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Génesis
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Génesis
GÉNESIS
es una palabra griega, que significa "origen". El primer libro de la Biblia lleva ese nombre, porque
trata de los orígenes del universo, del hombre y del Pueblo de Dios.
El libro del Génesis
se divide en dos grandes partes. La primera es denominada habitualmente
"Historia primitiva", porque presenta un amplio panorama de la
historia humana, desde la creación del mundo hasta Abraham (caps. 1-11). La
segunda narra los orígenes más remotos del pueblo de Israel: es la historia
de Abraham, Isaac y Jacob, los grandes antepasados de las tribus hebreas. Al
final de esta segunda parte, adquiere particular relieve la figura de José,
uno de los hijos de Jacob, ya que gracias a él su padre y sus hermanos
pudieron establecerse en Egipto. La historia de los Patriarcas se cierra con
el anuncio del retorno de los israelitas a la Tierra prometida, cuyo
cumplimiento comienza a relatarse en el libro del Éxodo.
Estas dos partes
presentan notables diferencias en cuanto a la forma literaria y al contenido,
pero están íntimamente relacionadas. El Génesis se remonta primero a los
orígenes del mundo y de la humanidad. Luego, mediante una serie de
genealogías cada vez más restringidas, establece una sucesión ininterrumpida
entre Adán, el padre de la humanidad pecadora, y Abraham, el padre del Pueblo
elegido. Este vínculo genealógico pone bien de relieve que la elección de Abraham
no fue un simple hecho al margen de la historia humana. La elección divina no
era un privilegio reservado para siempre a una sola persona o a una sola
nación. Si Dios manifestó su predilección por Abraham y por la descendencia
nacida de él, fue para realizar un designio de salvación que abarca a todos
los pueblos de la tierra.
En la redacción
final del libro del Génesis, se emplearon elementos de las tradiciones
"yahvista", "elohísta" y "sacerdotal". Esta
última fuente tiene una importancia especial en el conjunto de la obra,
debido a que constituye la base literaria en la que se insertaron las otras
tradiciones.
Los primeros
capítulos del Génesis ofrecen una dificultad muy particular para el hombre de
hoy. En ellos se afirma, por ejemplo, que Dios creó el universo en el
transcurso de una semana, que modeló al hombre con barro y que de una de sus
costillas formó a la mujer. ¿Cómo conciliar estas afirmaciones con la visión
del universo que nos da la ciencia? La dificultad se aclara si tenemos en
cuenta que el libro del Génesis no pretende explicar
"científicamente" el origen del universo ni la aparición del hombre
sobre la tierra. Con las expresiones literarias y los símbolos propios de la
época en que fueron escritos, esos textos bíblicos nos invitan a reconocer a
Dios como el único Creador y Señor de todas las cosas. Este reconocimiento
nos hace ver el mundo, no como el resultado de una ciega fatalidad, sino como
el ámbito creado por Dios para realizar en él su Alianza de amor con los
hombres. La consumación de esa Alianza serán el "cielo nuevo"
y la "tierra nueva" (Is. 65. 17; Apoc. 21. 1) inaugurados
por la Resurrección
de Cristo, que es el principio de una nueva creación.
LOS ORÍGENES DEL UNIVERSO Y DE LA HUMANIDAD
La fe de Israel en
el Dios creador encontró su máxima expresión literaria en el gran poema de la
creación, que ahora figura al comienzo de la Biblia. Una verdad
se perfila a lo largo de todo este relato: el universo, con todas las
maravillas y misterios que encierra, ha sido creado por el único Dios y es la
manifestación de su sabiduría, de su amor y su poder. Por eso, cada una de
las cosas creadas es "buena" y el conjunto de ellas es "muy
bueno". En ese universo, al hombre le corresponde un lugar de
privilegio, ya que Dios lo creó "a su imagen" y lo llamó a
completar la obra de la creación.
Pero el relato del
origen del universo sirve de prólogo a lo que constituye el principal centro
de interés de los once primeros capítulos del Génesis, a saber, el drama de
la condición humana en el mundo. Los diversos personajes que se van
sucediendo –Adán y Eva, Caín y sus descendientes, los pueblos que intentan
edificar la torre de Babel– representan arquetípicamente a la humanidad
entera que pretende ocupar el puesto de Dios, constituyéndose así en norma última
de su propia conducta. Esta pretensión, en lugar de convertir al hombre en
dueño de su destino, hizo entrar en el mundo el sufrimiento y la muerte,
rompió los lazos fraternales entre los hombres y provocó la dispersión de los
pueblos. En el marco de esta historia, Dios va a realizar su designio de
salvación.
Para describir este
drama, los autores inspirados no recurrieron a formulaciones abstractas. Lo
hicieron por medio de una serie de relatos convenientemente ordenados, de
hondo contenido simbólico, que llevan la impronta del tiempo y de la cultura
en que fueron escritos. Por eso, al leer estos textos, es imprescindible
distinguir entre la verdad revelada por Dios, que mantiene su valor y
actualidad permanentes, y su expresión literaria concreta, que refleja el
fondo cultural común a todos los pueblos del Antiguo Oriente.
LA
CREACIÓN DEL MUNDO Y LA
CAÍDA DEL HOMBRE
1
1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2 La tierra era algo informe y
vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se aleteaba sobre
las aguas.
3 Entonces Dios
dijo: "Que exista la luz". Y la luz existió. 4 Dios vio que la luz
era buena, y separó la luz de las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a
las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.
6 Dios dijo:
"Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una
separación entre ellas". Y así sucedió. 7 Dios hizo el firmamento, y
este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él;
8 y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue
el segundo día.
9 Dios dijo:
"Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que
aparezca el suelo firme". Y así sucedió. 10 Dios llamó Tierra al suelo
firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno.11
Entonces dijo: "Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den
semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma
especie con su semilla adentro". Y así sucedió. 12 La tierra hizo brotar
vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de
su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno.13 Así
hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.
14 Dios dijo: "Que
haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche;
que ellos señalen las fiestas, los días y los años, 15 y que estén como
lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra". Y así
sucedió. 16 Dios hizo los dos grandes astros –el astro mayor para presidir el
día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. 17 Y los
puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, 18 para presidir el
día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto
era bueno. 19 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.
20 Dios dijo:
"Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen
pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo". 21 Dios creó los
grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan
las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y
Dios vio que esto era bueno. 22 Entonces los bendijo, diciendo: "Sean
fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se
multipliquen sobre la tierra". 23 Así hubo una tarde y una mañana: este
fue el quinto día.
24 Dios dijo:
"Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles
y animales salvajes de toda especie". Y así sucedió. 25 Dios hizo las
diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos
los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era
bueno.
26 Dios dijo:
"Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le
estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras
de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo".
27 Y Dios creó al
hombre a su imagen;
lo creó a imagen de
Dios,
los creó varón y
mujer.
28 Y los bendijo,
diciéndoles: "Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y
sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los
vivientes que se mueven sobre la tierra". 29 Y continuó diciendo:
"Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y
todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento.
30 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos
los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto
verde". Y así sucedió. 31 Dios miró todo lo que había hecho, y vio que
era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.
2
1 Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en
ellos.
2 El séptimo día,
Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había
emprendido. 3 Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de
hacer la obra que había creado.
4 Este fue el origen
del cielo y de la tierra cuando fueron creados.
La creación del hombre y la mujer
Cuando el Señor Dios
hizo la tierra y el cielo, 5 aún no había ningún arbusto del campo sobre la
tierra ni había brotado ninguna hierba, porque el Señor Dios no había hecho
llover sobre la tierra. Tampoco había ningún hombre para cultivar el suelo, 6
pero un manantial surgía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo.
7 Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su
nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.
8 El Señor Dios
plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había
formado. 9 Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que
eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol
de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del
mal.
10 De Edén nace un
río que riega el jardín, y desde allí se divide en cuatro brazos. 11 El
primero se llama Pisón: es el que recorre toda la región de Javilá, donde hay
oro. 12 El oro de esa región es excelente, y en ella hay también bedelio y
lapislázuli. 13 El segundo río se llama Guijón: es el que recorre toda la
tierra de Cus. 14 El tercero se llama Tigris: es el que pasa al este de Asur.
El cuarto es el Éufrates.
15 El Señor Dios
tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo
cuidara. 16 Y le dio esta orden: "Puedes comer de todos los árboles que
hay en el jardín, 17 exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del
bien y del mal. De él no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás
sujeto a la muerte".
18 Después dijo el
Señor Dios: "No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una
ayuda adecuada". 19 Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo
a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los
presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente
debía tener el nombre que le pusiera el hombre. 20 El hombre puso un nombre a
todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los
animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.
21 Entonces el Señor
Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió,
tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. 22 Luego, con la
costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la
presentó al hombre. 23 El hombre exclamó:
"¡Esta sí que
es hueso de mis huesos
y carne de mi carne!
Se llamará Mujer,
porque ha sido
sacada del hombre".
24 Por eso el hombre
deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una
sola carne.
25 Los dos, el
hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.
La tentación y el pecado del hombre
3
1 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor
Dios había hecho, y dijo a la mujer: "¿Así que Dios les ordenó que no
comieran de ningún árbol del jardín?". 2 La mujer le respondió:
"Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. 3 Pero
respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ‘No coman
de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la
muerte’". 4 La serpiente dijo a la mujer: "No, no morirán. 5 Dios
sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos
y serán como dioses, conocedores del bien y del mal". 6 Cuando la mujer
vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable
para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su
marido, que estaba con ella, y él también comió. 7 Entonces se abrieron los
ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos
taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.
8 Al oír la voz del
Señor Dios que se paseaba por el jardín, a la hora en que sopla la brisa, se
ocultaron de él, entre los árboles del jardín. 9 Pero el Señor Dios llamó al
hombre y le dijo: "¿Dónde estás?". 10 "Oí tus pasos por el
jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me
escondí". 11 Él replicó: "¿Y quién te dijo que estabas desnudo?
¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?". 12 El hombre respondió:
"La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él".
13 El Señor Dios dijo a la mujer: "¿Cómo hiciste semejante cosa?".
La mujer respondió: "La serpiente me sedujo y comí".
La maldición de la serpiente
14 Y el Señor Dios
dijo a la serpiente:
"Por haber
hecho esto,
maldita seas entre
todos los animales domésticos
y entre todos los
animales del campo.
Te arrastrarás sobre
tu vientre,
y comerás polvo
todos los días de tu vida.
15 Pondré enemistad
entre ti y la mujer,
entre tu linaje y el
suyo.
Él te aplastará la
cabeza
y tú le acecharás el
talón".
El castigo de la mujer
16 Y el Señor Dios
dijo a la mujer:
"Multiplicaré
los sufrimientos de tus embarazos;
darás a luz a tus
hijos con dolor.
Sentirás atracción
por tu marido,
y él te
dominará".
El castigo del hombre
17 Y dijo al hombre:
"Porque hiciste
caso a tu mujery comiste del árbol que yo te prohibí,maldito sea el suelo por
tu culpa.Con fatiga sacarás de él tu alimentotodos los días de tu vida.18 Él
te producirá cardos y espinasy comerás la hierba del campo.19 Ganarás el pan
con el sudor de tu frente,hasta que vuelvas a la tierra,de donde fuiste
sacado.¡Porque eres polvoy al polvo volverás!".
20 El hombre dio a
su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes. 21
El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de pieles y los
vistió.
22 Después el Señor
Dios dijo: "El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el
conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que ahora extienda su mano,
tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre". 23
Entonces expulsó al hombre del jardín de Edén, para que trabajara la tierra
de la que había sido sacado. 24 Y después de expulsar al hombre, puso al oriente
del jardín de Edén a los querubines y la llama de la espada zigzagueante,
para custodiar el acceso al árbol de la vida.
DESDE ADÁN HASTA EL DILUVIO
Caín y Abel
4
1 El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín.
Entonces dijo: "He procreado un varón, con la ayuda del Señor". 2
Más tarde dio a luz a Abel, el hermano de Caín, Abel fue pastor de ovejas y
Caín agricultor. 3 Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor
algunos frutos del suelo, 4 mientras que Abel le ofreció las primicias y lo
mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, 5 pero no
miró a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza. 6
El Señor le dijo: "¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? 7 Si
obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado
a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo".
8 Caín dijo a su
hermano Abel: "Vamos afuera". Y cuando estuvieron en el campo, se
abalanzó sobre su hermano y lo mató. 9 Entonces el Señor preguntó a Caín:
"¿Dónde está tu hermano Abel?". "No lo sé", respondió
Caín. "¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?". 10 Pero el Señor
le replicó: "¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita
hacia mí desde el suelo. 11 Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió
sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti. 12 Cuando
lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y
vagabundo". 13 Caín respondió al Señor: "Mi castigo es demasiado
grande para poder sobrellevarlo. 14 Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo
tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y
vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará". 15 "Si es
así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces". Y
el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se
atreviera a matarlo. 16 Luego Caín se alejó de la presencia del Señor y fue a
vivir a la región de Nod, al este de Edén.
Los descendientes de Caín
17 Caín se unió a su
mujer, y ella concibió y dio a luz a Henoc. Caín fue el fundador de una
ciudad, a la que puso el nombre de su hijo Henoc. 18 A Henoc le nació Irad.
Irad fue padre de Mejuiael; Mejuiael fue padre de Metusael, y Metusael fue
padre de Lamec.
19 Lamec tuvo dos
mujeres: una se llamaba Adá, y la otra, Silá. 20 Adá fue madre de Iabal, el
antepasado de los que viven en campamentos y crían ganado. 21 El nombre de su
hermano era Iubal, el antepasado de los que tocan la lira y la flauta. 22
Silá, por su parte, fue madre de Tubal Caín, el antepasado de los forjadores
de bronce y de los herreros. Naamá fue hermana de Tubal Caín.
El canto de Lamec
23 Lamec dijo a sus
mujeres:
"¡Adá y Silá,
escuchen mi voz:
mujeres de Lamec,
oigan mi palabra!
Yo maté a un hombre
por una herida,
y a un muchacho por
una contusión.
24 Porque Caín será
vengado siete veces,
pero Lamec lo será
setenta y siete".
Set y su descendencia
25 Adán se unió a su
mujer, y ella tuvo un hijo, al que puso el nombre de Set, diciendo: "Dios
me dio otro descendiente en lugar de Abel, porque Caín lo mató". 26
También Set tuvo un hijo, al que llamó Enós. Fue entonces cuando se comenzó a
invocar el nombre del Señor.
Los patriarcas anteriores al Diluvio
5
1 La lista de los descendientes de Adán es la siguiente:
Cuando Dios creó al
hombre, lo hizo semejante a él. 2 Y al crearlos, los hizo varón y mujer, los
bendijo y los llamó Hombre.
3 Adán tenía ciento
treinta años cuando engendró un hijo semejante a él, según su imagen, y le
puso el nombre de Set. 4 Después que nació Set, Adán vivió ochocientos años y
tuvo hijos e hijas. 5 Adán vivió en total novecientos treinta años, y al cabo
de ellos murió.
6 Set tenía ciento
cinco años cuando fue padre de Enós. 7 Después que nació Enós, Set vivió
ochocientos siete años y tuvo hijos e hijas. 8 Set vivió en total novecientos
doce años, y al cabo de ellos murió.
9 Enós tenía noventa
años cuando fue padre de Quenán. 10 Después que nació Quenán, Enós vivió
ochocientos quince años y tuvo hijos e hijas. 11 Enós vivió en total
novecientos cinco años, y al cabo de ellos murió.
12 Quenán tenía
setenta años cuando fue padre de Mahalalel. 13 Después que nació Mahalalel,
Quenán vivió ochocientos cuarenta años y tuvo hijos e hijas. 14 Quenán vivió
en total novecientos diez años y al cabo de ellos murió.
15 Mahalalel tenía
setenta y cinco años cuando fue padre de Iéred. 16 Después que nació Iéred,
Mahalalel vivió ochocientos treinta años y tuvo hijos e hijas. 17 Mahalalel
vivió en total ochocientos noventa y cinco años, y al cabo de ellos murió.
18 Iéred tenía
ciento sesenta y dos años cuando fue padre de Henoc. 19 Después que nació
Henoc, Iéred vivió ochocientos años y tuvo hijos e hijas. 20 Iéred vivió en
total novecientos sesenta y dos años, y al cabo de ellos murió.
21 Henoc tenía
sesenta y cinco años cuando fue padre de Matusalén. 22 Henoc siguió los
caminos de Dios. Después que nació Matusalén, Henoc vivió trescientos años y
tuvo hijos e hijas. 23 Henoc vivió en total trescientos sesenta y cinco años.
24 Siguió siempre los caminos de Dios, y luego desapareció porque Dios se lo
llevó.
25 Matusalén tenía
ciento ochenta y siete años cuando fue padre de Lamec. 26 Después que nació
Lamec, Matusalén vivió setecientos ochenta y dos años y tuvo hijos e hijas.
27 Matusalén vivió en total novecientos sesenta y nueve años, y al cabo de
ellos murió.
28 Lamec tenía
ciento ochenta y dos años cuando fue padre de un hijo, 29 al que llamó Noé,
diciendo: "Este nos dará un alivio en nuestro trabajo y en la fatiga de
nuestras manos, un alivio proveniente del suelo que maldijo el Señor".
30 Después que nació Noé, Lamec vivió quinientos noventa y cinco años y tuvo
hijos e hijas. 31 Lamec vivió en total setecientos setenta y siete años, y al
cabo de ellos murió.
32 Noé tenía
quinientos años cuando fue padre de Sem, Cam y Jafet.
Los hijos de Diosy las hijas de los hombres
6
1 Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la tierra y les
nacieron hijas, 2 los hijos de Dios vieron que estas eran hermosas, y tomaron
como mujeres a todas las que quisieron. 3 Entonces el Señor dijo: "Mi
espíritu no va a permanecer activo para siempre en el hombre, porque este no
es más que carne; por eso no vivirá más de ciento veinte años". 4 En
aquellos días –y aún después– cuando los hijos de Dios se unieron con las
hijas de los hombres y ellas tuvieron hijos, había en la tierra gigantes:
estos fueron los héroes famosos de la antigüedad.
La corrupción de la humanidad
5 Cuando el Señor vio
qué grande era la maldad del hombre en la tierra y cómo todos los designios
que forjaba su mente tendían constantemente al mal, 6 se arrepintió de haber
hecho al hombre sobre la tierra, y sintió pesar en su corazón. 7 Por eso el
Señor dijo: "Voy a eliminar de la superficie del suelo a los hombres que
he creado –y junto con ellos a las bestias, los reptiles y los pájaros del
cielo– porque me arrepiento de haberlos hecho". 8 Pero Noé fue agradable
a los ojos del Señor.
El anuncio del Diluvio y la orden de construir el arca
9 Esta es la
historia de Noé.
Noé era un hombre
justo, irreprochable entre sus contemporáneos, y siguió siempre los caminos
de Dios. 10 Tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. 11 Pero la tierra estaba
pervertida a los ojos de Dios y se había llenado de violencia. 12 Al ver que
la tierra se había pervertido, porque todos los hombres tenían una conducta
depravada, 13 Dios dijo a Noé: "He decidido acabar con todos los
mortales, porque la tierra se ha llenado de violencia a causa de ellos. Por
eso los voy a destruir junto con la tierra. 14 Constrúyete un arca de madera
resinosa, divídela en compartimentos, y recúbrela con betún por dentro y por
fuera. 15 Deberás hacerla así: el arca tendrá ciento cincuenta metros de
largo, treinta de ancho y quince de alto. 16 También le harás un tragaluz y
lo terminarás a medio metro de la parte superior. Pondrás la puerta al
costado del arca y harás un primero, un segundo y un tercer piso. 17 Yo voy a
enviar a la tierra las aguas del Diluvio, para destruir completamente a todos
los seres que tienen un aliento de vida: todo lo que hay en la tierra
perecerá. 18 Pero contigo estableceré mi alianza: tú entrarás en el arca con
tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. 19 También harás entrar en el
arca una pareja de cada especie de seres vivientes, de todo lo que es carne,
para que sobrevivan contigo; deberán ser un macho y una hembra. 20 Irá
contigo una pareja de cada especie de pájaros, de ganado y de reptiles, para
que puedan sobrevivir. 21 Además, recoge víveres de toda clase y almacénalos,
para que te sirvan de alimento, a ti y a ellos". 22 Así lo hizo Noé,
cumpliendo exactamente todo lo que Dios le había mandado.
La entrada de Noé en el arca
7
1 Entonces el Señor dijo a Noé: "Entra en el arca, junto con toda tu
familia, porque he visto que eres el único verdaderamente justo en medio de
esta generación. 2 Lleva siete parejas de todas las especies de animales
puros y una pareja de los impuros, los machos con sus hembras 3 –también
siete parejas de todas las clases de pájaros– para perpetuar sus especies
sobre la tierra. 4 Porque dentro de siete días haré llover durante cuarenta
días y cuarenta noches, y eliminaré de la superficie de la tierra a todos los
seres que hice". 5 Y Noé cumplió la orden que Dios le dio.
El comienzo del Diluvio
6 Cuando las aguas
del Diluvio se precipitaron sobre la tierra, Noé tenía seiscientos años. 7
Entonces entró en el arca con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos,
para salvarse de las aguas del Diluvio. 8 Y los animales puros, los impuros,
los pájaros y todos los seres que se arrastran por el suelo, 9 entraron por
parejas con él en el arca, como Dios se los había mandado. 10 A los siete días, las
aguas del Diluvio cayeron sobre la tierra. 11 Noé tenía seiscientos años, y
era el decimoséptimo día del segundo mes. Ese día,
desbordaron las
fuentes del gran océano
y se abrieron las
cataratas del cielo.
12 Y una fuerte
lluvia cayó sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches. 13 Ese
mismo día, habían entrado en el arca Noé, sus hijos, Sem, Cam y Jafet, su
mujer y las tres mujeres de sus hijos; 14 y junto con ellos, los animales de
todas las especies: las fieras, el ganado, los reptiles, los pájaros y todos
los demás animales con alas. 15 Todas las clases de seres que están animados
por un aliento de vida entraron con Noé en el arca; y lo hicieron por
parejas, 16 machos y hembras, como Dios se lo había ordenado. Entonces el
Señor cerró el arca detrás de Noé.
La inundación
17 El Diluvio se
precipitó sobre la tierra durante cuarenta días. A medida que las aguas iban
creciendo, llevaban el arca hacia arriba, y esta se elevó por encima de la
tierra. 18 Las aguas subían de nivel y crecían desmesuradamente sobre la
tierra, mientras el arca flotaba en la superficie. 19 Así continuaron
subiendo cada vez más, hasta que en todas partes quedaron sumergidas las
montañas, incluso las más elevadas. 20 El nivel de las aguas subió más de
siete metros por encima de las montañas. 21 Entonces perecieron todos los
seres que se movían sobre la tierra: los pájaros, el ganado, las fieras,
todos los animales que se arrastran por el suelo, y también los hombres. 22
Murió todo lo que tenía un aliento de vida en sus narices, todo lo que estaba
sobre el suelo firme. 23 Así fueron eliminados todos los seres que había en
la tierra, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y los pájaros del
cielo. Sólo quedó Noé y los que estaban con él en el arca. 24 Y las aguas
inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días.
La terminación del Diluvio
8
1 Entonces Dios se acordó de Noé y de todos los animales salvajes y
domésticos que estaban con él en el arca. Hizo soplar un viento sobre la
tierra, y las aguas empezaron a bajar. 2 Se cerraron las fuentes del océano y
las compuertas del cielo, y cesó la fuerte lluvia que caía del cielo. 3 Poco
a poco las aguas se fueron retirando de la tierra; y al cabo de ciento
cincuenta días ya habían disminuido tanto, 4 que el decimoséptimo día del
séptimo mes, el arca se detuvo sobre las montañas de Ararat. 5 Así continuaron
disminuyendo paulatinamente hasta el décimo mes; y el primer día del décimo
mes aparecieron las cimas de las montañas.
6 Al cabo de
cuarenta días, Noé abrió la ventana que había hecho en el arca, 7 y soltó un
cuervo, el cual revoloteó, yendo y viniendo hasta que la tierra estuvo seca.
8 Después soltó una paloma, para ver si las aguas ya habían bajado. 9 Pero la
paloma no pudo encontrar un lugar donde apoyarse, y regresó al arca porque el
agua aún cubría toda la tierra. Noé extendió su mano, la tomó y la introdujo
con él en el arca. 10 Luego esperó siete días más, y volvió a soltar la
paloma fuera del arca. 11 Esta regresó al atardecer, trayendo en su pico una
rama verde de olivo. Así supo Noé que las aguas habían terminado de bajar. 12
Esperó otros siete días y la soltó nuevamente. Pero esta vez la paloma no
volvió.
13 La tierra comenzó
a secarse en el año seiscientos uno de la vida de Noé, el primer día del mes.
Noé retiró el techo del arca, y vio que la tierra se estaba secando. 14 Y el
vigesimoséptimo día del mes, la tierra ya estaba seca.
La salida del arca
15 Entonces Dios
dijo a Noé: 16 "Sal del arca con tu mujer, tus hijos y las mujeres de
tus hijos. 17 Saca también a todos los seres vivientes que están contigo
–aves, ganado o cualquier clase de animales que se arrastran por el suelo– y
que ellos llenen la tierra, sean fecundos y se multipliquen". 18 Noé
salió acompañado de sus hijos, de su mujer y de las mujeres de sus hijos. 19
Todo lo que se mueve por el suelo: todas las bestias, todos los reptiles y
todos los pájaros salieron del arca, un grupo detrás de otro.
El sacrificio de Noé
20 Luego Noé levantó
un altar al Señor, y tomando animales puros y pájaros puros de todas clases,
ofreció holocaustos sobre el altar. 21 Cuando el Señor aspiró el aroma
agradable, se dijo a sí mismo: "Nunca más volveré a maldecir el suelo
por causa del hombre, porque los designios del corazón humano son malos desde
su juventud; ni tampoco volveré a castigar a todos los seres vivientes, como
acabo de hacerlo. 22 De ahora en adelante, mientras dure la tierra, no
cesarán
la siembra y la
cosecha,
el frío y el calor,
el verano y el
invierno,
el día y la
noche".
La bendición de Dios a Noé
9
1 Entonces Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles: "Sean fecundos,
multiplíquense y llenen la tierra. 2 Ante ustedes sentirán temor todos los
animales de la tierra y todos los pájaros del cielo, todo lo que se mueve por
el suelo, y todos los peces del mar: ellos han sido puestos en manos de
ustedes. 3 Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento; yo les
doy todo eso como antes les di los vegetales. 4 Sólo se abstendrán de comer
la carne con su vida, es decir, con su sangre. 5 Y yo pediré cuenta de la
sangre de cada uno de ustedes: pediré cuenta de ella a todos los animales, y
también pediré cuenta al hombre de la vida de su prójimo.
6 Otro hombre
derramará la sangre
de aquel que derrame
sangre humana,
porque el hombre ha
sido creado a imagen de Dios.
7 Ustedes, por su
parte, sean fecundosy multiplíquense,
llenen la tierra y
domínenla".
La alianza de Dios con todos los seres vivientes
8 Y Dios siguió
diciendo a Noé y a sus hijos: 9 "Además, yo establezco mi alianza con
ustedes, con sus descendientes, 10 y con todos los seres vivientes que están
con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los
animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes
que hay en la tierra. 11 Yo estableceré mi alianza con ustedes: los mortales
ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro
Diluvio para devastar la tierra".
El arco iris, signo de la alianza
12 Dios añadió:
"Este será el signo de la alianza que establezco con ustedes, y con
todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros:
13 yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi alianza con la tierra.
14 Cuando cubra de nubes la tierra y aparezca mi arco entre ellas, 15 me
acordaré de mi alianza con ustedes y con todos los seres vivientes, y no
volverán a precipitarse las aguas del Diluvio para destruir a los mortales.
16 Al aparecer mi arco en las nubes, yo lo veré y me acordaré de mi alianza
eterna con todos los seres vivientes que hay sobre la tierra. 17 Este, dijo
Dios a Noé, es el signo de la alianza que establecí con todos los
mortales".
DESDE NOÉ HASTA ABRAHAM
Los hijos de Noé
18 Los hijos de Noé
que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán. 19 A partir de estos tres
hijos de Noé, se pobló toda la tierra.
20 Noé se dedicó a
la agricultura y fue el primero que plantó una viña. 21 Pero cuando bebió
vino, se embriagó y quedó tendido en medio de su carpa, completamente
desnudo. 22 Cam, el padre de Canaán, al ver a su padre desnudo, fue a
contárselo a sus hermanos, que estaban afuera. 23 Entonces Sem y Jafet
tomaron un manto, se lo pusieron los dos sobre la espalda y, caminando hacia
atrás, cubrieron la desnudez de su padre. Como sus rostros miraban en sentido
contrario, no vieron a su padre desnudo.
