NAVIDAD EN EL CARMELO

TIEMPO DE ADVIENTO CICLO A 2007

P. Julio Gonzalez Carretti OCD

Para: Caminando con Jesus

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

www.caminando-con-jeeus.org

 

 

TERCERA SEMANA DE ADVIENTO

DOMINGO

LUNES

MARTES

MIERCOLES

JUEVES

VIERNES

 

DOMINGO DE LA TERCERA SEMANA DE ADVIENTO

CICLO A

 

1.- Is. 35, 1-6.10: Él vendrá y os salvará.

2.- Sal.145: Ven, Señor, a salvarnos.

3.- Sant. 5, 7-10: La venida del Señor está cerca.

4.- Mt. 11, 2-11: ¿Eres tú el que iba ha de venir, o debemos esperar a otro?

5.- S. Juan de la Cruz: “Ya aunque el ser y los lugares / de esta suerte los partía, /pero todos son un cuerpo / de la esposa que decía: / que el amor de un mismo Esposo/ una esposa los hacía” Romance Acerca de la Trinidad (vv. 115-120).

          La primera lectura es todo un canto de esperanza en el Señor, de donde vienen todas las bendiciones para Israel. La gloria del Señor traerá la fortaleza y la salud a su pueblo, los sordos oirán, los ciegos verán porque está en medio de su pueblo; hasta la naturaleza le dará la bienvenida. La vía sacra será el camino para el pueblo que vuelve a Sión entre aclamaciones para ingresar en la casa del Señor. Las penas y suspiros son cosa del ayer; el hoy gozo y alegría sin fin.

          La segunda lectura alaba la paciencia activa del cristiano, que espera la venida de su Señor. Los profetas son un buen modelo de sufrimiento y fortaleza porque hablaron en nombre del Señor y querían ver el cumplimiento de sus promesas. Hay que agregar que los profetas sufrieron además por tener que asumir esta labor, no fácil, era la voluntad de Dios que los asistía pero lo que hay que resaltar el trabajo que conlleva de transformar la propia existencia en un camino de santidad auténtica en la coherencia que se busca en quien representa a Dios y habla en su nombre. Labor seria, delicada y cuesta arriba en el espíritu de quien busca a Dios. Lo mismo el cristiano es profeta desde su bautismo y confirmación por lo tanto se espera que también hable en nombre del Señor, ore, escrute las Escrituras, sirva a sus hermanos, etc.      

          El Evangelio nos revela principalmente el perfil humano y la misión de dos protagonistas de la historia de la salvación, dos  parientes, como son Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. Las pregustas de uno son la revelación del Otro, sus obras  hablan no sólo de su Nombre sino de su misión. Preso en la cárcel por  la verdad que denunció a Herodes Antípas, está Juan el Bautista. La inquietud lo mueve a enviar a preguntar: ¿Eres tú el Mesías? ¿Hay que esperar a otro? La respuesta es directa, al modo de Jesús, obras que hablan por mil palabras vacías o explicativas. El anuncio de la Buena Nueva va íntimamente unida a  sanación o curaciones del alma y del cuerpo (Lc. 4,16ss). Necesariamente Jesús establece que toda evangelización encierra el germen de la liberación, es decir, donde se predica la llegada del Reino de Dios, este ya está actuando con la gracia de Dios que salva al hombre del pecado y del dolor  humano que la mayoría de las veces es provocado por el propio egoísmo de nuestra naturaleza.

          La pregunta de Juan el Bautista para el cristiano tiene una respuesta: nuestra fe confiesa que Jesucristo es el Hijo de Dios y Salvador de la humanidad. Por lo mismo el cristiano está profundamente comprometido con la historia humana donde se encuentre viviendo su fe, porque si Dios se hizo hombre para salvar a los hombres, el cristiano inserto en la historia que vive día a día no puede vivir su fe de espaldas a la realidad que lo circunda. Las tareas temporales, de las que habla el Concilio, no las puede descuidar el cristiano comprometido. Cuidado de caer en la idolatría del pecado, verdadera alienación para su fe, que se manifiesta en servir al dinero, al poder, a la injusticia, en definitiva al egoísmo personal y social, si no asume su deber de servir a los valores del Reino de Dios: la justicia y el amor (GS 43). 

