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Fr. Julio González C. OCD CUARESMA-2008 PALABRA Y ESPIRITUALIDAD Pastoral de Espiritualidad Frailes Carmelitas Viña del Mar - Chile |
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LUNES MARTES MIERCOLES JUEVES VIERNES SABADO (Ciclo A) DOMINGO DE Lecturas: a.- Ez. 37, 12-14: Os infundiré mi espíritu y viviréis. b.- Rm. 8, 8-11: Tenemos el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús. c.- Jn. 11, 1-45: Resurrección de Lázaro. San Juan de La primera lectura corresponde a
la visión de los huesos secos de Ezequiel. La infusión del Espíritu en la
vida del creyente, es verdadera vida nueva, y desde la tradición litúrgica,
posee una referencia bautismal esta lectura que hoy El Señor Jesús, comunica la vida
a Lázaro, su amigo íntimo, signo de la vida que nos da el Espíritu Santo por
la fe y el Bautismo; anticipo y garantía de nuestra resurrección (Rm. 8,11),
cumplimiento de la profecía de Ezequiel, el que estaba muerto recobra la vida
por intervención del Espíritu de Dios. A la declaración de Jesús:
“Jesús le respondió: “Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque
muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn. 11,
25-26), sigue el portento de la resurrección de Lázaro. Jesús, acoge la fe de
Marta en su calidad de Cristo e Hijo de Dios que debía venir (v. 27). En esta narración, queda claro
que Jesús es el Hijo de Dios, pero al mismo tiempo la parte humana del hombre
que se conmueve. Proclama su filiación divina, vida y resurrección, que queda
patentado con el signo de darle vida a un muerto, también conmueve verlo
triste, llorar y sollozar por la muerte de un amigo. Lo humano y lo divino de
Jesucristo, es lo que Juan nos quiere comunicar en este largo relato, donde
la fe de sus hermanas Marta y María también son recogidas como testimonio de
su fe en el Cristo y en su poder. Es su condición de Hijo de Dios que lo
acerca al dolor humano y a la causa de la muerte, fruto del pecado. Aquí se
encuentra la vinculación con todo hombre al que Jesús quiere darle vida y
resurrección, si como Marta, cree en ÉL. En todo este relato y el
movimiento de personajes, no hay que olvidar la motivación de Jesús y la de
Juan al redactar su evangelio: suscitar la fe. Sin fe en Cristo Jesús, no hay
vida, ni resurrección. A Marta le requirió este dato fundamental: “¿Crees
esto?” (v. 26), y el apóstol Juan al finalizar su evangelio, dice
refiriéndose a sus escritos: “Estos han sido escritos para que creáis que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su
nombre” (Jn. 20, 31). Desde ahora el que vive en Cristo vive más allá de la
muerte y si muere vivirá espiritualmente (v.25). El creyente que vive
espiritualmente, nunca morirá espiritualmente. Jesús, vida y resurrección,
por lo tanto el que vive a este lado de la muerte, vive en el espíritu (cfr.
