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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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DEUTERONOMIO es una palabra de origen griego, que
significa "segunda ley". Tal designación expresa sólo en parte el
contenido del quinto libro del Pentateuco, ya que este, más que un código de
leyes en sentido estricto, es una larga y vibrante exhortación destinada a
"recordar" a Israel el sentido y las exigencias de El Deuteronomio está estructurado como una serie de
discursos dirigidos por Moisés a los israelitas antes de su entrada en
Canaán. Esta forma literaria se explica por las circunstancias que dieron
origen a la composición del Libro. Desde tiempos muy antiguos, los sacerdotes
levíticos prolongaron la actividad de Moisés, proclamando solemnemente en las
celebraciones litúrgicas La composición del Deuteronomio atravesó por
diversas etapas. Su redacción primitiva puede situarse en el siglo VIII a.C.,
en los ambientes levíticos del reino del Norte. Después de la destrucción de
Samaría, estos grupos se refugiaron en Judá y el Libro quedó depositado en
los archivos del Templo de Jerusalén. En el año Entre todos los escritos del Antiguo Testamento, el
Deuteronomio se destaca por su estilo peculiar. Su lenguaje es solemne, pero
al mismo tiempo directo, cálido y preocupado por suscitar una incondicional
fidelidad al Señor. Es un estilo que quiere hablar sobre todo al corazón. La
repetición incansable de ciertas palabras y giros confiere a toda la obra una
notable fuerza persuasiva. El paso frecuente del "tú" al
"ustedes" es otra característica del estilo deuteronómico. Esta alternancia
es un procedimiento oratorio para interpelar a los oyentes: el "tú"
apunta menos a los individuos en particular que a la conciencia de la
comunidad, en la que cada uno debe verse representado y medir su propia
responsabilidad. El Deuteronomio traza para Israel un programa de
vida, inspirado en la predicación de los Profetas, en los escritos
sapienciales y en las tradiciones históricas del Pentateuco, desde los
tiempos patriarcales hasta la entrada en PRIMER
DISCURSO DE MOISÉS El Deuteronomio se
presenta como el testamento espiritual de Moisés. Poco antes de su muerte, él
reúne por última vez al pueblo y pronuncia sus palabras de despedida. En su
primer discurso, Moisés evoca la experiencia común vivida en el desierto.
Esta experiencia está llena de enseñanzas. En los acontecimientos de su
propia historia, Israel debe ver el signo más elocuente del amor del Señor,
que lo eligió gratuitamente. Y también debe reconocer el poder de su Dios,
que lo liberó de todos los peligros. Así, antes de proclamar la voluntad
divina expresada en En esta evocación
histórica, se destaca la suerte corrida por la primera generación de
israelitas en el desierto. Por su pecado de incredulidad, ellos fueron
condenados a morir sin entrar en Ubicación geográfica del discurso 1 1 Estas
son las palabras que Moisés dirigió a todo Israel, al otro lado del Jordán,
en el desierto, en 4 Después de haber derrotado a Sijón, rey de los
amorreos que residía en Jesbón, y a Og, rey de Basán, que residía en Astarot
y Edrei, 5 al otro lado del Jordán, en territorio de Moab, Moisés comenzó a
exponer esta Ley, diciendo: Mirada histórica retrospectiva:la partida del Horeb 6 El Señor, nuestro Dios, nos habló en el Horeb en
estos términos: "Ya han estado bastante tiempo en esta montaña. 7 Den
vuelta y pónganse en camino, para ir a la montaña de los amorreos y a todas
las regiones vecinas: La institución de los jueces 9 En aquel tiempo, yo les dije: "Yo solo no
puedo hacerme cargo de todos ustedes. 10 El Señor, su Dios, los ha
multiplicado de tal manera, que hoy ustedes son numerosos como las estrellas
del cielo. 11 ¡Que el Señor, el Dios de sus padres, los haga aún mil veces
más numerosos y los bendiga, como lo ha prometido! 12¿Cómo podré, entonces,
cargar yo solo con el peso de todos ustedes y ocuparme también de sus
litigios? 13 Designen para cada una de sus tribus a hombres sabios, prudentes
y experimentados, y yo los pondré al frente de ustedes". 14 Ustedes me respondieron: "Tu propuesta nos
parece buena". 15 Entonces tomé de entre los jefes de las tribus a unos
hombres sabios y experimentados y los puse al frente de ustedes como jefes de
mil, de cien, de cincuenta y de diez hombres, y como escribas para las
tribus. 16 Al mismo tiempo, di esta orden a los jueces: "Escuchen a sus
hermanos y hagan justicia, cuando tengan un pleito entre ellos o con un extranjero.
