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1. El “fenómeno Ceferino”
Ceferino
Namuncurá fue y es un don de Dios. Un precioso y gratuito regalo de
Dios para su raza aborigen olvidada y sufrida, para su patria, la Argentina,
para Latinoamérica, para todo el mundo. Como ocurrió con otros
personajes bíblicos, el Señor miró benignamente la humildad del
aborigen mapuche y quiso hacer, por su intermedio, grandes cosas.
Ceferino nace en 1886 cuando su padre, Manuel Namuncurá, máximo cacique araucano, ya había sido
definitivamente apaciguado por las armas nacionales. Y Ceferino nace en un momento de nuestra historia, en
que la Ilustración, la ciencia sin Dios, encontraba decididos adeptos
en nuestra mentada y progresista Generación del 80. Cosas de Dios, de
sus planes —que no son los de los hombres— y de su gracia libérrima y
fecunda: “E1 hace proezas con su brazo: dispersa a ‘los soberbios de
corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”
(Lucas 1, 5 1-53).
Fuera de toda
duda y cosa fácil de constatar en cualquier latitud, existe en nuestro
país, desde hace ya unos cuantos años, lo que se ha dado en llamar el
"fenómeno Ceferino" Se habla de él,
se lo conoce, se lo invoca, se lleva su medalla o su retrato, se ve su
imagen por todas partes. Tiene más hinchas que Boca o River, más idmiradores
que Carlos Gardel o que la Difunta Correa... Ha entrado en el pueblo y
goza del prestigio de in auténtico ídolo. Concede gracias y obra
“milagros” al por mayor...
Claro que, en
más de una oportunidad, se mezcla su nombre y su protección con
elementos de magia, de superstición, de fetichismo. Pero es un hecho
innegable que el buen Ceferino es uno de los
fenómenos espirituales más sorprendentes y consoladores de estos últimos
tiempos y el que ha batido muchos “récords”
en rapidez y popularidad.
Cabe, entonces,
preguntarse: ¿Será este inusitado ‘fenómeno” sólo un pasajero
entusiasmo popular, crasa superstición, difundida ignorancia, efímera
expresión de una religiosidad popular hueca y sin sentido? Que pueda
haber, y que de hecho haya desviaciones —en vías de superación y a las
que la Iglesia se esfuerza por encauzar y depurar— es cosa innegable.
Pero que en todo esto está la mano de Dios, también es algo clarísimo y
reconfortante. La Iglesia Católica, a través de sus más altos y
especializados organismos, viene estudiando desde 1945, lenta y
seriamente como es habitual en Roma, la vida de Ceferino.
Y el 22 de junio de 1972 el Sumo Pontífice Pablo VI promulgó el decreto
por el que se declara a Ceferino Venerable,
paso importante y previo a la Beatificación.
2. ¿Qué pasa con
su Causa? ¿Por qué no es todavía Beato?
Lamentablemente
el proceso de la Causa de Beatificación sufrió, durante un opaco lapso
de dos décadas, algo que llamaríamos “estancamiento” durante el cual no
progresó como todos esperábamos. No es éste el lugar para explicar los
motivos de esto. Lo cierto es que el Venerable Ceferino
continuó siempre y continúa también ahora haciendo “gauchadas” y
concediendo favores de toda índole a muchos de sus amigos y devotos.
El actual Vice-Postulador de la Causa de Ceferino
es el Padre Héctor D’Angelo, sdb., doctor en Derecho Canónico, residente en
Bahía Blanca. Él es el responsable de llevar adelante en nuestro país
las Causas de Beatificación de los Venerables Ceferino Namuncurá y Artémides Zatti. Y, en
verdad, que está cumpliendo su arduo cometido con singular competencia
y resultados positivos.
Nos consta, por
el testimonio directo del Padre D’Angelo, que
en este momento (año 2005) hay dos favores notables atribuidos a la
intercesión de Ceferino (curaciones rápidas,
totales y duraderas) que, debidamente estudiados y documentados,
podrían servir para’ que Ceferino sea
declarado Beato.
Desde 1972 Ceferino es Venerable, es decir, que la Iglesia
proclamó entonces que había practicado en grado heroico las virtudes
cardinales, morales y anexas.
