Fr. Julio González C. OCD

 

SEMANA SANTA-2008

 

PALABRA Y ESPIRITUALIDAD

Pastoral de Espiritualidad

Frailes Carmelitas

Viña del Mar – Chile

 

                         

SEMANA DE PASION

CICLO A

LUNES 

MARTES

MIERCOLES


 

LUNES SANTO

Lecturas:

a.- Is. 42,1-7: El Siervo de Yahvé. 

b.- Jn. 12, 1-11: Jesús es ungido en Betania.

c.- San Juan de la Cruz:

“Pero cuando ya la llama ha inflamado el alma, juntamente con la estimación que ya tiene de Dios, tal fuerza y brío suele cobrar y ansia con Dios, comunicándole el calor de amor, que, con grande osadía, sin mirar en cosa alguna, ni tener respeto a nada, en la fuerza y embriaguez en el amor y deseo,... haría cosas extrañas e inusitadas…para poder encontrar al que ama su alma. Esta es la causa por que María… no le hizo caso a los hombres principales del convite,… fue a llorar y derramar lágrimas entre los convidados…poder llegar ante aquel de quien estaba ya su alma herida e inflamada” (2 N 13, 5-6; cfr. Lc.7, 37-38)    

Isaías, nos presenta la figura de este Siervo o el Ungido de Yahvé que encarna lo mejores valores del pueblo elegido y de sus principales personajes históricos. El Siervo tiene como misión, renovar la alianza y reconducir a su tierra a los exiliados a la verdadera fe, en medio de naciones paganas. El Siervo ha sido formado, como Adán, el primer hombre; con este hombre comienza una nueva creación, un orden nuevo a través de la alianza renovada con su pueblo. Las diversas categorías de hombres de su pueblo: ciegos, paganos, prisioneros, conocerán la revelación pues abrirán sus ojos,  serán liberados de las tinieblas y de su vivir como exiliados. Todo esto lo realizará con el aliento de su palabra, el creador del cielo y la tierra (v. 5).

Su misión consistirá en llevar a todos los pueblos el derecho, uniendo en sí prorrogativas proféticas, sacerdotales y reales. Como profeta, debe ser el paciente heraldo de la voluntad divina en medio de las naciones. Su sacerdocio consistirá en explicar el derecho a su pueblo; así lo entendía el pueblo elegido. Como rey establecerá el derecho y la justicia sobre la tierra, justicia que salva según los designios de Dios. Estas prerrogativas contradicen con los profetas, sacerdotes y reyes de su tiempo; sin ruido de guerras, sin gritos de dolor, etc., hará su obra redentora y santificadora. Su misión la cumplirá transformando al hombre desde dentro: no vociferará, la caña no la quebrará, no apagará la mecha mortecina, las cosas nuevas las anuncia, antes que broten de la faz de la tierra.   

Será la acción divina, el dinamismo que invade  al Siervo, Yahvé ha puesto su espíritu sobre él (v.1). El cumplimiento de esta profecía se realiza en Jesús de Nazaret, en su Bautismo y en su transfiguración en el Tabor, más tarde, será la Iglesia naciente en quien se cumpla, como nuevo pueblo de Dios, mediadora y sacramento universal de salvación (LG 48).  

La resurrección de Lázaro, en cierto modo, aceleró la muerte de Jesús, decisión tomada por los judíos por las acciones realizadas por el Maestro de Nazaret (v.10). Su viaje a Betania, es prácticamente ponerse en las  manos de sus enemigos. Los judíos que venían a Jerusalén, con motivo de la Pascua, fueron también  a casa de Marta y María, y se preguntan si pueden ver a Jesús y a Lázaro, ya que muchos de ellos creyeron en Él. Su amigo Lázaro también estaba en la mira de los judíos, causa de que muchos se iban van tras la Palabra de Jesús.

