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LA COMUNICACIÓN NO VERBAL CON DIOS Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant 1. TESTIMONIO, ME LO CONTO MANUEL, DE 56
AÑOS EN EL AÑO 2001 Miré a unos cien metros de mi, mientras caminaba muy de prisa hacia
la Iglesia, a pedir al Párroco que fuera a rezar por mi hijo que agonizaba y
observé como un mendigo tambaleante se ponía de pie y se aprestaba a poner la
mano para pedir limosna, entonces le quité la mirada para que no me
entretuviera y lo esquive, al llegar al templo me dijeron que el Sacerdote
estaba en un Retiro en otro lugar, entonces salí desconsolado, y me apoyé en
el muro junto a la puerta, cuando sentí una mano sobre mi hombro, miré y era
el mendigo, y le dije ¡quítame las manos de encima!, sólo recuerdo que me
miro profundamente, luego sin hablar fui invitado a entrar al templo,
caminamos hasta la primera banca, nos sentamos, y cerramos los ojos, no nos
dijimos nada, transcurrido unos diez minutos abrí los ojos para mirarlo y no
estaba, salí del templo y se había ido, entonces me acordé de mi hijo y
Caminé rápido a casa, al llegar todos me miraban boca abierta sin decir nada,
entonces entre al dormitorio de mi hijo, y me miro y me saludo con una
sonrisa, y desde esa fecha hace ya 5 años, que vengo silenciosamente con el y
nos sentamos en la última banca, silenciosos, sin hablar, nos persignamos y
cerramos los ojos unos 10 minutos, nos damos un abrazo y regresamos a casa. 2. LA COMUNICACIÓN CON DIOS Nos persignamos y cerramos los ojos. Persignarse, o santiguarse con
la Señal de la Cruz, formada con dos dedos de la mano o con el movimiento de
esta, representando la Cruz en la cual murió Jesucristo, es un saludo al
Señor, con el lenguaje del cuerpo, para ponerse a su voluntad y encomendarse
plenamente a EL con el corazón. Es difícil recordar en que momento aprendí a hacer la Señal de la Cruz,
pero desde niño sentí que era algo de un gran significado, mi madre me la
hacía al dormir, luego también aprendí que era el rito inicial al salir de
casa al iniciar la mañana, y que al pasar frente a la Iglesia, había que
hacerla. Cuando asistíamos a Misa, estaba pendiente de los momentos y
situaciones en las cual había que repetirla. Encomendémonos a Dios, es lo que recuerdo que me enseñaban mis
padres, y al preguntar por que, porque así le hacíamos encargo a Dios para
que nos cuide. Ponerse en manos del Señor con la señal de la cruz, al comienzo de
algo, significa la gracia de la redención que Cristo nos ha adquirido por su
cruz, en ella murió Nuestro Señor Jesucristo para alcanzarnos la salvación
eterna. Así, la cruz se ha convertido en signo de esperanza. En efecto, los cristianos comenzamos por la mañana nuestra diaria
jornada con nuestra señal de la cruz, todas nuestras oraciones, muchas de
nuestras reflexiones son seguidas de la señal de la cruz, persignarse es
nuestra acción más significativa, no podemos comenzar ninguna oración sin
antes hacer la señal, “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén”. Este movimiento de la mano que hacemos como recuerdo en lugar que
murió Jesucristo, nos consagra, esto es hacer sagrada nuestra vida, nos da
fortaleza, nos permite no caer en la tentación, nos permite salir de las
dificultades, nos entrega paz, nos calma, es el lenguaje corporal de mayor
relevancia en nuestra vida. Cuando hablamos con Dios, es el único movimiento corporal que hacemos,
cuando hablamos con alguien hacemos muchos, cuando nos comunicamos con Dios,
basta solo cerrar los ojos y le entregamos toda la información que deseamos
comunicar y sin abrirlos, esto es sin mirar, obtenemos todo lo que Dios nos
entrega, cuando hablamos con alguien, sólo una pequeña parte de la
información que obtenemos de esa persona procede de sus palabras. He oído decir y en algunos casos lo he leído, que las investigaciones
estiman que entre un 60% y un 70% de lo que comunicamos lo hacemos mediante el
lenguaje corporal, esto es no verbal, con gestos, apariencia, postura, mirada
y expresión. ¿Como nos damos cuenta que al encomendarnos a Dios, el no nos
abandona ningún segundo? Cuando esta acción de encomendarnos a Dios es permanente, esto es
desde nuestro despertar en la mañana, hasta el cierre de los ojos al
disponernos a dormir en nuestras últimas horas del día, el efecto de esta
comunicación tiene lugar a nivel del espíritu, y en especial cuando deseamos
un modo de vivir arreglado a los ejercicios de perfección y aprovechamiento
en el, y lo percibimos cuando en alguna ocasión después de estar sólo unos
minutos conversando con alguien a quien acabamos de conocer, sentimos algo
especial y llegamos a la conclusión de que esa persona no es de fiar o no nos
gusta, sin que podamos explicar el motivo exacto y por alguna razón nos
decimos, “esta persona tiene algo que no me gusta". Ese "algo" procede, casi con toda seguridad, que hemos
