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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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DEUTERONOMIO es una palabra de origen griego, que
significa "segunda ley". Tal designación expresa sólo en parte el
contenido del quinto libro del Pentateuco, ya que este, más que un código de
leyes en sentido estricto, es una larga y vibrante exhortación destinada a
"recordar" a Israel el sentido y las exigencias de El Deuteronomio está estructurado como una serie de
discursos dirigidos por Moisés a los israelitas antes de su entrada en
Canaán. Esta forma literaria se explica por las circunstancias que dieron
origen a la composición del Libro. Desde tiempos muy antiguos, los sacerdotes
levíticos prolongaron la actividad de Moisés, proclamando solemnemente en las
celebraciones litúrgicas La composición del Deuteronomio atravesó por
diversas etapas. Su redacción primitiva puede situarse en el siglo VIII a.C.,
en los ambientes levíticos del reino del Norte. Después de la destrucción de
Samaría, estos grupos se refugiaron en Judá y el Libro quedó depositado en
los archivos del Templo de Jerusalén. En el año Entre todos los escritos del Antiguo Testamento, el
Deuteronomio se destaca por su estilo peculiar. Su lenguaje es solemne, pero
al mismo tiempo directo, cálido y preocupado por suscitar una incondicional
fidelidad al Señor. Es un estilo que quiere hablar sobre todo al corazón. La
repetición incansable de ciertas palabras y giros confiere a toda la obra una
notable fuerza persuasiva. El paso frecuente del "tú" al
"ustedes" es otra característica del estilo deuteronómico. Esta alternancia
es un procedimiento oratorio para interpelar a los oyentes: el "tú"
apunta menos a los individuos en particular que a la conciencia de la
comunidad, en la que cada uno debe verse representado y medir su propia
responsabilidad. El Deuteronomio traza para Israel un programa de
vida, inspirado en la predicación de los Profetas, en los escritos
sapienciales y en las tradiciones históricas del Pentateuco, desde los
tiempos patriarcales hasta la entrada en PRIMER
DISCURSO DE MOISÉS El Deuteronomio se
presenta como el testamento espiritual de Moisés. Poco antes de su muerte, él
reúne por última vez al pueblo y pronuncia sus palabras de despedida. En su
primer discurso, Moisés evoca la experiencia común vivida en el desierto.
Esta experiencia está llena de enseñanzas. En los acontecimientos de su
propia historia, Israel debe ver el signo más elocuente del amor del Señor,
que lo eligió gratuitamente. Y también debe reconocer el poder de su Dios,
que lo liberó de todos los peligros. Así, antes de proclamar la voluntad
divina expresada en En esta evocación
histórica, se destaca la suerte corrida por la primera generación de
israelitas en el desierto. Por su pecado de incredulidad, ellos fueron
condenados a morir sin entrar en Ubicación geográfica del discurso 1 1 Estas
son las palabras que Moisés dirigió a todo Israel, al otro lado del Jordán,
en el desierto, en 4 Después de haber derrotado a Sijón, rey de los
amorreos que residía en Jesbón, y a Og, rey de Basán, que residía en Astarot
y Edrei, 5 al otro lado del Jordán, en territorio de Moab, Moisés comenzó a
exponer esta Ley, diciendo: Mirada histórica retrospectiva:la partida del Horeb 6 El Señor, nuestro Dios, nos habló en el Horeb en
estos términos: "Ya han estado bastante tiempo en esta montaña. 7 Den
vuelta y pónganse en camino, para ir a la montaña de los amorreos y a todas
las regiones vecinas: La institución de los jueces 9 En aquel tiempo, yo les dije: "Yo solo no
puedo hacerme cargo de todos ustedes. 10 El Señor, su Dios, los ha
multiplicado de tal manera, que hoy ustedes son numerosos como las estrellas
del cielo. 11 ¡Que el Señor, el Dios de sus padres, los haga aún mil veces
más numerosos y los bendiga, como lo ha prometido! 12¿Cómo podré, entonces,
cargar yo solo con el peso de todos ustedes y ocuparme también de sus
litigios? 13 Designen para cada una de sus tribus a hombres sabios, prudentes
y experimentados, y yo los pondré al frente de ustedes". 14 Ustedes me respondieron: "Tu propuesta nos
parece buena". 15 Entonces tomé de entre los jefes de las tribus a unos
hombres sabios y experimentados y los puse al frente de ustedes como jefes de
mil, de cien, de cincuenta y de diez hombres, y como escribas para las
tribus. 16 Al mismo tiempo, di esta orden a los jueces: "Escuchen a sus
hermanos y hagan justicia, cuando tengan un pleito entre ellos o con un extranjero.
17 No sean parciales en los juicios: escuchen a los humildes lo mismo que a
los poderosos. No se dejen intimidar por nadie, porque el juicio pertenece a
Dios. Y cuando se les presente un caso demasiado difícil, diríjanse a mí,
para que yo lo resuelva". 18 Así les indiqué aquella vez todo lo que
ustedes debían hacer. La llegada a Cades Barné 19 Después partimos del Horeb, y comenzamos a
recorrer el desierto inmenso y temible que ustedes han visto. Íbamos hacia la
montaña de los amorreos, como el Señor, nuestro Dios, nos lo había ordenado,
y llegamos a Cades Barné. La exploración de Canaán 20 Entonces yo les dije: "Ya han llegado a la
montaña de los amorreos, que nos da el Señor, nuestro Dios. 21 El Señor, tu
Dios, pone este país delante de ustedes: sube a tomar posesión de él, según
te lo ha dicho el Señor, el Dios de tus padres. No temas ni te
acobardes". 22 Pero ustedes se acercaron a mí para decirme:
"Enviemos delante de nosotros algunos hombres para que exploren la
región y nos informen sobre el camino que debemos tomar y sobre las ciudades
a las que debemos entrar". 23 La idea me pareció buena, y yo designé a doce de
ustedes, uno por cada tribu. 24 Ellos se dirigieron hacia la región montañosa
y llegaron al valle de Escol. Después de haber inspeccionado la montaña, 25
regresaron trayendo en sus manos frutos de esa región, y nos presentaron este
informe: "La tierra que nos da el Señor, nuestro Dios, es
excelente". El temor y la protesta de los israelitas 26 Pero ustedes se negaron a subir y se rebelaron
contra la orden del Señor, su Dios. 27 Se pusieron a murmurar en sus carpas,
diciendo: "El Señor nos aborrece; por eso nos hizo salir de Egipto para
entregarnos a los amorreos y destruirnos. 28 ¿Adónde iremos? Nuestros
hermanos nos dejaron sin aliento, cuando nos dijeron: ‘Son gente más grande y
más alta que nosotros; las ciudades son enormes y están provistas de murallas
que se elevan hasta el cielo. Allí vimos también a los anaquitas’". La exhortación de Moisésa confiar en el Señor 29 Entonces yo les dije: "No se acobarden ni
les tengan miedo. 30 El Señor, su Dios, que va delante de ustedes, combatirá
por ustedes, como lo hizo en Egipto ante sus propios ojos, 31 y también en el
desierto, donde tú viste que el Señor, tu Dios, te conducía como un padre
conduce a su hijo, a lo largo de todo el camino que recorriste hasta llegar a
este lugar". 32 Y a pesar de todo, ustedes no tuvieron confianza en el
Señor, su Dios, 33 que los precedía durante la marcha para buscarles un lugar
donde acampar: de noche en el fuego, mostrándoles el camino que debían
seguir, y de día en la nube. La indignación del Señory el castigo del pueblo 34 Al oír lo que ustedes decían, el Señor se irritó
y pronunció este juramento: 35 "Ni uno solo de los hombres de esta generación
perversa verá la hermosa tierra que yo juré dar a sus padres. 36 El único que
podrá verla es Caleb, el hijo de Iefuné. A él y a sus hijos les daré la
tierra que sus pies han pisado, porque él ha sido siempre fiel al
Señor". 37 Y por culpa de ustedes, el Señor se indignó
también contra mí, y me dijo: "Tampoco tú entrarás. 38 El que entrará es
Josué, tu ayudante. Infúndele valor, porque él deberá poner a Israel en
posesión de la tierra. 39 Y también entrarán los niños –esos que según
ustedes iban a ser presa del enemigo– los hijos de ustedes, que aún no saben
distinguir lo bueno de lo malo; a ellos les daré la tierra y ellos la
poseerán. 40 En cuanto a ustedes, den vuelta y avancen hacia el desierto, en
dirección al Mar Rojo". 41 Ustedes me dijeron: "Hemos pecado contra el
Señor. Pero ahora estamos dispuestos a subir y a combatir como el Señor,
nuestro Dios, nos ha ordenado". Cada uno de ustedes se equipó con sus
armas, creyendo que era fácil subir a la montaña. 42 Pero el Señor me dijo: "Ordénales
que no suban a combatir, porque yo no estoy más en medio de ellos. Si lo
hacen, serán derrotados por sus enemigos". 43 Yo les transmití la advertencia, pero ustedes no
me escucharon y, rebelándose contra la palabra del Señor, tuvieron la osadía
de escalar la montaña. 44Entonces los amorreos que habitan en esa montaña les
salieron al encuentro, los persiguieron como abejas, y los derrotaron en la
región de Seír hasta llegar a Jormá. 45 Cuando ustedes regresaron, se
pusieron a llorar delante del Señor, pero él no los escuchó ni les hizo caso.
46 Y así tuvieron que permanecer en Cades durante tanto tiempo. El paso por Edóm y Moab 2 1
Después dimos vuelta y nos pusimos en camino hacia el desierto, en dirección
al Mar Rojo, como me lo había dicho el Señor. Durante muchos días estuvimos
dando vueltas alrededor del macizo de Seír, 2 hasta que por fin el Señor me
dijo: 3 "Basta ya de dar vueltas alrededor de esta montaña. Ahora
diríjanse hacia el norte. 4 Comunica esta orden al pueblo: Ustedes van a
pasar por la región de Seír, donde viven sus hermanos, los descendientes de
Esaú, los cuales desconfían de ustedes. Pero atiendan bien: 5 no los
provoquen, porque yo no les daré nada de su territorio, ni siquiera el
espacio que ocupa la huella de una pisada, ya que el macizo de Seír se lo he
dado en posesión a Esaú. 6 Cómprenles con dinero el alimento que necesitan
para comer, y páguenles también el agua que beban. 7 Porque el Señor, tu
Dios, te ha bendecido en todas tus empresas, y te ha protegido mientras
caminabas por este gran desierto. Ya hace cuarenta años que el Señor, tu
Dios, está contigo y nunca te faltó nada". 8 Por la ruta de –10 Antiguamente habían estado allí los emíes, un
pueblo fuerte, numeroso y de elevada estatura como los anaquitas. 11Tanto
ellos como los anaquitas eran tenidos por gigantes, pero los moabitas los
llaman emíes. 12 En Seír, en cambio, primero estuvieron los hurritas; pero
los descendientes de Esaú los desposeyeron y los exterminaron, instalándose
en lugar de ellos, como lo hizo Israel con la tierra que el Señor le dio en
posesión–. 13 "Y ahora, ordenó el Señor, reanuden la
marcha y crucen el torrente Zéred". La llegada a Entonces pasamos el torrente Zéred. 14 Desde que
salimos de Cades Barné hasta que cruzamos el torrente Zéred, transcurrieron
treinta y ocho años: el tiempo suficiente para que muriera toda aquella
generación de guerreros, como el Señor se lo había jurado. 15 Porque el Señor
puso su mano sobre ellos, hasta hacerlos desaparecer por completo del
campamento. 16 Cuando ya no quedó en medio del pueblo ninguno de
aquellos guerreros –porque todos habían muerto– 17 el Señor me habló en estos
términos: 18 "Ahora vas a pasar por Ar, que está en las fronteras de
Moab, 19 y luego te vas a enfrentar con los amonitas. No los ataques ni los
provoques, porque yo no te daré en posesión ninguna fracción de su
territorio, ya que se lo he dado en posesión a los descendientes de
Lot". –20 También este era considerado un país de
gigantes. En efecto, allí habitaron antiguamente los gigantes que los
amonitas llaman zamzumíes. 21 Eran un pueblo fuerte, numeroso y de elevada
estatura como los anaquitas; pero el Señor los destruyó por medio de los
amonitas, que los desposeyeron y se establecieron en lugar de ellos. 22 Lo
mismo había hecho con los descendientes de Esaú, que habitan en Seír, cuando
por medio de ellos destruyó a los hurritas; de esta manera, aquellos
desposeyeron a los hurritas y se establecieron en su lugar hasta el día de
hoy. 23 En cuanto a los avitas, que habitaban en los poblados hasta Gaza,
fueron exterminados por los caftoritas, provenientes de Caftor, los cuales se
establecieron en lugar de ellos–. 24 Luego el Señor añadió: "Reanuden la marcha y
crucen el torrente Arnón. Yo te entrego a Sijón, rey de Jesbón, el amorreo,
con todo su país. Prepárate para iniciar la conquista y provócalo a la
guerra. La conquista del reino de Sijón 26 Desde el desierto de Quedemot envié mensajeros a
Sijón, rey de Jesbón, con la siguiente propuesta de paz: 27"Déjame pasar
por tu país. Iré por el camino, sin desviarme ni a la derecha ni a la
izquierda. 28 Véndeme las provisiones necesarias para comer, y dame también,
a cambio de dinero, agua para beber. Te pido solamente que me dejes pasar, 29
como ya me han dejado los descendientes de Esaú, que viven en Seír, y los
moabitas de Ar. Así podré cruzar el Jordán y llegar a la tierra que nos da el
Señor, nuestro Dios". 30 Pero Sijón, rey de Jesbón, se negó a dejarnos
pasar por su territorio, porque el Señor, tu Dios, había ofuscado su espíritu
y endurecido su corazón, a fin de ponerlo en tus manos, como lo está todavía
hoy. 31 Entonces el Señor me dijo: "He decidido entregarte a Sijón con
todo su país. Empieza la conquista apoderándote de su territorio". 32
Sijón nos salió al paso con todas sus tropas, dispuesto a librarnos batalla
en Iasá. 33 Pero el Señor lo puso en nuestras manos y lo derrotamos, a él con
sus hijos y todas sus tropas. 34 Nos apoderamos de todas sus ciudades y las
consagramos al exterminio, sacrificando a hombres, mujeres y niños, sin dejar
ningún sobreviviente. 35 Nos reservamos como botín solamente el ganado y los
despojos de las ciudades conquistadas. 36 Desde Aroer, en la ribera del Arnón
–incluyendo la ciudad que está en el valle– hasta Galaad, no hubo para
nosotros ninguna ciudad inexpugnable: el Señor, nuestro Dios, nos entregó
todo. 37 Pero no te acercaste al país de los amonitas: toda la ribera del
torrente laboc, las ciudades de la montaña y todos los lugares que el Señor,
nuestro Dios, te había prohibido. La conquista del reino de Og 3 1
Después dimos vuelta y subimos en dirección a Basán. Entonces Og, rey de
Basán, nos salió al paso con todo su ejército, dispuesto a presentarnos
batalla en Edrei. 2 Pero el Señor me advirtió: "No le tengas miedo,
porque yo lo pondré en tus manos con todo su ejército y sus dominios. Trátalo
de la misma manera que trataste a Sijón, el rey de los amorreos que habitaba
en Jesbón". 3 Efectivamente, el Señor, nuestro Dios, puso también
en nuestras manos a Og, rey de Basán, con todo su ejército, y lo derrotamos
hasta tal punto que no le quedó ni un solo sobreviviente. 4Aquella vez nos
apoderamos de todas sus ciudades. Las conquistamos todas, sin exceptuar
ninguna: las sesenta ciudades del distrito de Argob, que pertenecía al reino
de Og, en Basán. 5 Todas ellas eran ciudades defendidas por altas murallas,
puertas y cerrojos, sin contar las ciudades de los perizitas, que también
eran muy numerosas. 6 Y las consagramos al exterminio, como habíamos hecho
con Sijón, rey de Jesbón, matando en cada ciudad a hombres, mujeres y niños.
