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Fr. Julio González C. OCD CUARESMA-2008 PALABRA Y ESPIRITUALIDAD Pastoral de Espiritualidad Frailes Carmelitas Viña del Mar - Chile |
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LUNES MARTES MIERCOLES JUEVES VIERNES SABADO (Ciclo
A) DOMINGO DE Lecturas: a.- Gn.12, 1-4: Vocación de Abraham. b.-Tim. 1,8-10: Dios nos llama y nos ilumina. c.- Mt. 17,1-9: Su rostro resplandeció como el sol. San Juan de La transfiguración de Jesucristo
encierra el misterio de su gloria, por una parte, gloria que posee como
segunda Persona de Mateo lo presenta como una
teofanía semejante a la proclamación de los mandamiento en el monte Sinaí
(Ex.19-20), confirmándose la idea que para el evangelista, que escribe a
judíos, la idea de presentar a Jesús, como el nuevo Moisés. La presencia de Moisés y de
Elías tiene un significado muy especial. Con ello quiere significar que Jesús
es el cumplimiento de toda Las palabras del Padre, las
hemos escuchado también el día en que
Jesús se sumerge en las aguas del Jordán en su bautismo (cfr. Mt. 3,7). Las
dice para presentarnos a su Hijo en su gloria, gloria que retomará luego de
su Pasión, una vez resucitado del sepulcro de la muerte. Ese que ahora ven
glorioso y resplandeciente de luz, lo verán cruzar en el día más oscuro de la
historia, cargando la cruz camino del Calvario, humillado y sometido al
suplicio de la muerte. Esta será la gran prueba para la fe de los discípulos
y también para nosotros hoy. Vemos su sufrir e incluso comprendemos su dolor,
pero muchas veces nos olvidamos de la causa de tanto dolor redentor. Jesucristo pagó el precio de
nuestra redención, es tan grande, infinito el amor de Dios Padre por la
humanidad, que el pecado en cierto modo fija el precio a tanta maldad. Otra
lectura de esta realidad es el estado de
libertad y unión con Dios que Dios quiere para sus hijos, una nueva creación,
liberada del yugo del pecado y de la muerte eterna, vida de gracia y de amor
de Dios. El cristiano deberá revivir el misterio pascual de Jesucristo para
no sólo adquirir todos estos bienes sino configurarse a ÉL en todo para
alcanzar la santidad. Estamos transfiguramos desde el
momento en que escuchamos el evangelio, pero no debemos quedarnos en la
escucha, primer paso, sino en llevarlo a la existencia de cada día.
Transfigurar, cambiar nuestra vestidura de pecado y actitudes por las que son
propias del evangelio, hasta que plasmen no sólo mi creer, sino mi actuar de
cara a Dios y al prójimo, y así la luz que viene del Crucificado y Resucitado
alcance a todos los hombres. Hay tanto que mejorar en las actitudes
del corazón para que las obras que de ellas nacen sean de verdad una
transfiguración de todo nuestro ser y actuar. Todo este paso de la muerte a
la vida, el místico carmelita Juan de LUNES DE Lecturas: a.- Dan. 9, 4-10: Nos hemos
apartado de tus mandamientos b.- Lc. 6, 36- 38: Perdonad y seréis perdonados. San Juan de Lo que nos presenta el profeta
Daniel es una confesión que nace de la realidad del pueblo en que vive, toma
su voz, se hace voz de ellos, pero a su vez el se confiesa con la mirada
puesta en el Dios magnífico, alumbrado por las lámparas de los atributos
divinos. Lee su propia verdad y la del pueblo a la luz de la verdad divina,
es decir, reconoce los atributos divinos y a esa luz mira y contempla su
propia conducta, sus actitudes y las juzga como alejadas del querer divino. Comienza “derramando” su
espíritu, expresión de Daniel, confesando la fidelidad de Yahvé a la alianza
y el amor de que son colmados quienes la observan de parte de Dios. De la
otra parte están los que no han cumplido, han sido malos y sobre todo no
haber escuchado a los profetas, causa quizás de tantos males que han padecido
y que sufren en ese momento. Reconoce la justicia divina y la vergüenza en el
rostro por la actitud de cara a Dios, “porque hemos pecado contra ti” (v.11);
termina su oración implorando piedad y el perdón por el pecado cometido. Esta
