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Caminando
con Jesús Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant Edición
especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Los relatos del ÉXODO se
mueven entre dos puntos geográficos precisos: Egipto y el Sinaí. Allí se
desarrollaron los acontecimientos que hicieron de Israel el Pueblo de Dios:
la salida de Egipto, el paso del Mar Rojo y El Éxodo puede dividirse
en dos partes principales. La primera relata la gesta del Señor, que oyó el
clamor de los israelitas esclavizados en Egipto y los hizo pasar de la
esclavitud a la libertad en medio de grandes portentos. El punto culminante
de esta primera parte es el canto triunfal de Moisés que celebra la
liberación de Israel y la victoria del Señor sobre los enemigos de su Pueblo
(15. 1-21). El relato de esta acción divina es la que da su nombre a todo el
libro, ya que "éxodo" significa "salida". La segunda parte describe
el encuentro del Señor con Israel en el monte Sinaí. Después de haber
manifestado su amor y su poder, Dios establece su Alianza con los israelitas
y promulga su Ley por medio de Moisés. En virtud de esta Alianza, Israel pasa
a ser la "propiedad exclusiva" del Señor y a constituir una nación
santa, es decir, totalmente consagrada a él (19. 6). Las narraciones del Éxodo
son la epopeya nacional de Israel. En la formación de la misma, desempeñaron
un papel decisivo las fiestas y celebraciones cultuales. La liturgia pascual,
sobre todo, rememoraba y actualizaba aquellos grandes acontecimientos del
pasado, para que todas las generaciones de israelitas pudieran revivir la
salida de Egipto y renovar el compromiso asumido por el Pueblo de Dios en el
Sinaí. Por eso, el libro del
Éxodo no es una "historia" en el sentido moderno de la palabra: es
un testimonio nacido de la fe, el reconocimiento de que la existencia de Israel
como nación no es obra de los hombres, sino una creación de Dios. En la
redacción definitiva del Libro se emplearon elementos provenientes de la
tradición "yahvista", "elohísta" y
"sacerdotal", además de otros textos de origen diverso. Los grandes temas del
Éxodo están presentes en toda Se
calcula que después de la muerte de José, los hebreos permanecieron en Egipto
unos trescientos años. Su rápido crecimiento provocó la reacción del Faraón y
su propósito de exterminarlos. Por eso los persiguió y los maltrató. En medio
de la opresión, los descendientes de Abraham clamaron al Señor, y el Señor se
acordó de su Promesa y suscitó un Libertador. Es Moisés, que va a ocupar un
lugar preponderante en el resto del Pentateuco. Moisés
asume y cumple su misión, no sin grandes dificultades. "Él prefirió compartir los sufrimientos del Pueblo de
Dios, antes que gozar los placeres efímeros del pecado, y se mantuvo firme
como si estuviera viendo al Invisible" (Heb. 11. 25, 27). De ahí que
se enfrentó con el Faraón para exigirle la liberación de su Pueblo. En esa
lucha, el Faraón personifica los intereses mezquinos que se oponen a la
libertad de los hijos de Dios. Moisés, por su parte, es el arquetipo de los
que luchan por conseguir esa libertad. El dramatismo con que está presentada semejante
lucha, sobre todo en el relato de las plagas, pone bien en evidencia el
triunfo final de Dios. Los descendientes de
Jacob 1 1 Los nombres de los israelitas que llegaron con
Jacob a Egipto, cada uno con su familia, son los siguientes: 2Rubén, Simeón,
Leví y Judá, 3 Isacar, Zabulón y Benjamín, 4 Dan y Neftalí, Gad y Aser. 5 Los
descendientes de Jacob eran, en total, setenta personas. José ya estaba en
Egipto. El crecimiento y la
opresiónde los israelitas 6 Después murieron José y
sus hermanos, y toda aquella generación. 7 Pero los israelitas fueron
fecundos y se multiplicaron, hasta convertirse en una muchedumbre numerosa y
muy fuerte, que llenaba el país. 8 Mientras tanto, asumió
el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José. 9 Él dijo a su
pueblo: "El pueblo de los israelitas es más numeroso y fuerte que
nosotros. 10 Es preciso tomar precauciones contra él, para impedir que siga
multiplicándose. De lo contrario, en caso de guerra se pondrá de parte de
nuestros enemigos, combatirá contra nosotros y se irá del país".11
Entonces los egipcios pusieron a Israel a las órdenes de capataces, para que
lo oprimieran con trabajos forzados. Así Israel construyó para el Faraón las
ciudades de almacenamiento de Pitóm y Ramsés. 12 Pero a medida que aumentaba
la opresión, más se multiplicaba y más se expandía. Esto hizo que la
presencia de los israelitas se convirtiera en un motivo de inquietud. 13 Por eso, los egipcios
redujeron a los israelitas a la condición de esclavos, 14y les hicieron
insoportable la vida, forzándolos a realizar trabajos extenuantes: la
preparación de la arcilla, la fabricación de ladrillos y toda clase de tareas
agrícolas. 15 Además, el rey de
Egipto se dirigió a las parteras de las mujeres hebreas –una de ellas se
llamaba Sifrá y la otra Puá– 16 y les ordenó: "Cuando asistan durante el
parto a las mujeres hebreas, observen bien el sexo del recién nacido: si es
un varón, mátenlo, y si es una niña, déjenla vivir". 17 Pero las
parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había
dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los varones. 18 El rey las mandó
llamar y les preguntó: "¿Por qué han obrado así y han dejado con vida a
los varones?". 19 Ellas le respondieron: "Por que las mujeres
hebreas no son como las egipcias: tienen mucha vitalidad, y antes que llegue
la partera, ya han dado a luz". 20 Por eso Dios fue bondadoso con las
parteras. El pueblo creció cada vez más y se hizo muy poderoso, 21 y como
ellas habían obrado con temor de Dios, él les concedió una familia numerosa.
22 Entonces el Faraón dio esta orden a su pueblo: "Arrojen al Nilo a
todos los varones recién nacidos, pero dejen con vida a las niñas". El nacimiento de Moisés 2 1 Un hombre de la familia de Leví se casó con la
hija de un levita. 2La mujer concibió y dio a luz un hijo; y viendo que era
muy hermoso, lo mantuvo escondido durante tres meses. 3Cuando ya no pudo
ocultarlo más tiempo, tomó una cesta de papiro y la impermeabilizó con betún
y pez. Después puso en ella al niño y la dejó entre los juncos, a orillas del
Nilo. 4 Pero la hermana del niño se quedó a una cierta distancia, para ver
qué le sucedería. 5 La hija del Faraón bajó
al Nilo para bañarse, mientras sus doncellas se paseaban por la ribera. Al
ver la cesta en medio de los juncos, mandó a su esclava que fuera a
recogerla. 6 La abrió, y vio al niño que estaba llorando; y llena de
compasión, exclamó: "Seguramente es un niño de los hebreos". 7 Entonces la hermana del
niño dijo a la hija del Faraón: "¿Quieres que vaya a buscarte entre las
hebreas una nodriza para que te lo críe?". 8 "Sí", le
respondió la hija del Faraón. La jovencita fue a llamar a la madre del niño,
9 y la hija del Faraón le dijo: "Llévate a este niño y críamelo; yo te
lo voy a retribuir". La mujer lo tomó consigo y lo crió; 10 y cuando el
niño creció, lo entregó a la hija del Faraón, que lo trató como a un hijo y
le puso el nombre de Moisés, diciendo: "Sí, yo lo saqué de las
aguas". La huida de Moisés a
Madián 11 Siendo ya un hombre,
Moisés salió en cierta ocasión a visitar a sus hermanos, y observó los
penosos trabajos a que estaban sometidos. También vio que un egipcio
maltrataba a un hebreo, a uno de sus hermanos. 12 Entonces dirigió una mirada
a su alrededor, y como no divisó a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la
arena. 13 Al día siguiente regresó y encontró a dos hebreos que se estaban
peleando. "¿Por qué golpeas a tu compañero?", preguntó al agresor.
14 Pero este le respondió: "¿Quién te ha constituido jefe o árbitro
nuestro? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio?". Moisés sintió
temor y pensó: "Por lo visto, el asunto ha trascendido". 15 En efecto, el Faraón se
enteró de lo sucedido, y buscó a Moisés para matarlo. Pero este huyó del
Faraón, y llegó al país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo. 16 El sacerdote de Madián
tenía siete hijas. Ellas fueron a sacar agua para llenar los bebederos y dar
de beber al rebaño de su padre. 17 De pronto llegaron unos pastores y las
echaron. Moisés, poniéndose de pie, salió en defensa de ellas y dio de beber
a sus ovejas. 18Cuando llegaron al lugar donde estaba Reuel, su padre, este
les preguntó: "¿Por qué hoy han vuelto tan pronto?". 19 "Un
hombre, un egipcio, le explicaron ellas, nos libró de los pastores, nos sacó
agua, y hasta dio de beber al rebaño". 20"¿Dónde está ese
hombre?", preguntó él a sus hijas. "¿Por qué lo dejaron allí?
Invítenlo a comer". 21Moisés accedió a quedarse en casa de aquel hombre,
y este le dio como esposa a su hija Sipora. 22 Ella tuvo un hijo, y Moisés lo
llamó Gersón, porque dijo: "Fui un emigrante en tierra extranjera". El clamor de los
israelitasescuchado por Dios 23 Pasó mucho tiempo y,
mientras tanto, murió el rey de Egipto. Los israelitas, que gemían en la
esclavitud, hicieron oír su clamor, y ese clamor llegó hasta Dios, desde el
fondo de su esclavitud. 24Dios escuchó sus gemidos y se acordó de su alianza
con Abraham, Isaac y Jacob. 25 Entonces dirigió su mirada hacia los
israelitas y los tuvo en cuenta. El llamado de Dios a
Moisés 3 1 Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro
Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto
y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. 2 Allí se le apareció el Ángel del
Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la
zarza ardía sin consumirse, 3 Moisés pensó: "Voy a observar este
grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?". 4
Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde
la zarza, diciendo: "¡Moisés, Moisés!". "Aquí estoy",
respondió él. 5Entonces Dios le dijo: "No te acerques hasta aquí.
Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra
santa". 6 Luego siguió diciendo: "Yo soy el Dios de tu padre, el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Moisés se cubrió
el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. La misión de Moisés 7 El Señor dijo: "Yo
he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos
de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus
sufrimientos. 8 Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a
hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una
tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los
amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. 9 El clamor de los israelitas
ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. 10 Ahora
ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los
israelitas". 11 Pero Moisés dijo a
Dios: "¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de
Egipto a los israelitas?". 12"Yo estaré contigo, le dijo Dios, y
esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de
Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña". La revelación del
Nombre divinoy la promesa de liberación 13 Moisés dijo a Dios:
"Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres
me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les
responderé?". 14 Dios dijo a Moisés: "Yo soy el que soy".
Luego añadió: "Tú hablarás así a los israelitas: ‘Yo soy’ me envió a
ustedes". 15 Y continuó diciendo a Moisés: "Tu hablarás así a los
israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de
Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre,
y así seré invocado en todos los tiempos futuros. 16 Ve a reunir a los
ancianos de Israel y diles: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: ‘Yo los he visitado y
he visto cómo los maltrataban los egipcios. 17 Por eso decidí librarlos de la
opresión que sufren en Egipto, para llevarlos al país de los cananeos, los
hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos, a una
tierra que mana leche y miel’. 18 Ellos te escucharán, y tú irás a
presentarte ante el rey de Egipto, junto con los ancianos de Israel. Entonces
le dirás: ‘El Señor, el Dios de los hebreos, vino a nuestro encuentro. Y
ahora tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para
ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios’. 19 Ya sé que el rey de Egipto no
los dejará partir, si no es obligado por la fuerza. 20 Pero yo extenderé mi
mano y castigaré a Egipto, realizando ante ellos toda clase de prodigios. Así
él los dejará partir, 21 y haré que este pueblo se gane el favor de los
egipcios, de manera que cuando ustedes salgan, no se vayan con las manos
vacías. 22 Por eso, cada mujer pedirá a su vecina y a la que se hospeda en su
casa, objetos de plata y oro, y también vestidos, y se los pondrán a sus
hijos e hijas. Así despojarán a los egipcios". El poder dado por Dios
a Moisés 4 1 Pero Moisés respondió: "¿Y si se niegan a
creerme, y en lugar de hacerme caso, me dicen: ‘No es cierto que el Señor se
te ha aparecido’?". 2 Entonces el Señor le preguntó: "¿Qué tienes
en la mano?". "Un bastón", respondió Moisés. 3 "Arrójalo
al suelo", le ordenó el Señor. Y cuando lo arrojó al suelo, el bastón se
convirtió en una serpiente. Moisés retrocedió atemorizado, 4pero el Señor le
volvió a decir: "Extiende tu mano y agárrala por la cola". Así lo
hizo, y cuando la tuvo en su mano, se transformó nuevamente en un bastón. 5
"Así deberás proceder, añadió el Señor, para que crean que el Señor, el
Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob,
se te ha aparecido". 6 Después el Señor siguió
diciéndole: "Mete tu mano en el pecho". Él puso su mano en el
pecho; y al sacarla, estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve. 7 En
seguida el Señor le ordenó: "Vuelve a poner tu mano en el pecho".
Así lo hizo Moisés; y cuando la retiró, ya había recuperado nuevamente su
color natural. 8 Entonces el Señor le dijo: "Si se niegan a creerte y no
se convencen ante la evidencia del primer prodigio, el segundo los
convencerá. 9 Y si a pesar de estos dos prodigios permanecen incrédulos y no
te escuchan, saca del Nilo un poco de agua y derrámala en la tierra; y al
caer en la tierra, el agua que saques del Nilo se convertirá en sangre". Aarón, intérprete de
Moisés 10 Moisés dijo al Señor:
"Perdóname, Señor, pero yo nunca he sido una persona elocuente: ni
antes, ni a partir del momento en que tú me hablaste. Yo soy torpe para
hablar y me expreso con dificultad". 11 El Señor le respondió:
"¿Quién dio al hombre una boca? ¿Y quién hace al hombre mudo o sordo,
capaz de ver o ciego? ¿No soy yo, el Señor? 12 Ahora ve: yo te asistiré
siempre que hables y te indicaré lo que debes decir". 13 Pero Moisés
insistió: "Perdóname, Señor, encomienda a otro esta misión". 14 El
Señor se enojó con Moisés y exclamó: "¿Acaso no tienes a tu hermano
Aarón, el levita? Yo sé que él tiene facilidad de palabra. Ahora justamente
viene a tu encuentro, y al verte se llenará de alegría. 15 Tú le hablarás y
harás que sea tu portavoz. Yo los asistiré siempre que ustedes hablen, y les
indicaré lo que deben hacer. 16 Él hablará al pueblo en tu nombre; será tu
portavoz y tu serás un dios para él. 17 Lleva también en tu mano este bastón,
porque con él realizarás los prodigios". El regreso de Moisés a
Egipto 18 Luego Moisés se alejó
de allí y al regresar a la casa de Jetró, su suegro, le dijo: "Permíteme
volver a Egipto, donde están mis hermanos. Quiero ver si viven todavía".
Jetró le respondió: "Puedes ir en paz". 19 El Señor dijo a Moisés
en Madián: "Regresa a Egipto, porque ya han muerto todos los que querían
matarte". 20 Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los hizo montar en un
asno, y emprendió el camino de regreso a Egipto. En su mano llevaba el bastón
de Dios. 21 El Señor le dijo: "Mientras regresas a Egipto, considera
todos los prodigios que yo te di el poder de realizar: tú los harás delante
del Faraón. Pero yo voy a endurecer el corazón del Faraón, y él no dejará
salir al pueblo. 22 Entonces tú le dirás: Así habla el Señor: ‘Israel es mi
hijo primogénito. 23 Yo te he dicho que dejes partir a mi pueblo, para que me
rinda culto. Pero ya que te niegas a hacerlo, castigaré con la muerte a tu
hijo primogénito’". La circuncisión del
hijo de Moisés 24 Cuando hizo un alto en
el camino para pasar la noche, el Señor lo atacó e intentó matarlo. 25 Pero
Sipora tomó un cuchillo de piedra, cortó el prepucio de su hijo, y con él
tocó los pies de Moisés diciendo: "Tú eres para mi un esposo de
sangre". 26 Y el Señor se apartó de él. Ella había dicho: "esposo
de sangre", a causa de la circuncisión. El encuentro de Moisés
con Aarón 27 Mientras tanto, el
Señor había dicho a Aarón: "Ve al desierto para encontrarte con
Moisés". Aarón partió, y cuando lo encontró en la montaña de Dios, lo
besó. 28 Moisés lo informó acerca de la misión que el Señor le había
confiado, y de todos los prodigios que le había mandado realizar. 29 Después
fueron los dos juntos y reunieron a todos los ancianos de los israelitas. 30
Aarón les expuso las palabras que el Señor había dicho a Moisés, y este
realizó los prodigios a la vista del pueblo. 31 El pueblo creyó; y cuando
oyeron que el Señor había visitado a los israelitas y había visto su
opresión, se postraron en señal de adoración La primera entrevista
de Moiséscon el Faraón 5 1 Inmediatamente, Moisés y Aarón fueron a decir al
Faraón: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Deja partir a mi pueblo,
para que celebre en el desierto una fiesta en mi honor". 2 Pero el
Faraón respondió: "¿Y quien es el Señor para que yo le obedezca dejando
partir a Israel? Yo no conozco al Señor y no dejaré partir a Israel". 3
Ellos dijeron: "El Dios de los hebreos vino a nuestro encuentro, y ahora
tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para ofrecer
sacrificios al Señor, nuestro Dios. De lo contrario él nos castigará con la
peste o la espada". 4 El rey de Egipto les respondió: "¿Por qué
ustedes, Moisés y Aarón, se empeñan en apartar al pueblo de sus tareas?
Vuelvan al trabajo que les ha sido impuesto". 5 Él pensaba así:
"Ellos son ahora más numerosos que los nativos del país, ¿y todavía debo
tolerarles que interrumpan sus trabajos?". Las instrucciones del
Faraóna sus capataces 6 Ese mismo día, el Faraón
dio a los capataces y a los inspectores del pueblo las siguientes
instrucciones: 7 "No sigan entregando a esa gente la paja para hacer los
ladrillos, como lo hicieron hasta ahora. Que vayan a juntarla ellos mismos. 8
Pero exíjanles la misma cantidad de ladrillos que fabricaban antes, sin
descontarles ni uno solo, porque son unos holgazanes. Por eso gritan:
‘¡Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!’. 9 Háganlos trabajar más
duramente y que estén siempre ocupados; así no prestarán atención a esas
patrañas". 10 En seguida salieron los
capataces del pueblo, junto con los inspectores, y dijeron a la multitud:
"Así habla el Faraón: ‘De ahora en adelante no les daré más paja. 11
Vayan ustedes mismos y tráiganla de donde puedan. Pero el rendimiento no
deberá disminuir en lo más mínimo’". 12 Entonces el pueblo se dispersó
por todo el territorio de Egipto para recoger los rastrojos, y abastecerse
así de paja. 13 Los capataces, por su parte, los apremiaban diciendo:
"Terminen el trabajo que se les fijó para cada día, como lo hacían
cuando les daban la paja". 14 Y los capataces del Faraón golpearon a los
inspectores israelitas que ellos habían designado, diciendo: "¿Por qué
ayer y hoy no completaron la cantidad establecida de ladrillos, como lo
venían haciendo hasta ahora?". La queja de los
inspectores hebreos 15 Los inspectores de los
israelitas fueron a quejarse al Faraón, diciendo: "¿Por qué tratas así a
tus servidores? 16No nos dan paja, no cesan de decirnos que hagamos
ladrillos, y encima nos golpean. Y tú tienes la culpa". 17Pero el Faraón
respondió: "Ustedes son unos holgazanes, sí, unos perfectos holgazanes.
