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MISA DE NATIVIDAD DEL SEÑOR ANTÍFONA
DE ENTRADA Un niño nos
ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus
hombros y se llamará Angel del Gran Consejo. Se dice
«Gloria». ORACIÓN
COLECTA Oremos:
Dios nuestro, que de modo admirable creaste al hombre a tu imagen y
semejanza, y de modo más admirable lo elevaste con el nacimiento de tu Hijo,
concédenos participar de la vida divina de aquél que ha querido participar de
nuestra humanidad. Por
nuestro Señor Jesucristo… Amén. PRIMERA
LECTURA La tierra
entera verá la salvación que viene de nuestro Dios Lectura
del libro del profeta Isaías 52, 7-10 ¡Qué
hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la paz, al
mensajero que trae la buena nueva, que pregona la salvación, que dice a Sión:
«Tu Dios es rey» Escucha:
Tus centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque ven con
sus propios ojos al Señor que retorna a Sión. Porrumpan
en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor rescata a su
pueblo, consuela a Jerusalén.
Descubre el Señor su santo brazo a la vista de todas las naciones. Verá la
tierra entera la salvación que viene de nuestro Dios. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. SALMO
RESPONSORIAL Del salmo
97 Toda la tierra ha visto al Salvador. Cantemos
al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo
brazo le han dado la victoria. Toda la tierra ha visto al Salvador. El Señor
hadado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una
vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel. Toda la tierra ha visto al Salvador. La tierra
entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y
naciones aclamen con júbilo al Señor. Toda la tierra ha visto al Salvador. SEGUNDA
LECTURA Dios nos
ha hablado por medio de tu Hijo Lectura
de la carta a los Hebreos 1, 1-6 En
distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros
padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por
medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio
del cual se hizo el universo. El Hijo
es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén
de todas las cosas con su palabra poderosa. El mismo, después de efectuar la
purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad de Dios, en
las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más excelso es el
nombre que, como herencia, le corresponde. Porque,
¿a cuál de los ángeles le dijo Dios: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado
hoy?” ¿O de qué ángel dijo Dios: “Yo seré para él un Padre y él será para mí
un Hijo?” Además, en otro pasaje, cuando introduce en el mundo a su
primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Aclamación
antes del Evangelio Aleluya,
aleluya. Un día
sagrado ha brillado para nosotros. Vengan naciones, y adoren al Señor, porque
hoy ha descendido una gran luz sobre la tierra. Aleluya. EVANGELIO † Lectura
del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18 Gloria a
ti, Señor. En el
principio ya existía Aquél que es Hubo un
hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para
dar testimonio de la
luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo
de la luz. Aquél que
es Vino a
los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre,
los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, sino que
nacieron de Dios. Y Aquél
que es Juan el
Bautista dio testimonio de él, clamando: «A éste
me refería cuando dije: “El que viene después de mí, tiene precedencia sobre
mí, porque ya existía antes que yo”». De su
plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.
Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la
verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo
Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado. Palabra del Señor. Gloria a
ti, Señor Jesús. Se dice
«Credo». ORACIÓN
DE LOS FIELES Celebrante: Oremos,
hermanos y hermanas, al Señor que, siendo rico, se ha hecho pobre para
enriquecernos con su pobreza: A cada
petición respondemos: Ven, Señor, ven,
Salvador. Por la
santa Iglesia, para que todos sus fieles vivan con alegría y anuncien con
valentía el misterio del Hijo de Dios, único Señor y Salvador de toda la
humanidad, roguemos al Señor. Ven, Señor, ven, Salvador. Para que
los que buscan la verdad descubran el Evangelio y acojan con alegría la buena
nueva del nacimiento del Salvador, roguemos al Señor. Ven, Señor, ven, Salvador. Por los
que en estos días de Navidad lloran la ausencia de los seres queridos, para
que no pierdan la esperanza de reencontrarlos en el Reino de Dios, roguemos
al Señor. Ven, Señor, ven, Salvador. Por los
que en otros años celebraban con nosotros las fiestas de Navidad y han dejado
ya este mundo, para que contemplen en el reino eterno la faz gloriosa de
Cristo, el Señor, roguemos al Señor. Ven,
Señor, ven, Salvador. Celebrante:
Muestra, Señor, tu bondad al pueblo que te implora, y haz que los que
celebramos con gozo el nacimiento de tu Hijo consigamos los bienes que te
hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS Acepta,
Señor, en la solemnidad de Por
Jesucristo, nuestro Señor. Amén. PREFACIO
Restauración
universal en El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario. En verdad
es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y
en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo,
Señor nuestro. Porque en
el misterio santo que hoy celebramos, Cristo, el Señor, sin dejar la gloria
del Padre, se hace presente entre nosotros de un modo nuevo: el que era
invisible en su naturaleza, se hace visible al adoptar la nuestra; el eterno,
engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir en sí
todo lo creado, para reconstruir lo que estaba caído y restaurar de este modo
el universo, para llamar de nuevo al Reino de los cielos a la humanidad
sumergida en el pecado. Por eso,
unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría: Santo, santo, santo… ANTÍFONA
DE Sobre
toda la superficie de la tierra se ha contemplado la salvación que viene de
nuestro Dios. ORACIÓN
DESPUÉS DE Oremos:
Concédenos, Dios misericordioso, que el salvador del mundo, que hoy nos ha
nacido para comunicarnos su vida divina, nos dé también el don de su
inmortalidad. El cual
vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. |
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HOMILIA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR RADIOMENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN XXIII CON OCASIÓN DE LA
NAVIDAD DE 1961 |
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NATIVIDAD DEL SEÑOR Venerables
Hermanos, amados hijos: Natividad
del Señor, fiesta de paz. Pueden rebuscarse otras resonancias del gran
misterio para expresar la plenitud de la gracia, que en estos días alegra a
todo el que cree en Jesucristo: ya no se sale de aquel tema. Este es
el anuncio de Belén: gloria de Dios, paz verdadera e invitación a que la
voluntad humana corresponda a don tan grande. Gloria in altissimis Deo: pax
hominibus: bonae voluntatis (1). I. El
tema dominante de los Radiomensajes navideños La
literatura secular de todos los países, por donde pasó la luz de Cristo, no
se extiende más allá de esta triple manifestación, que se abre a los hombres
con la venida del Hijo de Dios a la tierra. 2. Ved
que por cuarta vez, en Navidad, el humilde hijo del pueblo, llamado a la
cumbre del sacerdocio y del gobierno de En los
años precedentes, Nos complacimos en ofrecer a la humanidad entera la paz de
Belén en una triple refracción. Siempre
la paz de Cristo, pero esplendente en sus más nobles manifestaciones: paz y
justicia, paz y unidad, paz y verdad. a)
Triple refracción. 3. En la
triple refracción palpita el recuerdo de los principales y más preciosos
bienes de la humanidad. Para recoger el auspicio, y repetir la felicitación
que los hombres se entrecambian en estos días, nada más expresivo que esta
múltiple efusión de riquezas que el Verbo de Dios, haciéndose Hombre, trajo a
la tierra para redención y exaltación universal. Amados
hijos: Bien sabéis que intérpretes fidelísimos de la enseñanza siempre
antigua y siempre nueva de las comunicaciones celestiales son reconocidos los
Padres de b) Voces
concordes de los siglos. 4. Una
de éstas, que Nos es familiar desde la juventud, es la de San León Magno,
que, en este año, de nuevo despierta acentos de nuevo fervor. De San León
Magno hemos celebrado, con la reciente encíclica Aeterna Dei, el XV
centenario de su muerte. En las faustas circunstancias del pasado noviembre,
¡cuán agradable Nos fue tomar inspiración para Nuestras palabras de este gran
Doctor! También hoy, de sus sermones navideños -que mantienen intacta la
vivacidad de un estilo tan personal- Nos place hacer que se alce la atención
de vuestros ojos hacia Generatio...