7 Pero nos reservamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades. 8 Así conquistamos, en aquella ocasión, el
territorio de los dos reyes amorreos de La distribución de 12 Una vez que tomamos posesión del país, yo
entregué a las tribus de Rubén y de Gad el territorio que se extiende desde
Aroer, en el valle del Arnón, hasta la mitad de las montañas de Galaad, con sus
ciudades. 13 Y cedí a media tribu de Manasés el resto de Galaad y todo Basán
–el reino de Og– incluyendo el distrito de Argob. Ahora bien, todo Basán es
lo que hoy se llama Tierra de Gigantes. 14 Pero Jaír, hijo de Manasés, se
apoderó del distrito de Argob, hasta la frontera de Gesur y de Maacá, y puso
su nombre a esa parte de Basán, que hasta hoy se sigue llamando Jaír. Instrucciones de Moisésa las tribus de 18 En aquel tiempo, yo les di esta orden: "El
Señor, su Dios, los ha puesto en posesión de esta tierra. Ustedes, los
guerreros, tomen sus armas y avancen al frente de sus hermanos, los
israelitas. 19 Solamente sus mujeres, con los niños y el ganado –yo sé que
ustedes tienen mucho ganado– se quedarán en las ciudades que les di, 20 hasta
que el Señor, su Dios, conceda el descanso a sus hermanos, como lo hizo con
ustedes, y también ellos tomen posesión de la tierra que el Señor les dará al
otro lado del Jordán. Luego cada uno podrá volver a la herencia que les he
asignado". 21 Entonces hice esta advertencia a Josué: "Tú
has visto con tus propios ojos todo lo que hizo el Señor, nuestro Dios, con
estos dos reyes. De la misma manera tratará el Señor a todos los reinos por
donde vas a pasar. 22 No les teman, porque el que combate por ustedes es el
Señor, tu Dios". Moisés excluido de 23 Y en esa ocasión, yo dirigí al Señor esta
súplica: 24 "Señor, tú que has comenzado a mostrar a tu servidor tu
grandeza y tu mano poderosa, porque no hay ningún dios en el cielo o en la
tierra capaz de realizar las obras y los portentos que tú realizas: 25 déjame
ir a ver la hermosa tierra que está del otro lado del Jordán, esa hermosa
montaña, y el Líbano". 26 Pero por culpa de ustedes, el Señor se irritó
contra mí y no me escuchó, sino que me dijo: "¡Basta! no vuelvas a
hablarme de ese asunto. 27 Sube a la cima del Pisgá y extiende tu mirada
hacia el oeste y el norte, hacia el sur y el este, y contempla esa tierra,
porque tú no cruzarás el Jordán. 28 Da a Josué las debidas instrucciones,
infúndele valor y anímalo, porque él lo cruzará al frente de este pueblo y lo
pondrá en posesión de la tierra que ahora vas a ver." 29 Y nos quedamos en el valle que está junto a Bet
Peor. Exhortación de Moisés: 4 1 Y
ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que
las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la
tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. 2 No añadan ni quiten nada
de lo que yo les ordeno. Observen los mandamientos del Señor, su Dios, tal
como yo se los prescribo. 3 Ya han visto con sus propios ojos lo que hizo el
Señor en Baal Peor: él aniquiló a todos los que siguieron al Baal de Peor. 4
Ustedes, en cambio, los que permanecieron fieles al Señor, su Dios, viven
todavía. 5 Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me
ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la
tierra de la que van a tomar posesión. 6 Obsérvenlos y pónganlos en práctica,
porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír
todas estas leyes, dirán: "¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta
gran nación!". 7 ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus
dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros
siempre que lo invocamos? 8¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres
tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? La revelación de Diosen el monte Horeb 9 Pero presta atención y ten cuidado, para no
olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten
de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos. 10El
día en que estabas delante del Señor, tu Dios, en el Horeb, él me dijo:
"Reúneme al pueblo y yo les haré oír mis palabras, para que aprendan a
temerme mientras vivan sobre la tierra, y enseñen a sus hijos a hacer otro
tanto". 11Ustedes se acercaron y permanecieron al pie de la montaña,
mientras la montaña ardía envuelta en un fuego que se elevaba hasta lo más
alto del cielo, entre negros nubarrones y una densa oscuridad. 12 El Señor
les habló desde el fuego, y ustedes escuchaban el sonido de sus palabras,
pero no percibían ninguna figura: sólo se oía la voz. 13 Así les reveló su
alianza y les mandó que la cumplieran: las diez Palabras que él mismo
escribió en dos tablas de piedra. 14 En aquella oportunidad, él me ordenó que
les diera preceptos y leyes para que ustedes los pusieran en práctica en la
tierra de la que van a tomar posesión. Advertencia contra la idolatría 15 Tengan cuidado de ustedes mismos. Cuando el Señor
les habló desde el fuego, en el Horeb, ustedes no vieron ninguna figura. 16
No vayan a pervertirse, entonces, haciéndose ídolos de cualquier clase, que
tengan figura de hombre o de mujer, 17 de animales que viven en la tierra o
de aves que vuelan por el espacio, 18 de reptiles que se arrastran por el
suelo, o de peces que viven en las aguas, debajo de la tierra. 19 Y cuando
levantes los ojos hacia el cielo y veas el sol, la luna, las estrellas y todo
el Ejército de los cielos, no te dejes seducir ni te postres para rendirles
culto. Porque ellos son la parte que el Señor, tu Dios, ha dado a todos los
pueblos que están bajo el cielo. 21 Pero por culpa de ustedes, el Señor se indignó
contra mí y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la hermosa tierra
que él te da como herencia. 22 Sí, yo moriré en este país antes de pasar el
Jordán, pero ustedes lo van a cruzar y van a tomar posesión de esa hermosa
tierra. 23 Tengan cuidado, entonces, de no olvidar la alianza que el Señor,
su Dios, ha establecido con ustedes, y no se fabriquen ningún ídolo que tenga
la figura de todo aquello que el Señor les prohibe. 24 Porque el Señor, tu
Dios, es un fuego devorador, un Dios celoso. Perspectivas de castigoy conversión del pueblo 25 Y si después de haber tenido hijos y nietos y de
haber vivido largo tiempo en el país, ustedes se pervierten y se hacen ídolos
de cualquier clase, si cometen lo que es malo a los ojos del Señor, su Dios,
y provocan su indignación, 26yo les juro hoy, poniendo por testigos contra
ustedes al cielo y a la tierra, que desaparecerán muy pronto del país que van
a poseer cuando crucen el Jordán. No vivirán allí mucho tiempo, porque serán
exterminados por completo: 27 el Señor los dispersará entre los pueblos y no
quedarán más que unos pocos, diseminados en medio de las naciones adonde él
los conduzca. 28 Allí ustedes servirán a dioses hechos por la mano del
hombre, dioses de madera y de piedra, que no ven ni oyen, no comen ni
sienten. 29 Entonces buscarás al Señor, tu Dios, y lo
encontrarás, si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. 30 Y cuando
estés angustiado, porque te habrán sucedido todas estas cosas –al cabo de los
años– volverás al Señor, tu Dios, y lo escucharás. 31 Porque el Señor, tu
Dios, es un Dios misericordioso, que no te abandonará, ni te destruirá, ni se
olvidará de la alianza que estableció con tus padres mediante un juramento. La predilección de Dios por su Pueblo 32 Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te
han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un
extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una
cosa semejante. 33 ¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego,
como la oíste tú, y pudo sobrevivir? 34 ¿O qué dios intentó venir a tomar
para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios,
combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas,
como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos
ojos? Las ciudades de refugio 41 Moisés destinó tres ciudades situadas al este del
Jordán, 42 para que en ellas se refugiara el homicida que hubiera matado a
alguien involuntariamente, sin haberlo odiado antes: buscando asilo en una de
esas ciudades, salvaría su vida. 43 Estas ciudades eran: para los rubenitas,
Béser, que estaba situada en el desierto, en el altiplano; para los gaditas,
Ramot de Galaad; y para los manasitas, Golán de Basán. SEGUNDO
DISCURSO DE MOISÉS Este segundo discurso
introduce más directamente la promulgación de la legislación deuteronómica.
Una vez más, la atención se orienta hacia los hechos del pasado: la promesa
del Señor a los Patriarcas, la salida de Egipto, el don de El Deuteronomio enseña
un amor expresado en obras, que abarca todos los sectores de la vida humana.
Aunque Proemio histórico del discurso 44 Esta es La promulgación del Decálogo 5 1 Moisés
convocó a todo Israel y les dijo: Escucha, Israel, los preceptos y las leyes
que yo promulgo hoy en presencia de todos ustedes. Apréndanlos para ponerlos
en práctica cuidadosamente. 2 El Señor, nuestro Dios, hizo una alianza con
nosotros en el Horeb. 3 No la hizo con nuestros padres, sino con nosotros,
los que hoy estamos aquí, todos con vida. 4 En la montaña les habló cara a
cara, desde el fuego, 5 mientras yo hacía de intermediario entre el Señor y ustedes
para anunciarles su palabra, porque ustedes, atemorizados por el fuego, no
habían subido a la montaña. El Señor dijo: 6 Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de
Egipto, de un lugar de esclavitud. 7 No tendrás otros dioses delante de mí. 8 No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de
lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra,
en las aguas. 9 No te postrarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo
soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en
los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; 10 y
tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis
mandamientos. 11 No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu
Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano. 12 Observa el día sábado para santificarlo, como el
Señor, tu Dios, te lo ha ordenado. 13 Durante seis días trabajarás y
realizarás todas tus tareas, 14 pero el séptimo día es día de descanso en
honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo ni tú, ni tu hijo, ni
tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún otro
de tus animales, ni tampoco el extranjero que reside en tus ciudades. Así
podrán descansar tu esclavo y tu esclava, como lo haces tú. 15 Recuerda que
fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor te hizo salir de allí con el poder
de su mano y la fuerza de su brazo. Por eso el Señor, tu Dios, te manda
celebrar el día sábado. 16 Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor, tu
Dios, te lo ha mandado, para que tengas una larga vida y seas feliz en la
tierra que el Señor, tu Dios, te da. 17 No matarás. 18 No cometerás adulterio. 19 No robarás. 20 No darás falso testimonio contra tu prójimo. 21 No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás
su casa, su campo, su esclavo, su esclava, su buey, su asno, ni ninguna otra
cosa que le pertenezca. 22 Estas son las palabras que el Señor les dirigió
en la montaña, cuando todos ustedes estaban reunidos. Él les habló con voz potente,
desde el fuego, la nube y una densa oscuridad. No añadió nada más, sino que
escribió esas palabras en las dos tablas de piedra que me entregó. Moisés, mediador entre Dios y el pueblo 23 Cuando oyeron la voz que salía de las tinieblas,
mientras la montaña ardía envuelta en llamas, todos ustedes, jefes de tribu y
ancianos, se acercaron a mí 24 y me dijeron: "El Señor, nuestro Dios,
nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz, que salía desde
el fuego. Hoy hemos visto que Dios puede hablar con los hombres sin que por
eso mueran. 25 Pero ahora, ¿por qué tendremos que morir, consumidos por este
gran fuego? Si seguimos escuchando la voz del Señor, nuestro Dios,
seguramente moriremos. 26 ¿Hay acaso algún hombre que pudo sobrevivir después
de haber oído la voz del Dios viviente que le hablaba desde el fuego, como la
hemos oído nosotros? 27 Por eso, acércate y escucha lo que dice el Señor,
nuestro Dios, y luego repítenos todo lo que él te diga. Nosotros lo
escucharemos y lo pondremos en práctica". 28 Cuando el Señor oyó las palabras que ustedes me
dirigieron, me advirtió: "He oído las palabras que te dijo este pueblo.
Todo lo que han dicho está muy bien. 29 ¡Ojalá que siempre estén dispuestos
como ahora a temerme y a cumplir mis mandamientos! Así ellos y sus hijos
serán siempre felices. 30 Ahora ve a decirles que regresen a sus carpas. 31
Tú, en cambio, quédate aquí junto a mí, y yo te indicaré los mandamientos,
los preceptos y las leyes que deberás enseñarles, a fin de que los pongan en
práctica en la tierra que les daré en posesión". Exhortación a cumplir los mandamientos 32 Pongan cuidado en practicar lo que el Señor, su
Dios, les ha ordenado, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. 33
Vayan por el camino que el Señor, su Dios, les ha trazado, para gozar de una
larga vida en la tierra de la que van a tomar posesión. El más importantede los mandamientos 6 1 Este
es el mandamiento, y estos son los preceptos y las leyes que el Señor, su
Dios, ordenó que les enseñara a practicar en el país del que van a tomar
posesión, 4 Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el
único Señor. 5 Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma y con todas tus fuerzas. 6Graba en tu corazón estas palabras que yo te
dicto hoy. 7 Incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu
casa y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. 8 Átalas a tu
mano como un signo, y que estén como una marca sobre tu frente. 9 Escríbelas
en las puertas de tu casa y en sus postes. 10 Cuando el Señor, tu Dios te introduzca en la
tierra que él te dará, porque así lo juró a tus padres, a Abraham, a Isaac y
a Jacob –en ciudades grandes y prósperas que tú no levantaste; 11 en casas
colmadas de toda clase de bienes, que tú no acumulaste; en pozos que tú no
cavaste; en viñedos y olivares que tú no plantaste– y cuando comas hasta
saciarte, 12 ten cuidado de no olvidar al Señor que te hizo salir de Egipto,
de un lugar de esclavitud. 13 Teme al Señor, tu Dios, sírvelo y jura por su
Nombre. Exhortación a la fidelidad 14 No vayan detrás de otros dioses, de los dioses de
los pueblos que están alrededor de ustedes. 15 Porque el Señor, tu Dios, que
está en medio de ti, es un Dios celoso, y si su enojo se enciende contra ti,
te exterminará de la tierra. 16No provoquen al Señor, su Dios, como lo
hicieron en Masá. 17 Observen cuidadosamente los mandamientos del Señor, su
Dios, y las instrucciones y los preceptos que él te dio. 18 Practica lo que
es recto y bueno a los ojos del Señor, para ser feliz e ir a tomar posesión
de la hermosa tierra que él prometió con un juramento a tus padres. 19 Porque
el Señor expulsará a todos los enemigos que encuentres a tu paso, como te lo
ha anunciado. 20 Y cuando tu hijo te pregunte el día de mañana:
"¿Qué significan esas normas, esos preceptos y esas leyes que el Señor
nos ha impuesto?", 21 tu deberás responderle: "Nosotros fuimos
esclavos del Faraón en Egipto, pero el Señor nos hizo salir de allí con mano
poderosa. 22Él realizó, ante nuestros mismos ojos, grandes signos y tremendos
prodigios contra Egipto, contra el Faraón y contra toda su casa. 23 Él nos
hizo salir de allí y nos condujo para darnos la tierra que había prometido a
nuestros padres con un juramento. 24 El Señor nos ordenó practicar todos
estos preceptos y temerlo a él, para que siempre fuéramos felices y para
conservarnos la vida, como ahora sucede. 25 Y esta será nuestra justicia:
observar y poner en práctica todos estos mandamientos delante del Señor,
nuestro Dios, como él nos lo ordenó". Israel, pueblo elegido 7 1 Cuando
el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra de la que vas a tomar posesión,
él expulsará a siete naciones más numerosas y fuertes que tú: a los hititas,
los guirgasitas, los amorreos, los cananeos, los perizitas, los jivitas y los
jebuseos. 2 El Señor, tu Dios, los pondrá en tus manos, y tú los derrotarás.
Entonces los consagrarás al exterminio total: no hagas con ellos ningún
pacto, ni les tengas compasión. 3No establezcas vínculos de parentesco con
ellos, permitiendo que tu hija se case con uno de sus hijos, o tomando una
hija suya por esposa de tu hijo. 4 De lo contrario, ella apartará de mí a tu
hijo y lo hará servir a otros dioses. Entonces el Señor se irritará contra
ustedes y en seguida los exterminará. 5 Por eso, trátenlos de este modo:
derriben sus altares, destruyan sus piedras conmemorativas, talen sus postes
sagrados y prendan fuego a sus ídolos. 6 Porque tú eres un pueblo consagrado
al Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras su pueblo y su propiedad
exclusiva entre todos los pueblos de la tierra. La gratuidad de la elección 7 El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no
porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el
más insignificante de todos. 8 Pero por el amor que les tiene, y para cumplir
el juramento que hizo a tus padres, el Señor los hizo salir de Egipto con
mano poderosa, y los libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de
Egipto. 9Reconoce, entonces, que el Señor, tu Dios, es el verdadero Dios, el
Dios fiel, que a lo largo de mil generaciones, mantiene su alianza y su
fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos; 10 pero que
no tarda en dar su merecido a aquel que lo aborrece, a él mismo en persona,
haciéndolo desaparecer. La bendición prometidaa la fidelidad 11 Por eso, observa los mandamientos, los preceptos
y las leyes que hoy te ordeno poner en práctica. 12 Porque si escuchas estas
leyes, las observas y las practicas, el Señor, tu Dios, mantendrá en tu favor
la alianza y la fidelidad que juró a tus padres. 13 Él te amará, te bendecirá
y te multiplicará. Bendecirá el fruto de tu seno, el fruto de tu suelo –tu
trigo, tu vino y tu aceite– y las crías de tus ganados y rebaños, en la
tierra que él te dará, porque así lo juró a tus padres. 14Serás más bendecido
que todos los demás pueblos. Nadie será estéril entre ustedes, ni los
hombres, ni las mujeres, ni los animales. 15 El Señor apartará de ti toda
enfermedad, y no te infligirá ninguna de esas plagas malignas que envió sobre
Egipto, y que tú ya conoces. Las tendrá reservadas, en cambio, para aquellos
que te odian. 16 Destruye entonces a todos esos pueblos que el Señor, tu
Dios, pone en tus manos. No les tengas compasión ni sirvas a sus dioses,
porque eso sería para ti una trampa. Exhortación a confiar en el poder de Dios 17 Y si alguna vez te preguntas: "¿Cómo voy a
desposeer a esas naciones, si son más numerosas que yo?", 18 no les
tengas miedo. Recuerda cómo trató el Señor, tu Dios, al Faraón y a todo
Egipto: 19 los grandes portentos que has visto con tus propios ojos y los
signos que él realizó, cuando con mano poderosa y brazo fuerte te hizo salir
de Egipto. Así tratará el Señor, tu Dios, a todos los pueblos que temes
enfrentar. 20 Más aún, él hará cundir el pánico en medio de ellos, hasta que
todos queden exterminados, incluso los sobrevivientes y los que intenten
permanecer ocultos. 21 No tiembles delante de ellos, porque en medio de
ti está el Señor, tu Dios, el Dios grande y temible, 22 que irá eliminando
poco a poco a las naciones que encuentres a tu paso. No podrás exterminarlas
de un solo golpe, porque de lo contrario, los animales salvajes se
multiplicarían en perjuicio tuyo. 23 Pero el Señor, tu Dios, te las
entregará, y sembrará entre ellas una gran confusión, hasta destruirlas. 24
Él pondrá a sus reyes en tus manos, y tu harás desaparecer sus nombres de la
tierra. Ninguno te podrá resistir, hasta que los extermines por completo. Advertencia contra la idolatría 25 Ustedes, por su parte, prendan fuego a las
estatuas de sus dioses. Y no codicies la plata y el oro de que están
recubiertas, ni te quedes con ellos, para no caer en una trampa. Porque eso
es una abominación para el Señor, tu Dios. 26 No introduzcas en tu casa nada
abominable, porque también tú te harías digno de ser consagrado al
exterminio. Detesta todo eso y considéralo abominable, porque está consagrado
al exterminio. La protección divina en el desierto 8 1 Pongan
cuidado en practicar íntegramente el mandamiento que hoy les doy. Así ustedes
vivirán, se multiplicarán y entrarán a tomar posesión de la tierra que el
Señor prometió a sus padres con un juramento. 2 Acuérdate del largo camino
que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta
años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu
corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. 3 Te afligió y
te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni
tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan,
sino de todo lo que sale de la boca del Señor. 4 La ropa que llevabas puesta
no se gastó, ni tampoco se hincharon tus pies durante esos cuarenta años. 5 Reconoce que el Señor, tu Dios, te corrige como un
padre a sus hijos. 6 Observa los mandamientos del Señor, tu Dios; sigue sus
caminos y témelo. Las tentaciones de los israelitasen 7 Sí, el Señor, tu Dios, te va a introducir en una
tierra fértil, un país de torrentes, de manantiales y de aguas profundas que
brotan del valle y de la montaña; 8 una tierra de trigo y cebada, de viñedos,
de higueras y granados, de olivares, de aceite y miel; 9 un país donde
comerás pan en abundancia y donde nada te faltará, donde las piedras son de
hierro y de cuyas montañas extraerás cobre. 10 Allí comerás hasta saciarte y
bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra fértil que él te dio. 11 Pero ten cuidado: no olvides al Señor, tu Dios,
ni dejes de observar sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, que yo te
prescribo hoy. 12 Y cuando comas hasta saciarte, cuando construyas casas
confortables y vivas en ellas, 13 cuando se multipliquen tus vacas y tus
ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todas tus
riquezas, 14 no te vuelvas arrogante, ni olvides al Señor, tu Dios, que te
hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, 15 y te condujo por ese
inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No
olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar
para ti agua de la roca, 16 y en el desierto te alimentó con el maná, un
alimento que no conocieron tus padres. Así te afligió y te puso a prueba,
para que tuvieras un futuro dichoso. 17 No pienses entonces: "Mi propia
fuerza y el poder de mi brazo me han alcanzado esta prosperidad". 18
Acuérdate del Señor, tu Dios, porque él te da la fuerza necesaria para que
alcances esa prosperidad, a fin de confirmar la alianza que juró a tus
padres, como de hecho hoy sucede. 19 Pero si llegas a olvidarte del Señor, tu
Dios, y vas detrás de otros dioses, si los sirves y te postras delante de
ellos, yo les aseguro solemnemente que ustedes perecerán. 20 Perecerán como
esas naciones que el Señor va destruyendo delante de ustedes, por no haber
escuchado la voz del Señor, su Dios. La victoria, obra del Señor 9 1
Escucha, Israel. Hoy vas a cruzar el Jordán, para desposeer a naciones más
numerosas y fuertes que tú, y a grandes ciudades defendidas por murallas que
se alzan hasta el cielo. 2 Son los anaquitas, un pueblo numeroso y de elevada
estatura. Tú ya los conoces y has oído decir de ellos: "¿Quién es capaz
de enfrentar a los anaquitas?". 3 Pero ten presente que desde hoy el
Señor irá delante de ti como un fuego devorador, y los destruirá. Él los
someterá a ti para que puedas desposeerlos y hacerlos desaparecer
rápidamente, como el Señor te lo ha prometido. 4 Y cuando el Señor, tu Dios, los arroje lejos de
ti, no digas en tu corazón: "A causa de mi justicia, el Señor me ha
puesto en posesión de esta tierra". Porque sólo por la perversidad de
esas naciones, el Señor, tu Dios, las despoja ante ti. 5 No son ni tu
justicia ni la rectitud de tu corazón las que te harán tomar posesión de esa
tierra. Todo lo contrario: es a causa de la maldad de esas naciones que el
Señor las despoja ante ti, para cumplir la promesa que él juró a tus padres,
a Abraham, a Isaac y a Jacob. 6 Reconoce, entonces, que el Señor no te da la
posesión de esa hermosa tierra a causa de tu justicia, porque tú eres un
pueblo obstinado. Recuerdo de las rebeldías pasadas 7 Acuérdate de esto, no lo olvides: has irritado en
el desierto al Señor, tu Dios. Desde el día en que salieron de Egipto hasta
que llegaron a este lugar, ustedes han sido rebeldes al Señor. 8 Ya en el
Horeb lo irritaron, y él se indignó tanto que estuvo a punto de destruirlos.