Por eso andan diciendo: ‘Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios’. 18
Ahora vayan a trabajar. Y no sólo no les darán más paja, sino que deberán
entregar la misma cantidad de ladrillos". 19 Cuando les anunciaron
que no debían disminuir la producción de ladrillos establecida para cada día,
los inspectores israelitas se vieron en un grave aprieto. 20 Y al encontrarse
con Moisés y Aarón que los estaban esperando a la salida, 21 les dijeron:
"Que el Señor fije su mirada en ustedes y juzgue. Porque nos han hecho odiosos
al Faraón y a sus servidores, y han puesto en sus manos una espada para que
nos maten". La oración de Moisés 22 Moisés se volvió al
Señor, diciendo: "Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para esto me
has enviado? 23Desde que me presenté ante el Faraón para hablarle en tu
nombre, él no ha cesado de maltratar a este pueblo, y tú no haces nada para
librar a tu pueblo". 6 1 El Señor le respondió: "¡Ahora verás lo que
haré al Faraón! Tendrá que dejarlos partir por la fuerza, e incluso, se verá
obligado a expulsarlos de su país". Otro relato de la
vocación de Moisés 2 Dios habló a Moisés y le
dijo: "Yo soy el Señor. 3 Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob
como el Dios Todopoderoso, pero no me di a conocer a ellos con mi nombre ‘el
Señor’. 4También establecí mi alianza con ellos, para darles la tierra de
Canaán, esa tierra donde ellos residieron como extranjeros. 5 Y cuando
escuché los gemidos de los israelitas, esclavizados por los egipcios, me
acordé de mi alianza. 6 Por eso, anuncia esto a los israelitas: Yo soy el
Señor. Yo los libraré de los trabajos forzados que les imponen los egipcios,
los salvaré de la esclavitud a que ellos los someten, y los rescataré con el
poder de mi brazo, infligiendo severos y justos castigos. 7 Haré de ustedes
mi Pueblo y yo seré su Dios. Así tendrán que reconocer que soy yo, el Señor,
el que los libró de los trabajos forzados de Egipto. 8 Después los
introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y se la
daré en posesión. Yo soy el Señor". 9Moisés refirió estas palabras a los
israelitas, pero ellos no quisieron escucharlo, porque estaban desalentados a
causa de la dura servidumbre. 10 Entonces el Señor dijo
a Moisés: 11"Preséntate al Faraón, el rey de Egipto, y dile que deje
partir de su país a los israelitas". 12 Moisés se excusó ante el Señor,
diciendo: "Si los israelitas no quisieron escucharme, ¿cómo me va a
escuchar el Faraón, a mí que no tengo facilidad de palabra?". 13 Pero el
Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los israelitas y para
el Faraón, rey de Egipto, a fin de hacer salir de Egipto a los israelitas. La genealogía de Moisés
y Aarón 14 Los jefes de las
familias de Israel fueron los siguientes: Los hijos de Rubén, el
primogénito de Israel, fueron Henoc, Palú, Jesrón y Carmí. Estos son los
clanes de Rubén. 15 Los hijos de Simeón
fueron Iemuel, Iamín, Ohad, Iaquín, Sójar y Saúl, el hijo de la cananea.
Estos son los clanes de Simeón. 16 Los nombres de los
hijos de Leví, con sus descendientes, fueron estos: Gersón, Quehat y Merarí.
Leví vivió ciento treinta y siete años. 17 Los hijos de Gersón fueron Libní y
Simei con sus clanes. 18 Los hijos de Quehat fueron Amrám, Isar, Hebrón y
Uziel. Quehat vivió ciento treinta y tres años. 19 Los hijos de Merarí fueron
Majlí y Musí. Estos son los clanes de Leví con sus descendientes. 20 Amrám se casó con
Ioquébed, su tía, y de ella le nacieron Aarón y Moisés. Amrám vivió ciento
treinta y siete años. 21 Los hijos de Isar
fueron Coré, Néfeg y Zicrí; 22 y los hijos de Uziel, fueron Misael, Elsafán y
Sitrí. 23 Aarón se casó con
Eliseba, hija de Aminadab y hermana de Najsón; de ella le nacieron Nadab,
Abihú, Eleazar e Itamar. 24 Los hijos de Coré
fueron Asir, Elcaná y Abiasaf. Estos son los clanes de los coreítas. 25 Eleazar, hijo de Aarón,
se casó con una de las hijas de Putiel, que fue madre de Pinjás. Estos son los jefes de las
familias levíticas, con sus respectivos clanes. 26 Moisés y Aarón son los
mismos que recibieron del Señor la orden de sacar de Egipto a los israelitas,
distribuidos en grupos. 27 Ellos fueron los que hablaron al Faraón, el rey de
Egipto, para hacer salir a los israelitas. Son los mismos Moisés y Aarón. La misión de Moisés y
Aarón 28 El día en que el Señor
habló a Moisés en Egipto, 29 le dijo: "Yo soy el Señor. Repite al
Faraón, el rey de Egipto, todo lo que yo te diga". 30 Pero Moisés puso
al Señor este pretexto: "Yo tengo dificultad para hablar. ¿Cómo me va a
escuchar el Faraón?". 7 1 El Señor dijo a Moisés: "Yo hago de ti un
dios para el Faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta. 2 Tú le
comunicarás todo lo que yo te mande, y él hablará al Faraón, para que deje
salir de su país a los israelitas. 3Pero yo endureceré el corazón del Faraón,
y así podré multiplicar mis signos y mis prodigios en Egipto. 4 El Faraón se
resistirá a escucharlos, pero yo descargaré mi mano sobre Egipto, y haré
salir de allí a los israelitas –mi ejército y mi pueblo– infligiendo severos
y justos castigos. 5 Y cuando extienda mi mano sobre Egipto para hacer salir
de allí a los israelitas, los egipcios tendrán que reconocer que yo soy el
Señor". 6 Moisés y Aarón realizaron exactamente lo que el Señor les
había ordenado. 7 Cuando se entrevistaron con el Faraón, Moisés tenía ochenta
años, y Aarón, ochenta y tres. Aarón y los magos de
Egipto 8 El Señor dijo a Moisés y
a Aarón: 9"Cuando el Faraón les pida que hagan un prodigio, tú le dirás
a Aarón: ‘Toma tu cayado y arrójalo delante del Faraón; y el cayado se
convertirá en una serpiente’". 10 Moisés y Aarón se presentaron entonces
ante el Faraón e hicieron todo lo que el Señor les había ordenado. Aarón
arrojó su cayado delante del Faraón y de sus servidores, y el cayado se
transformó en una serpiente. 11 El Faraón, a su vez, convocó a los sabios y
hechiceros; y los magos de Egipto, valiéndose de sus artes secretas, hicieron
otro tanto. 12 Cada uno arrojó su bastón, y estos se transformaron en
serpientes; pero el de Aarón devoró a todos los demás. La primera plaga:el
agua convertida en sangre 14 El Señor dijo a Moisés:
"El Faraón está obstinado y se resiste a dejar partir al pueblo. 15
Preséntate ante él mañana temprano, cuando salga para ir al río; espéralo a
la orilla del Nilo, sosteniendo en tu mano el bastón que se transformó en
serpiente, 16 y háblale en estos términos: ‘El Señor, el Dios de los hebreos,
me envió a decirte: Deja que mi pueblo vaya a rendirme culto en el desierto.
Pero tú no has querido obedecer. 17 Por eso dice el Señor: Ahora te
demostraré que soy el Señor. Yo golpearé las aguas del Nilo con el bastón que
tengo en la mano, y las aguas se convertirán en sangre. 18 Los peces que hay
en el Nilo morirán, y el río dará un olor tan pestilente que los egipcios no
podrán beber sus aguas’". 19 Luego el Señor dijo a
Moisés: "Da esta orden a Aarón: ‘Toma tu bastón y extiende tu mano sobre
las aguas de Egipto –sobre sus ríos y sus canales, sus pantanos y todos sus
depósitos de agua– y que estas se conviertan en sangre a lo largo de todo
Egipto, incluso las que están en recipientes de madera y de piedra’". 20
Moisés y Aarón hicieron lo que el Señor les había ordenado. Él levantó su
bastón y golpeó las aguas del Nilo, a la vista del Faraón y de todos sus
servidores. Y toda el agua del Nilo se convirtió en sangre. 21 Los peces del
Nilo murieron, y el río dio un olor tan pestilente, que los egipcios ya no
pudieron beber sus aguas. Entonces hubo sangre en todo el territorio de
Egipto. 22 Pero los magos egipcios, valiéndose de sus artes secretas,
hicieron lo mismo. Por eso el Faraón persistió en su obstinación y no los
escuchó, como el Señor lo había predicho. 23 Y dándose vuelta, regresó a su
palacio sin atribuir mayor importancia a lo que había sucedido. 24 Mientras
tanto, los egipcios se pusieron a cavar en los alrededores del Nilo, en busca
de agua potable, porque no podían beber el agua del río. 25 Así pasaron siete
días después que el Señor golpeó las aguas del Nilo. La segunda plaga: las
ranas 26 El Señor dijo a Moisés:
"Preséntate ante el Faraón y dile: ‘Así habla el Señor: Deja que mi
pueblo vaya a rendirme culto. 27 Porque si te niegas a dejarlo partir, haré
que tu territorio quede totalmente plagado de ranas. 28El Nilo estará
atestado de ranas, que subirán e invadirán tu palacio, tu dormitorio y hasta
tu mismo lecho; se meterán en las casas de tus servidores y en las de tu
pueblo, en tus hornos y utensilios de cocina. 29 Y llegarán incluso a trepar
sobre ti, sobre tus servidores y sobre tu pueblo’". 8 1 Luego el Señor dijo a Moisés: "Da esta orden
a Aarón: ‘Extiende tu mano y tu bastón sobre los ríos, los canales y los
pantanos, para que las ranas invadan el territorio de Egipto’". 2Aarón
extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y las ranas subieron hasta cubrir
el país. 3 Pero los magos de Egipto, valiéndose de sus artes secretas,
hicieron otro tanto y atrajeron una invasión de ranas sobre el territorio de
Egipto. 4 El Faraón mandó llamar a
Moisés y a Aarón y les dijo: "Rueguen al Señor que aleje las ranas de mí
y de mis súbditos, y yo me comprometo a dejar que el pueblo vaya a ofrecer
sacrificios al Señor". 5 Moisés respondió al Faraón: "Dígnate
indicarme el momento en que debo rogar por ti, por tus servidores y por tu
pueblo para que las ranas se aparten de ti y de tus casas, y queden solamente
en el Nilo". 6 "Mañana", dijo el Faraón. Entonces Moisés
añadió: "Que suceda conforme a tus palabras. Así sabrás que no hay nadie
como el Señor, nuestro Dios. 7 Las ranas se apartarán de ti, de tus casas, de
tus servidores y de tu pueblo, y quedarán únicamente en el Nilo". 8
Cuando Moisés y Aarón se separaron del Faraón, Moisés rogó al Señor para que
alejara las ranas con que había castigado al Faraón, 9 y el Señor accedió al
pedido de Moisés. Las ranas quedaron muertas en las casas, en los patios y en
los campos. 10Las juntaron en grandes montones, y se extendió por todas
partes un olor pestilente. 11 Pero el Faraón, al ver que la situación
mejoraba, se obstinó y no escuchó a Moisés y a Aarón, como el Señor lo había
predicho. La tercera plaga: los
mosquitos 12 El Señor dijo a Moisés:
"Da esta orden a Aarón: ‘Extiende tu bastón y golpea el polvo del suelo,
para que se transforme en mosquitos a lo largo de todo Egipto’". 13
Aarón extendió la mano empuñando su bastón, golpeó el polvo del suelo, y en
seguida, nubes de mosquitos se lanzaron contra la gente y los animales. Todo
el polvo del suelo se transformó en mosquitos, a lo largo de todo el país. 14
Los magos intentaron producir mosquitos, valiéndose de sus artes secretas,
pero no lo consiguieron. Los mosquitos atacaron a hombres y animales. 15
Entonces dijeron al Faraón: "Aquí está el dedo de Dios". A pesar de
esto, el Faraón persistió en su obstinación y no los escuchó, como el Señor
lo había predicho. La cuarta plaga: los
tábanos 16 El Señor dijo a Moisés:
"Mañana temprano, cuando el Faraón salga para ir al río, preséntate ante
él y dile: ‘Así habla el Señor: Deja que mi pueblo vaya a rendirme culto. 17
Porque si te niegas a dejarlo partir, yo enviaré contra ti, contra tus
servidores, tu pueblo y tus casas, una invasión de tábanos. Las casas de los
egipcios y el suelo donde ellos habitan quedarán atestados de tábanos. 18Pero
al mismo tiempo, haré una excepción con la región de Gosen, donde reside mi
pueblo. Allí no habrá tábanos, para que sepas que yo, el Señor, estoy en
medio de este país. 19 Yo haré una distinción entre mi pueblo y el tuyo. Este
signo sucederá mañana’". 20 Así lo hizo el Señor, y
una gran cantidad de tábanos se precipitó sobre el palacio del Faraón y sobre
las casas de sus servidores; y todo el territorio de Egipto fue devastado por
los tábanos. 21Entonces el Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les
dijo: "Pueden ir a ofrecer sacrificios a su Dios, pero que sea dentro
del país". 22 Moisés respondió: "Eso no puede ser. Porque los
sacrificios que nosotros ofreceremos al Señor, nuestro Dios, son una
abominación para los egipcios. Y si nos ven ofrecer sacrificios que ellos
consideran abominables, nos matarán a pedradas. 23Haremos una marcha de tres
días por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios al Señor, nuestro Dios,
conforme a lo que él nos diga". 24 El Faraón dijo: "Les permitiré
que vayan a ofrecer sacrificios al Señor, su Dios, en el desierto, con tal de
que no se alejen demasiado. De paso, rueguen por mí". 25 "En cuanto
salga, respondió Moisés, rogaré al Señor, y mañana los tábanos se apartarán
de ti, de tus servidores y de tu pueblo; pero deja de una vez por todas de burlarte
de nosotros, y no impidas que el pueblo vaya a ofrecer sacrificios al
Señor". 26 Luego Moisés se alejó de la presencia del Faraón, y oró al
Señor. 27El Señor hizo lo que Moisés le había pedido, y los tábanos se
apartaron del Faraón, de sus servidores y de su pueblo. No quedó ni siquiera
uno. 28 Pero a pesar de eso, el Faraón se obstinó una vez más, y no dejó
partir al pueblo. La quinta plaga: la
mortandad del ganado 9 1 El Señor dijo a Moisés: "Ve a presentarte
ante el Faraón y dile: ‘Así habla el Señor, el Dios de los hebreos: Deja que
mi pueblo salga a rendirme culto. 2 Porque si te resistes a dejarlo partir y
sigues reteniéndolo, 3 la mano del Señor enviará una peste mortífera contra
el ganado que está en los campos: contra los caballos, los asnos, los camellos,
los bueyes y el ganado menor. 4 Pero el Señor hará una distinción entre el
ganado de Israel y el de Egipto, de manera que no morirá ni uno solo de los
animales que pertenecen a Israel’". 5 Y el Señor fijó un plazo,
diciendo: "Mañana cumpliré esta amenaza contra el país". 6En
efecto, al día siguiente el Señor cumplió su palabra y entonces murió todo el
ganado de Egipto. A los israelitas, en cambio, no se les murió ni un solo
animal. 7 Y cuando el Faraón ordenó que hicieran un recuento, se comprobó que
los israelitas no habían perdido ni una sola cabeza de ganado. A pesar de
eso, el Faraón se obstinó y no dejó partir al pueblo. La sexta plaga: las
úlceras 8 El Señor dijo a Moisés y
a Aarón: "Recojan unos puñados del hollín que se forma en los hornos, y
que Moisés lo arroje hacia el cielo, en la presencia del Faraón. 9 Ese hollín
se convertirá en un polvo que se expandirá por todo el territorio de Egipto y
producirá úlceras purulentas en los hombres y en los animales". 10 Ellos
recogieron el hollín y se presentaron ante el Faraón. Moisés lo arrojó hacia
el cielo, y tanto los hombres como los animales se cubrieron de úlceras. 11
Los magos no pudieron enfrentarse con Moisés a causa de las úlceras que les
habían salido como a todos los demás egipcios. 12 Pero el Señor endureció el
corazón del Faraón, y él no los escuchó, como el Señor había predicho a
Moisés. La séptima plaga: el
granizo 13 Luego el Señor dijo a
Moisés: "Mañana bien temprano preséntate al Faraón y dile: ‘Así habla el
Señor, el Dios de los hebreos: Deja que mi pueblo salga a rendirme culto. 14
Porque esta vez estoy dispuesto a enviar todas mis plagas contra ti, contra
tus servidores y contra todo tu pueblo, para que sepas que no hay nadie como
yo en toda la tierra. 15 Si yo hubiera extendido mi mano y enviado una peste
contra ti y contra tu pueblo, ya habrías desaparecido de la tierra. 16 Pero
preferí dejarte con vida, para mostrarte mi poder y para que mi Nombre sea
pregonado por toda la tierra. 17 ¡Y todavía tienes la audacia de oponerte a
mi pueblo para impedir su partida! 18 Pero mañana, a esta misma hora, haré
caer sobre Egipto una terrible granizada, como no la hubo desde su fundación
hasta el presente. 19 Por eso, ordena que pongan bajo techo tu ganado y todo
lo que tengas al aire libre, porque todo lo que esté al aire libre y no se
encuentre bajo techo –sea hombre o animal– morirá víctima del granizo’".
20 Algunos servidores del Faraón, atemorizados por la palabra del Señor,
pusieron bajo techo a sus esclavos y su ganado; 21 pero otros no hicieron
caso de esta amenaza y dejaron en el campo a sus esclavos y su ganado. 22 Entonces el Señor dijo
a Moisés: "Extiende tu mano hacia el cielo, y que caiga el granizo sobre
la gente, los animales y la vegetación que crece en los campos, en todo el
territorio de Egipto". 23 Moisés extendió su bastón hacia el cielo, y el
Señor envió truenos y granizo. Cayeron rayos sobre la tierra, y el Señor hizo
llover granizo sobre Egipto. 24 El granizo y el fuego que formaba remolinos
en medio de él, se precipitaron con tal violencia, que nunca hubo en Egipto
nada semejante desde que comenzó a ser una nación. 25 El granizo mató a todos
los hombres y animales que se encontraban al aire libre en el territorio de
Egipto, arrasó toda la vegetación de los campos y destrozó todos los árboles.
26 Sólo se libró del granizo la región de Gosen, donde habitaban los
israelitas. 27 El Faraón mandó llamar
a Moisés y a Aarón, y les dijo: "Esta vez debo confesar mi pecado. El
Señor tiene razón, mientras que yo y mi pueblo estamos equivocados. 28
Rueguen al Señor que haga cesar los truenos y el granizo, y yo los dejaré
partir. Ya no tendrán que permanecer aquí más tiempo". 29 Moisés
respondió: "Apenas salga de la ciudad, extenderé mis manos al Señor, y
cesarán los truenos y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra
pertenece al Señor. 30 Sin embargo, yo sé muy bien que ni tú ni tus
servidores temen todavía al Señor Dios". 31 En aquella oportunidad
fueron destruidos el lino y la cebada, porque la cebada ya había echado
espigas, y el lino estaba florecido. 32 El trigo y la espelta, en cambio,
como son tardíos, escaparon a la destrucción. 33 Después que se alejó
del Faraón, Moisés salió de la ciudad y extendió sus manos al Señor. Entonces
cesaron los truenos y el granizo, y no cayó más lluvia sobre la tierra. 34
Pero cuando el Faraón vio que la lluvia, el granizo y los truenos habían
cesado, reincidió en su pecado y endureció su corazón, lo mismo que sus
servidores. 35 El Faraón se obstinó y no dejó partir a los israelitas, como
el Señor lo había predicho por medio de Moisés. La octava plaga: las
langostas 10 1 El Señor dijo a Moisés: "Ve a presentarte
delante del Faraón, porque yo mismo hice que se obstinaran, él y sus
servidores, a fin de realizar estos signos en medio de ellos. 2 Así podrás
contar a tus hijos y a tus nietos con qué rigor traté a los egipcios y qué
signos realicé entre ellos, y ustedes sabrán que yo soy el Señor". 3
Moisés y Aarón se presentaron ante el Faraón y le dijeron: "Así habla el
Señor, el Dios de los hebreos: ‘¿Hasta cuando te resistirás a humillarte
delante de mí? Deja que mi pueblo salga a rendirme culto. 4Porque si te
niegas a dejarlo partir, mañana enviaré contra tu país una invasión de
langostas. 5 Ellas cubrirán de tal manera la superficie del suelo, que nadie
lo podrá ver. Devorarán el resto que se salvó del granizo y acabarán con
todos los árboles que crecen en los campos. 6 Invadirán tus palacios, las
residencias de tus servidores y las casas de todos los egipcios. Tus padres y
tus abuelos nunca experimentaron una cosa igual, desde que se instalaron en
el país hasta el día de hoy’". Y dándose vuelta, Moisés se alejó de la
presencia del Faraón. 7 Los servidores del Faraón le dijeron: "¿Hasta
cuándo este hombre será un peligro para nosotros? Deja que esa gente salga a
rendir culto al Señor su Dios. ¿O todavía no te has dado cuenta de que Egipto
está al borde de la ruina?". 8 Moisés y Aarón fueron
conducidos nuevamente a la presencia del Faraón, y este les anunció:
"Pueden ir a rendir culto al Señor. Pero antes especifiquen quiénes son
los que van a ir". 9 Moisés le respondió: "Iremos con nuestros
jóvenes y nuestros ancianos, con nuestros hijos y nuestras hijas, con
nuestras ovejas y nuestras vacas, porque celebraremos una fiesta en honor del
Señor". 10 "¡Que el Señor esté con ustedes, así como yo los dejo
partir con sus familias!", replicó el Faraón. "Sean testigos
ustedes mismos de su mala fe. 11¡Así no! Que vayan los hombres solos a rendir
culto al Señor, ya que eso pretenden". Y en seguida los echaron de la presencia
del Faraón. 12 El Señor dijo a Moisés:
"Extiende tu mano sobre el territorio de Egipto, para que las langostas
invadan el país y devoren toda la vegetación que dejó el granizo". 13
Moisés extendió su bastón sobre el territorio de Egipto, y el Señor envió
sobre el país el viento del este, que sopló todo aquel día y toda la noche.
