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Fr. Julio González C. OCD SEMANA SANTA-2008 PALABRA Y ESPIRITUALIDAD Pastoral de Espiritualidad Frailes Carmelitas Viña del Mar – Chile |
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TRIDUO
PASCUAL CICLO A JUEVES SANTO: LA CENA DEL SEÑOR VIERNES SANTO: CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR JESÚS JUEVES
SANTO: a.- Éx 12, 1-8 .11-14: Prescripciones sobre la cena pascual b.- 1 Cor. 11,23-26: La cena del Señor c.- Jn. 13,1-15: El lavatorio de los pies; los amó hasta el extremo. d.- San Juan de “¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche!/… Bien
sé que tres en sola una agua viva/
residen, y una de otra se deriva, / aunque es de noche. / Aquesta eterna
fonte está escondida/ en este vivo pan por darnos vida, / aunque es de noche”
(Poesía 4. Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por la fe). Este es el día de la institución de Ha llegado Las palabras de Jesús expresan la profundidad de este acto: “Después
que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo:
¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y
“el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro,
os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho
con vosotros. En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo,
ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo
cumplís”. (Jn. 13, 12-17). El discípulo debe comprender su vida como un
servicio al prójimo, exactamente como lo ha hecho Jesús con sus discípulos. Lavar los pies significa purificar, de ahí que este gesto es más que
un servicio al prójimo. El cristiano ha sido purificado en el bautismo y por
lo mismo, se sumerge en la muerte y
resurrección de Cristo. Lo mismo que cuando habla de El fin de la misión, es crear una comunidad de amor entre los
hombres, comunidad que es posible sólo desde el amor fontal e inicial de
Jesús por cada uno de ellos; la purificación llevada a cabo por ÉL debe
entenderse como purificación de todo lo que ofende y opaca el amor. En este
contexto se puede comprender el poema: VIERNES SANTO: CELEBRACIÓN DE Lecturas: Is. 52, 13-15; 53,1-12: Fue traspasado por nuestras rebeliones. Heb. 4,14-16; 5,7-9: Se convirtió en causa autor de salvación
eterna. Jn. 18,1-19,42: Pasión de nuestro Señor Jesucristo. d.- San Juan de “El que no busca la cruz de
Cristo no busca la gloria de Cristo” (D 101). El cuarto cántico del siervo de Yahvé, es la interpretación histórica
de Israel como expiación redentora a favor de la propia comunidad y de todas las naciones de la tierra. Al
anuncio de la glorificación de este siervo, sigue su estado actual,
desfigurado, casi no parece figura humana, no parecía hombre, esto es lo que los pueblos
comprenderán sin que nadie se los explique, cerrarán la boca, pues
contemplarán algo totalmente inaudito. ¿Quién dio crédito a nuestra noticia? La pregunta se dirige a los
gentiles de su tiempo pero también a nosotros, porque a todos llega el kerigma
de la salvación, el fruto de las obras hechas con el brazo poderoso de Yahvé,
revelación a la que apuntan todas las profecías. La salvación, nos viene por
los frutos de sus sufrimientos y dolores, la salvación y redención nos viene
del siervo de Yahvé. Este siervo primero se nos ha presentado con rasgos de rey en el
primer canto (cap. 42), de profeta en el segundo y tercero (cap. 49-50), para
finalmente en el cuarto (cap. 52-53), aparecer como desprecio de los hombres,
más aún abandonado por todos, sumergido en el dolor y víctima de las
injusticias. Los frutos de su dolor son reconocer que sufrió por nosotros, su
sacrificio fue en nuestro lugar y que gracias a él, hemos obtenido la paz y
somos salvos. El Israel fiel, también identificado con el siervo, sufrió la muerte
y la esclavitud y las tinieblas en su destierro en Babilonia, ciudad que
simboliza el pecado, no sólo de Israel sino de toda la humanidad. Y será
Yahvé quien resucita a su pueblo, y a este siervo le dará una multitud por
herencia. Sólo el regreso a la vida de su siervo luego del dolor y la muerte,
pudo aplacar la ira divina y la satisfacción de los pecados de su pueblo y
del resto de la humanidad. En las manos de Yahvé, el siervo obtiene, lo que
ningún sacrificio consiguió, ni siquiera los de Israel, la vida perenne,
