|
|
TESTIMONIO, ENTREVISTAS, RAZON DE SER Y LA ORACION, ACTIVIDAD
PRINCIPAL DE LA OBRA

AMOR Y CRUZ
|
Hoy, 13 de enero, es el aniversario de la puesta en
camino de la INSTITUCIÓN
"AMOR Y CRUZ", por el Arzobispo de Valencia don Marcelino Olaechea Loizaga. La
celebración de esta fecha me ofrece la oportunidad de facilitar información
sobre la misma, ya que, siendo cada vez mayor el número de los lectores que
la solicitan, me facilitará a mí el trabajo, pues me veré aliviado al no
tener que responder a cada interesado. Por esta razón considero de utilidad
un breve informe sobre su origen, medios y fines.
LA GESTACIÓN DE
UN IDEAL.
Hace algunos años, un sacerdote joven, captó
intensamente y con grandes deseos de extenderlo a los demás, el gran valor de
la oración y el sacrificio en orden a un apostolado fecundo y a la eficaz
transformación de los hombres. Después de varios años de sufrimiento y de
duda, como de crecimiento, escribió unos Estatutos, hoy ampliados y editados,
y los presentó al Arzobispo de Valencia, Dr. Olaechea,
que los aprobó. Se congregó entonces un grupo de jóvenes, que ayudaron a
crear una parroquia nueva en un suburbio de Valencia: La Parroquia de la Preciosísima Sangre.
El 27 del mismo mes surgió la incipiente
Institución: habían de ser religiosos y religiosas de nuestro tiempo, muy
entregados a la vida de oración, pero con una forma y género de vida que no
incluyera rejas, clausura, vivir en grandes edificios, hábitos, etc. Tal vez
esto le vino al fundador de las personas a las que contagió la idea en la
primera hora: capaces de dedicar varias horas diarias a la oración y a una
vivencia profunda de fe, pero no de la vida en clausura ni otras modalidades
accidentales.
¿RAZÓN DE SER DE ESTA INSTITUCIÓN? Que no falte la
contemplación en la Iglesia
por el mero obstáculo de esos «modos» accidentales. Llevar una vida de mucha
hondura sobrenatural en un edificio actual, en un piso como cualquier
vivienda, y dar allí el testimonio de una vida religiosa ordenada, orante,
humilde, obediente. Vivir entregados a la Iglesia apareciendo externamente como las
personas de su edad y condición, haciéndose asequibles a quienes los
necesiten, sin perder su intimidad. Los acueductos romanos prestaron un
servicio en su tiempo; ahora hay pantanos y tuberías modernas. Y mejor aún,
hoy es más importante y preciso, hacer brotar fuentes. Lo necesario es que el
agua llegue y no falte, porque si llegase a faltar, se acabaría la vida en el
mundo. Aunque la Obra
se estuvo gestando en el silencio, la oración y el dolor unos cuatro o cinco
años, prácticamente es contemporánea del Concilio Vaticano II, y esto no es
un dato circunstancial. Ya en 1964 se abrió en Teruel la segunda casa, con
autorización del Sr. Obispo, Fr. León Villuendas
Polo. Hasta entonces la
Institución funcionaba sólo en su rama de mujeres, pero el
fundador la había pensado de forma muy amplia y flexible, para que pudiera
albergar a todos los estamentos sociales. Cuatro ramas: una de religiosos,
otra de religiosas, y dos Institutos Seculares, masculino y femenino. Y
además un grupo de hombres y mujeres que vivan más ampliamente, casados o
célibes, el espíritu de la
Obra. A partir de 1966 comenzaron a funcionar las ramas de
los hombres, y los dos Institutos Seculares. Cinco años después se abrió casa
en Barcelona. Aunque la
Institución da importancia principal a la vida
contemplativa, también ejerce algún apostolado, aunque cada consagrado
desarrolla su actividad en la profesión para la que está capacitado. La
fuente de la espiritualidad con la que se nutren es la Sagrada Escritura,
junto con la de san Juan de la
Cruz, santa Teresa de Jesús, y santa Teresa del Niño Jesús,
de la que recogen su ofrenda de víctima al Amor. Recurren a los Padres,
Doctores de la Iglesia
y el Magisterio eclesiástico, etc. Con estas ayudas, Amor y Cruz viene a
frenar la alerta roja de oración, a alzar la bandera de la oración como
fuente de energía, manantial de alegría, causa integradora del hombre,
solución de todos los problemas, porque los enfrenta desde el Corazón
Omnipotente de Dios. La Obra
está abierta a todas las corrientes que aporten vida, belleza, progreso,
cultura; trabaja y considera buenas todas las actividades para santificarse y
ayudar a la sociedad, aprovechando instituciones ya existentes, practicando
la pobreza de no ser empresa en ningún ramo, ejercitando el apostolado con la
pluma, el libro, la propaganda, sin despreocuparse de ningún problema humano.
Amor y Cruz quiere responder a la llamada a la santidad, lanzada por el
Vaticano II a todos los cristianos, con un ideal altamente contemplativo, en
un trabajo ordinario y común en medio del mundo. La Institución ha sido
bendecida y aprobada por el Cardenal Arzobispo de Madrid, por el Cardenal
Arzobispo de Barcelona, por el Obispo de Teruel, por el Arzobispo de Valencia,
y por el Cardenal Arzobispo de Toledo, cuyas cartas copio a continuación:
TESTIMONIOS
EL ARZOBISPO DE VALENCIA
Valencia,
15 de octubre de 1.972
M.
Rvdo.Sr. D. J esús Martí
Ballester
Querido
Jesús:
Te
mando estas letras de intento con fecha -fiesta de Sta.
Teresa de Jesús- porque en dicha festividad quiero darte mi más sincera,
cordial y muy in Domino enhorabuena por la aprobación de tu Obra PíA UNION AMOR y CRUZ.
Que
todo sea - y con la gracia del Señor lo será, para gloria de Dios, honor de la Iglesia y bien de las
almas todas. Asimismo quiero, además de dar gracias por ello al Señor,
ayudarte con mis pobres oraciones a cumplir el encargo de Director General de
la Institución.
Que
la luz y gracia de lo Alto siempre te acompañen.
Mi
pésame por el primer fruto maduro para el Cielo, o más bien, mi
congratulación porque ya tienes Intercesora ante el Buen Dios y Padre.
Con
abrazo fraternal y en unión de oraciones te bendice plenamente humilde
capellán en Cristo Sacerdote,
+
JOSE MARIA García-Lahiguera, Arzobispo de Valencia.
EL
CARDENAL-ARZOBISPO DE TOLEDO
PRIMADO
DE ESPAÑA
Toledo,
2, noviembre, 1972
Rvdo.
D. Jesús Martí Ballester
Querido
Don Jesús:
Su
carta me ha traído una gran satisfacción no sólo por el hecho de ser aprobada
una obra como ésta de Amor y Cruz que tanta gloria puede dar a Dios y a su
Santa Iglesia, sino también por lo que ello supone de gozo y estimulador
aliento para Vd.
La
triste noticia que me da de la muerte de la Hna. María
Teresa Rodríguez, con tan admirable disposición de espíritu, se transforma
también en motivo de esperanza para el pequeño grupo que desde ahora cuenta
ya con una intercesora eficaz en el cielo.
Ojalá
en este curso pueda consolidarse la
Obra como Pía Unión y más adelante dar nuevos pasos que la
hagan extenderse a otras diócesis de España.
Diga
a ambas Comunidades que les envío mi bendición muy cariñosa; así como a Vd.
de quien me reitero
affmo. en el Señor
+
Marcelo González, Cardenal-Arzobispo de Toledo
ENTREVISTA
EN EL DIARIO «LUCHA» DE TERUEL Y EN RADIO TERUEL (26 ENERO 1976)
Si el Señor no edifica la casa se cae
estrepitosamente el edificio.
La aportación de Amor y Cruz a la Iglesia actual y futura
está en que no falte la contemplación por el obstáculo de modos accidentales.
Declaraciones de su fundador, padre Jesús Martí
Ballester.