actitud del profeta también podemos hacerla nuestra, cuando sentimos
verdadero dolor de nuestros pecados y más generosa resonaría nuestra oración
si pidiéramos perdón por los pecados de la sociedad en que vivimos, porque
sean creyentes o no, los efectos de sus actitudes igualmente nos afectan. “Sed compasivos como vuestro
Padre celestial es compasivo” (v. 36). La compasión del Padre de Jesús es
verdaderamente un misterio de amor, porque entrega lo más querido, lo más
entrañable que posee su Hijo y lo dona a los hombres para salvarlos del
pecado y de la muerte y del poder de Satanás. Desde esta actitud se comprende
el amor al enemigo predicado por Jesús, como el centro de su doctrina y de la
vida de los cristianos a través de los siglos. Pensemos en los mártires que
dieron su vida en los más horribles tormentos y terminaron perdonando a sus
verdugos escribiendo así las páginas más bellas de la historia de Este ser compasivos, es la
entrega de la vida sin esperar recompensa, sin que el otro lo merezca, cuando se pierde o pospone
en los propios intereses para que el otro avance en su crecimiento; no
juzgar, no condenar y perdonar son actitudes que todavía debemos cultivar,
primero comprendiendo lo que encierra cada palabra en el pensamiento
bíblico, conocer el querer de Jesús y
luego eso aplicarlo a las situación concreta que se nos presenta como una
oportunidad para crecer en este misterio del amor de Dios. Cada una de estas
sentencias las debemos meditar en la oración para ganar en conocimiento, en
fe en la palabra de Dios y no hacer, como habitualmente hacemos, respondiendo
a las situaciones, desde la carne, es
decir, desde el hombre viejo, haciendo todo lo contrario de lo que exige
Jesús. Es horrible escuchar muchas veces: “Nunca le perdonaré”. Frase que
cierra la puerta a toda comunión; palabras pronunciadas por cristianos que
lamentablemente no conocen a Dios. Hacer la voluntad de Dios en
cada una de estas situaciones nos asegura el Señor que no seremos juzgados,
ni condenados, más aún, seremos perdonados, se nos “dará una medida generosa,
colmada, remecida y rebosante” (v. 38). En la sociedad vemos cómo se destruye
a las personas en los programas de la televisión, su vida, su moral, se las
juzga y condena con tanta ligereza, dando la impresión que las personas no
valen, unos porque buscan fama y dinero y se venden a ello, otros, porque son
presa de estas situaciones, muchas veces por maniobra de otros para sacar
provecho personal. Como cristianos debemos guardarnos de ese mundo y como
dicen hoy, tomar más en serio a Jesús y su mensaje. El místico nos invita a
ser trasparentes para reflejar lo que realmente somos hijos de Dios,
cristianos. MARTES DE Lecturas: a.- Is. 1,10.16-20: Aprender a obrar el bien, buscad la justicia. b.- Mt. 23, 1-12: El que se
enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. San Juan de La denuncia del profeta es ante
la situación de injusticia en que contempla a su alrededor, denuncia que va
dirigida a los príncipes se Sodoma y Gomorra y a todo el pueblo. Es Dios
quien invita a su pueblo a juzgar la situación histórica y religiosa por la
que atraviesa su pueblo. Lo que Dios pide, es actuar según su voluntad, poner
en práctica la justicia y defender o interesarse por los más débiles como el huérfano
y la viuda. Un culto que se queda sólo en el rito pero que se compagina con
la injusticia y el robo, indigna a Dios, más bien le repugna tanta hipocresía
(Is. 1, 11-15); su oración no es escuchada y sus manos están llenas de
sangre. Dios exige conversión e invita a su pueblo a dialogar. Aunque sus pecados sean rojos
como el carmesí (v. 18), quedarán blancos como la nieve por el perdón que
Dios brindará a quien se arrepienta, tenga fe en la palabra de Yahvé y en su
voluntad, como verdaderos pobres de Yahvé. Se pide obediencia a la fe en la
alianza que Dios hizo con su pueblo y por lo que recibirán bienes de la
tierra; en cambio, si la desconocen conocerán la espada de las potencias