Ahora bien, para
ser declarado Beato se necesita un favor especialísimo, un verdadero
“milagro” constatado y probado primero en el país de origen del
favorecido, y luego en Roma, por una Consulta Médica (cinco o más
especialistas) nombrada por la Congregación para las Causas de los
Santos. Después que la Consulta Médica emite su dictamen positivo por
simple mayoría, una Comisión de nueve Teólogos analizan si el Venerable
está en condiciones teológicas de ser declarado Beato. Luego otra
Comisión de cinco Cardenales, habiendo sido aprobados los pasos
anteriores, le comunican al Papa que el Venerable en cuestión puede ser
declarado Beato. Sólo entonces, el Papa aprueba todo lo realizado y
fija la fecha de la Beatificación.
3. Nacimiento, bautismo y confirmación
Ceferino Manuel Namuncurá
nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay, a
orillas del río Negro, departamento de Choele—Choel, provincia de Río Negro, en la República
Argentina. Su padre fue el cacique Manuel Namuncurá
—hijo del terrible Cafulcurá— ya en paz con
las armas nacionales; y su madre fue Rosario Burgos, nacida en Chile.
Ceferino fue uno de los menores de los doce
hijos del cacique.
Fue bautizado
por el misionero salesiano Domingo Milanesio,
llamado "el apóstol de los aborígenes" el 24 de diciembre de
1888, en una de sus correrías apostólicas por el río Negro, en Chimpay, a donde el cacique Namuncurá
se había retirado después de haberse rendido al General Roca el 5 de
mayo de 1 884. Aludiendo al bautismo de Ceferino,
escribe Manuel Gálvez: “...ese 24 de diciembre será un día glorioso
para las pampas, para los indios y para la Patria Argentina. Porque ese
día queda marcado como cristiano, como hijo de Cristo, el más
maravilloso y perfecto de los cristianos que ha habido en estas
tierras”.
Y recibió el
sacramento de la Confirmación siendo alumno del colegio salesiano “Pío
IX’ de Buenos Aires, en la iglesia parroquial de San Carlos, el 5 de noviembre
de 1899 de manos de Monseñor Gregorio Romero.
Por ley del
Congreso Nacional del 16 de agosto de 1894, la tribu de Namuncurá recibe en propiedad 20.000 hectáreas
de tierra junto al arroyo San Ignacio y al río Aluminé,
en la provincia de Neuquén. Era sólo un pañuelo de tierra para quienes
habían sido dueños desde siempre de millones de hectáreas... De Chimpay, Namuncurá se va
con los que le son fieles a la región del río Aluminé,
junto al Collón Curá,
a un lugar llamado de San Ignacio. Allí Namuncurá
y su gente son visitados en 1902 por su amigo Monseñor Juan Cagliero, Vicario Apostólico de la Patagonia con centro en Viedma, y por el padre Juan
Beraldi, infatigable misionero salesiano, a
quien Ceferino profesará gran afecto.
4. "¡Quiero ser útil a los de mi raza!"
La infancia de Ceferino
transcurre normalmente en la toldería, junto a sus padres, a quienes
ayuda en el cuidado de las ovejas yen otros menesteres domésticos. Sus
pocos años no le impiden comprender el sufrimiento y la degradación en
que viven los de su raza. Por eso, teniendo sólo 11 años, le pide un
día a su papá que lo lleve a Buenos Aires a estudiar, porque —le dice—
“quiero ser útil a los de mi raza.
No sin pena,
accede el viejo cacique y acompaña a Ceferino
a la Capital de la República, en donde tiene buenos e influyentes
amigos. Por concesión del Ministro de Guerra y Marina, el General Luis
María Campos, Ce-ferino ingresa el 1897 como becado en los Talleres
Nacionales que la Marina tiene en el Tigre. Pero el ambiente de esta
escuela no satisface las aspiraciones del indiecito, por lo que,
llorando, después de tres meses, le pide a su padre que lo retire de
allí.
Namuncurá acude, entonces, a su amigo el
ex-Presidente de la República, el Dr. Luis Sáenz Peña, quien solicita
al Provincial de los Salesianos, padre José Vespignani,
acepte al indiecito en alguno de sus colegios. Finalmente, el 20 de setiembre de 1897, Ceferino
y su padre son recibidos en el Colegio “Pío IX” del barrio de Almagro.
