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Caminando
con Jesús Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant Edición
especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Los relatos del ÉXODO se
mueven entre dos puntos geográficos precisos: Egipto y el Sinaí. Allí se
desarrollaron los acontecimientos que hicieron de Israel el Pueblo de Dios:
la salida de Egipto, el paso del Mar Rojo y El Éxodo puede dividirse
en dos partes principales. La primera relata la gesta del Señor, que oyó el
clamor de los israelitas esclavizados en Egipto y los hizo pasar de la
esclavitud a la libertad en medio de grandes portentos. El punto culminante
de esta primera parte es el canto triunfal de Moisés que celebra la
liberación de Israel y la victoria del Señor sobre los enemigos de su Pueblo
(15. 1-21). El relato de esta acción divina es la que da su nombre a todo el
libro, ya que "éxodo" significa "salida". La segunda parte describe
el encuentro del Señor con Israel en el monte Sinaí. Después de haber
manifestado su amor y su poder, Dios establece su Alianza con los israelitas
y promulga su Ley por medio de Moisés. En virtud de esta Alianza, Israel pasa
a ser la "propiedad exclusiva" del Señor y a constituir una nación
santa, es decir, totalmente consagrada a él (19. 6). Las narraciones del Éxodo
son la epopeya nacional de Israel. En la formación de la misma, desempeñaron
un papel decisivo las fiestas y celebraciones cultuales. La liturgia pascual,
sobre todo, rememoraba y actualizaba aquellos grandes acontecimientos del
pasado, para que todas las generaciones de israelitas pudieran revivir la
salida de Egipto y renovar el compromiso asumido por el Pueblo de Dios en el
Sinaí. Por eso, el libro del
Éxodo no es una "historia" en el sentido moderno de la palabra: es
un testimonio nacido de la fe, el reconocimiento de que la existencia de Israel
como nación no es obra de los hombres, sino una creación de Dios. En la
redacción definitiva del Libro se emplearon elementos provenientes de la
tradición "yahvista", "elohísta" y
"sacerdotal", además de otros textos de origen diverso. Los grandes temas del
Éxodo están presentes en toda Se
calcula que después de la muerte de José, los hebreos permanecieron en Egipto
unos trescientos años. Su rápido crecimiento provocó la reacción del Faraón y
su propósito de exterminarlos. Por eso los persiguió y los maltrató. En medio
de la opresión, los descendientes de Abraham clamaron al Señor, y el Señor se
acordó de su Promesa y suscitó un Libertador. Es Moisés, que va a ocupar un
lugar preponderante en el resto del Pentateuco. Moisés
asume y cumple su misión, no sin grandes dificultades. "Él prefirió compartir los sufrimientos del Pueblo de
Dios, antes que gozar los placeres efímeros del pecado, y se mantuvo firme
como si estuviera viendo al Invisible" (Heb. 11. 25, 27). De ahí que
se enfrentó con el Faraón para exigirle la liberación de su Pueblo. En esa
lucha, el Faraón personifica los intereses mezquinos que se oponen a la
libertad de los hijos de Dios. Moisés, por su parte, es el arquetipo de los
que luchan por conseguir esa libertad. El dramatismo con que está presentada semejante
lucha, sobre todo en el relato de las plagas, pone bien en evidencia el
triunfo final de Dios. Los descendientes de
Jacob 1 1 Los nombres de los israelitas que llegaron con
Jacob a Egipto, cada uno con su familia, son los siguientes: 2Rubén, Simeón,
Leví y Judá, 3 Isacar, Zabulón y Benjamín, 4 Dan y Neftalí, Gad y Aser. 5 Los
descendientes de Jacob eran, en total, setenta personas. José ya estaba en
Egipto. El crecimiento y la
opresiónde los israelitas 6 Después murieron José y
sus hermanos, y toda aquella generación. 7 Pero los israelitas fueron
fecundos y se multiplicaron, hasta convertirse en una muchedumbre numerosa y
muy fuerte, que llenaba el país. 8 Mientras tanto, asumió
el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José. 9 Él dijo a su
pueblo: "El pueblo de los israelitas es más numeroso y fuerte que
nosotros. 10 Es preciso tomar precauciones contra él, para impedir que siga
multiplicándose. De lo contrario, en caso de guerra se pondrá de parte de
nuestros enemigos, combatirá contra nosotros y se irá del país".11
Entonces los egipcios pusieron a Israel a las órdenes de capataces, para que
lo oprimieran con trabajos forzados. Así Israel construyó para el Faraón las
ciudades de almacenamiento de Pitóm y Ramsés. 12 Pero a medida que aumentaba
la opresión, más se multiplicaba y más se expandía. Esto hizo que la
presencia de los israelitas se convirtiera en un motivo de inquietud. 13 Por eso, los egipcios
redujeron a los israelitas a la condición de esclavos, 14y les hicieron
insoportable la vida, forzándolos a realizar trabajos extenuantes: la
preparación de la arcilla, la fabricación de ladrillos y toda clase de tareas
agrícolas. 15 Además, el rey de
Egipto se dirigió a las parteras de las mujeres hebreas –una de ellas se
llamaba Sifrá y la otra Puá– 16 y les ordenó: "Cuando asistan durante el
parto a las mujeres hebreas, observen bien el sexo del recién nacido: si es
un varón, mátenlo, y si es una niña, déjenla vivir". 17 Pero las
parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había
dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los varones. 18 El rey las mandó
llamar y les preguntó: "¿Por qué han obrado así y han dejado con vida a
los varones?". 19 Ellas le respondieron: "Por que las mujeres
hebreas no son como las egipcias: tienen mucha vitalidad, y antes que llegue
la partera, ya han dado a luz". 20 Por eso Dios fue bondadoso con las
parteras. El pueblo creció cada vez más y se hizo muy poderoso, 21 y como
ellas habían obrado con temor de Dios, él les concedió una familia numerosa.
