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Caminando
con Jesus
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant
www.caminando-con-jesus.org

BEATO JUAN
XXIII
EL PAPA
BUENO
Octubre
2005

1) NACIMIENTO Y PRIMEROS AÑOS DE VIDA EN
EL SENO DE LA FAMILIA
Angelo Giuseppe Roncalli nació a las diez
y cuarto de la mañana del 25 de noviembre de 1881, en Sotto il Monte -16 Km al sudoeste de
Bérgamo-, Brusicco. Angelo era el cuarto de los trece hijos de Battista
Roncalli y Marianna Mazzola. El párroco Don Francesco Rebuzzini lo bautizó en
la iglesia de Santa María el mismo día de su nacimiento, siendo padrino el
tío Zaverio, que era hermano del abuelo Angelo.
Angelino fue creciendo en el seno de una
familia humilde y pobre, pero que contaba con una gran riqueza, un gran
tesoro: la fe, el amor, la caridad, la absoluta confianza en la Providencia
de Dios y la oración diaria, que era fuente de total serenidad. El futuro
Papa reconoció siempre el valor de estas virtudes que aprendió y adquirió en
el seno de su familia. Decía que “son lo más valuoso e importante porque
permiten fortalecer a los demás y darles amor”.
De 1887 a 1890 estudió los tres primeros cursos
de la enseñanza elemental. El 13 de febrero de 1889 recibió el Sagramento de
la Confirmación en Carvico, de manos del obispo Gaetano Guindani, y el 31 de
marzo recibió la Primera Comunión.
2) ESTUDIOS SACERDOTALES
En 1892, cuando
Angelo tenía 11años, entró en el Seminario de Bérgamo para cursar los
estudios superiores, gracias a la ayuda económica del párroco Rebuzzini y de
Giovanni Morlani, propietario de las tierras que cultivaban los Roncalli. En
el Seminario determinó hacer todo lo posible para conseguir la santificación,
tal como se puede leer en su “Diario del Alma”, que empezó a escribir en 1895. A causa de su
capacidad intelectual y moral, en 1901 fue enviado a Roma para seguir sus
estudios como alumno del Seminario Romano dell'Apollinare. En un clima de
apertura e innovación cultural, dice de la formación intelectual impartida
por el Seminario Romano: “daba discretas alas a nuestra juventud y coraje
para alcanzar grandes horizontes”. En 1901-1902 pidió el servicio militar
anticipado, sacrificándose en el lugar de su hermano Zaverio, el cual era
indispensable en casa y para trabajar en el campo. Fue un gran purgatorio.
“Aún así -escribía- siento que el Señor, con su Providencia, se encuentra a
mi lado”. En 1904 obtuvo el título de Sagrada Teología.
3) ORDENACIÓN SACERDOTAL Y PRIMEROS AÑOS
DE SACERDOCIO
Angelo Giuseppe
Roncalli fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904 en Santa María al
Monte, Roma. Al día siguiente celebró su Primera Misa en la catedral de San
Pedro, cerca de la tumba del Apóstol, y por la tarde fue recibido por el Papa
Pío X. Recuerda este hecho en el “Diario del Alma”: “Cuando el Papa vino
hacia mí y el vicerector me presentó, él sonrió y se inclinó para escucharme.
Yo le hablaba arrodillado: le decía que estaba contento de arrodillarme a sus
pies y manifestar los sentimientos que había tenido por la mañana durante la
Primera Misa, sobre la tumba de San Pedro. Se lo exponía brevemente así como
podía. Entonces el Papa, permaneciendo siempre inclinado y poniéndome la mano
sobre la cabeza, casi hablándome al oído, me dijo: -Bien, bien, hijo... Esto
me complace: yo rezaré al Señor para que bendiga de manera especial sus
buenos propósitos y que sea un buen sacerdote. Bendigo también a todas la personas que en este día se han alegrado por usted. Me
bendijo y me mostró la mano para que se la besara. Después pasó hacia
delante, habló con otros, me parece que con un polaco. Pero en seguida, casi
siguiendo el curso de su pensamiento, volvió hacia mí, me preguntó cuándo
estaría en casa”.
En 1905 fue nombrado secretario del
obispo de Bérgamo, Mons. Giacomo Radini Tedeschi y el año siguiente fue el
encargado de la enseñanza de Historia y Patrología en el Seminario de
Bérgamo.
4) SERVICIO MILITAR EN LA PRIMERA GUERRA
MUNDIAL
El 23 de mayo de
1915 fue llamado de nuevo para hacer el servicio en la quinta con el grado de
sargento de sanidad y el día después se presentó en el centro de
reclutamiento de San Ambrosio, en Milán, desde donde fue destinado a Bérgamo.
Hasta 1918 prestó el servicio militar como capellán del Hospital de la
reserva de Bérgamo, llamado “El nuevo hospital”, y de otros lugares. Con su cariño
y su optimismo consiguió aliviar los sufrimientos de los soldados y
reconciliarlos con la fe.
5) PRIMER CARGO NACIONAL
En 1921 fue
llamado desde Roma para ocupar el cargo de Presidente para Italia del Consejo
Central de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. Entonces incrementó
su amor hacia las misiones extranjeras influido por el P. Paolo Manna,
Superior General del Instituto Pontificio para las Misiones Extranjeras
(PIME), cuyo programa era: “Toda la Iglesia para todo el mundo”. El P. Manna
fue uno de los más grandes animadores de la causa misionera del siglo.
6) EN EL CUERPO DIPLOMÁTICO DE LA SANTA
SEDE
El 19 de marzo de
1925 Monseñor Angelo Giuseppe Roncalli fue consagrado obispo en San Carlo al
Corso, Roma, y nombrado Visitador Apostólico de Bulgaria. Sufrió mucho a
causa de la difícil situación social, política y religiosa de este país. Pero
gracias a su simpatia, su simplicidad, su bondad de corazón y su inteligencia
consiguió conquistar a la gente. Es suficiente con mencionar su programa
referente a la relación con la Iglesia Ortodoxa, expresado en el primer
discurso: “No es suficiente alimentar sentimientos cordiales hacia nuestros
hermanos separados: si realmente los amas, dales buen ejemplo y transforma tu
amor en acción”. En 1934 fue trasladado a la Delegación de Turquía y nombrado
Administrador Apostólico de la Iglesia Latina de Estanbul, donde su
intervención fue indispensable para socorrer a los judíos ante la persecución
nazi. El mes de diciembre de 1944 el Papa Pío XII lo nombró Nuncio Apostólico
de París. En Francia también encontró una situación muy difícil: a nivel
político estaban los numerosos obispos que habían colaborado con los
alemanes; a nivel religioso estaba el problema con los curas obreros. También
en París encontró el equilibrio y gracias a su cortesía, su simplicidad, su
amabilidad... pudo resolver los problemas y conquistar el corazón de los
franceses y de todo el Cuerpo Diplomático.
7) PATRIARCA DE VENECIA
El 12 de enero de
1953 el Nuncio Angelo Giuseppe Roncalli fue nombrado cardenal por el Papa Pío
XII y tres días más tarde, el 15 de enero, fue nombrado Patriarca de Venecia.
El programa de su servicio pastoral, manifestado en la primera homilía en San
Marco, muestra su espíritu. Dijo a los venecianos: “Quiero ser vuestro
hermano, amable, cercano, comprensivo”. No compró ninguna barca ni ninguna
góndola como era tradicional en el Patriarca de Venecia, sinó que utilizaba
el transporte público. En Venecia decían de él: “Toda persona que se cruza
con él tiene la sensación que el Patriarca lo trata de manera especial”.
8) ELECCIÓN Y PONTIFICADO
El 28 de octubre
de 1958, contando con 77 años, Roncalli fue elegido Papa ante la sorpresa de
todo el mundo a causa de su avanzada edad. Escogió el nombre de Juan, nombre
de su padre, del patrón de su pueblo natal y del evangelista de la caridad.