          La auténtica vida teologal transforma la propia realidad y la que lo circunda, con una esperanza viva en Dios y una espera intensa en la realidad pequeña que impregnada de ella puede mejorar, lo mismo las personas que las estructuras, es decir la realidad mayor. Por algo se debe comenzar: la familia, la parroquia, el trabajo, etc.

          El místico, conocedor profundo de la realidad del corazón del hombre, en su visión integral nos invita a sentirnos parte del Cuerpo místico del Esposo, es decir, comunidad eclesial. La respuesta de la esposa, a la iniciativa amorosa de ÉL, quiere darle valía porque entrar en su compañía, este amor grande valor adquiría. Todo el caudal humano tiene valor desde el momento que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, especialmente dentro de nosotros, es el tesoro escondido de la inhabitación trinitaria. Ahí es donde toda la capacidad de amar del hombre debe estar al servicio de este gran misterio de comunión (CB 27,8).

2.-LUNES

a.- Nm. 24, 2-7.15-17: De Jacob avanza una estrella; un cetro surge de Israel.

b.- Mt. 21,23-27: ¿Quién te ha dado tal autoridad?

c.- S. de la Cruz: “Los de arriba poseían / el Esposo en alegría, / los de abajo en esperanza/ de fe que les infundía, /diciéndoles que algún tiempo/ él los engrandecería/ y que aquella su bajeza/ él se la levantaría” Romance acerca de la Trinidad (vv. 125-130).

          Vemos que Dios se vale de Balaán un profeta pagano,  contratado por Balac, rey de Moab, para maldecir a su enemigo, los israelitas, en el desierto, sin embargo este profeta  anuncia bendiciones para su pueblo. Profetiza que un descendiente de Jacob  varón  será rey; un cetro surge en Israel para gobernar muchos pueblos. La aplicación inmediata será aplicable a David pero en una lectura eclesial, sentido pleno, es referida al Redentor que esperamos en este adviento.

          Luego de la entrada a Jerusalén y el encuentro violento con los mercaderes del templo, Jesús es interrogado por los jefes religiosos de Jerusalén. ¿Con qué autoridad haces esto de enseñar, en nombre de Yahvé? ¿Quién te ha constituido en autoridad? Jesús sabiamente no responde y también pregunta: ¿El bautismo de Juan de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres? No sabemos. La respuesta es muy cómoda, porque si respondían del cielo, ellos quedan como incrédulos; en cambio, si decían de los hombres, se comprometían con la gente, que lo tenía a Juan por un profeta. En ambos casos la respuesta es la misma: no creen en el bautismo de Juan, porque no quieren escuchar su palabra. Si aceptaron no conocer a Juan y desconocen el valor de su bautismo, mucho menos van a escuchar al Mesías redentor, su Buena Nueva. La respuesta los desautorizó a los ojos de Jesús, por lo mismo no valía la pena hablar de su autoridad divina y de Quien lo constituyó en Hijo de Dios. Se confirma que sólo los sencillos y humildes descubren al verdadero profeta, más aún, se hacen dignos de que se les revele los secretos de la salvación (Mt. 11, 25-30).          

          Recordemos que también Juan había sido interrogado por estas autoridades religiosas acerca de si era o no el Mesías (Jn. 1, 19ss). La respuesta de Juan es categórica: No es el Cristo; no es Elías;  tampoco es el profeta que debía venir (vv.19-22). ¿Quién es entonces? La voz del Señor y quien prepara el camino para su venida. 

