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BENEDICTO XVI Entrevista a Benedicto XVI (Revisión Ecclesia
Digital) Entrevista del Papa Benedicto XVI a la Bayerischer
Rundfunk (ARD), ZDF, Deutsche
Welle; Radio Vaticano Fuente: www.ecclesiadigital.com “El cristianismo, el catolicismo no es un cúmulo de prohibiciones,
sino una opción positiva” “Debemos redescubrir a Dios, no a un Dios cualquiera, sino
a un Dios con el rostro humano, porque cuando vemos a Jesucristo vemos a
Dios” “La fe se ofrece como respuesta… Creer es algo bello” “El hombre tiene que ser respetado siempre como hombre” “La formación de la persona humana es la verdadera receta,
la llave de todo” “Quisiera ir a Tierra Santa, y espero poder visitarla en tiempo de paz” (Nota de ECCLESIA DIGITAL: Nuestra redacción ha dividido
esta tan interesante entrevista con el Papa Benedicto XVI en ladillos o
apartados, agrupando en algún caso las preguntas y las respuestas a tenor de
los mismos, a fin de facilitar su lectura. Su traducción, no oficial, procede
de Radio Vaticana. En absoluto, se ha modificado nada del texto, ni en las
preguntas y, por supuesto, tampoco en las respuestas. También corresponde a
nuestra redacción la elección de las seis frases que anteceden estas líneas y
que van a modo de subtitulares de la entrevista, realizada por los medios de
comunicación que figuran al comienzo de este texto como preparación de la
visita apostólica del Santo Padre a Baviera (Alemania) de los próximos días 9
al 14 de septiembre.) Retorno a Alemania Pregunta: Santo Padre, en septiembre usted visitará
Alemania o, con más precisión, naturalmente Baviera. “El Papa tiene nostalgia
de su patria”, así han dicho sus colaboradores en el curso de la preparación
de este viaje. ¿Qué temas desearía tocar en particular durante la visita, y el
concepto de “patria” forma parte de los valores que desea proponer en
particular? Benedicto XVI: Ciertamente. El motivo de la visita es
precisamente que quería volver a ver los lugares, las personas con las que he
crecido, que me han marcado y han formado parte de mi vida. Personas a las
que quería agradecer. Y naturalmente también expresar un mensaje que vaya mas
allá de mi tierra, como es coherente con mi ministerio. Simplemente he dejado
que las conmemoraciones litúrgicas me indicaran los temas. El asunto
fundamental es que debemos redescubrir a Dios, no a un Dios cualquiera, sino
al Dios con el rostro humano, porque cuando vemos a Jesucristo vemos a Dios.
Y partiendo de esto debemos encontrar los caminos para encontrarnos en la
familia, entre las generaciones y también entre las culturas y los pueblos,
entre los caminos de la reconciliación y la convivencia pacifica en este
mundo, y los caminos que conducen hacia el futuro. Y estos caminos hacia el
futuro no los encontraremos si no recibimos la luz desde lo alto. Por tanto,
no he decidido temas muy específicos, pero, por así decirlo, es la liturgia
la que me guía a expresar el mensaje fundamental de la fe, que naturalmente
se inserta en la actualidad de hoy, en la que sobre todo queremos buscar la
colaboración de los pueblos y los caminos posibles hacia la reconciliación y
la paz. Pregunta: Como Papa, usted es responsable de la Iglesia en
el mundo entero. Pero naturalmente su visita hace que la atención se dirija a
la situación de los católicos en Alemania. Ahora todos los observadores
concuerdan que la atmósfera es buena, también gracias a su elección. Pero
naturalmente los antiguos problemas permanecen. Sólo por poner algunos
ejemplos: cada vez menos practicantes, cada vez menos bautizados, sobre todo
cada vez menos influencia en la vida social. ¿Cómo ve la actual situación de
la Iglesia católica en Alemania? Benedicto XVI: Ante todo diría que Alemania forma parte de
Occidente, si bien con sus características particulares, y en el mundo
occidental hoy vivimos una ola de un nuevo iluminismo drástico o laicidad, o
como se le quiera llamar. Creer se ha vuelto más difícil, porque el mundo en
el que nos encontramos está hecho completamente por nosotros mismos y en el
que, por decirlo así, Dios ya no aparece directamente. Ya no se bebe
directamente de la fuente, sino del recipiente que se nos presenta ya lleno,
etc. Los hombres se han construido el propio mundo, y encontrar a Él en este
mundo se ha convertido en algo muy difícil. Esto no es específico de Alemania,
si no que es algo que se constata en todo el mundo, de manera particular en
el occidental. Por otra parte, Occidente viene hoy tocado fuertemente por
otras culturas, en las que el elemento religioso de origen es muy poderoso, y
quedan horrorizadas por la frialdad que encuentran en Occidente en lo que
respecta a Dios. Y esta presencia de lo sagrado en otras culturas, aunque si
velada de muchas maneras, toca nuevamente al mundo occidental, nos toca a
nosotros, que nos encontramos en el “cruce” de tantas culturas. Y también de
lo más profundo del hombre en Occidente, y en Alemania, surge la pregunta de
algo “más grande”. Vemos que en la juventud aparece la búsqueda de ese “más”;
vemos cómo en cierto modo el fenómeno religión -como se dice- vuelve, también
si se trata de un movimiento de búsqueda a menudo indeterminado. Pero con
todo esto la Iglesia está de nuevo presente, la fe se ofrece como respuesta.