Christi origo est populi christiani, et natalis capitis natalis est corporis.
Grandes palabras, queridos hijos: "La generación de Cristo es el
comienzo del pueblo cristiano; el nacimiento de c)
Particular acentuación de este año. 5. Mas
¿qué podemos encontrar más conforme a la dignidad de la fiesta de hoy sino la
paz, que precisamente en La paz
de los hombres buenos y rectos -os diremos, parafraseando el pensamiento de
San León- de lo alto viene y eleva hacia lo alto, no quiere confundirse con
las fáciles inclinaciones de los amadores del mundo. Ella resiste a todos los
obstáculos, y de las peligrosas deleitaciones empuja al hombre hacia las
verdaderas alegrías... Fundidos, como nos sentimos, en una sola voluntad y en
una sola convicción, y concordes en la fe, en la esperanza y en el amor,
puede ella traernos el Espíritu de la paz" (3). d)
Auspicio y augurio. 6.
Elevaciones encantadoras, éstas de San León. Contienen
detalles precisos de doctrina y de vida práctica. De
hecho, ahí está todo: Iglesia santa, en todos sus órdenes de fieles, sacerdocio
integérrimo, pontificado supremo en función de instrumento querido por Dios
para la unión de los pueblos, y unión de los pueblos encaminada a la
exaltación verdadera y duradera de la civilización. Sí: todo cuanto Nos ha
tocado señalar como augurio navideño, en estos tres años de nuestro encuentro
de Belén, todo está ahí. ¿Os acordáis? Ante todo, conocimiento de la verdad,
pax et veritas, que lleva a la adoración del Hijo de Dios, hecho hombre por
nosotros, y a la aceptación de su mensaje: pax et veritas, que refuerza los
nobles sentimientos, y mantiene los justos propósitos para conocer la verdad
y servirla. Pax et unitas, apremiante invitación a la fidelidad en torno a
esta Cátedra Apostólica, que es centro de unidad. Luego, pax et iustitia, en
esta visión de la realidad única de ¿No
creéis que a esta triple iluminación de paz: in veritate, in unitate, in
iustitia, podemos Nos añadir, para esta Navidad, un cuarto rayo: esto es, la
bondad, la pax Christi in bonitate, para nuestra mayor y más intensa
edificación espiritual? ¡Oh!
Cuán bien resultan, y en perfecta irradiación, nuestras elevaciones hacia el
reino glorioso de Cristo en la expresión de la santa Liturgia: Rex pacificus magnificatus
est, cuius vultum desiderat universa terra. Rex pacificus super omnes reges
universae terrae (4). II.
Regnum Christi: bonitas Pax
Christi in bonitate, por lo tanto. La
primera visión que nos viene y se nos presenta es la de El, que desde la cuna
de Belén nos invita, anticipando los encuentros de cuando se habrá hecho
adulto, y será respetado y aclamado como Rabbi, el Divino Maestro, entre las
turbas conmovidas y les dirá: Discite a me quia mitis sum et humilis corde
(5). Esta voz
desde la cuna es la irradiación de la bonitas de
Jesús, de la que él es substancia viva, fuente divina y cuya gracia es
magisterio universal para todo el mundo. a)
Desconcertante visión. 7. Mas
este magisterio envuelto en humildad y en dulzura, abierto a la alegría de paz
universal, de hecho en el correr de los siglos permanece como señal de
discordia y de obstinada dureza en las relaciones de los hombres entre sí. Observando
los acontecimientos que más vecinos nos están, diríase que en nuestra época
la angustia y el miedo determinan una fiebre y un ardor de mutua
indisposición, tal vez inconsciente en muchos, pero siempre advertida en las
relaciones recíprocas: lo cual lleva a una continua perturbación en las
relaciones domésticas y sociales, nacionales e internacionales. Tal
comprobación es mucho más dolorosa cuando se piensa que el Creador en el plan
de su providencia ha predispuesto a los hombres para entenderse, para
ayudarse, para integrarse los unos con los otros: en la fraternal
colaboración de programas, en el paciente arreglo de las diferencias, en la
equitativa distribución de los bienes terrenales: iustitia duce, caritate
comite, según caridad y justicia (6). ¡Oh,