enemigas (vv. 19-20). El texto sugiere que así como
los buenos cumplen la alianza de Yahvé también los que la rompen colaboran a
que en definitiva la voluntad salvífica de Dios se realice en todo el
universo. Los profetas, enviados por Dios a comunicar su palabra, a recordar
o sencillamente a denunciar las faltas cometidas hacen que la realidad de su
pueblo sea una preocupación constante de Yahvé lo que llama al hombre al
realismo de la fe que debe iluminar cada unos de sus obras. De la actitud
personal que tenga cada creyente frente a la alianza depende su vida y su
felicidad en esta tierra. En el Evangelio, encontramos la
denuncia hecha por Jesús de la hipocresía de los fariseos, “que no hacen los
que dicen o enseñan”. La recomendación de Jesús, es hacer lo que dicen, pero
no lo que hacen (v. 3). Esta actitud también la podemos tener cristianos sino hay una toma de conciencia
en trabajar por la coherencia interior, es decir, que exista unidad entre los
que predicamos y lo que practicamos. No debemos quedarnos sólo en la
actitud farisaica, sino mirar a Jesús, poner los ojos en ÉL, para descubrir
esa unidad entre lo que se enseña y lo que se vive diariamente: fe cristiana.
No hacer nada por apariencia, sino mostrar con las obras la disposición
interior hecha de convicciones profundas nacidas del seguimiento de
Jesucristo, el Señor, de quien busca la unidad, para vivir una espiritualidad
maciza, sin fisuras ni incoherencias. Reconocer a Jesús como Maestro es
considerarse siempre fiel discípulo, que escucha y pone en práctica las
enseñanzas que propone como modo de vida. Hay un solo Padre, y es el Padre de
Jesús, nuestro Padre, fuente de nuestra filiación en su Hijo. Mirándole a ÉL,
aprendemos a servir por su amor para ser el primero en el poner la vida a
disposición de nuestro prójimo (vv. 8-11). La última sentencia: “El que se
enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (v. 12). La
humildad, virtud necesaria para ser cristiano de verdad, nos abre los ojos y
la inteligencia para sumir nuestra condición de pecadores salvados por la
gracia ya la verdad que es Jesucristo. Sólo desde ÉL, nos enseña Juan de MIERCOLES DE Lecturas: a.- Jr. 18, 18-20: Señor, oye cómo me acusan. b.- Mt. 20, 17-28: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de
beber? San Juan de La primera lectura corresponde a
las confesiones de Jeremías donde deja en claro que sus enemigos preparan un
complot contra él y su mensaje. Los tres poderes de Israel: el sacerdocio,
los sabios y profetas continuarán ejerciendo su labor, es decir no se
detendrá con la desaparición de un agitador como Jeremías. Lo mismo sucederá
siglos más tarde con Jesús de Nazaret, lo querrán juzgar y matar por su
mensaje, de ahí que Jeremías sea prototipo de Jesucristo sufriente. Es el
justo que sufre, que es perseguido (cfr. Mt. 12,13). Jeremías, se siente amenazado
porque el mensaje de parte de Dios, la
destrucción y el exilio, pone en jaque mate la continua providencia de Dios
sobre Israel. El pueblo rechaza ese mensaje y prepara un complot contra el
profeta. El único refugio del profeta es Dios, siente su apoyo, su oración es
de completo abandono, como un verdadero pobre de Yahvé. El sólo ha buscado librarlos de
la ira divina de todos los modos posibles, pero Israel lo ha abandonado; su
crítica nos es a las instituciones en sí sino al modo de servicio que ofrecen
a los ojos de Yahvé. Es la voz del profeta que defiende los derechos humanos
y de Dios, contra los intereses egoístas de hombres e instituciones sin
escrúpulos. El evangelio nos presenta el
tercer anuncio de La petición de los hijos de
Zebedeo nos muestra por un lado la ambición de los apóstoles, y por otra, no
saben lo que significa el reino de Dios. Jesús habla de De estos grandes deseos de los
hermanos, Jesús saca una gran enseñanza: quien quiera ser grande en su reino
debe servir, más aún quien desee ser el primero en el reino debe ser esclavo
o servidor de todos (Mt. 20, 26-27).