Jn. 3, 6; 5, 24-25). Y el que cree ahora, vive al otro lado de la muerte
física (cfr. Jn. 5,28-29; 6,40-54). La clave del creyente está en responder
como Marta: ¿Crees esto? La muerte es un misterio que hay
que asumir. ¿Cómo? Ahí está la cuestión. Si no tenemos fe a la muerte se la
ignora hasta que llega, como una visita imprevista, indeseable, o que no
queremos que llegue. Detrás de todas estas visiones está el temor, el horror,
la nada, etc., la sociedad crea paraísos terrenales para que el hombre no
piense en su destino eterno, más aún, piensa por él y le enseña qué debe pensar al respecto,
reduciendo todo a una visión materialista: después de la muerte no hay nada. Sólo Jesucristo es la repuesta
válida para el hombre respecto a la muerte. La vida cristiana desde el
bautismo, los sacramentan alimenta la vida eterna en el creyente, La invitación de Juan de LUNES DE Lecturas: a.- Dan. 13, 1-62: La casta Susana b.- Jn. 8, 1-11: La mujer adúltera. San Juan de La narración de la primera
lectura nos lleva a considerar hasta donde puede llegar la maldad de quien se
deja guiar por sus pasiones, en este caso concreto, la lujuria de los dos
ancianos. La oportuna intervención del profeta Daniel en el juicio que le
presentan a Susana y a su casa, la salva de morir lapidada por adulterio, ese
día se salvó una vida inocente (v. 62). Susana, había sido criada en la fe de
sus padres y en La adúltera, si era culpable, y Si se lee con atención sobre
todo a Juan, vemos que estos encuentros con sus enemigos, los fariseos, van
enardeciendo los ánimos contra el
maestro, el profeta, el Mesías, se van descubriendo las verdaderas
intenciones del corazón de los hombres ante este signo de contradicción,
bandera discutida, hombre de fe y milagros llamado Jesús de Nazaret. A su vez
se levanta el velo del misterio que está por revelarse: misterio pascual para
la humanidad pecadora y salva. Con su Evangelio, Dios quiere rescatarnos
de la levadura del pecado, de juzgar, en esta caso, creyéndonos buenos y
santos (cfr. Mt.7, 1). Su perdón nos devuelve la vida y la dignidad de
personas. Necesitamos el perdón para iniciar el camino de perdonarnos y
perdonar al prójimo los errores cometidos. Sólo el amor de Dios salva y sana
nuestras heridas, levanta al caído y lo ayuda a caminar en fe. La exhortación de Juan de MARTES DE Lecturas: a.- Núm. 21, 4-9: La serpiente signo de salud y perdón. b.- Jn. 8, 21-30: ¿Quién eres tú? Yo soy. San Juan de El pueblo de Israel se queja,
como muchas veces en su travesía por el desierto, esta vez por la carencia de
alimentos y agua. Dios Padre providente y educador en la fe de su pueblo les
envía serpientes venenosas, para exhortarlos al arrepentimiento, por haber
hablado contra ÉL y su enviado Moisés. El pueblo reconoce su pecado y Moisés
intercede, la respuesta de Dios es el perdón y la serpiente de bronce un signo
del mismo, con el cual sanaba sus picaduras. Bastaba mirar la serpiente de
bronce y recobrar la salud. Mirado desde fuera y a la
distancia de siglos nos parece un rito mágico, pero Dios se valió de ese
signo para encaminar al pueblo de Israel a la fe. En ello hay vestigios del
culto que la serpiente tenía en Oriente, como dios de la salud (Sb. 16,6), será Exequias quien
suprima el culto que todavía daban los israelitas a la serpiente de bronce
(cfr. 2Re. 18,4); los griegos y romanos luego la veneraron como Esculapio o
Asclepios y a su templo en Epidauro, acudían enfermos de toda Grecia a
escuchar su oráculo. Juan en su evangelio relaciona la serpiente de bronce
con El “Yo soy” de Jesucristo es la
clave para comprender este evangelio (cfr. Ex. 3,14). Las disputas ya
habituales entre Jesús y los judíos,
se centran, en si creen en Yo soy, es decir, si creen en ÉL, si o no.
Todas estas disputas levantan el velo del misterio que hay en la persona de
Jesús y revelan de su parte, su origen y condición divina, con sus palabras y
signos, pero ellos se niegan a ver y
creer. El juicio, la hora de Jesús se acerca inexorablemente y tendrá muchos
de estos elementos. Los judíos son de aquí abajo, de la tierra, mientras
Jesús, es de arriba, del cielo; mientras ellos son de este mundo, Jesús, no
es de este mundo; si no creen en ÉL, perecerán, como sus padres en el
desierto (vv. 23-24). Pasar de una esfera a otra es cosa de vida o de muerte.
Si los hombres rechazan a Jesús, que se ha revelado como el agua de vida
eterna y la luz del mundo, morirán en su pecado, porque no creen en ÉL (cfr.