cuán claras son, a este propósito, las palabras de los Profetas y de los
Salmos, cuando inculcan en nombre de Dios la bondad y el amor! Mirad, dice
Isaías: "Rompe las cadenas injustas, despacha libres a los oprimidos,
rompe todo peso. Reparte tu pan con el hambriento, acoge en tu casa a los
pobres y perdidos; viste al que vieres desnudo, no desprecies a quien es tu
propia carne... Y el Señor te dará siempre descanso y llenará de esplendores
tu alma" (7). b)
Espíritu de contradicción. 8. Si
consideramos el conjunto de las mutuas relaciones tanto dentro de las
naciones como en los encuentros internacionales, podemos advertir cuán lejos
se está aún de la enseñanza divina, que brilla en los siglos del Antiguo
Testamento, y resplandece con luz perfecta en la plenitud de los tiempos, con
la venida del Divino Maestro. Allí, todo es una invitación a la paz, porque
es proclamada la bienaventuranza de la paz; aquí, por lo contrario, por
debajo de hermosas palabras (aunque a lo menos se salva la forma, lo cual no
siempre se cumple) es muy frecuente el espíritu de contradicción a la paz. Es el
orgullo del poderoso que oprime; es la avaricia del que acumula, cerrando sus
entrañas a las necesidades de sus hermanos (8); es la insensibilidad del que
goza, ignorando el vasto genio del sufrimiento, que hay por el mundo; es el
egoísmo del que piensa exclusivamente en sí mismo. Y es que
siempre falta la bonitas Christi. La cual, ante todo, debe aplicar el
antídoto a este espíritu de contradicción y de dureza, una preparación a la
más pacífica valoración de las cosas. c)
Celestial remedio. 9. En Nuestra
encíclica Mater et Magistra hemos querido subrayar que "cuando se está
animado por la caridad de Cristo, uno se siente entonces unido a los otros y
se sienten como propias las necesidades, los sufrimientos y las alegrías de
los demás. Y en consecuencia, la conducta de cada uno... -decíamos- no puede
menos de resultar más desinteresada, más vigorosa, más humana, porque la
caridad es magnánima, es servicial..., no busca su interés..., no se goza con
la injusticia, antes se alegra con la verdad, todo lo espera y soporta
todo" (9). Por esto
precisamente, la súplica de paz que en este año se eleva desde la cuna de
Belén, quiere ser invocación de bondad, valoración de la verdadera
fraternidad, propósito de sincera cooperación, que rehuya toda intriga, y todos
aquellos elementos disolventes, que Nos -lo repetimos- llamamos por su
nombre, sin eufemismo alguno: orgullo, avaricia, insensibilidad, egoísmo. La
invitación quiere ser tanto más apremiante, cuanto que la recíproca
desconfianza es causa del creciente malestar: Pensad: aun el solo estado de
temor, de que son presa las almas, efecto de los esfuerzos de ostentada
violencia y de enemistad fomentada, da origen al general enfriamiento, y lo
extiende cada vez más. En tal condición es natural pensar en la solemne y
grave palabra de Cristo: como profecía y como amenaza. Refrigescet caritas
multorum: "por superabundar la iniquidad, se enfriará la caridad de
muchos" (10). El hombre ya no es para el hombre su buen hermano,
misericordioso y amable; antes, se ha convertido en un extraño, calculador,
sospechoso, egoísta. De donde
la necesidad de proclamar el único remedio, acoger a Jesús de Belén, Cordero
de Dios, que ha venido a quitar el pecado del mundo (11); recurrir a su
gracia, practicando su doctrina de misericordia. d)
Irradiación de la bondad. 10. ¡Oh!
bendita Navidad: encuentro de las almas sencillas, invitación a purificarse
interiormente, porque "ha aparecido la benignidad y la amabilidad de
Dios nuestro Salvador" (12). Triste
es deplorar el mal; pero no basta su lamento para eliminarlo. Es el bien lo
que debemos querer, cumplir y exaltar. Es la bondad la que debe ser
proclamada a la faz del mundo, para que se irradie alrededor, y penetre en
todas las formas de la vida individual y social. Bueno
debe ser el individuo: bueno, siendo espejo de conciencia pura, donde no
entre la doblez, el cálculo, la dureza de corazón.