En seguida empezó una nueva forma de hacer de Papa, movido por su fe y por su
temperamento alegre. Al cabo de dos meses de haber sido elegido, dió ejemplo
de obras de misericordia: por Navidad visitó los niños enfermos de los
hospitales Espíritu Santo y Niño Jesús; al día siguiente fue a visitar los
prisioneros de la cárcel Regina Coeli. Tres meses después de su elección, el
25 de enero de 1959, en la Basílica de San Pablo Extramuros, ante la sorpresa
de todo el mundo anunció el XXI Concilio Ecuménico -que posteriormente fue
llamado Concilio Vaticano II-, el I Sínode de la Diócesis de Roma y la
revisión del Código de Derecho Canónico. Durante su Pontificado nombró 37
nuevos cardenales, entre los cuales por primera vez uno de Tanzania, un
japonés, un filipino y un mejicano. Fue el primer Papa, desde 1870, que
ejerció su ministerio de obispo de Roma visitando personalmente las
parroquias de su Diócesis.
9) PEREGRINACIÓN A LORETO Y ASÍS
El 4 de octubre
de 1962, una semana antes del Concilio, el papa Juan peregrinó en tren a
Loreto y a Asís para orar y hacer orar por el Concilio que se iba a celebrar.
Ésta fue la primera salida de un Papa fuera de la región del Lazio desde la
incorporación de Roma al Estado Italiano (1870). Todos los medios de
comunicación destacaron el hecho. La prensa remarcó los discursos realizados
en Loreto y Asís. A lo largo del viaje muchas personas lo recibieron en las
estaciones de tren por las que pasaba para dirigirse a su destino. Él hablaba
con la gente desde la ventanilla del tren, pero lo más importante era el
hecho que se dirigía a las dos zonas de peregrinación para recibir la gracia
de Dios en vista al Concilio Ecuménico, el Vaticano II.
10) EL CONCILIO
El 11 de octubre
de 1962 el papa Roncalli abrió el Concilio Vaticano II en San Pedro,
indicando la precisa orientación de los objetivos: no se trataba de definir
nuevas verdades ni condenar errores, sinó que era necesario renovar la
Iglesia para hacerla más santa y capaz de transmitir el Evangelio en los
nuevos tiempos, buscar los caminos de unidad de las Iglesias cristianas,
buscar lo bueno de los nuevos tiempos y establecer diálogo con el mundo
moderno centrándose primero “en lo que nos une y no en lo que nos separa”.
11) PREMIO INTERNACIONAL POR LA PAZ
El 1 de marzo de
1963 su nombre se asociaba al premio internacional Balzan por la paz en
reconocimiento de su intensa actividad para evitar los conflictos y su tarea
de mostrar a la humanidad los caminos para conseguir la convivencia pacífica.
El día 7 del mismo mes recibió en audiencia privada al senador Giovanni
Gronchi, presidente general de los premios de la Fundación Internacional
Balzan, el cual le comunicó oficialmente la asignación del premio. En esa
ocasión pronunció un discurso en francés. Recibió el premio el 10 de mayo.
12) AUDIENCIA AL YERNO DE KRUSCEV
El 7 de marzo de
1963 recibió en su estudio privado del Vaticano a Alexej Adjubei, yerno del
líder soviético Nikita Kruscev, y su esposa Rada. Rada estava emocionada y
feliz y dijo al Papa: “Usted tiene las manos grandes y fuertes como los
campesinos, igual que mi padre”.
13) LA ENCÍCLICA "PACEM IN TERRIS"
El 11 de abril de
1963, Jueves Santo, el papa Roncalli publicó la Encíclica “Pacem in Terris”
(Paz en la Tierra), dirigida no sólo a los católicos sinó a “todas las
personas de buena voluntad”. Dada la situación del momento, fue bien acogida
por todo el mundo como expresión del camino para alimentar la esperanza de
paz y solidaridad del género humano. Fue guardada en los archivos de las
Naciones Unidas, en Nueva York.
(El papa Juan escribió ocho encíclicas en
total).
14) BAJO EL CONSEJO DEL SACRISTÁN
Había estudiado mucho, a lo mejor
demasiado para sus paisanos de Bérgamo. Los campesinos, llenos de fe,
asistieron a su primera Misa para escucharle. Y él, que los conocía bien, no
los quería dejar desplazados. Por eso escucharía al sacristán.
Angelo Giuseppe
Roncalli, el futuro Juan XXIII, había nacido en Sotto il Monte (Bérgamo) el
25 de noviembre de 1881, siendo el cuarto de trece hermanos y hermanas y el
tercero entre los hijos varones. La familia Roncalli tenía fama de gran
religiosidad y los hijos fueron educados en el ejemplo y disciplina
familiares: Rosario y oración en familia, amor y concordia que acompañaban el
duro trabajo en el campo… En aquel tiempo, en la escuela de Sotto il Monte
únicamente se cursaban los tres primeros cursos de la enseñanza elemental y a
los diez años los hijos de los campesinos empezaban a trabajar en el campo y
a ayudar en las tareas domésticas. Pero con Angelo se hizo una excepción, en
vista de su profunda pasión por el estudio pudo seguir estudiando, primero
privadamente a las órdenes del párroco de Carvico y posteriormente en el
Colegio de Celana, para finalizar sus estudios elementales y empezar los
primeros estudios de Latín. En otoño de 1893, con 12 años, ingresó en el
Seminario de Bérgamo y fue admitido en el tercer curso de los estudios
superiores. Su vocación sacerdotal era natural desde su niñez y siendo
Pontífice diría que "nunca había dudado que ser sacerdote era lo que la
vida le tenía reservado". En el Seminario se familiarizó no sólo con las
ciencias religiosas sino también con la problemática humana y social. Otra
oportunidad excepcional vino para el joven seminarista: era tan inteligente
que sus superiores lo mandaron a Roma para perfeccionar sus estudios, ya que
las leyes eclesiásticas no permitían la ordenación sacerdotal antes de los 23
años. El 13 de julio de 1904 se graduó en Sagrada Teología. El 10 de agosto
del mismo año fue ordenado en Santa María in Monte, iglesia situada en la
Plaza del Popolo. Al día siguiente celebró su primera misa en la Basílica de
San Pedro. Ese día, inolvidable para él, terminó con un hecho feliz. En medio
de la multitud de peregrinos, el Padre Angelo se encontró con el Papa y lo
presentaron al Pontífice con estas palabras: "Santidad, éste es un joven
sacerdote que esta mañana ha celebrado su primera misa". El Papa se le
acercó y le dijo: "Muy bien, le animo a hacer honor a sus buenos
propósitos". Después el Papa dio unos pasos hacia otros peregrinos pero
enseguida se volvió a él y le preguntó: "¿Y cuándo celebrará la primera
misa en su pueblo?". Angelo respondió: "Para la Asunción, Santo
Padre". El Papa respondió: "Deseo que sea una gran fiesta".
Así fue, el 15 de
agosto de 1904 Sotto il Monte recibió al joven sacerdote para la Primera
Santa Misa. Tras la lectura del Evangelio Angelo subió al púlpito para
realizar su primer sermón. A sus pies, escondido, estaba el sacristán, que
tenía que avisarle si sus palabras eran demasiado difíciles para los
feligreses. Ciertamente, después de tantos años de estudio, Don Angelo no
quería correr el riesgo de no ser comprendido por sus paisanos. Como el
sacristán no intervenía, Don Angelo hizo una pausa y le miro. "Venga,
Padre Angelo", murmuró el sacristán, "todo se entiende. ¡Es tan
claro como el agua!"
