Boletín Informativo 159

 
 

Sin otra luz ni guía…

Así marcha el Hermano Rafael
por el bosque siguiendo sus amores
diligente aprovecha los albores
para ir impertérrito hacia Él...
 
Juan de la Cruz le sirve de escabel,
pues conoce el sendero de las flores,
e inflama el corazón con los ardores
y evade a la serpiente cascabel...
 
El búho barrunta e insinúa la noche,
pero en el bosque va a romper la aurora
entre la fronda de árboles altivos.
 
La Cruz del fondo expande con su broche
de oro el brillo, y brotará la flora
con impulsos radiantes y festivos.
 
Los brotes compungivos,
      Amor..,
              Amor..,
                     Amor..,
dejan besos de AMOR en cada herida.

P. Germán Lezcano, ocd

GIJÓN

 

sobre MAESTROS de ESPIRITUALIDAD

 

En los días 15-18 de Julio de este año 2004, se ha celebrado en el Centro Diocesano de Espiritualidad del Corazón de Jesús en Valladolid, el "1 Encuentro de Estudios sobre Maestros de Espiritualidad".

Alguien, hace años, se adelantó a dar al Hno. Rafael este sobrenombre, el P. Antonio Royo Marín O.P. en su libro de la BAC: "Los grandes maestros de la vida espiritual" y entre ellos trae, al que él mismo llamara: "uno de los más grandes místicos del siglo XX".

La figura del Hno. Rafael, "seducido por Cristo" ha sido el pionero en esta serie de maestros, y las conferencias han estado a cargo del:

  • P. Alberico Feliz Carbajal O.C.S.O. Vicepostulador de la Causa de Canonización del Beato Rafael;
  • P. Juan Antonio Martínez Camino S.J. Secretario de la conferencia Episcopal;
  • y D. Francisco Cerro Chaves Pbro. Director del Centro de Espiritualidad de Valladolid.
  • Todo ello ambientado por el recital de Alberto Ramos (Cantautor), con canciones de su C.D. "Saber Esperar".

1ª CONFERENCIA

DATOS BIOGRÁFICOS

Aunque una historia de datos biográficos, no sea muy gratificante, dentro de un ambiente de espiritualidad, es del todo imprescindible y necesaria, para enmarcar la vida de cualquier personaje, sea escritor, artista, investigador, héroe o santo.

Pablo VI en sus "Enseñanzas al Pueblo de Dios", dejó escrito: "Nuestra recomendación es que, debemos conocer las biografías de los santos; ellos pueden ofrecemos un número incomparable de experiencias humanas y de ejemplos que incitan al mayor progreso posible en sentido de perfeccionamiento moral y espiritual, recordándonos al menos aquella pregunta que ya se hacía San Agustín: Si estos y éstas han podido llegar a la santidad, ¿por qué no yo?".

Intentar suprimir el ambiente histórico de una persona, con sus circunstancias sociales, ambientales, familiares y hasta caracteriológicas, sería lo mismo que pretender describir un paisaje excluyendo sus luces y sombras, o describir una partitura sin pentagrama en qué apoyarse.

En cualquier consulta médica, sobre todo si es de carácter grave, el doctor nos retrotrae a la historia de nuestros antepasados, por si acaso hubiera un rastro hereditario en la dolencia que queremos exponer, y que luego titularán con "historia clínica" con nombre propio.

Y Santa Teresa, en la preciosidad descriptiva del "Castillo Interior", profunda lección de teología espiritual ' no comienza por la séptima morada en la que vive la unión mística de Amado con amada, sino por la primera, en la que se estudia la base antropológica: afirmación de la persona, su capacidad y dignidad y su apertura a la trascendencia; o sea, desde el portero de la primera morada oteando los arrabales del castillo, hasta lo más íntimo y entrañable de la séptima, en que se celebra la fusión de amores a lo divino.

Por tanto, el historial biográfico es del todo necesario para conocer a nuestro Hermano Rafael.

El Hermano Rafael es siempre joven, y de manera permanente se viste de primavera. No es una frase rebuscada, sino que ha quedado escrita en un cuarteto, hablando de su "Diario":

"Naciste en primavera... roja y blanca,
un "Diario" se abrió, marfil y rosa;
en otra primavera: fuego y roca
me dejaste sellado, en una Trapa"
Casa donde nació el Hno. Rafael

Vino a la luz de la vida en la leal ciudad de Burgos, el domingo de Ramos, el 9 de Abril de 1911, a las 8,30 de la tarde y murió el 26 de Abril de 1938, pasadas las seis y media de la mañana, cuando la Comunidad de un centenar de monjes, acababa de celebrar la misa matinal en la Trapa de San Isidro de Dueñas.

Podríamos decir que su joven vida de 27 años recién estrenados, fue calco y copia que sintetiza la Pasión y Resurrección de Cristo: Pasión por haber nacido el domingo de Ramos y Pascua por haber muerto en la octava de la Resurrección.

La casa de sus padres, sita en la calle "Paseo de la Isla" número 15, sigue estando en el mismo sitio con distinta numeración y la calle con el nombre de Avenida del Generalísimo, hoy día parece ser que se halla en pésimas condiciones y abocada a desaparecer: cristales rotos, ventanas abiertas, palomas que buscan refugio…

La parroquia a la que pertenecía era la de Santa Águeda históricamente conocida por "Santa Gadea", donde según la tradición el Cid Campeador hizo jurar al rey Alfonso VI, que no había participado en la muerte de su hermano. Allí fue bautizado el 21 de Abril, que cayó en el viernes de la primera semana de Pascua.

Doce días tardaron en bautizarlo, y su nombre fue múltiple, según la conveniencia o concierto familiar, y así se le puso el nombre de Rafael, Arturo, Álvaro y José, dándole por abogados, la Inmaculada Virgen María y San Luis Gonzaga:

- Rafael por su padre,
- Arturo por su abuelo paterno,
- Álvaro por su abuelo materno,
- José por devoción al patriarca que venía de lejos como veremos
- Inmaculada para recordar el nombre de su madre María
- y San Luis Gonzaga por su abuela paterna Luisa de la Campa
Pila donde fue bautizado

Sucedería lo mismo con sus tres hijos que llegarían después:

Fernando, que más tarde fue cartujo, y que muchos hemos conocido por vivir 20 años con nosotros en la Trapa, tomaría el nombre de su abuela Fernanda Torres Erro, que fue su madrina de bautismo;

Leopoldo, el de su padrino Don Leopoldo Torres Erro, tío suyo y Marqués de San Miguel de Gros;

Pila donde fue bautizado

Y la única hija, el nombre de su madre Mª de las Mercedes, familiarmente "Merceditas", que sería físicamente el doble de Rafael

Esta reiteración de nombres, aunque entrañable y familiar, no deja de crear dificultades para quien intente describir los datos biográficos, al tener que prestar atención para no confundir años y edades.

El día 1 de diciembre de 1913, cuando contaba solamente dos años y ocho meses, recibió el sacramento de la Confirmación en el colegio del Niño Jesús de Burgos, que distaba tan solo unos pocos pasos del hogar familiar. Pensemos que no había existido el Concilio Vaticano II y por lo tanto se recibían los sacramentos de iniciación cristiana lo más pronto posible.