Cuando llegó la mañana, el viento ya había traído las langostas. 14 Las langostas
invadieron todo el país y se abatieron sobre el territorio de Egipto en una
cantidad tal, que nunca se había visto una invasión semejante, y nunca más
volvería a verse. 15Cubrieron la superficie de todo el país, de manera que
este quedó a oscuras; devoraron toda la vegetación y todos los frutos de los
árboles que se habían salvado del granizo; y en todo el territorio de Egipto
no quedó ni siquiera una brizna de verdor en los árboles y en las plantas del
campo. 16 El Faraón hizo venir de
inmediato a Moisés y Aarón, y les dijo: "He pecado contra el Señor, su
Dios, y contra ustedes. 17 Por eso, perdona una vez más mi pecado, y rueguen
al Señor, su Dios, para que al menos aparte de mí esta plaga mortífera".
18 Moisés se alejó de la presencia del Faraón y oró al Señor. 19Entonces el
Señor cambió la dirección del viento, que comenzó a soplar desde el oeste. Y
lo hizo con tanta fuerza, que barrió con las langostas y las precipitó en el
Mar Rojo. Así no quedó ni una sola langosta en el territorio de Egipto. 20
Pero el Señor endureció el corazón del Faraón, y él no dejó partir a los
israelitas. La novena plaga: las
tinieblas 21 El Señor dijo a Moisés:
"Extiende tu mano hacia el cielo, para que Egipto se cubra de una
oscuridad tan densa que se pueda palpar". 22 Moisés extendió su mano
hacia el cielo, y una profunda oscuridad cubrió todo el territorio de Egipto
durante tres días. 23 Todo ese tiempo estuvieron sin verse unos a otros y sin
que nadie pudiera moverse de su sitio. Pero en las viviendas de los
israelitas había luz. 24 Luego el Faraón llamó a
Moisés y le dijo: "Vayan a rendir culto al Señor. Podrán acompañarlos
sus familias, pero quedarán aquí sus ovejas y sus vacas". 25 Moisés
replicó: "Entonces tú nos tendrás que dar las víctimas para los
sacrificios y holocaustos que ofreceremos al Señor, nuestro Dios. 26 ¡No!
También nuestro ganado vendrá con nosotros. Ni un solo animal quedará aquí,
porque nosotros queremos tomar de lo nuestro para rendir culto al Señor,
nuestro Dios. Por otra parte, hasta que no lleguemos al lugar señalado, no
sabremos cómo rendirle culto". 27 El Señor endureció el corazón del Faraón,
y él no quiso dejarlos partir. 28 El Faraón dijo a Moisés: "¡Fuera de
aquí! Y no te atrevas a comparecer otra vez en mi presencia, porque apenas lo
hagas, morirás". 29Moisés respondió: "Tú mismo lo has dicho. No te
volveré a ver". El anuncio de la décima
plaga 11 1 El Señor dijo a Moisés: "Voy a enviar contra
el Faraón y contra Egipto una sola calamidad más, y después él los dejará
partir de aquí. Más aún, cuando los haga partir, los echará de aquí
definitivamente. 2 Mientras tanto, ordena al pueblo que cada hombre pida a su
vecino, y cada mujer a su vecina, objetos de plata y oro". 3 El Señor,
por su parte, hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, y el
mismo Moisés llegó a gozar de gran prestigio en Egipto, tanto entre los servidores
del Faraón como entre el pueblo. 4 Moisés dijo: "Así
habla el Señor: ‘Hacia la medianoche, yo saldré a recorrer Egipto, 5 y
morirán todos sus hijos primogénitos, desde el primogénito del Faraón, el que
debe sucederle en el trono, hasta el primogénito de la esclava que maneja la
máquina de moler, y todos los primogénitos del ganado. 6Entonces resonará en
todo Egipto un alarido inmenso, como nunca lo hubo ni lo habrá jamás. 7 Pero
contra los israelitas –ya sean hombres o animales– ni siquiera ladrará un
perro, para que ustedes sepan que el Señor hace una distinción entre Israel y
Egipto’. 8 Luego vendrán todos tus servidores a inclinarse ante mí, y me
dirán: ‘¡Váyanse, tú y el pueblo que está bajo tus órdenes!’. Después me
iré". Y lleno de indignación, Moisés se alejó de la presencia del
Faraón. 9 Luego el Señor dijo a
Moisés: "El Faraón no los escuchará, para que se multipliquen mis
prodigios en el país de Egipto". 10 Moisés y Aarón realizaron todos
estos prodigios delante del Faraón; pero el Señor le había endurecido el
corazón, y él no dejó partir de su país a los israelitas. Israel
conoció la servidumbre de Egipto, pero también experimentó la acción
salvadora de su Dios que lo liberó de la esclavitud. La experiencia de esta
liberación dejó una impronta tan indeleble en su memoria que se convirtió en
el primer artículo de su "Credo": "Nosotros fuimos esclavos del Faraón en Egipto,
pero el Señor nos hizo salir de allí con mano poderosa" (Deut. 6.
21). En
esta sencilla confesión de fe, se afirma implícitamente la inquebrantable
oposición del Dios de Israel a toda forma de injusticia y su fuerza para
hacer valer el derecho de los débiles. El Pueblo elegido conmemoraba la
liberación recibida de Dios en una de sus grandes Fiestas, la de El
término "Pascua" –cuya significación etimológica es incierta– ha
sido asociado a un verbo hebreo que significa "pasar por encima",
"saltar" y también "librar". Esta Fiesta estaba ligada
originariamente al sacrificio que los pastores nómadas o seminómadas ofrecían
en primavera para proteger sus ganados. Pero en la liturgia de Israel La institución de 12 1 Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la
tierra de Egipto: 2 Este mes será para
ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año. 3Digan a toda la
comunidad de Israel: El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del
ganado menor, uno para cada familia. 4 Si la familia es demasiado reducida
para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca
de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de
comensales, lo que cada uno come habitualmente. 5Elijan un animal sin ningún
defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito. 6 Deberán guardarlo
hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la
asamblea de la comunidad de Israel. 7 Después tomarán un poco de su sangre, y
marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde
lo coman. 8 Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin
levadura y verduras amargas. 9 No la comerán cruda ni hervida, sino asada al
fuego; comerán también la cabeza, las patas y las entrañas. 10 No dejarán
nada para la mañana siguiente, y lo que sobre, lo quemarán al amanecer.
11Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con
el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es 12 Esa noche yo pasaré por
el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres
como animales, y daré un justo escarmiento alos dioses de Egipto. Yo soy el
Señor. 13 La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes
estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del
Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto. 14Este será para ustedes
un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo
celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua. 15 Durante siete días
ustedes comerán panes sin levadura. A partir del primer día, harán
desaparecer la levadura de sus casas, porque todo el que coma pan fermentado,
desde el primer día hasta el séptimo, será excluido de Israel. 16 El primer
día celebrarán una asamblea litúrgica, y harán lo mismo el séptimo día. En
todo este tiempo no estará permitido realizar ningún trabajo, exceptuando
únicamente el que sea indispensable para preparar la comida. 17 Ustedes celebrarán la
fiesta de los Ácimos, porque ese día hice salir de Egipto a los ejércitos de
Israel. Observarán este día a lo largo de las generaciones como una institución
perpetua. 18 En el transcurso del primer mes, desde el atardecer del día
catorce hasta el atardecer del día veintiuno, comerán el pan sin levadura. 19
Durante esos siete días, no habrá levadura en sus casas, porque todo el que
coma algo fermentado, sea extranjero o natural del país, será excluido de la
comunidad de Israel. 20 En una palabra, no podrán comer nada fermentado;
cualquiera sea el lugar donde habiten, comerán panes ácimos. La celebración de 21 Moisés convocó a todos
los ancianos de Israel y les dijo: "Vayan a buscar un animal del ganado
menor para cada familia e inmolen la víctima pascual. 22Luego tomen un manojo
de plantas de hisopo, mójenlo en la sangre recogida en un recipiente, y
marquen con la sangre el dintel y los dos postes de las puertas; y que
ninguno de ustedes salga de su casa hasta la mañana siguiente. 23 Porque el
Señor pasará para castigar a Egipto; pero al ver la sangre en el dintel y en
los dos postes, pasará de largo por aquella puerta, y no permitirá que el Exterminador
entre en sus casas para castigarlos. 24 Cumplan estas
disposiciones como un precepto permanente, para ustedes y para sus hijos. 25
Cuando lleguen a la tierra que el Señor ha prometido darles, observen este
rito. 26 Y cuando sus hijos les pregunten qué significado tiene para ustedes
este rito, 27 les responderán: ‘Este es el sacrificio de El pueblo se postró en
señal de adoración. 28 Luego los israelitas se fueron y realizaron
exactamente todo lo que el Señor había ordenado a Moisés y a Aarón. La décima plaga:la
muerte de los primogénitos Los preparativos para
la partida 31 Esa misma noche, el
Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: "Salgan
inmediatamente de en medio de mi pueblo, ustedes y todos los israelitas, y
vayan a dar culto al Señor, como lo habían pedido. 32 Tomen también sus
ovejas y sus vacas, puesto que así lo quieren, y váyanse. Imploren una
bendición también para mí". 33 Los egipcios, por su parte, urgían al
pueblo para obligarlo a salir del país lo antes posible, porque decían:
"De lo contrario, todos moriremos". 34 El pueblo recogió la masa
para el pan antes que fermentara, y envolviendo en sus mantos los utensilios
de cocina, los cargaron sobre sus hombros. 35 Además, los israelitas hicieron
lo que Moisés les había ordenado: pidieron a los egipcios objetos de oro y
plata, y también ropa, 36 y el Señor hizo que el pueblo se ganara el favor de
los egipcios, los cuales accedieron a su pedido. De este modo, los israelitas
despojaron a los egipcios. La partida de los
hebreos 37 Los israelitas
partieron de Ramsés en dirección a Sucot. Eran unos seiscientos mil hombres
de a pie, sin contar sus familias. 38 Con ellos iba también una multitud
heterogénea, y una gran cantidad de ganado mayor y menor. 39Como la pasta que
habían traído de Egipto no había fermentado, hicieron con ella galletas
ácimas. Al ser expulsados de Egipto no pudieron demorarse ni preparar
provisiones para el camino. 40 Los israelitas
estuvieron en Egipto cuatrocientos treinta años. 41 Y el día en que se
cumplían esos cuatrocientos treinta años, todos los ejércitos de Israel
salieron de Egipto. 42 El Señor veló durante aquella noche, para hacerlos
salir de Egipto. Por eso, todos los israelitas deberán velar esa misma noche
en honor del Señor, a lo largo de las generaciones. Otras
prescripcionespara la celebración de 43 El Señor dijo a Moisés
y a Aarón: "Estas son las disposiciones relativas a 50 Así lo hicieron los
israelitas, exactamente como el Señor lo había ordenado a Moisés. 51 Y aquel
mismo día, el Señor hizo salir de Egipto a los israelitas, distribuidos en
grupos. La consagración de los
primogénitos 13 1 El Señor habló a Moisés en estos términos: 2 Conságrame a todos los primogénitos.
Porque las primicias del seno materno entre los israelitas, sean hombres o
animales, me pertenecen. Los Panes Ácimos 3 Moisés dijo al pueblo: Guarden el recuerdo de
este día en que ustedes salieron de Egipto, ese lugar de esclavitud, porque el
Señor los sacó de allí con el poder de su mano. Este día, no comerán pan
fermentado. 4Hoy, en el mes de Abib, ustedes salen de Egipto. 5 Y cuando el
Señor te introduzca en el país de los cananeos, los hititas, los amorreos,
los jivitas y los jebuseos, en el país que el Señor te dará porque así lo
juró a tus padres –esa tierra que mana leche y miel– celebrarás el siguiente
rito en este mismo mes: 6Durante siete días, comerás pan sin levadura, y el
séptimo día habrá una fiesta en honor del Señor. 7 Durante los siete días, el
pan fermentado y la levadura no se verán en todo tu territorio. 8Y ese día
darás a tu hijo la siguiente explicación: "Esto es así, a causa de lo
que el Señor hizo por mí cuando salí de Egipto". 9 Este rito será como
un signo en tu mano y como un memorial ante tus ojos, para que la ley del
Señor esté siempre en tus labios; porque el Señor te sacó de Egipto con mano
poderosa. 10Observa cada año esta prescripción, a su debido tiempo. El rescate de los
primogénitos 11 Cuando el Señor te
introduzca en el país de los cananeos, como lo juró a ti y a tus padres, y
cuando te lo haya dado, 12 consagrarás al Señor todos los primogénitos; y el
primogénito de tus animales, si es macho, también pertenecerá al Señor. 13 Al
primogénito del asno, en cambio, lo rescatarás con un cordero; y si no lo
rescatas, deberás desnucarlo. También rescatarás a tu hijo primogénito. 14 Y
cuando, el día de mañana, tu hijo te pregunte qué significa esto, tú le
responderás: "Con el poder de su mano, el Señor nos sacó de Egipto,
donde fuimos esclavos. 15 Como el Faraón se había obstinado en no dejarnos
partir, el Señor hizo morir a todos los primogénitos de Egipto, hombres y
animales. Por eso yo inmolo al Señor todos los primogénitos machos de mi
ganado, y rescato a mi hijo primogénito". 16 Esto será como un signo en
tu mano y como una marca sobre tu frente, porque el Señor nos hizo salir de
Egipto con el poder de su mano. La salida de los
israelitas:desde Sucot hasta Etám 17 Cuando el Faraón dejó
partir al pueblo, Dios no lo llevó por la ruta que atraviesa el país de los
filisteos, aunque es la más directa, porque pensó: "Es posible que al
verse atacados se arrepientan y regresen a Egipto". 18 Por eso les hizo
dar un rodeo, y los llevó hacia el Mar Rojo por el camino del desierto. Al
salir de Egipto, los israelitas iban muy bien equipados. 19 Moisés tomó consigo los
restos de José, porque este había comprometido a los israelitas con un
juramento solemne, diciéndoles: "El Señor vendrá a visitarlos, y
entonces ustedes se llevarán mis huesos de aquí". 20 Después que partieron
de Sucot, acamparon en Etám, al borde del desierto. 21 El Señor iba al frente
de ellos, de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de
noche en una columna de fuego, para iluminarlos, de manera que pudieran
avanzar de día y de noche. 22 La columna de nube no se apartaba del pueblo
durante el día, ni la columna de fuego durante la noche. Desde Etám hasta el Mar
Rojo 14 1 El Señor habló a Moisés en estos términos: 2
"Ordena a los israelitas que vuelvan atrás y acampen delante de
Pihajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal Sefón. Acampen a orillas del
mar, frente al lugar indicado. 3 Así el Faraón creerá que ustedes vagan sin
rumbo por el país y que el desierto les cierra el paso. 4 Yo, por mi parte,
endureceré su corazón para que salga a perseguirlos, y me cubriré de gloria a
expensas de él y de todo su ejército. Así los egipcios sabrán que yo soy el
Señor". Los israelitas cumplieron esta orden. Los israelitas
perseguidos por los egipcios 5 Cuando informaron al rey
de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de
idea con respecto al pueblo, y exclamaron: "¿Qué hemos hecho? Dejando
partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios". 6 Entonces el Faraón hizo
enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. 7Tomó seiscientos carros
escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. 8 El
Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y este se lanzó en
persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. 9 Los
egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón,
los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando
estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón. 10 Cuando el Faraón ya
estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios
avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al
Señor. 11 Y dijeron a Moisés: "¿No había tumbas en Egipto para que nos
trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí?
12 Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: ‘¡Déjanos tranquilos!
Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos
que morir en el desierto’". 13 Moisés respondió al pueblo: "¡No
teman! Manténganse firmes, porque hoy mismo ustedes van a ver lo que hará el
Señor para salvarlos. A esos egipcios que están viendo hoy, nunca más los
volverán a ver. 14 El Señor combatirá por ustedes, sin que ustedes tengan que
preocuparse por nada". El paso del Mar Rojo 15 Después el Señor dijo a
Moisés: "¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas
que reanuden la marcha. 16 Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano
sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. 17 Yo voy a
endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de
los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su
ejército, de sus carros y de sus guerreros. 18 Los egipcios sabrán que soy el
Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de
sus guerreros". 19 El Ángel de Dios, que
avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse
detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia
atrás, 20 interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube
era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de
manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros. 21 Entonces Moisés
extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un
fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra
seca. Las aguas se abrieron, 22y los israelitas entraron a pie en el cauce
del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. 23
Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y
sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. 24 Cuando estaba
por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna
de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. 25 Además, frenó las
ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los
egipcios exclamaron: "Huyamos de Israel, porque el Señor combate en
favor de ellos contra Egipto". 26 El Señor dijo a Moisés:
"Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los
egipcios, sus carros y sus guerreros". 27 Moisés extendió su mano sobre
el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían
emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió
en el mar. 28 Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros
de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para
perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. 29 Los israelitas, en
cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas
formaban una muralla, a derecha e izquierda. 30 Aquel día, el Señor
salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los
egipcios que yacían a la orilla del mar, 31 y fue testigo de la hazaña que el
Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en
Moisés, su servidor. El canto de Moisés 15 1 Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto
en honor del Señor: "Cantaré
al Señor,que se ha cubierto de gloria: él
hundió en el mar los caballos y los carros. 2 El
Señor es mi fuerza y mi protección, él me
salvó. Él es
mi Dios y yo lo glorifico, es el
Dios de mi padrey yo proclamo su grandeza. 3 El
Señor es un guerrero, su
nombre es ‘Señor’. 4 Él
arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo
mejor de sus soldadosse hundió en el Mar Rojo. 5 El
abismo los cubrió, cayeron
como una piedraen lo profundo del mar. 6 Tu
mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu
mano, Señor, aniquila al enemigo. 7 Con
la inmensidad de tu gloria derribas
a tus adversarios, desatas
tu furor, que los
consume como paja. 8 Al
soplo de tu ira se agolparon las aguas, las
olas se levantaron como un dique, se
hicieron compactos los abismos del mar. 9 El
enemigo decía: ‘Los
perseguiré, los
alcanzaré, repartiré
sus despojos, saciaré
mi avidez, desenvainaré
la espada, mi mano
los destruirá’. 10 Tú
soplaste con tu aliento, y el
mar los envolvió; se hundieron
como plomoen las aguas formidables. 11¿Quién
es como tú, Señor,entre los dioses? ¿Quién,
como tú, es admirable entre los santos, terrible
por tus hazañas, autor de maravillas? 12
Extendiste tu mano y los tragó la tierra. 13
Guías con tu fidelidad al pueblo que has rescatado y lo
conduces con tu poderhacia tu santa morada. 14
Tiemblan los pueblos al oír la noticia: los
habitantes de Filistea se estremecen, 15
cunde el pánico entre los jefes de Edóm, un
temblor sacude a los príncipes de Moab, desfallecen
todos los habitantes de Canaán. 16 El
pánico y el terror los invaden, la
fuerza de tu brazo los deja petrificados, hasta
que pasa tu pueblo, Señor, hasta
que pasa el puebloque tú has adquirido. 17 Tú
lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el
lugar que preparaste para tu morada, en el
Santuario, Señor,que fundaron tus manos. 18 ¡El
Señor reina eternamente!". 19 Cuando la caballería
del Faraón, con sus carros y sus guerreros, entró en medio del mar, el Señor
hizo que las aguas se volvieran contra ellos; los israelitas, en cambio,
cruzaron el mar como si fuera tierra firme. 20 Entonces Miriam, la
profetisa, que era hermana de Aarón, tomó en sus manos un tamboril, y todas las
mujeres iban detrás de ella, con tamboriles y formando coros de baile. 21 Y
Miriam repetía: "Canten
al Señor,que se ha cubierto de gloria: él
hundió en el mar los caballos y los carros". A la
alegría exultante de la liberación sigue la travesía dolorosa del desierto.
¡Qué penoso se hace caminar hacia una Tierra, prometida pero lejana y
desconocida! Decir desierto es decir desolación y penuria. Surgen entonces
las tentaciones y las rebeliones del Pueblo, que el libro de los Números nos
relata más detalladamente. Es muy fácil clamar por la libertad, pero resulta
difícil asumir los riesgos y responsabilidades que ella acarrea. No
es de extrañar, por lo tanto, que Israel haya llegado a añorar las aparentes
"ventajas" de la esclavitud. A
pesar de todo, Dios camina siempre junto a su Pueblo y no le deja faltar lo
necesario. Para saciar su hambre "hizo
llover sobre ellos el maná" (Sal. 78. 24) y para calmar su sed "partió
las rocas en el desierto" (Sal. 78. 15). Por eso, y más allá de todas
las infidelidades, la marcha por el desierto será para Israel el tiempo ideal
de sus relaciones con Dios, el tiempo de su "primer amor", como lo
reconocerán Oseas, Jeremías y Ezequiel. Es en el desierto donde el Pueblo
elegido, bajo la guía de Moisés, fue tomando conciencia comunitaria y
adquiriendo su identidad religiosa frente a los otros pueblos. Las aguas de Mará 22 Moisés hizo partir a
los israelitas del Mar Rojo. Ellos se dirigieron hacia el desierto de Sur, y
después de caminar tres días por ese desierto sin encontrar agua, 23 llegaron
a Mará, pero no pudieron beber el agua porque era amarga. De allí procede el
nombre de Mará – que significa "Amarga"– dado a ese lugar. 24 Y el
pueblo se puso a protestar contra Moisés, diciendo: "¿Qué vamos a beber
ahora?". 25 Moisés invocó al Señor, y el Señor le indicó un árbol.