15) HIJO DE CAMPESINOS
Con estas
sencillas palabras humanas se presentó a los venecianos el nuevo Patriarca
Angelo Giuseppe Roncalli el 15 de marzo de 1953, y resumen brevemente su
biografía: "Os quiero hablar con la mayor claridad de corazón y de
palabra. Os han contado cosas de mí de mucha grandeza y que no me
corresponden. Ahora me presento con toda humildad. Como toda persona aquí
presente procedo de una familia y de un sitio determinado; que con la gracia,
la buena salud física y un poco de buen sentido vea con claridad las cosas;
que con buena disposición al amor a la humanidad me mantenga fiel a la ley
del Evangelio respetando mis derechos y los demás para hacer a todos el bien
en vez de hacerles daño. Vengo de una familia humilde y fui educado en una
feliz pobreza que protege de las más grandes y nobles virtudes y prepara para
el ascenso en la vida. La Providencia me sacó de mi pueblo natal y me llevó a
recorrer tierras de Oriente y Occidente acercándome a personas de religiones
e ideologías diferentes a la mía. Permanecí en contacto con problemas
sociales intensos y peligrosos, manteniendo la calma y el equilibrio y
buscando siempre lo que une en vez de fijarme en lo que separa a unos de
otros."
16) BULGARIA, TURQUÍA, GRECIA, PARA SER AMIGO
DE TODOS
Un pastor desde el principio. Esta es la
novedad que Angelo Giuseppe Roncalli aportó a su servicio en los tres países
donde la comunidad cristiana católica era poco numerosa. Un pastor preocupado
por mantener una buena relación con todos.
17) EN BULGARIA
Tres de marzo de 1925: el papa Pío XI
nombra a Mons. Roncalli visitador Apostólico de Burgaria, con función episcopal:
"En verdad", escribe el nuevo prelado, "ser nombrado obispo o
ser un simple sacerdote sólo se ve pero no dice nada del espíritu del que
busca la gloria del Señor en vez del valor escurridizo de las cosas mundanas.
El espíritu es tranquilo y el corazón está en paz. Me baso en la obediencia
dejando ciertas cosas y centrándome en otras. Sí, "Obedientia et
Pax": he aquí mi lema. Que sea siempre así". Sobre este lema
episcopal Mons. Roncalli ha meditado mucho. Será durante toda su vida la
expresión más clara de su programa. El 19 de marzo de 1925 fue consagrado
obispo en Roma y el 25 de abril empezó a ejercer en Sofía, la capital de
Bulgaria, encontrando un ambiente que no hacía prever nada bueno. Sobre todo
la población católica de Macedonia y Tracia tenía dificultades ya que a causa
de la Guerra había dejado su tierra y buscaba refugio en Bulgaria y carecía
de un líder religioso, lo que les dispersaba. Al día siguiente de su llegada,
Mons. Roncalli recibió a los líderes de la comunidades
católicas y, seguidamente, él mismo visitó a los líderes y sus
comunidades, llevando a todos a todos su ayuda y su bendición. Un año más
tarde nombró Administrador Apostólico de Bulgaria al Abad Stefano Kurtev y
dotó a la Iglesia búlgara de una buena organización.
18) DELEGADO APOSTÓLICO EN ESTANBUL
En noviembre de
1934 Mons. Roncalli recibió el nombramiento de Delegado Apostólico en Turquía
y Grecia, con residencia permanente en Estambul. Los católicos eran menos
numerosos aún que en Bulgaria y la vida de fe en ese lugar no era nada fácil.
A los pocos meses de su llegada a Estambul el gobierno turco promulgó una ley
que prohibía al Clero llevar ropas específicas de su religión. Por otro lado,
Turquía, fuertemente intervenida por el Estado laico de Kemal Atarturk,
igualmente el gobierno no reconocía oficialmente la existencia del
representante del Vaticano. Por tanto, el delegado siempre tenía que
permanecer en su sitio para no correr el riesgo de ser acusado de violar
alguna de las leyes del Estado. También en Grecia Mons. Roncalli tuvo que
tener en cuenta la prohibición de cualquier propaganda religiosa y el
prejuicio por ser fiel a Roma en un país ortodoxo estricto. Pero pudo
practicar la paciencia y la caridad siendo extremadamente prudente y
solucionando los problemas que iban surgiendo. A la vez, cultivó las buenas
relaciones con los representantes de la Iglesia Ortodoxa, igual que lo había
hecho en Bulgaria. Tal es así que un religioso escribió al partir de Sofía:
"Con esta acción personal, con suamor, su comprensión de la situación,
efectivamente contribuyó a aproximar las almas al margen de todos los
prejuicios que nos separaban". En Turquía y después en Grecia, mantuvo
su apostolado ecuménico: Todo lo que era cristiano le atraía", escribía
Mons. Vuccino, arzobispo griego, "con coraje llamó a las puertas de los
monasterios y de las iglesias ortodoxas para contemplar y venerar los
antiguos iconos, los maravillosos mosaicos y los manuscritos. Fue a visitar a
los monjes del Monte Athos y éstos quedaron maravillados de ver a su lado al
representante de la Iglesia de Roma". También visitó al Patriarca
Ortodoxo de Constantinopla y dio a las celebraciones litúrgicas una
majestuosidad tal que los impresionó a los hermanos orientales. Cuando Pío XI
murió todos los representantes de la iglesia Ortodoxa fueron invitados a la
Misa en honor al difunto en la Catedral de Estambul. Se desarrolló en un
esplendor nunca visto en Estambul y Mons. Roncalli quiso que los cuatro
representantes de las iglesias pronunciaron con él
las cinco absoluciones usuales para la muerte del Papa. Durante la Segunda
Guerra Mundial Mons. Roncalli desarrolló una importante con los refugiados y
los prisioneros de guerra. Protegió al pueblo y a algunos soldados italianos
de los alemanes consiguiendo que Atenas fuera una "ciudad neutral"
igual que Roma. También escondió a judíos de las mortíferas tropas alemanas.
19) LA PUERTA SIEMPRE ABIERTA
En su discurso de
partida dirigido a los católicos de Bulgaria, Mons. Roncalli expresaba su
amor y su dolor por la partida. "De acuerdo con una tradición irlandesa,
en la noche de Navidad todas las casa ponen en la ventana una vela encendida
para mostrar a María y a San José un refugio para la Nochebuena, que en esa
casa hay un lugar para ellos. Del mismo modo, esté donde esté, incluso en el
fin del mundo, cuando un búlgaro pase por mi ventana. Llamará a la puerta y
le abrirán; sea católico u ortodoxo, podrá entrar y encontrar en mi casa
cálida hospitalidad".
20) EN FRANCIA DESPUÉS DE LA GUERRA
En la patria de
la Revolución Francesa, los prejuicios contra la Iglesia no mermaban en
absoluto. La Guerra recién concluida no hacía más que favorecer los mismos.
No obstante la amabilidad y el carácter cariñoso de Angelo Roncalli logró conquistar el corazón hasta de los más anticlericales.
En diciembre de 1944 Mons. Roncalli recibió un telegrama desde la Secretaría
de Estado: "Venga de inmediato. Trasladado como Nuncio a París.
Tardini". Aquel "de inmediato" sonaba como muy imperioso.