Era lunes, y se celebró en la fiesta de San Andrés, ya que el 29 de noviembre,- que era su propio día- había caído en domingo, y por lo mismo tenía preferencia el día del Señor, según las normas litúrgicas.

No fue el arzobispo de Burgos quien se la dio, sino que por delegación, se la administró el obispo de Canarias D. Ángel Marquina Corrales, ya que Burgos en aquel entonces estaba "sede vacante", por el óbito de su arzobispo D. Benito Murúa y López, que en la noche del 28 de octubre murió repentinamente en el convento de los PP. Agustinos de la Vid de Aranda.

Por decreto real, había sido preconizado arzobispo de Burgos el 9 de mayo de 1913 D. José Cadena y Eleta, pero no tomó posesión hasta el sábado, día 13 de ese mismo año.

En cuanto a la Comunión, el testimonio más precioso que recibimos sobre Rafael a la corta edad de ocho años y medio, nos lo da su propia madre. Era el 25 de octubre de 1919, un día cualquiera, pues era sábado . Como fue en la iglesia de las religiosas de la Visitación o "Salesas", distante tan solo unos cuantos metros de su casa, suponemos que fuera el Sr. Capellán quien se la diera.

La frase que le salió del alma a Doña Mercedes y que la dejó escrita en su libro "Datos biográficos del Hno. Rafael, monje trapense fue ésta: "Ya entonces, debió Dios escogerle para si".... Y las madres no suelen equivocarse.

Escoger significa elegir, preferir a una persona para un fin, que siendo Dios el que escoge no puede ser otro que de preferencia para su intimidad; por eso añadía su madre: "pero había que madurar el fruto: Rafael había de esparcir en su entorno la semilla de su ejemplo, para que fructificase en propios y extraños".

A cincuenta y siete años de distancia, que fue cuando escribiera su madre esta frase, resulta ser toda una profecía, pues Dios fascinó a Rafael, y en gesto de entrega total, su doctrina y ejemplo es universal. Repetimos: ¡no es fácil que una madre se equivoque!

Hay una sentencia tan profunda como sabia que reza así: "La belleza de una flor, proviene de sus raíces" (Ralph W. Emerson 1803-1882), y podríamos añadir: y del humus o mantillo que la alimenta y sostiene.

Para Doña Mercedes y Don Rafael, su matrimonio fue un gran gozo, al estar convencidos de que el amor viene de Dios y vuelve a Dios; por eso vivieron su sacramento en profundidad cristiana, no solamente en la ensoñación de los primeros años, sino a lo largo de toda la vida, sobre todo cuando el Hno Rafael se sintió llamado a ingresar en la Trapa.

Cuando se sueña con una buena cosecha, uno de los factores principales, es sembrar en tierra buena; ese humus que según la expresión evangélica puede llegar a conseguir el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.

Según los testigos más cercanos, y el mismo testimonio del Hno. Rafael, la familia Arnáiz-Barón, estaba sembrada en tierra buena. No pocas veces recuerda a sus padres desde lo escondido de su Trapa con un "si es o no es de nostalgia y añoranza alabando su bondad:

- "Tengo unos padres que no merezco".

- "Estoy orgulloso de mis padres y alabando a Dios en ellos".

Y al llegar al Monasterio de San Isidro, cuando todavía estaban vibrando las emociones del arrancón de despedida. escribe: "Las primeras oraciones que salieron de mi, al tomar el nuevo estado, fueron para mi padre y mi madre. Y con gesto un tanto guasón, añade: "Por lo tanto ya veis que de alguna manera cumplo con el mandamiento de honrar padre y madre".

Y refiriéndose en particular a su padre, se expresa así: "Papá es más bueno que el pan". "Mi padre no sólo me da permiso, (se refiere a su ingreso en la Trapa), sino que él mismo va a ofrecerme".

Y escribiendo a su confidente, tía María, la duquesa de Maqueda, le dice: "Si vieras qué alegría me da el ver a mi padre en su misa y comunión, y no dejar ni un día su oficio a la Virgen…"

Respecto a su madre, a la que más se parecía física y espiritualmente , las descripciones son preciosas y el recuerdo constante:

- "Os tengo a todos en el corazón, especialmente a ti, querida madre…"

- Bueno, ya para que sepas todo, -escribe a su tío Polín-, cuando he llorado con más gusto; y lo subraya como si fuese un auténtico desahogo-, es con las cartas de mi madre. Te las mando para que las leas. Y que las leas es lo de menos. Lo principal es que alabes a Dios con ellas, pues cuando se ve un alma generosa y grande como la de mi madre, no puede uno por menos de ensalzar al Creador desde el fondo del alma.

En ellas verás una madre cristiana, heroica y tan generosa con Dios, que cuando allá en la Trapa, su hijo el trapense, las leía en un rincón del noviciado, al mismo tiempo que le hacían llorar, bendecía a Dios de tener una madre, que no solamente había hecho el sacrificio de un hijo, sino que le ayudaba y fortalecía a llevar su cruz y sacrificio.

Cuánto valen a los ojos de Dios esas almas calladas que apuran el cáliz con resignación, en silencio, e incluso con alegría, y qué variedad de actos generosos se pueden ofrecer a Dios incluso tocando el piano… ¿no te parece?

Al ver el espectáculo grandioso del alma de mis padres y la gloria que estaban dando a Dios en aquellos días, me olvidaba de mis propios sufrimientos y penalidades. ¡Qué valía lo que yo hacía, al lado de ese desprendimiento tan sublime de mis padres!...

En cuanto a los otros hijos, Luis Fernando y Leopoldo, que han dejado sus testimonios en los documentos procesales, expresan sus sentimientos encuadrados más bien, bajo los prismas de cultura, de posición social de sus padres, aunque también de vida cristiana

El P. Fernando, cartujo de Miraflores, procurador durante muchos años, y prior de Porta-Coeli durante muchos más, habla de su padre en estos términos: el grande orgullo de mi padre era, que Dios le hubiese elegido tres hijos para Él.

Cuando Rafael confió a su madre su decisión de ingresar en la Trapa, la reacción de mi padre, -yo estaba presente y fui testigo de la escena-, fue distinta y más sublime que la de mi madre; mi padre no se hundió, y después de un breve silencio, en que el labio inferior le tembló, sus primeras palabras fueron: "Bendito sea Dios, que ha elegido un hijo para El"

Lo mismo ocurrió cuando su hija Merceditas tuvo que irse a las Ursulinas de Vitoria. El padre, para no abrir una segunda herida en su esposa, él mismo se ocupó de todo el ajuar que tenía que llevar su hija al convento; nuestra madre -añade el Padre Fernando- no se molestó lo más mínimo de que su marido obrase de esa manera tan confiada en sus hijos, convencida sobre todo de que lo único que trataba era evitarla un nuevo sufrimiento.

De su madre nos dice: Teniendo nuestra madre una gran facilidad para la pluma, muy literata y entendida en música, siempre que hacia las crónicas de los conciertos, y antes de mandarlos al periódico del "Lunes", nuestro padre daba el visto bueno, y ella lo admitía muy complacida.