mediante la fecundidad, cumpliéndose la promesa hecha a Abraham. Los evangelistas vieron que todo lo dicho acerca del siervo de
Isaías, lo encontraron realizado en Jesús de Nazaret. Nuestro Salvador es
Jesús, el Siervo sufriente, que con su muerte y resurrección, expió todos los
pecados, los lleva sobre sus hombros en la cruz. Él es nuestra justificación
y salvación. Otro de los argumentos que da el autor de esta carta para permanecer fiel a la fe
recibida y al combate que supone vivirla, se refiere al oficio sacerdotal
de Jesucristo, delante de Dios a favor
de los hombres. Entre las condiciones para este oficio se exigían dos: ser
llamado y ser elegido de entre los hombres. Los había de representar a la
hora de los sacrificios y ofrendas. Eran los hijos de Aaron, los encargados del sacerdocio en Israel,
encargo dado por Yahvé, sin embargo, Jesús, no pertenece a esta familia. Pero
será el propio Dios quien le da el oficio sacerdotal, según el Salmo 2,7,
Jesús es hijo de Dios y según el Salmo 110,4, es sacerdote según el rito de
Melquisedec. En cuanto a la segunda condición, debía ser uno semejante a aquellos
que debía servir, débil y con flaquezas, como ellos, para ofrecer el
sacrificio y las preces por sus hermanos. En ningún pasaje del NT se habla
mejor de la humanidad de Jesús que en este: El cual, habiendo ofrecido en los
días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al
que podía salvarle de la muerte, fue
escuchado por su actitud reverente: “Y aun siendo Hijo, con lo que padeció
experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa
de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de
Melquisedec” (v.7-10). Esta plegaria dolorosa la encontramos en el huerto de
Getsemaní (Lc. 22, 39-46), con una diferencia radical, que aquí no fue
escuchado, en cambio en el pasaje de Hebreos, sí fue escuchado por el Padre;
en otras palabras, no lo arrancó de la
muerte física, pero sí de su poder, convirtiendo su muerte, en exultación de
gloria. El sufrimiento fue maestro que le enseñó a obedecer. Jesús, no
alcanzó la santidad por medio de las purificaciones rituales, sino que por el
dolor y la humillación, si bien era el Hijo de Dios, irradiación de la gloria
de Dios e impronta de su ser (Heb. 1, 3). Al igual que aquellos a quienes
servía, Jesús, recorre la via del dolor, como a los hermanos que viene a
salvar. Aprendió lo que significa para los hombres permanecer en la
obediencia a su voluntad, sacrificio y dolor que comporta, ser fiel a Dios.
De ahí que tenga la capacidad de compadecerse de sus hermanos en el camino de
la fe. El aprender la obediencia, como los hombres, fue necesario para
hacerlo perfecto, y así ser verdadera causa de salvación eterna, al ejercer
su sacerdocio y soberanía sobre sus hermanos. El evangelio de Juan nos invita a contemplar el misterio de la cruz,
no sólo para conmemorar, sino revivir la dolorosa Pasión del Señor Jesús. El
anuncio de Isaías, se revive en Cristo, traicionado por uno de los suyos,
insultado, abofeteado, coronado de espinas, escarnecido y presentado al
pueblo como rey del cual hay que burlarse, finalmente condenado y
crucificado. La razón de tanto dolor la precisa el profeta: “él ha sido
herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas” (Is. 53, 5), y el
valor expiatorio que posee: “Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con
sus cardenales (heridas), hemos sido curados” (Is. 53, 5). Jesucristo, fue
azotado, herido de Dios y humillado (v.4), hasta la repulsa de Dios está presente y realidad
que luego encontramos convertida en
grito de dolor en la cruz: “Díos mío, Díos mío, ¿por qué me has abandonado?
(Mt. 27, 46). Queda clara la entrega, la oblación del Cordero inocente, a la
economía de salvación de Dios Padre eterno. El Siervo entrega su vida como
expiación (Is. 53, 7. 10), la entrega a los soldados, los mismos, a los que
había hecho retroceder en el huerto (Jn. 18, 6), se deja conducir a la muerte
como cordero que no abre la boca, aquel que había dicho, “Por eso me ama el
Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la
doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo;
esa es la orden que he recibido de mi Padre” (Jn. 10, 17-18). El profeta contempla en su visión hasta el triunfo del Siervo, Yahvé
le dará un lugar entre los grandes, porque expuso su vida a la muerte (cfr.