17 No sean parciales en los juicios: escuchen a los humildes lo mismo que a
los poderosos. No se dejen intimidar por nadie, porque el juicio pertenece a
Dios. Y cuando se les presente un caso demasiado difícil, diríjanse a mí,
para que yo lo resuelva". 18 Así les indiqué aquella vez todo lo que
ustedes debían hacer. La llegada a Cades Barné 19 Después partimos del Horeb, y comenzamos a
recorrer el desierto inmenso y temible que ustedes han visto. Íbamos hacia la
montaña de los amorreos, como el Señor, nuestro Dios, nos lo había ordenado,
y llegamos a Cades Barné. La exploración de Canaán 20 Entonces yo les dije: "Ya han llegado a la
montaña de los amorreos, que nos da el Señor, nuestro Dios. 21 El Señor, tu
Dios, pone este país delante de ustedes: sube a tomar posesión de él, según
te lo ha dicho el Señor, el Dios de tus padres. No temas ni te
acobardes". 22 Pero ustedes se acercaron a mí para decirme:
"Enviemos delante de nosotros algunos hombres para que exploren la
región y nos informen sobre el camino que debemos tomar y sobre las ciudades
a las que debemos entrar". 23 La idea me pareció buena, y yo designé a doce de
ustedes, uno por cada tribu. 24 Ellos se dirigieron hacia la región montañosa
y llegaron al valle de Escol. Después de haber inspeccionado la montaña, 25
regresaron trayendo en sus manos frutos de esa región, y nos presentaron este
informe: "La tierra que nos da el Señor, nuestro Dios, es
excelente". El temor y la protesta de los israelitas 26 Pero ustedes se negaron a subir y se rebelaron
contra la orden del Señor, su Dios. 27 Se pusieron a murmurar en sus carpas,
diciendo: "El Señor nos aborrece; por eso nos hizo salir de Egipto para
entregarnos a los amorreos y destruirnos. 28 ¿Adónde iremos? Nuestros
hermanos nos dejaron sin aliento, cuando nos dijeron: ‘Son gente más grande y
más alta que nosotros; las ciudades son enormes y están provistas de murallas
que se elevan hasta el cielo. Allí vimos también a los anaquitas’". La exhortación de Moisésa confiar en el Señor 29 Entonces yo les dije: "No se acobarden ni
les tengan miedo. 30 El Señor, su Dios, que va delante de ustedes, combatirá
por ustedes, como lo hizo en Egipto ante sus propios ojos, 31 y también en el
desierto, donde tú viste que el Señor, tu Dios, te conducía como un padre
conduce a su hijo, a lo largo de todo el camino que recorriste hasta llegar a
este lugar". 32 Y a pesar de todo, ustedes no tuvieron confianza en el
Señor, su Dios, 33 que los precedía durante la marcha para buscarles un lugar
donde acampar: de noche en el fuego, mostrándoles el camino que debían
seguir, y de día en la nube. La indignación del Señory el castigo del pueblo 34 Al oír lo que ustedes decían, el Señor se irritó
y pronunció este juramento: 35 "Ni uno solo de los hombres de esta generación
perversa verá la hermosa tierra que yo juré dar a sus padres. 36 El único que
podrá verla es Caleb, el hijo de Iefuné. A él y a sus hijos les daré la
tierra que sus pies han pisado, porque él ha sido siempre fiel al
Señor". 37 Y por culpa de ustedes, el Señor se indignó
también contra mí, y me dijo: "Tampoco tú entrarás. 38 El que entrará es
Josué, tu ayudante. Infúndele valor, porque él deberá poner a Israel en
posesión de la tierra. 39 Y también entrarán los niños –esos que según
ustedes iban a ser presa del enemigo– los hijos de ustedes, que aún no saben
distinguir lo bueno de lo malo; a ellos les daré la tierra y ellos la
poseerán. 40 En cuanto a ustedes, den vuelta y avancen hacia el desierto, en
dirección al Mar Rojo". 41 Ustedes me dijeron: "Hemos pecado contra el
Señor. Pero ahora estamos dispuestos a subir y a combatir como el Señor,
nuestro Dios, nos ha ordenado". Cada uno de ustedes se equipó con sus
armas, creyendo que era fácil subir a la montaña. 42 Pero el Señor me dijo: "Ordénales
que no suban a combatir, porque yo no estoy más en medio de ellos. Si lo
hacen, serán derrotados por sus enemigos". 43 Yo les transmití la advertencia, pero ustedes no
me escucharon y, rebelándose contra la palabra del Señor, tuvieron la osadía
de escalar la montaña. 44Entonces los amorreos que habitan en esa montaña les
salieron al encuentro, los persiguieron como abejas, y los derrotaron en la
región de Seír hasta llegar a Jormá. 45 Cuando ustedes regresaron, se
pusieron a llorar delante del Señor, pero él no los escuchó ni les hizo caso.