Moisés arrojó un trozo de él en el agua, y esta se volvió dulce. Allí el Señor les impuso
una legislación y un derecho, y allí los puso a prueba. 26Luego les dijo:
"Si escuchas realmente la voz del Señor, tu Dios, y practicas lo que es
recto a sus ojos, si prestas atención a sus mandamientos y observas todos sus
preceptos, no te infligiré ninguna de las enfermedades que envié contra
Egipto, porque yo, el Señor, soy el que te da la salud". 27 Después llegaron a
Elím, un lugar donde había doce fuentes y setenta palmeras, y allí
establecieron su campamento, a orilla de las aguas. Las codornices y el
maná 16 1 Luego partieron de Elím, y el día quince del
segundo mes después de su salida de Egipto, toda la comunidad de los
israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elím y el Sinaí. 2 En el desierto, los
israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. 3"Ojalá el
Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos
delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes
nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta
asamblea". 4 Entonces el Señor dijo a
Moisés: "Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el
pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba,
para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley. 5 El sexto día de la semana,
cuando preparen lo que hayan juntado, tendrán el doble de lo que recojan cada
día". 6 Moisés y Aarón dijeron a
todos los israelitas: "Esta tarde ustedes sabrán que ha sido el Señor el
que los hizo salir de Egipto, 7 y por la mañana verán la gloria del Señor, ya
que el Señor los oyó protestar contra él. Porque ¿qué somos nosotros para que
nos hagan estos reproches?". 8 Y Moisés añadió: "Esta tarde el
Señor les dará carne para comer, y por la mañana hará que tengan pan hasta
saciarse, ya que escuchó las protestas que ustedes dirigieron contra él.
Porque ¿qué somos nosotros? En realidad, ustedes no han protestado contra
nosotros, sino contra el Señor". 9 Moisés dijo a Aarón:
"Da esta orden a toda la comunidad de los israelitas: Preséntense ante
el Señor, porque él ha escuchado sus protestas". 10 Mientras Aarón les
estaba hablando, ellos volvieron su mirada hacia el desierto, y la gloria del
Señor se apareció en la nube. 11Y el Señor dijo a Moisés: 12 "Yo escuché
las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: ‘A la
hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de
pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios’". 13Efectivamente,
aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el
campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él.
14 Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa
tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. 15Al verla, los
israelitas se preguntaron unos a otros: "¿Qué es esto?". Porque no
sabían lo que era. Entonces Moisés les
explicó: "Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento. 16 El
Señor les manda que cada uno recoja lo que necesita para comer, según la
cantidad de miembros que tenga cada familia, a razón de unos cuatro litros
por persona; y que cada uno junte para todos los que viven en su carpa".
17 Así lo hicieron los israelitas, y mientras unos juntaron mucho, otros
juntaron poco. 18 Pero cuando lo midieron, ni los que habían recogido mucho
tenían más, ni los que habían recogido poco tenían menos. Cada uno tenía lo
necesario para su sustento. 19 Además, Moisés les
advirtió: "Que nadie reserve nada para el día siguiente". 20
Algunos no le hicieron caso y reservaron una parte; pero esta se llenó de
gusanos y produjo un olor nauseabundo. Moisés se irritó contra ellos, 21 y a
partir de entonces, lo recogían todas las mañanas, cada uno de acuerdo con
sus necesidades; y cuando el sol empezaba a calentar, se derretía. El maná y el sábado 22 Como la ración de
alimento que recogieron el sexto día de la semana resultó ser el doble de la
habitual –dos medidas de cuatro litros por persona– todos los jefes de la
comunidad fueron a informar a Moisés. 23 Él les dijo: "El Señor dice lo
siguiente: Mañana es sábado, día de descanso consagrado al Señor. Cocinen al
horno o hagan hervir la cantidad que ustedes quieran, y el resto guárdenlo
para mañana". 24 Ellos lo guardaron para el día siguiente, como Moisés
les había ordenado; pero esta vez no dio mal olor ni se llenó de gusanos.
25Entonces Moisés les dijo: "Hoy tendrán esto para comer, porque este es
un día de descanso en honor del Señor, y en el campo no encontrarán nada.
26Ustedes lo recogerán durante seis días, pero el séptimo día, el sábado, no
habrá nada". 31 La casa de Israel llamó
"maná" a ese alimento. Era blanco como la semilla de cilantro y
tenía un gusto semejante al de las tortas amasadas con miel. El maná conservado en
el Arca 32 Después Moisés dijo:
"El Señor ordena lo siguiente: Llenen de maná un recipiente de unos
cuatro litros, y consérvenlo para que sus descendientes vean el alimento que
les di de comer cuando los hice salir de Egipto". 33 Y Moisés dijo a
Aarón: "Toma un recipiente, coloca en él unos cuatro litros de maná y
deposítalo delante del Señor, a fin de conservarlo para las generaciones
futuras". 34 Aarón puso en el recipiente la cantidad de maná que el
Señor había ordenado a Moisés, y lo depositó delante del Arca del Testimonio,
a fin de que se conservara. 35 Los israelitas comieron
el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a una región habitada. Así
se alimentaron hasta su llegada a los límites de Canaán. 36. El agua brotada de la
piedra 17 1 Toda la comunidad de los is-raelitas partió del
desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor.
Cuando acamparon en Refidím, el pueblo no tenía agua para beber. 2 Entonces
acusaron a Moisés y le dijeron: "Danos agua para que podamos
beber". Moisés les respondió: "¿Por qué me acusan? ¿Por qué
provocan al Señor?". 3 Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó
contra Moisés diciendo: "¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo
para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?". 4 Moisés pidió auxilio al
Señor, diciendo: "¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta
poco para que me maten a pedradas?". 5 El Señor respondió a Moisés:
"Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y
lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, 6porque
yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca,
y de ella brotará agua para que beba el pueblo". Así lo hizo Moisés, a
la vista de los ancianos de Israel. 7 Aquel lugar recibió el
nombre de Masá –que significa "Provocación"– y de Meribá –que
significa "Querella"– a causa de la acusación de los israelitas, y
porque ellos provocaron al Señor, diciendo: "¿El Señor está realmente
entre nosotros, o no?". La victoria sobre los
amalecitas 8 Después vinieron los
amalecitas y atacaron a Israel en Refidím. 9 Moisés dijo a Josué: "Elige
a algunos de nuestros hombres y ve mañana a combatir contra Amalec. Yo estaré
de pie sobre la cima del monte, teniendo en mi mano el bastón de Dios".
10 Josué hizo lo que le había dicho Moisés, y fue a combatir contra los
amalecitas. Entretanto, Moisés, Aarón y Jur habían subido a la cima del
monte. 11 Y mientras Moisés tenía los brazos levantados, vencía Israel; pero
cuando los dejaba caer, prevalecía Amalec. 12 Como Moisés tenía los brazos
muy cansados, ellos tomaron una piedra y la pusieron donde él estaba. Moisés
se sentó sobre la piedra, mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a
cada lado. Así sus brazos se mantuvieron firmes hasta la puesta del sol. 13
De esa manera, Josué derrotó a Amalec y a sus tropas al filo de la espada. 14 El Señor dijo a Moisés:
"Escribe esto en un documento como memorial y grábalo en los oídos de
Josué: ‘Yo borraré debajo del cielo el recuerdo de Amalec’". 15 Luego
Moisés edificó un altar, al que llamó "El Señor es mi estandarte".
16 y exclamó: "Porque una mano se alzó contra el trono del Señor, el
Señor está en guerra contra Amalec de generación en generación". La visita de Jetró a
Moisés 18 1 Jetró, sacerdote de Madián y suegro de Moisés, se
enteró de todo lo que Dios había hecho en favor de Moisés y de su pueblo
Israel, cuando el Señor hizo salir a Israel de Egipto. 2Entonces partió
llevando consigo a Sipora, la esposa de Moisés –que este había hecho regresar
a su casa– 3 y a sus dos nietos. Uno de ellos se llamaba Gersón, porque
Moisés había dicho: "Fui un emigrante en tierra extranjera"; 4 y el
otro se llamaba Eliezer, porque Moisés había dicho: "El Dios de mi padre
es mi ayuda y me libró de la espada del Faraón". 5 Cuando Jetró, que
venía con la esposa y los hijos de su yerno, llegó al desierto donde había
acampado Moisés, junto a la montaña de Dios, 6 se hizo anunciar con estas
palabras: "Aquí está Jetró, tu suegro, que viene a verte acompañado de
tu esposa y de tus hijos". 7 Moisés salió en seguida
al encuentro de su suegro, le hizo una profunda reverencia y lo besó. Después
de saludarse mutuamente, entraron en la carpa. 8Moisés relató a su suegro
todo lo que el Señor había hecho al Faraón y a los egipcios a causa de
Israel, las dificultades con que habían tropezado en el camino, y cómo el
Señor los había librado. 9 Jetró manifestó su alegría por todo el bien que el
Señor había dispensado a Israel, librándolo del poder de Egipto, 10 y exclamó:
"Bendito sea el Señor que los libró de las manos de los egipcios y de
las manos del Faraón. 11Ahora sé que el Señor es más grande que todos los
dioses, porque él salvó a su pueblo del poder de los egipcios, a causa de la
arrogancia con que estos lo trataron". 12 Luego Jetró ofreció un
holocausto y sacrificios a Dios, y Aarón y todos los ancianos de Israel
fueron a participar de la comida con el suegro de Moisés, en la presencia de
Dios. La institución de los
jueces,colaboradores de Moisés 13 Al día siguiente,
Moisés se sentó para juzgar los asuntos que le presentaba el pueblo, mientras
la gente permanecía de pie junto a él, de la mañana a la noche. 14 Su suegro,
al ver todo lo que él hacía por el pueblo, le preguntó: "¿Qué significa
eso que haces con el pueblo? ¿Por qué lo haces tú solo, mientras la gente se
queda de pie junto a ti, de la mañana a la noche?". 15 Moisés respondió
a su suegro: "Esa gente acude a mí para consultar a Dios. 16Cuando
tienen un pleito, acuden a mí. Entonces yo decido quién tiene razón, y les
doy a conocer las disposiciones y las instrucciones de Dios". 17 El
suegro de Moisés le dijo: "Lo que haces no está bien. 18 Así quedarán
completamente agotados, tú y toda esa gente que está contigo. Esa tarea es
demasiado pesada para ti, y tú solo no puedes realizarla. 19 Ahora escúchame.
Yo te daré un consejo, y que Dios esté contigo. Tú debes representar al
pueblo delante de Dios y exponerle los asuntos de la gente. 20 Al mismo
tiempo, tienes que inculcarles los preceptos y las instrucciones de Dios, y
enseñarles el camino que deben seguir y la manera cómo deben comportarse. 21
Pero además tienes que elegir, entre todo el pueblo, a algunos hombres
capaces, temerosos de Dios, dignos de confianza e insobornables, para
constituirlos jefes del pueblo: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez
personas. 22 Ellos administrarán justicia al pueblo permanentemente. Si hay
algún caso difícil, que te lo traigan a ti, pero que juzguen por sí mismos
los casos de menor importancia. De esa manera, se aliviará tu carga, y ellos
la compartirán contigo. 23 Si obras así, y Dios te da sus órdenes, tú podrás
resistir y toda esa gente regresará en paz a sus hogares". 24 Moisés siguió el
consejo de su suegro y puso en práctica todo lo que él le había indicado. 25
Entre todos los israelitas, eligió a algunas personas capaces, y las puso
como jefes del pueblo: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez
personas, 26 que administraban justicia al pueblo permanentemente. Ellos
presentaban a Moisés los asuntos más difíciles, y juzgaban por sí mismos las
cuestiones de menor importancia. 27 Luego Moisés despidió a su suegro, y este
regresó a su país. A
través de La
promulgación de La llegada al Sinaí 19 1 El primer día del tercer mes, después de su
salida de Egipto, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí. 2 Habían partido
de Refidím, y cuando llegaron al desierto del Sinaí, establecieron allí su
campamento. Israel acampó frente a la montaña. Ofrecimiento de 3 Moisés subió a
encontrarse con Dios. El Señor lo llamó desde la montaña y le dijo:
"Habla en estos términos a la casa de Jacob y anuncia este mensaje a los
israelitas: 4
‘Ustedes han visto cómo traté a Egipto, y cómo
los conduje sobre alas de águila y los
traje hasta mí. 5
Ahora, si escuchan mi vozy observan mi alianza, serán
mi propiedad exclusivaentre todos los pueblos, porque
toda la tierra me pertenece. 6
Ustedes serán para míun reino de sacerdotes y una
nación que me está consagrada’. Estas son las palabras que
transmitirás a los israelitas". 7 Moisés fue a convocar a los
ancianos de Israel y les expuso todas estas palabras, como el Señor se lo
había ordenado. 8 El pueblo respondió unánimemente: "Estamos decididos a
poner en práctica todo lo que ha dicho el Señor". Y Moisés comunicó al
Señor la respuesta del pueblo. Los preparativos de la
teofanía 9 El Señor dijo a Moisés:
"Yo vendré a encontrarme contigo en medio de una densa nube, para que el
pueblo pueda escuchar cuando yo te hable. Así tendrá en ti una confianza a
toda prueba". Y Moisés comunicó al Señor las palabras del pueblo. 10
Luego añadió: "Ve adonde está el pueblo y ordénales que se purifiquen
hoy y mañana. Que laven su ropa 11 y estén preparados para pasado mañana.
Porque al tercer día el Señor descenderá sobre la montaña del Sinaí, a la
vista de todo el pueblo. 12 Fija también un límite alrededor del pueblo,
haciendo esta advertencia: ‘Cuídense de subir a la montaña y hasta de tocar
sus bordes, porque todo el que toque la montaña será castigado con la muerte.
13 Pero nadie pondrá su mano sobre el culpable, sino que deberá ser apedreado
o muerto a flechazos; sea hombre o animal, no quedará vivo. Y cuando suene la
trompeta, ellos subirán a la montaña’". 14 Moisés bajó de la
montaña y ordenó al pueblo que se sometiera a las purificaciones rituales.
Todos lavaron su ropa, 15 y luego les dijo: "Estén preparados para
pasado mañana. Mientras tanto, absténganse de tener relaciones
sexuales". La teofanía 16 Al amanecer del tercer
día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un
fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se
estremeció de temor. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al
encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. 18 La montaña
del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el
fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba
violentamente. 19 El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte.
Moisés hablaba, y el Señor le respondía con el fragor del trueno. 20 El Señor
bajó a la montaña del Sinaí, a la cumbre de la montaña, y ordenó a Moisés que
subiera a la cumbre. Moisés subió, 21 y el Señor le dijo: "Baja y ordena
al pueblo que no traspase los límites para ver al Señor, porque muchos de
ellos perderían la vida. 22 Incluso los sacerdotes que se acerquen al Señor
deberán purificarse, para que el Señor no les quite la vida". 23 Moisés
le respondió: "El pueblo no se atreverá a subir a la montaña del Sinaí,
porque tú se lo prohibiste cuando mandaste poner un límite alrededor de la
montaña y declararla sagrada". 24 El Señor le dijo: "Baja en
seguida y vuelve después en compañía de Aarón. Pero que los sacerdotes y el
pueblo no traspasen los límites para subir adonde está el Señor, no sea que
él les quite la vida". 25 Moisés bajó adonde estaba el pueblo y les dijo
todas estas cosas. Los diez mandamientos 20 1 Entonces Dios pronunció estas palabras: 2 Yo soy el Señor, tu
Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. 3 No tendrás otros dioses
delante de mí. 4No te harás ninguna
escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la
tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. 5 No te postrarás ante ellas, ni
les rendirás culto; porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que
castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta
generación, si ellos me aborrecen; 6 y tengo misericordia a lo largo de mil
generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos. 7 No pronunciarás en vano
el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo
pronuncie en vano. 8 Acuérdate del día sábado
para santificarlo. 9 Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas;
10 pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no
harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu
esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. 11
Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que
hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día
sábado y lo declaró santo. 12 Honra a tu padre y a tu
madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te
da. 13 No matarás.14 No
cometerás adulterio.15 No robarás.16 No darás falso testimonio contra tu
prójimo. 17 No codiciarás la casa
de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su
esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca. El temor del pueblo y
la mediación de Moisés 18 Al percibir los
truenos, los relámpagos y el sonido de la trompeta, y al ver la montaña
humeante, todo el pueblo se estremeció de temor y se mantuvo alejado. 19
Entonces dijeron a Moisés: "Háblanos tú y oiremos, pero que no nos hable
Dios, porque moriremos". 20Moisés respondió al pueblo: "No teman,
porque Dios ha venido a ponerlos a prueba para infundirles su temor. Así
ustedes no pecarán". 21 Y mientras el pueblo se mantenía a distancia,
Moisés se acercó a la nube oscura donde estaba Dios. El Código de 22 El Señor dijo a Moisés: Di a los israelitas:
Ustedes han visto que yo les hablé desde el cielo. 23 No se fabriquen dioses
de plata o de oro para ponerlos a mi lado. 24 Me harás un altar de tierra, y
sobre él ofrecerás tus holocaustos y tus sacrificios de comunión, tus ovejas
y tus bueyes. Vendré y te bendeciré en cualquier lugar donde yo haga que se
recuerde mi Nombre. 25 Si me edificas un altar de piedra, no lo harás con
piedras talladas, porque al trabajarlas con el hierro, las profanarás. 26
Tampoco subirás por gradas a mi altar, para que no se vea tu desnudez. Los esclavos 21 1 Estas son las normas que darás a los israelitas: 2 Si compras un esclavo
hebreo, él prestará servicios durante seis años, y al séptimo año, quedará en
libertad sin pagar nada. 3 Si entró solo, saldrá solo; si tenía mujer, su
mujer saldrá con él. 4Si su dueño le dio una mujer y ella le dio hijos o
hijas, la mujer y los hijos serán para su dueño, y él se irá solo. 5 Pero si
el esclavo declara expresamente: "Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis
hijos, y por eso no quiero quedar en libertad", 6 su dueño lo presentará
delante de Dios, lo acercará a la puerta de su casa o al poste de la puerta,
y le perforará la oreja con una lezna. Así el esclavo quedará a su servicio
para siempre. 7 Si un hombre vende a su
hija como esclava, ella no saldrá en libertad como salen los esclavos. 8 Si
después desagrada a su dueño, y él ya no la quiere para sí, permitirá que la
rescaten, pero no podrá venderla a extranjeros por haberla defraudado. 9 Si
el dueño la destina a su hijo, la tratará según el derecho de las hijas. 10
Si toma para sí otra mujer, no deberá reducir la comida, la ropa y los
derechos conyugales de la primera. 11 Y si la priva de estas tres cosas, ella
podrá irse gratuitamente, sin pagar nada. El homicidio y el
derecho de asilo 12 El que hiera
mortalmente a un hombre será castigado con la muerte. 13 Si no lo hizo con
premeditación, sino que Dios dispuso que cayera bajo su mano, yo te señalaré
un lugar donde podrá refugiarse el homicida. 14 Pero si alguien tiene la
osadía de matar alevosamente a su prójimo, hasta de mi altar deberás sacarlo
para que muera. Otros delitoscastigados
con la muerte 15 El que golpee a su
padre o a su madre será castigado con la muerte. 16El que rapte a un hombre,
sea que lo haya vendido o que se lo encuentre en su poder, será castigado con
la muerte. 17El que maldiga a su padre o a su madre será castigado con la
muerte. Las heridas corporales 18 Si dos hombres pelean y
uno hiere al otro con una piedra o con una azada, pero este último no muere
sino que debe guardar cama, 19 el que lo hirió quedará absuelto si el herido
se vuelve a levantar y puede andar por afuera, aunque sea apoyándose en un
bastón; pero deberá resarcirlo por el tiempo en que permaneció inactivo y
hacerlo atender hasta que esté curado. 20 Si un hombre golpea con
un bastón a su esclavo o a su esclava, de tal manera que estos mueren en sus
mismas manos, deberán ser vengados. 21 Pero si sobreviven un día o dos, no
serán vengados, porque son propiedad suya. 22 Si unos hombres se
pelean, y uno de ellos atropella a una mujer embarazada y le provoca un
aborto, sin que sobrevenga ninguna otra desgracia, el culpable deberá pagar la
indemnización que le imponga el marido de la mujer, y el pago se hará por
arbitraje. 23 Pero si sucede una desgracia, tendrás que dar vida por vida, 24
ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25quemadura por
quemadura, herida por herida, contusión por contusión. 26 Si un hombre golpea en
un ojo a su esclavo o a su esclava, y lo deja tuerto, lo pondrá en libertad
como compensación por el ojo. 27 Y si le hace caer un diente, lo pondrá en
libertad como compensación por el diente. 28 Si un buey embiste a un
hombre o a una mujer, y estos mueren, el buey será matado a pedradas y no se
comerá su carne; el dueño del buey, en cambio, estará libre de culpa. 29 Pero
si el buey solía embestir, y su dueño, aunque advertido oportunamente, no lo
vigiló, en el caso de que ese buey mate a un hombre o a una mujer, será
muerto a pedradas, y su dueño también será castigado con la muerte. 30 Si se
le impone un precio de rescate, deberá pagar en rescate de su vida todo lo
que se le imponga. 31 Si el buey embiste a un muchacho o a una muchacha, se
procederá con él conforme a esta misma regla. 32 Y si el buey embiste a un
esclavo o a una esclava, el dueño del animal pagará treinta siclos de plata
al dueño del esclavo, y el buey será muerto a pedradas. Delitos contra la
propiedad 33 Si alguien abre un
pozo, o cava una fosa y no la tapa, y un buey o un asno caen dentro, 34 el
propietario del pozo deberá indemnizar: pagará en efectivo al dueño del buey
o del asno el precio debido, y el animal muerto quedará para él. 35 Si el buey de un hombre
embiste al buey de otro hombre, ocasionándole la muerte, venderán el buey
vivo y se repartirán el importe; e igualmente se repartirán el animal muerto.