ÉL siendo el Hijo de Dios se hizo hombre, un esclavo, se despojó de sí mismo,
de su gloria, para con su obediencia
hasta la muerte de cruz dar la vida en rescate de muchos (v. 26-28; cfr. Flp.
2, 7-11). La enseñanza es clara: si queremos ingresar en el reino de los
cielos debemos beber el cáliz de la pasión para resucitar, es decir, vivir el
misterio pascual, de muerte y vida nueva, sólo así podremos ser grandes y los
primeros en su reino si hemos servido a Dios en nuestro prójimo con una
existencia que se dona y muere a su egoísmo, como el grano de trigo. El místico carmelita nos invita
asumir las pruebas, precisamente para conocer la capacidad de nuestras
fuerzas espirituales, virtudes y talentos puestos al servicio del reino de
los cielos que sólo la gracia y amor de Dios pueden hacer vigorosas y los
deseos convertirlos en realidad. Cuanto más se espera, tanto se alcanza de
Dios si la esperanza teologal guía e ilumina estos anhelos de perfección
(cfr. Poesía “Tras un amoroso lance” 4). JUEVES DE Lecturas: a.- Jr. 17, 5-10: Bendito quien confía en el Señor…no deja de dar
fruto. b.- Lc. 16, 19-31: El pobre Lázaro y el rico Epulón. San Juan de Esta bella página de Jeremías es
un canto a la confianza en Dios. El hombre es semejante a un árbol que nace
en la estepa, no crece, porque raquítico, sin los nutrientes vitales. Esta es
la realidad del hombre abandonado a sus propias fuerzas, que no ha puesto su
confianza no en Dios, sino en sí mismo. Confía en su carne, por lo que se
hace maldito a los ojos de Yahvé. Distinta es la suerte de quien
pone su confianza en el Señor, porque como árbol siempre verde en sus hojas,
da su fruto a su tiempo; sus raíces se hunden
en la corriente, en tiempo de sequía no se inquieta no deja de dar
fruto abundante. Este es el hombre que Dios quiere para sí, esta es la
actitud que espera de sus fieles, que aprendan a usar su libertad, para obrar
siempre el bien. Lo mejor para el creyente es estar siempre junto al Señor. Este es el evangelio donde las
apariencias engañan por que el
resultado es completamente distinto de lo que se esperaba: el que se pensaba
era feliz en este mundo lo sería también en la eternidad y el que era pobre y
desgraciado no conocería jamás la felicidad; sin embargo, lo común para ambos
la muerte y el juicio divino, lo cambia todo. El rico Epulón pasa a la
condenación eterna y el pobre e infeliz Lázaro a la gloria del seno de
Abraham. El primero se condenó por no
compartir sus bienes con el hambriento, el segundo se salvó no porque era
pobre sino porque padeció los males con fe y confiado en el Señor. Lázaro es
un pobre abierto a la grandeza de Dios, que se preocupa de los enfermos y
pobres de la tierra; su muerte revela el verdadero tesoro que posee en el
seno de Abraham, que es el cumplimiento de todas las promesas. El rico es
verdaderamente pobre, porque si se gloría ante Dios con su riqueza material,
esto es más que nada y miseria a los ojos de Dios. El mensaje no para aquí, sino
que en el diálogo con Abraham, el rico Epulón reconoce que las riquezas que
tuvo él y sus parientes no son nada para la vida eterna. Abraham responde que