Y nos hace un retrato de doña Mercedes: "Nuestra madre era alta, muy guapa, un tipo muy bien formado, una figura espléndida, enjoyada con joyas de valor, y aunque la gente se le quedaba mirando, ella no le daba importancia alguna".

"Fue nuestra madre, una mujer de fe fantástica -quiere decir "profunda- y que supo inculcarla a sus hijos. En realidad su vida fue una cruz continuada, aceptando lo que Dios le enviaba en cada momento, y así:

- a Rafael, su hijo mayor, le vio enfermar a los diez años de grave pleuresía;
- salir a hacer sus estudios a Madrid, cuando siempre había estado a su lado;
- ingresar en la Trapa, recibirlo gravemente enfermo a los cuatro meses
- volver a despedirse de él tres veces más.
- y por último, no verle morir, ni siquiera acercarse a su sepultura…
Colegio del Niño Jesús de Burgos, donde
el Hno. Rafael recibió la Confirmación

Leopoldo por supuesto, que fue quien vivió siempre al lado de sus padres, será quién nos pondere las facetas y cualidades de sus padres.

De su madre nos dice, que no asistió a colegio alguno: todo lo aprendió directamente de su padre en clases particulares. Las dos gemelas Mercedes y Fernanda, nacidas en Quiapo, Manila (Filipinas), por circunstancias del cargo que ostentaba su padre D. Álvaro Barón, como comandante de guerra, estudiaron como asignatura especial de aquel tiempo para mujeres, la carrera de piano, y llegaron a tal perfección, que obtuvieron un primer premio en el Conservatorio de Madrid tocando a dos manos.

- Extremadamente inteligente, con gran facilidad literaria y un vocabulario amplio, poseía un gran sentido estético de dicción;

- Conocía al menos tres idiomas: el francés, que hablaba perfectamente, el italiano y el portugués, además de tener un amplio conocimiento del inglés.

- A todo esto le acompañaba una gran belleza física, que le hacía ser una mujer impresionante: muy guapa, con un tipo magnífico, alta y bien construida, al que correspondía un pensamiento claro y agudo.

- La religiosidad que recibieron los hijos en los primeros años, fue obra de Doña Mercedes, pues D. Rafael, hacía una especie de delegación en su esposa.

- Era mujer de gran piedad: oía misa y comulgaba a diario. Pertenecía a la Acción Católica Militante, metida siempre en una atmósfera clerical.

- Tenía un don de gentes muy grande, de modo que por su cultura, brillantez de diálogo y rapidez, se conquistaba el público.

- El cariño y entrega a su marido fue enorme, era su idea fundamental. Para ella la familia era una cosa muy importante, pues el personaje que llevaba dentro, al cual respondía toda su vida, era un personaje familiar y entrañable. Aceptaba todo lo que de Dios venía y como llegaba. Tenía una gran capacidad para todo. Estudió para enfermera después de casada, en Burgos, en la Cruz Roja, y cuando llegó a Oviedo, especializada en quirófano ayudó al Dr. D. Julián Clavería. Mujer muy capaz para llevar a sus hijos, a su marido, la música, los escritos ensayos y la enfermería.

- Hay un detalle muy significativo en su última hora: se despertó de noche, como enfermera reconoció que tenía una angina de pecho, llamó a su sirvienta Socorro Fernández y le dijo: vete corriendo a llamar al sacerdote y le dices que venga rápidamente que no aguanto más de dos horas, "es mi hijo Rafael el que viene por mí"… y ocurrió tal como se lo había dicho a la sirvienta, muriendo llena de fe.

Pero las aguas hay que tomarlas de arriba; tenemos en nuestro poder detalles preciosos que avalan todas estas afirmaciones sembradas en tierra buena.

Don Rafael fue educado como interno en los Jesuitas de Oña, que en aquel entonces, por la disciplina, el reglamento estricto, y la piedad profunda y práctica, era como encontrarse en una especie de noviciado religioso. Y no solamente. en los largos meses de estudio, sino que cuando se iban de vacaciones, seguían unidos a los profesores por un carteo de seguimiento y casi de dirección espiritual.

Un día le escribía el P. Cirilo Villegas durante las vacaciones y le decía: "Mi apreciable discípulo Rafael: Este verano si que has sido hombre de palabra, no sólo me ha llegado la carta prometida, sino toda una porción. Creo que en todo lo demás te habrás portado como un caballero… a juzgar por tus notas y los puntos conseguidos, haces presagiar muy buenas "esperanzas".

Pero hay mucho más en su vida de piedad. El mismo P. Cirilo Villegas le recuerda en otra carta: "Cuando me escribas, que quiero sea después de la fiesta de San José, me dices si has hecho los siete domingos, ayunando los viernes de Cuaresma, sacudiendo tu pereza y aburrimiento frente al nuevo curso, aunque sea a golpes de disciplinas… -¡Y esto se lo decía a un chico de 17 años!-. Te felicito por haber hecho ejercicios espirituales…

Uno de los propósitos que creo te hayas formulado, será el de continuar frecuentando los sacramentos cada ocho días. Supongo que el día de tu santo, confesarías y comulgarías como buen cristiano.

Me gusta mucho que mires con seriedad el nuevo y difícil paso de tu carrera, y espero que seas bueno de veras, piadoso, dócil y aplicado. No quiero que pase el día hermosísimo de San Luis Gonzaga, sin recordarte y felicitarte, ya que es el día de tu angélico patrono.

De su madre, no tenemos cartas de colegio, puesto que toda la formación la recibió de sus padres, pero si algunos ensayos literarios, que demuestran su pensamiento profundamente cristiano y ejemplar, aunque a nuestros oídos modernos, en que se vive tanto libertinaje de sentidos y costumbres, resulten un tanto anacrónicos.

Un primer título es: "El culto al hogar", en el que se habla de las virtudes de la mujer en la vida doméstica, llamando al hogar: arca de amores buenos, de virtudes sólidas, un descanso de penas y fatigas, un verdadero oasis en el tráfago del humano vivir.

Otro título era: "Cosas de verano: una tragedia vulgar", en el que detalla el ambiente de una playa asturiana, y una pareja de jóvenes que por primera vez se miran a los ojos haciéndose promesas de amor.

Al final él le pidió a ella un beso, con esa fácil argumentación: ¿es que no voy a ser tu marido? La joven contestó con firmeza de mujer honrada y casta: ¡cuándo lo seas!

Y la niña hizo bien. Aquel hombre era... como uno de tantos, impulsivo en el querer y pronto para olvidar…

No volvió… La fortuna y el destino le llevaron a otras tierras, y aquel rincón de la costa astur, un corazón de mujer sufrió en silencio, la punzante pena de un desengaño de amor"…

Esta es la tierra buena, en que nació Rafael: unión plácida y fecunda; armonía y entendimientos de pareceres; unión de amor en el Amor; coincidencia preciosa en que el amor horizontal coincide con el amor vertical.