36 Pero si ya era notorio que el buey embestía habitualmente, y su dueño no
lo vigiló, este pagará buey por buey y el animal muerto será para él. 37 Si alguien roba un buey
o una oveja y lo sacrifica o lo vende, deberá restituir cinco animales del
ganado mayor por un buey y cuatro animales del ganado menor por una oveja. 22 1 Si el ladrón, sorprendido en el momento de forzar
una casa, es herido de muerte, no hay delito de homicidio. 2 Pero si ya había
salido el sol, entonces hay delito de homicidio. El ladrón está obligado a
restituir la totalidad de lo robado; si no dispone de medios para hacerlo,
deberá ser vendido para compensar por su robo. 3 Si lo robado –un buey, un
asno o una oveja– se encuentra vivo en su poder, tendrá que restituir el
doble. 4 Si alguien hace pastar
su ganado en un campo o una viña, y lo deja suelto de manera que este va a
pastar también en campo ajeno, deberá indemnizar con los mejores productos de
su campo y de su viña. 5 Si un fuego se propaga y
alcanza los matorrales, y así se destruye la cosecha ya amontonada o la que
aún no había sido segada o el campo, el causante del incendio deberá
indemnizar. 6 Si un hombre entrega a
otro en depósito dinero o algún objeto, y alguien los roba de la casa de este
último, el ladrón, si es descubierto, restituirá el doble. 7 Si no se logra
descubrir al ladrón, el dueño de la casa se presentará ante Dios para
atestiguar que no ha puesto su mano sobre los bienes del otro. 8 En todo asunto delictivo
referente a un buey, un asno, una oveja, un traje o cualquier objeto
desaparecido, del cual su propietario pueda decir: "Indudablemente es
este", el litigio será llevado ante Dios; y aquel a quien Dios declare
culpable, restituirá al otro el doble. 9 Si alguien entrega a
otra persona un asno, un buey, una oveja o cualquier otro animal para su
custodia, y el animal muere, sufre una fractura o es sustraído en ausencia de
testigos, 10 el depositario deberá jurar por el Señor que no ha puesto su
mano sobre la propiedad ajena. El propietario aceptará el juramento, y aquel
no estará obligado a indemnizar. 11 Pero si el animal fue robado estando
presente el depositario, deberá indemnizar. 12 Si el animal ha sido
despedazado por una fiera, traerá como testimonio los despojos y no tendrá
que indemnizar por él. 13 Si alguien pide
prestado un animal, y este sufre una fractura o muere en ausencia de su
dueño, el que lo recibió en préstamo deberá indemnizar. 14 Si su dueño estaba
presente, no estará obligado a hacerlo. Si lo había alquilado, le pagará el
precio del alquiler. Leyes morales, sociales
y religiosas 15 Si un hombre seduce a una
mujer virgen que no está desposada y se acuesta con ella, deberá tomarla por
esposa pagando el precio debido. 16 Si el padre de la joven se niega a
dársela, el seductor pagará una suma equivalente al precio estipulado para
casarse con una virgen. 17 No dejarás vivir a la
hechicera. 18 El que tenga trato
sexual con una bestia será castigado con la muerte. 19 El que ofrezca
sacrificios a otro dios que no sea el Señor, será condenado al exterminio. 20 No maltratarás al
extranjero ni lo oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto. 21 No harás daño a la
viuda ni al huérfano. 22 Si les haces daño y ellos me piden auxilio, yo
escucharé su clamor. 23Entonces arderá mi ira, y yo los mataré a ustedes con
la espada; sus mujeres quedarán viudas, y sus hijos, huérfanos. 24 Si prestas dinero a un
miembro de mi pueblo, al pobre que vive a tu lado, no te comportarás con él
como un usurero, no le exigirás interés. 25 Si tomas en prenda el
manto de tu prójimo, devuélveselo antes que se ponga el sol, 26 porque ese es
su único abrigo y el vestido de su cuerpo. De lo contrario, ¿con qué dormirá?
Y si él me invoca, yo lo escucharé, porque soy compasivo. 27 No blasfemarás contra
Dios, ni maldecirás a un jefe de tu pueblo. 28 No demorarás en ofrecer
las primicias de la cosecha y de la vendimia. Me darás a tu hijo primogénito.
29 Lo mismo deberás hacer con tu ganado mayor y tu ganado menor: el
primogénito estará siete días con su madre, y al octavo día me lo darás. 30 Ustedes estarán
consagrados a mí. No coman la carne de un animal despedazado por una fiera,
sino arrójenla a los perros. Deberes humanitarios y
de justicia 23 1 No divulgarás falsos rumores. No te pondrás de
parte del culpable, dando testimonio en favor de una injusticia. 2 No
seguirás a la mayoría para hacer el mal, ni atestiguarás en un proceso
plegándote a la mayoría, para conculcar el derecho. 3 Tampoco favorecerás
arbitrariamente al pobre que está implicado en un pleito. 4 Si encuentras perdido el
buey o el asno de tu enemigo, se los llevarás inmediatamente. 5 Si ves al
asno del que te aborrece, caído bajo el peso de su carga, no lo dejarás
abandonado; más aún, acudirás a auxiliarlo junto con su dueño. 6 No conculcarás el
derecho de tu compatriota indigente cuando tenga un pleito. 7 Permanecerás alejado de
las causas falsas, y no harás morir al inocente y al que está en su derecho,
porque yo no absolveré al culpable. 8 No te dejes sobornar con
regalos, porque el regalo enceguece al que ve con claridad y pervierte las
causas de los justos. 9 No oprimirás al
extranjero. Ustedes saben muy bien lo que significa ser extranjero, ya que lo
fueron en Egipto. El año sabático y el
sábado 10 Durante seis años
sembrarás tus tierras y recogerás sus productos. 11 Al séptimo año, les darás
un descanso y las dejarás sin cultivar. Allí encontrarán su alimento tus
compatriotas indigentes, y los animales del campo comerán el resto. Lo mismo
harás con tus viñas y tus olivares. 12 Durante seis días harás
tus trabajos, pero el séptimo deberás descansar, a fin de que reposen tu buey
y tu asno, y el hijo de tu esclava y el extranjero tengan un respiro. 13 Ustedes observarán todo
lo que les he dicho. Ni siquiera pronunciarán el nombre de otros dioses: que
nadie lo oiga en boca de ustedes. Las fiestas religiosas
de Israel 14 Tres veces al año
celebrarás una fiesta en mi honor. 15 Celebrarás la fiesta de los Ácimos.
Durante siete días comerás pan sin levadura, como te lo he mandado, en el
tiempo señalado del mes de Abib, porque en ese mes saliste de Egipto. Y nadie
se presentará ante mí con las manos vacías. 16 También celebrarás la fiesta
de Otras leyes litúrgicas 18 No acompañarás con pan
fermentado la sangre de mis sacrificios, ni dejarás para el día siguiente la
grasa de la víctima ofrecida en mi fiesta. 19 Llevarás a Instruccionessobre la
entrada en Canaán 20 Yo voy a enviar un
ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el
lugar que te he preparado. 21 Respétalo y escucha su voz. No te rebeles
contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está
en él. 22 Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que yo te diga,
seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. 23Entonces mi
ángel irá delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, los
hititas, los perizitas, los cananeos, los jivitas y los jebuseos, y yo los
exterminaré. 24 No te postrarás delante de sus dioses ni los servirás; no
imitarás sus costumbres, sino que derribarás y harás pedazos sus piedras
conmemorativas. 25Ustedes servirán al Señor, su Dios, y él bendecirá tu pan y
tu agua. Yo apartaré de ti las enfermedades; 26 en tu país ninguna mujer
abortará ni será estéril, y colmaré el número de tus días. 27 Yo sembraré el terror
delante de ti, llenaré de confusión a los pueblos que encuentres a tu paso, y
haré que todos tus enemigos te vuelvan las espaldas. 28Haré cundir el pánico
delante de ti, y él pondrá en fuga delante de ti al jivita, al cananeo y al
hitita. 29 Pero no los expulsaré en un solo año, no sea que el país se
convierta en un desierto y las bestias salvajes se multipliquen en perjuicio
tuyo. 30 Los iré expulsando de tu vista poco a poco, hasta que crezcas en
número y puedas tomar posesión del país. 31 Extenderé tus dominios desde el
Mar Rojo hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el
Éufrates, porque yo pondré en tus manos a los habitantes del país para que
los expulses delante de ti. 32 No harás ningún pacto con ellos ni con sus
dioses. 33 Y ellos no deberán permanecer en tu país, para que no te inciten a
pecar contra mí. Porque entonces servirías a sus dioses, y eso sería un grave
riesgo para ti. La conclusión de 24 1 El Señor dijo a Moisés: "Sube a encontrarte
con el Señor en compañía de Aarón, Nadab y Abihú, y de setenta de los
ancianos de Israel, y permanezcan postrados a distancia. 2Tú serás el único
que te acercarás al Señor. Que los demás no se acerquen y que el pueblo no
suba contigo". 3 Moisés fue a comunicar
al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo
respondió a una sola voz: "Estamos decididos a poner en práctica todas
las palabras que ha dicho el Señor". 4 Moisés consignó por escrito las
palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar
al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce
tribus de Israel. 5 Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos
ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de
comunión. 6 Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y
derramó la otra mitad sobre el altar. 7 Luego tomó el documento de la alianza
y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: "Estamos resueltos a
poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho". 8Entonces
Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: "Esta es la
sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo
establecido en estas cláusulas". 9 Luego Moisés subió en
compañía de Aarón, Nadab, Abihú y de setenta de los ancianos, 10 y ellos
vieron al Dios de Israel. A sus pies había algo así como una plataforma de
lapislázuli, resplandeciente como el mismo cielo. 11y el Señor no extendió su
mano contra esos privilegiados de Israel: ellos vieron a Dios, comieron y
bebieron. Moisés en la cumbre de
la montaña 12 El Señor dijo a Moisés:
"Sube hasta mí, a la montaña, y quédate aquí. Yo te daré las tablas de
piedra, con la ley y los mandamientos, que escribí para instruirlos". 13
Entonces Moisés se levantó junto con Josué, su ayudante, y subió a la montaña
de Dios. 14 Él había dicho a los ancianos de Israel: "Espérennos aquí,
hasta nuestro regreso. Con ustedes quedarán Aarón y Jur: el que tenga algún
pleito que se dirija a ellos". 15 Y luego subió a la montaña. La nube cubrió la montaña,
16 y la gloria del Señor se estableció sobre la montaña del Sinaí, que estuvo
cubierta por la nube durante seis días. Al séptimo día, el Señor llamó a
Moisés desde la nube. 17 El aspecto de la gloria del Señor era a los ojos de
los israelitas como un fuego devorador sobre la cumbre de la montaña. 18
Moisés entró en la nube y subió a la montaña. Allí permaneció cuarenta días y
cuarenta noches. La
legislación contenida en los capítulos siguientes codifica la vida litúrgica
de Israel, el Pueblo sacerdotal, consagrado al culto del verdadero Dios.
Estas prescripciones rituales son presentadas como provenientes directamente
del Señor. Pero ese modo de hablar no se debe tomar al pie de la letra. Se
trata, más bien, de un procedimiento literario para indicar que dichas normas
expresan la voluntad de Dios y llevan el sello de la autoridad divina. Estas
leyes presuponen la tradición cultual del Templo de Jerusalén, gestada a lo
largo de siglos, y fijada definitivamente por escrito después del exilio
babilónico. Si su promulgación se pone en boca de Moisés, es porque las
instituciones cultuales, lo mismo que el resto de la legislación, derivan del
impulso dado por él a Israel en los albores de su historia. La
solemne majestad del culto israelita contrasta con las formas simples y
espontáneas que parecerían caracterizar a un culto "en espíritu y en verdad" (Jn. 4. 23).
Pero sería falso pensar que detrás de esta minuciosa codificación –semejante
en muchos puntos a la de Ez. 40-48- no hay nada más que un formalismo
ritualista. Una lectura que tenga en cuenta no sólo la "letra",
sino el "espíritu" de estos viejos textos, podrá auscultar en ellos
el latido de una auténtica religiosidad, dominada por el sentimiento de la
infinita santidad de Dios. Las contribuciones para
la construcción del Santuario 25 1 El Señor dijo a Moisés: 2 Ordena a los israelitas
que me preparen una ofrenda. Después ustedes la recibirán de todos aquellos
que vengan a traerla voluntariamente. 3 Las ofrendas que recogerán son estas:
oro, plata y bronce; 4 púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí; lino
fino y pelo de cabra; 5 cueros de carnero teñidos de rojo, pieles finas y
madera de acacia; 6aceite para las lámparas, perfumes para el óleo de la
unción y para el incienso aromático; 7 piedras de ónix y piedras de engaste
para el efod y el pectoral. 8 Con todo esto me harán un Santuario y yo
habitaré en medio de ellos. 9 En la construcción de El Arca 10 Tú harás un arca de
madera de acacia, que deberá tener ciento veinticinco centímetros de largo
por setenta y cinco de ancho y setenta y cinco de alto. 11 La recubrirás de
oro puro por dentro y por fuera, y pondrás alrededor de ella, en la parte de
arriba, una moldura de oro. 12 También le harás cuatro argollas de oro
fundido y se las colocarás en los cuatro extremos inferiores, dos de un lado
y dos del otro. 13Asimismo, harás unas andas de madera de acacia, las
revestirás de oro, 14 y las harás pasar por las argollas que están a los
costados del arca, para poder transportarla. 15 Las andas estarán fijas en
las argollas y no serán quitadas. 16 En el arca pondrás las tablas del
Testimonio que yo te daré. 17 También harás una tapa
de oro puro, de ciento veinticinco centímetros de largo por setenta y cinco
de ancho, 18 y en sus dos extremos forjarás a martillo dos querubines de oro
macizo. 19 El primer querubín estará en un extremo y el segundo en el otro, y
los harás de tal manera que formen una sola pieza con la tapa. 20 Ellos
tendrán las alas extendidas hacia arriba, cubriendo con ellas la tapa; y
estarán uno frente a otro, con sus rostros vueltos hacia ella. 21Después
colocarás la tapa sobre la parte superior del arca, y en ella pondrás las
tablas del Testimonio que yo te daré. 22 Allí me encontraré contigo, y desde
allí, desde el espacio que está en medio de los dos querubines, yo te
comunicaré mis órdenes para que se las transmitas a los israelitas. La mesa de los panes de
la ofrenda 23 Tú harás, además, una
mesa de madera de acacia, de un metro de largo por medio metro de ancho y
setenta y cinco centímetros de alto. 24 La recubrirás de oro fino y le
colocarás alrededor una moldura de oro. 25 Luego le pondrás un borde de un
palmo de ancho, y adornarás todo el borde con una guirnalda de oro. 26
Después harás cuatro argollas de oro, y las ajustarás a los cuatro ángulos
que forman las cuatro patas de la mesa. 27 Las argollas estarán bien cerca
del borde, a fin de que sirvan de sostén a las andas que se usarán para
transportar la mesa. 28 Harás las andas de madera de acacia y las recubrirás
de oro; ellas servirán para transportar la mesa. 29 También harás fuentes,
vasos, jarras y tazas de oro puro para las libaciones. 30 Y sobre la mesa
pondrás los panes de la ofrenda, que estarán siempre ante mí. El candelabro 31 Harás, asimismo, un
candelabro de oro puro. Tanto la base y el tronco del candelabro como los
cálices, los botones y las flores que le servirán de adorno, serán forjados a
martillo y formarán una sola pieza. 32 De sus lados saldrán seis brazos: tres
de un lado y tres del otro. 33Cada uno de estos brazos tendrán tres adornos
en forma de flor de almendro, los tres con un cáliz, un botón y una flor. 34
El tronco del candelabro, en cambio, tendrá cuatro adornos de esa misma
forma, distribuidos de esta manera: 35 un botón irá debajo de los dos
primeros brazos que salen de él, el otro estará debajo de los dos siguientes,
y un tercero, debajo de los dos últimos. 36 Los botones y las flores formarán
una sola pieza con el candelabro, y todo estará hecho con un solo bloque de
oro puro, forjado a martillo. 37 Después harás siete lámparas y las
dispondrás de manera que envíen la luz hacia adelante. 38 Las tenazas para
arreglar los pabilos y sus platillos serán de oro puro. 39 Para hacer el
candelabro y todos estos utensilios se empleará un talento de oro puro. 40 Y
ten cuidado de hacerlo conforme al modelo que te fue mostrado en 26 1 Para la construcción de 7 También harás once
toldos de pelo de cabra, para cubrir 12 En cuanto a la parte
sobrante de los toldos, la mitad colgará en la parte posterior de El armazón de 15 También harás para 26 Además, harás cinco
travesaños de madera de acacia para mantener alineados los bastidores que
están a un lado de El velo del Santuario 31 Harás, asimismo, un
velo de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado, con
figuras de querubines diseñadas artísticamente. 32 Lo colgarás de cuatro
columnas de madera de acacia revestidas de oro, que estarán provistas de unos
ganchos del mismo metal y sostenidas por cuatro bases de plata. 33 Pondrás el
velo debajo de los ganchos, y detrás de él colocarás el Arca del Testimonio.