les basta: El rico terminó en el infierno, se cerró en sus propios
intereses y en su riqueza, de modo tal que cuando le corresponde presentarse
ante Dios, en el cara a cara, el amor de su luz, se encontró vacío de obras
de misericordia, condenado. La condena es fruto de haber elegido una
existencia contraria a la voluntad de Dios, a su misterio de vida y salvación
para el hombre; permanecer privado de la gracia de Dios, de su amor que salva y sin el encuentro con prójimo
necesitado; es la no existencia, ya en esta vida. En cambio, Lázaro, se
abandonó a las manos de Dios, de los ángeles, precisa el texto, signo de su
amor. Se presenta en el reino de Dios, en el seno de Abraham, donde se
cumplen las promesas. Lázaro abierto a la gracia y al amor de Dios se deja
guiar por ellas hasta conseguir la salvación divina. En todo el pasaje está
de trasfondo el tema del juicio particular donde la muerte revela lo profundo
del hombre y que lo lleva al seno de la vida verdadera o al abismo de la
condena (Lc. 23, 43; Hch. 7, 54-60). La doctrina del místico sobre
los apetitos es dura en el sentido del apego que produce el gusto en el ánimo
y sensibilidad del ser humano. De ahí
que para ejercitarnos en el desasimiento
de esta cuaresma nos proponga: “Para venir a gustarlo todo, no quieras tener
gusto en nada. -Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada.
-Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada. -Para venir a saberlo
todo, no quieras saber algo en nada. -Para venir a lo que no gustas, has de
ir por donde no gustas. -Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no
sabes. -Para venir a lo que no posees, has de ir por donde no posees. -Para
venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.” (1S 13,11). VIERNES DE Lecturas: a.- Gn. 37,3-4; 4.12-13.17-28: José vendido por sus hermanos. b.- Mt. 21, 33-43. 45-46: Parábola de los viñadores homicidas. San Juan de José era el hijo preferido de
Jacob, además de ser el menor, era el hijo de Raquel. Bastante odio debían
sentir sus hermanos por José, y por sus sueños que deciden matarle, en el
campo donde están sus rebaños. José, prototipo de Jesucristo, vendido por
veinte monedas de plata, porque Rubén decide salvarle la vida. La preferencia de Dios por los
pequeños se refleja en esta historia de Jesé (Abel sobre Caín, Jacob sobre Esaú), así como la
preferencia de su padre por ser el hijo de su esposa preferida Raquel: provocan
las iras de sus hermanos. Sus sueños le dan una cierta superioridad sobre el
resto de la familia y lo hace saber con el relato de las espigas que se
doblan ante él como el sol y la luna, todos signos del futuro que le espera
en Egipto (Gn. 37,7). José encarna la promesa de la tierra que un día poseerá
ese pueblo que se está formando pero que las acciones de los hombres parecen
retardar. El tema de la viña es una imagen
recurrente en Dios Padre es el duelo de la
viña, Israel es la viña, el hijo es Jesús muerto fuera de las murallas de
Jerusalén, piedra desechada, ahora convertida en piedra angular (Sal. 118,
22-24); los siervos los profetas, los labradores, los judíos infieles; el
otro pueblo al que se confiará la viña son los gentiles y judíos creyentes.