Roncalli marcha de inmediato. No transcurren ni 48 horas desde que marcha de
Estambul, tras pasar por Roma para prestar obediencia al Papa, Mons. Roncalli
se traslada en avión a Orly. En París Mons. Roncalli da muestras de su
habilidad diplomática, junto con su gran caridad. La situación de la Iglesia
en Francia no es nada buena; el país está hundido desde 1939 en uno de los
períodos más tristes de su Historia: la derrota militar, la ocupación. La
resistencia, los dos gobiernos nacionales, la liberación… Indudablemente en
la hora del triunfo final de la Resistencia, todas las instituciones que
sobrevivieron a la ocupación nazi serán puestas bajo sospecha y entre ellas
estará la Iglesia: el Nuncio, Mons. Valeri, los obisposy las organizaciones
católicas. Una propaganda envenenada, impulsada especialmente por el Partido
Comunista, acosa con vehemencia a la Iglesia con acusaciones de
colaboracionismo con el enemigo alemán, mientras el Nuncio y los Obispos lo
único que habían buscado era salvar a todos los que podía, ayudando a judíos
y perseguidos políticos a escapar de las tropas alemanas. El Nuncio no limita
sus actividades a relaciones oficiales con el fin de solucionar las
cuestiones pendientes (una de las cuestiones de enfrentamiento y que tuvieron
solución fue lo que se debía a los colegios católicos tras ser clausurados en
1945), sino que en aquellos años difíciles también promueve y anima en el
seno de la Iglesia actividades para superar los horrores y divisiones dejadas
por la guerra.
Visita con detenimiento todo el país,
estando siempre presente en las celebraciones religiosas, en las reuniones,
asambleas de obispos y sacerdotes, en los congresos, convenciones y
comisiones de estudio.
21) CUESTIONES APREMIANTES
En 1950 visita
también los territorios franceses del norte de África, describiendo así brevemente
su gira en una carta: "En 38 días he recorrido diez mil kilómetros en
coche, siguiendo la dirección de la invasión árabe. Desde Túnez a lo largo de
toda Argelia y Marruecos… entre largos y pequeños discursos, más bien breves en su mayoría, he tenido que hablar de memoria unas
cincuenta veces… No he caído enfermo ninguna vez salvo un pequeño resfriado
visitando El Escorial. Un día en ayunas y de descanso en Madrid y me he
puesto de nuevo en movimiento." Acerca de la cuestión de los
"curas-obreros", Mons. Roncalli adopta una actitud prudencial en
espera ante lo que es una experiencia, aún con las limitaciones que la misma
aconseja. Uno de los principios es que "sin un poco de santa locura, la
Iglesia no ensancha sus pabellones".
22) DINAMISMO Y AMABILIDAD
En los años en
los que permanece en París, el Nuncio conquistará Francia mediante su
acogedora amabilidad, su comportamiento modesto y su caridad que abarca a
todos sin hacer diferencias, así que llega a declarar abiertamente: "A
menudo me encuentro más a gusto entre ateos o comunistas que entre algunos
católicos fanáticos y fundamentalistas". Tiene relaciones de amistad y
contactos con toda clase de gente, incluso con parlamentarios y hombres del
Gobierno que pertenecen a partidos contrarios a la Iglesia, multiplica los
contactos humanos mediante su brillante y prudente conversación, rebosante de
calor humano. Por poner un ejemplo en una recepción diplomática, el Nuncio
Roncalli se da cuenta que el embajador soviético está arrinconado y con
cierto enfado. Se le acerca y empieza a hablarle de una manera muy rara para
un diplomático: "Excelencia"- le dijo- "nosotros pertenecemos
a dos campos opuestos; pero tenemos en común algo importante: la barriga.
Ambos estamos un poco redondos…". Bolgomolov suelta una carcajada muy
alegre y el hielo se rompe.
23) FINO CONOCEDOR DE LOS HOMBRES
Cuando mons.
Roncalli deja Francia a principios de 1953, tras ser nombrado Patriarca de
Venecia, lleva toda la simpatía del pueblo francés. En la comida oficial de
despedida el propio Herriot, un radical conocido por ser un encarnizado
anticlerical, explicó las razones del prestigio adquirido por Roncalli en
Francia: "El pueblo francés no olvidará la bondad, la delicadeza de
trato, las pruebas de amistad recibidas, habiéndole conocido no solo como
diplomático sino como un preciado estudioso de la Antigüedad, que ha visitado
toda Francia hasta las costas africanas, y también un gran conocedor de los
hombres. El pueblo francés, que sin duda tiene sus defectos, se deja aún
seducir por la bondad de corazón: así que tanta bondad ha encontrado en el
Nuncio, este italiano afrancesado, que se abre cordialmente en usted": Y
así será el 15 de enero de 1953 cuando el Presidente Auriol entregue la
birreta cardenalicia, como la tradición permite que lo haga a ciertos jefes
de estado de algunos países católicos. El Eliseo fue el lugar en que se
desarrolló una escena inolvidable: en el momento en que Roncalli se va a
poner de rodillas para recibir la birreta, el Presidente reacciona de manera
huidiza; mientras el Jefe de Protocolo le mira con ojos de fuego, Auriol se
inclina hacia el Cardenal y le dice con voz temblorosa: "No, Eminencia,
levántese, levántese; soy yo el que tengo que arrodillarme frente a
usted…"
24) HUMILDE PATRIARCA DE VENECIA
Al llegar a
Venecia esperaba que la ciudad de la Laguna iba a
ser su última etapa tras un largo itinerario siguiendo la voluntad de la
Divina Providencia, a la que siempre obedeció. Pero no fue así. Había un tren
rumbo a Roma… En el Consistorio del 12 de enero de 1953, Pío XII crea a
Roncalli Cardenal de la Santa Iglesia Romana, y lo nombra Patriarca de
Venecia, donde será recibido el 15 de marzo del mismo año. Los venecianos le
bautizan pronto como "el descanso tras el huracán", tomando el
relevo del Patriarca Agostani, hombre austero y cerrado, asceta y trabajador
infatigable. A la edad de 72 años comienza una nueva etapa para el Cardenal
Roncalli y él piensa que es la última. En Venecia ha encontrado por fin lo
anhelado desde su ordenación sacerdotal: el trabajo pastoral concreto, el
estrecho contacto con sacerdotes y pueblo. Recién llegado a su sede se dedica
a la Visita Pastoral que había sido interrumpida por la muerte de su
predecesor, terminándola con la convocatoria de un Sínodo Diocesano. Durante
los cinco años y medio de su patriarcado fundará unas treinta parroquias y
dará aliento a la Acción Católica; da un mayor esplendor a la Basílica Dorada
y colocará en su cripta los restos mortales de sus predecesores; trabaja
mucho para dar un lugar digno, decoroso y propio para palacio patriarcal y
realiza la ordenación de los archivos diocesanos; se hace presente por medio
de sabios consejos en muchos eventos civiles, políticos y culturales de la
ciudad.
También regresa a Oriente en 1954, como
Legado Pontificio en el Congreso Nacional Mariano de Beirut en Líbano, y en
Francia, en 1958, para consagrar en Lourdes la espléndida basílica
subterránea dedicada a San Pío X. En Venecia, que emocionalmente le hace
regresar a Oriente, sigue con su apostolado ecuménico, buscando contactos con
los "hermanos separados" y participando cada año en la Novena para
la Unidad de las iglesias cristianas con homilías y charlas que exprimen su
deseo ardiente por la cuestión. "El camino para la unión de las
distintas iglesias cristianas - dice de manera valiente- es la caridad, poco
observada por ambas partes". En Venecia el Patriarca Roncalli deja un
recuerdo inolvidable. El nuevo Patriarca vive de una manera modesta, sin
lujo, ni formalismo; de vez en cuando se le ve en las calles, acompañado sólo
por su secretario, y se dedica a dar grandes paseos parándose a hablar con
conocidos y desconocidos por igual, tratando de hablar en dialecto veneciano
y ofreciendo su amistad a los gondoleros. Cuando llega a Venecia quiere que
se sepa de manera clara que quien sea puede ir a visitarle, sin formalismo
alguno, ya que dice "quien sea puede tener necesidad de confesarse y no
podría rehusar escuchar los sufrimientos íntimos de un alma apenada". De
hecho según una expresión verídica atribuida por un periódico veneciano:
"recibía sin demora hasta al más ínfimo de los pordioseros". Muy
pronto los venecianos caerán en la cuenta que tras la sencillez se oculta un
hombre de una extraordinaria cultura, un hombre que, tal como reza este mismo
periódico, "tenía toda una biblioteca en la cabeza". Verdaderamente
el Patriarca Roncalli era un hombre cultivado en estudios histórico y
conocedor de varios idiomas extranjeros, ha viajado mucho y su variada
experiencia le concede aquella seguridad que encanta a todos: intelectuales e
ignorantes.
