|
NAVIDAD
EN EL CARMELO P. Julio Gonzalez Carretti OCD Para: Caminando con Jesus Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
|
TIEMPO DE NAVIDAD a.- Is. 62, 1-5: El Señor te prefiere a ti. b.- Sal. 88: Cantaré eternamente las misericordias del Señor. c.- Hch. 13, 16-17. 22-25: Pablo da testimonio de Cristo, Hijo de
David. d.- Mt. 1, 1-25: Genealogía de Jesucristo, Hijo de David. e.- S. Juan de la Cruz: “Y el que sólo Padre, / ya también tenía
Madre, / aunque no como cualquiera/ que de varón concebía, que de las
entrañas de ella/ él su carne recibía, / por lo cual Hijo de Dios/ y del
hombre se decía” Romance acerca de la Encarnación (vv. 280-285) La primera lectura
canta la resurrección de Jerusalén: será corona fúlgida en la mano de Yahvé.
El lenguaje usado por Isaías es claramente nupcial, es decir, de quien se
desposa y quiere embellecer a su amada esposa, cuidándola y protegiéndola
hasta convertirla en una gran ciudad. Ya no estará abandonada ni desolada,
será su complacencia, más aún, será desposada pro Yahvé. Esta lectura refleja
el amor inmenso de Dios por los habitantes de Jerusalén, pero también es
palpable la dureza de cerviz, es decir, el rompimiento de la alianza del
Señor con su pueblo. Como siempre la fragilidad de la alianza vino por los
hombres. Ahora viene el Hijo de Dios a realizar una alianza nueva y eterna,
sin defecto ni mancha. Los Hechos nos
presentan a Pablo anunciando el kerigma a los judíos, dando testimonio que
Jesús es el Salvador (v. 23), descendiente de David, fruto de la promesa y
anunciado a Israel por Juan el
Bautista. El perdón de los pecados y la justificación que la Ley de Moisés,
no pudo obtener, la alcanzamos ahora por medio de la fe en Jesucristo que
vive hoy a nuestras vidas. Esta genealogía
pretende mostrarnos como Jesús desciende de nuestro padre Abraham, viene de
la dinastía de David y tiene un padre
cuyo nombre es José, esposo de su madre María. Esta genealogía nos presenta
los antepasados de Jesús, pero su fin es hablarnos de la realidad tangible de
la Encarnación del Hijo de Dios en la naturaleza humana. Este misterio de
nuestra fe, no es un mito, una idea, ni nada parecido, es una realidad
palpable: Dios se hace carne y habita entre nosotros. Puso su tienda entre
nosotros, dirá Juan en el prólogo de su evangelio (Jn.1, 14). El todo Santo
se hace profano, entra en la historia, se inserta en la naturaleza humana
para rescatarla de la indigencia en que había caído. A decir del místico Hijo
de Dios y del hombre se decía. ¡Admirable misterio del divino amor! Cuanta
gratitud para con el Padre, con el Hijo que viene a nosotros y al Espíritu
Santo que es Amor que obra tal prodigio en María, fuente de vida nueva…En silencio
se encarnó, en silencio lo recibió María por la fe, en silencio fecundo, su
seno lo acogió… en silencio contemplativo nace en nuestro corazón hoy. Feliz
Navidad… El místico haciendo
una relectura de San Juan, sólo nos quiere enseñar que el Padre eterno es el
sólo Padre del Salvador Jesús y que de María la carne recibía el que Hijo de
Dios y del hombre se decía. a.- Is. 9, 2-7: Un hijo se nos ha dado. b.- Sal. 95: Hoy no ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. c.- Tit. 2,11-14: Apareció la gracia de Dios para todos los hombres. d.- Lc. 2,1-14: Hoy os ha nacido un Salvador. e.- San Juan de la Cruz: “Ya que era llegado el tiempo/ en que de nacer había, / así como desposado/ de su
tálamo salía, / abrazado con su esposa, / que en sus brazos la traía; / al
cual la graciosa Madre/ en un pesebre ponía, / entre unos animales/ que a la
sazón allí había” Romance acerca del Nacimiento (vv. 290-295). Momento de silencio
ante el Belén; contemplación y admiración ante el misterio que se nos revela
y pone delante en la mirada, lo más inefable: Dios hecho Niño entre nosotros. El profeta entrega
las características de lo que será este hijo, que nos ha nacido: Maravilla de
consejero, Dios fuerte, siempre será Padre, Príncipe de paz, asegurará la
dinastía de David para siempre. Tendrá de sus antepasados parte de su
herencia: la sabiduría de Salomón y la
valentía y la piedad de David; así como las virtudes de Moisés y los
Patriarcas (Is.11, 2).Estos títulos dados a Cristo Jesús se debe a que lo
consideramos el verdadero Emmanuel: Dios está en medio de su pueblo que con
ansias lo ha esperado por largo tiempo.