“Ahí, sin duda, lo esperaba la gracia, para imbuirlo profundamente de
las virtudes que convienen a los jóvenes cristianos. En efecto, este
adolescente araucano, diferenciándose mucho de sus coetáneos,
manifestaba un insólito vigor y agudeza mental, y se mostraba pronto
para aprender y obedecer. Casi espontáneamente su corazón se sentía
impulsado hacia la piedad para con Dios y hacia las cosas celestiales,
prefiriendo el catecismo a todos los otros libros” (Decreto de
Venerabilidad del 22 de junio de 1972).
5. En el Colegio salesiano “Pío IX” de
Buenos Aires
Inscripto en la
sección de los Estudiantes, Ceferino
frecuenta los grados inferiores del externado y oratorio de San
Francisco de Sales, ubicado calle de por medio al Colegio “Pío IX”. Más
tarde será celoso catequista de este oratorio festivo.
Después de un
año de constantes y empeñosos esfuerzos para aprender a leer y escribir
y para corregir y encauzar sus fuertes instintos atávicos; después de
prepararse con toda conciencia estudiando el catecismo y las nociones
fundamentales de nuestra religión, Ceferino
recibe, con singular contento y devoción, la Primera Comunión, en la
iglesia parroquial de San Carlos, el 8 de setiembre
de 1898. Tenía 12 años recién cumplidos. Y el 5 de noviembre del año
siguiente —como ya dijimos— recibe, en la misma iglesia, el sacramento
de la Confirmación.
Un consciente y
visible fervor eucarístico caracterizó la vida del Indiecito a partir
del día felicísimo de su Primera Comunión. Comulgaba todos los días con
singular devoción, y en los recreos invitaba a sus compañeros a hacer
alguna breve visita al Santísimo Sacramento.
Durante estos
años de permanencia en el Colegio “Pío IX” Ceferino
fue siempre un alumno ejemplar. Logró enseguida sobresalir entre sus
compañeros —él, un pobre mapuche que había llegado sin casi saber hablar
en español— en base a un constante y creciente esfuerzo por superarse a
sí mismo. Así, pronto figuró entre los mejores alumnos de su grado y
del Colegio, tanto por su digno y discreto comportamiento, como por su
excepcional contracción al estudio y sus cualidades de compañero y
amigo sincero y generoso.
Por estos años
era también alumno del Colegio “Pío IX” el inolvidable cantor Carlos
Gardel, que tan famoso sería después. Ambos juegan en los mismos patios
y ambos integran el coro y cantan en la misma capilla del aquel antiguo
Colegio de Almagro. Y ambos serán también, con el correr de los años,
máximos ídolos del fervor popular.
6. “Príncipe de la Doctrina Cristiana”
Ceferino fue siempre un óptimo estudiante y un
servicial, delicado y querido compañero. Hay al respecto muchos
testimonios de superiores, educadores y condiscípulos que tuvo en
Buenos Aires, en Viedma, en Turín y en Roma.
A los 12
años, y mientras cursaba en aquel 1899 el segundo grado elemental, en
el certamen anual de catecismo, Ceferino
logra el primer puesto y es simbólicamente coronado “Príncipe de la
Doctrina Cristiana” en un solemne acto presidido por el Arzobispo de
Buenos Aires, Monseñor Uladislao Castellano,
y por Monseñor Cagliero. Ya por esta época el
buen Indiecito ardía en deseos de conocer a fondo la religión cristiana
y las ciencias profanas para transmitírselas a los de su raza.
Nunca
ningún éxito o alabanza ofuscó la humildad y la sencillez de Ceferino. Se preocupaba por todos sus compañeros y
los ayudaba en todo lo que podía, principalmente a los más necesitados.
En la capilla era un serafín de amor eucarístico y durante el día vivía
en continua unión con Dios, cumpliendo a la perfección todos sus
deberes de estudiante. Sus educadores y condiscípulos del "Pío IX"
lo llamaban "un nuevo Domingo Savio",
"otro San Luis Gonzaga".