46 Y así tuvieron que permanecer en Cades durante tanto tiempo. El paso por Edóm y Moab 2 1
Después dimos vuelta y nos pusimos en camino hacia el desierto, en dirección
al Mar Rojo, como me lo había dicho el Señor. Durante muchos días estuvimos
dando vueltas alrededor del macizo de Seír, 2 hasta que por fin el Señor me
dijo: 3 "Basta ya de dar vueltas alrededor de esta montaña. Ahora
diríjanse hacia el norte. 4 Comunica esta orden al pueblo: Ustedes van a
pasar por la región de Seír, donde viven sus hermanos, los descendientes de
Esaú, los cuales desconfían de ustedes. Pero atiendan bien: 5 no los
provoquen, porque yo no les daré nada de su territorio, ni siquiera el
espacio que ocupa la huella de una pisada, ya que el macizo de Seír se lo he
dado en posesión a Esaú. 6 Cómprenles con dinero el alimento que necesitan
para comer, y páguenles también el agua que beban. 7 Porque el Señor, tu
Dios, te ha bendecido en todas tus empresas, y te ha protegido mientras
caminabas por este gran desierto. Ya hace cuarenta años que el Señor, tu
Dios, está contigo y nunca te faltó nada". 8 Por la ruta de –10 Antiguamente habían estado allí los emíes, un
pueblo fuerte, numeroso y de elevada estatura como los anaquitas. 11Tanto
ellos como los anaquitas eran tenidos por gigantes, pero los moabitas los
llaman emíes. 12 En Seír, en cambio, primero estuvieron los hurritas; pero
los descendientes de Esaú los desposeyeron y los exterminaron, instalándose
en lugar de ellos, como lo hizo Israel con la tierra que el Señor le dio en
posesión–. 13 "Y ahora, ordenó el Señor, reanuden la
marcha y crucen el torrente Zéred". La llegada a Entonces pasamos el torrente Zéred. 14 Desde que
salimos de Cades Barné hasta que cruzamos el torrente Zéred, transcurrieron
treinta y ocho años: el tiempo suficiente para que muriera toda aquella
generación de guerreros, como el Señor se lo había jurado. 15 Porque el Señor
puso su mano sobre ellos, hasta hacerlos desaparecer por completo del
campamento. 16 Cuando ya no quedó en medio del pueblo ninguno de
aquellos guerreros –porque todos habían muerto– 17 el Señor me habló en estos
términos: 18 "Ahora vas a pasar por Ar, que está en las fronteras de
Moab, 19 y luego te vas a enfrentar con los amonitas. No los ataques ni los
provoques, porque yo no te daré en posesión ninguna fracción de su
territorio, ya que se lo he dado en posesión a los descendientes de
Lot". –20 También este era considerado un país de
gigantes. En efecto, allí habitaron antiguamente los gigantes que los
amonitas llaman zamzumíes. 21 Eran un pueblo fuerte, numeroso y de elevada
estatura como los anaquitas; pero el Señor los destruyó por medio de los
amonitas, que los desposeyeron y se establecieron en lugar de ellos. 22 Lo
mismo había hecho con los descendientes de Esaú, que habitan en Seír, cuando
por medio de ellos destruyó a los hurritas; de esta manera, aquellos
desposeyeron a los hurritas y se establecieron en su lugar hasta el día de
hoy. 23 En cuanto a los avitas, que habitaban en los poblados hasta Gaza,