Jn. 4,10; 8,12). Cuando ÉL sea alzado, alusión
clara a la crucifixión y exaltación de Cristo, entonces sabrán quién es ÉL:
“Soy el que soy”. Con ello se identifica con el Yo soy del libro de Éxodo
(Ex. 3,14), con lo que declara su condición divina. Muchos creyeron en ÉL,
otros lo rechazaron; los primeros buscaban la verdad, los judíos
permanecieron en su ceguera ante el Mesías. Bandera discutida, signo de
contradicción, eso es Cristo Jesús, para el hombre de ayer y de hoy; estamos
con ÉL o contra Él, sólo que la postura que tomemos tiene sus repercusiones
en forma definitiva. Su rechazo supone las tinieblas y la ruina eterna porque
no elevaron sus ojos de este mundo; en cambio, quien mira San Juan de MIERCOLES DE Lecturas: a.- Dan. 3, 14-20,91-92.95: Los tres jóvenes fieles a la alianza. b.- Jn. 8, 31-42: Jesús y Abraham. San Juan de La mirada del profeta, desde una
situación de persecución con Antíoco IV Epifanes, escribe su obra (s. II
a.C), con la intención de mantener la fidelidad de la comunidad judía, y para
ello vuelve al destierro babilónico y narra la historia, como ejemplo, el
testimonio de los tres jóvenes se en el horno ardiente (s.VI a.C ). Si bien
Nabucodonosor había reconocido al Dios de Israel como el único Dios (Dan.
2,46-49), cambia su actitud y exige adoración de su estatua, bajo pena de
muerte al que se resista a ello (vv.1-8). Los compañeros de Daniel, Sidra,
Misac y Abdénego son condenados a muerte por negarse a adorar un ídolo, Dios
siempre providente, premia su fidelidad librándolos del fuego (v. 46). El
cántico de los jóvenes es todo un himno a la acción creadora de Dios y finalmente
el rey Nabucodonosor, reconoce que Yahvé obró a favor de sus fieles (vv.
24-30). Este pasaje bíblico nos quiere
enseñar que en la persecución a causa de la fe, el justo se mantiene fiel a
Dios, en la lucha entre el bien y el mal, manteniene su libertad interior, a
pesar de la opresión, conserva ese espacio donde Dios reina hasta ver
coronados sus esfuerzos por la acción de Dios. El testimonio admirable de
estos tres jóvenes, fue un gran aliciente para la naciente Iglesia romana, se
identificó con ellos, en la persecución, mantuvo la adoración al único
Dios, no abandonó la alabanza divina y la celebración de la eucaristía. “La verdad os hará libres” (v.
32). ¿Qué nueva verdad hay que aceptar o creer? Se preguntan los judíos al
oír a Jesús. ¿Acaso no es completa la fe que nos viene de Abraham,
transmitida por Las palabras de Jesús, no son
comprendidas por sus auditores judíos, cuando habla de quien comete pecado,
es esclavo de su pecado y que la verdad no se identifica con la lealtad,
fidelidad, honestidad o lo que sería más difícil de comprender a privilegios.
La verdad es Dios mismo, comunicada a los hombres por los patriarcas, Pero Jesús declara que sus
adversarios no son descendientes de Abraham, entendida por ellos en sentido
físico, sanguíneo, más bien, las promesas hechas a Abraham no están ligadas a
la descendencia tribal, sino a una vida recta y de fe. Ser parte de la
familia de Dios, viene por la vía teologal y moral: vida de fe, de justicia,
de apertura a Dios, aceptar el testimonio de Quien viene en su nombre. Si
fueran sus hijos lo imitarían; querer matar un inocente porque dijo la
verdad, no es el mejor modo, de imitar a su padre Abraham. Finalmente, los
judíos no son hijos de Dios, porque si lo fueran reconocerían a Jesús, lo
amarían, pues que dice aquello que ha visto y oído a su Padre. No recibir a
Jesús es rechazar a su Padre. Por esto los fariseos no son hijos de Dios sino
del demonio y por eso quieren matarlo ya que prefieren la mentira a la
verdad. Sólo quien es propiedad de Dios
por el Bautismo y vive su fe, escucha y acepta a Jesús como enviado del
Padre; sin fe no pertenecemos al reino de Dios. La dureza del alma que