Is. 53, 11.12) y Jesús anuncia que cuando sea elevado entre el cielo y la
tierra, “atraeré a todos hacía mí” (Jn.12, 32). La cruz de Cristo resplandece
en el centro mismo de la historia de la salvación, prevista por el AT, a
través de este Siervo y sus tribulaciones, imagen del Mesías, que salva a la
humanidad pecadora con el sacrificio de la propia vida y no como Mesías
político, sino con la humildad y la obediencia incondicional a su Padre.
Camino de fe de Juan de SABADO SANTO: Lecturas: a.- Gn. 1,1-31; 2,2,1: Vio Dios que todo era muy bueno b.- Gen. 22,1-18: El sacrificio de Abraham c.- Ex. 14,15; 15,1: El paso, del Mar rojo. d.- Is. 54,5-14: Con misericordia eterna te amé. e.- Is. 55,1-11: Sellaré con vosotros alianza eterna. f.- Bar. 3,9-15.32; 4,4: Camina a la luz del Señor. g.- Ez. 36,16-28: Os daré un corazón nuevo. h.- Rm. 6,3-11: Incorporados a Cristo por el Bautismo. j.- Evangelio: k- Ciclo A: Mt. 28, 1-10: Ha resucitado y os precede a Galilea l.- San Juan de “Y así, en este levantamiento de Sábado Santo, Las lecturas de la vigilia de Pascua recorren toda la historia de la
salvación, para centrarse finalmente en la obra salvífica de Cristo. La obra
de la creación, fruto de sus manos, de la inmensa libertad de Dios para crear
todo, solo por gracia: “Y vio Dios que todo lo que había hecho: y era muy
bueno” (Gen.1, 31). Si bien el pecado de los primeros padres arruinó en
cierta manera el plan de Dios, inmediatamente lo restaura con la promesa de
un redentor (Gén. 3,15). La figura de Abraham, nos es propuesta como modelo
de fe y confianza en Dios. Por obedecer el mandato divino está dispuesto a
ofrecer en sacrificio a Isaac, su hijo, pero la voz del ángel lo rescata de
la muerte, Jesús no fue liberado de ella pero al tercer día resucita
glorioso. Sigue la historia de Israel que es liberado de la esclavitud en
Egipto y el paso del Mar Rojo hacia libertad. Símbolo del Bautismo,
liberación del pecado y paso de la muerte a la libertad de los hijos de Dios. El misterio pascual de Cristo, es el motivo central de esta
celebración, que el Bautismo actualiza en cada cristiano. En su muerte fuimos
sumergidos para andar en vida nueva, pasamos del estado de rebeldía al estado
de obediencia de Jesucristo al Padre (Rm. 6, 4). De ahí la importancia de la
liturgia bautismal en la vigilia pascual: bendición del agua, renovación de
las promesas bautismales y el bautismo propiamente de los catecúmenos. La
celebración de La resurrección de Cristo, es un acontecimiento estrictamente
sobrenatural, es decir, de fe. Nadie lo vio, más aún, nadie podía verlo. En
la versión de Mateo, las mujeres parecieran ser testigos de la resurrección.