fueron exterminados por los caftoritas, provenientes de Caftor, los cuales se
establecieron en lugar de ellos–. 24 Luego el Señor añadió: "Reanuden la marcha y
crucen el torrente Arnón. Yo te entrego a Sijón, rey de Jesbón, el amorreo,
con todo su país. Prepárate para iniciar la conquista y provócalo a la
guerra. La conquista del reino de Sijón 26 Desde el desierto de Quedemot envié mensajeros a
Sijón, rey de Jesbón, con la siguiente propuesta de paz: 27"Déjame pasar
por tu país. Iré por el camino, sin desviarme ni a la derecha ni a la
izquierda. 28 Véndeme las provisiones necesarias para comer, y dame también,
a cambio de dinero, agua para beber. Te pido solamente que me dejes pasar, 29
como ya me han dejado los descendientes de Esaú, que viven en Seír, y los
moabitas de Ar. Así podré cruzar el Jordán y llegar a la tierra que nos da el
Señor, nuestro Dios". 30 Pero Sijón, rey de Jesbón, se negó a dejarnos
pasar por su territorio, porque el Señor, tu Dios, había ofuscado su espíritu
y endurecido su corazón, a fin de ponerlo en tus manos, como lo está todavía
hoy. 31 Entonces el Señor me dijo: "He decidido entregarte a Sijón con
todo su país. Empieza la conquista apoderándote de su territorio". 32
Sijón nos salió al paso con todas sus tropas, dispuesto a librarnos batalla
en Iasá. 33 Pero el Señor lo puso en nuestras manos y lo derrotamos, a él con
sus hijos y todas sus tropas. 34 Nos apoderamos de todas sus ciudades y las
consagramos al exterminio, sacrificando a hombres, mujeres y niños, sin dejar
ningún sobreviviente. 35 Nos reservamos como botín solamente el ganado y los
despojos de las ciudades conquistadas. 36 Desde Aroer, en la ribera del Arnón
–incluyendo la ciudad que está en el valle– hasta Galaad, no hubo para
nosotros ninguna ciudad inexpugnable: el Señor, nuestro Dios, nos entregó
todo. 37 Pero no te acercaste al país de los amonitas: toda la ribera del
torrente laboc, las ciudades de la montaña y todos los lugares que el Señor,
nuestro Dios, te había prohibido. La conquista del reino de Og 3 1
Después dimos vuelta y subimos en dirección a Basán. Entonces Og, rey de
Basán, nos salió al paso con todo su ejército, dispuesto a presentarnos
batalla en Edrei. 2 Pero el Señor me advirtió: "No le tengas miedo,
porque yo lo pondré en tus manos con todo su ejército y sus dominios. Trátalo
de la misma manera que trataste a Sijón, el rey de los amorreos que habitaba
en Jesbón". 3 Efectivamente, el Señor, nuestro Dios, puso también
en nuestras manos a Og, rey de Basán, con todo su ejército, y lo derrotamos
hasta tal punto que no le quedó ni un solo sobreviviente. 4Aquella vez nos
apoderamos de todas sus ciudades. Las conquistamos todas, sin exceptuar
ninguna: las sesenta ciudades del distrito de Argob, que pertenecía al reino
de Og, en Basán. 5 Todas ellas eran ciudades defendidas por altas murallas,
puertas y cerrojos, sin contar las ciudades de los perizitas, que también
eran muy numerosas. 6 Y las consagramos al exterminio, como habíamos hecho
con Sijón, rey de Jesbón, matando en cada ciudad a hombres, mujeres y niños.
