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NAVIDAD 2007 SALUDO EN ESTAS FIESTAS TAN ENTRAñABLES Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |
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QUERIDOS
HERMANOS EN JESÚS, EL MESIAS, EL SALVADOR Nuevamente
celebraremos la Navidad, fiesta vivida intensamente por todos nosotros, los
papás, las mamás, abuelitos, los tíos y los hijos de cada familia y deseo
saludarles e invitarles a reflexionar algunos temas importantes que necesita nuestro
apoyo y nuestra oración. La
Navidad es una fiesta muy afectuosa, es la recordación del nacimiento de un
Niño muy especial, el Hijo de Dios, el Hijo de María Santísima, el Mesías, el
Salvador. Todos
sabemos que un recién nacido es una fiesta, y así es como la esperamos con
impaciencia y la preparamos con inmensa a alegría. ¿No es cierto acaso que
cuando éramos niños contábamos los días y casi las horas que faltan para la media
noche, Nochebuena de Belén?. A
pocos días de la fiesta, ya hemos preparado o estamos arreglando en casa, en
la parroquia, en el barrio, en la escuela, en el trabajo o en cada rincón de
la cuidad el pesebre o el nacimiento, al que ponemos adornos especiales para
crear un clima y un ambiente que nos recuerde donde nació Jesús. Me
parece muy hermoso ver como en los principales punto de la ciudad y de cada
pueblo, se reconstruye este período navideño con un establo o una cueva como
pesebre. Y esta representación que hacemos con tanto cariño pasa a ocupar un
lugar central en nuestra casa o parroquia o donde este. Entonces, algo
misterioso hace que nos acerquemos como una peregrinación espiritual a
nuestro pesebre, como lo hicieron los pastores la noche del nacimiento de
Jesús, como lo hicieron más tarde los Magos que venían desde el lejano
Oriente, guiados y siguiendo la estrella, hasta el lugar donde estaba nuestro
hermano Jesús recién nacido para ser el Redentor del mundo. Al
visitar el pesebre o nacimiento en estos días de Navidad, miremos al niño
recién nacido, contemplemos a su Madre, Maria Santísima, observemos a San
José; es la Sagrada Familia, y entonces pensemos en nuestra familia, en la
que hemos venido también al mundo. Pensemos en nuestra madre el día que nos
dio a luz, pensemos en nuestro padre, recordemos cada sacrificio y
preocupación que ellos tuvieron para mantener la familia, de alimentarnos, de
mantenernos sanos y además educarnos. Seguro
que todos conocemos desde niño y muy bien estos acontecimientos relacionados
con el nacimiento de Jesús. Primero nos lo contaron nuestros padres, nuestros
abuelos, profesores, catequistas, el sacerdote de nuestra parroquia, lo vimos
en el cine, en la televisión, lo oímos en la radio. Y desde siempre lo
revivimos espiritualmente durante estas fiestas de Navidad, junto con toda la
Iglesia, como lo estamos haciendo hoy. El
Niño Jesús, que en Navidad contemplamos en el humilde pesebre, con el paso
del tiempo fue creciendo, a los doce años, junto con María y José, fue a
Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua, ¿se recuerdan cuando se
separa de sus padres y, con otros chicos, se puso a escuchar a los doctores
del Templo?, ¿se recuerdan lo que sucedió en esa reunión?, el Adolescente
venido de Nazaret no sólo hizo preguntas muy inteligentes, sino que él mismo
comenzó a dar respuestas profundas a quienes le estaban enseñando. Sus
preguntas y sobre todo sus respuestas asombraron a los doctores del Templo,
la misma admiración que, después causaría en la predicación pública. El
episodio del Templo de Jerusalén no es otra cosa que el comienzo y casi el
preanuncio de lo que sucedería algunos años más tarde. Si hermanos, en el
Niño que contemplamos en el pesebre, es el mismo hombre adulto que más tarde,
con treinta años, comenzará a anunciar la palabra de Dios, el mismo que