Van al sepulcro, no a ungir el cuerpo de Cristo, como en los otros relatos,
sino a ver el cuerpo, como si esperaran la resurrección, si bien el texto no
lo dice. Es el único que menciona el tema de los guardias a las afueras del
sepulcro (Mt. 27, 62-66), menciona el terremoto, que provoca la aparición del
ángel, con ello el autor quiere describir lo indescriptible. Es el ángel quien anuncia que el sepulcro está vacío, pero, para el
evangelista, las protagonistas del relato son las piadosas mujeres, no el
sepulcro vacío; ellas son las anunciadoras y mensajeras de la resurrección a
los tímidos discípulos. Es común en estos relatos el temor reverente ante tan
magno acontecimiento sobrenatural, pero este sentimiento, se une a la
alegría, al gozo, la exultación, tan propia de las apariciones de Jesús
resucitado. El encuentro del Maestro
con ellas (Mt. 28, 9-10), es toda una invitación al gozo, ellas le adoran,
postradas, y reciben la misión de anunciar a los discípulos, “sus hermanos”
(v.10), que vayan a Galilea, “allí le verán” (v.10). Ha comenzado la nueva creación con el alba de la resurrección de
Cristo Jesús, somos sus hermanos desde ahora por su misterio pascual y
nosotros lo vivimos desde la conciencia que tenemos de ser bautizados. San Juan de DOMINGO DE RESURRECCIÓN Lecturas: a.- Hch. 10, 14. 37-43: Hemos comido y bebido con Él, después de la
resurrección. b.- Col. 3, 1-4: Buscad los bienes de allá arriba donde está Cristo. c.- Jn. 20, 1-9: ÉL había de resucitar de entre los muertos, según
las Escrituras. d.- San Juan de El discurso de Pedro, con motivo de la conversión de Cornelio, es un
resumen de la vida y obra de Jesucristo en medio del pueblo de Israel, siendo
ellos testigos oculares de primera importancia. Se recuerdan todos los
elementos del kerigma cristiano. El evangelio no es sólo Hay que darle importancia a las varias veces que Pedro pone en
evidencia que él y los otros apóstoles fueron testigo de todo el kerigma que
anuncian: “y nosotros somos testigos de lo que hizo en la región de lo los
judíos y Jerusalén” (v.39); “a los testigos que Dios había escogido de
antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después de la resurrección”
(v. 41); “y nos mandó que predicásemos al Pueblo” (v. 42). El núcleo de la predicación apostólica será
lo que hizo y dijo Jesús, lo anunciado por los profetas y la eficacia de esa
palabra en la vida de los hombres, presencia viva de Dios, Cristo resucitado,
en medio de los hombres. Fruto de la predicación apostólica y del anuncio profético está la
noticia que todo el que cree en Jesucristo, obtiene el perdón de los pecados.
Se cumple en la predicación de los discípulos la palabra de los profetas
acerca del Mesías y del que hora es Señor de vivos y muertos. Su perdón de
los pecados llega a toda la humanidad, y no solo al pueblo judío escogido,
que ahora está en paz con los gentiles, por la cruz de Cristo y su sacrificio
salvador. La fe de los discípulos en la resurrección, se basa en el encuentro
personal que tuvieron con ÉL, después de su muerte. Los que no lo vieron se
fiaban del testimonio de fe de tan insignes testigos, como nosotros lo
hacemos hoy. El cuarto evangelio, contempla a María Magdalena que va al sepulcro
sola y no encuentra el sepulcro como lo había dejado el viernes, queda
angustiada. Luego aparece Juan en el sitio, más tarde Pedro, dejando en claro
que la actitud decisiva no es la de Pedro, sino la de Juan. Ve las telas, el
sudario…Juan vio y creyó, luego de contemplar el sepulcro vacío donde había
sido puesto Jesús. Quiere decir que el primero que creyó en la resurrección
no fue ¿Es la intención de Juan presentarse a sus lectores como modelo de
creyente a quienes anuncie él y los demás apóstoles, la resurrección de
Cristo, de parte de testigos insignes? La referencia a las escrituras (v. 9)
y a la novedad de esta realidad de la resurrección, hace pensar en la
reflexión, la comprensión, por parte de la comunidad, de este acontecimiento
de fe. No habían comprendido, hasta ahora, desde el AT, que Jesús debía resucitar de entre
los muertos. Escrutadas las Escrituras, viene la reflexión cristiana donde
descubren la profundidad del misterio de la resurrección de Cristo Jesús.
Esta reflexión si bien vino mucho mas tarde, la fe en la resurrección estuvo
siempre presente. Habría que pensar que el “vio y creyó”, del autor del
cuarto evangelio tuvo su tiempo de maceración en la fe, desde el alba del
domingo, hasta que escribe su evangelio, pero lo indiscutible es que la luz
brilló esa mañana y la nueva creación, abrió el camino de la unión con
Dios. Cayendo el hombre en la cuenta de tantas verdades que la fe contiene
y que cristiano debe aprender y
asimilar, el místico Juan de Fr. Julio
González C. OCD |
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Caminando con Jesus |
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