recibido la protección divina, y con su ayuda hemos percibido el lenguaje
corporal que nos han transmitido. También nos sucede a la inversa, cuando
hablamos con alguien es posible que le estemos diciendo mucho más de lo que
creemos. De este modo, nuestras emociones se ven influidas por otras personas
sin necesidad de decir una sola palabra, pues puede bastar una determinada
postura, mirada y gesticulación para hacernos sentir incómodos, nerviosos,
como molesto o enfadados, algo nos dice que nos cuidemos de nuestro
interlocutor, de modo que debemos cuidarnos de toda la información que
estamos transmitiendo. Entonces nos damos cuenta que esta comunicación no verbal y
permanente al encomendarnos, es algo divino. La mejor oración es la íntima
comunicación con Dios, es una comunicación muy sensible, no sentimos
abrazados de amor y de paz. 3. COMUNICACIÓN CON LOS HOMBRES La conversación entres los hombres, es siempre acompañada con el
lenguaje del cuerpo, generalmente al conversar con alguien, los movimientos
de los brazos, de las manos, los ojos, buscan complementarse de manera unida para
enviar el mismo mensaje, aunque a veces es posible enviar mensajes
contradictorios, como cuando alguien está narrando una historia divertida
pero la expresión de su cara es triste. Entonces no percibimos que mientras
él habla, está pensando en otra cosa, tal vez en lo siguiente que va a decir,
y luego nos damos cuenta que la expresión de su cara se corresponde con lo
que está pensando y no con lo que está diciendo y así nos deja sorprendido. En otras ocasiones, nos sentimos confundidos, especialmente cuando al
mismo tiempo, nos están trasmitiendo en forma unida rabia, miedo y ansiedad
sin saber para que y porque. Cuando nos enfrentamos a un desconocido, nos comunicamos
principalmente a través de los ojos, esto ocurre por ejemplo, cuando subiendo
una escalera nos encontramos con alguien de frente, primero le miramos a los
ojos y luego desviamos la mirada hacia el lado por el que pretendemos pasar y
emitimos una señal o un gesto y generalmente nos interpretan correctamente, y
podemos seguir nuestro camino. Cuando vamos a encontrarnos con alguien, especialmente si una cita
para nosotros es importante y tenemos interés en transmitir una imagen de
confianza, amistad, queremos agradar a esa persona y causarle una buena
impresión buscamos a través del cuerpo expresar un cierto lenguaje corporal. En efecto, mientras caminamos adoptamos una posición erguida, pero
relajada, tensamos ligeramente el abdomen, levantamos el pecho, mostramos una
expresión en la cara algo relajada y tratamos no mostrar ese nerviosismo interior,
tratamos de controlarlo, nos auto-convencemos diciéndonos que todo es
maravilloso, nos sentimos felíz. Nuestros
pensamientos se reflejan en el rostro y nos ayudan a transmitir la imagen que
deseamos. Al enfrentarnos lo hacemos con los ojos, y hacemos un ritual con
rápidos movimientos ascendente y descendente de las cejas a de atraer su
mirada hacia nuestros ojos. Generalmente mantenemos la mirada durante unos tres segundos, a fin
de obtener información acerca de los sentimientos, actitudes e intenciones de
esa persona, y luego la desviamos hacia abajo un instante en una rápida
reflexión, para volver a levantarla después. Ha sido este un gesto de
sumisión que indica que vienes en son de paz, cariño, amor comprensión o
cooperación. A la inversa, esto es si deseamos causar desconcierto o mostrar
indiferencia, incluso “tomarle el pelo”, levantamos la vista hacia el cielo y
con un movimiento de izquierda o derecha daremos la sensación de rechazo o
falta de interés, mientras que si la mantenemos fija daremos la impresión de
ser hostil, agresivo. Pero cuando el deseo de un contacto más íntimo, con nuestro ser
querido, por ejemplo, no hacemos ninguna pausa, y mantenemos la mirada fija,
sonreímos y lo hemos dicho todo. 4. NUESTRA DONOSURA Que es esto, se preguntan algunos, en el diccionario buscamos,
donoso, (adj). Que tiene donaire y gracia (Del lat. *donōsus,
de donum, don). En todo caso no es por presumir. a) Donosura, en la sonrisa El donaire, la gracia, es un don regalado por el Señor, he conocido
personas que siempre la llevan a todas las personas, y se manifiesta con una
sonrisa, no olvidemos lo que puede hacer una sonrisa, siempre que sea
sincera, las sonrisas falsas son fáciles de descubrir y nos causan mala
impresión. La sonrisa, puede decir muchas cosas distintas, en efecto no sólo
expresa alegría, también puede indicar ansiedad, nerviosismo, inseguridad,
sin olvidar que a veces es una hostilidad enmascarada. Cuando le sonreímos a alguien, busquemos que esta reciba la
interpretación correcta de nuestra intención, porque estas también pueden ser
diferentes. Por ejemplo, una sonrisa puede ser interpretada como signo de
amistad y simpatía, y no tengamos que comunicar a la otra persona eso de qué
se estará riendo esta persona, e incluso nos puede llevar a sentir vergüenza.