RAFAEL: COLEGIAL

"La infancia de Rafael transcurrió serena"; esta es la frase de su madre, que describe con una sola pincelada, el lapso de tiempo desde su niñez hasta el ingreso en el colegio.

Como D. Rafael su padre había estudiado en los Jesuitas, eligieron para su primogénito el Colegio de la Merced que no estaba lejos de su casa. Inició el curso en Octubre de 1920, cuando Rafael había cumplido en Abril sus nueve años.

Su educación, piedad y compostura, ya desde su entrada, le hizo caer bien ante los profesores; además era de los que le gustaba visitar la capilla, demostrando sentimientos de religiosidad cristiana.

En medio de la alegría del nuevo ambiente que acababa de estrenar, y de las reuniones que había empezado a tener con los chicos de la Congregación, iba a ocurrir un contratiempo inesperado, cuando tan solo llevaba tres meses escasos . También aquí pudiéramos decir que "Dios había comenzado a cambiarle el paisaje… pues Rafael, de pronto se encontró físicamente mal, agotado y sin fuerzas, por lo que tuvo que suspender la asistencia a las clases. Una fiebres colibacilares dieron con él en la cama: altas temperaturas, desgana, decaimiento general.

Viéndose imposibilitado de asistir en su colegio a la misa dominical, como Congregante de María Inmaculada, de la que, desde muy chiquito fue un gran amante, pidió al Rector del colegio por medio de su madre, en aquel tiempo el P. Oraá, que con frecuencia le llevase la Comunión.

Así estuvo Rafael niño postrado y convaleciente hasta el uno de Abril, en que viendo que no se recuperaba, su madre le llevó a Madrid, donde estuvo hasta el cuatro de Mayo de 1921, o sea, un mes en casa de su abuela Fernanda Torres, la cual se encariñó tanto de él que le regaló una cámara fotográfica.

Se lo dice a su padre en unas líneas que escribió desde Madrid al día siguiente: "Queridísimo papá, llegué muy bien y sin marearme nada; no tuve tiempo de escribirte ayer, y te mando esta postal pintada por mi; estoy muy contento. Ayer fui a ver a mis primos. Da muchos besos a los niños, y un abrazo muy fuerte de tu Rafael".

Pero ya desde ahora el Señor le está advirtiendo que su camino va a ser la Cruz desde tan tierna edad esa "Cruz" que él interpretará más tarde con una frase tan incomprensible, como "su tesoro", pues al volver de Madrid se le declaró la pleuresía que había permanecido latente durante los meses anteriores. Su gravedad fue mucha, y no menores sus sufrimientos que soportaba con gran paciencia

Todavía convaleciente, le enviaron sus padres a Ávila, ya que el clima de altura de aquella región completaría de un modo definitivo su curación. Conocería por primera vez aquel rincón de la finca de Pedrosillo, en la que pasados los años, sería para él, centro de intimidades y desahogos a lo divino, con sus tíos D. Leopoldo Barón, hermano de su madre, y Doña María del Socorro de Moscoso y Reinoso, duques de Maqueda

Este es un detalle hasta ahora no constatado ni siquiera en las Obras Completas y nos parece extraño, que Doña Mercedes no lo haya recordado ni siquiera en su libro: "Vida y escritos del Hno. Rafael". El tío "Polín", -como cariñosamente le llamaba Rafael- lo trae en el primer libro que salió a luz a los pocos años de morir el Hermano Rafael, con el título: "Un secreto de la Trapa" y que hizo tanto furor en aquel entonces.

Lo recuerdo perfectamente: fue el año 1941 cuando se presentó Don Leopoldo en nuestro Monasterio. Llevaba entre manos un proyecto ambicioso, para lo cual conversó ampliamente y pidió colaboración al Padre Abad y a los monjes.

Se trataba de hacer una biografía sobre el Hermano Rafael, que hacía tan sólo tres años que había fallecido y comenzaba ya entonces a despertar interés creciente en algunas personas que le trataron más a fondo. Iba a titularse "Un secreto de la Trapa". Durante bastante tiempo, se leyó el borrador escrito a máquina en la sala capitular ante una Comunidad de más de un centenar de monjes, y la impresión general fue extraordinaria, y para la mayor parte de los religiosos era de verdad el auténtico descubrimiento de un "secreto" de la vida escondida de Rafael en Dios.

Sin embargo Doña Mercedes, da por asentado, que fue al término de sus estudios de bachillerato en 1929 cuando preguntó a su hijo, qué quería como premio, y que él había respondido ir a pasar unos días a Pedrosillo.

Escribe ella:

"Al correr los años, cuando ya Rafael era un hombre de una madurez de juicio superior a su edad, haciéndole descansar de sus tareas escolares, le mandaron sus padres a una finca que en Ávila poseían sus tíos, los duques de Maqueda, hermanos de su madre, y a quienes desde entonces le unió un gran cariño, que fue siempre considerado como un hijo más. Acompañado de su hermana Mercedes, llegó a Ávila el mes de Julio.

Era ya un muchacho alto, distinguido, de cabellos negros, elegante en posturas y modales, muy cuidadoso en el vestir, pero sin afectación ni petulancia. De carácter jovial, franco y alegre, extremadamente sencillo y con un gran poder de atracción en sus ojos oscuros. Acababa de cumplir Rafael 18 años".

Pasada la crisis y ya completamente restablecido, su padre lo llevó a Zaragoza para ofrecérselo a la Virgen del Pilar y darle gracias por la curación obtenida.

En Octubre de este mismo año 1921, volvió de nuevo a los estudios, sin más interrupción hasta primeros de Enero.

Como colofón a este primer año de colegio, año -que en realidad sólo han sido siete meses escolares, a causa de sus dolencias - el P. Florentino del Valle S.J., en un libro reciente, titulado: "Los Jesuitas en la Merced: cien años de historia. Burgos 18901990", nos trae un detalle muy curioso, en el cual pudo tomar parte el Hermano Rafael.

La vida del colegio, -nos dice- se completaba con una amplia actividad piadosa y cultural. Era normal la pertenencia de los colegiales a la Congregación Mariana, sita en el mismo edificio de la Merced:

- se celebraban con solemnidad las fiestas de las primeras comuniones;

- eran frecuentes las conferencias sobre los más variados temas;

- Y lo más alegres eran las excursiones, principalmente a los pueblos de

Burgos, sobre todo a Oña, donde se encontraba la facultad de filosofía y teología, desplazándose a Orduña, donde los más pequeños se quedaban admirados de lo que era un auténtico colegio de Jesuitas.

Por cierto que en una de estas excursiones, trajeron -muy posible de los montes de Oña- un lobezno, a quien los pequeños le pusieron el nombre de "Aníbal" y que fue la atracción y objeto de cuidado de los niños, durante una buena temporada; entre estos niños se hallaba el Hermano Rafael.

Entre formadores y directores espirituales que han llegado hasta nosotros de aquel primer año de colegio, estaban: los Padres Nazario, Eusebio Hernández, y sobre todo el P. Ignacio Mª Aramburu, muy estimado por su austeridad, penitencia y sencillez.