Monseñor Iguacen Borau aprobó y decretó la erección canónica de la Obra en Teruel. Hoy, para
hablar de ella, traemos a nuestras páginas a su fundador, el reverendo don
Jesús Martí Ballester, un sacerdote que no sabría decir a ciencia cierta qué
es, pero que tiene algo poco corriente que mueve en seguida al diálogo
abierto. - ¿Teresianas de Amor y Cruz son una Congregación o una Orden? - Ni
lo uno ni lo otro. Son una Pía Unión, porque en el actual Derecho Canónico
así comienzan todos los institutos religiosos. - ¿Dónde, cómo y cuándo nació
esta Pía Unión? - Siendo yo muy joven sacerdote y párroco, capté muy
intensamente y con grandes deseos de propagarlo, el gran valor de la oración
y el sacrificio en orden a un apostolado fecundo y eficaz transformación de
los hombres. La predicación no surte efecto por lo que se dice sino por lo
que se es, por la fuerza del espíritu porque va ungida. San Pedro, el día de
Pentecostés, con un sermón convirtió a 3.000 personas, cuando nosotros, con
3.000 sermones no convertimos a una sola. Entonces vinieron unos años de
sufrimiento y de duda, porque yo que veía algo; ni acababa de ver qué era, ni
cómo había de darle forma. - ¿Cuándo llegó usted a ver claro? - Por fin
escribí unos breves estatutos y los presenté, con sumo temor, al señor
Arzobispo de Valencia, doctor Oleachea, que los
aprobó, con gran alegría de mi parte, pues el mío era un sueño erizado de
espinas y difícil de realizar. En seguida reuní a un equipo de jóvenes que me
ayudaron titánicamente en la creación de una nueva parroquia en un suburbio
de Valencia, la
Malvarrosa, parroquia de La Preciosísima Sangre.
El 13 de enero de 1962, autorizaba don Marcelino Olaechea
el comienzo de la fundación, y el 27 de enero vio la primera luz en Valencia
la incipiente institución. - ¿Qué finalidad y modalidad nueva aportan a la Iglesia y a la
sociedad?- Deseaba yo que fueran unos religiosos y religiosas de nuestro
tiempo. Muy entregados a la vida de oración, pero sin desentonar con la forma
moderna. «Vino nuevo en odres nuevos» (Mt 9, 17). Estaba yo muy preocupado
por crear una forma, un género de vida que no sólo no ahuyentara de la
oración a las generaciones jóvenes, sino que la hicieran posible y atractiva.
Serían unas religiosas y religiosos de mucha vida interior, pero sin
necesidad de rejas, ni de grandes caserones lóbregos, ni de hábitos, ni de
otras formas producto de pasadas épocas. Quizás esto me vino de las personas
a quienes logré contagiar la idea en la primera hora: eran ellas capaces de
dedicar dos horas diarias a la oración y a una vida cristiana profunda, pero
no hubieran resistido ni los hábitos, ni la clausura, ni otras modalidades
accidentales que, a fin de cuentas son eso, accidentales. Se me planteaba
entonces el problema: ¿Lo accidental será obstáculo para lo esencial? Ésta es
la razón de ser de la
Institución. Que no falte la contemplación en la Iglesia por el obstáculo
de los modos accidentales. Ahí creo que está la aportación de Amor y Cruz a la Iglesia actual y a la
futura, y en definitiva a toda la sociedad, porque si el Señor no edifica la
casa, se cae estrepitosamente el edificio. Una forma de vida acorde con los
tiempos, vivida con mucha sencillez y una profunda hondura sobrenatural.
«Vino nuevo en odres nuevos». Lo que viene a ser el Evangelio respecto a la Ley antigua, valga el
paralelismo. Poder situar en el centro de un edificio actual una vida
comunitaria en un piso, igual que vive cualquier familia, y dar el testimonio
de una vida religiosa, ordenada, orante, humilde, obediente en medio de la
masa. Poder estar entregados a la
Iglesia vestidos como los de su género, edad y condición.
Teniendo acceso a ellos sin dificultades cualquier persona. Haciéndose
asequibles a quienes los necesiten sin perder su intimidad. Los acueductos
romanos prestaron un servicio en su tiempo, éste ya pasó, ahora hay pantanos
y tuberías modernas. Lo necesario es que el agua llegue y no falte, porque si
llega a faltar, el mundo se moriría de sed. - Nos lo ha dicho claro. Padre,
¿no cree que se adelantó al Concilio Vaticano II?
-Así es, sin duda. Amor y Cruz nació en 1962, y el
Concilio en 1964. Aparte de que antes de aparecer la Obra a la luz, estuvo
gestándose bastantes años en el silencio, la oración y el dolor lo menos
durante cinco años. Pero en realidad va con el Concilio y con él se
desarrolla. - ¿Desde cuándo están ustedes en Teruel? - El 5 de noviembre de
1964 ya estábamos en Teruel con autorización del obispo fray León Villuendas. - ¿Sólo mujeres en la Institución? - Hasta
el año 1966, sólo está integrada la Institución por mujeres en comunidad; pero yo
concebí la Institución
como algo muy amplio: deseaba que pudiera albergar a todos los estamentos
sociales. Cuatro ramas: una de religiosos, de religiosas otra, y dos
Institutos Seculares, masculino y femenino. Los sacerdotes podrían ser o bien
religiosos, o del Instituto Secular. Y aparte de las cuatro ramas, un grupo
de hombres y mujeres que vivan más ampliamente en sus casas, casados o célibes,
el espíritu de la Obra. Al
ser trasladado yo a Carcagente con misión de
párroco, se me abrió un horizonte para conseguir el objetivo. En efecto, allí
nacieron los chicos, los hombres y las mujeres. - Me parece que tienen
ustedes casas en Barcelona, ¿es así?. - Justamente
en Roma, en la embajada de España, decidí con don Marcelo González Martín,
cardenal primado emérito de Toledo y entonces arzobispo de Barcelona,
inaugurar en aquella diócesis la primera comunidad de los jóvenes y abrimos
otra casa para las jóvenes. El Señor nos bendice con algunas vocaciones y
conseguimos muy pronto la aprobación y erección canónica. Al mes de la
aprobación, se nos fue al cielo la primera teresiana de Amor y Cruz. Esta
muerte nos apabulló y al mismo tiempo nos llenó de esperanza. Dios probaba la Institución apenas
nacida. El grano de trigo dará su cosecha. - ¿Y en Teruel, durante este
tiempo, cómo va la
Institución? - Va abriéndose camino en medio de
dificultades.- ¿Desarrollan ustedes algún apostolado? - Sí, en efecto. La Institución aunque
va a dar una importancia principal a la oración, diríamos a la vida
contemplativa, quiere también ejercer algún apostolado..
Se empezó en la calle de los Mártires, y se se optó
por montar una pequeña residencia de estudiantes y se trasladó la Comunidad y residencia
a la calle de Castellón, donde actualmente viven. Se les procura a las
residentes un clima de hogar y creo que se les hace un bien. Hasta el
presente habrán pasado por la residencia centenares de jóvenes. - Los que no
tienen residencia, ¿a qué se dedican? - De momento a sus propias profesiones.
Los que son maestros, ejercen el magisterio; algunos son administrativos,
otros hacen labores manuales en casa o trabajan en clínicas. - En Teruel,
¿tienen ustedes oratorio?- Monseñor Iguacén Borau, que ama de veras la mstitución,
le concedió el privilegio de oratorio semipúblico el 14 de febrero de 1975, y
el 7 de mayo se celebró la primera misa en él por el vicario general, el
rector del Seminario, el párroco de San Andrés, el de Villastar
y el fundador. Y por último el 11 de diciembre del año pasado, el mismo
prelado aprobó y decretó la erección canónica. Tan fundamental
acontecimiento, había que celebrarlo. Así se hizo el día 19 con una
concelebración que presidió el señor Obispo y en la que tomaron parte el
señor vicario general, el visitador de religiosas, don Pedro Piquer; don Alejandro Burzurí y
el fundador. El señor obispo, en su sentida y bellísima homilía, nos dijo que
había aprobado muy gozoso esta obra que venía a ser un testimonio algarabía
actual, y un aldabonazo a la diócesis que si de la importancia de la vida
interior, en medio de la quería hacer pastoral tenía que vivir antes la vida
interior, y deseó y pidió a Dios que dé crecimiento a estos principios
humildes.
LA REVISIÓN.
Hemos creado una Obra por una necesidad de expansión
espiritual; la hemos pensado con una gran vida interior; con un
extraordinario fervor de oración y con una austeridad humana y atrayente. La Obra funciona y va dando
unos pasos bastante seguros y dentro de poco tomará un rumbo por el que se le
abrirán caminos de difusión. Pero nos preocupa la vida interior de cada hijo
y queremos que todos se den cuenta de lo que importa la revisión que cada uno
ha de hacer de la suya. En un coche al emprender un largo viaje revisamos sus
puntos clave: motor, ruedas, aceite, carburador. En la persona humana,
después de un cierto período de rodaje, hay que revisar también: oración
¿cómo va la oración?; mortificación; corazón; amor propio... distintas
virtudes...El perfecto funcionamiento de cada elemento vital da una armonía a
la Obra. Le
da garantía de crecimiento y de influencia en el ambiente. Tiene mucho
atractivo ver a todos los miembros de la Obra viviendo con sencillez y constancia y
alegría su profesión y su entrega. Así se expresa el autor de la Imitación: «Cuán
alegre y dulce cosa es ver los fervorosos y devotos hermanos con santas
costumbres y en observante disciplina». Pero también se lamenta él mismo de
la nota discordante de los que no viven como profesaron: «¡Cuán
triste y penoso es verlos andar desordenados y que no hacen aquello a que son
llamados por su vocación!» No deja de ser difícil hoy guardar todo lo que el
Señor nos ha ido inspirando como líneas constitutivas de la Obra. Pero si no se
guardan ellas, no tiene nada que hacer y no es necesario que luchemos para
institucionalizar algo que no nace con la seguridad de aportar a la Iglesia lo que está
haciendo falta y es para lo que el Señor nos llama. Cuando más abiertamente
vemos el desprestigio de la vida de oración, de entrega virginal a Dios y a la Iglesia, y más en
quiebra vemos la obediencia y postergado, olvidado y ridiculizado lo
sobrenatural, más nos confirmamos en la divina elección de nuestro pequeño
rebaño para testimoniar a un mundo hostil y a una Iglesia en crisis los
valores verdaderos, perennes y únicos que han de rejuvenecer a la Esposa de Cristo. Verlo
así es acrecentar nuestro ideal y centrar más nuestras energías en el claro
testimonio que queremos ser y que se nos ofrece oportunidad actualisima de dar.