24 Cuando Noé
despertó de su embriaguez y se enteró de lo que había hecho su hijo menor, 25
dijo:
"¡Maldito sea
Canaán!
Él será para sus
hermanos
el último de los
esclavos".
26 Y agregó:
"Bendito sea el
Señor, Dios de Sem,
y que Canaán sea su
esclavo.
27 Que Dios abra
camino a Jafet,
para que habite
entre los campamentosde Sem;
y que Canaán sea su
esclavo".
28 Después del
Diluvio, Noé vivió trescientos cincuenta años, 29 y en total, vivió
novecientos cincuenta años. Al cabo de ellos, murió.
El catálogo de las naciones
10
1 Los descendientes de los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet –que tuvieron
hijos después del Diluvio– fueron los siguientes:
2 Los hijos de Jafet
fueron Gómer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mésec y Tirás. 3 Los hijos de Gómer
fueron Asquenaz, Rifat y Togarmá. 4 Los hijos de Javán fueron Elisá, Tarsis,
los Quitím y los Rodaním. 5 Estos fueron los hijos de Jafet, y a partir de
ellos, se expandieron las naciones marítimas por sus respectivos territorios,
cada una con su lengua, sus clanes y sus nacionalidades.
6 Los hijos de Cam
fueron Cus, Misraim, Put y Canaán. 7 Los hijos de Cus fueron Sebá, Javilá,
Sabtá, Ramá y Sabtecá. Los hijos de Ramá fueron Sebá y Dedán.
8 Cus fue padre de
Nemrod, que llegó a ser el primer guerrero sobre la tierra. 9 Él fue un
valiente cazador delante del Señor. Por eso se dice: "Valiente cazador
delante del Señor como Nemrod". 10 Babilonia, Erec y Acad –todas ellas
están en la región de Senaar– fueron el núcleo inicial de su reino. 11 De esa
región salió para Asur, y edificó Nínive, con sus plazas urbanas, Calaj, 12 y
Resen, entre Nínive y Calaj. Está última era la capital.
13 Misraim fue padre
de los pobladores de Lud, Anám, Lehab, Naftuj, 14 Patrós y Casluj, y también
de los pobladores de Caftor, de donde salieron los filisteos.
15 Canaán fue padre
de Sidón, su primogénito, y de Het; 16 también de los jebuseos, de los
amorreos, de los guirgasitas, 17 de los jivitas, de los arqueos, de los
sineos, 18 de los arvaditas, de los semaritas y de los jamateos. Más tarde se
expandieron los clanes de los cananeos, 19 y sus fronteras llegaron desde
Sidón hasta Gaza por el camino de Guerar; y hasta Lesa, yendo hacia Sodoma,
Gomorra, Admá y Seboím. 20 Estos fueron los hijos de Cam, según sus clanes y
sus lenguas, con sus respectivos territorios y nacionalidades.
21 También le
nacieron hijos a Sem, el padre de todos los hijos de Eber y el hermano mayor
de Jafet. 22 Los hijos de Sem fueron Elám, Asur, Arpaxad, Lud y Arám. 23 Los
hijos de Arám fueron Us, Jul, Guéter y Mas.
24 Arpaxad fue padre
de Sélaj y este fue padre de Eber. 25 Eber tuvo dos hijos: el nombre del
primero era Péleg, porque en su tiempo se dividió la tierra. Su hermano se
llamaba Ioctán. 26 Ioctán fue padre de Almodad, Sélef, Jasarmávet, Iéraj, 27
Hadorám, Uzal, Diclá, 28 Obal, Abimael, Sebá, 29 Ofir, Javilá y Iobab. Todos
estos fueron hijos de Ioctán. 30 Los lugares donde residieron se extendían
desde Mesa, en dirección a Sefar, hasta la montaña de Oriente. 31Estos fueron
los hijos de Sem, según sus clanes y sus lenguas, con sus respectivos
territorios y nacionalidades.
32 Estos fueron los
clanes de los hijos de Noé, según sus orígenes y nacionalidades. A partir de
ellos, las naciones se expandieron sobre la tierra después del Diluvio.
La torre de Babel
11
1 Todo el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras. 2 Y
cuando los hombres emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la
región de Senaar y se establecieron allí. 3 Entonces se dijeron unos a otros:
"¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámolos a cocer al fuego". Y
usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les sirvió de mezcla. 4
Después dijeron: "Edifiquemos una ciudad, y también una torre cuya
cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos
por toda la tierra".
5 Pero el Señor bajó
a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, 6 y dijo:
"Si esta es la primera obra que realizan, nada de lo que se propongan
hacer les resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen
la misma lengua. 7 Bajemos entonces, y una vez allí, confundamos su lengua,
para que ya no se entiendan unos a otros". 8 Así el Señor los dispersó
de aquel lugar, diseminándolos por toda la tierra, y ellos dejaron de
construir la ciudad. 9 Por eso se llamó Babel: allí, en efecto, el Señor
confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra.
Los descendientes de Sem
10 Esta es la
descendencia de Sem:
Sem tenía cien años
cuando fue padre de Arpaxad, dos años después del Diluvio. 11 Después que
nació Arpaxad, Sem, vivió quinientos años, y tuvo hijos e hijas.
12 A
los treinta y cinco años, Arpaxad fue padre de Sélaj. 13 Después que nació
Sélaj, Arpaxad vivió cuatrocientos tres años, y tuvo hijos e hijas.
14 A
los treinta años Sélaj fue padre de Eber. 15 Después que nació Eber, Sélaj
vivió cuatrocientos tres años, y tuvo hijos e hijas.
16 A
los treinta y cuatro años, Eber fue padre de Péleg. 17 Después que nació
Péleg, Eber vivió cuatrocientos treinta años, y tuvo hijos e hijas.
18 A
los treinta años, Péleg fue padre de Reú. 19 Después que nació Reú, Péleg
vivió doscientos nueve años, y tuvo hijos e hijas.
20 A
los treinta y dos años, Reú fue padre de Serug. 21 Después que nació Serug,
Reú vivió doscientos siete años y tuvo hijos e hijas.
22 A
los treinta años, Serug fue padre de Najor. 23 Después que nació Najor, Serug
vivió doscientos años, y tuvo hijos e hijas.
24 A
los veintinueve años, Najor fue padre de Téraj. 25 Después que nació Téraj,
Najor vivió ciento diecinueve años, y tuvo hijos e hijas.
26 A
los setenta años, Téraj fue padre de Abrám, Najor y Harán.
Los descendientes de Téraj
27 Esta es la
descendencia de Téraj:
Téraj fue padre de
Abrám, Najor y Harán. Harán fue padre de Lot, 28 y murió en Ur de los
caldeos, su país natal, mientras Téraj, su padre, aún vivía. 29 Abrám y Najor
se casaron. La esposa de Abrám se llamaba Sarai, y la de Najor, Milcá. Esta
era hija de Harán, el padre de Milcá y de Iscá. 30 Sarai era estéril y no
tenía hijos.
31 Téraj reunió a su
hijo Abrám, a su nieto Lot, el hijo de Harán, y a su nuera Sarai, la esposa
de su hijo Abrám, y salieron todos juntos de Ur de los caldeos para dirigirse
a Canaán. Pero cuando llegaron a Jarán, se establecieron allí. 32 Téraj vivió
doscientos años, y murió en Jarán.
LOS ORÍGENES DEL PUEBLO DE DIOS: LA ÉPOCA PATRIARCAL
En las narraciones
sobre los Patriarcas se encuentran reunidos los recuerdos que conservó Israel
acerca de sus antepasados más remotos. Estos relatos provienen en buena parte
de la tradición oral, una tradición donde la historia se reviste de rasgos
legendarios, y que antes de ser fijada por escrito se mantuvo viva en la
memoria del pueblo a lo largo de los siglos. De allí la frescura y vivacidad
de esas narraciones casi siempre breves y anecdóticas, más interesadas en el
detalle pintoresco que en la exactitud histórica, geográfica o cronológica.
Los principales
protagonistas de esta historia son Abraham, Isaac y Jacob. La tradición los
presenta como jefes de clanes, que se desplazan constantemente en busca de
pastos y agua para sus rebaños. Todavía no forman un pueblo ni poseen una
tierra. El país de Canaán no es para ellos una posesión estable, sino el
lugar donde residen como extranjeros. Pero Dios les promete una descendencia
numerosa y les asegura que sus descendientes recibirán esa tierra en
herencia. Sobre esta promesa divina gira toda la historia patriarcal. En
virtud de esta promesa, Dios se abre un nuevo camino en ese mundo que los
primeros capítulos del Génesis nos presentan ensombrecido por el pecado. Así
comienza la "Historia de la salvación".
La época de los
Patriarcas se inicia con la vocación de Abraham y culmina con la llegada de
un pequeño grupo de israelitas a Egipto. Esto indica que la gesta patriarcal,
como la promesa de que ellos son depositarios, está totalmente orientada
hacia el futuro, hacia el Éxodo de Egipto. En ese momento decisivo, el Señor
intervendrá para formarse un Pueblo consagrado a él, dando así cumplimiento a
las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob.
ABRAHAM
Abraham es el
peregrino que vive pendiente de la promesa de Dios. La Palabra del Señor
irrumpió en su vida de una manera misteriosa e imprevisible, y lo puso en
camino hacia un futuro totalmente nuevo. Obedeciendo a esa palabra divina, y sin
otra garantía que su confianza en la fidelidad de Dios, Abraham rompió sus
ataduras terrenas, sus vínculos nacionales y familiares, y partió hacia un
país desconocido (Heb. 11. 8-10). Por ese acto de fe, que más de una vez se
vio sometido a duras pruebas –sobre todo cuando Dios le ordenó sacrificar a
su hijo Isaac– él llegó a ser el padre y el modelo de todos los creyentes
(Rom. 4; Gál. 3. 7).
El Dios que se
reveló a Abraham es aquel "que da vida a los
muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen" (Rom. 4.
17). El relato bíblico lo pone bien de relieve, al indicar que el Patriarca,
cuando recibió la promesa divina, era ya muy anciano y su mujer estéril. Así,
el acontecimiento esperado –el nacimiento del hijo que daría continuidad a la
promesa– no debe nada a la intervención de los hombres, sino que se realiza
en virtud de la libre elección y del poder creador de Dios.
A partir de Abraham,
el ámbito de la narración bíblica se estrecha cada vez más, hasta
concentrarse exclusivamente en la historia de Israel. Pero esta limitación no
implica falta de interés por las demás naciones, ya que, a través de Abraham,
la bendición divina alcanzará finalmente a todas las familias de la tierra
(12. 3).
El llamado de Dios a Abrám
12
1 El Señor dijo a Abrám:
"Deja tu tierra
natal
y la casa de tu
padre, y ve al país que yo te mostraré.2 Yo haré de ti una gran nación y te
bendeciré;engrandeceré tu nombre y serás una bendición.3 Bendeciré a los que
te bendigany maldeciré al que te maldiga,y por ti se bendecirántodos los
pueblos de la tierra".
4 Abrám partió, como
el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él.
Cuando salió de
Jarán, Abrám tenía setenta y cinco años. 5 Tomó a su esposa Sarai, a su
sobrino Lot, con todos los bienes que habían adquirido y todas las personas
que habían reunido en Jarán, y se encaminaron hacia la tierra de Canaán.
Al llegar a Canaán,
6 Abrám recorrió el país hasta el lugar santo de Siquém, hasta la encina de
Moré. En ese tiempo, los cananeos ocupaban el país. 7 Entonces el Señor se
apareció a Abrám y le dijo: "Yo daré esta tierra a tu
descendencia". Allí Abrám erigió un altar al Señor, que se le había
aparecido. 8 Después se trasladó hasta la región montañosa que está al este
de Betel, y estableció su campamento, entre Betel, que quedaba al oeste, y
Ai, al este. También allí erigió un altar al Señor e invocó su Nombre. 9
Luego siguió avanzando por etapas hasta el Négueb.
Abrám en Egipto
10 Entonces hubo
hambre en aquella región, y Abrám bajó a Egipto para establecerse allí por un
tiempo, porque el hambre acosaba al país. 11 Cuando estaba por llegar a
Egipto, dijo a Sarai, su mujer: "Yo sé que eres una mujer hermosa. 12
Por eso los egipcios, apenas te vean, dirán: ‘Es su mujer’ , y me matarán,
mientras que a ti te dejarán con vida. 13 Por favor, di que eres mi hermana.
Así yo seré bien tratado en atención a ti, y gracias a ti, salvaré mi
vida".
14 Cuando Abrám
llegó a Egipto, los egipcios vieron que su mujer era muy hermosa, 15 y los
oficiales de la corte, que también la vieron, la elogiaron ante el Faraón.
Entonces fue llevada al palacio del Faraón. 16 En atención a ella, Abrám fue
tratado deferentemente y llegó a tener ovejas, vacas, asnos, esclavos,
sirvientas, asnas y camellos.
17 Pero el Señor
infligió grandes males al Faraón y a su gente, por causa de Sarai, la esposa
de Abrám. 18 El Faraón llamó a Abrám y le dijo: "¿Qué me has hecho? ¿Por
qué no me advertiste que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste que era tu
hermana, dando lugar a que yo la tomara por esposa? Ahí tienes a tu mujer:
tómala y vete". 20 Después el Faraón dio órdenes a sus hombres acerca de
Abrám, y ellos lo hicieron salir junto con su mujer y todos sus bienes.
La separación de Abrám y de Lot
13
1 Desde Egipto, Abrám subió al Négueb, llevando consigo a su esposa y todos
sus bienes. También Lot iba con él. 2 Abrám tenía muchas riquezas en ganado,
plata y oro. 3 Después siguió avanzando por etapas desde el Négueb hasta
Betel, hasta el lugar donde había acampado al comienzo, entre Betel y Ai, 4
donde estaba el altar que había erigido la primera vez. Allí Abrám invocó el
nombre del Señor.
5 Lot, que
acompañaba a Abrám, también tenía ovejas, vacas y carpas. 6 Y como los dos
tenían demasiadas riquezas, no había espacio suficiente para que pudieran
habitar juntos. 7 Por eso, se produjo un altercado entre los pastores de
Abrám y los de Lot. En ese tiempo, los cananeos y los perizitas ocupaban el
país.
8 Abrám dijo a Lot:
"No quiero que haya altercados entre nosotros dos, ni tampoco entre tus
pastores y los míos, porque somos hermanos. 9 ¿No tienes todo el país por
delante? Sepárate de mí: si tú vas hacia la izquierda, yo iré hacia la
derecha; y si tú vas hacia la derecha, yo iré hacia la izquierda". 10
Lot dirigió una mirada a su alrededor, y vio que toda la región baja del Jordán,
hasta llegar a Soar, estaba tan bien regada como el Jardín del Señor o como
la tierra de Egipto. Esto era antes que el Señor destruyera a Sodoma y
Gomorra. 11Entonces Lot eligió para sí toda la región baja del Jordán y se
dirigió hacia el este. Así se separaron el uno del otro: 12 Abrám permaneció
en Canaán, mientras que Lot se estableció entre las ciudades de la región
baja, poniendo su campamento cerca de Sodoma. 13 Pero los habitantes de
Sodoma eran perversos y pecaban gravemente contra el Señor.
La renovación de la promesa
14 El Señor dijo a
Abrám, después que Lot se separó de él: "Levanta los ojos, y desde el
lugar donde éstas, mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste, 15
porque toda la tierra que alcances a ver, te la daré a ti y a tu descendencia
para siempre. 16 Yo haré que tu descendencia sea numerosa como el polvo de la
tierra. Si alguien puede contar los granos de polvo, también podrá contar tu
descendencia. 17 Ahora recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque yo te
lo daré".
18 Entonces Abrám
trasladó su campamento y fue a establecerse junto al encinar de Mamré, que
está en Hebrón. Allí erigió un altar al Señor.
La campaña de los cuatro reyes
14
1 En tiempos de Amrafel, rey de Senaar, de Arioc, rey de Elasar, de
Quedorlaomer, rey de Elám, y de Tidal, rey de Goím, 2 estos hicieron la
guerra contra Berá, rey de Sodoma, Birsá, rey de Gomorra, Sinab, rey de Admá,
Zeméber, rey de Seboím, y contra el rey de Belá, es decir, de Soar. 3 Todos
ellos se concentraron en el valle de Sidím, que ahora es el mar de la Sal. 4 Durante doce años,
habían estado sometidos a Quedorlaomer, pero al decimotercer año se
rebelaron. 5 Y en el decimocuarto año, Quedorlaomer y los reyes que los
acompañaban llegaron y derrotaron a los refaítas en Asterot Carnaim, a los
zuzíes en Ham, a los emíes en la llanura de Quiriataim, 6 y a los hurritas en
las montañas de Seír, cerca de El Parán, en el límite con el desierto. 7
Luego dieron vuelta hasta En Mispat –actualmente Cades– y sometieron todo el
territorio de los amalecitas, y también a los amorreos que habitaban en
Hasasón Tamar. 8 Entonces el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de
Admá, el rey de Seboím, y el rey de Belá –o Soar– avanzaron y presentaron
batalla en el valle de Sidím 9
a Quedorlaomer, rey de Elám, a Tidal, rey de Goím, a
Amrafel, rey de Senaar, y a Arioc, rey de Elasar. Eran cuatro reyes contra
cinco.
10 El valle de Sidím
estaba lleno de pozos de asfalto. Al huir, los reyes de Sodoma y Gomorra cayeron
en ellos, mientras que los demás escaparon a las montañas. 11 Los invasores
se apoderaron de todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y también de sus
víveres. Y cuando partieron, 12 se llevaron a Lot, el sobrino de Abrám con
toda su hacienda, porque él vivía entonces en Sodoma.
El rescate de Lot
13 Un fugitivo llevó
la noticia a Abrám, el hebreo, que estaba acampado en el encinar de Mamré, el
amorreo, hermano de Escol y de Aner; estos, a su vez, eran aliados de Abrám.
14 Al enterarse de que su pariente Lot había sido llevado cautivo, Abrám
reclutó a la gente que estaba a su servicio –trescientos dieciocho hombres
nacidos en su casa– y persiguió a los invasores hasta Dan. 15 Él y sus
servidores los atacaron de noche, y después de derrotarlos, los persiguieron
hasta Jobá, al norte de Damasco. 16 Así Abrám recuperó todos los bienes, lo
mismo que a su pariente Lot con su hacienda, las mujeres y la gente.
El encuentro de Abrám con Melquisedec
17 Cuando Abrám
volvía de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que lo acompañaban, el rey de
Sodoma salió a saludarlo en el valle de Savé, o sea el valle del Rey. 18 Y
Melquisedec, rey de Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer
pan y vino, 19 y bendijo a Abrám, diciendo:
"¡Bendito sea
Abrámde parte de Dios, el Altísimo,creador del cielo y de la tierra!20
¡Bendito sea Dios, el Altísimo,que entregó a tus enemigos en tus
manos!".
Y Abrám le dio el
diezmo de todo.
21 Entonces el rey
de Sodoma dijo a Abrám: "Entrégame a las personas y quédate con los
bienes". 22 Pero Abrám le respondió: "Yo he jurado al Señor Dios,
el Altísimo, creador del cielo y de la tierra, 23 que no tomaré nada de lo
que te pertenece: ni siquiera el hilo o la correa de una sandalia. Así no
podrás decir: ‘Yo enriquecí a Abrám’. 24 No quiero nada para mí, fuera de lo
que mis servidores han comido. Solamente los hombres que me han acompañado,
Aner, Escol y Mamré, recibirán su parte".
La promesa de Dios a Abrám
15
1 Después de estos acontecimientos, la palabra del Señor llegó a Abrám en una
visión, en estos términos:
"No temas,
Abrám.Yo soy para ti un escudo.Tu recompensa será muy grande".
2 "Señor,
respondió Abrám, ¿para qué me darás algo, si yo sigo sin tener hijos, y el
heredero de mi casa será Eliezer de Damasco?". 3 Después añadió:
"Tú no me has dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi
heredero". 4 Entonces el Señor le dirigió esta palabra: "No, ese no
será tu heredero; tu heredero será alguien que nacerá de ti". 5 Luego lo
llevó afuera y continuó diciéndole: "Mira hacia el cielo y, si puedes,
cuenta las estrellas". Y añadió: "Así será tu descendencia". 6
Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su
justificación.
La alianza de Dios con Abrám
7 Entonces el Señor
le dijo: "Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para
darte en posesión esta tierra". 8 "Señor, respondió Abrám, ¿cómo
sabré que la voy a poseer?". 9 El Señor le respondió: "Tráeme una
ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola
y un pichón de paloma". 10 Él trajo todos estos animales, los cortó por
la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. 11
Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abrám las
espantó.
12 Al ponerse el
sol, Abrám cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa
oscuridad. 13 El Señor le dijo: "Tienes que saber que tus descendientes
emigrarán a una tierra extranjera. Allí serán esclavizados y maltratados
durante cuatrocientos años. 14 Pero yo juzgaré a la nación que los
esclavizará, y después saldrán cargados de riquezas. 15 Tú, en cambio, irás
en paz a reunirte con tus padres, y serás sepultado después de una vejez
feliz. 16 Sólo a la cuarta generación tus descendientes volverán aquí, porque
hasta ahora no se ha colmado la iniquidad de los amorreos".
17 Cuando se puso el
sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida
pasaron en medio de los animales descuartizados. 18 Aquel día, el Señor hizo
una alianza con Abrám diciendo:
"Yo he dado
esta tierra a tu descendencia,
desde el Torrente de
Egiptohasta el Gran Río,
el río Éufrates: 19
los quenitas, los quenizitas, los cadmonitas, 20 los hititas, los perizitas,
los refaím, 21 los amorreos, los cananeos, los guirgasitas y los
jebuseos".
El nacimiento de Ismael
16
1 Sarai, la esposa de Abrám, no le había dado ningún hijo. Pero ella tenía
una esclava egipcia llamada Agar. 2 Sarai dijo a Abrám: "Ya que el Señor
me impide ser madre, únete a mi esclava. Tal vez por medio de ella podré
tener hijos". Y Abrám accedió al deseo de Sarai.
3 Ya hacía diez años
que Abrám vivía en Canaán, cuando Sarai, su esposa, le dio como mujer a Agar,
la esclava egipcia. 4 Él se unió con Agar y ella concibió un hijo. Al ver que
estaba embarazada, comenzó a mirar con desprecio a su dueña. 5 Entonces Sarai
dijo a Abrám: "Que mi afrenta recaiga sobre ti. Yo misma te entregué a
mi esclava, y ahora, al ver que está embarazada, ella me mira con desprecio.
El Señor sea nuestro juez, el tuyo y el mío". 6 Abrám respondió a Sarai:
"Puedes disponer de tu esclava. Trátala como mejor te parezca".
Entonces Sarai la humilló de tal manera, que ella huyó de su presencia.
7 El Ángel del Señor
la encontró en el desierto, junto a un manantial –la fuente que está en el
camino a Sur– 8 y le preguntó: "Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes
y adónde vas?". "Estoy huyendo de Sarai, mi dueña", le
respondió ella. 9 Pero el Ángel del Señor le dijo: "Vuelve con tu dueña
y permanece sometida a ella". 10 Luego añadió: "Yo multiplicaré de
tal manera el número de tus descendientes, que nadie podrá contarlos".
11 Y el Ángel del
Señor le siguió diciendo:
"Tú has
concebido y darás a luz un hijo,
al que llamarás
Ismael,
porque el Señor ha
escuchado tu aflicción.
12 Más que un hombre,será
un asno salvaje:
alzará su mano
contra todos
y todos la alzarán
contra él;
y vivirá enfrentado
a todos sus hermanos".
13 Agar llamó al
Señor, que le había hablado, con este nombre: "Tú eres El Roí, que
significa ‘Dios se hace visible’", porque ella dijo: "¿No he visto
yo también a aquel que me ve?". 14 Por eso aquel pozo, que se encuentra
entre Cades y Bered, se llamó Pozo de Lajai Roí, que significa "Pozo del
Viviente que me ve".
15 Después Agar dio
a Abrám un hijo, y Abrám lo llamó Ismael. 16 Cuando Agar lo hizo padre de
Ismael, Abrám tenía ochenta y seis años.
La circuncisión, signo de la alianza
17
1 Cuando Abrám tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo:
"Yo soy el Dios
Todopoderoso.
Camina en mi
presencia y sé irreprochable.
2 Yo haré una
alianza contigo,
y te daré una
descendencia muy numerosa".
3 Abrám cayó con el
rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo: 4 "Esta será mi
alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. 5 Y ya no te
llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo
te he constituido padre de una multitud de naciones. 6 Te haré
extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes.
7 Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las
generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el
de tus descendientes. 8 Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus
descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como
extranjero, y yo seré su Dios".
9 Después, Dios dijo
a Abraham: "Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus
descendientes, a lo largo de las generaciones. 10 Y esta es mi alianza con
ustedes, a la que permanecerán fieles tú y tus descendientes: todos los
varones deberán ser circuncidados. 11 Circuncidarán la carne de su prepucio,
y ese será el signo de mi alianza con ustedes. 12 Al cumplir ocho días, serán
circuncidados todos los varones de cada generación, tanto los nacidos en la
casa como los que hayan sido comprados a un extranjero, a alguien que no es
de tu sangre. 13 Sí, tanto los nacidos en tu casa como los que hayan sido
comprados, serán circuncidados. Así ustedes llevarán grabada en su carne la
señal de mi alianza eterna. 14 Y el incircunciso, aquel a quien no se haya
cortado la carne de su prepucio, será excluido de su familia, porque ha
quebrantado mi alianza".
El anuncio del nacimiento de Isaac
15 También dijo Dios
a Abraham: "A Sarai, tu esposa, no la llamarás más Sarai, sino que su
nombre será Sara. 16 Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que
también bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de ella nacerán reyes de
pueblos". 17 Abraham cayó con el rostro en tierra, y se sonrió,
pensando: "¿Se puede tener un hijo a los cien años? Y Sara, a los
noventa, ¿podrá dar a luz?". 18 Entonces Abraham dijo a Dios:
"Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección". 19 Pero Dios
le respondió: "No, tu esposa Sara te dará un hijo, a quien pondrás el
nombre de Isaac. Yo estableceré mi alianza con él y con su descendencia como
una alianza eterna. 20 Sin embargo, también te escucharé en lo que respecta a
Ismael: lo bendeciré, lo haré fecundo y le daré una descendencia muy
numerosa; será padre de doce príncipes y haré de él una gran nación. 21 Pero
mi alianza la estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará el año próximo,
para esta misma época". 22 Y cuando terminó de hablar, Dios se alejó de
Abraham.
23 Entonces Abraham
tomó a su hijo Ismael y a todos los demás varones que estaban a su servicio
–tanto los que habían nacido en su casa como los que había comprado– y aquel
mismo día les circuncidó la carne del prepucio, conforme a la orden que Dios
le había dado. 24 Cuando fueron circuncidados, Abraham tenía noventa y nueve
años, 25 y su hijo Ismael, trece. 26 Abraham e Ismael fueron circuncidados el
mismo día; 27 y todos los varones de su servidumbre, los nacidos en su casa y
los comprados a extranjeros, fueron circuncidados junto con él.
La visita del Señor a Abraham en Mamré
18
1 El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él
estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. 2 Alzando
los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los
vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el
suelo, 3 diciendo: "Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que
no pases de largo delante de tu servidor. 4 Yo haré que les traigan un poco
de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol. 5 Mientras tanto,
iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de
seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!". Ellos
respondieron: "Está bien. Puedes hacer lo que dijiste".
6 Abraham fue
rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: "¡Pronto! Toma tres
medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas". 7 Después
fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo
entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo. 8 Luego tomó
cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían,
él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol.
9 Ellos le
preguntaron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?". "Ahí en la
carpa", les respondió. 10 Entonces uno de ellos le dijo: "Volveré a
verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un
hijo". Mientras tanto, Sara había estado escuchando a la entrada de la
carpa, que estaba justo detrás de él. 11 Abraham y Sara eran ancianos de edad
avanzada, y los períodos de Sara ya habían cesado. 12 Por eso, ella rió en su
interior, pensando: "Con lo vieja que soy, ¿volveré a experimentar el
placer? Además, ¡mi marido es tan viejo!". 13 Pero el Señor dijo a
Abraham: "¿Por qué se ha reído Sara, pensando que no podrá dar a luz,
siendo tan vieja? 14 ¿Acaso hay algo imposible para el Señor? Cuando yo
vuelva a verte para esta época, en el año entrante, Sara habrá tenido un
hijo". 15 Ella tuvo miedo, y trató de engañarlo, diciendo: "No, no
me he reído". Pero él le respondió: "Sí, te has reído".