El apóstol Pablo nos
invita a descubrir en Cristo la bondad de Dios y por lo mismo renunciemos a
nuestra antigua vida de pecado para vivir con sensatez, justicia y piedad
delante de Dios y de los hombres, esperando la manifestación definitiva de
nuestro Dios y Salvador. Lucas nos relata las
circunstancias políticas y sociales en que llegó el Hijo de Dios a este
mundo. El relato nos enseña cómo el Verbo de Dios se inserta de tal modo en
el mundo que comienza su andar por esta vida en una gruta, porque no había
sitio en la posada debido al censo mandado por el empedrador César Augusto.
Los detalles tienen ese fin pedagógico: Dios hecho hombre está entre nosotros
y por lo mismo sufre las circunstancias ordinarias que cualquier hijo de
vecino debe padecer en su vida de cada día. Luego Lucas destaca
la obediencia de José y María con las autoridades, de lo contrario el Niño
habría nacido en Nazaret, y no en Belén. Nace en una gruta para el resguardo
de los animales, envuelto en blancos
pañales y en el pesebre lo recostó. La noticia no la dan los padres sino un
ángel del Señor a unos pastores de los alrededores: En la ciudad de David, ha
nacido un Salvador, el Cristo, el Señor. Ante el estupor, los ángeles,
prestando sus voces a los hombres cantan: “Gloria Dios en las alturas y paz
en la tierra a los hombres de buena voluntad” (v. 14). Acuden a Belén y
descubren que lo anunciado por el ángel era verdad: ahí está el Niño recostado en el pesebre y contaron
a sus padres lo sucedido. El Señor se ha manifestado habían dicho los
pastores (v.15) y por esto glorificaban a Dios por los visto y oído (v. 20). El evangelista deja
un espacio para hablarnos del estado de la joven María, ahora convertida en
Madre del Salvador. De todos sus poros germina la maternidad divina y por
ello estas escenas hay que leerlas en dos niveles: por una parte, lo
propiamente humano preñado de lo divino; Dios ha entrado en la historia del
hombre para hacerse uno de ellos y rescatarlo de su baja condición a la que
el pecado lo ha llevado. María, con razón es llamada puerta del cielo, desde
y por donde cruzó el Verbo el umbral santo de su humanidad para depositarse
en su seno y ser vida nueva. Por otra,
la humillación del establo es el gran marco donde la Vida es depositada por
aquella que es la esclava del Señor. El mensaje del ángel transmitido a los
pastores es la confirmación de cuanto se
dijo de ÉL en la visita de Gabriel en Nazaret. Todo esto es motivo
de meditación y contemplación del
corazón de María. San José calla ante el misterio, su silencio es fortaleza
del hombre de Dios. No habla pero escucha, admira y glorifica a Dios por las
maravillas que realiza en su vida (v. 18). Esta noche debemos,
como los pastores, comunicar al mundo: Nos ha nacido un Salvador, el Cristo,
el Señor; un hijo se nos ha dado (Is.9, 5). Como los ángeles, con José y
María nuestra plegaria se convierte en éxtasis del amor divino, adoración. El
Belén es hoy el corazón de la Iglesia y de la humanidad porque desde hoy
tiene latido humano y divino. Feliz Navidad… a.- Is. 62, 11-12: Mira a tu salvador que llega. b.- Sal. 96: Hoy brillará una luz sabe vosotros, porque nos ha
nacido el Señor. c.- Tit. 2, 11-14: Según su misericordia nos ha salvado. d.- Lc. 2, 1-14: Los
pastores encontraron a María y a José y al niño. e.- San Juan de la Cruz: “Los hombres decían cantares, / los ángeles
melodía, / festejando el desposorio/ que entre tales había; pero Dios en el
pesebre / allí lloraba y gemía, / que
eran joyas que la esposa/ al desposorio traía” Romance del Nacimiento (vv.