Al
despedirme de Sinarcas, donde se incubó la Obra (6 de agosto de 1961)
Mis últimas palabras de hoy, al despedirme de
vosotros, quisieran resumir el inmenso caudal de las que os he dirigido en el
transcurrir intenso de estos años en que os he dirigido. No podría lograrlo
porque en las horas del corazón pierde firmeza la cabeza y, a su pesar, es
arrastrada por el empuje de los sentimientos. ¿Y no es la despedida la hora
singular del corazón? Por eso, siendo preciso hablar, a fuera de cortesía,
recapitularé mi vivencia entre vosotros en cuatro densos apartados, que no
quieren agotar la materia sino sólo esbozarla y sugerir ideas. He trabajado.
- He sufrido. - He gozado. -He trabajado. Con cabeza, con corazón, hasta con
pasión, con obediencia, con perseverancia, sin desfallecimientos, pese a las
dificultades, venciendo innumerables obstáculos, en soledad. He sufrido.
Mucho. No se puede medir. Dios lo sabe. Por Él ha sido. Me han hecho sufrir
las circunstancias, los amigos, todos. Unos de una forma, otros de otra. He
gozado. También he tenido alegrías. Algunas intensísimas. Alegrías en el confesionario,
en el despacho, alegrías viendo crecer el grano sembrado con llanto y regado
con sudores. Han sido años intensos. Para muchos de vosotros decisivos. Para
mí - los más floridos de mi vida - muy ricos. A todos soy deudor. A quienes
me han amado y me han hecho bien. Y más a los que, sin ellos pensarlo, me han
enriquecido. Me voy de Sinarcas más rico en el alma
que vine. Y esa riqueza me la dio Dios en contacto con vosotros. ¡Cómo no os
voy a amar! ¡Cómo os voy a poder olvidar! ¡Vuestra vida está inevitablemente
entrelazada con la mía! Todos lleváis algo mío. Yo llevo en mi algo de todos: méritos de desdén, gracias de vuestra
oración y entrega generosa. Unas relaciones invisibles, pero reales, hay
entre nosotros y durarán toda la eternidad. Esto es maravilloso. Me voy, pero
me quedo. La orientación que he dado a la Parroquia queda
constante en libros, en instituciones, en costumbres nuevas. Espero seguir
estando con vosotros a través de mis ideas que tenéis en vuestra
almas sembradas. Y regadas con mis lágrimas. ¡Oh el poder fenomenal de
las lágrimas! A las almas sólo con lágrimas y gemidos se las puede engendrar,
reconquistar, santificar. El auténtico padre ha de llorar mucho y muchas
veces la muerte de sus hijos, como lloró la viuda de Naim
la del suyo, hasta que con sus lágrimas conmovió el corazón de Dios para
restituirle la vida (Lc 7, 13). Lágrimas y suspiros de mi altar y de mi
despacho. ¡Altar y despacho! ¡Oh si al menos en esta hora de la despedida
pudieseis hablar! - ¡Oh si tuvierais conciencia del valor de estas lágrimas!,
don de Dios inmerecido - lloraríais vosotros hasta lograr detenerme! Tengo un escrito muy íntimo que os voy a leer: «¿Viste llorar a tu Padre y pensaste que aquello no tiene
importancia? Sí, tú sentías una emoción que no puedes definir... Pero en tu
vida no influían aquellas lágrimas después. Te sentías igual de cobarde y
sufrías las mismas caídas... Pues yo te aseguro que esas lágrimas serán
fecundas. Ellas son semillas depositadas en tu alma. Pasarán unos años... yo
no lo veré todo en la tierra. Pero; verás ¡qué cosecha a costa de la vida de
tu Padre...! ¡Qué feliz soy sabiendo que sembrando mis ideales, que son los de
Jesús, con lágrimas, los cosecharé realizados en tu vida, con infinita
alegría! Tengo fe en la fecundidad de las lágrimas de dolor y de amor. A
Dios. Rogaré por vosotros. Pedid por mi. Me tendréis
a mano en Valencia. Me ha empujado siempre el amor. Amor sincero y verdadero.
No me he buscado a mí. Siempre vuestro bien me guió. Continuaré siendo
vuestro padre y vuestro hermano y vuestro amigo cuando me busquéis, si me
buscáis. Obedeced, respetad, amad a mi sucesor. Él ha de recoger mi cosecha.
Dios os bendiga.
Primeros
balbuceos de la Obra.
Visita Pastoral. (año 1966)
Señor Obispo Auxiliar D. Rafael González Moralejo: Ha podido comprobar la alegría con que la Parroquia le ha
recibido, lo que le da idea de que se le esperaba con ilusión y fe en su visita
como representante de Cristo. Le damos las gracias porque ha pensado en
nosotros, recién nacidos, la
Parroquia más joven del distrito, porque ha venido a vernos
y a impartirnos sobrenaturales regalos. Le rogamos transmita al Sr. Arzobispo
nuestra alegría y gratitud.
Un deseo de crecimiento en la santidad personal
propia, transmitido al grupo primero como medio para la evangelización,
conversión y crecimiento en la fe y en las demás virtudes evangélicas de la
parroquia de Sinarcas (Valencia), de la que era
párroco, dio origen a esta Institución. Fueron unos años de mucho sufrimiento
e incertidumbre, consuelos y frutos, titubeos y consultas, oración y
sacrificio, e incluso lluvia de carismas místicos, predominantemente el don
de lágrimas. Parecía un sueño, pero la parroquia toda se conmovió. Es verdad
que en general, nos sentimos tremendamente bloqueados cuando se trata de
exteriorizar nuestros sentimientos religiosos profundos, sobre todo de cara a
los hombres. Sabemos muy bien cuánto nos cuesta entregarnos y librarnos en
profundidad espiritual a los demás. Estamos petrificados de formalismos y de
ritualismos; nuestras asambleas cristianas adolecen de pasividad. Todavía no
hemos encontrado el calor conveniente y necesario a una fiesta, a una
celebración fraterna; el Papa tiene que ponernos en guardia ante la rutina en
la oración y ante el abuso de fórmulas hechas en su totalidad. Los jóvenes
buscan la oración influenciada por filosofías orientales, y se estudia cada
vez con más atención el comportamiento de los pueblos no europeos mucho menos
cerebrales que nosotros. Por eso, la señal de la divina presencia nos humilla
y nos coarta. Hay temores. Huiríamos. Le pasaba a Santa Teresa.
COMO MEDIO
Y FIN PARA LA
INSTITUCIÓN ELEGÍ LA ORACIÓN,
de la que la Obra
será abanderada practicando con las obras y predicando con las palabras el
recurso infalible que nos ha dejado el Señor para extender en profundidad la
semilla del Reino, leyendo profundamente la Sagrada Escritura,
siguiendo la doctrina de los Padres, el magisterio los teólogos, y el
seguimiento de los tres Doctores de la Iglesia: Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Santa Teresa del
Niño Jesús. Una Teología calurosa, personal, viva, en busca no del Dios de
los filósofos que da un sentido final a todo el mundo, ni del Dios formulado
en conceptos abstractos, y palabras exactas y abstrusas, sino del Dios
bíblico, sensible en el corazón, unida al lema benedictino "Ora et
Labora", expresado en su estética y orden, y la aceptación y aprecio de
las nuevas técnicas como medio evangelizador y, en general el conocimiento de
todos los campos de la cultura humanística, serán el soporte de la oración
contemplativa, que es su meta. Cuando hablo de teología viva quiero acentuar
el camino de la experiencia de Dios, único modo de perseverar en una acción
constante y en una vida gozosa y evaangélica. De
una manera semejante a lo que ocurre con la privación de los goces sensibles,
que no se abandonan a base de razones, tampoco es posible seguir en la
fidelidad vibrante a Dios sin su experiencia viva, fiados exclusivamente en
argumentos y razones frías. Estas son necesarias para la base, pero
insuficientes para la generosidad y para la perseverancia y con solas ellas
se cae muy pronto en la rutina. Y éste es el carisma de la Obra. Todas las
otras actividades sólo serán medios para sobrevivir
y para comunicar a quienes deseen compartir sus dones y su experiencia de
Dios. Y como “oración y regalo no se compadecen”, dice Santa Teresa, aquella
irá acompañada de evangélica y normal sencillez . He
hablado de una teología viva y quiero decir con ello que, por la misma
experiencia de las preparaciones, árduas y
providenciales, y por las intervenciones casuales, que son los anónimos de
Dios, deseo conducir hacia la propia experiencia calurosa de Dios que nos ha
dicho que somos su pueblo elegido, no su pueblo congelado.