9 Eso sucedió cuando yo subí a la montaña para recibir las tablas de piedra,
las tablas de la alianza que el Señor hizo con ustedes. Yo estuve arriba, en
la montaña, cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber. 10 Entonces
el Señor me entregó las dos tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios,
donde estaban todas las palabras que él les dirigió en la montaña, desde el
fuego, el día de la asamblea. 11 Al cabo de esos cuarenta días, cuando el Señor me
entregó las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza, 12 me dijo:
"Baja de la montaña ahora mismo, porque tu pueblo, ese que sacaste de Egipto,
se ha pervertido. Ellos se apartaron rápidamente del camino que yo les había
trazado y se han fabricado una estatua de metal fundido". 13 Después
agregó: "Ya veo que este es un pueblo obstinado. 14 Por eso, déjame que
los destruya y que borre de la tierra hasta su nombre. De ti, en cambio,
suscitaré una nación más numerosa y fuerte que ellos". 15 Yo me di vuelta y bajé de la montaña, que ardía
envuelta en llamas, llevando en mis manos las tablas de la alianza. 16
Entonces vi que ustedes habían pecado contra el Señor, su Dios, haciéndose un
ternero de metal fundido y apartándose rápidamente del camino que él les
había trazado. 17 Por eso tomé las dos tablas de piedra, las arrojé
violentamente, y las hice añicos en presencia de todos. La intercesión de Moisés 18 Luego me postré delante del Señor, y permanecí
cuarenta días y cuarenta noches sin comer ni beber, como lo había hecho la
vez anterior. Lo hice a causa de todos los pecados que ustedes habían
cometido, haciendo lo que es malo a los ojos del Señor y provocando su enojo.
19 Porque yo sentía un gran temor ante la ira y la indignación del Señor que
se había desatado contra ustedes, hasta el punto de querer aniquilarlos. Pero
él me escuchó una vez más. 20 El Señor estaba tan irritado contra Aarón que quería
destruirlo, y en aquella oportunidad también intercedí por él. 21 Y a esa
obra del pecado, a ese ternero que ustedes habían fabricado, lo tomé, lo
quemé y lo molí, hasta convertirlo en polvo muy fino, y después lo arrojé en
el torrente que baja de la montaña. Nuevas infidelidades de Israel 22 Además, ustedes irritaron al Señor en Taberá, en
Masá y en Quibrot Hataavá. 23 Y cuando el Señor les ordenó que salieran de
Cades Barné, diciéndoles: "Suban a tomar posesión de la tierra que yo
les he dado", ustedes se rebelaron contra la orden del Señor, su Dios;
no le tuvieron confianza ni le obedecieron. 24 ¡Rebeldes! Eso es lo que
ustedes han sido para con el Señor, su Dios, desde el día en que los conocí. Nueva intercesión de Moisés Las tablas de 10 1 En
aquel tiempo, el Señor me dijo: "Talla dos tablas de piedra iguales a
las primeras y sube a la montaña para encontrarte conmigo. Construye también un
arca de madera. 2 Yo escribiré en esas tablas las mismas palabras que estaban
escritas en las que tú rompiste. Después las depositarás en el arca". 3 Hice un arca de madera de acacia, tallé dos tablas
de piedra iguales a las primeras y subí a la montaña con las dos tablas en la
mano. 4 Entonces el Señor escribió en ellas lo mismo que había escrito antes:
las diez Palabras que había promulgado en la montaña, desde el fuego, el día
de la asamblea. Cuando me las entregó, 5 yo me di vuelta, bajé de la montaña
y deposité las tablas en el arca que había construido. Allí están todavía,
como el Señor me lo ordenó. La elección de los levitas 6 Los israelitas partieron de los pozos de Bené
Iaacán y se dirigieron hacia Moserá. Allí murió y fue enterrado Aarón, y su hijo
Eleazar lo sucedió en el ejercicio del sacerdocio. 7 Luego siguieron
avanzando hasta Gudgodá, y de allí fueron a Jotbá, una región donde abundan
los torrentes. 8 Entonces el Señor puso aparte a la tribu de Leví
para que transportara el Arca de Moisés, intercesor y guía del pueblo 10 Yo estuve en la montaña cuarenta días y cuarenta
noches, como lo había estado la vez anterior, y también esa vez me escuchó el
Señor. Él no quiso destruirte, 11 sino que me dijo: "Ve ahora mismo a
ponerte al frente del pueblo, para que entren a tomar posesión de la tierra
que juré dar a sus padres". La fidelidad al Señor 12 Y ahora, Israel, esto es lo único que te pide el
Señor, tu Dios: que lo temas y sigas todos sus caminos, que ames y sirvas al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, 13 observando sus
mandamientos y sus preceptos, que hoy te prescribo para tu bien. 14 Al Señor,
tu Dios, pertenecen el cielo y lo más alto del cielo, la tierra y todo lo que
hay en ella. 15 Sin embargo, sólo con tus padres se unió con lazos de amor, y
después de ellos los eligió a ustedes, que son su descendencia,
prefiriéndolos a todos los demás pueblos. 16 Por eso, circunciden sus corazones y no persistan
en su obstinación, 17 porque el Señor, su Dios, es el Dios de los dioses y el
Señor de los señores, el Dios grande, valeroso y temible, que no hace
acepción de personas ni se deja sobornar. 18 Él hace justicia al huérfano y a
la viuda, ama al extranjero y le da ropa y alimento. 19 También ustedes
amarán al extranjero, ya que han sido extranjeros en Egipto. 20 Teme al
Señor, tu Dios, y sírvelo; vive unido a él y jura por su Nombre. 21 Él es tu
gloria y tu Dios, y él realizó en tu favor esas tremendas hazañas de que
fuiste testigo. 22 Porque cuando tus padres bajaron a Egipto, eran apenas
setenta personas, y ahora el Señor te ha hecho numeroso como las estrellas
del cielo. Acontecimientos aleccionadores para Israel 11 1
Amarás al Señor, tu Dios, y observarás siempre sus prescripciones, sus
preceptos, sus leyes y sus mandamientos. 2 Ustedes –y no sus hijos, que no
han conocido ni experimentado la lección del Señor– son los que conocen hoy
su grandeza, el poder de su mano y la fuerza de su brazo; 3 los signos y las
obras que realizó en Egipto contra el Faraón, rey de Egipto, y contra todo su
país; 4 lo que hizo con el ejército egipcio, con su caballería y sus carros
de guerra, cuando se lanzaron en persecución de ustedes y él desencadenó
contra ellos las aguas del Mar Rojo, y los hizo desaparecer hasta el día de
hoy; 5 lo que hizo por ustedes en el desierto, hasta que llegaron a este
lugar; 6 y la manera como trató a Datán y a Abirón, los hijos de Eliab, el
rubenita, cuando la tierra abrió sus fauces y los devoró junto con sus
familias, sus carpas, y todos sus secuaces, en medio de todo Israel. 7 Sí,
son ustedes los que han visto, con sus propios ojos, la gran obra que realizó
el Señor. Promesas y amenazas 8 Observen todos los mandamientos que hoy les
prescribo. Así tendrán la fuerza necesaria para ir a conquistar el país del
que ustedes van a tomar posesión, 9 y podrán vivir largo tiempo en la tierra
que el Señor juró dar a sus padres y a su descendencia, tierra que mana leche
y miel. 10 Porque la tierra que tú vas a tomar en posesión
no es como Egipto, el país de donde ustedes salieron. Allí sembrabas tu
semilla, y luego tenías que regar con tu pie, como se riega una huerta. 11En
cambio, la tierra que vas a tomar en posesión es una región de montañas y
valles regados por la lluvia del cielo, 12 y está bajo el cuidado constante
del Señor, tu Dios. Sobre ella permanecen fijos los ojos del Señor, tu Dios,
desde el comienzo hasta el fin del año. 13 Y si ustedes obedecen fielmente
los mandamientos que hoy les impongo, amando al Señor, su Dios, y sirviéndolo
de todo corazón y con toda el alma, 14 yo enviaré lluvia a la tierra en el
momento oportuno –lluvia de otoño y de primavera– y podrás recoger tu trigo,
tu vino nuevo y tu aceite. 15 Haré crecer en tus campos pasto para tu ganado,
y comerás hasta saciarte. 16 Pero tengan cuidado, no sea que sus corazones se
dejen seducir, y ustedes se extravíen, sirviendo a otros dioses y postrándose
delante de ellos. 17 Porque entonces la ira del Señor arderá contra ustedes:
él cerrará el cielo y ya no habrá más lluvia; el suelo dejará de dar sus
frutos, y ustedes no tardarán en desaparecer de esta tierra fértil que les da
el Señor. 18 Graben estas palabras en lo más íntimo de su
corazón. Átenlas a sus manos como un signo, y que sean como una marca sobre
su frente. 19 Enséñalas a tus hijos, inculcándoselas cuando estés en tu casa
y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. 20 Escríbelas en las
puertas de tu casa y en sus postes. 21 Así, mientras haya cielo sobre la
tierra, durarán tus días y los de tus hijos en el suelo que el Señor juró dar
a tus padres. 22 Porque si observan realmente todo este
mandamiento que yo les doy, amando al Señor, su Dios, siguiendo siempre sus
caminos y siendo en todo fieles a él, 23 el Señor desposeerá delante de
ustedes a todas esas naciones, y así podrán conquistarlas, aunque sean más
grandes y fuertes que ustedes. 24Todos los lugares donde pongan la planta de
sus pies, les pertenecerán. Y estas serán sus fronteras: desde el desierto,
el Líbano y el río Éufrates, hasta el mar occidental. 25 Nadie podrá resistirles,
porque el Señor, su Dios, sembrará el pánico y el terror en todo el
territorio por donde ustedes pasen, como él mismo les ha prometido. La alternativa propuestapor el Señor a Israel 26 Yo pongo hoy delante de ustedes una bendición y
una maldición. 27 Bendición, si obedecen los mandamientos del Señor, su Dios,
que hoy les impongo. 28Maldición, si desobedecen esos mandamientos y se
apartan del camino que yo les señalo, para ir detrás de dioses extraños, que
ustedes no han conocido. 29 Y cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la
tierra de la que vas a tomar posesión, pondrás la bendición sobre el monte
Garizín y la maldición sobre el monte Ebal. 30 Estas montañas se encuentran,
como es sabido, al otro lado del Jordán, detrás del camino del oeste, en el
país de los cananeos que habitan en Los discursos
anteriores han aclarado el sentido y el valor de Otro rasgo
característico de esta legislación es el espíritu humanitario que la anima.
La honda preocupación por defender a los más débiles -personificados en el
huérfano, la viuda y el extranjero, debido a la incapacidad de estos para
hacer valer sus derechos- pone bien de manifiesto ese sentimiento de
humanidad, que se extiende incluso a los animales y a las plantas (20. 19-20;
22. 6-7; 25. 4). Esto es lo que da una vigencia siembre actual al
Deuteronomio, más allá de las diferencias culturales y sociales que separan
su época de la nuestra. El Santuario único 12 1 Estos
son los preceptos y las leyes que ustedes deberán observar y poner en
práctica, mientras vivan en la tierra que el Señor, el Dios de tus padres, te
da en posesión. 2Harán desaparecer todos los lugares de culto, donde las
naciones que ustedes van a desposeer sirven a sus dioses, en las montañas,
sobre las colinas y debajo de todo árbol frondoso. 3Derriben sus altares,
rompan sus piedras conmemorativas, prendan fuego a sus postes sagrados,
destruyan las imágenes de sus ídolos y borren hasta sus nombres de aquel
lugar. 4 Pero con el Señor, su Dios, ustedes se comportarán
de una manera distinta. 5 Irán a buscarlo al lugar que él elija entre todas
las tribus, para constituirlo morada de su Nombre. 6 Solamente allí
presentarán sus holocaustos y sacrificios, sus diezmos y sus dones, sus
ofrendas votivas y voluntarias, y también las primicias de sus ganados y
rebaños. 7 Allí, ustedes y sus familias comerán en la presencia del Señor, su
Dios, y se alegrarán por todos los beneficios que hayan obtenido de su
trabajo, porque el Señor, tu Dios, te bendijo. 8 Entonces no se comportarán como lo hacemos ahora.
