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SANTIAGO APOSTOL, PATRÓN DE ESPAÑA
Por Jesús Martí Ballester
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SANTIAGO DE COMPOSTELA ESPAÑA |
SANTIAGO DE CHILE CHILE |
SANTIAGO DE CUBA CUBA |
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EN EL
RIO ULLA
Ante su
menguada cosecha y escaso número de discípulos, decidió su vuelta a
Jerusalén. Cuando regresó a Palestina, en el año 44, fue torturado y
decapitado por Herodes Agripa, y se prohibió que fuese enterrado. Sin embargo
sus discípulos, trasladaron su cuerpo hasta la orilla del mar, donde
encontraron una barca preparada para navegar pero sin tripulación. Según el Codex Calixtinus del siglo XII,
y la Leyenda Áurea del siglo XIII, los discípulos del santo transportaron su
cuerpo por mar hasta Galicia, y lo depositaron cerca de la ciudad romana Iria Flavia. Otra tradición
hace protagonistas a los monjes andaluces que, huyendo de la invasión
musulmana, subieron hacia arriba, llevando consigo los huesos de Santiago.
Allí enterraron su cuerpo en un compostum o
cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol.
Tras las persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, se olvidó la
existencia del mismo, hasta que en el año 813 el eremita Pelayo observó
resplandores y cánticos en el lugar. Este suceso propició llamar al lugar Campus Stellae, o Campo de la
Estrella, de donde derivaría al actual nombre de Compostela. El eremita
advirtió al obispo de Iria Flavia,
Teodomiro, quien después de apartar la maleza
descubrió los restos del apóstol identificados por la inscripción en la
lápida. Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó
al apóstol Santiago Patrono del reino, edificando allí un santuario que será
la Catedral. MILAGROS
Y APARICIONES
SEÑALES
PREOCUPANTES Juan
Pablo II ha dejado escrito en su Exhortación “Ecclesia
in Europa” de 28 de junio de este año a sus Iglesias, afectadas a menudo por
un oscurecimiento de la esperanza, que estamos viviendo señales preocupantes:
Hay numerosos signos preocupantes que, al principio del tercer milenio,
perturban el horizonte del Continente europeo que, «aun teniendo cuantiosos
signos de fe y testimonio, y en un clima de convivencia indudablemente más
libre y más unida, siente todo el desgaste que la historia, antigua y
reciente, ha producido en las fibras más profundas de sus pueblos,
engendrando a menudo desilusión ». Quisiera recordar la pérdida de la memoria
y de la herencia cristianas, unida a una especie de agnosticismo práctico y
de indiferencia religiosa, por lo cual muchos europeos dan la impresión de
vivir sin base espiritual y como herederos que han despilfarrado el
patrimonio recibido a lo largo de la historia. Por eso no han de sorprender
demasiado los intentos de dar a Europa una identidad que excluye su herencia
religiosa y, en particular, su arraigada alma cristiana, fundando los
derechos de los pueblos que la conforman sin injertarlos en el tronco
vivificado por la savia del cristianismo. En el Continente europeo no faltan
símbolos prestigiosos de la presencia cristiana, pero éstos, con el lento y
progresivo avance del laicismo, corren el riesgo de convertirse en mero
vestigio del pasado. Muchos ya no logran integrar el mensaje evangélico en la
experiencia cotidiana; aumenta la dificultad de vivir la propia fe en Jesús
en un contexto social y cultural en que el proyecto de vida cristiano se ve
continuamente desdeñado y amenazado; en muchos ambientes públicos es más
fácil declararse agnóstico que creyente; se tiene la impresión de que lo
obvio es no creer, mientras que creer requiere una legitimación social que no
es indiscutible ni puede darse por descontada. Renovando
esta invitación a la esperanza, también hoy te repito, Europa, que estás
comenzando el tercer milenio, «vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre
tus orígenes. Aviva tus raíces». A lo largo de los siglos has recibido el
tesoro de la fe cristiana. Ésta fundamenta tu vida social sobre los
principios tomados del Evangelio y su impronta se percibe en el arte, la literatura,
el pensamiento y la cultura de tus naciones. Pero esta herencia no pertenece
solamente al pasado; es un proyecto para el porvenir que se ha de transmitir
a las generaciones futuras, puesto que es el cuño de la vida de las personas
y los pueblos que han forjado juntos el Continente europeo. ¡No temas! El
Evangelio no está contra ti, sino en tu favor. Lo confirma el hecho de que la
inspiración cristiana puede transformar la integración política, cultural y
económica en una convivencia en la cual todos los europeos se sientan en su
propia casa y formen una familia de naciones, en la que otras regiones del
mundo pueden inspirarse con provecho. ¡Ten confianza! En el Evangelio, que es
Jesús, encontrarás la esperanza firme y duradera a la que aspiras. Es una
esperanza fundada en la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.
Él ha querido que esta victoria sea para tu salvación y tu gozo. ¡Ten
seguridad! ¡El Evangelio de la esperanza no defrauda! En las vicisitudes de
tu historia de ayer y de hoy, es luz que ilumina y orienta tu camino; es
fuerza que te sustenta en las pruebas; es profecía de un mundo nuevo; es
indicación de un nuevo comienzo; es invitación a todos, creyentes o no, a
trazar caminos siempre nuevos que desemboquen en la « Europa del espíritu »,
para convertirla en una verdadera « casa común » donde se viva con alegría”. LOS
PEREGRINOS
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Jesús
Marti Ballester |
Pedro
S.A. Donoso Brant |
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