Pienso que justamente esta visita, como ya la de Colonia, será una
oportunidad para que se vea que creer es algo bello, que el gozo de una gran
comunidad universal posee una fuerza que arrastra, que tras ella hay algo de
importante y que por lo tanto junto a los nuevos movimientos de búsqueda,
existen también nuevas desembocaduras de la fe que nos llevan los unos hacia
los otros y que son positivas también para la sociedad en su conjunto. Pregunta: Santo Padre, usted ha hablado de la experiencia
de la comunidad. Usted vendrá ahora a Alemania, ya por segunda vez tras Su
elección. En la Jornada Mundial de la Juventud, y posiblemente también, por
otra cuestión, por el campeonato mundial de fútbol, la atmósfera en un cierto
sentido ha cambiado. Se tiene la impresión de que los alemanes se hayan
convertido en más abiertos al mundo, más tolerantes, más alegres. ¿Qué cosa
desea Usted todavía para nosotros los alemanes? Benedicto XVI: Diría que naturalmente con el final de la
segunda Guerra Mundial comenzó una transformación interior de la sociedad
alemana, también la mentalidad alemana, que ha sido reforzada además por la
reunificación. Nosotros nos hemos inserido mucho más profundamente en la
sociedad mundial y naturalmente hemos sido transformados por esta mentalidad.
Y de esta forma salen a la luz también aspectos del carácter alemán del que
antes los demás desconocían. Y posiblemente hemos sido caracterizados un poco
como si todos fuéramos siempre disciplinados y reservados, cosa que también
tiene su fundamento. Pero si ahora se ve mejor aquello que todos estamos
viendo, lo encuentro hermoso: los alemanes no solamente son reservados,
puntuales y disciplinados, también son espontáneos, alegres y hospitalarios.
Esto es muy bonito. Y esto deseo: que estas virtudes crezcan todavía, y que
reciban empuje y permanencia también en la fe cristiana. Los jóvenes Pregunta: Santo Padre, hace exactamente un año usted
estaba en Colonia con los jóvenes, y creo que en esa oportunidad haya
experimentado que la juventud está extraordinariamente lista a acoger, y que
usted haya sido muy bien acogido. En este próximo viaje ¿lleva quizá un
mensaje especial para los jóvenes? Benedicto XVI: Quisiera decir antes que nada: que estoy
muy contento de que haya jóvenes que quieran estar juntos, que quieran estar
juntos en la fe, y que quieran hacer el bien. La disponibilidad al bien es
muy fuerte en la juventud, basta pensar en las diversas formas de
voluntariado. El compromiso para ofrecer en primera persona una contribución
propia ante las necesidades de este mundo es una gran cosa. Un primer impulso
puede ser por lo tanto alentar a esto: ¡id
adelante! ¡Buscad las ocasiones para hacer el bien! ¡El mundo necesita de
esta voluntad, necesita de este compromiso! Y luego quizás una palabra sería:
¡el valor de decisiones definitivas! En la juventud hay mucha generosidad,
pero ante el riesgo de comprometerse por toda la vida, ya sea en el
matrimonio o en el sacerdocio, se experimenta miedo. El mundo está en
movimiento de manera dramática: ahora puedo disponer continuamente de mi vida
entera con todos sus imprevisibles eventos futuros: con una decisión
definitiva ¿no ato mi libertad y no me privo de la libertad de movimiento?
Despertar el valor de osar decisiones definitivas, que en realidad son las
únicas que hacen posible el crecimiento, el camino hacia adelante y el
alcanzar cualquier cosa importante en la vida, las únicas que no destruyen la
libertad, si no que le ofrecen la justa dirección en el espacio. Arriesgar
esto, este salto -por así decir- en el definitivo, y con eso acoger
plenamente la vida, esto es algo que con dicha quisiera poder comunicar. Oriente Medio Pregunta: Santo Padre, una pregunta sobre la política
exterior. La esperanza de la paz en Oriente Medio en las pasadas semanas se
ha nuevamente debilitado. ¿Qué posibilidades ve usted para la Santa Sede en
relación a la actual situación? ¿Qué influencia puede ejercer ésta en el
desarrollarse de la situación en Oriente Medio? Benedicto XVI: Naturalmente no tenemos ninguna posibilidad
política, y no queremos ningún poder político. Pero queremos hacer un
llamamiento a los cristianos y a todos aquellos que se sienten de alguna manera interpelados por la palabra de la Santa
Sede, para que sean movilizadas todas las fuerzas que reconocen que la guerra
es la peor solución para todos. No aporta nada bueno para nadie, ni siquiera
para los supuestos “vencedores”. En Europa lo sabemos muy bien, como
consecuencia de las dos Guerras Mundiales. La paz es lo que todos necesitan.