Aquí cada uno hace lo que mejor le parece, 9 porque todavía no han entrado en
el lugar del descanso y en la herencia que el Señor, tu Dios, te dará. 10
Pero cuando pasen el Jordán y se establezcan en la tierra que el Señor, su
Dios, les dará como herencia, cuando él les dé el descanso, librándolos de
todos los enemigos que estén a su alrededor, y ustedes se sientan seguros, 11
llevarán al lugar que el Señor, su Dios, elija para constituirlo morada de su
Nombre, todo lo que yo les ordeno: sus holocaustos y sacrificios, sus
diezmos, sus dones, y las ofrendas escogidas que le hayan prometido al Señor
mediante un voto. 12 Y ustedes se alegrarán en la presencia del Señor, su
Dios, junto con sus hijos y sus hijas, sus esclavos y sus esclavas, y también
con el levita que viva en sus ciudades, ya que él no tendrá posesión ni
herencia entre ustedes. Indicaciones sobre los sacrificios 13 Ten cuidado, entonces, de no ofrecer tus
holocaustos en cualquier santuario que veas. 14 Los ofrecerás únicamente en
el lugar elegido por el Señor, tu Dios, en una de tus tribus, y allí harás todo
lo que yo te ordeno. 15 Sin embargo, podrás matar animales y comer carne en
cualquiera de tus ciudades, siempre que así lo desees y en la medida en que
el Señor, tu Dios, te bendiga. Podrán comerla igualmente el impuro y el puro,
como si se tratara de un ciervo o de una gacela. 16 Pero no comerán la
sangre, sino que la derramarás en la tierra, como si fuera agua. 17 Tampoco comerás en tus ciudades el diezmo de tu
trigo, de tu vino y de tu aceite, ni las primicias de tu ganado y tus
rebaños, ni lo que hayas prometido al Señor mediante un voto, ni tus ofrendas
voluntarias, ni tus dones. 18 Lo harás en presencia del Señor, tu Dios –en el
lugar elegido por él– junto con tu hijo y tu hija, tu esclavo y tu esclava, y
con el levita que viva en tu ciudad. Y en la presencia del Señor, tu Dios, te
alegrarás por todos los beneficios que hayas obtenido de tu trabajo. 19 Ten
cuidado de no abandonar nunca al levita. 20 Cuando el Señor, tu Dios, ensanche tus fronteras,
como te lo ha prometido, y sientas deseos de comer carne, podrás comer toda
la que quieras. 21 Si el lugar que el Señor, tu Dios, elija para constituirlo
morada de su Nombre, se encuentra demasiado lejos, tú mismo podrás matar,
conforme a mis prescripciones, los animales del ganado mayor o menor que el Señor,
tu Dios, te dará. Y comerás en tu ciudad todo lo que quieras, 22 del mismo
modo que se come una gacela o un ciervo. Podrán comerla igualmente el puro y
el impuro; 23sólo tendrás que abstenerte de comer la sangre, porque la sangre
es la vida, y tú no debes comer la vida junto con la carne. 24 Por eso,
derramarás la sangre en la tierra, como si fuera agua. 25Así serán felices,
tú y tus hijos después de ti, porque habrás realizado lo que es bueno y recto
a los ojos del Señor, tu Dios. 26 Pero los dones que debas consagrar al Señor y los
que ofrezcas en cumplimiento de un voto, irás a llevarlos al lugar que el
Señor elija. 27 Allí harás el holocausto de la carne y de la sangre sobre el
altar del Señor, tu Dios. En cuanto a tus sacrificios, la sangre será derramada
sobre el altar del Señor, tu Dios, y tú comerás la carne. 28 Escucha
atentamente todas estas cosas que yo te mando. Así serás feliz, tú y tus
hijos después de ti, porque habrás realizado lo que es bueno y recto a los
ojos del Señor, tu Dios. Advertencia contra los cultos cananeos 29 Y cuando el Señor, tu Dios, extirpe a las
naciones que tú vas a desposeer, cuando las desalojes y te instales en su
territorio, 30 ten cuidado, no sea que caigas en una trampa. No sigas su
ejemplo después que hayan desaparecido de tu presencia, ni hagas
averiguaciones respecto de sus dioses, diciendo: "¿Cómo servían a sus
dioses estas naciones para que yo pueda hacer lo mismo?". 31No obres de
esa manera con el Señor, tu Dios. Porque él considera abominable y detesta
todo lo que ellas hacen para honrar a sus dioses, ya que llegan incluso a
quemar a sus hijos y a sus hijas en homenaje a esos dioses. Castigo de los falsos profetas 13 1
Practiquen cuidadosamente todo lo que yo les ordeno, sin añadir ni quitar
nada. 2 Si surge en medio de ustedes un profeta o un
intérprete de sueños, que te propone un signo o un prodigio, 3 y te dice:
"Vamos detrás de otros dioses –que tú no conoces– para rendirles
culto", aunque se cumplan el signo o el prodigio, 4 no hagas caso de las
palabras de ese profeta o de los sueños de ese visionario. Porque el Señor,
su Dios, los pone a prueba para ver si ustedes lo aman realmente con todo su
corazón y con toda su alma. 5 Sigan al Señor, su Dios. Témanlo y observen sus
mandamientos, escuchen su voz, sírvanlo y sean fieles a él. 6 Y ese profeta o
ese intérprete de sueños deberá ser castigado con la muerte, por haber
incitado a la rebelión contra el Señor, tu Dios –el que te hizo salir de
Egipto y te rescató de la esclavitud– para desviarte del camino por donde él
te ordenó que fueras. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. Castigo de los que instigan a la idolatría 7 Si tu hermano –el hijo de tu padre o de tu madre–
tu hijo o tu hija, la esposa que duerme en tus brazos, o tu amigo más íntimo,
trata de seducirte en secreto, diciendo: "Vamos a servir a otros
dioses", que ni tú ni tus padres conocieron 8 –los dioses de los pueblos
próximos o lejanos que están a tu alrededor, de un extremo al otro de la
tierra– 9 no cedas a sus instigaciones ni le hagas caso. Sé implacable con
él, no lo perdones ni lo encubras. 10 Tendrás que hacerlo morir
irremediablemente. Que tu mano sea la primera en levantarse contra él para
quitarle la vida, y que después todo el pueblo haga lo mismo. 11 Deberás
apedrearlo hasta que muera, porque intentó apartarte del Señor, tu Dios, que
te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. 12 Todo Israel, cuando se
entere, sentirá temor, y no volverá a cometerse esta infamia entre ustedes. Castigo de las ciudades apóstatas 13 Si de una de las ciudades que te dio el Señor, tu
Dios, para que vivas en ella, te llega esta noticia: 14 Gente despreciable de
tu misma raza ha logrado seducir a los habitantes de su ciudad, diciendo:
"Vamos a servir a otros dioses" –que tú no conociste– 15 investiga
el caso, examínalo e infórmate debidamente. Y si es verdad que la cosa es
así, que se ha cometido semejante abominación, 16pasa sin compasión al filo
de la espada a los habitantes de la ciudad, y conságrala al exterminio total
con todo lo que hay en ella, incluido su ganado. 17 Reúne luego todos sus
despojos en medio de la plaza, e incendia la ciudad con todos esos despojos,
como un holocausto para el Señor, tu Dios. Ella se convertirá para siempre en
un montón de ruinas y nunca más será reconstruida. 18 Y no retengas nada de
lo que debe ser consagrado al exterminio. Así el Señor aplacará el ardor de
su ira, se apiadará y tendrá misericordia de ti, y te multiplicará, como lo
juró a tus padres, 19 con tal que tú escuches la voz del Señor, tu Dios, observando
los mandamientos que hoy te prescribo y haciendo lo que es recto a los ojos
del Señor, tu Dios. Prohibición de una práctica pagana 14 1
Ustedes son hijos del Señor, su Dios. No se hagan incisiones ni se rapen el
cabello sobre la frente en homenaje a un muerto. 2 Porque tú eres un pueblo
consagrado al Señor, tu Dios, y él te eligió para que fueras su propio
pueblo, prefiriéndote a todos los demás pueblos de la tierra. Los animales puros e impuros 3 No comerán nada que sea abominable. 4 Ustedes
podrán comer los siguientes animales: el buey, la oveja, la cabra, 5 el
ciervo, la gacela, el venado, la cabra montés, el íbice, el antílope y la
gamuza. 6 Podrán comer, asimismo, cualquier animal que tenga la pezuña
partida –es decir, dividida en dos mitades– y que sea rumiante. 7 Pero se
abstendrán de comer los animales que son solamente rumiantes y los que
solamente tienen la pezuña partida por la mitad. No comerán camello, liebre
ni damán, porque aunque son rumiantes, no tienen la pezuña partida. A estos
animales deberán considerarlos impuros. 8Tampoco comerán cerdo, porque aunque
tiene la pezuña partida, no es rumiante. También a este deberán considerarlo
impuro, y no podrán comer su carne ni tocar su cadáver. 9 De entre los animales que viven en el agua, les estará
permitido comer todos aquellos que tengan aletas y escamas. 10 Pero no podrán
comer los que no tengan aletas ni escamas: a éstos deberán considerarlos
impuros. 11 Podrán comer todas las especies de aves puras. 12
Pero se abstendrán de comer las siguientes: el águila, el quebrantahuesos, el
águila marina, 13 el milano, las diversas especies de halcón, 14las diversas
especies de cuervo; 15 el avestruz, la golondrina, la gaviota y las diversas
especies de gavilán; 16 la lechuza, el búho, el ibis, 17 el pelícano, el
buitre, el corvejón, 18 la cigüeña, las diversas especies de garza, la
abubilla y el murciélago. 19 También deberán considerar impuros a todos los
insectos con alas, 20 pero podrán comer cualquier clase de pájaros puros. 21 No comerán ningún animal muerto. Se lo darás al
extranjero que resida en tu ciudad para que él lo coma, o se lo venderás al
extranjero que va de paso. Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu
Dios. No harás cocer un cabrito en la leche de su madre. El diezmo anual 22 Cada año deberás separar la décima parte de todo
lo que hayan producido tus sembrados, 23 y en la presencia del Señor, tu
Dios, en el lugar que él elija para constituirlo morada de su Nombre, comerás
del diezmo de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, y también los primogénitos
de tu ganado mayor y menor. Así aprenderás a temer siempre al Señor, tu Dios. 24 Si el camino es demasiado largo para que puedas
transportar el diezmo –porque el lugar que el Señor elija te queda muy lejos–
cuando él te haya bendecido, 25 los cambiarás por dinero y luego irás a ese
lugar, llevando contigo el dinero. 26 Allí podrás comprar con ese dinero todo
lo que desees: ganado mayor o menor, vino o bebida fermentada, en una
palabra, cualquier cosa que sea de tu agrado. Entonces comerás en la
presencia del Señor, tu Dios, y te alegrarás junto con tu familia. 27 No
olvides al levita que vive en tus ciudades, ya que él no tiene posesión ni
herencia contigo. El diezmo trienal 28 Al cabo de tres años, deberás separar la décima
parte de todo lo producido ese año, y lo depositarás en la puerta de tu
ciudad. 29 Entonces vendrá a comer el levita, ya que él no tiene posesión ni
herencia contigo; y lo mismo harán el extranjero, el huérfano y la viuda que
están en tus ciudades, hasta quedar saciados. Así el Señor te bendecirá en
todas tus empresas. El séptimo año:la remisión de las deudas 15 1 Al
cabo de cada siete años, harás una remisión. 2 La remisión consiste en lo
siguiente: Todo acreedor condonará a su prójimo el préstamo que le haya concedido.
No hará ninguna demanda a su prójimo –es decir, a su hermano– porque se ha
proclamado una remisión en homenaje al Señor. 3Podrás, eso sí, demandar al
extranjero, pero deberás liberar a tu hermano del derecho que tengas sobre
él. 4 Por lo demás, no habrá ningún pobre a tu lado, porque el Señor te
bendecirá abundantemente en la tierra que él te da como herencia, 5 con esta
sola condición: que escuches su voz, practicando cuidadosamente todo este
mandamiento que hoy te prescribo. 6 Sí, el Señor, tu Dios, te bendecirá como
te lo ha prometido: tú prestarás a muchas naciones, sin tener necesidad de
pedirles prestado, y dominarás a muchas naciones sin que ellas te dominen. 7 Si hay algún pobre entre tus hermanos, en alguna
de las ciudades del país que el Señor, tu Dios, te da, no endurezcas tu
corazón ni le cierres tu mano. 8 Ábrele tu mano y préstale lo que necesite
para remediar su indigencia. 9 No abrigues en tu corazón estos perversos
pensamientos: "Ya está cerca el séptimo año, el año de la remisión",
mirando por eso con malos ojos a tu hermano pobre, para no darle nada. Porque
él apelaría al Señor y tú te harías culpable de un pecado. 10 Cuando le des
algo, lo harás de buena gana. Así el Señor te bendecirá en todas tus obras y
en todas las empresas que realices. 11 Es verdad que nunca faltarán pobres en
tu país. Por eso yo te ordeno: abre generosamente tu mano al pobre, al
hermano indigente que vive en tu tierra. La remisión de los esclavos hebreos 12 Si tu hermano hebreo –sea hombre o mujer– se
vende a ti, te servirá durante seis años y al séptimo año, lo dejarás en
libertad. 13 Cuando le concedas la libertad, no lo envíes con las manos
vacías. 14 Llénalo de presentes tomados de tu ganado menor, de tu era y de tu
lagar, haciéndolo partícipe de los bienes con que el Señor, tu Dios, te
bendiga. 15 Recuerda que tú fuiste esclavo en Egipto y que el Señor, tu Dios,
te rescató. Por eso ahora te doy esta orden. 16 Pero si él te dice. "No quiero alejarme de
ti" –porque te ama, y ama también a tu familia y se siente feliz a tu
lado– 17 entonces tomarás una lezna y le perforarás la oreja contra la puerta
de tu casa: así será tu esclavo para siempre. Lo mismo deberás hacer con tu
esclava. 18 Que no te resulte penoso dejarlo en libertad,
porque el servicio que te prestó durante seis años vale el doble del salario
de un jornalero. Entonces el Señor te bendecirá en todas tus empresas. Los primogénitos machos del ganado 19 Consagra al Señor, tu Dios, todos los
primogénitos machos de tu ganado mayor y menor. Tú no trabajarás con el
primogénito de tus vacas ni esquilarás al primogénito de tus ovejas. 20 Los
comerás cada año junto con tu familia, en la presencia del Señor, tu Dios, en
el lugar que el Señor elija. 21 Pero si es defectuoso –si es rengo, ciego o
tiene cualquier otro defecto grave– no lo sacrificarás al Señor, tu Dios. 22
Lo comerás como se come una gacela o un ciervo. Podrán comerlo igualmente el
puro y el impuro. 23 Sólo te abstendrás de comer la sangre: la derramarás en
la tierra como si fuera agua. Las tres Fiestas de peregrinación: 16 1
Solemniza el mes de Abib celebrando en él 9 Cuenta siete semanas a partir del momento en que
empieces a cosechar, 10 y al término de ellas celebrarás la fiesta de las
Semanas en honor del Señor, tu Dios, llevando tus ofrendas voluntarias, en la
medida en que el Señor, tu Dios, te bendiga. 11 Te alegrarás en la presencia
del Señor, tu Dios –en el lugar que él elija para constituirlo morada de su
Nombre– junto con tu hijo y tu hija, con tu esclavo y tu esclava, con el
levita que viva en tu ciudad, y con el extranjero, el huérfano y la viuda que
estén contigo. 12 Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y observa fielmente
estas prescripciones. 13 Celebra durante siete días la fiesta de las
Chozas, apenas termines de recoger los frutos de tu era y de tu lagar. 14 Te
alegrarás durante la fiesta, junto con tu hijo y tu hija, con tu esclavo y tu
esclava, y con el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que vivan en
tu ciudad. 15 Siete días estarás de fiesta en honor del Señor, tu Dios, en el
lugar que él elija. Porque el Señor, tu Dios, te bendecirá en todas tus
cosechas y en todas tus obras, para que seas plenamente feliz. Resumen sobre las Fiestas 16 Tres veces al año, todos los varones se
presentarán delante del Señor, tu Dios, en el lugar elegido por él: en la
fiesta de los Ácimos, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de las
Chozas. Nadie se presentará delante del Señor con las manos vacías. 17 Cada uno
dará lo que pueda, conforme a la bendición que el Señor, tu Dios, te haya
otorgado. Los jueces 18 En cada una de las ciudades que el Señor, tu
Dios, te dé para tus tribus, pondrás jueces y escribas que dicten sentencias
justas en favor del pueblo. 19No tergiversarás el derecho; no harás acepción
de personas ni te dejarás sobornar. Porque el soborno ciega los ojos de los
sabios y pervierte las palabras de los justos. 20 Tu deber es buscar la
justicia, sólo la justicia, para que tengas vida y poseas la tierra que el
Señor, tu Dios, te da. Advertencias contra las desviaciones cultuales 21 No plantarás ninguna clase de árbol, para tenerlo
como poste sagrado, junto al altar que dediques al Señor, tu Dios. 22 Tampoco
erigirás piedras conmemorativas, porque el Señor, tu Dios, las detesta. 17 1 No
sacrificarás al Señor, tu Dios, ningún animal del ganado mayor o menor que
tenga un defecto o cualquier clase de imperfección, porque eso es una
abominación para el Señor, tu Dios. 2 Si en medio de ustedes, en una de las ciudades que
el Señor, tu Dios, te dará, hay un hombre o una mujer que hace lo que es malo
a los ojos del Señor, tu Dios, y quebranta su alianza, 3 porque va a servir a
otros dioses y a postrarse delante de ellos –delante del sol, la luna o todo
el Ejército del cielo– contrariamente a lo que yo te he mandado, 4 y el hecho
llega a tu conocimiento, realiza una minuciosa investigación. Y si es verdad
que la cosa es así, que se ha cometido semejante abominación en Israel, 5
saca a las puertas de tu ciudad al hombre o a la mujer que hayan cometido ese
delito, y apedréalos hasta que mueran. 6 Para que alguien sea condenado a muerte se
requiere el testimonio de dos o más testigos. Nadie será condenado a muerte
en base al testimonio de uno solo. 7 Los testigos serán los primeros en
levantar la mano contra él para hacerlo morir, y después todo el pueblo hará
lo mismo. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. Los jueces levitas 8 Si te resulta demasiado difícil juzgar un pleito
por homicidio, por reclamación de derechos, por lesiones, o cualquier otra
causa que se haya suscitado en tu ciudad, subirás hasta el lugar que el
Señor, tu Dios, elija, 9 y te presentarás a los sacerdotes levitas y al juez
en ejercicio. Tú les expondrás el caso, y ellos te harán conocer la
sentencia. 10Deberás ajustarte a lo que ellos te digan en el lugar que elija
el Señor, tu Dios, procediendo en todo conforme a sus instrucciones. 11
Procederás de acuerdo con la decisión que ellos tomen y con la sentencia que
pronuncien, sin apartarse de lo que ellos te indiquen ni a la derecha ni a la
izquierda. 12 El que obre presuntuosamente, desoyendo al sacerdote que está
allí para servir al Señor, tu Dios, o al juez, ese hombre morirá. Así harás
desaparecer el mal de Israel. 13 Y cuando el pueblo se entere, sentirá temor
y dejará de obrar con presunción. Los reyes 14 Cuando entres en el país que el Señor, tu Dios,
te dará, cuando lo tomes en posesión y vivas en él, si alguna vez dices:
"Voy a poner un rey para que me gobierne, como todas las naciones que
están a mi alrededor", 15 pondrás un rey elegido por el Señor, tu Dios,
que pertenezca a tu mismo pueblo. No podrás someterte a la autoridad de un
extranjero, de alguien que no pertenezca a tu pueblo. 16 El rey no deberá tener muchos caballos ni hacer
que el pueblo regrese a Egipto, con el pretexto de aumentar su caballería;
porque el Señor, tu Dios, ha dicho: "No regresen nunca más por ese
camino". 17 Tampoco tendrá muchas mujeres, para que su corazón no se
desvíe, ni acumulará oro y plata en cantidad excesiva. 18 Cuando tome
posesión del trono real, hará escribir en un libro, para su uso personal, una
copia de esta Ley, conforme al texto que conservan los sacerdotes levitas. 19
La tendrá a su lado y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a
temer al Señor, su Dios, observando todas las palabras de esta Ley y poniendo
en práctica estos preceptos. 20 De esa manera, no se sentirá superior a sus
hermanos, y no se apartará de estos mandamientos, ni a la derecha ni a la
izquierda. Así prolongarán los días de su reinado, él y sus hijos, en medio
de Israel. El sacerdocio levítico 18 1 Los
sacerdotes levitas –o sea, toda la tribu de Leví– no tendrán parte ni
herencia con los israelitas: ellos se alimentarán de las ofrendas destinadas
a los sacrificios y de la herencia del Señor. 2 Por lo tanto, esta tribu no
poseerá una herencia en medio de sus hermanos: su herencia es el Señor, como
él mismo se lo ha declarado. 3 Los derechos de los sacerdotes sobre las personas
que ofrecen en sacrificio un animal del ganado mayor o menor son los
siguientes: se dará al sacerdote la espalda, las quijadas y el estómago. 4
También le darás las primicias de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, y las
primicias de la esquila de tu ganado menor. 5 Porque el Señor, tu Dios,
eligió al sacerdote y a sus hijos, entre todas tus tribus, para que siempre
estuviera en su presencia y oficiara en nombre del Señor. 6 Si un levita que reside en cualquier parte del
Israel, se traslada por voluntad propia de una de tus ciudades al lugar que
elija el Señor, su Dios, 7 podrá oficiar allí en nombre del Señor como todos
sus hermanos levitas que están en la presencia del Señor. 8 Y comerá una
porción igual a la de ellos, además de lo que obtenga por la venta de sus
bienes patrimoniales. Los profetas 9 Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios,
te dará, no aprendas a practicar las abominaciones que cometen esas naciones.