A pesar de su salud enfermiza, cuidó con todas sus fuerzas de llenar perfectamente el doble fin de la vocación a la que había sido llamado:

- su vida interior era muy íntima y recogida

- vivía en continua presencia de Dios

- pasaba largos ratos ante Jesús Sacramentado siempre que tenía oportunidad para ello.

- varón eminentemente espiritual a quien los Superiores confiaron durante largos años la dirección espiritual,

- espíritu devotísimo, sujeto a su cuerpo frágil y tenue, a quien le habían puesto el sobrenombre de "el santo" P. Aramburu.

Un P. Jesuita de aquel tiempo nos asegura: No hay duda que el Hno. Rafael trató con el P. Ignacio Mª Aramburu, que influía mucho no sólo en el ambiente del colegio, sino en las familias y sobre todo en el clero, comenzando por el mismo Sr. Arzobispo.

De esta primera época nos quedan como testimonios plásticos una serie de fotografías que recogen momentos entrañables de Rafael niño, bien en Villasandino, donde sus padres tenían una casa solariega, bien en Burgos donde vivieron hasta 1922. Son documentos gráficos y mudos pero afectivamente irreemplazables, y así:

- el primero de todos, es en la huerta de Villasandino, donde Rafael aún en mantillas aparece en brazos de su abuela paterna Dña Luisa Sánchez de la Campa y Tarquez, mientras un perrazo blanquinegro duerme tranquilo a sus pies;

- hay otra ya en cortos, que apenas se sostiene en pie sobre una silla, y por eso se encuentra a su lado el ama de llaves para sostenerle. Más adelante aparece en otra fotografía los tres hermanos en una carretilla sonrientes y felices mientras la criada les pasea de esta guisa por la huerta;

- Hay otra muy simpática que se la hicieron en Toro, y que a sus cuatro años está vestido de tirolés, con un bastón en la mano derecha, un sombrero de plumas en la izquierda, y una amplia sonrisa para quienes le están observando;

- vendría luego la fotografía de rigor en el día de su primera Comunión con vestido de marinero pero sin galones; vestido que usarían todos los hermanos, incluso Merceditas en los días festivos para ir a misa.

Rafael con su abuela
Rafael con su niñera
Rafael con su padre

Así clausuramos estos primeros once años que vivió la familia Arnáiz Barón en la ciudad de Burgos.

EN OVIEDO: segundo año de Bachillerato

Cuando a primeros de Enero de 1922, se trasladaron a Oviedo por el cargo que tenía D. Rafael como ingeniero de montes, ya la familia era completa y todos burgaleses:

- Rafael había nacido el 9 de Abril de 1911

- Luis Fernando el 29 de Mayo de 1913

- Leopoldo el 19 de Septiembre de 1914

- Y Mª de las Mercedes -familiarmente "Merceditas"-, el 12 de Mayo de 1917

Ya no hubo más hijos en Oviedo.

En el mes de Octubre de 1923, Rafael comenzó el segundo año de bachillerato como externo en el Colegio de San Ignacio, prosiguiendo hasta 1926, no porque se cerrase entonces el Colegio, -como se ha dicho- sino porque en el año académico 1926-1927 se suprimió el 5º curso que era el que le tocaba hacer a Rafael, quien por esta razón hubo de dejar el colegio junto con la mayoría de sus compañeros. Se tuvo que tomar esa medida por falta de profesorado. Eran 21 alumnos cuya fotografía colectiva se conserva.

De su conducta en aquel tiempo, como colegial, da fe textual el prefecto de entonces, P. Pascual Arroyo S.J.:

"¡Rafael Arnáiz Barón ! Mucho le recuerdo en el momento en que, con sus padres y hermanos Luis Fernando y Leopoldo, se presentó en 1923 en el colegio de San Ignacio. Desde el primer momento se echó de ver en él, al muchacho acostumbrado a la vida del colegio de la Compañía. Venía entonces del externado de Burgos, encajando sin dificultad en la marcha del nuevo para él, que le admitía a cursar el segundo año de bachillerato.

Niño inteligente, constan sus notas de aplicación en el libro de los matriculados, destacándose por su buena disposición para las matemáticas, no tanto en letras, precisamente donde más tarde tanto había de lucir, como lo demuestran sus diarios íntimos, que sí son los de un hombre, que ilustrado por Dios descubre su altura de aspiraciones a la unión con El, ellos reflejan luces de inspiración artística.

Desde el primer momento se capta las simpatías de todo el colegio y es el centro alrededor del cual, gira la alegría que sabía infundir en sus compañeros.

Hay testimonios procesales de condiscípulos que estuvieron a su lado en el colegio durante tres y hasta cinco años, que coinciden con las aclaraciones del P. Pascual Arroyo.

Uno de ellos fue José Cervero Lorences el cual asegura:

Rafael fue un hombre muy ameno siempre en su conversación, destacaba mucho en los idiomas, en cosas que hubiese que estudiar de memoria siempre sobresalía. Hablaba correctamente el francés.

Era muy buen compañero. Jamás acusó a nadie, cosa que entre chiquillos era muy corriente. Tenía una conversación siempre muy amena, recordaba mucho los chistes, y ya estábamos pendientes de que nos alegrara con sus cosas.

Era mucho más profundo que yo. Se notaba en él y en sus conversaciones siempre un sentido religioso. Era muy pulcro, elegante, le favorecía también el tipo alto de hombros. Ya teníamos en el colegio formada la idea que se iría de religioso, sin que pensáramos precisamente que había de ir a la Trapa.

Su trato era amable y servicial, siempre dispuesto a favorecer a todos.

Cuando el P. Pascual Arroyo añade: "nunca vi a Rafael tomar parte en juegos de fuerza, pero siempre en los recreos con su inventiva de un genio franco y dulcemente guasón", D. José Cervero Lorences lo ratifica cuando añade: ¡Nunca le vi correr ni jugar a la pelota; él miraba con satisfacción cuando nosotros jugábamos!.

Iglesia de las Salesas
Rafael de Primera Comunión
Placa de la Primera Comunión

Otra faceta muy importante es que "era formal y cumplidor exacto del deber. Su aplicación era mucha, llevando calificaciones en conducta y clases, superiores siempre a lo ordinario, que le hicieron en no pocas ocasiones digno de ocupar puestos de las dignidades que se nombraban periódicamente en la distribución de premios con que se distinguían a los mejores de entre los buenos.

Y por la piedad intensa que observaba, perteneció a la directiva de la Congregación de San Estanislao, cuya medalla llevaba años más tarde consigo, y que me mostró cuando por su enfermedad, vuelto de la Trapa el año 1934, nos vimos de nuevo después de muchos años.

Y entonces, me sorprendió la nueva faceta del carácter y talento de Rafael, que yo había dejado de niño el año 1926. Lo encontré elegante, dignísimo, artista, y sobre todo de Dios, a quien buscaba inquietamente, como magnetizado, para ocultarse con Él en el silencio y austeridad de la Trapa. Vi que estaba yo ante un misterio… ¿Qué había en aquella alma, que buscaba la nada para ocultarse desapareciendo, y dejar paso a la Divinidad para que la poseyera?

