¡Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra!

Reflexión desde el Salmo Sal 103, 1. 24. 29-31. 34

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds


Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡La tierra está llena de tus criaturas! R.

Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra. R.

¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! Que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor. R.

Este maravilloso poema, de profunda sensibilidad lírica y religiosa, es, en realidad, un himno a Dios, creador y conservador del universo y de todo lo que en él hay: la naturaleza muda, el reino vegetal, el animal y el nombre, es decir, todas las maravillas y esplendores de la creación, en su diversa y rica manifestación. Es una lección maravillosa de alta teología natural, en la que se descubre la profunda teología de los seres bajo la providencia divina. Es un comentario poético del primer capítulo del Génesis: el mundo inanimado al servicio del mundo viviente, éste al servicio del ser humano, y éste, rey de la creación, al servicio de Dios. En su maravillosa obra se transparenta su grandeza deslumbradora, su magnificencia, su bondad y su poder. Todo es maravilloso — las fuerzas de la naturaleza y los seres vivientes —, porque todo es reflejo de la sabiduría divina. Después de haber creado el universo dio la vida, y ésta se renueva incesantemente por su soplo conservador. Todo lleva el sello de una finalidad concreta, lo que supone orden, belleza, bondad y armonía

Cuando oramos el Salmo completo, vemos que este poema del Salterio es un simple comentario poético del relato bíblico de la creación: lo que el autor sacerdotal dice escuetamente sobre la aparición progresiva de las obras de la creación, el salmista lo embellece con maravillosos recursos líricos. Para él, la creación es la revelación de la incomparable majestad de Dios; ¡Señor, Dios mío, qué grande eres!, su omnipotencia se refleja en la manifestación de las fuerzas de la naturaleza: los mares son confinados a sus límites; la lluvia fertiliza la tierra; la luna y el sol señalan las estaciones; los animales viven de la fertilidad de la tierra. En todo se refleja la mano poderosa y providente del Creador.

El poeta se extasía ante la grandeza del Creador; las maravillas de la naturaleza pregonan su majestad y sabiduría.

Todo está maravillosamente ordenado por el Creador, ¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡La tierra está llena de tus criaturas! Hasta el tenebroso y caótico océano abismal está bajo las órdenes del Omnipotente. En él pululan los grandes cetáceos, y los pequeños peces, todos obra de Dios.

Para todos los animales, Dios es el administrador general, Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra. y, por eso, todos están pendientes de su generosidad para poder satisfacer su apetito. Si les da el alimento, lo toman con avidez, mientras que, cuando escasea — escondes tu rostro —, al punto se quedan descoloridos. El mismo aliento vital depende del Señor. Si lo retira, se convierten en polvo pero, si vuelve a otorgar el aire vital, surgen de nuevo otros que se recrían, renovándose así, en ciclo constante, la superficie de la tierra con sus moradores.

El salmista concluye su maravilloso poema con un canto de alabanza al Dios que obra tales maravillas; ¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! sus criaturas son para su gloria, y por eso desea que el mismo Dios se goce en sus obras como en el momento de la creación, cuando veía que todas eran “buenas”. Y así agradecido plenamente de Dios y lleno de alegría, el Salmista concluye con un bello canto expresando: Que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor.,

Junto con el salmista, cantemos con alegría: R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.

Pedro Sergio

www.caminando-con-jesus.org

caminandoconjesus@vtr.net

Pentecostés, 2011

Fuentes: Algunos comentarios están tomados de la Biblia de Nácar-Colunga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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