Como dadas las cualidades y características de las
primeras personas en las que conseguí contagiar el ideal, no les podía pedir
ni la clausura, ni yo deseaba que vistieran hábito, ni que residieran en
grandes monasterios metidas entre rejas, comprendí que esa era la voluntad de
Dios, pues que no me daba otra posibilidad. Pero siempre pensaba que eso eran
cosas accidentales y, que en el futuro, esa vida carecería de atractivo para
las generaciones venideras de jóvenes. Lo que sí era sustancial era la
oración y la contemplación. Se trababa de crear un molde en el que se
posibilitara lo esencial para que éste no se perdiera por métodos
accidentales. De este modo, AMOR Y CRUZ formaría contemplativos en el mundo
y, si se quiere, monjes y monjas en la ciudad, para que Dios en Cristo y el
Espíritu fuera el Señor absoluto por quien se viviera y a quien se inmolaran.
Las actividades a que se dedicarían deberían siempre dejar a salvo su carisma
y actividad principal, fundamental y sustancial.
La lectura y estudio de la Palabra. Aquellos
santos y maestros, como san Juan de la Cruz y santa Teresa, que se nutrieron
abundosamente de la
Escritura, han vivido y presentado la presencia de un Dios
Amor, que ahora nos retorna Juan Pablo II en su encíclica Dives
in Misericordia, que está llamada, junto con la renovación de los estudios
bíblicos, a conferir un sello de confianza positivo de alegría y gozo, en la Iglesia futura. El
conocimiento de los Padres y del Magisterio de la Iglesia deberían ser la raíz de su vida contemplativa.
LOS
CAMINOS.
Con el beneplácito del Arzobispo de Valencia, D.
Marcelino Olaechea, participé, con otros cuatro
sacerdotes en las oposiciones a Magistral de la Catedral de Valencia.
El haber sido destinado a la ciudad de Valencia y después a la de Carcagente, me hizo ver el querer de Dios de que la Obra debía abrirse a nuevos
horizontes. Así fue. Con la debida aprobación del Arzobispo de Valencia, de
los Cardenales de Barcelona y de Madrid y del Obispo de Teruel, se comenzó a
extender la Obra. Y
Dios nos probó. En poco tiempo el Señor se nos llevó a las dos Teresianas de
Amor y Cruz más jóvenes. Una con 22 años de edad. Y comencé a escribir, con
la intención de publicar, porque escribir sin esa, lo venía haciendo desde
seminarista. La edición del primer libro CANTICO ESPIRITUAL no fue fácil. San
Juan de la Cruz
no estaba de moda y yo era un escritor novel y desconocido. Por fin salió a
luz, y en un mes se agotó la edición que ya ha alcanzado la 7ª. Me sentí
acogido con aquel best-seller, y seguí escribiendo.
LA ACCION DEL ESPIRITU
SANTO EN LOS FUNDADORES
El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, con su
inagotable creatividad, suscita, cuando a El le place, a determinadas
personas, a quienes prepara, coloca en situaciones apropiadas y
significativas, y a su manera, siempre misteriosa, no sin dejar algunos cabos
sueltos, por los que con el tiempo se hace verificable su acción, las va
trabajando y capacitando para sembrarles una idea fecunda, les afina la
percepción para que puedan recibir una onda, una iniciativa, un matiz, y
después inspira y hace capaz a la persona para responder al impulso divino de
lo que hoy, en expresión ámpliamente difundida y
repetida, se llama carisma.
Ese carisma significa una iniciativa, una
peculiaridad, que el Espíritu concede en orden a la edificación del Cuerpo de
Cristo, que es la
Iglesia. En virtud de esa designación divina, estas
personas reciben una experiencia especial que les causa una visión muy
realista de un problema determinado, son conducidas por el Espíritu a ofrecer
una solución, más o menos general, más o menos modesta, siempre dentro de la Comunidad eclesial. Es
eso lo que les hace llegar a la raiz del problema,
dejando de lado los accidentes, los temas superficiales y las cuestiones
marginales. Ahí justamente se atisba la acción de Dios, que les comunica su
sabiduría en el momento preciso. Esta elección les hace ser realistas y les
enseña a no caminar dando palos de ciego, debatiéndose en minucias, y a no
malgastar energías y perdiendo el tiempo dando vueltas siempre alrededor de
la situación, sin encontrar la solución.
Estas personas no son una propiedad privada de una
familia religiosa, sino un patrimonio eclesial pues, su misma persona es
intrínsecamente eclesial; no sólo porque ha nacido y ha crecido y se ha
formado en la Iglesia,
sino porque expresa su vitalidad más profunda, que consiste en
"manifestar cada día mejor, a fieles e infieles, a Cristo, ya sea
entregado a la contemplación en el monte, ya sea anunciando el Reino de Dios
a las multitudes, sanando enfermos y heridos, convirtiendo a los pecadores,
bendiciendo a los niños, haciendo el bien a todos, siempre obediente a la
voluntad del Padre que le envió" (L.G., 46).
Ellos solos, por otra parte, no pueden abarcar todo
el panorama que el Señor les ha hecho intuir, ni pueden aportar todo el
remedio a la carencia intuída y sentida, ni agotar
toda la creatividad del carisma recibido, que por ser vivo, es dinámico y
evolutivo. Necesitan la fuerza del grupo, el aliento de la comunidad, las
energías de los hijos a quienes contagian su idea, educan y estimulan con su
vida, hasta llegar a conseguir una plena sintonía y una íntima y espiritual
compenetración.
La necesidad del grupo para estas personas, es pues,
evidente, por la misma naturaleza del carisma y la precariedad de la vida
humana. Pero no sólo de su grupo humano. Necesitan también ser arropados por la Iglesia y ser
respaldados por Ella, que es la que les envía y les confiere la misión para
trabajar en la misma viña, con un mismo fin. "A cada uno se le da la
manifestación del Espíritu para el bien de la comunidad" (1 Cor 12).
Esta garantía y este apoyo es el que hace crecer a la Iglesia y, a la vez,
garantiza al Fundador la autenticidad de su carisma, a cuya intrínseca
naturaleza le corresponde la dimensión comunitaria.
Es San Agustín quien exhorta a no desperdiciar ni
una sola partícula de bien: "particula boni doni non te praetereat"; y San Pablo manda "no extinguir el
Espíritu" (1 Tes 5,19).
Según esto, cuando el Espíritu envía a la Iglesia una chispa de
luz, de fuego, de vida, todos tenemos el deber de fomentarla para que crezca
y para que su capacidad innovadora encuentre campo propicio de siembra, de
desarrollo y de cultivo; para que nos aleccione y aproveche su intuición de
futuro, y la previsión de su profecía nos encuentre atentos.
Cuando el nuevo carisma arraiga en la Tradición, que también
es obra del Espíritu, se logra prolongarlo, y enlazar uno y otro con las
necesidades de los tiempos nuevos, pues lo propio del que recibe del carisma
nuevo es poseer la suficiente clarividencia para leer los signos de los
tiempos y flexibilidad, capaces de evolucionar.
LOS
ACOMPAÑANTES
Me aseguré con el parecer de hombres de Dios, como
el Padre Francisco Segarra, S.J, el primero, y
después con el de los Padres Marceliano Llamera y Emilio Sauras O.P., D. Pascual Ortells,
Operario Diocesano y Rector del Templo de Santa Catalina de Valencia, con el
Padre José Mª Murall, SJ, con el Padre Vicente
Molina, SJ. Me garantizaban también las declaraciones del Dr. Gabriel Solá, Canónigo de Barcelona y el Dr. Xavier Alert, Magistral de Sevilla, de que la "Institución
AMOR Y CRUZ", llenaba una labor de una dimensión tal, que hoy difícilmente
se puede valorar como es debido, si no es desde una gran sensibilidad
espiritual y desde una singular perspicacia pastoral. De la misma manera, las
publicaciones de D. Jesús Martí Ballester, sacerdote del Presbiterio de
Valencia, eran el suplemento y la extensión de ese mismo espíritu. De igual
parecer era el Cardenal de Toledo, Don Marcelo González Martín. En frecuente
relación con D. Baldomero Jiménez Duque, Rector del Seminario de Avila, con
el Fundador de las Oblatas de Cristo Sacerdote, D. José Mª García Lahiguera, después Arzobispo de Valencia, con el fundador
de Vita et Pax, D.