Así describe, en
nítido retrato, un compañero de colegio a aquel Ceferino
de 13 6 14 años: “De rostro bronceado, de grandes ojos; su mirar era
apacible, con destellos de dulzura y con cierto dejo de languidez y
melancolía. Era dulce, acompasado y calmoso en el hablar; de cabellera
negra y recia; en su vestir era sencillo y en general conservaba en su
porte y semblante un tinte majestuoso, como rasgos indelebles de su
origen”.
7. Regreso a la Patagonia
y viaje a Italia
A los 16 años Ceferino termina sus estudios primarios en el
Colegio “Pío IX”, de Almagro, con el vehemente y decidido deseo de ser
sacerdote para anunciar el Evangelio a sus paisanos. Su padre, ya
anciano, se niega en primera instancia a tal decisión de su hijo
preferido, pues otros eran sus planes. Pero luego, pensando bien las
cosas y aconsejado por buenos amigos, asiente.
Lamentablemente,
junto con tan altas ambiciones, la salud del adolescente mapuche iba
desmejorando. Inútil resultó que lo llevaran un tiempo a la escuela de
agricultura que los Salesianos tienen en Uribelarrea
(provincia de
Buenos Aires), para que el aire puro lo tonificara. Por eso, en 1903,
Monseñor Juan Cagliero decide llevarlo
nuevamente al sur, a Viedma, con la esperanza de que el clima nativo y
los solícitos cuidados del sacerdote-médico Evasio
Garrone favorecieran el resurgimiento de la
quebrantada salud de Ceferino.
En Viedma, en el
Colegio “San Francisco de Sales” comienza los estudios secundarios
junto con otros compañeros que pensaban entrar en la Congregación
Salesiana. “Allí sobresalió en la práctica de las virtudes,
especialmente en la caridad, obediencia, mansedumbre y una perfecta
castidad, virtud ésta casi desconocida para el pueblo araucano”
(Decreto de Venerabilidad del 22 de junio de 1972).
En julio de 1904
Monseñor Cagliero parte para Italia
llevándose consigo a Ceferino, confiando, una
vez más, en que un cambio radical de clima y la atención de los mejores
médicos lograrían mejorar su salud y al mismo tiempo le permitirían
proseguir los estudios eclesiásticos. El viaje de Viedma a Bahía Blanca
lo hicieron en diligencia y pernoctaron en el Colegio “San Pedro” sobre
el río Colorado, al lado del histórico Fortín Mercedes. En la pequeña y
humilde capillita del fortín Ceferino oró muy
emocionado, desahogando su llanto varias veces, ante la imagen de la
Virgen, seguramente sin presagiar que unos años después sus restos
mortales descansarían allí, bajo la sonrisa de la Madre de Dios y de
los hombres. En Bahía Blanca el tren los condujo a Buenos Aires y, a
bordo del vapor "Sicilia" arribaron
a Génova el 10 de agosto de 1904.
8. En Roma con San Pío X
Después de estar
unos días en la Casa Madre de los Salesianos, en Turín, Monseñor Cagliero acompaña a Ceferino
a Roma y allí lo presenta a sus nuevos superiores y compañeros.
La prensa de
Génova, Turín y Roma se ocupa de Ceferino y
celebra al bronceado "Príncipe de las Pampas", al hijo del
famoso y temido cacique Manuel Namuncurá. El
Beato Don Miguel Rúa, Rector Mayor entonces de los Salesianos, quiere a
su lado a Ceferino y departe con él
frecuentemente con especial interés y afecto. Pero los honores no
marean al joven mapuche, invariablemente suave y parco, humilde y
gentil.
El 27 de setiembre de 1904 Ceferino
es llevado ante el Papa Pío X por Monseñor Cagliero
y un grupo de Salesianos. Ceferino pronuncia
muy emocionado un breve discurso y obsequia al Padre Santo un hermoso
quillango de su tierra. El Papa contesta también con visible emoción:
“Bueno, hijo mío, te doy gracias por lo bien que hablas del Vicario de
Cristo. Quiera el Señor puedas poner en práctica todo lo que has dicho:
convertir a tus hermanos de la Patagonia...