Existe una fuerte comunidad cristiana en el Líbano, hay cristianos también
entre los árabes, hay cristianos en Israel, y los cristianos de todo el mundo
se empeñan por estos países tan queridos a todos nosotros. Existen fuerzas
morales listas a hacer comprender que la única solución es que debemos vivir
juntos. Estas son las fuerzas que nosotros queremos movilizar: los políticos
deben encontrar los caminos para que esto pueda acontecer lo más pronto
posible y sobre todo de forma duradera. El ministerio petrino y el
Ecumenismo Pregunta: Como Obispo de Roma usted es sucesor de san
Pedro. ¿Cómo puede mostrarse en los tiempos actuales el ministerio de Pedro?
¿Cómo ve usted la relación de tensión y equilibrio entre el primado del Papa
por una parte y la colegialidad de los obispos por
otra? Benedicto XVI: Una relación de tensión y equilibrio existe
naturalmente, y nosotros decimos que así debe ser. Multiplicidad y unidad
deben siempre encontrar nuevamente su relación recíproca, y esta relación
debe incluirse de una manera siempre nueva en las cambiantes situaciones del
mundo. Hoy en día existe una nueva polifonía de las culturas, en la cual
Europa ya no es más la única que determina, sino que las comunidades
cristianas de los diversos continentes están adquiriendo su propio peso, su
propio color. Debemos aprender siempre de esta fusión de los diversos
componentes. Por esto hemos desarrollado diversos instrumentos; las llamadas
“visitas ad limina” de los obispos, que han
existido siempre, son en la actualidad mucho más aprovechadas para hablar con
todas las instancias de la Santa Sede y también conmigo. Yo hablo personalmente
con cada obispo. Ya he hablado con casi todos los obispos de África y con
muchos de los de Asia. Ahora vendrán los de Europa central, Alemania, Suiza,
y en estos encuentros, en los que precisamente el centro y las afueras se
encuentran juntos en un intercambio franco, yo pienso que crezca la correcta
relación recíproca en esta tensión equilibrada. Además tenemos otros
instrumentos, como el Sínodo, o el Consistorio, que mantendré regularmente y
que querría desarrollar. En ellos, aún no teniendo un orden del día
importantísimo, se discutirán juntos los problemas actuales, intentando
encontrar soluciones. Por un lado sabemos que el Papa no es un monarca
absoluto, pero tiene que –por decirlo de alguna forma- personificar la
totalidad que se une en escucha de Cristo. Pero la conciencia de la necesidad
de una instancia unificadora, que garantice también la independencia de las
fuerzas políticas y que los “cristianismos” no se identifiquen demasiado con
la nacionalidad, esta conciencia precisamente, que necesita de una tal
instancia amplia y superior, que cree unidad en la integración dinámica del
todo, y por otro lado que acoja y promueva la multiplicidad, esta conciencia
es muy fuerte. Por eso creo que se trata una adhesión íntima al ministerio petrino que se expresa en la voluntad de desarrollarlo
ulteriormente, de forma que responda tanto a la voluntad del Señor, como a
las necesidades de los tiempos. Pregunta: Alemania como tierra de Reforma está marcada
naturalmente y de forma particular por las relaciones entre las distintas
confesiones. Las relaciones ecuménicas son una realidad sensible, que
encuentra siempre nuevas dificultades. ¿Qué posibilidad ve de mejorar la
relación con la Iglesia evangélica, o qué dificultad ve en este camino?. Benedicto XVI: Quizá sea importante decir, antes que nada,
que la Iglesia evangélica presenta una notable variedad. En Alemania tenemos,
si no me equivoco, tres comunidades principales: Luteranos;
Reformistas; y la Unión Prusiana. Además hoy se forman numerosas Iglesias
libres (Freikirchen) y, en el interior de las
Iglesias clásicas, movimientos, como la “Iglesia confesante” entre otras. Por
lo tanto, se trata también de un conjunto con muchas voces, con las cuales
tenemos que entrar en diálogo en la búsqueda de unidad con respecto a la
multiplicidad de voces, y con las que quiero colaborar. Creo que lo primero
que hay que hacer es que en esta sociedad, todos juntos nos preocupemos por
hacer que sena claras, de encontrar y de traducir en hechos, las grandes
directrices éticas, para garantizar de este modo la consistencia ética de la
sociedad, sin la cual ésta no puede llevar a cabo las finalidades de la
política, que son la justicia para todos, una buena convivencia y la paz. En
este sentido creo que ya se ha conseguido mucho, que nosotros nos encontramos
realmente unidos bajo un pilar cristiano común, frente a los grandes desafíos
morales. Naturalmente, después hay que testimoniar a Dios en el mundo, que