Descrito el trasfondo, la atención del texto ahora se centra no en Marta, sino en María, en las palabras de Judas y en la defensa que hace Jesús de ella y su actuar. La acción realizada por María es narrada por Marcos (14, 3-9) y Mateo (26,6-13).   En esta primera versión, la mujer unge la cabeza de Jesús, luego de la entrada de Jesús en Jerusalén, en cambio, Juan coloca este hecho en la vigilia de la entrada a Jerusalén y la mujer es hermana de Lázaro, llamada María.   

En Marcos y Mateo, la acción de esta mujer se entiende como su reconocimiento personal de Jesucristo como Mesías y Rey, por ello le unge la cabeza. La crítica de los apóstoles por ese despilfarro de dinero, el perfume era carísimo, es rebatida por Jesús diciendo que ha hecho “una acción buena en mí” (v.6). Él acepta este gesto, como una preparación para su sepultura y sólo Jesús estable esta relación entre la unción y su sepultura, no la mujer. 

El relato de Juan tiene connotaciones propias y más cercanas a una escena de Lucas, donde María, sentada a los pies de Jesús escucha su Palabra y éste declara que ha escogido la parte mejor, respecto a la actividad de su hermana Marta. La amistad de Jesús con esta familia nos lleva a concluir cuanto amaba y comprendía esta mujer al Maestro. Su acto será siempre  recordado, puesto que es un acto de amor y profunda devoción, homenaje de exquisita caridad. En la versión de Juan, María lava los pies de Jesús, no la cabeza, este gesto se puede relacionar con el lavado de los pies de Jesús a los discípulos. Las palabras del Maestro a Pedro (Jn. 13, 6-10), si bien se reduce al lavado de pies, se entiende como un baño completo: “Le dice Simón Pedro: “Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza. Jesús le dice: El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos. Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: No estáis limpios” (Jn. 13,  9-11). Si lo entendemos así, la unción de María a los pies de Jesús, es un gesto simbólico de quien quiere embalsamar el cuerpo de Jesús, uno que ya sufrido la Pasión y crucifixión y finalmente la muerte en el Calvario.

San Juan de la Cruz contempla en el alma de María, el amor contemplativo operando la transformación del hombre interior, amor que purifica, ilumina, calienta,  y enciende el espíritu en amor a su Maestro y Salvador, amor que le comunica subidos mensajes de sabiduría e inteligencia a quien lo acoge en su vida, en su casa, otra Betania para Jesús.


 

MARTES SANTO

a.- Is. 49, 1-6: Te hago luz de las naciones

b.- Jn. 13, 21-33. 36-38: Anuncio de la traición

c.- San Juan de la Cruz:

“Un pastorcito, sólo, está penado, / ajeno de placer y de contento, / y en su pastora puesto el pensamiento, /y el pecho muy lastimado. No llora por haberle amor llagado, / que no le pena verse así afligido / aunque en el corazón está herido, / mas llora por pensar que está olvidado; que sólo de pensar que está olvidado / de su bella pastora, con gran pena / se deja maltratar en tierra ajena, / el pecho del amor muy lastimado” (Poesía 6. Un pastorcico)

El pueblo de Israel está de regreso a la patria destruida, Jerusalén en ruinas, después del exilio. En este segundo cántico el Siervo se identifica no con el Israel histórico, rebelde y pecador, objeto del juicio de Yahvé, que el Siervo tiene por misión de reunir,  sino con el Israel “el resto” que ha permanecido fiel. El canto comienza con una convocación a las naciones a escucharle. Describe su vocación y misión de llevar la salvación a todas las naciones de la tierra, a todos los confines; este Israel espiritual es transformado en profeta: Yahvé lo prepara como instrumento, como guerrero que prepara su arma, portador de la salvación. Su espada es la palabra de Dios, que penetra como saeta en el espíritu. El Siervo es amado, acariciado, lo recogen en su mano, arma, cuidada para momentos difíciles: “Tú eres mi siervo en quien me gloriaré” (v.3). Luego de esta clara identificación viene la reflexión del propio siervo, habla de fracasos, es la impotencia humana vivida, que se pone en las manos de Yahvé, en quien encuentra su recompensa. Dios, lo confirma en su misión, es poco que la lleve a cabo sólo entre las tribus de Jacob, por lo tanto le confía esta misión nueva: “Te voy a poner por luz de las gentes para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra” (v. 6).