La intercesión de Abrahamen favor de Sodoma
16 Después, los
hombres salieron de allí y se dirigieron hacia Sodoma, y Abraham los acompañó
para despedirlos. 17 Mientras tanto, el Señor pensaba: "¿Dejaré que
Abraham ignore lo que ahora voy a realizar, 18 siendo así que él llegará a
convertirse en una nación grande y poderosa, y que por él se bendecirán todas
las naciones de la tierra? 19 Porque yo lo he elegido para que enseñe a sus
hijos, y a su familia después de él, que se mantengan en el camino del Señor,
practicando lo que es justo y recto. Así el Señor hará por Abraham lo que ha
predicho acerca de él". 20 Luego el Señor añadió: "El clamor contra
Sodoma y Gomorra es tan grande, y su pecado tan grave, 21 que debo bajar a
ver si sus acciones son realmente como el clamor que ha llegado hasta mí. Si
no es así, lo sabré".
22 Dos de esos
hombres partieron de allí y se fueron hacia Sodoma, pero el Señor se quedó de
pie frente a Abraham. 23 Entonces Abraham se le acercó y le dijo: "¿Así
que vas a exterminar al justo junto con el culpable? 24 Tal vez haya en la
ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo
por amor a los cincuenta justos que hay en él? 25 ¡Lejos de ti hacer
semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los
dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no
va a hacer justicia?". 26 El Señor respondió: "Si encuentro
cincuenta justos en la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo ese lugar en atención
a ellos".
27 Entonces Abraham
dijo: "Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de
dirigirme a mi Señor. 28 Quizá falten cinco para que los justos lleguen a
cincuenta. Por esos cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?". "No la
destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco", respondió el Señor. 29
Pero Abraham volvió a insistir: "Quizá no sean más que cuarenta". Y
el Señor respondió: "No lo haré por amor a esos cuarenta".
30 "Por favor,
dijo entonces Abraham, que mi Señor no lo tome a mal si continúo insistiendo.
Quizá sean solamente treinta". Y el Señor respondió: "No lo haré si
encuentro allí a esos treinta". 31 Abraham insistió: "Una vez más,
me tomo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Tal vez no sean más que
veinte". "No la destruiré en atención a esos veinte", declaró
el Señor. 32 "Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no se enoje
si hablo por última vez. Quizá sean solamente diez". "En atención a
esos diez, respondió, no la destruiré". 33 Apenas terminó de hablar con
él, el Señor se fue, y Abraham regresó a su casa.
La corrupción de Sodoma
19
1 Los dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer, mientras Lot estaba sentado
a la puerta de la ciudad. Al verlos, se levantó para saludarlos, e
inclinándose hasta el suelo, 2 les dijo: "Les ruego, señores, que vengan
a pasar la noche en casa de este servidor. Lávense los pies, y mañana bien
temprano podrán seguir viaje". "No, le respondieron ellos,
pasaremos la noche en la plaza". 3 Pero él les insistió tanto, que al
fin se fueron con él y se hospedaron en su casa. Lot les preparó una comida,
hizo cocinar galletas sin levadura, y ellos comieron.
4 Aún no se habían
acostado, cuando los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, se
agolparon alrededor de la casa. Estaba la población en pleno, sin excepción
alguna, desde el más joven hasta el más viejo. 5 Entonces llamaron a Lot y le
dijeron: "¿Dónde están esos hombres que vinieron a tu casa esta noche?
Tráelos afuera para que tengamos relaciones con ellos". 6 Lot se
presentó ante ellos a la entrada de la casa, y cerrando la puerta detrás de
sí, 7 dijo: "Amigos, les suplico que no cometan esa ruindad. 8 Yo tengo
dos hijas que todavía son vírgenes. Se las traeré, y ustedes podrán hacer con
ellas lo que mejor les parezca. Pero no hagan nada a esos hombres, ya que se
han hospedado bajo mi techo". 9 Ellos le respondieron: "Apártate de
ahí". Y añadieron: "Este individuo no es más que un inmigrante, y
ahora se pone a juzgar. A ti te trataremos peor que a ellos". Luego se abalanzaron
violentamente contra Lot, y se acercaron para derribar la puerta. 10 Pero los
dos hombres, sacando los brazos, llevaron a Lot adentro y cerraron la puerta.
11 Y a todos los que estaban a la entrada de la casa, pequeños y grandes, los
hirieron con una luz enceguecedora, de manera que ya no pudieron abrirse
paso.
La destrucción de Sodoma
12 Después los
hombres preguntaron a Lot: "¿Tienes aquí algún otro pariente? Saca de
este lugar a tus hijos e hijas y a cualquier otro de los tuyos que esté en la
ciudad, 13 porque estamos a punto de destruir este lugar: ha llegado hasta la
presencia del Señor un clamor tan grande contra esta gente, que él nos ha
enviado a destruirlo". 14 Entonces Lot salió para comunicar la noticia a
sus yernos, los que iban a casarse con sus hijas. "¡Pronto!, les dijo,
abandonen este lugar, porque el Señor va a destruir la ciudad". Pero sus
yernos pensaron que estaba bromeando.
15 Al despuntar el
alba, los ángeles instaron a Lot, diciéndole: "¡Vamos! Saca a tu mujer y
a tus dos hijas que están aquí, para que no seas aniquilado cuando la ciudad
reciba su castigo". 16 Como él no salía de su asombro, los hombres lo
tomaron de la mano, lo mismo que a su esposa y a sus dos hijas, y lo sacaron
de la ciudad para ponerlo fuera de peligro, porque el Señor tuvo compasión de
él.
17 Después que lo
sacaron, uno de ellos dijo: "Huye, si quieres salvar la vida. No mires
hacia atrás, ni te detengas en ningún lugar de la región baja. Escapa a las
montañas, para no ser aniquilado". 18 Lot respondió: "No, por
favor, Señor mío. 19 Tú has sido bondadoso con tu servidor y me has
demostrado tu gran misericordia, salvándome la vida. Pero yo no podré huir a
las montañas, sin que antes caigan sobre mí la destrucción y la muerte. 20
Aquí cerca hay una ciudad –es una población insignificante– donde podré
refugiarme. Deja que me quede en ella, ya que es tan pequeña, y así estaré a
salvo". 21 Entonces él le respondió: "Voy a complacerte una vez
más: no destruiré la ciudad de la que hablas. 22 Pero apúrate; refúgiate en
ella, porque no podré hacer nada hasta que llegues allí". Por eso la
ciudad recibió el nombre de Soar, que significa "pequeño poblado".
23 Cuando el sol
comenzó a brillar sobre la tierra, Lot entró en Soar. 24 Entonces el Señor
hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que descendían del cielo.
25 Así destruyó esas ciudades y toda la extensión de la región baja, junto
con los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. 26 Y como la
mujer de Lot miró hacia atrás, quedó convertida en una columna de sal.
27 A
la madrugada del día siguiente, Abraham regresó al lugar donde había estado
en la presencia del Señor. 28 Cuando dirigió su mirada hacia Sodoma, Gomorra
y toda la extensión de la región baja, vio un humo que subía de la tierra,
como el humo de un horno.
29 Así, cuando Dios
destruyó las ciudades de la región baja, se acordó de Abraham, librando a Lot
de la catástrofe con que arrasó las ciudades donde él había vivido.
El origen de los moabitas y de los amonitas
30 Lot salió de Soar
y subió a la montaña, donde se radicó con sus dos hijas, porque tuvo miedo de
quedarse en Soar. Allí se instaló con ellas en una caverna.
31 Entonces la mayor
dijo a la menor: "Nuestro padre está viejo y no hay ningún hombre en el
país para que se una con nosotras como lo hace todo el mundo. 32
Emborrachémoslo con vino y acostémonos con él; así, por medio de nuestro
padre, tendremos una descendencia". 33 Esa noche dieron de beber a su
padre, y la mayor se acostó con él, sin que él se diera cuenta de lo que
sucedía. 34 A
la mañana siguiente, la mayor dijo a la menor: "Anoche me acosté con mi
padre; emborrachémoslo otra vez esta noche, y acuéstate tú con él. Así
tendremos una descendencia". 35 Esa noche volvieron a dar de beber a su
padre, y la menor se acostó con él, sin que él se diera cuenta de lo que
sucedía. 36 Las dos hijas de Lot quedaron embarazadas de su padre; 37 la
mayor tuvo un hijo y lo llamó Moab, que es el padre de los actuales moabitas.
38 También la menor tuvo un hijo y lo llamó Ben Amí, que es el padre de los
actuales amonitas.
Abraham y Sara en Guerar
20
1 Desde allí, Abraham se trasladó a la zona del Négueb y se estableció entre
Cades y Sur. Después fue a Guerar, para quedarse allí por un tiempo. 2
Abraham decía de Sara, su esposa: "Es mi hermana". Entonces
Abimélec, el rey de Guerar, mandó que le llevaran a Sara. 3 Pero esa noche,
Dios se presentó en sueños a Abimélec y le dijo: "Tú vas a morir a causa
de la mujer que has tomado, porque es casada". 4 Abimélec, que no había
convivido con ella, le respondió: "Señor mío, ¿vas a quitarle la vida a
una persona inocente? 5 ¿Acaso su marido no me dijo que era su hermana? ¿Y
ella no lo confirmó, diciendo que él era su hermano? Yo lo hice de buena fe y
con las manos limpias". 6 Dios le respondió durante el sueño: "Ya
sé que lo hiciste de buena fe. Por eso, yo mismo evité que pecaras contra mí,
impidiendo que la tocaras. 7 Pero ahora, devuélvele la mujer a ese hombre. Él
es un profeta, y va a interceder en tu favor, para que salves tu vida. Si no
se la devuelves, ten la plena seguridad de que morirás, tú y todos los
tuyos".
8 A
la madrugada del día siguiente, Abimélec llamó a todos sus servidores y les
contó lo que había sucedido. Y ellos sintieron un gran temor. 9 Entonces
Abimélec llamó a Abraham y le dijo: "¿Qué nos has hecho? ¿En qué te he
ofendido, para que nos expusieras, a mí y a mi reino, a cometer un pecado tan
grave? Tú has hecho conmigo lo que no se debe". 10 Y añadió: "¿Qué
te proponías al proceder de esa manera". 11 Abraham respondió: "Yo
pensaba que seguramente en este lugar no había temor de Dios, y que me
matarían a causa de mi mujer. 12 Por otra parte, ella es realmente mi
hermana, hija de mi padre aunque no de mi madre, y se ha casado conmigo. 13
Por eso, cuando Dios me hizo andar errante, lejos de mi casa paterna, le dije:
‘Tienes que hacerme este favor: cualquiera sea el lugar donde lleguemos,
dirás que soy tu hermano’".
14 Abimélec tomó
ovejas y vacas, esclavos y esclavas, y se los dio a Abraham; y también le
devolvió a Sara, su esposa. 15 Después le dijo: "Mi país está a tu
disposición: radícate donde mejor te parezca". 16 Y a Sara le dijo:
"He dado mil monedas de plata a tu hermano. Esto eliminará toda sospecha
contra ti en aquellos que están contigo, y tú quedarás enteramente
rehabilitada".
17 Abraham
intercedió delante de Dios, y Dios curó a Abimélec, a su mujer y a sus
sirvientas, que volvieron a tener hijos. 18 Porque Dios había hecho estéril
el seno de todas las mujeres en la casa de Abimélec, a causa de Sara, la
esposa de Abraham.
El nacimiento de Isaac
21
1 El Señor visitó a Sara como lo había dicho, y obró con ella conforme a su
promesa. 2 En el momento anunciado por Dios, Sara concibió y dio un hijo a
Abraham, que ya era anciano. 3 Cuando nació el niño que le dio Sara, Abraham
le puso el nombre de Isaac. 4 Abraham circuncidó a su hijo Isaac a los ocho
días, como Dios se lo había ordenado. 5 Abraham tenía entonces cien años de
edad. 6 Sara dijo: "Dios me ha dado motivo para reír, y todos los que se
enteren reirán conmigo". 7 Y añadió:
"¡Quién le
hubiera dicho a Abraham
que Sara amamantaría
hijos!
Porque yo le di un
hijo en su vejez".
8 El niño creció y
fue destetado, y el día en que lo destetaron, Abraham ofreció un gran
banquete.
La expulsión de Agar y de Ismael
9 Sara vio que el
hijo de Agar, la egipcia, jugaba con su hijo Isaac. 10 Entonces dijo a
Abraham: "Echa a esa esclava y a su hijo, porque el hijo de esa esclava
no va a compartir la herencia con mi hijo Isaac". 11 Esto afligió
profundamente a Abraham, ya que el otro también era hijo suyo. 12 Pero Dios
le dijo: "No te aflijas por el niño y por tu esclava. Concédele a Sara
lo que ella te pide, porque de Isaac nacerá la descendencia que llevará tu
nombre. 13 Y en cuanto al hijo de la esclava, yo haré de él una gran nación,
porque también es descendiente tuyo".
14 A
la madrugada del día siguiente, Abraham tomó un poco de pan y un odre con
agua y se los dio a Agar; se los puso sobre las espaldas, y la despidió junto
con el niño. Ella partió y anduvo errante por el desierto de Berseba. 15
Cuando se acabó el agua que llevaba en el odre, puso al niño debajo de unos
arbustos, 16 y fue a sentarse aparte, a la distancia de un tiro de flecha,
pensando: "Al menos no veré morir al niño". Y cuando estuvo sentada
aparte, prorrumpió en sollozos.
17 Dios escuchó la
voz del niño, y el Ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo: "¿Qué te
pasa, Agar?", le dijo. "No temas, porque Dios ha oído la voz del
niño que está ahí. 18 Levántate, alza al niño y estréchalo bien en tus
brazos, porque yo haré de él una gran nación". 19 En seguida Dios le
abrió los ojos, y ella divisó un pozo de agua. Fue entonces a llenar el odre
con agua y dio de beber al niño.
20 Dios acompañaba
al niño y este fue creciendo. Su morada era el desierto, y se convirtió en un
arquero experimentado. 21 Vivió en el desierto de Parán, y su madre lo casó
con una mujer egipcia.
La alianza de Abrahamcon Abimélec
22 Por aquel tiempo,
Abimélec, que iba acompañado de Picol, el jefe de su ejército, dijo a
Abraham: "Dios está contigo en todo lo que haces. 23 Júrame por Dios
aquí mismo, que nunca te vas a comportar falsamente conmigo o con mi estirpe
o mi posteridad, y que nos vas a dar, a mí y al país donde resides, las
mismas pruebas de lealtad que yo te he dado". 24 Abraham respondió:
"Lo juro".
25 Pero Abraham
presentó una queja a Abimélec, a causa de un pozo que los servidores de
Abimélec habían tomado por la fuerza. 26 Este replicó: "No tengo idea de
quién pudo haber hecho esto. Tú no me lo hiciste saber, y hasta ahora yo no
me había enterado de nada".
27 Entonces Abraham
regaló a Abimélec unas ovejas y unas vacas, y los dos hicieron una alianza.
28 Y como Abraham puso aparte siete corderas del rebaño, 29 Abimélec le
preguntó: "¿Qué significan esas siete corderas que pusiste
aparte?". 30 "Significan –respondió Abraham– que tú me vas a
aceptar estas siete corderas como una prueba de que el pozo lo he cavado
yo". 31 Y a aquel lugar se lo llamó Berseba, que significa "pozo
del juramento", porque allí los dos prestaron un juramento.
32 Después de
concluida la alianza, Abimélec partió junto con Picol, el jefe de su
ejército, y regresó al país de los filisteos. 33 Abraham, por su parte,
plantó un tamarisco en Berseba e invocó el nombre del Señor Dios, el Eterno.
34 Él permaneció largo tiempo en el país de los filisteos.
El sacrificio de Isaac
22
1 Después de estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abraham.
"¡Abraham!",
le dijo. Él respondió: "Aquí estoy". 2 Entonces Dios le siguió
diciendo: "Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la
región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te
indicaré".
3 A
la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos
de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el
holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. 4 Al tercer
día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, 5 y dijo a sus
servidores: "Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho
seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con
ustedes".
6 Abraham recogió la
leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte,
tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos
juntos. 7 Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham:
"¡Padre!". Él respondió: "Sí, hijo mío". "Tenemos el
fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el
holocausto?". 8 "Dios proveerá el cordero para el holocausto",
respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.
9 Cuando llegaron al
lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña,
ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. 10 Luego
extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11 Pero el Ángel
del Señor lo llamó desde el cielo: "¡Abraham, Abraham!". "Aquí
estoy", respondió él. 12 Y el Ángel le dijo: "No pongas tu mano
sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque
no me has negado ni siquiera a tu hijo único". 13 Al levantar la vista, Abraham
vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a
tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Abraham
llamó a ese lugar: "El Señor proveerá", y de allí se origina el
siguiente dicho: "En la montaña del Señor se proveerá".
15 Luego el Ángel
del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, 16 y le dijo:
"Juro por mí mismo –oráculo del Señor– : porque has obrado de esa manera
y no me has negado a tu hijo único, 17 yo te colmaré de bendiciones y
multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que
está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus
enemigos, 18 y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la
tierra, ya que has obedecido mi voz".
19 Abraham regresó a
donde estaban sus servidores. Todos juntos se fueron a Berseba, y Abraham
residió allí.
Los descendientes de Najor
20 Después de un
tiempo, Abraham recibió la noticia de que también Milcá había dado hijos a su
hermano Najor: 21Us, su primogénito; Buz, hermano de este; Quemuel, padre de
Arám, 22 y además Quésed, Jazó, Pildás, Idlaf y Betuel. 23 Este último fue
padre de Rebeca. Estos son los ocho hijos que Milcá dio a Najor, el hermano
de Abraham. 24 Además, Najor tenía una esclava llamada Reumá, que fue madre
de Tébaj, Gajam, Tajas y Maacá.
La tumba de los Patriarcas
23
1 Sara vivió ciento veintisiete años, 2 y murió en Quiriat Arbá –actualmente
Hebrón– en la tierra de Canaán. Abraham estuvo de duelo por Sara y lloró su
muerte. 3 Después se retiró del lugar donde estaba el cadáver, y dijo a los
descendientes de Het: 4 "Aunque yo no soy más que un extranjero
residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus sepulcros, para
que pueda retirar el cadáver de mi esposa y darle sepultura". 5 Pero los
descendientes de Het respondieron a Abraham: "Por favor, 6 señor,
escúchanos. Tú eres un privilegiado de Dios en medio de nosotros. Sepulta a
tu esposa en la mejor de nuestras tumbas, ya que ninguno de nosotros te negará
un sepulcro para que la entierres".
7 Abraham se
levantó, e inclinándose profundamente ante la gente del lugar, ante los
descendientes de Het, 8 les insistió, diciendo: "Si ustedes quieren
realmente que yo sepulte el cadáver, háganme el favor de interceder ante Efrón,
hijo de Sójar, 9 para que me venda la caverna de Macpelá, que él tiene en el
extremo de su campo. Que me la ceda por su valor real, para que yo la posea
como sepulcro familiar en medio de ustedes". 10 Efrón –que estaba
presente entre los descendientes de Het– teniendo por testigos a todos los
que entraban por la puerta de la ciudad respondió a Abraham: 11 "No,
señor, escúchame bien: yo te doy el campo y también la caverna que hay en él.
Te la doy en presencia de mis compatriotas, para que entierres a tu
esposa".
12 Abraham volvió a
inclinarse profundamente ante la gente del lugar, 13 y teniendo a estos por
testigos, dijo a Efrón: "Si estás dispuesto a llegar a un acuerdo
conmigo, te pagaré el precio del campo. Acéptalo, para que yo entierre allí a
mi esposa". 14 Entonces Efrón respondió a Abraham: "Por favor, 15
escúchame, señor. El campo vale cuatrocientos siclos de plata, pero ¿qué es
esa suma para personas como tú y yo? Entierra a tu esposa". 16 Abraham
aceptó la propuesta de Efrón, y teniendo por testigos a los descendientes de
Het, pesó la cantidad que aquel le había fijado: cuatrocientos siclos de
plata, según la tasación corriente entre los comerciantes.
17 De este modo, el
campo de Efrón en Macpelá, frente a Mamré –el campo con la caverna y todos
los árboles que estaban dentro de sus límites– pasó a ser 18 propiedad de
Abraham, teniendo por testigos a todos los descendientes de Het que pasaban
por la puerta de la ciudad. 19 Luego Abraham enterró a Sara en la caverna del
campo de Macpelá, frente a Mamré, en el país de Canaán. 20 Así adquirió
Abraham a los descendientes de Het el campo y la caverna que hay en él, para
tenerlo como sepulcro familiar.
El matrimonio de Isaac y Rebeca
24
1 Abraham ya era un anciano de edad avanzada, y el Señor lo había bendecido
en todo. 2 Entonces dijo al servidor más antiguo de su casa, el que le
administraba todos los bienes: "Coloca tu mano debajo de mi muslo, 3 y
júrame por el Señor, Dios del Cielo y de la tierra, que no buscarás una
esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos, con los que estoy
viviendo, 4 sino que irás a mi país natal, y de allí traerás una esposa para
Isaac". 5 El servidor le dijo: "Si la mujer no quiere venir conmigo
a esta tierra, ¿debo hacer que tu hijo regrese al país de donde
saliste?". 6 "Cuídate muy bien de llevar allí a mi hijo",
replicó Abraham. 7 "El Señor, Dios del cielo, que me sacó de mi casa
paterna y de mi país natal, y me prometió solemnemente dar esta tierra a mis
descendientes, enviará su Ángel delante de ti, a fin de que puedas traer de
allí una esposa para mi hijo. 8 Si la mujer no quiere seguirte, quedarás
libre del juramento que me haces; pero no lleves allí a mi hijo".
9 El servidor puso
su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y le prestó juramento respecto
de lo que habían hablado. 10 Luego tomó diez de los camellos de su señor, y
llevando consigo toda clase de regalos, partió hacia Arám Naharaim, hacia la
ciudad de Najor. 11Allí hizo arrodillar a los camellos junto a la fuente, en
las afueras de la ciudad. Era el atardecer, la hora en que las mujeres salen
a buscar agua. 12 Entonces dijo: "Señor, Dios de Abraham, dame hoy una
señal favorable, y muéstrate bondadoso con mi patrón Abraham. 13 Yo me
quedaré parado junto a la fuente, mientras las hijas de los pobladores de la
ciudad vienen a sacar agua. 14 La joven a la que yo diga: ‘Por favor, inclina
tu cántaro para que pueda beber’, y que me responda: ‘Toma, y también daré de
beber a tus camellos’, esa será la mujer que has destinado para tu servidor
Isaac. Así reconoceré que has sido bondadoso con mi patrón".
15 Aún no había
terminado de hablar, cuando Rebeca, la hija de Betuel –el cual era a su vez
hijo de Milcá, la esposa de Najor, el hermano de Abraham– apareció con un
cántaro sobre el hombro. 16 Era una joven virgen, de aspecto muy hermoso, que
nunca había tenido relaciones con ningún hombre. Ella bajó a la fuente, llenó
su cántaro, y cuando se disponía a regresar, 17 el servidor corrió a su
encuentro y le dijo: "Por favor, dame un trago de esa agua que llevas en
el cántaro". 18 "Bebe, señor", respondió ella, y bajando el
cántaro de su hombro, se apresuró a darle de beber. 19 Después que lo dejó
beber hasta saciarse, añadió: "También sacaré agua hasta que tus
camellos se sacien de beber". 20 En seguida vació su cántaro en el
bebedero, y fue corriendo de nuevo a la fuente, hasta que sacó agua para
todos los camellos. 21 Mientras tanto, el hombre la contemplaba en silencio,
deseoso de saber si el Señor le permitiría lograr su cometido o no.
22 Cuando los
camellos terminaron de beber, el hombre tomó un anillo de oro que pesaba
medio siclo, y lo colocó en la nariz de la joven; luego le puso en los brazos
dos pulseras de diez siclos. 23 Después le preguntó: "¿De quién eres
hija? ¿Y hay lugar en la casa de tu padre para que podamos pasar la
noche?". 24 Ella respondió: "Soy la hija de Betuel, el hijo que
Milcá dio a Najor". 25 Y añadió: "En nuestra casa hay paja y
forraje en abundancia, y también hay sitio para pasar la noche". 26 El
hombre se inclinó y adoró al Señor, 27 diciendo: "Bendito sea el Señor,
Dios de mi patrón Abraham, que nunca dejó de manifestarle su amor y su
fidelidad. Él ha guiado mis pasos hasta la casa de sus parientes". 28
Entretanto, la joven corrió a llevar la noticia a la casa de su madre.
29 Rebeca tenía un
hermano llamado Labán. 30 Este, apenas vio el anillo y las pulseras que traía
su hermana, y le oyó contar todo lo que el hombre le había dicho, salió
rápidamente y se dirigió hacia la fuente en busca de él. Al llegar, lo
encontró con sus camellos junto a la fuente. 31 Entonces le dijo: "¡Ven,
bendito del Señor! ¿Por qué te quedas afuera, si yo he preparado mi casa y
tengo lugar para los camellos?". 32 El hombre entró en la casa. En
seguida desensillaron los camellos, les dieron agua y forraje, y trajeron
agua para que él y sus acompañantes se lavaran los pies. 33 Pero cuando le
sirvieron de comer, el hombre dijo: "No voy a comer, si antes no expongo
el asunto que traigo entre manos". "Habla", le respondió
Labán. 34 Él continuó: "Yo soy servidor de Abraham. 35 El Señor colmó de
bendiciones a mi patrón y lo hizo prosperar, dándole ovejas y vacas, plata y
oro, esclavos y esclavas, camellos y asnos. 36 Y su esposa Sara, siendo ya
anciana, le dio un hijo, a quien mi patrón legó todos sus bienes. 37 Ahora bien,
mi patrón me hizo prestar un juramento, diciendo: ‘No busques una esposa para
mi hijo entre las hijas de los cananeos, en cuyo país resido. 38 Ve, en
cambio, a mi casa paterna, y busca entre mis familiares una esposa para mi
hijo’. 39 ‘¿Y si la mujer se niega a venir conmigo?’, le pregunté. 40 Pero él
me respondió: ‘El Señor, en cuya presencia he caminado siempre, enviará su
Ángel delante de ti, y hará que logres tu cometido, trayendo para mi hijo una
esposa de mi propia familia, de mi casa paterna. 41 Para quedar libre del
juramento que me haces, debes visitar primero a mis familiares. Si ellos no
quieren dártela, el juramento ya no te obligará’.
42 Por eso hoy, al
llegar a la fuente, dije: ‘Señor, Dios de mi patrón Abraham, permíteme llevar
a cabo la misión que he venido a realizar. 43 Yo me quedaré parado junto a la
fuente, y cuando salga una joven a buscar agua, le diré: Déjame beber un poco
de agua de tu cántaro. 44 Y si ella me responde: Bebe, y también sacaré agua
para que beban tus camellos, esa será la mujer que tú has destinado para el
hijo de mi señor’. 45 Apenas terminé de decir estas cosas, salió Rebeca con
un cántaro sobre el hombro. Y cuando bajó a la fuente para sacar agua, le
dije: ‘Por favor, dame de beber’. 46 Ella se apresuró a bajar el cántaro de
su hombro y respondió: ‘Bebe, y también daré de beber a tus camellos’. Yo
bebí, y ella dio agua a los camellos. 47 Después le pregunté: ‘¿De quién eres
hija?’. ‘Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor’, respondió ella.
Yo le puse el anillo en la nariz y las pulseras en los brazos, 48 y
postrándome, adoré y bendije al Señor, el Dios de Abraham, que me guió por el
buen camino, para que pudiera llevar al hijo de mi patrón una hija de su
pariente. 49 Y ahora, si ustedes están dispuestos a ofrecer a mi patrón una
auténtica prueba de amistad, díganmelo; si no, díganmelo también. Así yo
sabré a qué atenerme".
50 Labán y Betuel
dijeron: "Todo esto viene del Señor. Nosotros no podemos responderte ni
sí ni no. 51 Ahí tienes a Rebeca: llévala contigo, y que sea la esposa de tu
patrón, como el Señor lo ha dispuesto. 52 Cuando el servidor de Abraham oyó
estas palabras, se postró en tierra delante del Señor. 53 Luego sacó unos
objetos de oro y plata y algunos vestidos, y se los obsequió a Rebeca.
También entregó regalos a su hermano y a su madre. 54 Después él y sus
acompañantes comieron y bebieron, y pasaron la noche allí.