llamará a los doce Apóstoles, será seguido por multitudes sedientas de
verdad. A cada paso confirmará su maravillosa enseñanza con signos de su
fortaleza divina: devolverá la vista a los ciegos, curará a los enfermos e
incluso resucitará a los muertos. Sin
embargo, lo sucedido al Niño de Belén, en muchos casos es la suerte de los
niños de tantas partes de nuestro país y el mundo. Sabemos que un niño es la
alegría no sólo de sus padres, es también de todos sus familiares, de la
Iglesia y de gran parte de la sociedad, pero también sabemos que muchos niños
nacen en condiciones muy humildes. Por
tanto los invito a pensar que en nuestros días muchos niños, por desgracia,
sufren o son amenazados en distintos lugares del mundo. Son amenazados de
hambre y miseria. Algunos inocentes mueren a causa de las enfermedades o de
la desnutrición, otros perecen víctimas del abandono de sus padres y
condenados a vivir sin hogar, privados del calor de una familia propia, en otros
casos soportan muchas formas de violencia y de abuso por parte de los
adultos. Pregunto ¿es posible permanecer indiferente ante al sufrimiento de
tantos niños, especialmente o sobre todo cuando es causado de algún modo por
los adultos o por la forma que vivimos en esta sociedad? Muchos
de los niños recién nacidos de hoy, pueden ser buenos siervos de Dios,
hombres que podrán ir por el mundo haciendo el bien, como lo hizo Cristo
Jesus. No descuidemos a ninguno de esos pequeñitos. Ellos pueden ser a futuro
buenos seguidores de Jesus. Y
también recordemos en esta Navidad, los sufrimientos que tantos hombres,
mujeres y niños, cuántos son víctimas del odio, de la injusticia, del
perjurio, de las mentiras de los demás, de la envidia del vecino, del
compañero de trabajo, de la incomprensión de sus seres queridos, meditemos
precisamente sobre estos hechos, que llenan de dolor nuestros corazones, y
busquemos a través de la oración por la paz, el amor y la concordia terminar
con el odio y la violencia, la desidia y el desencuentro. Todos
nosotros detestamos estas situaciones y en estas fiestas nuestros corazones
se llenan de amor, y se unen a la oración por la paz entre nosotros, con la
misma fuerza que lo hacen en la noche de Navidad en cada familia cristiana.
Deseo encomendar la oración a los problemas de nuestras familias y de todas
las familias. Recemos juntos en nuestro hogar y mucho para que nuestra
principal comunidad religiosa, nuestra familia, sea cada vez más la familia
de Dios, y podamos vivir en paz. Con
ocasión de estas fiestas navideñas que son particularmente queridas, le deseo
unas fiestas alegres, gozosas y en completa paz, espero que en ellas vivan
una experiencia muy intensa del amor de vuestros padres, de vuestros hermanos
y hermanas, y de los demás miembros de vuestra familia. Que este amor se
extienda después a toda vuestra comunidad, amigos, vecinos, compañeros de
trabajo, la señora que les atiende la casa, el jardinero, el gasfiter, el
cartero, el casero, el hombre que les retira la basura, y tanto otros
miembros de nuestra comunidad. El
mejor regalo navideños que le podemos hacer a Jesús en su día de Natividad,
no tiene nada que ver con el consumismo que observamos, no se compra en el
Mall ni en el negocio de la esquina o mas allá, el mejor regalo es entregar
amor a quienes más lo necesitan, en especial a los que sufren y a los
abandonados, a los que hemos ofendido, a los que hemos olvidado. ¿Alguien
conoce una alegría mayor que el Amor? Gran
alegría habrá en Jesús, si ponemos nuestra alegría y amor en el corazón de
los hombres. Una
vez más, reciban todo mi cariño y deseo de una hermosa navidad y que Jesus,
Maria y José, vivan en vuestros corazones. Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |
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