El NT, nos enseña, que el siervo de Yahvé es la comunidad de los redimidos, unidos a Jesucristo, ungido por el Padre en el Espíritu Santo. Este es el nuevo resto, pueblo de Dios, que se convierten en pueblo de sacerdotal, pueblo profético y  linaje escogido, pueblo real, que tiene por misión llevar la salvación a todos los confines de la tierra, evangelización que la Iglesia lleva a cabo hasta el final de los tiempos por que ÉL permanece con ella para siempre.

El evangelio nos presenta la traición de Judas Iscariote. La presencia de este discípulo varía según las narraciones: mientras Marco habla en modo genérico, uno de los discípulos lo traicionará, Mateo lo menciona claramente, en cambio, Juan, lo sabe sólo el discípulo amado porque Jesús se lo comunica sólo a él. Una buena cuestión sería saber ¿porqué Juan no trató de evitar esta tragedia, donde Jesús, es víctima? Esta inquietud es nuestra no del evangelista y por lo mismo no tiene respuesta, ya que el relato es plenamente cristológico. Jesús, sabe lo que sucederá, intuye la actitud de Judas, uno de los suyo lo traicionará, sabía hasta el nombre. El traidor no actúa hasta que Jesús, anuncia su gestión, es ÉL quien tiene la iniciativa. Detrás de Judás, está Satanás, es su instrumento, está en sus manos; Juan, evidencia su intimidad que tiene con el Maestro. Al evangelista le interesa dejar en claro, su autoridad dentro de la comunidad, para que su testimonio sea aceptado, lo mismo que su evangelio porque en definitiva es su obra, nació de lo que vio y escuchó de Cristo y su entorno. 

La cena era de noche, pero al evangelista le interesa otra realidad,  cuando sale Judás, era de noche. Cuando falta la luz es siempre noche; Jesús es la luz del mundo y ahora será glorificado (v.31-32), Judas permanece en las tinieblas. Ha comenzado la Pasión, Jesús celebra ya su triunfo como consumado. Su glorificación del Hijo de Dios coincide con las últimas gestiones de sus enemigos para matarlo de la forma más humillante: la muerte de cruz. Crucifixión y muerte estaba en la muerte de sus enemigos, no así su resurrección y el nacimiento de una comunidad nacida de ella.

El origen divino de Jesús, no se entiende si no es desde la fe, la incredulidad que mueve la vida de sus enemigos, son incapaces de aceptar el testimonio de las Escrituras y mucho menos el misterio de Jesús de Nazaret. Sus propios discípulos tropiezan a la hora de comprenderlo y aceptarlo, reflejado en la actitud y palabras de Pedro en este relato. Buscan también ellos la glorificación de su Maestro, no comprenden el cómo, más aún, habrá un espacio, tiempo de Pasión, donde Pedro, el que está dispuesto a dar la vida por ÉL,  lo negará por tres veces. Misterio personal el de Pedro, como el nuestro, siempre en comunión con el único verdadero misterio que salva: Jesús crucificado por amor. Será la ingratitud del corazón humano, la que más dolor causará al Pastorcito, enseña San Juan de la Cruz, el olvido de su pastora, es decir, el alma del cristiano que en su vivir y obrar, olvida a Dios.