10 Que no haya entre ustedes nadie que inmole en el fuego a su hijo o a su
hija, ni practique la adivinación, la astrología, la magia o la hechicería.
11 Tampoco habrá ningún encantador, ni consultor de espectros o de espíritus,
ni evocador de muertos. 12 Porque todo el que practica estas cosas es
abominable al Señor, tu Dios, y por causa de estas abominaciones, él
desposeerá a esos pueblos delante de ti. 13 Tú serás irreprochable en tu
trato con el Señor, tu Dios. 14 Porque las naciones que vas a desposeer
escuchan a los astrólogos y adivinos, pero a ti el Señor no te permite
semejante cosa. 15 El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como
yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien
escucharán. 16 Esto es precisamente lo que pediste al Señor, tu Dios, en el
Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: "No quiero seguir
escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque
de lo contrario moriré". 17 Entonces el Señor me dijo: "Lo que
acaban de decir está muy bien. 18 Por eso, suscitaré entre sus hermanos un
profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que
yo le ordene. 19 Al que no escuche mis palabras, las que este profeta
pronuncie en mi Nombre, yo mismo le pediré cuenta. 20 Y si un profeta se
atreve a pronunciar en mi Nombre una palabra que yo no le he ordenado decir,
o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá". 21 Tal vez te
preguntes: "¿Cómo sabremos que tal palabra no la ha pronunciado el
Señor?". 22 Si lo que el profeta dice en nombre del Señor no se cumple y
queda sin efecto, quiere decir que el Señor no ha dicho esa palabra. El
profeta ha hablado temerariamente: no le temas. Las ciudades de refugioy el derecho de asilo 19 1
Cuando el Señor, tu Dios, haya extirpado a las naciones cuyo territorio te
entrega, y cuando tú las hayas desposeído y vivas en sus ciudades y en sus
casas, 2 deberás poner aparte tres ciudades en medio del territorio que el
Señor, tu Dios, te dará en posesión. 3 Medirás convenientemente las
distancias y dividirás en tres partes el país que el Señor, tu Dios, te dará
como herencia, para que allí pueda refugiarse el que haya cometido un
homicidio. 4 Pero sólo en el caso siguiente: el homicida podrá salvarse
huyendo a una de esas ciudades si mató a su prójimo involuntariamente, sin
haberlo odiado antes. 5 Por ejemplo, si un hombre va a cortar leña al bosque
en compañía de otro, y al empuñar el hacha para cortar un árbol, el hierro se
suelta del mango y golpea a su acompañante, provocándole la muerte, el
homicida irá a refugiarse en una de esas ciudades y así pondrá a salvo su
vida. 6Es preciso evitar que el vengador del homicidio persiga lleno de furor
al homicida, lo alcance –ya que el camino es muy largo– y le quite la vida,
siendo así que no es reo de muerte, porque nunca fue enemigo de su víctima. 7
Por eso te ordeno que pongas aparte esas tres ciudades. 8 Si el Señor, tu Dios, extiende tus fronteras como
lo juró a tus padres, y te da toda la tierra que les prometió 9 –siempre que
te empeñes en cumplir íntegramente el mandamiento que hoy te prescribo de
amar al Señor, tu Dios, y seguir sus caminos– entonces, a esas tres ciudades
les añadirás otras tres. 10 Así no se derramará sangre inocente en medio del
país que el Señor, tu Dios, te da como herencia, y tú no te harás culpable de
un derramamiento de sangre. 11 Pero si alguien, impulsado por el odio, tiende a
su prójimo una emboscada, y arrojándose sobre él, lo hiere mortalmente, y
luego va a refugiarse en una de esas ciudades, 12 los ancianos de su ciudad
lo harán apresar y lo pondrán en manos del vengador del homicidio, para que
muera. 13 No le tendrás compasión, sino que harás desaparecer de Israel todo
derramamiento de sangre inocente. Así serás feliz. Los límites de la propiedad 14 No desplazarás los límites de la propiedad de tu
vecino, los que han establecido los predecesores, en la herencia que
recibirás cuando tomes posesión de la tierra que te da el Señor, tu Dios. Los testigos 15 No basta un solo testigo para declarar a un
hombre culpable de crimen o delito; cualquiera sea la índole del delito, la
sentencia deberá fundarse en la declaración de dos o más testigos. 16 Si un falso testigo se levanta contra un hombre y
lo acusa de rebeldía, 17 las dos partes en litigio comparecerán delante del
Señor, en presencia de los sacerdotes y de los jueces en ejercicio. 18Los
jueces investigarán el caso cuidadosamente, y si se pone de manifiesto que el
acusador es un testigo falso y ha atestiguado falsamente contra su hermano,
19 le harán a él lo mismo que él había proyectado hacer contra su hermano.
Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 20 Y cuando se enteren los
otros, sentirán temor y no volverá a cometerse esta infamia entre ustedes.
21No tendrás compasión: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano
por mano, pie por pie. Las instrucciones a los combatientes 20 1
Cuando salgas a combatir contra tus enemigos y veas caballos, carros de
guerra y un ejército más numeroso que tú, no les tengas miedo: el Señor, tu
Dios, el mismo que te hizo salir de Egipto, está contigo. 2 Y cuando ya estén
prontos para entrar en combate, el sacerdote se adelantará y arengará a la
tropa 3 en estos términos: "Escucha, Israel. Ahora ustedes están
próximos a entrar en batalla contra sus enemigos. ¡Tengan valor! No teman, ni
se angustien, ni tiemblen ante ellos, 4porque el Señor, su Dios, los
acompaña, y él combatirá en favor de ustedes para darles la victoria sobre
sus enemigos". 5 Los escribas, por su parte, dirán a la tropa: "¿Alguien construyó una casa nueva y todavía no
la estrenó? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate
y otro hombre la estrene. 6 ¿Alguien plantó una viña y todavía no recogió los
primeros frutos? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el
combate y otro hombre los recoja. 7 ¿Alguien está comprometido con una mujer y todavía
no se unió a ella? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el
combate y otro hombre se case con ella". 8 Además, los escribas harán esta advertencia a la
tropa: "¿Alguien tiene miedo y le falta valor? Que se
retire y vuelva a su casa, no sea que transmita a sus hermanos su propia
cobardía". 9 Y cuando los escribas hayan terminado de instruir
a la tropa, los jefes de batallones se pondrán al frente de ella. El asedio de las ciudades enemigas 10 Cuando te acerques a una ciudad para atacarla,
primero le ofrecerás la paz. 11 Si ella la acepta y te abre sus puertas, toda
la población te pagará tributo y te servirá. 12 Pero si rehusa el
ofrecimiento de paz y te opone resistencia, deberás sitiarla. 13 Cuando el
Señor, tu Dios, la ponga en tus manos, tú pasarás al filo de la espada a
todos sus varones. 14 En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y
cualquier otra cosa que haya en la ciudad, podrás retenerlos como botín, y
disfrutar de los despojos de los enemigos que el Señor, tu Dios, te entrega.
15 Así tratarás a todas las ciudades que estén muy alejadas de ti y que no
pertenezcan a las naciones vecinas. 16 Pero en las ciudades de esos pueblos
que el Señor, tu Dios, te dará como herencia, no deberás dejar ningún
sobreviviente. 17 Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los
amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos,
como te lo ordena el Señor, tu Dios, 18 para que ellos no les enseñen a
imitar todas las abominaciones que cometen en honor de sus dioses. Así
ustedes no pecarán contra el Señor, su Dios. 19 Si para conquistar una ciudad tienes que
asediarla mucho tiempo, no destruirás sus árboles a golpes de hacha. Come de
sus frutos, pero no los cortes. ¿Acaso los árboles del campo son hombres,
para que los hagas también a ellos víctimas del asedio? 20 Podrás destruir y
cortar, en cambio, los árboles que sepas que no dan ningún fruto, a fin de
construir máquinas de asedio contra la ciudad que te oponga resistencia,
hasta que logres someterla. Expiación del homicidiocometido por un desconocido 21 1 Si en
la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión, alguien encuentra un
hombre muerto, tendido en medio del campo, y no se sabe quién lo mató, 2 tus
ancianos y tus jueces irán a medir las distancias que hay entre la víctima y
las ciudades de alrededor. 3Luego los ancianos de la ciudad más cercana
tomarán una ternera que no haya sido sometida a ningún trabajo ni haya estado
bajo el yugo; 4 la llevarán hasta un arroyo de agua perenne, a un lugar donde
no se cultiva ni se siembra, y la desnucarán junto al arroyo. 5También se
harán presentes los sacerdotes levitas, porque el Señor los eligió para que
estuvieran a su servicio y para que bendijeran en su Nombre, y a ellos les
corresponde resolver los litigios y los casos de agresión. 6 Luego los
ancianos de la ciudad más cercana a la víctima se lavarán las manos en el
arroyo, sobre la ternera desnucada, 7 y pronunciarán estas palabras:
"Nuestras manos no han derramado esa sangre y nuestros ojos no han visto
nada. 8 Perdona, Señor, a tu pueblo Israel, ese pueblo que tú rescataste, y
no dejes recaer sangre inocente sobre tu pueblo Israel". Así quedarán
absueltos del delito de sangre. 9 De esta manera harás desaparecer de entre
ustedes la sangre inocente, haciendo lo que es recto a los ojos del Señor. El matrimonio con una prisionera de guerra 10 Cuando salgas a combatir contra tus enemigos, y
el Señor, tu Dios, los ponga en tus manos, si tomas algunos prisioneros 11 y
entre ellos ves una mujer hermosa que te resulta atrayente, y por eso la
quieres tomar por esposa, 12 deberás llevarla a tu casa. Entonces ella se
rapará la cabeza, se cortará las uñas, 13 se quitará su ropa de cautiva y
permanecerá en tu casa durante un mes entero, llorando a su padre y a su
madre. Sólo después de esto podrás unirte a ella para ser su esposo, y ella
será tu mujer. 14 Pero si más tarde dejas de quererla, le permitirás disponer
de sí misma, y no podrás venderla por dinero ni maltratarla, porque la has
violentado. El derecho de primogenitura 15 Si un hombre que tiene dos mujeres, ama a una y a
la otra no, y las dos le dan hijos, pero el primogénito es hijo de la mujer
que no ama, 16 cuando reparta la herencia entre sus hijos, no podrá
considerar como primogénito al hijo de la mujer que ama, en perjuicio del
verdadero primogénito. 17 Él deberá reconocer como primogénito al hijo de la
mujer que no ama, dándole dos partes de todo lo que posee, porque este hijo
es el primer fruto de su vigor, y por eso le corresponde el derecho de
primogenitura. El hijo rebelde 18 Si un hombre tiene un hijo indócil y rebelde, que
desobedece a su padre y a su madre, y no les hace caso cuando ellos lo
reprenden, 19 su padre y su madre lo presentarán ante los ancianos del lugar,
en la puerta de la ciudad, 20 y dirán a los ancianos: "Este hijo nuestro
es indócil y rebelde; no quiere obedecernos, y es un libertino y un
borracho". 21Entonces todos los habitantes de su ciudad lo matarán a
pedradas. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes, y todo Israel,
cuando se entere, sentirá temor. El cadáver expuesto 22 Si un hombre, culpable de un crimen que merece la
pena de muerte, es ejecutado y colgado de un árbol, 23 su cadáver no quedará
en el árbol durante la noche, sino que lo enterrarás ese mismo día, porque el
que está colgado de un árbol es una maldición de Dios. Y tú no mancharás el
suelo que el Señor, tu Dios, te da como herencia. Prescripciones diversas 22 1 Si
ves extraviados al buey o a la oveja de tu hermano, no te despreocupes de
ellos y vé a devolvérselos cuanto antes. 2 Si ese hermano no es tu vecino o
no sabes quién es, encierra al animal en tu casa y cuídalo hasta que él lo
venga a reclamar. Entonces se lo devolverás. 3 Lo mismo harás con su asno,
con su ropa y con cualquier otro objeto que pierda tu hermano y que tú
encuentres: no podrás despreocuparte de ellos. 4 Si ves caídos en el camino al asno o al buey de tu
hermano, no te despreocupes de ellos y ayúdalo a levantarlos. 5 La mujer no se pondrá ropa de hombre, ni el hombre
un vestido de mujer: el que lo hace resulta abominable a los ojos del Señor,
tu Dios. 6 Si mientras vas caminando, encuentras en un árbol
o en el suelo un nido de pájaros con pichones o con huevos, y la madre está
echada encima de ellos, no tomes a la madre con su cría. 7 Deja en libertad a
la madre y toma para ti los pichones. Así serás feliz y tendrás una larga
vida. 8 Cuando construyas una casa nueva, pondrás una
baranda alrededor de la terraza. Así no harás a tu casa responsable de
derramamiento de sangre, en el caso de que alguien se caiga de allí. 9 No sembrarás en tu viña otra clase de plantas,
porque de lo contrario toda la cosecha será sagrada: tanto el producto de lo
que siembres como el fruto de la viña. 10 No ares con un buey y un asno juntos. 11 No vestirás ropa tejida de lana mezclada con
lino. 12 Coloca unos flecos en las cuatro puntas del manto
con que te cubres. Las acusacionescontra una joven esposa 13 Si un hombre se casa con una mujer y se une a ella,
pero después le toma aversión, 14 la acusa falsamente y la difama, diciendo:
"Yo me casé con esta mujer, y cuando me uní a ella comprobé que no era
virgen", 15 entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas
de su virginidad, y las exhibirán ante los ancianos, en la puerta de la
ciudad. 16 El padre de la joven dirá a los ancianos: "Yo entregué mi
hija a este hombre para que fuera su esposa, pero él le ha tomado aversión 17
y ahora la acusa falsamente, declarando que no encontró en ella las señales
de la virginidad. Aquí están las pruebas de que mi hija era realmente
virgen". Y en seguida extenderán la sábana nupcial ante los ancianos de
la ciudad. 18 Entonces estos tomarán al hombre y lo castigarán 19 por haber
difamado a una virgen israelita, condenándolo, además, a pagar cien siclos de
plata, que entregarán al padre de la joven. Ella seguirá siendo su mujer, y
el hombre no podrá repudiarla nunca más. 20 Pero si la acusación resulta verdadera y no
aparecen las pruebas de la virginidad de la joven, 21 la sacarán a la puerta
de la casa de su padre, y la gente de esa ciudad la matará a pedradas, por
haber cometido una acción infame en Israel, prostituyéndose en la casa de su
padre. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. El adulterio, la violación y el incesto 22 Si se sorprende a un hombre acostado con una
mujer casada, morirán los dos: el hombre que estaba acostado con la mujer, y
también ella. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 23 Si una joven virgen está comprometida con un
hombre, y otro la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella, 24 se hará
salir a los dos a la puerta de esa ciudad y los matarán a pedradas: a la
joven por no haber pedido auxilio, a pesar de que estaba en la ciudad; y al
hombre por haber violado a la mujer de su prójimo. Así harás desaparecer el
mal de entre ustedes. 25 Pero si el hombre encuentra en el campo a la joven
comprometida y se acuesta con ella por la fuerza, sólo morirá el hombre que
se acostó con ella. 28 Si un hombre encuentra a una joven virgen que no
está comprometida, la toma por la fuerza y se acuesta con ella, y son
sorprendidos, 29 el hombre que se acostó con ella deberá pagar al padre de la
joven cincuenta siclos de plata y ella será su mujer. Nunca podrá repudiarla,
porque él la violó. 23 1
Ningún hombre tomará como esposa a una mujer de su padre, ni descubrirá el
borde de la manta de su padre. Las personas excluidasde la comunidad de Israel 2 El que tenga los testículos mutilados o el pene
cortado no será admitido en la asamblea del Señor. 3 El bastardo no será admitido en la asamblea del
Señor, ni siquiera en la décima generación. 4 El amonita y el moabita no serán jamás admitidos
en la asamblea del Señor, ni siquiera en la décima generación. 5Porque ellos
no se adelantaron para ofrecerles agua y alimento, cuando ustedes iban por el
camino, a la salida de Egipto; y porque Moab contrató a Balaam, hijo de Beor,
que era de Petor en Arám Naharaim, a fin de que te maldijera. 6 Pero el
Señor, tu Dios, no quiso escuchar a Balaam, sino que cambió la maldición en
bendición, porque él te ama. 7 Por eso, mientras vivas, nunca busques su
prosperidad y su bienestar. 8 En cambio, no consideres abominable al edomita,
porque es tu hermano, ni tampoco al egipcio, porque tú fuiste huésped en su
país. La higiene de los campamentos 10 Cuando emprendas una campaña contra tus enemigos,
evita cuidadosamente toda acción indecente. 11 Si alguno de ustedes ha caído
en estado de impureza a causa de una polución nocturna, saldrá fuera del
campamento y no volverá a entrar en él. 12 Pero al llegar la tarde se lavará,
y al ponerse el sol entrará de nuevo en el campamento. 13 Tendrás, asimismo, un lugar fuera del campamento
para hacer allí tus necesidades. 14 También llevarás una estaca en tu
equipaje, y cuando salgas afuera para hacer tus necesidades, cavarás un hoyo
con la estaca y luego lo volverás a tapar para cubrir tus excrementos. 15
Porque el Señor, tu Dios, recorrerá el campamento para protegerte y para
poner a tus enemigos en tus manos. Por eso tu campamento será un lugar santo,
y el Señor no debe ver en él nada indecente. De lo contrario se apartaría de
ti. La protección del esclavo fugitivo 16 No entregarás al esclavo que acuda a ti huyendo
de su dueño. 17 Se quedará contigo, entre los tuyos, en el lugar que él