A la mañana
siguiente, apenas se levantaron, el servidor dijo: "Déjenme regresar a
la casa de mi patrón". 55 El hermano y la madre de Rebeca respondieron:
"Que la muchacha se quede con nosotros unos diez días más. Luego podrás
irte". 56 Pero el servidor replicó: "No me detengan, ahora que el
Señor me permitió lograr mi cometido. Déjenme ir, y volveré a la casa de mi
patrón". 57 Ellos dijeron: "Llamemos a la muchacha, y preguntémosle
qué opina". 58 Entonces llamaron a Rebeca y le preguntaron:
"¿Quieres irte con este hombre?". "Sí", respondió ella.
59 Ellos despidieron a Rebeca y a su nodriza, lo mismo que al servidor y a
sus acompañantes, 60 y la bendijeron, diciendo:
"Hermana
nuestra, que nazcan de ti
millares y decenas
de millares;
y que tus
descendientes conquisten
las ciudades de sus
enemigos".
61 Rebeca y sus
sirvientas montaron en los camellos y siguieron al hombre. Este tomó consigo
a Rebeca, y partió.
62 Entretanto, Isaac
había vuelto de las cercanías del pozo de Lajai Roí, porque estaba radicado
en la región del Négueb. 63 Al atardecer salió a caminar por el campo, y vio
venir unos camellos. 64 Cuando Rebeca vio a Isaac, bajó del camello 65 y
preguntó al servidor: "¿Quién es ese hombre que viene hacia nosotros por
el campo?". "Es mi señor", respondió el servidor. Entonces
ella tomó su velo y se cubrió.
66 El servidor contó
a Isaac todas las cosas que había hecho, 67 y este hizo entrar a Rebeca en su
carpa. Isaac se casó con ella y la amó. Así encontró un consuelo después de
la muerte de su madre.
Los otros hijos de Abraham
25
1 Abraham se casó con otra mujer, llamada Queturá, 2 y esta le dio varios
hijos: Zimrán, Iocsán, Medán, Madián, Isbac y Súaj. 3 Iocsán fue padre de
Sebá y Dedán. Los descendientes de Dedán fueron los asuritas, los letusíes y
los leumíes. 4 Los hijos de Madián fueron Efá, Efer, Henoc, Abidá y Eldaá.
Todos estos son hijos de Queturá.
5 Abraham legó todos
sus bienes a Isaac. 6 También hizo regalos a los hijos de sus otras mujeres,
pero mientras vivía, los apartó de su hijo Isaac, enviándolos hacia el este,
a las regiones orientales.
La muerte de Abraham
7 Abraham vivió
ciento setenta y cinco años. 8 Murió a una edad muy avanzada, feliz y cargado
de años, y fue a reunirse con los suyos. 9 Sus hijos Isaac e Ismael lo
sepultaron en la caverna de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sójar, el
hitita, que está frente a Mamré. 10 Es el campo que Abraham había comprado a
los descendientes de Het. Allí fueron enterrados él y su esposa Sara. 11
Después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a su hijo Isaac, y este se
estableció cerca del pozo de Lajai Roí.
Los descendientes y la muerte de Ismael
12 Esta es la descendencia
de Ismael –el hijo que Agar, la sirvienta egipcia de Sara, dio a Abraham– 13
con los nombres de cada uno de sus hijos, según el orden de su nacimiento:
Nebaiot, el primogénito de Ismael; luego Quedar, Abdeel, Mibsám, 14 Mismá,
Dumá, Masá, 15 Jadad, Temá, Ietur, Nafis y Quedmá. 16 Estos son los hijos de
Ismael: doce jefes de otras tantas tribus, que dieron sus nombres al lugar
donde habitaron y a sus respectivos campamentos. 17 Ismael vivió ciento
treinta y siete años. Al cabo de ellos murió, y fue a reunirse con los suyos.
18 Sus descendientes habitaron desde Javilá de Sur, que está cerca de Egipto,
hasta Asur. Y cada uno de ellos realizó incursiones contra todos sus
hermanos.
ISAAC Y JACOB
En las tradiciones
sobre la vida de los Patriarcas, Isaac no tiene rasgos tan bien perfilados
como Abraham y Jacob. Él aparece casi siempre en un segundo plano, al lado de
su padre o de su hijo. Todo su destino parece estar resumido en el feliz
matrimonio con Rebeca, la esposa que el Señor le había preparado para
asegurar el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham.
Jacob, el tercero de
los Patriarcas, es el prototipo del luchador astuto, ambicioso y tenaz. La
tradición lo presenta primero en la casa paterna, con su hermano Esaú,
después en Mesopotamia, junto a su suegro Labán y a sus esposas Raquel y Lía,
y luego otra vez con Esaú, en la Transjordania. En su casa paterna, suplanta a
su hermano robándole el derecho a la primogenitura y la bendición paterna; en
Mesopotamia, acumula una enorme fortuna a expensas de su suegro. Cuando
regresa a Canaán para salvar su vida y sus bienes, lucha con Dios cuerpo a
cuerpo y lo obliga a bendecirlo. Esta bendición está asociada a un cambio de
nombre, que implica un cambio de misión en la vida. En adelante, él no se
llamará más Jacob, sino Israel, conviertiéndose así en padre del Pueblo
elegido. Más tarde, colmado de hijos y riquezas, se radica en el centro mismo
de la Tierra
prometida, entre Siquém y Betel.
En la azarosa vida
de Jacob, se pone en evidencia la libertad con que Dios elige los
instrumentos para la realización de sus designios. El misterio de la elección
divina escapa a todos los cálculos y criterios humanos, como lo recuerda san
Pablo en su Carta a los Romanos (Rom. 9. 10-13).
El nacimiento de Esaú y de Jacob
19 Esta es la
descendencia de Isaac, el hijo de Abraham.
Abraham fue padre de
Isaac, 20 el cual, a los cuarenta años, se casó con Rebeca, hija de Betuel,
el arameo de Padán Arám, y hermana de Labán, el arameo. 21 Isaac oró al Señor
por su esposa, que era estéril. El Señor lo escuchó, y su esposa Rebeca quedó
embarazada. 22 Como los niños se chocaban el uno contra el otro dentro de su
seno, ella exclamó: "Si las cosas tienen que ser así, ¿vale la pena
seguir viviendo?". Entonces fue a consultar al Señor, 23 y él le
respondió:
"En tu seno hay
dos naciones,
dos pueblos se
separan desde tus entrañas:
uno será mas fuerte
que el otro,
y el mayor servirá
al menor".
24 Cuando llegó el
momento del parto, resultó que había mellizos en su seno. 25 El que salió primero
era rubio, y estaba todo cubierto de vello, como si tuviera un manto de piel.
A este lo llamaron Esaú. 26 Después salió su hermano, que con su mano tenía
agarrado el talón de Esaú. Por ello lo llamaron Jacob. Cuando nacieron, Isaac
tenía sesenta años.
Esaú vende su derecho de hijo primogénito
27 Los niños
crecieron. Esaú se convirtió en un hombre agreste, experto en la caza. Jacob,
en cambio, era un hombre apacible y apegado a su carpa. 28 Isaac quería más a
Esaú, porque las presas de caza eran su plato preferido; pero Rebeca sentía
más cariño por Jacob.
29 En cierta
ocasión, Esaú volvió exhausto del campo, mientras Jacob estaba preparando un
guiso. 30 Esaú dijo a Jacob: "Déjame comer un poco de esa comida rojiza,
porque estoy extenuado". Fue por eso que se dio a Esaú el nombre de
Edóm. 31 Pero Jacob le respondió: "Dame antes tu derecho de hijo
primogénito". 32 "Me estoy muriendo", dijo Esaú. "¿De qué
me servirá ese derecho?". 33 Pero Jacob insistió: "Júramelo antes".
Él se lo juró y le vendió su derecho de hijo primogénito. 34 Jacob le dio
entonces pan y guiso de lentejas. Esaú comió y bebió; después se levantó y se
fue. Así menospreció Esaú el derecho que le correspondía por ser el hijo
primogénito.
Isaac en Guerar
26
1 Luego, aquella región volvió a padecer hambre –aparte de la que había
padecido anteriormente, en tiempos de Abraham– e Isaac se fue a Guerar, donde
estaba Abimélec, el rey de los filisteos. 2 El Señor se le apareció y le
dijo: "No bajes a Egipto; quédate en el lugar que yo te indicaré. 3
Ahora residirás por un tiempo en este país extranjero, pero yo estaré contigo
y te bendeciré. Porque te daré todas estas tierras, a ti y a tu descendencia,
para cumplir el juramento que hice a tu padre Abraham. 4 Yo multiplicaré tu
descendencia como las estrellas del cielo, y le daré todos estos territorios,
de manera que por ella se bendecirán todas las naciones de la tierra. 5 Haré
esto en premio a la obediencia de Abraham, que observó mis órdenes y mis
mandamientos, mis preceptos y mis instrucciones".
6 Mientras Isaac
estaba en Guerar, 7 la gente del lugar le hacía preguntas acerca de su mujer.
Pero él respondía: "Es mi hermana". Tenía miedo de confesar que era
su esposa, porque pensaba: "Esta gente es capaz de matarme a causa de
Rebeca, que es muy hermosa". 8 Ya hacía bastante tiempo que se
encontraba allí, cuando Abimélec, el rey de los filisteos, al mirar por la
ventana, vio que Isaac estaba acariciando a su esposa Rebeca. 9 Abimélec lo
mandó llamar y le dijo: "No cabe ninguna duda: ella es tu esposa. ¿Cómo
dijiste entonces que era tu hermana?". Isaac le respondió: "Porqué
pensé que podían matarme a causa de ella". 10 Pero Abimélec replicó:
"¿Qué nos has hecho? Faltó poco para que uno de nuestros hombres se
acostara con tu mujer, y entonces nos habrías hecho responsables de un
delito". 11 Y Abimélec dio esta orden a todo el pueblo: "El que
toque a este hombre o a su mujer será condenado a muerte".
12 Isaac sembró en
aquella región, y ese año cosechó el ciento por uno, porque el Señor lo había
bendecido. 13 Así se fue enriqueciendo cada vez más, hasta que llegó a ser
muy rico. 14 Adquirió ovejas, vacas y una numerosa servidumbre. Y los
filisteos le tuvieron envidia.
Los pozos entre Guerar y Berseba
15 Los filisteos
taparon y llenaron de tierra todos los pozos, que en tiempos de Abraham
habían cavado los servidores de su padre. 16 Y Abimélec dijo a Isaac:
"Aléjate de nuestro lado, porque tú has llegado a ser mucho más poderoso
que nosotros". 17 Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Guerar,
donde se estableció.
18 En seguida abrió
de nuevo los pozos que habían sido cavados en tiempos de su padre, y que los
filisteos habían tapado después de la muerte de Abraham, y los llamó con los
mismos nombres que les había dado su padre. 19 Pero cuando los servidores de
Isaac, que habían estado cavando en el valle, encontraron un manantial, 20
los pastores de Guerar discutieron con los de Isaac, diciendo: "Esta
agua es nuestra". Entonces Isaac llamó a ese pozo Esec, que significa
"Litigio", porque allí habían litigado con él. 21 Después cavaron
otro pozo, y volvió a producirse un altercado a causa de él. Por eso Isaac lo
llamó Sitná, que significa "Hostilidad". 22 Luego siguió avanzando,
y cavó otro pozo más. Pero esta vez no hubo ningún altercado. Entonces le
puso el nombre de Rejobot, que significa "Campo libre", porque
dijo: "Ahora el Señor nos ha dejado el campo libre, para que podamos
prosperar en esta región".
Renovación de la promesa hecha a Abraham
23 De allí subió a
Berseba, 24 y esa misma noche el Señor se le apareció para decirle:
"Yo soy el Dios
de Abraham, tu padre:
no temas, porque
estoy contigo.
Yo te bendeciré y
multiplicaré tu descendencia,
por amor a mi
servidor Abraham".
25 Allí Isaac erigió
un altar e invocó el nombre del Señor. En ese lugar estableció su campamento,
y sus servidores comenzaron a cavar un pozo.
La alianza de Isaac con Abimélec
26 Mientras tanto,
fue a verlo Abimélec, que venía de Guerar junto con Ajuzat, su consejero, y
Picol, el jefe de su ejército. 27 Isaac les preguntó: "¿Para qué vienen
a verme, si fueron ustedes los que se enemistaron conmigo y me echaron de su
lado?". 28 Ellos le respondieron: "Hemos comprobado que el Señor
está contigo, y pensamos que entre tú y nosotros debe haber un acuerdo,
ratificado con un juramento. Por eso, queremos hacer una alianza contigo: 29
tú no nos harás ningún daño, porque nosotros no te hemos causado ninguna
molestia, sino que siempre fuimos amables contigo y te dejamos partir en paz.
Tú eres ahora bendecido por el Señor". 30 Isaac les ofreció un banquete,
y ellos comieron y bebieron. 31 Al día siguiente, se levantaron de madrugada
y se hicieron un juramento mutuo. Luego Isaac los despidió, y ellos se fueron
como amigos.
32 Aquel mismo día,
los servidores de Isaac vinieron a traerles noticias sobre el pozo que habían
estado cavando, y le dijeron: "Hemos encontrado agua". 33 Él llamó
a ese pozo Sibá, que significa "Juramento". De allí procede el
nombre de la ciudad de Berseba hasta el día de hoy.
Las esposas hititas de Esaú
34 Cuando Esaú cumplió
cuarenta años, se casó con Judit, hija de Beerí, el hitita, y con Basmat,
hija de Elón, el hitita. 35 Ellas fueron una fuente de amargura para Isaac y
Rebeca.
La bendición de Isaac a Jacob
27
1 Cuando Isaac envejeció, sus ojos se debilitaron tanto que ya no veía nada.
Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: "¡Hijo mío!".
"Aquí estoy", respondió él. 2 "Como ves, continuó diciendo
Isaac, yo estoy viejo y puedo morir en cualquier momento. 3 Por eso, toma tus
armas –tu aljaba y tu arco– ve al campo, y cázame algún animal silvestre. 4
Después prepárame una buena comida, de esas que a mí me gustan, y tráemela
para que la coma. Así podré darte mi bendición antes de morir".
5 Rebeca había
estado escuchando cuando Isaac hablaba con su hijo Esaú. Y apenas este se fue
al campo a cazar un animal para su padre, 6 Rebeca dijo a Jacob: "Acabo
de oír que tu padre le decía a tu hermano Esaú: 7 ‘Tráeme un animal silvestre
y prepárame una buena comida. Yo la comeré, y te bendeciré en la presencia
del Señor antes de morir’. 8 Ahora, hijo mío, escucha bien lo que voy a
ordenar. 9 Ve al corral y tráeme de allí dos cabritos bien cebados. Yo
prepararé con ellos una buena comida para tu padre, de esas que le agradan a
él, 10 y tú se la llevarás para que la coma. Así él te bendecirá antes de
morir".
11 Pero Jacob
respondió a su madre Rebeca: "Mira que mi hermano Esaú es velludo y yo
soy lampiño. 12 Si mi padre me llega a tocar, pensará que me estoy burlando de
él, y entonces atraeré sobre mí una maldición, y no una bendición". 13
"Que esa maldición caiga sobre mí, hijo mío", le respondió su
madre. "Tú obedéceme, y tráeme los cabritos".
14 Jacob fue a
buscar los cabritos, se los llevó a su madre, y ella preparó una buena
comida, como le agradaba a su padre. 15 Después Rebeca tomó una ropa de su
hijo mayor Esaú, la mejor que había en la casa, y se la puso a Jacob, su hijo
menor; 16 y con el cuero de los cabritos le cubrió las manos y la parte
lampiña del cuello. 17 Luego le entregó la comida y el pan que había
preparado.
18 Jacob se presentó
ante su padre y le dijo: "¡Padre!". Este respondió: "Sí,
¿quién eres, hijo mío?". 19 "Soy Esaú, tu hijo primogénito,
respondió Jacob a su padre, y ya hice lo que me mandaste. Por favor, siéntate
y come lo que cacé, para que puedas bendecirme". 20 Entonces Isaac le
dijo: "¡Qué rápido lo has logrado, hijo mío!". Jacob respondió:
"El Señor, tu Dios, hizo que las cosas me salieran bien". 21 Pero
Isaac añadió: "Acércate, hijo mío, y deja que te toque, para ver si eres
realmente mi hijo Esaú o no". 22 Él se acercó a su padre; este lo palpó
y dijo: "La voz es de Jacob, pero las manos son de Esaú". 23 Y no
lo reconoció, porque sus manos estaban cubiertas de vello, como las de su
hermano Esaú. Sin embargo, cuando ya se disponía a bendecirlo, 24 le preguntó
otra vez: "¿Tú eres mi hijo Esaú?". "Por supuesto",
respondió él. 25 "Entonces sírveme, continuó diciendo Isaac, y déjame
comer lo que has cazado, para que pueda darte mi bendición". Jacob le
acercó la comida, y su padre la comió; también le sirvió vino, y lo bebió. 26
Luego su padre Isaac le dijo: "Acércate, hijo mío, y dame un beso".
27 Cuando él se acercó para besarlo, Isaac percibió la fragancia de su ropa.
Entonces lo bendijo diciendo:
"Sí, la
fragancia de mi hijoes como el aroma de un campoque el Señor ha bendecido.
28 Que el Señor te
dé el rocío del cielo,y la fertilidad de la tierra,trigo y vino en
abundancia.
29 Que los pueblos
te sirvany las naciones te rindan homenaje.
Tú serás el señor de
tus hermanos,y los hijos de tu madre se inclinarán ante ti.
Maldito sea el que
te maldiga,y bendito el que te bendiga".
30 Apenas Isaac
había terminado de bendecir a Jacob, en el preciso momento que este se
apartaba de su padre, su hermano Esaú volvió de cazar. 31 Él también preparó
una comida apetitosa y la presentó a su padre, diciendo: "Levántate,
padre, y come la presa que tu hijo ha cazado. Así podrás bendecirme". 32
Isaac, su padre, le preguntó: "Y tú, ¿quién eres?". "Soy Esaú,
tu hijo primogénito", le respondió él. 33 Isaac quedó profundamente
turbado y exclamó: "¿Quién ha sido entonces el que cazó una presa y me
la trajo? Yo la comí antes que tú llegaras, lo bendije, y quedará
bendecido". 34 Al oír las palabras de su padre, Esaú lanzó un fuerte
grito lleno de amargura. Luego dijo: "¡Padre, bendíceme también a
mí!". 35 Pero Isaac respondió a Esaú: "Ha venido tu hermano y,
valiéndose de un engaño, se llevó tu bendición".
36 Esaú dijo
entonces: "Sí, con razón se llama Jacob. Ya van dos veces que me
desplaza: primero arrebató mi condición de hijo primogénito, y ahora se ha
llevado mi bendición". Y agregó: "¿No has reservado una bendición
para mí?". 37 Isaac respondió a Esaú: "Lo he constituido tu señor y
le he dado como servidores a todos sus hermanos; lo he provisto de trigo y de
vino: ¿qué más puedo hacer por ti, hijo mío?".
38 Esaú dijo a su
padre: "¿Acaso tienes sólo una bendición?". Isaac permaneció en
silencio. Esaú lanzó un grito y se puso a llorar. 39 Isaac le respondió,
diciéndole:
"Tu morada
estarálejos de los campos fértilesy del rocío que cae del cielo.
40 Vivirás de tu
espaday servirás a tu hermano.
Pero cuando te
rebeles,lograrás sacudir su yugo de tu cuello".
41 Esaú sintió hacia
su hermano un profundo rencor, por la bendición que le había dado su padre. Y
pensó: "Pronto estaremos de duelo por mi padre. Entonces mataré a mi
hermano Jacob".
42 Cuando contaron a
Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor, ella mandó llamar a Jacob, su
hijo menor y le dijo: "Tu hermano te quiere matar para vengarse de ti.
43 Ahora, hijo mío, obedéceme. Huye inmediatamente a Jarán, a casa de mi
hermano Labán, 44 y quédate con él algún tiempo, hasta que tu hermano se
tranquilice, 45 hasta que se calme su ira contra ti y olvide lo que le has
hecho. Después yo te mandaré a buscar. ¿Por qué voy a perderlos a los dos en
un solo día?".
El viaje de Jacob a Padán Arám
46 Rebeca dijo a
Isaac: "¡Esas mujeres hititas me han quitado hasta las ganas de vivir!
Si también Jacob se casa con una de esas hititas, con una nativa de este
país, ¿qué me importa ya de la vida?".
28
1 Por eso, Isaac llamó a Jacob, lo bendijo, y le ordenó: "No te cases
con una mujer cananea. 2 Ve ahora mismo a Padán Arám, a la casa de Betuel, tu
abuelo materno, y elige para ti una mujer entre las hijas de Labán, el
hermano de tu madre. 3 Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y
te dé una descendencia numerosa, para que seas el padre de una asamblea de
pueblos. 4 Que él te dé, a ti y a tu descendencia, la bendición de Abraham,
para que puedas tomar posesión de la tierra donde ahora vives como
extranjero, esa tierra que Dios concedió a Abraham". 5 Luego Isaac
despidió a Jacob, y este se fue a Padán Arám, a casa de Labán, hijo de
Betuel, el arameo, y hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú.
El otro casamiento de Esaú
6 Esaú vio que Isaac
había bendecido a Jacob y lo había enviado a Padán Arám para que se buscara
allí una esposa. Vio, asimismo, que al bendecirlo le había dado esta orden:
"No te cases con una mujer cananea", 7 y que Jacob, obedeciendo a
su padre y a su madre, se había ido a Padán Arám. 8 Entonces comprendió
cuánto disgustaban a su padre Isaac las mujeres cananeas. 9 Por eso acudió a
Ismael, el hijo de Abraham, y tomó por esposa –además de las que ya tenía– a
Majalat, hija de Ismael y hermana de Nebaiot.
El sueño de Jacob en Betel
10 Jacob partió de
Berseba y se dirigió hacia Jarán. 11 De pronto llegó a un lugar, y se detuvo
en él para pasar la noche, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las
piedras del lugar, se la puso como almohada y se acostó allí. 12 Entonces
tuvo un sueño: vio una escalinata que estaba apoyada sobre la tierra, y cuyo
extremo superior tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban ángeles de Dios.
13 Y el Señor, de pie junto a él, le decía: "Yo soy el Señor, el Dios de
Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la
tierra donde estás acostado. 14 Tu descendencia será numerosa como el polvo
de la tierra; te extenderás hacia el este y el oeste, el norte y el sur; y por
ti y tu descendencia, se bendecirán todas las familias de la tierra. 15 Yo
estoy contigo: te protegeré dondequiera que vayas, y te haré volver a esta
tierra. No te abandonaré hasta haber cumplido todo lo que te prometo".
16 Jacob se despertó
de su sueño y exclamó: "¡Verdaderamente el Señor está en este lugar, y
yo no lo sabía!". 17 Y lleno de temor, añadió: "¡Qué temible es
este lugar! Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo". 18 A la madrugada del día
siguiente, Jacob tomó la piedra que le había servido de almohada, la erigió
como piedra conmemorativa, y derramó aceite sobre ella. 19 Y a ese lugar, que
antes se llamaba Luz, lo llamó Betel, que significa "Casa de Dios".
20 Luego Jacob hizo este voto: "Si Dios me acompaña y me protege durante
el viaje que estoy realizando, si me da pan para comer y ropa para vestirme,
21 y si puedo regresar sano y salvo a la casa de mi padre, el Señor será mi
Dios. 22 Y esta piedra conmemorativa que acabo de erigir, será la casa de
Dios. Además, le pagaré el diezmo de todo lo que me dé".
Jacob en casa de Labán
29
1 Jacob reanudó la marcha y se fue al país de los Orientales. 2 Allí vio un
pozo en medio del campo, junto al cual estaban tendidos tres rebaños de
ovejas, porque en ese pozo daban de beber al ganado. La piedra que cubría la
boca del pozo era muy grande. 3 Solamente cuando estaban reunidos todos los
pastores, podían correrla para dar de beber a los animales. Luego la volvían
a poner en su lugar, sobre la boca del pozo.
4 Jacob dijo a los
pastores: "Hermanos, ¿de dónde son ustedes?". "Somos de
Jarán", respondieron. 5 Él añadió: "¿Conocen a Labán, hijo de
Najor?". "Sí", dijeron ellos. 6 Él volvió a preguntarles:
"¿Se encuentra bien?". "Muy bien", le respondieron.
"Precisamente, ahí viene su hija Raquel con el rebaño". 7 Entonces
él les dijo: "Aún es pleno día; todavía no es hora de entrar los
animales. ¿Por qué no les dan de beber y los llevan a pastar?". 8
"No podemos hacerlo, dijeron ellos, hasta que no se reúnan todos los
pastores y hagan rodar la piedra que está sobre la boca del pozo. Sólo
entonces podremos dar de beber a los animales".
9 Todavía estaba
hablando con ellos, cuando llegó Raquel, que era pastora, con el rebaño de su
padre. 10 Apenas Jacob vio a Raquel, la hija de su tío Labán, que traía el
rebaño, se adelantó, hizo rodar la piedra que cubría la boca del pozo, y dio
de beber a las ovejas de su tío. 11 Después besó a Raquel y lloró de emoción.
12 Entonces le contó que él era pariente de Labán –por ser hijo de Rebeca– y
ella fue corriendo a comunicar la noticia a su padre. 13 Labán, por su parte,
al oír que se trataba de Jacob, el hijo de su hermana, corrió a saludarlo; lo
abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Y cuando Jacob le contó todo lo que
había sucedido, 14 Labán le dijo: "Realmente, tú eres de mi misma
sangre".
Las dos esposas de Jacob
Después que Jacob
pasó un mes entero en compañía de Labán, 15 este le dijo: "¿Acaso porque
eres pariente mío me vas a servir gratuitamente? Indícame cuál debe ser tu
salario". 16 Ahora bien, Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lía,
y la menor, Raquel. 17 Lía tenía una mirada tierna, pero Raquel tenía una
linda silueta y era muy hermosa. 18 Y como Jacob se había enamorado de Raquel,
respondió: "Te serviré durante siete años, si me das por esposa a
Raquel, tu hija menor". 19 "Mejor es dártela a ti que a un
extraño", asintió Labán. "Quédate conmigo". 20 Y Jacob trabajó
siete años para poder casarse con Raquel, pero le parecieron unos pocos días,
por el gran amor que le tenía.
21 Después Jacob
dijo a Labán: "Dame a mi esposa para que pueda unirme con ella, porque
el plazo ya se ha cumplido". 22 Labán reunió a toda la gente del lugar e
hizo una fiesta. 23 Pero al anochecer, tomó a su hija Lía y se la entregó a
Jacob. Y Jacob se unió a ella. 24 Además, Labán destinó a su esclava Zilpá,
para que fuera sirvienta de su hija Lía. 25 A la mañana siguiente, Jacob reconoció a
Lía. Entonces dijo a Labán: "¿Qué me has hecho? ¿Acaso yo no te serví
para poder casarme con Raquel? ¿Por qué me engañaste?". 26 Pero Labán le
respondió: "En nuestro país no se acostumbra a casar a la menor antes
que a la mayor. 27 Por eso, espera que termine la semana de esta fiesta
nupcial, y después te daré también a Raquel, como pago por los servicios que
me prestarás durante otros siete años".
28 Jacob estuvo de
acuerdo: esperó que concluyera esa semana, y después, Labán le dio como
esposa a su hija Raquel. 29 Además, Labán destinó a su esclava Bilhá, para
que fuera sirvienta de su hija Raquel. 30 Jacob se unió a ella, y la amó más
que a Lía. Y estuvo al servicio de Labán siete años más.
Los hijos de Lía
31 Cuando el Señor
vio que Lía no era amada, la hizo fecunda, mientras que Raquel permaneció
estéril. 32 Lía concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Rubén, porque
dijo: "El Señor ha visto mi aflicción; ahora sí que mi esposo me
amará". 33 Luego volvió a concebir, y tuvo otro hijo. Entonces exclamó:
"El Señor se dio cuenta de que yo no era amada, y por eso me dio también
a este". Y lo llamó Simeón. 34 Después concibió una vez más, y cuando
dio a luz, dijo: "Ahora mi marido sentirá afecto por mí, porque le he
dado tres hijos". Por eso lo llamó Leví. 35 Finalmente, volvió a
concebir y a tener un hijo. Entonces exclamó: "Esta vez alabaré al
Señor", y lo llamó Judá. Después dejó de tener hijos.