Cornelio Urtasun, y con el de las Obreras de la Cruz, Don Vicente Garrido,
con el Padre Joaquín Sanchis, Provincial de los
Franciscanos y D. Antonio Rodilla, Rector del Seminario de Valencia, con el
Padre Jaime Rovira en Barcelona y Monseñor Ramón Daumal,
Obispo Auxiliar también de Barcelona, con los Padres José María Vigo, José
María Murall, Vicente Molina, y Rafael Pericas,
todos jesuitas, fui consolidando mis experiencias en los primeros tiempos.
Y más tarde con nuevos amigos, entre otros, el Padre
Emiliano Tadiff y Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo,
Obispo de Sonsón - Río Negro (Colombia). Dice un
autor que si un hombre tiene necesidad de otro para escuchar una palabra imprescindible,
Dios hará venir a ese hombre desde el extremo del mundo. En un momento
decisivo ese hombre llegó desde el hogar de la Virgen de Lluch, de Mallorca, sin yo buscarlo. Y poco después, en
una gran turbación, lo encontré en Sevilla, de una manera tan inverosímil,
que no podía ni imaginar.
Mi predilección por los Doctores Místicos, Santa
Teresa, San Juan de la Cruz
y Santa Teresita, vendrían a ser una de las principales conexiones con la Tradición. ¿Por qué
esta preferencia? Se encuentra por medio la nube del
misterio, pero también se dan algunos indicios, que nos permiten aventurar
hipótesis de seguimiento.
SUBIR
SEMILLAS
DE FUNDADOR
En mi niñez, comencé a conocer y a leer asíduamente a Santa Teresa del Niño Jesús. Ella me
descubrió a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz, que me han acompañado durante toda mi
vida sacerdotal. Su lectura prolongada y su estudio me han permitido vivir
sin grandes dificultades, las crisis y transformaciones de estos últimos
tiempos en la Iglesia.
En ellos he bebido el amor a la oración. Ellos me han
enseñado a orar. Con ellos he podido aprender a enseñar a orar y desde ellos,
Fundadores, sobre todo desde Teresa, ha prendido en mi espíritu el carisma de
fundador. Por eso no resulta extraño que haya escrito tantos libros sobre
ella y San Juan de la Cruz.
Los múltiples y eminentísimos Prólogos y
Presentaciones de mis libros, se fijan principalmente en mí como escritor, y
sólo sugieren mi carisma de Fundador, cualidad ésta que, tratándose de un
carisma tan vital para la
Iglesia, hay que potenciar y estimular y aprovechar para su
servicio y para toda la humanidad en la cual, necesariamente, también
redundará. Aunque todo es muy poca cosa", hay que tener en cuenta que en
el orden sobrenatural, no se puede decir que algo es poca cosa.
De entre los centenares de cartas recibidas que
ponían la oportunidad y el momento de gracia que suponían las publicaciones,
me permito transcribir la carta del Padre Federico Ruiz Salvador, Carmelita
Descalzo, profesor del PONTIFICIO Instituto de Espiritualidad “Teresianum” de Roma, en la que me da su impresión sobre
mis libros: “Para mí mismo, resulta agradable y eficaz esta refundición. Se
mantiene en el plano de la expresión y del lenguaje; pero hoy sabemos que el
lenguaje implica la experiencia, la mentalidad, las zonas de interés,
sensibilidad, etc. Todo ello gana en luminosidad con los retoques. Ganan en
nitidez los textos bíblicos también, y en general todo el estilo de frase
corta, que facilita la comprensión y la memoria. Le felicito por el esfuerzo
bien compensado y por el servicio que ha prestado a los Doctores Místicos y a
los lectores. Sólo el amor a unos y a otros y una prolongada asimilación de
las experiencias de ambos ha podido darle luz y valentía para llevar a cabo
una obra que requiere mucho cariño, arte y competencia. La constante demanda
de los lectores y la contínua sucesión de nuevas
ediciones, manifiestan el conocimiento profundo que de nuestros Místicos
castellanos posee y confirman con la experiencia la necesidad y los deseos de
sus seguidores. Con estima y afecto, Federico Ruiz Salvador, O.C.D.
¿POR QUÉ
SE VALORA TANTO LA
ORACION EN ESTA FUNDACIÓN?
En la historia de la Iglesia se han dado y se
darán distintas líneas y estrategias de pastoral, en los sacramentos y su
recepción por los fieles, en los organismos de gobierno, etc. Pero si cambia
la pastoral, no cambia el Evangelio. Siempre será verdad que he venido para
que tengan vid abundante; si el grano de trigo no muere, queda infecundo;
pero si muere da mucho fruto; si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a
sí mismo, tome su cruz y sígame; el que no nazca del agua y del Espíritu no
puede entrar en el Reino de Dios; ¿quién de vosotros puede, por más que se
preocupe, añadir un codo a la medida de su vida?; ni el que planta es algo,
ni el que riega, sino Dios quien hace crecer.
Si en la vida cristiana, en la vida religiosa, no se
trata de tener, sino de ser, hemos de acudir a Dios: Esto es la oración. La
oración siempre será necesaria y fecundará el fruto de los sacramentos. Sin
vino se puede vivir, sin agua no. Los sacramentos serían el vino, más
preciosos, la oración sería el agua. Es en ella donde Dios nos recrea, nos
infunde su Espíritu, nos entrega su entraña.
DISTINTAS
SON LAS FILOSOFÍAS
Distintas son las filosofías que, en la práctica,
pueden movilizar la acción, incluso pastoral:
A) La materialista: Se destaca por la obsesión por
el número, la productividad y la producción. Si no se produce, no vale. De
ahí, los ancianos abandonados…hasta la eutanasia. Existe el peligro de
confundir el ser con el producir. Y no es lo mismo producir un objeto, que
realizar un acto. Un robot nos producirá todas los
objetos que le programemos. Pero ningún acto interior.
B) La mundana: La lucha por el carrierismo.
Juan Pablo II acaba de propinar una dura reprimenda a la Curia Romana, que
había sido precedida en el mes de mayo por la del Cardenal Gantin contra el arrivismo y el carrierismo
de los obispos a imitación de la política. La ley del amiguismo. La práctica
del arrimarse al sol que más calienta. La fuerza del enchufismo, que expuso
en los "Intereses creados" D. Jacinto Benavente: "No hay
hombre sin hombre". Y la otra: cuando las cosas no se ven claras, no
comprometerse. Y cuando ya lo son, unirse al carro del triunfador. Santa
Teresa no fue comprendida en su tiempo. San Juan de la Cruz perseguido,
encarcelado. Pues ambos han influenciado benéficamente a un gran Papa que
reconoce lo que les debe a los dos. En su tiempo se temió su empresa. Hoy son
gloria de la
Iglesia. Pidamos a Dios que por el temor de que sean falsos
no vayamos tirando los billetes verdes o morados que vengan a nuestras manos.
Alguno habrá falso. Pero ¿nos puede cegar tanto ese temor que tire por la
ventana todo el montón de billetes porque los hay falsos? Santa Teresa sufrió
mucho y dolorosamente porque desarrolló su vida mística singular en una época
de alumbrados. Sus últimas palabras son como un suspiro que nos revela el
temor de aquella gran alma: «al fin muero hija de la Iglesia». Y a veces me
pregunto si la canonización de los santos no es una obra de Justicia
reparadora que Dios fuerza a hacer a su Iglesia con sus santos. Primero los
lleva a la hoguera, al tribunal, después a la gloria de Bernini.
Recemos por una Iglesia que no tema a los que abren caminos nuevos sino que
los empuje y proteja. Que defienda a los santos en vida en vez de ensalzarlos
después de su muerte.
C) La divina: La renovación del mundo comienza en el
corazón de cada persona (Juan Pablo II en la India). Es más fácil calzarse unas zapatillas
de moqueta, que alfombrar de moqueta todo el mundo. Y ¿qué es renovarse?
Dejarse cambiar el corazón. “Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un
espíritu nuevo: quitaré de su cuerpo el corazón de piedra y le daré un
corazón de carne, para que caminen según mis preceptos, observen mis normas,
y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios” (Ezequiel,
11) Es más fácil evadirse en el trabajo, que también aturde y gratifica. Es
más difícil esperar, callar, sufrir, tener paciencia, amar a fondo perdido y
no para que me quieran o porque me quieren. Es más difícil quemar una hora en
la oración árida que ocho en la oficina con el teléfono repiqueteando a todo
gas. Santa Teresa propone como fin de su gran reforma: “me determiné a hacer
eso poquito que yo puedo y es en mí, que es seguir los consejos evangélicos
con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que
están aquí hiciesen lo mismo, pues el Señor tiene tantos enemigos y tan pocos
amigos, que esos fuesen buenos (Camino 1). “Son menester amigos fuertes de
Dios para sustentar a los flacos (Vida 15). La reforma de Santa Teresa está
en la línea del ser, no del producir, aunque a la larga es la línea que más
produce, sin intentarlo. Los mayores activos han sido los más grandes
contemplativos. Por eso dice San Gregorio Magno: “Sea el Obispo el primero en
la acción y el más alto en la contemplación”. “En muchos años, sólo se
aprovecharon tres de lo que les decía; y después que ya el Señor me había
dado fuerza en la virtud, se aprovecharon muchas. (Vida 13).