elija, en la ciudad que más le agrade; y no lo molestarás. La prostitución sagrada 18 Ningún hombre o mujer israelita practicará la
prostitución sagrada. 19 No llevarás a El préstamo a interés 20 No obligues a tu hermano a pagar interés, ya se
trate de un préstamo de dinero, de víveres, o de cualquier otra cosa que
pueda producir interés. 21 Podrás prestar a interés al extranjero, pero no a
tu compatriota, para que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas,
en la tierra de la que vas a tomar posesión. El cumplimiento de los votos 22 Si haces un voto al Señor, tu Dios, no tardes en
cumplirlo, porque él no dejará de pedirte cuenta, y si no lo cumples,
cometerás un pecado. 23 Si te abstienes de hacer votos, no cometes ningún
pecado. 24 Sé un hombre de palabra, y cumple el voto que hagas
espontáneamente al Señor, tu Dios, expresándolo con tus propios labios. Concesiones en favor de los pobres 25 Si entras en la viña de tu prójimo, podrás comer
todas las uvas que quieras, hasta quedar saciado, pero no guardarás nada en
tu bolsa. 26 Si pasas por los sembrados maduros de tu prójimo, podrás
arrancar espigas con la mano, pero no aplicarás la hoz. El divorcio 24 1 Si un
hombre se casa con una mujer, pero después le toma aversión porque descubre
en ella algo que le desagrada, y por eso escribe un acta de divorcio, se la
entregará y la despedirá de su casa. 2 Una vez que esté fuera de su casa, si
la mujer se desposa con otro 3 y este último también la rechaza, escribe un acta
de divorcio y la despide, o bien muere, 4 su primer marido no podrá volver a
tomarla por esposa, puesto que ella ha sido mancillada. Esto sería abominable
a los ojos del Señor, y tú no puedes manchar con un pecado la tierra que el
Señor, tu Dios, te da en herencia. Leyes humanitarias 5 Si un hombre acaba de casarse, no saldrá a
combatir ni se le impondrá ninguna otra obligación. Quedará libre por un año
para ocuparse de su casa y contentar a la mujer que tomó por esposa. 6 Nadie tomará en prenda un molino de mano y ni
siquiera la piedra movible del molino, porque ello sería tomar en prenda la
vida de una persona. 7 Si se descubre que alguien ha raptado a uno de sus
hermanos israelitas –sea que lo haya maltratado o que lo haya vendido– el
ladrón morirá. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. 8 Cuando se produzcan casos de lepra, cuida muy bien
de hacer exactamente lo que les indiquen los sacerdotes levitas. Pongan
cuidado en practicar lo que yo les he mandado. 9 Acuérdate de lo que el
Señor, tu Dios, hizo con Miriam durante el viaje, después que ustedes
salieron de Egipto. 10 Si prestas algo a tu prójimo, no entres en su
casa a retirar la prenda. 11Quédate afuera, mientras el hombre a quien
concediste el préstamo te trae la prenda. 12 Y si es una persona de condición
humilde, no vayas a dormir con su prenda. 13 Se la entregarás al ponerse el
sol, para que pueda acostarse con su ropa. Así él te bendecirá, y tú habrás
realizado una obra de justicia a los ojos del Señor, tu Dios. 14 No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya
sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las
ciudades de tu país. 15 Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el
sol, porque él está necesitado, y su vida depende de su jornal. Así no
invocará al Señor contra ti, y tú no te harás responsable de un pecado. 16 Los padres no morirán por culpa de los hijos ni
los hijos por culpa de los padres. Cada cual morirá por su propio pecado. 17 No conculcarás el derecho del extranjero o del
huérfano, ni tomarás en prenda el vestido de la viuda. 18 Recuerda que fuiste
esclavo en Egipto y que el Señor, tu Dios, te rescató de allí. Por eso te
ordeno obrar de esta manera. 19 Cuando recojas la cosecha en tu campo, si olvidas
en él una gavilla, no vuelvas a buscarla. Será para el extranjero, el
huérfano y la viuda, a fin de que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas tus
empresas. 20 Cuando sacudas tus olivos, no revises después las
ramas. El resto será para el extranjero, el huérfano y la viuda. 21 Cuando
recojas los racimos de tu viña, no vuelvas a buscar lo que haya quedado. Eso
será para el extranjero, el huérfano y la viuda. 22 Acuérdate siempre que
fuiste esclavo en Egipto. Por eso te ordeno obrar de esta manera. 25 1 Si
entre dos hombres se produce un litigio y ellos acuden a la justicia, se los
juzgará, y se absolverá al inocente y se condenará al culpable. 2 Si este
último merece ser apaleado, el juez lo obligará a tenderse en el suelo y lo
hará castigar en su presencia, con un número de golpes proporcionado a su
culpa. 3 Podrá infligirle hasta cuarenta golpes, pero no más, no sea que
castigándolo más de la cuenta, el castigo resulte excesivo y tu hermano quede
envilecido a tus ojos. 4 No pondrás bozal al buey que trilla. Obligaciones matrimonialesde los cuñados 5 Si varios hermanos viven juntos y uno de ellos
muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará con un extraño. El
hermano del difunto se unirá con ella, y cumplirá con sus deberes de cuñado
tomándola por esposa. 6 El primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de
su hermano difunto, y así su nombre no se borrará de Israel. 7 Pero si el
cuñado se niega a tomarla por esposa, ella subirá a la puerta de la ciudad
donde están los ancianos, y dirá: "Mi cuñado se niega a perpetuar en
Israel el nombre de su hermano; y no está dispuesto a cumplir en mi favor sus
deberes de cuñado". 8 Entonces los ancianos de su ciudad llamarán a ese
hombre y le pedirán una explicación. Si él persiste en su negativa, diciendo:
"No quiero casarme con ella", 9 su cuñada se acercará a él en
presencia de los ancianos, le quitará la sandalia del pie, lo escupirá en la
cara y le dirá: "Así se debe obrar con el hombre que no edifica la casa
de su hermano". 10 Y en adelante, se lo apodará en Israel: "Casa
del descalzo". El pudor en las peleas 11 Si unos hombres se pelean, y la mujer de uno de
ellos, para librar a su marido de los golpes del otro, extiende la mano y lo
toma por las partes genitales, 12 deberás cortarle la mano sin tenerle compasión. Deberes de justicia 13 No tendrás en tu bolsa dos pesas, una liviana y
otra pesada. 14 No tendrás en tu casa dos medidas, una grande y otra pequeña.
15 Deberás tener una pesa exacta y justa, y también una medida exacta y
justa, para gozar de una larga vida en el suelo que el Señor, tu Dios, te da.
16 Porque él considera abominable al que procede de esa manera, a cualquiera
que comete una injusticia. El castigo de Amalec 17 Recuerda lo que te hizo Amalec cuando ustedes
iban por el camino, después que salieron de Egipto: 18 cómo te salió al paso
y atacó por la espalda a todos los que se habían quedado a la retaguardia,
agotados por el cansancio. Entonces tú estabas fatigado y sin fuerzas, pero
él no tuvo temor de Dios. 19Por eso, cuando el Señor, tu Dios, te libre
definitivamente de todos los enemigos que están a tu alrededor, en la tierra
que él te dará en herencia, borrarás de todas partes el recuerdo de Amalec.
¡No lo olvides! La entrega de las primicias 26 1
Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, cuando
tomes posesión de ella y te establezcas allí, 2 recogerás las primicias de
todos los frutos que extraigas de la tierra que te da el Señor, tu Dios, las
pondrás en una canasta, y las llevarás al lugar elegido por el Señor, tu
Dios, para constituirlo morada de su Nombre. 3 Entonces te presentarás al
sacerdote que esté en funciones en aquellos días, y le dirás: "Yo declaro hoy ante el Señor, tu Dios, que he
llegado a la tierra que él nos dio, porque así lo había jurado a nuestros
padres". 4 El sacerdote tomará la canasta que tú le
entregues, la depositará ante el altar, 5 y tú pronunciarás estas palabras en
presencia del Señor, tu Dios: "Mi padre era un arameo errante que bajó a
Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en
una nación grande, fuerte y numerosa. 6 Los egipcios nos maltrataron, nos
oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. 7 Entonces pedimos auxilio
al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. Él vio
nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, 8 y nos hizo salir de
Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran
terror, de signos y prodigios. 9 Él nos trajo a este lugar y nos dio esta
tierra que mana leche y miel. 10 Por eso ofrezco ahora las primicias de los
frutos del suelo, que tú, Señor, me diste". Tú depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios,
y te postrarás delante de él. 11 Luego te regocijarás por todos los bienes
que él te concede, a ti y a tu casa, y también se alegrarán el levita y el
extranjero que viven contigo. Prescripcionessobre el diezmo trienal 12 El tercer año, el año del diezmo, cuando tomes la
décima parte de tus cosechas y se la des al levita, al extranjero, al
huérfano y a la viuda, a fin de que ellos puedan comer en tus ciudades hasta
saciarse, 13 dirás en presencia del Señor, tu Dios: "Yo saqué de mi casa lo que debía ser
consagrado, y se lo di al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda,
conforme al mandamiento que tú me diste, sin quebrantar ni olvidar ninguno de
tus preceptos. 14 No comí nada de eso estando de duelo, no consumí nada en
estado de impureza, ni lo ofrecí como alimento a un muerto. Obedecí la voz
del Señor, mi Dios, y obré en todo según lo que tú me ordenaste. 15 Inclínate
desde tu santa morada, desde lo alto del cielo, y bendice a tu pueblo Israel
y a la tierra que nos diste –esa tierra que mana leche y miel– como lo habías
jurado a nuestros padres". Israel, Pueblo de Dios 16 Hoy el Señor, tu Dios, te ordena practicar estos
preceptos y estas leyes. Obsérvalas y practícalas con todo tu corazón y con
toda tu alma. 17 Hoy tú le has hecho declarar al Señor que él será
tu Dios, y que tú, por tu parte, seguirás sus caminos, observarás sus
preceptos, sus mandamientos y sus leyes, y escucharás su voz. 18 Y el Señor
hoy te ha hecho declarar que tu serás el pueblo de su propiedad exclusiva,
como él te lo ha prometido, y que tú observarás todos sus mandamientos; 19
que te hará superior –en estima, en renombre y en gloria– a todas las
naciones que hizo; y que serás un pueblo consagrado al Señor, como él te lo
ha prometido. CELEBRACIÓN
Y SANCIÓN DE Aquí se interrumpe
bruscamente el discurso de Moisés y se introducen varios fragmentos
narrativos, referentes a los ritos establecidos para la renovación de Promulgación pública de 27 1
Moisés y los ancianos de Israel dieron esta orden al pueblo: Observa íntegramente el mandamiento que hoy les
prescribo. 2 El día en que crucen el Jordán para ir a la tierra que el Señor,
tu Dios, te da, erigirás unas piedras, bien grandes, las blanquearás con cal,
3 y escribirás en ellas todas las palabras de esta Ley. Harás esto cuando
cruces el Jordán para entrar en el país que te da el Señor, tu Dios –esa
tierra que mana leche y miel– como el Señor, el Dios de tus padres te lo ha
prometido. 4 Después de cruzar el Jordán, pondrán esas piedras
en el monte Ebal, según instrucciones que hoy les doy, y las blanquearán con
cal. 5 Allí erigirás también un altar de piedra en honor del Señor, tu Dios.
No usarás ningún instrumento de hierro para trabajar las piedras, 6 porque el
altar del Señor deberá estar construido con piedras intactas. Ofrecerás en él
holocaustos al Señor, tu Dios, 7 e inmolarás sacrificios de comunión. Allí
comerás y te alegrarás en la presencia del Señor, tu Dios, 8 y escribirás en
las piedras, con rasgos bien claros, todas las palabras de esta Ley. 9 Después, Moisés y los sacerdotes levitas se
dirigieron a todo Israel en estos términos: "Calla, Israel, y escucha.
Hoy te has convertido en el pueblo del Señor, tu Dios. 10 Escucha la voz del
Señor, tu Dios, y practica los mandamientos y las leyes que hoy te
prescribo". 11 Aquel día, Moisés dio esta orden al pueblo: 12 Después de cruzar el Jordán, las tribus de
Simeón, Leví y Judá, Isacar, José y Benjamín, estarán en el monte Garizím,
para proclamar la bendición al pueblo; 13y las tribus de Rubén, Gad y Aser,
Zabulón, Dan y Neftalí estarán en el monte Ebal, para proclamar la maldición. Las doce maldiciones 14 Los levitas tomarán la palabra y dirán en alta
voz a todos los hombres de Israel: 15 Maldito sea el hombre que hace un ídolo tallado o
de metal fundido –abominación para el Señor, obra de un artesano– y lo guarda
en un lugar oculto. Y todo el pueblo responderá: Amén. 16 Maldito sea el que menosprecia a su padre o a su
madre. Y todo el pueblo responderá: Amén. 17 Maldito sea el que desplaza los límites de la
propiedad de su vecino. Y todo el pueblo responderá: Amén. 18 Maldito sea el que aparta a un ciego del camino.
Y todo el pueblo responderá: Amén. 19 Maldito sea el que conculca el derecho del
extranjero, del huérfano o de la viuda. Y todo el pueblo responderá: Amén. 20 Maldito sea el que se acuesta con la mujer de su
padre, porque de esa manera descubre el borde de la manta de su padre. Y todo
el pueblo responderá: Amén. 21 Maldito sea el que se acuesta con un animal. Y
todo el pueblo responderá: Amén. 22 Maldito sea el que se acuesta con su hermana, la
hija de su padre o de su madre. Y todo el pueblo responderá: Amén. 23 Maldito sea el que se acuesta con su suegra. Y
todo el pueblo responderá: Amén. 24 Maldito sea el que mata ocultamente a su prójimo.
Y todo el pueblo responderá: Amén. 25 Maldito sea el que se deja sobornar para quitar
la vida a un inocente. Y todo el pueblo responderá: Amén. 26 Maldito sea el que no respeta ni cumple las
palabras de esta Ley. Y todo el pueblo responderá: Amén. Promesas de bendición 28 1 Si
escuchas la voz del Señor, tu Dios, y te empeñas en practicar todos los
mandamientos que hoy te prescribo, él te pondrá muy por encima de todas las
naciones de la tierra. 2 Y por haber escuchado la voz del Señor, tu Dios,
vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones: 3 Bendito serás en la ciudad y bendito en el campo. 4 Benditos serán el fruto de tus entrañas y el fruto
de tu suelo, los partos de tu ganado y las crías de tus vacas y tus ovejas. 5 Bendita será tu canasta y bendito el recipiente
donde amasas tu pan. 6 Bendito serás al salir y bendito al entrar. 7 El Señor hará que caigan derrotados todos los
enemigos que se alcen contra ti: vendrán a atacarte por un camino y por siete
caminos huirán de ti. 8 El Señor ordenará que la bendición esté contigo en
tus graneros y en todas tus empresas, y te bendecirá en la tierra que él te
da. 9 El Señor hará de ti su pueblo santo, como te lo
juró, si cumples sus mandamientos y sigues sus caminos. 10 Entonces todos los
pueblos de la tierra verán que tú eres llamado con el nombre del Señor, tu
Dios, y te temerán. 11 El Señor te dará sobreabundancia de bienes en el
fruto de tus entrañas, en las crías de tu ganado y en los productos de tu
suelo, de la tierra que él te da, porque así lo juró a tus padres. 12 Él te
abrirá el cielo –su rico tesoro– para proveer de lluvia a tu tierra en el
momento oportuno, y para bendecir todos tus trabajos. Serás acreedor de muchas naciones y deudor de
ninguna. 13 El Señor te pondrá al frente, no detrás. Siempre estarás arriba,
nunca abajo, con tal que obedezcas los mandamientos del Señor, tu Dios, que
hoy te ordeno practicar cuidadosamente, 14 sin apartarte, ni a la derecha ni
a la izquierda, de las palabras que hoy te prescribo, y sin ir detrás de
otros dioses para servirlos. Amenazas de maldición 15 Pero si no escuchas la voz del Señor, tu Dios, y
no te empeñas en practicar todos los mandamientos y preceptos que hoy te
prescribo, caerán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones: 16 Maldito serás en la ciudad y maldito en el campo. 17 Maldita será tu canasta y maldito el recipiente
donde amasas tu pan. 18 Malditos serán el fruto de tus entrañas y el
fruto de tu suelo, las crías de tus vacas y los partos de tus ovejas. 19 Maldito serás al entrar y maldito al salir. 20 El Señor enviará contra ti la maldición, el
pánico y el fracaso sobre todas tus empresas, hasta que seas exterminado y
desaparezcas rápidamente, a causa de tu mal proceder, por haberme abandonado.
21 El Señor hará que se te contagie la peste, hasta que seas eliminado de la
tierra que vas a tomar en posesión. 22 El Señor te castigará con tisis,
fiebre, inflamación, ardores, aridez, quemadura y pulgón que te hostigarán
hasta que desaparezcas. 23 El cielo sobre tu cabeza será de bronce, y la
tierra bajo tus pies será de hierro. 24 En lugar de lluvia, el Señor enviará
polvo a tu tierra, y sobre ti caerá arena desde el cielo, hasta que seas
exterminado. 25 El Señor te hará caer derrotado ante tus
enemigos: saldrás a atacarlo por un camino y por siete caminos huirás de
ellos; y todos los reinos de la tierra sentirán horror de ti. 26 Tus
cadáveres serán pasto de todas las aves del cielo y de todos los animales de
la tierra, y no habrá nadie que los espante. 27 El Señor te herirá con forúnculos de Egipto, con
tumores, sarna y tiña, de los que no podrás curarte. 28 El Señor te castigará
con locura, ceguera y delirio, 29 y andarás a tientas en pleno día, como anda
a tientas un ciego, envuelto en la oscuridad. Nunca verás realizados tus
proyectos; serás oprimido y despojado constantemente y nadie saldrá en tu
defensa. 30 Te casarás con una mujer y otro gozará de ella.
Construirás una casa y no la habitarás. Plantarás una viña y no recogerás sus
frutos. 31 Tu buey será degollado delante de tus ojos y no lo podrás comer.