La revelación que viene aclara su postura: él bautiza con agua, pero en medio del pueblo hay Uno que bautiza con Espíritu Santo y fuego, al cual él no es digno de desatarle las correas de sus sandalias, y que además, existía antes que él. El bautismo de Juan era del cielo, puesto que Jesús también se bautiza, ÉL el cordero sin mancha solidariza con la humanidad pecadora. Los maestros de la ley no podían bajar al Jordán porque ellos no se consideraban pecadores e ignorantes y por lo mismo no podían mezclarse con ese tipo de gente. Ellos, como hijos de Abraham, no necesitan ese bautismo penitencial. Bien dijo de ellos, el propio Juan, que los definió como “raza de víboras”, los rechaza y quedan excluidos del Reino. Carecían de virtudes básicas de cualquier creyente del Dios de Abraham, Isaac y Jacob y Jesús: la humildad y la fe.

          Hay voces que han sido calladas por hablar en nombre de Dios hoy; otras voces se esperan que hablen y no lo hacen; y hay muchas voces que deben callar para no oír las blasfemias que vociferan contra la fe cristiana. Y tú ¿qué proclamas? Tu silencio puede ser cómplice; tu palabra te compromete.

          La fe del Esposo nos hace vivir nuestro bautismo ante  creyentes y ateos; la esperanza teologal nos levanta hasta la altura de Cristo Jesús, mientras el amor  nos asemeja al Amado. “¿Cómo se levantará a ti el hombre engendrado y criado en bajezas, si no levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?” (D 28)

3.-MARTES

a.- Sof. 3,1-2.9-13: El humilde resto de Israel.

b.- Mt. 21, 28-32: Se arrepintió y fue a trabajar a la viña.

c.- S. Juan de la Cruz: “Porque en todo, semejante/ él a ellos se haría/ y se vendría con ellos/ y con ellos moraría” Romance acerca de la Trinidad (vv. 135-137).

          La lectura de Sofonías, nos habla del resto de Israel que Dios se reserva para Sí, luego de purificarlo, para que con actitud humilde y pobre se acojan al amparo del Señor Yahvé. Este profeta presenta al pobre con un fuerte sentido espiritual, es decir, primer depositario de las promesas divinas. Es precursor del discurso de los pobres de espíritu que hablarán más tarde las bienaventuranzas de Jesús. Pobre en sentido evangélico será quien vacío de sí mismo se confía únicamente al cuidado de Yahvé, habiendo seguiros el camino de la justicia y no dando en su corazón cabida a la idolatría de las riquezas y a la soberbia de la vida. Es un pueblo que no se entregará a “la mentira y al embuste” (v.13), porque es pobre y humilde (v.12).

          El evangelio nos habla de ese padre que manda a trabajar a sus hijos a la viña: uno se niega a ir, pero finalmente arrepentido va; el otro está pronto a ir, pero no va. ¿Quién hizo la voluntad del Padre? El primero. Esta actitud señala a quien ha conocido la experiencia de pecado y luego se convierte. El segundo hijo representa la actitud de quien parece seguir la voluntad de Dios, pero con su autosuficiencia, vacía el contenido de la voluntad divina, conociéndola, hasta prescindir de la conversión a Dios. Intervienen en este discurso de Jesús, los publicanos y prostitutas, como modelo de aquellos que acogen la Palabra y la cumplen, más aún, adelantarán en el Reino de Dios a los que se creen justos y buenos. ¿Qué sorpresa más admirable! Jesús les reprocha su actitud frente a Juan el Bautista, quien predicó el camino de la justicia y no le creyeron, pero si aceptaron su mensaje, publicanos y prostitutas, los que menos se podía pensar que aceptaron la palabra.