denuncia Juan de JUEVES DE Lecturas: Gén. 17, 3-9: Alianza de Dios con Abraham. Jn. 8, 51-59: Antes de Abraham existo yo. San Juan de Un ramillete de promesas de
parte de Yahvé donde se declara el contenido de El evangelio habla precisamente
de Jesús, como descendiente de Abraham, bendición y vida nueva del Dios de la
alianza para el hombre que se debate entre la vida y la muerte. Su misterio
pascual vence a la muerte y en su victoria, el creyente queda habilitado para
la vida nueva de fe y esperanza, en una sociedad que muere sin valores o que
no tiene una visión trascendente del hombre y permanece sólo en lo material. El problema que presenta el
evangelio sobre el origen de Jesús y
la filiación divina, sus palabras revelan su relación con su Padre y los signos,
glorifican su poder salvador. Los judíos no conocen al Padre, si bien
lo llaman su Dios, no lo conocen y por
lo mismo, no conocen a Jesús. Siempre será
necesaria la fe para encontrar a Jesús, sólo ella nos lo presenta como
Hijo de Dios, revela su misterio y su persona; el conocimiento y el amor será
siempre quien nos conduzcan a Cristo. Su palabra vence a la muerte
para quien la guarda, la cumple, porque lo reconoce y lo ama. Quien guarda su
palabra no morirá (v. 51). Si la verdad nos hace libres, esta genera libertad
frente al pecado y a la muerte, esto es lo que garantiza ahora Jesús. Los
judíos entienden la declaración de Jesús en sentido literal y lo acusan de
ser un endemoniado, porque no comprenden que quien cree a Jesús aunque muera
vivirá (Jn. 11, 25), mientras que los judíos lo entienden sólo como quien
experimenta la muerte física. Esta declaración supera a Abraham y a los
profetas que murieron, lo que afirma Jesús, le viene dado por el Padre que lo
glorifica, más aún, dice que el patriarca vio sus días y se alegró (Gn.
24,1), cosa que acentúa la incredulidad de los judíos. Jesús, afirma finalmente, su
preexistencia, su ser divino y eterno:” Yo soy”. Juan Bautista, lo había
afirmado, existía antes que él (Jn. 1, 30.34), el mismo Abraham nació y
murió, mas Jesús como palabra del Padre, como Señor, está sobre el tiempo
aunque viene a nosotros en el tiempo (v. 58). Esta declaración le ganó a
Jesús el título de blasfemo y sus adversarios aplican la ley reservada a los
blasfemos (Lev. 24,16), es decir, la condena a muerte. Como no había llegado
su hora (Jn.7, 30), Jesús se retira, el tiempo sigue a la luz, se recoge en
ÉL. La vida del hombre en, Juan de VIERNES DE Lectura: a.- Jer. 20, 10-13: Confesiones de Jeremías. b.- Jn. 10, 31-42: Jesús se declara Hijo de Dios. San Juan de Estas confesiones de Jeremías
unen sus crisis interiores y las amenazas exteriores, la persecución y el
odio de sus más cercanos. A pesar de todo se siente seguro en su interior,
porque Yahvé está a su lado como un fuerte campeón (v.11). El profeta se ve
como objeto de un nuevo complot para acabar con su vida; sólo esperan la
ocasión propicia. Lo mismo sucederá siglos más tarde, con Jesús de Nazaret,
será vendido por uno de sus amigos. Jeremías, no se queja con Yahvé,
le recuerda la promesa del día en que lo llamó a servirlo. Dios conoce su intimidad, por lo
tanto espera con fe y seguridad la derrota de todos los que atentan contra su
vida (v.12). Detrás de esta esperanza está la idea de la retribución terrena,
muy propia del AT; el pobrecillo será salvado una vez más por la mano
poderosa de Yahvé. Jesús y el Padre son una sola
realidad (v.30). La pregunta de si es o no el Mesías, parece innecesaria. ÉL
es mucho más que el Mesías que esperaban los judíos, es el Hijo de Dios. La
declaración de Cristo provoca las iras de los judíos y traen piedras para
matarlo, el motivo es siempre declararse Hijo y de ser uno con el Padre. Las
obras hablan por ÉL y atestiguan a su condición, tanto que uno de los propios
judíos habla en su favor: ¿acaso un endemoniado puede dar vista a un ciego?