Tu asno será arrebatado de tu misma presencia y no te lo devolverán. Tus
ovejas serán entregadas a tus enemigos y nadie saldrá en tu defensa. 32 Tus
hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo; y tu vista se consumirá de
tanto mirar hacia ellos, pero no podrás hacer nada. 33 Un pueblo que no
conoces comerá el fruto de tu suelo y todo el producto de tus fatigas. Serás
oprimido y explotado constantemente, 34 hasta volverte loco a causa de lo que
verán tus ojos. 35 El Señor te herirá con forúnculos malignos e incurables en
las rodillas y en las piernas, desde la planta de los pies hasta la cabeza. 36 El Señor los deportará, a ti y al rey que hayas
puesto para que te gobierne, a una nación que ni tú ni tus padres conocían, y
allí servirás a otros dioses, dioses de madera y de piedra. 37 Entonces serás
motivo de consternación y de burla en todos los pueblos adonde el Señor te
conduzca. 38 Sembrarás en tus campos mucha semilla, pero
cosecharás muy poco, porque la devorará la langosta. 39 Plantarás viñas y las
cultivarás, pero no podrás beber ni almacenar el vino, porque se las comerá
el gusano. 40 Tendrás olivares en todo tu territorio, pero no podrás ungirte
con aceite, porque se caerán las aceitunas. 41 Tendrás hijos e hijas, pero no
te pertenecerán, porque serán llevados cautivos. 42 Los insectos arrasarán
con todos tus árboles y con todos los frutos de tu suelo. 43 El extranjero
que viva en tu país subirá cada vez más alto, mientras que tú caerás cada vez
más bajo. 44 Él será tu acreedor, y tú, su deudor; él estará al frente, y tú
detrás. 45 Todas estas maldiciones caerán sobre ti, te
perseguirán y te alcanzarán hasta exterminarte, por no haber escuchado la voz
del Señor, tu Dios, observando los mandamientos y los preceptos que él te prescribió.
46 Ellas estarán siempre sobre ti y sobre tus descendientes, como una señal y
una advertencia. 47 Por no haber servido al Señor, tu Dios, con
alegría y de todo corazón, mientras lo tenías todo en abundancia, 48 servirás
a los enemigos que el Señor enviará contra ti, en medio del hambre y la sed,
de la desnudez y de toda clase de privaciones. Y él pondrá en tu cuello un
yugo de hierro, hasta destruirte. 49 El Señor alzará contra ti a una nación
lejana, que avanzará desde los extremos de la tierra con la velocidad del
águila. Será una nación cuya lengua no entiendes, 50 un pueblo de aspecto
feroz, que no sentirá compasión del anciano ni se apiadará del niño. 51 Ella
se comerá los productos de tu ganado y los frutos de tu suelo, hasta que
quedes exterminado, porque te dejará totalmente desprovisto de trigo, de vino
y de aceite, de las crías de tus vacas y tus ovejas, hasta hacerte
desaparecer. 52 Sitiará a todas tus ciudades, hasta que se derrumben esas
murallas altas e inaccesibles en que habías depositado tu confianza. Sí, él
te sitiará en todas las ciudades que estén dentro de la tierra que el Señor,
tu Dios, te da. 53 Y durante el asedio, será tal la penuria a que te reducirá
tu enemigo, que te comerás hasta el fruto de tus entrañas, la carne de tus
hijos y de tus hijas, los mismos que el Señor, tu Dios, te había dado. 54 El más fino y delicado entre los hombres de tu
pueblo mirará con odio a su hermano, a la esposa que dormía en sus brazos y a
los hijos que todavía le queden, 55 para no compartir con ellos la carne de
sus hijos: se la comerá él solo, porque ya no le quedará más nada, en medio
del asedio y la penuria a que te reducirá tu enemigo en todas tus ciudades.
56 La más fina y delicada entre las mujeres de tu pueblo –tan fina y delicada
que ni siquiera se hubiera atrevido a pisar el suelo con la planta de sus
pies– mirará con odio al esposo de su corazón, a su hijo y a su hija, 57 y se
ocultará para comer la placenta salida de su seno y a los hijos que dé a luz,
porque estará privada de todo, en medio del asedio y la penuria a que te
reducirá tu enemigo. 58 Si no te empeñas en practicar todas las palabras
de esta Ley, como están escritas en este Libro, temiendo el Nombre glorioso y
terrible del Señor, tu Dios, 59 él te castigará, a ti y a tu descendencia,
con calamidades extraordinarias. Serán calamidades grandes y persistentes,
enfermedades malignas e incurables. 60 Él hará recaer sobre ti todas las
plagas de Egipto, esas que tanto te horrorizaron. 61 Además, el Señor te
enviará todas las enfermedades y todas las desgracias que no están escritas
en el libro de esta Ley, hasta que seas exterminado. 62 Después de haber sido
numeroso, como las estrellas del cielo, quedarás reducido a un pequeño
número, por no haber escuchado la voz del Señor, tu Dios. 63 Y así como antes
él se complacía en hacerlos felices y numerosos, luego se complacerá en
destruirlos y exterminarlos. Y ustedes serán arrancados de la tierra, donde
vas a entrar para tomar posesión de ella. 64 El Señor te dispersará entre todos los pueblos,
de un extremo al otro de la tierra, y allí servirás a otros dioses que ni tú
ni tus padres conocían, dioses de madera y de piedra. 65 No tendrás paz en
medio de aquellas naciones y tu pie no encontrará descanso. El Señor llenará
de angustia tu corazón, nublará tus ojos y abatirá tu ánimo. 66 Tu vida
estará pendiente de un hilo; día y noche sentirás temor y no tendrás ninguna
seguridad de sobrevivir. 67 Por la mañana dirás: "¡Ojalá fuera de
tarde!", y por la tarde: "¡Ojalá fuera de mañana!", a causa
del temor que sentirás y de lo que verán tus ojos. 68 El Señor te hará volver
en barcos a Egipto, por ese camino del que yo te dije: "No lo volverás a
ver". Allí, ustedes se venderán a sus enemigos como esclavos y esclavas,
pero nadie querrá comprarlos. ÚLTIMO
DISCURSO DE MOISÉS Este último discurso
vuelve sobre el tema central del Deuteronomio – Introducción 69 Estas son las palabras de la alianza que el Señor
ordenó a Moisés hacer con los israelitas en territorio de Moab, además de la
alianza que había hecho con ellos en el Horeb. Evocación de las acciones divinas 29 1
Moisés convocó a todo Israel, y le dijo: Ustedes han visto con sus propios ojos lo que el
Señor hizo en Egipto al Faraón, a sus servidores y a todo su país: 2las
grandes hazañas que ustedes mismos han presenciado, y aquellos signos y
prodigios admirables. 3 Pero hasta el día de hoy, el Señor no les había dado
inteligencia para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír. 4 Yo los hice caminar por el desierto durante
cuarenta años, sin que se les gastara la ropa que llevaban puesta ni las
sandalias que tenían en los pies. 5No fue pan lo que comieron, ni vino u otro
licor lo que bebieron, para que ustedes supieran que yo soy el Señor, su
Dios. 6 Al llegar a este lugar, Sijón, rey de Jesbón, y
Og, rey de Basán, nos salieron al encuentro para combatir, pero nosotros los
derrotamos. 7 Así conquistamos sus territorios y se los dimos en herencia a
las tribus de Rubén y de Gad, y a la mitad de la tribu de Manasés. 8Por eso,
observen fielmente las cláusulas de esta alianza y pónganlas en práctica,
para prosperar en todas sus empresas. 9 Hoy todos ustedes han comparecido ante el Señor,
su Dios: los jefes con sus tribus, sus ancianos y sus escribas, todos los
hombres de Israel 10 con sus mujeres y sus hijos, y también los extranjeros
que se han incorporado a sus campamentos, desde el leñador hasta el aguatero.
11 Todos están aquí para entrar en la alianza del Señor, tu Dios, esa alianza
corroborada con una imprecación, que el Señor, tu Dios, hoy hace contigo, 15 Ustedes saben muy bien que nosotros estuvimos en
Egipto, y que luego pasamos por varias otras naciones. 16Allí vieron los
ídolos abominables y los fetiches que ellas tienen, y que no son más que madera
y piedra, plata y oro. 17 ¡Que no haya entre ustedes ni hombre ni mujer, ni
clan ni tribu, cuyo corazón se aparte hoy del Señor, nuestro Dios, para ir a
servir a los dioses de esas naciones! ¡Que no haya entre ustedes una raíz que
produzca hierbas venenosas o ajenjo! 18 Porque si alguien, al oír los
términos de esta imprecación, se congratula diciendo: "Todo me irá bien
aunque persista en mi obstinación, ya que el terreno regado no tiene más
sed", 19 el Señor no lo perdonará. Al contrario, la ira y los celos del
Señor se encenderán contra ese hombre, hasta que cada una de las sanciones
enumeradas en este Libro caigan sobre él, y el Señor borre su nombre de la
tierra. 20 El Señor lo apartará, para su desgracia, de todas las tribus de
Israel, conforme a las sanciones de la alianza consignadas en el libro de
esta Ley. 21 Y las generaciones futuras –los niños que nacerán
después de ustedes y los extranjeros que vendrán de tierras lejanas– verán
las calamidades y las enfermedades que el Señor habrá infligido a ese país.
22 Y al ver todo su suelo devastado por el azufre y la sal, donde no se
siembra ni crece nada, ni brota ninguna hierba –como sucedió en la catástrofe
de Sodoma y Gomorra, de Admá y Seboím, a las que el Señor destruyó en su ira
y su furor– 23 todas las naciones preguntarán: "¿Por qué el Señor trató
así a esta tierra? ¿De dónde procede este enojo tan tremendo?". 24 Y las
mismas naciones responderán: "Porque abandonaron la alianza que el
Señor, el Dios de sus padres, hizo con ellos cuando los hizo salir de Egipto.
25 Fueron a servir a otros dioses y a postrarse delante de ellos, a dioses
que no conocían y que él no les había dado en suerte. 26 Por eso el Señor se
irritó contra este país y atrajo sobre él todas las maldiciones consignadas
en este Libro. 27 El Señor los arrancó de su suelo, con enojo, furia y gran
indignación, y los deportó a otra tierra, como sucede todavía hoy". 28 Las cosas ocultas conciernen al Señor, nuestro
Dios; pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos, para que
practiquemos siempre todas las palabras de esta Ley. La conversión y el regreso a la patria 30 1
Cuando te sucedan todas estas cosas –la bendición y la maldición que he
puesto delante de ti– si las meditas en tu corazón en medio de las naciones
donde el Señor, tu Dios, te habrá arrojado, 2 si te conviertes al Señor, tu
Dios, y tú y tus hijos le obedecen con todo su corazón y con toda su alma,
exactamente como hoy te lo ordeno, 3entonces el Señor, tu Dios, cambiará tu
suerte y tendrá misericordia de ti. Él te volverá a reunir de entre todos los
pueblos por donde te había dispersado. 4 Aunque tus desterrados se encuentren
en los confines del cielo, de allí el Señor, tu Dios, te volverá a reunir, de
allí te tomará. 5 Él te hará entrar en la tierra que poseyeron tus padres, y
tú también la poseerás; y hará que seas más feliz y numeroso que tus padres. 6 El Señor, tu Dios, circuncidará tu corazón y el
corazón de tus descendientes, para que lo ames con todo tu corazón y con toda
tu alma, y así tengas vida. 7 Y él hará caer todas estas maldiciones sobre
tus enemigos y sobre los adversarios que te hayan perseguido. 8 Entonces tú
escucharás de nuevo la voz del Señor y pondrás en práctica todos sus
mandamientos, tal como hoy te los prescribo. 9 El Señor, tu Dios, te dará
abundante prosperidad en todas tus empresas, en el fruto de tus entrañas, en
las crías de tu ganado y en los productos de tu suelo. Porque el Señor
volverá a complacerse en tu prosperidad, como antes se había complacido en la
prosperidad de tus padres. 10 Todo esto te sucederá porque habrás escuchado
la voz del Señor, tu Dios, y observado sus mandamientos y sus leyes, que
están escritas en este libro de 11 Este mandamiento que hoy te prescribo no es
superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. 12 No está en el cielo,
para que digas: "¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta
aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica?". 13 Ni
tampoco está más allá del mar, para que digas: "¿Quién cruzará por
nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos
escucharlo y ponerlo en práctica?". 14 No, la palabra está muy cerca de
ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques. Israel ante la vida y la muerte 15 Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad,
la muerte y la desdicha. 16 Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios,
que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus
leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu
Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión
de ella. 17 Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar
y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, 18 yo les anuncio hoy que
ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra
que vas a poseer después de cruzar el Jordán. 19 Hoy tomo por testigos contra
ustedes al cielo y a la tierra: yo he puesto delante de ti la vida y la
muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus
descendientes, 20 con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le
seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra
que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob. ÚLTIMAS
DISPOSICIONES Y MUERTE DE MOISÉS El final del
Deuteronomio es también la conclusión de todo el Pentateuco. Ante la
inminencia de su muerte, Moisés da sus últimas instrucciones. Israel ha
vivido una dura experiencia en el desierto, pero ahora se abre ante él un
futuro lleno de esperanza. Josué será el nuevo jefe, y tanto él como el
Pueblo deben saber que el Señor está con ellos, para no caer en el temor, el
desaliento o la cobardía. Aquí se incluyen,
además, dos textos poéticos. El primero es un hermoso poema lírico-didáctico,
que recapitula la historia de Israel, contraponiendo la bondadosa
condescendencia del Señor a la infidelidad de su Pueblo. El otro es un
antiguo poema, que contienen una serie de bendiciones, introducidas por un
canto guerrero. La bendición a las tribus israelitas sirve de ocasión para
trazar un breve retrato de cada una de ellas. Las alusiones históricas
indican que el poema proviene de los tiempos heroicos de la conquista de
Canaán. Las últimas instrucciones de Moisés 31 1
Moisés fue a decir estas palabras a todo Israel: 2 "Ya tengo ciento veinte años. En adelante no
podré ejercer ninguna actividad; además, el Señor me dijo: ‘Tú no pasarás el
Jordán’. 3 El Señor, tu Dios, es el que cruzará delante de ti; él eliminará
de tu presencia a todas esas naciones, y tú las desposeerás de sus dominios.
Será Josué el que cruzará al frente de ti, como el Señor lo ha ordenado. 4 El
Señor tratará a esas naciones como trató a Sijón y a Og –los reyes amorreos–
y a sus países, cuando los destruyó por completo. 5 Él las pondrá en tus
manos, y entonces ustedes deberán comportarse con ellas conforme a la orden
que les di. 6 ¡Sean fuertes y valientes! No tengan miedo ni tiemblen ante ellas.