Cuando marcha al Cónclave tras la muerte
de Pío XII, una gran multitud de venecianos le acompaña a la estación de
trenes gritándole a voz en grito deseos y augurios de buen viaje y de buen
trabajo. Lo ocurrido es lo mismo que 55 años antes, cuando otro Patriarca de
Venecia, el Cardenal José Sarto, partió a Roma también para un Cónclave; tal
vez los venecianos perciben que como entonces ahora el Patriarca tampoco
volverá a Venecia. Si tenemos en cuenta el gran gentío que fue a despedir al
viajero, se diría con propiedad que sí. Para el Cardenal Patriarca al
contrario, como escribe su secretario Mons. Capovilla, "la tranquilidad
de siempre… No se traía ningún documento personal, ni siquiera su testamento
personal que otras veces había puesto en clara evidencia": El Patriarca
Roncalli se marcha a Roma tranquilo, un "paréntesis" antes de
volver a Venecia, donde piensa haber encontrado ya su lugar propio de trabajo
y de descanso a su debido tiempo, tras tanto peregrinar por el mundo. Pero la
Divina Providencia todavía tiene una vez más algo diferente preparado para
él.
25) BUEN HUMOR QUE NUNCA FALTA
El buen humor,
que es como un segundo traje para el futuro Papa, puede desarrollarse
plenamente en Venecia, en el marco natural de una ciudad que aprecia
muchísimo las rápidas respuestas. "¡Por caridad, - recomienda el
Patriarca - no relaten a todo el mundo mis sentencias más
descabelladas!"
Pero sus alegres comentarios pasan de
boca en boca. Un día, hablando con uno de los hombres más ricos de la ciudad,
le dice: "Usted y yo tenemos algo en común: el dinero. Usted tiene
muchísimo y yo no tengo ni cinco. La diferencia está en el hecho de que yo no
me preocupo por eso". En otra ocasión, a un periodista que le pregunta
lo que hubiera sido si pudiera empezar de nuevo su vida, responde:
"Periodista". Luego, con una sonrisa alegre añade: "¡Y ahora
vamos a ver si Usted tiene la osadía de decirme que, si pudiera nacer de
nuevo querría ser Patriarca!". A otro entrevistador demasiado curioso:
"Usted incluso sería capaz de preguntarme cuántos botones tiene mi
sotana…"
26) APARENTANDO SER APRENDIZ
A un primer golpe
de vista puede parecer que así fueron los primeros tiempos del pontificado de
Angelo Roncalli. No obstante Juan XXIII supo dotarse de un programa preciso,
cargándose de compromisos serios, dotados de grandes y trascendentales
consecuencias. No olvidó jamás que el primer papel de un Papa es la oración.
Si el mundo católico se extrañó ante el anuncio de la elección del Cardenal
Roncalli, de quien se había hablado poco antes del Cónclave y del que poco se
conocía, más todavía le extrañó a él mismo que ni se había planteado
semejante posibilidad. Desde el principio se definía amablemente como
"un Papa aprendiz" y decía "dejadme que haga mi noviciado",
se acercó sin temor a sus primeras tareas y con su habitual tranquilidad se
enfrentó a ellas. La misma noche de la bendición "urbi et orbi", su
secretario le preguntó cuáles eran los primeros problemas de importancia a
los que se quería enfrentar, respondió: "Ahora voy a tomar mi Liturgia
de las Horas y voy a rezar Vísperas y Completas".
En los dos discursos iniciales del 29 de
octubre, en su primer radio-mensaje al mundo y en el del día 4 de noviembre,
día de la Coronación, Juan XXIII trazaba cuidadosamente y con aplomo el
programa de su Pontificado, realizado después de manera efectiva con mucha
paciencia, fuerza y tenacidad. "Queremos sobre todo subrayar con
insistencia que Nosotros cargamos en nuestro corazón de una manera muy
especial la tarea de pastor de toda la grey. Todas las otras cualidades
humanas - la ciencia, el interés y el tacto diplomático, los talentos
organizativos y de liderazgo, - pueden ser como ornamentos, acabados y para
completar un gobierno pontifical, pero de ninguna manera pueden tomar el
lugar suyo. Mas el punto central de todo es el celo, la pasión del "Buen
Pastor", listo para cada ardua empresa sagrada, lineal, constante, hasta
el sacrificio extremo". Un programa entonces clara e inequívocamente
pastoral. Pero también ecuménico y misional, guiado por la conquista de los
alejados: "El horizonte se ensancha: Tengo también otras ovejas que no
son de este corral y necesito traer aquí a esas también; oirán mi voz, y de
todas se hará un solo rebaño con un solo Pastor - Gv. 10,16. He aquí el
problema misional en toda su vastedad y hermosura. Ésta es la razón profunda
de ser del Papado, la primera aunque no sea la única". Y más:
"Queremos abrir el corazón y los brazos a todos aquellos que están
separados de esta Sede Apostólica. Deseamos ardientemente su regreso a la
casa del Padre común." En resumen, un programa de vivo interés por los
problemas de la humanidad, de un modo particular en lo referente a la paz y a
la justicia social: "Que nos sea permitido enderezar nuestra llamada a los
gobernantes de todas las naciones, en cuyas manos están puestas las suertes,
la prosperidad, las esperanzas de cada pueblo. Por qué no se encuentra al fin
y con justicia la manera de superar la desidia y las riñas. Porque los
recursos del genio e inteligencia humanas y de las riquezas de los pueblos se
usan después para fabricar armas y no para acrecentar el bienestar de todas
las clases de ciudadanos, particularmente de los más necesitados… Que se
pongan manos a la obra, con firmeza, confianza y la ayuda de la asistencia
divina." Pequeñas novedades pero importantes. Fijado claramente el
programa de su acción pontificia, Juan XXIII empieza por las cosas pequeñas
que, más que todas, ponen en evidencia su estilo. Al director del Osservatore
Romano le llama "el alta y noble palabra de Su Santidad" y otras
cosas semejantes tienen que ser abandonadas, elimina la prohibición de toda
presencia humana durante sus paseos por los jardines vaticanos, incluso le
gusta hablar con los jardineros, soldados suizos, albañiles… "He leído
con mucho detenimiento el Evangelio y no he encontrado nada de que el Papa no
tenga que tener compañía", dice a quienes le
hicieron notar que los Pontífices comen a solas; desde entonces en la mesa
del Papa Juan se sientan habitualmente prelados y amigos. El Papa Juan
empieza también a salir del recinto de la Ciudad del Vaticano, rompiendo así
también con la tradición de que el Papa viva aislado dentro del diminuto
Estado. Los romanos se acostumbran rápidamente a verle dar vueltas por Roma, visitando
parroquias, hospitales, cárceles y viejos amigos enfermos; con su
temperamento amistoso y burlón comienzan a llamarle "Juan fuera del murallas".