tiene dificultades a la hora de encontrarle, como ya hemos dicho, y de hacer
visible a Dios en el rostro humano de Jesucristo, y de ofrecer a los hombres
el acceso a esas fuentes, sin las cuales la moral se aridece y pierde sus
referencias, y también donar la felicidad, porque no estamos solos en este
mundo. Sólo de este modo nace la felicidad ante la grandeza del hombre, que
no es un producto mal conseguido de la evolución, sino imagen de Dios. Nos
tenemos que mover en estos dos sentidos –por decirlo de algún modo- el de las
grandes referencias éticas, y el que muestra –a partir del interior y
orientándose hacía el- la presencia de Dios, de un Dios concreto. Si lo
hacemos, y sobre todo, si en todos nuestros agrupamientos singulares buscamos
no vivir la fe de forma industrial, sino a partir de raíces más profundas,
entonces quizá no lleguemos tan rápido a las manifestaciones externas de
unidad, sino que maduraremos hacia una unidad interior, que si Dios quiere un
día llegará también a exteriorizarse. La familia y la moral en un mundo global Pregunta: Hace un mes usted estuvo en Valencia
para celebrar el Encuentro Mundial de las Familias. Quien ha escuchado con
atención –como hemos intentado hacerlo desde Radio Vaticana- se ha dado
cuenta de que usted no ha pronunciado la palabra “matrimonio homosexual”, no
ha hablado de aborto, ni de contraconcepción. Atentos observadores se han
dicho: ¡Interesante!, evidentemente su intención es anunciar la fe y no dar
la vuelta al mundo como “apóstol de la moral”. ¿Nos puede hacer un comentario
al respecto? Benedicto XVI: Claro que sí. Sobre todo tengo que decir
que tuve solamente dos ocasiones de veinte minutos para hablar. Teniendo tan
poco tiempo no se puede abarcar todo. Sobre todo tenemos que saber qué es lo
que queremos decir, ¿no es así?. Y el cristianismo,
el catolicismo no es un cúmulo de prohibiciones, sino una opción positiva. Y
es muy importante que esto se vea nuevamente, ya que hoy esta conciencia ha
desaparecido casi completamente. Hemos oído tanto hablar de lo que no está
permitido que ahora hay que decir: Pero nosotros tenemos una idea positiva
que proponer; que el hombre y la mujer están hechos el uno para el otro, que
la escala –por decir de algún modo-: sexualidad, éros,
ágape, indica las dimensiones del amor y sobre este camino crece desde
siempre el matrimonio, como encuentro entre un hombre y una mujer, culmen de la felicidad y de la bendición, y después la
familia, que garantiza la continuidad entre generaciones, en la que las
generaciones se reconcilian entre ellas y en la que también las culturas se
pueden encontrar. Por lo tanto, sobre todo es importante poner de relieve lo
que queremos. En segundo lugar, se puede ver después también el porqué
nosotros no queramos algo. Y yo creo que sea necesario ver y reflexionar, ya
que no se trata de una invención católica el hecho de que un hombre y una
mujer estén hechos el uno para el otro para que la humanidad continúe a
vivir: lo saben todas las culturas. En relación al aborto, no pertenece al
sexto, sino al quinto mandamiento: “No matarás”. Y esto tenemos que
presuponerlo como obvio y tenemos que rebatir siempre que: la persona humana
inicia en el seno materno y permanece persona humana hasta su último respiro.
El hombre tiene que ser respetado siempre como hombre. Pero todo esto queda
más claro, si antes hemos explicado lo positivo. Pregunta: Santo Padre, mi pregunta se une en cierto modo a
la del padre von Gemmingen.
En todo el mundo los creyentes esperan de la Iglesia católica respuestas a
los problemas globales más urgentes, como el SIDA y la superpoblación. ¿Por
qué la Iglesia católica insiste tanto sobre la moral en lugar de intentar
soluciones concretas para estos problemas cruciales de la humanidad, por
ejemplo en el continente africano? Benedicto XVI: Ya, éste es el problema: ¿insistimos
realmente tanto sobre la moral?. Yo diría –cada vez
estoy más convencido tras mi diálogo con los obispos africanos- que la
cuestión fundamental, si queremos dar pasos adelante en este sentido, se
llama educación, formación. El progreso puede ser progreso real sólo si sirve
a la persona humana y si la propia persona humana crece, no crece sólo su
poder técnico, sino también su capacidad moral. Y creo que el verdadero
problema de nuestra situación histórica sea el desequilibrio entre el
crecimiento increíblemente rápido de nuestro poder técnico y el de nuestra
capacidad moral, que no crece de forma proporcional. Por eso la formación de
la persona humana es la verdadera receta, la llave de todo diría, y ésta es
también nuestra vida. Y esta formación tiene –para resumir- dos dimensiones.