Porque el Señor, tu Dios, te acompaña, y él no te abandonará ni te dejará
desamparado". 7 Después Moisés llamó a Josué y le dijo en
presencia de todo Israel: "Sé fuerte y valiente. Tú irás con este pueblo
hasta la tierra que el Señor les dará, porque así lo juró a sus padres, y tú
los pondrás en posesión de ella. 8 El Señor irá delante de ti; él estará
contigo y no te abandonará ni te dejará desamparado. No temas ni te
acobardes". La lectura ritual de 9 Moisés escribió esta Ley y la entregó a los sacerdotes
levitas –los encargados de transportar el Arca de Cada siete años, en el tiempo fijado para el año de
la remisión, durante la fiesta de las Chozas, 11 cuando todo Israel se
presente delante del Señor en el lugar que él haya elegido, leerás en voz
alta esta Ley, en presencia de todo Israel. 12 Reúne al pueblo –hombres,
mujeres y niños, y también a los extranjeros que vivan en tus ciudades– para
que la oigan y así aprendan a temer al Señor, su Dios, y a practicar
cuidadosamente todas las palabras de esta Ley. 13 También deberán oírla sus
hijos, los que todavía no la conocen, para que aprendan a temer al Señor
mientras ustedes vivan en la tierra que van a poseer después de cruzar el
Jordán. Instrucciones del Señor a Moisés y a Josué 14 Entonces el Señor dijo a Moisés: "Ya se
acerca el día de tu muerte. Llama a Josué y preséntense en 16 El Señor dijo a Moisés: "Pronto irás a
descansar junto con tus padres, y este pueblo se prostituirá yendo detrás de
dioses extraños, los dioses de la tierra donde está por entrar; me abandonará
y quebrantará la alianza que hice con él. 17 Entonces arderá mi enojo, y yo
los abandonaré y les ocultaré mi rostro. Se convertirán en una presa pronta
para ser devorada, muchos males y desgracias se abatirán sobre ellos, y
dirán: ‘Estas desgracias me suceden porque mi Dios no está conmigo’. 18 Pero
aquel día yo mantendré oculto mi rostro, por todo el mal que ellos hicieron
yendo detrás de otros dioses. 19 Por eso, escribe este poema y enséñalo a los
israelitas. Ordénales que lo reciten, para que me sirva de testigo contra
ellos. 20 Porque cuando yo los introduzca en la tierra que prometí a sus
padres con un juramento –esa tierra que mana leche y miel– ellos comerán
hasta saciarse y engordarán. Entonces se volverán hacia otros dioses y los
servirán, despreciándome a mí y quebrantando mi alianza. 21 Pero muchos males
y desgracias se abatirán sobre ellos, y este poema dará testimonio contra
ellos, porque sus descendientes no lo habrán olvidado. Yo conozco los planes
que hoy están tramando, aún antes de introducirlos en la tierra que juré
darles". 22Aquel día, Moisés escribió este poema y se lo hizo aprender a
los israelitas. 23 Luego el Señor dio esta orden a Josué, hijo de
Nun: "Sé fuerte y valiente, porque tú conducirás a los israelitas hasta
la tierra que juré darles, y yo estaré contigo". 24 Cuando Moisés terminó de fijar por escrito las
palabras de esta Ley, 25 ordenó a los levitas encargados de transportar el
Arca de 30 Entonces Moisés recitó hasta el final las
palabras de este poema, en presencia de toda la comunidad de Israel: El canto de Moisés 32 1
"Escucha, cielo, y hablaré, oiga la tierra las palabras de mi boca. 2 Que mi enseñanza descienda como lluvia y mi palabra caiga como rocío, como aguacero sobre la hierba, como chaparrones sobre el pasto. 3 Yo voy a proclamar el nombre del Señor: ¡den gloria a nuestro Dios! 4 Él es todos sus caminos son justos; es un Dios fiel y sin falsedad, justiciero y recto. 5 Pero se comportaron mal con él los que ya no son sus hijos,a causa de su
depravación, esa generación tortuosa y perversa. 6 ¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿Acaso él no es tu padre y tu creador, el que te hizo y te afianzó? 7 Acuérdate de los días lejanos, considera las épocas pasadas; pregúntale a tu padre, y él te informará, a los ancianos, y ellos te lo dirán: 8 Cuando el Altísimo dio una herenciaa cada nación, cuando distribuyó a los hombres, él fijó las fronteras de los pueblos según el número de los hijos de Dios. 9 Pero la parte del Señor es su pueblo, la porción de su herencia es Jacob. 10 Lo encontró en una tierra desierta, en la soledad rugiente de la estepa: lo rodeó y lo cuidó, lo protegió como a la pupila de sus ojos. 11 Como el águila que impulsa a su nidada, revoloteando sobre sus pichones, así extendió sus alas, lo tomó y lo llevó sobre sus plumas. 12 El Señor solo lo condujo, no había a su lado ningún dios extranjero. 13 Lo puso encima de las alturas del país, para que comiera los frutosde los campos; lo alimentó con miel de los peñascos, con aceite de la roca dura; 14 con cuajada de vaca y leche de oveja, con la gordura de corderos y carneros; con toros de Basán y con cabritos, y con la mejor harina de trigo; y le dio como bebida, la sangre espumante de la uva. 15 Así engordó Iesurún y dio patadas –¡sí, engordaste, te pusiste obeso y corpulento!– . Él rechazó al Dios que lo creó, despreció a su Roca salvadora. 16 Provocaron sus celoscon dioses extraños, lo irritaron con abominaciones. 17 Ofrecieron sacrificios a demoniosque no son Dios, a dioses que no conocían, a dioses nuevos, recién llegados, que sus padres no habían venerado. 18 Así despreciaste a olvidaste al Dios que te hizo nacer. 19 Al ver esto, el Señor se indignó y desechó a sus hijos y a sus hijas. 20 Entonces dijo: Les ocultaré mi rostro, para ver en qué terminan. Porque son una generación perversa, hijos faltos de lealtad. 21 Provocaron mis celoscon algo que no es Dios, me irritaron con sus ídolos vanos; yo provocaré sus celos con algo que no es un pueblo, los irritaré con una nación insensata. 22 Porque se ha encendidoel fuego de mi ira y arderá hasta el fondo del abismo; consumirá la tierra y sus cosechas y abrasará los cimientos de las montañas. 23 Amontonaré desastres sobre ellos, lanzaré contra ellos todas mis flechas. 24 Quedarán extenuados por el hambre, consumidos por la fiebre y la peste maligna; enviaré contra elloslos dientes de las fieras y el veneno de reptilesque se arrastran sobre el
polvo. 25 Afuera los diezmará la espada, y adentro, el terror, tanto al joven como a la muchacha, al niño de pecho como al anciano. 26 Yo me propuse reducirlos a polvo y borrar su recuerdo de entre los hombres, 27 pero temí que sus enemigos se jactaran, que cayeran en el error y dijeran: ‘Nuestra mano ha prevalecido, no es el Señor el que hizo todo esto’. 28 Porque esa gente ha perdido el juicio y carece de inteligencia. 29 Si fueran sensatosentenderían estas cosas, comprenderían la suerte que les espera. 30 ¿Cómo podría uno solodesbandar a mil y dos, poner en fuga a diez mil, si su Roca no los hubiera vendido y el Señor no los hubiera entregado? 31 Porque la roca de ellosno es como nuestra Roca: nuestros mismos enemigos lo confirman. 32 Su viña es un retoñode la viña de Sodoma, de las plantaciones de Gomorra. Sus uvas son uvas venenosas, sus racimos tienen un sabor amargo. 33 Su vino es veneno de serpientes, un terrible veneno de víboras. 34 ¿Acaso no está esto registrado y sellado en mis archivos? 35 Mía será la venganza y la retribución en el momento que vacilen sus pies, porque está cerca el día de su ruina y ya se precipita el desenlace. 36 Sí, el Señor hará justicia con su pueblo y tendrá compasión de sus servidores. Cuando vea que sus manos flaquean y ya no quedan esclavos ni hombres libres, 37 él dirá: ¿Dónde están sus dioses, la roca donde buscaron un refugio 38 los que comían la grasa de sus sacrificios y bebían el vino de sus libaciones? Que se levanten y vengan en su ayuda, que sean para ustedes un refugio. 39 Miren bien que yo, sólo yo soy, y no hay otro dios junto a mí. Yo doy la muerte y la vida, yo hiero y doy la salud, y no hay nadie que libre de mi mano. 40 Yo levanto mi mano hacia el cielo y juro: Tan cierto como que vivo eternamente, 41 cuando afile mi espada fulgurante y mi mano empuñe la justicia, me vengaré de mis enemigos y daré su merecido a mis adversarios. 42 Embriagaré mis flechas con sangre mi espada devorará carne: sangre de muertos y cautivos, cabezas de jefes enemigos. 43 Naciones, aclamen a su pueblo, porque él vengará la sangrede sus servidores, se vengará de sus enemigos y purificará su tierra y su pueblo". 44 Moisés fue con Josué, hijo de Nun, y recitó
delante del pueblo todas las palabras de este poema. 45 Cuando Moisés terminó de recitar estas palabras a
todo Israel, 46 les dijo: "Presten atención a todas las palabras de esta
Ley, con las que hoy atestiguo contra ustedes. Prescríbanselas a sus hijos,
para que ellos practiquen cuidadosamente todas las palabras de esta Ley. 47
Porque esta no es una palabra vana, sino que es la vida de ustedes, y por
ella vivirán muchos años en la tierra que van a poseer después que crucen el
Jordán". El anuncio de la muerte de Moisés 48 Aquel mismo día, el Señor dijo a Moisés: 49
"Sube a esa montaña de los Abarím, al monte Nebo que está en el país de
Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy en
propiedad a los israelitas. 50 Tú morirás en la montaña a la que vas a subir
e irás a reunirte con los tuyos, como tu hermano Aarón murió en el monte Hor
y fue a reunirse con los suyos. 51 Porque ustedes fueron infieles a mí junto
a las aguas de Meribá de Cades, en el desierto de Cin, y no manifestaron mi
santidad en medio de los israelitas. 52 Por eso no entrarás en la tierra que
yo daré a los israelitas, sino que solamente la verás de lejos". Las bendiciones de Moisés 33 1 Esta
es la bendición con que Moisés, el hombre de Dios, bendijo a los israelitas
antes de morir. 2 Él dijo: " El Señor vino del Sinaí, brilló para ellos desde Seír; resplandeció desde el monte Parán y llegó a Meribá de Cades, desde el sur hasta las pendientes. 3 Él ama de veras a los pueblos; ¡todos sus santos están en tus manos! Ellos se postran a tus pies, cada uno recibe tus palabras. 4 Moisés nos prescribió una Ley, que es la posesión de la asamblea de Jacob. 5 Y hubo un rey en Iesurún, cuando se reunieron los jefes del pueblo, junto con las tribus de Israel. 6 Que viva Rubén y no muera, aunque sus hombres sean pocos". 7 De Judá dijo lo siguiente: "Escucha, Señor, la voz de Judá, y reintégralo a su pueblo; él se defenderá con su mano y tú serás una ayuda contra sus adversarios". 8 Dijo acerca de Leví: "Que tu Tumím y tu Urím estén con tu hombre de confianza: el que pusiste a prueba en Masá y por quien litigaste junto a las aguas de Meribá; 9 el que dijo de su padre y de su madre: ‘No los he visto’; el que no reconoció a sus hermanos e ignoró hasta a sus propios hijos. Porque ellos observaron tu palabra y mantuvieron tu alianza. 10 Ellos enseñan tus normas a Jacob y tu Ley a Israel; hacen subir hasta ti el incienso y ofrecen el holocausto en tu altar. 11 Bendice, Señor, su valor y acepta la obra de sus manos. Castiga las espaldas de sus agresores y que sus enemigos no se levanten más". 12 Dijo acerca de Benjamín: "El amado del Señor habita seguro junto a aquel que lo protege constantemente; y habita entre los flancos de sus colinas". 13 Dijo acerca de José: "Que el Señor bendiga su tierra con el más excelente don del cielo –el rocío– y con el océano que se extiende por debajo; 14 con los mejores productos del sol y los brotes más escogidosde cada lunación; 15 con las primicias de las montañasseculares y la riqueza de las colinas eternas; 16 con la fecundidad de la tierray con su plenitud, y con el favor del que mora en Que todo esto desciendasobre la cabeza de José, sobre la frente del consagradoentre sus hermanos. 17 Él es un toro primogénito:a él, la gloria; sus cuernos son cuernos de búfalo: con ellos embiste a los pueblos hasta los confines de la tierra. Así son las decenas de miles de Efraím, así son los millares de Manasés". 18 Dijo acerca de Zabulón: "Alégrate, Zabulón, de tus salidas, y tú, Isacar, en tus carpas. 19 Ellos convocan a los pueblos en la montaña, donde ofrecen sacrificios legítimos, porque disfrutan de la abundancia de los mares y de los tesoros ocultos en la arena". 20 Dijo acerca de Gad: "¡Bendito sea el que abre campo libre a Gad! Tendido como una leona, despedaza el brazo y también la cabeza. 21 Él se atribuyó las primicias, porque allí estaba reservadala porción de un jefe. Él vino con los jefes del pueblo, ejecutó la justicia del Señor y sus juicios en favor de Israel". 22 Dijo acerca de Dan: "Dan es un cachorro de león, que se abalanza desde Basán". 23 Dijo acerca de Neftalí: "Neftalí, saciado de favor y colmado de la bendición del Señor, toma posesión del oeste y del sur". 24 Y dijo acerca de Aser: "¡Bendito sea Aser entre todos los hijos! Que sea el favorito de sus hermanos y que bañe sus pies en aceite. 25 Que tus cerrojos sean de hierro y de bronce, y tu poder dure tanto como tus días. 26 Iesurún, no hay nadie como Dios, que cabalga por los cielospara venir en tu ayuda, y por las nubes, lleno de majestad. 27 El Dios de los tiempos antiguos es un refugio, y sus brazos obran desde siempre aquí abajo. Él expulsó a tus enemigos delante de ti y ordenó: ¡Extermina! 28 Así Israel habita seguro, la fuente de Jacob, en un lugar apartado, en una tierra de trigo y de vino, cuyo cielo destila rocío. 29 ¡Dichoso tú, Israel! ¿Quién es como tú,pueblo salvado por el Señor? Él es tu escudo protector,tu espada victoriosa. Tus enemigos te adularán, pero tú pisotearás sus espaldas". La muerte y la sepultura de Moisés 34 1
Moisés subió de las estepas de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente
a Jericó, y el Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan, 2 todo
Neftalí, el territorio de Efraím y Manasés, todo el territorio de Judá hasta
el mar Occidental, 3 el Négueb, el Distrito y el valle de Jericó – 5 Allí murió Moisés, el servidor del Señor, en
territorio de Moab, como el Señor lo había dispuesto. 6 Él mismo lo enterró
en el Valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor, y nadie, hasta el día de
hoy, conoce el lugar donde fue enterrado. 7 Cuando murió, Moisés tenía ciento
veinte años, pero sus ojos no se habían debilitado, ni había disminuido su
vigor. 8 Los israelitas lloraron a Moisés durante treinta días en las estepas
de Moab. Así se cumplió el período de llanto y de duelo por la muerte de
Moisés. Josué, sucesor de Moisés 9 Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de
sabiduría, porque Moisés había impuesto sus manos sobre él; y los israelitas
le obedecieron, obrando de acuerdo con la orden que el Señor había dado a
Moisés. El elogio de Moisés 10 Nunca más surgió en Israel un profeta igual a
Moisés –con quien el Señor departía cara a cara– 11 ya sea por todas las
señales y prodigios que el Señor le mandó realizar en Egipto contra el
Faraón, contra todos sus servidores y contra todo su país, 12 ya sea por la
gran fuerza y el terrible poder que él manifestó en presencia de todo Israel. 1 1-2. Como
los nombres acumulados en el v. 1 no se refieren a un sitio particular sino a
toda una región, es poco probable que señalen el marco geográfico del
discurso de Moisés. Más bien, deben entenderse como un resumen de su
actividad hasta la llegada a Moab. 15-16.
Según Éx. 18. 13-26, la iniciativa de organizar al pueblo de esta manera
procede de Jetró, el suegro madianita de Moisés. 22-31. Ver
Núm. 13-14. 32-33. Ver
nota Éx. 13. 22. 36. Ver Núm.
14. 6-9. 41. Ver
Núm. 14. 39-44. 2 4. La
"región de Seír" era el territorio habitado por los edomitas. Ver
Gn. 32. 4; Núm. 24. 18. 10-11, 20. Sobre
los "emíes", "anaquitas" y "zamzumíes", ver
nota Núm. 13. 33. 26-37. Ver
Núm. 21. 21-25. 30-34.
"Como lo está todavía hoy": esta es una frase estereotipada, que
suele llamar la atención sobre el cumplimiento de una promesa o de una
amenaza. Sobre la acción de Dios que "ofusca el espíritu" y
"endurece el corazón", ver nota Éx.4.21. 3 1-7.
Ver Núm. 21. 33-35. 4 Aunque
este capítulo se presenta como una continuación del discurso anterior, la
mención del exilio (vs. 25-31) indica que fue redactado posteriormente, entre
la destrucción de Jerusalén y el retorno de los deportados (2 Rey. 25. 8-21;
Esd.1.1-6). 3. Ver
Núm. 25. 1-18. 11-12. Ver
Éx. 19. 16-18; Heb. 12. 18-19. 19. "Ejército
de los cielos": esta expresión se refiere al culto de los astros. El
Deuteronomio considera legítimo este culto para los pueblos paganos, pero no
para Israel, que recibió la revelación del único Dios. 24.
"Dios celoso": ver nota Éx. 20. 5. 5 Ver nota
Éx. 20. 6 4.
Este pasaje ocupa un lugar muy importante en la piedad judía, que lo emplea
como profesión de fe en el único Dios. Ver Mc. 12. 29. 5. Ver Mc.
12. 30 8. Ver nota
Éx. 13. 9. 16. Ver
Éx. 17. 1-7. 8 3.
Ver nota Éx. 16; Mt. 4. 4. 9 2.
Ver Núm. 13. 28, 33. 12. Ver
Éx. 32. 1-6. 12-17. Ver
Éx. 32. 19. 22. Ver
Núm. 11. 1-3; Éx. 17. 1-7; Núm. 20. 1-13; 11. 4-34. 26-29. Ver Éx. 32. 11-13. 10 6. Ver
Núm. 33. 31-38. 9. Ver
Núm. 18. 20-24. 11 6.
Ver Núm. 16. 10.
"Regar con tu pie": alusión a un sistema especial de irrigación,
que practicaban los egipcios para llevar el agua del Nilo a los campos de
cultivos. 29. Este
versículo alude anticipadamente a la ceremonia descrita en 27. 2-26, cuya
celebración es relatada en Jos. 8. 30-35. Los montes "Ebal" y
"Garizím" dominan el valle donde se alzaba Siquém, la antigua
ciudad cananea de 12 2- 14 1. Ver
Lev. 19. 26-28. 3. Ver
nota Lev. 11. 4. 21. Ver
nota Éx. 23. 19. 22-23. Ver
Núm. 18. 21-32. 15 Ver Éx.
23. 10-11; Lev. 25. 1-7. 19. Ver
Éx. 13. 11-16. 16 Ver
nota Éx. 23. 14. 19 1-13.
Ver nota Núm. 35. 9-29. 21. Ver
Éx. 21. 23-25; Lev. 24. 19-20; nota Gn.4.23-24. 21 1-9.
Este rito expiatorio -como los de Lev. 14; 16; Núm. 5. 11-31- es una
supervivencia de costumbres arcaicas. Pero la legislación israelita lo purifica
de todo carácter mágico, incluyendo una profesión de inocencia (v. 7) y una
súplica al Señor, para que libre al país de las consecuencias de un crimen no
expiado (v. 8). 23 1.
"Descubrir el borde de la manta" significa atentar contra el
derecho del marido sobre su mujer. "Extender el borde de la manta"
sobre una mujer, en cambio, designa el acto de tomarla por esposa (Rt. 3. 9;
Ez. 16. 8). 3. El
significado de la palabra hebrea traducida por "bastardo" es
oscuro. En los textos rabínicos designa al hijo nacido de relaciones
incestuosas, pero en este contexto parece referirse a los hijos de israelitas
casados con mujeres extranjeras. 18-19. La
"prostitución sagrada" era una práctica muy difundida en Canaán.
"Perro" es una expresión despectiva que en Fenicia designaba una
categoría de servidores de los templos que ejercían dicha prostitución. 25 5-10.
Esta disposición, llamada "ley del levirato" -del latín, que
significa "cuñado"- debía aplicarse cuando varios hermanos vivían juntos
en una misma propiedad, cuya división era preciso evitar. Si el cuñado se
negaba a cumplirla, "se le quitaba la sandalia del pie", es decir,
se lo obligaba a renunciar a la herencia. El Deuteronomio atenúa así una
costumbre, que antes parece haber sido mucho más exigente. Ver Gn. 38. 8-10;
Rt. 4. 17. Ver
Éx. 17. 8-16. 26 1-11.
La ofrenda de las primicias va precedida de una declaración, que expresa
el significado del rito. Esta declaración tiene las características de una
profesión de fe, y se la designa habitualmente con el nombre de
"Credo" israelita. 14. "Ni
lo ofrecí como alimento a un muerto": esta declaración implica una
condena del culto tributado a los muertos. Algunos consideran que se trata
más bien de "el Muerto", designación despectiva de Baal, el dios
cananeo de la vegetación, que moría durante el tiempo de las cosechas y
renacía al comenzar la primavera. 27 12-13.
Las fórmulas de bendición y de maldición son un elemento esencial en el
ritual de 32 4.
"ÉI es 8. Cada
pueblo ha sido puesto bajo la protección de un "hijo de Dios", es
decir, de un ángel, mientras que el Señor se reservó para sí a Israel. 15. "lesurún":
diminutivo cariñoso para designar a Israel, derivado de una raíz hebrea que
significa "justo". 31-37. El
autor llama irónicamente "roca" a los dioses paganos. Ver Is. 31.
9. 33 Este
poema consta de dos partes: un himno que celebra al Dios de Israel (vs. 2-5,
26-29) y una colección de oráculos que evocan el destino particular de las
diversas tribus. Estas "bendiciones" presentan cierta analogía con
el "testamento" de Jacob (Gn. 49). En la lista de las tribus falta
el nombre de Simeón que, probablemente, ya había dejado de ser una tribu
independiente. Ver nota Jos. 15. 32; Jc. 1. 3. 8. "Tumím"
y "Urím": ver nota Éx. 28. 30. 16. El
"que mora en |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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