Así el velo marcará la división entre el Santo y el Santo de los Santos. 34
También colocarás la tapa sobre el Arca del Testimonio, en el Santo de los
Santos. 35 Fuera del velo, pondrás la mesa, y frente a ella, en el lado sur
de La cortina de entrada 36 Para la entrada de la
carpa harás una cortina de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino
fino reforzado, todo esto recamado artísticamente. 37 Y para sostener la
cortina harás cinco columnas de madera de acacia revestidas de oro; sus
ganchos también serán de oro, y las apoyarás sobre bases de bronce fundido. El altar de los
holocaustos 27 1 Luego harás el altar de madera de acacia; medirá
dos metros y medio de largo por dos metros y medio de ancho –es decir, será
cuadrado– y tendrá un metro y medio de alto. 2 En sus cuatro ángulos, y
formando una sola pieza con él, le harás unos cuernos. Después lo revestirás
de bronce. 3Le harás recipientes para recoger las cenizas, y también palas,
aspersorios, tenedores y braseros. Todos estos utensilios serán de bronce. 4
También le harás un enrejado de bronce en forma de red, y en los cuatro
extremos de la red deberás ajustar otras tantas argollas de bronce. 5 Luego
pondrás el enrejado debajo de la parte saliente del altar, de manera que la
red llegue desde abajo hasta la mitad del altar. 6 Le harás, asimismo, unas
andas de madera de acacia revestidas de bronce. 7 Y cuando haya que
transportar el altar, las andas se pasarán por las argollas que están a ambos
lados de él. 8 Harás el altar de tablas, hueco por dentro, y en su ejecución
te ajustarás al modelo que te fue mostrado en El atrio de 9 También harás el atrio
de El cortinado para la
entrada del atrio 16 Un cortinado de diez
metros de largo, hecho de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino
reforzado, recamado artísticamente, hará las veces de puerta. Este cortinado
colgará de cuatro columnas apoyadas sobre cuatro bases. 17 Todas las columnas
que rodean el atrio estarán unidas por varillas de plata; sus ganchos serán
de plata y sus bases de bronce. 18 El atrio tendrá cincuenta metros de largo,
por veinticinco de ancho y dos y medio de alto. Todas sus cortinas serán de
lino fino reforzado y sus bases de bronce. 19Los utensilios para el servicio
litúrgico de El aceite para el
candelero 20 Ordenarás a los
israelitas que te traigan aceite puro de oliva molida para el candelero, a
fin de alimentar constantemente una lámpara. 21 Aarón y sus hijos lo deberán
preparar en Las vestiduras del Sumo
Sacerdote 28 1 Entre todos los israelitas, elige a tu hermano
Aarón, y ordénale que se acerque a ti para que sea mi sacerdote. Manda que se
acerquen también sus hijos Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. 2 Luego harás las
vestiduras sagradas de tu hermano Aarón, a fin de que esté magníficamente
ataviado. 3 Para ello tendrás que recurrir a los artesanos más competentes, a
aquellos que yo he dotado de una habilidad excepcional, y ellos
confeccionarán las vestiduras de Aarón, a fin de que sea consagrado para
ejercer mi sacerdocio. 4 Las vestiduras que harán son las siguientes: un
pectoral, un efod, un manto, una túnica bordada, un turbante y una faja. Y
cuando hagan las vestiduras sagradas para que Aarón y sus hijos puedan
cumplir sus funciones sacerdotales, 5 emplearán oro, púrpura violeta y
escarlata, carmesí y lino fino. El efod 6 El efod lo harán de oro,
de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino reforzado, todo esto
trabajado artísticamente. 7 Llevará aplicadas dos hombreras, y así quedará
unido por sus dos extremos. 8 El cinturón para ajustarlo formará una sola
pieza con él y estará confeccionado de la misma forma: será de oro, de
púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado. 9 Después
tomarás dos piedras de lapislázuli y grabarás en ellas los nombres de los
hijos de Israel 10–seis en una piedra y seis en la otra – por orden de
nacimiento. 11 Para grabar las dos piedras con los nombres de los hijos de
Israel, te valdrás de artistas apropiados, que lo harán de la misma manera
que se graban los sellos. Luego las harás engarzar en oro, 12 y las colocarás
sobre las hombreras del efod. Esas piedras serán un memorial en favor de los
israelitas. Así Aarón llevará esos nombres sobre sus hombros hasta la
presencia del Señor, para mantener vivo su recuerdo. 13 Harás, además, los
engastes de oro 14 y dos cadenas de oro puro, trenzadas a manera de cordones,
que luego fijarás en los engastes. El pectoral 15 También harás el
pectoral del juicio de Dios, trabajado artísticamente y confeccionado de la
misma manera que el efod. Lo harás de oro, de púrpura violeta y escarlata, de
carmesí y de lino fino reforzado. 16 Deberá ser cuadrado y de doble paño, de
un palmo de largo y otro de ancho. 17 Lo guarnecerás de piedras preciosas,
dispuestas en cuatro hileras: en la primera habrá un jaspe rojo, un topacio y
una esmeralda; 18 en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante; 19 en la
tercera, un ágata, una cornalina y una amatista; 20 y en la cuarta, un
crisólito, un lapislázuli y un jaspe verde. Todas ellas estarán engarzadas en
oro. 21 Las piedras serán doce en total, como los nombres de los hijos de
Israel, y cada una llevará grabado el nombre de una de las doce tribus, como
se graban los sellos. 22 Además, harás para el pectoral unas cadenas de oro
puro, trenzadas a manera de cordones, 23 y dos argollas de oro, que luego
ajustarás a sus dos extremos superiores. 24Sujetarás las dos puntas de las
cadenas de oro en las dos argollas que están en los extremos superiores del
pectoral; 25y unirás las otras dos puntas a unos engastes, para poder
colocarlas sobre las hombreras del efod, por la parte de adelante. 26 Harás,
asimismo, dos argollas de oro y las ajustarás a los dos extremos inferiores
del pectoral, sobre el borde interior, el que da hacia el efod. 27 También
forjarás otras dos argollas de oro, adhiriéndolas a las dos hombreras del
efod, por la parte de adelante y bien hacia abajo, o sea, cerca de la costura
y encima del cinturón. 28Así el pectoral se podrá sujetar haciendo pasar,
entre sus argollas y las argollas del efod, un cordón de púrpura violeta,
para que el pectoral quede fijo sobre el cinturón y no se desprenda del efod.
29Cada vez que Aarón entre en el Santuario, llevará sobre su corazón, en el
pectoral del juicio de Dios, los nombres de los hijos de Israel, para
mantener siempre vivo el recuerdo de ellos en la presencia del Señor. 30 En
el pectoral del juicio de Dios introducirás, además, el Urím y el Tumím, a
fin de que Aarón los tenga sobre su pecho cuando se presente delante del
Señor. Así Aarón llevará siempre sobre su pecho, en la presencia del Señor,
el dictamen de Dios para los israelitas. El manto 31 También harás el manto
del efod, todo de púrpura violeta. 32 En el centro tendrá una abertura para
que pueda pasar la cabeza; y esa abertura tendrá un dobladillo alrededor,
como el cuello de una cota de guerrero, para que no se rasgue. 33Adornarás el
ruedo con granadas de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino
reforzado, intercaladas con campanillas de oro. 34 Las campanillas de oro y
las granadas estarán dispuestas alternadamente, una al lado de otra, a lo
largo de todo el ruedo. 35 Aarón irá revestido del manto para ejercer su
función sacerdotal, y el sonido de las campanillas tendrá que oírse cuando
entre en el Santuario, delante del Señor, y cuando salga de él. Así no
morirá. El turbante y su flor, la
túnica y la faja 36 Además harás una flor
de oro puro, y grabarás en ella, como se graban los sellos: "Consagrado
al Señor". 37 La sujetarás con una cinta de púrpura violeta, y así
quedará fija sobre la parte delantera del turbante. 38 Aarón la llevará sobre
su frente, para que pueda cargar con las faltas que los israelitas cometan al
presentar sus ofrendas sagradas; y la flor estará siempre sobre su frente
para que esas ofrendas sean aceptables al Señor. 39 Tejerás la túnica con
lino fino, y también harás un turbante de lino fino y una faja recamada
artísticamente. Las vestiduras de los
sacerdotes 40 Harás túnicas, fajas y
mitras para los hijos de Aarón, a fin de que estén magníficamente ataviados.
41 Así vestirás a tu hermano Aarón y a sus hijos. Luego los ungirás, los
investirás y los consagrarás para que ejerzan mi sacerdocio. 42 También les
harás unos pantalones de lino para cubrirse desde la cintura hasta los
muslos. 43 Aarón y sus hijos los usarán cuando entren en La consagración de
Aaróny de sus hijos 29 1 Esto es lo que harás para consagrarlos a fin de
que ejerzan mi sacerdocio: toma un novillo y dos carneros sin defecto, 2 y
prepara con harina de la mejor calidad panes ácimos, tortas sin levadura
amasadas con aceite, y galletas sin levadura untadas con aceite. 3 Colocarás
todo eso en una canasta y lo presentarás junto con el novillo y los dos
carneros. 4 Después ordenarás que Aarón y sus hijos se acerquen a la puerta
de 8 En seguida ordenarás que
se acerquen sus hijos; los vestirás con túnicas, 9 los ceñirás con un
cinturón y les ajustarás las mitras. Así el sacerdocio les pertenecerá por un
decreto irrevocable. De esta manera investirás a Aarón y a sus hijos. Las ofrendas de la
consagración 10 Acercarás el novillo
hasta 15 Luego tomarás uno de
los carneros, y Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre su cabeza. 16 Una
vez que lo hayas inmolado, recogerás su sangre y harás una aspersión
alrededor del altar. 17 Dividirás el animal en pedazos, lavarás sus entrañas
y sus patas, y las colocarás sobre las partes restantes y sobre su cabeza. 18
Después dejarás que todo el carnero se queme sobre el altar. Este es un
holocausto para el Señor, una ofrenda que se quema con aroma agradable al
Señor. 19 Tomarás luego el
segundo carnero, y Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre su cabeza. 20
Una vez que lo hayas inmolado, recogerás un poco de su sangre y untarás con
ella el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y el lóbulo de la oreja derecha
de sus hijos, el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho.
Después harás una aspersión con esta sangre alrededor del altar. 21 Tomarás
un poco de la sangre que está sobre el altar y un poco del óleo de la unción,
y rociarás con ellos a Aarón y sus vestiduras, a sus hijos y también sus
vestiduras. Así quedarán consagrados Aarón, sus hijos y las vestiduras de
todos ellos. La investidura de los
sacerdotes 22 Luego tomarás la grasa
de este carnero: la grasa de la cola, la que cubre las entrañas, la
protuberancia del hígado, los dos riñones y la grasa que está sobre ellos, y
también la pata derecha, porque se trata del carnero ofrecido para la
investidura de los sacerdotes. 23Recogerás además un pan redondo, una torta
cocida en aceite y una galleta de la canasta de los panes ácimos, que está
delante del Señor; 24 depositarás todo esto en las manos de Aarón y de sus
hijos, y realizarás el gesto de presentación delante del Señor. 25Recogerás
nuevamente todo esto y lo quemarás sobre el altar junto con el holocausto,
como perfume agradable al Señor. Esta es una ofrenda que se quema para el
Señor. 26 Tomarás también el
pecho del carnero que se inmola para la investidura de Aarón y realizarás con
él el gesto de presentación delante del Señor. Esta será tu parte. 27 Tú
santificarás el pecho de la presentación y la pierna de la ofrenda, es decir,
la parte presentada y ofrecida del carnero inmolado con motivo de la
investidura de Aarón y de sus hijos. 28 Esta será la parte que Aarón y sus
hijos recibirán de los israelitas, según un decreto irrevocable. Porque es
una ofrenda que los israelitas deberán separar de sus sacrificios de
comunión, como ofrenda reservada al Señor. 29 Las vestiduras sagradas
de Aarón pasarán después a sus hijos, que las vestirán al recibir la unción y
la investidura. 30 Y el hijo que lo suceda como sacerdote, cuando entre en El banquete sagrado 31 Después tomarás el
carnero ofrecido para la investidura y harás cocinar su carne en el recinto
sagrado. 32 Aarón y sus hijos comerán la carne y el pan de la canasta, a la
entrada de 35 Esto es lo que harás
con Aarón y sus hijos, conforme a todo lo que yo te he ordenado. La ceremonia
de su investidura durará siete días. La consagración del
altar de los holocaustos 36 Cada uno de esos días
ofrecerás un novillo como sacrificio de expiación por el pecado; lo ofrecerás
sobre el altar para expiar por él y lo ungirás para consagrarlo. 37 Durante
siete días harás la expiación por el altar y lo consagrarás. Así el altar
será algo santísimo, y todo aquello que lo toque quedará consagrado. El holocausto cotidiano 38 Cada día ofrecerás
sobre el altar dos corderos de un año, y esto en forma permanente. 39
Ofrecerás uno a la mañana y otro a la hora del crepúsculo. 40 Con el primer
cordero ofrecerás también la décima parte de una medida de harina de la mejor
calidad, amasada con un litro sesenta de aceite puro de oliva, y una libación
consistente en un litro sesenta de vino. 41 El otro cordero lo ofrecerás a la
hora del crepúsculo, con una oblación y una libación iguales a las de la
mañana, como aroma agradable, como ofrenda que se quema para el Señor. 42
Este es un holocausto que se ofrecerá perpetuamente de generación en
generación, en la presencia del Señor, a la entrada de El altar de los
perfumes 30 1 También harás un altar para quemar el incienso.
Lo harás de madera de acacia, 2 de cincuenta centímetros de largo por
cincuenta de ancho, es decir, cuadrado. Tendrá un metro de alto. Sus cuernos
formarán una sola pieza con él. 3 Recubrirás de oro puro su parte superior,
sus costados y sus cuernos, y le colocarás alrededor una moldura de oro. 4
Luego le harás unas argollas de oro, y las pondrás debajo de la moldura, dos
de un lado y dos del otro, a fin de pasar por ellas las andas que servirán
para transportarlo. 5Estas últimas las harás de madera de acacia y las
recubrirás de oro. 6Después pondrás el altar delante del velo que oculta el
Arca del Testimonio, frente a la tapa que está sobre el arca, allí donde yo
me encontraré contigo. 7Todas las mañanas, al preparar las lámparas, Aarón
deberá quemar en él incienso aromático; 8 y a la hora del crepúsculo, cuando
vuelva a arreglar las lámparas, lo hará nuevamente. Y ustedes presentarán
constantemente delante del Señor esta ofrenda de incienso aromático, a través
de las generaciones. 9 No ofrecerán sobre él incienso profano, ni holocaustos,
ni oblaciones, ni derramarán sobre él ninguna libación. 10 Una vez al año,
Aarón realizará el rito de expiación sobre los cuernos del altar. Con la
sangre del sacrificio ofrecido el día de El impuesto para el
Santuario 11 El Señor habló a Moisés
en estos términos: 12 Cuando hagas un censo
de los israelitas, cada uno pagará al Señor el rescate de su vida, para que
no recaiga sobre ellos ninguna calamidad con ocasión del empadronamiento. 13
La cantidad que pagarán todos los que sean sometidos al censo será medio
siclo, según el peso de los siclos del Santuario; y este será un tributo
reservado al Señor. 14 Todos los que sean sometidos al censo, o sea, los que
tengan más de veinte años, pagarán la ofrenda reservada al Señor. 15 El rico
no dará más de medio siclo, ni el pobre menos, para cumplir con el impuesto
debido al Señor en rescate de sus vidas. 16 Tú recibirás de los israelitas el
dinero del rescate y lo destinarás para el servicio de La fuente de bronce 17 El Señor habló a Moisés
en estos términos: 18 Harás una fuente de
bronce, con su base también de bronce, para las abluciones. La pondrás entre El óleo de la unción 22 El Señor habló a Moisés
en estos términos: 23 Consigue especies
aromáticas de la mejor calidad: quinientos siclos de mirra pura, la mitad –o
sea, doscientos cincuenta siclos– de cinamomo, doscientos cincuenta siclos de
caña aromática, 24 quinientos siclos de casia –todo esto en siclos del
Santuario– y siete litros de aceite de oliva; 25 y prepara con ellos una
mezcla aromática, como lo sabe hacer el fabricante de perfumes. Este será el
óleo para la unción sagrada. 26 Con él deberás ungir El incienso sagrado 34 El Señor dijo a Moisés: Consigue las siguientes
sustancias aromáticas en cantidades iguales: resina, ámbar, gálbano perfumado
e incienso puro, 35 y mezcla todo eso, como lo hace un fabricante de
perfumes, para hacer un perfume salado, puro y santo. 36 Reduce a polvo una
parte de él y colócala delante del Arca del Testimonio, en Los obreros para la
construcción del Santuario 31 1 El Señor habló a Moisés en estos términos: 2 Yo designé a Besalel
–hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá– 3 y lo llené del espíritu de
Dios, para conferirle habilidad, talento y experiencia en la ejecución de
toda clase de trabajos: 4tanto para idear proyectos y realizarlos en oro,
plata o bronce, 5 como para labrar piedras de engaste, tallar la madera o
hacer cualquier otro trabajo. 6Junto con él puse a Oholiab, hijo de Ajisamac,
de la tribu de Dan, y doté de una habilidad especial a todos los artesanos
competentes, a fin de que puedan ejecutar lo que les he ordenado, a saber: 7 El Sábado 12 El Señor dijo a Moisés: 13 Habla a los israelitas
en los siguientes términos: No dejen nunca de observar mis sábados, porque el
sábado es un signo puesto entre yo y ustedes, a través de las generaciones,
para que ustedes sepan que yo, el Señor, soy el que los santifico. 14 Observarán
el sábado, porque es sagrado para ustedes. El que lo profane, será castigado
con la muerte. Sí, todo el que haga algún trabajo ese día será excluido de su
pueblo. 15 Durante seis días se trabajará, pero el séptimo será un día de
descanso solemne, consagrado al Señor. El que trabaje en sábado será
castigado con la muerte. 16 Los israelitas observarán el sábado, celebrándolo
a través de las generaciones como signo de alianza eterna. 17Él será un signo
perdurable entre yo y los israelitas, porque en seis días el Señor hizo el
cielo y la tierra, pero el séptimo día descansó y retomó aliento. 18 Cuando el Señor terminó
de hablar con Moisés, en la montaña del Sinaí, le dio las dos tablas del
Testimonio, tablas de piedra escritas por el dedo de Dios. RUPTURA
Y RENOVACIÓN DE Los
israelitas se han quedado solos y sin guía en el desierto. Ya no sienten la
presencia del Señor y Moisés tarda en bajar de la montaña. Esta ausencia
momentánea les resulta insoportable, y se fabrican una imagen que les dé la
sensación de tener a dios en medio de ellos, que lo haga visible y tangible,
y del que puedan disponer a su agrado. La imagen elegida es la del "ternero", porque el toro joven
representa, en la simbología del Antiguo Oriente, la fuerza rebosante, la vitalidad
y la fecundidad. En
este momento crucial interviene Moisés. Lo hace como un profeta, denunciando
y condenando severamente esa desviación del pueblo, que lo exponía a caer en
la idolatría. Pero él es también el intercesor que se solidariza con sus hermanos,
y así obtiene del Señor el perdón y la renovación de El
relato tiene en vista principalmente los terneros de oro que Jeroboám I
erigió en los santuarios de Betel y Dan (1 Rey. 12. 26-33). Pero también
denuncia las idolatrías de todos los tiempos: el ansia desmedida de poder, de
riqueza, de bienestar material, y de todo aquello que acapara el corazón del
hombre, apartándolo del verdadero Dios. El ternero de oro 32 1 Cuando el pueblo vio que Moisés demoraba en bajar
de la montaña, se congregó alrededor de Aarón y le dijo: "Fabrícanos un
dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a
Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto". 2 Aarón les respondió:
"Quiten a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas, las argollas de oro
que llevan prendidas a sus orejas, y tráiganlas aquí". 3En-tonces todos
se quitaron sus aros y se los entregaron a Aarón. 4 Él recibió el oro, lo
trabajó con el cincel e hizo un ternero de metal fundido. Ellos dijeron
entonces: "Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de
Egipto". 5 Al ver esto, Aarón erigió un altar delante de la estatua y
anunció en alta voz: "Mañana habrá fiesta en honor del Señor". 6 Y
a la mañana siguiente, bien temprano, ofrecieron holocaustos y sacrificios de
comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y después se levantó
para divertirse. La amenaza del Señor 7 El Señor dijo a Moisés:
"Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se
ha pervertido. 8 Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les
había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se
postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: ‘Este es tu
Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto’". 9 Luego le siguió
diciendo: "Ya veo que este es un pueblo obstinado. 10Por eso, déjame
obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio,
suscitaré una gran nación". La intercesión de
Moisés 11 Pero Moisés trató de
aplacar al Señor con estas palabras: "¿Por qué, Señor, arderá tu ira
contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran
firmeza y mano poderosa? 12¿Por qué tendrán que decir los egipcios: ‘Él los
sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos
de la superficie de la tierra’?. Deja de lado tu indignación y arrepiéntete
del mal que quieres infligir a tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y
de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: ‘Yo
multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda
esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia’".
14 Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo. La destrucción de las
Tablas de 15 Moisés emprendió el
camino de regreso y bajó de la montaña llevando en sus manos las dos tablas
del Testimonio, que estaban escritas de un lado y de otro. 16 Esas tablas
eran obra de Dios, y la escritura grabada sobre ellas era escritura de Dios. 17 Al escuchar el ruido de
las aclamaciones que profería el pueblo, Josué dijo a Moisés: "Hay
gritos de guerra en el campamento". 18 Pero Moisés respondió: "No
son cantos de victoria, ni
alaridos de derrota; lo que
oigo son cantosde coros alternados". 19 Cuando Moisés estuvo
cerca del campamento y vio el ternero y las danzas, se enfureció, y arrojando
violentamente las tablas que llevaba en sus manos, las hizo añicos al pie de
la montaña. 20 Después tomó el ternero que habían hecho, lo quemó y lo
trituró hasta pulverizarlo. Luego esparció el polvo sobre el agua, y se la
hizo beber a los israelitas. 21 Moisés dijo a Aarón:
"¿Qué te ha hecho este pueblo para que lo indujeras a cometer un pecado
tan grave?". 22Pero Aarón respondió: "Te ruego, señor, que reprimas
tu enojo. Tú sabes muy bien que este pueblo está inclinado al mal. 23 Ellos
me dijeron: ‘Fabrícanos un dios que vaya al frente de nosotros, porque no
sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto’.
24 Entonces les ordené: ‘El que tenga oro que se desprenda de él’. Ellos me
lo trajeron, yo lo eché al fuego, y salió este ternero". La intervención de los
levitasy el castigo del pueblo 25 Cuando Moisés vio el
desenfreno del pueblo –porque Aarón le había tolerado toda clase de excesos,
exponiéndolo así a la burla de sus enemigos– 26 se paró a la entrada del
campamento y exclamó: "¡Los que están de parte del Señor, vengan
aquí!". Todos los hijos de Leví se agruparon a su alrededor, 27 y él les
dijo: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Que cada uno se arme de su
espada; recorran el campamento pasando de una puerta a otra, y maten sin
tener en cuenta si es hermano, amigo o pariente". 28 Los levitas
cumplieron la orden de Moisés, y aquel día cayeron unas tres mil personas del
pueblo. 29Entonces Moisés dijo: "Reciban hoy la investidura sacerdotal
de parte del Señor, uno a costa de su hijo, otro a costa de su hermano, y que
él les de hoy una bendición". Nueva súplica de Moisés 30 Al día siguiente,
Moisés dijo al pueblo: "Ustedes han cometido un gran pecado. Pero ahora
subiré a encontrarme con el Señor, y tal vez pueda expiar ese pecado".
