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MENSAJE DEL SANTO
PADRE BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL
DE LA FAO CON MOTIVO DE LA
JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN (2005) |
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Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant DEDICADO AL PAPA BENEDICTO XVI |
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Al señor JACQUES DIOUF Director general de la Organización de las Naciones
Unidas para la alimentación y la
agricultura (FAO) En
este año, en que se conmemora el sexagésimo aniversario de la creación de la
Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, la
celebración de la Jornada mundial de la alimentación nos recuerda que el
hambre y la desnutrición figuran, por desgracia, entre los escándalos más
graves que afectan aún a la vida de la familia humana, lo cual hace cada vez
más urgente la acción emprendida, bajo su dirección, por la FAO. Los
millones de personas que ven amenazada su existencia misma, al estar privadas
del alimento mínimo necesario, requieren la atención de la comunidad
internacional, puesto que todos tenemos el deber de preocuparnos por nuestros
hermanos. En efecto, el hambre no depende únicamente de las situaciones
geográficas y climáticas o de las circunstancias desfavorables relacionadas
con las cosechas. También la provoca el hombre mismo y su egoísmo, que se
traduce en carencias en la organización social, en la rigidez de estructuras
económicas muy a menudo destinadas únicamente al lucro, e incluso en
prácticas contra la vida humana y en sistemas ideológicos que reducen a la
persona, privada de su dignidad fundamental, a un mero instrumento. Al
contrario, el verdadero desarrollo mundial, organizado e integral, que todos
desean, exige conocer de manera objetiva las situaciones humanas, descubrir
las verdaderas causas de la miseria y darles respuestas concretas, teniendo
como prioridad una formación adecuada de las personas y de las comunidades.
Así se pondrán por obra la libertad auténtica y la responsabilidad, que son
propias del obrar humano. El
tema elegido para esta Jornada, "Agricultura y diálogo de las
culturas", invita a considerar el diálogo como un medio eficaz para
crear las condiciones de la seguridad alimentaria. El diálogo requiere
conjugar los esfuerzos de las personas y las naciones para el servicio del
bien común. La convergencia entre todos los protagonistas, asociada a una cooperación
efectiva, puede contribuir a edificar la verdadera paz, permitiendo vencer
las tentaciones recurrentes de conflicto a causa de las diferencias de
concepciones culturales, de etnias o de niveles de desarrollo. También
es importante estar muy atentos a las situaciones humanas, con el fin de
mantener la diversidad de los modelos de desarrollo y de las formas de
asistencia técnica, en función de las condiciones particulares de cada país y
de cada comunidad: condiciones
económicas, ambientales, sociales, culturales y espirituales. El
progreso técnico sólo será verdaderamente eficaz si se inserta en una
perspectiva más amplia, donde el hombre ocupe el centro, esforzándose por
tener en cuenta todas sus necesidades y aspiraciones, ya que, como dice la Escritura,
"no sólo de pan vive el hombre" (Dt 8, 3; Mt 4, 4). Además, esto
permitirá a cada pueblo aprovechar su patrimonio de valores, para compartir
sus riquezas, espirituales y materiales, en beneficio de todos. Los
ambiciosos y complejos objetivos que se prefija vuestra Organización sólo
podrán alcanzarse si la protección de la dignidad humana, origen y fin de los
derechos fundamentales, llega a ser el criterio que inspire y oriente todos
los esfuerzos. La Iglesia católica, que participa también en las acciones
encaminadas a un desarrollo realmente armonioso, en colaboración con los
interlocutores presentes sobre el terreno, desea alentar la actividad y los
esfuerzos de la FAO para que suscite, en su ámbito, un verdadero diálogo de
las culturas y contribuya así a aumentar la capacidad de alimentar a la
población mundial, respetando la biodiversidad. En efecto, el ser humano no
debe poner en peligro, por imprudencia, el equilibrio natural, fruto del
orden de la creación; al contrario, debe esforzarse por transmitir a las
generaciones futuras una tierra capaz de alimentarlas. Con
este espíritu, pido al Todopoderoso
que bendiga la misión tan necesaria de la FAO y el compromiso de sus
dirigentes y de sus funcionarios con el fin de garantizar a todos los miembros
de la familia humana el pan de cada día. Vaticano,
12 de octubre de 2005 ©
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