Bueno, como entregado a un empeño continuo de purificación interior y de
verdadera perfección; bueno, como fiel a una inmutable firmeza de propósito,
al que corresponda todo pensamiento y toda acción. Buena la
familia: en la cual el recíproco amor palpite en el ejercicio de toda virtud.
La bondad dulcifica y refuerza la autoridad paterna, y se difunde por la
delicadeza materna: ella también moldea, además, la obediencia de los hijos,
modera su exuberancia, inspira los obligados sacrificios. Y es
también la bondad la que debe regir toda expresión de la vida, fuera del
ámbito estrictamente doméstico, pero unida a él: ved, pues, las distintas
aplicaciones, que se le abren, en la escuela de diversos grados, en las
varias instituciones de la vida cívica, para la ordenada convivencia de los
ciudadanos en la tranquilidad, en el respeto, en la concordia. Todas las
relaciones de los órdenes sociales deben presentar expresión de la bondad,
que también San León Magno recomienda con los más vivos trazos: "Cumplir
injusticia, y devolverla -dice él- es prudencia de este mundo; mientras no
hacer a nadie mal por mal es inocente expresión de cristiana indulgencia... Se
ame, pues, la humildad, y manténganse los fieles lejos de toda arrogancia.
Que cada uno anteponga su hermano a sí mismo, y nadie busque su propio
interés, sino el de los demás para que, cuando en todos abunde el afecto de
la benevolencia, en ninguno se encuentre el veneno de la enemistad"
(13). Buena
debe ser también la humanidad. Estas voces que resuenan desde el fondo de los
siglos para amaestrarnos aún hoy con modernos acentos, recuerdan a los
hombres el deber que les incumbe de ser buenos: es decir, justos, rectos,
generosos, desinteresados, prontos para comprender y excusar, dispuestos al
perdón y a la magnanimidad. Como invitación al ejercicio de tal deber, se
torna oportuno el llamamiento -que ha sido la confiada orientación de este
Nuestro radiomensaje- a querer la paz y a eliminar los elementos que la
obstaculizan. III.
Férvido llamamiento a los responsables de la vida de los pueblos 11. No
podemos creer que la prepotencia humana pueda desbordarse. Junto a elementos
de temor y de aprehensión, hay doquier positivos reflejos de buena voluntad,
constructiva y bienhechora. Mientras damos gracias al Señor, dador de todo
bien, elevamos la invitación que nos apremia en el corazón: invitación a
quien posee la fuerza económica, a correr todo riesgo, pero no a poner en
peligro la paz y la vida de los hombres; a buscar todos los medios, que el
actual progreso ofrece, para aumentar en el mundo el bienestar y la
seguridad, mas no para difundir desconfianza y sospecha recíprocas. Y una vez
más "con tristeza lo ponemos de relieve -usamos palabras de Nuestra
encíclica Mater et Magistra- que..., mientras por un lado las situaciones de
malestar se acentúan en extremo y se proyecta amenazador el espectro de la
miseria y del hambre, por otro se utilizan, y a menudo en gran escala, los
descubrimientos de la ciencia, las realizaciones de la técnica y los recursos
económicos para crear terribles instrumentos de ruina y de muerte". Invitación
a quienes poseen el arte de formar la opinión pública, o en parte tienen su
monopolio, a que teman el justo juicio de Dios, y también el de la historia,
y a que procedan cautamente, con respeto y sentido de mesura. No pocas veces
en los tiempos modernos -lo decimos con pena y sinceridad- la prensa ha
cooperado a preparar un clima de aversión, de animosidad y de ruptura! Invitación
a los responsables de las Naciones, a quienes en sus manos tienen los
destinos de la humanidad. Hombres
frágiles y mortales, os están mirando con angustia vuestros semejantes, que
son vuestros hermanos, antes que súbditos. Y con la autoridad que de
Jesucristo nos viene, os decimos: Alejad, alejad la sugestión de la fuerza;
temblad ante la idea de desatar una cadena imponderable de hechos, de
juicios, de resentimientos, que pueda terminar con actos no previstos e irreparables.