22 Entonces el Faraón dio esta orden a su pueblo: "Arrojen al Nilo a
todos los varones recién nacidos, pero dejen con vida a las niñas". El nacimiento de Moisés 2 1 Un hombre de la familia de Leví se casó con la
hija de un levita. 2La mujer concibió y dio a luz un hijo; y viendo que era
muy hermoso, lo mantuvo escondido durante tres meses. 3Cuando ya no pudo
ocultarlo más tiempo, tomó una cesta de papiro y la impermeabilizó con betún
y pez. Después puso en ella al niño y la dejó entre los juncos, a orillas del
Nilo. 4 Pero la hermana del niño se quedó a una cierta distancia, para ver
qué le sucedería. 5 La hija del Faraón bajó
al Nilo para bañarse, mientras sus doncellas se paseaban por la ribera. Al
ver la cesta en medio de los juncos, mandó a su esclava que fuera a
recogerla. 6 La abrió, y vio al niño que estaba llorando; y llena de
compasión, exclamó: "Seguramente es un niño de los hebreos". 7 Entonces la hermana del
niño dijo a la hija del Faraón: "¿Quieres que vaya a buscarte entre las
hebreas una nodriza para que te lo críe?". 8 "Sí", le
respondió la hija del Faraón. La jovencita fue a llamar a la madre del niño,
9 y la hija del Faraón le dijo: "Llévate a este niño y críamelo; yo te
lo voy a retribuir". La mujer lo tomó consigo y lo crió; 10 y cuando el
niño creció, lo entregó a la hija del Faraón, que lo trató como a un hijo y
le puso el nombre de Moisés, diciendo: "Sí, yo lo saqué de las
aguas". La huida de Moisés a
Madián 11 Siendo ya un hombre,
Moisés salió en cierta ocasión a visitar a sus hermanos, y observó los
penosos trabajos a que estaban sometidos. También vio que un egipcio
maltrataba a un hebreo, a uno de sus hermanos. 12 Entonces dirigió una mirada
a su alrededor, y como no divisó a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la
arena. 13 Al día siguiente regresó y encontró a dos hebreos que se estaban
peleando. "¿Por qué golpeas a tu compañero?", preguntó al agresor.
14 Pero este le respondió: "¿Quién te ha constituido jefe o árbitro
nuestro? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio?". Moisés sintió
temor y pensó: "Por lo visto, el asunto ha trascendido". 15 En efecto, el Faraón se
enteró de lo sucedido, y buscó a Moisés para matarlo. Pero este huyó del
Faraón, y llegó al país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo. 16 El sacerdote de Madián
tenía siete hijas. Ellas fueron a sacar agua para llenar los bebederos y dar
de beber al rebaño de su padre. 17 De pronto llegaron unos pastores y las
echaron. Moisés, poniéndose de pie, salió en defensa de ellas y dio de beber
a sus ovejas. 18Cuando llegaron al lugar donde estaba Reuel, su padre, este
les preguntó: "¿Por qué hoy han vuelto tan pronto?". 19 "Un
hombre, un egipcio, le explicaron ellas, nos libró de los pastores, nos sacó
agua, y hasta dio de beber al rebaño". 20"¿Dónde está ese
hombre?", preguntó él a sus hijas. "¿Por qué lo dejaron allí?
Invítenlo a comer". 21Moisés accedió a quedarse en casa de aquel hombre,
y este le dio como esposa a su hija Sipora. 22 Ella tuvo un hijo, y Moisés lo
llamó Gersón, porque dijo: "Fui un emigrante en tierra extranjera". El clamor de los
israelitasescuchado por Dios 23 Pasó mucho tiempo y,
mientras tanto, murió el rey de Egipto. Los israelitas, que gemían en la
esclavitud, hicieron oír su clamor, y ese clamor llegó hasta Dios, desde el
fondo de su esclavitud. 24Dios escuchó sus gemidos y se acordó de su alianza
con Abraham, Isaac y Jacob. 25 Entonces dirigió su mirada hacia los
israelitas y los tuvo en cuenta. El llamado de Dios a
Moisés 3 1 Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro
Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto
y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. 2 Allí se le apareció el Ángel del
Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la
zarza ardía sin consumirse, 3 Moisés pensó: "Voy a observar este
grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?". 4
Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde
la zarza, diciendo: "¡Moisés, Moisés!". "Aquí estoy",
respondió él. 5Entonces Dios le dijo: "No te acerques hasta aquí.
Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra
santa". 6 Luego siguió diciendo: "Yo soy el Dios de tu padre, el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Moisés se cubrió
el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. La misión de Moisés 7 El Señor dijo: "Yo
he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos
de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus
sufrimientos. 8 Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a
hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una
tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los
amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. 9 El clamor de los israelitas
ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. 10 Ahora
ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los
israelitas". 11 Pero Moisés dijo a
Dios: "¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de
Egipto a los israelitas?". 12"Yo estaré contigo, le dijo Dios, y
esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de
Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña". La revelación del
Nombre divinoy la promesa de liberación 13 Moisés dijo a Dios:
"Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres
me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les
responderé?". 14 Dios dijo a Moisés: "Yo soy el que soy".
Luego añadió: "Tú hablarás así a los israelitas: ‘Yo soy’ me envió a
ustedes". 15 Y continuó diciendo a Moisés: "Tu hablarás así a los
israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de
Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre,
y así seré invocado en todos los tiempos futuros. 16 Ve a reunir a los
ancianos de Israel y diles: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: ‘Yo los he visitado y
he visto cómo los maltrataban los egipcios. 17 Por eso decidí librarlos de la
opresión que sufren en Egipto, para llevarlos al país de los cananeos, los
hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos, a una
tierra que mana leche y miel’. 18 Ellos te escucharán, y tú irás a
presentarte ante el rey de Egipto, junto con los ancianos de Israel. Entonces
le dirás: ‘El Señor, el Dios de los hebreos, vino a nuestro encuentro. Y
ahora tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para
ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios’. 19 Ya sé que el rey de Egipto no
los dejará partir, si no es obligado por la fuerza. 20 Pero yo extenderé mi
mano y castigaré a Egipto, realizando ante ellos toda clase de prodigios. Así
él los dejará partir, 21 y haré que este pueblo se gane el favor de los
egipcios, de manera que cuando ustedes salgan, no se vayan con las manos
vacías. 22 Por eso, cada mujer pedirá a su vecina y a la que se hospeda en su
casa, objetos de plata y oro, y también vestidos, y se los pondrán a sus
hijos e hijas. Así despojarán a los egipcios". El poder dado por Dios
a Moisés 4 1 Pero Moisés respondió: "¿Y si se niegan a
creerme, y en lugar de hacerme caso, me dicen: ‘No es cierto que el Señor se
te ha aparecido’?". 2 Entonces el Señor le preguntó: "¿Qué tienes
en la mano?". "Un bastón", respondió Moisés. 3 "Arrójalo
al suelo", le ordenó el Señor. Y cuando lo arrojó al suelo, el bastón se
convirtió en una serpiente. Moisés retrocedió atemorizado, 4pero el Señor le
volvió a decir: "Extiende tu mano y agárrala por la cola". Así lo
hizo, y cuando la tuvo en su mano, se transformó nuevamente en un bastón. 5
"Así deberás proceder, añadió el Señor, para que crean que el Señor, el
Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob,
se te ha aparecido". 6 Después el Señor siguió
diciéndole: "Mete tu mano en el pecho". Él puso su mano en el
pecho; y al sacarla, estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve. 7 En
seguida el Señor le ordenó: "Vuelve a poner tu mano en el pecho".
Así lo hizo Moisés; y cuando la retiró, ya había recuperado nuevamente su
color natural. 8 Entonces el Señor le dijo: "Si se niegan a creerte y no
se convencen ante la evidencia del primer prodigio, el segundo los
convencerá. 9 Y si a pesar de estos dos prodigios permanecen incrédulos y no
te escuchan, saca del Nilo un poco de agua y derrámala en la tierra; y al
caer en la tierra, el agua que saques del Nilo se convertirá en sangre". Aarón, intérprete de
Moisés 10 Moisés dijo al Señor:
"Perdóname, Señor, pero yo nunca he sido una persona elocuente: ni
antes, ni a partir del momento en que tú me hablaste. Yo soy torpe para
hablar y me expreso con dificultad". 11 El Señor le respondió:
"¿Quién dio al hombre una boca? ¿Y quién hace al hombre mudo o sordo,
capaz de ver o ciego? ¿No soy yo, el Señor? 12 Ahora ve: yo te asistiré
siempre que hables y te indicaré lo que debes decir". 13 Pero Moisés
insistió: "Perdóname, Señor, encomienda a otro esta misión". 14 El
Señor se enojó con Moisés y exclamó: "¿Acaso no tienes a tu hermano
Aarón, el levita? Yo sé que él tiene facilidad de palabra. Ahora justamente
viene a tu encuentro, y al verte se llenará de alegría. 15 Tú le hablarás y
harás que sea tu portavoz. Yo los asistiré siempre que ustedes hablen, y les
indicaré lo que deben hacer. 16 Él hablará al pueblo en tu nombre; será tu
portavoz y tu serás un dios para él. 17 Lleva también en tu mano este bastón,
porque con él realizarás los prodigios". El regreso de Moisés a
Egipto 18 Luego Moisés se alejó
de allí y al regresar a la casa de Jetró, su suegro, le dijo: "Permíteme
volver a Egipto, donde están mis hermanos. Quiero ver si viven todavía".