Alguien que le conoció muy de cerca fue su maestro de pintura D. Eugenio Tamayo Muñiz. En su declaración procesal nos dice entre otras cosas

"Conocí al Rafael desde los trece años de edad, y le he tenido por alumno a los 15 años, preparándole para que se iniciara en sus estudios de arquitectura.

La convivencia con Rafael en la clase me ha hecho conocer mil detalles, y puedo decir que realmente, no era cosa corriente, se distinguía entre los demás por su humildad, muy generoso y dadivoso para con todos, y todo ello ha sido comentado muchas veces entre los mismos condiscípulos y yo.

Lo que yo puedo manifestar como resumen de la impresiones recogidas durante el largo e íntimo trato con Rafael es que se trataba de una persona bien definida, algo que se salía de los corriente por el conjunto de cualidades que le hacían ganarse la simpatía y el afecto de cuantos tuvieron la dichosa ocasión de tratarle.

Sobre todo quiero destacar su sencillez en el trato, no exenta de elegancia de modales en él, espontánea por razón del ambiente y trato de familia del que era miembro

En mi estudio, al que frecuentísimamente acudía con la confianza que podía tener un miembro de mi propia familia, se mostraba extraordinariamente afectuoso, tanto conmigo como con los demás muchachos que acudían. Era generoso con generosidad espontánea para todos. Si alguno necesitaba cualquiera de las cosas que tenía: papel, goma, carboncillo, difuminos, etc... se lo cedía espontáneamente con una naturalidad encantadora.

También recuerdo haber notado en distintas ocasiones, el recato y discreción con que se comportaba cuando los alumnos entablaban conversaciones sobre asuntos de jóvenes, aunque no fuesen del todo escabrosas.

Otro detalle que quiero consignar es que, no recuerdo haberlo visto nuca enfadado, no solamente conmigo, -a quien dicho sea de paso- siempre me trató con extraordinario respeto y afecto, sino con los otros compañeros y chicos que acudían al estudio; cosa por otra parte tan frecuente y fácil entre los chicos de corta edad"

La definición por tanto de Rafael en estos años es: "Niño inteligente, alegre, travieso en los juegos y formal en los estudios. Y en medio de todo: hondamente piadoso.

Y como joven: elegante, espíritu selecto, artista, con decisión inquebrantable de entregarse del todo a Dios

Así lo vio también su maestro de pintura: siempre le recuerdo de pie en mi estudio, frente al caballete, horas y horas en silencio, apenas turbado de vez en cuando por alguna observación, ausente de cuanto le rodeaba, absorto en su trabajo.

Ya entonces vi en él, algo especial que me atraía irresistiblemente… y al correr de los años, cuando ya Rafael era un hombre de una madurez de juicio superior a su edad, comprendí que aquel espíritu selectísimo, no servía para el tráfago de la vida vulgar. Algo había en él que le encaminaba a alturas mayores, y muy pronto obtuve sus confidencias íntimas, siendo yo el primero que oí de sus labios su deseo de una vida asceta, silenciosa, aún no definida.... la vida que años después abrazó en el Monasterio de la Trapa.

Las fotografías de aquel entonces, son ya todas en paisajes de Oviedo, pasando de niño a joven en las que se ve cómo va creciendo hasta conseguir la altura de 1,72 metros, y entretenido en las faenas más simples: pescando con una red en la piscifactoría que regía su padre, en barca con algunos criados, subido a los árboles con sus hermanos, teniendo al lado a su madre, paseando por el campo a caballo o escalando montañas y muy seguro que alabando a Dios en su interior.

El año 1926, a petición suya, comenzó sus clases de dibujo y pintura. Ya bullía en él, el deseo de hacerse arquitecto, carrera en la que podía aunar la ciencia con el arte.

El amor a la pintura fue siempre la faceta más destacada del espíritu de Rafael. Dios quizá se valió de ese medio para atraerle hacia Sí.

Terminó con aprovechamiento su bachillerato y decidiéndose no perder tiempo, comenzó a prepararse para su ingreso en la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde se matriculó el 26 de Abril, día señalado en su vida, recibiendo la carta de identidad como alumno de dicha escuela, en la que se hace constar que estaba matriculado para ingresar en el curso 1929-1930.

Según su madre Doña Mercedes, era el sueño de Rafael, su gran ilusión... dibujar, pintar, llegar a ser algo, plasmar en lienzos y cartulinas lo que su alma de artista concebía, abarcando todo lo que tuviera un atisbo de arte.

EN MADRID

Al terminar su bachillerato y como premio a la terminación de sus estudios, haciéndole descansar de sus tareas escolares, le mandaron sus padres a la finca de Pedrosillo, que en Ávila poseían sus tíos, los duques de Maqueda, hermanos de su madre, a quien desde niño, cuando fue a curarse de la pleuresía, le unió tan gran cariño, que fue siempre considerado por ellos como un hijo más.

Fue precisamente en el mes de mayo de ese año cuando aparece en el "Registro de Ejercicios Espirituales" del Monasterio la siguiente reseña: "Del 23 al 29 practicó Ejercicios Espirituales D. Leopoldo Barón Torres, duque de Maqueda, conde de Fuenclara y marqués del Águila".

Fruto de este contacto y experiencia monacal, que vivió durante diez años consecutivos, fue su entusiasmo y admiración por la Orden del Císter, y su amistad profunda y espiritual con algunos monjes.

De su hija Dolores, es esta afirmación cuya fecha no hemos podido concretar: "Una tarde le llevó mi padre a la Trapa para que la conociese; y nos extraña que Rafael no dejase detalle ninguno sobre esta visita inesperada".

Lo que si sabemos con exactitud, siguiendo el orden cronológico, es que:

- en el mes de Junio de 1930 se examinó con toda felicidad del dibujo de estatua, que en este caso era el del famoso "Moisés" de Miguel Ángel.

- La estatua modelo se coloca en medio del estudio, poniéndose todos los discípulos alrededor para copiar el frente que les toque. Por eso dice Rafael a su padre: "Me tocó un sitio muy bueno, de costado; comencé con mucha calma y tranquilidad, a pesar de la hora que nos pusieron -de 9 a 1 de la noche-. Excuso decirte que a tres días de examen aquí, suspenden por cansancio, y más que un examen parece un "record" de resistencia. Pero para mi no, pues como le tomé afición a la figura y la empecé con simpatía y sin tropiezos, no me pareció largo; y no es que lo diga yo, pero me salió muy bien, y te digo con franqueza que no hubiera cambiado mi dibujo por ninguno de los sesenta que había en la clase; bien es verdad que no me extraña la cantidad de suspensos, pues había algunos que merecían tres o cuatro en vez de uno.

Estoy sumamente esperanzado y me extrañaría mucho un suspenso; será lo que Dios quiera y como he trabajado durante el curso, espero salir bien"

Después de aprobadas las primeras asignaturas de preparación para Arquitectura, Rafael hizo una excursión por las provincias de Castilla, deteniéndose en Toro (Zamora) y principalmente en Salamanca, cuyas joyas arquitectónicas le tenían, -según palabras suyas-, verdaderamente entusiasmado. Desde allí escribe una tarjeta a todos y cada uno de los suyos.