          ¿Con cuál de los dos hijos nos podemos identificar? Según cómo llevamos nuestro andar cristiano, nos podemos identificar con los dos hijos o con las dos actitudes, es decir, que el sí que le dimos a Dios es válido para ciertos aspectos del Evangelio, pero hay también un no implícito que nos cuesta sacarnos de encima, lo que representa nuestro lado no convertido al Señor o menos cristiano de nuestro vivir. Ante Dios sólo cuentan los hechos concretos más que las buenas intenciones. ¿Hago o no hago la voluntad de Dios en mi vida? A la vida entrarán sólo los que han hecho la voluntad de Dios.

          Si le vamos a dar a Dios una palabra de compromiso que este sea un Sí contundente que encierre aceptar toda la voluntad de Dios sin recortes. Fija la mirada en Cristo Jesús, su vida fue un Sí radical llevada hasta su cumplimiento en la Cruz. Esto no impide, como no se lo impidió a Jesús en Getsemaní, el rechazo frontal, al dolor, al sufrimiento, como ser humano que era y que somos. Mas la lección que nos dejó es sublime: no se haga mi voluntad sino la tuya. Ahí está el acto de fe y abandono en esa voluntad divina que asume toda la realidad desde ese instante.

          La apertura a la voluntad de Dios es un abrirse a la salvación que Dios ofrece, pero desde una actitud de pobreza de espíritu, es decir, de quien se siente pobre, necesitado de esa luz, más aún considerar esa salvación como una perla, un tesoro magnífico, más que las riquezas materiales. Difícil, pero real. ¿Me he sentido, alguna vez, pobre de espíritu? No será todo lo contrario: me siento, rico, bueno, justo, santo, invencible, hinchado de autosuficiencia…Los jefes religiosos del tiempo de Jesús eran así, por lo mismo, no se abrieron a la salvación ofrecida por Juan o por Jesús. Esta es la razón por la cual Jesús se enfrenta con ellos, no anda con ellos, sino con las prostitutas y publicanos, los que no contaban para esta visión religiosa de la sociedad. Éstos nos pueden dar clases de pobreza de espíritu, de conversión porque se convirtieron y fueron merecedores de la misericordia y promesas divinas. Quizá antes de ingresar a la vida eterna, habrá muchas prostitutas, drogadictos, ladrones, etc. a los que tendremos que dejarles el paso libre, mientras tanto ahora meditemos si somos de verdad pobres de espíritu. No sea que nos toque esperar allá arriba…

          El místico nos enseña que la Encarnaciones la oportunidad de Dios de hacerse hombre para estar entre los hombres. Si ÉL viene revestido de nuestra naturaleza, viene ha hacerse en todo semejante a nosotros, viene a morar entre nosotros. El místico nos invita a apreciar esta misericordia que Jesucristo tiene con todo ser humano de convertirlo en su amigo en forma personal. “Toma a Dios por esposo y amigo con quien te andes de continuo, y no pecarás, y sabrás amar, y las cosas serán prósperas para ti?” (D 72)

4.- MIÉRCOLES

a.- Is. 45, 6-8. 18. 21-26: Germine el Justo, el Salvador. 

b.- Lc. 7, 19-23: Id  y contad a Juan lo que habéis visto y oído.

c.- S. Juan de la Cruz: “Y que Dios sería hombre / y que el hombre Dios sería / y trataría con ellos, / comería y bebería / y que con ellos de continuo / él mismo se quedaría hasta que se consumase/ este siglo que corría, / cuando se gozaran juntos en eterna melodía” Romance acerca de la Trinidad (vv. 137-140)

          Dios siempre admirable en sus obras, hace brotar de la tierra la justicia y las nubes del cielo destilan el rocío de la gracia. Hay uno sólo que ha bajado del cielo: Cristo Jesús. Se cumple el anuncio de Isaías sobre la venida del Salvador, el Justo.