 

MIERCOLES SANTO

Miércoles

a.- Is. 50, 4-9: El Siervo del Señor dispuesto al sufrimiento.

b.- Mt. 26, 14-25: Judas, el traidor.

c.- San Juan de a Cruz:

“Y dice el pastorcito: ¡ay, desdichado/ de aquel que de mi amor ha hecho ausencia, / y no quiere gozar de su presencia, / y el pecho de su amor muy lastimado!/ Y al cabo de un gran rato, se ha encumbrado / sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,/ y muerto se ha quedado asido de ellos, / el pecho del amor muy lastimado” (Poesía 6. El pastorcito)

Nuevamente Isaías nos sorprende con la aparición de este Israel fiel, en contraste con el histórico, siempre rebelde y alejado de la alianza. Es el siervo fiel de Yahvé del tercer canto del siervo del Señor (Is. 50) con unas características, que hay que considerar. El siervo de Yahvé posee lengua dócil capaz de proclamar una palabra de aliento al caído; su oído, está atento para escuchar cada mañana, como discípulo lo que Yahvé le revela, acogió su palabra, aunque estas anuncien tribulaciones: “No me resistí, ni me hice atrás” (v. 5).  

El “ofrecí” (v. 6) del siervo hay que entenderlo como disposición al sufrimiento para enseñar a los judíos piadosos y a los paganos que anda a oscuras la fidelidad en medio de las pruebas y persecuciones. Sus espaldas reciben latigazos, sus mejillas golpes y su rostro los salivazos e insultos, elementos  que luego encontramos en la pasión de  Cristo Jesús. Mas la confianza del siervo en Yahvé es total, porque no permitirá que quede avergonzado en abandono y soledad ante sus perseguidores. “Cerca está el que me justifica: ¿quién disputará conmigo?...He aquí que el Señor Yahvé me ayuda” (v. 8). Todo esta pasaje es como una gran introducción a la Pasión de Jesucristo, el verdadero y real Siervo de Yahvé, el de Isaías es anuncio y figura del que tenía que venir, si dejar de desconocer que también representa al Israel, al resto fiel a Dios que sufre a causa de su fe entierra extranjera y también la propia luego del destierro.

La traición de Judas y su trama, son previas a la Cena del Señor, donde queda de manifiesto su gesto y cobardía. Judas se pone en manos de los judíos, en concreto del poder religioso de Jerusalén, quienes una vez que deciden su muerte, buscan quien  delate su paradero. En conversación con los sacerdotes, Judas, tasan la vida de Jesús en treinta monedas de plata, el precio de un esclavo (Ex. 31,32).  Será el propio Jesús quien devela las intenciones del traidor, quien como Señor de la vida y de la muerte, es dueño de “su hora” de pasar de este mundo al Padre. Todos los discípulos se siente tocados ante las palabras de Jesús: “Yo os aseguro que uno de vosotros me va a entregar” (v. 21). Todos preguntan: “¿Acaso soy yo, Señor?” (v. 22). Y cuando Judas pregunta, Jesús le responde: “Tú lo has dicho” (v.25). 

La cena pascual, primera eucaristía, el pan y el vino, frutos de la tierra y bendición de Dios para el hombre, llega a los apóstoles por medio de Jesucristo, de la vida que de ÉL  germina. Pan convertido en su Cuerpo y Sangre, pan partido, y Sangre derramada, alianza nueva y eterna. Jesús, comparte su vida con los suyos, y estos entre sí, la vida abundante que había prometido, que viene del Padre. Es la vida del pecador que comparte, una vez purificado, la vida de Dios, mediante el santo sacrificio, cuerpo y sangre de Jesucristo inmolados en el altar de la Cruz; vínculo de comunión entre los que creen. En la versión de Mateo, Judas no participa de la Eucaristía, pues se retira, por lo narrado, una vez descubierto y  previa a la celebración eucarística.

El pecho lastimado del Pastorcico, de Jesucristo, enseña Juan de la Cruz, es porque no sólo está olvidado, sino que la pastora, el alma, no quiere gozar de su presencia, está lejos, ausente en la pasión, así y todo ÉL sube a la cruz y abre sus brazos bellos, ha muerto, ha sido de ellos, con el pecho lastimado. Estos versos en los que uno no tiene otra opción que identificarse se deben leer con el corazón contrito y herido por el dolor. 

Fr. Julio González C.  OCD

 

 

Caminando con Jesus

www.caminando-con-jesus.org

caminandoconjesus@vtr.net