Jetró le respondió: "Puedes ir en paz". 19 El Señor dijo a Moisés
en Madián: "Regresa a Egipto, porque ya han muerto todos los que querían
matarte". 20 Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los hizo montar en un
asno, y emprendió el camino de regreso a Egipto. En su mano llevaba el bastón
de Dios. 21 El Señor le dijo: "Mientras regresas a Egipto, considera
todos los prodigios que yo te di el poder de realizar: tú los harás delante
del Faraón. Pero yo voy a endurecer el corazón del Faraón, y él no dejará
salir al pueblo. 22 Entonces tú le dirás: Así habla el Señor: ‘Israel es mi
hijo primogénito. 23 Yo te he dicho que dejes partir a mi pueblo, para que me
rinda culto. Pero ya que te niegas a hacerlo, castigaré con la muerte a tu
hijo primogénito’". La circuncisión del
hijo de Moisés 24 Cuando hizo un alto en
el camino para pasar la noche, el Señor lo atacó e intentó matarlo. 25 Pero
Sipora tomó un cuchillo de piedra, cortó el prepucio de su hijo, y con él
tocó los pies de Moisés diciendo: "Tú eres para mi un esposo de
sangre". 26 Y el Señor se apartó de él. Ella había dicho: "esposo
de sangre", a causa de la circuncisión. El encuentro de Moisés
con Aarón 27 Mientras tanto, el
Señor había dicho a Aarón: "Ve al desierto para encontrarte con
Moisés". Aarón partió, y cuando lo encontró en la montaña de Dios, lo
besó. 28 Moisés lo informó acerca de la misión que el Señor le había
confiado, y de todos los prodigios que le había mandado realizar. 29 Después
fueron los dos juntos y reunieron a todos los ancianos de los israelitas. 30
Aarón les expuso las palabras que el Señor había dicho a Moisés, y este
realizó los prodigios a la vista del pueblo. 31 El pueblo creyó; y cuando
oyeron que el Señor había visitado a los israelitas y había visto su
opresión, se postraron en señal de adoración La primera entrevista
de Moiséscon el Faraón 5 1 Inmediatamente, Moisés y Aarón fueron a decir al
Faraón: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Deja partir a mi pueblo,
para que celebre en el desierto una fiesta en mi honor". 2 Pero el
Faraón respondió: "¿Y quien es el Señor para que yo le obedezca dejando
partir a Israel? Yo no conozco al Señor y no dejaré partir a Israel". 3
Ellos dijeron: "El Dios de los hebreos vino a nuestro encuentro, y ahora
tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para ofrecer
sacrificios al Señor, nuestro Dios. De lo contrario él nos castigará con la
peste o la espada". 4 El rey de Egipto les respondió: "¿Por qué
ustedes, Moisés y Aarón, se empeñan en apartar al pueblo de sus tareas?
Vuelvan al trabajo que les ha sido impuesto". 5 Él pensaba así:
"Ellos son ahora más numerosos que los nativos del país, ¿y todavía debo
tolerarles que interrumpan sus trabajos?". Las instrucciones del
Faraóna sus capataces 6 Ese mismo día, el Faraón
dio a los capataces y a los inspectores del pueblo las siguientes
instrucciones: 7 "No sigan entregando a esa gente la paja para hacer los
ladrillos, como lo hicieron hasta ahora. Que vayan a juntarla ellos mismos. 8
Pero exíjanles la misma cantidad de ladrillos que fabricaban antes, sin
descontarles ni uno solo, porque son unos holgazanes. Por eso gritan:
‘¡Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!’. 9 Háganlos trabajar más
duramente y que estén siempre ocupados; así no prestarán atención a esas
patrañas". 10 En seguida salieron los
capataces del pueblo, junto con los inspectores, y dijeron a la multitud:
"Así habla el Faraón: ‘De ahora en adelante no les daré más paja. 11
Vayan ustedes mismos y tráiganla de donde puedan. Pero el rendimiento no
deberá disminuir en lo más mínimo’". 12 Entonces el pueblo se dispersó
por todo el territorio de Egipto para recoger los rastrojos, y abastecerse
así de paja. 13 Los capataces, por su parte, los apremiaban diciendo:
"Terminen el trabajo que se les fijó para cada día, como lo hacían
cuando les daban la paja". 14 Y los capataces del Faraón golpearon a los
inspectores israelitas que ellos habían designado, diciendo: "¿Por qué
ayer y hoy no completaron la cantidad establecida de ladrillos, como lo
venían haciendo hasta ahora?". La queja de los
inspectores hebreos 15 Los inspectores de los
israelitas fueron a quejarse al Faraón, diciendo: "¿Por qué tratas así a
tus servidores? 16No nos dan paja, no cesan de decirnos que hagamos
ladrillos, y encima nos golpean. Y tú tienes la culpa". 17Pero el Faraón
respondió: "Ustedes son unos holgazanes, sí, unos perfectos holgazanes.
