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SAN MARTIN DE PORRES, MARTIN EL BUENO Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón…..Y encontrarán su descanso. Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Leyendo diversas hagiografías
sobre San Martín de Porres, no dejo de preguntarme porque motivo se le otorga
tanta importancia destacar que el es hijo de un noble caballero y de una
mujer negra, ¿por qué partir de esta situación?, ¿qué meritos le agrega a su
santidad esta condición? Me da tristeza leer u oír del santo negro o el santo
mulato, no se oye lo mismo al expresarse de otro santo del santo rubio o le
santo blanco o del santo o santa de ojos azules. ¿Alguno de nosotros ha visto a
Cristo Jesus?, ¿tendría alguna diferencia para nosotros que el tuviera otro
aspecto del que nos han hecho imaginar los pintores y dibujantes?, ¿y si
fuera de características físicas tipo oriental chino o japonés, maorí, o
zulú, inca o apache, o nórdico o caucásico, que más dá?.
Si vemos los dibujos de los niños de diversos lugares del mundo, cada uno se
lo imagina parecido a su raza y es una gracia que así sea. Pero volviendo a san Martín de
Porres, comienzo diciendo, que es un santo muy querido en su tierra natal y
en el mundo, que su actitud de vida es la que debemos imitar, que nació en
1579 en Lima, capital del Perú, fundada originalmente con el nombre de Ciudad
de los Reyes, cuando este País era el Virreinato del Perú, que fue una
división administrativa de la Corona de España en América, y al momento de su
mayor extensión abarcó casi toda Sudamérica y parte de Centroamérica.
(1542-1821). Cuando nació Martín, se hablaba Español, Quechua, Aymará y otras
lenguas nativas, era Rey de España Felipe II y Virrey en Perú, Francisco de
Toledo. El Perú como muchos otros países
de Ibero América, sabe lo común que es el hecho de tener grandes hijos que
nacieron de uniones de miembros de persona que llegaron del viejo mundo en
busca de la opulencia y sufridos nativos de estas tierras. Es así como se dio
las circunstancias que Martín nació de la unión de súbdito de origen español,
Juan de Porres y una mujer de natural de Panamá, Ana Velásquez, hija de Dios
con la piel mas morena. Así es como el santo fue
socialmente un mulato, término utilizado para designar al individuo nacido de
la unión interracial entre una persona blanca y una persona negra. Se
relaciona con la palabra mula, que es el producto del cruce entre un
caballo/yegua y un burro/a. Este término a su vez tiene su origen en el
árabe, en el que se usaba la palabra muwallad para designar personas nacidas
de un progenitor árabe y uno no-árabe. La raíz es la palabra wallad, que
significa parir o engendrar. Esta forma de llegar a ser parte
de la vida limeña de la época, debe haber sido importante para la educación y
vida en general de Martín, el no vivió en un ambiente familiar, se dice que
su padre le reconoció, pero que tardó en hacerlo, pero que le dejo siendo
niño y viviendo con su madre. Dura debe haber sido su vida, hijo clasificado
como ilegitimo, por no ser de nacido dentro de un matrimonio tradicional.
