció el 6 de mayo de 1990 en este Santuario, indicó cómo «las noticias que de él nos han llegado elogian sus virtudes cristianas: su fe simple [...], su confianza en Dios y en la Virgen; su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y su pobreza evangélica. Llevando una vida de eremita, aquí cerca de Tepeyac, fue ejemplo de humildad» (Ibídem).

Juan Diego, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima entre sus contemporáneos que éstos acostumbraban decir a sus hijos: «Que Dios os haga como Juan Diego».

Circundado de una sólida fama de santidad, murió en 1548.

Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de Guadalupe, ha atravesado los siglos, alcanzando la entera América, Europa y Asia.

En abril de 1990, en una solemne ceremonia en la Basílica de Guadalupe en México, el Santo Padre Juan Pablo II le declaró Beato, ante Vuestra Santidad fue promulgado en Roma el decreto «de vitae sanctitate et de cultu ab immemorabili tempore Servo Dei Ioanni Didaco praestito».

El 6 de mayo sucesivo, en esta Basílica, Vuestra Santidad presidió la solemne celebración en honor de Juan Diego, decorado con el título de Beato.

Precisamente en aquellos días, en esta misma arquidiócesis de Ciudad de México, tuvo lugar un milagro por intercesión de Juan Diego. Con él se abrió la puerta que ha conducido a la actual celebración, que el pueblo mexicano y toda la Iglesia viven en la alegría y la gratitud al Señor y a María por haber puesto en nuestro camino al Beato Juan Diego, que según las palabras de Vuestra Santidad, «representa todos los indígenas que reconocieron el evangelio de Jesús» (Ibídem).

Beatísimo Padre, la canonización de Juan Diego es un don extraordinario no sólo para la Iglesia en México, sino para todo el Pueblo de Dios.

 Juan Pablo II proclamó públicamente la santidad de Juan Diego en una Solemne Misa de Canonización en la Basílica de la Virgen de la Guadalupe en México el 31 de julio, 2002. Su fiesta la fijó el mismo Santo Padre el 9 de diciembre porque ése "fue el día en que vió el Paraíso" (día de la primera aparición).

 

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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