27) EL PAPA Y LOS NIÑOS
Quedaron
memorables encuentros del Papa bueno con los niños. Cuando visitó a los
pequeños pacientes del Hospital del Bambino Gesú oyó la voz de voz que decía:
"Ven aquí, Papa, ven aquí, Papa…" Se acercó a su camita y le
preguntó: "¿Cómo te llamas?". "Ángel, Papa". "Mira,
querido pequeño, hace un tiempo yo también me llamaba Ángel pero desde hace
unos días me han hecho cambiar mi nombre. Ahora me llamo Juan". En otra
sección del hospital un niño ciego le dijo: "Yo sé que eres el Papa,
pero no puedo verte. Aun así te quiero muchísimo." De los ojos del Papa
Juan brotaron dos lágrimas y tal vez fue la primera vez en que le faltaron
palabras. Pero el episodio más conmovedor fue aquel en que concedió audiencia
a una niña americana desahuciada por la leucemia y que había expresado su
deseo de ver al Papa antes de su muerte. La niña, que fue con su traje blanco
de Primera Comunión, con sus mejillas sonrosadas y
aparentemente lozana pero que apenas podía ponerse en pie. El Papa
Juan se le acercó, la tomó de la mano y la hizo sentar a su lado. Luego
"hablaron juntos" alrededor de tres cuartos de hora: qué se dijeron
en aquel largo rato, pues tanto tiempo no lo dedicaba el Papa ni a las más
altas personalidades, se queda en un misterio; y más si se tiene en cuenta
que los conocimientos de inglés del Papa eran muy limitados. Pero las almas
puras y santas, aquellas como las del Papa y las de aquellos niños, se
entienden aún sin necesidad de muchos discursos.
28) UN ESPÍRITU LIBRE
Se entendió
inmediatamente desde el propio nombre, Juan XXIII, que algo iba a ser
diferente y distinto en el viejo mundo de la Iglesia. De Juanes, en la
Historia habían pasado veintidós. Uno se había llamado Juan XXIII pero había
sido antipapa. Desde entonces, ningún Papa tuvo la valentía de asumir aquel
nombre. Roncalli la tuvo, sin miedo a confundirse con un usurpador de la
Cátedra de Pedro. Era la imagen diametralmente opuesta de su predecesor. Pío
XII era diáfano, hierático, aparecía recogido dentro de su alta sacralidad,
pontífice aristócrata, romano, pastor encima del mundo, Pastor angelicus. De
Juan XXIII en lugar de una imagen espléndida se le representa con una de sus
imágenes más emblemáticas. Es aquella en que luce sobre su cabeza el
"camauro", un gorro de terciopelo rojo bordado de piel blanca, que
hace de él, campesino de Bérgamo, un apacible, tranquilo y sereno pontífice
renacentista. Lo llevaba bien apretado a la cabeza para poder calentarse las
orejas.
29) LA NUEVA PRIMAVERA DEL CONCILIO ECUMENICO
¿Cuál es la imagen tópica utilizado por
la gente sobre Juan XXIII? Como un Papa abuelito, bonachón… Pero no es una
imagen que explique totalmente la personalidad de Angelo Roncalli, siendo
bueno era también un hombre de gran cultura y capaz de tomar decisiones que
iban a marcar profundamente la vida de la Iglesia. Sería una grave
equivocación limitarse a ver a Juan XXIII como un Papa de una exquisita
bondad y buen humor, sin tener en cuenta su amplia personalidad. En este caso
no hubiera sido un Papa magno. ¡Sin embargo sabemos que lo ha sido y con
creces! Es suficiente para ello acordarnos de sus actos de gobierno más
notables para ver en toda su amplitud la puesta en marcha de su plan de
acción, y también que supo actuar con una rapidez y energía que asombrarían
en un hombre mucho más joven que él. El 17 de noviembre de 1958, el
Osservatore Romano, dio la noticia de que el nuevo Papa, en el Consistorio
del 15 de diciembre, iba a nombrar a 23 nuevos cardenales, entre ellos el
primer africano, y de hecho los no italianos eran más de la mitad: El Sacro
Colegio venía así a tomar el rostro de la mayoría internacional.
30) ANUNCIO DEL CONCILIO
Sucedió el 25 de
enero de 1959, festividad de la Conversión de San Pablo estando los
cardenales reunidos en la Basílica de San Pablo, fuera de las murallas. Juan
XXIII anuncia "temblando un poco por la conmoción, mas aún con humilde
determinación de propósito" su proyecto de convocar un Sínodo Diocesano
para la diócesis de Roma, un Concilio Ecuménico para la Iglesia Universal y
la Reforma del Código de Derecho Canónico (compilación de todas las leyes que
rigen la Iglesia Latina), precedido por la promulgación del Código de Derecho
Canónico Oriental. Los Cardenales se quedaron atónitos, literalmente sin
palabras, como hechizados por palabras tan abrumadoras y colosales que
ninguno de sus Pontífices precedentes, aun cuando se los plantearon de
pensamiento, se atrevieron a poner en marcha. El Papa Juan se atreve a lanzar
estas propuestas antes incluso de verlas bien claras en su mente, antes
todavía de haber estudiado cómo ponerlas en práctica; el proyecto del
Concilio sobre todo, como él mismo dijo, no maduró en él "como el fruto
de un largo proceso de meditación y planificación, sino como la flor
espontánea de una primavera inesperada"; y, en el mensaje al clero
veneciano del 25 de abril de 1959 añade: "Por el anuncio del Concilio Ecuménico
Nosotros hemos escuchado una inspiración; Nosotros hemos considerado su
espontaneidad, en la humildad de nuestra alma, como un toque imprevisible e
inesperado". La inmensa confianza que Juan XXIII siempre tuvo en Dios,
le ha llevado a responder con prontitud a la inspiración, antes aun de poder
preguntarse cómo hubiera podido realizarla en la práctica. Pero si el primer
anuncio fue casi tímido e inseguro, enseguida la exhortación del Papa para
preparar el Concilio no conoce descanso: habla con los cardenales y con los
obispos, con los peregrinos, con todos lo que recibe en audiencia, por fin
con todos los que pueden acelerar la preparación y hasta con quienes no
pueden hacer nada; a todos les entrega una labor para la preparación del
Concilio, aunque no fuera otra labor que rezar: "No dudamos al decir -
afirma en un discurso del 13 de noviembre de 1960- que nuestras diligencias y
estudios para que el Concilio sea un gran evento, podrían volverse inútiles,
si el esfuerzo colectivo de santificarnos fuera menos acorde y menos
decidido. Ningún elemento podrá contribuir tanto como la santidad, buscada y
alcanzada. Las plegarias, las virtudes de cada cual, el espíritu interior
consiguen ser un instrumento de inmenso bien". Mientras el complejo
mecanismo del Concilio Ecuménico trabaja con celeridad a través de una
inmensa cantidad de estudios, papeles, cartas… que llegan de todos los
rincones del mundo católico, mientras comisiones y subcomisiones, padres
conciliares y expertos cumplen con un trabajo exorbitante que ordinariamente
necesitaría mucho más tiempo, de esta manera los proyectos del Papa llegan
pronto a un punto de maduración y son realizados. El Sínodo romano, el
primero que tiene lugar en la ciudad Santa tras el Concilio de Trento, se
realiza en enero de 1960. Luego echan a andar los trabajos de revisión del
Código de Derecho Canónico que marchan a la par que los de preparación del
Concilio Ecuménico. Las propuestas legislativas del nuevo Papa no quedan ahí,
hay otras que la gente en general no percibe pero que marcan una profunda
renovación en la Iglesia. Reabre el diálogo con los Anglicanos,
después de ocho siglos de odios y equívocos, rechaza tajantemente la
hostilidad hacia los judíos, ordenando suprimir de los misales las
maldiciones contra "los pérfidos hebreos", proclama el primer santo
negro: un mulato de Perú, San Martín de Porres.