Esto nos enseña algo muy importante, Dios no discrimina entre hijos legítimos
e ilegítimos y la santidad de un hombre no depende de eso. Martín fue bautizado en la
Iglesia de San Sebastián, en la misma pila bautismal en que siete años más
tarde lo sería Santa Rosa de Lima. Lo curioso de su bautismo, es que fue
también el mismo Párroco quien lo introdujo en la Iglesia Católica y mayor
coincidencia ocurre con la Confirmación de Martín, ya que, al igual que Rosa
de Santa María, un santo le imprimió los dones del Espíritu Santo: el
Arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo, actual patrono del Episcopado
Latinoamericano. Un hombre santo, tiene esa cualidad de fijarse en otros
proyectos de santo y le contagia de su santidad. Martín, desde niño debe haber
conocido lo que es la generosidad, el pobre sabe de necesidades y es más
sensible a compartir, es así como dentro de sus actitudes de vida como hijo
de Dios, se le conoció como muy generoso con los pobres, a los que daba parte
del dinero cuando iba de compras o lo que ahorraba para ayudarles a mitigar
su hambre. Martin compartia lo poco que tenía entre los no tenían nada. Del evangelio de Lucas, 6; 20:
“Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: ¡Felices ustedes, los
pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que
ahora tienen hambre, porque serán saciados! Jesús al proclamar esta
bienaventuranza, nos esta proponiendo una forma de vida distinta como
condición para salvarnos, nos invita a un camino solidario con los pobres,
nos estimula a una vida mas austera, nos anima a no vivir atados a los bienes
materiales, de esta forma nos podemos dedicar más a Dios. Se sabe ciertamente que Martín
visitaba muy frecuentemente el templo con su madre, pero en aquel tiempo ir
al templo era muy distinto a hoy que entendemos con claridad todo los ritos
de la Liturgia porque son en nuestra lengua materna, entonces decidir vivir
de acuerdo a las enseñanzas de Cristo no era fácil. En efecto, en el templo
no había ni por lo menos posibilidad de sentarse en cualquier banca, los
fieles eran según su calidad social segregados y los sermones eran
reprimendas. Pero Martín se las arreglo bien para acercarse a Cristo Jesus. Martín, no fue a estudiar
teología ni la a estudiar un profesión como es la aspiración de muchos, él a
la edad de 12 años aprendió el oficio de barbero, el de cirujano y medicina
general. Su ocupación en la barbería era la de extraer dientes y muelas,
recetar hierbas, aliviar dolores, rasgar con el bisturí los tumores bucales,
era una especie de "médico", ya que sabía de ungüentos y de los bálsamos,
cómo se alivia el escozor de un dolor, cómo se aplacan las calenturas, cómo
se combaten los delirios, cómo se detiene un flujo de sangre, como también
afeitar o cortar el cabello en algunas ocasiones y cuando sentía que le
sobraba tiempo, se ofrecía también como voluntario en los hospitales. Martín por el día, trabajaba y
por la noche, se dedicaba a la oración, casi al igual que Santa Rosa de Lima.
La oración hizo descender el Espíritu sobre su corazón. “El hombre bueno saca
el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón” (Lc 6, 43-49). Para ser
buenos cristianos, lo mas importante es acercarse a
Jesús, relacionarse muy bien con El, oír con atención sus palabras, y hacer
de ella nuestra vida, y así luego comportarnos como Cristo Jesús con todos
nuestros semejantes. Yo te alabo, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y
prudentes y se las ha dado a conocer a los sencillos” Lc 10, 21-24 Cristo
Jesus, nos pide sencillez, humildad en el corazón, estar vacíos y despojados
de nosotros mismos. El ha querido abrir este secreto a los humildes, a los
sencillos, no a los hombres instruidos, que en muchas ocasiones se creen
capaces de llegar a conocer las cosas de Dios por sus propios medios y
esfuerzos, estos son los soberbios, estos son los que se cierran al
Evangelio, por eso el Señor se goza de que los pequeños y sencillos se abran
a la verdad de Dios. Se dice que Martín era
inteligente, y fue tal su amor por los hermanos que no tardó en aprender para
poderlos servir mejor. Desde niño sentía predilección por los enfermos y los
pobres en quienes reconocía sin duda el rostro sufriente de su Señor. “Vengan
a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt
11:25-30) Pronto la virtud de Martín dejó
de ser un secreto. Su servicio como enfermero se extendía desde sus hermanos
dominicos hasta las personas más abandonadas que podía encontrar en la calle.
A los quince años la gracia recibida y el ardor por vivir más cerca de Dios
en servicio completo a sus hermanos humanos lo impulsó a pedir ser admitido
en el convento de los dominicos que había en Lima. Su humildad fue probada en el
dolor de la injuria, incluso de parte de algunos religiosos dominicos.
Incomprensión y envidias: camino de contradicciones que fue asemejando a
Martín a su Reconciliador. En 1594, entró en la Orden de Santo Domingo de
Guzmán bajo la categoría de "donado" al ser hijo ilegítimo, en el
convento de Nuestra Señora del Rosario de Lima. En 1603 le fue concedida la
profesión religiosa y pronunció los votos de pobreza, obediencia y castidad.