Yo te doy, de todo corazón, mi Bendición Apostólica, extensiva a tu
padre, a su familia y a toda su gente...“ Todos los presentes se
preguntan: “¿Qué llegará a ser este joven?’ Concluida la audiencia, San
Pío X llama a Ceferino, lo lleva a su
escritorio privado, lo sienta a su lado y le obsequia una medalla
reservada a los príncipes.
9. Declinación y muerte
Ceferino prosigue sus estudios eclesiásticos y
humanísticos en el colegio salesiano de "Villa Sora"
ubicado entre las pintorescas colinas de Frascati,
en las afueras de Roma. Un amplio y cómodo lugar, rodeado de árboles,
de hermosos paisajes y de cielo nítido. “Tanto para los superiores como
para los compañeros brilló aquí con el ejemplo de su bondad y virtud,
pero sobre todo con el fervor eucarístico y el exacto cumplimiento del
deber diario y por una maravillosa paciencia en soportar la tuberculosis
de que estaba atacado” (Decreto de Venerabilidad del 22 de junio de
1972).
Como antes en
Buenos Aires y en Viedma, también aquí en Roma se dedica en cuerpo y
alma al estudio. Él mismo lo confiesa en una carta a Faustino S. Firpo, amigo de sus años en el "Pío IX"
de Almagro. “No soy de los últimos en clase... Si no fuese por el
idioma, sería el primero.
Entre tanto la
cruel enfermedad avanza inexorablemente. En marzo de 1905 lo internan
en el Hospital de los Hermanos de San Juan de Dios. Ceferino
comprende que su fin se aproxima y su renuncia es entonces heroica. Él
quería estudiar y ser sacerdote para llevar el Evangelio a sus hermanos
mapuches. Pero Dios tiene otros planes, que Ceferino
acepta, aunque con inmenso dolor: "¡Bendito sea Dios y María
Santísima! Basta que pueda salvar mi alma, y en lo demás hágase la
santa voluntad del Señor”.
Todos en el
hospital quedan edificados de su temple espiritual. El doctor José Lapponi —médico personal de los Papas León XIII y
San Pío Xº— lo visita dos veces al día.
Monseñor Cagliero lo acompañó hasta el
momento de su santa muerte, ocurrida el 11 de mayo de 1905, cuando
tenía sólo 18 años, 8 meses y 17 días.
Las exequias de Ceferino fueron muy humildes. Acompañaron sus
restos al cementerio general de Roma, en Campo Verano, algunos
salesianos y estudiantes. Una simple cruz de madera con su nombre
señala el lugar donde yacen sus restos.
10. En Fortín Mercedes
Cuando el viejo
cacique Manuel Namuncurá se enteró de la
muerte de su hijo Ceferino, visitó el Colegio
“Pío IX” de Buenos Aires y expreso con inmenso dolor sus heridos
sentimientos. “Mucho he sentido la muerte de mi querido hijo lejos de
la patria, sin tener el consuelo de abrazarlo y darle el último adiós.
Pero me consuela que lo ha hecho por mí el inolvidable amigo Monseñor
Juan Cagliero y los Salesianos que lo
asistieron. Resignado en mi dolor, acatando la disposición de Dios, no
tengo sino palabras de reconocimiento hacia los Salesianos que lo
educaron. Y lo mismo sus hermanos, mis hijos”.
Cuando le notificaron
al Papa Pío Xº la muerte de Ceferino, exclamó: “Era una bella esperanza para
las Misiones de la Patagonia, pero es ahora y
será en adelante su más válido protector”.
En 1924 los
restos de Ceferino son repatriados y llevados
a Fortín Mercedes, en donde descansaron en la capillita del histórico
Fortín, hasta 1991, cuando fueron trasladados al Santuario de María
Auxiliadora de Fortín Mercedes. Desde entonces y progresivamente, la
urna con sus restos es meta de incontables peregrinos que privadamente invocan
la poderosa intercesión del simpático Indiecito y acuden allí para orar
y para dar gracias por los favores recibidos.
11. Camino hacia el altar
El 22 de junio
de 1972 el Siervo de Dios Ceferino Namuncurá fue declarado Venerable por el Papa Pablo
VI, como etapa previa a su Beatificación. La de Ceferino
fue, en su momento, la Causa de Beatificación más adelantada que
teníamos en la Argentina, ya que él era en 1972 el único Venerable.