En realidad, ¿qué es más eficaz en el Reino? Hay que
Mirar al Calvario. Hay que perseverar y aceptar el largo plazo. Apetece más
el “veni, vidi, vici”. Esta no es la ley del Reino, como no lo es la del
crecimiento de la vida en ningún orden: en una planta, un animal, un niño, y
menos, en un Dios por participación, que crece contra natura. Sembrar sin ver
la cosecha, con la seguridad, la certeza de la cosecha. Sembrar sin
recompensas humanas…Era lanzarse al kamikaze. Practicarse el harakiri. Cuando
se empezó se sabía que se había terminado la carrera humana. Pero había un
fuego dentro que cegaba todas las razones y sorteaba todos los obstáculos,
tribulaciones, asechanzas, aislamiento, desconfianza, celotipias, inseguridades
e incertidumbre. Se comprende el aislamiento y también la soledad. Para amar
hay que comprender, estar en la misma onda, por eso los hombres que quieren
hacer algo grande por Dios, necesariamente tienen que verse o solos o poco
acompañados. Don Marcelo González Martín, ex primado de Toledo, y biógrafo de
San Enrique de Ossó, fundador de la Compañía de Santa
Teresa, refiere que en los papeles de D. Enrique, consta: “Mossén Sol, quedó a deberme ciento cincuenta o doscientos
duros. Están perdonados. Eran los dos únicos amigos. Los dos fundadores, éste
de los Operarios Diocesanos: “La sangre y la vida darán por las empresas de
Dios, las almas de Dios" (Santa Teresa).
LA FIEBRE DEL NUMERO
Si habláis de la obra, casi siempre escucharéis la
misma pregunta: ¿Cuántos? Pero el número no lo es todo, no es decisivo en
nada de verdad. En cuanto al número, oigamos a Cristo que dice a los doce:
“¿También vosotros queréis marcharos? Está dispuesto a quedarse solo. Una
sola ascua contiene energía para provocar un incendio gigantesco. Sin
meternos con el átomo. Justamente ayer, (10.11.99), el Presidente de la CONFER, Jesús María de Lecea, decía en la inauguración de la VI Asamblea General
de religiosos y religiosas españoles que “la vida religiosa se prevé
minoritaria pero lo importante no es la cantidad sino la calidad. Al ser
menos y con menos fuerza y poder, se nos abre el camino evangélico de
realizar un servicio desde abajo: “Si yo, que soy el Maestro y el Señor, os
he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros. Yo estoy
en medio de vosotros como el que sirve”. En realidad, ¿para que sirve un
ejército millonario de mediocres o cobardes?
Este es el ideal con que se empezó: vivir una vida
en una gran vibración sobrenatural…No tendrán clausura, ni hábitos,
ejercerían un trabajo corriente, en medio de los hombres, pero con un
espíritu cien por ciento evangélico. “Sin otra luz ni guía, sino la que en el
corazón ardía” (Noche oscura).
Un grano de trigo fue enterrado en el Calvario. La
espiga llena ya toda la tierra. De esa espiga somos un grano. Y la vida de la Trinidad que en ella
vive corre hoy por nuestras venas. “Es necesario que yo disminuya para que él
crezca” Es verdad que todo es muy poca cosa, pero ¿en el orden del amor se
puede decir que algo es poca cosa?
SUBIR
LA ORACION,
ACTIVIDAD PRINCIPAL DE LA OBRA
Para Teresita del Niño Jesús la oración es un
impulso, una sencilla mirada elevada al cielo, un grito de agradecimiento y
de amor en la prueba como en la alegría.
Para San Juan Damasceno es la elevación del alma a
Dios o la petición de bienes convenientes.
Para Donoso Cortés “si una hora de un solo día la
tierra no enviara al cielo una oración, esa sería la última hora del
universo.
Santa Teresita está más cerca de San Agustín para
quien la oración es una elevación de la mente o del corazón a Dios.
Sto. Tomás resume las dos definiciones: “levantar el
corazón a Dios y pedirle mercedes”. Esta definición da lugar a que los
teólogos radicales de la secularización, llamen a Dios el tapaagujeros
del hombre. Los teólogos cristianos para evitar esta acusación, han
potenciado más la vida teologal y han destacado que junto a la petición está
la alabanza, acción de gracias, adoración. Porque Dios es bastante grande
para que el hombre le inmole su ser y su tiempo en la oración.
Desde la humildad, que es la base de la oración, y
la disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el
hombre es un mendigo de Dios, dice San Agustín.
Cristo es el primero en buscarnos: “Si conocieras el
don de Dios” y el que nos pide de beber. La oración es el encuentro de la sed
de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed
(San Agustín). Nuestra oración es una respuesta a la queja de Dios vivo: “Tú
le habrías rogado a él y él te habría dado agua viva”. Me dejaron a mí,
manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas rotas” (Jeremías 2,13).
La oración es una relación de Alianza entre Dios y
el hombre en Cristo; es comunión con Cristo y con toda la Trinidad.
En el Antiguo Testamento, la creación ya es un
diálogo, y Dios le habla a Adán “¿Dónde estás? ¿Por qué lo has hecho? Y el
Hijo al entrar en el mundo, le dice al Padre: “Vengo a hacer, oh Dios, tu
voluntad”. La oración por tanto se encuadra entre la caída y la restauración del
hombre.
Abraham se pone en camino como se lo ha dicho el
Señor. Y Abraham, que es hombre de hechos más que de palabras, en cada etapa
levanta, como respuesta, un altar al Señor.
Moisés es el mediador y habla con Dios cara a cara.
También David es hombre de oración, y compone los Salmos. Y Elías, atrae la
sequía a Israel, y los profetas, no sólo hablan con Dios sino que también
escriben de Dios. Y los Salmos son la oración del pueblo, que pide, suplica,
da gracias, se queja, confía, ama, espera, y puede irse en paz con el Señor,
a quien se dirige e increpa.
Jesús oró incesantemente. El, que pasó su vida en
oración, comenzó también su Pasión orando en el huerto de Getsemaní (Lc
22,41). María comenzó a ejercer de Madre de la Iglesia, orando en el
cenáculo con los apóstoles (Hech). El evangelio de Marcos 9, refiere que el
padre de un joven endemoniado se dirigió a Jesús, después de que sus
discípulos habían fracasado y no habían podido lanzar al demonio:
"Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y donde le
coge le tira; echa espuma, rechina los dientes y se pone rígido. He pedido a
tus discípulos que lo alejen, pero no lo han conseguido". Cuando le
preguntaron a Jesús sus discípulos: "¿Por qué no hemos podido expulsarlo
nosotros? Jesús respondió: Esta especie sólo se puede expulsar con la oración
y el ayuno" (Mc 9,28). Habían fracasado los discípulos de Jesús, a
quienes él estaba formando para continuar su acción; los que mientras Jesús
oraba en Getsemaní, dormían (Lc 22, 45), y sólo el Espíritu Santo en
Pentecostés les enseñará a decidirse por la oración: "Nosotros nos
dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra" (Hch 6, 4). Y
San Pablo exhorta: «Orad sin interrupción» (1,14).
Como el agua para los árboles y las plantas, como
los alimentos para el cuerpo, como la sangre para el organismo, como los
cimientos para la casa, como el estómago para la digestión, y el oxígeno para
la vida, es la oración para la vida cristiana. En ella se aprenden verdades,
no teóricas, sino sapienciales. Al Niño Dios, lo vieron muchos, pero sólo fue
reconocido por Simeón y Ana, personas de oración, y como Hijo de Dios y
Mesías, sólo por San Pedro entre sus discípulos, porque no lo supo por los
sentidos corporales. Así como las manzanas no hay que rimarlas, sino
morderlas para saborearlas y el perfume de la rosa hay que aspirarlo y no
contentarse con saber de la rosa en la lectura de las Enciclopedias, a Dios
hay que saborearlo para saber a qué sabe (San Juan de Avila). Lacordaire, el gran orador de Notre
Dame de París, en la cresta de la ola de su fama de sabio, fue a ver y a
escuchar al Cura de Ars, que había sido ordenado por misericordia. Y
sentenció: Ha dicho con gran sencillez una idea, tras la cual voy yo muchos
años. Me ha enseñado a conocer al Espíritu Santo.
SUBIR
ORAR NO ES
ESTUDIAR. ORAR PARA ESTAR CON DIOS.