Los hijos de Bilhá
30
1 Al ver que no podía dar hijos a Jacob, Raquel tuvo envidia de su hermana, y
dijo a su marido: "Dame hijos, porque si no, me muero". 2 Pero
Jacob, indignado, le respondió: "¿Aca-so yo puedo hacer las veces de
Dios, que te impide ser madre?". 3 Ella añadió: "Aquí tienes a mi
esclava Bilhá. Únete a ella, y que dé a luz sobre mis rodillas. Por medio de
ella, también yo voy a tener hijos". 4 Así le dio por mujer a su esclava
Bilhá. Jacob se unió a ella, 5 y cuando Bilhá concibió y dio un hijo a Jacob,
6 Raquel dijo: "Dios me hizo justicia: él escuchó mi voz y me ha dado un
hijo". Por eso lo llamó Dan. 7 Des-pués Bilhá, la esclava de Raquel,
volvió a concebir y dio un segundo hijo a Jacob. 8 Entonces Raquel dijo:
"Sostuve con mi hermana una lucha muy grande, pero al fin he
vencido". Y lo llamó Neftalí.
Los hijos de Zilpá
9 Lía, por su parte,
viendo que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá y se la dio
como mujer a Jacob. 10 Cuando Zilpá, la esclava de Lía, dio un hijo a Jacob,
11 Lía exclamó: "¡Qué suerte!". Y lo llamó Gad. 12 Después Zilpá,
la esclava de Lía, dio otro hijo a Jacob. 13 Lía dijo entonces: "¡Qué
felicidad! Porque todas las mujeres me felicitarán". Y lo llamó Aser.
Los otros hijos de Lía
14 Rubén salió una
vez mientras se estaba cosechando el trigo, y encontró en el campo unas
mandrágoras, que luego entregó a su madre. Entonces Raquel dijo a Lía:
"Por favor, dame algunas de esas mandrágoras que trajo tu hijo". 15
Pero Lía respondió: "¿No te basta con haberme quitado a mi marido, que
ahora quieres arrebatarme también las mandrágoras de mi hijo?".
"Está bien, respondió Raquel, que esta noche duerma contigo, a cambio de
las mandrágoras de tu hijo".
16 Al atardecer,
cuando Jacob volvía del campo, Lía salió a su encuentro y le dijo:
"Tienes que venir conmigo, porque he pagado por ti las mandrágoras que
encontró mi hijo". Aquella noche Jacob durmió con ella, 17 y Dios la
escuchó, porque concibió una vez más, y dio a Jacob un quinto hijo. 18
Entonces Lía exclamó: "Dios me ha recompensado, por haber dado mi
esclava a mi marido". Y lo llamó Isacar.
19 Luego Lía volvió
a concebir y dio un sexto hijo a Jacob. 20 "Dios me hizo un precioso
regalo", dijo Lía. "Esta vez mi marido me honrará, porque le he
dado seis hijos". Y lo llamó Zabulón. 21 Finalmente tuvo una hija, a la
que llamó Dina.
El primer hijo de Raquel
22 Dios también se
acordó de Raquel, la escuchó e hizo fecundo su seno. 23 Ella concibió y dio a
luz un hijo. Entonces exclamó: "Dios ha borrado mi afrenta". 24 Y
lo llamó José, porque dijo: "Que el Señor me conceda un hijo más".
El enriquecimiento de Jacob
25 Después que
Raquel dio a luz a José, Jacob dijo a Labán: "Déjame volver a mi casa y
a mi país. 26 Dame a mis mujeres, por las que te he servido, y a mis hijos,
para que pueda irme. Porque tú sabes muy bien cuánto trabajé por ti". 27
Pero Labán le respondió: "Si quieres hacerme un favor, quédate conmigo.
Yo he llegado a saber, por medio de la adivinación, que el Señor me bendijo
gracias a ti. 28 Por eso, siguió diciendo, fíjame tú mismo el salario que
debo pagarte". 29 Entonces Jacob añadió: "Tú sabes bien cómo te he
servido, y cómo prosperó tu hacienda gracias a mis cuidados. 30 Lo poco que
tenías antes que yo llegara se ha acrecentado enormemente, ya que el Señor te
bendijo gracias a mí. Pero ya es hora de que también haga algo por mi propia
casa".
31 "¿Qué debo
darte en pago?", preguntó Labán. Y Jacob respondió: "No tendrás que
pagarme nada. Si haces lo que te voy a proponer, yo volveré a apacentar tu
rebaño y a ocuparme de él. 32 Revisa hoy mismo todo tu rebaño, y aparta de él
todas las ovejas negras y todas las cabras moteadas o manchadas. Ese será mi
salario. 33 Y más adelante, cuando tú mismo vengas a verificar mis ganancias,
mi honradez responderá por mí: si llego a tener en mi poder alguna cabra que
no sea manchada o moteada, o alguna oveja que no sea negra, eso será un robo
que yo he cometido". 34 "Está bien, dijo Labán, que sea como tú
dices".
35 Pero aquel mismo
día, Labán separó los chivos rayados y moteados, todas las cabras manchadas y
moteadas –todo lo que tenía una mancha blanca– y todos los corderos negros, y
los confió al cuidado de sus hijos. 36 Después interpuso entre él y Jacob una
distancia de tres días de camino. Mientras tanto, Jacob apacentaba el resto
del rebaño de Labán.
37 Jacob tomó unas
ramas verdes de álamo, almendro y plátano, y trazó en ellas unas franjas
blancas, dejando al descubierto la parte blanca de las ramas. 38 Luego puso
frente a los animales, en los bebederos o recipientes de agua donde iba a
beber el rebaño, las ramas que había descortezado. Y cuando los animales iban
a beber, entraban en celo. 39 De esta manera, se unían delante de las ramas y
así tenían crías rayadas, moteadas o manchadas. 40 Además, Jacob separó a los
carneros y los puso frente a los animales rayados y negros del rebaño de
Labán. Así pudo formar sus propios rebaños, que mantuvo separados de los
rebaños de Labán. 41 Y cuando los animales que entraban en celo eran
robustos, Jacob ponía las ramas en los bebederos, bien a la vista de los
animales, para que se unieran delante de las ramas; 42 pero cuando los
animales eran débiles, no las ponía. Así los animales robus-tos eran para
Jacob, y los débiles para Labán.
43 De esta manera
Jacob se hizo extremadamente rico, y llegó a tener una gran cantidad de
ganado, de esclavos, esclavas, camellos y asnos.
La huida de Jacob
31
1 Jacob se enteró de que los hijos de Labán andaban diciendo: "Jacob se
ha apoderado de todos los bienes de nuestro padre, y a expensas de él ha
conseguido toda esta riqueza". 2 Y también advirtió que la actitud de
Labán para con él ya no era la misma de antes. 3 Entonces el Señor le dijo:
"Vuelve a la tierra de tus padres y de tu familia, y yo estaré
contigo".
4 Jacob mandó llamar
a Raquel y a Lía para que fueran a encontrarse con él en el campo donde
estaba el rebaño, 5 y les dijo: "He advertido que el padre de ustedes ya
no se comporta conmigo como antes; pero el Dios de mi padre ha estado
conmigo. 6 Ustedes saben muy bien que yo puse todo mi empeño en servir a mi
suegro. 7 Sin embargo, él se ha burlado de mí y ha cambiado diez veces mi
salario. Pero Dios no le ha permitido que me hiciera ningún mal. 8 Si él
establecía: ‘Los animales manchados serán tu salario’, todo el rebaño tenía
crías manchadas; y si él decía: ‘Los animales rayados serán tu paga’, todo el
rebaño tenía crías rayadas. 9 Así Dios lo despojó de su ganado y me lo dio a
mí. 10 Una vez, durante el período en que el rebaño entra en celo, yo tuve un
sueño. De pronto vi que los chivos que cubrían a las cabras eran rayados,
manchados o moteados. 11 Y en el sueño, el Ángel de Dios me llamó: ‘¡Jacob!’.
‘Aquí estoy’, le respondí. 12 Entonces él me dijo: ‘Fíjate bien: todos los chivos
que cubren a las cabras son rayados, manchados o moteados, porque yo me he
dado cuenta de todo lo que te hizo Labán. 13 Yo soy el Dios que se te
apareció en Betel, allí donde tú ungiste una piedra conmemorativa y me
hiciste un voto. Ahora levántate, sal de este país, y regresa a tu tierra
natal’".
14 Raquel y Lía le
respondieron diciendo: "¿Tenemos todavía una parte y una herencia en la
casa de nuestro padre? 15 ¿Acaso no nos ha tratado como a extrañas? No sólo
nos ha vendido, sino que además se ha gastado el dinero que recibió por
nosotras. 16 Sí, toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre es
nuestra y de nuestros hijos. Procede como Dios te lo ha ordenado".
17 Inmediatamente Jacob
hizo montar en los camellos a sus hijos y a sus mujeres, 18 y se llevó todo
su ganado y todos sus bienes –el ganado de su propiedad, que había adquirido
en Padán Arám– para ir a la tierra de Canaán, donde se encontraba Isaac, su
padre. 19 Como Labán estaba ausente, esquilando sus ovejas, Raquel se adueñó
de los ídolos familiares que pertenecían a su padre. 20 Y Jacob engañó a
Labán, el arameo, porque huyó sin decirle una palabra. 21 Así escapó Jacob
con todo lo que tenía, y apenas estuvo al otro lado del Éufrates, se dirigió
hacia la montaña de Galaad.
La persecución de Labán a Jacob
22 Al tercer día
notificaron a Labán que Jacob había huido. 23 Labán reunió a sus parientes y
lo persiguió durante siete días, hasta que al fin lo alcanzó en la montaña de
Galaad. 24 Pero esa misma noche, Dios se apareció en sueños a Labán, el
arameo, y le dijo: "Cuidado con entrometerte para nada en los asuntos de
Jacob".
25 Cuando Labán
alcanzó a Jacob, este había instalado su campamento en la montaña. Labán, por
su parte, acampó en la montaña de Galaad. 26 Labán dijo entonces a Jacob:
"¿Qué has hecho? ¡Me has engañado y te has llevado a mis hijas como
prisioneras de guerra! 27 ¿Por qué has huido ocultamente y me has engañado?
Si me hubieras avisado, yo te habría despedido con una fiesta, con cantos y
con música de tambores y liras. 28 Pero tú ni siquiera me has permitido
saludar con un beso a mis nietos y a mis hijas. Realmente te has comportado
como un insensato. 29 Yo tengo poder suficiente para hacerles una mala jugada
a todos ustedes. Sin embargo, ayer por la noche, el Dios de tu padre me dijo:
‘Cuidado con entrometerte para nada en los asuntos de Jacob’. 30 De todas
maneras, está bien: tú te has ido porque añorabas tu casa paterna. Pero ¿por
qué robaste mis dioses?".
31 "Yo estaba
atemorizado, respondió Jacob a Labán, pensando que podías quitarme a tus
hijas. 32 Y en lo que respecta a tus dioses, si llegas a encontrarlos en
poder de alguno de nosotros, ese no quedará con vida. Revisa bien, en
presencia de nuestros hermanos, a ver si hay aquí algo que te pertenece, y
llévatelo". Por supuesto, Jacob ignoraba que Raquel los había robado.
33 Labán entró en la
carpa de Jacob, en la de Lía, y en la de las dos esclavas, y no encontró
nada. Al salir de la carpa de Lía, entró en la de Raquel. 34 Pero Raquel
había tomado los ídolos, los había guardado en la montura del camello y se
había sentado encima de ellos. Después que Labán registró toda la carpa sin
obtener ningún resultado, 35 Raquel dijo a su padre: "Que mi señor no lo
tome a mal; pero no puedo ponerme de pie ante él, porque me sucede lo que es
habitual en las mujeres". Y por más que buscó, no logró encontrar los
ídolos.
36 Jacob se llenó de
indignación, y reprochó a Labán diciéndole: "¿Qué delito o falta he
cometido para que me acoses de esa manera? 37 Acabas de registrar todas mis
cosas y no has encon- trado un solo objeto que te pertenezca. Si lo has
encontrado, colócalo aquí, delante de tu gente y de la mía, y que ellos
decidan quién de nosotros tiene razón. 38 En los veinte años que estuve
contigo, tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, y jamás me comí los
carneros de tu rebaño. 39 Nunca te llevé un animal despedazado por las
fieras: yo mismo debía reparar la pérdida, porque tú me reclamabas lo que
había sido robado tanto de día como de noche. 40 De día me consumía el calor,
y de noche, la helada; y el sueño huía de mis ojos. 41De los veinte años que
pasé en tu casa, catorce trabajé por tus dos hijas, y seis por tu rebaño, y
tú me cambiaste el salario diez veces. 42 Y si el Dios de mi padre –el Dios
de Abraham y el Terror de Isaac– no hubiera estado de mi parte, me habrías
despedido con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi opresión y mi fatiga, y
ayer por la noche pronunció su fallo".
La alianza de Jacob con Labán
43 Labán replicó a
Jacob: "Estas mujeres son mis hijas, y estos muchachos, mis nietos; y
también es mío el rebaño. Todo lo que ves me pertenece. Pero ¿qué puedo hacer
ahora contra mis hijas y mis nietos? 44 Por eso, hagamos una alianza, y que
haya un testigo entre tú y yo".
45 Entonces Jacob
tomó una piedra y la erigió como piedra conmemorativa. 46 Labán por su parte,
dijo a sus hermanos: "Recojan unas piedras". Ellos las recogieron,
las amontonaron y comieron allí, sobre el montón de piedras. 47 Y Labán le puso
el nombre de Iegar Sahadutá, mientras que Jacob lo llamó Galed. 48 Después
Labán declaró: "Este montón de piedras será siempre un testigo entre tú
y yo, como lo es ahora". Por eso lo llamó Galed. 49 Además, le puso el
nombre de Mispá, porque dijo: "Que el Señor nos vigile a los dos, cuando
estemos lejos el uno del otro: 50 si tú maltratas a mis hijas o te unes a
otras mujeres además de ellas –aunque no haya nadie entre nosotros– recuerda
que Dios está como testigo entre tú y yo". 51 Luego añadió: "Mira este
montón de piedras, y mira la piedra conmemorativa que yo erigí entre tú y yo:
52 una y otra cosa serán testigos de que ninguno de los dos iremos más allá
de este montón de piedras y de esta piedra conmemorativa, con malas
intenciones. 53 Que el Dios de Abraham y el Dios de Najor sea nuestro
juez". Entonces Jacob prestó un juramento por el Terror de Isaac.
54 Luego ofreció un
sacrificio sobre la Montaña,
e invitó a sus hermanos a participar del banquete. Ellos comieron y pasaron
la noche en la Montaña.
32
1 A la
madrugada del día siguiente, Labán abrazó a sus nietos y a sus hijas, los
bendijo, y regresó a su casa, 2 mientras que Jacob prosiguió su camino. De
pronto, le salieron al paso unos ángeles de Dios. 3 Al verlos, Jacob exclamó:
"Este es un campamento de Dios". Por eso dio a ese lugar el nombre
de Majanaim.
Los preparativos de Jacobpara su encuentro con Esaú
4 Después Jacob
envió unos mensajeros a su hermano Esaú –que vivía en la región de Seír, en
las estepas de Edóm– 5 dándoles esta orden: "Digan a mi señor Esaú: Así
habla tu servidor Jacob: Fui a pasar un tiempo a la casa de Labán, y me quedé
allí hasta ahora. 6 Poseo bueyes, asnos, ovejas, esclavos y esclavas. Mando a
informar de esto a mi señor, con la esperanza de que me reciba amigablemente".
7 Pero los
mensajeros regresaron con esta noticia: "Fuimos a ver a tu hermano Esaú,
y ahora viene a tu encuentro acompañado de cuatrocientos hombres". 8
Jacob sintió un gran temor y se llenó de angustia. Entonces dividió a la
gente que lo acompañaba en dos grupos, y lo mismo hizo con las ovejas, las
vacas y los camellos, 9 porque pensó: "Si Esaú acomete contra uno de los
grupos y lo destruye, el otro quedará a salvo". 10 Después pronunció
esta oración: "Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, Señor,
que me dijiste: ‘Regresa a tu tierra natal y seré bondadoso contigo’, 11 yo
soy indigno de las gracias con que has favorecido constantemente a tu
servidor. Porque cuando crucé el Jordán, no tenía nada más que mi bastón, y
ahora he podido formar dos campamentos. 12 Te ruego que me libres de la
amenaza de mi hermano Esaú, porque tengo miedo de que él venga y nos
destruya, sin perdonar a nadie. 13 Tú mismo has afirmado: ‘Yo seré bondadoso
contigo y haré que tu descendencia sea una multitud incontable como la arena
del mar’".
14 Después de pasar
la noche en aquel lugar, Jacob tomó una parte de los bienes que tenía a mano,
para enviarlos como obsequio a su hermano Esaú. 15 Eran doscientas cabras y
veinte chivos, doscientas ovejas y veinte carneros, 16 treinta camellas con
sus crías, cuarenta vacas y diez toros, veinte asnas y diez asnos. 17 Luego
confió a sus servidores cada manada por separado, y les dijo: "Sigan
adelante, pero dejen un espacio libre entre una manada y la otra". 18 Y
al que iba al frente le dio esta orden: "Cuando mi hermano Esaú te salga
al paso y te pregunte: ‘¿Quién es tu patrón? ¿Adónde vas? ¿Y quién es el
dueño de todo eso que está delante de ti?’, 19 tú le responderás: ‘Todo esto
pertenece a tu servidor Jacob: es un regalo que él envía a mi señor Esaú.
Detrás de nosotros viene él personalmente’". 20 Jacob dio esa misma
orden al segundo, y al tercero, y a todos los demás que iban detrás de las
manadas diciéndoles: "Cuando se encuentren con mi hermano Esaú, díganle
todo esto. 21 Y tengan cuidado de añadir: ‘Detrás de nosotros viene tu
servidor Jacob personalmente’". Porque pensaba: "Lo aplacaré con
los regalos que me preceden y después me presentaré yo; tal vez así me reciba
bien". 22 Y aquella noche Jacob permaneció en el campamento, mientras
sus regalos iban delante de él.
La lucha misteriosa de Jacob
23 Aquella noche,
Jacob se levantó, tomó a sus dos mujeres, a sus dos sirvientas y a sus once
hijos, y cruzó el vado de Iaboc. 24 Después que los hizo cruzar el torrente,
pasó también todas sus posesiones.
25 Entonces se quedó
solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. 26 Al ver que no podía
dominar a Jacob, lo golpeó en la articulación del fémur, y el fémur de Jacob
se dislocó mientras luchaban. 27 Luego dijo: "Déjame partir, porque ya
está amaneciendo". Pero Jacob replicó: "No te soltaré si antes no
me bendices". 28 El otro le preguntó: "¿Cómo te llamas?",
"Jacob", respondió. 29 Él añadió: "En adelante no te llamarás
Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has
vencido". 30 Jacob le rogó: "Por favor, dime tu nombre". Pero
él respondió: "¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?". Y allí
mismo lo bendijo.
31 Jacob llamó a
aquel lugar con el nombre de Peniel, porque dijo: "He visto a Dios cara
a cara, y he salido con vida". 32 Mientras atravesaba Peniel, el sol
comenzó a brillar, y Jacob iba rengueando del muslo. 33 Por eso los
israelitas no comen hasta el presente el nervio ciático que está en la
articulación del fémur, porque Jacob fue tocado en la articulación del fémur,
en el nervio ciático.
El encuentro de Jacob con Esaú
33
1 Jacob alzó los ojos, y al ver que Esaú venía acompañado de cuatrocientos
hombres, repartió a los niños entre Lía, Raquel y las dos esclavas. 2 Puso al
frente a las esclavas con sus niños, luego a Lía y a sus hijos, y por último
a Raquel y a José. 3 Después se adelantó él personalmente, y antes de
enfrentarse con su hermano, se postró en tierra siete veces. 4 Pero Esaú
corrió a su encuentro, lo estrechó entre sus brazos, y lo besó llorando. 5
Luego dirigió una mirada a su alrededor, y al ver a las mujeres y a los
niños, preguntó: "¿Quiénes son estos que están contigo?". "Son
los hijos que Dios ha concedido a tu servidor", respondió Jacob. 6
Entonces se le acercaron las esclavas con sus hijos y se postraron ante él. 7
Inmediatamente vino Lía con sus hijos, y también se postraron. Por último se
adelantaron José y Raquel, e hicieron lo mismo.
8 Esaú preguntó:
"¿Qué intentabas hacer con todo ese ganado que me salió al paso?".
"Lograr que mi señor me diera la bienvenida", respondió Jacob. 9
Pero Esaú añadió: "Ya tengo bastante, querido hermano. Quédate con lo
que es tuyo". 10 "No, le dijo Jacob; si quieres hacerme un favor,
acepta el regalo que te ofrezco, porque ver tu rostro ha sido lo mismo que ver
el rostro de Dios, ya que me has recibido tan afectuosamente. 11 Toma el
obsequio que te ha sido presentado, porque Dios me ha favorecido y yo tengo
todo lo necesario". Y ante tanta insistencia, Esaú aceptó.
La separación de Jacob y Esaú
12 Después Esaú
continuó diciendo: "Vámonos de aquí, y yo te serviré de escolta".
13 Pero Jacob respondió: "Mi señor sabe que los niños son delicados.
Además, las ovejas y las vacas han tenido cría, y yo debo velar por ellas.
Bastará con exigirles un solo día de marcha forzada, para que muera todo el
rebaño. 14 Tú sigue adelante, mientras yo avanzo lentamente, al paso de la
caravana que me va precediendo, y al paso de los niños. Luego te alcanzaré en
Seír". 15 Esaú dijo entonces: "Permíteme al menos que ponga a tu
disposición una parte de los hombres que me acompañan". "¿Para
qué?", respondió Jacob. "Basta que seas benévolo conmigo".
16 Aquel mismo día,
Esaú emprendió el camino de regreso a Seír, 17 mientras que Jacob siguió
avanzando hasta Sucot. Allí edificó una casa para él, y chozas para el
ganado. Fue por eso que se dio a ese lugar el nombre de Sucot, que significa
"Chozas".
La llegada de Jacob a Siquém
18 A
su regreso de Padán Arám, Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquém, que
está en la tierra de Canaán, y acampó a la vista de la ciudad. 19 Después
compró a los hijos de Jamor, el padre de Siquém, por cien monedas de plata,
la parcela de campo donde había instalado su campamento. 20 Allí erigió un
altar, al que llamó "Dios, Dios de Israel".
El rapto y la violación de Dina
34
1 Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, salió una vez a mirar a las
mujeres del país. 2 Cuando la vio Siquém –que era hijo de Jamor, el jivita,
príncipe de aquella región– se la llevó y abusó de ella. 3 Pero después se
sintió atraído por la muchacha y se enamoró de ella, de manera que trató de
ganarse su afecto. 4 Además, dijo a su padre Jamor: "Consígueme a esa
muchacha para que sea mi esposa". 5 Jacob, por su parte, se enteró de
que Siquém había violado a su hija Dina, pero como sus hijos estaban en el
campo, cuidando el ganado, no dijo nada hasta su regreso.
6 Entonces Jamor, el
padre de Siquém, fue a encontrarse con Jacob para conversar con él. 7 En ese
momento, volvieron del campo los hijos de Jacob, y cuanto tuvieron noticia de
lo ocurrido, se disgustaron profundamente y se enfurecieron, porque al abusar
de la hija de Jacob, Siquém había cometido una infamia contra Israel, y eso
no se debe hacer. 8 Pero Jamor les habló en estos términos: "Mi hijo
Siquém está realmente enamorado de esta muchacha. Permítanle casarse con
ella. 9 Conviértanse en parientes nuestros: ustedes nos darán a sus hijas, y
obtendrán en cambio las nuestras. 10 Así podrán vivir entre nosotros y
tendrán el país a su disposición para instalarse en él, para recorrerlo
libremente y adquirir propiedades". 11 Después Siquém dijo al padre y a
los hermanos de la muchacha: "Si me hacen este favor, yo les daré lo que
me pidan. 12 Aunque me exijan a cambio de ella un precio muy elevado, les
pagaré lo que ustedes digan. Pero dejen que me case con la muchacha".
13 Sin embargo, como
su hermana había sido ultrajada, los hijos de Jacob resolvieron engañar a
Siquém y a su padre Jamor, 14 diciéndoles: "No podemos hacer semejante
cosa, porque sería para nosotros una vergüenza entregar nuestra hermana a un
incircunciso. 15 Aceptaremos solamente con esta condición: que ustedes se
hagan iguales a nosotros, circuncidando a todos sus varones. 16 Entonces
podremos darles a nuestras hijas y casarnos con las de ustedes, vivir entre
ustedes y formar un solo pueblo. 17 Si no llegan a un acuerdo con nosotros en
lo que se refiere a la circuncisión, tomaremos a nuestra hermana y nos
iremos". 18 La propuesta pareció razonable a Jamor y a su hijo Siquém,
19 y el joven no dudó un instante en satisfacer esa demanda, tanto era el
cariño que sentía por la hija de Jacob. Además, él era el más respetado entre
los miembros de su familia.
20 Entonces Jamor y
su hijo Siquém se presentaron en la puerta de la ciudad, y hablaron a todos
sus conciudadanos en los siguientes términos: 21 "Estos hombres son
nuestros amigos. Dejen que se instalen en el país y que puedan recorrerlo
libremente; aquí hay bastante espacio para ellos. Nosotros nos casaremos con
sus hijas, y les daremos en cambio a las nuestras. 22 Pero esta gente
accederá a permanecer con nosotros y a formar un solo pueblo, únicamente con
esta condición: que todos nuestros varones se hagan circuncidar, igual que
ellos. 23 ¿Acaso no van a ser nuestros su ganado, sus posesiones y todos sus
animales? Pongámonos de acuerdo con ellos, y que se queden con
nosotros". 24 Todos los que se reunían en la puerta de la ciudad
accedieron a la propuesta de Jamor y de su hijo Siquém, y todos se hicieron
circuncidar.
La venganza de Simeón y Leví contra Siquém
25 Al tercer día,
cuando todavía estaban convalecientes, Simeón y Leví, dos de los hijos de
Jacob, hermanos de Dina, empuñaron cada uno su espada, entraron en la ciudad
sin encontrar ninguna resistencia, y mataron a todos los varones. 26 También
pasaron al filo de la espada a Jamor y a su hijo Siquém, rescataron a Dina,
que estaba en la casa de Siquém, y se fueron. 27 Los hijos de Jacob pasaron
sobre los cadáveres y saquearon la ciudad, en represalia por el ultraje
cometido contra su hermana Dina. 28 Se apoderaron de sus ovejas, de sus
vacas, de sus asnos, y de todo lo que había dentro y fuera de la ciudad, 29 y
de todos sus bienes. Se llevaron cautivos a todos los niños y a las mujeres,
y saquearon todo lo que había en las casas.
30 Entonces Jacob
dijo a Simeón y a Leví: "Ustedes me han puesto en un grave aprieto,
haciéndome odioso a los cananeos y perizitas que habitan en este país. Yo
dispongo de pocos hombres, y si ellos se unen contra mí y me atacan, seré
aniquilado con toda mi familia". 31 Pero ellos replicaron: "Y
nuestra hermana, ¿debía ser tratada como una prostituta?".
Nueva visita de Jacob a Betel
35
1 Dios dijo a Jacob: "Sube a Betel y permanece allí. Levanta allí un
altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú". 2 Entonces
Jacob dijo a sus familiares y a todos los demás que estaban con él:
"Dejen de lado todos los dioses extraños que tengan con ustedes,
purifíquense y cámbiense de ropa. 3 Ahora subiremos a Betel, y allí levantaré
un altar al Dios que me respondió cuando estuve angustiado, y que estuvo
conmigo en el viaje que realicé". 4 Ellos entregaron a Jacob todos los
dioses extraños que tenían consigo y los aros que llevaban en sus orejas, y
Jacob los enterró debajo de la encina que está cerca de Siquém. 5 Cuando
partieron, Dios hizo cundir el pánico entre las poblaciones vecinas, de
manera que nadie persiguió a los hijos de Jacob.
6 Así Jacob llegó a
Luz –o sea, Betel– en la tierra de Canaán, junto con toda la gente que lo
acompañaba. 7 Allí erigió un altar, y puso a ese lugar el nombre de Betel,
porque allí se le había revelado Dios, cuando él huía de su hermano.
8 Mientras tanto
murió Débora, la nodriza de Rebeca, y fue sepultada bajo la encina que se
encuentra antes de llegar a Betel. Por eso se la llamó "Encina del
llanto".
Renovación de la promesade Dios a Jacob
9 Cuando Jacob
regresó de Padán Arám, Dios se le apareció de nuevo y lo bendijo, 10
diciéndole: "Tu nombre es Jacob. Pero en adelante no te llamarás Jacob,
sino Israel". Así le puso el nombre de Israel. 11 Luego añadió:
"Yo soy el Dios
Todopoderoso.