7 Pero nos reservamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades. 8 Así conquistamos, en aquella ocasión, el
territorio de los dos reyes amorreos de La distribución de 12 Una vez que tomamos posesión del país, yo
entregué a las tribus de Rubén y de Gad el territorio que se extiende desde
Aroer, en el valle del Arnón, hasta la mitad de las montañas de Galaad, con sus
ciudades. 13 Y cedí a media tribu de Manasés el resto de Galaad y todo Basán
–el reino de Og– incluyendo el distrito de Argob. Ahora bien, todo Basán es
lo que hoy se llama Tierra de Gigantes. 14 Pero Jaír, hijo de Manasés, se
apoderó del distrito de Argob, hasta la frontera de Gesur y de Maacá, y puso
su nombre a esa parte de Basán, que hasta hoy se sigue llamando Jaír. Instrucciones de Moisésa las tribus de 18 En aquel tiempo, yo les di esta orden: "El
Señor, su Dios, los ha puesto en posesión de esta tierra. Ustedes, los
guerreros, tomen sus armas y avancen al frente de sus hermanos, los
israelitas. 19 Solamente sus mujeres, con los niños y el ganado –yo sé que
ustedes tienen mucho ganado– se quedarán en las ciudades que les di, 20 hasta
que el Señor, su Dios, conceda el descanso a sus hermanos, como lo hizo con
ustedes, y también ellos tomen posesión de la tierra que el Señor les dará al
otro lado del Jordán. Luego cada uno podrá volver a la herencia que les he
asignado". 21 Entonces hice esta advertencia a Josué: "Tú
has visto con tus propios ojos todo lo que hizo el Señor, nuestro Dios, con
estos dos reyes. De la misma manera tratará el Señor a todos los reinos por
donde vas a pasar. 22 No les teman, porque el que combate por ustedes es el
Señor, tu Dios". Moisés excluido de 23 Y en esa ocasión, yo dirigí al Señor esta
súplica: 24 "Señor, tú que has comenzado a mostrar a tu servidor tu
grandeza y tu mano poderosa, porque no hay ningún dios en el cielo o en la
tierra capaz de realizar las obras y los portentos que tú realizas: 25 déjame
ir a ver la hermosa tierra que está del otro lado del Jordán, esa hermosa
montaña, y el Líbano". 26 Pero por culpa de ustedes, el Señor se irritó
contra mí y no me escuchó, sino que me dijo: "¡Basta! no vuelvas a
hablarme de ese asunto. 27 Sube a la cima del Pisgá y extiende tu mirada
hacia el oeste y el norte, hacia el sur y el este, y contempla esa tierra,
porque tú no cruzarás el Jordán. 28 Da a Josué las debidas instrucciones,
infúndele valor y anímalo, porque él lo cruzará al frente de este pueblo y lo
pondrá en posesión de la tierra que ahora vas a ver." 29 Y nos quedamos en el valle que está junto a Bet
Peor. Exhortación de Moisés: 4 1 Y
ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que
las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la
tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. 2 No añadan ni quiten nada
de lo que yo les ordeno. Observen los mandamientos del Señor, su Dios, tal
como yo se los prescribo. 3 Ya han visto con sus propios ojos lo que hizo el
Señor en Baal Peor: él aniquiló a todos los que siguieron al Baal de Peor. 4
Ustedes, en cambio, los que permanecieron fieles al Señor, su Dios, viven
todavía. 5 Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me
ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la
tierra de la que van a tomar posesión. 6 Obsérvenlos y pónganlos en práctica,
porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír
todas estas leyes, dirán: "¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta
gran nación!". 7 ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus
dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros
siempre que lo invocamos? 8¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres
tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? La revelación de Diosen el monte Horeb 9 Pero presta atención y ten cuidado, para no
olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten
de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos. 10El
día en que estabas delante del Señor, tu Dios, en el Horeb, él me dijo:
"Reúneme al pueblo y yo les haré oír mis palabras, para que aprendan a
temerme mientras vivan sobre la tierra, y enseñen a sus hijos a hacer otro
tanto". 11Ustedes se acercaron y permanecieron al pie de la montaña,
mientras la montaña ardía envuelta en un fuego que se elevaba hasta lo más
alto del cielo, entre negros nubarrones y una densa oscuridad. 12 El Señor
les habló desde el fuego, y ustedes escuchaban el sonido de sus palabras,
pero no percibían ninguna figura: sólo se oía la voz. 13 Así les reveló su
alianza y les mandó que la cumplieran: las diez Palabras que él mismo
escribió en dos tablas de piedra. 14 En aquella oportunidad, él me ordenó que
les diera preceptos y leyes para que ustedes los pusieran en práctica en la