No se trata de orar para conseguir nueva claridad de
ideas, intuiciones, enfoques, sin someterse a la Palabra por encima de
los intereses personales. Ha dicho Juan Pablo II: “Se ha discutido mucho,…pero
se ha orado poco”. Y San Juan de la
Cruz: “Adviertan los que son muy activos que quisieran
ceñir el mundo con sus predicaciones, que harían más con una hora de oración,
aparte del buen ejemplo que darían. Lo contrario todo será dar martillazos o envanecerse”
(Cántico, 29). No hacemos oración para adquirir fuerza, que también, sino
para ofrecer nuestras fuerzas a Dios, aunque sea en la Noche.
En la vida cristiana, no podemos estar siempre
gastando energías. Necesitamos reposo, sosiego, paz: Y así como el agricultor
no pierde el tiempo cuando afila la guadaña, «si yo realizo el trabajo
difícil de orar, caerán todas las murallas» (Von Braum).
Pero este trabajo nos resulta el más molesto. Y
cuando comer, que restaura y recrea, cuesta más trabajo que el trabajo, mata
la anorexia. ¡Qué epidemia de anorexia se extiende
por el mundo, aun por el cristiano, que haría a Jeremías repetir: “los niños
pedían pan, y no había quien se lo repartiera” (4,4). Pero he aquí que
siempre se nos ocurren cosas que hacer cuando decidimos ir a orar. Porque la
dificultad no sólo nos viene de la naturaleza, sino del príncipe de este
mundo, que sabe que su reino lo tiene perdido si oramos.
“Marta, Marta, estás inquieta y nerviosa por tantas
cosas: una sola es necesaria". Ella quería darle un buen hospedaje a
Jesús. Honra al huésped y se olvida del Maestro. Quiere honrar a Jesús y
termina por reprenderle. Hay que hacer la síntesis. Cuando Marta, ansiosa,
tensa, agobiada y celosa, pidió a Jesús que reprendiera a Marta, consiguió ser
ella la amonestada: No reprendió su servicio, sino el modo de servir. ¿Por
qué estaba tensa? Quería hacer un buen papel delante de su huésped. Buscaba
más ganar prestigio de buena anfitriona, que acoger a la persona del Maestro.
Con amor de sí misma, se olvidó del amor al Señor. En vez de dedicarle a él
la atención y el afecto y el cariño, la mirada y el acatamiento, la dedicó a
los pucheros, y a las achicorias y a las manzanas, a los higos y dátiles y a
la carne que estaba cociendo, al mantel y a la colocación de los muebles y
esteras. No es que esto estuviera mal, pero es que lo otro era mejor, y es lo
que hizo María, que supo elegir la mejor parte, que no se la quitarán (Lc
10,38). ¿Acaso será el Señor, el único amo que no paga a sus trabajadores, cuando
es él quien manda hacerlo a los patronos?
SINTESIS
NECESARIA
La Iglesia tiene que hacer la síntesis de las dos posturas. No
excluir una en detrimento de la otra, sino integrar las dos. De la intensidad
de la atención al Señor brota la iniciativa del servicio y la permanencia en
él, aunque no sea gratificante. Porque sensiblemente casi siempre es menos
placentero atender a Dios, que parece que no nos dice nada aunque nos pasemos
la noche en oración, que dar de comer a un enfermo que nos corresponde con
una sonrisa, o limpiar a un subnormal, siempre sonriente. Y seguramente es
más apetecible organizar un club de muchachos agradables, que dedicar la
mitad del tiempo a estar sentado a los pies del Señor como María, o estar de
pie con los ojos fijos en él, como Abraham. Un esposo que trabaja toda la
semana y cuando llega por la noche cansado, apenas le dice cuatro palabras a
su esposa, y el viernes por la tarde le entrega el sobre abultado con el
salario ganado y cree que porque ha estado enfrascado en el trabajo para la
esposa ha cumplido con su deber de esposo, no se ha dado cuenta de que la
atención a la persona de su esposa y al diálogo con ella es más importante.
¿Pueden estar toda la semana mirándose a los ojos? No, hay que integrar las
dos actitudes. Primero, el corazón a la esposa y desde ahí, el trabajo con
mayor ilusión. "Cuando estás en casa te entretienes jugando con el
ordenador, y salimos de paseo con los niños, y te vas a ver a tu prima",
se quejaba dolida a su esposo una esposa con razón.
Santa Teresa decía que “entre los pucheros anda el
Señor”, pero si no se enciende por la mañana el motor de la calefacción,
estamos todo el día destemplados, pensando sólo en los pucheros. Para
encontrar al Señor entre los pucheros, hay que cultivar su amistad. De lo
contrario el Señor se va difuminando y quedando en la penumbra hasta
desaparecer del horizonte, y entonces aparece la tensión, se pierde la calma
y sólo cuenta el trabajo y "tantas cosas". Una Iglesia que centre
más su atención en el trabajo de Dios que en la persona de Cristo, ni ha
entendido el amor, ni ama de veras, y además, se agota en la esterilidad.
NO SE
PUEDE DEJAR LA ORACION
“¿Por qué han de dejar la oración? Por cierto, si no
es por pasar con más trabajo los trabajos de la vida, yo no lo puedo
entender, y por cerrar a Dios la puerta para que la oración les de contento.
Cierto, les tengo lástima, que a su costa sirven a Dios; porque a los que
hacen oración el mismo Señor les hace la costa, pues por un poco de trabajo
da gusto para que con él se pasen los trabajos” (Vida, 8,8). Pero cuando
comenzó a hacer oración, dice que estaba más atenta al reloj. Sacaba agua del
pozo con esfuerzo. Después vendrá la noria, y el río o arroyo y la lluvia con
descanso y gozo.
Por eso hay que cultivar y estimular la oración de la Iglesia, y en lugar
preeminente, la oración de los hombres de Dios, de los consagrados, las
consagradas, que son nuevos Moisés. Pero también de las familias. Hay que
fomentar la oración en familia, al comienzo del trabajo, antes y después de
comer. A veces se siente vergüenza de hacerlo, porque nos parece que eso
indica debilidad, y como menos hombría y, sobre todo, menos modernidad.
Parece que el hombre ha de crecer a costa de Dios. Como si el recurso a Dios
testificara la debilidad y minusvalía del hombre, cuando es lo contrario.
“Nunca es más grande el hombre que cuando está de rodillas” decía Donoso
Cortés. En la unión con Dios, que la oración establece, es el hombre el que
sale ganando, como quien se une a un sabio, o a un rico poderoso, que gozan
de sus riquezas y poder. De los primeros cristianos en Roma, decían los
paganos: "Son hombres que oran". Preguntaba ya Pablo VI,
angustiado:"¿Saben orar nuestros cristianos hoy?.
Hoy se apaga adrede la plegaria.”
ORAR NO ES
REZAR MECANICAMENTE, COMO EL MOLINILLO DE LOS BUDISTAS
No basta rezar, hay que rezar con fe, "si
tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: Vete de aquí
allá y se trasladaría; nada os sería imposible" (Mt 17,19). "Pero
cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" (Lc
18,1). Jesús veía lo difícil que es mantener esa fe viva, esa confianza en
Dios Padre que vela por nosotros, y por eso propuso la parábola de la viuda
que pedía justicia al juez injusto, para explicar a sus discípulos cómo
tenían que orar siempre sin desanimarse. La oración pues, está en función de
la fe. Orar para tener fe. Y tener fe para orar. Lo importante es la fe, que
respira por la oración. Si la fe no respira, se muere. La crisis de la
oración es consecuencia de la crisis de fe, y la falta de fe produce el
decaimiento en la oración. Sin fe, a quién orar, para qué orar.
Si creemos en la humanidad y en la divinidad
verdaderas de Jesús, el Salvador, que nos introduce en la fe, en el
conocimiento de Dios y de su adoración, hacemos nuestra oración confiada en
su nombre, y es escuchada por su reverencia. Y lo primero que conseguirá la
oración humilde y perseverante y tenaz, será nuestra conversión, y nuestra
entrega al amor, a la bondad, a la paz y a la justicia. Porque no dirigimos
nuestra oración a un Dios tapaagujeros, que
alimenta la teoría de la alienación, sino a un Padre que nos transforma en
hijos y que nos hace semejantes a El en su compromiso con el mundo y con los
hombres, y nos participa su misericordia, su amor, su dicha y su justicia. La
oración, al convertirnos, transforma el mundo de selvático en humano, y de
humano lo hace divino. Y así se comienza la mejora del mundo por donde debe
comenzar: por el cambio del corazón de la persona, que es lo que está más a
nuestro alcance, pero es lo más difícil, porque cambiar de costumbres es
morir. Y se prefiere más hacer planes y proyectos y pronunciar discursos y
escribir libros, que cambiar de vida porque compromete más. Si se comienza la
casa por el tejado, nunca habrá casa. Lo que Santa Teresa diría: "hacer
castillos en el aire".