295-300). Si bien la Misa es
llamada de la Aurora hay que decir que el Sol brilla en lo alto desde anoche
en medio de las tinieblas: Cristo nuestro Dios. El breve pasaje de
Isaías nos habla de un pueblo en marcha, que avanza, Dios hace oír su voz, ya
está presente, en camino con su pueblo. Viene la salvación, llega Dios
salvador. Trae su paga, su recompensa, es decir, su venida es un cúmulo de
bienes y bendiciones. Su pueblo será: pueblo santo, serán los rescatados de
Yahvé; su nombre será ciudad buscada
porque jamás abandonada. Pablo, nos introduce
en el significado de la venida de Jesús Salvador. Su venida nos ha rescatado
de la iniquidad y nos ha purificado,
para formar, un pueblo para Sí, deseoso de hacer bellas obras, es decir,
hacer la voluntad de Dios, fuente de toda obra buena. El encuentro de Dios
con el hombre pasa por una mujer: María, la nueva Eva. Dios viene al hombre
con su propia naturaleza, revestido de carne y sangre humana. En el AT Dios
se comunicó con los hombres, pactó con ellos, los grandes Patriarcas, habló
por medio de sus Profetas, sin embargo, en la plenitud de los tiempos, decide
hacer algo mayor, enviar a su Hijo para devolverle al hombre sus amistad y
nada lo aparte de su gracia y de su amor de Padre. Este encuentro de hoy
de los pastores con Jesús es el primero de muchos encuentros que tendrá en su
vida. Muchos irán a verlo, otros querrán escucharlo, ver obrar prodigios,
etc. Hoy la humanidad está representada por sus padres y estos pastores que
acogieron las palabras del ángel y reconocieron que Dios se ha manifestado en
ese Niño que encontraron en el pesebre. Es la humanidad pobre, trabajadora,
sufrida, la que hace de cortejo de este rey que ha venido del cielo y que
ellos adoran con profunda admiración. El gozo que les produjo es inefable,
porque ellos, pobres pastores no se esperaban ser mensajeros de tan gran
noticia: Nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Los mensajeros son
pobres, pero lo que importa es el
mensaje, fuente de riquezas y bienes inmensos: Dios ha cumplido sus promesas
de salvación. Desde el Génesis, con Adán y Eva, hasta este día, en la
plenitud del tiempo se esperaba al
Mesías; Patriarcas, Profetas y justos se alegran de haber visto este
día en la fe: Dios cumple su Palabra: enviarnos un Salvador a la humanidad. Ya está aquí, ahora
necesitamos estar nosotros presentes de cuerpo y de alma frente al portal de
Belén, para rendir nuestro homenaje al Salvador y aprender las primeras
lecciones de su magisterio: el amor gratuito que significó la Encarnación y
la humildad con que llega a esta humanidad caída. Amor con amor se paga;
humillémonos y reconozcamos en ese
Niño Jesús al enviado del Padre de los cielos para nuestra salvación.