Volverá a Pedrosillo, donde pintará unas vidrieras para la capilla con las figuras de San Bernardo y San Pablo, así como las portadas de los libros que su tío va traduciendo: "Del campo de batalla a la Trapa" "El" y "nosotros", cuyas estampas conocemos.

Y aquí es donde se encuentra, -dentro del año 1930- y con fecha 23 de Septiembre, su primera visita a la Trapa, llevando en mano una recomendación de su tío

En la crónica de la hospedería quedó consignado: "el día 23 de Septiembre llegó el sobrino del duque de Maqueda D. Leopoldo, y se fue al día siguiente".

Debió vivirlo con tal intensidad, que a pesar de los imprevistos que le ocurrieron dice que: "de ese día me acordaré toda la vida, y en ratos que tengo de desfallecimiento me acuerdo de mis hermanos, -(ya llama a los monjes "hermanos" desde esta primera visita)- de su monasterio y de sus costumbres, y me animo mucho".

Interpreta al Monasterio como el lugar de su ensueño y de su pensamiento, y también "el eje de mi vida" el sitio en que descubrirá que Dios le quiere, y en el que desde este momento le llama a su seguimiento.

He aquí el punto concreto de su vocación : "Sólo Dios sabe lo que sentí. Cuando al entrar a saludar al Señor en la Iglesia, vi a los monjes cantar en el coro, vi aquel altar con aquella Virgen, vi el respeto que tienen los monjes en la Iglesia, y sobre todo oí una Salve que… entendí yo no sabia rezar".

He aquí la atracción irresistible, la fascinación que obnubiló en Rafael todo este proyecto. ¡Ahí le esperaba Dios...! el Señor le hizo ver como en una teofanía, lo más sublime, como lo más profundo y de vértigo que pudiera encontrar en la Trapa, como mansión místico-contemplativa.

- fue el flechazo del enamorado

- el arpón que se clava en la pieza anhelada

- la fascinación del Absoluto, experimentada como cercana y tangible.

Rafael estaba tan hondamente impresionado, -y éstos son los imprevistos que le ocurrieron-, que esa noche se levantó a las 11, pensando que eran ya las 2 de la mañana, cuando los monjes debían comenzar el rezo de Maitines.

Más tarde, un tanto desconcertado por la emoción que llevaba dentro, pierde un coche de línea que podía haberle llevado a la estación, por lo que tuvo que quedarse hasta las 2 de la tarde.

En medio de estos despistes y olvidos, que él traduce como detalles providentes, dice que Dios es tan bueno que le proporcionó la ocasión para observar de cerca los monjes:

- que parecían personillas, en medio del campo frente a las grandes llanuras castellanas de tanto cielo;

- en la liturgia eran como ángeles, y él en su comparación no sabía rezar;

- frente a la estameña que vestían aquellos hombres a él le avergonzaba llevar una corbata de seda, que la interpretaba como un pedazo de trapo que halagaba su vanidad;

- le sobrecogía, que con el sudor de su frente, defendidos del sol, con grandes sombreros en la cabeza, trabajasen duramente la tierra.

Y cuando por la tarde llegó a la estación de Venta de Baños:

- el trato con los hombres le produjo cierta repugnancia, después de haber estado con unos "ángeles" y tuvo deseos de tirar las maletas y volverse a la Trapa;

- la impresión de la Salve cantada, fue algo sublime; cantando así como cantan los monjes, es imposible que la Virgen no se complazca en ellos;

- todo le parecía extraordinario, con orden y decoro impresionantes: la Virgen con su majestuosidad y ternura a la vez, la austeridad del altar mayor sin alfombras ni flores, y sobre todo… el Sagrario.

Pero no nos detengamos en estas loas monacales, pues el prisma maravilloso con que hoy percibe Rafael el encuadre conventual y sobre todo el de los moradores del monasterio, se cubrirá de sombras cuando llegue el día de la prueba y purificación, y entonces escribirá "el otro día lo veía todo negro... mi alma sufría mucho; el recuerdo del mundo, la libertad..., me abrumaba. Mis pensamientos eran tristes, lóbregos. Me veía sin amor a Dios, olvidado de los hombres, sin fe, sin luz.

Me pesaba el hábito... tenía frío y sueño... no sé, todo se juntaba. La oscuridad de la Iglesia me entristecía.., miraba al Sagrario y nada me decía. Me veía "muerto en vida…"

Y los monjes que antes le parecían "ángeles", ahora: le parecían almas en pena, que también eran "muertos vivos".

Pero no adelantemos acontecimientos, ni precipitemos decisiones. Rafael, tampoco lo hizo. Es cierto que su espíritu salió herido por Dios en esta visita a la Trapa, pero lo guardaría en su arcano, y seguiría su vida en Asturias y Madrid, como si nada hubiera ocurrido.

Como su propósito era seguir estudiando, tal como se lo había aconsejado el monje encargado de los ejercitantes, en su primera entrevista: "me dijo el padre Armando que ahora no, pero que en cuanto acabase mi carrera me necesitan". Rafael comenzó a buscar un lugar propicio para vivir en Madrid con cierta comodidad.

Sin embargo, el arpón de atracción a la vida trapense seguía hurgándole por dentro, trenzando su vida de estudiante con el ensayo de sus "impresiones en la Trapa". De ahí que terminados los exámenes en Junio de 1932, y de su acostumbrada visita a Ávila, Rafael llegó a la Trapa para hacer concienzudamente 8 días de Ejercicios Espirituales. Y como frase contundente, al mismo tiempo que misteriosa, escribe en su agenda con fecha 19, o sea, a los dos días de comenzar los Ejercicios: "me he convencido de muchas cosas".

Con instinto de madre, escribía Doña Mercedes por aquellos días: "muchas y frecuentes excursiones hizo Rafael por aquella época, recogiendo en todas dibujos y apuntes."

Ávido de panoramas y altura, y admirando siempre la grandeza de Dios en las obras de la creación, se pasaba las horas sentado en muda contemplación, sintiendo su ánimo cansado al tener que descender a las pequeñeces del diario vivir: "Rafael no era para el mundo..., instintivamente iba hacia Dios"

Fue en agosto, a sus 21 años cuando ingresó en la Caja de Reclutas de Oviedo para hacer el servicio militar sirviendo en el Cuerpo de Ingenieros, en el Batallón de Zapadores-Minadores, le tocó en Guadarrama, y alternaba los estudios con los deberes militares y la convivencia con los compañeros de milicia.

Mientras tanto sigue llamando a las puertas de las distintas pensiones: Santisteban, Hotel Iberia, Gran Pensión Valencia, etc. para dar contento a su madre, hasta encontrar la Pensión del Callao, y establecerse allí con un amigo íntimo, Juan Vallaure, el único confidente entre los estudiantes, de su determinación de hacerse monje en San Isidro de Dueñas.

Nos consta por juramentos procesales que nunca iba a espectáculos profanos, como cines, teatros, y mucho menos a bailes y otras diversiones. Sin embargo en una ocasión se enteró de que iba a proyectarse un documental sobre la vida cisterciense de uno de los monasterios de Francia.