Ahora hay varios más. Cerramos esta semblanza del “Lirio de las Pampas”
transcribiendo la parte final del texto del Decreto por el que se lo
declara Venerable:
“La fama de
santidad, que adornaba al Siervo de Dios cuando aún vivía, se propagó
ampliamente después de su muerte y fue confirmada por signos
celestiales. Por ello, se empezó a tratar si había que decretarle Los
honores de los altares. Instruidos los procesos ordinarios en la Curia
del Vicariato de Roma y, mediante cartas postulatorias,
en las Curias Eclesiásticas de Turín, Viedma y Buenos Aires, y una vez
publicado el decreto sobre sus escritos, el Papa Pío XII aprobó con su
firma la comisión de introducción de la causa el 3 de marzo de 1957. Se
instituyeron luego los procesos apostólicos en las Curias de Viedma,
Turín y Morón y en el Vicariato de Roma sobre las virtudes en especial,
y el 29 de enero de 1962 salió el decreto sobre la validez jurídica de
dichos procesos.
“Observado,
pues, todo lo que debía observarse conforme al derecho, el 6 de abril
de 1971 tuvo lugar una Reunión Especial de la Sagrada Congregación para
las Causas de los Santos, en la que se discutió la duda:
“Si consta de
las virtudes teologales: Fe, Esperanza, Caridad hacia Dios y hacia el
prójimo, y de las virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y
Templanza, y de sus anejas, en grado heroico, en el caso y para el
efecto de que se trata”. Esta duda fue nuevamente examinada el 6 de
julio del mismo año, en la Congregación Plenaria de los Cardenales,
siendo Ponente o Relator el Cardenal Luis Traglia,
y todos con su consentimiento unánime respondieron afirmativamente.
“Después que el
Cardenal abajo firmante hizo al Sumo Pontífice Pablo VI una relación de
todos los antecedentes procesales en la Audiencia que le concediera el
7 de enero de este año 1972, Su Santidad ratificando el parecer de la
Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, ordenó que se
preparara el decreto sobre la heroicidad de las virtudes del Siervo de
Dios.
“Por último, en
el día de hoy, el mismo Sumo Pontífice, hechos llamar el suscrito
Cardenal Prefecto, como asimismo el Rdo. Cardenal Luis Traglia, Ponente de la Causa, yo —que soy el
secretario— y los demás a quienes se acostumbra citar, en presencia de
todos promulgó este decreto, declarando que: Consta de las virtudes
teologales: Fe, Esperanza, Caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y de
las virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, y
de sus anejas, en grado heroico del Siervo de Dios Ceferino
Namuncurá, en el caso y para el efecto de que
se trata.
Y mandó que se
publicara este decreto y se incluyera en las actas de esta
Congregación.
«Dado en Roma,
el 22 de junio del año del Señor 1972”.
Cardenal Pablo Bertoli, Prefecto, Fernando Antonelli,
Arzobispo titular de Idicra, Secretario.
Como dijimos, a
pesar de que durante unos años el proceso de la Causa de Beatificación
de Ceferino estuvo un tanto estancado, la
devoción de la gente nunca se interrumpió y son muchos —dentro y fuera
de la Argentina— los que han conseguido favores de Dios a través de la
intercesión del Venerable Ceferino Namuncurá. ¡Ojalá pronto
veamos al joven mapuche en los altares y podamos prestarle culto y
aclamarlo públicamente como Beato!
12. Conclusión: conocerlo e imitarlo
Sólo es
verdadero amigo y devoto de Ceferino quien
conoce su vida y se esfuerza por imitar sus virtudes, a saber: su
fervorosa oración de cada día; su ardiente amor a Jesús Eucaristía ya
la Virgen Santísima; su heroico olvido de sí mismo para darse a los
demás; su exacto y constante cumplimiento de todos sus deberes; el
fervor y aprovechamiento con que a menudo se acercaba a los sacramentos
de la Reconciliación y de la Comunión; su generoso perdón de las
ofensas; su modestia angelical; su profundísima humildad; su
extraordinaria fuerza de voluntad ante las adversidades y el
sufrimiento espiritual y físico.
Mas
información de este buen Beato, en la pagina oficial: http://www.ceferino.dbp.org.ar/
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