Pongamos la vida en sus manos y ella se convertirá en lo que hemos soñado toda
nuestra vida: ser felices porque desde hoy nuestra existencia tiene sentido
vivirla. Feliz Navidad… a.- Is. 52, 7-10: Toda la tierra verá la victoria de nuestro Dios. b.- Sal. 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria
de nuestro Dios. c.- Heb. 1, 1-6: Dios nos ha hablado por su Hijo. d.- Jn. 1, 1-18: La Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros. e.- San Juan de la Cruz: “Y la Madre estaba en pasmo/ de que tal
trueque veía/ el llanto de el hombre
en Dios, / y en el hombre la alegría, / lo cual de no y del otro tan ajeno
ser solía” Romance acerca del Nacimiento (vv. 305-310). El pasaje de Isaías
nos habla de ese reino que Dios va a inaugurar y que es precedido por el
mensajero de la paz que anuncia la salvación: “Ya reina tu Dios” (v.7). Los
vigías ven el retorno de Yahvé a Sión;
con júbilo constatan que Dios ha
consolado a su pueblo. Su santo brazo manda la salvación sobre todas las
naciones de la tierra. Es la Buena Nueva de Yahvé (Is. 40, 9), Dios en
persona va a reinar en Sión; reino anunciado por los profetas (Is. 43,15; Jr.
3,17; 8,19; Ez. 20, 33; 34,11-16; Mi. 2, 13; 4,7) y como buena noticia es
motivo de inmensa alegría. A la noticia del
reinado de Yahvé pasamos al contenido más profundo de la noticia: El Padre
nos ha enviado pregoneros suyos, ahora, nos envía al Hijo, que hará del
querer del Padre, su voluntad. El apóstol lo presenta como Hijo muy amado,
heredero de todo, sabiduría, luz e imagen del Padre; luz de luz, impronta de
su sustancia. Su palabra sostiene todo y
purifica a los hombres de sus pecados con su venida. El evangelio esta
tomado de Juan que nos presenta al
Verbo de Dios, la Palabra que estaba frente a Dios, creando el mundo; es la
Vida, es la Luz que brilla en las tinieblas, luz verdadera que ilumina a todo
hombre que viene a este mundo. Vino Juan Bautista para ser testigo de la Luz,
para que todos creyeran en ÉL Cuando vino ÉL, los
suyos no lo recibieron, pero quienes lo acogen les da el poder ser hijos de
Dios. A todos los que creen en ÉL, la filiación divina no les vino por la
carne o sangre sino que nacieron por la Palabra; ella los hizo hijos de Dios.
Esta Palabra esta hoy en medio de nosotros, porque puso su morada entre
nosotros. Su gloria, la hemos contemplado, afirma el apóstol, gloria que
recibe del Padre, más aún, reside en la gracia y la verdad en plenitud.
Gracia y verdad que también recibe quien cree en ÉL; la Ley nos vino por Moisés; la gracia y
la verdad por Jesucristo. El ha visto al Padre, porque vino del seno del
Padre; El nos lo ha contado. El místico destaca el
admirable trueque: en Dios, un Niño el llorar y en el hombre la alegría, cosa
que tan ajena ser solía. Las lágrimas y gemidos eran las joyas que la esposa
traía al desposorio con Dios, mientras los hombres y ángeles se alegran del
nacimiento del redentor. La alegría
debe ser la nota característica de estas fiestas de Navidad; la noticia del
nacimiento de Jesús, el Salvador, debe ser el gran motivo de nuestro gozo
interior, saber que los pecados serán redimidos por su misericordia y perdón.
Su morada entre nosotros hace que podamos encontrarle y estar con ÉL. Serán siempre los
sencillos de corazón quienes, como los pastores, encuentren un mejor sentido
a estas celebraciones porque para ellos ha venido el Salvador, porque además
de amar son capaces de compartir lo que tienen, incluso esta alegría, que les
proporciona su fe. Alma de pobres es lo que necesitamos para recibir a Dios
con su amor y su paz. Sin embargo, la Navidad no es para todos, mientras
exista explotación, miseria, hambre, marginación, mientras millones de seres
humanos viven si dignidad que los reconozca como tales; porque ahí todavía no
ha nacido Dios. Habrá Navidad para todos cuando sean superadas todas estas
esclavitudes y la liberación que trae Jesús alcance a todos estos con nuestro
esfuerzo. Compartamos en
comunidad, mientras tanto, a Dios con todos nuestros hermanos, y los bienes
que nos trae: el amor y la paz. Feliz Navidad… P. Julio Gonzalez Carretti OCD Para: Caminando con Jesus |