Sobre todo naturalmente tenemos que aprender, adquirir saber, capacidad,
“know-how” como se suele decir. En esta dirección Europa, y en los últimos
decenios América, han hecho mucho, y se trata de una cosa importante. Pero si
sólo se difunde el “know-how”, si sólo se enseña como se construyen y se usan
las máquinas, y como se emplean los métodos de contracepción, entonces no hay
que maravillarse de que al final nos encontremos con guerras y con epidemias
de SIDA. Porque nosotros necesitamos dos dimensiones: es necesaria al mismo
tiempo la formación del corazón –si me puedo expresar de este modo- con el
que la persona humana adquiere referencias y aprende también de este modo a usar
correctamente su técnica. Y esto es lo que estamos intentando hacer. En toda
África, y también en muchos países de Asia, tenemos una gran red de escuelas
de todos los niveles, donde sobre todo se puede aprender, adquirir verdadero
conocimiento, capacidad profesional, y con ello alcanzar autonomía y
libertad. Pero en estas escuelas nosotros intentamos precisamente comunicar
no sólo el “know-how”, sino formar a personas humanas que quieran
reconciliarse, que sepan que tenemos que construir y no destruir, y que
tenemos las referencias necesarias para saber convivir. En gran parte de
África, las relaciones entre musulmanes y cristianos son ejemplares. Los
obispos han formado comités comunes junto a los musulmanes para ver como
crear paz en las situaciones de conflicto. Y esta red de escuelas, de
aprendizaje y formación humana, que es muy importante, viene completada por
una red de hospitales y de centros de asistencia, que alcanzan de forma
capilar a las aldeas más remotas. Y en muchos lugares, a pesar de las destrucciones
de la guerra, la Iglesia es la única fuerza que ha permanecido intacta. ¡Ésta
es una realidad!”. Es donde se cura, donde se cura también el SIDA, y por
otro lado se ofrece educación, que ayuda a establecer relaciones justas con
los demás. Por eso creo que se debería corregir la imagen según la cual
sembramos entorno a nosotros rígidos No. Justo en África se trabaja mucho,
para que las diferentes dimensiones de la formación se puedan integrar y así
sea posible la superación de la violencia y también de la epidemia, entre las
que están también la malaria y la tuberculosis. Fascinación y
futuro del cristianismo Pregunta: Santa Padre, el cristianismo se ha difundido por
todo el mundo partiendo de Europa. Ahora, muchos piensan que el futuro de la
Iglesia se encuentra en los otros continentes. ¿Es verdad? O en otras
palabras, ¿qué futuro tiene el cristianismo en Europa, donde parece que se
está reduciendo a asunto privado de una minoría? Benedicto XVI: Sobre todo yo querría introducir algún matiz.
En realidad, como sabemos, el cristianismo nació en Oriente Próximo, y
durante mucho tiempo su desarrollo principal se quedó allí difundiéndose por
Asia mucho más de lo que nosotros pensamos tras los cambios traídos por el
Islam. Por otro lado, justo por este motivo su eje se trasladó sensiblemente
hacia Occidente y Europa, y Europa –estamos orgullosos y nos alegramos- ha
desarrollado ulteriormente el cristianismo en sus grandes dimensiones también
intelectual y cultural. Pero creo que es importante que recordemos a los
cristianos de Oriente, ya que es el periodo en el que ellos, que han sido
siempre una minoría importante, en relación fructuosa con el contexto
circunstante, ahora emigren. Existe el peligro de que justo estos lugares que
dieron origen al cristianismo se queden sin cristianos. Pienso que debemos
ayudar mucho para que se puedan quedar. Pero ahora contesto a su pregunta.
Europa se ha transformado sin lugar a dudas en el centro del cristianismo y
de su movimiento misionero. Hoy los demás continentes, las otras culturas,
entran con igual peso en el concierto de la historia del mundo. De este modo
crece el número de voces de la Iglesia, y este es un bien. Es bueno que se
puedan expresar los diferentes caracteres, los dones propios de África, de Asia
y de América, en particular de América Latina. Naturalmente todos ellos
tocados no sólo por la palabra del cristianismo, sino también por el mensaje
secular de este mundo, que lleva también a los demás continentes la prueba
irrebatible que hemos vivido en nosotros mismos. Todos los obispos del resto
del mundo dicen: todavía necesitamos a Europa, aunque si Europa es sólo una
parte de un todo más grande. Todavía tenemos la responsabilidad que nos da
nuestra experiencia, de la ciencia teológica que ha sido desarrollada aquí,
de nuestra experiencia litúrgica, de nuestras tradiciones, y también de las
experiencias ecuménicas que hemos acumulado: todo esto es muy importante
también para los otros continentes. Por eso es necesario que nosotros no nos
rindamos, compadeciéndonos y diciendo: “Ya está, somos sólo una minoría,
intentemos al menos conservar nuestro número reducido”; sino que tenemos que
conservar vivo el dinamismo, abrir relaciones de intercambio, para que en
consecuencia de ahí nos lleguen nuevas fuerzas. Hoy hay sacerdotes indios y
africanos en Europa, también en Canadá, donde muchos sacerdotes africanos
trabajan de modo muy intenso. Es un dar y recibir recíprocos. Pero si
nosotros en un futuro recibimos más, tendremos que continuar a dar con un valor
y un dinamismo crecientes. Pregunta: Se trata de un argumento que ha sido ya tocado,
Santo Padre. Las sociedades modernas en las decisiones importantes sobre
política y ciencia no se orientan en valores cristianos y la Iglesia –lo
sabemos por las encuestas- está considerada la mayor parte de las veces sólo
como una voz que amonesta o que incluso frena. ¿La Iglesia no debería salir
de esta posición defensiva y asumir una actitud más positiva en lo
relacionado al futuro y a su construcción? Benedicto XVI: Diría que en cualquier caso tenemos nuestro
deber de poner de relieve lo que nosotros queremos de positivo. Y esto sobre
todo tenemos que hacerlo a través del diálogo de culturas y de religiones, ya
que, como ya he dicho, el continente africano, el alma africana y también el
alma asiática están horrorizadas de la frialdad de nuestra racionalidad. Es
importante que vean que aquí no hay sólo esto. De forma recíproca es
importante que nuestro mundo laicista se de cuenta de que la fe cristiana no
es un impedimento, sino un puente para el diálogo con los otros mundos. No es
justo pensar que la cultura puramente racional, gracias a su tolerancia,
tenga un acercamiento más fácil a las otras religiones. Le falta en gran
parte “el órgano religioso” y con este el punto de enganche a partir del cual
y hacia el cual los otros quieren entrar en relación. Por eso debemos y
podemos mostrar que justo por la nueva interculturalidad
en la que vivimos la pura racionalidad desenganchada de Dios no es
suficiente, sino que es necesaria una racionalidad más amplia, que ve a Dios
en armonía con la razón, y es consciente de que la fe cristiana que se ha
desarrollado en Europa es también un medio para hacer confluir juntas razón y
cultura y para integrarlas también con las acciones en una visión unitaria y
comprensiva. En este sentido creo que tenemos un gran deber, es decir,
mostrar que esta Palabra, que nosotros poseemos, no pertenece –por decirlo de
algún modo- a los trastos de la historia, sino que es necesaria precisamente
hoy”. Pregunta: Santo Padre, en tiempos más recientes se habla
de una nueva fascinación del catolicismo. ¿De qué y de dónde la vitalidad y
la capacidad de futuro de esta institución por otra parte antiquísima? Benedicto XVI: Diría que ya todo el pontificado de Juan
Pablo II ha impactado a los hombres y les ha reunido. Aquello que ha ocurrido
en ocasión de su muerte permanece como muy especial históricamente: como
cientos de miles de personas se dirigían disciplinadamente hacia la Plaza de
San Pedro, permanecían de pie por horas, y en lugar de desfallecer resistían
movidas por una fuerza interior. Y después, lo hemos revivido en ocasión de
mi pontificado y después en Colonia. Es muy hermoso que la experiencia de la
comunidad se convierta al mismo tiempo en una experiencia de fe, que se haga
experiencia de la comunidad no solamente en un lugar cualquiera, sino que
esta experiencia se convierta en más viva y de al catolicismo su luminosidad
intensa precisamente allí donde son los lugares de la fe. Naturalmente esto debe
durar también en la vida cotidiana. Las dos cosas deben ir juntas. Por una
parte los grandes momentos, en los que se experimenta que es hermoso estar
aquí, que el Señor está presente y que nosotros formamos una gran comunidad
reconciliada más allá de todos los confines. Pero después desde aquí es
menester también coger el empuje, para resistir durante las fatigosas
peregrinaciones cotidianas, y vivir a partir de estos puntos luminosos y
orientarse hacia ellos, y saber invitar también a otros a formar parte de la
comunidad en camino. Pero quiero aprovechar esta ocasión para decir: yo me
siento enrojecer por todo aquello que se hace en preparación a mi visita, por
todo aquello que la gente está haciendo. Mi casa ha sido pintada nuevamente,
una escuela profesional ha rehecho el recinto. El profesor de religión
evangélico ha colaborado para mi recinto. Estos son pequeños particulares,
pero son la señal de lo muchísimo que se hace. Todo esto lo encuentro
extraordinario, y no me refiero a mi mismo, lo considero signo de una
voluntad de pertenecer a esta comunidad en la fe y de servir todos a otro.
Demostrar esta solidaridad y dejarse inspirar en esto por el Señor: Es una
cosa que me afecta y por ello quiero también dar gracias de todo corazón. Próximos viajes Pregunta: Santo Padre hablemos de sus viajes. Usted está
en el Vaticano, posiblemente le cueste estar un poco lejos de la gente y
separado del mundo, también aquí en el bellísimo ambiente de Castelgandolfo. Pero usted dentro de poco tendrá 80 años.
¿Piensa, con la ayuda de Dios, poder realizar muchos viajes? ¿Tiene idea de
los que piensa realizar? ¿A Tierra Santa, Brasil? ¿Lo sabe? Benedicto XVI: Verdaderamente no estoy tan solo.
Efectivamente existen – por decirlo de alguna manera – las murallas que dificultan
el acceso, pero hay una “familia pontificia”, todos los días muchas visitas,
en particular cuando estoy en Roma. Llegan obispos, otras personas, hay
visitas de Estado, de personalidades que quieren hablar conmigo también
personalmente y no solamente de cuestiones políticas. En este sentido hay una
multiplicidad de encuentros que gracias a Dios se me dan continuamente. Y es
también importante que la sede del Sucesor de Pedro sea un lugar de
encuentro, ¿no es verdad? Desde el tiempo de Juan XXIII, después el péndulo
ha cambiado en otra dirección: son los papas los que han comenzado a visitar.
Debo decir que no me siento tan fuerte de apuntar en la agenda muchos y
grandes viajes, pero donde estos permiten dirigir un mensaje, donde – digamos
así – responden a un verdadero deseo, los quisiera hacer, con la “dosis” que
me es posible. Alguna cosa está ya prevista: el próximo año en Brasil hay un
encuentro del CELAM, el consejo Episcopal Latino Americano, y pienso que
estar allí sea un paso importante en el contexto de las vicisitudes que
América del Sur está viviendo intensamente, y para reforzar la esperanza que
está viva en aquella región. Después quisiera ir a Tierra Santa, y espero
poder visitarla en tiempo de paz, y del resto veremos que me reserva la Providencia. Pregunta: Permítame insistirle. Los austriacos hablan
también alemán y Le esperan en Mariazell. Benedicto XVI: Si, ha sido concordado. Yo lo he prometido
sencillamente, de manera un poco imprudente. Es un lugar que me ha gustado
tanto que he dicho: Sí, volveré a la Magna Mater Austriae. Naturalmente ésta se ha convertido
inmediatamente en una promesa, que mantendré, y la mantendré con gusto. Ser Papa, hoy Pregunta: Insisto todavía. Yo Le admiro cada miércoles,
cuando celebra la audiencia general. Hay 50.000 personas. Debe ser cansino,
muy cansino. ¿Usted consigue resistir? Benedicto XVI: Sí, el Buen Dios me da la fuerza necesaria.
Y cuando se ve la acogida cordial, naturalmente se queda uno animado. Pregunta DW: Santo Padre, usted acaba de decir que ha
hecho una promesa un poco imprudente. Quiere decir que a pesar de Su
ministerio, con sus abundantes vínculos protocolarios, ¿No se deja arrebatar
su espontaneidad? Benedicto XVI: De todas formas, yo lo intento. Además,
aunque las cosas puedan estar concretadas, yo quisiera conservar y realizar
también alguna cosa personal. La mujer en la Iglesia Pregunta: Santo Padre, las mujeres son muy activas en las
diversas funciones en la Iglesia católica. ¿Su aportación no quedaría más
visible, también, en lugares de mayor responsabilidad en la Iglesia? Benedicto XVI: Sobre este argumento naturalmente se
reflexiona mucho. Como usted sabe, nosotros pensamos que nuestra fe, la
constitución del Colegio de los Apóstoles, nos obliga y no nos permite
conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres. Pero además no hay que
pensar que en la Iglesia la única posibilidad de tener un papel sea la de ser
sacerdote. En la historia de la Iglesia hay muchísimos deberes y funciones.
Para comenzar las hermanas de los Padres de la Iglesia, para llegar a la Edad
Media, cuando grandes mujeres han desarrollado un papel determinante, hasta
la época moderna. Pensemos en Ildegarda de Bingen, que con fuerza protestaba respecto a los obispos
y del Papa; a Catalina de Siena y a Brígida de Suecia. También en los tiempos
modernos las mujeres deben – y nosotros con ellas – buscar por decirlo de
alguna manera su justo lugar. Hoy, están bien presentes también en los
Dicasterios de la Santa Sede. Pero existe un problema jurídico: el de la
jurisdicción, es decir el hecho que según el Derecho Canónico el poder de
tomar decisiones jurídicamente vinculantes va unido al Orden sagrado. Desde
este punto de vista hay límites, pero creo que las mismas mujeres, con su
empuje y su fuerza, con su superioridad, con aquella que definiría su
“potencia espiritual”, sabrán hacerse espacio. Y nosotros deberemos intentar
ponernos a la escucha de Dios, para que no seamos nosotros a impedirlo, es
más nos alegramos de que el elemento femenino obtenga en la Iglesia el pleno
lugar de eficacia que le conviene, comenzando por la Madre de Dios y de María
Magdalena. Los Beatos y los Santos Pregunta: Santo Padre, su Predecesor ha declarado beatos y
santos a un grandísimo número de cristianos. Algunos piensan, que demasiados.