Sé fecundo y
multiplícate.
De ti nacerá una
nación,
más aún, una
asamblea de naciones,
y saldrán reyes de
tus entrañas.
12 La tierra que di
a Abraham y a Isaac,
ahora te la doy a ti
y a tu descendencia".
13 Y Dios se alejó
de él.
14 Jacob erigió una
piedra conmemorativa en el lugar donde Dios le había hablado. En seguida
ofreció una libación sobre ella y ungió la piedra con aceite. 15 Jacob llamó
Betel a aquel lugar, porque allí Dios había hablado con él.
El nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel
16 Partieron de
Betel, y cuando todavía faltaba un trecho para llegar a Efratá, a Raquel le
llegó el momento de dar a luz, y tuvo un parto difícil. 17 Como daba a luz
muy penosamente, la partera le dijo: "¡No temas, porque tienes otro hijo
varón!". 18 Con su último aliento –porque ya se moría– lo llamó Ben Oní;
pero su padre le puso el nombre de Benjamín. 19 Así murió Raquel, y fue
enterrada junto al camino de Efratá, o sea, de Belén. 20 Sobre su tumba Jacob
erigió un monumento, el mismo que está en esa tumba hasta el día de hoy.
El incesto de Rubén
21 Israel siguió
avanzando, y estableció su campamento más allá de Migdal Eder. 22 Mientras
acampaba en aquella región, Rubén se acostó con Bilhá, la concubina de su padre,
e Israel se enteró.
Los hijos de Jacob
Jacob tuvo doce
hijos. 23 Los hijos de Lía fueron Rubén, el primogénito de Jacob, Simeón,
Leví, Judá, Isacar y Zabulón. 24 Los hijos de Raquel fueron José y Benjamín.
25 Los hijos de Bilhá, la esclava de Raquel, fueron Dan y Neftalí. 26 Los
hijos de Zilpá, la esclava de Lía, fueron Gad y Aser. Estos son los hijos que
le nacieron a Jacob en Padán Arám.
La muerte de Isaac
27 Jacob llegó a la
casa de su padre Isaac, en Mamré, en Quiriat Arbá –la actual Hebrón– donde
también había residido Abraham. 28 Isaac vivió ciento ochenta años. 29 Al
término de ellos murió, anciano y cargado de años, y fue a reunirse con los
suyos. Sus hijos Esaú y Jacob le dieron sepultura.
La descendencia de Esaú en Canaán
36
1 La descendencia de Esaú –es decir, de Edóm– es la siguiente: 2 Esaú tomó
sus esposas de entre las mujeres cananeas: a Adá, hija de Elón, el hitita; a
Oholibamá, hija de Aná, que a su vez era hijo de Sibeón, el jivita; 3 y a
Basmat, hija de Ismael y hermana de Nebaiot. 4 Adá fue madre de Elifaz;
Basmat, madre de Reuel 5 y Oholibamá, madre de Ieús, Ialam y Coré. Estos son
los hijos que Esaú tuvo en Canaán.
La emigración de Esaú a Seír
6 Después Esaú tomó
a sus mujeres, a sus hijos e hijas, y a toda su servidumbre, su ganado, todos
sus animales, y todos sus bienes que había adquirido en Canaán, y emigró a
Seír, lejos de su hermano Jacob. 7 Los dos tenían, en efecto, demasiadas
posesiones para poder vivir juntos, y el territorio donde residían no daba
abasto para tanto ganado. 8 Así Esaú se estableció en la montaña de Seír.
Esaú es Edóm.
La descendencia de Esaú en Seír
9 Esta es la
descendencia de Esaú, padre de Edóm, en la montaña de Seír.
10 Los nombres de
sus hijos son los siguientes: Elifaz, hijo de Adá, mujer de Esaú, y Reuel,
hijo de Basmat, mujer de Esaú.
11 Los hijos de
Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó, Gaetám y Quenaz. 12 Elifaz, el hijo de
Esaú, también tuvo una esclava, Timná, que fue madre de Amalec. Estos son los
descendientes de Adá, la mujer de Esaú.
13 Los hijos de
Reuel fueron: Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Estos son los descendientes de
Basmat, la mujer de Esaú.
14 Y los hijos de la
otra esposa de Esaú, Oholibamá, hija de Aná, el hijo de Sibeón, fueron Ieús,
Ialam y Coré.
Los clanes de los edomitas
15 Los clanes de los
hijos de Esaú son los siguientes:
Los hijos de Elifaz,
el primogénito de Esaú, fueron los clanes de Temán, Omar, Sefó, Quenaz, 16
Coré, Gaetám y Amalec. Estos son los clanes de Elifaz en el país de Edóm, los
que descienden de Adá.
17 Los hijos de Reuel,
hijo de Esaú, fueron los clanes de Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Estos son los
clanes de Reuel en el país de Edóm, los que descienden de Basmat.
18 Los hijos de
Oholibamá, esposa de Esaú, fueron los clanes de Ieús, Ialam y Coré. Estos son
los clanes de Oholibamá, hija de Aná, mujer de Esaú.
19 Estos son los
hijos de Esaú –es decir, de Edóm– con sus respectivos clanes.
Los descendientes de Seír
20 Los hijos de
Seír, el hurrita, que vivían en aquella región son los siguientes: Lotán,
Sobal, Sibeón, Aná, 21 Disón, Eser y Disán. Estos son los clanes de los
hurritas, hijos de Seír, en el país de Edóm.
22 Los hijos de
Lotán fueron Jorí y Hemám, y la hermana de Lotán fue Timná. 23 Los hijos de
Sobal fueron Alván, Manájat, Ebal, Sefó y Onám. 24 Los hijos de Sibeón: Aiá y
Aná. Este es el mismo Aná que encontró las aguas termales en el desierto,
mientras apacentaba los rebaños de su padre Sibeón. 25 Los hijos de Aná
fueron Disón y Oholibamá, hija de Aná. 26 Los hijos de Disón fueron Jemdám,
Esbán, Itrán y Querán. 27 Los hijos de Eser fueron Bilhán, Zaaván y Acán. 28
Los hijos de Disán fueron Us y Arán.
29 Los clanes de los
hurritas fueron Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, 30 Disón, Eser y Disán. Estos son,
uno por uno los clanes de los hurritas en el territorio de Seír.
Los reyes de Edóm
31 Los reyes que
reinaron en el país de Edóm antes que ningún rey reinara sobre los israelitas
son los siguientes:
32 Belá, hijo de
Beor, reinó en Edóm, y el nombre de su ciudad era Dinhabá. 33 Cuando murió Belá,
lo sucedió Iobab, hijo de Zéraj, de Bosrá. 34 Cuando murió Iobab, lo sucedió
Jusám, del país de los temanitas. 35 Cuando murió Jusám, lo sucedió Hadad,
hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; el nombre de su
ciudad era Avit. 36 Cuando murió Hadad, lo sucedió Samlá, de Masrecá. 37
Cuando murió Samlá, lo sucedió Saúl, de Rejobot del Río. 38 Cuando murió
Saúl, lo sucedió Baal Janán, hijo de Acbor. 39 Cuando murió Baal Janán, hijo
de Acbor, lo sucedió Hadad; el nombre de su ciudad era Pau, y el nombre de su
mujer, Mehetabel, hija de Matred, que a su vez era hija de Mezahab.
Otra lista de clanes de los edomitas
40 Los clanes de
Esaú –cada uno con sus familias, sus localidades y sus nombres– son los siguientes:
Timná, Alvá, Iétet, 41 Oholibamá, Elá, Pinón, 42 Quenaz, Temán, Mibsar, 43
Magdiel e Irám. Estos son los clanes de Edóm que residen en sus propios
territorios. Esaú es el padre de Edóm.
37
1 Mientras tanto, Jacob estaba instalado en el territorio donde su padre
había residido como extranjero, en la tierra de Canaán. 2 Esta es la historia
de Jacob.
LA
HISTORIA DE JOSÉ
La historia de José
se distingue considerablemente de los relatos anteriores. La narración tiene
ahora una trama mucho más compleja y elaborada. Ya no está compuesta de
escenas breves, más o menos independientes unas de otras, sino que presenta
una sucesión dramática. Cada nuevo episodio presupone todas las etapas
anteriores y prepara el desenlace final. Además, hay una mayor variedad de
personajes y situaciones, que manifiestan una notable maestría en el arte de
narrar.
El relato tiene como
protagonista a José, el primer hijo de Raquel (30. 22-24) y el preferido de
su padre Jacob (37.3). Víctima de la envidia de sus hermanos, es llevado de
Canaán a Egipto. Pero Dios está con él cuando es vendido como esclavo y
acusado injustamente, y lo eleva a la más alta dignidad, para que pueda
salvar un día a toda su familia asediada por el hambre. De esta manera, el
Señor va preparando secretamente el nacimiento de su Pueblo elegido. Con la
llegada de Jacob y sus hijos a Egipto, se cierra la etapa de la historia
patriarcal, que sirve de preludio a la epopeya del Éxodo.
José es presentado
como el ideal del hombre sabio y prudente, y toda su vida encierra una
lección de sabiduría. Aquí no hay intervenciones espectaculares del Señor:
José no habla familiarmente con Dios como lo habían hecho Abraham, Isaac y
Jacob; tampoco recibe una nueva revelación o una confirmación de la Promesa divina. Pero
Dios está presente en cada acontecimiento, y sabe valerse de los pecados de
los hombres para el bien de sus elegidos, como lo expresa claramente el mismo
José, al final del relato (50.20).
Los sueños de José
José tenía
diecisiete años, y apacentaba el rebaño, ayudando a sus hermanos, los hijos
de Bilhá y Zilpá, las mujeres de su padre. En cierta ocasión, refirió a Jacob
lo mal que se hablaba de ellos.
3 Israel amaba a
José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de su vejez, y le
mandó hacer una túnica de mangas largas. 4 Pero sus hermanos, al ver que lo
amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle
el saludo.
5 Una vez, José tuvo
un sueño y lo contó a sus hermanos. 6 "Oigan el sueño que tuve",
les dijo. 7 "Nosotros estábamos en el campo atando gavillas. De pronto,
mi gavilla se alzó y se mantuvo erguida, mientras que la de ustedes formaban
un círculo alrededor de la mía y se inclinaban ante ella". 8 Sus
hermanos le preguntaron: "¿Acaso pretendes reinar sobre nosotros y tenernos
bajo tu dominio?". Y lo odiaron más todavía por lo que contaba acerca de
sus sueños. 9 Después tuvo otro sueño, y también lo contó a sus hermanos.
"Tuve otro sueño, les dijo. El sol, la luna y once estrellas se
postraban delante de mi". 10 Pero cuando se lo contó a su padre, este lo
reprendió diciéndole: "¿Que significa ese sueño que has tenido? ¿Acaso
yo, tu madre y tus hermanos vendremos a postrarnos en tierra delante de
ti?". 11 Y sus hermanos le tenían envidia, pero su padre reflexionaba
sobre todas estas cosas.
José atacado por sus hermanos
12 Un día, sus
hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre. 13
Entonces Israel dijo a José: "Tus hermanos están con el rebaño en
Siquém. Quiero que vayas a verlos". "Está bien", respondió él.
14 Su padre añadió: "Ve a ver cómo les va a tus hermanos y al rebaño, y
tráeme noticias". Y lo envió desde el valle de Hebrón.
Cuando José llegó a
Siquém, 15 un hombre lo encontró dando vueltas por el campo y le preguntó:
"¿Qué estás buscando?". 16 Él le respondió: "Busco a mis
hermanos. ¿Puedes decirme dónde están apacentando el rebaño?". 17
"Se han ido de aquí, repuso el hombre, porque les oí decir: ‘Vamos a
Dotán’". José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en
Dotán.
18 Ellos lo
divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para
darle muerte. 19 "Ahí viene ese soñador", se dijeron unos a otros.
20 "¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas?
Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan
sus sueños!". 21 Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo:
"No atentemos contra su vida". 22 Y agregó: "No derramen
sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero
no pongan sus manos sobre él". En realidad, su intención era librarlo de
sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo. 23 Apenas José llegó al lugar
donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica –la túnica de
mangas largas que llevaba puesta–, 24 lo tomaron y lo arrojaron a la
cisterna, que estaba completamente vacía. 25 Luego se sentaron a comer.
José llevado a Egipto
De pronto, alzaron
la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad,
transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra,
que llevaban a Egipto. 26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: "¿Qué
ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? 27 En lugar de
atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro
hermano, nuestra propia carne". Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.
28 Pero mientras
tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la
cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y
José fue llevado a Egipto. 29 Cuando Rubén volvió a la cisterna y se dio
cuenta de que José había desaparecido, desgarró su ropa, 30 y regresando a
donde estaban sus hermanos, dijo: "El muchacho ha desaparecido. ¿Dónde
iré yo ahora?".
31 Entonces tomaron
la túnica de José, degollaron un cabrito, y empaparon la túnica con sangre.
32 Después enviaron a su padre la túnica de mangas largas, junto con este
mensaje: "Hemos encontrado esto. Fíjate bien si es la túnica de tu hijo,
o no". 33 Este, al reconocerla, exclamó: "¡Es la túnica de mi hijo!
Un animal salvaje lo ha devorado. ¡José ha sido presa de las fieras!".
34 Jacob desgarró sus vestiduras, se vistió de luto y estuvo mucho tiempo de
duelo por su hijo. 35 Sus hijos y sus hijas venían a consolarlo, pero él
rehusaba todo consuelo, diciendo: "No. Voy a bajar enlutado a donde está
mi hijo, a la morada de los muertos". Y continuaba lamentándose.
36 Pero entretanto,
en Egipto, los madianitas lo habían vendido a Putifar, un funcionario del
Faraón, capitán de guardias.
Judá y Tamar
38
1 Por aquel tiempo, Judá se alejó de sus hermanos y entró en amistad con un
hombre de Adulám llamado Jirá. 2 Allí conoció a la hija de un cananeo llamado
Súa, y después de tomarla por esposa, se unió con ella. 3 Ella concibió y dio
a luz un hijo, y él lo llamó Er. 4 Luego concibió nuevamente, y tuvo otro
hijo, al que llamó Onán. 5 Después volvió a tener otro hijo, y le puso el
nombre de Selá. Cuando ella dio a luz, estaba en Quezib.
6 Más tarde, Judá
casó a Er, su hijo mayor, con una mujer llamada Tamar. 7 Er desagradó al
Señor, y el Señor lo hizo morir. 8 Judá dijo entonces a Onán: "Únete a
la viuda de Er, para cumplir con tus deberes de cuñado y asegurar una
descendencia a tu hermano". 9 Pero Onán, sabiendo que la descendencia no
le pertenecería, cada vez que se unía con ella, derramaba el semen en la
tierra para evitar que su hermano tuviera una descendencia. 10 Su manera de
proceder desagradó al Señor, que lo hizo morir también a él. 11 Entonces Judá
dijo a su nuera Tamar: "Vive como una viuda en la casa de tu padre,
hasta que crezca mi hijo Selá", porque temía que este corriera la misma
suerte que sus hermanos. Por eso Tamar se fue a vivir a la casa de su padre.
12 Mucho tiempo
después, murió la esposa de Judá, la hija de Súa. Una vez concluido el duelo,
Judá se dirigió hacia Timná en compañía de su amigo Jirá, el adulamita,
porque allí esquilaban sus ovejas. 13 Tamar fue informada de que su suegro se
dirigía hacia Timná, donde estaban esquilando su rebaño. 14 Y como veía que
Selá ya era grande, y sin embargo, no se lo habían dado como esposo, se quitó
su ropa de viuda, se cubrió con un velo para no ser reconocida, y se sentó a
la entrada de Enaim, sobre el camino a Timná. 15 Como tenía la cara tapada,
al verla, Judá pensó que era una prostituta. 16 Entonces se apartó del camino
y fue hacia ella para decirle: "Deja que me acueste contigo",
ignorando que se trataba de su nuera. Ella le respondió: "¿Qué me darás
por acostarte conmigo?". 17 "Te enviaré un chivito de mi
rebaño", le aseguró él. "De acuerdo, continuó ella, con tal que me
dejes algo como prenda hasta que me lo envíes". 18 Él le preguntó:
"¿Qué debo dejarte?". "Tu sello con su cordón y el bastón que
llevas en la mano", le respondió. Él se los entregó y se acostó con
ella, dejándola embarazada. 19 Inmediatamente, ella se retiró, se quitó el
velo que la cubría, y volvió a ponerse su ropa de viuda.
20 Cuando Judá le
envió el chivito por medio de su amigo, el adulamita, para rescatar la prenda
que había quedado en manos de la mujer, este no pudo encontrarla. 21 Entonces
preguntó a la gente del lugar: "¿Dónde está esa prostituta que se
sentaba en Enaim, al borde del camino?". Ellos le respondieron:
"Allí nunca hubo una prostituta". 22 Él regresó y dijo a Judá:
"No la pude encontrar. Además, la gente del lugar me aseguró que allí
nunca hubo una prostituta". 23 Judá replicó: "Que se quede con
todo, porque de lo contrario nos pondremos en ridículo. Yo cumplí mandándole
el cabrito, y tú no la encontraste".
24 Unos tres meses
más tarde, notificaron a Judá: "Tu nuera Tamar se ha prostituido, y en
una de sus andanzas quedó embarazada". Entonces Judá exclamó:
"Sáquenla afuera y quémenla viva". 25 Pero cuando la iban a sacar,
ella mandó decir a su suegro: "Estas cosas pertenecen al hombre que me
dejó embarazada. Averigua quién es el dueño de este sello, este cordón y ese
bastón". 26 Al reconocerlos, Judá declaró: "Ella es más justa que
yo, porque yo no le di a mi hijo Selá". Y no volvió a tener relaciones
con ella.
Los hijos de Tamar
27 Llegado el momento
del parto, resultó que en su seno había mellizos. 28 Mientras daba a luz, uno
de ellos extendió su mano, y la partera le ató en ella un hilo escarlata,
diciendo: "Este ha sido el primero en salir". 29 Pero luego retiró
su mano, y el otro salió antes. Entonces ella dijo: "¡Cómo te has
abierto una brecha!". Por eso fue llamado Peres. 30 Después salió su
hermano, con el hilo escarlata, y por eso lo llamaron Zéraj.
José, mayordomo de Putifar
39
1 Cuando José fue llevado a Egipto, Putifar –un egipcio que era funcionario
del Faraón, capitán de guardias– lo compró a los ismaelitas que lo habían
llevado allí. 2 Pero como el Señor estaba con José, la suerte lo favoreció, y
quedó en la casa de su patrón, el egipcio. 3 Al ver que el Señor estaba con
él y hacía prosperar todas las obras que realizaba, 4 su patrón lo miró con
buenos ojos y lo nombró su mayordomo, poniéndolo al frente de su casa y
confiándole la administración de todos sus bienes. 5 A partir del momento en que
le encomendó el cuidado de su casa y de todas sus posesiones, el Señor
bendijo la casa del egipcio, en atención a José. La bendición del Señor se
extendía a todas sus posesiones, dentro y fuera de la casa. 6 Por eso dejó a
cargo de José todo lo que poseía, y ya no se preocupó más de nada, fuera del
alimento que comía.
José y la mujer de Putifar
Como José era
apuesto y de buena presencia, 7 después de un tiempo, la esposa de su patrón
fijó sus ojos en él y le dijo: "Acuéstate conmigo". 8 Pero él se
negó y respondió a la mujer: "Teniéndome a mí, mi patrón ya no piensa en
los asuntos de su casa, porque me ha confiado todo lo que posee. 9 Él mismo
no ejerce más autoridad que yo en esta casa, y no me ha impuesto ninguna
restricción, fuera del respeto que te es debido, ya que eres su esposa. ¿Cómo
entonces voy a cometer un delito tan grave y a pecar contra Dios?". 10 Y
por más que ella lo instigaba día tras día, él no accedió a acostarse con
ella y a ser su amante.
11 Pero un día, José
entró en la casa para cumplir con sus obligaciones, en el preciso momento en
que todo el personal de servicio se encontraba ausente. 12 Entonces ella lo
tomó de la ropa y le insistió: "Acuéstate conmigo". Pero él huyó,
dejando su manto en las manos de la mujer, y se alejó de allí. 13 Cuando ella
vio que José había dejado el manto entre sus manos y se había escapado, 14
llamó a sus servidores y les dijo: "¡Miren! Mi marido nos ha traído un
hebreo, sólo para que se ría de nosotros. Él intentó acostarse conmigo, pero
yo grité lo más fuerte que pude. 15 Y cuando me oyó gritar pidiendo auxilio,
dejó su manto a mi lado y se escapó".
El arresto de José
16 Ella guardó el
manto de José hasta que regresó su marido, 17 y entonces le contó la misma
historia: "El esclavo hebreo que nos trajiste se ha burlado de mí y
pretendió violarme. 18 Pero cuando yo grité pidiendo auxilio, él dejó su
manto a mi lado y se escapó". 19 Al oír las palabras de su mujer:
"Tu esclavo me hizo esto y esto", su patrón se enfureció, 20 hizo
detener a José, y lo puso en la cárcel donde estaban recluidos los prisioneros
del rey. Así fue a parar a la cárcel.
21 Pero el Señor
estaba con José y le mostró su bondad, haciendo que se ganara la simpatía del
jefe de los carceleros. 22 Este confió a José todos los presos que había en
la cárcel, y él dirigía todo lo que allí se hacía. 23 El jefe de los
carceleros no vigilaba absolutamente nada de lo que había confiado a José,
porque el Señor estaba con él y hacía prosperar todo lo que él realizaba.
Los sueños de los funcionarios del Faraón
40
1 Después de estos acontecimientos, el copero y el panadero del rey de Egipto
ofendieron a su señor. 2 El Faraón se irritó contra sus dos funcionarios –el
copero mayor y el panadero mayor– 3 y los hizo poner bajo custodia en la casa
del capitán de guardias, en la misma cárcel donde estaba preso José. 4 El
capitán de guardias encargó a José que se ocupara de servirlos, y así
estuvieron arrestados durante un tiempo.
5 Una vez, mientras
estaban presos en la cárcel, el copero y el panadero del rey de Egipto
tuvieron un sueño en el transcurso de una misma noche, cada sueño con su
significado propio. 6 A
la mañana siguiente, cuando José fue a verlos, los encontró deprimidos. 7
"¿Por qué están hoy con la cara triste?", preguntó a los
funcionarios del Faraón que estaban arrestados con él en la casa de su señor.
8 Ellos le respondieron: "Hemos tenido un sueño, y aquí no hay nadie que
lo interprete". José les dijo: "La interpretación es obra de Dios;
pero de todos modos cuéntenme lo que soñaron".
9 El copero relató
su sueño a José. "Yo soñé, le dijo que delante de mí había una vid, 10 y
en ella, tres sarmientos. Apenas la vid dio brotes, salieron sus flores y
maduraron las uvas en los racimos. 11 La copa del faraón estaba en mi mano:
yo tomé las uvas, las exprimí en esa copa, y la puse en la mano del Faraón".
12 José le dijo: "La interpretación es la siguiente: los tres racimos
representan tres días. 13 Dentro de tres días, el Faraón te indultará, te
restituirá a tu cargo, y tú pondrás la copa en su mano, como acostumbrabas a
hacerlo antes, cuando eras su copero. 14 Y cuando mejore tu suerte, si
todavía recuerdas que yo estuve aquí contigo, no dejes de hacerme este favor:
háblale de mí al Faraón, y trata de sacarme de este lugar. 15 Porque yo fui
traído por la fuerza del país de los hebreos, y aquí no hice nada para que me
pusieran en la cárcel".
16 El panadero
mayor, al ver con qué acierto había interpretado el sueño, dijo a José:
"Yo, por mi parte, soñé que tenía sobre mi cabeza tres canastas de
mimbre. 17 En la canasta más elevada, había de todos los productos de
panadería que come el Faraón, y los pájaros comían de esa canasta que estaba
encima de mi cabeza". 18 José le respondió: "La interpretación es
la siguiente: las tres canastas representan tres días. 19 Dentro de tres días
el Faraón te hará decapitar, te colgará de un poste, y los pájaros comerán tu
carne".
20 Efectivamente, al
tercer día se festejaba el cumpleaños del Faraón, y este agasajó con un
banquete a todos sus servidores. Entonces reconsideró las causas del copero
mayor y del panadero mayor en medio de sus servidores, 21y restituyó en su
cargo al copero mayor, de manera que este volvió a poner la copa en la mano
del Faraón; 22 en cambio, mandó colgar al panadero mayor, conforme a la
interpretación que les había dado José. 23 Sin embargo, el copero mayor ya no
pensó más en José, sino que se olvidó de él.
Los sueños del Faraón
41
1 Dos años después, el Faraón tuvo un sueño: él estaba de pie junto al Nilo,
2 cuando de pronto subieron del río siete vacas hermosas y robustas, que se
pusieron a pastar entre los juncos. 3 Detrás de ella subieron otras siete
vacas feas y escuálidas, que se pararon al lado de las primeras; 4 y las
vacas feas y escuálidas se comieron a las siete vacas hermosas y robustas. En
seguida el Faraón se despertó.
5 Luego volvió a
dormirse y tuvo otro sueño: siete espigas grandes y lozanas salían de un
mismo tallo. 6 Pero inmediatamente después brotaron otras siete espigas,
delgadas y quemadas por el viento del este; 7 y las espigas delgadas
devoraron a las siete espigas grandes y cargadas de granos. Cuando se
despertó, el Faraón se dio cuenta de que había estado soñando.
8 A
la mañana siguiente, el Faraón se sintió muy preocupado y mandó llamar a
todos los magos y sabios de Egipto, para contarles sus sueños. Pero nadie se
los pudo interpretar. 9 Entonces el copero mayor se dirigió al Faraón y le
dijo: "Ahora reconozco mi negligencia. 10 En cierta oportunidad, el
Faraón se irritó contra sus servidores, y me puso bajo custodia, junto con el
panadero mayor, en la casa del capitán de guardias. 11 Él y yo tuvimos un
sueño en el transcurso de una misma noche, cada sueño con su propio
significado. 12 Con nosotros estaba un joven hebreo, un servidor del capitán
de guardias; nosotros le contamos nuestros sueños, y él los interpretó, dando
a cada uno su explicación. 13 Y todo sucedió como él lo había interpretado:
yo fui restituido a mi cargo, mientras que el otro fue ahorcado".
La interpretación de los sueños del Faraón
14 El Faraón mandó
llamar a José, que sin pérdida de tiempo fue sacado de la prisión. Este se
afeitó, se cambió de ropa y compareció ante el Faraón. 15 El Faraón dijo a
José: "He tenido un sueño que nadie puede interpretar. Pero me han
informado que te basta oír un sueño para interpretarlo". 16 José
respondió al Faraón: "No soy yo, sino Dios, el que dará al Faraón la
respuesta conveniente".
17 Entonces el
Faraón dijo a José: "Soñé que estaba parado a orilla del Nilo, 18 y de
pronto subían del río siete vacas robustas y hermosas, que se pusieron a
pastar entre los juncos. 19 Detrás de ellas subieron otras siete vacas,
escuálidas, de aspecto horrible y esqueléticas, como nunca había visto en
todo el territorio de Egipto. 20 Y las vacas escuálidas y feas devoraron a
las otras siete vacas robustas. 21 Pero una vez que las comieron, nadie
hubiera dicho que las tenían en su vientre, porque seguían tan horribles como
antes. En seguida me desperté. 22 En el otro sueño, vi siete espigas hermosas
y cargadas de granos, que brotaban de un mismo tallo. 23 Después de ellas
brotaron otras siete espigas, marchitas, delgadas y quemadas por el viento
del este, 24 que devoraron a las siete espigas hermosas. Yo he contado todo
esto a los adivinos, pero ninguno me ha dado una explicación". 25 José
dijo al Faraón: "El Faraón ha soñado una sola cosa, y así Dios le ha
anunciado lo que está a punto de realizar. 26 Las siete vacas hermosas y las
siete espigas lozanas representan siete años. Los dos sueños se tratan de lo
mismo. 27 Y las siete vacas escuálidas y feas que subieron después de ellas
son siete años, lo mismo que las siete espigas sin grano y quemadas por el
viento del este. Estos serán siete años de hambre. 28 Es como lo acabo de
decir al Faraón: Dios ha querido mostrarle lo que está a punto de realizar.