Hombre de gran caridad, unía a su incesante oración las penitencias más
duras. Era mucho el amor, eran poco el sueño y la comida, lo sostenía la
oración, la infinita misericordia de Dios. Es muy probable que haya conocido
a Santa Rosa de Lima. El Señor tiene sus caminos, y los tuvo de dolor y
alegría para nuestro santo conocedor de la humildad. Convirtió el convento en un
hospital. Recogía enfermos y heridos por las calles y los llevaba al
convento. Algunos religiosos protestaron, pues infringía la clausura y la
paz. "La caridad está por encima
de la clausura", contestaba Martín siempre que sus colegas le
requintaban. También fundó el Asilo de Santa Cruz para cuidar ahí de niñas y
niños. La virtud del santo, su intensa
vida espiritual, sostenían su entrega, pero sin duda alguna, aquello que más
recuerda el pueblo de Lima son sus numerosos milagros. A veces se trataba de
curaciones instantáneas, en otras bastaba tan sólo su presencia para que el
enfermo desahuciado iniciara un sorprendente y firme proceso de recuperación.
Muchos lo vieron entrar y salir de recintos estando las puertas cerradas.
Otros lo vieron en dos lugares distintos a un mismo tiempo. Todos, grandes
señores y hombres sencillos, no tardaban en recurrir al socorro del santo
mulato: "yo te curo, Dios te sana" decía Martín con grande
conciencia del inmenso amor del Señor que ha gustado siempre de tocar el
corazón de los hombres con manos humanas. Enfermero y hortelano herbolario,
Fray Martín cultivaba las plantas medicinales que aliviaban a sus enfermos.
Su amor humilde y generoso lo abarcaba todo: su amabilidad con los animales
era fruto de su inmenso amor por el Creador de todas las cosas. El pueblo de
Lima venera hoy su dulce y sencilla imagen, con su escoba en la mano dando de
comer, de un mismo plato, a perro, ratón y gato. Sin moverse de Lima, fue visto
sin embargo en China y en Japón animando a los misioneros que estaban
desanimados. Conociéndose tal fenómeno milagroso como bilocación Para algunos católicos, San
Martín de Porres es el santo predilecto para combatir y lograr la remoción de
ratones cuando se presentan como un problema en las viviendas (plaga). La
ayuda pedida a San Martín es debida a que en numerosas ocasiones lograba dar
de comer en el mismo plato a ratones, gatos y perros, quienes en armonía se
alimentaban, causando la sorpresa de los demás frailes. A la edad de sesenta años, Fray
Martín de Porres, cae enfermo sabiendo que ya era hora de encontrarse con el
Señor. La noticia se expandió rápido por toda la Ciudad de los Reyes con lo
que todo el pueblo estuvo conmovido y todos en la calle lloraban. Tal era la
veneración hacia este buen hijo de Dios, conocido como el mulato, que el
mismísimo Virrey Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, Conde de
Chinchón, fue a besarle la mano cuando se encontraba en su lecho de muerte.
Sufrió ataques del demonio, pero sintió el consuelo y compañía de la Virgen
quien según él, estaba a su lado mientras agonizaba. El 3 de noviembre de 1639 fallece
en la Ciudad de los Reyes, capital del Virreinato del Perú. Su muerte causó
aún más conmoción en la ciudad. Gregorio XVI lo declaró Beato el 1837. El santo de la escoba fue
canonizado por el Papa Juan XXIII el 6 de Mayo de 1962 con las siguientes
palabras del Santo Padre: "Martín excusaba las faltas
de otro. Perdonó las más amargas injurias, convencido de que el merecía
mayores castigos por sus pecados. Procuró de todo corazón animar a los
acomplejados por las propias culpas, confortó a los enfermos, proveía de
ropas, alimentos y medicinas a los pobres, ayudo a campesinos, a negros y
mulatos tenidos entonces como esclavos. La gente le llama ‘Martín, el
bueno’." Sus restos descansan en la Capilla de Santa Rosa de Lima, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima. Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Pedro Sergio
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