El nuevo Israel, nacido de SABADO DE Lecturas: a.- Miq. 7,14-15.18-20: Dios perdona el pecado. b.-Lc. 15, 1-3.11-32: Parábola del hijo pródigo. San Juan de La primera lectura es un salmo
convertido en oración, un llamado al perdón de Dios. El profeta, quiere que
se cumplan las promesas hechas antaño a su pueblo, su heredad que vuelve del
exilio. El Mesías identificado como pastor de Israel, puesto que será ÉL quien guíe a su pueblo con su
báculo, como hizo Yahvé en el pasado.
Ahora este pastoreo de Miqueas no es sólo una oración por ese momento
histórico sino toda una profecía mesiánica, nacida de este pueblo que regresa
del exilio con una oración humilde para hacerse una existencia y una historia
en su patria. Como su heredad, Yahvé los debe
cuidar, quieren un territorio, por lo mismo se necesita una intervención
directa de Dios. ¿No lo había hecho en Egipto sacándolo de la esclavitud? ¿No
es este un nuevo éxodo que exige grandes prodigios? Le recuerda a Dios que
sólo ÉL quita el pecado por la fidelidad de Abraham, Isaac y Jacob y todos
los patriarcas, etc., no por sus
méritos, sino sólo por su misericordia. La lectura que hace del pecado como
la principal razón que separa Dios de su pueblo, por eso expresa que tomará
las ofensas y las lanzará al mar. Todo esto para crear una nación santa,
donde la relación de Dios y el hombre de fe, sea una amistad fecunda, no se
vea rota por el mal. Cristo Jesús cumple con su misterio pascual esta
profecía por que en la cruz destruye la muerte, el mal y el pecado,
estableciendo la vida nueva para los redimidos. La parábola de Lucas siempre
comunica nuevas luces sobre nuestra condición de hijos de Dios. La actitud
del padre es lo medular de la parábola, representa la fuerza del perdón de
Dios para con el extravío de sus hijos. Las actitudes de los hijos
representan otros tantos modos de vivir de cara a Dios: el hijo mayor
representa a los justos, a Israel, que se ofenden de ver como el Padre acoja
a los pecadores y les ofrezca un
banquete. Se consideraban dueños de casa, por lo mismo organizan la
vida de ellos y la de los demás, decidiendo que es el bien y el mal. La
actitud del Padre es diversa de lo que ellos han dispuesto por lo que se
siente ofendidos y contrarios al Mesías. En cambio la actitud del hijo
menor representa a quien toma la vida para disfrutarla con los bienes
heredados, pecando contra Dios, lejos de la salvación. El padre lo ha dejado
marchar, sin oponerse, considerándolo adulto. Cuando regresa no le reprocha,
ni le pregunta el motivo de volver, simplemente lo acoge con amor, lo viste,
le abre las puertas de su hogar y hace fiesta por su regreso. Esta es la
imagen de Dios que acoge a todos los pecadores de la tierra cuando vuelven a
casa del Padre, de la cual no debían jamás alejarse. Esta parábola como otras nos
presenta a Dios como amor que busca lo que se considera perdido, que perdona
y crea algo nuevo, es decir, Dios Padre ofrece a todos la gracia de su perdón
y vida nueva. Su gloria resplandece en la vida de quien se ha extraviado y está en peligro de
perderse para siempre. Jesucristo, encarnación de un perdón creador, un amor
crucificado y redentor, en medio de los hombres pecadores. El rechazo de Dios
no viene siempre de los indiferentes sino sobre todo de aquellos que se creen
religiosos, idolatran lo divino, pero que a costa de la religión, defienden
sus intereses o un estilo de vida, muy lejano del Dios que nos predicó Jesús
de Nazaret. La dureza del alma, su
embrutecimiento, es a causa del pecado y vivir lejos del suave amor de Dios
que como noticia amorosa llega a la vida del quiere escucharla hasta
convertirla en morada para el encuentro con Dios Trinidad. De un estado a
otro hay tiempo de oración, desierto y finalmente luz de encuentro; la salud
del alma es el amor divino, enseña Juan de Fr. Julio
González C. OCD |
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Caminando con Jesus |
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