Gran poder se os ha dado, mas no para destruir sino
para edificar; no para dividir, sino para unir; no para hacer que corran las
lágrimas, sino para dar a todos trabajo y seguridad. Anhelo
de justicia y de equidad. Ved las
varias aplicaciones de una bondad, que debe extenderse a todos los campos de
la humana convivencia. Esta bonitas es fuerza y dominio de sí mismos,
paciencia con los demás, caridad que no se apaga, que no se desanima, porque
realmente quiere el bien en torno a sí, según las inmortales palabras de San
Agustín (14). Ella "permanece tranquila en las ofensas, bienhechora
entre los odios; en la ira es mansa, es inocente en las insidias; en la
iniquidad gime, y respira en la verdad: inter iniquitates gemens, in veritate
respirans" (15). Venerables
Hermanos y amados hijos: 14. Que
de la renovada contemplación del Hijo de Dios hecho hombre, venga a cada uno
de los hombres, con toda su claridad, el mensaje de la bondad y caridad
evangélica. Que sea, para los creyentes, renovado estímulo para vivirlo en su
plenitud, llevando su ejemplo al mundo angustiado; que para todos los hombres
de buena voluntad sea llamamiento a saludables reflexiones sobre la constante
aplicación de los principios en los que se funda la ordenada convivencia
social. El
humilde Vicario de Cristo, al hacer resonar su voz, ha querido proponer con
la más persuasiva evidencia el deber común que brota de la esencia misma de Al poner
fin a Nuestras palabras, el pensamiento se dirige conmovido a la humanidad
entera, para cuya salvación se encarnó el Verbo Divino: de modo particular, a
los que sufren, a los atribulados en el espíritu y en el cuerpo, a quien
espera justicia y caridad. A todos va el paternal augurio de todo consuelo. Mas no podemos silenciar
la angustia de Nuestro corazón: la próxima fiesta navideña, que ya alborea
sobre el mundo, encontrará pueblos sin paz, sin seguridad, sin libertad
religiosa, angustiados por el espectro de la guerra o del hambre. Por ellos
asciende al cielo Nuestra férvida oración, velada con lágrimas, unida a los
votos paternales para una justa resolución de todas las dificultades y
controversias y a la invitación, que una vez más repetimos a los responsables
de las Naciones, para que por su unida comprensión se afirmen la justicia, la
equidad, la deseada paz. Esta
palabra de paz, fundada en la verdadera bondad, va a sellar Nuestro mensaje,
el cual acompaña el saludo de una buena felicitación y el don de Notas 1. Luc. 2, 14. 2. Eph. 2, 14. 3. Cf. Leonis I Sermo 26 (in Nat. Dom.
6) 2, 35; PL 54, 213. 214. 216. 5. Mat. 11, 29. 6. Pío XII Ep. enc. Sertum laetitiae 1
nov. 1939, Disc. e Rad. 3,
492. 7. Is. 58, 6-7, 11. 8. Cf. 1
Io. 3, 17. 9. 1
Cor. 13, 4-7; A. A. S. 53 (1961) 461. 10. Mat. 24, 12. 11. Cf. Io. 1, 29. 12. Tit. 3, 4. 14. Sermo 37 (In Epiphan, sollemn. 7) 4; PL 54, 259. 15.
Sermo 350, 3 PL 39, 1535. |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |