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BENEDICTO XVI CARTA
DEL PAPA EN EL VII CENTENARIO DE SANTA ISABEL DE HUNGRÍA CIUDA DEL VATICANO, martes, 24 julio 2007 (ZENIT.org).-
Publicamos la carta que ha enviado Benedicto XVI en el VII centenario del
nacimiento de santa Isabel de Hungría al cardenal Péter
Erdo, arzobispo de Esztergom-Budapest. Al venerado hermano cardenal PÉTER ERDO Arzobispo de Esztergom-Budapest Primado de Hungría Presidente del Consejo de las Conferencias episcopales de
Europa Me ha complacido mucho saber que se están preparando
celebraciones especiales con motivo del VIII centenario del nacimiento de
santa Isabel de Hungría o de Turingia, que tiene
lugar este año. Le pido que en esa feliz circunstancia se haga intérprete,
ante los fieles de Hungría y de toda Europa, de mi participación espiritual
en las celebraciones previstas: serán ocasión propicia para proponer a todo
el pueblo de Dios y especialmente a Europa el espléndido testimonio de esta
santa, cuya fama ha cruzado los confines de su patria, implicando a
muchísimas personas, incluso no cristianas, en todo el continente. Isabel, santa "europea", nació en un contexto
social de reciente evangelización. Andrés y Gertrudis, padres de esa
auténtica joya de la nueva Hungría cristiana, se preocuparon de formarla en
la conciencia de su dignidad de hija adoptiva de Dios. Isabel hizo suyo el
programa de Jesucristo, Hijo de Dios, que, al hacerse hombre, "se
despojó de su rango y tomó la condición de esclavo" (Flp
2, 7). Gracias a la ayuda de óptimos maestros, siguió las huellas de san
Francisco de Asís, proponiéndose como objetivo personal y último configurar
su existencia con la de Cristo, único Redentor del hombre. Llamada a ser esposa del Landgrave de Turingia,
no dejó de dedicarse al cuidado de los pobres, en los que reconocía los
rasgos del Maestro divino. Fue esposa y madre ejemplar, practicando las
virtudes evangélicas, aprendidas en la escuela del santo de Asís; y auténtica
hija de la Iglesia, dando un testimonio concreto, visible y significativo de
la caridad de Cristo. Innumerables personas, a lo largo de los siglos, han
seguido su ejemplo, mirándola como un modelo de excelsas virtudes cristianas,
vividas de modo radical en el matrimonio, en la familia y también en la
viudez. En ella se han inspirado incluso personalidades políticas, que se han
sentido impulsadas a trabajar por la reconciliación entre los pueblos. El año internacional isabelino, iniciado en Roma el día 17
de noviembre del año pasado, está estimulando a comprender cada vez más la
espiritualidad de esta hija de Panonia, que recuerda también hoy a sus
compatriotas y a los habitantes del continente europeo la importancia de los
valores imperecederos del Evangelio. Señor cardenal, deseo ardientemente que un conocimiento
más profundo de la personalidad y de la obra de Isabel de Turingia
ayude a redescubrir cada vez con mayor claridad las raíces cristianas de
Hungría y de la misma Europa, impulsando a los responsables a promover de
modo armonioso y respetuoso el diálogo entre la Iglesia y las sociedades
civiles, para construir un mundo realmente libre y solidario. Ojalá que el año internacional
isabelino constituya para los húngaros, para los alemanes y para todos los
europeos una ocasión muy propicia para poner de manifiesto la herencia
cristiana recibida de los padres, a fin de seguir sacando de esas raíces la
savia necesaria para que se produzca una abundante cosecha de frutos en el
nuevo milenio recién iniciado. A la vez que invoco sobre todos la constate protección de
María, Magna Domina Hungarorum, de san Esteban y de
santa Isabel, le imparto a usted, señor cardenal, a los obispos, a los
sacerdotes, a los religiosos y a todos los fieles, una bendición apostólica
especial, prenda de abundantes favores celestiales. Vaticano, 27 de mayo de 2007 [Traducción distribuida por la Santa Sede © Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana] |