31) LA CARICIA DEL PAPA
Es la noche del
11 de octubre de 1962, al terminar la peregrinación de antorchas y faroles
concluye el acto inaugural del Concilio Ecuménico VaticanoII. El Papa Juan
pronuncia en la plaza de San Pedro unas palabras en tono familiar, que
conquistarán y emocionarán al mundo entero: "Queridos hijos, escucho
vuestras voces. La mía es una sola pero recoge las del mundo entero: aquí
todo el mundo está representado. Se diría que hasta la luna salió deprisa
esta noche, observarla en lo alto, está viendo el espectáculo. Mi persona no
cuenta nada: es un hermano que habla con vosotros, se ha convertido en Padre
para hacer la voluntad de nuestro Señor… Pero todos juntos, paternidad y
fraternidad y gracia de Dios, todo, todo… Debemos continuar amándonos,
amarnos así; mirándonos así en el encuentro: coger lo que une, dejar atrás,
si hay, algo que pueda ponernos un poco en dificultades… Cuando vuelvan a sus
casas encontrarán a sus niños, les ruego que les den a sus hijos una caricia
y les digan: Esta es la caricia del Papa. Encontrarán alguna lágrima que
enjuagar, digan ante esto una buena palabra. El Papa está con vosotros,
especialmente en las horas de tristeza y amargura. Y luego, todos juntos nos
infundiremos ánimo y vida: cantando, suspirando, llorando pero siempre llenos
de confianza y fe en Dios que nos ayuda y nos escucha, seguiremos para
encontrar de nuevo nuestro camino.
32) LA INMENSA FUERZA DEL CRISTIANISMO
¿De dónde nace en Angelo Roncalli esa
mirada al hombre tan positiva, tan confiada en sus
capacidades? No nace de un ingenuo sentimiento sino de una certeza de que
aquello que habita en el corazón de cada hombre es una búsqueda de
significado, de Dios. También en el hombre que parece hacerse
"dios" por medio del progreso científico. Con su última Encíclica
"Pacem in Terris", por primera vez en la Historia de la Iglesia el
Papa no habla solamente a los obispos, al Clero y a los fieles católicos, sino
también "a todos los hombres de buena voluntad": a cuantos entonces
creen en la existencia de valores naturales que en cada criatura dejan
impresa la huella del Creador. La Encíclica se basa en una visión optimista
del hombre y de la Historia de la Humanidad, en la seguridad de que las sanas
fuerzas de la toda la humanidad contesten positivamente al llamamiento de paz
del Vicario de Cristo y que las ideas y hechos de la Historia de la
Humanidad, guiados y ordenados de manera oculta por la Divina Providencia,
conduzcan a los hombres a una indudable visión cristiana de la vida. No
obstante las apariencias se nos muestran contradictorias.
33) UNA MIRADA POSITIVA
La magnitud y la
extraordinaria popularidad del Papa Juan proceden en buena parte, también de
este inalterable optimismo frente al hombre y frente a toda la Humanidad,
sustentado en una inquebrantable y valiente fe, y de un sentido intenso y
fuerte de lo Divino, que le permitió ir al encuentro, y establecer los
consiguientes contactos, con las iglesias ortodoxas y protestantes, además de
con hombres de distinta fe, religión o ideología. Para tal fin no presenta a
la Iglesia como una torre de marfil cerrada sino más bien como "la Casa
del Padre común", abierta a todos. Juan XXIII, convencido firmemente en
la inmensa misma del cristianismo, no tiene miedo a enfrentarse a lo que sea
y además tiene la profunda certeza de que el dinamismo y la lógica de la
verdad, de la libertad y de la justicia, una vez que ha sido puesta en
marcha, van a triunfar frente a la maldad y al oportunismo humanos. Por eso,
el Papa Juan nunca tuvo miedo ni siquiera a los abrumadores progresos de la
ciencia y de la técnica (con un radiomensaje saludó el vuelo humano al
espacio), porque él sabía muy bien que cualquier progreso científico y
técnico, por abrumador y extraordinario que sea o pueda parecer, deja siempre
sin contestar las preguntas últimas que el hombre se cuestiona sobre sí mismo
y sobre las razones y motivos últimos de su existencia en el universo; sabía
que el progreso material deja siempre atrás el vacío del alma que ningún
orgullo humano podrá jamás llenar.
34) ¡EL PROGRESO NO BASTA!
Angelo Roncalli sabía que los
autodenominados "espíritus libres" en la mayoría de las ocasiones
eran en realidad espíritus descontentos, que pueden ser reconquistados por la
fe y por la esperanza solamente desde la comprensión y la humildad, con
aprecio sincero a su dignidad humana y a su buena fe; sabía que sin embargo
tarde o temprano el hombre y toda la humanidad, después de haber experimentado
por unas horas del gozo efímero del progreso, está abocado a volver sobre las
verdades de siempre, a la fe sencilla del niño y de la abuelita, que tiene
más valor que todas las máquinas que el hombre pueda construir con sus manos,
de toda su cultura y de todos los progresos científicos, y que es lo único
que puede dar la tranquilidad y la paz en las relaciones humanas.
35) CON LA MISIÓN SIEMPRE EN EL CORAZIÓN
Cuando desde el
balcón exterior de San Pedro fue anunciada la elección de Roncalli como Sumo
Pontífice el 28 de octubre de 1958, los que conocían su trayectoria y
pensamiento previeron que Juan XXIII iba a ser un Papa misionero. El comienzo
de su actividad misionera se remonta a 1921 cuando fue llamado a Roma por el
Cardenal Van Rossum con el fin de que se hiciera cargo de las Obras
Misioneras en Italia, su interés por las misiones había empezado mucho antes.
El 21 de abril de 1961, al terminar una reunión de la Comisión de Misiones
que preparaba el Concilio, de forma confidencial el Papa dijo que había
encontrado algunos escritos espirituales de cuando, quinceañero, estudiaba en
el seminario de Bérgamo; en ellos había hecho el propósito de rezar al Señor
siempre e intensamente por los "hermanos separados" y por las
necesidades de las misiones porque, añadía, como era propio en aquellos años
había empezado a interesarse por la obra misionera a través de publicaciones
especializadas. En la diócesis de Bérgamo, el cura Roncalli fue un diligente
animador de la cooperación misionera y ciertamente por su sensibilidad,
además de sus altos talentos intelectuales y de corazón, fue llamado a Roma
en 1921 por Benedicto XV, quien quiso nombrarle Director de la Obra de
Propagación de la Fe en Italia, con el encargo preciso de renovar la
organización de la Obra misma en todo el país.
36) EL ESPÍRITU MISIONERO
Mons. Roncalli
permaneció en Roma desde 1921 hasta 1925, en que fue nombrado Visitador
Apostólico en Bulgaria, por tanto, cuatro años dedicados exclusivamente a la
cooperación misionera. En este tiempo tuvo tiempo de hacer visitas a lo largo
y ancho de toda la península, unificando los distintos consejos regionales en
unúnico centro nacional; visitó también algunos países extranjeros (Francia,
Austria, Bélgica, Holanda y Alemania) para estudiar las formas de cooperación
con las misiones que ponían en marcha en estos países: fundó y dirigió la
revista "La propagación de la Fe en el mundo"; trabajó para la
organización de la gran exposición misionera realizada en los jardines
vaticanos con motivo del Año Santo de 1925. Sus escritos de aquella época
están recogidos en el volumen que lleva por título "La propagación de la
Fe", realizada con el patrocinio de la Unión Misional del Clero en
Italia. En esta obra reluce el amorfervoroso del joven sacerdote por la causa
misionera. En los 20 años posteriores, que pasó en Bulgaria, Turquía y
Grecia, mons. Roncalli conoció a los "hermanos separados" y al
vasto mundo del Islam; y más tarde, como Nuncio en Francia y Cardenal de
Venecia, tuvo la oportunidad de visitar El Líbano, Túnez, Argelia y
Marruecos; que le dejaron fuertes y duraderas impresiones, tal como reflejó
en una carta dirigida al alcalde de Florencia, Sr. La Pira, el 19 de
septiembre de 1958: "En confianza le diré que desde que el Señor me ha
guiado por el mundo al encuentro de hombres y civilizaciones distintos a los
cristianos he repartido las horas cotidianas del breviario para así poder
extender un abrazo espiritual en la oración desde Oriente hasta
Occidente…" Muy pronto, como Cardenal de Venecia participará en algunas
manifestaciones misionales de gran importancia: el 17 de febrero de 1957
pronunció el discurso oficial de conmemoración de Mons. Conforti, fundador
del Instituto Misionero Javierano, y en septiembre del mismo año pronunció la
alocución final del Congreso Nacional Misionero de Padua.