Una sonrisa débil y vacilante va acompañada de miradas de similares
características indica timidez e inseguridad. Una buena y noble sonrisa es
útil ante una persona con baja autoestima para darle seguridad. Una sonrisa
franca y honesta, inspira ternura fácilmente. Por otra parte, la sonrisa
reprimida nos indica una imagen desastrosa, sobre todo cuando la otra persona
no sabe de qué nos estamos riendo y la interpreta como una burla. Sonriamos a las personas como sentimos que nos sonríe Dios, como nos
sonríe Jesús cuando nos muestra su sagrado corazón, como nos sonríe nuestra
Madre la Virgen llena de ternura y amor, creo que al hacerlo le trae mucha
paz a quien la recibe. Una sonrisa en los labios alegra nuestro corazón, conserva nuestro
buen humor, guarda nuestra alma en paz, vigoriza la salud, embellece nuestro
rostro e inspira buenas obras. (Madre Teresa de Calcuta) b) Donosura, en la mirada Los ojos tienen una gran importancia y es mucho lo que podemos decir
con ellos. Las miradas pueden ser diversas, y las calificamos según sea su tipo,
mirada tierna, mirada amable, mirada fría, mirada misteriosa, los poetas se
expresan con eso de "hay miradas que matan", “hay mirada que
cautivan”, "tenía una mirada de hielo", “me derritió con su mirada”
o "me abrasó con su mirada". Hay miradas burlonas, satíricas,
pícaras, sorpresivas. Al conversar, miramos atentamente a los ojos de nuestro interlocutor
para demostrarle interés, nos molestamos si al hablar la otra persona desvía
la mirada. Si nos miran fijamente al hablarnos, comprobamos el interés en lo
que decimos, pero es fácil que nos pongamos nerviosos si nos mantienen una
mirada fija por mucho tiempo. Miremos con Dios en el corazón, después de oír, cuando nos disponemos
a tomar la palabra, desviemos la mirada un instante al cielo justo antes de
empezar a hablar, y recibiremos como respuesta una mirada considerada y
meditada. Quizás la persona con la que hablas no es consciente de este gesto,
pero a un nivel sutil está captando todos estos mensajes y sentirá la paz que
puedas transmitir. Mirar a nuestro prójimo con los ojos de Dios, mirar con los ojos de
Jesús, es mirar con misericordia, con amor y paz. “A través de los ojos, vemos el alma de los hombres”, no recuerdo de quien
lo oí, pero comparto la expresión. 5. REFLEXIÓN FINAL A pesar de todo lo que podemos comunicar, a través del lenguaje del
cuerpo, no todo el mundo puede a veces comprender estas señales
correctamente, en especial las personas introvertidas y reservadas, debido a
que ejercen un mayor control sobre sus propias emociones, las personas
agresivas suelen ser difíciles a la hora de interpretar correctamente los
signos, incluso pueden considerar hostil una expresión neutra, al mentiroso
no le es tan fácil mirar como la gente suele creer, si le miramos a los ojos,
se cuida de no perder el control y no ser descubierto. Entonces aprendamos a comunicarnos, como la hizo Jesucristo, sin
palabras y gestos difíciles, no he oído a nadie decir que no les llega cada
una de las parábolas que nos dejo, cada palabra es una poesía de amor hacia
los hombres de bien y de dolor para los injustos, pero el dolor hace
comprender el error de los hombres. Seamos sencillos, no rebusquemos palabras difíciles, no llegarán al
corazón de los hombres, solo a los cerebros analíticos. Expresemos en cada gesto, en el lenguaje del cuerpo, el amor por el
prójimo, la sonrisa amable y la mirada dulce, reconforta a quien la recibe y
a quien la da. No creo que exista algo mas gratificante que la comunicación con
Dios, es práctica beneficiosa, es la mejor oración, es la mejor manera de
comunicarse con los hombres, porque cuando estamos en comunicación con el
Señor, el nos inspira en como debemos actuar, y entonces, muchas veces no
será necesario hablar con alguien para comunicarse, como cuando uno pasa
horas con su padre, con nuestra madre, con alguno de nuestros hijos, con
nuestra esposa, y sin decir una sola palabra, terminamos agotados de tanto
hablar, nos hemos comunicado con el lenguaje corporal, la mirada sincera,
cariñosa, honesta, amorosa, ratificada con una sonrisa. Le invito a una oración de la Madre Teresa de Calcuta Oración para sonreír Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición. Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad. Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y dolores que compartimos. Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos. Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tú me brindas. Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor. Amén. Nada ni nadie nos puede apartar del amor de Dios Gracias Señor, por inspirarme a escribir esto PEDRO SERGIO ANTONIO Junio de 2001 |