(Jn. 10,21). Para los judíos, el declararse igual a Dios, les parece
blasfemia (v.34). La réplica de Jesús se basa en las palabras del Salmo 82,6:
“Yo he dicho: sois dioses, sois todos hijos del altísimo”. Si a ellos les fue
confiada la ley, la palabra de Dios y
el poder de interpretarla y aplicarla, los llama dioses, con cuanta mayor
razón el Hijo de Dios, el único enviado, aquel que es Si la mima palabra otorga la
divinidad a quien acoge El místico carmelita, nos invita
a dejarnos atravesar por esta suave luz de amor que nace de SABADO DE Lecturas: a.- Ez. 37,21-28: Serán mi pueblo y yo seré su Dios. b.- Jn. 11, 45-56: Para reunir a los hijos de Dios. San Juan de El simbolismo de los dos leños
quiere significar la unidad que Dios busca establecer para su pueblo; en un leño lleva escrito el
nombre de Judá y en el otro el de José e Israel, luego los une y camina por
la ciudad con ellos en las manos. ¿Qué significa esto? Volviendo la mirada a
los comienzos del reinado de David, él promete n nombre de Dios, el regreso a
la tierra prometida bajo la guía de un nuevo David. Es verdad que David
reunió bajo su cayado a todas las tribus, artífice de unidad para Israel. Su tiempo corresponde, como elegido
por el Señor, al tiempo ideal de la teocracia de Israel. La división que se
provocó a la muerte de Salomón, en dos reinos, Judá e Israel, no sólo quitó
la unidad sino también que Dios fuera el centro de todo, conociendo incluso
el destierro de la tierra prometida. Ezequiel, anuncia la
reunificación en la tierra prometida, es decir, el regreso a la patria, donde
reinará un nuevo David, bajo una sola nación. En el futuro no habrá
divisiones, fruto del pecado, la idolatría, por citar un desorden en que cayó
Israel. Elemento fundamental de la
reunificación será purificar al
país y los corazones de la idolatría para la realización de una nueva alianza,
que Cristo Jesús sellará con su sangre, en los tiempos mesiánicos. Este nuevo
David es el único pastor de su pueblo, reinará sobre ellos, obedecerán la
voluntad de Dios, observarán sus preceptos. La insistencia del “para siempre”
es de resaltar porque en el fondo Dios se está comprometiendo con una alianza
que garantiza perpetuidad, eternidad con valores como la paz, vivir en la
tierra prometida, los multiplicará y su santuario estará en medio de ellos
(vv. 25-28). Este nuevo David es príncipe perpetuo de su pueblo (v.25), lo
vemos realizado sólo en Cristo Jesús,, en la plenitud de los tiempos
mesiánicos. Finalmente “sabrán las naciones” (v.28), Israel se convierte en
profeta, anuncio e intermediario entre todos los pueblos, instrumento de la
revelación de Dios, testimonio de la presencia divina, vocación que el
Concilio Vaticano II, atribuye a Verdaderamente son insondables
los caminos del Señor cuando quiere que se cumpla su economía de salvación.
Un hombre debe morir por el pueblo. Este ese el argumento de los judíos,
luego de la resurrección de Lázaro. Su
temor, la reacción romana en contra de la nación, porque Jesús realiza muchos
signos y muchos creerán en ÉL. La “solución” viene de Caifás, Sumo Sacerdote
aquel año: es mejor que muera un solo hombre y no toda la nación (v. 50).
Esos signos producían reacciones a favor, creían en Jesús, otros rechazo y
hostilidad. Los judíos temen que con tantos signos, la gente admita que es el
Mesías político y religioso y Roma reaccionaría afectando el culto y la
existencia del pueblo. Las palabras del Sumo Sacerdote son una profecía:
Jesús morirá por “la nación y no sólo por la nación sino para reunir en uno a
los hijos de Dios que estaban dispersos” (vv. 51-52). Aquí se cumple las
palabras de Isaías, un solo pastor un solo pueblo, una sola nación. De la
muerte de Cristo de su costado nace Cuidemos con una vida santa, la
unidad de Fr. Julio
González C. OCD |
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Caminando con Jesus |
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