37) EL PATRIARCA EN MILÁN
Pocos meses
después, el 3 de marzo de 1958, el Cardenal Roncalli estuvo en Milán, en la
sede del PIME, con ocasión del traslado de los restos de su predecesor en la
sede de San Marcos el Patriarca Ramazzotti, fundador de las Misiones
Extranjeras de Milán. En aquella ocasión el cardenal Roncalli pronunció un
importante discurso misionero, acordándose de hechos anteriores de su vida,
en los que llamaba la atención su amor a las misiones, dijo entre otros
pensamientos: "Recuerdo la primera vez que la Providencia me llevó al
Instituto de las Misiones Extranjeras de Milán en la Calle Monterosa, en el
otoño de 1910, casi hace medio siglo, para la entrega del crucifijo a un buen
grupo de misioneros con ocasión de su despedida. En las conversaciones llenas
de fe con algunos de los ancianos, que habían regresado de los campos de
evangelización, pude gozar de aquellos encuentros… me sentía atrapado de una
inefable ternura, educando mi alma en la admiración y en el interés más vivo
hacia quienes se sentían llamados y contestaban corriendo por aquel camino
audaz y misterioso".
38) CUANDO MUERE UN PAPA
Una vez más
sorprendió a todos. Como el comienzo del Concilio, su muerte fue también para
el pueblo como un relámpago. Él supo vivir su enfermedad ofreciéndola por el
bien de la Santa Iglesia y por amor a Jesús. Si un año antes, alguien hubiera
dicho que el Papa no iba a alcanzar el verano de 1963, probablemente le
hubieran tomado por loco o demente. El Papa Roncalli de hecho destacaba por
su salud de hierro, él mismo lo había dicho en comentado con astucia en
numerosas ocasiones. Las fatigas, los viajes, los discursos a los cuales se obligaba incesantemente, cuando tenía ya más de 80 años,
no se podían explicar de otro modo sino era por su óptimo estado de salud.
Hoy en día es difícil decir cuándo tuvo conciencia clara el Papa de su mal
incurable, (1) un tumor maligno que había anidado en su estómago: es cierto
que hasta el final siguió trabajando sin ahorrarse ningún esfuerzo y nunca
perdió su optimismo confiado, que era por tanto producto de una sólida fe en
Dios y de una apacible y serena aceptación de la voluntad de la Providencia.
El Profesor Gasbarrini -archiatra, o sea el médico pontificio, quien estuvo
con él continuamente- cuenta así sus últimos días: "Varias veces en los
días decisivos le escuché decir: Hágase la voluntad de Dios". E
igualmente: Querido Profesor, no se preocupe, tnego mis maletas siempre
listas. Cuando sea el momento de mi partida no perderé el tiempo". La
conciencia la perdió solamente al final, pero durante muchos días, en los
momentos de lucidez, pudo leer los periódicos, entretener a las visitas,
ocuparse hasta del gobierno de la Iglesia. Al final, tuvo fuertes dolores que
aguantó con mucha valentía.
"El 3 de junio, lunes, a las siete y
media de la tarde, estábamos reunidos en la habitación de al lado; frente al
televisor en el que se retransmitía la misa solemne que el Cardenal Traglia
estaba celebrando en la plaza de San Pedro y a la que asistía un gran gentío
inmenso y silencioso. De vez en cuando se escuchaba la trabajosa respiración
de Juan XXIII, cada vez más febril y más débil. Volví al lado de su cama y le
tomé una mano entre las mías. Ya desde esos instantes los latidos del corazón
apenas se oían. Me incliné sobre su corazón. En el mismo momento en el cual,
levantando la cabeza, murmuraba: "Ya se fue", abajo, en la plaza,
la misa terminaba con las palabras "Ite, Missa est". Estas palabras
claras, distintas, me parecieron simólicas. El viático celestial para el alma
de un Papa incomparable. Tenía los ojos llenos de lágrimas. En aquel momento
alguien encendió en el aposento una gran luz"
<1>El escritor de estas páginas
cree oportuno añadir esta nota. El Papa Juan XXIII ya sabía que su salud no
era buena… y me parece que esto se deduce y se prueba por una anotación que
hizo en el "Diario del Alma", en la fecha mencionada abajo, en un
día tan importante como la apertura del Concilio Vaticano II.
39) 11 DE OCTUBRE DE 1962
Este es el día de la solemne apertura del
Concilio ecuménico. Todos los diarios dan la noticia y Roma está en el
corazón exultante de todos. Doy gracias a Dios por haberme hecho digno del
honor de abrir, en su nombre, este principio de grandes gracias para la Iglesia
Santa. Él dispuso que la primera centella que preparó, durante tres años,
este acontecimiento saliese de mi boca y de mi corazón. Estaba dispuesto a
renunciar incluso a la alegría de esta apertura. Con la misma clama repito el
hágase tu voluntad respecto al hecho de mantenerme en este primer puesto de
servicio durante todos el tiempo y para las todas las circunstancias de mi
humilde vida, o bien a verme interrumpido en cualquier momento, porque este
compromiso de proceder, continuar y concluir pase a mi sucesor. Hágase tu
voluntad, en la tierra como en el cielo. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et
in terra
40) LA MUERTE
El 23 de mayo del
mismo año fue anunciada públicamente la enfermedad del Papa y el 3 de junio
-después de cuatro años, seis meses y seis días de pontificado- Angelo
Giuseppe Roncalli, que había tomado el nombre de Juan XXIII, moría en paz
invocando el nombre de Jesús y ofreciendo su vida de acuerdo con las palabras
de Jesús: “Que todos sean uno” (Ut unum sint). Después de habernos enseñado a
vivir, él fue un testigo de cómo morir a la luz de la fe. Una persona que lo
conocía bien y le había seguido durante esos pocos años sintetizó muy bien la
impresión de todos: “El papa Juan me ha hecho descubrir de una forma nueva y
consoladora la paternidad de Dios”.
41) BEATIFICACIÓN
El papa Juan fue
beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre del 2000. Su fiesta
litúrgica quedó fijada el 11 de octubre, día de la apertura del Concilio
Vaticano II, habiendo sido guarecida milagrosamente la hermana Caterina
Capitani, religiosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paola. La
causa de beatificación fue introducida por Pablo VI en 1965, después de la
clausura del Concilio Vaticano II.
42) TRASLADO DEL CUERPO
El 3 de junio del
2001, domingo de Pentecostés y 38 años después de su muerte, su cuerpo fue
hallado intacto y trasladado desde la capilla subterránea de la Catedral de
San Pedro hasta el altar de San Jerónimo. De hecho, al poco tiempo de haber
sido ordenado sacerdote se dedicó a la enseñanza de Patrología y San Jerónimo
es uno de los grandes Padres de la Iglesia, que tradujo la Biblia del hebreo
al latino. En la homilía de la Misa de Pentecostés, su Santidad el Papa Juan
Pablo II recordó al beato Juan XXIII con bonitas palabras. Actualmente el
beato papa Juan descansa al lado del altar de este noble Padre de la Iglesia,
que lo precedió en el camino de santidad. El sarcófago donde se encontraban
los restos del papa Roncalli fue trasladado a su pueblo natal, Sotto il
Monte, y se encuentra en la iglesia de Santa María in Brusicco.
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