31 Moisés fue a encontrarse nuevamente con el Señor y le dijo: "Por
desgracia, este pueblo ha cometido un gran pecado, ya que se han fabricado un
dios de oro. 32 ¡Si tú quisieras perdonarlo, a pesar de esto...! Y si no,
bórrame por favor del Libro que tú has escrito". 33 El Señor le
respondió: "Yo borraré de mi Libro al que ha pecado contra mí. 34 Y
ahora vete. Lleva a este pueblo hasta el lugar que yo te indiqué: mi ángel
irá delante de ti. Y cuando llegue el momento, los visitaré para castigarlos
por su pecado". 35 Y el Señor castigó al pueblo por haber hecho el
ternero, el que había fabricado Aarón. Orden de partiday
advertencia del Señor al pueblo 33 1 El Señor dijo a Moisés: "Vete de aquí, tú y
el pueblo que hiciste salir de Egipto, y sube al país que yo prometí con un
juramento a Abra-ham, a Isaac y a Jacob, cuando les aseguré que daría esa
tierra a sus descendientes. 2 Yo enviaré un ángel delante de ti, y expulsaré
a los cananeos, los amo-rreos, los hititas, los perizitas, los jivitas y los
jebuseos, 3 para que puedas entrar en la tierra que mana leche y miel. Pero
yo no subiré en medio de ti, porque tú eres un pueblo obstinado, y tendría
que exterminarte en el camino". 4 Al oír esta severa advertencia, el
pueblo estuvo de duelo y nadie se puso sus adornos. 5 Luego el Señor dijo a
Moisés: "Di a los israelitas: ‘Ustedes son un pueblo obstinado. Bastaría
que yo subiera un solo instante en medio de ustedes, para tener que exterminarlos.
Ahora quítense sus adornos, y después veré qué hago con ustedes’". 6
Entonces los israelitas se despojaron de sus adornos, desde el momento en que
partieron del monte Horeb. 7 Moisés tomó La oración de Moisés 12 Moisés dijo al Señor:
"Tú me ordenas que guíe a este pueblo, pero no me has indicado a quién
enviarás conmigo, a pesar de que me dijiste: ‘Yo te conozco por tu nombre y
te he brindado mi amistad’. 13 Si me has brindado tu amistad, dame a conocer
tus caminos, y yo te conoceré: así me habrás brindado realmente tu amistad.
Ten presente que esta nación es tu pueblo". 14 El Señor respondió:
"Yo mismo iré contigo y te daré el descanso". 15 Moisés agregó:
"Si no vienes personalmente, no nos hagas partir de aquí. 16 ¿Cómo se
podrá conocer que yo y tu pueblo gozamos de tu amistad, si tú no vienes con
nosotros? Así yo y tu pueblo nos distinguiremos de todos los otros pueblos que
hay sobre la tierra". 17 El Señor respondió a Moisés: "También haré
lo que me acabas de decir, porque te he brindado mi amistad y te conozco por
tu nombre". La gloria del Señor 18 Moisés dijo: "Por
favor, muéstrame tu gloria". 19 El Señor le respondió: "Yo haré
pasar junto a ti toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre del
Señor, porque yo concedo mi favor a quien quiero concederlo y me compadezco
de quien quiero compadecerme. 20 Pero tú no puedes ver mi rostro, añadió,
porque ningún hombre puede verme y seguir viviendo". 21 Luego el Señor
le dijo: "Aquí a mi lado tienes un lugar. Tu estarás de pie sobre la
roca, 22y cuando pase mi gloria, yo te pondré en la hendidura de la roca y te
cubriré con mi mano hasta que haya pasado. 23Después retiraré mi mano y tú
verás mis espaldas. Pero nadie puede ver mi rostro". Las nuevas Tablas de 34 1 El Señor dijo a Moisés: "Talla dos tablas de
piedra iguales a las primeras, y yo escribiré en ellas las mismas palabras
que estaban escritas en las que tú rompiste. 2 Prepárate, además, para subir
mañana temprano a la montaña del Sinaí, y después quédate allí, a mi
disposición, en la cumbre de la montaña. 3 Que nadie suba contigo ni se haga
ver en toda la extensión de la montaña, y que tampoco el ganado se detenga a
pastar delante de ella". 4 Moisés talló dos tablas
de piedra iguales a las primeras, y a la madrugada del día siguiente subió a
la montaña del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado, llevando las dos
tablas en sus manos. 5 El Señor descendió en la nube, y permaneció allí,
junto a él. Moisés invocó el nombre del Señor. Aparición del Señor a
Moisés 6 El Señor pasó delante de
él y exclamó: "El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse,
y pródigo en amor y fidelidad. 7 Él mantiene su amor a lo largo de mil
generaciones y perdona la culpa, la rebeldía y el pecado; sin embargo, no los
deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los
nietos, hasta la tercera y cuarta generación". 8Moisés cayó de rodillas
y se postró, 9diciendo: "Si realmente me has brindado tu amistad,
dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo
obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu
herencia". Renovación de 10 El Señor le respondió: Yo voy a establecer una
alianza. A la vista de todo el pueblo, realizaré maravillas como nunca se han
hecho en ningún país ni en ninguna nación. El pueblo que está contigo verá la
obra del Señor, porque yo haré cosas tremendas por medio de ti. 11 Observa
bien lo que te mando. Yo expulsaré de tu presencia a los amorreos, los
cananeos, los hititas, los perizitas, los jivitas y los jebu-seos. 12 No
hagas ningún pacto con los habitantes del país donde vas a entrar, porque
ellos serían una trampa para ti. 13 Antes bien, derriben sus altares,
destruyan sus piedras conmemorativas y talen sus postes sagrados. Las prescripciones de 14 No te postrarás delante
de ningún otro dios, porque el Señor se llama "Celoso": él es un
Dios celoso. 15 No hagas ningún pacto con los habitantes de aquel país, no
sea que cuando ellos se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan
sacrificios, te inviten también a ti y tengas que comer de las víctimas sacrificadas.
16 Tampoco tomes a sus hijas como esposas de tus hijos, porque cuando ellas
se prostituyan con sus dioses, harán que también ellos se prostituyan. 17 No te fabricarás dioses
de metal fundido. 18 Observarás la fiesta de
los Ácimos. Durante siete días comerás panes ácimos, como yo te lo he
mandado; y lo harás en el tiempo señalado del mes de Abib, porque en ese mes
saliste de Egipto. 19 Todos los primogénitos
me pertenecen. Los primogénitos de tu ganado mayor y menor, si son machos,
serán para mí. 20 Al primogénito del asno, en cambio, lo rescatarás con un
cordero, y si no lo rescatas, deberás desnucarlo. También rescatarás a todos
los primogénitos entre tus hijos. Y nadie se presentará delante de mí con las
manos vacías. 21 Durante seis días
trabajarás, pero el séptimo día deberás descansar, incluso en tiempo de
siembra y de cosecha. 22 Celebrarás también la
fiesta de las Semanas, la de los primeros frutos de la cosecha del trigo; y
además, la fiesta de 23 Tres veces al año todos
los varones se presentarán delante del Señor, el Dios de Israel. 24 Porque yo
voy a desposeer a las naciones delante de ti y ensancharé tus fronteras, y
cuando subas a presentarte ante el Señor, tu Dios, tres veces al año, nadie
codiciará tu territorio. 25 No ofrecerás nada
fermentado junto con la sangre de la víctima sacrificada en mi honor, y no
quedará para el día siguiente la víctima inmolada en la fiesta de 26 Llevarás a la casa del
Señor, tu Dios, lo mejor de los primeros frutos de tu suelo. No harás cocer un cabrito
en la leche de su madre. 27 Después el Señor dijo a
Moisés: "Consigna por escrito estas palabras, porque ellas son las
cláusulas de la alianza que yo hago contigo y con Israel". 28 Moisés
estuvo allí con el Señor cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber.
Y escribió sobre las tablas las palabras de la alianza, es decir, los diez
Mandamientos. El rostro radiante de
Moisés 29 Cuando Moisés bajó de
la montaña del Sinaí, trayendo en sus manos las dos tablas del Testimonio, no
sabía que su rostro se había vuelto radiante porque había hablado con el
Señor. 30 Al verlo, Aarón y todos los israelitas advirtieron que su rostro
resplandecía, y tuvieron miedo de acercarse a él. 31 Pero Moisés los llamó;
entonces se acercaron Aarón y todos los jefes de la comunidad, y él les
habló. 32 Después se acercaron también todos los israelitas, y él les
transmitió las órdenes que el Señor le había dado en la montaña del Sinaí. 33 Cuando Moisés terminó
de hablarles, se cubrió el rostro con un velo. 34 Y siempre que iba a
presentarse delante del Señor para conversar con él, se quitaba el velo hasta
que salía de EJECUCIÓN
DE LAS PRESCRIPCIONES CULTURALES En
su parte final, el libro del Éxodo describe la construcción del Santuario,
siguiendo las indicaciones dadas anteriormente. Luego el Pueblo de Dios
reanuda su marcha por el desierto, bajo la guía y la protección del Señor. La
presencia de Dios en medio de su Pueblo está simbolizada por la "nube" y el "fuego", que van
señalando las etapas del camino hacia Insistencia
en el descanso sabático 35 1 Moisés reunió a toda la comunidad de los
israelitas y les dijo: El Señor ha mandado hacer
lo siguiente: 2 Durante seis días se trabajará, pero el séptimo día será para
ustedes una cosa sagrada, un día de descanso solemne en honor del Señor. El
que trabaje ese día será castigado con la muerte. 3 Tampoco encenderán fuego
en sus casas el día sábado. La convocatoria de
Moiséspara la construcción del Santuario 4 Luego Moisés dijo a toda
la comunidad de los israelitas: El Señor ha ordenado lo
siguiente: 5Reserven una parte de sus bienes para presentarlos como ofrenda
al Señor. Todo el que se sienta impulsado a hacerlo, ofrecerá al Señor: oro,
plata y bronce; 6 púrpura violeta y escarlata, carmesí, lino fino, pelo de
cabra, 7 cueros de carnero teñidos de rojo, pieles finas y madera de acacia;
8 aceite para las lámparas, especies aromáticas para el óleo de la unción y
para el incienso perfumado, 9 piedras de lapislázuli y piedras de engaste
para el efod y el pectoral. 10 Que los artesanos competentes vengan a
ejecutar todo lo que el Señor ha ordenado: 11 Los donativos de los
israelitas 20 Toda la comunidad de
los israelitas se alejó de la presencia de Moisés. 21Después vinieron los que
se sintieron movidos por un impulso generoso, y trajeron al Señor una ofrenda
para la construcción de Los obreros empleadosen
la construcción del Santuario 30 Entonces Moisés dijo a
los israelitas: "El Señor ha designado especialmente a Besalel –hijo de
Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá– 31 y lo ha llenado del espíritu de
Dios, a fin de conferirle habilidad, talento y experiencia en la ejecución de
toda clase de trabajos, 32 tanto para idear proyectos, como para trabajar el
oro, la plata y el bronce, 33 labrar piedras de engaste, tallar la madera o
ejecutar cualquier otra labor de artesanía. 34 Además le ha concedido –lo
mismo que a Oholiab, hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan– el arte de
comunicar sus conocimientos. 35 El Señor los llenó de habilidad para realizar
labores de orfebrería, de tejido, de bordado y recamado de telas de púrpura
violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino. Y no sólo son capaces de
ejecutar todas estas tareas, sino que también tienen espíritu de
inventiva". 36 1 Besalel, Oholiab y todos los artesanos a quienes
el Señor había dotado de habilidad y talento para realizar con inteligencia
los trabajos del Santuario, hicieron todo lo que el Señor había ordenado. La suspensión de los
donativos 2 Moisés convocó a
Besalel, a Oholiab y a todos los artesanos, a quienes el Señor había dotado
de habilidad y que se habían prestado a colaborar en la ejecución de esa
tarea. 3 Ellos recibieron de Moisés las ofrendas que los israelitas habían
presentado para los diversos trabajos del Santuario. Entretanto, cada mañana
los israelitas seguían trayendo a Moisés ofrendas voluntarias. 4Pero los
artesanos que realizaban todo el trabajo del Santuario, abandonando
momentáneamente sus respectivas ocupaciones, 5 fueron a decir a Moisés:
"El pueblo aporta más de lo que se necesita para ejecutar la tarea que
el Señor ha mandado". 6 Entonces Moisés ordenó que se hiciera correr
esta consigna a través del campamento: "Que nadie, sea hombre o mujer,
siga preparando materiales para presentarlos como ofrenda". Así el
pueblo se abstuvo de hacer nuevos donativos, 7 porque los materiales
aportados ya eran más que suficientes para realizar todo el trabajo. La construcción de 8 Los artesanos más
expertos hicieron 14 También confeccionaron
once toldos de pelo de cabra, para cubrir El armazón de 20 También hicieron los
bastidores para sostener El velo del Santuario 35 Hicieron, además, el
velo de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado, y
lo adornaron con figuras de querubines diseñadas artísticamente. 36 Para
colgarlo, hicieron cuatro columnas de madera de acacia revestidas de oro y
provistas de ganchos de oro, que apoyaron sobre cuatro bases de plata
fundida. La cortina de la
entrada 37 Hicieron, asimismo,
para la entrada de la carpa, una cortina de púrpura violeta y escarlata, de carmesí
y de lino fino reforzado, todo esto recamado artísticamente, 38 y la
sostuvieron con cinco columnas provistas de cinco ganchos. Luego revistieron
de oro los capiteles y las varillas de las columnas, y las apoyaron sobre
cinco bases de bronce. El Arca 37 1 Besalel hizo el arca de madera de acacia, de
ciento veinticinco centímetros de largo por setenta y cinco de ancho y
setenta y cinco de alto. 2 La recubrió de oro puro por dentro y por fuera, y
colocó alrededor de ella una moldura de oro. 3 Fundió, además, cuatro
argollas de oro y las puso en sus cuatro extremos inferiores, dos de un lado
y dos del otro. 4 Luego hizo unas andas de madera de acacia, las recubrió de
oro 5 y las pasó por las argollas que estaban a los costados del arca, para
poder transportarla. 6 Después le hizo una tapa de oro puro, de ciento
veinticinco centímetros de largo por setenta y cinco de ancho. 7 También hizo dos
querubines de oro macizo, forjado a martillo, en los dos extremos de la tapa.
8 El primero estaba en un extremo y el segundo en el otro, y formaban una
sola pieza con la tapa. 9 Los querubines tenían las alas extendidas hacia
arriba, y con ellas cubrían la tapa; estaban uno frente al otro, con sus
rostros vueltos hacia ella. La mesa de los panes de
la ofrenda 10 También hizo la mesa de
madera de acacia, de un metro de largo por cincuenta centímetros de ancho y
setenta y cinco de alto. 11 La recubrió de oro puro y le colocó alrededor una
moldura de oro. 12 Le puso un borde de un palmo de ancho, y lo adornó con una
moldura de oro. 13 Después hizo cuatro argollas de oro y las ajustó a los
cuatro ángulos correspondientes a las cuatro patas de la mesa. 14 Junto al
borde estaban las cuatro argollas que servían de sostén a las andas para transportar
la mesa. 15Hizo las andas de madera de acacia y las recubrió de oro. 16
Finalmente, hizo los utensilios de oro puro que debían estar sobre la mesa:
las fuentes, los vasos, las tazas y los jarros para las libaciones. El candelabro 17 Hizo, asimismo, el
candelabro de oro puro. Tanto la base y el tronco del candelabro como los
cálices, los botones y las flores que le servían de adorno estaban forjados a
martillo y formaban una sola pieza. 18 De sus lados salían seis brazos: tres
de un lado y tres del otro. 19Cada uno de estos brazos tenía tres adornos en
forma de flor de almendro, los tres con un cáliz, un botón y una flor. 20 El
tronco del candelabro, en cambio, tenía cuatro adornos de esa misma forma, 21
distribuidos de esta manera: un botón iba debajo de los dos primeros brazos
que salían de él, otro estaba debajo de los dos siguientes, y un tercero,
debajo de los dos últimos. 22 Los botones y las flores formaban una sola
pieza con el candelabro, y todo estaba hecho con un solo bloque de oro puro,
forjado a martillo. 23 Después hizo siete lámparas de oro puro, con sus
tenazas para arreglar los pabilos y sus platillos. 24Para construir el
candelabro con todos sus accesorios empleó un talento de oro puro. El altar del incienso y
el óleo de la unción 25 También hizo el altar
del incienso. Lo hizo de madera de acacia, de cincuenta centímetros de largo
por cincuenta de ancho –es decir, cuadrado– y un metro de alto. Sus cuernos
formaban una sola pieza con él. 26 Recubrió de oro puro su parte superior, sus
costados y sus cuernos, y le puso alrededor una moldura de oro. 27 Luego hizo
unas argollas de oro, y las colocó debajo de la moldura, dos de un lado y dos
del otro, para pasar por ellas las andas que servían para transportarlo. 28
Estas últimas eran de madera de acacia y estaban recubiertas de oro. 29
También preparó el óleo para la unción sagrada y el incienso aromático puro,
como lo hace el fabricante de perfumes. El altar de los
holocaustos 38 1 Luego hizo el altar de los holocaustos de madera
de acacia; medía dos metros y medio de largo por dos y medio de ancho –es
decir, era cuadrado– y tenía un metro y medio de alto. 2 En sus cuatro
ángulos, y formando una sola pieza con él, le hizo unos cuernos, y después lo
recubrió de bronce. 3 Hizo, además, todos los utensilios del altar: los
recipientes para recoger las cenizas, las palas, los aspersorios, los
tenedores y los braseros. Todos estos utensilios los hizo de bronce. 4También
fabricó para el altar un enrejado de bronce en forma de red, y lo puso debajo
de la parte saliente del altar, de manera que llegaba, desde abajo, hasta la
mitad del altar. 5 Puso cuatro argollas en los cuatro extremos del enrejado
de bronce para hacer pasar por ellas las andas. 6 Hizo las andas de madera de
acacia y las recubrió de bronce, 7 y pasó las andas por las argollas que
estaban a ambos lados del altar para poder transportarlo. El altar era hueco
por dentro y estaba hecho de tablas. La fuente de bronce 8 Después hizo la fuente
de bronce y su base también de bronce, con los espejos de las mujeres que
prestaban servicio a la entrada de La construcción del
atrio 9 Hizo también el atrio.
Por el lado sur, en dirección al Négueb, el atrio tenía unas cortinas de lino
fino reforzado, dispuestas a lo largo de cincuenta metros. 10 Sus veinte
columnas estaban apoyadas sobre veinte bases de bronce, y estaban provistas
de ganchos y varillas de plata. 11 Por el lado norte, las cortinas tenían
igualmente una longitud de cincuenta metros, y estaban sostenidas por veinte
columnas apoyadas en veinte bases de bronce y provistas de ganchos y varillas
de plata. 12 Por el lado oeste, había veinticinco metros de cortinas, con
diez columnas y sus respectivas bases, que estaban provistas de ganchos y
varillas de plata. 13 Sobre el lado este, hacia el oriente, también había
veinticinco metros de cortinas. 14Las cortinas colocadas a un lado de la
entrada medían siete metros y medio de largo, y allí había tres columnas y
tres bases. 15 Las del otro lado tenían las mismas medidas, también con tres
columnas y sus respectivas bases. 16Todas las cortinas del atrio eran de lino
fino reforzado. 17 Las bases para las columnas eran de bronce, y sus ganchos
y sus varillas de plata. Los capiteles también estaban revestidos de plata, y
todas las columnas del atrio tenían varillas de plata. El cortinado para la
entrada del atrio 18 El cortinado de la
puerta del atrio era de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino
fino reforzado, y estaba recamado artísticamente. Tenía diez metros de largo,
y su altura –lo mismo que la de las cortinas del atrio– era de dos metros y
medio. 19 Sus cuatro columnas y sus cuatro bases eran de bronce, y sus
ganchos de plata, así como también el revestimiento de sus capiteles y de sus
varillas. 20 Todas las estacas de El cómputo de las
expensas 21 Este es el cómputo de
las expensas para la construcción de 22 Besalel –hijo de Urí,
hijo de Jur, de la tribu de Judá– hizo todo lo que el Señor había ordenado a
Moisés, 23 contando con la ayuda de Oholiab –hijo de Ajisamac, de la tribu de
Dan– que era artífice, bordador y recamador de púrpura violeta y escarlata,
de carmesí y de lino fino. 24 El total del oro
empleado en la ejecución de las obras del Santuario –el oro procedente de las
ofrendas– ascendió a veintinueve talentos y setecientos treinta siclos, en
siclos del Santuario. 25 La plata recogida entre
los miembros de la comunidad que habían sido censados, ascendió a cien
talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos, en siclos del Santuario,
26 o sea, medio siclo por cada uno de los incluidos en el censo de los
seiscientos tres mil quinientos cincuenta hombres de veinte años para arriba.