tierra de la que van a tomar posesión. Advertencia contra la idolatría 15 Tengan cuidado de ustedes mismos. Cuando el Señor
les habló desde el fuego, en el Horeb, ustedes no vieron ninguna figura. 16
No vayan a pervertirse, entonces, haciéndose ídolos de cualquier clase, que
tengan figura de hombre o de mujer, 17 de animales que viven en la tierra o
de aves que vuelan por el espacio, 18 de reptiles que se arrastran por el
suelo, o de peces que viven en las aguas, debajo de la tierra. 19 Y cuando
levantes los ojos hacia el cielo y veas el sol, la luna, las estrellas y todo
el Ejército de los cielos, no te dejes seducir ni te postres para rendirles
culto. Porque ellos son la parte que el Señor, tu Dios, ha dado a todos los
pueblos que están bajo el cielo. 21 Pero por culpa de ustedes, el Señor se indignó
contra mí y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la hermosa tierra
que él te da como herencia. 22 Sí, yo moriré en este país antes de pasar el
Jordán, pero ustedes lo van a cruzar y van a tomar posesión de esa hermosa
tierra. 23 Tengan cuidado, entonces, de no olvidar la alianza que el Señor,
su Dios, ha establecido con ustedes, y no se fabriquen ningún ídolo que tenga
la figura de todo aquello que el Señor les prohibe. 24 Porque el Señor, tu
Dios, es un fuego devorador, un Dios celoso. Perspectivas de castigoy conversión del pueblo 25 Y si después de haber tenido hijos y nietos y de
haber vivido largo tiempo en el país, ustedes se pervierten y se hacen ídolos
de cualquier clase, si cometen lo que es malo a los ojos del Señor, su Dios,
y provocan su indignación, 26yo les juro hoy, poniendo por testigos contra
ustedes al cielo y a la tierra, que desaparecerán muy pronto del país que van
a poseer cuando crucen el Jordán. No vivirán allí mucho tiempo, porque serán
exterminados por completo: 27 el Señor los dispersará entre los pueblos y no
quedarán más que unos pocos, diseminados en medio de las naciones adonde él
los conduzca. 28 Allí ustedes servirán a dioses hechos por la mano del
hombre, dioses de madera y de piedra, que no ven ni oyen, no comen ni
sienten. 29 Entonces buscarás al Señor, tu Dios, y lo
encontrarás, si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. 30 Y cuando
estés angustiado, porque te habrán sucedido todas estas cosas –al cabo de los
años– volverás al Señor, tu Dios, y lo escucharás. 31 Porque el Señor, tu
Dios, es un Dios misericordioso, que no te abandonará, ni te destruirá, ni se
olvidará de la alianza que estableció con tus padres mediante un juramento. La predilección de Dios por su Pueblo 32 Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te
han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un
extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una
cosa semejante. 33 ¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego,
como la oíste tú, y pudo sobrevivir? 34 ¿O qué dios intentó venir a tomar
para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios,
combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas,
como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos
ojos? Las ciudades de refugio 41 Moisés destinó tres ciudades situadas al este del
Jordán, 42 para que en ellas se refugiara el homicida que hubiera matado a
alguien involuntariamente, sin haberlo odiado antes: buscando asilo en una de
esas ciudades, salvaría su vida. 43 Estas ciudades eran: para los rubenitas,
Béser, que estaba situada en el desierto, en el altiplano; para los gaditas,
Ramot de Galaad; y para los manasitas, Golán de Basán. SEGUNDO
DISCURSO DE MOISÉS Este segundo discurso
introduce más directamente la promulgación de la legislación deuteronómica.
Una vez más, la atención se orienta hacia los hechos del pasado: la promesa
del Señor a los Patriarcas, la salida de Egipto, el don de El Deuteronomio enseña
un amor expresado en obras, que abarca todos los sectores de la vida humana.
Aunque Proemio histórico del discurso 44 Esta es La promulgación del Decálogo 5 1 Moisés
convocó a todo Israel y les dijo: Escucha, Israel, los preceptos y las leyes
que yo promulgo hoy en presencia de todos ustedes. Apréndanlos para ponerlos
en práctica cuidadosamente. 2 El Señor, nuestro Dios, hizo una alianza con
nosotros en el Horeb. 3 No la hizo con nuestros padres, sino con nosotros,
los que hoy estamos aquí, todos con vida. 4 En la montaña les habló cara a
cara, desde el fuego, 5 mientras yo hacía de intermediario entre el Señor y ustedes
para anunciarles su palabra, porque ustedes, atemorizados por el fuego, no
habían subido a la montaña. El Señor dijo: 6 Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de
Egipto, de un lugar de esclavitud. 7 No tendrás otros dioses delante de mí. 8 No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. 9 No te postrarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; 10 y ten |