Aquí mi pregunta: las beatificaciones y las canonizaciones aportan a la
Iglesia algo de nuevo, sólo si las personas pueden ser consideradas como
verdaderos modelos. Alemania da relativamente pocos santos y beatos respecto
a otros países. ¿Se puede hacer algo para que esta dimensión pastoral se
desarrolle, y para que la necesidad de beatificaciones y canonizaciones den
un verdadero fruto pastoral? Benedicto XVI: Al inicio yo también era de la idea de que
la gran cantidad de beatificaciones casi nos aplastase y que a lo mejor era
necesario elegir más figuras que entrasen más claramente en nuestra
conciencia. Entre tanto he descentralizado las beatificaciones, para que se
hagan más visibles estas figuras en los lugares específicos a los que estas
pertenecen. Quizá un santo de Guatemala no interesa en Alemania y viceversa,
uno de Altötting quizá no interesa en Los Ángeles,
¿no es así?. Además creo que esta descentralización
sea afín a la colegialidad del episcopado, con su
estructura colegial, y que sea una cosa oportuna justamente para poner de
relieve que los diferentes países tienen sus propias figuras y que estas son
eficaces en particular en sus propios países. También he observado, que estas
beatificaciones en diferentes lugares, tocan a innumerables personas y que la
gente dice: “¡Finalmente es uno de nosotros!” y va a él y vuelve inspirada.
El beato pertenece a ellos, y nosotros estamos contentos de que haya muchos.
Y si gradualmente también nosotros, con el desarrollo de la sociedad mundial,
les conocemos mejor, es hermoso. Pero sobre todo es importante que también en
este campo exista la multiplicidad y por eso es importantísimo que también
nosotros en Alemania aprendamos a conocer a nuestras propias figuras y a
alegrarnos de ellas. Cerca de estas están las canonizaciones de las figuras
más grandes, que son de relieve para toda la Iglesia. Yo diría que cada
Conferencia episcopal debería elegir, debería ver que es apto para nosotros,
que nos transmite realmente algo y deberían volverse visibles estas figuras
–no demasiado numerosas- que dejan una profunda impresión. Pueden hacerlo a
través de la catequesis, la predicación, quizá se podrían presentar también a
través de una película. Puedo imaginarme películas muy hermosas. Yo
naturalmente sólo conozco muy bien a los Padres de la Iglesia: una película
sobre Agustín, también una sobre Gregorio Nacianceno y su particular figura,
su escapar continuo de las responsabilidades cada vez mayores que le venían
asignadas etc.… Hay que estudiar: no existen sólo situaciones desagradables
entorno a las cuales hablan tantas películas nuestras, sino que hay figuras
maravillosas de la historia, que no son para nada aburridas, y que son de
gran actualidad. Por último, hay que intentar no cargar demasiado a la gente,
y hacer visible para muchos las figuras que son actuales y que nos inspiran. El humor y la propia imagen Pregunta: ¿Historias en las que haya también humor? En
1989 en Munich se le hizo entrega de la condecoración del Kart Valentin Orden. ¿Qué papel juega en la vida de un Papa el
humor y la ligereza del ser? Benedicto XVI: (ríe) Yo no soy un hombre al que le vengan
en mente continuamente chistes. Pero saber ver también el aspecto divertido
de la vida y la dimensión feliz y no tomarse todo de forma trágica, esto lo
considero muy importante, y diría que es también necesario para mi
ministerio. Un escritor dijo que los ángeles pueden volar porque no se toman
demasiado en serio. Y nosotros quizá podríamos volar un poco más, sino nos
diéramos tanta importancia. Pregunta: Cuando se tiene un deber tan importante como el
suyo, Santo Padre, se viene de forma natural observado. Los demás hablan de
usted. Y leyendo, me sorprendió lo que dicen muchos observadores, que el Papa
Benedicto es una personalidad diferente del cardenal Ratzinger.
¿Cómo se ve a si mismo?, si me puedo permitir hacerle esta pregunta. Benedicto XVI: He sido ya seccionado en diferentes
ocasiones: como profesor durante un primer periodo y el periodo intermedio,
como cardenal primero y en el periodo sucesivo. Ahora llega una nueva
división. Naturalmente las circunstancias y las situaciones y también los
hombres influyen, ya que se asumen responsabilidades diferentes. Pero
–digamos así- mi personalidad fundamental y mi visión fundamental han
crecido, pero en todo aquello que es esencial se han quedado idénticas, y yo
me alegro de que ahora se pongan de relieve aspectos, que antes nadie notaba. Pregunta: ¿Se podría decir qué su deber le gusta, qué no
es un peso para usted? Benedicto XVI: Esto sería decir demasiado, porque en
realidad es cansado, pero de todas formas intento encontrar la felicidad
también en esto. Conclusión (Bellut – ZDF):
También en nombre de mis compañeros le agradezco muy sinceramente esta
entrevista, en esta primicia mundial. Estamos orgullosos de su próxima visita
a Alemania, en Baviera. ¡Hasta pronto! Castelgandolfo
5.8.2006. Original en Alemán. La Sala
de Prensa del Vaticano hizo público este texto en la tarde del domingo 13 de
agosto. |