29 En los próximos siete años habrá en todo Egipto una gran abundancia. 30
Pero inmediatamente después, sobrevendrán siete años de hambre, durante los
cuales en Egipto no quedará ni el recuerdo de aquella abundancia, porque el
hambre asolará al país. 31 Entonces nadie sabrá lo que es la abundancia, a
causa del hambre, que será muy intensa. 32 El hecho de que el Faraón haya
tenido dos veces el mismo sueño, significa que este asunto ya está resuelto
de parte de Dios y que él lo va a ejecutar de inmediato.
33 Por eso, es
necesario que el Faraón busque un hombre prudente y sabio, y lo ponga al
frente de todo Egipto. 34 Además, el Faraón deberá establecer inspectores en
todo el país y exigir a los egipcios la quinta parte de las cosechas durante
los siete años de abundancia. 35 Ellos reunirán los víveres que se cosechen
en estos próximos siete años de prosperidad, y almacenarán el grano bajo la
supervisión del Faraón, para tenerlo guardado en las ciudades. 36 Así el país
tendrá una reserva de alimentos para los siete años de hambre que vendrán
sobre Egipto, y no morirá de inanición".
La designación de José como primer ministro
37 La respuesta
agradó al Faraón y a todos sus servidores. 38 Por eso el Faraón les dijo a
estos: "¿Podemos encontrar otro hombre que tenga en igual medida el
espíritu de Dios?". 39 Y dirigiéndose a José, le expresó: "Ya que
Dios te ha hecho conocer todas estas cosas, no hay nadie que sea tan prudente
y sabio como tú. 40 Por eso tú estarás al frente de mi palacio, y todo mi
pueblo tendrá que acatar tus órdenes. Sólo por el trono real seré superior a
ti". 41 Y el Faraón siguió diciendo a José: "Ahora mismo te pongo
al frente de todo el territorio de Egipto". 42 En seguida se quitó el
anillo de su mano y lo puso en la mano de José; lo hizo vestir con ropa de
lino fino y le colgó al cuello una cadena de oro. 43 Luego lo hizo subir a la
mejor carroza después de la suya, e iban gritando delante de él:
"¡Atención!". Así le dio autoridad sobre todo Egipto.
44 El Faraón dijo a
José: "Yo soy el Faraón, pero nadie podrá mover una mano o un pie en
todo el territorio de Egipto si tú no lo apruebas". 45 Luego impuso a
José el nombre de Safnat Panéaj, y le dio por esposa a Asnat, la hija de
Potifera, sacerdote de la ciudad de On. Y José fue a recorrer el país de
Egipto. 46 Cuando se puso al servicio del Faraón, rey de Egipto, José tenía
treinta años.
José se alejó de la
presencia del Faraón e hizo un recorrido por todo el territorio de Egipto. 47
Durante los siete años de abundancia, la tierra produjo copiosamente, 48 y él
reunió todos los víveres recogidos en esos siete años y los almacenó en las
ciudades, depositando en cada una las cosechas de los campos vecinos. 49 De
esa manera, José acumuló una enorme cantidad de cereales, tanto como la arena
del mar, hasta tal punto que dejó de llevar un control, porque superaba toda
medida.
Los hijos de José
50 Antes que
comenzaran los años de hambre, José tuvo dos hijos, que le dio Asnat, la hija
de Potifera, el sacerdote de On. 51 Al primero lo llamó Manasés, porque dijo:
"Dios me ha hecho olvidar por completo mis penas y mi casa
paterna". 52 Y al segundo le puso el nombre de Efraím, diciendo:
"Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción".
53 Entonces
terminaron los años en que Egipto gozó de abundancia, 54 y comenzaron los
siete años de hambre, como José lo había anticipado. En todos los países se
sufría hambre, pero en Egipto había alimentos. 55 Cuando también los egipcios
y el pueblo sintieron hambre, y el pueblo pidió a gritos al Faraón que le
diera de comer, este respondió: "Vayan a ver a José y hagan lo que él
les diga". 56 Como el hambre se había extendido por todo el país, José
abrió los graneros y distribuyó raciones a los egipcios, ya que el hambre se
hacía cada vez más intensa. 57 Y de todas partes iban a Egipto a comprar
cereales a José, porque el hambre asolaba toda la tierra.
El primer viaje de los hermanos de José a Egipto
42
1 Cuando Jacob se enteró de que en Egipto vendían cereales, preguntó a sus
hijos: "¿Por qué se quedan ahí, mirándose unos a otros?". 2 Luego
añadió: "He oído que en Egipto venden cereales. Vayan allí y compren
algo para nosotros. Así podremos sobrevivir y no moriremos". 3 Entonces,
diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para abastecerse de cereales; 4
pero Jacob no dejó que Benjamín, el hermano de José fuera con ellos, por
temor a que le sucediera una desgracia. 5 Así llegaron los hijos de Israel en
medio de otra gente que también iba a procurarse víveres, porque en Canaán se
pasaba hambre.
El primer encuentro de José con sus hermanos
6 José tenía plenos
poderes sobre el país y distribuía raciones a toda la población. Sus hermanos
se presentaron ante él y se postraron con el rostro en tierra. 7 Al verlos,
él los reconoció en seguida, pero los trató como si fueran extraños y les
habló duramente. "¿De dónde vienen?", les preguntó. Ellos
respondieron: "Venimos de Canaán para abastecernos de víveres". 8 Y
al reconocer a sus hermanos, sin que ellos lo reconocieran a él, 9 José se
acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos. Entonces les dijo:
"Ustedes son espías, y han venido a observar las zonas desguarnecidas
del país". 10 "No, señor", le respondieron. "Es verdad
que tus servidores han venido a comprar víveres. 11Todos nosotros somos hijos
de un mismo padre, y además, personas honradas. No somos espías". 12
Pero él insistió: "No, ustedes han venido a observar las zonas
desguarnecidas del país". 13 Ellos continuaron diciendo: "Nosotros,
tus servidores, somos doce hermanos, hijos de un hombre que reside en Canaán.
El menor está ahora con nuestro padre, y otro ya no vive". 14 Pero él
volvió a insistir: "Ya les he dicho que ustedes son espías. 15 Por eso
van a ser sometidos a una prueba: juro por el Faraón que ustedes no quedarán
en libertad, mientras no venga aquí su hermano menor. 16 Envíen a uno de
ustedes a buscar a su hermano, los demás quedarán prisioneros. Así será
puesto a prueba lo que ustedes han afirmado, para comprobar si dicen la
verdad. De lo contrario, no habrá ninguna duda de que ustedes son
espías". 17 E inmediatamente, los puso bajo custodia durante tres días.
18 Al tercer día,
José les dijo: "Si quieren salvar la vida, hagan lo que les digo, porque
yo soy un hombre temeroso de Dios. 19 Para probar que ustedes son sinceros,
uno de sus hermanos quedará como rehén en la prisión donde están bajo
custodia, mientras el resto llevará los víveres, para aliviar el hambre de
sus familias. 20 Después me traerán a su hermano menor. Así se pondrá de
manifiesto que ustedes han dicho la verdad y no morirán". Ellos
estuvieron de acuerdo.
21 Pero en seguida
comenzaron a decirse unos a otros: "¡Verdaderamente estamos expiando lo
que hicimos contra nuestro hermano! Porque nosotros vimos su angustia cuando
nos pedía que tuviéramos compasión, y no quisimos escucharlo. Por eso nos
sucede esta desgracia". 22 Rubén les respondió: "¿Acaso no les
advertí que no cometieran ese delito contra el muchacho? Pero ustedes no
quisieron hacer caso, y ahora se nos pide cuenta de su sangre". 23 Ellos
ignoraban que José los entendía, porque antes habían hablado por medio de un
intérprete. 24 José se alejó de ellos para llorar; y cuando estuvo en
condiciones de hablarles nuevamente, separó a Simeón y ordenó que lo ataran a
la vista de todos. 25 Después José mandó que les llenaran las bolsas con
trigo y que repusieran el dinero en la bolsa de cada uno. También ordenó que
les entregaran provisiones para el camino. Así se hizo. 26 Ellos cargaron sus
asnos con los víveres y partieron.
La vuelta de los hermanos de José a Canaán
27 Cuando acamparon
para pasar la noche, uno de ellos abrió la bolsa para dar de comer a su asno,
y encontró el dinero junto a la abertura de la bolsa. 28 Entonces dijo a sus
hermanos: "Me han devuelto el dinero. Está aquí, en mi bolsa".
Ellos se quedaron pasmados y, temblando, se preguntaban unos a otros:
"¿Por qué Dios nos habrá hecho esto?".
29 Al llegar a
Canaán, relataron a su padre Jacob la aventura que habían tenido. 30 "El
hombre que gobierna aquel país, le dijeron, nos habló duramente y nos acusó
de haber entrado allí como espías. 31 Nosotros le aseguramos que éramos
personas honradas y no espías. 32 También le dijimos que éramos doce
hermanos, pero que uno ya no vivía, y que nuestro hermano menor estaba en ese
momento en Canaán, al lado de nuestro padre. 33 El hombre que gobierna el país
nos respondió: ‘Para demostrarme que ustedes son sinceros, dejen conmigo a
uno de sus hermanos, mientras los demás llevan algo para aliviar el hambre de
sus familias. 34 Luego tráiganme a su hermano menor, y así sabré que ustedes
no son espías sino personas honradas. Entonces les devolveré a su hermano y
podrán recorrer libremente el país’".
35 Cuando vaciaron
las bolsas, cada uno encontró su dinero y, al verlo, ellos y su padre se
llenaron de temor. 36 Entonces Jacob les dijo: "Ustedes me van a dejar
sin hijos. Primero, perdí a José; después, a Simeón; y ahora quieren quitarme
a Benjamín. ¡A mí tenían que pasarme todas estas cosas!". 37 Pero Rubén
le respondió: "Podrás matar a mis dos hijos si no te lo traigo de
vuelta. Déjalo bajo mi cuidado, y yo te lo devolveré sano y salvo". 38
Jacob insistió: "Mi hijo no irá con ustedes, porque su hermano ya murió
y ahora queda él solo. Si le sucede una desgracia durante el viaje que van a
realizar, ustedes me harán bajar a la tumba lleno de aflicción".
El segundo viaje de los hermanos de José a Egipto
43
1 El hambre continuaba asolando el país. 2 Y cuando se agotaron los víveres
que habían traído de Egipto, su padre les dijo: "Regresen a Egipto a
comprarnos un poco de comida". 3 Pero Judá le respondió: "Aquel
hombre nos advirtió expresamente que no nos presentáramos delante de él, si
nuestro hermano no nos acompañaba. 4 Si tú dejas partir a nuestro hermano con
nosotros, bajaremos a comprarte comida; 5 pero si no lo dejas, no podremos
ir, porque el hombre nos dijo: ‘No vengan a verme si su hermano no los
acompaña’". 6 Entonces Israel dijo: "¿Por qué me han causado este
dolor, diciendo a ese hombre que tenían otro hermano?". 7 Ellos
respondieron: "Él comenzó a hacernos preguntas sobre nosotros y sobre nuestra
familia. ‘El padre de ustedes ¿vive todavía? ¿Tienen otro hermano?’. Nosotros
nos limitamos a responder a sus preguntas. ¿Cómo nos íbamos a imaginar que él
nos diría: ‘Traigan aquí a su hermano’?".
8 Entonces Judá dijo
a su padre Israel: "Envía al muchacho bajo mi responsabilidad, y ahora
mismo nos pondremos en camino para poder sobrevivir. De lo contrario
moriremos nosotros, tú y nuestros niños. 9 Yo respondo por él, y tendrás que
pedirme cuentas a mí. Si no te lo traigo y lo pongo delante de tus ojos, seré
culpable ante ti todo el resto de mi vida. 10 Ya estaríamos de vuelta dos
veces, si no nos hubiéramos entretenido tanto". 11 Ya que tiene que ser
así, continuó diciendo Israel, hagan lo siguiente: Pongan en sus equipajes
los mejores productos del país, y regalen a aquel hombre un poco de bálsamo y
un poco de miel, goma tragacanto, mirra, nueces y almendras. 12 Tomen además
una doble cantidad de dinero, porque ustedes tendrán que restituir la suma
que les pusieron junto a la abertura de la bolsa. Tal vez se trate de una
equivocación. 13 Lleven también a su hermano, y vuelvan cuanto antes a ver a
ese hombre. 14 Que el Dios Todopoderoso lo mueva a compadecerse de ustedes, y
él les permita traer a su hermano, lo mismo que a Benjamín. Yo, por mi parte,
si tengo que verme privado de mis hijos, estoy dispuesto a soportarlo".
15 Ellos recogieron
los regalos, tomaron una doble cantidad de dinero, y bajaron a Egipto
llevándose a Benjamín. En seguida fueron a presentarse delante de José, 16 y
cuando este vio que venían con Benjamín, dijo a su mayordomo: "Lleva a
estos hombres a casa. Mata un animal y prepáralo, porque hoy al mediodía
comerán conmigo". 17 El mayordomo hizo lo que José le había ordenado y
los condujo hasta la casa. 18 Pero ellos, al ser llevados a la casa de José,
se llenaron de temor y dijeron: "Nos traen aquí a causa del dinero que
fue puesto en nuestras bolsas la vez anterior. No es más que un pretexto para
atacarnos y convertirnos en esclavos, junto con nuestros animales". 19
Entonces se acercaron al mayordomo de José y le hablaron a la entrada de la
casa, 20 diciéndole: "Perdón, señor, nosotros ya estuvimos aquí una vez
para abastecernos de víveres. 21 Pero cuando acampamos para pasar la noche,
abrimos nuestras bolsas y resultó que el dinero de cada uno estaba junto a la
abertura de su bolsa. Era exactamente la misma cantidad que habíamos pagado.
Ahora tenemos esa suma aquí con nosotros, 22 y además hemos traído dinero
para adquirir nuevas provisiones. No sabemos quién puso el dinero en nuestras
bolsas". 23 Pero él respondió: "Quédense tranquilos, no teman. Su
Dios y el Dios de su padre les puso ese dinero en las bolsas. La suma que
ustedes pagaron está en mi poder". Y en seguida les presentó a Simeón.
24 El mayordomo introdujo a los hombres en la casa de José, les trajo agua
para que se lavaran los pies y les dio pasto para los animales. 25 Ellos
prepararon los regalos, esperando la llegada de José al mediodía, porque ya
les había avisado que comería allí.
El segundo encuentro de José con sus hermanos
26 Cuando José entró
en la casa, le presentaron los regalos que traían y se postraron ante él con
el rostro en tierra. 27 José los saludó y les dijo: "El anciano padre de
que me hablaron, ¿vive todavía? ¿Cómo está?". 28 "Nuestro padre, tu
servidor, vive todavía y goza de buena salud", le respondieron; e
inclinándose, se postraron. 29 Al levantar los ojos, José vio a Benjamín, el
hijo de su misma madre, y preguntó: "¿Es este el hermano menor de que me
habían hablado?". Y añadió: "Que Dios te favorezca, hijo mío".
30 José salió
precipitadamente porque se conmovió a la vista de su hermano y no podía
contener las lágrimas. Entró en una habitación y lloró. 31 Después se lavó la
cara, volvió y, tratando de dominarse, ordenó que sirvieran la comida.
32 Sirvieron en
mesas separadas a José, a sus hermanos, y a los egipcios que comían con él,
porque los egipcios no pueden comer con los hebreos: es una abominación para
ellos. 33 Cuando se sentaron frente a José, por orden de edad, de mayor a
menor, sus hermanos se miraron con asombro unos a otros. 34 Él les hizo
servir de su misma mesa, y la porción de Benjamín era varias veces mayor que
la de los demás. Todos bebieron y se alegraron con él.
La última prueba de José a sus hermanos
44
1 Después José dio a su mayordomo esta orden: "Llena de víveres las
bolsas de estos hombres, hasta que estén bien repletas, y antes de cerrarlas,
coloca en ellas el dinero de cada uno. 2 En la bolsa del más joven, además
del dinero que pagó por su ración, pondrás también mi copa de plata". El
mayordomo hizo lo que José le había indicado, 3 y al día siguiente, apenas
amaneció, hicieron salir a los hombres con sus asnos. 4 Ellos salieron de la
ciudad, y cuando todavía no se habían alejado, José dijo a su mayordomo:
"Corre ahora mismo detrás de esos hombres, y apenas los alcances, les
dirás: ‘¿Por qué devuelven mal por bien, y por qué me han robado la copa de
plata? 5 Esa es la copa que mi señor usa para beber y con la que consulta los
presagios. Ustedes se han comportado pésimamente’".
6 Apenas los
alcanzó, el mayordomo les repitió estas palabras. 7 Pero ellos respondieron:
"¿Cómo puedes, señor, afirmar tales cosas? Lejos de nosotros
comportarnos de esa manera. 8 Nosotros te trajimos de vuelta desde Canaán el
dinero que encontramos en nuestras bolsas. ¿Cómo íbamos entonces a robar
plata u oro de la casa de tu señor? 9 Si la copa se llega a encontrar en
poder de alguno de nosotros, el que la tenga morirá, y todos los demás
seremos tus esclavos". 10 "Está bien, respondió, que sea como
ustedes dicen, pero mi esclavo será únicamente aquel en cuyo poder se
encuentre la copa. Los demás quedarán libres de todo cargo". 11 Entonces
ellos se apresuraron a bajar sus bolsas, y cada uno abrió la suya. 12 El
mayordomo las registró, empezando por la del mayor y terminando por la del
menor, y la copa fue hallada en la bolsa de Benjamín. 13 Al ver esto, ellos
rasgaron sus vestiduras; luego volvieron a cargar sus asnos y regresaron a la
ciudad.
14 Cuando Judá y sus
hermanos entraron en la casa de José, este todavía se encontraba allí. Ellos
se postraron ante él con el rostro en tierra, 15 y entonces José les
preguntó: "¿Qué manera de proceder es esta? ¿Acaso ustedes ignoraban que
un hombre como yo sabe recurrir a la adivinación?". 16 Judá respondió:
"¿Qué podemos decirte, señor? ¿Qué excusa podemos alegar, o cómo vamos a
probar nuestra inocencia? Es Dios el que ha puesto al descubierto nuestra
maldad. Aquí nos tienes: somos tus esclavos, tanto nosotros como aquel en
cuyo poder estaba la copa". 17 Pero José replicó: "¡Lejos de mí
obrar de ese modo! Mi esclavo será solamente el que tenía la copa. Los demás
podrán regresar tranquilamente a la casa de su padre".
La intervención de Judá en favor de Benjamín
18 Judá se acercó
para decirle: "Permite, señor, que tu servidor diga una palabra en tu
presencia, sin impacientarte conmigo, ya que tú y el Faraón son una misma
cosa. 19 Tú nos preguntaste si nuestro padre vivía aún y si teníamos otro
hermano. 20 Nosotros te respondimos: Tenemos un padre que ya es anciano, y un
hermano menor, hijo de su vejez. El hermano de este último murió, y él es el
único hijo de la madre de estos dos que ha quedado vivo; por eso nuestro
padre siente por él un afecto muy especial. 21 Tú nos dijiste: ‘Tráiganlo
aquí, porque lo quiero conocer’. 22 Y aunque nosotros te explicamos que el
muchacho no podía dejar a su padre, porque si se alejaba de él, su padre
moriría, 23 tú nos volviste a insistir: ‘Si no viene con ustedes su hermano
menor, no serán admitidos nuevamente en mi presencia’. 24 Cuando regresamos a
la casa de nuestro padre, tu servidor, le repetimos tus mismas palabras. 25
Pero un tiempo después, nuestro padre nos dijo: ‘Vayan otra vez a comprar
algunos víveres’. 26 Nosotros respondimos: ‘Así no podemos ir. Lo haremos
únicamente si nuestro hermano menor viene con nosotros, porque si él no nos
acompaña, no podemos comparecer delante de aquel hombre’. 27 Nuestro padre,
tu servidor, nos respondió: ‘Ustedes saben muy bien que mi esposa predilecta
me dio dos hijos. 28 Uno se fue de mi lado; yo tuve que reconocer que las
fieras lo habían despedazado, y no volví a verlo más. 29 Si ahora ustedes me
quitan también a este, y le sucede una desgracia, me harán bajar a la tumba
lleno de aflicción’. 30 Por eso, si me presento ante mi padre sin el
muchacho, a quien él tanto quiere, 31 apenas vea que falta su hijo, morirá; y
nosotros lo habremos hecho bajar a la tumba lleno de aflicción. 32 Además, yo
me he hecho responsable del muchacho ante mi padre, diciendo: ‘Si no te lo
devuelvo sano y salvo, seré culpable ante ti todo el resto de mi vida’. 33
Por eso, deja que yo me quede como esclavo tuyo en lugar del muchacho, y que
él se vuelva con sus hermanos. 34 ¿Cómo podré regresar si el muchacho no me
acompaña? Yo no quiero ver la desgracia que caerá sobre mi padre".
El desenlace de la historia de José
45
1 José ya no podía contener su emoción en presencia de la gente que lo
asistía, y exclamó: "Hagan salir de aquí a toda la gente". Así,
nadie permaneció con él mientras se daba a conocer a sus hermanos. 2 Sin
embargo, sus sollozos eran tan fuertes que los oyeron los egipcios, y la
noticia llegó hasta el palacio del Faraón.
3 José dijo a sus
hermanos: "Yo soy José. ¿Es verdad que mi padre vive todavía?".
Pero ellos no pudieron responderle, porque al verlo se habían quedado
pasmados. 4 Entonces José volvió a decir a sus hermanos: "Acérquense un
poco más". Y cuando ellos se acercaron, añadió: "Sí, yo soy José,
el hermano de ustedes, el mismo que vendieron a los egipcios. 5 Ahora no se
aflijan ni sientan remordimiento por haberme vendido. En realidad, ha sido
Dios el que me envió aquí delante de ustedes para preservarles la vida. 6
Porque ya hace dos años que hay hambre en esta región, y en los próximos
cinco años tampoco se recogerán cosechas de los cultivos. 7 Por eso Dios hizo
que yo los precediera para dejarles un resto en la tierra y salvarles la
vida, librándolos de una manera extraordinaria. 8 Ha sido Dios, y no
ustedes, el que me envió aquí y me constituyó padre del Faraón, señor de todo
su palacio y gobernador de Egipto. 9 Vuelvan cuanto antes a la casa de mi
padre y díganle: ‘Así habla tu hijo José: Dios me ha constituido señor de
todo Egipto. Ven ahora mismo a reunirte conmigo. 10 Tú vivirás en la región
de Gosen, y estarás cerca de mí, junto con tus hijos y tus nietos, tus ovejas
y tus vacas, y con todo lo que te pertenece. 11 Yo proveeré a tu
subsistencia, porque el hambre durará todavía cinco años. De esa manera, ni
tú ni tu familia ni nada de lo que te pertenece, pasarán necesidad’. 12
Ustedes son testigos, como lo es también mi hermano Benjamín, de que soy yo
mismo el que les dice esto. 13 Informen a mi padre del alto cargo que ocupo
en Egipto y de todo lo que han visto. Y tráiganlo aquí lo antes
posible". 14 Luego estrechó entre sus brazos a su hermano Benjamín y se
puso a llorar. También Benjamín lloró abrazado a él. 15 Después besó a todos
sus hermanos y lloró mientras los abrazaba. Sólo entonces, sus hermanos
atinaron a hablar con él.
16 Cuando en el
palacio del Faraón se difundió la noticia de que habían llegado los hermanos
de José, el Faraón y sus servidores vieron esto con buenos ojos. 17 El Faraón
dijo a José: "Ordena a tus hermanos que carguen sus animales y vayan en
seguida a la tierra de Canaán, 18 para traer aquí a su padre y a sus
familias. Yo les daré lo mejor de Egipto, y ustedes vivirán de la fertilidad
del suelo. 19 Además, ordénales que lleven de Egipto algunos carros para sus
niños y sus mujeres, y para trasladar a su padre. 20 Diles que no se
preocupen por las cosas que dejan, porque lo mejor de todo el territorio de
Egipto será para ustedes".
21 Así lo hicieron
los hijos de Israel. De acuerdo con la orden del Faraón, José les dio unos
carros y les entregó provisiones para el camino. 22 Además, dio a cada uno de
ellos un vestido nuevo, y a Benjamín le entregó trescientas monedas de plata
y varios vestidos nuevos. 23 También envió a su padre diez asnos cargados con
los mejores productos de Egipto, y diez asnas cargadas de cereales, de pan y
de víveres para el viaje. 24 Y cuando despidió a sus hermanos antes que
partieran, les recomendó: "Vayan tranquilos".
25 Ellos salieron de
Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, donde se encontraba su padre Jacob.
26 Cuando le anunciaron que José estaba vivo y era el gobernador de todo
Egipto, Jacob no se conmovió, porque no les podía creer. 27 Entonces le
repitieron todo lo que les había dicho José y, al ver los carros que le había
enviado para transportarlo, su espíritu revivió. 28 Israel exclamó: "Ya
es suficiente. ¡Mi hijo José vive todavía! Tengo que ir a verlo antes de
morir".
Jacob y su familia en Egipto
46
1 Israel partió llevándose todos sus bienes. Cuando llegó a Berseba, ofreció
sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2 Dios dijo a Israel en una visión
nocturna: "¡Jacob, Jacob!". Él respondió: "Aquí estoy". 3
Dios continuó: "Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de
bajar a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación. 4 Yo bajaré contigo a
Egipto, y después yo mismo te haré volver; y las manos de José cerrarán tus
ojos".
5 Cuando Jacob salió
de Berseba, los hijos de Israel hicieron subir a su padre, junto con sus
hijos y sus mujeres, en los carros que el Faraón había enviado para
trasladarlos. 6 Ellos se llevaron también su ganado y las posesiones que
habían adquirido en Canaán. Así llegaron a Egipto, Jacob y toda su familia 7
–sus hijos y sus nietos, sus hijas y sus nietas– porque él había llevado
consigo a todos sus descendientes.
La familia de Jacob
8 Los nombres de los
hijos de Israel –o sea, Jacob y sus hijos– que emigraron a Egipto son los
siguientes: Rubén el primogénito de Jacob, 9 y los hijos de Rubén: Henoc,
Palú, Jesrón y Carmí. 10 Los hijos de Simeón: Iemuel, Iamín, Ohad, Iaquín,
Sójar y Saúl, el hijo de la cananea. 11 Los hijos de Leví: Gersón, Quehat y
Merarí. 12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj. Er y Onán ya
habían muerto en Canaán, y los hijos de Peres fueron Jesrón y Jamul. 13 Los
hijos de Isacar: Tolá, Puvá, Iasub y Simrón. 14 Los hijos de Zabulón: Séred,
Elón y Iajlel. 15 Estos son los hijos que Lía había dado a Jacob en Padán
Arám, además de su hija Dina. Entre hombres y mujeres sumaban un total de
treinta y tres personas.
16 Los hijos de Gad:
Sifión, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí. 17 Los hijos de Aser: Imná,
Isvá, Isví, Beriá, y también Séraj, hermana de aquellos. Los hijos de Beriá:
Jéber y Malquiel. 18 Estos son los hijos de Zilpá, la esclava que Labán había
dado a su hija Lía. De ella le nacieron a Jacob estas dieciséis personas.
19 Los hijos de
Raquel, la esposa de Jacob: José y Benjamín. 20 En Egipto, José fue padre de
Manasés y Efraím, los hijos que le dio Asnat, la hija de Potifera, sacerdote
de la ciudad de On. 21 Los hijos de Benjamín: Belá, Béquer, Asbel, Guerá,
Naamán, Ejí, Ros, Mupím, Jupím y Ard. 22 Estos son los hijos de Raquel, que
le nacieron a Jacob. En total, catorce personas.
23 El hijo de Dan:
Jusím. 24 Los hijos de Neftalí: Iajsel, Guní, Iéser y Silém. 25 Estos son los
descendientes de Bilhá, la esclava que Labán había dado a su hija Raquel. De
ella le nacieron a Jacob estas siete personas.
26 Toda la familia
de Jacob que emigró a Egipto –sus propios descendientes, sin contar a las
mujeres de sus hijos– sumaban un total de sesenta y seis personas. 27
Incluyendo a José y a los dos hijos que este tuvo en Egipto, toda la familia
de Jacob, cuando emigró a Egipto, sumaba un total de setenta personas.