Por eso andan diciendo: ‘Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios’. 18
Ahora vayan a trabajar. Y no sólo no les darán más paja, sino que deberán
entregar la misma cantidad de ladrillos". 19 Cuando les anunciaron
que no debían disminuir la producción de ladrillos establecida para cada día,
los inspectores israelitas se vieron en un grave aprieto. 20 Y al encontrarse
con Moisés y Aarón que los estaban esperando a la salida, 21 les dijeron:
"Que el Señor fije su mirada en ustedes y juzgue. Porque nos han hecho odiosos
al Faraón y a sus servidores, y han puesto en sus manos una espada para que
nos maten". La oración de Moisés 22 Moisés se volvió al
Señor, diciendo: "Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para esto me
has enviado? 23Desde que me presenté ante el Faraón para hablarle en tu
nombre, él no ha cesado de maltratar a este pueblo, y tú no haces nada para
librar a tu pueblo". 6 1 El Señor le respondió: "¡Ahora verás lo que
haré al Faraón! Tendrá que dejarlos partir por la fuerza, e incluso, se verá
obligado a expulsarlos de su país". Otro relato de la
vocación de Moisés 2 Dios habló a Moisés y le
dijo: "Yo soy el Señor. 3 Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob
como el Dios Todopoderoso, pero no me di a conocer a ellos con mi nombre ‘el
Señor’. 4También establecí mi alianza con ellos, para darles la tierra de
Canaán, esa tierra donde ellos residieron como extranjeros. 5 Y cuando
escuché los gemidos de los israelitas, esclavizados por los egipcios, me
acordé de mi alianza. 6 Por eso, anuncia esto a los israelitas: Yo soy el
Señor. Yo los libraré de los trabajos forzados que les imponen los egipcios,
los salvaré de la esclavitud a que ellos los someten, y los rescataré con el
poder de mi brazo, infligiendo severos y justos castigos. 7 Haré de ustedes
mi Pueblo y yo seré su Dios. Así tendrán que reconocer que soy yo, el Señor,
el que los libró de los trabajos forzados de Egipto. 8 Después los
introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y se la
daré en posesión. Yo soy el Señor". 9Moisés refirió estas palabras a los
israelitas, pero ellos no quisieron escucharlo, porque estaban desalentados a
causa de la dura servidumbre. 10 Entonces el Señor dijo
a Moisés: 11"Preséntate al Faraón, el rey de Egipto, y dile que deje
partir de su país a los israelitas". 12 Moisés se excusó ante el Señor,
diciendo: "Si los israelitas no quisieron escucharme, ¿cómo me va a
escuchar el Faraón, a mí que no tengo facilidad de palabra?". 13 Pero el
Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los israelitas y para
el Faraón, rey de Egipto, a fin de hacer salir de Egipto a los israelitas. La genealogía de Moisés
y Aarón 14 Los jefes de las
familias de Israel fueron los siguientes: Los hijos de Rubén, el
primogénito de Israel, fueron Henoc, Palú, Jesrón y Carmí. Estos son los
clanes de Rubén. 15 Los hijos de Simeón
fueron Iemuel, Iamín, Ohad, Iaquín, Sójar y Saúl, el hijo de la cananea.
Estos son los clanes de Simeón. 16 Los nombres de los
hijos de Leví, con sus descendientes, fueron estos: Gersón, Quehat y Merarí.
