SANTA TERESA DE ÁVILA, FUNDADORA,

(24 DE AGOSTO DE 1562)

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Convento San José, Avila

Carmelitas Descalzas

Hoy, 24 de agosto de 2016,  la Reforma Teresiana cumple 454 años.

 

CRÓNICA DE LA PRIMERA FUNDACIÓN: SAN JOSÉ DE ÁVILA FUNDADO POR SANTA TERESA DE JESUS


1.    FUNDACION

Amanecía el 24 de agosto de 1562. Los rayos de sol teñían de claridad el cielo azul intenso de Ávila mientras el eco lejano de una campana rota, rasgaba el silencio de la mañana, ante la mirada atónita de las gentes que allí se acercaban al escuchar la vieja campana. En una pobre iglesia escondida entre casas del antiguo barrio de San Roque, tenía lugar el suceso más transcendental de toda la Historia del Carmelo.

Detrás de una tupida reja de madrea, vestidas de burdo sayal de lana, descalzas y tocadas con velos de lienzo blanco, estaban cuatro doncellas pobres. Y con ellas, la Madre Teresa de Jesús, con su 47 años de edad. “Fue para mí como estar en la gloria” (Vida 36, 6), diría ella más tarde embriagada de gozo y de nostalgia. Llegó el Maestro Gaspar Daza. Celebró la Santa Misa con aquel misal que Doña Guiomar había comprado, junto con unas campanillas, en los días precedentes. Un altar sencillo con sus velas de cera encendidas. Y todo bajo la mirada del artesano de Nazaret, San José.

La Madre comulgó con más fervor que nunca, igual que sus novicias, como se acostumbraba en la Orden los días de la toma del hábito y de la Profesión. Y no pudo evitar mirar a sus hijas con lágrimas en los ojos: Úrsula de los Santos, Antonia del Espíritu Santo, María de la Cruz y María de San José. Ataviadas con sus capas blancas, parecían un nido de palomas; mejor, un coro de ángeles que Dios había puesto en sus manos para comenzar con ellas algo que…. Todavía no había podido imaginar. Acabada la Eucaristía, Daza reservó el Santísimo Sacramento en el Sagrario. Y desde entonces, Nunca a través de los cuatro siglos y medio faltaría la alabanza divina a los pies del Amor de los amores en San José de Ávila.

“Pues todo concertado, fue el Señor servido que, día de San Bartolomé, tomaron hábito algunas, y puso el Santísimo Sacramento, y con toda autoridad y fuerza quedó hecho nuestro monasterio del gloriosísimo padre nuestro san José… y hecha una obra que tenía entendido era para servicio del Señor y honra del hábito de su gloriosa Madre, que éstas eran mis ansias” (Vida 36, 5-6). Daza se sentía impactado por un no sé qué, que como no podía disimular su emoción y su ternura… el aíre cálido de aquella mañana de verano, mezclado con el olor del incienso y la fragancia de las flores, se respiraba un aroma especial, aroma que no se parecía a nada conocido, era la alegría de unos corazones alegres, empapados de la sencillez de Dios.

Doña Inés y Doña Ana de Tapia – dos primas de la Madre Teresa- religiosas del convento de La Encarnación, Juan de Ovalle y Juana de Ahumada, que presenciaron el acto, no salían de su asombro. No sabían si reír o llorar de tan emocionados como estaban. Aquello todo tan humilde, tan sencillo, tan autentico… Hubieran dado lo que fuera por detener el tiempo… La diminuta iglesia, con sus rejas y el altar con sus manteles blancos preparados con tanta ilusión por la Madre Teresa… Los ornamentos y vasos sagrados, sencillos pero dignísimos… Las miradas inocentes y luminosas de las novicias con sus manos cruzadas sobre el pecho bajo el escapulario de la Virgen… Pero, fue sobre todo, la figura maternal de la Fundadora, su alegría contagiosa, su fervor angélico, sus detalles de caridad para con todos, su condición suavísima y apacible que en todo sabía poner su toque de gracia y de oportunidad… De verdad que fue grande aquel día, como estar en la misma Gloria.

Una vez cerradas las puertas del Sagrario, la Madre Teresa con sus cuatro novicias se quedaron en el pequeño coro largo rato, en acción de gracias, de rodillas ante la reja que comunica con la iglesia, los ojos bajos y recogidos. Una iglesia más donde fuese adorado el Sacramento del Altar. Ahora… La Madre Teresa de Jesús hubiera sido incapaz de sospechar la transcendencia histórica de la aventura que acababa de empezar en San José.

2.    NUEVAS FUNDACIONES

Y a la fundación del convento de San José, seguirían 18 fundaciones más: Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568) Durelo (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas (1575), Sevilla (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580), Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582).

Y "Como aquella primera vez el 24 de agosto de 1562, hoy vuelve a repicar la campanita rota o primitiva que compró la Santa a precio de saldo por el agujero con que salió de la fundición y cuyo peculiar tañido inauguró el Carmelo Descalzo el amanecer del 24 de agosto de 1562. Hoy, esa campana anuncia los 450 años de la consagración del convento de San José y el inicio de una gran historia que sigue viva..." 453 años de vida al servicio de la Iglesia y desde la Iglesia al mundo entero.

3.    DE TERESA DE JESUS.

Teresa de Jesús (1515-1582) es la fuente de inspiración, de orientación y Madre Fundadora del Carmelo Teresiano, ella tiene mucho que decirle al mundo y a la Iglesia, porque de almas como Teresa estamos todos necesitados.

Teresa, escribe, recibe muchas gracias y entiende que es gracia. Pero además recibe la gracia de poder comunicar a los demás.  En el prólogo de Libro Vida, escribe Teresa: “Quisiera yo que, como me han mandado (sus "confesores" y consejeros espirituales) y dado larga licencia para que escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho”, no obstante, me parece importante exponer, (como me lo han hecho descubrir mis maestros), que Teresa no solo escribe para enseñar, no solo para adoctrinar, sino como lo dice ella misma: “sabe su Majestad (El Señor) que, después de obedecer, es mi intención “engolosinar” las almas de un bien tan alto” (V 18,6) Ese engolosinar, es animar, cautivar, embelesar. Al menos, tomémosla como Maestra, que iremos bien servidos, pues Dios quiso hacer de Teresa un testigo de Jesús resucitado, como hizo a Juan, a Pedro y a los apóstoles. Esta elección la convirtió en mujer nueva, capacitada para testificar con su vida lo que había visto y oído. La enseñanzas de Teresa  y el mensaje que aportó a la Iglesia de su tiempo fue, principalmente, el de la imperiosa necesidad de orar, como camino para amar  y como dialogo de amistad con Dios, como nos ha enseñado ella, a quien sabemos mucho nos ama.

 

El Señor bendiga al Carmelo

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Agosto 2016


Fuentes Bibliográficas y de referencias

www.caminando-con-jesus.org

www.caminando-con-maria.org


www.caminando-con-jesus.org

caminandoconjesus@vtr.net

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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