El encuentro de Jacob con José
28 Israel hizo que
Judá se le adelantara y fuera a ver a José, para anunciarle su llegada a
Gosen. Cuando llegaron a la región de Gosen, 29 José hizo enganchar su
carruaje y subió hasta allí para encontrarse con su padre Israel. Apenas este
apareció ante él, José lo estrechó entre sus brazos, y lloró un largo rato,
abrazado a su padre. 30 Entonces Israel dijo a José: "Ahora sí que puedo
morir, porque he vuelto a ver tu rostro y que vives todavía". 31 Después
José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: "Yo iré a informar
al Faraón y le diré: ‘Mis hermanos y la familia de mi padre, que antes
estaban en Canaán, han venido a reunirse conmigo. 32 Ellos son pastores, y ya
hace mucho tiempo que se dedican a cuidar el ganado. Ahora han traído sus
ovejas, sus vacas y todo lo que poseen’. 33 Por eso, cuando el Faraón los
llame y les pregunte de qué se ocupan, 34 ustedes responderán: ‘Tus
servidores, desde su juventud hasta ahora, se han dedicado a cuidar el
ganado, lo mismo que sus antepasados’. Así ustedes podrán establecerse en la
región de Gosen, porque los egipcios sienten abominación por todos los
pastores".
La entrevista de los hijos de Jacob con el Faraón
47
1 Luego José fue a informar al Faraón, diciendo: "Mi padre y mis
hermanos vinieron de Canaán con sus ovejas, sus vacas y todo lo que poseen, y
ahora están en la región de Gosen". 2 Además, él se había hecho
acompañar por algunos de sus hermanos y se los presentó al Faraón. 3 Este les
preguntó: "Y ustedes, ¿de qué se ocupan?". "Somos pastores,
como también lo fueron nuestros antepasados", respondieron ellos. 4 Y
añadieron: "Hemos venido a residir en este país, porque en Canaán no hay
pastos para nuestros rebaños, ya que el país está asolado por el hambre. Por
eso te rogamos que nos dejes permanecer en la región de Gosen". 5a El
Faraón dijo a José: 6b "Pueden establecerse en la región de Gosen. Y si
te consta que entre ellos hay gente capaz, encomiéndales el cuidado de mis
propios rebaños".
Otro relato del establecimiento de los hebreos en Egipto
5b Jacob y sus hijos
llegaron a Egipto, donde estaba José; y cuando el Faraón, rey de Egipto, se
enteró de la noticia, dijo a José: "Tu padre y tus hermanos vinieron a
reunirse contigo. 6a El territorio de Egipto está a tu disposición: instala a
tu padre y a tus hermanos en las mejores tierras". 7 José hizo venir a
su padre Jacob y se lo presentó al Faraón. Jacob saludó respetuosamente al Faraón,
8 y este le preguntó: "¿Cuántos años tienes?". 9 Jacob respondió al
Faraón: "Los años que se me han concedido suman ya ciento treinta. Pocos
y desdichados han sido estos años de mi vida, y ni siquiera se acercan a los
que fueron concedidos a mis padres". 10 Luego Jacob volvió a saludar al
Faraón y salió de allí. 11 José instaló a su padre y a sus hermanos, dándoles
una propiedad en Egipto, en las mejores tierras –en la región de Ramsés– como
el Faraón lo había dispuesto. 12 Y también proveyó al sostenimiento de su
padre, de sus hermanos, y de toda la familia de su padre, según las
necesidades de cada uno.
La habilidad administrativa de José
13 Como la escasez
era muy grande, en ningún país había alimentos, y tanto Egipto como Canaán
estaban exhaustos por el hambre. 14 Así José pudo recaudar todo el dinero que
circulaba en Egipto y en Canaán, como pago por los víveres que compraban, y
guardó ese dinero en el palacio del Faraón. 15 Y cuando ya no hubo más dinero
ni en Egipto ni en Canaán, los egipcios acudieron en masa a José para
decirle: "Danos de comer. ¿Por qué tendremos que morir ante tus propios
ojos, por falta de dinero?". 16 José respondió: "Si ya no hay más
dinero, entreguen su ganado y yo les daré pan a cambio de él". 17 Ellos
trajeron sus animales a José, y él les dio pan a cambio de caballos, ovejas,
vacas y asnos. Y durante aquel año los abasteció de víveres a cambio de todos
sus animales.
18 Pero pasó ese
año, y al año siguiente vinieron otra vez y dijeron a José: "Ya se ha
terminado todo el dinero y los animales te pertenecen. No podemos ocultarte
que no queda nada a tu disposición, fuera de nuestras personas y nuestras
tierras. 19 Pero ¿por qué tendremos que morir ante tus propios ojos, nosotros
y nuestras tierras? Aduéñate de nosotros y de nuestras tierras a cambio de
pan. Así el Faraón será dueño de nosotros y de nuestras tierras. Danos
solamente semilla para que podamos sobrevivir. De lo contrario, nosotros
moriremos, y el suelo se convertirá en un desierto". 20 De esa manera,
José adquirió para el Faraón todas las tierras de Egipto, porque los
egipcios, acosados por el hambre, vendieron cada uno su campo. La tierra pasó
a ser propiedad del Faraón, 21 y el pueblo quedó sometido a servidumbre de un
extremo al otro del territorio egipcio. 22 Los únicos terrenos que José no
compró fueron los que pertenecían a los sacerdotes, porque a ellos el Faraón
les había asignado una ración fija de alimentos; como vivían de la ración que
les daba el Faraón, no tuvieron que vender sus tierras.
23 Entonces José
dijo al pueblo: "Ahora ustedes y sus tierras pertenecen al Faraón,
porque yo los he comprado. Aquí tienen semilla para sembrar esas tierras. 24
Pero cuando llegue la cosecha, ustedes deberán entregar al Faraón una quinta
parte de los productos, y conservarán las cuatro partes restantes para
sembrar la tierra, para alimentarse ustedes y sus familias, y para dar de
comer a los niños". 25 Ellos exclamaron: "Tú nos salvaste la vida.
Te agradecemos que nos hayas puesto al servicio del Faraón". 26 Entonces
José promulgó una ley agraria en Egipto –que todavía hoy está en vigencia–
por la cual una quinta parte de las cosechas corresponde al Faraón. Sólo las
tierras de los sacerdotes no pasaron a ser propiedad del Faraón.
La última voluntad de Jacob
27 Los israelitas se
establecieron en Egipto, en la región de Gosen, y allí adquirieron
propiedades, tuvieron muchos hijos y llegaron a ser muy numerosos. 28 Jacob
vivió diecisiete años en Egipto, y en total vivió ciento cuarenta y siete
años. 29 Cuando estaba a punto de morir, llamó a su hijo José y le dijo:
"Si realmente me tienes afecto, coloca tu mano debajo de mi muslo, como
prueba de tu constante lealtad hacia mí, y no me entierres en Egipto. 30
Cuando vaya a descansar junto con mis padres, sácame de Egipto y entiérrame
en su sepulcro". José respondió: "Haré lo que dices". 31 Pero
su padre insistió: "Júramelo". Él se lo juró, e Israel se reclinó
sobre la cabecera de su lecho.
La bendición de Efraím y Manasés
48
1 Después de estos acontecimientos, José recibió esta noticia: "Tu padre
está enfermo". Entonces llevó a sus dos hijos, Manasés y Efraím, 2 y se
hizo anunciar a su padre: "Tu hijo José ha venido a verte". Israel,
haciendo un esfuerzo, se sentó en su lecho, 3 y dijo a José: "El Dios
Todopoderoso se me apareció, en Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo, 4
diciendo: ‘Yo te haré fecundo y numeroso, haré nacer de ti una asamblea de
pueblos, y daré esta tierra a tu descendencia después de ti, en posesión
perpetua’. 5 Ahora bien, los dos hijos que tuviste en Egipto antes que yo
viniera a reunirme contigo, serán mis hijos. Efraím y Manasés serán míos,
como lo son Rubén y Simeón. 6 Los que nacieron después de ellos, en cambio,
serán tuyos, y serán llamados con el nombre de sus hermanos para recibir su herencia.
7 Yo quiero que así sea, porque a mi regreso de Padán, mientras íbamos por la
tierra de Canaán, a poca distancia de Efratá, se me murió tu madre Raquel, y
yo la sepulté allí, junto al camino de Efratá, es decir, de Belén".
8 Al ver a los hijos
de José, Israel preguntó: "Y estos, ¿quiénes son?". 9 "Son mis
hijos, los que Dios me dio aquí", respondió José a su padre. Este
añadió: "Acércamelos, para que yo los bendiga". 10 José los puso
junto a Israel, que ya no veía, porque sus ojos se habían debilitado a causa
de su edad avanzada, y él los besó y los abrazó. 11 Luego Israel dijo a José:
"Yo pensaba que nunca más volvería a ver tu rostro, y ahora Dios me
permite ver también tu descendencia". 12 José los retiró de las rodillas
de Israel y se inclinó profundamente; 13 después los tomó a los dos, a Efraím
con su mano derecha, para que estuviera a la izquierda de Israel, y a Manasés
con su mano izquierda, para que estuviera a la derecha de Israel, y se los
presentó. 14 Pero Israel, entrecruzando sus manos, puso la derecha sobre la
cabeza de Efraím, que era el menor, y la izquierda sobre la cabeza de
Manasés, aunque este era el primogénito, 15 y los bendijo, diciendo:
"El Dios en
cuya presencia
caminaron mis
padres, Abraham e Isaac,
el Dios que fue mi
pastor,
desde mi nacimiento
hasta el día de hoy,
16 el ángel que me
rescató de todo mal,
bendiga a estos
jóvenes,
para que en ellos
sobreviva mi nombre
y el de mis padres,
Abraham e Isaac,
y lleguen a ser una
gran multitudsobre la tierra".
17 Cuando José
advirtió que su padre tenía puesta la mano derecha sobre la cabeza de Efraím,
no le pareció bien. Entonces tomó la mano de su padre para pasarla de la
cabeza de Efraím a la de Manasés, 18 y dijo a su padre: "Así no, padre,
porque el primogénito es el otro; coloca tu mano derecha sobre su
cabeza". 19 Pero su padre se resistió con estas palabras: "Ya lo
sé, hijo mío, ya lo sé. También de él nacerá un pueblo, y también él será
grande. Pero su hermano menor lo aventajará, y de él descenderán naciones
enteras". 20 Y aquel día pronunció sobre ellos esta bendición:
"Por ti Israel
pronunciará esta bendición:
¡Que Dios te haga
como Efraímy Manasés!".
Y puso a Efraím
delante de Manasés.
21 Finalmente,
Israel dijo a José: "Yo estoy a punto de morir, pero Dios estará con
ustedes y los hará volver a la tierra de sus padres. 22 Yo, por mi parte, te
doy una franja de tierra más que a tus hermanos, la que arrebaté a los
amorreos con mi espada y con mi arco".
El testamento de Jacob
49
1 Jacob llamó a sus hijos y les habló en estos términos: "Reú-nanse,
para que yo les anuncie lo que les va a suceder en el futuro:
2 Reúnanse y
escuchen, hijos de Jacob,
oigan a Israel, su
padre.
3 ¡Tú, Rubén, mi
primogénito,
mi fuerza y el
primer fruto de mi vigor,
el primero en
dignidad,y el primero en poder!
4 Desbordado como
las aguas,ya no tendrás la primacía,
porque subiste al
lecho de tu padre,
y, al subir, lo
profanaste.
5 Simeón y Leví son
hermanos,
sus cuchillos son
instrumentos de violencia.
6 Que yo no entre en
sus reuniones,
ni me una a su asamblea,
porque en su ira
mataron hombres
y mutilaron toros
por capricho.
7 Maldita sea su ira
tan violenta
y su furor tan
feroz.
Yo los repartiré en
el país de Jacob
y los dispersaré en
Israel.
8 A
ti, Judá, te alabarán tus hermanos,
tomarás a tus enemigos
por la nuca
y los hijos de tu
padre se postrarán ante ti.
9 Judá es un
cachorro de león.
–¡Has vuelto de la
matanza, hijo mío!–
Se recuesta, se
tiende como un león,como una leona:
¿quién lo hará
levantar?
10 El cetro no se
apartará de Judá
ni el bastón de
mando de entre sus piernas,
hasta que llegue
aquel a quien le pertenece
y a quien los
pueblos deben obediencia.
11 Él ata su asno a
una vid,
su asno de pura raza
a la cepamás escogida;
lava su ropa en el
vino
y su manto en la
sangre de las uvas.
12 Sus ojos están
oscurecidos por el vino,
y sus dientes
blanqueados por la leche.
13 Zabulón habitará
en la ribera del mar,
que servirá de
puerto a las naves,
y sus fronteras
llegarán hasta Sidón.
14 Isacar en un asno
vigoroso,
recostado entre sus
alforjas.
15 Al ver que el
lugar de reposo es bueno
y el país muy
agradable,
doblega sus espaldas
a la carga
y se somete a un
trabajo servil.
16 Dan juzgará a su
pueblo
como una de las
tribus de Israel.
17 Él es una
serpiente junto al camino,
una víbora junto al
sendero,
que muerde los
talones del caballo,
y así el jinete cae
de espaldas.
18 ¡Señor, yo espero
tu salvación!
19 Bandas de
salteadores asaltarán a Gad,
pero él, a su vez,
los asaltará por detrás.
20 Aser tendrá
comidas deliciosas
y ofrecerá manjares
de reyes.
21 Neftalí es una
cierva suelta,
que da hermosos
cervatillos.
22 José es un potro
salvaje,
un potro salvaje
junto a una fuente,
un asno salvaje
sobre una ladera.
23 Los arqueros lo
hostigaron,
le arrojaron
flechas, lo acosaron.
24 Pero los arcos permanecieron
rígidos
y se aflojaron los
brazos de los arqueros
por el poder del
Fuerte de Jacob,
por el nombre del
Pastor, la Roca
de Israel;
25 por el Dios de tu
padre, que te socorre,
por el Dios
Todopoderoso,que te da sus bendiciones:
bendiciones desde lo
alto del cielo,
bendiciones del
océano que se extiende por debajo,
bendiciones de los
pechos y del seno materno,
26 bendiciones de
las espigas y las flores,
bendiciones de las
montañas seculares,
delicias de las
colinas eternas.
¡Que desciendan
sobre la cabeza de José,
sobre la frente del
consagradoentre sus hermanos!
27 Benjamín es un
lobo rapaz:
por la mañana devora
la presa,
y a la tarde divide
los despojos".
28 Todas estas eran
las tribus de Israel –doce en total– y esto es lo que su padre dijo de ellas
cuando las bendijo, dándole a cada una su bendición.
La muerte de Jacob
29 Luego les dio
esta orden: "Yo estoy a punto de ir a reunirme con los míos. Entiérrenme
junto con mis padres, en la caverna que está en el campo de Efrón, el hitita,
30 en el campo de Macpelá, frente a Mamré, en la tierra de Canaán, el campo
que Abraham compró a Efrón, el hitita, para tenerlo como sepulcro familiar.
31 Allí fueron enterrados Abraham y Sara, su esposa; allí fueron enterrados
Isaac y Rebeca, su esposa; y allí también sepulté a Lía. 32 Ese campo y la
caverna que hay en él fueron comprados a los hititas".
33 Cuando Jacob
terminó de dar esta orden a sus hijos, recogió sus pies en el lecho, expiró y
fue a reunirse con los suyos.
Los funerales de Jacob
50
1 Entonces José se echó sobre el rostro de su padre, lo cubrió de lágrimas y
lo besó. 2 Después dio a los médicos que estaban a su servicio la orden de
embalsamar a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel. 3 Esto les llevó
cuarenta días, porque ese es el tiempo que dura el embalsamamiento.
Los egipcios
estuvieron de duelo por él durante setenta días. 4 Una vez transcurrido ese
período, José se dirigió a la corte del Faraón en estos términos: "Por
favor, presenten al Faraón el siguiente pedido: 5 En una oportunidad mi padre
me dijo, obligándome bajo juramento: ‘Cuando yo muera, asegúrate de que me
entierren en la tumba que me hice preparar en el país de Canaán’. ¿Puedo ir a
sepultar a mi padre y luego regresar?". 6 El Faraón respondió: "Ve
a sepultar a tu padre, como él te lo hizo prometer bajo juramento".
7 José partió
entonces para ir a sepultar a su padre, y con él fueron todos los servidores
del Faraón, los ancianos de su palacio y todos los ancianos de Egipto, 8 lo
mismo que la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. En la
región de Gosen dejaron únicamente a los niños y el ganado. 9 También fueron
con él carros de guerra y jinetes, de manera que se formó un cortejo
imponente.
10 Al llegar a Goren
Haatad, que está al otro lado del Jordán, celebraron las exequias con gran
solemnidad, y José estuvo de duelo por su padre durante siete días. 11 Los
cananeos, habitantes del país, al ver los funerales de Goren Haatad, dijeron:
"Este es un funeral solemne de los egipcios". Por eso aquel lugar,
que se encuentra al otro lado del Jordán, se llamó Abel Misraim.
12 Los hijos de
Jacob hicieron con él todo lo que les había mandado: 13 lo trasladaron a
Canaán y lo sepultaron en el campo de Macpelá, frente a Mamré, el campo que Abraham
había comprado a Efrón, el hitita, para tenerlo como sepulcro familiar. 14 Y
después de sepultar a su padre, José regresó a Egipto en compañía de sus
hermanos y de todos los que habían ido a dar sepultura a su padre.
El temor de los hermanos de José
15 Al ver que su
padre había muerto, los hermanos de José se dijeron: "¿Y si José nos
guarda rencor y nos devuelve todo el mal que le hicimos?". 16 Por eso le
enviaron este mensaje: "Antes de morir, tu padre dejó esta orden: 17
‘Díganle a José: Perdona el crimen y el pecado de tus hermanos, que te
hicieron tanto mal. Por eso, perdona el crimen de los servidores del Dios de
tu padre’". Al oír estas palabras, José se puso a llorar.
La promesa de José a sus hermanos
18 Luego sus
hermanos fueron personalmente, se postraron ante él y le dijeron: "Aquí
nos tienes: somos tus esclavos". 19 Pero José les respondió: "No
tengan miedo. ¿Acaso yo puedo hacer las veces de Dios? 20 El designio de Dios
ha transformado en bien el mal que ustedes pensaron hacerme, a fin de cumplir
lo que hoy se realiza: salvar la vida a un pueblo numeroso. 21 Por eso, no
teman. Yo velaré por ustedes y por las personas que están a su cargo". Y
los reconfortó, hablándoles afectuosamente.
La muerte de José
22 José permaneció
en Egipto junto con la familia de su padre, y vivió ciento diez años. 23 Así
pudo ver a los hijos de Efraím hasta la tercera generación; y los hijos de
Maquir, hijo de Manasés, también nacieron sobre las rodillas de José. 24
Finalmente, José dijo a sus hermanos: "Yo estoy a punto de morir, pero
Dios los visitará y los llevará de este país a la tierra que prometió con un
juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob". 25 Luego hizo prestar un
juramento a los hijos de Israel, diciéndoles: "Cuando Dios los visite,
lleven de aquí mis restos".
26 José murió a la
edad de ciento diez años. Fue embalsamado y colocado en un sarcófago, en
Egipto.
1
26-27. "Hagamos al hombre": el término "hombre"
corresponde a la palabra hebrea "adám", que tiene un significado
genérico y designa a toda la especie humana. Aquí no se habla de una pareja
–"un" hombre y "una" mujer, como en los capítulos 2 y 3–
sino de toda la especie humana: es la humanidad como tal la que ha sido
creada a imagen de Dios. El plural "hagamos" indica una
deliberación de Dios, que pone de relieve la importancia de la obra que él va
a realizar.
2
7. El texto hebreo utiliza aquí dos expresiones semejantes
"adám" y "adamá" –que significan respectivamente
"hombre" y "suelo"– para poner de relieve la estrecha
relación que existe entre el hombre y el medio donde habita.
8.
El hombre es mortal por naturaleza y debe retornar al suelo de donde fue
sacado (3. l9). Pero Dios, gratuitamente, lo introdujo en "el jardín de
Edén", símbolo de la amistad divina, y le concedió el acceso al
"árbol de la vida", símbolo de la inmortalidad (v. 9). El
mandamiento impuesto por Dios muestra que la amistad con él y el don de la
inmortalidad estaban condicionados por la respuesta libre del hombre.
9.
"El árbol del conocimiento del bien y del mal": la realidad representada
por este símbolo no puede ser simplemente el discernimiento moral
–prerrogativa que Dios no niega al hombre– sino la facultad de decidir por sí
mismo lo que es bueno y malo, independientemente de Dios. Al desobedecer el
mandato divino, el hombre reivindica para sí una autonomía que no se conforma
con su condición de criatura y usurpa un privilegio exclusivo de Dios.
18-22.
La inferioridad social de la mujer era un hecho aceptado en la antigüedad. El
relato bíblico, en cambio, muestra que este hecho no responde a la intención
original del Creador, sino que es una imperfección introducida en el mundo
por el pecado. La mujer ha sido formada "del" hombre; ella es la
única ayuda adecuada a él; es "hueso de sus huesos y carne de su carne".
Todas estas imágenes indican que el hombre y la mujer participan de un mismo
destino y de una misma condición, y explican la íntima relación que los une y
que se funda en el atractivo mutuo.
3
Si el mundo ha sido creado por Dios, y él solo puede querer el bien de sus criaturas,
¿cómo es que la tierra se ha convertido en un "valle de lágrimas"?
El siguiente relato arroja un rayo de luz sobre esta inquietante pregunta. En
él se explica que todas las penalidades y miserias que afligen a los hombres
no corresponden al designio original de Dios. La situación actual de la
humanidad es consecuencia del pecado de "Adán", nombre genérico que
designa, a la vez, al primer hombre y a toda la humanidad representada en él.
Al transgredir el mandamiento divino, el hombre se privó voluntariamente de
los dones que Dios le ofrecía. Y como consecuencia de su pretensión de ser
igual a Dios, lo único que experimentó fue su propia "desnudez", es
decir, su indigencia absoluta.
Pero Dios no
abandona a la humanidad pecadora. Por eso, a la "maldición" que
pesa sobre la tierra a causa del pecado, el Génesis opone la
"bendición", que alcanzará finalmente a todos los hombres, por
medio de Abraham y de su descendencia (12. 1-4). Esta descendencia es Cristo,
el nuevo Adán, gracias a quien, allí "donde abundó el pecado,
sobreabundó la gracia" (Rom. 5. 20).
1.
EI culto de la "serpiente" estaba extendido por todo el Oriente
antiguo. Por su forma y su comportamiento singulares, este animal tenía un
simbolismo polivalente: se lo asociaba tanto a las fuerzas de la vida y la
fecundidad, como a las representaciones del caos y de la muerte, del misterio
y de la ciencia oculta. El texto bíblico describe a la serpiente como un ser
hostil a Dios, a quien acusa de mentira y envidia (vs. 4-5), y hostil también
al hombre, a quien seduce deliberadamente e induce a transgredir el mandato
divino. Además, pone de relieve la "astucia" de la serpiente, y la
presenta como conocedora de la propiedad misteriosa escondida en el fruto del
árbol. Estos indicios hacen suponer que el autor del relato tiene en vista
ciertas formas de adivinación y de magia practicadas en Canaán, y asociadas
con la serpiente, símbolo de la sabiduría y de los poderes ocultos. Al
condenar a la serpiente, se condena la religión cananea, que pretendía conseguir
con esas prácticas una sabiduría sobrehumana. La reflexión posterior
identificará a la serpiente con el "demonio" (Sab. 2.24; Jn. 8.44)
y con Satanás (Apoc. 12.9;20. 2).
15.
La enemistad puesta por Dios entre los dos culpables –la mujer y la serpiente
seductora– proseguirá entre la descendencia de una y otra. El linaje de la
mujer es toda la especie humana en lucha contra los poderes del mal, que
intentarán precipitarla en la ruina. El texto deja entrever una victoria
final del hombre, que aplastará la cabeza de la serpiente. Por eso la
tradición cristiana ha dado a este texto el nombre de
"Protoevangelio", o sea, primer anuncio de la salvación.
20.
El nombre "Eva", en hebreo, tiene cierta semejanza con el verbo que
significa "vivir".
4
El episodio relatado en los vs. 1-16 supone una civilización ya evolucionada:
la vida pastoril se opone a la agricultura (v. 2); ya se ofrecen sacrificios
a Dios (vs. 3-4); existen otros hombres que pueden matar a Caín (v. 14) y los
miembros de su propia tribu podrán vengarlo (v. 15). Estos indicios muestran
que el episodio de Caín y Abel no debe ser interpretado como un hecho
"histórico", que tuvo por actores a los hijos del primer hombre,
sino como un "ejemplo arquetípico", que pone de manifiesto los
efectos de la desobediencia narrada en el capítulo anterior: después del
pecado del hombre contra Dios, se desencadena la lucha del hombre contra el
hombre, y a causa de este primer crimen la muerte hace su entrada violenta en
el mundo. El crimen de Caín no escapa a la justicia divina (vs. 9-12), pero
Dios le dirige una advertencia antes de su falta, y la pena es atemperada por
la misericordia: la marca que recibe Caín es una señal que lo protege.
23-24.
Este canto, denominado habitualmente "canto de la espada", ha sido
compuesto para gloria de Lamec, un héroe del desierto. Su presencia en este
lugar atestigua la ferocidad siempre en aumento de los descendientes de Caín
y muestra como el pecado va extendiendo su dominación sobre el mundo. El
número "setenta y siete" indica que la venganza es ilimitada. En
contraposición con esta actitud, la ley del talión (Éx. 21.23-25; Lev. 24.
19-20; Deut. 19. 21), al imponer un castigo igual a la ofensa, reduce la
venganza a sus justos límites. El Apóstol Pedro, en cambio, recibirá de Jesús
la orden de perdonar "setenta veces siete" (Mt. 18. 22).
25.
"Adán", nombre propio del primer hombre, corresponde al hebreo
"Adám", que significa "hombre". Ver notas 1. 26-27; 2. 7.
26.
"El Señor": siguiendo una costumbre judía, algunas versiones
antiguas y modernas de la
Biblia sustituyen con esta expresión el nombre del Dios de
Israel, que en el texto hebreo aparece solamente con sus cuatro consonantes:
YHWH. Hacia el siglo IV a.C., los judíos dejaron de pronunciar ese nombre y
lo sustituyeron por Adonai, "el Señor". De allí que sea difícil
saber cómo se lo pronunciaba realmente aunque varios indicios sugieren que la
pronunciación correcta es Yahvé. Según las tradiciones "elohísta"
(Éx. 3. 13-15) y "sacerdotal" (Éx. 6. 2-3), este nombre divino fue
revelado por primera vez a Moisés. En cambio, para la tradición
"yahvista" –a la que pertenece este versículo– ya era conocido e
invocado desde los orígenes de la humanidad. Esto último indicaría que el
nombre Yahvé tiene un origen preisraelita.
5
Esta lista genealógica atribuye una longevidad extraordinaria a los primeros
patriarcas, según la antigua creencia de que la duración de la vida humana
había disminuido en el transcurso de las edades. Esta disminución estaba
relacionada con el progreso del mal, porque una vida larga es una bendición
de Dios (Prov. 10. 27). El patriarca Henoc (v. 22) presenta un caso
particular: de él se dice que vivió menos tiempo, pero sus años forman una
cifra perfecta –365– que son los días del año solar. La mención de su muerte
es reemplazada por la de su misteriosa desaparición. Ver Heb. 11. 5.
6
1-4. EI relato bíblico retoma una leyenda popular, que habla de unos
seres sobrehumanos llamados "gigantes". Antiguamente se creía que
esos gigantes habían existido alguna vez sobre la tierra, y su origen se
explicaba por la unión de seres celestiales (los "hijos de Dios")
con mujeres terrenas (las "hijas de los hombres"). Sin pronunciarse
sobre la realidad histórica de este relato mitológico, el autor inspirado se
vale de él para ilustrar –como podría hacerlo una parábola– la corrupción
creciente de la humanidad. Esta intención aparece de manera explícita en los
versículos siguientes (5-6), que expresan el pesar de Dios por la
incontenible expansión del pecado en el mundo.
17. El
relato del "Diluvio" combina dos tradiciones paralelas,
originariamente independientes: una "sacerdotal", y otra
"yahvista". Al combinar las dos tradiciones el redactor definitivo
respetó esos testimonios recibidos del pasado, sin tratar de eliminar algunas
incongruencias en los detalles. Según la tradición "yahvista", por
ejemplo, Noé introduce en el arca siete parejas de animales puros y una de
impuros; la tradición "sacerdotal", en cambio, menciona una pareja
de cada especie. Hay varias narraciones babilónicas del diluvio que presentan
sorprendentes analogías con el relato bíblico.
En ellas se conserva
el recuerdo de una gran inundación acontecida en la región del Tigris y del
Éufrates, que la imaginación popular elevó a las proporciones de un
cataclismo universal. A pesar de esas semejanzas, el texto bíblico aparece
despojado de todo rasgo politeístico y cargado de un hondo contenido moral:
el "Diluvio" simboliza el juicio de Dios sobre el mundo pecador y
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