Si Moisés baja radiante del Sinaí es porque había
permanecido con El (Ex 34,29). Si Agustín veía resplandecientes en la
catedral de Milán a los jóvenes salmodiando, es porque oraban. Y esto le
cuestionaba y se decía: “¿Lo que pueden éstos y éstas no lo podré yo?”
«No se puede ser cristiano sin oración" ha
escrito Urs Von Balthasar. Se nota pronto cuando una persona ora o no
ora. Cuando habla, cuando obra, porque al escucharle se experimenta frío, o
calor de alto voltaje. Predicar no es estar una hora hablando de Dios, sino
que venga a ti un demonio y salga hecho un ángel (San Juan de Avila).
La oración propicia la conversión diaria. Cuando San
Agustín, el del gran corazón e inquieto buscador de la verdad, conoció a Dios
en la oración, exclamó con belleza: ”¡Tarde te
conocí, hermosura tan antigua y tan nueva”. Pero llamaste, clamaste, y
quebrantaste mi sordera. Brillaste, alumbraste y acabaste con mi ceguera.
Exhalaste tu perfume y respiré y estoy anhelándote. Gusté y tengo hambre y
sed. Me tocaste y ardí, deseando tu paz”!. Es el
mismo clamor a Dios del salmista: “Muéstrame tu rostro”.
Santo Tomás escribe que la enseñanza y la
predicación brotan de la plenitud de la contemplación. He ahí el gran remedio
que necesita nuestro mundo: la oración. Ha escrito Trueman
Dicken: "El único remedio al que nuestro señor
mismo prometió coronar con el éxito..., no ha sido aplicado seriamente: el
remedio de la oración... La oración es la clave indispensable de la
situación" (El crisol del amor).
Si Santa Teresa pudo corresponder tan vigorosamente
a los deseos de Dios fue debido a la oración. Santa Teresa menciona tres
clases de oración: vocal, meditación y contemplación sobrenatural, llamada
hoy oración infusa. Bien es verdad que el pueblo sencillo conoce sólo la
vocal, y quiera Dios que conozcamos las otras dos los consagrados.
SUBIR
LA CRISIS DE LA ORACION
Han sido años difíciles, los pasados, para el tema
de la oración. Digo el hábito de la meditación por cuanto formaba parte del
horario de cada día, que no propiciaba mucho el hábito, al menos interior y
de profunda convicción. En realidad no sé había hecho una pastoral pedagógica
y eficaz de la oración, en todos los niveles. Fuera de una plática dedicada
al tema de la oración en los ejercicios espirituales anuales, ya no se
trataba más. Se consideraba tema sabido. Ocurría como en la ficha de la mili:
Valor: se le supone. Era asunto supuesto. Los jueves y los domingos, se oían
pláticas en las que se vertían ideas. Pero nada de ejercicio personal de
oración. Hablo en general; siempre, en todos los campos, hay alguna excepción
que confirma la regla. De todos modos opino que se tenía conciencia de que
había que hacer meditación. Quizá en los años cincuenta se mantiene, pero a
la baja, esta conciencia. Y ya en los sesenta se invierten los términos: en
vez de ir al sagrario, hay que ir al hermano, es mejor tomarse unas cervezas
en el bar con unos muchachos, que estar un rato de
rodillas ante el Señor. Y entonces comienza el rumor y la sospecha sobre la
oración: es una evasión, urge el compromiso, hay que actuar ya. Se retrasaron
un poco. En España siempre se retrasan los movimientos, sean del orden que
sean. Ese movimiento del «activismo» se había iniciado y desarrollado en los
Estados Unidos de América, a finales del siglo XIX. Lo descalificó León XIII
en una carta al Arzobispo de Baltimore, Testem benevolentiae del 22 de enero de 1899. El Papa en esa
carta condena el «activismo» y acuña un nombre para designarlo: el
«americanismo», y que posteriormente Pío XII convertiría en la «herejía de la
acción». Aún en el año 1945 publica un libro el cardenal Speellman,
Arzobispo de New-York,
con el significativo título de «Acción ahora mismo». Vemos que por aquellas
fechas España aún andaba bastante regular. En el año sesenta y dos comenzó el
Concilio y, lo que se esperaba una bocanada de aire fresco en la Iglesia que vivía con
las ventanas cerradas, se convirtió en un huracán, que se llevó tras de sí
aquellas conciencias, ya poco sólidas, de los años cuarenta. Se ridiculizó el
rezo de oraciones tan venerables y arraigadas como el Rosario, se
desmantelaron trisagios, adoraciones eucarísticas, triduos de cuarenta horas,
novenas, ejercicios del mes del rosario, de las almas y de mayo, todo en
nombre del Concilio, que no había dicho eso, sino todo lo contrario. Había
rutinas y polvo de siglos que sacudir y poner al día, pero, de ninguna
manera, extinguir. Al pueblo se le quitó lo que tenía sin darle ninguna sustitución.
Comenzaron a cerrarse los templos por la mañana y abrirlos sólo por la noche
para la misa vespertina, y se condenó a muerte la piedad popular. Ya Pablo VI
se lamentaba y decía: «Un célebre escritor de nuestro tiempo hace decir a uno
de sus personajes, un cultísimo e infeliz sacerdote: "Yo había creído
con demasiada facilidad que podemos dispensarnos de esta vigilancia del alma,
en una palabra, de esta inspección fuerte y sutil, a la que nuestros antiguos
maestros dan el bello nombre de oración"» (Bernanos,
L´impost).
El Espíritu Santo que vela por la Iglesia va a intervenir.
Ha escrito Oscar Cullman, teólogo protestante, que
cuando la Iglesia
deja la oración el Espíritu Santo la deja a ella. Quizá la expresión no es
muy acertada, pero es gráfica e indica una situación psicológica, más que
teológica, porque en realidad lo que hace el Espíritu Santo es corregir la
dirección y curar el desvío. Y lo hará allí mismo donde comenzó el error. El
americanismo, herejía de la acción y escape de la oración, comenzó en Estados
Unidos. En la película americana Siguiendo mi camino, protagonizada por Bing Crosby. Este encarna a un
sacerdote joven que llega a una parroquia americana, y que responde con una
sonrisa irónica a la pregunta del sacerdote mayor sobre si hace oración. Pues
allí, en Estados Unidos, entre los universitarios, nacerá la Renovación Carismática,
que es la revalorización de la oración. Entre los laicos. Es tan vital la
oración que, cuando las vocaciones de consagrados están pasando su invierno,
el Espíritu Santo hace germinar la primavera en el pueblo llano, para que
vengan a ser como los primeros cristianos, de quienes los paganos decían que
eran «hombres que oran, y hombres que aman”
LA CONTEMPLACION ES
TAREA DE TODOS LOS HOMBRES COMO TODAS LAS REALIDADES ELEMENTALES QUE ESTÁN EN
LA BASE DE
NUESTRO SER.
En la oración mental alimentamos las ideas, que son
necesarias para vivir con coherencia el evangelio. Hemos de esforzarnos por
razonar, juzgar actitudes, discernir y decidir. Es verdad que las ideas,
siendo motores como son, "mens agitat molem", a fuer de humanas, no tienen capacidad de hacer mucha
hacienda, en frase de san Juan de la Cruz. Por eso viene el Espíritu en nuestro
auxilio a orar al Padre con gemidos inefables, por medio de la oración contemplativa
infusa, por pura gracia cuando Él quiere. Y no sólo puede infundir esta
gracia a quienes hacen meditación, sino también a los que rezan vocalmente. Y
santa Teresa dice que el Maestro divino les está enseñando, sin ruido de
palabras, suspendiendo las potencias mientras rezan. Pero sabemos también que
el soplo de Dios puede llegar mientras se están realizando los trabajos
dispuestos por la obediencia. Basta recordar al beato Rafael, saltando de
júbilo de Dios en la cocina mientras está pelando nabos, a la misma santa
Teresa en éxtasis con la sartén en la mano y, más cerca de nosotros, a Carlo Carretto, que le gustaba
vestirse con ropas viejas para ir a la oración en el desierto para, cuando
llegara el gozo de Dios, poder revolcarse en la arena. Santa Teresa escribe
que con la oración le vino todo, porque antes "no entendía como lo había
de entender, en qué consiste el amor verdadero a Dios". Pero tuvo que
cambiar: Cuando aún no era monja, pensaba antes de dormirse en la oración del
Huerto. Después en el convento tuvo que aprender un método complicado, que
fue la causa de su enfermedad. Tenía que atenerse a puntos meticulosamente
escogidos por días. Como tenía que dejar todo lo que hacía en el mundo, dejó
también su forma de orar. Su oración era vida y ahora empezó a ser un
ejercicio. El ejercicio produce especialistas y técnicos. Su oración era vida
y pasó a ser tormento. Después la definirá que es tratar de amistad co |