Leví vivió ciento treinta y siete años. 17 Los hijos de Gersón fueron Libní y
Simei con sus clanes. 18 Los hijos de Quehat fueron Amrám, Isar, Hebrón y
Uziel. Quehat vivió ciento treinta y tres años. 19 Los hijos de Merarí fueron
Majlí y Musí. Estos son los clanes de Leví con sus descendientes. 20 Amrám se casó con
Ioquébed, su tía, y de ella le nacieron Aarón y Moisés. Amrám vivió ciento
treinta y siete años. 21 Los hijos de Isar
fueron Coré, Néfeg y Zicrí; 22 y los hijos de Uziel, fueron Misael, Elsafán y
Sitrí. 23 Aarón se casó con
Eliseba, hija de Aminadab y hermana de Najsón; de ella le nacieron Nadab,
Abihú, Eleazar e Itamar. 24 Los hijos de Coré
fueron Asir, Elcaná y Abiasaf. Estos son los clanes de los coreítas. 25 Eleazar, hijo de Aarón,
se casó con una de las hijas de Putiel, que fue madre de Pinjás. Estos son los jefes de las
familias levíticas, con sus respectivos clanes. 26 Moisés y Aarón son los
mismos que recibieron del Señor la orden de sacar de Egipto a los israelitas,
distribuidos en grupos. 27 Ellos fueron los que hablaron al Faraón, el rey de
Egipto, para hacer salir a los israelitas. Son los mismos Moisés y Aarón. La misión de Moisés y
Aarón 28 El día en que el Señor
habló a Moisés en Egipto, 29 le dijo: "Yo soy el Señor. Repite al
Faraón, el rey de Egipto, todo lo que yo te diga". 30 Pero Moisés puso
al Señor este pretexto: "Yo tengo dificultad para hablar. ¿Cómo me va a
escuchar el Faraón?". 7 1 El Señor dijo a Moisés: "Yo hago de ti un
dios para el Faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta. 2 Tú le
comunicarás todo lo que yo te mande, y él hablará al Faraón, para que deje
salir de su país a los israelitas. 3Pero yo endureceré el corazón del Faraón,
y así podré multiplicar mis signos y mis prodigios en Egipto. 4 El Faraón se
resistirá a escucharlos, pero yo descargaré mi mano sobre Egipto, y haré
salir de allí a los israelitas –mi ejército y mi pueblo– infligiendo severos
y justos castigos. 5 Y cuando extienda mi mano sobre Egipto para hacer salir
de allí a los israelitas, los egipcios tendrán que reconocer que yo soy el
Señor". 6 Moisés y Aarón realizaron exactamente lo que el Señor les
había ordenado. 7 Cuando se entrevistaron con el Faraón, Moisés tenía ochenta
años, y Aarón, ochenta y tres. Aarón y los magos de
Egipto 8 El Señor dijo a Moisés y
a Aarón: 9"Cuando el Faraón les pida que hagan un prodigio, tú le dirás
a Aarón: ‘Toma tu cayado y arrójalo delante del Faraón; y el cayado se
convertirá en una serpiente’". 10 Moisés y Aarón se presentaron entonces
ante el Faraón e hicieron todo lo que el Señor les había ordenado. Aarón
arrojó su cayado delante del Faraón y de sus servidores, y el cayado se
transformó en una serpiente. 11 El Faraón, a su vez, convocó a los sabios y
hechiceros; y los magos de Egipto, valiéndose de sus artes secretas, hicieron
otro tanto. 12 Cada uno arrojó su bastón, y estos se transformaron en
serpientes; pero el de Aarón devoró a todos los demás. La primera plaga:el
agua convertida en sangre 14 El Señor dijo a Moisés:
"El Faraón está obstinado y se resiste a dejar partir al pueblo. 15
Preséntate ante él mañana temprano, cuando salga para ir al río; espéralo a
la orilla del Nilo, sosteniendo en tu mano el bastón que se transformó en
serpiente, 16 y háblale en estos términos: ‘El Señor, el Dios de los hebreos,
me envió a decirte: Deja que mi pueblo vaya a rendirme culto en el desierto.
Pero tú no has querido obedecer. 17 Por eso dice el Señor: Ahora te
demostraré que soy el Señor. Yo golpearé las aguas del Nilo con el bastón que
tengo en la mano, y las aguas se convertirán en sangre. 18 Los peces que hay
en el Nilo morirán, y el río dará un olor tan pestilente que los egipcios no
podrán beber sus aguas’". 19 Luego el Señor dijo a
Moisés: "Da esta orden a Aarón: ‘Toma tu bastón y extiende tu mano sobre
las aguas de Egipto –sobre sus ríos y sus canales, sus pantanos y todos sus
depósitos de agua– y que estas se conviertan en sangre a lo largo de todo
Egipto, incluso las que están en recipientes de madera y de piedra’". 20
Moisés y Aarón hicieron lo que el Señor les había ordenado. Él levantó su
bastón y golpeó las aguas del Nilo, a la vista del Faraón y de todos sus
servidores. Y toda el agua del Nilo se convirtió en sangre. 21 Los peces del
Nilo murieron, y el río dio un olor tan pestilente, que los egipcios ya no
pudieron beber sus aguas. Entonces hubo sangre en todo el territorio de
Egipto. 22 Pero los magos egipcios, valiéndose de sus artes secretas,
hicieron lo mismo. Por eso el Faraón persistió en su obstinación y no los
escuchó, como el Señor lo había predicho. 23 Y dándose vuelta, regresó a su
palacio sin atribuir mayor importancia a lo que había sucedido. 24 Mientras
tanto, los egipcios se pusieron a cavar en los alrededores del Nilo, en busca