Se celebraba el octavo centenario de la abadía de Sept-Fons (Francia) y el viejo monasterio, se convirtió en teatro de una escena bien distinta del ordinario.

Desde hacía mucho tiempo, la acreditada Casa "Pathé" había solicitado permiso, para filmar los distintos aspectos de la vida de los monjes, y Don Juan Bautista Chantard había quedado siempre dudoso de acceder a esta petición.

Pero un día supo que los organizadores, decepcionados en sus esperanzas, proyectaron rodar bajo las bóvedas ojivales de una antigua abadía, y que serían los mismos artistas quienes hiciesen el papel de monjes.

Fue entonces, cuando todas sus dudas cayeron por tierra y antes de permitir que se llevase a cabo una "caricatura de la vida monástica" abrió de par en par la puerta de Sept-Fons a las cineastas, que se manifestaron contentos y felices.

Este detalle providencial de poder contemplar en pantalla a los monjes en su ambiente, volvió a renovar las fuertes impresiones que Rafael había vivido en la Trapa de San Isidro de Dueñas, y juntamente con las visitas cada vez más frecuentes a Pedrosillo terminaron por decidir el propósito de entregarse a Dios por entero en el ocultamiento del claustro.

Finalmente un hecho ocasional, que expondrá magistralmente el padre Juan Antonio Martínez Camino, en su conferencia: "Génesis inmediata de la vocación de Rafael", fue el que produjese la decisión irrevocable de dejarlo todo y esconderse para siempre en la Trapa.

Y desde Ávila mismo escribirá una carta al padre Abad del monasterio Don Félix Alonso y García, pidiéndole la admisión en estos términos:

Reverendo Padre: No sé si se acordará de mí, pues hace tiempo, cerca de tres años, que no he podido ir a pasar días a la Trapa; sin embargo, durante este espacio de tiempo, Dios Nuestro Señor, ha obrado en mí de tal manera, que me he formado el propósito decidido de entregarme a Él con todo mi corazón y de cuerpo y alma, y para llevar a cabo mi propósito y resolución y, contando además con la ayuda de Dios, es mi deseo ingresar en la Orden del Císter. Este es, en breves palabras, mi reverendo Padre, el asunto por el cual yo le suplico una entrevista lo antes posible, para que su reverencia me ayude y aconseje.

Creo contar con Dios, y en El solamente confío, pero en mis primeros pasos, también confío en la caridad de su reverencia, a quien trato ya como a padre y a quien suplico, me admita como hijo.

Colegio de la Merded

Estoy en Ávila con mis tíos esperando su contestación, con la natural ansiedad de quien quiere entregárselo todo a Dios.

Por otra parte, solamente tengo que añadir, que no me mueve para hacer este cambio de vida ni tristezas, ni sufrimientos, ni desilusiones y desengaños del mundo... lo que éste me puede dar, lo tengo todo. Dios en su infinita bondad, me ha regalado en la vida mucho más de lo que merezco. Por tanto, mi reverendo Padre, si me recibe en la comunidad con sus hijos, tenga la seguridad de que recibe solamente un corazón muy alegre y con mucho amor a Dios.

En espera de su carta, humildemente le pide su bendición, su hijo en Jesús y María

Rafael Arnáiz.
S/C San Juan de la Cruz, 4 - Ávila

Monasterio de San Isidro de Dueñas

(Palencia, España)

DON MARCELO GONZÁLEZ MARTÍN

Pastor de la diócesis de Astorga, Barcelona y cardenal primado de Toledo; Padre en el Concilio Vaticano II, y uno de los hombres de Iglesia más significativos del siglo XX en España.

El 25 de agosto del presente año 2004, entregaba su alma a Dios el cardenal Don Marcelo González Martín. Queremos expresar nuestro reconocimiento más profundo, ya que gracias a su apoyo e intervención, la Causa de Canonización del hermano Rafael aceleró sus pasos.

Él clausuró la Semana de Espiritualidad, prologó sus Obras Completas, y celebró en la basílica de Santa María la Mayor en Roma, la Eucaristía en acción de gracias por la Beatificación del Hermano Rafael. De él son estos pensamientos.

Hace muchos años que realicé la primera visita a la Trapa de San Isidro de Dueñas cuando me preparaba el sacerdocio. Después ya sacerdote recé muchas veces ante la tumba del Hermano Rafael, cuando su fama de santidad iba extendiéndose suavemente, hasta llegar a formar parte de la memoria colectiva de nuestra generación.

Yo iba con alguna frecuencia al Monasterio, a rezar y meditar, y fortalecer mi espíritu en la paz de los grandes silencios y con el gozo insuperable de la oración litúrgica hablaba del Hno. Rafael con el P. Abad de entonces, y fui conociendo detalles de su vida de su enfermedad y de su muerte. También algunos de sus escritos.

Rafael Arnáiz Barón fue el joven rico del evangelio, que respondió a la invitación del Maestro: "Si quieres ser perfecto... sígueme" (Mat. 19,21) sin poner condición alguna. Sin mirar hacia atrás ni reservarse para si ningún alivio. Entró en la Trapa deseoso de hacer de su vida "una continua alabanza al Señor, y para llegar a ser santo, aceptando el designio de Dios para él". Su respuesta fue un seguimiento personal de por vida. En oblación total, donde Dios quisiera, es decir, en un ambiente familiar muy diferente al de su casa; en la enfermedad y en el dolor, que contribuirían poderosamente a derrumbar sus aspiraciones personales.

Cuando el espíritu de un joven vibra así y va percibiendo el fulgor de la hermosura de Dios, no es extraño que llegue a alcanzar la locura divina de un enamoramiento total. El pone su voluntad y su corazón; el Espíritu Santo hace lo demás.

Y surgen esas vidas cuyo eje y fundamento es una entrega incondicional, clave del "éxito" de su corta existencia sobre la tierra. El antiguo estudiante de Arquitectura, a quien tantas cosas sonreían en su juventud, quedó asido, y para siempre de la suprema belleza de Dios.

El no era un sentimental, sino un enamorado. En sus páginas hay anhelos, gritos, alabanzas, ponderaciones de la excelsitud de Dios, de Jesucristo, de María, afectos y exclamaciones que convierten el discurso en oración. Su amor a las criaturas le mueve continuamente a elevarse a la contemplación amorosa del Creador, que es nuestro Padre que está en los cielos. Su actitud orante está como transida de esperanza serena, de confianza sin límites en que la Verdad y el Amor saciarán definitivamente su sed de Absoluto

Tan envuelto se veía en él, el oven trapense de San Isidro de Dueñas que su grito de "Sólo Dios"... fue el latido constante de su corazón y la razón de ser de su vida consagrada: "Una Trapa... Un Monasterio.. hombres! SOLO DIOS y yo!"

Todos hemos conocido hombres y mujeres que, gozando de una salud vigorosa, se han entregado intrépidamente a los trabajos apostólicos, propios de su condición y de su estado. Y hasta parece que han tenido el afán 1nobilísimo afán!, de consumir rápidamente esa salud, sin que nada les arredrase.