27 Los cien talentos de plata se usaron para fundir las bases del Santuario y
las bases que sostenían el cortinado, a razón de un talento por base; 28 y
con los mil setecientos setenta y cinco siclos hicieron ganchos para las
columnas, revistieron los capiteles y los unieron por medio de varillas. 29 El bronce procedente de
las ofrendas ascendió a setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos. 30
Con ellos se hicieron las bases para la entrada de Las vestiduras del Sumo
Sacerdote 39 1 También hicieron las vestiduras litúrgicas para
el culto del Santuario y las vestiduras sagradas de Aarón, como el Señor lo
había ordenado a Moisés. Para ello emplearon púrpura violeta y escarlata,
carmesí y lino fino. El efod 2 El efod lo hicieron de
oro, de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado. 3
Prepararon láminas de oro trabajado a martillo, que luego cortaron en forma
de hebras, para entretejerlas artísticamente con la púrpura violeta y escarlata,
con el carmesí y con el lino fino reforzado. 4 Después aplicaron al efod dos
hombreras, y este quedó unido por sus dos extremos. 5 El cinturón para
ajustarlo formaba una sola pieza con él y estaba hecho de la misma manera:
era de oro, de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino reforzado,
como el Señor se lo había ordenado a Moisés. 6 También trabajaron las piedras
de lapislázuli, que fueron engarzadas en oro y grabadas con los nombres de
los hijos de Israel, como se graban los sellos. 7 Finalmente colocaron las
piedras en las hombreras del efod, para que fueran un memorial en favor de
los israelitas, delante del Señor, como él se lo había ordenado a Moisés. El pectoral 8 También hicieron el
pectoral, trabajado artísticamente y confeccionado de la misma manera que el
efod. Lo hicieron de oro, de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de
lino fino reforzado. 9 El pectoral era cuadrado y de doble paño, de un palmo
de largo y otro de ancho. 10 Lo guarnecieron de piedras preciosas dispuestas
en cuatro hileras: en la primera había un jaspe rojo, un topacio y una
esmeralda; 11 en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante; 12 en la
tercera, un ágata, una cornalina y una amatista; 13 y en la cuarta, un
crisólito, un lapislázuli y un jaspe verde. Todas ellas estaban engarzadas en
oro. 14 Las piedras eran doce en total, como los nombres de los hijos de
Israel, y cada una llevaba grabado el nombre de una de las doce tribus, como
se graban los sellos. 15 También hicieron para el pectoral unas cadenas de
oro puro trenzadas a manera de cordones, 16 dos engastes de oro y dos
argollas de oro, y ajustaron las dos argollas a sus dos extremos. 17
Sujetaron las dos puntas de las cadenas de oro en las dos argollas que
estaban en los extremos superiores del pectoral, 18 y unieron las otras dos
puntas a los engastes que habían colocado sobre las hombreras del efod, por
la parte de adelante. 19 Hicieron, asimismo, otras dos argollas de oro y las
ajustaron a los dos extremos inferiores del pectoral, sobre el borde
interior, el que da hacia el efod. 20 También forjaron otras dos argollas de
oro y las adhirieron a las dos hombreras del efod, por la parte de adelante y
bien hacia abajo, o sea, cerca de la costura y encima del cinturón. 21 Así
sujetaron el pectoral, haciendo pasar entre sus argollas y las argollas del
efod un cordón de púrpura violeta, de manera que el pectoral quedaba fijo
sobre el cinturón y no podía desprenderse del efod. Esto es lo que el Señor
había ordenado a Moisés. El manto 22 Además, hicieron el
manto del efod, todo tejido de púrpura violeta. 23 En el centro tenía una
abertura, semejante al cuello de una cota de guerrero y reforzada con un
dobladillo, para que no se rasgara. 24 Su ruedo estaba adornado con unas
granadas de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado.
25 También hicieron unas campanillas de oro puro y las colocaron sobre el
ruedo del manto, intercalándolas con las granadas. 26 Las campanillas y las
granadas estaban dispuestas alternadamente, una al lado de la otra, a lo
largo de todo el ruedo. El manto se empleaba para ejercer las funciones
sacerdotales, como el Señor se lo había ordenado a Moisés. Las vestiduras de los
sacerdotes 27 Después hicieron las
túnicas de lino fino para Aarón y sus hijos; 28 hicieron el turbante de lino
fino, los adornos de las mitras de lino fino, y los pantalones de lino fino
reforzado; 29 también tejieron las fajas recamadas de lino fino reforzado, de
púrpura violeta y escarlata y de carmesí, conforme a la orden que el Señor había
dado a Moisés. La flor para el
turbante del Sumo Sacerdote 30 Finalmente, forjaron la
flor de oro puro – signo de consagración – y grabaron en ella, como se graban
los sellos, la siguiente inscripción: "Consagrado al Señor". 31 Luego
le pusieron un cordón de púrpura violeta, para poder sujetarla a la parte
superior del turbante, como el Señor se lo había ordenado a Moisés. La conclusión y la
entrega de la obra realizada 32 Así fue concluida la
construcción de 33 Entonces presentaron a
Moisés 43 Cuando Moisés vio que
habían hecho toda la obra, ajustándose exactamente a lo que el Señor había
ordenado, los bendijo. La erección y
consagraciónde 40 1 El Señor habló a Moisés en estos términos: 2 El día primero del
primer mes erigirás 9 Luego tomarás el óleo de
la unción y ungirás La ejecución de la
orden divina 16 Moisés realizó
exactamente todo lo que el Señor le había ordenado. 17 En el segundo año, el
primer día del primer mes, se procedió a la erección de El ingreso de la gloria
del Señor 34 Entonces la nube cubrió
La nube, guía de los
israelitas 36 En todas las etapas del
camino, cuando la nube se alzaba, alejándose de 1 11. "Pitóm y Ramsés" eran dos
ciudades situadas en la parte oriental del Delta del Nilo. 16. El texto hebreo dice literalmente: "Observen
bien las dos piedras". Probablemente, esta expresión sea un eufemismo
para referirse al sexo del recién nacido. 2 10. "Yo lo saqué de las aguas":
esta es una etimología popular, que asocia artificialmente el nombre de
Moisés a un verbo hebreo cuyo significado es "sacar". 15-16. El nombre "Madián" designa a un grupo de
tribus nómadas, que vivían al sur y al este de Palestina. Según 18. "Reuel": según otra tradición, el nombre del
suegro de Moisés era Jetró (3. 1; 18. 1). 22. "Fui un emigrante en tierra extranjera":
este es un nuevo ejemplo de etimología popular, que asocia el nombre de
Gersón a una palabra hebrea que significa "extranjero". 3 1. Es probable que el "Horeb" o
Sinaí sea llamado "montaña de Dios" porque ya antes de la
revelación del Señor a Moisés se lo consideraba como un lugar santo. 13-15. El nombre propio del Dios de Israel -que las
versiones más antiguas de 4 14. Aarón es llamado "el levita"
no tanto por pertenecer a la tribu de Leví, cuanto por la función sacerdotal
que iba a desempeñar más tarde (ver 29. 1-9; Lev. 8. 1-13). 21. "Yo voy a endurecer el corazón del
Faraón": esta frase anticipa el tema que reaparecerá en el relato de
cada una de las plagas de Egipto. La obstinación y la mala voluntad del Faraón
se opondrán al pedido que Moisés le hará en nombre de su Dios, y a los signos
que realizará para legitimar su misión. Para describir este hecho, 25-26. "Esposo de sangre": con esta expresión se
designaba a la persona que había recibido la circuncisión, y su significado
original era probablemente "protegido por la sangre". La extrema
brevedad de todo este pasaje hace que su interpretación resulte
particularmente difícil. Pero se pueden señalar, al menos, dos aspectos: la
"prueba" a que fue sometido Moisés antes de iniciar su misión
–semejante a la prueba que debió afrontar Jacob en Gn. 32. 25-33– y la
liberación por la "sangre" de la circuncisión, que anticipa el tema
de la liberación por la "sangre" del cordero pascual. 6 3. "Dios Todopoderoso": ver nota
Gn. 17. 1. 7 8. Aquí se inicia el relato de las plagas de
Egipto, que concluye con la recapitulación de 11. 9-10. La lectura detenida
del texto permite discernir materiales provenientes de tradiciones diversas.
Según una de ellas, llamada "sacerdotal", Moisés y Aarón actúan
juntos, en oposición a los magos de Egipto. Los milagros ejecutados por Aarón
-con la ayuda de un bastón milagroso- tienen por finalidad acreditar a Moisés
ante el Faraón, como enviado del Señor. La tradición yahvista, en cambio,
presenta a Moisés solo ante el Faraón, y es el Señor mismo el que comienza y
pone fin a la plaga anunciada de antemano. Aunque las plagas recuerdan
ciertos fenómenos bien conocidos en Egipto, el relato no debe ser leído como
si fuera una crónica histórica. Se trata más bien de una gesta épica o
"profética", que celebra el poder de Dios sobre los fenómenos
naturales, puesto de manifiesto para rescatar a su pueblo de la esclavitud. 8 22. "Son una abominación para los
egipcios": algunos animales, como el carnero, el chivo y el toro, eran
considerados sagrados por los egipcios, y ofrecerlos en sacrificio
significaba cometer una acción sacrílega. 12 2. El "mes" a que se refiere el
texto es el mes de Abib o de las espigas (Deut. 16. 1), que corresponde a
marzo-abril y tomó más tarde el nombre babilónico de Nisán. 29-42. Estos vs. interrumpen la instrucción sobre la manera
de celebrar 40. Ver Gn. 15. 13-16. 13 9. El "signo" y el
"memorial" aluden a los tatuajes u otras señales que usaban algunos
pueblos para indicar la pertenencia étnica o religiosa. El texto bíblico
sustituye estas marcas materiales por la proclamación de una
"palabra" (v. 8), que expresa la fe de Israel y acompaña a la
celebración del rito ( 13. El sacrificio de los primogénitos es un caso
particular de la ofrenda de todas las primicias (22. 28-29). El asno no podía
ser ofrecido en sacrificio, y por eso debía ser rescatado. Si no se lo
rescataba, había que matarlo de manera no ritual, o sea, sin derramamiento de
sangre. 17. La ruta de los filisteos era el camino normal para
ir de Egipto a Canaán, porque bordeaba la costa del Mediterráneo y estaba
jalonada de manantiales y de lugares fortificados. 18. La expresión hebrea que se traduce como "Mar
Rojo", significa literalmente "Mar de los Papiros". 22. "Columna de nube": la nube es un signo de
la presencia divina, velada pero activa. En las diversas tradiciones del
Pentateuco, esa presencia está simbolizada de diversas maneras: según la
tradición "yahvista", el Señor guía a su pueblo por el desierto en
la columna de nube y en la columna de fuego. En los documentos
"elohístas", Dios se manifiesta en una nube, que desciende hasta
cubrir la entrada de 14 Resulta muy difícil determinar con exactitud el
fondo histórico de esta narración épica, elaborada y transmitida en el marco
del culto israelita. Lo cierto es que en ella se conserva el recuerdo de una
manifiesta intervención de Dios en favor de Israel, cuando este salía de
Egipto. 15 14-15. La referencia a la conquista de
Canaán y la mención de los filisteos indican que este canto de triunfo no ha
sido compuesto totalmente en tiempos de Moisés. Su núcleo más antiguo es la
estrofa retomada por Miriam en el v.21. Esta exclamación hímnica -cantada y
transmitida en el culto israelita- se fue ampliando paulatinamente hasta
incluir la conquista de Canaán, hecho posterior a la muerte de Moisés. 16 Las fuentes bíblicas interpretan el don del maná de
diversas maneras. Según Núm. 11. 4-6; 21. 5 el "maná" es una
"comida miserable", que llega a provocar el hastío del pueblo. Los
Salmos y el libro de 7. La "gloria del Señor" es la manifestación
luminosa de la santidad y el poder de Dios, la señal visible de su presencia.
Su aspecto es el de "un fuego devorador" (24. 17). 13. En primavera y a fines de otoño, bandadas de
codornices -aves semejantes a las perdices- atraviesan la costa mediterránea
del Sinaí, y a veces se introducen hasta el interior del desierto. Estos
animales se dejan apresar con facilidad, particularmente cuando están
cansados. Según la detallada exposición de Núm. 11. 31-34, las codornices
venían empujadas por un viento del mar. 15. "¿Qué es esto?": esta pregunta -en hebreo
"man hu"- es una explicación popular de la palabra "maná"
(v. 31). Los beduinos de la península del Sinaí llaman todavía hoy
"mann" a la resina de un arbusto, que puede ser recogida del suelo
cuando está endurecida por el frío de la noche, ya que el calor del día la
derrite. El "mann" tiene un sabor dulce, y la gente lo come en el
mismo lugar donde lo encuentra. La descripción que el texto bíblico hace del
maná, parece corresponder a este fenómeno natural. 36. El texto hebreo añade: "El gomor es la décima
parte de un efá". Este versículo es una glosa explicativa sobre el valor
del gomor, medida que equivale a unos cuatro litros y medio. 17 8. Los "amalecitas" residían en el
Négueb (Núm. 13. 29) y se opusieron desde el comienzo a la penetración de los
israelitas. Las listas de Gn. 36. 12, 16 presentan a Amalec como descendiente
de Esaú. 18 20-22. Este reordenamiento en la
administración de la justicia -atribuido al sabio consejo del suegro de
Moisés- está vinculado a la institución de los "jueces de Israel"
mencionados en Jc.10. 1-5; 12. 7-15. El trasfondo de este relato deja
entrever el ideal "comunitario" fijado por el Éxodo. La salida de Egipto
significó para Israel el paso de la esclavitud a la libertad. Este cambio
radical de situación exigía una nueva forma de organización social y un nuevo
concepto de la autoridad. En oposición a los regímenes autocráticos del
Antiguo Oriente, el Pueblo de Dios debía ser una sociedad "justa",
donde las responsabilidades estuvieran compartidas y el servicio prestado por
cada uno contribuyera al bien de todos. 19 Las alianzas entre reyes eran frecuentes en el
Antiguo Oriente, en especial las que establecían los reyes soberanos con sus
vasallos, para brindarles protección y asegurarse su obediencia. Esta
práctica es ilustrativa, porque Israel se valió de esa experiencia humana
para expresar las relaciones que lo unían a su Dios. 20 El Decálogo -o "Diez Palabras"- aparece
también, con algunas variantes, en Deut.5.6-21. En su origen, los
mandamientos eran quizás tan breves como los consignados en los vs. 13-16;
pero con el transcurso del tiempo recibieron diversas ampliaciones que
explican las diferencias entre los dos textos. 5. Decir que el Señor es un Dios "celoso"
significa que su amor por el pueblo de Israel no tolera la
"rivalidad" de otros dioses. 21 23-25. Ver Lev. 24. 19-20; Deut. 19. 21 y
nota Gn. 4. 23-24. 22 Las leyes contenidas en el Código de 7-8. Las partes en litigio debían comparecer "ante
Dios", es decir, ante el sacerdote, que pronunciaba la sentencia en
nombre del Señor. 23 14. Las cuatro tradiciones del Pentateuco
contienen un calendario de las grandes fiestas religiosas de Israel: 23.
14-17 ("elohísta"); 34.18-23 ("yahvista"); Deut. 16. 1-17
("deuteronomista"); Lev. 23 ("sacerdotal"). En relación
con estos calendarios, ver las reglas litúrgicas de Núm.28-29. El ritual se
va precisando de un texto a otro, pero todos concuerdan en señalar tres
fiestas principales: a) b) La "Fiesta de c) La "Fiesta de 19. La prohibición de cocer un cabrito en la leche de su
madre condena un rito mágico practicado por los cananeos. 24 Este capítulo parece reunir dos tradiciones. En la
tradición "yahvista", la alianza es sellada con una comida delante
de Dios (vs. 9-11). En la tradición "elohísta", se sella con un
rito de sangre (vs. 3-8): Moisés, que actúa como mediador de 25 10. El Arca de 17. "Una tapa": la palabra hebrea
correspondiente proviene de un verbo que significa "cubrir" (un
objeto y también los pecados). Por eso la tapa del Arca se designa
tradicionalmente con el nombre de "propiciatorio". En el gran día
de 30. "Panes de la ofrenda": la expresión hebrea
significa literalmente panes del "rostro" o de la presencia. Eran unos
panes que se ponían como ofrenda permanente ante el "rostro" del
Señor, según el ritual de Lev. 24. 5-9. Este uso ya era conocido en los
antiguos santuarios israelitas, como lo atestigua 1 Sam. 21. 5. Ver Mt. 12.
4. 31. La descripción corresponde al "candelabro de
siete brazos" del templo postexílico. El Templo de Salomón tenía diez
candelabros con una luz cada uno (1 Rey. 7. 49). 26 Antes de su instalación en Palestina, los
israelitas tenían un Santuario transportable, en forma de carpa, que los acompañaba
en sus desplazamientos por el desierto. Este Santuario recibe el nombre de
"Carpa del Encuentro", porque allí Dios "se encontraba"
con Moisés y con Israel (33.7-9), y también de "Morada", porque esa
era la habitación de Dios en medio de su pueblo. En este capítulo, la
legislación sacerdotal presenta una imagen idealizada del Santuario del
desierto que toma como modelo al Templo de Jerusalén. A pesar de que la
descripción es muy minuciosa algunos detalles resultan poco claros, debido en
parte al uso de términos técnicos. 27 2. Los cuatro extremos superiores del altar
tenían un relieve en forma de "cuerno". Estos cuernos eran la parte
más sagrada del altar: se los frotaba con la sangre de las víctimas
sacrificadas (Lev. 4. 7), y el fugitivo podía asirse a ellos invocando el
derecho de asilo (1Rey. 1. 50; 2. 28). En el Antiguo Oriente, el cuerno era
símbolo de potencia, y se lo encuentra representado frecuentemente en las
estatuas de los dioses. 28 6. En el Antiguo Testamento, el término
"efod" designa tres cosas distintas: a) En los textos
históricos más antiguos, el "efod" es un objeto cultual de forma y
significado inciertos (Jc. 8. 27; 17. 5). Según 1 Sam. 23. 9-12; 30.7-8, ese
objeto es confiado a los sacerdotes y sirve para consultar al Señor. b) Esos mismos textos
mencionan también el "efod de lino" que presumiblemente era la
única vestidura sacerdotal (1 Sam. 2. 18), y cubría muy poco el cuerpo (2
Sam. 6. 14, 20). c) En este capítulo se
describe el "efod" del Sumo Sacerdote, especie de chaleco que se
ponía sobre la túnica y el manto, ajustado con un cinturón. Este efod parece
mantener una cierta vinculación con los dos anteriores: por una parte, era
una vestidura sacerdotal –aunque aquí forma parte de una compleja
indumentaria-; por otra, cumplía una función oracular, ya que a él se
sujetaba el "pectoral del juicio" (v. 29), que contenía las
"suertes sagradas" (v. 30). 30. El "Urím" y el "Tumím" eran las
"suertes sa-gradas", es decir, un objeto del que se valían los
sacerdotes para pronunciar sus oráculos en nombre del Señor. Se desconoce el
significado de estos términos y la forma del instrumento empleado.
Probablemente se trataba de pequeñas piedras, dados o palillos, de colores
distintos o marcados con signos diversos: uno significaba "sí" y el
otro "no". El Señor era consultado de tal manera que bastaba con
una respuesta afirmativa o negativa, y se iba progresando por eliminaciones o
precisiones sucesivas. Ver 1 Sam. 14. 41-42. 36-38. La "flor" -signo de vitalidad- era
originariamente una insignia real. En el período postexílico, con la
desaparición de la monarquía, esta insignia pasó al Sumo Sacerdote. A esa
flor se le asignaba la función de preservarlo contra los peligros que
implicaba eI ejercicio de las funciones sagradas, y de atraer el beneplácito
divino sobre las ofrendas de los israelitas. 32 El "ternero" fabricado por los israelitas
no era un dios, ni tampoco la representación o la imagen de un dios, sino que
servía de pedestal a la divinidad invisible, como los querubines del Arca de 4. Ver 1 Rey. 12. 28. 29. Esta es la traducción conjetural de un texto
oscuro, que se refiere a la institución del sacerdocio levítico. Ver Deut.
33. 8- 11. 33. "Yo borraré de mi Libro": esta expresión
alude a las listas confeccionadas en los censos (Núm. 1. 2): los miembros del
pueblo estaban inscritos en la lista; ser borrado de ella equivalía a ser
excluido del pueblo. Otros textos bíblicos hablaban del "Libro de 34 Esta narración era originariamente un duplicado
"yahvista" de los capítulos 19-20. Al ubicar el texto junto al
episodio del ternero de oro y de la ruptura de las tablas, el redactor
definitivo modificó ligeramente el texto, para presentarlo como una "segunda"
subida de Moisés al Sinaí y como una "renovación" de 29-35. El rostro "radiante" de Moisés es un
reflejo de la gloria divina: signo de su íntima familiaridad con Dios y medio
para conferir autoridad a sus palabras y a su misión. Ver 2 Cor. 3. 7-17. |
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Texto
Bíblico suministrado desde la pagina de www.clerus.org edición para el estudio en Internet de
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Para ver presentación del texto del
libro original : PRESENTACION LIBRO |
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