de agua potable, porque no podían beber el agua del río. 25 Así pasaron siete
días después que el Señor golpeó las aguas del Nilo. La segunda plaga: las
ranas 26 El Señor dijo a Moisés:
"Preséntate ante el Faraón y dile: ‘Así habla el Señor: Deja que mi
pueblo vaya a rendirme culto. 27 Porque si te niegas a dejarlo partir, haré
que tu territorio quede totalmente plagado de ranas. 28El Nilo estará
atestado de ranas, que subirán e invadirán tu palacio, tu dormitorio y hasta
tu mismo lecho; se meterán en las casas de tus servidores y en las de tu
pueblo, en tus hornos y utensilios de cocina. 29 Y llegarán incluso a trepar
sobre ti, sobre tus servidores y sobre tu pueblo’". 8 1 Luego el Señor dijo a Moisés: "Da esta orden
a Aarón: ‘Extiende tu mano y tu bastón sobre los ríos, los canales y los
pantanos, para que las ranas invadan el territorio de Egipto’". 2Aarón
extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y las ranas subieron hasta cubrir
el país. 3 Pero los magos de Egipto, valiéndose de sus artes secretas,
hicieron otro tanto y atrajeron una invasión de ranas sobre el territorio de
Egipto. 4 El Faraón mandó llamar a
Moisés y a Aarón y les dijo: "Rueguen al Señor que aleje las ranas de mí
y de mis súbditos, y yo me comprometo a dejar que el pueblo vaya a ofrecer
sacrificios al Señor". 5 Moisés respondió al Faraón: "Dígnate
indicarme el momento en que debo rogar por ti, por tus servidores y por tu
pueblo para que las ranas se aparten de ti y de tus casas, y queden solamente
en el Nilo". 6 "Mañana", dijo el Faraón. Entonces Moisés
añadió: "Que suceda conforme a tus palabras. Así sabrás que no hay nadie
como el Señor, nuestro Dios. 7 Las ranas se apartarán de ti, de tus casas, de
tus servidores y de tu pueblo, y quedarán únicamente en el Nilo". 8
Cuando Moisés y Aarón se separaron del Faraón, Moisés rogó al Señor para que
alejara las ranas con que había castigado al Faraón, 9 y el Señor accedió al
pedido de Moisés. Las ranas quedaron muertas en las casas, en los patios y en
los campos. 10Las juntaron en grandes montones, y se extendió por todas
partes un olor pestilente. 11 Pero el Faraón, al ver que la situación
mejoraba, se obstinó y no escuchó a Moisés y a Aarón, como el Señor lo había
predicho. La tercera plaga: los
mosquitos 12 El Señor dijo a Moisés:
"Da esta orden a Aarón: ‘Extiende tu bastón y golpea el polvo del suelo,
para que se transforme en mosquitos a lo largo de todo Egipto’". 13
Aarón extendió la mano empuñando su bastón, golpeó el polvo del suelo, y en
seguida, nubes de mosquitos se lanzaron contra la gente y los animales. Todo
el polvo del suelo se transformó en mosquitos, a lo largo de todo el país. 14
Los magos intentaron producir mosquitos, valiéndose de sus artes secretas,
pero no lo consiguieron. Los mosquitos atacaron a hombres y animales. 15
Entonces dijeron al Faraón: "Aquí está el dedo de Dios". A pesar de
esto, el Faraón persistió en su obstinación y no los escuchó, como el Señor
lo había predicho. La cuarta plaga: los
tábanos 16 El Señor dijo a Moisés:
"Mañana temprano, cuando el Faraón salga para ir al río, preséntate ante
él y dile: ‘Así habla el Señor: Deja que mi pueblo vaya a rendirme culto. 17
Porque si te niegas a dejarlo partir, yo enviaré contra ti, contra tus
servidores, tu pueblo y tus casas, una invasión de tábanos. Las casas de los
egipcios y el suelo donde ellos habitan quedarán atestados de tábanos. 18Pero
al mismo tiempo, haré una excepción con la región de Gosen, donde reside mi
pueblo. Allí no habrá tábanos, para que sepas que yo, el Señor, estoy en
medio de este país. 19 Yo haré una distinción entre mi pueblo y el tuyo. Este
signo sucederá mañana’". 20 Así lo hizo el Señor, y
una gran cantidad de tábanos se precipitó sobre el palacio del Faraón y sobre
las casas de sus servidores; y todo el territorio de Egipto fue devastado por
los tábanos. 21Entonces el Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les
dijo: "Pueden ir a ofrecer sacrificios a su Dios, pero que sea dentro
del país". 22 Moisés respondió: "Eso no puede ser. Porque los
sacrificios que nosotros ofreceremos al Señor, nuestro Dios, son una
abominación para los egipcios. Y si nos ven ofrecer sacrificios que ellos
consideran abominables, nos matarán a pedradas. 23Haremos una marcha de tres
días por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios al Señor, nuestro Dios,
conforme a lo que él nos diga". 24 El Faraón dijo: "Les permitiré
que vayan a ofrecer sacrificios al Señor, su Dios, en el desierto, con tal de
que no se alejen demasiado. De paso, rueguen por mí". 25 "En cuanto
salga, respondió Moisés, rogaré al Señor, y mañana los tábanos se apartarán
de ti, de tus servidores y de tu pueblo; pero deja de una vez por todas de burlarte