          También a Juan el Bautista, responde la profecía de Isaías, por boca del propio Cristo Jesús. ¿Eres tú el  que ha de venir? Preguntaba el Precursor desde la cárcel. Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído (Lc. 7, 22). ¿Qué habían visto sus ojos y escuchado sus oídos? La respuesta la da el propio Jesús: Los ciegos, ven, los cojos, caminan, los sordos, oyen, los leprosos, quedan limpios, los muertos resucitan, se anuncia la Buena noticia a los pobres. Dichoso aquel que no se escandalice de ÉL (Lc. 7,23). Pero, por qué Juan duda? Quizás el estilo o forma de ser de Jesús, totalmente original sea el motivo. Era la bondad de Dios hecho hombre, era el Mesías al servicio de los más desposeídos, muy distinto a cómo lo concebían los judíos: lleno de poder, triunfalista. Aquí hay Alguien diferente. El Reino ha llegado con Jesús; ÉL es el Mesías. Precisamente por esto Jesús pide que nadie se escandalice por su forma de actuar o se sienta defraudado porque entonces habrá comprendido el carácter que le imprimirá al Mesías redentor de servicio y anuncio de la salvación.

          Jesús se identifica plenamente con las obras que realiza a favor de los más pobres y necesitados. Con esto quiere enseñar  que muy unida a la evangelización debe estar unida  a la liberación del hombre (Lc. 4,18). Jesús acentúa estos signos más que los signos religiosos del mundo judío, porque quiere la salvación del hombre, quiere encarnar la salvación en el hombre necesitado, donde ellos encuentran amor y misericordia.  La lección para nosotros es no olvidar qué es el hombre a quien está destinada la salvación de Dios en la Iglesia; si hay compromiso con la justicia y los derechos humanos, ahí está germinando el Reino de Dios; está actuando y con su gracia salvando al hombre del pecado y de la degradación humana a la que nuestra indiferencia lo sometemos. Si nos proponemos convertirnos en este Adviento a Dios,  esa conversión pasa por los hermanos para cubrir sus necesidades mejorando esta realidad para ÉL único Salvador.

5.- JUEVES

a.- Is. 54, 1-10: Con amor eterno te he compadecido.

b.- Lc. 7, 24-30: No hay entre los nacido de mujer, uno mayor que Juan.

c.- S. Juan de la Cruz:”Porque él era la cabeza/ de la esposa que tenía, /a la cual todos los miembros/ de los justos juntaría, /que son cuerpo de la esposa, /a la cual él tomaría/ en sus brazos tiernamente/ y allí su amor le daría” Romance acerca de la Trinidad (vv. 150-155).

          El lenguaje de Isaías es matrimonial a la hora de describir las relaciones de Yahvé con su pueblo: la alianza que hizo con su pueblo. Luego del destierro de Babilonia, Yahvé llama nuevamente a su pueblo a renovar esa alianza rota por su infidelidad. Es la historia de Israel, la esposa abandonada por su pecado, pero una y otra vez reconciliada por Dios con misericordia eterna por que la ama. Es el amor celoso y apasionado de Dios, manifestado en Cristo Jesús, en la nueva alianza.

          El evangelio es un todo un elogio de la misión y figura de Juan el Bautista. Una vez que se marcharon los emisarios de Juan, el Maestro evoca su figura con una retahíla de preguntas: ¿A quien salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¿Un profeta? Estas preguntas que más bien parecen un gran reproche, suscitaron el interés por la respuesta a todas estas cuestiones. La respuesta no se dejó esperar: Sí, efectivamente Juan es  profeta y más que profeta, es el Precursor. Le aplica el texto del profeta Malaquías: ÉL fue enviado a preparar el camino al Mesías (Ml. 3, 1). No ha nacido de mujer, hombre más grande que Juan; sin embargo en el Reino de Dios el más pequeño es más grande que Juan. Su predicación llevó a los publicanos a convertirse y bautizarse, mas no así los fariseos, quienes frustraron el plan de Dios sobre ellos (Lc. 7, 28). 