de nosotros, y no impidas que el pueblo vaya a ofrecer sacrificios al
Señor". 26 Luego Moisés se alejó de la presencia del Faraón, y oró al
Señor. 27El Señor hizo lo que Moisés le había pedido, y los tábanos se
apartaron del Faraón, de sus servidores y de su pueblo. No quedó ni siquiera
uno. 28 Pero a pesar de eso, el Faraón se obstinó una vez más, y no dejó
partir al pueblo. La quinta plaga: la
mortandad del ganado 9 1 El Señor dijo a Moisés: "Ve a presentarte
ante el Faraón y dile: ‘Así habla el Señor, el Dios de los hebreos: Deja que
mi pueblo salga a rendirme culto. 2 Porque si te resistes a dejarlo partir y
sigues reteniéndolo, 3 la mano del Señor enviará una peste mortífera contra
el ganado que está en los campos: contra los caballos, los asnos, los camellos,
los bueyes y el ganado menor. 4 Pero el Señor hará una distinción entre el
ganado de Israel y el de Egipto, de manera que no morirá ni uno solo de los
animales que pertenecen a Israel’". 5 Y el Señor fijó un plazo,
diciendo: "Mañana cumpliré esta amenaza contra el país". 6En
efecto, al día siguiente el Señor cumplió su palabra y entonces murió todo el
ganado de Egipto. A los israelitas, en cambio, no se les murió ni un solo
animal. 7 Y cuando el Faraón ordenó que hicieran un recuento, se comprobó que
los israelitas no habían perdido ni una sola cabeza de ganado. A pesar de
eso, el Faraón se obstinó y no dejó partir al pueblo. La sexta plaga: las
úlceras 8 El Señor dijo a Moisés y
a Aarón: "Recojan unos puñados del hollín que se forma en los hornos, y
que Moisés lo arroje hacia el cielo, en la presencia del Faraón. 9 Ese hollín
se convertirá en un polvo que se expandirá por todo el territorio de Egipto y
producirá úlceras purulentas en los hombres y en los animales". 10 Ellos
recogieron el hollín y se presentaron ante el Faraón. Moisés lo arrojó hacia
el cielo, y tanto los hombres como los animales se cubrieron de úlceras. 11
Los magos no pudieron enfrentarse con Moisés a causa de las úlceras que les
habían salido como a todos los demás egipcios. 12 Pero el Señor endureció el
corazón del Faraón, y él no los escuchó, como el Señor había predicho a
Moisés. La séptima plaga: el
granizo 13 Luego el Señor dijo a
Moisés: "Mañana bien temprano preséntate al Faraón y dile: ‘Así habla el
Señor, el Dios de los hebreos: Deja que mi pueblo salga a rendirme culto. 14
Porque esta vez estoy dispuesto a enviar todas mis plagas contra ti, contra
tus servidores y contra todo tu pueblo, para que sepas que no hay nadie como
yo en toda la tierra. 15 Si yo hubiera extendido mi mano y enviado una peste
contra ti y contra tu pueblo, ya habrías desaparecido de la tierra. 16 Pero
preferí dejarte con vida, para mostrarte mi poder y para que mi Nombre sea
pregonado por toda la tierra. 17 ¡Y todavía tienes la audacia de oponerte a
mi pueblo para impedir su partida! 18 Pero mañana, a esta misma hora, haré
caer sobre Egipto una terrible granizada, como no la hubo desde su fundación
hasta el presente. 19 Por eso, ordena que pongan bajo techo tu ganado y todo
lo que tengas al aire libre, porque todo lo que esté al aire libre y no se
encuentre bajo techo –sea hombre o animal– morirá víctima del granizo’".
20 Algunos servidores del Faraón, atemorizados por la palabra del Señor,
pusieron bajo techo a sus esclavos y su ganado; 21 pero otros no hicieron
caso de esta amenaza y dejaron en el campo a sus esclavos y su ganado. 22 Entonces el Señor dijo
a Moisés: "Extiende tu mano hacia el cielo, y que caiga el granizo sobre
la gente, los animales y la vegetación que crece en los campos, en todo el
territorio de Egipto". 23 Moisés extendió su bastón hacia el cielo, y el
Señor envió truenos y granizo. Cayeron rayos sobre la tierra, y el Señor hizo
llover granizo sobre Egipto. 24 El granizo y el fuego que formaba remolinos
en medio de él, se precipitaron con tal violencia, que nunca hubo en Egipto
nada semejante desde que comenzó a ser una nación. 25 El granizo mató a todos
los hombres y animales que se encontraban al aire libre en el territorio de
Egipto, arrasó toda la vegetación de los campos y destrozó todos los árboles.
26 Sólo se libró del granizo la región de Gosen, donde habitaban los
israelitas. 27 El Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: "Esta vez debo confesar mi pecado. El Señor tiene razón, mientras que yo y mi pueblo estamos equivocados. 28 Rueguen al Señor que haga cesar los truenos y el granizo, y yo los dejaré partir. Ya no tendrán que permanecer aquí más tiempo". 29 Moisés respondió: "Apenas salga de la ciudad, extenderé mis manos al Señor, y cesarán los truenos y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra pertenece al Señor. 30 Sin embargo, yo sé muy bien que ni tú ni tus servidores temen todavía al Señor Dios". 31 En aquella oportunidad fueron destruidos el lino y la |