          La grandeza de Juan radica en su misión de mensajero y precursor, que prepara a su pueblo para recibir y reconocer en Jesús, al Mesías esperado. Su pequeñez nace del momento en que aparece Juan, el momento de la espera, no ha llegado todavía la plenitud, el más pequeño, es más grande que Juan. Lo importante de este profeta es haber reconocido con humildad el designio o plan de Dios sobre él, como Precursor y haber sabido dejar paso al Mesías para comenzar su obra redentora. Si nosotros como bautizados no reconocemos la salvación de Dios en nuestra vida, corremos el serio peligro de frustrar los planes de Dios sobre nosotros y ser quizás peor que los fariseos Juan no fue una caña doblada por el viento, al contrario, era una columna de fe y austeridad que atrajo a muchos a la fe. ÉL preparó al pueblo al don de la fe y salvación que trajo Jesucristo, inicio y plenitud del proyecto del Padre.

          La figura de Juan nos da las características o mejor las virtudes que debe tener un profeta hoy. Primero, ser amante de la verdad, sincero hasta lo radical. La verdad lo llevó a la muerte en el asunto con Herodes Antípas. Se sabe servidor de la verdad y por lo mismo sincero que no teme decir las cosas por su nombre: llamó al adulterio con su propio nombre y significado en la persona del rey (Mt.14, 3-12). A los fariseos los llama raza de víboras por su hipocresía y les manda dar frutos de conversión (Mt. 3, 7-9).   

          Hombre humilde y justo. Reconoce cuál es su misión,  sabe dejar el lugar a Quien le corresponde, una vez que ha realizado su labor de preparar los corazones con el bautismo de penitencia que predicó. “Es preciso que él crezca y que yo disminuya” (Jn. 3, 29-36). Es la alegría colmada de Juan: haber servido al Mesías y dejar la vía preparada  a su obra salvadora; su palabra viene de Dios y quien crea poseerá la vida eterna. Es también testigo de la economía salvífica de Dios y del cumplimiento de ésta en la persona de  Cristo Jesús. Supo discernir los signos de los tiempos, es decir, la llegada del Reino de Dios, que reconoce en Jesús de Nazaret, un mesías esperado, que desconcierta a los fariseos y justos.

          La enseñanza que nos deja este evangelio en el Adviento es aprender, como Juan el Bautista, a practicar la justicia y el amor liberador. Son más las posibilidades que la realidad nos ofrece para practicar estas actitudes de lo que pensamos. El problema es que vivimos mirando sólo nuestra realidad, no nos interesan más que nuestros problemas y dificultades; no contamos con el otro y su realidad. Vencer el egoísmo en este Adviento será ser justo y buscar la justicia a nuestro alrededor; amar y dejarse amar por Jesús hasta que se convierta en fuerza de liberación para  personas y realidades injustas o faltas de amor. La fe es fuente de amor porque es la vía por la que nos viene el amor misericordioso de Dios Padre; amor que se comunica a los hermanos de fe, primeramente, y que también será pasión por la justicia para todos. Colaboremos con Dios, como Juan, no sólo preparando sus caminos sino que discerniendo los signos de los tiempos de hoy.      

6.- VIERNES.

a.- Is. 56,1-3.6-8: Mi casa será llamada Casa de Oración para todos los pueblos.

b.- Jn. 5, 33-36: Juan era la lámpara que ardía; Jesús, enviado del Padre.

d.- S. Juan de la Cruz: “Así juntos en uno/ al Padre la llevaría, / donde de el mismo deleite/ que Dios goza, gozaría; /que, como el Padre y el Hijo/ y el que de ellos procedía/ el uno vive en el otro, / así lo esposa sería/ que, dentro de Dios absorta, / vida de Dios viviría” Romance acerca de la Trinidad (vv. 160-165).

          El texto del tercer Isaías significa una apertura a  todos los hombres de conciencia pura y recta, que si bien no son hebreos aceptan la voluntad de Dios. Desaparece la discriminación para los no judíos, sobre todo después de la deportación sufrida por Israel al Babilonia; también al extranjero le llega la bendición de Yahvé si cumple su voluntad si guarda su alianza,  los mandamientos y el sábado. El templo se convierte así en una gran invitación a ser casa de oración del pueblo a Yahvé. Vemos como culto o liturgia son  fuente de espiritualidad para el creyente, para el orante.

          El evangelio nos presenta un nuevo testimonio de Jesús a favor de Juan el Bautista y su misión en el plan de salvación. Juan era la luz que antecede o precede al Sol de Justicia que es Cristo (Jn. 8,12; 9,5). Juan era testigo de la luz, que es Cristo; el primero era luz que alumbra el camino para Aquel que venía inmediatamente detrás de él (Jn.1, 8). Jesús cuenta con el testimonio de Juan, pero no se queda ahí. Existe un testimonio mayor: el del Padre. Las obras que realiza son el mejor aval que tiene para hablar de su mesianismo y que es el enviado por Dios. Por esto llama a Dios su Padre, se iguala a Dios (Jn. 5, 18), realidad que los fariseos no podían comprender. 

          La luz que Cristo trae es la fe, que ilumina la propia vida. Él dijo que era la luz, el camino, la verdad y la vida para los hombres que se acerquen a su mensaje de salvación (Jn.14, 6), para llegar hasta el Padre. La luz de la fe nos descubre e ilumina el misterio de Dios y del hombre, lo que es vida nueva para el creyente en Cristo, por lo mismo se convierte en verdad, que relativiza  certezas, llegando a  descubrir la mentira que hay en la sociedad y en la propia existencia.

          Esta vida teologal encierra un dinamismo que hace que el creyente en Jesús avance hacia Dios Padre en un camino en que puesto por la fe y que le hace descubrir presente en su vida y en sus obras realizadas en la verdad y en el amor. El hombre nuevo en Cristo es casa de oración, templo de Dios, en su interior está la Trinidad, con la que puede establecer un diálogo ininterrumpido de oración y amistad. Es la vida de oración; vida de contrastes, vida de luces y sobras pero sobre todo vida de Dios en el alma que lo acoge como Palabra, como comunión de amor y vida nueva. Es en la oración y amistad donde la salvación brota o germina no sólo en conversión personal sino en obras de justicia y misericordia con el prójimo.

          Son estas últimas, las obras, las que en definitiva dan testimonio de la fe, de la luz vida y verdad que decimos profesar en Dios. Debemos buscar siempre las ocasiones para anunciar a Cristo con la palabra que salva a creyentes y no creyentes para atraerlos a Cristo para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a una nueva vida porque Su amor nos urge, y como enseña Pablo: ¡Ay de mí si no evangelizo! (cfr. 2Cor.5,14; 1Cor.9,16). La urgencia del apostolado es vital para la comunidad eclesial porque significa echar a andar todo un engranaje donde ninguna pieza es inútil, al contrario, todos tienen una función que cumplir a la hora de anunciar el Evangelio y vivirlo para gloria del Padre. 

          Las virtudes que deben acompañar al evangelizador han de ser la audacia, la humildad y el amor pro Cristo y su Iglesia. Desde el desprecio hasta la muerte en el martirio pueden acompañar este trabajo, ero Jesús ha vencido al mundo, no hay nada que temer (Jn.16, 33). El místico, Juan de la Cruz, nos quiere introducir  en esta vida en el gozo de la inhabitación trinitaria, es decir, en la comunión de amor y voluntad que existe en la familia, que es Dios Trinidad. Es el bautismo quien me ha hecho depositario de esa vida nueva, fuente de la autentica interioridad y fuente de la auténtica felicidad. Vida de Dios en el hombre; vida del hombre en Dios se diría.

 

P. Julio Gonzalez Carretti OCD

Para: Caminando con Jesus